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Opinión

Humberto García Larralde

Todos sabemos que la actual tragedia económica que padecen los venezolanos no se debe a una penuria de recursos, sean estos naturales o formados por la inversión y el esfuerzo de años, como es el caso de las instalaciones productivas, la infraestructura física y del capital humano. Afuera, nuestro país suele ser referido por su dotación en recursos minerales.

Si bien es cierto que la infraestructura de carreteras, puertos, aeropuertos y de servicios públicos está, hoy, bastante deteriorada, que el capital productivo ha sido destruido en gran parte y que el talento ha emigrado o se encuentra degradado a labores de subsistencia por la desaparición de empleos calificados, esa no es la Venezuela que conocimos antes del chavismo, ni la que debe perdurar.

Durante la segunda mitad del siglo pasado, nuestro país se distinguió en la región por sus autopistas, sistema de generación y distribución eléctrica (represas del Caroní, Guri, Planta Centro), de edificaciones educativas y hospitalarias, sin hablar de la compleja infraestructura asociada a la explotación, distribución, refinación y comercialización de petróleo y sus productos.

Los graduados de las universidades nacionales –UCV, ULA, USB, LUZ y de Oriente--, así como de la UCAB, eran aceptados en las mejores universidades del globo para proseguir sus cursos de postgrado, en reconocimiento de la calidad de las instituciones donde se formaron. Al IVIC venían a hacer investigación y/o a completar su formación doctoral científicos de variadas disciplinas de toda América Latina e, incluso, de más allá. El talento venezolano existente en estas Casas de Estudio, en la industria petrolera, y en muchos institutos y empresas públicas, en absoluto era despreciable, como tampoco el que se había forjado en el sector privado.

Gracias a la fortaleza del bolívar, el empresario venezolano pudo equipar sus plantas o explotaciones agropecuarias de maquinaria moderna, de avanzada tecnología. Y, todo eso en un territorio copioso en recursos minerales, agua fresca abundante, más de mil kilómetros de costa, una geografía diversificada y rica en ambientes naturales atractivos para el turismo.

Desde luego, no todo fue color de rosas. Esta abundancia no fue aprovechada debidamente y, ante la prodigalidad del PetroEstado, la caza de rentas fue desplazando, progresivamente, el esfuerzo productivo, sobre todo con las dificultades confrontadas luego de los años 70. Intentos de corrección bajo la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez tropezaron, como se recordará, con los intereses creados en torno a las prácticas populistas y clientelares que fueron colmando nuestra cultura política, abonando un clima de rechazo que le tendió la cama al triunfo de Chávez.

Lo que interesa destacar con las referencias citadas, es que Venezuela fue un país de enorme potencialidad, a pesar de los desaciertos de política y de los errores que se han podido haber cometidos. Y lo sigue siendo, en buena medida, no obstante los destrozos del régimen chavo-madurista. Pero la realización de esa potencialidad enfrenta formidables obstáculos.

En primer lugar, está el régimen de expoliación implantado por mafias militares y civiles, bajo tutela cubana. Lo que menos las motiva son los intereses de la nación o la suerte de los pobres. Duchos en la neolengua Orwelliana, cuando vociferan su disposición nacionalista y su compromiso con el pueblo, están, en realidad, confesando exactamente lo contrario. Su apego a los clichés los delata. Sin remover a esta camarilla criminal, Venezuela seguirá deslizándose hacia su ocaso.

El segundo gran obstáculo es la superación de la cultura y del sesgo institucional forjada en torno al usufructo de la renta petrolera, y que este régimen de expoliación ha llevado a extremos. Por razones que, esperemos, sean harto conocidas –la destrucción de la capacidad productiva local de petróleo y la transición mundial hacia fuentes energéticas distintas a los combustibles fósiles— el futuro de Venezuela descansará crecientemente en el potencial de sectores no petroleros.

En un artículo anterior, hicimos referencia al marco general de políticas que permitirían el aprovechamiento cabal de esta potencialidad[1]. Muchas tomarán tiempo en rendir sus frutos. Además, estarán sujetas a una acertada conducción política del gobierno de transición que surja del desplazamiento del régimen fascista actual.

Un aspecto, en particular, podría ser decisivo en el corto plazo para apuntalar esa viabilidad política y enrumbar el país de manera sólida hacia su recuperación: el aprovechamiento de la capacidad ociosa existente del aparato productivo.

De acuerdo con la última encuesta de coyuntura de la Confederación Venezolana de Industriales (CONINDUSTRIA), la capacidad utilizada de sus afiliados apenas superaba el 20%. Peor aún, de 12.471 empresas registradas en 1997, sólo sobrevivían, para finales de 2020, 2.121. Know-how, experiencias, esfuerzos, empleos y capital productivo sucumbieron ante la voracidad criminal de un régimen empeñado en controlarlo todo.

Similares destrozos se evidencian en los sectores agropecuario, transporte, financiero y comercial. Recuperar en lo posible tan valioso acervo, en el marco de políticas de estabilización que generen confianza, tropieza con numerosos cuellos de botella. Entre éstos, destacan la ausencia (por emigración) de mano de obra calificada y de talento profesional; el colapso de los servicios públicos y de la infraestructura física; leyes y reglamentos asfixiantes y punitivos; la destrucción del tejido industrial, representado por proveedores, industrias complementarias y servicios especializados de apoyo (clusters); una banca atrofiada; y el colapso de la administración pública en muchas áreas.

De afrontarse exitosamente estos obstáculos, habría un salto importante en la productividad que serviría para aumentar significativamente las remuneraciones en el corto plazo. La satisfacción de las expectativas de mejora de la población trabajadora es crucial para el éxito político de un programa de transición. Ello sembraría confianza para subsiguientes emprendimientos. “Nothing succeeds like success”, reza un conocido proverbio gringo.

Entre los elementos que coadyuvarían con este éxito ansiado, destaca el incremento de la demanda proveniente de la inyección de significativos recursos externos, negociados con organismos multilaterales en el marco de un plan de estabilización macroeconómica y de reforma del Estado. La provisión, asimismo, de financiamiento para solventar urgentemente deficiencias en materia de servicios públicos e infraestructura, para muchas de las cuáles ya existen proyectos formulados. La inversión extranjera, atraída por la potencialidad a que hicimos referencia y por el costo –criminalmente bajo, a causa de la gestión de Maduro—de la mano de obra. También la aparición de un espíritu de emprendimiento en muchos, adormecido por el petropopulismo, que las penurias han hecho brotar. El venezolano ha tenido que aprender a resolverse por iniciativa propia para subsistir. Igual, el talento emigrado estaría mucho más dispuesto a contribuir con sus iniciativas, aun cuando muchos de sus portadores decidieran quedarse en el extranjero.

Las bonanzas petroleras son cosas del pasado, pero es menester conservar el optimismo sobre las posibilidades de recuperar una vida digna para los venezolanos. El país tiene con qué. Nos lo imposibilita, empero, un formidable impedimento: la existencia de un régimen fascista amparado en una cúpula de militares corrompidos que han traicionado a la nación.

No hay excusa para que la dirigencia opositora no aúna voluntades en torno a una estrategia capaz de lograr el cambio político tan deseado por todos. El valioso apoyo de la democracia internacional debe encontrar el terreno propicio para que su compromiso fructifique provechosamente.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

[1] https://www.elnacional.com/opinion/productividad-y-expectativas-desafio-...

 5 min


Edgar Benarroch

El pasado 19 de marzo, día de San José, a las 10:45 p.m., falleció Emilio Luciano Cordero Casanova, mejor conocido simplemente como Luciano. El próximo 11 de septiembre se cumplirán 84 años de su nacimiento. De profesión Ingeniero Civil. El Colegio de Ingenieros del Estado Aragua recientemente le impuso un botón en reconociendo a sus 50 años de graduado. Durante las décadas de los setenta y ochenta se desempeñó en importantes funciones públicas entre las que destacan: Director de la zona del Ministerio de Obras Públicas (MOP) que comprendía los Estados Aragua, Carabobo, Guárico y Cojedes, Gobernador del Estado Aragua y Presidente del Concejo Municipal del Distrito Girardot (Maracay). Fue un servidor público por excelencia y de sobrada capacidad, asumió su responsabilidad como un apostolado donde dejó una indeleble huella de progreso y bienestar colectivo. Prefirió vivir con el sueldo de funcionario público y no dedicarse al ejercicio privado que le podía proporcionar muchísimos más ingresos económicos. Prefirió servir y no servirse. Pensó y actuó más por los demás que por sí mismo.

Luciano fue un volcán de ideas, fue muy creativo y tenía una imaginación que volaba a gran velocidad. El Teatro de la Ópera de Maracay, que se inició en tiempos de Juan Vicente Gómez, se concluyó durante su gestión y se inauguró el 19 de marzo de 1972. El Parque Bicentenario de Maracay fue su idea, la avenida Casanova Godoy también fue suya, construyó varios desarrollos habitacionales, calles, avenidas, alcantarillados, puentes y edificaciones escolares, fue el propulsor para declarar el 5 de marzo como día de Maracay y muchísimas obras civiles en el Estado tienen su impronta que disfrutamos hoy. Fue un servidor público además de eficaz, probo y honesto a toda prueba. Estoy seguro que dejó sus responsabilidades públicas en inferiores condiciones económicas personales a las que tenía cuando se inició. Resalto la eficacia y honestidad que no aparecen por ningún lado en este régimen.

Luciano y yo sostuvimos una amistad fraterna y extraordinariamente solidaria por más de sesenta años y como cosa extraña nunca tuvimos desavenencias. Siempre coincidíamos en lo social y en lo político y partidista. Fue un copeyano ejemplar que siempre aportó ideas y trabajo al colectivo, en los últimos años hablábamos de su preocupación por la desunión interna y nunca tomó carta en el desagradable y nada edificante torneo interno, siempre levantó las banderas de la unidad y de la colectividad en su totalidad. Fue por muchos años director de estrategia y de cómputos electorales del COPEI de Aragua. Recuerdo los resultados de las elecciones de diciembre de 1968, nos encontrábamos a la media noche de ese día en las oficinas del "viejo" Casanova (padre de Joseíto, el pocho) que llamábamos "la cuevita" y que Don José amablemente nos prestó para que funcionáramos desde allí. Para entonces eran candidatos a la Cámara de Senadores de la Republica por el Estado Aragua, entre otros, Ramón Narváez por Acción Democrática, Godofredo González por COPEI e Ildegar Pérez Segnini, que acababa de salir de la Gobernación del Estado, por el MEP y que gozaba de una inmensa popularidad y todos daban por electo. Luciano llamó por teléfono a Narváez para informarlo de su elección y éste le respondió que no estaba para bromas, no lo creía, más adelante le agradeció la noticia que despejó su incertidumbre. Fueron electos Godofredo González y Ramón Narváez.

Como dijimos, Luciano fue un volcán siempre en erupción de ideas y ello lo llevaba con mucha frecuencia a hablar mucho, quizás no solo para exponer sus puntos de vistas sino como para desahogarse de la montaña de ideas que contenía su prolija mente. Una vez recuerdo haberle formulado, siendo Gobernador del Estado, una sugerencia que agradeció, le dije, cuando te solicitan audiencia es porque quieren que los escuche y no debes ocupar todo el tiempo en que el solicitante te escuche. Por supuesto luego mejoró notablemente la relación.

Con la ida física de Luciano perdemos una mente esclarecida y una voluntad siempre decidida para el servicio a los demás. Roguemos al Señor Todo Poderoso lo reciba y transmita resignación y comprensión a su esposa, hijos, hermanos, nietos y demás familiares y amigos que ya no podremos disfrutar de su presencia orgánica, pero si espiritual que siempre nos acompañará.

Nos unimos en oración para que su alma que vuela hacia el cielo llegue cuanto antes, para que desde esa divina dimensión continúe ayudándonos y colaborando. Dios lo llamó cuando tal vez era más necesario que nunca entre nosotros, a lo mejor lo requirió para tenerlo a su lado e intercambiar ideas y explorar más sobre la fe que para Luciano fue inquebrantable. Comprensión y paz para todos, especialmente para sus familiares, amigos y compañeros de COPEI.

 3 min


Américo Martín

Las deformaciones de la democracia no son, como para desconsuelo nuestro, defectos fácilmente reparables aunque una mirada inocente al problema así pareciera sugerirlo. Miradas inocentes son, por desgracia, errores que no podemos permitirnos porque ya no hay inocencia en el mundo

Tomemos uno de esos casos que resisten propósitos de enmienda o reformas inútiles y que me llaman la atención porque los caminos que usan se repiten con abrumadora regularidad. Me refiero a las reelecciones presidenciales, sin distinguir si se trata de países oficialmente democráticos o desenfadadas autocracias.

Cuando en 1892, el presidente Andueza Palacio, vencido su período, quiso reformar la Constitución para ganar apenas dos años más, el gran caudillo liberal sucesor de Guzmán Blanco, Joaquín Crespo, arrojó contra él una revolución que llamó Legalista, cuyo resultado fue el derrocamiento del presidente. Crespo no solo era un estupendo guerrero sino que dispuso, además, de un ejército de 10.000 experimentados hombres que hicieron seresere del inocente abogado Andueza.

Crespo asumió la bandera de la legalidad, indignado por la tentativa continuista que él abortó. Pero inmediatamente se le pasaron esos arrestos e hizo aprobar una Constitución que extendía el período presidencial a cuatro años ¡tal como lo había postulado el derrocado Andueza!

La feroz inconsecuencia del general Crespo fue como un abrir y cerrar los ojos, empuñó las armas contra la reelección y de seguidas a favor de su reelección.

En 1910, habiendo triunfado los liberales en México, Porfirio Díaz se presentó como candidato por octava vez. En forma parecida a la del general venezolano Joaquín Crespo, se había pronunciado contra la reelección. Pero, en la octava vez le salió al paso Francisco Madero al frente de una enorme oleada humana. Para resaltar la inconsecuencia reeleccionista de Porfirio Díaz, Madero esgrimió el emblema de «Sufragio Efectivo. No Reelección».

Tan castigada quedó la reelección de Díaz que la del presidente desapareció, no así la del movimiento político que, con el nombre de PRI, se mantuvo en el poder nacional y regional por 70 largos años. Con más ingenio que acierto, según creo, nuestro Mario Vargas Llosa la llamó «dictadura perfecta. Lo cierto es que tras los primeros cambios siguieron otros.

No había desaparecido de Venezuela el trienio de AD cuando el presidente Betancourt y demás miembros de la Junta Revolucionaria de Gobierno prohibieron por decreto presentar el nombre de cualquiera de ellos a las primeras elecciones universales directas y secretas —vale decir democráticas— que se celebraron en 1948.

El regreso de la perpetuidad, junto con otros profundos retrocesos muy costosos, vinieron de la mano del presidente Chávez, quien se las aplicó para su beneficio exclusivo, práctica que hasta el presente ha seguido fielmente el gobierno de Maduro, aunque haya crecido —según se dice y repite— el deseo de romper con las presidencias vitalicias y retornar a la merecida normalidad democrática, en el marco de la alternabilidad posible, la pureza del sufragio y la rigurosa observación internacional además de la nacional.

Será harto difícil vivir en un país envuelto en vapores tóxicos, malformaciones políticas y «ética, pelética, peluda y peletancuda» para decirlo con el gran Billo Frómeta.

La historiadora venezolana, Elena Plaza, distingue varias corrientes que se formaron en la república a propósito del separatismo venezolano en 1830. La primera, sostenida por el Libertador y emanada de la crisis del orden público y la inestabilidad social. Para contenerlos, Bolívar consideraba vital un presidente vitalicio y un vicepresidente nombrado por el presidente. La segunda, monarquía constitucional o limitada, posiblemente con un príncipe extranjero, en forma análoga a la de México con Maximiliano I. La tercera, seguir el modelo de EE. UU. Lo que permite entrever el desconcierto del mando patriota y la creciente suspicacia con el Libertador, quien nunca dejó de ser un republicano liberal, aunque prevenido por los posibles efectos de la crisis y el retroceso.

He tomado la perversa reelección indefinida como emblema porque el tema es popular, pero el mal que nos invade —el malestar de la democracia—, está en la raíz.

La democracia moderna es revisada por sociólogos, politólogos e historiadores. La democracia se inmoviliza y retrocede si no gana espacios y los consolida institucional, legal o normativamente, sin perjuicio de que pueda incluso morir, si no revierte la tendencia. Por eso se habla tanto de “democratización”.

La democracia pierde si es reducida a mínima acción, se desacredita y convierte en objeto de befa, pelear por ella es acrecentarla y acreditarla.

Twitter: @AmericoMartin


 3 min


Carlos Raúl Hernández

La revolución ocurre cuando las sociedades prosperan. EEUU vivía su esplendor gracias al crecimiento económico sostenido después de la Segunda Guerra. Arthur Schlesinger Jr., autor de estudios históricos monumentales y asesor de Kennedy, decía: “nos hemos vuelto… prósperos y merodeamos bajo el estupor de la grasa… una atmósfera pesada, sin humor, santurrona, estulta… sin ironía ni autocrítica… “.

…El clima de los cincuentas tardíos (es) él más aburrido y deprimente de nuestra historia”. Pero un tumor minaba aquel cuerpo muelle de confort: la post esclavitud excluía a los negros de los derechos plasmados en la Constitución. La humillación se expresaba en el jazz, el blues, el góspel, el rock, y ahora por el más negro de los negros, el crossover universal, Elvis Presley.

Los beatnicks, Gingsberg, Kerouac, Arthur Miller, sacudían el ambiente cultural, y Marcuse, Adorno, Fromm, sembraban en las universidades su versión de la fantasía marxista. Aparece el Black Power, movimiento político cultural que enaltecía la negritud, black is beautifull, (no esa cursilería snob de “afroamericanos”) dividido fatalmente entre ramas antagónicas de moderados y radicales.

Unos luchaban por los Derechos Civiles, dirigidos por Martin Luther King, con la Constitución de EEUU y la igualdad de derechos como programa; otros, terroristas, delincuentes, inficionados de violencia, aupaban la lucha de clases, destruir la sociedad “capitalista”, los valores democráticos. Para descrédito del movimiento, asaltaban, secuestraban, asesinaban. Y se los tragaron la tierra, las cárceles y la inutilidad.

“Del mismo color”
Gracias al combate por los Derechos Civiles, cincuenta años más tarde Barack Obama es presidente de EEUU y un supremacista blanco se estrella contra la mayoría popular y la reelección. Al nacer los sesentas, Katherine Goble (luego Johnson) Dorothy Vaughan y Mary Jackson, tres matemáticas negras, enganchan en la NASA como parte de un pelotón innominado de calculistas al servicio de todos los departamentos.


El cuerpo esencial de la NASA, es el Grupo de Trabajo Espacial, dirigido por el súper matemático e ingeniero Al Harrison, de extraordinaria personalidad y talento. Entran en crisis cuando los rusos se adelantan y ponen en el espacio a Gagarín, y porque a semanas del lanzamiento de John Glenn, el primer norteamericano en orbitar el planeta, no podían calcular el ángulo de entrada, la velocidad y cientos de vectores para su reingreso a la atmósfera.

Requieren un experto en geometría analítica, y del pelotón envían a Katherine. Al entrar a la oficina con su caja de cosas personales, la tomaron por bedel. El único baño para negras quedaba a casi un Km., trayecto que hacía corriendo entaconada, varias veces al día. Ante sus reiteradas ausencias, Harrison la increpó enérgicamente ante todos y ella ripostó en el mismo tono.

“Trabajo como un burro día y noche, recorro una milla cada vez que voy al baño, y tomo café de una jarra que dice 'para negros' entre personas que casi no me tratan”. Harrison arrancó la etiqueta de la jarra y tomó una barra de hierro. Ante la estupefacción colectiva, destrozó las vallas plásticas que indicaban la exclusividad racial de los sanitarios. Al terminar, gritó “en la NASA todos meamos del mismo color”.

Nervios de cobalto y mimbre
El ángulo de reentrada a la atmósfera era de vida o muerte. Si se pasaba de agudo, rebotaba y se perdería en el espacio. Si era demasiado obtuso, se estrellaría contra una pared. En el pizarrón de la oficina, ella escribió el procedimiento para resolverlo, con estupefacción de todos. Ese es su salto quántico y Harrison la adopta. Frente a la inminencia de la misión, convocan reunión del Pentágono, las ramas militares, la cúpula del gobierno y Glenn.

Katherine porfía a Harrison que ella debe asistir. Él accede y le dice, cariñosa y enérgicamente “vienes, pero no abras la fuking boca”. Ya dentro, acribillado a preguntas, le lanza una mirada S.O.S, y ella avanza al pizarrón y desentraña las incógnitas. Calcula velocidades, ángulos, y coordenadas para reingreso y amarizaje, ante bocas abiertas y el flechazo en Glenn. Pero el día X, quince minutos antes del despegar, el caos.

La computadora IBM daba resultados contradictorios, y Glenn dice categóricamente que solo despegaría si Katherine lo aprobaba. Ella corrigió a la máquina, y autorizó el vuelo del Atlas. Una de las escenas más dramáticas de la historia de la aventura espacial es el reingreso de Glenn. Por fallas de fabricación, la cápsula se incendia, y en la agonía colectiva, es ella quién salva la crisis, la vida y la misión de Glenn. “La nave resistirá” dijo terminante...


Dorothy Vaughan fue la única en la NASA que dominó el lenguaje FORTRAN de la IBM y se convirtió en jefe de informática. Mary Jackson había rediseñado la cápsula para que no se desarmara al reentrar e hizo posible la hazaña. Sin puños crispados, sin violencia, sin odio, una mujer negra se hizo reina de la NASA. (Vea la apasionante historia en el film Figuras en la sombra, 2016, del director Theodor Melfi)

@CarlosRaulHer

 4 min


Liliana Castiglione

¿Qué es el trastorno narcisista de la personalidad según la psicología?

El trastorno narcisista de la personalidad se caracteriza por tener un patrón generalizado de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía.

El DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) considera que este se manifiesta por cinco (o más) de los hechos siguientes:

  • Tiene sentimientos de grandeza y prepotencia (por ejemplo: exagera sus logros y talentos). Sin duda, un egocentrismo excesivo.
  • Está absorto en fantasías de éxito, poder, belleza o amor ideal ilimitado.
  • Cree que es “especial” y único, superior a los demás. Suele manifestar aires de superioridad o arrogancia
  • En sus relaciones con otros carecen de empatía, lo que lo hace incapaz de reconocer o identificarse con los sentimientos y las necesidades de otras personas.
  • Puede además sentir envidia (consciente o inconsciente) y suelen denigrar a otros, sentirlos de menos nivel que él.
  • Tiene una necesidad excesiva de admiración, lo que lo hace dependiente de los halagos de otros.
  • Se aprovecha de los demás para sus propios fines.
  • Con frecuencia envidia a los demás o cree que estos sienten envidia de él.
  • Evita situaciones que le resulten contrarias al globo inflado en el que ubican la imagen de sí mismos.

¿Los narcisistas se detectan a simple vista porque son insoportables?

Al contrario de lo que podamos pensar suelen ser encantadores, como la serpiente de la tentación ya que suelen tener un poder de seducción que atrae a otros.

¿Tener autoestima elevada implica narcisismo?

Hilando fino, un cierto narcisismo es sano mientras se vincule a valor personal, a sentirse digno, en confianza con uno mismo, feliz de ser quien se es, pero el narcisista ese valor se lleva a niveles límites y lo transforma en un fin en sí mismo, algo así como la meta de su vida por lo que presenta ansiedad de ser reconocido y admirado constantemente.

¿Entonces un narcisista es antisocial?

No debemos confundir los términos, los antisociales no buscan ni necesitan la admiración de los demás, usan a los otros para obtener beneficios.

¿Por qué una persona se transforma en narcisista?

Hay patrones de crianza que determinan este tipo de personalidad, patrones que se alejan de ser contribuyentes en el desarrollo de una imagen positiva en el niño. Generalmente se modelan en forma exacerbada las habilidades y logros olvidando la importancia de desarrollar en ellos la tan necesaria tolerancia a la frustración.

Los narcisistas son «niños emocionalmente descuidados», quizás por exceso como mencionamos antes o por no sentirse lo suficientemente amados donde el ego se transforma en un mecanismo compensatorio.

¿Cómo puedo relacionarme con una persona narcisista?

Resulta clave no dejarse manipular, ten presente que el narcisista necesita culpar a los demás de sus fracasos y en esa lista puedes estar tu, de igual manera querrá que pienses como él ya que se considera un patrón referencial y si no estableces límites su actitud se verá reforzada y por tanto incrementada.

Tomar en serio sus críticas es una mala idea, recuerda que no eres el problema, él te menosprecia para su beneficio. Puedes hacerle ver que no aceptas ese tipo de descalificativos porque no te hace sentir a gusto, manifestándolo en forma asertiva, sin necesidad de atacar.

Recuerda que su capacidad de empatía es baja o escasa de manera que si es incapaz de ponerse en tu lugar eso representa su limitación, no la tuya.

No permitas formas de violencia que pueden ir desde lo físico a lo verbal, ten presente que su capacidad de tolerancia ante conflictos es casi nula porque siempre buscarán tener la razón y suelen actuar en forma exagerada

De esta forma mantener una relación íntima o amorosa con personas de estas características puede ser muy complicada si deseas relaciones funcionales, sus actitudes pueden hacerte sufrir mucho e incluso lesionar tu autoestima.

¿Cómo ayudar a una persona narcisista?

Pueden trabajar en terapia pero difícilmente suelen reconocer que tienen un problema y por ende no buscarán ayuda. Un momento interesante para animarlo a buscar ayuda es en una situación de vulnerabilidad cuando haya tenido una experiencia que les haya afectado el ego.

Si deseas establecer relaciones de mutuo respeto y valoración, donde haya empatía, negociaciones, entendimiento de que ambas partes son valiosas y juntos pueden ser mejores, búsqueda de resolución armoniosa de conflictos, probablemente la mejor elección que puedas hacer no es la de estar con una persona narcisista.

14 de marzo 2021

Guayoyo en Letras

https://guayoyoenletras.net/2021/03/14/te-ha-tocado-relacionarte-con-una...

 3 min


Analítica.com

El principio de libre determinación de los pueblos se basa en el derecho internacional público y se encuentra en la Declaración de las Naciones Unidas.

El derecho a la autodeterminación permite a los pueblos decidir libremente su condición política, sus propias formas de gobierno, desarrollo económico, social y cultural, al igual que estructurar libremente sus instituciones, sin intervención externa, siempre y cuando los derechos esenciales de las personas sean respetados y los gobiernos emanen de la voluntad popular.

Antiguamente los príncipes alegaban tener derechos de origen divino y por tanto se consideraba que podían ejercer plenamente la soberanía en los territorios que gobernaban. Su voluntad era la ley.

Eso cambió con la Revolución Francesa. Hoy en día la soberanía proviene del pueblo, tal como lo establece nuestra Constitución en su artículo 5, el cual reza textualmente:

“La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos”.

Mal puede un gobierno alegar el principio de autodeterminación frente a otros Estados cuando le niega a su pueblo el ejercicio de esa soberanía conforme a lo establecido en su Constitución.

Cuando el derecho al sufragio -claramente previsto en el Art 63 de la Constitución- queda restringido al encarcelar, inhabilitar o exiliar a los líderes opositores, al ilegalizar a los partidos de oposición, al valerse de una justicia amañada para apoderarse de las organizaciones opositoras, al permitir concurrir sólo a los candidatos opositores sumisos o cuando no existe transparencia ni credibilidad en los mecanismos para contar los votos y por el contrario hay la percepción generalizada de fraude, ya no es factible decir que tal gobierno emana del pueblo.

Por eso las democracias más respetadas del mundo desconocieron las elecciones del 6 de diciembre del 2020. Se trató de comicios que no cumplieron con estándares internacionales y que sólo sirvieron para para que el régimen confiscara otro de los poderes.

Cuando esas cosas ocurren deja de existir la democracia y surgen gobiernos que, para mantenerse en el poder, se valen cada vez más de la fuerza.

En su “Contrato Social”, Rousseau afirmaba: “ la fuerza no constituye derecho, y únicamente se está obligado a obedecer a los poderes legítimos” .

John Locke -Siglo XVII- señalaba que la soberanía emana del pueblo y que el Estado tiene como misión principal proteger las libertades individuales de los ciudadanos. Abordaba también Locke al principio de la separación de los Poderes. La autoridad del Estado se sostiene en los principios de soberanía popular y legalidad. El poder no es absoluto sino que ha de respetar los derechos humanos.

En Venezuela la violación reiterada a los Derechos Humanos ha sido ratificada por Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las ONU para los DDHH.

La libertad de expresión está fuertemente restringida y en cuanto a libertades económicas se nos ubica al nivel de Cuba y Corea del Norte. La economía ha sido destrozada en medio de casi 40 meses de hiperinflación y una caída del PIB que ya nos ubica entre las dos naciones más pobres del continente, en tanto que la corrupción campea por sus fueros. La moral pública ha desaparecido.

El principio de no injerencia tiene excepciones que, en el marco de las Naciones Unidas y desde el 2005, se encuentra consagrado en una nueva regla denominada responsabilidad de proteger. No violan por tanto las sanciones el principio de autodeterminación cuando se aplican en el marco de la citada responsabilidad.

El aislamiento del régimen es progresivo. Cada vez se aleja más de la democracia y reprime más a sus ciudadanos. Pretende tener el derecho de hacerlo invocando para ello razones de soberanía y apelando al principio de autodeterminación de los pueblos, a la vez que acusan de injerencia en sus asuntos internos a los Estados que les exigen respetar los DDHH o que les aplican sanciones.

Una cosa es evidente. Como su nombre lo indica, el principio de la autodeterminación se aplica a los pueblos y no a los gobiernos que pretenden robarles la libertad.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

 3 min


Ismael Pérez Vigil

La discusión acerca de la posición opositora con relación a la participación o no en las elecciones regionales continúa sin que asome una leve luz en el fondo. Con la desventaja de que en la medida que pasa el tiempo y no hay una posición “oficial” con respecto al tema, la discusión se hace más y más amarga, florece el “dibujo libre” y las iniciativas personales y grupales.

Obviamente, la discusión no se queda en el tema de la participación electoral, va mucho más allá y se remonta también −suponemos− al pasado reciente y al más lejano, sobre todo en cuanto a recriminación de errores y fallas a dirigentes y partidos.

Hay quienes llegan muy lejos en su proclama de la no participación −no los llamaré abstencionistas, pues dicen no serlo− pero, les parece que no solo está “agotada” la vía electoral, al menos para algunos, también está agotada la opción de convocar a “la calle”, por carecer de una estrategia posterior. Y, además, señalan otros, esta opción ha sido “traicionada” y “abandonada” por líderes “negociantes”, que entregaron cualquier iniciativa a unas frustradas negociaciones que al final lo que hicieron al fracasar fue apuntalar más al régimen y languidecer las acciones de “calle”.

Imbuidos a lo mejor sin saberlo por ese espíritu de la antipolítica que fue esencia del triunfo del chavismo en 1998, además de estar contra las “negociaciones”, también están en desacuerdo con los procesos de “diálogo”, pues no tiene sentido “negociar con delincuentes”, dicen.

Algunos también, al menos después del resultado electoral en los EEUU, están desesperanzados de cualquier acción militar externa que antes esperaban y otros además señalan estar ahora en desacuerdo con el desembarque de “marines” en las costas venezolanas y en cualquier llamado a la insurrección militar, pues consideran a los militares venezolanos −con toda razón, por cierto− la mano oculta real de esta dictadura a la que estamos sometidos. Al final, tal parece que algunos solo dejan abierto un estrecho e incierto camino a una mítica “negociación”, que nunca nos dice cuál es, así como tampoco nos dicen cuál sería una probable vía para salir de este oprobio.

En el desierto que atravesamos, sin guía y sin opciones ampliamente compartidas, apenas reluce algo, más por costumbre o temor, la idea de la mítica unidad; en la cual, en realidad y por lo visto, nadie cree muy firmemente. Por temor y mito me refiero a que nadie en sus cabales y que tenga una cierta aspiración de continuar en la política, va a denigrar de la idea de la unidad pero luce que nadie está tampoco haciendo esfuerzos muy profundos al respecto.

Pareciera que estamos sumidos en una especie de abandono “dirigencial”, a la espera de que las cosas se resuelvan solas, confiados en que el tiempo todo lo cura; o que estamos esperando, nuevamente, algún milagro desde el exterior, obrado por un “informe” de algún organismo internacional o por los vientos nórdicos, que soplan de vez en cuando y de cuando en vez, como pareciera que ahora vuelve a ocurrir.

Los partidos políticos, asumo, que están en fogosa discusión interna para dirimir su futuro inmediato, como es la convocatoria de un proceso electoral, que como ya sabemos se va a efectuar con o sin la participación de la oposición democrática, tras lo cual el régimen seguirá su curso, aun con el exiguo número de votantes que se presenten, sin importarle para nada la legitimidad del proceso o nuestro reconocimiento o el de la comunidad internacional.

Los actores políticos, analistas, consultores, seguirán en su tarea de argumentar si vale o no la pena votar; si debemos o no embarcarnos en una nueva ronda de negociación, de diálogo. Con todos los argumentos que ya sabemos y no vale la pena repetir.

Los líderes, que nos han conducido hasta aquí reconocerán o no sus errores y las críticas que se les han formulado, y algunos seguirán −con poco o mucho apoyo− o surgirán otros, porque la experiencia también nos indica que siempre aparecen otros o los mismos, montados sobre las olas, o desde la profundidad de las aguas que los han revolcado. Pero, la política, también se abre paso como la vida misma. Por eso hoy mi reflexión y mis preguntas son otras. Mas intimas y personales, más ineludibles.

Nosotros dos, usted que lee y yo que escribo, que si bien tenemos y sufrimos los problemas comunes de los venezolanos −inseguridad, falta de gasolina, pésimos servicios públicos, alto costo de las cosas− pero que seguramente no estamos tan agobiados por la cotidianidad, o preocupados a muerte por el diario sustento, como millones de venezolanos, algunos de los cuales han tenido que irse del país, dejando atrás amigos, padres y hasta hijos, para intentar ayudarlos desde el exterior; usted y yo, repito, que hemos optado por permanecer aquí… ¿Qué papel nos toca ejercer en todo esto?

Porque este país también es nuestro y no está muerto, vive… aquí se trabaja duro, se invierte en lo que se puede, se estudia, se crea arte, se hace música, se lucha −en fin−, se ama y se muere, por salir de este oprobio. ¿Vamos a seguir en la amargura de quejarnos por todo? ¿Vamos a renegar del país, darle la espalda y dejarlo por imposible?

Durante cuarenta años de floreciente democracia desde 1958 nos apartamos hacia la barrera, en busca de un burladero. Nos apartamos de la política por ocuparnos de nuestros negocios, familias, actividad profesional o académica y contribuimos −en buena medida− a propalar la antipolítica que permitió que se encumbraran en 1998 los que destruyeron al país. ¿Vamos a seguir culpando a los partidos, a los líderes que ayudamos a surgir y que ahora pretendemos abandonar, por los errores y fallas en las que nosotros también participamos? ¿Vamos a continuar esperando que aparezca esa fórmula mágica de unidad, que confundimos con unanimidad, para comenzar a actuar? ¿O por el contrario vamos a intentar hacer algo, desde nuestro espacio natural de influencia, para convencer a los venezolanos de que sí hay una solución y que depende del esfuerzo de todos?

No podemos seguir lamentándonos por la falta de éxito, dando todo por perdido y regresar a nuestro rincón de las lamentaciones, desconociendo veintidós años de lucha y resistencia. Aquí se ha luchado, resistido y hecho muchas cosas durante veintidós años, en los que muchos perdieron fortunas, futuro y vidas; años de éxitos y fracasos, pero que han impedido que este régimen, de ínfulas totalitarias, se termine de adueñar del país y acabe con toda resistencia. Que no quede duda que podemos contribuir a la discusión, a difundir ideas, a aportar en la organización del país y llenarlo nuevamente de esperanza, una y otra y otra vez.

Politólogo

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