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Opinión

Ismael Pérez Vigil

En nuestro lado de la acera −el de la oposición democrática− parece que ya muy pocos esperan una fuerza internacional interventora que solucione la crisis del país; incluso algunos así lo admiten. Se han resignado, por lo visto, a aceptar que eso era una quimera, y ya no se oye hablar de “marines”, fuerza armada multilateral, operación comando y solo algunos piensan en TIAR o R2P.

Pareciera, entonces, llegado el momento de pisar tierra nuevamente, contar con lo único disponible (sanciones internacionales contra los pro hombres del régimen, sus familias y testaferros) y dedicar los esfuerzos a organizar la oposición y la resistencia dentro del país, para confrontar el régimen en los escenarios que lucen posibles: procesos electorales y negociación, para llegar a procesos electorales.

En este sentido, en la oposición, se da nuevamente una intensa y amarga discusión sobre si se debe participar o no en las elecciones regionales que se anuncian para fin de año, y que ya algunos llaman “megaelecciones”, pues se elegiría gobernadores, alcaldes, legisladores estadales y concejales. Aún no está claro si la decisión que adoptarán la mayoría de los partidos −si no todos− que hoy se congregan alrededor del Frente Amplio o Juan Guaidó −junto con organizaciones de la sociedad civil (SC), involucradas en la lucha política−, será la de participar en ese proceso electoral o la de abstenerse nuevamente.

Los argumentos para abstenerse o votar no han variado mucho desde la última discusión en 2018 y 2020; realmente no hay planteamientos originales y nuevos en la disputa. Quienes propugnan por continuar con la política de abstención siguen argumentando que no hay “condiciones democráticas” para participar; han reemplazado el mantra aquel de: “cese a la usurpación…” etc. por un nuevo mantra: “sin condiciones electorales, nuevo CNE… no hay participación”; y quienes argumentamos −como ven me incluyo− que se debe participar, afirmamos que nunca se lograrán condiciones ideales y mientras tanto, no se puede seguir perdiendo terreno −en la mente de los ciudadanos− debido a la inactividad política. Si, porque el principal terreno de la lucha contra la opresión no es en cargos políticos, sino en la mente, en el ánimo de la gente, y la inactividad política conduce a resignación, desesperanza y huida.

Como he dicho, soy partidario de la participación electoral −no volveré, al menos hoy, a argumentar más profundamente al respecto− y confío en que solo unos pocos partidos y posiblemente solo algunas oenegés e individualidades no acepten participar. Pero, si bien espero que la mayoría de los partidos y organizaciones de la SC opten por hacerlo, no obstante, también creo que la mayoría de la población, al menos por el momento, me luce que no seguiría esta decisión de los partidos y, por tanto, la abstención seguirá en cifras muy altas, posiblemente por encima del 60%.

La abstención “histórica” se ha estacionado como un peso muerto desde 1998 por encima del 30%, entre otras cosas gracias a la campaña de desacreditación del voto, que ha venido desarrollando el régimen, con mucha fuerza, desde hace unos quince años, cuando se empezó a dar cuenta de que perdía terreno electoral. A esa campaña han contribuido algunos grupos opositores y en general, todos hemos estimulado, con esas confusas estrategias de ir y venir, de participar y abstenernos. Por eso hay que trabajar muy intensamente en contrarrestar esta tendencia y evitar que la discusión −votar o abstenerse− nos siga dividiendo, como ha sido hasta ahora.

Esa lucha pasa por entender que participar o abstenerse, en realidad no dejan de ser tácticas políticas que deben seguir a la estrategia fundamental de ganar terreno y buscar la vía más eficiente para salir de este régimen de oprobio. En ese sentido, cualquier posición que se adopte, debe seguir un principio que se considera más básico, la unidad. Sea que se decida continuar la política suicida de la abstención, sea que se decida la vía de participar electoralmente, aunque hoy luzca poco eficiente, lo importante es que sea una decisión unitaria; de allí el nombre del artículo: Sí, lo que sea, pero unidos…

La unidad no es un mantra, ni un mero principio filosófico; no es una mera consigna, es una posición de eficacia política; es el convencimiento político de que enfrentar a un régimen con ínfulas totalitarias −aparentemente monolítico− no es posible hacerlo desunidos, separados, en múltiples pedazos, que se vuelven grupúsculos, fáciles de anular. Algunos dicen que tampoco es posible salir solos, y probablemente tengan razón, pero el problema es que nadie está dispuesto a hacernos la tarea de sacar al régimen de inmediato y radicalmente, como a algunos les gustaría; por lo tanto, toca hacer la tarea interna para buscar después el apoyo internacional y crear la amenaza creíble para que se llegue a la salida que necesitamos.

Si la decisión es abstenerse −ojalá no sea así− en todo caso no puede ser como ha sido hasta ahora: un simple quedarse en casa, contemplando los resultados y regodeándonos de la cifra elevada de los que se abstienen; debe ser una abstención “militante”, por llamarla con un término muy manido, para explicarle a los venezolanos que se mantienen al margen de la actividad política, el por qué es importante la lucha contra el régimen y que quedarse en casa, no es por mera indiferencia, no es por decepción personal, ni es darle la espalda al país, si no una forma de expresar descontento e insatisfacción por el estado de cosas, por la ruina en la que estamos sumidos.

Si la decisión es participar, no basta con postular candidatos unitarios a los diferentes cargos en disputa; hay que aprovechar la movilización de las campañas electorales para organizar la oposición, para ganar en organización popular, además de recuperar algunos de los espacios políticos que se han ido abandonando. Los partidos y grupos de la sociedad civil, debemos recorrer el país con los candidatos, en tareas de movilización y “agitación política”, para mostrarle a todos que sí hay una alternativa a este régimen de oprobio; y no termina allí la tarea, el empeño organizativo debe llegar −en los estados y municipios en donde hay posibilidad de ganar− a cubrir con testigos al menos el 90% de las mesas, si no todas; y más allá aun, se deben tener algunas ideas de cómo se podrían defender los resultados en el caso de que intenten arrebatarlos, como ocurrió en el Estado Bolívar en la elección de gobernadores en 2017. Significa no solo ganar los “espacios” en juego, sino estar dispuestos a defenderlos, hasta donde sea posible, sin actos heroicos y suicidas, conscientes de que el régimen está dispuesto a desplegar sus fuerzas represivas y de choque.

En todo caso lo que no puede ocurrir es que se nos siga confundiendo con ese peso muerto de los abstencionistas indiferentes, los “hastiados” de la política, los “indignados ahítos”; pero tampoco se nos debe confundir con los oportunistas alacranes que se anotan a cualquier proceso electoral para arrimarse al “festín de Baltasar”. Por eso, cualquiera que sea la posición que adoptemos, debe ser bajo la premisa de: Lo que sea, sí, pero unidos…

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Jesús A. Núñez Villaverde

Joe Biden quiere “recalibrar” las relaciones con Arabia Saudí, uno de los más fieles aliados de Washington desde el final de la II Guerra Mundial, cuando el presidente Roosevelt se comprometió con el rey Abdulaziz bin Saud, a bordo de un buque de guerra estadounidense, a proteger al régimen a cambio de su papel moderador en los mercados internacionales del petróleo. Con las lógicas tensiones de una relación que ha pasado por episodios muy controvertidos, Biden, en línea con su apuesta por colocar los derechos humanos y la promoción de la democracia como elementos centrales de su presidencia, ya ha comenzado a dar pasos en esa dirección. Pero eso no significa que sus decisiones vayan a suponer un borrón y cuenta nueva, aunque solo sea porque a EEUU le sigue conviniendo mantener esa relación en defensa de sus intereses.

La deriva de un Donald Trump que en su primer viaje al exterior eligió Riad como destino reforzó la convicción del régimen saudí (y especialmente de su hombre fuerte, Mohamed bin Salman (MbS) de que contaba con un cheque en blanco, no solo para mantener internamente su dominio absolutista del poder, sino para ejercerlo también en su zona de influencia regional. Tanto el asesinato de Jamal Khashoggi como la nefasta implicación al frente de una coalición militar en el conflicto yemení pueden verse como los mejores ejemplos de ello. Y ahora Washington, en su intento de poner límites al desvarío, publica un informe de los servicios de inteligencia que asigna responsabilidad directa al propio MbS en dicho asesinato y, de paso, parece dejarlo en muy mal lugar como ministro de Defensa a la cabeza de la desastrosa operación Tormenta Decisiva en el territorio yemení.

En el primer caso, yendo más allá de las sanciones que Washington aprueba contra 76 personas supuestamente implicadas en la muerte del periodista, lo que se trasluce es el cuidado de la Casa Blanca para que esa medida no afecte personalmente a MbS. Es obvio que gestos como el que ha llevado a Biden a orillarlo momentáneamente, optando por establecer contacto personal directo con el monarca en lugar de hacerlo con su hijo, dañan a la imagen de un personaje que se afana por consolidar su condición de heredero frente a rivales interesados en aprovechar cualquier tropiezo para recuperar opciones sucesorias. Pero más bien parece que Biden se ha limitado a enviar un mensaje que le sirve, por un lado, para desactivar la creciente movilización de congresistas y senadores muy críticos con Riad, cuidando, por otro, de que no dañe irreparablemente la relación con el régimen saudí y que pueda generar más inquietud en otros vecinos del Golfo.

En cuanto a las decisiones con respecto a la campaña en Yemen, también es necesario ir más allá de los titulares. Frente a la idea de que Washington deja solo a Riad en esa desventura plagada de violaciones de la ley internacional y de los derechos humanos, es inmediato comprobar cómo EEUU se preocupa de reiterar claramente que sigue comprometido con la defensa de Arabia Saudí frente a cualquier amenaza a su seguridad (con Irán y sus aliados en lugar destacado). Además, matiza sibilinamente su decisión de dejar de apoyar las operaciones “ofensivas” y el suministro de armas “ofensivas”, cuando es sobradamente conocido que ese concepto es tan etéreo hoy en día en el campo de batalla que, en definitiva, deja el paso libre a cualquier apoyo o a cualquier suministro que, en su momento, Washington decida calificar como “defensivo”.

Lo que parece, por tanto, es que, en línea con el planteamiento pragmático y realista que parece caracterizar a la nueva administración estadounidense, no estamos ante un brusco giro en la relación bilateral. Lo que se busca no es hacer pagar las consecuencias de sus actos a los principales responsables de los desaguisados cometidos hasta ahora. Por el contrario, lo que parece más claro es el intento por marcar límites a la desmesura saudí, para evitar tener que tomar decisiones más duras en el futuro. Y es que, en esencia, Arabia Saudí sigue siendo importante para EEUU. Si antes lo fue como sustancial suministrador de petróleo, ahora lo es como relevante inversor en la economía estadounidense (13.200 millones de dólares en 2019), y como cliente (lo que supone que unos 165.000 empleos estadounidenses dependen directamente de las exportaciones a Riad). A eso se une, aunque sea imposible de cuantificar, su significativo papel como líder del islam suní, y su necesario activismo para sumar a otros países de la zona con el propósito de frenar a Irán.

Estamos pues ante un buen ejemplo que muestra cómo, afortunadamente, los derechos humanos ya forman parte de la agenda. Pero también de cómo los intereses geopolíticos y geoeconómicos siguen siendo la verdadera vara de medir. Queda por entender que la coherencia en la defensa y promoción de los valores y principios que decimos que nos definen como sociedades abiertas y avanzadas son, en sí mismos, la mejor vía para defender esos intereses. Mientras llega ese momento, unos seguirán aprovechando para mantener su poder a costa de sus propios conciudadanos y otros, como EEUU y muchos más, rezarán para que el actual monarca saudí dure unos años más, antes de encontrarse a MbS en el trono.

04 Mar 2021

Arabia Saudí: un ejemplo estadounidense del límite de los valores se publicó originalmente en Elcano Blog.

https://blog.realinstitutoelcano.org/arabia-saudi-un-ejemplo-estadounide...

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Jesús Elorza G.

El día miércoles 3 de marzo, las personas que habitualmente transitan por los pasillos del Instituto Nacional de Deporte IND, estaban totalmente sorprendidos, al ver pasar a un elevado número de dirigentes deportivos con rumbo al Salón ¨Morochito Rodríguez¨.

-¿Qué pasará? será que hay cambio de Ministro o van a informar sobre los presupuestos de los Planes Operativos Anuales? preguntó uno de los presentes.

-No vale, lo que hay es una asamblea de Federaciones Deportivas, respondió el encargado de la vigilancia.

Progresivamente y a la hora señalada, se fueron incorporando los representantes o delegados de las Federaciones de : Atletismo, Softbol, Gimnasia, Bowling, Kempo, Discapacidad Intelectual, Patinaje, Deportes Acuáticos, Sumo, Sambo, Racquetball, Pentatlón Moderno, Personas con Parálisis Cerebral, Tenis de Mesa, Polideportiva de Sordos, Coleo, Polideportiva de las Fuerzas Armadas, Tiro con Arco, Polideportiva de Ciegos, Canotaje, Deporte sobre Sillas de Ruedas, Hapkido, Baloncesto, Ciclismo, Lucha, Bádminton, Deporte Universitario y Surf para dar inicio a la asamblea convocada, que tenía como punto único: la Elección del Representante de las Federaciones Deportivas en el Directorio del IND.

Como procedimiento, los delegados presentes y legalmente autorizados por su organización deportiva, en primer lugar designaron un Director de Debates, para proseguir con la postulación de candidatos al cargo y, finalmente desarrollar el proceso electoral mediante votación secreta y escrutinio de votos a cargo de una Comisión Electoral integrada por tres federativos asistentes al acto.

Realizadas las consultas de rigor, fueron presentados Zobeira Hernández de Gimnasia y José Aponte de Kempo como candidatos Principal y Suplente. Los candidatos nombrados, fueron electos con una mayoría aplastante de los votos escrutados (27 a favor y 1 nulo)

Los observadores, que estaban en los pasillos del IND, no dejaban de comentar los acontecimientos que estaban ocurriendo:

-Mira, allí están los que el presidente del Comité Olímpico llamó ¨Dirigentes Pelabolas¨ y se burlaba de ellos diciendo que eran una minoría insignificante. Y resultó ser todo lo contrario, señaló un atleta.

-Un entrenador de Boxeo, intervino para decir, en términos boxísticos, que el contrincante Eduardo-COV, recibió 28 jabs, uppercut, ganchos y golpes al hígado de los delegados presentes, que lo dejaron nocaut.

-Explícame algo, dijo otro atleta, que vaina es esa que tú señalas. ¿Es que el tipo tiene o tenía Coronavirus?

-No vale, COV son las siglas del Comité Olímpico Venezolano. Déjame terminar, con mi apreciación de lo ocurrido: Cuando lo llevaron a la Esquina Roja, por más que sus asistentes o seconds del Comité Ejecutivo del COV intentaron reanimarlo con inhalaciones de Amoniaco, ese round Federativo fue un coñazo de efectos presentes y a largo plazo. La mayoría de las federaciones que lo rodean carecen de las Providencias Administrativas necesarias para validar su legitimidad o su reelección.

-Seguro que ahora sale con que el COV es un organismo supra nacional, y solo le corresponde a él, decidir quién es legal y quien no, pero la Ley del Deporte es clara en ese sentido, el otorgamiento de las Providencias Administrativas corresponde al IND.

Hoy, se dio un paso importante. Otro, el de las elecciones de la Federación Venezolana de Deportes Acuáticos será el próximo escenario, en donde Eduardo-COV pretende imponer a su hijo como presidente y seguro va a necesitar varios frascos de Amoniaco. Sin lugar a dudas este fue un ROUND FEDERATIVO, dijo un abogado que observaba el desarrollo de la asamblea...

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Emiro Rotundo Paúl

¿Qué es el chavismo? Es una mezcla de populismo, caudillismo y militarismo en proporciones diversas, sazonada con una buena dosis de corrupción y demagogia, recubierta con una vaga ideología socialista (del siglo XXI) que a su vez contiene ingredientes de izquierdismo, castro-comunismo y bolivarianismo revolucionario. Es toda una menestra política, variada y multisápida, apta para todos los gustos. Por esas singularidades del régimen político venezolano, no hay otra forma de denominarlo que no sea con el simple y poco glorioso nombre de chavismo, a secas, un apelativo que lo vincula íntimamente con su fundador: el militar golpista, egocéntrico, autoritario, atrapado en el culto de su personalidad y obsesionado con el pasado decimonónico venezolano, levantisco y rural, de hombres a caballo, lanza en ristre y en constante rebelión.

¿Contra qué insurgió el chavismo? En la proclama titulada ¿Por qué Insurgimos? del 24-06-92, del grupo de oficiales encarcelados que intentaron el golpe de estado del 4F del mismo año, se declara que actuaron de conformidad con el artículo 132 de la Constitución Nacional (1961) que, entre otras disposiciones, exigía a las Fuerzas Armadas Nacionales velar por la estabilidad de las instituciones democráticas”. Por ese deber con la patria se vieron obligados a insurgir contra un estado de cosas caracterizado por “un Poder Ejecutivo tiránico e ilegítimo, un Poder Legislativo sin representación popular y un Poder Judicial corrupto y corruptor.” A lo largo del documento se van señalando otras motivaciones: el ejercicio personal del poder, el saqueo al Tesoro Público, el peso de una enorme deuda pública contraída para enriquecer a los gobernantes, la persecución personal, la privación de los empleos, la expropiación arbitraria, la crueldad sanguinaria en la represión, etc. (el documento en cuestión puede verse en el libro de Ramón Hernández titulado “Revelaciones de Luis Tascón”, páginas 137/152, Editorial Libros Marcados C.A., Caracas, año 2008)

Todo el razonamiento del fallido pero aclamado golpe del 4F del 92 que acabamos de citar, de ninguna manera podría ser aludido hoy por los militares golpistas de aquella época, porque el mismo describe con mucha precisión lo que pasa hoy en Venezuela y no lo que realmente ocurría en aquél entonces.

¿Qué efectos ha tenido el chavismo para Venezuela? Sus efectos han sido demoledores. No ha corregido ninguno de los reales y supuestos males denunciados en la proclama del 24-06-92, por el contrario, los ha agravado a todos ellos en una forma sustancial como resultado del ejercicio unipersonal del poder y de la ausencia total de control sobre el Gobierno y la Administración Pública. Peor aún, el chavismo destruyó lo bueno que recibió de la llamada Cuarta República, como el respeto al orden constitucional, la alternabilidad en el poder, la división de los poderes, el mantenimiento de los servicios públicos (vialidad, luz, agua, gas, etc.), la preservación del parque industrial, el buen funcionamiento de las empresas básicas de Guayana y de PDVSA y muchas cosas más que han desaparecido o que hoy están muy deterioradas.

No hay elemento, sector o ámbito de la vida nacional en lo económico, político, social, cultural o internacional que no haya sido perturbado y menoscabado por el chavismo. En relación al petróleo, el producto más importante del país, desarrollado y preservado durante un siglo por todos los gobiernos anteriores, el chavismo no sólo no lo sembró, como lo ha demandado siempre el sector más lúcido del país, sino que lo enterró.

El chavismo no ha sido un simple rayo paralizador. Eso hubiera sido malo pero preferible. No frenó al país manteniéndolo en el mismo estado en el que lo encontró. Lo ha regresado al pasado. Mediante un enorme salto atrás lo ha retrocedido a los años previos al perejimenismo, a los años 40 del siglo XX, cuando apenas comenzaba el gran desarrollo de la post guerra en Venezuela.

Finalizamos este escrito recordando a los genuinos representantes de la oposición venezolana que tienen la última oportunidad de unirse y conducir al pueblo a su liberación salvaguardando sus nombres para la posteridad.

04 de marzo de 2021

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Ignacio Avalos Gutiérrez

En los próximos días el coronavirus estará de aniversario. Cumple un año, con sabor a eternidad, dejando a la gente encerrada en su casa, desconcertada por tanta información que desinforma y sin posibilidades de ver por dónde diablos se encuentra el horizonte.

Ahora el futuro es el pasado

La vuelta a la “normalidad” se nos ha vestido de añoranza, pasando por alto que la pandemia pudo desplegarse porque se topó con un planeta mal acomodado, dibujado en una crisis generalizada, que incluye serios problemas ecológicos que hacen de nosotros una “especie en extinción”, conforme lo argumenta el profesor Jeremy Rifkyn.

La pandemia, reiteró, así pues, los severos reparos que, desde hace rato, se le vienen haciendo al modelo de desarrollo que rige, con sus variantes, en todas partes del mundo, haciéndolos, incluso visibles.

En efecto, la desigualdad se ha acentuado. Las cifras asoman que los pobres se hicieron más pobres, mientras que los ricos, sobre todo los más ricos, aumentaron su fortuna. En el documento publicado con motivo del inicio del más reciente Foro Económico Mundial, llevado a cabo en línea (y no en Davos, como es tradición), se prevé que los pobres “necesitarían más de una década para recuperarse de los impactos económicos del coronavirus”.

Así mismo, con ocasión de la pandemia se ha reforzado el autoritarismo en casi todas partes, La comprensible vigilancia sanitaria se ha convertido con frecuencia en limitaciones significativas a la democracia, entre otras cosas por hacer de los datos de los ciudadanos, uno de los activos estatales más valiosos, de allí que algunos pesimistas vaticinen que es una perversión política que llegó para quedarse

Para algunos sí, para muchos no

Los científicos hicieron su trabajo. Gracias al capital de conocimientos acumulado a lo largo de varios años sobre el área de la virología y a la cooperación entre varios de los centros de investigación más destacados, se consiguió desarrollar la vacuna en relativo corto tiempo. Sin embargo, no se ha logrado producirla en las cantidades necesarias y se ha visto, desde un principio, una gran desigualdad en la distribución de la misma como lo revela la ONU, afirmando que el 75% de las vacunas ha ido a 10 países

Aparte de lo anterior los sectores socialmente más vulnerables han tenido menos oportunidad de acceder a ella. Además de la pobreza, se han atravesado otros factores, tales como la discriminación por motivos raciales y, encima, la idea de ciertos personajes de figuración mundial, conforme a la cual se considera que, en beneficio de los más jóvenes, las personas mayores de edad deben estar de últimos en la cola de espera, dado que “ya vivieron mucho”, argumento que es complementado con la prédica de que los terrícolas somos demasiados, sobran al menos 2.000 millones de ellos y hay quien llega a decir (¿en serio?) que eventualmente Marte podría ser su destino. En fin, cada uno es dueño de su lengua, aunque haga de ella un uso irresponsable y bárbaro.

Todos o nadie, that is the question

Mas allá de los que imaginan como meta el regreso a la normalidad hay, afortunadamente, el discurso contrario, el de la necesidad del cambio, de resetear el planeta, modificando radicalmente la ruta por la que transita.

El diálogo y la cooperación son factores esenciales, declaró hace poco Antonio Guterres, el secretario general de la ONU, añadiendo que “se necesita que la economía mundial tenga un respeto universal por las leyes internacionales” y se debe construir “… un mundo multipolar con fuertes instituciones multilaterales”. Pero fue aún más lejos, expresando que ante las circunstancias actuales “… el nacionalismo no tiene sentido.”

Creo, a propósito de estas declaraciones, que desgraciadamente no terminamos de pensarnos como terrícolas. Las líneas trazadas en los mapas continúan fijando la pauta en el desenvolvimiento del mundo. No debe asombrarnos, entonces, que no se haya alcanzado a diseñar un plan conjunto para controlar la pandemia y, menos que menos, a plantear la creación de un sistema de vigilancia a escala global.

El mundo está al borde de un fracaso moral, oí decir. No lo había pensado de esa manera, pero ojalá no tenga razón quien lo dijo.

El Nacional, 4 de marzo de 2021

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Julio Cesar Castellano

En los últimos meses se han conocido en los medios de comunicación graves casos de agresiones sexuales y asesinatos contra las mujeres, de estos resaltan los ocurridos en el estado Portuguesa en los cuales parece operar un criminal de altísima peligrosidad, no obstante, vistos estos hechos como conjunto, todo parece indicar que la pandemia, la crisis de los servicios públicos, el deterioro de la calidad de vida y la pobreza multiplican la vulnerabilidad de la mujer en una sociedad institucional y estructuralmente machista como la venezolana.

Este diagnóstico es posible escucharlo de voces muy autorizadas como Provea, Avesa, el PNUD y otras ONGs especializadas. Lamentablemente, el tema es usualmente relegado en la agenda pública, de hecho, pese a que existe legislación para enfrentar el machismo como un problema de salud y orden público se sigue pretendiendo culpar a las víctimas hablando de cómo vestían o a qué hora estaban en la calle, o aún peor, algunos intentan minimizar el fenómeno con el argumento bajo el cuál es indebido hablar de feminicidios porque el crimen debe ser tratado por igual con independencia del sexo de la víctima, eso obviamente invisibiliza a las mujeres que son en su mayoría las usuales víctimas de violaciones o del resto de las modalidades de la violencia de género.

Este tema debería ser abordado por las autoridades públicas con la urgencia debida pero eso no ocurre porque más del 80% de los cargos públicos de elección popular en Venezuela son ejercidos por hombres. No se puede esperar que los hombres mostremos, me incluyo, especial sensibilidad para diseñar políticas públicas con enfoque de género cuando nosotros no sentimos ningún temor a una agresión de carácter sexual al caminar por la calle, ni escuchamos comentarios ofensivos con carga explícitamente sexual expresada por desconocidos en la vía pública (los asquerosamente normalizados “piropos”), ni tenemos que escuchar con estoica paciencia mensajes de autoridades religiosas que, explicita o veladamente, hacen un anatema de los debates sobre salud reproductiva (hasta hace relativamente poco la iglesia católica ejercía fuerte oposición al uso del condón y, en la actualidad, olvidando que somos un Estado Laico, ejerce, junto con los ahora empoderados protestantes, fuerte oposición al debate sobre la despenalización del aborto).

Ser mujer en Venezuela implica estar bajo condiciones de grosera subordinación al hombre y es claro, más que claro, que nosotros los hombres no nos damos cuenta con facilidad porque estamos cómodos con nuestra indignante y forzada superioridad. Las pocas mujeres que ejercen roles de relevancia política han tenido que masculinizarse, es decir, mostrarse agresivas, amarrarse un moño y “hablar golpeado” para sobrevivir en un medio donde la sensibilidad, la afabilidad y la cortesía en las mujeres es malinterpretada. Hay excepciones que, por ser excepciones, confirman la regla.

Una dirigente socialdemócrata, feminista hasta los tuétanos y, por tanto y lógicamente adeca, Evangelina García Prince, solía decir que la verdadera igualdad de la mujer comienza con mujeres ejerciendo el poder político. Cada día que pasa, en medio de nuestra injusta y desigual sociedad, estoy más convencido de ese argumento. De tener una cuota obligatoria de mujeres en los cargos de representación pública, de al menos un 50% en correspondencia con el hecho de que las mujeres son al menos la mitad de la población, tendríamos más posibilidades de que los problemas que afectan a la mujer sean debatidos en público. Hoy, sin suficientes mujeres en esos cargos, las mujeres son objetos y no sujetos de pleno derecho. Si lo noto yo, con la miopía propia de ser hombre, ¿cómo será de grave el problema visto desde la perspectiva de la mujer?

febrero 28, 2021

Guayoyo en Letras

https://guayoyoenletras.net/2021/02/28/mujeres-y-politica/

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Acceso a la Justicia

Actualización oral sobre Venezuela de la ACNUDH ante el CDH

«Depende ¿de qué depende? De según como se mire, todo depende». La canción del grupo español Jarabe de Palo ha probado ser cierta. Al menos esa es la sensación que deja la última actualización sobre la situación de Venezuela que la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, presentó en el Consejo de Derechos Humanos del organismo internacional y en la cual parece haber preferido ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío.

La exmandataria chilena destacó como un hecho positivo la reciente visita al país de la relatora especial sobre medidas coercitivas unilaterales, la bielorrusa Alena Douhan. No obstante, obvió el detalle de que en 2019 las autoridades venezolanas se comprometieron con su despacho a permitir, al término de dos años, que diez mecanismos temáticos del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pudieran constatar in situ la realidad del país y en que la viven sus habitantes.

Pese a que año y medio después de alcanzado este acuerdo, solamente Douhan ha podido viajar a Venezuela y hasta ahora no se ha informado de nuevas visitas, Bachelet no reprochó al Gobierno de Nicolás Maduro su lentitud para honrar su palabra y se limitó a decir: «sigo promoviendo visitas adicionales de otros mandatos este año para que se enfoquen en una amplia gama de derechos humanos».

Los funcionarios venezolanos pretenden achacar la pavorosa crisis económica y social que atraviesa el país a las sanciones que Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y algunos países latinoamericanos han impuesto en los últimos años. La visita de la relatora Douhan reforzó esta línea argumentativa, pues a juicio de la experta, las medidas impuestas por otras naciones tienen un «efecto devastador» sobre el pueblo venezolano.

Mejor tarde que nunca

Bachelet también acogió «con beneplácito» la nueva imputación a los presuntos asesinos del capitán Rafael Acosta Arévalo, quien murió en junio de 2019 mientras estaba detenido en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). En efecto, a finales de 2020, el Ministerio Público señaló a los efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Ascanio Antonio Tarascio Mejía y Estiben José Zarate, por los cargos de homicidio calificado con alevosía y tortura.

La nueva imputación se produjo tras una decisión del Tribunal Supremo de Justicia que dejó sin efecto la imputación original por homicidio preterintencional que había hecho el despacho dirigido por Tarek William Saab.

El fallo se produjo tras el duro informe que la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos de la ONU emitió en septiembre pasado, en el cual se aseguraba que el oficial habría muerto debido a los malos tratos que recibió de sus captores y se criticaba la actuación del Poder Judicial.

La Misión concluyó que:

«El Poder Judicial no ha actuado como un control de los demás agentes del Estado, perpetuando la impunidad por los crímenes cometidos. La mayoría de las violaciones y crímenes documentados por la Misión no han dado lugar a investigaciones exhaustivas, enjuiciamientos y condenas de los presuntos responsables. A pesar de recibir información de que las víctimas habían sido torturadas, los y las fiscales y jueces no investigaron ni sancionaron esos actos. Hay motivos razonables para creer que esas omisiones se vieron afectadas por la falta de independencia judicial».

Pasito a pasito

La alta comisionada Bachelet resaltó el hecho de que funcionarios de su despacho hayan podido visitar cinco centros de detención desde septiembre pasado y se mostró esperanzada, porque en el corto plazo puedan ir «a prisiones militares y el centro de detención de los servicios de inteligencia» para verificar sus condiciones.

La situación de los privados de libertad fue el asunto al que más tiempo le dedicó Bachelet en esta ocasión. Una de las pocas exigencias que les formuló a las autoridades en esta oportunidad fue la siguiente:

«Acojo con satisfacción las medidas para proporcionar a algunos detenidos acceso a algunos exámenes médicos e insto a darle seguimiento con asistencia médica y a compartir oportunamente los informes médicos con los abogados y familia. Esta práctica, así como el contacto regular con los miembros de la familia, y los abogados y el acceso adecuado al agua y los alimentos, debe ser estandarizada en todos los lugares de detención».

Al respecto, no puede olvidarse que durante 2020 unos 208 reclusos perdieron la vida mientras estaban detenidos en centros policiales, de acuerdo con la organización Una Ventana para la Libertad, la cual denunció que 69% de los decesos se produjo debido a enfermedades perfectamente tratables y por las condiciones de insalubridad y falta de alimentos en las que se encuentran los privados de libertad.

El pronunciamiento de Michelle Bachelet fue en respuesta a la resolución 45/2 que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó el 6 de octubre de 2020, en la cual se instaba al Gobierno venezolano a reforzar la cooperación con la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, un texto que fue propuesto por Irán, Turquía, Siria y por la propia Venezuela.

Lo anterior posiblemente explica por qué Bachelet no se haya referido a asuntos como los sucesos ocurridos en la parroquia La Vega, en los que un grupo de las polémicas Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía Nacional (FAES) habría realizado una operación contra la delincuencia que actúa en la zona, dejando a veintitrés personas fallecidas, de las que se sospecha que algunas fueron ejecutadas extrajudicialmente, según las informaciones manejadas por el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea).

Bachelet tampoco habló sobre el proceso contra los activistas de la organización Azul Positivo, quienes a principios de enero fueron aprehendidos y señalados de manejo fraudulento de tarjeta inteligente, asociación para delinquir y legitimación de capitales por su labor humanitaria. Tras pasar casi un mes tras las rejas fueron dejados en libertad condicional.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

Ahora más que nunca es crucial la supervisión y monitoreo de los organismos internacionales debido a la grave crisis humanitaria que vive el país. La falta de institucionalidad hace que la cooperación y la presión internacional sean fundamentales para subsanar las causas del drama que padecemos los venezolanos, el cual tiene su raíz en el desmantelamiento del Estado de derecho y de la democracia llevado a cabo por quien detenta el poder en el país desde hace más de dos décadas.

La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, así como otros organismos de protección de derechos humanos juegan en Venezuela un rol fundamental, por cuanto el drama que atraviesa el país es un problema no solo nacional sino regional, pues afecta a otros países del continente.

3 de marzo 2021

https://accesoalajusticia.org/michelle-bachelet-opta-vaso-medio-lleno-ca...

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