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Opinión

Laureano Márquez

Aquellos que llegaron al poder con la promesa de librarnos de las “cúpulas podridas” se chorearon —para decirlo a la manera criolla— cerca de 300.000 millones de dólares. Escrito con todos sus ceros sería (espero escribirlo bien): 300.000.000.000,00 de dólares. ¿Que de dónde saco esta cifra? Buena pregunta. Son las estimaciones de Héctor Navarro y Jorge Giordani, ambos exministros de Chávez. Sin embargo, otro exministro, Rafael Ramírez, habla de un desfalco de 210.000.000.000,00 de dólares. (sin incluir –naturalmente– los 11.000.000.000,00 de dólares que la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional le atribuye a él). Es decir, que por este lado serían 221 millones de dólares. Suma y sigue.

Más allá de las propias estimaciones que ofrecen las autoridades anteriores del régimen, se ha investigado el tema en Venezuela con el Corruptómetro, una herramienta interactiva de datos verificados desarrollada por Transparencia Venezuela, la plataforma Connectas y la Alianza Rebelde Investiga (ARI) formada por Runrun.es, El Pitazo y TalCual.

El Corruptómetro, como trabaja con hechos absolutamente comprobables, ofrece cifras mucho más conservadoras que los propios chavistas: entre 1999 y 2020 se identifican 236 casos, pero solo se conocen las cifras de lo choreado en 114 de ellos.

Estamos hablando de 52.098.420.753,00 dólares (no hay información de céntimos). Para brindar una mejor comprensión de esta cantidad, aunque con la inflación reinante ya uno maneja con facilidad cantidades de hasta 20 ceros, mejor descomponemos la cifra en el máximo común múltiplo educativo: con esa cantidad se podrían construir 194.000 escuelas de educación básica. Sacando la raíz cuadrada sanitaria: se habrían podido construir 593 hospitales tipo 4. Por último, elevando la cifra a la potencia eléctrica: 21 represas hidroeléctricas como la de Caruachi.

Dicho esto, surge la pregunta que hace ya tanto tiempo hizo el Dr. Luis Herrera Campíns: “¿Dónde están los reales?”. En distintos lugares, pero, buena parte de ellos, se encuentran en Estados Unidos.

Surge entonces una nueva interrogante: ¿por qué una gente robolucionaria, que detesta al imperialismo que representan los norteamericanos, guarda allí los fondos producto de su rapiña? La respuesta tiene varias facetas: i) los que hunden la economía de un país, destruyendo sus reglas y violando el ordenamiento jurídico que le sirve de base, buscan para sus fondos sustraídos exactamente lo contrario: una economía segura, estable y con garantías de que sus bienes no sean expropiados por el capricho de un tirano; ii) los que acaban con la seguridad personal de un país, demoliendo su sanidad pública y su sistema educativo, guardan los capitales birlados en un país en el que su familia pueda gozar de la seguridad personal, la salud y la educación que ellos han arrebatado a sus conciudadanos (por ello no llevan su dinero a Cuba, Irán o Turquía) y iii) los constructores de dictaduras, prefieren vivir con sus dineros robados en sociedades libres y democráticas, donde puedan disfrutar, a la hora de las chiquitas, de respeto a sus derechos humanos, de cárceles seguras, si fuera el caso y de posibilidades de negociar con las autoridades.

Una última pregunta que ya los lectores se estarán haciendo: ¿es posible recuperar la totalidad o parte de esos fondos? La respuesta es sí. Afortunadamente, el hecho de que esta gente haya escogido un país serio con leyes y Estado de Derecho para esconder su botín, favorece de alguna manera a la colectividad venezolana.

Para conseguirlo, es menester la presión ciudadana a objeto de que los dineros incautados por Estados Unidos a los corruptos venezolanos vayan a algún fondo protegido de acreedores para su rescate cuando retornemos a la democracia y que haya una lista pública de dichos bienes para el escrutinio colectivo.

En las próximas semanas se estará haciendo una campaña #UnFondoPorVenezuela para invitar a los venezolanos residentes en Estados Unidos a contactar a los representantes legislativos de sus lugares de residencia y hacerles la petición para la creación del citado fondo, así que oído al tambor.

 3 min


Fernando Mires

Partiremos de un principio: no existen los conceptos perfectos. Ninguno puede dar cuenta de la realidad total del objeto definido. Siempre quedará un resto, una sombra, un detalle que escapa a la observación. Por eso las discusiones nominalistas carecen muchas veces de sentido. Sucede sobre todo en disciplinas que no apuntan a la definición de sustancias sino a fenómenos cambiantes, a procesos sometidos a múltiples interacciones en diferentes condiciones de tiempo y lugar. De ahí que los conceptos que usamos para definir a realidades sociales o políticas sean de por sí insuficientes.

Conceptos como socialismo, nacionalismo, fascismo, no son cosas en sí y, mucho menos, separadas entre sí. Podemos detectar fácilmente características del uno en el otro e, incluso, terminar diciendo —si confundimos analogías con homologías— que lo uno es lo otro. No obstante, de algún modo tenemos que nombrarlos. De lo que sí podemos escapar es a la tentación de otorgar a los conceptos una validez universal.

Por lo demás, el establecimiento de un concepto en la vida pública no resulta de discusiones epistemológicas. No pocas veces aparecen a través de la comunicación colectiva. Conceptos considerados como intransferibles han surgido simplemente del azar, entre ellos los de derecha e izquierda, sin los cuales para muchos la vida política sería imposible.

¿Qué hubiese pasado si los jacobinos se hubiesen sentado al lado derecho en los inicios de la Convención francesa? Nada menos que esto: la izquierda de hoy se llamaría derecha y la derecha, izquierda. La contingencia, dicho de modo paradójico, suele ser la ley de la vida.

Otros conceptos radicalmente locales han terminado por adquirir un carácter universal. Pensemos en uno de los más usados: fascismo, cuyo origen es más italiano que una pizza. Viene de la palabra fascio (haz, fasces) y esta del latín fascium, que alude al símbolo de autoridad entre los emperadores romanos. Símbolo que, usado por Mussolini, quería significar: recuperar la grandeza de la antigua Roma (o algo parecido).

El tipo de dominación mussoliniano coincidió con la aparición de diversos movimientos nacionalistas, racistas y antidemocráticos emergidos durante el crítico decenio de los 30 a los cuales los políticos denominaron fascistas. Hoy muchos lo aplican para designar a cualquiera dictadura.

Pensemos en el término socialismo, nacido de querellas interreligiosas durante el siglo XVII, utilizado después por los utópicos Owen, Proudhom, Saint-Simon y Leroux; luego, por los partidos obreros europeos en los siglos XIX y XX. Hoy, en tiempos poscomunistas, es usado de modo indiscriminado para designar a antípodas como son los socialistas europeos y los norcoreanos. O pensemos en el concepto populismo, que hoy sirve para descalificar a los autócratas latinoamericanos, a los racistas europeos, a los demagogos de cualquiera latitud.

La mayoría de los conceptos sociológicos y politológicos son imprecisos y elusivos. Sin partir de esa premisa no nos vamos a entender.

A estas conclusiones he llegado observando la competencia que ha tenido lugar para designar a movimientos y gobiernos aparecidos originariamente en Europa, perfectamente reconocibles por sus características. Entre otros, Demócratas de Suecia, Partido Popular en Dinamarca, Partido por la Libertad en Holanda, Ley y Justicia en Polonia, Agrupación Nacional en Francia, Alternativa para Alemania, Partido por la Libertad en Austria, Liga Norte en Italia, Amanecer Dorado en Grecia, Justicia y Desarrollo en Turquía, Partido Nacional de los Derechos en Croacia, Fidesz y Jobbik en Hungría, Vox en España, Chega en Portugal y varios más.

Los títulos más recurrentes para designar a estas nuevas “apariciones” son ultraderecha, derecha-populista, neofascismo, posfascismo y, más recientemente, nacional-populismo. En estas líneas, tomaré partido por la última designación: nacional-populismo. Afirmaré, sí, que las otras denominaciones no son falsas, pero sí insuficientes.

¿Ultraderecha? Es cierto: muchos de esos partidos provienen de los extremos de los partidos de derecha e intentan recabar para sí las tradiciones del conservadurismo patrimonial. ¿Derecha populista? Es cierto, no solo aluden al pueblo sino además son seguidos por multitudes de sectores que en tiempos pretéritos siguieron a los partidos de las izquierdas más rancias. ¿Neofascismo? Es cierto, gran parte de su patrimonio ideológico proviene de los antiguos fascismos, entre ellos, la homofobia, la xenofobia, el caudillismo y la creencia en un Estado fuerte y autoritario (sin parlamento) ¿Fascismo? Es cierto, ideológica y socialmente hablando, sus similitudes con los fascismos clásicos son inocultables.

Uno de los defensores de otra denominación, la de posfascismo, ha sido el destacado politólogo italiano Enzo Traverso. En su libro-entrevista, Las nuevas caras de la derecha, escrito bajo los influjos de las elecciones que llevaron a Donald Trump al gobierno, se pronuncia en contra del concepto nacional-populista, afirmando que el término populista ha sido aplicado a experiencias muy diferentes entre sí. ¿Pero no sucede lo mismo con el concepto de fascismo sea este neo o pos?

Traverso, de acuerdo a su orientación izquierdista, argumenta que el concepto de fascismo se refiere a movimientos y gobiernos que levantan banderas homofóbicas, xenofóbicas y hoy islamofóbicas. Tiene razón. Pero también podríamos afirmar al revés, que el concepto de populismo, al ser más amplio, permite incluir a movimientos y gobiernos cuya matriz ideológica es de izquierda y no de derecha. Es decir, cubre un espacio que va más allá de las autodefiniciones ideológicas.

Como hemos dicho en otras ocasiones, todo fascismo es populista, pero no todo populismo es fascista.

Es evidente, tanto en su versión de “derecha” como en la de “izquierda”, los populismos de hoy deducen su aparecimiento de una razón similar: la crisis de la democracia liberal en el periodo que marca la transición del modo de producción industrial al modo de producción digital. Que en Europa sean predominantes los que provienen de una tradición de derecha y en América Latina (todavía) los que provienen de una de izquierda, no juega ningún papel decisivo.

Por lo demás, el término posfascismo es engañoso. El prefijo post da a entender una relación de filiación directa con el fascismo originario, la que no es verificable. Entre el fascismo del siglo XX y los movimientos fascistoides del siglo XXI no hay una relación de continuidad directa, como por ejemplo entre modernidad y posmodernidad. Para decirlo en un lenguaje ya convertido en familiar, el por Traverso denominado posfascismo no es un mutante del fascismo. Es otro bicho.

No estamos en los años 30. El mundo de hoy es política —y no solo económicamente— global. Por lo mismo, necesitamos de conceptos globales. Ya Hannah Arendt, escandalizando a derechistas e izquierdistas, entendió que el fascismo hitleriano y el comunismo estalinista podían ser entendidos bajo una sola definición global. Esa definición se llama totalitarismo.

Cada populismo se alimenta de las tradiciones de donde emerge. Algunas son fascistas y otras no. Así, hay populismos que provienen de una tradición de izquierda y otros de una de derecha. Identidades que solo juegan un papel en los momentos originarios, pero que terminan por diluirse en la medida en que los populistas alcanzan el poder. Ahí dejan de ser de izquierda o de derecha. Pues alguna vez hemos de entender que tanto izquierda como derecha son definiciones interparlamentarias y esas no las podemos aplicar a movimientos populistas, fascistas o no, que no solo son extra sino, además, antiparlamentarios.

Sin parlamento no hay autocracias ni dictaduras de izquierda o de derecha, hay simplemente autocracias y dictaduras. Denominar a los movimientos políticos de acuerdo a sus autodefiniciones ideológicas es lo mismo que juzgar a una persona por lo que ella piensa de sí misma. Un gran error.

No obstante, Traverso tiene razón cuando opina que populismo es un concepto hiperinflacionado, algo así como una dama para todo servicio. También la tiene cuando propone que, si lo vamos a usar, lo hagamos como adjetivo. De acuerdo. Eso es precisamente lo que estamos haciendo. No estamos hablando de populismo a secas sino de nacional-populismo.

La palabra populismo como adjetivo del sustantivo nacional significa la subordinación de lo populista a lo nacional.

Los nacional-populistas entienden por nacional no al amor patrio sino a un nacionalismo muy similar al de los fascismos pretéritos: un nacionalismo identitario, deducido de una raza, de una etnia, de un color de piel, de un sexo, en fin, un nacionalismo de tipo facho-trumpista muy diferente al patriotismo constitucional propuesto por Dolf Sternberger y popularizado por Jürgen Habermas. Para ambos autores, según recuerdo, la adscripción a la nación se da a través del reconocimiento ciudadano a un sistema de derechos y deberes que constituyen jurídica y políticamente a esa nación.

Ahora bien, si analizamos con detención la práctica de los nacional-populistas europeos, podremos comprobar que mantienen un discurso doble: uno extremadamente conservador y otro extremadamente plebeyo. Una hidra de dos cabezas (El trumpismo incluso tiene tres, pues al discurso conservador y al plebeyo agrega un tercero: uno económico, radicalmente neoliberal) Mediante el discurso conservador intentan representar lo que ellos quieren vender como ideales nacionalistas: el retorno a una patria usurpada por una izquierda cosmopolita que desprecia el rol de las madres en la crianza de sus hijos, el respeto a la autoridad de los padres, que impone la relativización de los sexos y el aborto a “nuestras” mujeres para ceder el espacio geográfico a los emigrantes sucios y bárbaros que llegan a invadirnos desde el tercer mundo (Trump lo ha dicho mejor que yo).

Mediante el discurso plebeyo, en cambio, el nacional-populismo llama a las clases populares a rebelarse en contra de los intelectuales y políticos del establishment (la “casta” de Pablo Iglesia o “las cúpulas podridas” de Chávez en su versión de izquierda), de los musulmanes que nos quieren quitar puestos de trabajo, de una Unión Europea inoperante y burocrática y de una globalidad que hace a todas las naciones dependientes de capitales foráneos.

Suele suceder, entonces, que en algunas ocasiones los nacional-populistas se convierten en su otra cara: en populistas-nacionales. No, no es un juego de palabras. Esa es la principal diferencia entre los que algunos autores llaman populismo de derecha y populismo de izquierda.

En América Latina, por ejemplo, el populismo-nacional de tipo peronista, chavista o indigenista, prima todavía por sobre el nacional-populismo de tipo trumpista y/o putinista. Sin embargo, no podemos desconocer que este último ha ido ganando terreno en los últimos tiempos.

El Brasil de Bolsonaro, El Salvador de Bukele, el todavía fuerte “uribismo” colombiano, los republicanos del chileno José Antonio Kast, los ideales que representó en Bolivia el candidato Luis Camacho, prueban que el nacional-populismo no solo es propio a las naciones prósperas de Europa y a los EE. UU. A la inversa, el populismo-nacional europeo —representado por el Podemos de Pablo Iglesias en España, por el socialismo nostálgico de Izquierda Socialista en Francia, por el Syriza griego, por la Linke alemana— parece haber encontrado sus límites de crecimiento. Razón que permite afirmar por el momento que el principal enemigo de la democracia occidental está constituido por el avance del nacional-populismo, en todas sus diversas formas y colores. ¿Cómo enfrentarlo? Ese deberá ser un tema para otro artículo.

Por ahora, valga un simple enunciado: el nacional-populismo no ha surgido de la nada sino de problemas reales, objetivos y, sobre todo, verdaderos.

Lo mismo ocurrió con el fascismo del siglo XX. En todas sus variantes (nazi, religiosa, mussoliniana) los fascismos emergieron como alternativa frente al avance del comunismo estalinista en un periodo marcado por una profunda crisis económica de la sociedad industrial y por ende de la democracia liberal. La amenaza comunista no la inventó Hitler ni Mussolini ni Franco. Estaba ahí. Era existente y real.

Hoy, el nacional populismo surge en un periodo marcado por la crisis de la sociedad posindustrial, en pleno nacimiento de la sociedad digital y enfrentando la posibilidad de que China (y sus satélites sudasiáticos) pase de ser un competidor económico para transformarse —si es que llegara a reconstituirse la alianza chino-rusa— en un enemigo político e incluso militar.

Los avances del nacional-populismo trumpista no sucedieron gracias al carisma que nunca tuvo Trump. Sucedieron simplemente porque Trump, como Hitler ayer, nombró problemas reales pero ofreciendo soluciones falsas. ¿Cuáles son las soluciones reales? Es un tema largo y complicado. Lo único que podemos decir por ahora es que nunca un problema podrá ser solucionado si se lo desconoce. Reconocer los problemas como tales, sin esconder las cabezas en la arena, ese es el desafío que hoy enfrentan las democracias de nuestro tiempo.

Twitter: @FernandoMiresOl

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Américo Martín

Una vez más, esta con más furia que nunca, arremete Nicolás Maduro contra sus propios seguidores en el PSUV y el gobierno. Alude a los factores que lo mantienen en la cima del poder, cosa que tiene aire suicida dado que no usa frases ambiguas o indirectas, las suyas en esta ocasión han sido inequívocas, transparentes, portadoras de un discurso diáfano, razón por la cual no admiten una interpretación distinta a la literal.

Ser que zurrar a su propia dirigencia y, puesto que no distingue nombres, víctima de los varazos maduristas es la masa de militantes, sin distingo de jerarquías, privilegios u honores de esos que proporcionan “inmunidad”. Y, ciertamente, es así como suenan, los disparados por el heredero de Hugo Chávez. Su malestar es intimidante. “la chupa le cae a todos”, unos encontrarán formas inmediatas de responder y otros se tomarán su tiempo con el fin de esperar con su carga crítica, el que consideren el mejor momento. Quizá decidan no vaciar su busaca, pero si no responden, lo que tampoco podrán evitar es el aumento de la pólvora en su alma.

No estoy hablando de desenlaces fatales. El incidente podría olvidarse o Maduro pudiese tomar medidas que encaren y reduzcan la magnitud de la tormentosa megacrisis, que dejada a sí misma podría reventar con energía volcánica regando de lava ardiente vastos territorios que recuerden el destino final de la vida, conforme a las coplas a la muerte de su padre, del gran poeta Jorge Manrique:

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar a la mar,

que es el morir;

Así van los señoríos

derechos a se acabar

y sucumbir.

Pero dejado el problema a su sola voluntad es probable que la tensión más bien se intensifique en dos evidentes fronteras, con la oposición dirigida por Juan Guaidó y las muy numerosas voluntades que lo acompañan en ejercicio de la más vasta red solidaria que se recuerde en toda la región. Y la otra frontera es la interna, esa misma que desconcierta y resiste al líder del chavo-madurismo y que lleva tiempo creciendo de más en más. Pelear en una de esas fronteras ya resulta muy duro y de desenlace impredecible, pero hacerlo en los dos al mismo tiempo no da para anticipar pronósticos, especialmente si las dos fronteras pueden unirse total o parcialmente.

Como se aprecia sin dificultad, en esa unión puede confluir la culebra, morderse la cola y así exhibir una fuerza dotada de potencialidad de cambio si sabe manejarse en unidad –que no unanimidad– para llevar al otro a hablar muy en serio, sin zancadillas ni ánimo de irrespetar acuerdos nonatos.

Si en algo esencial ha mejorado la puntería de la oposición y, seguramente, también de una mayoría aún silenciosa del oficialismo, es en la determinación de cuál sería el contenido del programa del cambio que beneficie a la totalidad del país. Sería lógicamente un texto de “mínimos”, susceptible de incorporar los grandes emblemas democráticos, porque así parece autorizarlo la compleja y tensa situación actual. Mencionaría cuando menos tres, alrededor de los cuales se concentran diferencias y crecientes coincidencias, a saber: 1) superación urgente de la tragedia social, 2) la superación encuentra de la cada vez más profunda crisis política, mediante elecciones libres viables y creíbles y 3) el restablecimiento de la paz que necesita y merece nuestra atormentada Venezuela

No podríamos prescindir de un liderazgo imaginativo hábil para sacarle provecho a las realidades que se presenten por el pulso de ellas. Concluiré con un incidente que apareció de la nada y no sé si siga a la mano. Vino en las alas del coronavirus que parece decidido a extinguir la especie humana, pese al contrataque de nuestra especie desde la artillería de las vacunas, diseñado para domesticarla en algún momento.

Juan Guaidó abrió la posibilidad de impulsar la vacunación masiva utilizando el oro venezolano atesorado en el Banco de Inglaterra. Maduro presiona para que el Reino Unido se lo devuelva a nuestro país, pero puesto que la isla solo reconoce como presidente interino a Guaidó, sería el interinato de este el beneficiario de la medida. La puja sigue porque Maduro mantiene su reclamo. Y, precisamente, el diferendo pudiera dar lugar a un acuerdo salvador que multiplicara el manto de la inmunidad contra la amenazante pandemia.

Con solo una parte de ese oro, según entiendo, podría programarse la vacunación de, al menos, 25 millones de pobladores nacidos y no nacidos en el país.

La operación sería compleja, lenta y las condiciones de transportar las vacunas exigirían seguramente gran experticia y encaminar hacia esos vitales problemas la colosal y generosa solidaridad que el mundo le brinda a nuestra atormentada y a la vez agradecida nación. Todo muy difícil, desde luego. No obstante, con los medios de pago en mano, no habrá Himalaya que no pueda escalarse.

Con una victoria de tan colosal significación pintada en el horizonte no creo que pueda hablarse de imposibles y derrotas.

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Carlos Raúl Hernández

Suena que gobierno, oposición y poderes globales, negocian convocar a finales de año unas ya bautizadas “megaelecciones”, sin incluir la Presidencial, para renovar así autoridades estatales y municipales. El “grupo mantequilla” y “palangre organizada”, renunciarían a la insurrección chalatana, -abstención-psicosis- y harían exorcismo a espectros cuyas cabezas giraron largos años sobre el cuello y causaron muertes de un gran movimiento, además de los padres Merrik y Karras.

En las bateas de María Paleta, las lavanderas comentan que el hermoso acuerdo reunifica AD, a Primero Justicia y suelta almas del purgatorio. Con la otra mano, el gobierno da señales de reforma económica aperturista, paso esencial, si se hace bien, para la suerte de las mayorías. Eso hubiera podido comenzar años atrás, de no atravesarse la foto del Che de Korda y delirios como “cese de la usurpación, gobierno de transición, etc…”.

Conocemos la friabilidad (y fiabilidad) de los pronósticos porque suelen clavarse, por lo general, lejos del target, pero las mega se dan como dato cierto, aunque sean error gemelo a llamar a la abstención. Los votos obtenidos por la oposición el 6D, extrapolados, no le darían ni una alcaldía ni menos una gobernación y no hay idea que supere hacer músculo progresivamente, defender las cuatro gobernaciones y ganar otras para, de esas cabezas de playa, avanzar a las alcaldías.

Descansar de la cuarentena
La mega es la etapa superior de la abstención y tiende a resultados parecidos. El PSUV tiene 200 troneras en alcaldías que fracasaron y que la oposición podría ganar. Pero una polarización entre Ariel y Calibán, la revolución y la contra desvencijada, ya sabemos. Es el modelo 2021del exitosísimo Maduro vete Ya pero con piquete al revés. El argumento de que las organizaciones políticas están agotadas suena asombroso.

Después de mayo 2018, volvieron a la acción electoral dos años y siete meses después, dic.2020, fechas trufadas por año y tanto de cuarentenas y confinamientos, para confluir en la campaña virtual de un mes. La razón práctica, no siempre acorde con la política aunque debiera, indica, defender los cuatro estados en manos de la oposición y hacer el esfuerzo por ganar varios más, cosa perfectamente posible en una perspectiva realista, mesurada y no suicida.

La mega luce como otra de las ruedas de camión con las que comulgamos frecuentemente. Escuché con asombro decir a varios amigos, que concurrirían al 6D en listas separadas porque “el sistema electoral” favorecía ese esquema. No había disposición en ese momento para escuchar que ese canto de sirena estaba concebido para favorecer a la mayoría y que aceptarlo traería efectos graves.

La monotonía como virtud
Los sistemas electorales democráticos se fundan en dos valores contradictorios. La nominalidad anglosajona, cuyo principio es que el elector conozca lo más cerca posible al representante, por lo que se establecen circuitos pequeños. Su defecto es que se gana por un voto, y el resto del electorado queda sin representante en esa circunscripción. Y el sistema proporcional, practicado en varios países europeos, cuya base es que cada partido conquiste un número de escaños equivalente a su fuerza en votos.

En este no es prioritaria la relación personal entre electores y elegidos, sino el equilibrio de fuerzas. En el cuso de doscientos años de pruebas prácticas, surgió en Alemania la representación proporcional personalizada, el llamado método mixto alemán, que concilia los dos principios a través de una fórmula standard.

Esta se perfecciona con el protocolo de adjudicación de cargos de D´Hont. El mixto alemán se asumió exitosamente en Venezuela en 1989. Los sistemas electorales y de distribución de bancas serios se orientan por monotonía y no perversidad: y funcionan de acuerdo con correlaciones aritméticas constantes, tantos votos tantos escaños.

Ornitorrincos y peces voladores

Las anomalías empíricas del sistema se corregían con los diputados adicionales por cociente nacional. Pero a la revolución le dio por acoger e inventar fórmulas ventajistas, privilegiando su mayoría con ornitorrincos, peces voladores, homcabaguis (hombre caballo águila) y demás criaturas imaginarias pero útiles. La oposición lo sufrió en 1999, lo disfrutó en 2015 y no quiso alterarlo para hacer las cosas permanentes e institucionales.

Saboreó la golosina hasta 2020, cuando se convirtió en caramelo de cianuro. Hoy debe corregir el entuerto, a menos que quiera recibir otras palizas per secula o hasta que cambie el viento. De nuevo hay que pensar en el largo plazo y dejar lo que Betancourt llamaba “vuelos de gallineta rasante”. Es recomendable consultar los tratados de Stephen Nolan, la biblia en la materia electoral y dejar la creatividad a los poetas.

Desaparecer por ley “las morochas”, la lista nacional y demás cachicornetas que quieren “mejorar” lo que está concebido óptimamente y con una base técnica comprobada y recomprobada. A veces temo que se les ocurra “mejorar” el Teorema de Pitágoras o la fórmula de la velocidad, v=e/t, o pi. En EEUU quisieron a principios del siglo pasado, redondear 3¨1416 en 3´15, para “simplificar los cálculos”. Muy modernos.

@CarlosRaulHer

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Ismael Pérez Vigil

Las redes sociales reventaron la semana pasada comentando la reunión entre los representantes de Fedecámaras y el régimen de oprobio. Bastante ha predicado este régimen que los empresarios son unos “bandidos explotadores”, “culpables de la crisis económica”, “promotores de las sanciones” y son los “responsables” de nuestros males, solicitando al pueblo apoyo “…para librarte de ellos...”, de esta manera ya se garantizaba la “demonización” del empresariado y de paso se ponía en desventaja al gremio empresarial, fortaleciéndose el régimen a sí mismo ante cualquier eventual negociación que se fuera a dar. Ha sido así durante veinte años y no es distinto ahora. Ni siquiera hace falta que algunos opositores ayuden a la diatriba, pero si lo hacen, tanto mejor para el régimen.

Sí, hay términos, ideas, conceptos, palabras, que tan solo pronunciarlas o evocarlas producen rechazo −elecciones, diálogo, negociación− y en algunos sectores, “unidad” es una palabra que produce un respingo. Estos términos y las acciones que implican son peligrosos anatemas e inmediatamente son “satanizadas”. Nada de raro tienen, entonces, las diatribas contra los empresarios.

Algunos olvidan que desde la infausta fecha en que se inició este régimen en 1999, hasta hoy, del país han desaparecido miles de empresas y se han perdido miles de fuentes de empleo, directas; y la empresa privada, a la cual representa Fedecámaras, ha sufrido una despiadada persecución por parte de todos los entes regulatorios del gobierno. Los organismos empresariales venezolanos, casi todas las cámaras, y desde luego sus llamados organismos cúpula −Fedecámaras, Conindustria, Consecomercio, Fedenaga, Fedeagro, etc. – han estado a la vanguardia del padecimiento y de la denuncia de las arbitrariedades del régimen y a la solicitud de libertades económicas para ejercer su actividad.

Pero, tenemos que evaluar y considerar cuales son los medios propios de lucha y resistencia de cada uno de los sectores del país que se oponen a este régimen de oprobio. Por ejemplo, los empresarios no se van a escribir la palabra “paz” en las manos pintadas de blanco, ni van a desfilar desnudos con el cuerpo cubierto de pintura azul, ni se van a enfrentar a la GNB armados de escudos de cartón y máscaras antigás, ni van a salir a tirarle piedras a la policía o a enfrentarse en las calles a los “colectivos” armados del régimen. Su actividad es un tanto más discreta. En nombre de las miles de familias de las que son responsables por su sustento, acudirán, pues es su deber, cada vez que los convoquen, supuestamente a hablar de los problemas del país, tratando de buscar allí una alternativa que les impida bajar las santamarias, pues para eso siempre hay tiempo. Por cierto, bajar las santamarias y antes de esa medida extrema, dejar de invertir, son las armas de las que dispone un empresario; supongo que eso no es lo que prefieren los que los critican por acudir a dialogar.

Los empresarios congregados en Fedecámaras saben bien que la libertad es la esencia de la democracia y es en libertad como se logra el desarrollo del país y la mejor forma de generar riqueza, para ellos y para todos; y es eso −democracia y producción en libertad− algo que está en sus estatutos desde hace más de 50 años, desde la Carta de Mérida de 1962. No hace falta que ningún asesor o analista se los recuerde. Seguro que el actual presidente del Organismo lo tiene bien presente, pues más de una vez lo han dicho, lo han puesto por escrito, se lo han entregado al gobierno en cientos de documentos, lo han declarado en las conclusiones de todas sus asambleas desde 1999, cuando comenzaron las sombras que hoy nos agobian. Rápido olvidan algunos que la casi salida de este régimen en abril de 2002 se debió en parte al paro cívico convocado, entre otros, por la CTV y Fedecámaras.

Pero ya sabemos que hay palabras “malditas”, términos “satanizados” y cualquiera que evoque uno de esos términos, se expone al rechazo agresivo, a que de inmediato se lo califique de “traidor” y “colaboracionista” por los modernos “Savonarola” de las redes sociales, la mayoría de los cuales nunca han pagado una nómina y no tienen la responsabilidad de mantener abiertas empresas que son el sustento de familias venezolanas. Los empresarios, dicen, recostándose de sus sillas y teclados, lo que quieren es “cohabitar” con el régimen y en el mejor de los casos los contemplan con conmiseración por no entender que “…lo que busca el régimen es ganar tiempo”, frase que, como un mantra, se repite desde hace años, sin que nadie haya explicado aun ¿Quién le quita el tiempo al régimen? ¿Quién se lo mide? ¿Quién se lo acorta?

Creo que es un error de juicio o de análisis pensar que la “premura” que pudiera tener el régimen por mostrarse amplio y dialogante en este momento es porque “necesita” tiempo y recursos económicos y financieros. Ciertamente el país, los venezolanos, necesitamos esos recursos para aliviar la ignominia en la que vivimos, pero el régimen, no. El régimen tiene −su cúpula, por supuesto− todo el tiempo que necesita y los recursos para mantenerse; solo la ambición los lleva a buscar más, para seguir dándole palos a la piñata, no es para resolver los problemas del país.

La estructura “clientelar” que creó y mantuvo Chávez, de corte populista, donde los pobres “sintieron” que eran tomados en cuenta, se agotó. Pero este régimen ya aprendió que esa “estructura” la puede sostener con mínimos recursos económicos y máxima represión, lo cual le sale más “barato” y les deja más para ellos. Los recursos claro que los busca, cuantos más, mejor, pero ahora son para mantener, para continuar el Festín de Baltasar, el reparto con sus aliados internos: Uno, el estamento militar, que es su verdadera cara, la verdadera esencia del régimen; dos, la burocracia gubernamental de la que forman parte muchos “fieles” militantes, no militares; y tres, para mantener esa otra estructura, también clientelar, la llamada boliburguesia y los bolichicos, que pasean, deambulan, por el país y sus bodegones, comprando y remodelando casas y haciendo alarde de sus fortunas; fortunas que invierten en “negocios”, no en empresas, no en industrias; algunos de ellos incluso lo hacen en el exterior, hay que decirlo, para regocijo de los países −y sus empresas y comercios− que reciben esas “inversiones”. Solo la “pandemia”, el cuidado y el temor que se tiene de ella en algunos países ha limitado algo ese derroche y trashumancia de nuevos ricos venezolanos que se venía dando desde hace algún tiempo.

Para eso hay recursos, que es lo que al régimen le importa, y para mantener su poder; poco le importa si no hay para resolver los problemas del país, al que se ha agregado la pandemia que comienza a hacer estragos más fuertes. Los empresarios no deben olvidar que ese agotamiento de los recursos y del “modelo” populista es lo que impulsa al régimen a buscar nuevamente el diálogo. Lo que verdaderamente preocupa al régimen, es que percole la duda en esa estructura clientelar que ha creado y que comience a debilitarse y termine resquebrajándose y cada quien comience a buscar su solución individual, sin preocuparse de los demás. Para mantener esa estructura es que el régimen necesita los recursos económicos y financieros y usará todo su poder de “diálogo” para lograrlo. Saben bien los empresarios que, si ahora el régimen acude a ellos, es para seguir exprimiendo al máximo al país.

Por eso los empresarios no deben descuidar el análisis de esta situación y si no los debe detener que se “satanice” el diálogo, lo que debe preocuparlos, para este proceso de negociación o de diálogo −y para todos los que vengan, pues vendrán más−, son tres cosas: Primero, estrechar los lazos con el resto de la sociedad civil, los partidos y la iglesia, pues en esto no hay solución individual, no remontar “vuelo” en solitaria soberbia y recordar siempre que se trata del “nos-otros”, del que tanto han hablado en sus reuniones y documentos; segundo, que no hay soluciones parciales y que solo en libertad y democracia se puede crecer y generar riqueza, sé que esto lo entienden bien, pues está en sus estatutos y entre sus principios desde hace muchos años; y tercero, reeditar esa alianza, que ya funcionó a principios de este siglo, una alianza efectiva entre empresarios y trabajadores, pues solo eso les permitirá fortalecerse y fortalecer el compromiso por una mejor calidad de vida para los trabajadores, por una mejor empresa y por un mejor país.

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Emiro Rotundo Paúl

Por el bien de la causa patriótica y para salir del militarismo chavista que devasta al país, debemos expresar, con el mayor énfasis posible, que el momento que estamos viviendo no es oportuno para el protagonismo de los partidos políticos de oposición. Las razones que respaldan esta aseveración deberían estar claras para todos los venezolanos, pero muy especialmente para los líderes y los militantes de esas organizaciones.

Es indiscutible el desgaste que han sufrido los partidos políticos de oposición en el transcurso de estos 22 años de lucha anti-chavista. Es el resultado de los muchos errores cometidos y de las divisiones internas ocurridas recientemente, que han permitido la ilegítima intervención del régimen para designar autoridades sustitutas en sus directivas. Sería inútil, y se perdería mucho tiempo, tratando de reparar esa anomalía en los actuales momentos. El régimen lo impediría con nuevas medidas, iguales o similares a las ya empleadas. Conviene dejar las cosas como están y centrar la lucha en la salida del régimen chavista mediante la movilización de la mayoría opositora nacional, sin identificaciones partidistas, como se hizo con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en el año 2015, dejando la resolución del problema de los partidos para cuando se restablezca la democracia en Venezuela y se reponga la legalidad que ha sido usurpada en todas las instancias.

La creación de un frente amplio promovido por todos los partidos políticos de oposición o en su defecto por los más importantes de ellos, es la única salida con posibilidades de éxito en la actualidad. Ya se debería estar trabajando con ese fin. En muy poco tiempo enfrentaremos eventos que no debemos eludir, como las elecciones de alcaldes y gobernadores y el referendo revocatorio del mandato presidencial. Para movilizar a la mayoría nacional que demanda el cambio político es imperioso usar la tarjeta electoral única de la oposición nacional y escoger los candidatos por consenso. El sistema de selección por elecciones primarias, que sería el método más democrático, es muy complicado, requiere organización, mucho tiempo y cuantiosos recursos. De todo ello carece hoy la oposición. Además, el sistema es vulnerable y puede ser fácilmente boicoteado por el régimen, mediante acciones que todos conocemos. Por tanto, no es recomendable por el momento.

El tiempo avanza. Ya estamos a mediados del segundo mes del año 2021 y no se oye nada por parte del liderazgo opositor que se asimile a la acción que aquí estamos exponiendo. Eso es preocupante, porque se trata de un asunto que pueda ser despachado de manera apresurada y a última hora. O se hace bien y con tiempo, o no se hace. Nos enfrentamos a un régimen tramposo, siempre al acecho, que no pierde tiempo y que está dispuesto a emplear todo tipo de recurso para bloquear y confundir a la oposición, como lo ha venido haciendo a todo lo largo de su demoledora existencia.

Es perfectamente comprensible que a los dirigentes y militantes políticos de oposición les resulte difícil aceptar la propuesta de suspensión temporal de los símbolos y emblemas de sus partidos, porque los sentimientos de pertenencia y lealtad a los mismos y el orgullo de batirse bajo sus consignas y banderas son elementos fundamentales del esprit de corps que caracteriza a todo organismo social creado para la lucha, pero en circunstancias críticas como las actuales debe prevalecer la razón y no la pasión. El pragmatismo y la fría racionalidad deben imperar en este momento. No debemos eludir con nuevas abstenciones las batallas que están por librarse próximamente. Si las afrontamos unidos el resultado sería la culminación exitosa de la larga, sacrificada y cruenta lucha que hemos librado durante 22 largos años contra el militarismo chavista.

Terminamos este escrito con la frase que hemos venido usando en los artículos anteriores, emulando a Catón el Viejo con su carthago delenda est, cada vez que finalizaba un discurso en el Senado romano: esta es la última oportunidad que tienen los líderes de la oposición venezolana para reivindicar sus nombres ante la Nación y la Historia.

11 de enero de 2021

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Acceso a la Justicia

La recuperación de la Asamblea Nacional por parte del chavismo no ha puesto fin a la persecución contra los integrantes del anterior Parlamento electo en 2015. Por el contrario, los resultados de las cuestionadas elecciones legislativas de diciembre de 2020 -que el oficialismo ganó ampliamente con su sistema electoral a la medida- parecen haberle dado más bríos para arreciar en su persecución a la disidencia política.

En las primeras semanas de 2021, Acceso a la Justicia ha registrado amenazas contra miembros del anterior Legislativo provenientes de sus sucesores, del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y hasta de la Contraloría General de la República.

La nueva ola de medidas la inició el nuevo Parlamento dominado por el chavismo, el cual decidió conformar una comisión especial para investigar “los crímenes” cometidos por sus antecesores y que está presidida por el diputado José Brito.

Brito saltó a la palestra a finales de 2018, cuando una serie de investigaciones periodísticas revelaron que él, junto a otros legisladores opositores, viajó por varios países, para interceder ante distintas autoridades extranjeras a favor de empresarios vinculados con el oficialismo. Tras estos señalamientos, el parlamentario fue expulsado de Primero Justicia (PJ) y se acercó al Gobierno de Maduro, el cual le entregó temporalmente las riendas del partido opositor y facilitó su reelección en diciembre pasado.

El pasado día 28 de enero, Brito acudió al Ministerio Público para pedirle que dicte una medida de prohibición de salida del país contra algunos de sus otrora compañeros y colaboradores de la oposición a la que él mismo representaba antes de su expulsión de PJ (Alejandro Hernández, Sergio Vergara, Javier Troconis, José Ignacio Hernández, Enrique Sánchez Falcón, Marco Aurelio Quiñones, Jorge Millán, Luis Carlos Padilla, Olivia Lozano, Macario González, Luis Silva, Tobías Bolívar, Eliezer Sirit, José Mendoza, Romel Guzamana, Julio Ygarza, Jony Rahal, Marianela Fernández, Alexis Paparoni, María Gabriela Hernández, Orlando Ávila y Romny Flores).

Asimismo, anunció que citaría a comparecer a otros opositores más, comenzado por Juan Guaidó, Juan Pablo Guanipa, Carlos Berrizbeitia, Ángel Palmieri, Luis Florido, Freddy Superlano, Edgar Zambrano, Williams Dávila, Carlos Paparoni, Enrique Márquez, Luis Stefanelli y Elías Matta, para hablar sobre las supuestas negociaciones para condonar la deuda a Paraguay.

Condena exprés

La Contraloría también se ha sumado a la arremetida, al exigirle a los legisladores electos en 2015 que presenten a la brevedad su declaración jurada de patrimonio definitiva, porque de lo contrario se arriesgan a ser inhabilitados por hasta 12 meses del ejercicio de cargos públicos o para presentarse como candidatos a futuras elecciones.

“Hago un llamado a los diputados salientes: procedan a realizar su Declaración Jurada de Patrimonio por el cese de sus funciones como parlamentarios (…) No vayan a decir que no tuvieron oportunidad y que no se les notificó (…) Aún hay un 95% de exparlamentarios que no la han hecho”, dijo Elvis Amoroso, quien, sin embargo, no precisó si había hecho la misma petición a los más de los 500 miembros de la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente que dejó de existir en diciembre pasado.

Días después, el presidente del TSJ, magistrado Maikel Moreno, dejó en claro que considera que la mayoría opositora de la AN electa en 2015 debería terminar tras las rejas. “Aquellos que intentaron utilizar los espacios del Poder Legislativo para aniquilar la República y adueñarse del país deben ser sancionados conforme a la ley. Aquellos que se aliaron con naciones extranjeras para robarse los recursos de todos los venezolanos, bloquear las operaciones de Pdvsa y regalar Citgo encontrarán en cada juez del Poder Judicial un árbitro imparcial, pero implacable para juzgar sus acciones”, afirmó durante el acto de Apertura de Actividades Judiciales de este año.

Las palabras del funcionario van a contracorriente de lo dispuesto en la Constitución y tratados internacionales de derechos humanos sobre la presunción de inocencia. También, violan lo establecido en el artículo 36 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, el cual señala:

“Los jueces deben abstenerse de expresar, y aun de insinuar privadamente, su opinión respecto de los negocios que por la Ley son llamados a fallar. Deben igualmente abstenerse de dar oído a todo alegato que las partes o terceras personas, a nombre o por influencia de ellas, intenten hacerle fuera del tribunal”.

Y aunque, saltó la iniciativa del nuevo Parlamento de conformar una comisión de diálogo, Moreno advirtió que la misma no supondrá un “borrón y cuenta nueva”. “No puede haber reconciliación sin perdón y no existe el perdón sin justicia. El Poder Judicial juzgará con firmeza y establecerá las responsabilidades a las que haya lugar para todos aquellos que atentan contra la patria”, amenazó.

Con esposas y todo

La última amenaza la profirió la diputada Iris Varela, quien durante una entrevista en televisión preguntó: “¿Por qué motivo no hay en este momento una fuerza policial que vaya y los busque y los detenga?”, refiriéndose a Juan Guaidó y a los demás miembros de la Comisión Delegada de la AN de 2015, a los que acusó de “usurpadores”.

Tras su amenaza verbal, la diputada sacó de su cartera unas esposas, las cuales, dijo siempre lleva consigo para ponérselas a Guaidó, en caso de que se tope con él, sobre quien opinó que está cometiendo delito en flagrancia. “Estas esposas las cargo aquí para ponérselas a Juan Guaidó, donde lo vea se las pongo”, expresó, tras afirmar que “yo soy autoridad de la República”.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

Las amenazas contra la AN electa de 2015 revelan que la polarización y crispación en Venezuela lejos de amainar tiende a aumentar, lo cual complica la posibilidad de cualquier acuerdo y salida política negociada a la actual crisis política, social, económica y humanitaria que atraviesa el país.

Asimismo, estos hechos revelan que el control que ejerce el chavismo sobre los demás poderes del Estado es total; y, por ello, ejercer derechos básicos en cualquier democracia como la libertad de expresión y asociación representan un riesgo para los ciudadanos.

11 de febrero 2021

https://accesoalajusticia.org/en-2021-continua-persecucion-contra-miembr...

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