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Opinión

Pilar Jericó

La experiencia es importante, pero, llegado a un punto, puede convertirse en un lastre. En entornos complejos tiene un peso relativo y hasta puede ser negativa. Robin Hogarth, profesor emérito de la Universidad Pompeu Fabra, define los entornos de aprendizaje en los que nos movemos en dos tipos: los buenos y los malos. Los primeros son aquellos donde los patrones se repiten una y otra vez y las respuestas de las acciones son precisas y rápidas, como puede ser jugar al ajedrez, al golf o hacer cerámica. Las reglas de juego no varían y el aprendiz mejora simplemente repitiendo la actividad e intentando mejorarla.

La mayor parte de las veces vivimos en entornos malos, donde las reglas de juego no están claras ni son equitativas. En esos entornos nuestras decisiones se complican. Pueden existir ciertos patrones, repetidos o no, pero pueden llegar a cambiar completamente. Así sucede en la sociedad, en la interacción con las personas o en el mundo de la empresa. De repente, un competidor de otro sector irrumpe en el mercado y lo transforma. O una persona más creativa llega a nuestro departamento y destaca por sus ideas. Solemos vivir en entornos malos y cuando estos se complican, la experiencia puede llegar a jugar en nuestra contra. Nos aferramos a lo conocido mientras se nos escapan muchas otras variables que nos rodean.

El periodista estadounidense David Epstein propone la manera de solucionar este problema en su maravilloso libro Amplitud (Empresa Activa). La alternativa es desarrollar una mentalidad amplia de miras o tener un pie fuera del mundo que tanto conocemos. En su texto detalla con múltiples ejemplos el potencial de abrirnos a otras experiencias y de huir de la hiperespecialización. Esta nos limita para vivir en el mundo actual y en entornos tan malos o inciertos como los que tenemos.

La importancia de abrirse a otros conocimientos diferentes de los que nos dan de comer se puede comprobar en un dato muy sencillo. Cualquier persona de a pie tiene las mismas posibilidades de realizar un hobby que quienes ganan un premio Nobel. Sin embargo, con respecto a un científico, los galardonados por el Nobel tienen hasta 22 posibilidades más de ser, además, actores, bailarines, magos o cualquier otro tipo de artista. Si se comparan científicos reconocidos a nivel nacional con aquellos más discretos, los primeros tienen más posibilidades de ser escultores, músicos, pintores, carpinteros, mecánicos, escritores o poetas. Como concluye Epstein: los expertos exitosos pertenecen también a un mundo más amplio. Esta conclusión no es válida solo en la ciencia, también en la ingeniería, en las ventas o en la música.

Para entrenar nuestra amplitud de miras no basta con desarrollar la curiosidad por algo que se aleje de nuestra experiencia, sino imbuirnos en otros conocimientos. No basta con conocerlos por encima, sino experimentarlos, comprenderlos y aprenderlos. Esta propuesta desmonta el concepto de las 10.000 horas de entrenamiento como el gran camino para alcanzar la excelencia, tal y como defendió la Cambridge Handbook of Expertise and Expert en un estudio publicado en 2006 que ha servido de inspiración para múltiples libros y autores. Parece que esta teoría solo se puede aplicar en entornos buenos.

Para tener éxito, por supuesto, hay que practicar, pero también abrirse a nuevas experiencias que nos permitan ganar en flexibilidad mental. Dicha actitud la denominamos en un artículo anterior el curriculum B, aquella que no se suele reconocer en nuestros resúmenes profesionales, pero que, sin embargo, nos abre las puertas para la excelencia o el éxito. O como lo resume magníficamente el Nobel Ramón y Cajal, padre de la neurociencia moderna, “a aquel que observa desde lejos, que pareciera que estuviesen dilapidando y dispersando su energía, cuando, en realidad, la está canalizando y fortaleciendo”.

Epstein abre las posibilidades a un nuevo desafío: fomentar la amplitud de miras y el pensamiento interdisciplinar en un mundo que incentiva e, incluso, demanda la hiperespecialización. Así pues, si pensamos en cada uno de nosotros, ¿qué podemos hacer para tener una mayor amplitud de miras?

17 de marzo 2021

El País

https://elpais.com/elpais/2021/03/16/laboratorio_de_felicidad/1615890223...

 3 min


José Machillanda

El régimen militarista intempestivamente el domingo 14 de marzo en la tarde ordena cercar a Caracas y el estado Miranda, argumentando para ello el crecimiento de la pandemia en Venezuela. Así muestra el régimen su irresponsabilidad e incapacidad como gobierno y nos recuerda la morisqueta militarista de hace un año, cuando por ignorante y militarista creyó que hombres armados detendrían el virus de la COVID-19. La diferencia hoy es que el venezolano está harto de mentiras y está en cuenta de las grandes falacias en la política pública sanitaria del régimen, ya que no existen hospitales, ni médicos ni medicinas para dar la respuesta asertiva a una peligrosísima situación sanitaria, que requiere del empleo de la ciencia médica, de la logística, planificación y sobre todo una gran capacidad sanitaria que Venezuela perdió en los últimos 10 años con el socialismo militarista.

El régimen militarista vuelve a improvisar por irresponsable y farsante, impone medidas que nada tienen que ver con la pandemia. Se imagina en su torpeza y arbitrariedad que con el control del Estado Cuartel está vez resolverá la grave crisis sanitaria que afecta a miles de venezolanos, que a estas alturas tienen conciencia real de su ineptitud e insolvencia. El gobierno multiplicase en los medios de comunicación para atemorizar, paralizar el desenvolvimiento ciudadano, con lo cual supone ganará tiempo. El régimen aún no entiende su gran fracaso: carece de hospitales, no tiene medicinas, mucho menos personal médico, que es lo que requiere la población para esta pandemia mientras que el régimen militarista por ignoto responde con una cerca militar en la geografía de Caracas y el estado Miranda.

Máxima torpeza y un sin sentido del postchavismo asustado, que la gran mayoría de ciudadanos rechaza y ya reclama para que cumpla con esa demanda prescrita que es la salud de la población. La sociedad venezolana como cuerpo exige el esclarecimiento de la falta de acción para contener tan delicada realidad, igualmente el presupuesto para la salud pública y en tercer término por qué eso de cercar con cuerpos armados y limitar el movimiento ciudadano. La sociedad exige al régimen explique y aclare dónde, cuándo y cómo han empleado lo recursos que debió invertir durante diez años en y para la sanidad de los ciudadanos. Venezuela y los venezolanos no admiten ni toleran más torpezas.

El régimen postchavista y sus uniformados más el cerco contra la ciudadanía muestra improvisación e ignorancia extrema, que terminan siendo factores de provocación a la Implosión Social. El ciudadano está harto de sometimiento, vigilancia persecución y maltrato que ha venido sufriendo durante los último cinco año, específicamente en lo que se conoce como la guerra civil de Venezuela en el año 2017. Fue el momento cuando el régimen activó el Plan Zamora y Plan Zamora 1, que quedó como registró 132 asesinatos, 4250 lesionados y 4848 detenidos (abril, mayo, junio y julio de 2017).

El régimen militarista y su acción de cercar sirve de muestra de la incapacidad e ignorancia de las bocas de fuego como factor central para desviar la atención, ganar tiempo, hacer propaganda y, sobre todo, crear pánico en el venezolano. Un venezolano que ha respondido con conciencia venezolanista, pero está igualmente convencido que la dominación pretendida por la tiranía tendrá un respuesta cívica-política como lo será la reinstalación de la democracia, que ya comenzó el 6D cuando en la farsa electoral la respuesta fue Abstención No Opaca.

Desde el 6D y ahora con el cerco, lo que esa acción significa se nota en el miedo del régimen incapaz, maniobrero, sin política sanitaria, pero además amarrado a la subpolítica, donde sin ningún escrúpulo se atreve a ordenar casi un acuartelamiento. Pretende con ello impactar al núcleo social, resulta que la ciudadanía está dispuesta y decidida a lograr la democracia y la libertad. El régimen es toda improvisación, usa el Estado Cuartel, potencia la inseguridad en la ciudadanía como vía de control y como gobierno no puede mostrar un respuesta científica con médicos y medicinas para contener una pandemia, donde lo único que es posible es maximiza la ciencia médica, las vacunas y los hospitales que el régimen -por mañoso y primitivo- no tiene.

El régimen armado y arbitrario lo que sí desarrolla a diario es una propaganda perversa, con la cual se imagina que puede engañar a la masa democrática cuantificable, que está ya dispuesta a desplazar tanto el primitivismo como la arbitrariedad del socialismo militarista. Socialismo militarista cercador y engañoso, incapaz de desarrollar una acción política pertinente que potencia la confianza la sociedad ante una pandemia, que todavía no se ha enterado que ello se logra mediante la ciencia, los medicamentos, las vacunas y, sobre todo, con personal sanitario que muestre junto al saber un gran respeto por la salud pública venezolana.

Es original,

Director de CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 16 de marzo de 2021

 3 min


Eddie A. Ramírez S.

Todavía resuenan las palabras del populista y depravado nativo de Capacho, quien llegó al poder junto con algunos nuevos hombres, pero que no cambió los procedimientos, ni tampoco promovió nuevos ideales. Cipriano Castro reposa inmerecidamente en el Panteón Nacional, del cual debería ser removido. Así mismo, Fabricio Ojeda, también admirado por Chávez, y otros que lucharon por un ideal, pero que no tienen méritos para descansar junto a los héroes de la independencia y a venezolanos ilustres. Ahora surgen voces calificadas que predican la necesidad de nuevos hombres para poner fin a la narcodictadura de Maduro, y nuevos procedimientos para que las decisiones no se tomen en cogollos mediocres; paralelamente, mantienen los únicos ideales que unen a la oposición: la instauración de una verdadera democracia, la desaparición de las desigualdades sociales y el mejoramiento de la calidad de vida de los venezolanos.

Los hombres y mujeres que fungen como dirigentes de la oposición están sujetos a críticas, con razón o sin ella, por no haber aglutinado a quienes nos oponemos al régimen de Maduro y por no haber puesto fin a su usurpación. El relevo de esa dirigencia puede producirse por tres vías: 1- Renuncia de la misma. 2- Surgimiento de nuevos liderazgos que los desplacen y 3- Mediante elecciones primarias que pongan a cada quien en el lugar que les corresponde, acorde con la opinión de la mayoría.

En nuestro medio la regla general es que pocos dirigentes se inclinan por renunciar. El caso más evidente fue el del presidente Caldera, quien prefirió sacrificar a sus delfines y a su partido para no pasar a un segundo plano. Por el contrario, más recientemente está la decisión de Ramón Guillermo Aveledo de renunciar a la Secretaría General de la Mesa de Unidad Democrática por problemas internos, a pesar de su excelente labor y gran aceptación por parte de los ciudadanos independientes.

El surgimiento de un nuevo liderazgo no es fácil de visualizar. A veces se produce como consecuencia de un trabajo de hormiga. Otras por algún hecho notorio, fortuito o no. Cipriano Castro llegó a la presidencia por el descalabro de fuerzas gubernamentales que eran superiores a la suya. En cambio, Juan Vicente Gómez ganó el poder por su tesón. Hugo Chávez llegó a Miraflores por el desprestigio de sus oponentes. El presidente interino Juan Guaidó ocupa ese cargo por la circunstancia fortuita de ocupar la presidencia de la Asamblea Nacional. Por ahora, él es quien tiene mayor aceptación y por eso recibe ataques de tirios y troyanos.

Realizar unas elecciones primarias para seleccionar un nuevo liderazgo suena una opción atractiva. En estos momentos quizá tiene los siguientes escollos: 1- Que los actuales actores no acepten medirse, ya que algunos disfrutan de una cuota de la palestra a pesar de no tener gran respaldo popular. 2- Al no existir otros líderes visibles, terminaríamos eligiendo a los mismos ya conocidos y 3- Guaidó está reconocido o aceptado por la mayoría de los países democráticos; convocar unas primarias lo debilitaría internacionalmente y afectaría negativamente la posición que existe en contra de Maduro.

Salvo que las circunstancias cambien, pareciera que lo sensato es mantener el mismo liderazgo, pero instarlo a cambiar los procedimientos. Es necesario ampliar el grupo que toma decisiones para incorporar tanto a otros dirigentes políticos, como a personalidades de la sociedad civil. Es decir, que los ciudadanos se sientan mejor representados. Ese cambio permitiría entusiasmar a los ciudadanos demócratas para crear un movimiento que permita poner fin a la usurpación de Maduro y a su parapeto de Asamblea Nacional e iniciar la recuperación del país. El trabajo debe estar dirigido a organizar una huelga general, que es un instrumento más efectivo que las manifestaciones. Estamos conscientes de que no es fácil, ya que los paramilitares rojos, la Guardia Nacional y los jueces sumisos amedrentan a comerciantes e industriales. Para lograr que todos se sumen a la huelga deben percibir que hay una dirigencia unida, dispuesta a poner fin a la usurpación y a no coquetear con posibles cargos de gobernadores.

Se puede entender que los habitantes de la provincia prefieran intentar desplazar a los gobernadores rojos. La pregunta es ¿qué hemos logrado en las cuatro gobernaciones que nos permitieron ganar? ¿Acaso los ciudadanos de esos estados cuentan con mejores servicios de salud, educación, electricidad, agua y gas? ¿Disponen de gasolina y de diésel? ¿Sus agricultores tienen acceso a semillas, fertilizantes y pesticidas? ¿Se eliminaron en esos estados las alcabalas de la Guardia Nacional en las que matraquean a quienes transportan alimentos y otras mercancías? ¿Acaso los sueldos y salarios les alcanzan para adquirir alimentos y medicinas? Si la respuesta es positiva se justificaría intentar ganar gobernaciones. Caso contrario, no tiene sentido aceptar las pocas dádivas que otorga el régimen para guardar ciertas apariencias y lo procedente es acatar lo aprobado en la Consulta Popular de diciembre y cerrar filas con una oposición que tiene que unirse y que dispone de un Plan País para recuperar a Venezuela.

Como (había) en botica:

Felicitaciones a la luchadora Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas, a quien le fue otorgado el Premio Internacional Mujeres de Coraje, por el Departamento de Estado de USA.

Felicitaciones a Gustavo Dudamel por el merecido Gramy.

Contundentes las palabras de María Corina ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por la alcahuetería de varios de los miembros de ese organismo, que el día de ayer cumplió 15 de fundado.

Rechazamos el encarcelamiento de la expresidenta interina de Bolivia Jeanine Áñez, ordenada por Evo Morales.

Lamentamos el fallecimiento de Dionys Quintero, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Raquel Esther Jorge-Ricart

El 9 de marzo de 2021 la Comisión Europea publicaba su Digital Compass, el primer documento pormenorizado por el que se traducen las aspiraciones de la llamada “Década Digital de Europa” en objetivos medibles, concretos y delimitados para el escenario 2030. Todavía no ha recibido demasiada atención mediática, pero se trata de un paquete relevante, no tanto por las cuatro líneas de acción –interesantes y necesarias– que presenta, sino más bien por los riesgos en los que la Unión Europea podría sumergirse si la estructura de gobernanza que ha planteado no se llega a forjar de una manera coherente y cohesionada. Estos riesgos se refieren tanto a capacidades y policy, como a la necesidad de mantener y generar confianza y entendimiento entre las instituciones comunitarias y los Estados miembros en un asunto, como la digitalización, que no ha terminado de permear de la misma forma en las arquitecturas institucionales de los distintos países –Ministerios, Oficinas, Estrategias Nacionales– ni en la propia aceptabilidad y concienciación de la misma a nivel social.

El Digital Compass se ha lanzado en un momento idóneo, pero el trabajo real –que empieza ahora– es hacer de los distintos mecanismos un marco robusto. Para ello, analizamos los aprendizajes obtenidos por las limitaciones de otros mecanismos europeos satélites –como el Strategic Compass para seguridad y defensa, o el propio 5G Toolbox–, y planteamos vías de acción para hacer que el Digital Compass, además de medidas realizables, disponga de una estructura sólida de checks and balances, de coordinación real entre las instituciones europeas y las divergencias entre Estados miembros, de coherencia en policy, y de evaluación y monitorización efectivas por parte de las instituciones, pero también del resto de actores que ya juegan un papel clave en la transformación digital de la próxima década: la sociedad civil y las corporaciones.

Una estructura de gobernanza sólida para muchos ejes ambiciosos

Antes de entrar en esta cuestión, el primer paso es definir los cuatro “puntos cardinales” en torno a los cuales esta Brújula Digital europea va a girar:

Una ciudadanía capacitada y empoderada digitalmente, así como profesionales del sector, con mayor presencia femenina.

Infraestructuras digitales seguras, sostenibles y eficaces.

La transformación digital de las empresas.

La propia digitalización de los servicios públicos.

Lo cierto es que estos cuatro ejes incluyen muchos objetivos, muy ambiciosos y que van a implicar una elevada cantidad de palancas a activar, reactivar o, directamente, crear. Podríamos preguntarnos si todas estas metas son factibles, realistas y, sobre todo, realizables para 2030. Sin embargo, la cuestión clave en esta Brújula Digital europea s, más que ir meta por meta, razonar si la estructura de gobernanza “paraguas” que se ha creado en torno a ellas es suficientemente sólida.

La estructura de gobernanza de la Brújula Digital europea se compone de un modelo “3+1”: los tres primeros como herramientas esenciales para el diseño, implementación y evaluación de dichas metas a nivel interno de la UE; y el último como factor de empuje para su internacionalización. Sin embargo, es importante mencionar que el cariz geopolítico de esta Brújula Digital europea no se menciona prácticamente en todo el documento. Esta dimensión debería ser abordada en los siguientes pasos, una vez se operacionalice el Programa Digital Policy al final del verano de 2021, y se avance en la declaración interinstitucional en la UE de los Principios Digitales para finales de 2021.

Cuantificación de las metas específicas en KPIs

Creación y lanzamiento de proyectos multi-país

Sistema de monitorización

Acuerdos internacionales

Medición cuantitativa y estandarizada del desempeño de las metas.

Monitorización de brechas en capacidades digitales, de infraestructuras y críticas.

Construcción de consensos y acuerdos para facilitar implementación.

Informes anuales por proyecto multi-país.

Marcadores (scoreboards).

Informe Anual del Estado de la Década Digital Europea: progreso hacia metas 2030 con un sistema de puntos “semáforo” por colores.

Eurobarómetro anual: percepción social del respeto a los derechos y valores en el mundo digital.

Alineación o convergencia de otros países con las normas y estándares regulativos.

Paquetes de economía digital y establecimiento de acuerdos internacionales a través de los distintos fondos digitales.

Fuente: Elaboración propia (2021).

Algunas recomendaciones de mejora

Este sistema de estructura fomenta la vigilancia de todas las medidas desde su diseño e implementación, hasta su evaluación y rendición de cuentas. Sin embargo, para que esta estructura sea robusta, efectiva y sostenible a largo plazo se necesita tener en cuenta varios riesgos a evitar:

Ni los ejes ni las medidas específicas pueden abordarse bajo el mismo modelo de gobernanza. Basándose en el Modelo de Gobernanza Anticipatoria del OPSI-OCDE, cada medida debería verse como una gobernanza propia que se entremezcla, no solo con las medidas y métricas que forman parte de su eje, sino también del resto de ejes.

Existen cuatro modelos de innovación que podrían aplicarse de forma diferenciada según dos variables. En primer lugar, según la audiencia de cada medida y a qué actores necesita involucrar (si va dirigido hacia las instituciones comunitarias, a la arquitectura de los Estados miembros, o a la propia ciudadanía o a las corporaciones). En segundo lugar, según la “normalidad” de la medida, es decir, si es una medida que ya se ha empezado a desarrollar o, al menos, es conocida por parte de los policy-makers, o si es un asunto disruptivo que todavía no se ha abordado (como el primer ordenador cuántico para 2030, pese al ya existente buque insignia desde 2018). Los cuatro modelos son

Mission-Oriented Innovation (de arriba a abajo, formulación).

Anticipatory Innovation (explorar nuevos temas radicales y disruptivos).

Adaptive Innovation (de abajo hacia arriba, responder a temas que ya existían, pero no se habían entrelazado hasta el momento).

Enhancement-Oriented Innovation (explorar tema ya conocido, incrementando su potencial).

Desde un punto de vista geopolítico, el Digital Compass debe trabajar por evitar caer en los mismos riesgos que han experimentado mecanismos anteriores:

Debería darse una definición más delimitada de “soberanía digital”, que ponga en relación la soberanía interna (mercado único, poder normativo, capacidades) con la acción exterior (competencias a decidir si repartidas o exclusivas entre el Servicio de Acción Exterior y los Comisarios de Competitividad y Mercado Único, y las correspondientes Direcciones Generales).

Se reitera la importancia de proyectos multi-país para facilitar la colaboración entre los Estados miembros (en policy), pero la propia Brújula Digital europea debería fomentar actividades de generación de confianza política como hilo conductor, que abarque a toda la UE en todos los niveles gubernamentales, para garantizar que cualquier proceso de toma de decisión que involucre lo digital se haga de forma sostenida, sin retrasos, tanto política como geopolíticamente desde el principio. La digitalización forma parte cada vez más de las estrategias nacionales de los Estados miembros y del policy comunitario, pero no ha madurado lo suficiente para constituirse como “política comunitaria” de negociación entre partidos o Estados miembros –que no policy, dos caminos muy distintos.

El objetivo de esta medida sería la de evitar los retrasos en las negociaciones iniciales del Strategic Compass en Seguridad y Defensa, enel que los Estados miembros tenían grandes diferencias a la hora de definir un mapeo de amenazas conjunto a nivel comunitario. En materia digital, las prioridades de cada Estado miembro van a ser distintas, así como sus capacidades. El entendimiento y la generación de medidas de confianza y de intercambio de información de carácter más político que de policy debe ser un proceso permanente desde el inicio de la Brújula Digital europea. Esto permitirá pasar de las políticas públicas digitales a hacer del mundo de lo digital una ventana realmente política dentro de la UE.

Debería incrementarse todavía más el foco en la digitalización como bien común para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y otras acciones como tecnologías humanitarias o participación de la sociedad civil. Ello requiere que la Brújula Digital europea debería geopolitizar en mayor medida el propio Servicio de Acción Exterior de la UE, permeándose a lo largo de los distintos departamentos y Direcciones Generales dentro del mismo. De esa forma, se evitarían posibles retrasos en la implementación de medidas comunes a todos los Estados miembros, como ya ha ocurrido con el 5G Toolbox, puesto que, pese a que la estrategia en 5G de cada país tenía una estructura de gobernanza en policy similar (en cuanto a instrumentos; no en lo referido a sus objetivos, criterios o mandato), sí es cierto que la visión geopolítica era altamente variable y difería de forma importante en algunos casos, con lo cual los resultados de despliegue han terminado siendo menores de lo esperado.

En conclusión, el recientemente publicado Digital Compass presenta una serie de oportunidades, objetivos y métricas valiosas en tanto que estipula los límites mínimos y máximos del policy en sí. Esto permite delimitar el camino de forma coordinada y cohesionada. Sin embargo, su estructura de gobernanza (su marco paraguas) necesita reforzar el cariz geopolítico y político tan necesario para evitar retrasos en la toma de decisiones por parte de los Estados miembros y su coordinación con las instituciones, así como para conseguir una definición más precisa –desde el principio–, no solo de capacidades y métricas, sino de ecosistemas de confianza y mapeo de riegos comunes que no lleven, como en experiencias anteriores como el Strategic Compass, al retraso en la definición de estrategias y en la propia implementación de la digitalización como acción exterior.

ElCano

15 de marzo 2021

https://blog.realinstitutoelcano.org/el-nuevo-digital-compass-de-la-ue-r...

Ver documento europeo en el anexo

 7 min


Kermit Pattison

Esta es la historia de dos esqueletos.

Es la hazaña de un par de antiguos miembros de la familia humana nacidos en Etiopía y apodados Lucy y Ardi.

El primero es un ícono de los inicios de la humanidad, mientras que el segundo es menos conocido, pero no por eso menos importante y quizás hasta más revelador.

Sus historias revelan mucho sobre la evolución humana temprana y cómo la ciencia que estudia nuestro pasado ha avanzado en este último medio siglo.

Lucy y sus parientes

La depresión de Afar en Etiopía es una de las regiones más productivas del mundo en cuanto a fósiles se refiere.

Parte del sistema del Rift de África Oriental consiste en una cuenca sedimentaria formada por la separación de placas continentales.

Gracias a una geología favorable, sus desiertos abrasados por el sol representan un terreno privilegiado para la caza de miembros extintos de la familia humana.

El potencial de esta región salió a la luz en la década de 1970 gracias al trabajo pionero del geólogo Maurice Taieb.

Después de descubrir que el suelo estaba repleto de huesos petrificados, invitó a científicos franceses y estadounidenses a formar un equipo de investigación, que rápidamente se centró en un área rica en fósiles llamada Hadar.

En 1974 el antropólogo Donald Johanson y su asistente Tom Gray encontraron a Lucy, un esqueleto de 3,2 millones de años de antigüedad.

Al reconstruirlo, vieron que las piezas conformaban aproximadamente el 40% del esqueleto (o el 70% después de que los técnicos de laboratorio crearan réplicas de huesos que faltaban en el lado opuesto) de una mujer pequeña con un cerebro del tamaño de un simio, quien medía poco más de un metro de altura.

El equipo de Hadar recolectó cientos de especímenes más de la misma especie que luego se denominaría Australopithecus afarensis. Y completó las partes que le faltaban a Lucy, incluido el cráneo, las manos y los pies.

Hoy esta especie fósil es una de las más conocidas de toda la familia humana, con más de 400 ejemplares que datan hace entre 3 y 3,7 millones de años.

El misterio del andar bípedo

El descubrimiento del Australopithecus afarensis llevó a la ciencia a avanzar de muchas maneras.

Primero, arrojó luz sobre uno de los mayores misterios de la humanidad: ¿por qué se irguieron nuestros antepasados?

Los humanos nos parecemos a nuestros primos primates en muchos aspectos anatómicos, pero somos extrañamente únicos cuando se trata de nuestra locomoción sobre dos piernas.

Darwin había teorizado que los humanos incorporaron una postura erguida al mismo tiempo en que desarrollaron herramientas de piedra, cerebros grandes y dientes caninos pequeños, pero el Australopithecus afarensis demostró que estos rasgos no evolucionaron como un paquete.

En realidad, la locomoción vertical comenzó mucho antes que los cerebros grandes y las herramientas de piedra.

En segundo lugar, estos descubrimientos movieron los registros de fósiles humanos más hacia el pasado y establecieron al género Australopithecus como un antepasado viable de nuestro género, Homo. El género es un rango taxonómico por encima de la especie y típicamente une taxones que comparten un nicho adaptativo común.

Tras profusos debates, quedan pocas dudas de que la especie de Lucy era bípeda.

El Australopithecus afarensis tenía el dedo gordo recto, no prensil, y los inicios de lo que sería el pie arqueado de los humanos (a pesar de tener proporciones de pie más primitivas que las nuestras).

De hecho, es probable que esta especie sea la responsable de las huellas de aspecto humano encontradas en cenizas volcánicas fosilizadas en Laetoli, Tanzania, y que datan de hace 3,6 millones de años.

Esto no significa necesariamente que la especie de Lucy hubiera abandonado los árboles por completo.

Conservó características que algunos científicos interpretan como evidencias de su capacidad para escalar, lo que incluye dedos curvos de manos y pies, articulaciones móviles en los hombros y antebrazos largos.

Pero ¿qué sucedió antes de Lucy y cómo comenzó el andar bípedo?

Después de los descubrimientos en Hadar, durante dos décadas el registro fósil de aquellos antepasados con más de 4 millones de años permaneció casi en blanco.

En 1992, en otra parte de la depresión de Afar conocida como Awash Medio, un equipo estadounidense etíope con sede en la Universidad de California en Berkeley recogió las primeras piezas de una especie primitiva más de un millón de años anterior a Lucy.

Los primeros hallazgos incluyeron dientes caninos en forma de diamante (distintos a los colmillos en forma de daga de los simios), los cuales marcaron que estas criaturas eran miembros primitivos de la familia humana.

En 1994, el equipo de Awash Medio ganó la lotería de forma inesperada: hallaron un esqueleto de 4,4 millones de años de una especie llamada Ardipithecus ramidus.

El erudito etíope Yohannes Haile-Selassie encontró un hueso roto de la mano, lo que desencadenó una búsqueda intensiva y el descubrimiento de más de 125 piezas de una hembra antigua que medía aproximadamente 1,2 metros de altura y tenía un cerebro del tamaño de un pomelo de unos 300 centímetros cúbicos.

El esqueleto, apodado Ardi, conservaba muchas partes que le faltaban a Lucy (incluidas las manos, pies y cráneo) y tenía 1,2 millones de años más.

Los investigadores terminaron encontrando más de 100 especímenes de otros individuos de la misma especie..

Esta revelación llegó junto con otras aparentemente contradictorias, por ejemplo, que los otros cuatro dedos de Ardi mostraban una anatomía similar a la de los bípedos erguidos.

Otros hallazgos sumaron a la idea de que Ardi tenía una locomoción híbrida; es decir, trepaba árboles, pero también caminaba erguida.

Aunque muy dañada, la pelvis de Ardi mostraba inserciones musculares exclusivas de los bípedos, junto con otra anatomía típica de los simios arbóreos.

Como informó más tarde el equipo que hizo el descubrimiento, "posee tantas sorpresas anatómicas que nadie podría haberlas imaginado sin evidencia fósil directa".

¿Humano o chimpancé?

Ardi desafió las predicciones imperantes de múltiples formas.

Al momento de su descubrimiento, la biología molecular había acumulado pruebas convincentes de que los humanos estaban estrecha y recientemente relacionados con los chimpancés.

En ese entonces, los científicos estimaban que la divergencia de ambos linajes había ocurrido hacía tan solo 5 millones de años (la mayoría ahora piensa que la división fue mucho antes).

Por eso muchos investigadores compartían la idea de que, cuanto más antiguo el fósil, más se parecería a un chimpancé o bonobo moderno.

Pero Ardi no caminaba con los nudillos como los simios africanos modernos ni tampoco mostraba indicios anatómicos de tener antepasados que caminaran de esa forma.

Además, carecía de los dientes caninos en forma de daga de los chimpancés y su hocico era menos prognatoso (con las mandíbulas salientes).

Se veía diferente a todo lo que se había visto antes, motivo por el cual sus descubridores la describieron como "ni chimpancé ni humana".

Ardi provocó una gran controversia. Algunos científicos se negaron a creer que ella fuese un miembro de la familia humana y, por lo tanto, se negaron a aceptar todas sus inquietantes implicaciones.

Otros insistieron en que en realidad se parecía más a un chimpancé de lo que reconocía el equipo que la descubrió.

A lo largo de la última década, varios investigadores independientes examinaron los fósiles y afirmaron que Ardi era un hominino (antes llamado "homínido"), una criatura que pertenece a nuestra rama del árbol genealógico tras separarnos de los antepasados de los chimpancés.

No todas las afirmaciones sobre ella han ganado una completa aceptación, pero Ardi ciertamente nos obligó a replantear a fondo nuestros orígenes.

Con el paso del tiempo, el debate dejó de ser si se debía aceptar o no a Ardi en la familia humana y pasó a ser cómo hacerlo.

Algo completamente nuevo

Ardi provocaba incomodidad porque no encajaba fácilmente en la teoría predominante.

A medida que vamos atrás en el tiempo, nuestros antepasados se parecen más a los simios (aunque no necesariamente a los simios modernos) y las pistas que los relacionan con nosotros se vuelven más sutiles y controvertidas.

Ardi representaba algo completamente nuevo: un escalador hasta entonces desconocido con un dedo del pie oponible y un andar erguido extraño. No solo era una especie nueva, sino un género completamente nuevo.

Por el contrario, Lucy encajó con facilidad dentro del ya existente género Australopithecus porque era una variación más antigua de cuestiones anatómicas bien establecidas.

Como consecuencia, Lucy sigue siendo mucho más famosa que Ardi.

El descubridor de Lucy, Don Johanson, hizo unas relaciones públicas excelentes, escribió libros de divulgación, protagonizó documentales de televisión y convirtió su esqueleto en un nombre conocido.

Por el contrario, el equipo de Ardi, que incluía a varios veteranos del equipo de Lucy, evitó todo ello. Trabajó de forma aislada, tardó 15 años en publicar su esqueleto y se involucraron en numerosas discusiones con sus colegas.

El equipo de Ardi desafió agresivamente las teorías predominantes, en particular la noción de que venimos de antepasados que se parecían a los chimpancés modernos o la creencia de que la expansión de las sabanas africanas desempeñaba un papel crucial en la evolución humana.

Tales desavenencias cegaron a algunos investigadores a apreciar el valor científico del esqueleto familiar más antiguo.

El problema del "eslabón perdido"

Tanto Lucy como Ardi dan testimonio de la importancia de los fósiles. Las teorías y los modelos analíticos son componentes esenciales de la ciencia, pero las pruebas materiales a veces desafían las predicciones.

A pesar del despliegue publicitario que a menudo acompaña a los grandes descubrimientos, ningún fósil representa los comienzos de la humanidad, la madre de la humanidad o el eslabón perdido.

Más bien, son solo reliquias aleatorias de poblaciones antiguas que tenemos la suerte de encontrar y probablemente una fracción de formas pasadas que han sido borradas por el tiempo.

En el cuarto de siglo que pasó desde que se descubrió Ardi, se agregaron más de dos decenas de especies de homínidos, de las cuales tres son más antiguas que ella.

La especie más antigua es el Sahelanthropus tchadensis y consiste en un cráneo de al menos 6 millones de años hallado en Chad.

Por desgracia ninguna de estas especies más antiguas está lo suficientemente completa como para formar un esqueleto.

Pero, afortunadamente, Etiopía siguió produciendo esqueletos de la especie de Lucy.

Ejemplos de ello son un niño llamado Selam ("paz") y un hombre que era una cabeza más alto que Lucy bautizado, apropiadamente, Kadanuumuu ("tipo grande").

Otra sorpresa hallada allí fue un homínido con un dedo oponible que vivió hace 3,4 millones de años, es decir, al mismo tiempo que la especie de Lucy, lo que revela que al menos dos tipos coexistían muy cerca: uno bípedo y otro arbóreo.

Mientras tanto, Kenia y Sudáfrica han producido descubrimientos adicionales y han demostrado que nuestros orígenes son mucho más complejos de lo que parecían en los viejos tiempos, cuando había menos puntos para conectar.

A medida que se fue dando nombre a más y más ramas, los antropólogos comenzaron a decir que nuestro árbol genealógico se describe mejor como un arbusto.

Pero los avances recientes en genómica prueban que ninguna metáfora es del todo correcta. El ADN antiguo muestra que diferentes "especies", como los neandertales y el Homo sapiens moderno, a veces tenían sexo.

Debido a que las ramas se vuelven a unir, nuestra familia no se parece a un árbol o a un arbusto, sino más bien a una malla: una mezcla compleja de poblaciones que se dispersaron, se adaptaron a las condiciones locales y ocasionalmente se mezclaron.

Nuestros antepasados, incluso los arbóreos, no caben fácilmente en los árboles.

Lo desconocido

Los nuevos descubrimientos nos ponen ante una paradoja: cuanto más aprendemos, más nos enfrentamos a lo que no sabemos.

Hace más de dos siglos, el químico británico Joseph Priestley ofreció una maravillosa metáfora del progreso científico: a medida que el círculo de luz se expande, también lo hace su circunferencia, es decir, la frontera entre la luz del conocimiento y la oscuridad de lo desconocido.

Como atestiguan Ardi y Lucy, somos los últimos sobrevivientes de un linaje peculiar y debemos reconstruir minuciosamente nuestra compleja historia hueso por hueso.

13 de marzo 2021

BBC Science Focus

https://www.bbc.com/mundo/noticias-5632626 ...

 9 min


Eva Usi

Los triunfos electorales de Luis Arce (MAS) en Bolivia, tras un año de convulsiones durante la presidencia interina de Jeanine Áñez, los del kirchnerista Alberto Fernández, tras un mandato de cuatro años del conservador Mauricio Macri en Argentina, siguieron a la llegada al poder del izquierdista Andrés Manuel López Obrador en México, y de Claudia Sheinbaum al gobierno de la capital mexicana.

Ellos marcan el resurgimiento de un movimiento progresista regional, tras la llamada Marea Rosada, el giro a la izquierda que vivió Latinoamérica a principios de siglo, y que se desvaneció con la llegada al poder de la derecha en varios países.

"Algo tienen que hacer. Tienen que diseñar una política internacional, una política exterior, en su entorno inmediato la tienen complicada, sobre todo Argentina, con gobiernos incómodos en Uruguay, en Brasil y Chile. Parece natural un acercamiento entre Argentina y México, dos países grandes, porque con Colombia tampoco pueden contar", dijo a DW el politólogo español Manuel Alcántara Sáez. Sin embargo el catedrático de la Universidad de Salamanca se muestra escéptico, pues considera que hay una limitación básica, que es la falta de recursos económicos y de proyección regional.

Fundado en julio de 2019 en la ciudad mexicana con el mismo nombre, el Grupo de Puebla busca promover políticas progresistas en América Latina y de integración regional. Entre sus fundadores se encuentran presidentes, expresidentes, activistas y académicos de unos 12 países latinoamericanos y España. Entretanto, el grupo ha extendido su alcance a más de 80 líderes de 17 países. La última en sumarse al grupo fue la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. No así el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, pese a que celebró hace unas semanas una alianza estratégica con su par argentino Alberto Fernández. La ausencia de López Obrador en la organización responde a su principio de no intervención, que defiende a capa y espada.

Lula, dispuesto a contender con Bolsonaro

Alcántara Sáez explica que el año decisivo es el 2022, con elecciones en Brasil y en Colombia, en este último por las posibilidades que tiene la izquierda si logra articular una coalición, y en Brasil, si vuelve Lula al poder. Un juez del Tribunal Supremo de Brasil anuló cuatro procesos en los que el expresidente y exlíder del Partido de los Trabajadores fue condenado por corrupción.

El fallo, emitido el lunes 08.03.2021 por el juez de la Corte Suprema de Brasil, anula todas las sentencias contra Lula y reestablece los derechos políticos que perdió al ser condenado. El carismático político de 75 años, quien es miembro fundador del Grupo de Puebla, no descarta presentarse a las elecciones presidenciales de 2022.

"Ya hay interpretaciones de todo tipo. Como que su postulación beneficia a Bolsonaro porque genera una polarización muy clara, y en esa situación Bolsonaro tiene las de ganar. Eso eliminaría a los candidatos más moderados, más centristas. Pero aún queda más de un año y medio de incógnita", afirma Alcántara Sáez.

El Grupo de Puebla surgió en un momento en el que la derecha había vuelto a irrumpir con fuerza en el subcontinente, cuando Trump, desde el gobierno de Estados Unidos, hacía todavía escuela en el resto del mundo. "Si la ultraderecha está actuando de manera coordinada en diferentes rincones del mundo, los progresistas debemos unirnos igualmente para defender la democracia, nuestras libertades, los derechos humanos y el medioambiente. Es nuestro deber como demócratas, porque ya sabemos adónde lleva este camino por el que nos quieren arrastrar nuevamente los fascistas", señala el juez Baltazar Garzón, miembro del consejo asesor del grupo, en la página web del Grupo de Puebla.

¿Una organización más?

Por su parte el politólogo ecuatoriano Simón Pachano considera que el Grupo de Puebla es una iniciativa más para aglutinar -en este caso figuras- , que se ven a sí mismos más radicales que la socialdemocracia, a la que consideran anquilosada.

"Surge como alternativa al Foro de Sao Paulo, que tuvo una cercanía con algunos procesos políticos latinoamericanos, y quizás eso lo erosionó, aunque sigue existiendo y convocando a sus reuniones, incluso muchos de los participantes están en ambos foros. La cercanía del Foro de Sao Paulo con el ex presidente Hugo Chávez de Venezuela, o con Daniel Ortega de Nicaragua, le dio una mala imagen. Me parece que el Grupo de Puebla surge como un intento de renovación", destaca el investigador de Flacso Ecuador, en conversación con DW.

El Foro de Sao Paulo, una instancia creada en la década de los 90 por partidos y movimientos sociales de izquierda, tuvo su último encuentro en 2019 en Caracas con la presencia de Maduro y el presidente cubano Miguel Díaz-Canel. Ni Cuba, Nicaragua o Venezuela figuran con participantes en el Grupo de Puebla. "Venezuela y Nicaragua están muy desacreditados, son muy parias por el desastre que están infringiendo en sus sociedades. Son parias internacionales que no les aportan nada", afirma Alcántara Sáez.

El surgimiento del Grupo de Puebla, en una región convulsionada por las protestas y crisis políticas de 2019, contrasta con el Grupo de Lima, creado en 2017 con el objetivo declarado de enfrentar y derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, mientras el Grupo de Lima es un instrumento oficial conformado por gobiernos, el de Puebla reúne exclusivamente a líderes políticos, mayoritariamente de oposición.

En un Manifiesto Progresista de 33 puntos publicado en febrero pasado, el Grupo de Puebla llama, entre otras cuestiones, a generar cadenas sociales de valor, establecer la renta básica solidaria, promover un combate de la corrupción política y defender a Cuba, Nicaragua y Venezuela de agresiones o injerencias de otros Estados. Muchas de esas propuestas son muy válidas; el problema es cómo llevarlas a cabo, según Simón Pacheco.

Pérdida de credibilidad

"Respecto a la corrupción tienen una mirada muy sesgada. Cuando ha habido procesos judiciales en contra de quienes forman parte de ese grupo, o siendo autoridades de sus países, presidentes, presidentas, ahí hablan de Lawfare (persecución judicial), como en el caso de la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner". CFK no es miembro del grupo, pero es vicepresidenta en el gobierno de Alberto Fernández, uno de los fundadores de la organización. "No puede ser que ante todas las evidencias que hubo durante el gobierno de Cristina Fernández, los sacos de dinero que lanzaba ese personaje (José López, exministro del gobierno de Cristina Fernández) a un convento, los empresarios que confesaron que pagaron coimas para obtener contratos. Ante todas esas evidencias callan. En Perú, ahí sí está muy bien que lo hagan, en Panamá también. Eso erosiona la credibilidad del grupo". destaca Pachano.

El académico abunda en que el Grupo de Puebla no habla de los casos de Odebrecht que afectaron a países como Perú, Colombia y Panamá. "En Perú hay 4 ex presidentes presos, uno suicidado, otros enjuiciados, este grupo no considera que ahí hubo casos de corrupción iguales o similares a los de Brasil, Ecuador y de otros países, es una mirada sesgada porque antepone la ideología a los principios", destaca.

El investigador insiste en la importancia de priorizar los principios para atraer a personas y posibles electores fuera de su espectro político. Por ejemplo, en el caso de Venezuela. "Es una locura que (el Grupo de Puebla) defienda a un gobierno como el de Venezuela, porque podrían establecer una diferencia, decir sí, que Estados Unidos no intervenga, que levante las sanciones, sí, pero también mencionando los procesos autoritarios de Maduro".

Simón Pachano recuerda cuando la oposición ganó las elecciones legislativas (diciembre 2015) y obtuvo una mayoría absoluta en la Asamblea legislativa en Venezuela. "El gobierno de Maduro creó una Asamblea Constituyente que puso por encima. Eso deja de ser democracia, eso es autoritarismo con fachada electoral, con cancha inclinada y árbitro parcializado. Con eso, este grupo pierde credibilidad", concluye.

11.03.2021

DW

https://www.dw.com/es/grupo-de-puebla-ideología-más-que-principios/a-56841826

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Miguel Henrique Otero

Desde hace algún tiempo –¿cinco, seis años quizás?–, de forma cada vez más insistente, se repite que el venezolano “está cansado”. El cansancio se ha vuelto una especie de recurso conceptual presente en numerosos análisis de la realidad venezolana. Por momentos, incluso, adquiere la categoría de reproche moral: ¿cómo podría justificarse ese cansancio si todavía la lucha contra la dictadura no ha finalizado?

En el razonamiento de analistas y también de algunos políticos se alcanza este extremo: el cansancio habría aparecido justo en el momento en que la dictadura estaba arrinconada. De no haber aparecido esa especie de “cansancio fuera de lugar”, sugiere esa perspectiva, las cosas serían muy distintas en la Venezuela de hoy. Si hubiésemos logrado mantener la presión, se afirma, el régimen habría caído.

No sé si, en los términos de la sociología o de la psicología social, es posible hablar de “cansancio social”. Pero sin pretenderme un especialista de la cuestión, mi percepción es que hay, al menos, tres dimensiones distintas que conviene separar y reconocer.

La primera, si se quiere la más general, sobrepasa al simple cansancio y adquiere las proporciones del hartazgo. De las tantas cosas que reporta el periodismo, de la lectura atenta de las redes sociales, de lo que indican las encuestas, de lo que hablan los testimonios, del intercambio con personas amigas que viven en Venezuela, así como de la observación directa, es posible concluir, sin lugar a error, que la sociedad venezolana está hastiada, harta del régimen encabezado por Maduro.

Es una sensación que desborda el cansancio y se mezcla con otras emociones como desprecio, rabia, impotencia, repulsión, y, por momentos, también aflicción. En el sentimiento de que el régimen se agotó, en la idea cada vez más repetida de que todo es una inmensa farsa y que Maduro en realidad no tiene nada que ofrecer a los venezolanos, confluyen muchas cosas, que pueden agruparse como un complejo y masivo sentimiento de rechazo.

Otro plano distinto, permanente y tangible, se refiere al día a día de los venezolanos, cuando el cansancio de los ciudadanos, especialmente de los padres de familia, es evidente y cada vez más acusado. La cotidianidad en Venezuela tiene un carácter infernal: no hay servicios básicos, todo en el espacio público está corrompido, los bienes son escasos o costosísimos, a menudo no es posible ni siquiera salir de casa. Ir de un lugar a otro supone un peligro extremo: una alcabala de uniformados puede convertir a cualquiera en objeto de extorsión. Las cosas más elementales, ir y volver a la escuela o al trabajo, comprar comida o medicamentos, reparar un electrodoméstico o un automóvil, asistir a una consulta médica, hacer un trámite ante cualquier organismo del Estado, todas son experiencias hostiles, sembradas de dificultades, peajes, funcionarios corruptos, costos fuera de lógica o realidades de lo imposible. La cotidianidad en Venezuela es una sucesión interminable de batallas, cuyo efecto es que supera la inmediatez del cansancio para convertirse en un estado de agotamiento crónico. Esa forma de cansancio extremo existe y está extendida en todo el país.

Paradójicamente, ese cansancio de la sobrevivencia no ha derivado, como se afirma sin demasiado fundamento, en cansancio político o cansancio social, como también lo llaman. En la edición de noviembre de 2020 de la Revista SIC, que edita el Centro Gumilla con admirable disciplina, Marco Antonio Ponce comentaba lo ocurrido en los primeros nueve meses de 2020, de acuerdo con las cifras publicadas por el Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social: se habían producido hasta septiembre más de 7.000 protestas, protagonizadas por vecinos y trabajadores. Dice Ponce: “Al mirar en detalle estas manifestaciones encontramos algunos aspectos que nos permiten conocer qué exigen los ciudadanos, dónde y cómo lo hacen, además de la respuesta institucional. Habitantes de pequeñas poblaciones y caseríos de distintas regiones del país salieron a las calles para exigir calidad en los servicios básicos, rechazar la crisis de gasolina y un salario mínimo mensual inferior a un dólar, destacando la presencia de las mujeres en el liderazgo de las manifestaciones por servicios básicos”. Y añade dos cuestiones, relevantes en lo social y en lo político: la primera, que “una característica recurrente de la protesta venezolana es su espontaneidad, con un mínimo de organización vecinal, sin indicios de una conducción o acompañamiento, o plan organizado desde sectores o partidos políticos tradicionales. Solo en contadas excepciones líderes sociales locales, vinculados a partidos políticos, han organizado protestas”; la segunda es la presencia de las protestas combinadas: las personas utilizan una misma acción para exigir varios derechos. “Un fenómeno que se viene registrando con mayor intensidad en los últimos tres años”.

De acuerdo con el informe del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, se realizaron durante 2020 un total de 9.633 protestas, a un promedio de 26 por día. Y esto nada menos que en tiempos de pandemia y con un régimen que la ha aprovechado para impedir la movilización ciudadana. Un dato más: en 2019, las protestas fueron 16.739, a un promedio de 46 por día. Dicho esto: ¿se puede afirmar que en Venezuela hay cansancio político? ¿Se puede sostener que la voluntad de lucha ha mermado? Apegados a los hechos, ¿se puede asegurar que la sociedad venezolana se ha rendido y que es una especie de títere a merced de lo que el régimen quiera hacer con ella? Mi respuesta a todas esas preguntas es categórica: los venezolanos seguimos en pie de lucha. Las vicisitudes de lo cotidiano no han destruido sino alentado nuestras energías políticas. Nada más revelador que esto: a pesar de las dificultades diarias, cada vez más, sin apoyo ni organización previa, la gente sale a la calle y protesta. Y cada vez más, los venezolanos entienden que la solución a sus demandas está asociada a la salida inmediata del régimen de Maduro.

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