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Opinión

Ursula von der Leyen

A lo largo de la historia, las pandemias han modificado el destino de los pueblos. Nos hacen ver el mundo desde otra perspectiva y nos recuerdan el valor de muchas de las cosas más simples de la vida: desde nuestras rutinas diarias hasta la posibilidad de abrazar a nuestros seres queridos y de disfrutar de la naturaleza que nos rodea. También nos obligan a cuestionar nuestra manera de hacer las cosas y a preguntarnos si no hay mejores formas de actuar. Nos ofrecen, además, la posibilidad de remodelar nuestro futuro.

En eso, esta pandemia no será diferente de las demás. Ha sido, qué duda cabe, un periodo doloroso y angustioso para millones de personas, y no debemos bajar la guardia ante el nuevo aumento de las cifras que se está observando en algunas zonas de Europa. Pero los últimos seis meses nos han mostrado también el valor de ciertas realidades, como la pertenencia a una Unión cuyas 27 naciones se apoyan y sostienen. Se nos presenta la oportunidad de salir más fuertes, juntos, de esta situación.

El acuerdo histórico sobre NextGenerationEU, nuestro plan de recuperación y de futuro, dotado con 750.000 millones de euros, demuestra que se puede. Nunca antes había reaccionado Europa con tal solidaridad. Es el momento, por tanto, de mantener ese espíritu y de seguir aplicándolo para avanzar, juntos, en otros capítulos.

Hablemos, por ejemplo, de la migración. Se trata de una cuestión que ha dividido a Europa durante demasiado tiempo y que, estoy convencida, puede y debe ser objeto de una gestión conjunta. Basta con leer las noticias para comprender la urgencia de encontrar una solución sostenible para todos. Como anuncié en mi discurso sobre el estado de la Unión hace algunos días, la Comisión Europea presentará en breve un nuevo Pacto Europeo sobre Migración que adoptará un enfoque humano y humanitario y demostrará que no solo tiene de pacto el nombre, sino que es una auténtica solución común europea desde su concepción. Se basará en la solidaridad —tanto entre europeos como con los refugiados— y en la responsabilidad colectiva de los Gobiernos nacionales. La migración no va a desaparecer. Tenemos que gestionarla bien, con sus desafíos y con sus oportunidades.

Es el momento de que Europa vuelva a ponerse en pie y proyecte ese modo de vida mejor. Durante el confinamiento, ansiábamos una atmósfera más limpia y unas ciudades más verdes. Las tecnologías digitales permitieron a los estudiantes proseguir sus cursos y a las empresas mantener su actividad, pero son demasiados los europeos —de zonas rurales, o de familias desfavorecidas— que han quedado rezagados. El mundo posterior a la pandemia debe ser un mundo mejor, y ahora tenemos todos los medios necesarios para conseguirlo.

Gracias a NextGenerationUE, contamos con los recursos financieros necesarios para emprender acciones urgentes y estratégicas, aumentando las velocidades de Internet o apoyando a nuestra industria. Tenemos la oportunidad de hacer algo más que reparar nuestra economía: podemos dar forma a un modo de vida mejor para el mundo de mañana, algo de importancia crucial, sobre todo, en nuestra relación con el planeta. Nos hemos fijado, con el Pacto Verde Europeo, la meta de conseguir la neutralidad climática de aquí a 2050. Para asegurarnos de que la alcanzamos, propondremos ahora aumentar nuestro objetivo de reducción de emisiones —actualmente del 40%— hasta un 55% como mínimo.

Es un gran salto cuantitativo, una gran ambición, pero es también un paso realista y beneficioso para nuestra economía y nuestra industria. En las últimas semanas, he recibido cientos de cartas de ciudadanos, de directores ejecutivos de empresas, de ONG: en todas ellas, piden que Europa señale el camino. Y es lo que estamos dispuestos a hacer. No se trata solamente de reducir las emisiones. Se trata de construir un mundo mejor en el que vivir, con edificios más eficientes y medios de transporte menos contaminantes.

Cambiar nuestro planeta a mejor significa también cambiar nuestra mentalidad a mejor. El Pacto Verde Europeo no es solo un proyecto medioambiental y económico: tiene que ser, además, un nuevo proyecto cultural para Europa. La cultura surge del encuentro de las grandes mentes. Por eso quiero crear una nueva Bauhaus europea, inspirada en la escuela artística que nació hace un siglo y en la que la forma seguía a la función. Será un espacio de creación conjunta para arquitectos y artistas, ingenieros y diseñadores, que combinarán estilo y sostenibilidad.

Esto no es sino una pequeña parte de la labor que tenemos por delante. Habremos de mostrar toda nuestra determinación, ya sea al construir una Unión Europea de la Salud, ya al asegurarnos de que el trabajo sea digno y provechoso para todos. Estoy convencida de que Europa tiene todo lo que necesita para conseguir esto que se propone. Tenemos la visión, tenemos el plan, tenemos la inversión. Y ahora tenemos una unidad recobrada. Pongámonos, pues, manos a la obra y hagamos cuanto haga falta para asegurarnos de que esta pandemia cambia nuestro destino para mejor.

Septiembre 20, 2020

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2020/09/ursula-von-der-leyen-cambiemos-...

 3 min


Nelson Rivera

Decía Asdrúbal Baptista que el auge de la riqueza que se inició alrededor de 1920 había culminado en 1970. Desde entonces, se habría iniciado el declive. A lo anterior tocaría sumar la destrucción a la que ha sido sometida la república en las dos últimas décadas: 50 años en descenso. ¿Entienden los venezolanos que el nuestro no es un país rico? ¿Aceptamos nuestra condición de país pobre?

Los venezolanos, mayoritariamente, no han interiorizado la percepción de que somos un país pobre; la cultura rentista y nuestra deficiente educación ha contribuido a crear el mito de que somos un país rico.

No hay que confundir un país que tiene enormes potencialidades, por los recursos naturales disponibles, con un país rico. Somos un país pobre, porque no tenemos un capital humano capacitado para producir competitivamente y poner en valor nuestros recursos naturales. Así mismo, porque un porcentaje importante de nuestra población es ignorante, por estar mal educada y no poseer las capacidades para que cada quien pueda ser agente de su propia vida.

Además, hemos sido pésimos gestores de nuestra economía, especialmente durante las tres últimas décadas, sobre esto volveremos más adelante. Fuimos competitivos en producir petróleo, pero esta actividad generaba solamente un mínimo de empleos.

La pobreza actual de los venezolanos no es una percepción, es un hecho completamente demostrado por la encuesta Encovi sobre condición de vida y por otras encuestas serias. También lo confirma a nivel internacional el Misery Index —estadística que expresa la suma de la tasa de inflación y de desempleo—. No se trata exclusivamente de una pobreza de ingreso, sino también por imposibilidad de la gente común para acceder a buenos servicios públicos, como los de salud o educación, que podrían compensar la baja de los ingresos. La tasa de mortalidad infantil, por ejemplo, ha retrocedido varias décadas.

Mas, no hay que creer que antes fuimos un país rico. No lo hemos sido nunca. Este ha sido un país históricamente muy pobre, aunque durante la segunda mitad del siglo XX, lo fuimos con menor intensidad.

El país ha demostrado ser una buena matriz para producir talentos, pero estos son como el petróleo debajo de la tierra; no se aprovechan para generar riqueza, lo que requiere también de otros factores: contexto económico apropiado, buena educación, innovación tecnológica y capital financiero, entre otros, el talento puro y simple no nos hace un país rico. Más cuando parte importante de ese talento lo hemos perdido a través de la diáspora.

En la década de los años setenta, cuando se incrementó aceleradamente el ingreso petrolero, se vio con claridad cómo el país superó su capacidad de absorción o “absortive capacity”. Entendemos por este concepto a la capacidad de una nación para invertir eficientemente sus recursos financieros, lo cual a su vez depende de una serie de factores tales como disposición empresarial, habilidades gerenciales, oferta de mano de obra calificada, propensión al ahorro, Estado de Derecho y administración pública razonablemente eficiente, entre otros factores. Así fue como la eficacia del gasto público se redujo, se incrementó el volumen de recursos mal administrados y, por supuesto, aumentó la corrupción. Juan Pablo Pérez Alfonzo fue un visionario al predecir esa situación, por eso fue contrario a las abultadas inversiones previstas en el V Plan de la Nación. A partir de fines de los años setenta se inicia la declinación económica de Venezuela.

La noción errada de que somos un país rico no solo está presente entre las clases humildes, sino también en la media y en muchos dirigentes. Hubo mandatarios que inventaron que Venezuela podía ser una potencia; ¡qué insensatez! Y lo que es peor, esta creencia está presente además entre integrantes de la clase empresarial, que crecieron al amparo de la renta petrolera.

Se ha repetido, a lo largo de un siglo, que los venezolanos somos propietarios de la riqueza petrolera. Así, nuestra pobreza sería producto de una injusticia: la causada por la mala administración o la corrupción. ¿Cuál es el estatuto hoy de esa idea? ¿Se ha potenciado bajo la incalculable corruptela de las últimas dos décadas? ¿Somos más víctimas que antes?

El empobrecimiento general de los últimos tiempos tiene como causa principal las malas políticas económicas de los gobiernos. La corrupción ha agravado mucho esta situación. Nos hemos empobrecido no porque unos explotadores nos robaron los ingresos, sino porque el manejo público de la economía y la impunidad ante el dolo nos condujo a la inopia en que nos encontramos.

Por supuesto que ha habido una administración muy ineficiente y por ende mucha corrupción, tanto en el sector público como en el privado y ello ha contribuido a la mala distribución de la riqueza. Esta situación anómala se agravó sustancialmente durante los últimos veinte años.

La pobreza se ha incrementado en este último período a niveles increíbles y también la corrupción administrativa. Sin embargo, este proceso reciente de empobrecimiento ha tenido la característica de afectar a toda la sociedad por igual, ya que su causa principal ha sido la pérdida astronómica del poder adquisitivo de sus ingresos por la hiperinflación y el deterioro general de los servicios públicos. Toda la sociedad se empobreció, menos aquel segmento social cuyos haberes están mayormente en moneda dura.

Los dictadores Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez tuvieron mucho mejor criterio administrativo que sus pares de ahora: Chávez y Maduro. El criterio de sana administración: unidad del tesoro, priorización del gasto y la inversión, control del gasto, rendición de cuentas y transparencia administrativa, entre otros conceptos, prácticamente desapareció de la agenda de estos dos últimos gobernantes. Ellos son la expresión más crasa y primitiva de la falta de racionalidad administrativa.

Hay autores que hablan de una mentalidad de la pobreza. Esa mentalidad tendría algunas características: apego al presente y falta de visión de futuro, ausencia de una cultura de la productividad, sensación de que el trabajo es un castigo, poca disposición al ahorro. ¿La cultura petrolera en Venezuela ha devenido, acaso, en una mentalidad de pobreza? ¿Una sociedad que vive a la expectativa de unos subsidios está siendo estimulada hacia esa cultura de la pobreza?

La mentalidad de la pobreza es un síndrome principalmente de la ignorancia y la mala información, que hace que la gente no esté preparada para ejecutar trabajos productivos, ni capacidad autónoma de emprendimiento, lo cual genera niveles muy bajos de aspiraciones y que la gente se satisfaga con retribuciones elementales. La cultura rentista se ha amalgamado a las anteriores conductas. Esta cultura se conforma por actitudes tales como poca valoración de la productividad; desgano por el trabajo disciplinado, en lo cual la desnutrición tiene su culpa; muy baja propensión al ahorro e inclinación más bien a patrones de consumo inconvenientes o simplemente suntuarios; escaso estímulo hacia el aumento del ingreso y aspiración a que el Estado asista a la gente gratuitamente a través de subsidios, en todo lo que sea posible.

La mentalidad de la pobreza en Venezuela no solo prevalece entre los segmentos más humildes de la sociedad, sino que también se hace a veces presente en personas que han ascendido en la escala social, al ver crecer sus ingresos relativamente rápido. Este es un rasgo distintivo de la cultura rentista. Por lo tanto, existen muchos ricos con mentalidad de pobres.

Las políticas de subsidio constituyen uno de los asuntos más delicados dentro de la gestión económica de cualquier gobierno. Hay que estar conscientes de que los subsidios significan recursos financieros generados por la economía, que se sustraen para respaldar necesidades sociales. En ciertos casos los subsidios se otorgan para proteger actividades productivas —créditos blandos, estímulos fiscales, reducción de aranceles, etcétera—. Pero existen empresarios que aspiran seguir beneficiándose eternamente de estos subsidios. En los países verdaderamente ricos, los subsidios son recibidos como una compensación justificada ante determinadas necesidades sociales o económicas, que están sustentadas por razones específicas. Una de las actuaciones más perversas del actual régimen es, por ejemplo, hacerle creer a la gente que, porque Venezuela es un país supuestamente rico, todos los servicios deben estar fuertemente subsidiados o incluso ser gratuitos. En el tratamiento del manejo de los precios de los combustibles, hemos visto las consecuencias de dicho enfoque, como contribuyente a la destrucción de nuestra principal industria.

Sobre la cultura de la productividad. Recuerdo una anécdota de mi padre, Arnoldo Gabaldón, durante la campaña antimalárica. Relataba que había que hacer canales de drenaje para desecar pantanos que eran criaderos de zancudos transmisores del paludismo alrededor de algunas poblaciones. Se requería de obreros excavando tierra. Pagaban a razón de un bolívar por m3 excavado y el rendimiento era en promedio de un m3 por día por trabajador. Se les ocurrió a los directivos de la campaña, para incrementar la productividad por obrero, aumentar el pago a dos bolívares por m3. Después del experimento resultó que el volumen de tierra excavado diariamente por trabajador se redujo a la mitad, pues los obreros preferían trabajar menos y seguir ganando un bolívar por día. No había estímulo para ganar más, lo cual es contrario a lo que se esperaría, si razonasen de acuerdo con los mecanismos de la economía de mercado.

Durante los últimos años no ha habido ninguna política pública para inducir el aumento de la productividad en la economía. Ha sido todo lo contrario; para el régimen hablar de productividad es una mala palabra. Mientras todos los países basan su progreso en el aumento de la productividad del capital fijo o la productividad laboral, aquí se estigmatiza el término.

Todo esto conforma la cultura rentista, que ahora es imprescindible transformar por otra más auspiciosa al desarrollo sostenible. Los japoneses demostraron a lo largo de su entrada tardía a la industrialización, iniciada a partir de 1868 —período Meiji—, que el desarrollo exige una conducta social favorable al crecimiento. “La mentalidad japonesa es el resultado de haber vivido en escasez, construyendo en la mente de cada ciudadano una fuerte aspiración de progreso, espiritualidad y excelencia. La pobreza es una condición social, pero también un estado mental”.

Por eso actualmente nos preocupa mucho el práctico desmontaje de la educación pública a todos los niveles, que viene ocurriendo. Estamos destruyendo lo que puede ser en verdad la factoría de las nuevas mentalidades requeridas para encarar con éxito el periodo de economía post petrolera. La clausura enmascarada de las universidades públicas autónomas constituye uno de los crímenes más graves que ha cometido el gobierno.

Al movimiento Fe y Alegría tenemos que darle el mayor respaldo posible, público y privado, ya que constituye un esfuerzo muy meritorio, orientado a elevar el nivel de la calidad de la educación popular.

Escucho a menudo esta afirmación: nos hemos acostumbrado al deterioro de la calidad de la vida. ¿Es así? ¿Se está normalizando la experiencia de ser cada vez más pobres?

La gente trata de seguir la línea de mínima resistencia; adaptarse a condiciones de vida de menor calidad constituye una defensa mental para poder soportar el proceso de depauperación, sin tensiones psíquicas insoportables.

El desarrollo, además de guarismos económicos, que a veces la gente no entiende, es mejoramiento tangible y equitativo de la calidad de vida. Por eso el deterioro acelerado de los servicios públicos que estamos presenciando es “no desarrollo”. Estamos en franco retroceso y a veces este proceso ocurre un poco inadvertido. El deterioro de los servicios de agua potable, electricidad y telecomunicaciones que estamos sufriendo actualmente, por ejemplo, es desastroso.

¿Cómo percibe ahora, la tensión entre esperanza y desesperanza? ¿Se han debilitado las energías espirituales de la sociedad venezolana, el ánimo para luchar y salir adelante? ¿Seguimos siendo la sociedad optimista que a menudo se invoca?

En la medida que no se logra un cambio político que insinúe mejores perspectivas en los niveles de calidad de vida cunde la desesperanza. Hay mucha gente desesperanzada y por ende con menores energías para luchar política y socialmente. No creo que las encuestas muestren actualmente que la gente sea optimista sobre el futuro. Le he oído decir al economista Gerver Torres, alto funcionario de Gallup Internacional, que hace 15 años los venezolanos aparecían en sus encuestas como muy altos en cuanto al llamado “índice de felicidad”, pero que en los últimos años eso ha cambiado radicalmente. Prevalece ahora un profundo pesimismo sobre el futuro.

Industria petrolera al borde del colapso. Envejecimiento de la población y pérdida del bono demográfico. Población desnutrida. Bajos niveles de acceso a la educación. Aparato productivo del país en estado de semirruina. Y una perspectiva mundial de declive en el uso de las energías fósiles. ¿Cómo se siente usted ante esta perspectiva? ¿Qué país tenemos por delante? ¿Acaso una Venezuela que inevitablemente ingresará en la categoría de los países más pobres?

Los retos que tiene Venezuela para retomar una trayectoria de desarrollo son formidables. Se requiere mucho más que un cambio político; es necesaria una profunda transformación en la conducta colectiva y sobre todo en la mentalidad de los conductores.

Al unísono hay que abordar la reconstrucción de la industria petrolera nacional. Aunque tenemos que prepararnos para el modo de vida de la Venezuela post petróleo, después del cambio político, será urgente abocarse al rescate de dicha industria. En esto se ha logrado, dentro del sector democrático, bastante consenso en cuanto a la estrategia apropiada, que le da preeminencia al sector privado nacional y foráneo y cuáles son las acciones prioritarias, cuya ejecución será viable en la medida que tengamos el acierto para atraer las cuantiosas inversiones necesarias. En todo caso son múltiples los retos a encarar. Por ejemplo, la transición energética hacia fuentes renovables, de la cual oíamos hablar como asunto remoto, es una realidad en el presente. La situación de los mercados internacionales de combustibles fósiles está siendo afectada por estas realidades y Venezuela debe adaptarse a esas nuevas condiciones, lo cual plantea a su vez otros retos.

Gran parte de nuestro parque industrial está en estado comatoso. Soñamos por décadas con que la región de Guayana sería el asiento de la industria pesada necesaria para diversificar nuestra economía y la generadora de grandes cantidades de energía hidroeléctrica a bajo costo para mover el aparato industrial. Tuvimos el acierto de crear el gran polo de desarrollo de Ciudad Guayana. Pero en la actualidad se genera menos de la mitad de la energía que habíamos llegado a producir en el pasado y todas las grandes plantas metalúrgicas están paralizadas. La recuperación de esta región va a requerir mucha creatividad y una gerencia muy competente. ¿De dónde van a salir ese capital humano y las ingentes inversiones necesarias, en un país que está arruinado?

Después del cataclismo socioeconómico que significó la Independencia, entre 1830 y 1900, por 70 años prácticamente no hubo crecimiento económico ni demográfico en el país. No tendría nada de extraño, por lo tanto, que una retrospectiva de Venezuela, hecha dentro de 100 años, mostrara que nuestro país perdió totalmente el rumbo a finales del siglo XX y no lo volvió a recuperar. Quedó por más de un siglo postrado, siendo muy pobre y la mayoría de su gente en la miseria. Este es un escenario que hay que discutir crudamente entre los grupos dirigentes.

¿Hay conciencia en el liderazgo y en las instituciones —sin incluir en ello a los entes gubernamentales— sobre las complejísimas perspectivas y desafíos de Venezuela hacia el mediano y largo plazo?

Tengo la impresión de que el liderazgo, principalmente el más joven, ha subestimado los obstáculos que tendrá el desarrollo en el mediano y largo plazo de Venezuela. Se aprecia poco estudio de la problemática; hay superficialidad en los enfoques; se plantean soluciones voluntaristas; hay inexperiencia para apreciar la complejidad de las soluciones a instrumentar y los esfuerzos sociales concomitantes, que son absolutamente indispensables. Este último aspecto, el cambio conductual colectivo requerido, ha sido muy subestimado.

Para lograr el cambio necesario en la mentalidad de los venezolanos, la próxima administración democrática que venga tendrá que asignarle máxima prioridad a su política de pedagogía colectiva. La sociedad venezolana en su mayoría debe ser reeducada. Será esa una misión para nuestros mejores pensadores. En esto, además de la educación formal que hay que rehacer, los medios de comunicación social deberán jugar un rol central.

Por eso una tarea prioritaria en el presente es inducir o, en último caso, presionar al liderazgo, para que se empape mejor de las realidades objetivas y de sus posibles soluciones. El Grupo Orinoco, que coordino, ha emitido recientemente el pronunciamiento “Más allá del cambio político” (*) orientado principalmente a la dirigencia, en el cual se sintetizan los aspectos cruciales que consideramos habrá que abordar con mayor énfasis después de la transición a la democracia.

Esta posibilidad: que el profundo y extendido empobrecimiento que está viviendo el país estimule una cultura de la victimización. Que derivemos en una sociedad de víctimas, a la espera de salvadores y auxilios externos. ¿Es posible?

La victimización es una forma de llamar la atención sobre uno mismo, pero de manera negativa. Cuando ese sentimiento se generaliza, por causas reales o figuradas, se transforma en cultura y una sociedad con esa característica puede ser fácilmente pasto de cualquier caudillo engañador. Estamos ahora muy expuestos a esa eventualidad. Hay que señalar, además, que la gente tiene la tendencia, consciente o inconsciente, a la victimización, ya que esa es una forma de eludir sus responsabilidades.

Tenemos en Venezuela un Estado fallido, con todas las derivaciones que el término implica. Por lo tanto, hay riesgo de que nos transformemos en una sociedad anodina, sin resortes para reaccionar ante las indignidades a que se le somete y la panorámica de miseria que se le ofrece.

Por último: ¿han calado los miedos en la sociedad venezolana? ¿Estamos tomados, acosados por miedos e incertidumbres? ¿Tiene usted miedo por el futuro de Venezuela?

Tengo mucho temor por el futuro de Venezuela. En este momento existen muy pocas señales para ser optimistas. A no ser que surja un grupo de hombres con sentido de estado y alto apego a principios éticos, que puedan conducir al país hacia una trayectoria de desarrollo sostenible, no tendremos futuro. Pueden pasar 100 años, como lo he dicho anteriormente, y el país seguirá dando tumbos sin ningún progreso. Eso me aterra, sobre todo pensando en las nuevas generaciones y en mis propios descendientes.

Papel Literario

EL NACIONAL

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 14 min


Ismael Pérez Vigil

Las estrategias están definidas de manera clara y en proceso de desarrollo. El objetivo del régimen es mantener el poder a cualquier precio y consolidarlo a partir de enero de 2021, contando con una Asamblea Nacional (AN), única institución que le falta en su cuenta, para ejercer un total dominio, repito, institucional, del país.

Lograr el objetivo de controlar la AN, a partir de enero de 2021, le permitiría al régimen legitimar algunos de los contratos que sus cómplices internacionales le reclaman que sean avalados por el parlamento. Además, el régimen autoritario se quitaría de encima esa molestia de un “gobierno interino”, con un presidente designado por una AN que le es hostil, pero que es aceptado por una parte importante de la comunidad internacional. Y de paso, que no es poco, al sector madurista le serviría para quitarse de encima esa remora inútil de la ANC y al “cabellismo” que la controla.

Invalidar a la AN ha sido un objetivo del régimen, desde el mismo diciembre de 2015 cuando fue humillantemente derrotado en las elecciones parlamentarias. En ese esfuerzo ha hecho todo tipo de maniobras en contra de la AN: desconociendo a sus diputados, ha dejado sin representación a los electores del Territorio Amazonas durante cinco años; desconoció a la AN con sentencias de su obsecuente TSJ; persiguió y apresó diputados, obligando a algunos a exilarse y otros a esconderse o asilarse en embajadas; le quitó presupuesto y recursos; trató de dejarla de lado con una ilegitima ANC, cuya elección no fue reconocida ni nacional ni internacionalmente y que al final ha dejado de lado; trató, infructuosamente, de quitarle funciones en 2017 a través de fallidas sentencias del TSJ, intento que fue resistido por la población con grandes manifestaciones, que el régimen convirtió en violentos disturbios, que costaron vidas humanas; finalmente, comprando y corrompiendo diputados opositores, intentó tomarla por la fuerza en un chusco intento en enero de 2020.

Todo eso fueron inútiles intentos de doblegar la resistencia democrática del pueblo venezolano y sus diputados electos en 2015; al final, opta por la vía electoral. Pero no es suficiente. Al régimen no le importa lo que piensen u opinen los venezolanos, ni el mundo, con respecto a lo que hace en el país; pero lo perturba que una mala opinión sobre su régimen por parte de la comunidad internacional, le ha cerrado las puertas al crédito y financiamiento internacional y al comercio, que le impide contar con recursos para continuar sus trapacerías con las importaciones y no puede seguir haciendo demagogia en el país, mientras enriquece a sus cómplices internos e internacionales. El régimen sabe que es necesario que el proceso electoral que ha convocado y organizado goce de una cierta “legitimidad” internacional.

En esa dirección ha emprendido algunas tareas: por una parte, envía cartas a la ONU y a la Unión Europea, describiendo las “bondades” de su proceso y pidiendo observación internacional para el mismo; por la otra da muestras de apertura y magnanimidad liberando algunos presos políticos. Pero ninguna de las artimañas parecen dar resultados. Por una parte, los organismos internacionales, particularmente la Unión Europea (UE), no se conforman con cartas ni solicitudes, exigen ver cambios en las condiciones electorales: “… para un proceso electoral transparente, inclusivo, libre y justo”, dicen. Por otra parte, al régimen no le basta liberar unos pocos presos políticos, sabiendo como se sabe que son muchos más los que quedan en las mazmorras de la tiranía. Para mayor desgracia del régimen, esta semana se ha dado a conocer el Informe de la Misión Internacional Independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela, presentado a la ONU, que denuncia los crímenes de Lesa Humanidad que se cometen en el país, lo que compromete mucho más su imagen y le coloca al cuello una piedra de molino en su objetivo de lograr legitimidad y reconocimiento internacional.

Pero sus mayores esfuerzos siguen siendo en el campo interno y con el propósito de garantizarse un resultado favorable en el proceso electoral, sin tener recursos para hacer demagogia y comprar electores y sin tener que emplear todavía las “municiones” del fraude el día de la votación o el desconocimiento de los resultados –como hizo con los resultados de la gobernación del Estado Bolívar en 2017– ha desplegado grandes esfuerzos en dos direcciones, una, “agenciarse” una oposición a su medida, que participe y legitime su proceso; y dos, lograr que la oposición mayoritaria se abstenga de concurrir a las elecciones.

Su primer objetivo, solo está logrado parcialmente. Los denominados “alacranes” y la llamada “mesita”, no dan muestras de despegar en las encuestas y ni siquiera han logrado presentar una lista única de candidatos a la AN. Ese arroz con mango, sigue siendo un arroz con mango y de esta manera, no solo no sirven a los propósitos propagandísticos del régimen, sino que lo más probable es que ellos mismos no lograrán figurar en “pizarra” para obtener algunas curules. El segundo objetivo, sin embargo, sí parece logrado. La oposición democrática –más bien la población opositora– ha decidido no participar el 6D; y aun cuando se ha anunciado la defección a esta política de un sector encabezado por Capriles Radonsky, no se vislumbra que tenga una fuerza que logre arrastrar a votar una parte importante de la oposición. Aparte de que el propio Capriles ha dicho no estar seguro de llegar al final del proceso, al día de la votación, pues si no logra modificar algunas de las condiciones electorales, retiraría a sus candidatos.

Por otra parte, no se descarta que el régimen juegue una nueva carta, el aplazamiento de las elecciones, con la justificación de la pandemia, si en el camino percibe que se enreda más la legitimidad del proceso. Hasta ahora esa posibilidad ha sido negada, y personalmente creo que ese aplazamiento es difícil que ocurra, pero todo es posible. Por lo tanto, lo que luce más probable es que a partir de enero de 2021 tengamos una AN completamente dominada por el chavismo, con algún “salpicado” de diputados de la denominada “mesita” y, eventualmente, algún diputado opositor, si el sector “caprilista” llega hasta el final del proceso.

Es decir, a partir de enero de 2021, cesará en sus funciones la actual AN y la presidencia interina de Juan Guaidó; posiblemente el régimen no se consolide más, pues su legitimidad está en declive, pero seguirá ejerciendo de facto el poder y tanto la comunidad internacional, como el liderazgo opositor deberán redefinir sus estrategias.

Es momento de ir pensando la estrategia que desplegará la oposición a partir de esa fecha. Hasta ahora, ni la actividad febril y constante de la oposición, ni la presión internacional han conseguido que el régimen acceda a sentarse a negociar, realmente, una salida a la crisis humanitaria, severa, que vive el país y permitir una salida constitucional y electoral. Hasta el 6D y sobre todo a partir de enero de 2021, será mucho más imperativo que los líderes y los partidos políticos realmente opositores se reinventen, como hemos estado insistiendo, para elevar el costo político de la permanencia del régimen en el poder.

La presión interna, que sobradas razones existen para que se dé, debe incrementarse, organizarse, y acompañar a la presión internacional, para que se produzca el quiebre del bloque hegemónico de poder que permita alguna salida política a la crisis que vive el país.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Carlos Raúl Hernández

Es grande la profusión de batiburrillos posmodernos contra la sociedad normal, democrática y representativa, esa que agoniza contra las utopías alucinadas de izquierda y derecha, y que las ha enterrado a todas. Su prédica “antikapitalista” y “antineoliberal”, niega la cultura, que modera los conflictos naturales y establece la cohesión social, y define la libertad, como “sometimiento”. Y más insólito, niega la naturaleza, al caracterizar la pertenencia a un sexo o la cadena alimentaria, como creaciones “burguesas”.

Todo para socavar el consenso y crear conflictos, ya que ciudadanos de buena fe no se enteran de las cargas de profundidad escondidas tras ideas simpáticas y al parecer, naif. Al australiano Peter Singer muchos lo consideran el ensayista actual más influyente y santo misionero de buenas causas. Las ideas de su libro Liberación animal (1975) y varios otros, tuvieron un enorme influjo en el movimiento hippie, el animalismo y el veganismo.


Aunque no es vegano, del hinduísmo tomó que es obligación moral no inferir padecimiento a quien sea susceptible de sentirlo, independiente de la especie, y aboga para que el procesamiento de alimentos sea lo menos doloroso posible para los animales. Pero así como la preocupación por el bienestar de éstos se extiende con justicia, el animalismo radical dio paradójico origen a un gap revolucionario, contraproducente a sus fines, y además, trágico-ridículo: el ecoterrorismo.

Hace casi exactamente un año, 17/09/19 (lo recuerdo por la larga sesión de risa ese día) en Francia un grupo irregular, incendió 2500 metros de un gallinero, y las liberaron dejando graffitis contra los “campos de exterminio”. El FBI sigue al Frente de Liberación Animal que agrupa dos millones de personas en el mundo. Pero quien le dio repercusión global al movimiento, fue el famoso Unabomber.

Lo maté para liberarlo
Ted Kazcynsky, capturado en 1995, se dedicaba a dejar mancos y tuertos con cartas-explosivo a empleados de la industria de alimentos, e incluso trató de estallar un avión en vuelo. En 2005 el FBI declaró que el Frente de Liberación Animal (ALF) y el Frente de Liberación de la Tierra (ELF) sumaban más de seiscientos atentados terroristas en EEUU y mil en Gran Bretaña. Cualesquiera sean sus intenciones, solapadas por la violencia, son ideas ingenuas y dañinas que desconocen leyes de la biogenética.


Alimentarse de otros animales no es capricho y gracias a la ingesta de proteínas rojas, los homínidos antes vegetarianos desarrollaron el cerebro y nació el homo sapiens. Más aún: la vida es primordialmente un proceso dinámico llamado cadena alimentaria, en la que todos sobreviven porque se comen unos a otros. PETA, ALF, ELF y varios grupos ecoterroristas, realizaron “rescates” en provincias de Francia, España e Italia, liberaciones de animales de cría, festejados por los lobos.

En los casos más estúpidos, mataron al ganado después del rescate, porque no tenían como mantenerlo. En sus disertaciones sobre la vida y la muerte, el sensible Singer plantea en Etica práctica (1979) que todos los padres debieran tener 28 días para eliminar a sus hijos recién nacidos con discapacidades, síndrome de Down o hemofilia. Ante él, es preferible ser una gallina y no un bebé. La teoría de género va lejos. En 1991 declaró que “no había nada inmoral en la sexualidad con cadáveres”.

"Dado que un bebé recién nacido ni un pez son personas, no es tan grave matar uno de ellos como si fuera una persona”. Singer volvió a estremecer el mundo al explicar que “sexo con animales no siempre implica crueldad ¿a quién no ha interrumpido el perro que frota vigorosamente su sexo contra la pierna de un visitante? El anfitrión en general lo desalienta, pero en la intimidad tal vez no y quizá pueden darse actividades mutuamente satisfactorias”.

Conviene estudiar lo que uno cree
Cómo se compadece esta actitud tolerante con actos violentos contra una criatura indefensa, como suele habitualmente ser el bestialismo (Singer dice en el caso de las gallinas, que mueren a consecuencia, el patrón ético aplicable es el mismo de quien come en Kentucky Chicken) Naturalmente no aplica el consentimiento, si es sí, que se utiliza para tantas barbaridades, cómicas si no fueran tan trágicas y que si la sociedad no reacciona con fuerza, quien sabe qué nuevas aberraciones pueden traer.

Hace unos días había un extraño video desde Arica, Chile en las redes. El cadáver de un perrito cachorro yacía arrebujado en una capa roja, como un superhéroe, con una flor amarilla en la oreja, imagen desconcertante y surrealista. Una joven del pueblo declara, bañada en llanto. El cachorrito, llamado Wichafe, había muerto desgarrado por una violación, y aquella indumentaria quería honrar al que murió en circunstancias de indignidad extrema y dolorosa.

Desde estudiante, esos textos de la revolución “pos estructuralista” me parecían, desaforados, monstruosos, criptonazis, pero nunca pensé que pudieran tener audiencia. Los delirios sicóticos y asombrosos de Foucault, Benatar, Singer, Barthes, Firestone, Millet, Derrida, Deleuze, Guatarí, Butler, Firestone y varios más. Adornada por el fuego divino de la locura y la depravación, la posmodernidad, la ideología de género, tiene adeptos poderosos.

@CarlosRaúlHer

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Banco Mundial

De acuerdo con un nuevo análisis realizado por el Grupo Banco Mundial, la pandemia de COVID-19 (coronavirus) representa una amenaza para los logros que tanto costó conseguir durante la última década en las áreas de salud y educación, en especial en los países más pobres. Las inversiones en capital humano —conocimientos, habilidades y salud que las personas acumulan durante el transcurso de su vida— son fundamentales para que los niños puedan desplegar su potencial y para incrementar el crecimiento económico de los países.

En el documento 2020 Human Capital Index (Índice de Capital Humano 2020) del Grupo Banco Mundial se incluyen datos sobre salud y educación correspondientes a 174 países (que representan el 98 % de la población mundial) hasta marzo de 2020, con lo que se ofrece un parámetro previo a la pandemia de la salud y la educación de los niños. En el análisis se muestra que, antes de la pandemia, la mayoría de los países habían realizado avances constantes en la creación de capital humano en los niños, y que los mayores logros se habían producido en los países de ingreso bajo. A pesar de este avance, e incluso antes de que se sintieran los efectos de la pandemia, un niño nacido en un país promedio podía esperar alcanzar solo el 56 % de su capital humano potencial, teniendo como punto de referencia una educación completa y plena salud.

“La pandemia pone en peligro los avances en la creación de capital humano logrados a lo largo de una década, incluidas las mejoras en salud, tasas de supervivencia y matriculación escolar y la reducción del retraso del crecimiento. El impacto que la pandemia ha tenido sobre la economía ha sido especialmente fuerte para las mujeres y las familias más desfavorecidas, muchas de las cuales han quedado en situación de vulnerabilidad frente a la inseguridad alimentaria y a la pobreza”, afirmó David Malpass, presidente del Grupo Banco Mundial. “Es fundamental que los países protejan a las personas e inviertan en ellas como parte de sus esfuerzos por sentar las bases para una recuperación sostenible e inclusiva y para el crecimiento futuro”.

Debido al impacto de la pandemia, la mayoría de los niños —más de 1000 millones— no han ido a la escuela y podrían perder, en promedio, medio año escolar, ajustado en función del aprendizaje, lo que representa pérdidas económicas considerables. Los datos también muestran importantes alteraciones en servicios de salud esenciales para las mujeres y los niños, muchos de los cuales no se han dado vacunas que son fundamentales.

En el Índice de Capital Humano 2020 también se presenta un panorama de la evolución de los resultados obtenidos en materia de capital humano durante una década, desde 2010 hasta 2020, que permite observar mejoras en todas las regiones (en los casos en que se dispone de datos) y en todos los niveles de ingreso. Estos resultados positivos se debieron, en gran medida, a mejoras en la salud y se tradujeron en tasas más altas de supervivencia de niños y adultos y menores índices de retraso del crecimiento, así como en un aumento de la matriculación escolar. Hoy estos avances están en peligro debido a la pandemia mundial.

En el análisis se llega a la conclusión de que los resultados en materia de capital humano en las niñas son, en promedio, más altos que en los niños. Sin embargo, esto no se ha reflejado en oportunidades similares para el uso del capital humano en el mercado laboral: en promedio, las tasas de empleo son 20 puntos porcentuales más bajas en las mujeres que en los hombres, y en muchos países y regiones la diferencia es mayor. Además, la pandemia agrava los riesgos de violencia de género, matrimonio infantil y embarazo adolescente, situaciones todas que reducen las oportunidades de aprendizaje y empoderamiento de mujeres y niñas.

Hoy los logros tan arduamente obtenidos en el área de capital humano están en peligro en muchos países. Pero los países pueden hacer algo más que solo trabajar para recuperar los avances perdidos. A fin de proteger y acrecentar los logros en el capital humano previamente conseguidos, es necesario que amplíen la cobertura y la calidad de los servicios de salud en las comunidades marginadas, promuevan resultados de aprendizaje y la matriculación escolar, y apoyen a las familias vulnerables con medidas de protección social adaptadas a la magnitud de la crisis que ha representado el coronavirus.

El Grupo Banco Mundial trabaja en estrecha colaboración con los Gobiernos para elaborar soluciones a largo plazo a fin de proteger a las personas e invertir en ellas durante la pandemia y posteriormente:

En Etiopía, Haití y Mongolia, el Banco ha colaborado en la adquisición de equipos médicos vitales.

En Bangladesh, Burkina Faso y Nepal, el Banco colabora en la preparación de protocolos de seguridad e higiene escolar y al mismo tiempo trabaja con los equipos de abastecimiento de agua, saneamiento e higiene para proporcionar insumos básicos de higiene y desinfección.

En Jordania y Turquía, a través de nuevas operaciones recientemente aprobadas, el Banco ayuda a desarrollar contenido digital y de televisión para que durante el nuevo año académico pueda ofrecerse un método combinado de enseñanza y aprendizaje, así como asesoramiento psicosocial y clases de recuperación.

En la región del Sahel, el Banco respalda el Proyecto de Empoderamiento Económico de las Mujeres del Sahel y Dividendos Demográficos (SWEDD), que tiene por objeto crear un entorno favorable para el empoderamiento de mujeres y niñas a través de programas destinados a evitar que estas abandonen la escuela y a aumentar sus oportunidades económicas y el acceso a servicios de salud reproductiva de calidad.

El Banco también está ayudando a la India a aumentar de inmediato las transferencias de efectivo y los beneficios alimentarios a través de un conjunto de plataformas y programas nacionales que ya existían, a fin de brindar protección social a los trabajadores esenciales que participan de los esfuerzos por aliviar los efectos de la COVID-19, y a fin de beneficiar a los grupos vulnerables, en especial los migrantes y trabajadores informales, que enfrentan altos riesgos de exclusión.

La aplicación de medidas normativas ambiciosas y basadas en datos empíricos en las áreas de salud, educación y protección social puede permitir recuperar el terreno perdido y allanar el camino para que los niños de hoy superen los logros en capital humano y los niveles de calidad de vida de las generaciones que los precedieron. Nunca ha sido más importante que hoy cumplir plenamente la promesa creativa que representa cada niño.

El Grupo Banco Mundial, una de las principales fuentes de financiamiento y conocimientos para los países en desarrollo, está adoptando medidas rápidas y de amplio alcance con el propósito de ayudar a esos países a fortalecer su respuesta frente a la pandemia. Con tal objetivo, respalda intervenciones de salud pública, trabaja para garantizar el suministro de insumos y equipos esenciales, y ayuda al sector privado a continuar sus operaciones y mantener el empleo. Destinará hasta USD 160 000 millones en asistencia financiera durante un período de 15 meses para ayudar a más de 100 países a proteger a los sectores pobres y vulnerables, respaldar a las empresas e impulsar la recuperación económica. Dicho monto incluye USD 50 000 millones correspondientes a nuevos recursos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), que se asignarán en forma de donaciones y préstamos en condiciones sumamente concesionarias.

16 de septiembre 2020

https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2020/09/16/pandemic-t...

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Fernando Mires

Por lo menos trae consigo un aire erótico. Ya acostumbrados a escuchar cada cierto tiempo la noticia de que hay probabilidades de que “exista vida” en Marte, la posibilidad de que exista en Venus aparece como algo más poético e, incluso, más lógico. Venus es la diosa de la belleza y donde hay belleza, hay vida. En cambio Marte es el Dios de la guerra y donde hay guerra, hay muerte.

También suena algo más científico. Marte parece ser un planeta más seco que un río africano. Mucha piedra, varios agujeros, nada parecido a un arbusto. En cambio en Venus, dicen los astrónomos – pues quien aquí escribe no tiene la más pura idea - parece reunir las condiciones mínimas para dar nacimiento a algo parecido a la vida.

Por cierto, una cosa es que existan condiciones y otra es que de ellas surja la vida. Eso lo sabe cualquiera que de vez en cuando acomete un trabajo en un jardín. A veces, por ejemplo, buscamos las condiciones más ideales para que crezca una planta y allí echamos la semilla. Pero no sale nada. Y de pronto, en el lugar menos esperado, a veces en el más inhóspito, irrumpe la planta. Las plantas suelen ser caprichosas y les gusta escoger su propio lugar. Un poeta cursi diría, las plantas son como el amor. Nacen y aparecen cuando y donde menos se piensa.

Menos cursi, un científico español, investigador del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), Alberto González Fairén, publicó en El País un irónico artículo en contra de quienes aplican analogías para determinar conclusiones no comprobadas. Comentando el libro Cielo e Infierno de Carl Sagan, González Fairén ridiculiza a los científicos deductivistas cuando, más o menos, argumentan así: “Venus está rodeado por nubes, luego hay mucha agua, por lo mismo el terreno debe estar empapado, y de ahí nacen ciénagas, y en las ciénagas, helechos, y si hay helechos, quizás hay dinosaurios”.

La verdad, nadie lo sabe. Puede que en lugar de dinosaurios haya ratas acuáticas, peces voladores, pulpos sin tentáculos, ojos sin cabeza, sabe dios qué más. O puede que no haya nada. Sin embargo, en Venus hay ciertas probabilidades de vida. Es innegable. En las capas más altas de la atmósfera venusiana (linda frase para un poema nerudiano) ha sido detectada la fosfina (PH3), compuesto producido por microrganismos que para su reproducción no necesitan de oxigeno (todo lo contrario al maldito bicho portador de la Covid-19, pienso yo) Eso por cierto no significa que existan dinosaurios. Solo significa que hay condiciones para la vida. Pero la vida no son sus condiciones.

Lo que es inevitable, absolutamente inevitable, es que con el descubrimiento de la mentada fosfina, la imaginación comience a desbocarse. Los más ligados al mundo de la economía pueden pensar que Venus será nuestro planeta de repuesto y que después de haber secado la tierra y el mar a punta de emisiones tóxicas, continuaremos allí nuestro human way of life. Tampoco faltarán cristobal-colones que planearán viajes para someter indios extra-terrenales a quienes en vez de espejitos regalarán celulares. Los apocalípticos creerán que ha llegado la hora de redimir a la humanidad para dar origen a un nuevo comienzo de la historia. Y, por cierto, los filósofos proclamarán a los cuatro vientos que después de haber puesto punto final al geocentrismo, al antropocentrismo, al etnocentrismo, ha llegado la hora de saldar cuentas con el bíocentrismo. Les seguirán infaltables teólogos afirmando que la vida después de la muerte es precedida por la vida después de la tierra.

De cualquier modo, no sería mala noticia que existiera vida en Venus, aunque solo fuera para que los nacionalismos - esa plaga en cuyo nombre han sido cometidos los peores crímenes que el diablo pudo imaginar - terminen de una vez. Pues si hay vida en Venus nos entenderemos al fin como miembros de un solo pueblo terrestre, un pueblo más entre diversos pueblos planetarios, habitantes todos del espacio infinito.

Sería bueno, además que, si no en Venus, hubiera vida humana en otros planetas del universo. Y ojalá, esa vida fuera superior a la nuestra. Entendiendo por superior una cualificación no física sino más bien espiritual. Quiero decir, seres que estén ubicados más cerca de Dios que nosotros, aunque anden en cuatro patas, aunque vuelen sin alas, aunque tengan cinco ojos, aunque tengan sexos radioactivos. Al fin, todas, circunstancias determinadas por la humedad, la temperatura, la altura o qué se yo. Mas cerca de Dios quiere decir, entiéndase bien, más cerca de la palabra de Dios. Así lo dijo por lo menos Juan, el Evangelista: “Al comienzo fue el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”

Debo aclarar: No sé si Dios existe. Pero sí sé que Dios no existiría entre nosotros si alguien alguna vez no lo hubiera nombrado. En cierto sentido somos los constructores semánticos de Dios. Todas las demás especies animadas, al carecer de palabra, son radicalmente ateas.

Que hayamos designado a Dios no significa, claro está, que lo hayamos creado. Puede ser que con las palabras lo hubiéramos solo descubierto. Puede ser también que Dios comienza a existir desde el momento en que lo nombramos y desaparece cuando lo olvidamos. El problema es que gracias al uso de las palabras, nos declaramos no solo hijos de Dios sino, eso es lo más grave, el punto más alto de la creación.

Ser el punto más alto de la creación no es broma. Si bien lo consideramos, es un castigo. Algo así como ser el primer alumno de la clase. Tener que matarse estudiando para conservar ese lugar mientras los otros chicos juegan, divirtiéndose, debe ser atroz. Ser el primero puede ser peor que ser el último. Sería excelente entonces que alguien nos quitara ese lugar que nosotros mismos nos atribuimos sin que nadie lo pidiera. Tal vez, desde ese momento, menos sobre-exigidos, comenzaríamos a ser más buenos con nosotros mismos.

Tiene que haber vida en otra parte, aunque no sea en Venus, pienso yo, cuando en esas noches sin nubes y con insomnios, me da por contar las estrellas una por una. Pienso también en que la probabilidad de que haya seres más cercanos a la divinidad que nosotros, no deja de ser seductora. Esos seres extra-terrestres, al ser el punto más alto de la creación, podrían actuar incluso como intermediarios entre Dios y el universo, tarea que evidentemente los humanos no somos capaces de cumplir sin enloquecer. No es necesario que sean semidioses, basta que estén un poco más cerca de Dios que nosotros de las culebras.

Por el momento, la esperanza tiene nombre de mujer: se llama fosfina y habita en Venus, la diosa de la belleza.

Septiembre 19, 2020

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2020/09/fernando-mires-acerca-de-la-vid...

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Javier B. Seoane C.

“¿Qué modelo, muy pequeño por cierto, pero que posea la misma función que la política, crees que podríamos tomar como punto de comparación para descubrir de un modo adecuado el objeto de nuestra búsqueda? ¡Por Zeus! ¿Quieres, Sócrates, si no tenemos algún otro a mano, que escojamos, por ahora, el arte de tejer?” (Platón, 279b).

¿A qué arte se parece la política? Ante el desconcierto de los tiempos que corren cabe preguntarse por ello. Ensayemos brevemente con tres artes diferentes a ver qué sale: el arte de los magos, el de los pastores y el de los tejedores. Veamos de qué va cada uno. El arte de la magia descansa en el poder del mago para convocar e invocar por medio de la palabra fuerzas sobrenaturales que producen efectos inesperados a la mayor brevedad posible. La magia, como el mito, depara toda su fuerza en el lenguaje como creador de realidades. Emitir la fórmula mágica, el mantra respectivo, o quizás el discurso clave en el momento oportuno genera el estado anhelado. La magia está muy alejada del trabajo cotidiano, del esfuerzo continuado y del buen desarrollo del sentido común. Todo esto resulta muy prosaico para la fuerza de lo extraordinario y externo al discurrir normal de la vida que ella convoca. A la inversa, el arte pastoril requiere del esfuerzo laborioso y del cuido diario del rebaño para que crezca sano, robusto y no se descarrile. El pastor hábil sabe cómo hacerlo, conoce bien la técnica de amasar la masa para darle la forma conveniente, para hacer del borrego todo un borrego. Suele acompañarse de un buen can que ejerza de policía de la manada. El pastor quiere borregos. El inhábil también los quiere pero no logra cuidarlos y termina con un rebaño famélico, uno que no ha de llegar muy lejos.

Otro es el arte del tejedor. Cual pastor debe poseer la virtud de la paciencia laboriosa, pero a diferencia de este no le conciernen masas que amasar ni borregos que encarrilar. Se teje segundo a segundo, día a día, atando cabos, para tras un esfuerzo cargado de sabiduría y experiencia unir urdimbre con trama y generar una pieza consistente y no pocas veces de sobria belleza. Cual arácnido, el tejedor salva abismos, genera puentes, enlaza lo que está originalmente divorciado. Tejer es coordinar esfuerzos, entrelazar campos de fuerza, diseñar un espacio para compartir unos y otros, para habitarlo juntos. El político tejedor se legitima mediante la aceptación que sanciona el acuerdo. En cambio, el político pastoril y el mago precisan de la fuerza que otorga el carisma —fuerza que se apaga en la medida en que no logra los éxitos esperados.

El juego de metáforas y analogías del pastor y del tejedor ya fue sugerido por Platón en su diálogo El político hace más de dos mil años. Nosotros, siguiendo el mandato de Ortega y Gasset que obliga a atenernos a nuestra circunstancia, hemos agregado el mago inspirándonos en Cabrujas y Coronil. Cada una de estas figuras políticas tiene su circunstancia histórica. Aproximémonos un poquito a la de cada una.

El pastor, como buen caudillo, emerge de momentos marcados por cambios bruscos y la desorganización social, la falta de tejido, carencia de lazos entre los habitantes —no hay ciudadanos donde hay pastores, caudillos, hay habitantes y súbditos. Nuestra guerra de independencia, pero también nuestro tormentoso siglo XIX exigía este tipo de político, heredero del bárbaro conquistador. Hoy, cuando llevamos más de dos décadas de demolición institucional del país, se presenta de nuevo.

El mago se conjuga con circunstancias fantásticas. Cuando observamos que la realidad que nos rodea brota de fuerzas extrañas a nuestro trabajo desarrollamos fácilmente el sentido de que el mundo es obra de potencias que nos sobrepasan. Si esa realidad resulta esplendorosa por lo que promete quedamos a la expectativa de recibir las buenas vibras. No hacemos, esperamos. En todo caso, invocamos. Nuestro siglo XX, petrolero, sacó ciudades, instituciones y rangos de consumo socioeconómico de la chistera del Estado, artilugio desde el cual unos políticos magos se legitimaron en diferentes momentos distribuyendo patrimonial y clientelarmente renta entre los diferentes sectores sociales. Hemos tenido, una vez más con la afortunada expresión de Cabrujas y el arduo trabajo interpretativo de Coronil, un Estado mágico y más de un político, como Carlos Andrés Pérez o Hugo Chávez, que parecía mago.

Los carismáticos magos Pérez y Chávez dispusieron de cuantiosa renta para distribuir. El primero, en su segundo gobierno, empobrecido su respaldo económico terminó con su carisma también en mengua. Y es que el carisma, además de la persona y sus encantos sociales, suele acompañarse bien si hay buena cartera que lo respalde. A carencia de este recurso, la figura del pastor suele predominar. Aparecerán caudillos socarrones, sombríos, que despiertan el temor, no la simpatía, a lo Gómez en Venezuela o Franco en España. El mago y el pastor, ni hay que decirlo, convergen en el caudillismo. Han sido las figuras que han cubierto la mayor extensión de nuestra historia. No podía ser de otro modo para una sociedad que nunca ha dispuesto de suficiente tiempo histórico para asentarse, para arraigarse y tejer desde ella, desde abajo, sus instituciones.

El tejedor tiene otra circunstancia. Suele nacer de mundos sedentarizados, donde ya se han constituido en el largo devenir fuerzas diversas con poderes diferentes. Entonces, tiene lugar el atador de cabos, aquel que entreteje, que convoca a unos y otros para diseñar una arquitectónica favorable a la convivencia pacífica. El tejedor tiene la astucia de reconocer las fuerzas de unos y otros y visualiza los pliegues por los que cabe enlazarlas entre sí. Coordinarlas en un proyecto histórico. El tejedor hace su trabajo mediante el cruce de muchos hilos, mediante la conjunción de muchas tramas. Su trabajo, a diferencia del mago y el pastor, es colectivo. No es caudillo, es artífice de encuentros, gestor de pactos para dar un rumbo determinado a la nave en que vamos. López y Medina, por su circunstancia, tuvieron algo de ello. Al segundo la irrupción pastoril, en conspiración con el azar histórico, lo desplazó del poder a pocos meses del final de su período. Sin embargo, para el momento bastante había tejido con socialdemócratas, socialcristianos, comunistas, empresarios extranjeros y nacionales, trabajadores. La irrupción pastoril fue desplazada por otro pastor que se disfrazó de mago en los años cincuenta. Después, a partir del 58 y hasta el 74, los mismos actores que fueron pastores en el 45 se volvieron tejedores, y salvo la exclusión de los partidos de izquierda y ciertas violencias imperdonables, no lo hicieron tan mal. Pero no hubo tiempo para más y en el 74 se impuso el mago y sus doce apóstoles.

Ni el pastor ni el mago disponen de las destrezas del tejedor para incluir. El accionar de aquellos los vuelve excluyentes e históricamente pedantes. Hoy, cuando la Venezuela mágica ya no es ni puede ser, las capas hegemónicas del gobierno y la oposición se comportan conservadoramente pastoriles. Para legitimarse prometen la magia de otrora aún viva en el recuerdo de nuestras clases medias y populares. Cuando se ven las costuras falsas de esa magia, entonces apelan al diálogo tejedor, pero cual Penélope destejen en la noche lo poco tejido en el día. Son zombis que caminan entre nosotros porque no hemos sabido enterrarlos, porque como sociedad desarticulada, desmembrada, no hemos dado a luz a los tejedores, a las tejedoras (las mujeres siempre han sido mejor tejedoras, como hoy Merkel), del futuro. Decía al pensador de El Escorial que si no salvamos nuestra circunstancia tampoco nos salvaremos nosotros. Sólo nos queda empezar a tejer o darnos bandazos históricos entre un pastor y otro, ambos sin carisma, sin magia que ofrecer, ambos brutos, perpetuando el sopor de la infertilidad de este presente.

Caracas, agosto de 2020

Los tejidos de Némesis

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