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Opinión

Américo Martín

Quisiera comenzar repitiendo y ratificando lo que para mí, con los años, se ha convertido en una fuerte convicción. Aunque he participado en innumerables polémicas partidistas, no tengo el menor interés en aprovechar para exhibir supuestas ineptitudes o debilidades en el liderazgo o, específicamente, en el adversario. Si de alguna manera esas noticias ayudaran al progreso de la causa que defienda, preferiría dejar a un lado semejantes ayudas que me parecen parte del deplorable lodazal que enturbia el noble oficio político.

Prefiero la limpia manera, libre de zancadillas, trampas y odios, como la concebía el ilustre florentino Nicolás Maquiavelo, cual ciencia (o técnica) y a la vez arte. Hurgar en patio ajeno solo para desordenar e intrigar me parece un método despreciable de competir.

No reproduciré por eso las sorprendentes declaraciones del jefe principal del PSUV y sus múltiples fracciones, por dos razones. La primera, se trata del hombre que cuenta con el poder de las armas y de la FAN, institución para operarlas. El equilibrio que reina en el país entre el fuerte potencial que respalda a Maduro y Guaidó solo puede ser resuelto por negociaciones que remitan a elecciones libres, limpias, transparentes y universalmente observadas, todo para garantizar su credibilidad. Esa es, en este momento, la posición de la comunidad internacional en su firme propósito de poner en el voto soberano la solución de la tragedia política, económica y social, convertida en tragedia personal de los venezolanos.

Se han caído las fábulas sobre invasiones militares y salidas de fuerza, lo que curiosamente nos deja frente al acertijo de Cantinflas: como caballeros o como lo que somos. Se impone la solución de caballeros porque la otra pierde cada vez más asidero.

Nicolás Maduro ha confesado que en su partido, gobierno y alrededores cabalga una campaña contra él, en la que participan importantes figuras dirigenciales. Operan –reitera– con el designio de separar chavismo de madurismo y se proclaman “marxista-leninistas”. Imposible olvidar que las más despiadadas divisiones de la izquierda extrema se asumieron hijos predilectos de la doctrina marxista-leninista y en ese punto del océano naufragaron.

La última polémica de esa índole en la que participé contra polemistas brillantes hubo un derroche de sabiduría y excelente argumentación, pero ya no dejó lugar para más. El tema, las figuras de autoridad, la doctrina marxista, el leninismo, el maoísmo y demás “ismos” fenecieron o fueron reducidos a mitos o fábulas condenados a desaparecer. Lo único francamente feliz de aquel episodio fue la reconstrucción de nuestra notable amistad y deseo de ayudar al país y a los demás a razonar sin fantasías, dogmas y mitos que nunca tuvieron corporeidad material, y ahora menos.

Pelearon, compitieron, ofrecieron cifras y hasta vivieron momentos heroicos, pero su signo no cambió. Mito es –entre otras acepciones– lo que no existe ni muestra un rostro aceptable. Y al final de cuentas solo han sobrevivido bajo forma exactamente contraria a la sonrosada promesa que ofreció ser. Por ejemplo, la República Popular China ha llegado a ser una potencia económica mundial, dotada de poder disuasivo nuclear, pero la pura realidad deja al descubierto que no aparece la huella socialista en sus logros. Ninguna nación ha privatizado tantas empresas del Estado como el antiguo emporio rojo de Mao Zedong y Chou Enlai. Tampoco abundan las que se hayan consagrado al mercado en forma tan intensa. Sobreviven ciertos ritos relacionados con el comunismo, que no ha descolgado el retrato de Mao del frontis de la Ciudad Prohibida.

En Rusia sigue exhibiéndose la momia de Lenin, pero ya ningún líder se arriesga a llamar al Partido de Putin “vanguardia del proletariado mundial” ni se observan signos de desarrollo en su anatomía. En fin, es un anacronismo sin sentido meter al PSUV en un aquelarre ideológico cuyo destino sea la decadencia y el fraccionamiento.

¿Qué quedará en pie de esta polémica en el PSUV y sus aliados? Solo se percibe la parte instrumentario-funcional.

Me resulta tramposo el hábito de bañarse de legitimidad revolucionaria asumiéndose “verdadero marxista” y arremetiendo, lanza en ristre, contra el socialismo de mercado.

Es una manera de colocar a Maduro y sus compañeros fuera de la sacrosanta doctrina, con el objeto de borrarlos del mapa pretendidamente revolucionario. El mismo despropósito animaría a estos a reducir su importancia al estigmatizarles con el epíteto de “izquierda trasnochada”.

Las dos aceras del conflicto venezolano disponen de la vía electoral en los términos claros y viables que respalda la comunidad mundial. Negocien y discutan su rápida implementación, solo así nuestro violentado país romperá la trampa que lo retiene en oscuras aguas, solo así le quebrará el espinazo a las plagas de Egipto y la peligrosa pandemia que parece decidida a acabar con el género humano.

Twitter: @AméricoMartín

 3 min


Laureano Márquez

Entre los millones de cosas que le llegan a uno al teléfono para ayudarnos a no perder tanto tiempo leyendo libros, me enviaron la famosa cuña de la camioneta blindada. Lo tomé como una parodia de la corrupción y el mal gusto. Parecía una crítica mal lograda a la “enchufocracia” reinante. “Se podía haber dicho más”, pensé. Sin embargo, inocente uno, resulta que se trata de una cuña completamente en serio. El sabio Mevlana decía: “se visto cómo eres o sé cómo eres visto”. Aquí parece que a mucha gente ya no le importa ser vista como es, en todo el esplendor de esa terrible tragedia que ha traído el “socialismo” a Venezuela: la corrupción, la riqueza fácil y la ostentación grotesca de todo ello.

“Mi patrón, me la dio mi papá” (se refiere a la camioneta), comienza con una toma aérea de aproximación al lugar de blindaje al que supone uno, un hijito de papá, que lleva su camioneta a blindar. Me vino a la memoria una oportunidad en que fuimos a trabajar, Claudio Nazoa y quien suscribe, a Lechería en un hotel importante que tiene una marina. Desde la baranda de un yate con no menos 15 camarotes, un hijo de un enchufado nos reclamó nuestras críticas a una “revolución” que defiende al pueblo y preguntó –además– si nosotros estábamos pagados por Carlos Andrés Pérez. La escena era tan surrealista que parecía una broma. Resultaba increíble que desde ese gigantesco y lujoso cuasi Titanic, alguien estuviese defendiendo al pueblo. Pero resultó que la pregunta era en serio, formulada desde un yate por causa del cual, seguramente, muchas personas eran mucho más pobres.

“Marico, sobrepase el nivel, estoy en otro level” sigue la cuña. En Venezuela no es difícil sobrepasar el nivel si tienes la conexión adecuada. El nuevorriquismo, que pasa del subsuelo al nivel multimillonario, necesita exhibir su riqueza. “Papito en alta siembra, billete pa’ tirar pa’ arriba”. Seguramente esa “alta siembra” no es en el campo venezolano, quebrado por otras siembras a las que les conviene su destrucción.

“Papi me dijo: ‘hijo blíndala’ por algo será, tiene demasiado billete”. Luego va al lado del copiloto y abre la puerta y se baja una hermosa dama. “Me traje a una”, no completa la frase, no es menester. La dama pregunta luego que aparte de la camioneta, qué más va a blindar y él responde: “tú sabes, bebé, el juguetico”, señalando sus partes íntimas, suyas de él. “Soy un banco andante y quiero algo donde pueda meter efectivo”. Entonces le muestran una caja fuerte que va en la maleta de la camioneta.

La cuña en general es reveladora de este hombre nuevo, mal educado, sin escrúpulos, machista y criminal que ha producido esta tragedia política que agobia a nuestro país. Frente a esta muestra descarada de lo peor de este tiempo, tenemos que enaltecer y refugiarnos en nuestro lado luminoso.

No olvidar nunca que Venezuela es una tierra de gente talentosa, honesta, trabajadora y buena, con mentes cultivadas, poetas y escritores de renombre, músicos eminentes, maestros abnegados, médicos comprometidos, en fin, demasiada gente que mantiene nuestra esperanza blindada.

Twitter: @laureanomar

 2 min


Alejandro J. Sucre

El pensamiento catastrófico se puede definir como rumiar sobre los resultados irracionales de que va a ocurrir el peor de los casos.

Este resultado imaginario puede aumentar la ansiedad, paralizar o bloquear la visualización de las acciones correctivas que podemos realizar y evitar que las personas tomen iniciativas en una situación en la que sea necesario. A las personas les suceden cosas malas, incluso cosas horribles, que causan un dolor real en la vida de algunos.

Catastrofizar es cuando alguien asume que sucederá lo peor sin importar lo que haga. A menudo, implica creer en una situación peor de la que realmente se está o exagerar las dificultades que se enfrentan.

Por ejemplo, a alguien le puede preocupar que no apruebe un examen. A partir de ahí, pueden asumir que reprobar un examen significa que son malos estudiantes y que seguramente nunca aprobarán, obtendrán un título o encontrarán un trabajo. Podrían concluir que esto significa que nunca serán financieramente estables. Muchas personas exitosas han reprobado exámenes y el reprobar un examen no es prueba de que no podrá encontrar un trabajo. Es posible que una persona catastrófica no pueda reconocer eso.

En Venezuela en muchos líderes de nuestra oposición se ha presentado esta percepción catastrófica de que nada puede hacerse para lograr victorias políticas y que se necesita una intervención extranjera. Por eso el abstencionismo se presenta como una alternativa en los procesos electorales y eso a su vez inmoviliza y genera una profecía autocumplida. No hay movilización para ganar, no se genera el mensaje para movilizar a la sociedad, ya que habrá trampa, tampoco se presentan los testigos en los centros electorales, igual si se gana la elección el oficialismo va a torcer el espíritu de la victoria electoral y así se produce el resultado de perder. Por lo tanto se llama a países extranjeros para que presionen al oficialismo, vienen las sanciones, se debilita la sociedad mas que el oficialismo y se autocumple la profecía.

Otras maneras del pensamiento catastrófico es criminalizar a todo el oficialismo o a cualquier opositor que intente caminos diferentes a los que surgen de los pensamientos catastróficos. Los catastrofistas se aprovechan de que existe un claro riesgo en distorsionar la realidad bien sea por crearse falsas expectativas o por confiar en alguien más allá de uno mismo.

Por eso la persona que denuncia y es catastrófica gana tanto eco que se siente más inteligente o de mayor peso moral que el resto de los opositores y del oficialismo. No se da cuenta las personas que sufren de catastrofismo que sus denuncias está saboteando acciones que pueden conducir a soluciones aunque no parezcan así al principio.

Algunas catástrofes son ciertas y muchas veces están fuera de nuestro control. Otras catástrofes son superables pero casi todas requieren del trabajo en equipo para sobreponerse a ellas. Descalificándose entre opositores o imponiendo un visión propia sobre los demás no funciona.

No está claro qué causa exactamente la catástrofe. Podría ser un mecanismo de afrontamiento aprendido de la familia u otras personas importantes en la vida de una persona. Podría ser el resultado de una cultura social.

Investigaciones indican posibles traumas del pasado que se proyectan y que involucra a personas que sufren catástrofes pueden tener alteraciones en las respuestas del hipotálamo y la pituitaria, así como una mayor actividad en las partes del cerebro que registran las emociones asociadas con el dolor.

Las personas que tienen otras afecciones, como depresión y ansiedad, y las personas que a menudo están fatigadas también pueden tener más probabilidades de sufrir una catástrofe.

Debido a que alguien con dolor crónico está acostumbrado a tener dolor constantemente, puede llegar a la conclusión de que nunca mejorará y siempre sentirá malestar. Este miedo puede llevarlos a comportarse de cierta manera, como evitar la actividad física, que en lugar de protegerlos, en última instancia, puede empeorar sus síntomas.

También una revisión de estudios de 2012, una fuente confiable, mostró que existe un vínculo entre la fatiga y la catástrofe. La revisión concluyó que catastrofizar podría ser un predictor de cuán cansadas se sienten las personas. En otras palabras, puede empeorar la fatiga. Hay muchas formas de tratar las catástrofes y la mejor es escuchándonos y respetándonos entre los venezolanos para formarnos una verdadera dimensión de los retos y lograr las mejores soluciones; no juzgarnos ni criminalizarnos lapidariamente ya que nadie está libre de culpa y los mismos violadores de derechos tienen derechos; y proponer más acciones colectivas que generen pequeñas victorias y discutir menos. Mejorar la economía, reducir algunas sanciones a cambio de crear comisiones que mejoren el manejo de fondos públicos, triunfar en el reclamo del Esequibo entre otras acciones unificadas entre los líderes políticos oficialistas y de oposición podrían proporcionar victorias tempranas que nos acerquen más a todos los venezolanos a procesos electorales más festivos y concurridos.

Twitter@alejandrojsucre

 3 min


Carlos Raúl Hernández

“Ya no existe el viejo París/ la forma de una ciudad cambia más que el corazón humano”. Baudelaire

La revolución neolítica se lleva los diez mil años que el hombre pasó de golpear con la piedra a inventar instrumentos de piedra, y la revolución industrial pobló el mundo de máquinas y puentes en ciento veinte años (1730 y 1850). Ambas cambiaron el destino de la humanidad. Europa sale del estancamiento pos medieval y en un siglo su fisonomía se hizo irreconocible. Después de siglos de transición, hibridación, mercantilismo, metalismo, la industria es el arranque de lo que los marxistas llamaron “sociedad capitalista” o “burguesa”.

Las villas se hacen ciudades, las carretas ferrocarriles. La servidumbre desaparece y ya los siervos no se vendían y compraban con la tierra y el ganado. Ni a sus mujeres las penetraba la primera noche el señor por derecho de pernada. Ni entregaban parte de las cosechas por la corvée. Eran ahora obreros y vivían en urbes, hasta hace poco aldeas, militaban en partidos democráticos, sindicatos. Luchaban por la democratización de los parlamentos que dejan de ser elitescos, gracias a las conquistas del sufragio y la representación proporcional. Los alimentos, la salud y otros bienes se multiplican por miles gracias al maquinismo y la farmacología, y si en 1730 Inglaterra tenía cinco millones de hbs., en 1830 los triplica por caída de la mortalidad.


Aman el campo… para los demás
Y se da un golpe mágico cuando la expectativa de vida, congelada desde la alta Edad Media en 20 años, se duplica en el período hasta 42. Pero tan asombrosa como la velocidad del cambio, fue el estallido reaccionario contra la modernización kapitalista. Como analiza Benévolo en su monumental Historia de la arquitectura moderna, la migración trastorna las ciudades, los intelectuales y la “gente decente”. Los pobres dejan de ser abstracciones en provincias recónditas a las que nadie iría nunca.


Nadie vería familias de 10 personas hacinadas en chozas de 12 metros cuadrados, que dormían en una estera común. Pero ahora los pobres estaban bajo ante sus ojos y las bucólicas ciudades plagadas de proletarios mal vestidos en trenes trepidantes con destino a fábricas y suburbios. Resurge la leyenda negra rousseauniana contra la ciudad, el industrialismo, el siglo XIX, la sociedad abierta, el llamado kapitalismus (una sociedad gobernada por el kapital).

Ver pobres despierta remordimientos y conflictos morales en las buenas conciencias. También perturba la tranquilidad, porque están asociados a delitos y enfermedades. Las élites odiaban el cambio plebeyo, querían a los pobres en el campo del que habían huido. De allí la avalancha de rechazo al kapitalismus en los más importantes escritores y artistas del romanticismo y el realismo

Hugo superstar
Retornan al primitivismo: el culto a la vida pura del campo, de la que escaparon en masa los siervos Thomas Carlyle, Charles Dickens, Charles Baudelaire, Víctor Hugo, Emilio Zolá, William Morris; Stendhal, Daniel Defoe, Heine. A Proudhon le agobia el gentío de los boulevares construidos por Haussmann. John Ruskin cuando viaja a París se aloja en Trocadero para no ver la “monstruosa” Torre Eiffel (“olvida el resoplido del vapor, el golpe del pistón/ olvida el crecimiento de la odiosa ciudad/ Y sueña en Londres, pequeño, blanco y limpio”)

Le molestaba la producción masiva y reivindicaba la edición artesanal de libros en papel de seda y cuero repujado. Pero la distorsión de la historia del siglo XIX se debe a la mayor figura comunicacional de la época. Víctor Hugo (y su cohorte, los “hugólatras”). Suya es una de las obras más vendidas, difundidas e influyentes de la historia moderna, pero que en dos mil páginas bordea siempre la puerilidad:

Los miserables se convirtió para el mundo, y la posteridad gracias al cine, en “la verdad” sobre un siglo XIX aberrante, inhumano, cruel y aterrador. A Jean Valjean. versión masculina de Justine, la masoquista de la novela de Sade, lo condenan a trabajos forzados por robar un pan (¿). Un tipo así, no tenía como sobrevivir ni siquiera en Disney World, y lo atropella cualquier patinetero. Cossette representa la bondad hasta que al final !también! da la espalda a Valjean.

El derecho de padecer

Trabaja 16 horas al día pero no gana para alimentar un pajarito. Fantine otra bondadosa destruida por el mundo kapitalista, termina como prostituta en manos de chulos que le sacan los dientes para venderlos. El equivalente de una telenovela cubana de los 50s del siglo pasado, aunque peor. Zola se contagia en la novela Germinal, pero es leve.

Flaubert anatematiza un libro “mentiroso, para crápulas…alimañas”. Dice Baudelaire que es una obra “inepta y de mal gusto”. Su amigo (de Hugo) Lamartine considera “lamentable que haga de esehombre imaginario un antagonista y víctima de la sociedad…adulando al pueblo en sus más bajos instintos”.

Vargas Llosa dice que despierta “apetito de irrealidad”. Prudhon escribe que “libros semejantes envenenan un país”. Mientras los trabajadores luchaban en todos los frentes, construían el mundo democrático, arrebataban y acumulaban poder, Hugo creo la idea del “pobrecitismo” o “pobretología” de los sectores populares y marcó uno de los momentos más esplendorosos de la historia humana como unavergüenza.

@CarlosRaulHer

 4 min


Jorge Carrión

Si me viera en la absurda obligación de decidir cuál es el proyecto intelectual y artístico más significativo de nuestra época, creo que optaría por Forensic Architecture.

Mediante el diálogo entre antropólogos forenses, periodistas, programadores y artistas, el equipo internacional de esa agencia de investigación multidisciplinar examina y representa crímenes a través de los macrodatos, la cartografía y la inteligencia artificial. En un momento en que domina la subjetividad y la opinión, ellos analizan grandes problemas, como la violencia policial durante las protestas del #BlackLivesMatter o el uso de herbicidas israelíes en Gaza, a partir solo de los hechos. En sus manos, la información puede generar belleza y justicia.

La palabra “forense” proviene del latín y remite al foro, es decir, al espacio central de la vida pública. Durante cerca de 1500 años, las prácticas forenses se han limitado al ámbito de la medicina y la criminología. Nuestro siglo XXI, esencialmente posverdadero, le están devolviendo su centralidad perdida. Nos estamos acostumbrando a desconfiar de todo, a la necesidad de constantes autopsias, tanto de las víctimas de la violencia criminal o institucional como de los discursos políticos y transmedia. Nunca antes habían sido tan importantes las herramientas de lectura crítica.

Encontramos lo forense tanto en el arte contemporáneo o las teleseries como en los planes de estudio de muchas disciplinas (hasta existen la fonética, la genética y la entomología molecular forenses). Su lógica se ha contagiado al periodismo de la verificación de datos. Porque ha cristalizado la idea de que solo tras la interpretación rigurosa de un cuerpo —biológico, tecnológico, social o informativo— podemos llegar a la difícil verda

Desde los filtros con que manipulamos las fotos hasta las estadísticas oficiales sobre las víctimas de la COVID-19: la posverdad afecta a todas las capas de nuestra realidad. La nueva obsesión forense, por tanto, además de una necesidad legal o mediática, es también una estrategia de supervivencia. Las deepfakes, esas falsificaciones realistas producidas con sistemas de aprendizaje profundo, son cada vez más perfectas. Indican que —durante la década que comienza— no solo va a aumentar la cantidad de noticias falsas, va a hacerlo también su calidad. Van a poner todavía más a prueba tanto las ciencias forenses físicas como las digitales.

El populismo y los presidentes adictos a Twitter han dejado claro que es mucho más viral lo que apela a las bajas pasiones y al odio que lo que es, sencillamente, cierto. En los buscadores y las redes sociales, el éxito o el fracaso de la propagación de un contenido no depende de su calidad o de su autenticidad, sino de su carga viral. Por eso las deepfakes no van a hacer más que propagarse. Al igual que van a volver frecuente la presencia en las nuevas películas de actores y actrices muertos, también van a llenar internet de vídeos porno protagonizados por personas reales que nunca se han desnudado delante de una cámara y de vídeos en que cualquiera podrá decir palabras que nunca ha pronunciado.

Como dice la investigadora Miren Gutiérrez en Activismo de datos y cambio social: “Cuando la práctica de la ciudadanía vigilante se vale de los datos y sus herramientas” contrarresta “la vigilancia masiva por parte de los gobiernos y las empresas”. Y sus violencias. Pone el ejemplo de InfoAmazonia, el impresionante proyecto colectivo que compila toda la información disponible sobre la violación de los derechos humanos y los conflictos medioambientales del territorio amazónico. La diseccionan con herramientas tecnológicas para obtener pruebas que permitan denunciar los abusos del poder estatal y corporativo.

Si en 1984 y en el contexto de las desapariciones políticas, el Equipo Argentino de Antropología Forense era una iniciativa inédita y pionera, en el siglo XXI han proliferado las asociaciones que trabajan en todo el mundo en esa misma dirección. Nos hemos acostumbrado a ver los mapas de las fosas comunes de la Guerra Civil en España, durante las dos décadas de exhumaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica; o de la llamada guerra contra las drogas en México, gracias a proyectos periodísticos tan poderosos como “A dónde van los desaparecidos”. Hemos aprendido a ver nuestros propios países como negativos fotográficos que deben ser revelados. A confiar en el periodismo y las asociaciones civiles la búsqueda de la verdad que oculta el Estado.

Porque se ha producido una revolución paralela en el ámbito del periodismo digital. Factcheck.org nació en 2003 en Estados Unidos y Chequeado se formó siete años más tarde en Argentina. En la segunda década del siglo, las presidencias de mitómanos como Donald Trump o Jair Bolsonaro, en Brasil, han catalizado el esfuerzo por la verificación de datos y se han creado muchos medios especializados. Actualmente forman parte de la International Fact-Checking Network más de ochenta revistas, diarios y plataformas de todo el mundo. Sus métodos forenses recuperan la dimensión científica de las llamadas ciencias de la información.

En una paradoja habitual en nuestros tiempos, la misma tecnología que va a propiciar la difusión todavía más masiva de desinformación, también nos va a ayudar a combatirla. Las inteligencias artificiales están localizando a los bots y usuarios de redes sociales que son más dados a difundir noticias falsas. Y la ciencia forense cibernética está desarrollando sistemas de verificación de imágenes y vídeos, gracias al mismo aprendizaje profundo que sirve para producir los nuevos fakes.

Si algunos medios ya utilizan WhatsApp para comunicarse con cualquier ciudadano que quiera discriminar la verdad de la mentira, es muy probable que en un futuro cercano todos llevemos en nuestros teléfonos móviles aplicaciones que nos permitan someter a autopsias automáticas no solo la información multimedia de circulación pública, sino también fotos privadas o currículos de LinkedIn.

Volvemos así al origen de la palabra “autopsia”, que en griego antiguo señala la “acción de ver con los propios ojos”. Ver para creer. Alfabetizarnos mediáticamente para que nuestra ciudadanía sea vigilante. Armarnos de pruebas y argumentos para denunciar lo falso. Porque no hay que olvidar lo que dijo Cicerón: “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.

@jorgecarrion21

31 de enero 2021

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2021/01/31/espanol/opinion/fake-news-que-son....

 4 min


Francesco Manetto

No hay negociadores ni mucho menos un calendario definido, pero un nuevo intento de diálogo en Venezuela está hoy más cerca que ayer. La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca después de cuatro años de Administración de Donald Trump —un triunfo de la retórica contra Nicolás Maduro sin resultados concretos— y el giro de la Unión Europea ante Juan Guaidó sientan de por sí las bases para volver a ensayar unos contactos entre el chavismo y la oposición. Cualquier negociación en el país sudamericano se presenta como una carrera de obstáculos. Todos los procesos recientes han fracasado. Sin embargo, con un Gobierno cada vez más instalado en el poder y sus adversarios hostigados y divididos, la única alternativa a una salida pactada, empezando por unas elecciones, supone perpetuar la grave emergencia que sufren millones de venezolanos.

Los 27 países miembros de la UE evitaron nuevamente, esta semana, reconocer a Guaidó como presidente interino, un cargo que se asignó, con un amplio apoyo internacional liderado por Estados Unidos, hace dos años ante la profunda crisis de legitimidad de Maduro. El pasado 5 de enero el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) recobró el control de la Asamblea Nacional tras unas elecciones parlamentarias a las que concurrió prácticamente solo, sin competencia. El líder opositor perdió así el estatus de jefe del poder legislativo y se quedó en la práctica fuera de las instituciones.

Bruselas sigue aceptando al político como un interlocutor privilegiado en Venezuela, pero la posición de Europa, partidaria de explorar unas nuevas conversaciones, choca con los planes del sector del antichavismo que él encabeza y que convirtió la palabra diálogo en un tabú. La última vez que Guaidó se avino a negociar, tímidamente y a través de enviados, fue en verano de 2019 durante un intento promovido por Noruega en Barbados. El año pasado, en la primera ola de la pandemia de coronavirus, el chavismo y la oposición llegaron a acuerdos puntuales sobre la gestión de la crisis sanitaria, lo que demuestra que todo es cuestión de voluntad política. Pero de ahí no pasó.

La Unión Europea apuesta por un “proceso inclusivo de diálogo y negociación”, aunque el alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell, reconoció en una entrevista con Efe que, de momento, no hay señales de que se vaya a abrir una fase exploratoria. A eso se añade que incluso Henrique Capriles, otro destacado dirigente opositor, también se apartó abiertamente de la estrategia de Guaidó y Leopoldo López, que buscan volver a una etapa de movilización permanente en la calle. Capriles abrió incluso la puerta a participar en las elecciones parlamentarias de diciembre, aunque finalmente renunció por falta de garantías.

“Son varios los comunicados de Gobiernos democráticos y organismos multilaterales insistiendo en la búsqueda de una salida política pacífica y negociada que alivie el sufrimiento de los venezolanos”, escribió hace dos semanas el fundador del partido Primero Justicia en una tribuna publicada en EL PAÍS. “Los países que apoyan nuestra lucha democrática hablan de negociación, pues alineemos a todas las partes e insistamos en lograr el nuevo Poder Electoral que le han negado a los venezolanos así como un Tribunal Supremo, un fiscal y un contralor que le den a las instituciones un equilibrio republicano reconocido por todos”, exhortó.

Desconfianza

La desconfianza entre las partes es enorme. Si la oposición siempre ha tenido un serio problema de liderazgo para concurrir unida en un proceso electoral, el chavismo no se ha mostrado dispuesto a hacer concesiones y ha logrado convencer a algunos sectores de la opinión pública, también en el exterior, de que sus rivales son los verdaderos responsables de la crisis. Ese argumento se nutre de las protestas, las asonadas, los intentos de quebrar a las Fuerzas Armadas y las sanciones económicas de Estados Unidos. Nada de eso sirvió.

La victoria de Biden, que tomó posesión el pasado 20 de enero, abre un nuevo escenario, aunque de momento no hay una definición clara. La decisión del demócrata de revisar las medidas adoptadas por Trump frente a Cuba apunta a un cambio de enfoque en la política regional. Según han destacado varios analistas, la nueva Administración relajará las sanciones contra Maduro y Petróleos de Venezuela y buscará algún contacto con Caracas. Pero ese cambio será paulatino. Por ahora, lo único claro es que el secretario de Estado de Biden, Antony Blinken, ha situado la crisis venezolana como una prioridad de la política exterior estadounidense en América Latina.

Blinken conversó el viernes con la ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, Claudia Blum, y abordó la situación del régimen chavista. “El secretario y el canciller Blum discutieron su compromiso compartido con el restablecimiento de la democracia y la estabilidad económica en Venezuela”, afirmó un portavoz del Departamento de Estado. El nuevo jefe de la diplomacia de Estados Unidos también ratificó “la importancia de los esfuerzos para satisfacer las necesidades humanitarias de los migrantes venezolanos en Colombia y en toda la región”. La pelota, en última instancia, está en el tejado de la Casa Blanca.

30 de enero 2021

El País

https://elpais.com/internacional/2021-01-30/la-llegada-de-biden-y-el-giro-de-europa-sientan-las-bases-para-un-nuevo-intento-de-dialogo-en-venezuela.html

 4 min


Ismael Pérez Vigil

La discusión acerca de si participar o abstenerse en el proceso electoral de gobernadores, que trata de abrirse camino, tropieza con serias dificultades. Por ahora se desarrolla en redes sociales o bien en algunas entrevistas o artículos de opinión en los pocos medios que la oposición todavía tiene para expresarse; pero esta carencia de medios para realizar la discusión no es la principal dificultad. La principal dificultad es la falta de interés de la población, en general y de la oposición en particular, por el tema.

Participar en un proceso electoral parece ser la última preocupación que tiene el ciudadano común, agobiado como está por la crisis cotidiana, por la carencia de todo, de servicios públicos, de gasolina, de alimentos a precios asequibles, de empleo. Frente a todo esto, pensar en elecciones no pareciera que tiene ninguna prioridad.

Los argumentos de esta discusión, a favor o en contra de participar, realmente no han variado mucho, casi todo lo que se podría decir, lo que se podría argumentar, ha sido dicho; no hay nuevos desarrollos que valga la pena repetir.

Solo debo constatar que, lamentablemente, lo electoral parece que solo es una preocupación de algunos líderes políticos y de algunos partidos. Años de campaña del régimen por restarle importancia al voto −campaña a la que algunos sectores opositores han contribuido− más la abstención en algunos procesos electorales importantes, finalmente han hecho mella en el ánimo de la población con respecto al voto como vía de solución a la crisis del país.

Las formas en que caen las tiranías son muy variadas, pero podríamos resumir en cuatro las vías por las que pienso que puede salir este régimen de oprobio.

- La primera es que se produzca algún “milagro” o acto de “iluminación” por el cual la élite en el poder decida retirarse y abrir la negociación para que se produzca un proceso de transición.

- La segunda alternativa es una combinación virtuosa de movilización popular interna −de todas esas protestas que hoy en día se dan por muy variados y justificados motivos− con una presión internacional que ahoguen al régimen y concluya en un quiebre del bloque hegemónico de poder, que los lleve igualmente a renunciar y a aceptar una negociación para salir de la crisis.

- La tercera posibilidad es obviamente un pronunciamiento militar o golpe de estado que deponga el régimen y abra el espacio para un proceso de transición.

- Y la cuarta alternativa −la tan esperada por muchos− es una intervención externa, de fuerza obviamente, que obligue al régimen a dejar el poder y se abra un proceso de transición.

Salvo que —en los dos últimos casos— los que depongan al régimen decidan aprovechar para “prolongar su estadía”, en todos los casos, más temprano o más tarde se concluirá en la organización de un proceso electoral para que el pueblo decida quien lo debe gobernar.

Por supuesto, sería un proceso electoral que reuniría todas las condiciones de los más exigentes puristas; como mínimo: No habría presos políticos; cesaría la intervención de los partidos y estos regresarían a sus directivas originales; los líderes serían rehabilitados y podrían regresar del exilio para participar en el proceso electoral que se realice; sería depurado el Registro Electoral; se llevaría a cabo el registro de los venezolanos en el exterior mayores de 18 años y por supuesto se les permitiría y facilitaría que puedan votar en las elecciones presidenciales; habría observación nacional e internacional de organismos especializados y multilaterales como la OEA, la UE, etc.; y se darían, en general, todas las condiciones que permitan unas elecciones libres, justas, equitativas y democráticas, tal como es la aspiración normal de cualquier venezolano.

Suponiendo que se resuelven todos los problemas de que adolece el sistema electoral venezolano y el nirvana electoral descrito sea posible, si es un proceso electoral libre, justo, equitativo y democrático, se supone que el PSUV, partido del actual régimen, podrá participar con su candidato, que aunque no sea el presidente actual, tienen otros candidatos con los cuales concurrir al proceso. Cabe preguntarse: ¿Estamos en la oposición preparados para concurrir a un proceso electoral en estas condiciones?, y más importante: ¿Estaremos en condiciones de derrotar al candidato del régimen?

Dicho en otras palabras, la dificultad real y más importante es cómo evitar que nos pase en Venezuela lo que ocurrió en Nicaragua con el sátrapa Ortega que después de ser derrotado el sandinismo militar y electoralmente, regresó al poder con mucha más fuerza y hoy está convertido en un tirano que amenaza con perpetuarse.

Si hacemos algunos números veremos que esta inquietud no es meramente retórica y ese 80% que las encuestas dicen que rechaza al régimen, se expresa en las urnas de una manera diferente. La abstención instalada en el país desde el año 2000, es de aproximadamente un 30%, que, bajo ninguna circunstancia, ni en los momentos electorales más eufóricos ha disminuido. Por su parte, el régimen con todos sus “trucos”, demagogia e intimidaciones, logra mover un caudal electoral, que en sus peores momentos, ronda el 20%. Los llamados “alacranes” y el sector chavista, no madurista y los exchavistas, podrán movilizar un 5% del electorado; eso nos deja un 45% para ganar esas elecciones, que en el mejor de los casos se realizarán no antes de un año, en el que pueden ocurrir muchas cosas. Y eso si logramos ir unidos con un solo candidato. La gran incógnita es si lograremos llegar a ese proceso unificados, con un solo candidato para que tenga alguna opción real de triunfo.

Mas concretamente, ¿Cuántos candidatos “opositores” se enfrentarán al candidato del régimen, llegado el momento que se den unas elecciones libres, justas, equitativas y democráticas? Seguramente habrá uno o varios candidatos −ya lo vimos el 6D− del sector “alacrán” u “oposición participacionista”, como algunos de ellos se autodenominan; y es probable que algún sector de la izquierda, exchavista o no madurista, concurra también con algún candidato; y no faltarán los oportunistas de siempre que se anotan en estos procesos electorales, cuando hay libertad de concurrencia.

¿Lograrán Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina Machado “disipar” sus diferencias para que alguno de ellos sea el candidato único opositor?, suponiendo además que no surja otro candidato de AD, PJ o UNT en la competencia, sino que estos partidos, y otros menores, apoyen al candidato unitario.

La unidad, entonces, no es un tema teórico, de principios o filosófico, sino algo realmente practico y de naturaleza política, de estrategia fundamental para lograr un triunfo electoral que permita reiniciar el regreso a la democracia.

La tarea primordial, ya lo hemos dicho en otro momento es la reconstrucción de la oposición, (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2020/12/05/reconstruccion-opositora/) en cuatro áreas fundamentales: primero, la reconstrucción de los partidos políticos; segundo, la reconstrucción de la base de apoyo de la oposición democrática, es decir esos millones de personas y las miles de organizaciones de la sociedad civil y grupos muy activos en la resistencia al régimen, hoy ligeramente dispersos y desmoralizados; tercero, dirigir una acción específica hacia esa inmensa mayoría del país, que permanece más indiferente a la actividad política, que no se involucra y que incluso en determinados momentos ha apoyado la demagogia y el populismo del régimen; y cuarto, no descuidar y dedicar un esfuerzo importante a mantener contacto y relación con la comunidad internacional, que nos ha apoyado en estos dos últimos años y que comienza a dar señales de duda o “fatiga”.

Resumiendo, la tarea fundamental es la organización de la resistencia que durante más de 20 años se ha enfrentado al régimen y ha impedido que se consolide de manera definitiva un totalitarismo en Venezuela. En este contexto, la discusión acerca de abstenerse o participar en los procesos electorales que se presenten, adquiere otra perspectiva, pues la participación electoral tiene el doble papel que siempre se ha señalado: organizar a la oposición y defender el voto, que en algún momento volverá a tener un valor fundamental para restablecer la democracia.

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