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Opinión

Carlos Raúl Hernández

El hundimiento de los últimos cinco años, ahogó la fuerza institucional de la sociedad para defenderse del gobierno. Los “hábiles” se hicieron los locos como siempre, “a ver qué pasaba”. Pero el bloquecito social instalado, nulo para procesar ideas, sin lo que llama Berlin “sentido de la realidad”, reaccionó con prepotencia, calumnia, descrédito contra quienes pedían discutir, analizar, pensar, para corregir los errores, salir de la peste abstencionista y demás gafedades.

Contrataron palangristas de abolengo y también algunos nuevos para el trabajo sucio, precarizados de empleo y de moralidad. El resultado lo conocemos y en vez de organizaciones con poderes regionales, municipales y nacionales, hay un hueco negro. Tan desgraciado el quinquenio, que los responsables reconocen su error, sin la honradez de explicar en qué erraron hasta el 5 de diciembre, hace apenas mes y medio.
Hay que tener muy poco auto respeto, pero también por la gente, a la que conciben como “la vaca multicolor” de que hablaba Nietzsche. Los asesores “intelectuales” son de autoridad fallida y calificación a años luz de poseer, porque su larga historia es de 30 años es empujar al barranco incansablemente a las fuerzas que tuvieron la ingenuidad de creerles, y al país en conjunto.

Ni cabeza propia ni ajena
Si ya hasta los activistas de abstención y golpismo de piñata saben que se equivocaron, no suponemos qué se puede tener bajo el cráneo para proponer hoy de nuevo “protestas” que nadie acata. Quien quiere asesorar debe tener un mínimo de experiencia y conocimiento real de lo que “asesora” y no vivir de viejas patrañas, ideología muertas y de cometer siempre el mismo error.
En la década anterior Francis Fukuyama, a propósito de la experiencia venezolana, escribió un ensayo para evidenciar que las protestas masivas no sirven para nada. Con o sin ellas, lo único que derrota a un gobierno son las mayorías electorales o, para los insurreccionalistas, la guerra civil. Los que vuelven al riqui riqui de “la protesta” solo proponen seguir fracasando.
Ellas por sí mismas, solo representan el riesgo, hasta en EEUU, de producir muertes o detenciones de manifestantes. Hay que vivir en un mundo muy raro, descolgado de la realidad, para no saber eso a estas alturas. Y peor si estás en Venezuela, record Guinness de eventos políticos masivos. Pero Zaratustra lanza grandes sentencias vacías, retóricas, altisonantes.
La viga en el ojo propio
Si las víctimas que aconsejamos ya entendieron el desastre incurrido, como es que yo no y me dedico a adivinar errores que vendrán al volver a la política real. Desde su montaña, ilumina que cualquier esfuerzo para torcer la marcha económica y social del gobierno, aunque debiera usar por lo menos la linterna del teléfono para ver el caos que ayudo a crear.
Lenin tenía cierta aptitud en la acción, estableció que el primer paso para desarrollar la “conciencia de las masas”, era que los revolucionarios lucharan por sus reivindicaciones materiales, con lo que marcó un abismo entre su partido y los grupos de activistas alucinados llamados narodniky y narodnovolsky, estudiantes que predicaban la revolución sin hacerse entender por la gente sencilla.
Betancourt en 1939 rompe con los predicadores a los que llamó “clubes políticos”, para sumergirse en el país profundo “ciudad por ciudad, pueblo por pueblo, aldea por aldea” a crear sindicatos y ligas campesinas en defensa de los trabajadores. Llamó a los ideólogos delirantes y radicales “cabezas de ñema” porque no entendían el imperativo de emplazar al gobierno para el cambio a partir de las necesidades reales.
El alto precio del ñame
Eso no significa que los políticos hablen como fiscales de precios, el error contrario. El gobierno tiene ante sí el imperativo de mejorar la economía y sacar de la miseria a las mayorías, lo que requiere quitarse las sanciones económicas. Pero para eso tiene que reinstitucionalizar. Escribí muchas veces que las sanciones solo dañan a los pueblos. Otra parte de la gente compra en “bodegones” y comienza a hacer negocios.
Ahí no puede comprar la gente de los barrios. Las sanciones son como los grilletes de 20 kilos que arrastraban presos de la Rotunda y Puerto Cabello durante el gomecismo: no matan al gobierno, aunque le amargan la vida. Hay que cambiar el metal inmediatista del discurso democrático, para encontrar perspectivas reales, como los, consejos regionales, alcaldías y municipios. Pero Zaratustra quiere convocar marchitas e inutilidades.
Por otro lado ¿cuántas convocatorias de R.R serán necesarias para entender que es una ficción? Creo en ganar estados y municipios, rehacer los partidos desde abajo, refundar sindicatos y demás organizaciones sociales para ir a la próxima confrontación presidencial con fuerzas. No acudir como corderos a la matanza revocatoria. Esperemos a ver qué pasa en las elecciones regionales.
A largo plazo espero volver a vivir en un país sin lechinas tercermundistas como el tal RR y la tal constituyente. Me crea poca confianza que el gobierno constantemente rete con él, porque sabe que para revocarlo habría que obtener más votos que los que contó en 2018. Sobre Zaratustra, esperemos deje de producir sentencias vacuas y sonoras. O que se jubile.

@CarlosRaulHer

 3 min


Ismael Pérez Vigil

La fecha que hoy recordamos –23 de enero de 1958– y los momentos de reflujo político como el que vivimos, impulsan a la reflexión y el afloramiento de temas que estaban algo pospuestos por el fragor mismo de la lucha política. Entre estos están: el siempre subyacente tema de la unidad opositora, la discusión acerca de si participar o no en procesos electorales y el papel de la sociedad civil y los partidos políticos. Los dos primeros son de carácter más práctico, pero me ocupare del tercero el día de hoy, que tiene algunas facetas más teóricas y conceptuales.

La discusión acerca del papel de los partidos y sobre todo el de la sociedad civil, el de los ciudadanos, para decirlo de otra manera, es necesario ubicarlo en su contexto, que no es otro sino considerar que este régimen tiene ya veintiún años en el poder, impulsando una supuesta “revolución” que no solo ha destruido la economía del país, sino que además ha resultado ser un plan magistral para eliminar el equilibrio entre los poderes y desmantelar las instituciones democráticas.

Mal que bien existía en el país hasta 1998 una separación de poderes y un cierto balance entre ellos, hasta el punto que fue obligado a renunciar un Presidente de la Republica –en un país netamente presidencialista como lo es el nuestro– al haberle encontrado la Corte Suprema de entonces motivos para que fuera enjuiciado por el Congreso Nacional. Lo justo o apropiado de esa decisión es otro tema, pero todo eso ya es historia, pues ahora el llamado Poder Ejecutivo, el Presidente de la Republica, tiene secuestrados y controla todos los demás poderes, que actúan a sus ordenes y bajo su caprichoso mandato. Desde Miraflores se escribe el guión que todos los demás ejecutan, la partitura que todos tocan al unísono.

Entre todas las instituciones políticas contra las que han arremetido, los partidos políticos están entre los que han llevado la peor parte; y no es por casualidad, sino porque la tiranía sabe que son la base de la democracia. Es una mezquindad no reconocer que casi todo lo que tuvimos en la Venezuela moderna –y en el fondo por lo que seguimos luchando– en materia de instituciones, estado de derecho y democracia, lo debemos a la dinámica que introdujeron los partidos, con sus reformas sociales, sus luchas económicas y sus propuestas políticas e institucionales.

Eso lo sabía bien Hugo Chávez Frías y por eso, en su empeño por destruir a la democracia, inició su gobierno continuando el ataque despiadado a los partidos políticos, recogiendo y usufructuando más de 30 años de diatribas contra ellos, no siempre justificadas. Ese intento de eliminar los partidos cristalizó en la Constitución de 1999, en la cual ni siquiera se les nombra y expresamente prohíbe que sean financiados por el Estado. Algunos pensaron, erróneamente, que esto era un comienzo de liberación y depuración, cuando en realidad al quitarles el financiamiento público se los arrojó en manos de los grupos económicos que pudieran financiarlos y de cuya influencia se pretendía liberarlos. Con esa disposición, aún vigente, se hizo más dependientes, a los de la oposición, de intereses particulares que pudieran financiarlos y se favoreció indirectamente a los del Gobierno, porque son los únicos que pueden contar con los recursos del Estado, como hemos visto hasta la saciedad en estos veintiún años.

Durante los últimos seis años el régimen ha continuado con especial saña contra los partidos, con arremetidas y persecuciones a sus líderes, encarcelándolos u obligándolos a salir del país o refugiarse en embajadas. El CNE, otro de los órganos del régimen, desconoció a los partidos democráticos, los obligo a registrarse de nuevo, con un complicado y engorroso proceso, dificultando esa actividad y suspendiéndola cuando se percató que de todas maneras los partidos opositores lograrían hacerlo. Por su parte, la Contraloría, también órgano del régimen, inhabilitó a sus líderes; y la arremetida, que el régimen cree definitiva, fue completada desde hace dos o tres años, cuando el dócil Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) comenzó a dictar sentencias contra los partidos, tarea que concluyó el año pasado, interviniéndolos, designando a sus directivas y despojándolos de sus símbolos, recursos y sedes. Y, sin embargo, no han podido concluir con esa tarea, pues se encontraron con un obstáculo insospechado.

Simultáneamente con la llegada al poder de esta “revolución”, comenzó un proceso de resistencia al régimen. Resistencia con la que nadie contaba y que ha sido muy difícil de manejar y doblegar. Buena parte de ese factor de resistencia al régimen fue el surgimiento impetuoso de un actor inesperado: El ciudadano y la sociedad civil. Ciudadanos y sociedad civil, son actores, protagonistas indiscutibles, de este proceso de resistencia a una “revolución” que resultó ser un fraude.

El papel de la sociedad civil durante estos veintiún años ha sido clave; dio la cara, movilizó a la opinión pública, contribuyó a la discusión y no cabe duda que debe seguir participando; pero el salto modernizador hacia la plena democratización se produce solo por el auge de las organizaciones políticas y el fortalecimiento de las instituciones.

Pero esto es cierto sí, y solo sí, los partidos y sus líderes entienden ese proceso histórico, su papel en él y la necesidad de una renovación ideológica profunda. Pero esa afirmación axiomática, se ha convertido casi en un o mito ideológico, que a todos nos impulsa a compartirla. Pero el vacío que vivimos ahora parece evidenciar que esa renovación profunda y necesaria, de la que se habla, no ha ocurrido en los partidos políticos venezolanos; es todavía una tarea pendiente.

Por eso creo que la tarea política de la sociedad civil y los ciudadanos es fortalecer partidos, sindicatos, organizaciones gremiales y apertrecharse para después, para el nuevo Gobierno, para evitar que se retroceda a situaciones de inamovilidad política como las que tuvimos en los periodos anteriores. Por eso se ha hablado de un nuevo pacto político y social, para salir de este régimen de oprobio, pero para evitar también retrocesos que nos conduzcan de nuevo al punto en que nos encontramos ahora.

No todo lo ocurrido en los dos últimos años en el país es negativo, a pesar que no se logró el objetivo de salir de este régimen y reestablecer la democracia. La actividad de recolección de firmas del 12 de diciembre –que algunos ya empiezan a querer apropiarse como sus “voceros”– demostró la vitalidad que aún mantiene la oposición, constatamos que se cuenta con un “capital social” nada despreciable, con más de seis millones de participantes, tres de ellos de manera presencial, miles de activistas de cientos de organizaciones políticas y de la sociedad civil, a pesar de todas las arremetidas e intentos de intimidación por parte del régimen. Contamos, entonces, con dos componentes fundamentales, una sociedad que resiste y sus expresiones organizativas –partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil– como base para reconstruir y organizar la resistencia al régimen.

Durante mucho tiempo tuvimos poca capacidad de comprensión del momento político que vivíamos –los ciudadanos, me refiero–; ahora somos conscientes de que estamos enterrando todo un ciclo de la vida política venezolana. Encarnamos una realidad y una historia –me refiero al período previo a esta oscuridad iniciada en 1999– no denigremos de ella, ni la desconozcamos, pero tampoco la demos por completamente buena.

De este proceso de más de veinte años aprendimos muchas cosas sobre la política. Lo más importante, aprendimos como realmente es y no como la estudiamos en los libros o la contemplamos desde lejos. Nos servirá de mucho para la tarea que viene ahora: Construir una verdadera opción política, democrática, transparente y plural, que tenga como centro el respeto a la persona humana.

Esa es la enseñanza práctica que sacamos de este proceso y a la que hay que dedicar buenos esfuerzos.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Pedro Vicente Castro Guillen

Sectores universitarios de la UCV se han activado para solicitar las elecciones de las autoridades que fueron arbitrariamente suspendidas en el 2012 por una sentencia del tsj, con la consecuencia que las autoridades permanecen en sus cargos desde hace 11 años. Este artículo no está destinado a condenar tal iniciativa sino a evaluar sus riesgos, por aquello de la sabiduría China repetida por Oscar Wilde: “cuidado con lo que deseas”.

La actual situación de la UCV en relación con la población profesoral y estudiantil es de una total dispersión, con lo que no sería demasiado arriesgado asegurar que pueda existir un gran desinterés en estos sectores por la actual situación universitaria ocupados en los duros quehaceres de la sobrevivencia, en virtud de los salarios inexistentes, amén de lo no pocos que han optado por el exilio forzoso.

Es verdad que esta solicitud de elecciones está respaldada por el hecho de la reducción a escombros de la universidad tanto material como intelectual, que conduce a la conclusión de que la universidad necesita soluciones urgentes. Pero no es menos cierto que una solitud de elecciones conlleva riesgos que no han sido suficientemente evaluados:

La ya mencionada dispersión de los sectores universitarios, aislamiento que se vuelve más severo por las dificultades de comunicación en todos los sentidos tanto presencial como virtual, impide llegar con un mensaje claro a la gran masa de la población profesoral y estudiantil.

La falta de una propuesta clara, mas allá de la escogencia de nuevas autoridades, que indique un camino cierto y compartido para toda la comunidad con objetivos claros y la forma de alcanzarlos: un proyecto.

La carencia de fuerza política real por la poca capacidad de convocatoria a los sectores universitarios, hace un muy fácil al gobierno bloquear la iniciativa de lucha por elecciones para la escogencia de nuevas autoridades, lo que podría convertir a la misma en una nueva frustración en las aspiraciones de cambio en la UCV. Y que terminara siendo una oferta engañosa.

La solo solitud de elecciones no comporta un cambio, al contrario, plantearla como se ha planteado suena a un movimiento desesperado marcado por un deseo irreflexivo de cambio.

Como dije al principio, este artículo no está destina a desestimar la iniciativa de elecciones, lo que me parece pertinente plantear para la discusión de los diferentes sectores es discutir con franqueza la actual situación y construir una ruta que pueda hacer de la iniciativa electoral una vía fructífera para construir una nueva universidad. Para ello se requiere:

Discutir un proyecto para la nueva universidad, que implica construir un nuevo edificio académico y sus formas de gobernabilidad. Con la discusión de este proyecto podríamos intentar unificarnos para proponer este nuevo proyecto a la Comunidad Universitaria.

Este nuevo proyecto implicaría un camino claro para enfrentar la crisis, las tareas, metas y objetivos a alcanzar, de tal manera de indicarle a los universitarios de manera clara que queremos, y lograr amplios consensos.

Esto no supone unanimidad en todos los sectores, sino un proyecto de creación de la nueva Educación Superior que puede alimentar diversos programas de gobierno, en tanto, cada sector tiene sus modos y manera de enfrentar las ideas así existan puntos en común.

Una vez unificados y logrado trasmitir las ideas expresadas en el proyecto podemos buscar las elecciones con algo concreto que ofrecer.

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Fernando Mires

“Pensar el pasado como si fuera presente, pensar el presente como si fuera pasado”. La recomendación del historiador Ferdinand Braudel continua vigente. Desde esa perspectiva, los recientes acontecimientos que han tenido lugar en los EE UU., viéndolos sin las furias que calientan el momento, no son tan extraordinarios como parecieran a primera vista. De un modo norteamericano, digamos, muy cineasta y por cierto, dramático, el final de la administración Trump puede ser enmarcado en el contexto macro histórico caracterizado por el fin de las formaciones políticas correspondientes a una era que se nos va.

Robert Dahl, Alain Touraine, André Gorz, Richar Sennett y otros pensadores de las llamadas sociedades modernas, dieron cuenta de las profundas transformaciones que trajo consigo el fin del industrialismo basado en la pesada maquinaria de la gran revolución industrial europea y americana. Hoy hemos avanzado un trecho más. Hoy estamos situados en medio de la revolución digital. Razón de más para afirmar, sin caer en determinismos, que “lo social” busca diferentes formas de representación en “lo político”.

Las transformaciones sociales devenidas de la hegemonía del modo de producción digital sobre el industrial debían derivar tarde o temprano en la alteración del orden político que prevalecía en el pasado reciente. Estamos, efectivamente, contemplando el aparecimiento de nuevas formas políticas en medio de un periodo de transición histórica que, como todos, es contradictorio, tormentoso y políticamente sísmico. Las viejas formas políticas desaparecen, las nuevas no están definidas. Hay que pensar en medio de los escombros y ruinas del periodo industrial. Los llamados análisis políticos, bajo estas condiciones, solo pueden ser simples aproximaciones.

Por de pronto, hay que constatar que la digitalización ha procreado sectores sociales emergentes, muy distintos a las clases de la así llamada sociedad industrial. Contratos laborales de corta duración, predominio de jobs temporarios por sobre el laborismo contractual, empresas que aparecen y desaparecen en el espacio virtual, deslocalización geográfica de los grandes consorcios, capitales volátiles autonomizados de la producción, globalización de los mercados, migraciones masivas de fuerza de trabajo, multiculturización de las naciones monoculturales. Y hasta aquí no más llego. Estos son solo algunos trazos de los tiempos que vivimos.

En términos estrictamente sociológicos ya no podemos hablar de una sociedad de clases (lo que no es lo mismo que hablar de una sociedad sin clases). Las llamadas clases coexisten hoy con conglomerados sociales que viven un momento pre-formativo de su historia, sin adscripciones ni lealtades políticas definidas, desconectados del sistema político vigente y por lo mismo, desconfiados de partidos políticos que ya no los representan. En fin, hay condiciones ideales para que, por doquier, aparezcan organizaciones, movimientos, líderes, partidos y gobiernos a los que a veces por comodidad llamamos populistas.

Dicho de modo general, independiente a la cantidad de partidos que competían en cada nación occidental, la mayoría de ellos obedecía a un patrón estándar formado por una triada: los conservadores, los liberales y los socialistas. En una primera fase, esa triada fue una dupla: a un lado los conservadores, defensores de la religión, la patria y la familia, al otro los liberales, partidarios de la libertad de culto, cosmopolitas y, en materias sexuales, más flexibles.

La triada apareció con la civilización de los partidos obreros, los que en sus formas laboristas y socialistas abrieron la posibilidad para la formación de un sistema en donde no estaban excluidas alianzas políticas que terminarían tomando la forma de coaliciones de centro-izquierda o centro derecha. Ese, más o menos, fue el centro del orden político de la sociedad democrática de la modernidad. Ese es también el centro que en estos momentos ha perdido funcionalidad pues de acuerdo a las transformaciones ya señaladas, hace aparición una multiplicidad de actores sociales excluidos de la triada política del periodo pre-digital. De ahí que, la que contemplamos en diversos países del occidente político ya no es tanto una crisis política sino, lo que es diferente, una crisis de la política. La crisis de la triada ideológica y política del siglo XX.

Si usamos como premisa la transformación señalada, podemos quizás pensar de modo menos pasional acontecimientos como el de los asaltos de las turbas que han tenido lugar en Alemania y en los Estados Unidos. Son analógicos. El primero tuvo como objetivo el Reichstag. El segundo, el Capitolio. En ambos casos, los corazones democráticos de ambos países fueron el objetivo a demoler. Asaltos poderosamente simbólicos, sin lugar a dudas. Masas convertidas en chusma, aleonadas por elites políticas, las que en un alarde de democracia directa no-representativa, asaltaron a los edificios en donde tienen lugar los debates de la polis nacional. ¿Qué nos dice este símbolo? Nada menos que lo siguiente: se trata de rebeliones fragmentadas en contra de la clase política, organizadas por políticos pertenecientes a esa misma clase política.

En el fondo, nada nuevo. Los partidos nacional-populistas que en este momento asolan la política europea, la norteamericana y también la latinoamericana, tienen dos características. La primera es que actúan sobre un vacío que intentan llenar con una suerte de democratismo anti-partidario y anti-parlamentario. La segunda, sus líderes provienen por lo general del antiguo tronco político y en el último periodo, de las derechas extremas de las derechas tradicionales.

En Alemania, AfD proviene de los bordes más derechistas de la CDU/CSU, en España, VOX de las disidencias ultraderechistas del PP, la Liga Norte italiana nace del más puro y oscuro conservadurismo, el lepenismo de la reacción conservadora francesa y el trumpismo, todavía en el vientre republicano, a punto de salir a luz, ya no es totalmente republicano. Por eso son llamados “populismos de derecha”. Pero las apariencias engañan.

De las derechas clásicas los populismos nacionales extraen fragmentos discursivos: defensa del orden patriarcal, desprecio a las reivindicaciones feministas, cierto apego a las instituciones cristianas, reivindicación de un “pasado glorioso” que nunca existió, más un nacionalismo verbal que linda con la retórica fascista. Pero a la vez, extraen otros fragmentos que pertenecieron al patrimonio de las izquierdas extremas: anti-autoritarismo, amor al líder mesiánico, odio desatado a las elites intelectuales y al establishment (la nueva “burguesía”) anti-parlamentarismo radical, y sobre todo, culto a la acción callejera e incluso a la violencia.

Para decirlo con Hannah Arendt cuando se refería a los movimientos precursores del totalitarismo moderno, hoy tiene lugar una nueva alianza entre la chusma (Mob) y las nuevas elites, ya no culturales, sino simplemente económicas. El objetivo de esa alianza es tomar el poder mediante una combinación de diferentes formas de lucha, atrayendo a las multitudes que habitan ese espacio grande aparecido como consecuencia del derrumbe histórico de “la sociedad de clases”. Los partidos democráticos del orden prevaleciente han sido empujados a posiciones defensivas. En nombre de la democracia total los nacional-populistas, en sus versiones de izquierda y de derecha, intentarán apropiarse del poder total.

¿Estamos llegando a las orillas de otra época totalitaria? No lo sabemos. Probablemente no, no todavía. Solo sabemos que la democracia liberal se encuentra amenazada. Bajo esa condición, lo peor que pueden hacer los defensores de la democracia occidental es quedarse encerrados en sus liberales torres de marfil. Hay que bajar a las barricadas políticas a enfrentar a los populistas nacionales, salir a buscarlos en sus propias madrigueras, incluyendo a las redes sociales.

Con el nacimiento objetivo del trumpismo y sus millones de seguidores, el populismo nacional desatado por Trump avanza primero en su propio país donde de hecho ya ha liquidado informalmente la estructura bi-partidista. Pero es el mismo nacional-populismo que avanza en otros reductos de la democracia moderna como son Alemania, Francia e Inglaterra. El problema adicional es que el trumpismo -con o sin Trump- y sus millones de seguidores repartidos en el mundo, liberado del corset partidario republicano, podría llegar a convertirse en el eje articulador de diversos populismos nacionales a nivel mundial. Y todo eso, bajo la mirada sonriente de Vladimir Putin. No es para reírse.

Digámoslo más claramente: el trumpismo puede ser más peligroso como movimiento que como gobierno. Y ese movimiento no ha terminado con la derrota electoral de Trump. Gracias a esa derrota - malvada paradoja - está comenzando.

18 de enero 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/01/fernando-mires-nacional-populis...

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Humberto García Larralde

De acuerdo con una encuesta hecha a finales del año pasado en 14 ciudades principales del país por la consultora Ecoanalítica, un 68% de las transacciones comerciales se estarían haciendo en dólares. Por esas fechas Maduro había declarado que la dolarización era de apenas el 17% y que no pensaba abandonar el bolívar como moneda nacional.

Estamos acostumbrados a que el régimen inventa cifras a conveniencia, pero en este caso ambas aseveraciones no tendrían por qué ser contradictorias. Se entiende que Ecoanalítica se refiere al valor (68% del valor total transado), mientras que, con respecto al número total de transacciones, las realizadas en dólares podrían ser tan solo del 17%. De ser así, estaría indicando varias cosas: 1º., que las compras en dólares son de bienes que, en promedio, son bastante más caros; 2º., que estas compras están concentradas en las ciudades principales; y/o 3º., que el valor consumido por todos aquellos que no tienen acceso regular a las divisas, es muy reducido.

Lo que sí es inobjetable es que el régimen acabó con el bolívar como moneda. No sirve como unidad de cuenta, cada vez menos como medio de transacción y, claro está, nadie lo usa como reserva de valor. ¿Significa que la economía terminará de dolarizarse también en lo financiero y que el dólar suplantará definitivamente al bolívar? Como han pregonado algunos desde hace tiempo, ¿es ésta la mejor forma de abatir la inflación? ¿Empezará a reactivarse la economía? Ya el banco Credit Swiss anticipa para este año una ligera recuperación del PIB, en el orden del 3%, relacionado, en parte, con la mayor estabilidad y previsibilidad que otorga la creciente dolarización de las transacciones.

Hace poco argumentamos que una dolarización completa era improbable. Primero, porque en Venezuela existen muy pocas divisas para sustentar una reactivación de la actividad económica. Su monto quedaría sujeto a las reservas existentes, al saldo de la balanza de pagos y a la política monetaria de EE.UU. En segundo lugar, porque el gobierno sólo puede financiar su enorme brecha fiscal con emisión monetaria del BCV.

Si se completara la dolarización, esta potestad del Instituto Emisor desaparecería. Como el Estado venezolano está en default, sin acceso a los mercados financieros internacionales, no tendría cómo financiar esta brecha y tendría que recortar brutalmente su gasto, lo que representaría una verdadera debacle política y social. Cabe recordar que el ingreso tributario está en el piso por el derrumbe de la economía y la destrucción de la industria petrolera.

Finalmente, en un escenario de dolarización, el sector externo se ajusta –si el Estado no controla el suministro de las divisas-- moviendo el salario real. Saldos positivos en la B de P requerirán salarios bajos, a menos que la productividad aumente, contrario a lo que sería el objetivo de cualquier gobierno que prioriza el bienestar nacional.

Sabemos, empero, que el bienestar de la población no es preocupación que le quite el sueño a quienes están actualmente al mando del Estado. ¿Qué significa, entonces, la dolarización creciente de las transacciones, si la dolarización completa no está contemplada como política? Podría afirmarse que es el resultado inevitable de la destrucción de la moneda nacional y del abandono, por parte del régimen, de toda pretensión de imponer su proyecto económico.

El gobierno entendió, como confesó Maduro, que permitir la dolarización de las transacciones, dejando el funcionamiento de la economía doméstica a la libre, sin controles de cambio o de precio, representaba una importante válvula de escape a las tensiones que se venían acumulando por la escasez y por las restricciones externas.

Pero esta dolarización transaccional habrá de modificar la dinámica económica de algunos integrantes de la oligarquía militar - civil. Las mafias clásicas buscaban lavar sus dineros mal habidos en negocios legítimos. Claro está, sus ganancias ahí eran siempre menores a las exacciones obtenidas por medios ilegales. Pero el riesgo de pasar largos años en la cárcel indudablemente influía en su decisión de buscar amparo legal para sus fortunas. Hoy, en EE.UU., muchos lujosos casinos tienen este origen.

En Venezuela, la rapiña de la coalición criminal que comanda al Estado sin duda está enfrentando obstáculos a nivel internacional en la forma de sanciones, requisitorias, congelación de activos, detenciones y otras medidas. En comparación con los años de gloria, cuando el barril de crudo estaba en USD 100 y abundaban oportunidades para parasitar la renta, el “negocio” actual se les ha puesto chiquito y con riesgos crecientes. Se les encoge el pastel a las mafias.

Por otro lado, las penalidades acechan. Los incentivos por legitimar dineros amasados en sus trapisondas y saqueos estarían ahí, a pesar de que el marco legal en que operarían es más restrictivo. Las inversiones en montar bodegones en las grandes ciudades, surtidos de todo tipo de mercancía importada para ser pagada en dólares, pudieran ser una salida. Pero implicaría fricciones internas y un reacomodo de algunos intereses comprometidos con el régimen, que afectaría a sus bases de apoyo.

Siendo negocios privados que escapan, así, de las sanciones impuestas al Estado venezolano, su autonomía de acción se amplía. Podrían favorecer el restablecimiento de garantías institucionales para repatriar capitales y ampliar el mercado interno. Asimismo, podrían impulsar cambios políticos para que se les aliviasen ciertas sanciones en lo personal.

Tampoco es que les interesa, empero, una economía competida, a juzgar por los precios especulativos con que cobran muchos bienes. Pero con el tiempo, estas iniciativas podrían socavar la cohesión que genera la dinámica de expoliación existente, dependiente de la estructura de poder. No compagina con la persistencia de depender del bolívar para el gasto público. En fin, sin pretender que la dolarización creciente subvierta al régimen –los privilegios otorgados seguirán negociándose a cambio de lealtad-- si parece incidir en su reacomodo interno.

Por otro lado, esta dolarización agrava la desigual distribución del ingreso que viene agudizándose bajo Maduro, siendo la de Venezuela la segunda peor de América Latina, superada solo por Brasil. Porque la cara adversa de esta dolarización transaccional es que alimenta la inflación de aquellos que sólo tienen posibilidades de comprar con bolívares. En efecto, la emisión monetaria con que el gobierno financia sus gastos impulsa el precio del dólar al alza y éste sirve de marcador de precios para las transacciones en moneda local.

Si en lo formal, ello implica un capitalismo salvaje que contradice toda esa cháchara socialista, en los hechos, desnuda abiertamente una odiosa realidad en la que los que una minoría que tiene divisas vive a cuerpo de Rey, mientras que la gran mayoría, con ingresos en bolívares, languidece con unos CLAPs y unos “bonos de la patria” cada vez más escuálidos y menos frecuentes.

Como conclusión, no parece realista confiar la reactivación de la economía en esta dolarización parcial y silvestre. Como se ha insistido una y otra vez, sin un cambio radical de políticas que restablezca garantías y estabilidad a la iniciativa privada, elimine las corruptelas y logre concertar una generosa ayuda externa, la situación general del país seguirá empeorando.

Esta dolarización parcial, sin embargo, estaría agudizando las contradicciones en el seno del régimen fascista. Podrían estarse asomando grietas en sus bases de sustento que deben ser aprovechadas por la oposición democrática.

Una negociación inteligente que, desde posiciones de fuerza y con apoyo internacional, explote estos puntos débiles ayudaría a abrir las puertas a un acuerdo en torno a elecciones confiables. Un elemento a considerar para producir los cambios políticos que los venezolanos imploran para mejorar sus deplorables condiciones de vida. Es menester, entonces, forjar esa fuerza en el campo opositor.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

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Jesús Elorza G.

En el mes de enero de cada año, Pedro en su hogar le recordaba que en este 2021 se cumplen 63 años del proceso que puso fin a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, régimen que gobernó Venezuela entre 1948 y 1958, suprimiendo las libertades individuales y políticas a través de la censura a los medios de comunicación, la represión de la protesta y el encarcelamiento y asesinato de miles de disidentes.

Su hijo Juan, siempre lo escuchaba con mucha atención sobre el desarrollo de esos acontecimientos y a partir del 2002, comenzó a relacionar los acontecimientos políticos, económicos y sociales que vivía el país con la dictadura perezjimenista. Una mezcla de presente y pasado despertó en el, su imaginario pensamiento para vislumbrar "Un Nuevo 23" que permitiese salir del actual régimen dictatorial que detenta el poder.

En primer lugar, destacaba el símil entre el Plebiscito convocado por el gobierno el 15 de diciembre de 1957 y el proceso electoral fraudulento realizado el 6 de diciembre del 2020 para elegir los diputados a la ilegitima Asamblea Nacional. Ambos procesos, pensaba Juan, solo buscaban perpetuar a un régimen dictatorial.

Luego, no podía dejar de pensar que el 1 de enero de 1958 se produce la primera rebelión castrense en contra de la dictadura. Aviones de la Fuerza Aérea Venezolana surcan el cielo de Caracas como parte de una asonada para derrocar al gobierno. La revuelta es sofocada y el régimen aumentó las acciones represivas de la Seguridad Nacional (policía política de entonces) contra militares y civiles. En su imaginario, Juan piensa en la acción de Oscar Pérez, inspector del CICPC, que sobrevoló el cielo de Caracas en un ataque contra el TSJ.

Y en la actualidad, mas de 250 militares se encuentran detenidos por "presuntas actividades conspirativas" y el DGCIM, FAES, PNB mantienen una política permanente de acoso y represión contra los miembros de las Fuerzas Armadas Venezolanas.

Viene a su memoria la Junta Patriótica que, el 3 de enero, emite un manifiesto clandestino, invitando a la unión popular y militar para restaurar la democracia en el país. Acción similar al llamado del Presidente legítimo del país, Juan Guaidó, que acompañado por el G4 de los partidos políticos, hace un llamado a la unión del pueblo para lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y elecciones libres.

El 20 de enero se realiza la primera gran huelga contra el gobierno de Pérez Jiménez: la huelga de los trabajadores de la prensa, la cual se cumple a cabalidad. Desde la clandestinidad, la Junta Patriótica convoca a una huelga general para el día siguiente.

El 21 de enero se produce la huelga general y en la calle estudiantes y civiles se enfrentan a policías en diferentes lugares de Caracas y el interior. En la actualidad, prácticamente, el país se encuentra en un estado de huelga general.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró un promedio de mas de 1.500 manifestaciones mensuales en todo el territorio nacional. La diferencia es que el movimiento huelgario no tiene la organización y coherencia necesaria para plantearse la salida del régimen y solo se encuentra limitada a la búsqueda de reivindicaciones económicas o mejoras de servicios. Pero, cada día, se hace indetenible el camino a la búsqueda de la superación del régimen dictatorial.

El 23 de enero de 1958, el pueblo en la calle logra la caída de la dictadura, por eso Juan en su imaginario presente/pasado mantiene una firma esperanza en ver un amanecer de Libertad y Democracia con el surgimiento de UN NUEVO 23.

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Banca y Negocios

Para Raúl Gil Arias, consultor empresarial, contador público y abogado y vicepresidente de la Cámara de Industria y Comercio del Municipio Caroní en el Estado Bolívar, opina que 2021 será complejo y difícil en términos macroeconómicos, pero con oportunidades específicas para el sector empresarial.

El analista estima que esas oportunidades van a provenir de medidas como:

– Una mayor flexibilización del mercado cambiario.

– La masificación del uso divisas (dólares estadounidenses y euros).

– Mayor apertura del gobierno al sector privado.

Los sectores Comercio y Servicios -estimó el también profesor de Derecho Financiero y Tributario en la UCAB- estarán más dinámicos especialmente vinculados a la alimentación, salud y a la tecnología. De igual manera, se agregarán nuevas oportunidades en áreas de infraestructura eléctrica, hidráulica, vial y petrolera para las actividades industriales y manufactureras.

Se estima un proceso intenso de privatización y concesiones, así como la entrada de nuevos actores.

No se prevé una solución política que es el problema de fondo del país. Tampoco se espera estabilidad cambiaria, y control de la inflación.

Pero se van abrir nuevos espacios y oportunidades focales, que hasta ahora se han visto restringidas para el sector privado en Venezuela. Se estima la llegada de nuevas inversiones, aumento de producción y un cambio significativo en el papel del sector privado en la economía nacional.

– Las demandas del sector privado –

«Por lo que realizamos un petitorio desde los Gremios Empresariales, en especial desde la Cámara de Industria y Comercio del Municipio Caroní (Camcaroní) al Poder Legislativo Municipal representados en los Consejos Municipales, las autoridades municipales de las alcaldías, a promulgar reformas de ordenanzas municipales de Actividades Económicas que generen incentivos fiscales para el establecimiento de nuevas empresas en el Municipio Caroní y en el Estados Bolívar. Invitamos a recapacitar y eliminar el mínimo tributario establecido en la nueva ordenanza municipal, la cual va en contra de Principios Constitucionales, como capacidad económica y progresividad de los contribuyentes», indicó Gil Arias en su rol de dirigente gremial.

El experto solicitó igualmente, al Poder Ejecutivo de cada Estado representado en los gobernadores, en especial al Estado Bolívar, a promulgar junto con los entes legislativos regionales, leyes que incentiven a empresas mineras, forestales, manufactureras, a que se establezcan en el estado.

«Hacemos un llamado al Ejecutivo Nacional que, por vía Decreto, se establezca Leyes que incentiven la producción nacional, a los fines de reactivar la economía, mediante políticas públicas integrales en el ámbito económico, cambiario y fiscal. Donde tengamos seguridad jurídica, se respeten las libertades económicas y la propiedad privada».

Gil Arias invitó a las empresas de capital privado a prepararse para cuando llegue el momento oportuno tener capacidad de respuesta, con estados financieros que muestren un patrimonio sólido, que les permitan endeudarse en la banca, ya que es muy probable que el gobierno nacional reactive, mediante la banca pública y privada, los créditos bancarios para ayudarían a tener capital de trabajo para reactivar la economía nacional, regional y municipal.

– La paradoja económica de 2021 –

Es de destacar que Venezuela, tras siete años consecutivos de caída, tiene una economía que está en su mínima expresión, la escalada de los precios se traduce en la segunda hiperinflación más larga de la historia.

Para el año 2021, «nuestras perspectivas económicas apuntan a una moderación del retroceso; de manera que la economía se estabilizará, tocando fondo, y los precios, aunque seguirán aumentando a tasas de dos dígitos mensuales, perderán impulso. Se prevé que en 2021 el PIB de Venezuela caerá 2% y la inflación acumulará un salto en el año de 1.566%; mientras que la cotización del dólar en el mercado oficial, actualmente sobre el millón 500.000 bolívares, alcanzará la cumbre de Bs. 12,3 millones. Se prevé una reconversión monetaria de seis (06) dígitos».

Si bien es cierto que las proyecciones son preocupantes, representan un panorama alentador y menos duro que el año 2020, cuando se proyecta que la economía cayó en un 32% y la inflación fue de 1.962%

La economía tenderá a caer menos porque ya sufrió una reducción de 80% en siete años y la precaria producción de bienes y servicios no seguirá deteriorándose a la misma escala; además, factores como el aumento de las remesas, que se estiman aumentarían desde 1.500 millones de dólares este año hasta alrededor de 1.900 millones en 2021, que ayudarán a darle oxígeno al consumo.

“Vamos a seguir contrayéndonos a un menor ritmo que antes, es una estabilización con menor inflación, pero sin salir de la hiperinflación” donde la mejora en el consumo, focalizada en los hogares que reciben remesas y los que tienen ahorros o ingresos en dólares beneficiará las ventas, principalmente de alimentos y productos de cuidado personal.

El país produce, de acuerdo con las cifras entregadas por el gobierno a la OPEP, 400.000 barriles diarios, un nivel similar al de 1935. En 2021 se espera que la producción de petróleo no siga cayendo. En un entorno donde la concesión de facilidades e incentivos a empresas de países como Rusia e Irán, ayudarán a detener el declive.

«Tengo una visión optimista, asumiendo una recuperación parcial de la demanda internacional que concretaría el alza de las exportaciones petroleras y el gobierno obtendría por esta vía alrededor de 7.200 millones de dólares, a razón de 400.000 barriles diarios a un precio promedio de 50 dólares en el año 2021″, indica el el consultor y abogado Raúl Gil Arias.

La hiperinflación desde noviembre de 2017 obedece a un Estado que recurre a la creación de dinero vía Banco Central de Venezuela (BCV) para pagar salarios, pensiones y cubrir gastos de todo tipo.

El aumento del ingreso por exportaciones petroleras aliviaría el déficit en las cuentas públicas y el gobierno reduciría la creación de dinero para financiar gasto, algo que ayudaría a mitigar la presión inflacionaria, dice el experto.

«No obstante, la hiperinflación va a seguir allí, porque culmina cuando en un período de 12 meses no ha habido una inflación mensual superior a 50% y en noviembre 2020 la inflación registró un salto de 65%. De esta forma, la hiperinflación venezolana se extenderá al menos hasta noviembre de 2021, cuando acumulará una duración de 48 meses y en los registros históricos solo sería superada en extensión por Nicaragua, donde alcanzó 58 meses», explica el presidente de la Cámara de Industria y Comercio del Municipio Caroní en el Estado Bolívar.

«Es de estacar que las diferentes causas por las cuales Venezuela se encuentra en la actual situación económica las cuales me permito citar:

No ahorrar durante los años en que el barril de petróleo se cotizo a niveles record de 120US$.

No invertir para mantener la producción petrolera.

Endeudamiento desproporcional no capitalizado.

Desviación del dinero recaudado por venta de petróleo.

Al mismo tiempo, el ejecutivo incitó a la hiperinflación con sus políticas públicas económicas erradas y el desmoronamiento de la moneda creando dinero para tapar el desbalance en sus cuentas».

El colapso de la industria petrolera dejó sin base al sistema económico donde el Estado distribuye petrodólares, cobra pocos impuestos, posee cientos de empresas y reparte subsidios.

La renta petrolera disminuyó drásticamente y la recaudación de impuestos, se redujo severamente por la hiperinflación y la recesión.

Con la aprobación de la Ley Antibloqueo se estima que privatice o transfiera la gestión de empresas estatales al sector privado, específicamente a grupos locales o compañías de países aliados como Rusia, Turquía e Irán, los cuales podrán incrementar su presencia en el sector petrolero, gas, alimentos, telecomunicaciones, electricidad, cemento, entre otros.

Todo apunta hacia el “desplazamiento del sector privado tradicional por nuevos actores emergentes ligados al Ejecutivo Nacional», apunta Gil Arias.

Una nueva economía podría comenzará a consolidarse en el año 2021. Pero es necesario el respeto del marco jurídico legal vigente, seguridad jurídica, respeto a la las libertades económicas y a la propiedad privada, reitera el doctor Raúl Gil Arias.

@bancaynegocios

19 de enero 2021

Banca y Negocios

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