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Opinión

Mariza Bafile

Cual tornado avasallador, la pandemia ha destapado la ineficiencia, a veces criminal, de los gobernantes populistas. Desdibujadas las etiquetas de izquierda y derecha, queda la realidad de una incompetencia común que se repercute trágicamente en la vida, la salud, la economía de miles y miles de personas.

Si Estados Unidos ha logrado salir, por ahora, de la pesadilla del gobierno anterior, siguen en sus puestos presidentes y jefes de gobierno que con una conducta errática están llevando sus poblaciones al desastre.

La Covid 19 desoye la retórica hueca con la cual estos personajes tratan de llenar los vacíos de sus acciones, y sigue matando a miles de personas.

En América Latina la crisis de salud está tocando puntas gravísimas en casi todos los países. Hay quienes, como Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua, han logrado silenciar la prensa libre y por lo tanto no permiten conocer la verdadera expansión de los contagios y los índices de muerte. Sin embargo, basta analizar un poco su historia contemporánea, para entender, sin necesidad de un gran ejercicio de imaginación, que la pandemia está golpeando fuertemente a sus poblaciones empobrecidas, silenciadas y amenazadas.

En México un presidente, quien durante semanas denigró la ciencia, evitó la mascarilla hasta en mítines con centenares de personas y pidió a sus ciudadanos rezar y ser buenas personas para evitar la Covid, acaba de ser diagnosticado positivo al virus. Por lo visto de poco le sirvieron rezos y esperanzas.

La gran diferencia entre los jefes de estado y de gobierno que se contagian y el resto de la población es que ellos cuentan con un altísimo nivel de atenciones y tratamientos médicos. Nada que ver con los demás mortales para quienes es difícil hasta tener acceso al oxígeno. En México la delincuencia organizada, con el sadismo despiadado que la caracteriza, está traficando con el oxígeno que se ha transformado en el gran negocio del momento. Nada les importa la necesidad de muchos enfermos para quienes una bombona de ese bien puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Por falta de oxígeno siguen muriendo también muchos enfermos en Brasil y en particular en la zona de Amazonas. Mueren asfixiados, esta vez no por la rodilla de un policía, ni por el tráfico ilícito la delincuencia organizada, como en México, sino por la incompetencia y la inhumana indiferencia de su Presidente y sus gobernantes. Actitud que indigna, mas no sorprende, ya que, desde su campaña electoral, Jair Bolsonaro ha mostrado un talante desdeñoso hacia los sectores más pobres y las poblaciones originarias.

El líder brasileño, quien pensaba resolver todo a lo macho, al igual que Trump, AMLO y otros gobernantes, también ha ridiculizado a los científicos y, desatendido sus alertas y consejos. De poco le sirvió enfermarse también él. Tras ser curado como un rey, se ha recuperado y, en lugar de cambiar de posición hacia la enfermedad, ha mantenido su desprecio hacia la ciencia y se ha erguido cual si fuera un súper héroe. No, Bolsonaro, nunca supo lo que significa la falta de oxígeno y tampoco su familia conoce el dolor de quien asiste a la muerte por asfixia de un ser querido. Mucho menos conoce la angustia de un viaje de mínimo 300 kilómetros, muchas veces el doble y hasta más, que deben realizar los indígenas para trasladarse desde sus aldeas hasta los hospitales con Unidades de Cuidados Intensivos.

Lo positivo, si se puede usar esa palabra en medio de tanta desgracia, es que siempre más brasileños se están alejando del Presidente. Su popularidad va bajando día tras día. En las calles y plazas del país se congregan cada vez más personas de todo el espectro político, así como de la Iglesia, para pedir que el Congreso inicie un proceso de impeachment contra él. Por ahora todavía no hay los números para lograrlo, pero la esperanza es que pronto todos se den cuenta de la ineptitud, arrogancia, violencia de un Jefe de Estado que está dejando morir a miles de ciudadanos. Y no solamente a causa de un manejo irresponsable de la pandemia. También mueren por un violento regreso de la malaria, probablemente causada por la minería ilegal y la destrucción de la Amazonia.

En los dos años de gobierno de Bolsonaro, según datos del Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil (INPE), las cifras de deforestación son espeluznantes. Se habla de más de 10mil kilómetros cuadrados, el equivalente a cinco veces el área de Sao Paolo.

Mientras se enriquecen unos pocos, gracias a la expansión de la agricultura, la ganadería y la minería, están en riesgo de desaparición las poblaciones que allí viven acorraladas y amenazadas. La humanidad asiste en silencio a la destrucción de un área en la cual vive un tercio de las especies de plantas y animales del mundo y que produce el 20 por ciento del oxígeno de la Tierra.

El cambio de gobierno en Estados Unidos, para Jair Bolsonaro, significa la pérdida de un aliado en la Casa Blanca. Sin embargo, si los brasileños no logran alejarlo del poder lo antes posible, las consecuencias sobre la población y el ambiente pueden llegar a ser irrecuperablemente desastrosas.

Febrero 1, 2021

@MBAFILE

ViceVersa

https://www.viceversa-mag.com/asfixia-populista/

 4 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

A sus hijas, Sylvia, Marina y Sandra

Escribió en uno de sus libros el recordado Marcel Roche, que "la ciencia era mucho mas de lo que el científico hacía en su laboratorio, en su oficina, y que tanto para que la ciencia naciera como para que se aplicara había que mover innumerables hilos en todos los sectores …”, incluso, señalaría yo, los de las ciencias sociales y humanas. Desde su condición de investigador de ciencia básica pudo ver, así pues, que topábamos con un proceso de carácter social

Una historia en muy poquitas palabras

Si se me permite una simplificación, en haras de la brevedad que exige un artículo (y aunque no le hace justicia a investigadores como Gabaldón, Buapertuy y otros cuantos científicos), hace poco mas de medio siglo, en Venezuela la actividad científica era considerada una tarea más o menos insólita. Si cabe una comparación, que tal vez incurra en cierta desmesura, semejaba a la ciencia norteamericana antes de Benjamín Franklin, de acuerdo con la descripción de Isaac Asimov: “…una actividad de caballeros, una sobria inspección sobre la realidad del universo, nacida de la curiosidad intelectual, motivación completamente divorciada de las cosas prácticas de la vida….”

Desde la calle los científicos eran vistos como seres muy inteligentes, pero extraños. Los laboratorios eran recintos casi sagrados, inmunes a los vientos que soplaban desde afuera, vedados a cualquiera que no tuviera una bata blanca, y unos anteojos que delataran el desvelo por el estudio. Eran, así pues, lugares amoblados por aparatos estrambóticos y costosos, en el que se hacían cosas que, se creía, solo interesaban a quienes allí́ trabajaban.

El país se movía dentro de coordenadas que poco tenían que ver con la investigación, esta le importaba muy poco y se entendía, más bien, como asunto de americanos, europeos y un poquito menos, y a su modo, de japoneses. Nuestra relación con el tema se dejaba ver apenas por los lados de la tecnología, expresada exclusivamente en la necesidad de comprar maquinarias y equipos a fin de echar a andar nuestra incipiente industria, mediante actividades llevadas a cabo a cabo sin que, por lo general, mediaran procesos de transferencia, asimilación y aprendizaje de conocimientos. Se explica, entonces, que en ciertas ocasiones importáramos tractores con sistemas de calefacción para emplearlos al sur del país y barredoras de nieve como parte del diseño sueco de un hospital que se edificaría en Maracaibo. Desde luego, nada tienen que ver estos casos que forman parte del anecdotario nacional, con los relevantes esfuerzos que se hicieron más tarde, plasmados en la industria petrolera y algunas empresas básicas, así como en iniciativas de carácter privado, conformando una obra que se ha ido desvaneciendo en los últimos tiempos, lamentablemente.

La ciencia como hecho social

Los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología surgieron con la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT), en los inicios de la década de los setentas. Esta circunstancia hizo, según lo apunta un texto de Yajaira Freites, que en un principio, “…su quehacer se subordinase a las consideraciones de inmediatez, aplicación y visibilidad de la información, preferencialmente en forma estadística, derivando en una escasa reflexión conceptual”.

En este marco, resalta aún más el mérito de la obra pionera de Olga Gasparini, una joven socióloga que se encontraba en la mitad de sus treinta años, de cuya muerte ha pasado ya medio siglo. Se trata de un libro escrito en 1969, “La Investigación en Venezuela, Condiciones de su Desarrollo”, seguramente el primer asomo de una fotografía de nuestra ciencia, junto al esbozo de algunas consideraciones que pretendían explicarla. Hace pocos años, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), a través de su director Eloy Sira, tuvo la buena idea de reeditarlo. Buena idea, creo, porque es una obra importante, que, entre otras cosas, contribuyó a crear una perspectiva que mostraba a la ciencia como una construcción social, influenciada por valores e intereses de diversa índole y de consecuencias tanto negativas como positivas. A insinuar, en fin, que la generación, distribución y utilización de los conocimientos implican procesos marcados por la ideología, la política, la economía, la historia y la cultura, expresión de su estrechísima, complicada y hasta enrevesada conexión con la sociedad, cuyo análisis, desde esta perspectiva, resulta absolutamente imprescindible, más aún en este siglo XXI, rotulado por tan rápidas y “disruptivas” transformaciones en el área del desarrollo tecno científico, ocasionando enormes consecuencias en todos los espacios de la vida humana. Expresado de otra manera, abrió paso al ojo escrutador de las ciencias sociales y humanas, denominadas con cierto desdén “ciencias blandas” recordando, como dije al principio, su condición de hecho social y por supuesto político.

Un crimen de “lesa academia”

A partir de lo anterior, resulta imposible no hacer un paréntesis y advertir sobre el reciente anuncio realizado por las autoridades del gobierno, en el sentido de presionar a nuestras universidades a incluir nuevas carreras, diseñadas en función de las “necesidades del país”, lo que incluye, vaya a Ud. a saber la razón, el relegamiento a un rincón de las carreras de ciencias sociales y humanas. Diría, pues, que de terminar siendo cierta esta ocurrencia (en torno al cual, como es costumbre, hay diversas versiones), nos encontramos frente a un crimen de “lesa academia”, si cabe la expresión.

Una corta referencia personal

Si se me da la licencia para darle un tono personal a estas líneas, diré́ que en las postrimerías de la década de los años sesenta, fui alumno de la querida profe Gasparini en la Escuela de Sociología y Antropología de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Por una serie de casualidades y gracias a varias carambolas lubricadas por la buena suerte, que es como se fraguan los acontecimientos importantes de la vida de cada quien, fui, junto a Mariadela Villanueva y Marcel Antonorsi, asistente en el Departamento de Sociología y Estadísticas, dirigido por ella, en el recién fundado CONICIT. Allí́, siendo todavía estudiante, aprendí́ a interesarme en un tema que me resultaba casi absolutamente indiferente, pero que con el paso del tiempo se fue convirtiendo en el eje central de mi vida profesional, haciéndola entretenida y hasta divertida. Se que frases parecidas, las he escrito o dicho unas cuantas veces y que posiblemente volveré a hacerlo. Pero es que el agradecimiento no se agota.

El citado departamento estuvo integrado, además, por la socióloga Dulce Arnao de Uzcátegui, quien con el correr del tiempo seria ministra de Ciencia y Tecnología en el segundo gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, por Jeannete Abohuamad de Hobaica, en calidad de asesora, por el estadístico Raúl Rodríguez, así como por el economista Virgilio Urbina, además delos citados Marcel y Mariadela, todos gente muy entrañable. Su primera tarea fue la de llevar a cabo un estudio sobre la capacidad nacional de investigación y desarrollo. La profe Gasparini murió́ cuando el trabajo se encontraba mas o menos a mitad de camino y no llegó a ver un libro que, sin duda, lleva su impronta, así como la llevan distintas iniciativas que fueron dando lugar a un molde inicial para encauzar el desarrollo científico y, en menor grado, el desarrollo tecnológico en nuestro país.

La época actual: demasiada incertidumbre

El tiempo pasa y las cosas cambian, suele reiterar Perogrullo, y los patrones para pensar la situación de hoy en día son muy disimiles respecto a aquellas que marcaron el tiempo de la profe Gasparini. Actualmente el conocimiento científico y tecnológico es considerado un factor determinante en la estructuración y desenvolvimiento de las sociedades contemporáneas, constituyendo, ciertamente, el sello característico de los tiempos que corren.

Aún faltan herramientas necesarias para identificar el sentido de las transformaciones que están ocurriendo, a fin de comprenderlas, sopesarlas y poder encararlas. Carecemos de respuestas, que en buena medida deben provenir de las Ciencias Sociales y Humanas. Es que, como diría Asimov, la cultura avanza más lento que las trasformaciones tecnológicas. Carecemos, entonces, de libreto para calibrar sus efectos, los buenos y los malos.

Es apremiante, entonces, la necesidad de ir creando otros parámetros con el objeto lidiar con un futuro que empezó́ ya a hacerse presente, recordando que, como dijo alguien, no hay nada mas práctico que una buena teoría. Y esta solo es posible a partir del trabajo sinérgico entre las ciencias sociales, las ciencias humanas y las ciencias naturales. A cincuenta años de su desaparición, me pregunto qué diría la Profe Olga de este planeta tan complejo y enredado, en el que habitamos los terrícolas. No se, pero de lo que estoy seguro es que sería bueno que anduviera por estos lares. Se echa de menos su inteligencia y su afabilidad.

El Nacional, 3 de febrero de 2021

 6 min


José Machillanda

La sociedad civil democrática venezolana en contrario al aturdimiento que arrincona al post-chavismo militarista y su gobierno militar de calle, muestra ya una Sensible Responsabilidad de Participación Política. Aproximase esta sensible responsabilidad política con una conducta política de acciones y ejecutorias sobre el espacio social por excelencia, es decir, el barrio, la calle y la plaza pública para reafirmar su vocación democrática. La sociedad civil venezolana tiene muy claro que después de 21 años de tiranía, engaño y militarismo los demócratas quieren apartarse de la regresión fatalista, inmoral y sediciosa del régimen aturdido.

La sociedad civil está lista y dispuesta políticamente a contener la barbarie del socialismo militarista, para lo cual acelera su organización con decisión a crear un poder social que visibilice el valor y el concepto de individuo-ciudadano, mujeres y hombres que están prestos y dispuestos como cívicos recuperar el poder social. Enfrentar cívicamente al régimen y crecer en obligación cívica y organización política. Es la tarea ciudadana para responder como gobierno, tanto en el municipio como en las gobernaciones de estado del país. Gobierno que municipal y regional electo únicamente en condiciones comiciales universales y legítimas.

Ciudadanía con poder social, condición realista del futuro político, es decir, con acciones que contribuyan a restituir la política y con ellas alcanzar la democracia. La resistencia civil nace de la abstención no opaca, se muestra de manera concreta y real dispuesta a ejercer poder político según la Constitución y las leyes. Esa ciudadanía toda con vocación civilista, con cultura política está cerca de la justicia para exigirle que enjuicie a las hordas cubanizadas, que creen que en Venezuela se perdió o pueden aplastar el gen democrático. La ciudadanía democrática acciona firmemente para imponer un Ambiente Político Real Expectante donde la ley se el imperio para convivir y crezca la democracia plena.

La ciudadanía, no se equivoquen, es el mayor número de venezolanos. De venezolanos que se entienden como sociedad y jamás como parcelas, la ciudadanía reconoce su origen pero a la vez proyecta su concepción como república libre, está presta al progreso y jamás sujeta al revolucionarismo. La ciudadanía ha recuperado su educación cívica, su venezolanidad, y lo más importante su valor hacia la libertad. La ciudadanía después del 6D está en cuenta que el régimen con su gobierno de calle y gobierno militar de calle fracasó. El mejor ejemplo es la inmiseración que es exponencial… es la prueba de la locura del régimen y de la regresión de revolucionarismo. Esa locura ya no tiene espacio en esta sociedad que reclama la re democratización de la República.

La sociedad civil tiene claro que este régimen torpe y bastardo practica la antipolítica distante de lo establecido en la Constitución, con el empleo de las bocas de fuego y otros grupos armados, todavía creen que pueden maniatar al Estado y se han olvidado de la ciudadanía. La ciudadanía democrática -de manera valiente- desde el día 6D se expresó como resistencia civil. Resistencia Civil desobedecer a un régimen oprobioso y mafioso que aturdido por antipolitico y subpolítico que no sabe qué hacer. No sabe qué hacer hoy 2 de febrero, no sabe cómo engañar a los ciudadanos, no sabe cómo mentir por los medios de comunicación, pero los ciudadanos demócratas tenemos uan respuesta cierta y precisa: construir un Movimiento Político de Renacimiento Nacional para conducir acciones políticas y restablecer la democracia plena.

Democracia plena de manos de la ciudadanía mayoritaria en resistencia civil para lograr una defensa alternativa en donde el elemento central es la resistencia civil organizada, es decir, la ciudadanía contra la invasión y la arbitrariedad de un régimen cobarde que, habiendo sido sentenciado el 6D, todavía duda del poder democrático y del poder social. La ciudadanía democrática en democracia en democracia plena está dispuesta a instrumentar la resistencia civil como defensa alternativa, es decir, reponer la democracia y para ello, ejecutará un escalonamiento de acciones acompañados con los prohombres respetando la invención de la política para lograr el cambio y junto a este cambio el enjuiciamiento a la locura del revolucionarismo militarista.

Es original,

Director de CEPPRO-CSB

@JMachillandaP

Caracas, 2 de febrero de 2021

 3 min


Rodrigo Naranjo Escovar

“Cuando alguien trate de convencerte de comprar un activo que haya tenido retornos de dos o tres dígitos el año pasado, pregúntale que activo te puede ofrecer que haya perdido durante ese periodo. Eso silenciará la alharaca”

Jason Zweig

Durante los últimos meses la prensa ha publicado noticias sobre la compra por parte de inversores extranjeros de algunos reconocidos negocios en Venezuela. Los casos de Seguros Caracas, y los de las operaciones locales de Cargill y Directv son los más emblemáticos.

Otras negociaciones importantes han ocurrido con mucha discreción lejos de la cobertura mediática. Estas negociaciones han representado un cambio en la propiedad de los activos, y no necesariamente un compromiso de realizar alguna inversión en nuevos bienes de capital.

Las valoraciones negociadas de estos activos han sido bajas en comparación con la que estos tenían hace algunos años, o, en relación con el valor de activos comparables en países latinoamericanos que gozan de un menor riesgo político que Venezuela. Las valoraciones recientes de activos ubicados en Venezuela reflejan no solo el bajo nivel de ingresos de los negocios venezolanos, sino también el hecho de que el “default” de la deuda pública externa lleva a Venezuela a exhibir el mayor riesgo país del mundo, y, como consecuencia, a que los activos venezolanos se sometan a una mayor tasa de descuento.

Dada la abundancia de titulares negativos generados en Venezuela, y las innegables complejidades de operar cualquier tipo de negocio en el país, cabe preguntarse: ¿Qué ven estos inversores extranjeros para apostar millones de dólares en activos en Venezuela?

Existen distintos tipos de inversionistas. Los hay locales y extranjeros. Institucionales y privados. Estratégicos y financieros, con mayor o menor tolerancia al riesgo. Inversionistas con horizontes de recuperación de su inversión a más largos o más cortos plazos.

En el caso específico de las recientes inversiones que se han venido realizando en activos ubicados en Venezuela, destacan inversionistas financieros institucionales extranjeros con alta tolerancia al riesgo y con un largo horizonte de inversión. Por su perfil, estos inversores son similares a quienes suelen invertir en países a los cuales se les encuadra, en el argot financiero internacional, dentro de la categoría de Mercados Frontera. Este segmento es realmente una subcategoría dentro del universo de Mercados Emergentes.

Venezuela es percibida por inversores extranjeros en una subcategoría que hoy engloba a la mayoría de los países africanos, algunos centroamericanos, y a varios países de Asia. Dentro de Mercados Frontera encontramos desde países poco cubiertos por los medios de noticias de negocios tales como Bangladesh o Sri Lanka, hasta algunas naciones todavía pobres pero muy pujantes como Vietnam. Se trata de un perfil de mercados considerados como más riesgosos y/o pequeños que el de la categoría de Mercados Emergentes, categoría en la cual los inversores globales ubican a Colombia, Perú, México, Turquía, Indonesia, o Tailandia, por mencionar algunos países mucho mejor percibidos que Venezuela.

En la constante búsqueda de diversificación y de mayores rendimientos por parte de los capitales internacionales, los Mercados Frontera representan una categoría a la cual se le asigna una porción de los portafolios de inversión. En un contexto global de tasas de interés históricamente bajas, cada vez existen más inversores institucionales enfocados a tiempo completo en buscar oportunidades de inversión en este tipo de países. Afortunadamente para Venezuela, lo visto en los últimos meses sugiere que ya algunos inversores de esta categoría han comenzado a descubrir que Venezuela, a pesar de la muy compleja coyuntura política, económica y social, tiene fortalezas y potencialidades, muy superiores a las de prácticamente todos los demás Mercados Frontera.

Venezuela tiene una infraestructura, que, si bien no ha tenido el debido mantenimiento, y en algunos casos presenta partes inconclusas, existe, y en magnitud es superior a la de la mayoría de los otros Mercados Frontera. Más aun, en muchos casos la infraestructura venezolana es superior o al menos similar a la de Colombia y Perú, países que son percibidos dentro de una categoría superior, y en los cuales los inversores globales están dispuestos a recibir menores tasas de retorno, o, dicho de otra manera, pagar valoraciones más altas.

Venezuela tiene más aeropuertos con pistas asfaltadas que ambos países, por ejemplo. Y según cifras de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense cuenta con una capacidad instalada de generación eléctrica cercana a los 31 millones Kw, muy superior a los 16,9 millones Kw de Colombia y 14,7 millones Kw de Perú. Es cierto que buena parte de dicha infraestructura esta hoy inoperativa, pero el punto es que la misma solo requiere reparaciones, y no su construcción desde cero, como es el caso en prácticamente todos los demás Mercados Frontera.

Ningún otro Mercado Frontera tiene el potencial de monetizar sus reservas minerales en un plazo tan corto y en la magnitud que pudiese hacerlo Venezuela. Venezuela no solo tiene las reservas petroleras más grandes del mundo, sino que, además, su ubicación está identificada, y el entorno físico de los yacimientos no es hostil. Las grandes empresas petroleras internacionales conocen la geología venezolana, la infraestructura petrolera básica existe -con menor o mayor requerimiento de reparaciones-, la ubicación del país es distante a zonas de conflictos globales, y la diáspora venezolana de técnicos y profesionales petroleros (muchos dispuestos a regresar) representa una cantera potencial de recurso humano con la cual no cuentan otros Mercado Frontera.

Según cifras de la OPEP, Venezuela tiene reservas de 5.705 millardos de metros cúbicos de gas natural, lo cual representa las reservas más grandes de América Latina y las octavas del mundo. Dada la disponibilidad de trenes de enfriamiento de gas natural licuado (GNL) en la vecina isla de Trinidad, Venezuela pudiese desarrollar una industria exportadora de GNL sin necesidad de realizar mil millonarias inversiones en trenes de licuefacción. Esto representa otra potencialidad para un negocio con magnitudes muy importantes para un país en la categoría de Mercado Frontera.

Nuestro país tiene una serie de ventajas geográficas y demográficas que pudiesen favorecer inversiones en agronegocios y otros sectores con vocación exportadora. Según el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, el 56% del territorio nacional se encuentra a máximo 100 kilómetros del mar o de un río navegable, por ejemplo. Esto se compara con 28% del territorio en Colombia y 24% en Perú. Según la misma fuente, la distancia promedio desde cada centro poblado al puerto más cercano es de 3.530 kilómetros en Venezuela, lo cual es menos que los 4.030 kilómetros en Colombia y 5.940 en Perú.

A diferencia de otros Mercados Frontera con poblaciones similares o superiores, Venezuela está ubicada en el relativamente pacifico hemisferio occidental. Además, es el país suramericano que ofrece las rutas de navegación más cortas a los puertos principales de los mercados del sur y del este de los Estados Unidos, y de la Unión Europea. Como ejemplo, un carguero de contenedores demora solo 4 días desde Puerto Cabello o La Guaira hasta Miami, 7 días hasta Houston o Nueva York, y solo 15 días hasta El Havre, Amberes o Roterdam.

Debido a su nivel y tipo de urbanización, la distribución poblacional de Venezuela provee una gran oportunidad a negocios que requieran llegar a la mayor cantidad de consumidores con la menor inversión y esfuerzo posible. Con una tasa de urbanización superior al 85%, Venezuela es uno de los países más urbanizados del hemisferio. Tanto Colombia como Perú tienen niveles de urbanización inferiores a 75%. Venezuela tiene 10 ciudades con más de 500.000 habitantes. En comparación, Perú solo tiene 4 ciudades de tal magnitud, Argentina 5, y Chile 3. Todo esto representa un atractivo venezolano para proveedores de bienes y servicios de consumo masivo.

Desde el punto de vista de recursos humanos, Venezuela tiene en su diáspora, la cual pudiese ser considerada una de las mejor formadas del mundo, una cantera valiosísima de recursos potenciales. Comenzando en la década de los setenta con Fundayacucho, y finalizando en la primera década del presente siglo con el subsidio cambiario provisto por Cadivi, decenas de miles de venezolanos se formaron académicamente en universidades de distintas partes del mundo.

Si bien una importante proporción de esta base de profesionales con formación técnica internacional hoy se encuentra trabajando fuera del país, también es cierto que buena parte de ella pudiese comenzar a regresar en la medida que mejoren las condiciones económicas, profesionales, de negocios, políticas, y de seguridad personal en Venezuela. Difícilmente exista en la categoría de Mercados Frontera otro país que cuente con una base tan grande de profesionales ya formados que pudiesen progresivamente sumarse a un proceso de recuperación económica y asumir posiciones de liderazgo, trayendo experiencia práctica de distintas partes del mundo.

Venezuela también tiene una de las culturas más cosmopolita entre los Mercados Frontera y Mercados Emergentes. Las raíces históricas de la “cosmopolitanidad venezolana” están asociadas a la proximidad física con las Antillas Holandesas. Con estas islas existió comercio informal desde tiempos coloniales, y a través de ellas llegaron las ideas liberales a Venezuela en el mismo siglo XVIII, mucho antes que al resto de las colonias españolas en América.

Luego, con la prosperidad petrolera en el siglo XX, llegó una de las inmigraciones más grandes en la historia de América Latina, medida como porcentaje de la población existente. Dicho flujo se incrementó luego de la Segunda Guerra Mundial, creando una cultura que mezcló tradiciones locales con italianas, españolas, portuguesas, judías, alemanas, libanesas, sirias, y de muchos otros orígenes europeos, americanos, y del medio oriente.

La prosperidad económica vivida durante la mayor parte del siglo XX permitió a miles de venezolanos estudiar en otros países y viajar alrededor del mundo. La apertura y atracción del venezolano hacia culturas extranjeras representa un atractivo para inversionistas globales en busca de consumidores y socios con los cuales hacer negocios, debido a que facilita los entendimientos y reduce los costos de adaptación.

Nuestro país también destaca por sobre todos los demás Mercados Frontera y sobre la mayoría de los Mercados Emergentes en términos del tamaño de su ahorro privado en el extranjero. Según estimaciones hechas en el mundo de la banca privada internacional, el ahorro privado de venezolanos invertido fuera de Venezuela está entre los 450 millardos y los 500 millardos de dólares. Cualquier cifra en este rango es varias veces superior al ahorro privado externo de los peruanos y de los colombianos, por mencionar tan solo dos países con más población, y que hoy gozan de diversas ventajas con respecto a Venezuela ante los ojos de los inversores globales. Estos recursos representan una gran fuente de inversión potencial que en el tiempo pudiese complementar a las inversiones extranjeras. La magnitud de estos ahorros es tan grande, en relación a la economía venezolana, que la progresiva repatriación de una modesta porción de estos recursos tendría un importante efecto acelerador en un eventual proceso de recuperación económica.

Si bien durante más de dos décadas Venezuela ha mostrado algunos de los peores indicadores macroeconómicos del mundo, también es cierto que Venezuela ha demostrado durante el último siglo ser capaz de administrar una economía estable. Entre 1950 y 1979 Venezuela tuvo una inflación anual promedio de 0,3% mientras el Producto Interno Bruto creció a una tasa anual promedio de 6,2%. Dicha estabilidad, permitió, entre otras cosas, que Venezuela haya llegado a tener la calificación crediticia más alta que haya tenido país latinoamericano alguno (calificación “AAA” por Standard & Poors). A diferencia de muchos países en desarrollo que no pueden mostrar en su historia periodos de tiempo significativo con éxito y estabilidad económica, el pasado de Venezuela sugiere que es posible volver a lograrlo.

Claramente contamos con una serie de potencialidades y fortalezas que no solo deberían colocar a Venezuela como uno de los países más atractivos para inversores especializados en Mercados Frontera, si no que algunas fortalezas sugieren potencialidades superiores a las de muchos Mercados Emergentes, incluyendo a varios países suramericanos que hoy gozan de la predilección de los inversores globales activos en América Latina.

Si bien Venezuela no está hoy en el radar de las publicaciones y medios de comunicación enfocados en negocios y finanzas internacionales, eso pudiese cambiar (y seguramente va a cambiar).

El hecho de que durante los últimos meses se haya visto un importante incremento de inversores institucionales extranjeros analizando y ejecutando inversiones debe llevarnos a preguntarnos: ¿Será que estos inversores son los primeros en mucho tiempo en reconocer el gran potencial de revalorización de muchos activos en Venezuela? ¿Será que estas transacciones muestran el comienzo de un proceso de descubrimiento de Venezuela por parte del universo de inversores especializados en Mercados Frontera?

Cualesquiera que sean las respuestas, el hecho es que el interés de inversores institucionales extranjeros está despertando luego de más de una década de ausencia. Han aparecido inversores dispuestos a hacer apuestas a que en Venezuela pueden darse cambios que no solo mejoren el marco regulatorio para los negocios, si no, más importante aún, a que se negocie una solución pacífica y democrática a la situación política. Se trata de apuestas a que una solución política conduzca a ciertos gobiernos extranjeros a facilitar acuerdos entre Venezuela y sus acreedores internacionales, y permita a los organismos multilaterales con sede en Washington D.C. dar acceso a Venezuela a recursos económicos mil millonarios y a distintos tipos de asesorías técnicas.

Estamos entonces ante un renacer de inversiones extranjeras que representan apuestas a una serie de cambios que permitan una sana recuperación económica y una importante revalorización de los activos. Apuestas de muy alto riesgo, sin duda, pero con un potencial de rendimiento muy alto. Estamos ante inversores racionales y sofisticados que están viendo un creciente espacio para el optimismo, y están ya apostando.

2 de febrero 2021

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/renace-la-inversion-extranjera-en-ven...

 10 min


Sergio Ramírez

Uno de mis personajes favoritos del bestiario político centroamericano es el dictador de El Salvador, el general Maximiliano Hernández Martínez, militar y teósofo a la vez. Era un ciego creyente en los poderes de los médicos invisibles, por cuyo consejo mantenía en el patio de la casa presidencial decenas de botellas de distintos colores llenas de agua, que expuestas al sol adquirían facultades sanadoras para cualquier enfermedad, desde la tiña a la disentería. Fue con el agua de una de estas botellas, de color azul, que pretendió curar la apendicitis de un hijo suyo, con resultados fatales. El niño murió entre terribles gritos de dolor.

Cuenta también Roque Dalton en Historias prohibidas de Pulgarcito, que ante una tenaz epidemia de viruela no se le ocurrió nada más sabio que mandar a forrar en papel celofán coloreado las farolas del alumbrado público, pues matizar la luz eléctrica era suficiente para matar las bacterias causantes de la peste, que por supuesto siguió creciendo a sus anchas y matando niños y adultos, indiferente a las artes mágicas del presidente de la República y su corte de médicos invisibles.

Hasta donde es conocido, el presidente Nicolás Maduro no es discípulo de los médicos invisibles, pero sí de Sathya Sai Baba, de probada naturaleza divina, pues se proclamó el mismo en vida avatar del dios Visnú. Maduro visitó a su maestro en el santuario de Puttaparthi en la India, y ahora que ya el gran gurú pasó a otro plano de vida, a lo mejor desde el más allá es quien le aconseja las políticas sanitarias a seguir para enfrentar la pandemia del coronavirus con un gotero.

Para asombro de la comunidad científica internacional, Maduro ha anunciado en cadena de radio y televisión desde el Palacio de Miraflores, que un genio científico de su confianza, “una mente brillante”, cuyo nombre “por el momento se protegerá” ha descubierto una medicina milagrosa, más potente que ninguna de las vacunas patentadas hasta ahora, para acabar de una vez por todas con la pandemia.

“Diez gotitas debajo de la lengua, cada cuatro horas, y el milagro se hace, es un antiviral, muy poderoso, que neutraliza el coronavirus”. La pócima “es producto de varios estudios clínicos, científicos y biológicos que se extendieron durante nueve meses e incluyeron experimentación en enfermos, moderados y graves, que se recuperaron de la enfermedad gracias a estas gotas”. Todo, siempre bajo estricto sigilo. La asombrosa panacea, que vendrá en un frasquito provisto de gotero, se llama Carvativir “mejor conocido como las gotitas milagrosas de José Gregorio Hernández” ha dicho Maduro. Y aquí la manipulación asoma sus peludas orejas.

Este médico de los pobres, nacido en 1864, que ha estado por un siglo en los altares populares, santo de una devoción sincrética, según me recuerda Ibsen Martínez, se graduó en La Sorbona y fue discípulo de Claude Bernard, con lo que no fue de ninguna manera un curandero de aguas de colores, sino un científico pionero, de gran espíritu humanista, quien se entregó de lleno a enfrentar la influenza española, la pandemia de entonces. Murió atropellado por un automóvil en una calle de Caracas en 1919, mientras corría a socorrer un enfermo.

Una figura muy conveniente para endosarle las gotitas milagrosas, pues será beatificado por la iglesia católica este año, con lo que tendrá abierta las puertas de la canonización oficial. Santo ya es, de todas maneras, para los miles que le rezan.

La Academia Nacional de Medicina quitó toda seriedad al anuncio presidencial de las “goticas milagrosas” del doctor Maduro y demandó al régimen que no desinforme a la población creando expectativas falsas. “Esta Academia no tiene conocimiento de estudio alguno que demuestre científicamente la efectividad de este u otro tratamiento ‘natural’ para la enfermedad COVID-19” advierte en un comunicado. Y agrega: “hacemos un llamado al Gobierno nacional y a la población en general a no difundir información carente de sustento científico y a acatar las directrices emanadas de la OMS, ya que puede ser contraproducente en una situación de pandemia, el generar falsa sensación de seguridad en una población vulnerable, dado lo depauperado de la salud de los venezolanos”.

El especialista en salud pública Jaime Lorenzo, ha advertido que al usarse un recurso mágico religioso como este “lo más seguro es que mucha gente crea en el anuncio y al tomar este medicamento relajen aún más las medidas de protección y lo que puede ocurrir es que tengamos una mayor cantidad de casos”.

Los médicos de feria se multiplican en medio de las catástrofes sanitarias, ofreciendo remedios milagrosos, como ya se puede ver en El diario de la peste, de Daniel Defoe, que narra la plaga mortal que asoló Londres hace 350 años. La desesperación ante la inminencia de la muerte hace que se empiece a creer en el poder curativo de los brebajes de hierbas, del aceite de culebra, o de los sahumerios de azufre.

Lo grave es cuando desde los palacios presidenciales se proclaman las virtudes de las aguas de colores y la luz tamizada de las farolas, como solía hacer el general Hernández Martínez, o el poder de gotas milagrosas aplicadas debajo de la lengua cuatro veces al día, según receta el doctor Maduro.

1 de febrero de 2021

https://www.almendron.com/tribuna/las-gotas-milagrosas-del-doctor-maduro/

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Emmanuel Macron, Angela Merkel, Macky Sall, António Guterres, Charles Michel, Ursula von der Leyen

En septiembre de 2000, 189 países firmaron la «Declaración del Milenio», que establece principios de cooperación internacional para una nueva era de progreso hacia objetivos compartidos. Terminada la Guerra Fría, confiábamos en nuestra capacidad para crear un orden multilateral que permitiera enfrentar los grandes retos del momento: el hambre y la pobreza extrema, el deterioro del medioambiente, las enfermedades, las crisis económicas y la prevención de conflictos. En septiembre de 2015, todos los países volvieron a comprometerse con un programa ambicioso para el abordaje conjunto de los desafíos globales: la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030 de las Naciones Unidas.

El mundo experimenta tendencias divergentes, por las que una mayor prosperidad mundial fue acompañada de persistencia o aumento de desigualdades. Ha habido una expansión de la democracia, al tiempo que resurgían el nacionalismo y el proteccionismo. En las últimas décadas, dos grandes crisis, que afectaron en gran medida a las sociedades y debilitaron el marco de políticas compartido, sembraron dudas sobre nuestra capacidad para superar perturbaciones, resolver sus causas básicas y garantizar un futuro mejor para las generaciones venideras. También fueron un recordatorio del grado de nuestra interdependencia.

Las crisis más graves demandan las decisiones más ambiciosas para definir el futuro. Creemos que esta puede ser una oportunidad de recrear consenso para un orden internacional basado en el multilateralismo y en el Estado de Derecho, en un marco eficaz de cooperación, solidaridad y coordinación. Imbuidos de este espíritu, estamos decididos a trabajar juntos, en el contexto de la Organización de las Naciones Unidas, los organismos regionales, foros internacionales como el G7 y el G20, y coaliciones ad hoc, para resolver los desafíos globales que enfrentamos y enfrentaremos.

La primera emergencia es la sanitaria. La crisis de la COVID‑19 es la mayor prueba a la que ha sido sometida la solidaridad global en generaciones. Ha sido el recordatorio de un hecho evidente: frente a una pandemia, la cadena de la seguridad sanitaria se rompe por el sistema de salud pública más débil. Mientras haya COVID‑19 en cualquier lugar, las personas y economías de todo el mundo estarán en riesgo.

La pandemia exige una decidida respuesta internacional coordinada para ampliar en el menor tiempo posible el acceso a kits de diagnóstico, tratamientos y vacunas, reconociendo que la inmunización a gran escala es un bien público mundial que debe estar al alcance de todos a un costo accesible. En este sentido, damos nuestro total apoyo al Acelerador del acceso a herramientas contra la COVID‑19, una plataforma internacional lanzada por la Organización Mundial de la Salud y el G20 en abril.

Para que pueda cumplir su misión, es necesario ampliar con urgencia el apoyo político y financiero al Acelerador. Además, somos partidarios de que haya libre flujo de datos entre los participantes y se otorguen licencias voluntarias para el uso de productos patentados. A más largo plazo, también necesitamos una evaluación independiente e integral de nuestra respuesta, para extraer todas las enseñanzas posibles de esta pandemia y prepararnos mejor para la siguiente, un proceso en el que a la OMS le corresponde un papel central.

También estamos ante una emergencia medioambiental. En preparación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) que se celebrará en Glasgow en noviembre, tenemos que intensificar nuestros esfuerzos en pos de limitar el cambio climático y crear economías más sostenibles. Es probable que en los primeros meses de 2021, varios países que constituyen más del 65% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero hayan formulado ambiciosos compromisos con la neutralidad de carbono. Ahora es necesario que todos los gobiernos nacionales, empresas, ciudades e instituciones financieras se unan a la coalición mundial para la reducción a cero de la emisión neta de CO2, según el Acuerdo de París sobre el clima, y que empiecen a implementar planes y políticas concretos.

La pandemia causó la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. Recuperar una economía mundial sólida y estable es una prioridad fundamental. De hecho, esta crisis pone en riesgo los avances de dos décadas en la lucha contra la pobreza y la desigualdad de género. Las desigualdades, al debilitar la cohesión social, son una amenaza para la democracia.

No hay duda de que la globalización y la cooperación internacional han ayudado a miles de millones de personas a salir de la pobreza; pero casi la mitad de la población mundial todavía tiene dificultades para satisfacer necesidades básicas. Y en muchos países, las diferencias entre ricos y pobres se han vuelto insostenibles, las mujeres siguen sin igualdad de oportunidades y muchas personas todavía no ven pruebas de que la globalización las beneficie.

Mientras ayudamos a las economías a superar la peor recesión desde 1945, nuestra prioridad central sigue siendo garantizar el libre comercio basado en reglas, como importante motor de crecimiento inclusivo y sostenible. Por eso, debemos fortalecer la Organización Mundial del Comercio y aplicar a la recuperación económica todo el potencial del comercio internacional. Al mismo tiempo, la protección del medioambiente y de la salud, así como los estándares sociales, deben ocupar un lugar central en los modelos económicos sin dejar de garantizar las condiciones necesarias para la innovación.

Necesitamos una recuperación mundial que llegue a todos. Esto implica incrementar el apoyo a los países en desarrollo (sobre todo en África), tomando como base y ampliando acuerdos de colaboración ya suscritos, como el Pacto del G20 con África y su esfuerzo conjunto con el Club de París en el contexto de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda. Es esencial dar más apoyo a esos países en la reducción de sus deudas y el acceso a financiación sostenible para sus economías, apelando para ello a todo el instrumental financiero internacional, incluido el activo de reserva del Fondo Monetario Internacional: los derechos especiales de giro (DEG).

Las nuevas tecnologías se han vuelto importantes herramientas de progreso e inclusión, que contribuyen a crear sociedades, economías y estados más abiertos y resilientes, y salvaron vidas durante la pandemia. Pero casi la mitad de la población mundial, y más de la mitad de las mujeres y niñas, siguen sin acceso a Internet y a sus beneficios.

Además, el considerable poder de las nuevas tecnologías también se puede usar para limitar derechos y libertades de la ciudadanía, difundir el odio o cometer delitos graves. Tenemos que trabajar sobre la base de iniciativas previas e involucrar a todas las partes interesadas pertinentes, para implementar una regulación eficaz de Internet, a fin de crear un entorno digital seguro, libre y abierto que permita el flujo de datos en un contexto de confianza. Los beneficios deben llegar sobre todo a las personas más desfavorecidas, lo que incluye resolver los problemas tributarios que plantea la digitalización de la economía y combatir la nociva competencia impositiva.

Por último, la crisis sanitaria interrumpió la educación de millones de estudiantes. Debemos mantener la promesa de proveer educación universal y preparar a la nueva generación con una formación científica y práctica básica, que también incluya la comprensión de otras culturas, la tolerancia y aceptación del pluralismo, y el respeto a la libertad de conciencia. La niñez y la juventud son nuestro futuro, y su educación es fundamental.

A la hora de enfrentar estos desafíos, el multilateralismo no es una mera técnica diplomática, sino un modo de configurar un orden mundial y una forma muy concreta de organizar las relaciones internacionales, basada en la cooperación, el Estado de Derecho, la acción colectiva y la adherencia a principios compartidos. En vez de enfrentar civilizaciones y valores, tenemos que crear un multilateralismo más inclusivo, que respete nuestras diferencias lo mismo que los valores compartidos que están consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El mundo después de la COVID‑19 no volverá a ser el mismo. Hagamos uso de los ámbitos de diálogo y oportunidades disponibles (por ejemplo el Foro de París para la Paz) para avanzar con ideas claras hacia la solución de estos desafíos. Invitamos a líderes políticos, económicos, religiosos e intelectuales a participar en este diálogo global.

3 de febrero 2021

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/multilateralism-for-the-mas...

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Eddie A. Ramírez S.

Descuartizó las refinerías de petróleo en Venezuela y también las que teníamos en el exterior. Por eso no hay gasolina, diésel, ni lubricantes. Alguien podría pensar que el descuartizador es un partidario de las energías renovables. Sin embargo, ¡Oh sorpresa!, no es un militante de Greenpeace, sino un adorador del oro negro, aunque su antiguo compinche Maduro sostiene que su preferencia es más por el metal.

El descuartizador ha declarado y escrito que “el gran negocio está en producir petróleo, que la refinación no hace falta para venderlo y que esos hierros, refiriéndose a Citgo, están en territorio hostil, por lo que en el 2013 propuso a Maduro venderlos”. Ello explica por qué no se invierte en nuestras refinerías, por qué se han vendido casi todas las del exterior y por qué no le importa que las embarguen. Como consecuencia, estamos importando combustibles y lubricantes y, cuando aumentemos la producción de petróleo tendremos dificultades para colocarlo en el mercado más favorable.

En Venezuela, nuestras cinco refinerías tenían una capacidad de procesamiento de 1.300.000 barriles por día. ¿Cuántos procesan hoy día? Quizá no más de un 15 por ciento y todas las semanas se producen accidentes. Recordemos el de Amuay que costó la vida a 42 venezolanos. Por cierto, que Iván Freites, el dirigente sindical que hacía las denuncias tuvo que asilarse. Hoy dependemos de la gasolina iraní.

Las refinerías en el exterior se adquirieron para garantizar mercado, lo cual era necesario a medida que aumentara la producción. El problema es que se limitó la extracción para lograr mejores precios. Esta política es errada, ya que con las cuantiosas reservas que tenemos y con el tiempo limitado del rol del petróleo como principal fuente de energía, lo razonable es extraer la mayor cantidad posible. Por otra parte, una mayor actividad petrolera favorece a la población de las zonas productoras. La política de restricción de la producción se justificó cuando se desconocía el monto de nuestras reservas. Hoy es una estupidez.

En Alemania tuvimos participación en tres refinerías en asociación con Ruhr Oel. Las mismas tienen una capacidad de procesamiento de 682.000 barriles por día (b/d), de los cuales 183.000 b/d era la participación de Pdvsa. Hoy no las tenemos. Con la sueca Nynas tuvimos participación en cinco refinerías, con capacidad de procesar 63.000 b/d, de los cuales nos correspondían 36.000 b/d, hoy reducidos a 9.450 b/d. En Curazao teníamos arrendada una refinería de 335.000 b/d de capacidad, pero por negligencia nos la quitaron. En Estados Unidos tuvimos participación total o parcial en ocho refinerías, con capacidad de 1.805.000 b/d, de los cuales 1.346.000 b/d eran nuestros. Hoy solo tenemos tres del circuito Citgo, con una capacidad de procesar 749.000 b/d, y su directiva realiza esfuerzos para cancelar deudas y efectuar las inversiones que dejaron de hacerse.

El descuartizador de refinerías resultó selectivo. Consideró que el mercado de Europa y de Estados Unidos era menos importante que el de Cuba, Jamaica y República Dominicana. Por razones políticas, Pdvsa adquirió refinerías en estas islas con capacidad para 134.000 b/d, de los cuales nuestra participación era de 66.000 b/d. En la de Cuba, invertimos 1.200 millones de dólares para ponerla a funcionar, a pesar de que no era rentable. Probablemente el régimen cubano asumió que, con nuestros envíos gratis de crudo, sí era negocio para ellos. Aunque usted no lo crea, el gobierno castrista se apropió de nuestra participación. Las de Jamaica y República Dominicana también las perdimos por no cumplir con el compromiso de enviarles petróleo.

Es decir, que teníamos con nuestros socios una capacidad de refinación en el exterior de 3.019.000 b/d, de los cuales 1.966.000 b/d nos pertenecían. Hoy solo contamos en el exterior con capacidad propia para procesar 758.450 b/d, o sea Citgo más nuestra participación en Nynas. En números redondos, perdimos posibilidad de colocar con nuestros socios 2.200.000 b/d, de los cuales 1.200.000 b/d era nuestra participación.

Unas refinerías fueron mal vendidas, otras las perdimos por no cancelar deudas. Ahora está pendiente el caso de Citgo, instalaciones que no hemos perdido gracias a las gestiones del gobierno interino del presidente Guaidó. Irresponsablemente, Chávez-Maduro expropiaron activos de Crystalex y de Conoco Phillips y no compensaron por esa acción arbitraria; también por darla en garantía de Bonos de la deuda y para obtener préstamos. Despilfarraron esos dineros y no pagaron. ¡Qué irresponsables! Ojalá no perdamos Citgo, hoy solo amparada por una disposición del presidente de Estados Unidos vigente hasta junio y que esperamos sea renovada.

Se vendió Borco, en Bahamas, a precio de gallina flaca, con capacidad de almacenamiento de 21,6 millones de barriles, y por falta de mantenimiento perdimos las instalaciones de Bopec en Bonaire, con capacidad de almacenamiento de 12 millones de barriles. Hoy, con las dificultades derivadas de la pandemia por el coronavirus, esas instalaciones tienen una gran importancia estratégica.

Durante su período en Pdvsa, el descuartizador recibió la producción de petróleo en 2.620.000 b/d y la entregó en 2. 332.000 b/d, según datos de la Opep. Hoy, sus pupilos tienen la producción de crudo en solo 431.000 b/d.

En Mérida, cuentan los chismosos, que en la década de los 60, la policía apresó a alguien pintando el conocido grafiti RR (Renuncia Rómulo), pero tuvo que dejarlo libre ante el alegato lloroso de que solo estaba escribiendo sus siglas. Adivina, adivinador, ¿cómo se llama el descuartizador?

Como (había) en botica:

Gente del Petróleo y Unapetrol del Estado Monagas emitieron recomendaciones para evitar los frecuentes accidentes por fuga de gas y explosión de bombonas. Ojalá el régimen las atienda.

La invasión a la Escuela Agropecuaria Salesiana en Barinas y la anterior al Colegio de Agricultura de Fundacea, así como las restricciones presupuestarias y acoso por el hampa a nuestras Facultades de Agronomía y Veterinaria evidencian el abandono del sector agrícola.

Lamentamos los fallecimientos de Dimas Ibarra, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol; también del distinguido economista Héctor Silva Michelena.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail

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