Pasar al contenido principal

Opinión

Fernando Mires

El pensamiento es asociativo. Leyendo la entretenida y muy bien documentada novela Aquitania escrita por Eva Garcia Sáenz de Urturi (Premio Planeta 2020) comencé a imaginar acerca de cómo sería una vida sin política.

El siglo Xll europeo del que nos narra García Sáenz a través de las aventuras y desventuras de la legendaria Leonor de Aquitania, era efectivamente un tiempo en el que a duras penas estaba apareciendo la política, un tiempo más bien pre-político: sin polis, sin naciones, sin estados, solo con pueblos que no eran pueblos sino tronos. El trono no venía del pueblo, era mas bien al revés, el pueblo venía del trono. Como decía Leonor de Aquitania: “Yo tengo que ser Aquitania, a mí no pueden dividirme en tronos”

El pueblo lo conformaban los pobladores de una región en donde se hablaba un lenguaje común de los cientos que venían del latín, definidos como pueblos de acuerdo al seguimiento a un señor territorial. Los leves aprontes políticos, pausas o armisticios que se daban entre constantes guerras territoriales, eran simples alianzas de unos reinos en contra de otros, de tal modo que la política naciente era solo una pre-política de guerra entre representantes de pre-naciones. Pues en contra de lo que comúnmente se piensa, la política nacional fue un derivado tardío de la política extraterritorial.

La política occidental nació primero “entre” y solo mucho después “dentro” de las (pre-) naciones. Hasta el siglo XVl solo fue asunto de príncipes o principales. Así hay que leer y entender a Maquiavelo para quien la traición, el envenenamiento o el artero crimen, fueron artes que llevaron a las primeras alianzas entre reyes, las que pasaban por la ligazón de familias reales a través de matrimonios dinásticos sin importar las edades ni el grado de parentesco de los cónyuges.

Así eran los humanos antes de que naciera la política y las instituciones que le dieron sustento. Tenían razón entonces los antiguos griegos cuando afirmaban que sin política somos bárbaros. La barbarie era para ellos, la no-política. Una condición que se mantiene al interior de cada ser humano cuando experimenta el malestar, no solo “en la cultura” como imaginó Freud, sino en y con la política, como vemos frecuentemente en nuestro tiempo.

No nacimos siendo políticos. La condición política es un sobrepeso agregado a nuestra condición humana, hecho que explica por qué en tan repetidas ocasiones hay pueblos que sucumben a la tentación de liberarse del fardo político y en nombre de una democracia total regresar a la libertad brutal del bárbaro que todos llevamos escondido en el alma. Y bien, ese ser pre-político que de una manera u otra portamos como componente ineludible de nuestra genética histórica, es el ser populista.

Quiero decir: la política comenzó siendo populista, vale decir, de pueblos y para pueblos.

Podríamos afirmar entonces que el populismo, tal como hoy lo conocemos, precedió al nacimiento del pueblo. O en otras palabras, el populismo fue el embrión pre-político del pueblo político. Las poblaciones y poblados se convirtieron en pueblos gracias a la adhesión a un jefe territorial que los movilizaba militarmente en contra de otras poblaciones o poblados. Por eso no hay populismo sin jefe populista. Ni antes ni ahora.

No sería errado definir al populismo como una regresión colectiva que lleva a seguir a un caudillo situado por sobre o más allá de las las instituciones. La política, si seguimos ese hilo, no supera al populismo sino que lo contiene en sus entrañas, algo así como el humano al mono. Luego, el populismo -sería una segunda definición- es la política sin mediaciones, una relación directa entre caudillo y masa. No lleva, como generalmente se piensa, a la destrucción de la política sino solo a una forma de la política, nos referimos a la destrucción de su forma institucional y por ende constitucional. Tampoco lleva a la destrucción de la democracia, sino a una democracia radical, a una que no obstaculiza la representación directa del pueblo en el poder.

El populismo, lo hemos visto en cientos de casos, estalla ocasionalmente como una relación de amor narcisista entre un líder y “su” pueblo. Narcisista, porque el pueblo se ama a sí mismo en el líder y el líder se ama a sí mismo en el pueblo. Goce simple y puro donde ambos, líder y pueblo, se adulan, se unen y se penetran.

Definitivamente, el populismo nos fascina porque nos libera. Nos libera entre otras cosas de reglamentos y de leyes, de instituciones y de constituciones, de modos y de formas. De ahí que vuelvo a repetir: la política populista supone la radicalización de la democracia hasta el punto en que la democracia puede llegar a convertirse en la principal enemiga de la política. El populismo -sea de derecha o de izquierda, es lo menos importante- llevado hasta sus últimas consecuencias sería –esta es ya una tercera definición- la democracia sin política. Para que se entienda mejor el postulado, habrá que recordar que la democracia es solo una forma de gobierno y no una forma de la política. La menos peor forma de gobierno, si seguimos a Churchill. Pero solo eso: una forma. Una entre varias.

Veamos el ejemplo más reciente: Los bárbaros nacional-populistas del 6-E asaltaron en nombre del demos a la institución máxima de la democracia norteamericana: el Capitolio. Llenos de amor hacia el gran macho que los dominaba, intentaron restituir la democracia directa, sin instituciones, sin constituciones, sin parlamentos. Pasarán los años y esas imágenes tan simbólicas permanecerán en las retinas de la historia, agrandadas cada vez más por el flujo de los recuerdos. Pues ese día –mirado en histórica perspectiva- fue el día de la sublevación del pueblo de Donald Trump en contra del pueblo de Thomas Jefferson.

NOSOTROS, EL PUEBLO

El preámbulo de la Constitución norteamericana comienza así: “Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer la justicia, garantizar la tranquilidad nacional, tender a la defensa común, fomentar el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros y para nuestra posteridad, por la presente promulgamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América.

Comienza con el pronombre “nosotros”. ¿Quiénes son los “nosotros”? Por definición, no son los otros. Toda nosotridad impone un límite frente a una vosotridad. Ese nosotros es exclusivo e inclusivo a la vez, pues no es el pueblo de un solo Estado sino de varios estados unidos. Una entidad plural y singular. La pluralidad reside en el nosotros. La singularidad en “el pueblo”. El pueblo, según la pluma de los primeros constitucionalistas, es uno, y los estados son varios. El pueblo estadounidense es, por lo tanto, un pueblo constituido por diferencias.

Las diferencias constituyen al pueblo, no sus similitudes. El objetivo será formar la Unión más perfecta (posible) para todos los diferentes estados, a través, y aquí viene el punto clave, de una Constitución. Nosotros, el pueblo, no es todo el pueblo sino un nosotros que somete a la discusión del pueblo un texto que lo constituye como pueblo. Un pueblo cuyos orígenes no yacen en un pasado mítico, menos en uno étnico, sino en un momento histórico conformado por un nosotros que en nombre del pueblo constitucionaliza (o constituye) al pueblo.

La Constitución hace al pueblo y el pueblo hace a la Constitución. Diferentes estados y una sola nación constituida por el pueblo a través de una Constitución que los une del modo más perfecto posible. Una Constitución que, como todas las constituciones, no está a disposición de nadie porque es la palabra del pueblo, la que, para que permanezca en el tiempo, deberá ser escrita con tinta indeleble en un libro.

El pueblo instituye y destituye de acuerdo a los dictados de la Constitución. Gracias a la Constitución la política deja de ser populista. Es por eso que vemos en el asalto al Capitolio instigado por Trump, Giuliani, Rubio y otros secuaces, una rebelión del pueblo populista en contra del pueblo político. Un intento por regresar a los tiempos de la Francia de Leonor de Aquitania donde el cuerpo del monarca se confundía con el cuerpo del Estado. Una regresión histórica que nos demostró cuan frágiles son los hilos que sostienen a la política de nuestro tiempo.

NOSOTROS (y no ellos) SOMOS EL PUEBLO

Octubre de 1989. Las calles de Berlín Este, Leipzig, Dresden, se estremecen bajo el grito “Nosotros somos el pueblo”. El rodaje de las cámaras televisivas da vueltas alrededor del mundo. El grito quería significar nosotros y no ellos, nosotros y no la nomenklatura, nosotros y no la URSS, somos el pueblo. Imágenes conmovedoras que demostraban como las multitudes se constituían como pueblo político en el marco de una rebelión destituyente. Un nosotros destitutivo y a la vez constitutivo. Un nosotros ciudadano. Sin embargo, ese grito colectivo, “nosotros somos el pueblo”, no nació por milagro. Fue, por el contrario, parte de una larga cadena histórica formada por diversos eslabones. El eslabón más cercano lo encontramos el 7 de mayo de 1989, cuando en la RDA tuvieron lugar elecciones comunales.

Contrariando a las fracciones abstencionistas de la oposición, diversas organizaciones disidentes decidieron participar en las elecciones. La participación ciudadana debería usar el proceso electoral como plataforma para ejercer crítica directa al régimen y, en caso de fraude, aprovechar la grieta que estaba abriendo Gorbachov en la URSS, para denunciar el fraude ante el mundo.

Bajo el amparo de la iglesia protestante, los grupos disidentes realizaron su campaña electoral creando comisiones encargadas de vigilar los centros de votación, contando voto por voto. Así lograron demostrar como en diversos lugares los resultados habían sido falsificados. El fraude fue dado a conocer de modo acucioso por la revista clandestina Wahlfall. Fue entonces cuando el Movimiento Foro Nuevo, nacido al calor de la campaña electoral, dictaminó que la soberanía del pueblo había sido violada en la RDA.

De acuerdo a los miembros del Foro Nuevo, un pueblo solo es pueblo político cuando ejerce el acto de elección. Privado de su derecho a elegir, el pueblo deja de ser una noción política y se convierte en lo que fue en sus orígenes: simple población o poblado. En estas condiciones, el pueblo se transforma en un pueblo elegido por sus gobernantes. Monstruosa inversión de la razón política ya denunciada nada menos que por Berthold Brecht, en 1953.

Como es sabido, el 17 de junio de 1953 tuvo lugar la gran rebelión popular de Alemania del Este. Del mismo modo como después en Polonia y Hungría en 1956, la rebelión alemana fue sangrientamente aplastada por tropas soviéticas. En un acto de sadismo. el dictador Walter Ulbricht ordenó a los trabajadores de la construcción limpiar la Avenida Stalin, sitio principal de la revuelta. Ellos se negaron. Fue entonces cuando Brecht escribió su poema. Dice así: Tras la sublevación del 17 de junio/La Secretaría de la Unión de Escritores/Hizo repartir folletos en la Avenida Stalin/Indicando que el pueblo/ Había perdido la confianza del gobierno/ Y podía ganarla de nuevo solamente/Con esfuerzos redoblados ¿No sería más simple/En ese caso para el gobierno/ Disolver el pueblo/ Y elegir otro?

Disolver el pueblo. De hecho, eso ya había sucedido. El pueblo político había sido disuelto y sustituido por el pueblo del poder estatal. Solo la clase dirigente podía decidir quiénes pertenecían al pueblo. De ahí que el grito triunfal de 1989, “nosotros somos el pueblo”, surgió de la historia profunda de un pueblo sometido.

Alemania 2019-2020. Otra vez aparecen en las calles de la ex DDR grupos que gritan, “nosotros somos el pueblo”. Pero la historia no se repite. No solo porque los nacional-populistas llamados por AfD, Pegida y otras organizaciones neo-fascistas no tienen ni política ni culturalmente nada que ver con los manifestantes de hace treinta años, sino simplemente porque ellos no son el pueblo. Son, por cierto, una fracción del pueblo, y si pueden hoy protestar acusando a Angela Merkel de dictadora, es porque en Alemania prima un estado de derecho que garantiza la libertad de reunión y de opinión, aunque sean reuniones y opiniones de fascistas. Ese derecho no fue conquistado por ellos sino por quienes lucharon contra una dictadura de verdad en nombre de un pueblo sometido.

La gran diferencia entre los dos “nosotros”, no es gramática. Es política. Los de 1989 gritaron a favor de un nosotros inclusivo, por uno que incluyera a todas las diferencias, no importando ideologías, religiones, condición social, ni mucho menos, color de piel. El nosotros de los nacional populistas es en cambio exclusivo. Su “nosotros” solo alude a un pueblo mítico, étnico, machista, sexista, blanco, pero no a un pueblo políticamente constituido.

El pueblo político es, por el contrario, el pueblo de las diferencias. Cuando los manifestantes de 1989 decían “nosotros somos el pueblo”, no pedían unirse bajo una sola idea, bajo un solo partido, bajo un solo símbolo. Precisamente contra esa noción de pueblo luchaban. Políticamente organizados, exigían la libertad de opinión, de reunión, de asociación. Luchaban en fin por un pueblo cuya única unidad era la aceptación de las diferencias, en el marco determinado por la Constitución y las leyes. Un pueblo con muchos partidos, muchas ideas, muchos modos de ser. En otras palabras, por un pueblo que, justamente por el hecho de estar desunido, podía ser un pueblo.

EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO

Fue una de las canciones más bellas del breve periodo de la Unidad Popular chilena (1970-1973) Coreado con énfasis y mística en las calles al ritmo marcial que imponían los Quilapayún, erizaba la piel. Después de esa trágica experiencia, ha vuelto a ser coreado, ya sea en las calles de Managua, La Paz o Caracas, para aclamar triunfos de los nacional-populistas “de izquierda”. Una canción tan bella en su melodía como falsa en su intención.

Efectivamente, un pueblo solo puede aparecer unido frente a otro pueblo (y en este caso ya no hablamos de política sino de guerra) o puede aparecer, en un momento, unido, como en el caso de la ex RDA, frente a una clase de estado que usurpa el poder del pueblo en nombre del pueblo. Pero en Chile, esos millones que apoyaron a Pinochet no eran de otro pueblo. El pueblo de la izquierda intentó excluir al pueblo de la derecha. Poco después, el pueblo de la derecha, representado en Pinochet, intento excluir -incluso físicamente- al pueblo de la izquierda.

Ningún gobernante y ningún político puede atribuirse la representación total del pueblo. Quienes creen ostentarla, o son dictadores o están en camino de serlo. El pueblo político está organizado en partidos, tradiciones, culturas, religiones, creencias. Su única unidad es la aceptación de la Constitución y de las instituciones que garantizan la lucha de sus diferencias.

El pueblo unido jamás será vencido. Es verdad. Nunca será vencido porque el pueblo unido no existe como noción política. Así de simple.

25 de febrero 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/02/fernando-mires-nosotros-somos-e...(POLIS)

 11 min


​José E. Rodríguez Rojas

El gobierno venezolano está instrumentando políticas de mercado que ayuden a la reactivación de la economía, la cual lleva seis años en recesión. Según la revista The Economist es poco probable que dichas políticas impulsen un boom de inversiones que reactive la maltrecha economía, debido a la pandemia y a las sanciones de Estados Unidos.

Movido por la desesperación el régimen de Maduro está instrumentando políticas de mercado, para rescatar la maltrecha economía venezolana. Sin embargo el régimen presenta el giro hacia las políticas de mercado, no como un acto de desesperación, sino de perfeccionamiento del socialismo. Lo que llamamos políticas de mercado o de libre mercado, son aquellas que restringen el rol del Estado en la economía y aumentan el de las fuerzas del mercado. Ellas contemplan las de privatización de empresas públicas y las de liberalización de precios, tanto de precios de los productos como de las divisas

Maduro desechó un sistema de cambios múltiples en el año 2018. El que hace poco tiempo el gobierno calificaba de dólar criminal, ahora circula libremente en las calles. Es más común en las calles de Caracas que el bolívar, debido a la crisis de efectivo. Se eliminó el control de precios y la gasolina se expende a precios dolarizados en las estaciones de gasolina.

Las tiendas, antes vacías, están abastecidas. En el campo, la elevada cantidad de tierras que Chávez entregó a los campesinos ahora están siendo compradas por personas que se han enriquecido, beneficiándose del capitalismo de amiguetes que floreció bajo la sombra de su sucesor.

Parte del Estado se está contrayendo. PDVSA, que una vez empleó a 150.000 personas, ahora tiene una fuerza de trabajo de 111.000, de acuerdo a cifras aportadas por el sindicato de trabajadores petroleros. Muchos de los trabajadores formaron parte de la diáspora que emigró a otros países vecinos como Colombia.

El gobierno de Venezuela está actuando movido por la desesperación: Venezuela ha venido padeciendo una recesión por más de seis años. El mal manejo de PDVSA hizo colapsar la producción, lo que aunado a las sanciones de la administración Trump provocó el colapso de las exportaciones petroleras. La corrupción desbordada impulsó el mercado de carros de lujo, pero quebró al Estado.

Un empresario señaló que el gobierno está instrumentando un programa de ajuste similar al de los llevados a cabo por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Las sanciones lo han hecho factible políticamente. Debido a que el FMI no le suministra a Venezuela la ayuda que el régimen requiere, el gobierno continúa financiando su gigantesco déficit ordenando al BCV emitir dinero sin respaldo.

La pandemia y las sanciones de Estados Unidos impedirán que Venezuela, en el corto plazo, disfrute de un boom de inversiones, producto de sus políticas de mercado, que ayuden a la reactivación de la maltrecha economía.

Nota: Este escrito está basado en la traducción libre de una parte del artículo: The Economist. 2021. Cuba and Venezuela. Open up, hesintantly, to the market. Feb 13 th.

Profesor UCV

 2 min


Antonio R. Rubio Plo

El siglo del populismo, el último libro del historiador y politólogo Pierre Rosanvallon, representa un título de lectura indispensable sobre este fenómeno sociopolítico, de carácter tan difuso como volátil. Es una corriente de pensamiento líquido, no tanto una doctrina, marcada por el imperio absoluto de las emociones. Limitarse a comparaciones históricas con los fascismos de entreguerras denota una cierta pereza a la hora de analizar. Para empezar, el populismo es mucho más antiguo que todo eso. Podríamos remontarnos a la Antigüedad clásica y a otras etapas de la historia porque el populismo es una actitud, una táctica y finalmente una estrategia al servicio de la toma del poder. Además, el populismo está, y siempre lo ha estado, al servicio de una “política espectáculo”, y, en consecuencia, no es extraño que acapare la atención de los espectadores, llámense pueblo o público, en esta sociedad del espectáculo, en la que se prefiere la representación a la realidad, la apariencia al ser, tal y como subrayaba el filósofo Guy Debord en 1967.

Pierre Rosanvallon presenta en su libro toda una serie de ejemplos de la fuerte carga emocional que sustenta al populismo, en la que se entremezclan pretensiones de exclusiva grandeza moral, no pocas veces salpicadas por el término “dignidad”, y los odios más turbulentos, con una violencia verbal sin límites. Nos trae un ejemplo de la política francesa, el de Jean-Luc Mélenchon, y nos cuenta una significativa anécdota en la que se aprecian las simpatías del fundador de La France insoumise por el cesarismo. En 2017 visitó las ruinas del Foro romano, donde señaló que César estaba cerca del pueblo y por eso los patricios lo asesinaron. Rosanvallon no se remonta tan lejos en su libro para narrar la historia del populismo, si bien es recomendable revisar las Vidas paralelas de Plutarco, y en concreto la de César, para tomar nota de actitudes populistas que siguen muy vigentes.

En efecto, Plutarco retrata a César, en sus funciones de edil o pretor de Roma, como un político ambicioso, que utiliza al pueblo para sus fines. Solo Cicerón, el principal representante del ideal republicano, parece darse cuenta de que detrás de su humanidad y afabilidad externas, que le ganan una inmensa popularidad, están los designios de un ambicioso. Pero el destino de Cicerón será el de tantos críticos del cesarismo: la de ser desprestigiado por encarnar supuestamente los intereses de los privilegiados, los del patriciado romano. Los “hombres fuertes”, idolatrados por las masas, nada quieren saber de quienes apelan a los dictados de la razón. Lo cierto es que el gran orador romano percibe rasgos tiránicos en todas las empresas y actos políticos de César, y escribe: “Cuando veo su caballera peinada con tanto cuidado, cuando le veo rascarse la cabeza con un solo dedo, llego a creer que un hombre así ha decidido un crimen tan grande como la ruina de la República romana”. El propio Cicerón señala también la anécdota de que César tradujo de este modo una cita de Eurípides: “Si hay que violar el derecho, debe hacerse para reinar; en los demás casos practica la rectitud”. Hoy diríamos que César era un maestro en el arte de la inteligencia emocional, y todo líder populista termina siéndolo. El cesarismo ha pasado además al teatro, entre otros géneros literarios, y Shakespeare, con su Julio César, debe mucho a Plutarco. En esa obra le vemos comportarse como un tribuno de la plebe. No menos populista es Marco Antonio con su sinuoso discurso ante el cadáver de César, que desbanca al discurso “patriótico” de Marco Bruto, uno de sus asesinos, pues Antonio consigue con habilidad desatar toda clase de emociones entre su auditorio.

Pierre Rosanvallon hace en su libro una anatomía y una crítica, bien fundamentada del populismo, pero, en mi opinión, tiene también el mérito de esbozar una historia del populismo contemporáneo, centrada particularmente en Francia, aunque perfectamente trasplantable a otros países. El populismo impregna el régimen del primer Napoleón, esperanza de los decepcionados y cansados de la revolución, pero el Segundo Imperio de Napoleón III (1852-1870) es un populismo en estado puro. Allí surgirá la idea, que luego cruzará el Atlántico para germinar en el terreno propicio de los caudillismos de las repúblicas latinoamericanas, de que el emperador no es un hombre sino un pueblo, el elegido de la democracia, la encarnación de la representación popular. Luis Napoleón Bonaparte multiplicará las recepciones y los desplazamientos por el interior de Francia, a modo de un continuo plebiscito. El bonapartismo busca no solo la unanimidad política sino también la unanimidad social, y esto también explicará sus intentos de controlar la prensa, a la que considera un Estado dentro del Estado, carente de toda legitimidad democrática. Dicha percepción es una prueba más de que el populismo antepone la democracia plebiscitaria al Estado de derecho.

Durante la Tercera República, en 1889, Francia conocerá el efímero bonapartismo del general Georges Boulanger, paralelo a los escándalos políticos de corrupción del momento, y que es jaleado por una prensa que considera a los diputados de la Asamblea Nacional como ejemplo de cinismo, cobardía y mediocridad. Boulanger no triunfará al final, pues nunca lo hacen quienes son incapaces de separar lo sublime de lo ridículo, con todas sus actitudes teatrales y sobreactuadas. Hay quien opina que Boulanger temía en realidad al Estado de derecho y no se atrevió a dar el golpe de Estado que le reclamaban sus partidarios, tras haber ganado las elecciones parlamentarias. Por cierto, Jean Renoir hizo un retrato muy logrado de Boulanger en la película Elena y los hombres (1956), bajo los rasgos del general François Rolland (Jean Marais), tan pretencioso como teatral.

Una acertada conclusión de El siglo del populismo es que la democracia es a la vez una suma de modalidades imperfectas y un sistema experimental, algo que nunca está acabado. Pero el populismo no ha surgido de modo espontáneo. Ha sido una reacción contra la clase política tradicional conformista y encerrada en sí misma. La democracia representativa, según Rosanvallon, “es el régimen que no se cansa de preguntarse por él mismo”. Su pervivencia dependerá de su capacidad de reinventarse, de ser más activa y participativa.

24 de fenrero 2021

Elcano

https://blog.realinstitutoelcano.org/el-populismo-segun-plutarco-y-rosanvallon/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+BlogElcano+%28Blog+Elcano%29

 5 min


Acceso a la Justicia

El enjuiciamiento de los civiles por parte de la justicia militar es un tema que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) no termina de resolver y sobre el que en los últimos años viene dando marchas y contramarchas. El último de estos bandazos ocurrió en diciembre de 2020, cuando el máximo juzgado decidió reabrir las puertas a la posibilidad de que los jueces castrenses procesen a personas que no son miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), algo que unos meses antes le había parecido violatorio a principios constitucionales.

Este retroceso figura en la sentencia n.° 246 que la Sala Constitucional dictó el 14 de diciembre de 2020, aunque su texto apareció hace unos días –como ya es costumbre en esta alta instancia–. En ella estableció lo siguiente:

«La condición civil ostentada por un ciudadano detenido obliga a los Tribunales en Funciones de Control Penal Militar a efectuar preliminarmente un análisis motivado respecto de los límites de su competencia para conocer de oficio sin necesidad de requerir solicitud de parte interesada».

El pronunciamiento, que tiene carácter vinculante y, por lo tanto, debe ser aplicado por el resto de los juzgados del país, fue la respuesta a un avocamiento que en enero de 2020 presentó el abogado Francisco Humbria Vera, para conseguir que se cerrara el caso que el Ministerio Público Militar del estado Zulia le abrió a sus representados, Juan Manuel Lara Villalobos y Gustavo Armando García, a quienes les imputó los delitos de rebelión y de ultraje a la FANB.

Los imputados fueron detenidos en Maracaibo el 18 de enero del año pasado, cuando viajaban en un vehículo de propiedad de uno de ellos, y fueron retenidos por agentes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), quienes al inspeccionar el auto hallaron cuatro recipientes con gasolina. Las personas en el vehículo les explicaron a los efectivos que habían almacenado el combustible para viajar al día siguiente a Caracas, en vista de su escasez en las estaciones de servicio.

En el fallo redactado por la magistrada Carmen Zuleta de Merchán, la Sala constató:

«la veracidad de las denuncias, pues los ciudadanos Juan Manuel Lara Villalobos y Gustavo Armando García Coiman fueron juzgados por una autoridad judicial que no era de su competencia natural, y se les decretó la privación judicial preventiva de libertad sin que existieran fundados elementos de convicción para establecer una relación de causa a efecto entre los delitos militares imputados citados supra y la participación de los ciudadanos aprehendidos (civiles en actividades de tránsito en la vía pública), tal imputación carece de atipicidad».

A raíz de lo arriba citado, se anuló y cerró el caso.

Sí, pero…

Pese a que la Sala Constitucional declaró que a los dos civiles se les violó su derecho a ser juzgados por su juez natural al ser llevados ante un tribunal militar, el TSJ rechazó tomar medidas para evitar que este tipo de situaciones se repitan en el futuro. ¿La razón? En la instancia creen que hay supuestos en los que los civiles pueden ser procesados por los juzgados castrenses, por ejemplo, cuando un civil comete un delito militar, lo que a su criterio está previsto en la Constitución de 1999. En la Sala se aferran a la última línea del artículo 261 del Carta Magna para sustentar su posición: «La competencia de los tribunales militares se limita a delitos de naturaleza militar».

Asimismo, apelan al numeral 2 del artículo 123 del Código Orgánico de Justicia Militar, el cual establece que la «jurisdicción penal militar comprende (…) Las infracciones militares cometidas por militares o civiles, conjunta o separadamente». Vale acotar que esta norma fue aprobada en 1998, es decir, es preconstitucional.

Sin embargo, al instruir a los jueces castrenses a hacer «preliminarmente un análisis motivado respecto de los límites de su competencia» cada vez que tengan a un civil, la Sala Constitucional se aleja de la línea trazada por la Sala de Casación Penal, la cual en sus sentencias 70 y 71 de julio de 2020 declaró que «el juez militar no es el juez natural para el procesamiento penal de civiles» luego de revisar el caso de ocho exfuncionarios de Minerven que desde 2017 estaban siendo procesados por un juez militar por la sustracción de oro de la empresa estatal.

Aunque la Constitución no prohíbe expresamente el enjuiciamiento de civiles por parte de los jueces militares, la Sala Constitucional en un momento consideró que esta posibilidad tampoco estaba permitida por la carta magna, siguiendo los parámetros de tratados internacionales de derechos humanos vigentes en Venezuela. Así, en su sentencia número 838 del 24 de abril de 2002, la instancia indicó tajantemente que «la justicia militar sólo se aplica a delitos de naturaleza militar, perpetrados por militares en servicio activo, tanto para la oportunidad en que se cometan, como para la fecha de su juzgamiento».

El criterio anterior estaba alineado con lo señalado por organismos internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual en 1999 (Caso Castillo Petruzzi y otros vs. Perú, sentencia de 30 de mayo de 1999, Fondo, Reparaciones y Costas) señaló:

«La jurisdicción militar no es la naturalmente aplicable a civiles que carecen de funciones militares y que por ello no pueden incurrir en conductas contrarias a deberes funcionales de este carácter. Cuando la justicia militar asume competencia sobre un asunto que debe conocer la justicia ordinaria, se ve afectado el derecho al juez natural y, a fortiori el debido proceso, el cual, a su vez, está íntimamente ligado al propio derecho de acceso a la justicia».

Asimismo, en la audiencia de Venezuela ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), celebrada el 11 de mayo de 2017, en la que Acceso a la Justicia estuvo presente, los comisionados afirmaron que no había nada qué discutir sobre el derecho que tienen los militares a juzgar civiles, «pues no existe tal derecho», al contrario de lo que está sosteniendo la Sala Constitucional en la sentencia aquí comentada, es decir, que no existen en ningún caso delitos militares cometidos por civiles.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

El uso de la justicia militar contra civiles en Venezuela tiene larga data, pero se hizo habitual especialmente en las protestas masivas de 2017, en las que el Gobierno, para acallar a los manifestantes, usó de manera extensiva esta jurisdicción. Quienes han terminado ante un juez castrense no solo no han visto respetadas sus garantías judiciales, sino que además han sido víctimas de torturas y malos tratos, tal y como lo constató la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos sobre Venezuela de Naciones Unidas.

La actitud dubitativa del TSJ sobre este asunto abre las puertas para que más ciudadanos terminen ante una instancia totalmente controlada por el Ejecutivo nacional, por cuanto los jueces militares no son escogidos por el TSJ como manda la Constitución sino por el Ministerio del Poder Popular para la Defensa, como denunciamos en un estudio realizado sobre la materia.

febrero 23, 2021

https://accesoalajusticia.org/justicia-militar-para-civiles-marchas-y-co...

 5 min


Alberto Jordán Hernández

Con voz propia

Consecuente el Papa Francisco con Venezuela, al inicio del 2021 manifestó “Que la llegada del niño Jesús ayude a poner fin al sufrimiento del pueblo”. Afirmó que mientras la pandemia agrava la crisis ya latente, la Iglesia local se mantiene al lado de personas azotadas por ‘la arrogancia de poderosos y la creciente pobreza’. Con un salario mínimo que no llega al dólar, tardaría 4 mil años en adquirir una vivienda sencilla.

En 2019 ONU calculó que 6,5 millones venezolanos saldrían hasta 2020. Y estiman que más del 73% de ellos cree que regresar significa riesgo, según estudio de migrantes refugiados en Perú, Colombia, Ecuador, Brasil, Panamá, Guyana y Rep. Dominicana.

País que fue mayor productor de petróleo hoy representa ruina y miseria. Se soporta crisis humanitaria sin precedentes, y el narco régimen impone el descaro. Ejemplifica la Inspectora del Ministerio Penitenciario quién viajó de turismo por Europa. Se trata de María Mercedes Berthe, “compinche” de Iris Varela, primera vicepresidenta del acomodado Parlamento, quien se jacta de mostrar esposas para ponérselas al reconocido como Presidente (e) de Venezuela.

Tan pendiente está el Papa de nuestra Patria, que agradeció la “valentía” del democrático gobierno de la hermana República de Colombia, por la creación del Estatuto de Protección Temporal para migrantes venezolanos.

El Presidente Iván Duque decretó esta medida que beneficiará a unos dos millones de vemezolanos, de los cuales cerca de un millón son indocumentados, por lo que era imperioso ofrecerles solución a su estatus. Aseguró que “el régimen ilegítimo y criminal de Nicolás Maduro es “indiferente y cruel” frente a la crisis social y califica de ‘payasería’ la citada protección.

“Gracias a Colombia, gracias“, exclamó el Papa Francisco, ante fieles en la Plaza de San Pedro, ante la medida del Presidente Duque muy aplaudida por diferentes gobiernos y organismos internacionales.

El Secretario general de la ONU, Antonio Guterres, celebró el anuncio por responder a necesidades de los colombianos y venezolanos más vulnerables. El Alto Comisionado para los Refugiados (Acnur), Filippo Grandi, consideró la medida como “el gesto humanitario más grande del Continente” que favorece a los venezolanos que huyen de la dictadura de NM.

Buenas noticias para migrantes venezolanos se produjeron también con el nuevo Presidente de EEUU, Joe Biden, las que agilizarán solicitudes de asilo. Se cumple así la información del portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, de ayudar a los afectados por la crisis causada por “dictadura” de NM.

Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja aseguró que hay más de 1.500 migrantes venezolanos viviendo a la intemperie en plaza de Colchane, Chile. La pequeña localidad, a 3.730 metros sobre el nivel del mar, presenta temperaturas que bajan a 5 grados en la noche, lo cual producen males de salud como deshidratación, hipotermia, neumonía, hipertensión, desnutrición y diabetes. Dos migrantes, un venezolano y un colombiano, murieron por esa causa.

Presión humanitaria evitó que Chile expulsara a 138 migrantes irregulares, en su mayoría venezolanos.

Canciller Andrés Allamand declaró que hay más de 500 mil venezolanos en Chile y la mayoría ha regularizado su situación migratoria. “Otorgamos más de 75 mil visas de responsabilidad e impulsamos programa de reunificación familiar”.

También del lado humanitario, Canciller del Perú, Elizabeth Astete anuncia tratar contra el coronavirus a migrantes venezolanos que padecen segunda ola de contagios de la COVID-19.

Comprensible la pesadumbre Papal, porque la mediocridad del liderazgo venezolano llegue a proponerle a EEUU negociar la hambruna del pueblo.

Al MARGEN. Un 30/11/52, la Junta de Gobierno presidida por Germán Suárez Flamerich, controlado por militares, consintió elecciones. Las ganaba la oposición y se ordenó revertirlas. El Ministro de la Defensa de entonces, Tcnel Marcos Pérez, se hizo Presidente. La dignidad llevó a renunciar al órgano electoral

jordanalberto18@yahoo.com

 2 min


José Machillanda

El postchavismo régimen-gobierno en su aturdimiento, atolondrado por las demandas insatisfechas del cuerpo social democrático e incapacitado para resolverla, se atreve a montar una treta o maniobra de distracción declarando las fiestas carnestolendas en Venezuela. Así, agrega a la farsa electoral del 6D otra improvisación con unas fiestas que lo que muestran es el hambre, necesidad, improvisación y extrema inmiseración de las clases C, D, E y F frente a la mayor crisis socioeconómica en los últimos 50 años, como consecuencia de la máxima dolarización e hiperinflación. Este régimen maniobrero intenta unas falsas fiestas carnestolendas en su desespero gubernamental.

Hambre y desespero social por la inmiseración extrema, con la imposibilidad para el ciudadano de no hacer mercado de lo mínimo necesario, consecuencia de la dolarización más la violencia policial y la violencia callejera que caracteriza el ambiente de este carnaval improvisado. Un carnaval para el ciudadano de a pie, pero sin transporte, sin recurso, sin signo monetario, mientras se exhibe el oficialismo y el gobierno comiendo en los bodegones a toda hora. El régimen-gobierno sí goza el carnaval mientras la ciudadanía democrática sufre, pero esta sociedad está en cuenta de tan grave crueldad .Las fiesta carnestolendas del hambre, en donde circulan billetes de 100 USD y vehículos de marcas, contrastando todo eso con el hambre que terminará por expresarse como Tercer Estado.

El hambre ha sido mayor durante los carnavales del régimen. Régimen que está seco, que es mentiroso, está quebrado y pareciese que todavía no está al tanto del dolor que produce el hambre. Hambre a la que se le suma el maltrato de las bandas armadas y las múltiples policías, dejando claro como está distante y poco le importa su torpeza e incapacidad como gobierno. Lo que sí practica es una masiva e incisiva propaganda, maldad para contener la implosión social. Implosión social frente a la mueca del falso carnaval. El régimen con su carnaval potenció el hambre, con lo que aumenta y multiplica su operación de propaganda, diversifica las programas de radio y televisión con el objeto de desviar la atención. Pero en este sin sentido, está presente el Ambiente Político Real Violento causado por el régimen, debido al sufrimiento del venezolano, pobre y desamparado frente a este carnaval grotesco.

El régimen aturdido está desnudo viene, de una abstención no opaca, además potencia un carnaval de hambre extrema, sin papel moneda, sin gasolina ni transporte, pero sí mucha propaganda para distraer y desviar. El revolucionarismo socialista e inmoral se autoengaña, se está jugando con alto riesgo la paz social. El revolucionarismo por ignaro no entiende de la rebelión social. La rebelión social que tiene como fuerza la dignidad del hombre y mujer empobrecido, que se niega a tolerar las manipulaciones del régimen, rechaza a los mafiosos que sólo representan la anti-política, la sub-política y tienen como acción la Rebelión Social, que dignificará la política, la democracia y la sociedad accionando como Tercer Estado.

El Tercer Estado para dignificar la política con objeto de reconstruir la democracia, el Tercer Estado para dejar sentado que la sociedad venezolana está distante del militarismo, el revolucionarismo, la violencia y la corrupción sistemática de un grupo que dice que gobierna y son un antigobierno. Antigobierno que después de 22 años, no ha logrado comprender que ni la propaganda, ni la mentira, ni la guerra psicológica son los factores que dan legitimidad a un gobierno. A este gobierno torpe, la treta de los carnavales le ha creado una llaga, una llaga de hambre, miseria y desconcierto mayor que ha revivido la Rebelión Social.

La treta de los carnavales ha dejado al descubierto la maldad del régimen frente a la responsabilidad ciudadana, dispuesta a construir una respuesta que dignifique al ciudadano demócrata y al ciudadano digno que tiene fe en la masa democrática. Esa respuesta está representada por el Tercer Estado, léase, la ciudadanía activa harta de revolucionarismo, chavismo, madurismo, falsas politiquerías y sus encubiertos revolucionarios que operan sobres las bayonetas distantes de la masa social. La falsa carnestolenda ha motorizado el gen democrático de hombres y mujeres honorables. El Tercer Estado como sociedad con gran vitalidad en el gen democrático, se ha dispuesto a contener la maquinaría encubierta y retrógrada que como grupo bufón no entiende de política.

La política, ¡Primitivos!, es ciencia y arte jamás tracalería, mentira y engaño, distantes todos de la actitud ciudadana y el sentir democrático de venezolanos dispuestos a reconstruir la democracia en pleno siglo XXI. La abstención no opaca y las fiestas carnestolendas potenciaron la aparición del Tercer Estado.

Es original,

Director de CEPPRO-CSB

@JMachillandaP

 3 min


Humbero García Larralde

Las fuerzas democráticas venezolanas están obligadas a actualizar su estrategia para desplazar al régimen fascista de Nicolás Maduro. Su permanencia en el poder representa un peligro para la inmensa mayoría de venezolanos. No hay duda que, de continuar, el hambre, la inseguridad y la precariedad de la atención a la salud seguirá agravándose. Su remoción es, para muchos, un asunto de sobrevivencia.

A nivel internacional, las ilusiones sembradas por el anterior presidente de los EE.UU. (“Todas las opciones están sobre la mesa”) parecen dar paso a la idea de una salida negociada. En América Latina, los estragos del COVID-19, más los resultados de las elecciones en Bolivia y, ahora, Ecuador, debilitan la beligerancia del llamado “grupo de Lima” para este propósito. La UE, con dificultades para concertar una posición común entre sus 27 miembros, se enfrenta ahora a una decisión complicada al haberse vencido el período constitucional de la Asamblea Nacional legítima y de su presidente, Juan Guaidó.

Internamente, el desgaste visible del gobierno de facto, no obstante haberse posesionado, en lo formal, de la Asamblea --con la comedia del pasado diciembre, que no le ha servido para ganar legitimidad--, más el continuado deterioro en las condiciones de vida de la población, incrementan la presión por un cambio fundamental. Penosamente, en las filas democráticas, las descalificaciones mutuas, la ausencia de acuerdos prácticos y las apetencias personales, impiden capitalizar la fuerza potencial que anida en las esperanzas de libertad y bienestar de la porción, claramente mayoritaria, de venezolanos.

Las sanciones

En las actuales condiciones, la oposición carece de capacidad, por sí sola, para sacar a Maduro. Es menester armar, entonces, una estrategia coherente para que, junto al necesario apoyo internacional de los países democráticos, se logre la fuerza suficiente para obligarlo a negociar, de verdad, la posibilidad de su salida por medios pacíficos. Para ello, las sanciones pueden ser una carta decisiva.

La condición sine qua non exigida por los fascistas para negociar, en anteriores oportunidades, fue el retiro de las sanciones. Cuando su sostenibilidad en el poder pende de poder depredar la renta y la riqueza creada por otros, ver cortada la llegada de estos recursos provoca las mayores angustias. Las sanciones caen en tres categorías; 1) personales, impuestas tanto por EE.UU., como por otros países y por la UE, a quienes han violado derechos humanos y/o incurrido en corruptelas con recursos públicos; 2) financieras, impuestas por EE.UU. desde 2017, prohibiendo a bancos, instituciones y personas operar con papeles del sector público venezolano a través del sistema financiero estadounidense. Pero, con su irresponsable y dispendiosa política de endeudamiento, ya el régimen había causado su aislamiento de los mercados financieros internacionales: para ese año el Estado venezolano estaba en condición de default, al no poder pagar su abultada deuda externa; y 3) petroleras, bloqueando toda transacción con PdVSA, sea financiera o comercial, en vigencia desde abril, 2019. Cabe señalar que, para ese momento, la producción de crudo había caído a apenas la tercera parte de cuando Maduro asumió la presidencia. Si bien es probable que las sanciones hayan agravado este declive -hoy se produce apenas el 16%-, es evidente que la destrucción de la industria petrolera ya había ocurrido.

¿Negociar el retiro de sanciones?

Las sanciones personales solo afectan a los imputados –a pesar de la alharaca de Maduro de que son “contra Venezuela”--, por lo que no inciden en el bienestar material de la población. Respecto a las sanciones económicas, es probable que hayan contribuido a deteriorar, aún más, las condiciones de vida de los venezolanos. Fueron concebidas como instrumento de presión para desplazarlo, pero, lastimosamente, mostró una insospechada resiliencia para aguantarse en el poder, a pesar del bloqueo de recursos y del rechazo de la población. Por ello, es menester sopesar si tiene sentido mantenerlas en su actual forma o no. Pero, ojo, debemos cuidarnos de pensar que, con levantar algunas sanciones, mejorará la situación de la población. Lo que ansían los que ocupan el poder es ponerles la mano a los recursos librados, no usarlos para aliviar las penurias del pueblo, consecuencia de sus prácticas de expoliación. Teniendo esto en cuenta, levantar la veda petrolera a cambio de que sus proventos sean destinados a la ayuda humanitaria –alimentos y medicinas— bajo administración independiente, no parece viable. A las mafias no les interesa un arreglo en que no puedan controlar los recursos,. De hecho, han rechazado la provisión de ayuda humanitaria bajo fórmulas parecidas. Es iluso pensar, asimismo, que podría acordarse un proceso electoral con todas las garantías –auditoría del registro electoral y de las máquinas de votación, habilitación de todos los dirigentes y partidos democráticos, devolución de símbolos y personería legal usurpada a estos partidos, un CNE confiable y observación internacional por parte de la UE-- usando al retiro de sanciones como carta. Infelizmente, Maduro juega, más bien, a asfixiar toda expresión democrática para las venideras elecciones de gobernadores y municipales, como ocurrió en diciembre, asegurándose de que ninguna de estas condiciones se cumpla.

En artículo recién[1], argumenté que la expoliación de la renta y de la riqueza social ha sido la razón de ser de la oligarquía en el poder. Por tanto, evitará compromisos que menoscaben tal usufructo. ¿Para qué negociar sus opciones de salida, si la oposición no tiene posibilidades de forzarla? ¿Qué beneficios trae?

Retomar la lucha política

El fascismo es la negación de la política, en el buen sentido de la palabra, porque todo lo concibe en términos de una guerra contra un enemigo –“del pueblo”—que debe ser aplastado. Se alimenta de la confrontación y de inventar conspiraciones en su contra, para negar todo entendimiento con las fuerzas democráticas y justificar sus medidas represivas. De ahí su inveterada intransigencia. Ha polarizado al país adrede con el fin de denigrar de opciones distintas a la suya. Ofrecer levantar las sanciones debe colocar, por ende, las reglas del juego en un plano radicalmente distinto. Debe servir para reintroducir la política como ámbito de lucha, desmontando las excusas detrás de las cuales las mafias justifican sus prácticas de expoliación y represión. Para ello, la oferta debe provocar una disyuntiva difícil de rehuir por el régimen fascista, ante la cual estaría conminado a fijar, públicamente, su posición.

Por ejemplo, ¿Qué tal si se permitiese la exportación de petróleo a cambio de las siguientes acciones, todas administradas por entes independientes (agencias de cooperación internacional junto con ONGs, OPS, ONU, etc.), para que el chavo-madurismo no se robe los ingresos generados? La compra masiva de vacunas contra el COVID-19, de forma de poder realizar una ambiciosa campaña de vacunación; la reparación y reconstrucción de servicios públicos –agua, luz, gas—; la importación de equipos y repuestos para el aparato productivo o para suplir el combustible que falta. Es notorio que el gobierno de facto no tiene cómo pagar las vacunas que requiere el país para controlar la pandemia –por más embustes al respecto que profiera Maduro--, por lo que este canje es urgentísimo: las cifras reales de contagios y de muertes causadas están muy por encima de las reconocidas oficialmente. Por otro lado, ingenieros y técnicos que han trabajado en HidroCapital, Edelca, Enelven y empresas similares, tienen propuestas específicas para recuperar y potenciar estos servicios, por lo que un canje con estos fines devolvería algo de calidad de vida a la población. Lo mismo puede decirse de los requerimientos en repuestos y equipos para el aparato productivo, contabilizados por industriales y empresarios del campo.

Se trata de aprovechar las posibilidades de negociar algunas sanciones, en el marco de mecanismos que minimicen el riesgo de corruptelas y de apropiación indebida de recursos, para proyectar un programa de emergencia en torno a necesidades apremiantes de la población, a ser atendidas de inmediato. Esto es lo que menos desea la oligarquía actualmente en el poder, pues no podrá cogerse esos reales. Además, concedería protagonismo a otros: proyectaría a los proponentes como agentes que promueven soluciones concretas para el pueblo y elevaría la visibilidad de las fuerzas democráticas como gobierno alternativo ante los venezolanos y la comunidad internacional. Una política con base en estos lineamientos, bien conducida por una oposición unida y en sintonía con las necesidades más sentidas de la población, habrá de fortalecer el perfil del liderazgo democrático, posicionándolo más asertivamente como interlocutor creíble, en el cual se puede confiar la conducción de una transición.

¿Es posible conquistar elecciones de confianza?

Por las razones expuestas, es de esperar que la oligarquía se oponga a canjes de este tipo con todo tipo de subterfugios y acusaciones, denunciando la presencia de la “mano peluda” del imperio contra la “revolución”. Debe, por tanto, airearse públicamente los aspectos centrales de la negociación, de manera de forzar una toma de posición sobre los problemas asomados y desnudar si el régimen realmente tiene una intención de resolverlos, o no. No se trata de politizar la ayuda humanitaria u otras necesidades, sino de impedir que Maduro las escamotee en beneficio propio, inventando excusas.

Conminarlo a pronunciarse sobre opciones cruciales para el bienestar de los venezolanos, elevando a la política de nuevo como el escenario para que tomen cartas en el asunto, tiene que influir, también, en oportunidades para conquistar condiciones electorales más justas y equilibradas, abiertas al monitoreo democrático internacional. La lucha abierta por concretar programas como los citados arriba tiene que basarse en la movilización de la población para luchar porque estas reivindicaciones se hagan realidad. Es decir, lo planteado debe inscribirse en el marco de un proyecto político para conquistar y ampliar los derechos de los venezolanos, con observación estrecha de la comunidad internacional. Un régimen obligado a regañadientes a aceptar canjes como los señalados arriba --so pena de aislarse todavía más--, no gana nada con limitarse a reeditar, para las elecciones municipales y de gobernadores, una farsa tan notoria como la de diciembre 2020.

Una estrategia de esta naturaleza tiene que jugarse –“cuadro cerrado”—con los gobiernos de aquellos países que apoyan a las fuerzas democráticas. Se esperaría que el gobierno de Biden, por ejemplo, contribuyese disuadiendo a los socios internacionales de Maduro –Cuba, Rusia, Irán, Turquía—de seguir ayudándolo. En términos costo - beneficio debe hacerse evidente la pertinencia de una transición viable hacia la democracia en Venezuela para los intereses de EE,UU, como para la paz y la cooperación entre los países del hemisferio. No olvidemos que Maduro sueña con que se revierta el péndulo político en América Latina, y surja de nuevo una “marea rosada” de gobiernos amigos.

Hay que impedir la permanencia de Maduro en el poder, pues seguirá destruyendo al país. Debe retomarse, por tanto, la ofensiva política para arrinconar a los segmentos más retrógrados en el poder. El agotamiento de posibilidades para la rapiña y la insurgencia de fuerzas que pujan por liberar todavía más los controles, con su pie metido en la puerta de la dolarización, evidencian vulnerabilidades crecientes del régimen que deben saberse explotar. Iniciativas como las asomadas podrían ser propicias. Pero hay que cuidarse de que negociaciones de este tipo caigan en un torneo sobre si se amplían o no ciertas libertades económicas. Ni la dolarización ni el remate de empresas públicas al mejor postor son solución a los terribles problemas que agobian a los venezolanos. Es menester que la carta de las sanciones sea utilizada inteligentemente, para abrir –de verdad—las posibilidades de una transición pacífica a la democracia. El país y la comunidad internacional no pueden dejarse engañar para que los fascistas ganen tiempo de nuevo y alivien las presiones para que entreguen el poder. Al confrontarlos con una negociación de esta naturaleza, debe terminar por despejar las dudas que pudiera haber, todavía, en el extranjero, acerca del gobierno de facto. En absoluto le interesa el bienestar de la población.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

[1] https://www.elnacional.com/opinion/economia-politica-del-chavo-madurismo.../

 9 min