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Opinión

Nouriel Roubini

Las encuestas de opinión en Estados Unidos vienen señalando que es muy probable que el Partido Demócrata se alce con una victoria contundente en la elección del 3 de noviembre, en la que Joe Biden gane la presidencia y los demócratas obtengan el control del Senado y se afiancen en la Cámara de Representantes, lo que pondría fin a la situación

Pero si la elección se convierte en un plebiscito por el presidente Donald Trump, puede ocurrir que los demócratas obtengan la Casa Blanca pero no recuperen el Senado. Y no se puede descartar que Trump recorra el estrecho sendero a una victoria en el Colegio Electoral y los republicanos retengan el Senado, con lo que se reproduciría el statu quo.

Más preocupante es la perspectiva de una larga disputa en torno del resultado, en la que ambas partes se nieguen a ceder y libren fieras batallas legales y políticas en los tribunales, los medios y las calles. En la reñida elección de 2000, la cuestión no se decidió hasta el 12 de diciembre, cuando la Corte Suprema falló en favor de George Bush (hijo), y su oponente demócrata, Al Gore, aceptó el resultado con elegancia. La incertidumbre política provocó durante ese período una caída de más del 7% en las bolsas. Esta vez puede ser que la incertidumbre dure mucho más (tal vez meses) y eso implica serios riesgos para los mercados.

Hay que tomar en serio esta hipótesis de pesadilla, incluso si ahora mismo parece improbable. Aunque Biden haya liderado las encuestas en forma permanente, también las lideraba Hillary Clinton en vísperas de la elección de 2016. No puede descartarse que en los estados bisagra aparezcan votantes «vergonzosos» de Trump que no quisieron revelar sus verdaderas preferencias a los encuestadores.

Además, lo mismo que en 2016, hay en marcha campañas de desinformación a gran escala (extranjeras y locales). Las autoridades estadounidenses han advertido que Rusia, China, Irán y otras potencias extranjeras hostiles están empeñadas en tratar de influir en la elección y sembrar dudas sobre la legitimidad del proceso electoral. Trolls y bots inundan las redes sociales de teorías conspirativas, noticias falsas, deepfakes y desinformación. Trump y algunos de sus colegas republicanos han hecho propias absurdas teorías conspirativas como la de QAnon, y han dado señales de apoyo tácito a grupos supremacistas blancos. Gobernadores y otros funcionarios públicos de muchos estados bajo control republicano apelan sin el menor empacho a sucias estratagemas para suprimir los votos de grupos sociales de inclinación demócrata.

Para colmo, Trump ha dicho muchas veces (sin fundamentos) que el voto postal no es confiable; esto es porque anticipa que los demócratas serán mayoría entre quienes no voten en persona (como precaución de tiempos de pandemia). Además, se negó a decir que entregará el poder si pierde, y les hizo un guiño a milicias de derecha (a las que pidió «retroceder y esperar») que ya siembran el caos en las calles y traman actos de terrorismo interno. Si Trump pierde y apela a afirmar que hubo fraude electoral, hay una alta probabilidad de violencia y agitación social.

De hecho, si los primeros resultados en la noche de la elección no indican de inmediato una amplia victoria demócrata, es casi seguro que Trump se declarará vencedor en los estados disputados, antes de que se hayan contado todos los votos postales. Miembros del equipo republicano tienen en marcha un plan para cuestionar la validez de esos votos y suspender el recuento en los estados clave. Librarán batallas legales en las capitales de estados bajo control republicano, en tribunales locales y federales llenos de jueces designados por Trump, en una Corte Suprema con 6 a 3 de mayoría conservadora y en una Cámara de Representantes donde, de haber empate en el Colegio Electoral, los bloques legislativos de los estados emitirán un voto cada uno para elegir al presidente, y los republicanos controlan la mayoría de los bloques.

Al mismo tiempo, puede ocurrir que todas esas milicias armadas blancas que ahora están «esperando» salgan a las calles para fomentar la violencia y el caos, con el objetivo de provocar una respuesta violenta de grupos izquierdistas y dar a Trump un pretexto para invocar la Ley de Insurrección y desplegar fuerzas federales, o al ejército, para restaurar «la ley y el orden» (algo con lo que ya amenazó). Tal vez pensando en este final posible, la administración Trump ya calificó a varias grandes ciudades con gobierno demócrata como distritos «anarquistas» que tal vez deba reprimir. Es decir, es evidente que Trump y sus esbirros harán todo lo necesario para robarse la elección; y dada la amplia variedad de medios a disposición del ejecutivo, pueden salirse con la suya, si los primeros resultados electorales son parejos y no muestran una victoria clara de Biden.

Por supuesto, si los primeros recuentos dan a Biden una gran ventaja incluso en estados tradicionalmente republicanos como Carolina del Norte, Florida o Texas, a Trump le será mucho más difícil prolongar la discusión y aceptará la derrota antes. El problema es que cualquier resultado que sea menos que una victoria aplastante de Biden dejará abierto un resquicio para que Trump (con los gobiernos extranjeros que lo apoyan) apele al caos y a la desinformación para embarrar el proceso, mientras los republicanos maniobran para llevar la decisión final a ámbitos más favorables (por ejemplo, los tribunales).

Semejante grado de inestabilidad política puede dar lugar a un importante episodio de huida del riesgo en los mercados financieros, en un momento en que la economía ya se está desacelerando y las perspectivas de un paquete adicional de estímulo en el corto plazo son inciertas. Una disputa prolongada por el resultado electoral (incluso hasta inicios del año entrante) puede provocar una caída de hasta un 10% en las bolsas y que se reduzcan los rendimientos de los títulos públicos (que ya están bastante bajos); y la huida mundial hacia la seguridad presionará aun más al alza sobre el precio del oro. Lo habitual en estos casos es que el dólar se fortalezca; pero como el disparador de este episodio particular sería el caos político en Estados Unidos, puede haber una fuga de capitales contra el dólar que lo debilite.

Una cosa es segura: una elección muy disputada deteriorará todavía más el prestigio internacional de Estados Unidos como ejemplo de democracia y Estado de Derecho y debilitará su poder blando. Hace tiempo (sobre todo los últimos cuatro años) que la política del país transmite una imagen de caso perdido. De modo que, sin dejar de tener esperanzas en que el caos antes descrito no se haga realidad (las encuestas todavía muestran una clara ventaja de Biden), los inversores deberían prepararse para lo peor, no sólo el día de la elección sino también en las semanas y meses venideros.

27 de octubre 2020

Traducción: Esteban Flamini

The Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/us-disputed-election-scenar...

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Ismael Pérez Vigil

Difiero en varios puntos con las propuestas políticas de varias de las personas que mencionaré en este artículo, en el cual hago una pausa en el análisis político para reflexionar sobre un tema, que también tiene su trasfondo político, pero de manera indirecta.

Con respecto a Leopoldo López, aunque difiera en varias de sus propuestas políticas, me alegra sobremanera que se haya fugado; sí, fugado, porque soy de los que cree que los capitostes del régimen no son estúpidos como para haber dejado libre a alguien tan carismático como Leopoldo López, que les puede hacer tanto daño ante la opinión pública internacional, con solo relatar su experiencia de siete años privado injustamente de libertad, tras un juicio totalmente amañado.

Su fuga y posterior viaje a Madrid, no creo que se merezca los comentarios y diatribas que se levantaron en su contra en las redes sociales, tratándolo de traidor, vendido, insinuando y dejando entrever sucias negociaciones, omitiendo cualquier tipo de argumento, pero si emitiendo cientos de insultos y descalificaciones. Por ejemplo, pienso en lo ruin y miserable que deben tener el alma los que criticaron a Laureano Márquez por comentar favorablemente la foto de Leopoldo con sus pequeños hijos. A mí también me conmovió mucho esa foto de Leopoldo con sus hijos y esposa y aprovecho para decir –ahora en serio–, algo que siempre dije en broma a mi esposa, hijos y amigos: que si algún día –caso muy improbable, espero– a mí me metieran injustamente preso como a Leopoldo López, yo quiero que me defienda Lilian Tintori.

No logro entender la mezquindad y juicios que se hicieron, hoy contra Leopoldo, pero ayer contra Henrique Capriles y Juan Guaidó y antes de ayer contra Julio Borges, Ramos Allup y así sucesivamente, sobre tantos otros que han pasado por esa “molienda de líderes” –la “liderofagia” de que habla Tulio Hernandez– en que algunos han convertido a la oposición venezolana. En muchos casos ni siquiera se argumenta sobre sus posiciones políticas, pues lo que se profiere son meros insultos y descalificaciones.

De esa debacle no han escapado, entre otros, Moisés Naim y Ricardo Hausmann recientemente; uno por haber hecho comentarios negativos sobre Donald Trump y el otro por defender a su hija y el derecho que tiene de decir que votará por Biden. En realidad, ni siquiera hace falta decir que se apoya a Biden, basta con que al hablar de las elecciones norteamericanas no se grite: ¡Viva Trump!, o ¡Biden comunista!, para ser insultado. Las elecciones norteamericanas, en las que nos hemos involucrado –como si fueran nuestras o no fuera para nosotros lo mismo, en el fondo, cualquier resultado–, afortunadamente concluirán la semana que viene y el pueblo estadounidense se verá finalmente librado de esa pava que le cayó de tener que escoger entre el malo y el peor, sin pronunciarme sobre quien es el malo y quien el peor, para ahorrarme insultos.

Pero no es necesario ser político en Venezuela o candidato presidencial en los Estados Unidos para caer bajo la ira de la “santa inquisición, savonaroliana, indignada”, otros han caído por otras cosas; por ejemplo, la Conferencia Episcopal Venezolana, o el Papa, blanco favorito de muchos, esta vez con su reciente encíclica, Fratelli Tutti, que probablemente sus críticos ni siquiera han leído las más de 80 páginas y se conforman con las interpretaciones erradas de algún periodista norteamericano. Pronto caerá también en esa diatriba el padre Luis Ugalde, que tuvo la osadía de comentar favorablemente al respecto en su penúltimo artículo (Libertad y Fraternidad, El Nacional, 16 de octubre de 2016) al decir que a algunos “Les escandaliza que el Papa diga que “el mercado no resuelve todo” y que “la libertad de mercado no basta”. Yo creía que este principio defendido por los clásicos liberales era obvio.”, escribió el Padre Ugalde.

Pero si se libra de esa el Padre Ugalde, no se librará por lo que dijo en su último artículo (Capitulación Revolucionaria, 30/10/2020) que circula en las redes sociales desde ayer, en el cual afirma: “Empecemos el cambio lo más civilizadamente posible negociando los otros pasos para la transición, e iniciar el nuevo año poniendo los cimientos para la reconstrucción, incluyendo a toda la sociedad, excepto los que se excluyen aferrados a su conducta delincuencial... Fueron y son legítimas las aspiraciones de la población que hace 22 años dieron el triunfo a Chávez.” ¡Qué horror!, ¡Hablar de negociación y legítimas aspiraciones de quienes votaron por Chávez!, ¡Como se ve que este es un jesuita comunista, compinche de Francisco!... En realidad, el Padre Ugalde se libra porque su artículo tiene dos páginas y muchos de los “críticos” no alcanzan a leer o reflexionar más allá de 280 caracteres. También se libra Bernardo Klisberg, por el momento, quien en su artículo de esta semana (La pregunta de Francisco, El Universal, 28/10/2020) se atreve a comentar favorablemente la encíclica, concluir con una frase de la misma e invitarnos a pensar al respecto.

Pero lo que hasta ahora he referido, y que pudiera seguir hasta el infinito, no es más que un síntoma. Lo grave, lo que quiero destacar, lo que es el centro de mi reflexión de esta semana, es que todo esto no es más que la confirmación de que Hugo Chávez Frías triunfó.

No solo nos derrotó políticamente en varios procesos electorales y políticos, no solo nos destruyó el país y lo llevó a la más ignominiosa miseria, no; lo más grave es que logró inocularnos su veneno de odio, rencor y resentimiento, que hoy circula libremente por nuestras venas, se nos mete hasta los tuétanos de los huesos y nos empapa el alma. Toda esa frustración que sentimos, toda esa rabia que reflejamos, todo el veneno que llevamos por dentro y que volcamos en Twitter y WhatsApp no hace ni mella en los “prohombres” de este oprobioso régimen, no los toca, pero se ha vuelto contra nosotros mismos, contra nuestros líderes, buenos, malos o mejores, contra nuestros partidos políticos, víctimas también del régimen, a los que algunos critican inmisericordemente, de los que hacemos burla y chistes fáciles, de humorismo barato y ramplón. No se trata de limitar la crítica, mucho menos suprimirla, se trata de que no se haga sin argumentar, ni dar razones y la oportunidad de que los criticados se defiendan, dándoles el beneficio de la duda.

Será mucho más difícil librarnos de ese veneno que reconstruir el país, cuando hayamos salido de este oprobioso régimen. Se trata entonces de meditar y reflexionar acerca de que nos han llenado de odio, de amargura, de rabia…de miedo, que como bien dice una buena amiga, y con esto concluyo: “El veneno que los venezolanos llevamos por dentro es muy poderoso. Nos nubla la vista, nos carcome, nos impide pensar como adultos educados y racionales… ¡Qué difícil es pensar derecho con este veneno adentro!”

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Maxim Ross

Venezuela está en peligro de que un destino inercial se le imponga, siga siendo presa fácil del ajedrez internacional y termine organizada bajo el “modelo chino”, que sucumba como “modelo ruso”, que termine como Cuba o que la organicen los intereses políticos y de seguridad interna de los Estados Unidos. Ninguno de esos destinos concuerda con el supremo interés de la sociedad venezolana de desarrollarse sobre sus propias fuerzas, por lo que es indispensable y urgente promover una reacción para contrarrestar esa inercia. No se trata de promover la autarquía y nuevos nacionalismos, porque diferenciamos claramente esta inercia de cualquier otra iniciativa de cooperación e integración internacional.

Frente a ese escenario no podemos seguir siendo espectadores pasivos e imagino que esta percepción la comparten muchos venezolanos. Por esa superior razón, invocamos la necesidad de desarrollar una cierta capacidad nacional que tenga como objetivo táctico ofrecer una respuesta independiente frente a ese juego de poderes y, como objetivo estratégico recuperar y consolidar las fortalezas que históricamente han construido la Venezuela que todavía hoy tenemos, a pesar de la masiva destrucción de su economía, de sus instituciones, de su historia, de sus talentos, sus valores y costumbres.

La sociedad civil organizada[1] es la llamada a construir y consolidar sus capacidades, siendo que es ella la que tiene real existencia y revela las verdaderas fuerzas de una sociedad. Sus trabajadores, sus empresarios, sus profesionales, sus maestros, sus médicos, sus medios de comunicación, sus hospitales y escuelas, etc. etc. conforman ese conglomerado que constituye una Nación.

Para lograr el primer objetivo y no quedar sujetos a esos intereses geo – políticos internacionales es imprescindible que ella se exprese y coloque su principal foco de atención en ampliar y profundizar sus capacidades, institucional, cívica, productiva y regionales y locales, tales que sumadas en un todo, consoliden una capacidad nacional que está allí latente y que permitiría una recuperación integral de Venezuela, apoyada por instituciones y gobiernos fundados en principios de auténtica solidaridad internacional y sin necesidad de la tutela de aquellos poderes. Definamos, entonces, cada una de esas capacidades.

Capacidad Institucional.

Solo el hecho de estar la sociedad civil organizada, parcial o totalmente, genera una fuerza que debería ser aprovechada en la dirección que exigimos, pero la pierde y se hace más débil en tanto cada organización se concentra en defender sus intereses legítimos[2], pero que reunidas cada una de ellas en una que las articule reforzaría su poder institucional. Un alegato por sus intereses o necesidades generales, tales como la vigencia de la Constitución, el restablecimiento del orden democrático o del Estado de derecho o, precisamente, si alzara la voz ante la inercia que arrastra a Venezuela, multiplicaría y potenciaría ampliamente su capacidad institucional.

Capacidad Cívica.

Hay derechos preservados en la Constitución y en el Derecho Internacional que pueden servir de base para articular el fortalecimiento de una capacidad de la sociedad civil que, a veces, aparece disgregada y aislada, cuando es solamente tema y referencia de organizaciones especializadas, sea el tema de la salud, de la seguridad social, de los presos políticos o de cualquier otra, que son el objeto de lo que llamamos “Derechos Humanos”, pero que no terminan de vincularse entre sí, pero que si se pudiesen entrelazar y elevarlos a una categoría de mayor calibre estaríamos frente a la creación de un concepto más amplio que podemos llamar “Capacidad Cívica”.

La defensa de las instituciones democráticas forma, obviamente, parte de esta capacidad, pero ella queda vacía y solo en un plano formal, si no va acompañada de la plena incorporación de los sectores marginados o en situación de pobreza en su ejercicio. Democracia y pobreza no son compatibles. Por tanto, un esfuerzo productivo orientado en esa dirección contribuye a afianzar las anteriores capacidades.

Capacidad productiva.

Cuando hablamos de “capacidad nacional” podría entenderse que estamos proponiendo un regreso a los esquemas de “independencia y soberanía económica” que surgieron paralelos a las doctrinas económicas que orientaron los comienzos de la industrialización venezolana, el proteccionismo y la sustitución de importaciones. Nada mas lejos de la realidad actual. Venezuela posee un sin número de ventajas comparativas y competitivas[3] basadas, unas en sus recursos naturales y otras en la creación de ellas, tales que pueden permitir razonablemente consolidar su capacidad productiva.

Ahora que el petróleo no parece ser quien protagonice el crecimiento económico y el Estado pierda un peso equivalente, hay una excelente oportunidad para que la producción, primero se independice tanto como sea posible de aquellos y, segundo, se cimente en el desarrollo de sus propias fuerzas y lo haga fundamentándose en reglas de mercado y en el protagonismo del sector privado venezolano. Venezuela debe pasar del modelo mercantilista que la guio en los últimos aňos a una moderna economía de mercado, integrada externamente y bajo los criterios, las experiencias y actualizaciones teorías y prácticas que el mundo experimenta hoy día.

Si a esa capacidad productiva se le incluyen reglas del juego que modifiquen sustancialmente componentes tradicionales de distribución del ingreso y de la propiedad, entonces sus promotores deben propiciar una nueva alianza entre el capital y el trabajo que al colocar el tema de la pobreza como una alta prioridad para los productores. Si, además, el talento, el conocimiento y la educación deben ser articulados en esta dirección para completar la ecuación productiva. Un último componente cierra este circuito virtuoso: las capacidades regionales y locales.

Capacidades regionales y locales

Venezuela tiene que volcarse completamente hacia adentro, cerrar el capítulo centralizador y estimular agresivamente el desarrollo de sus regiones y localidades que concuerdan con sus vocaciones económicas. Esta tiene que ser la “columna vertebral” de la capacidad productiva. No se trata, de nuevo, de regresar al modelo “desarrollo hacia adentro”, marcado por el proteccionismo, el populismo y el dirigismo estatal. La coincidencia con las ventajas competitivas que tiene cada región o cada localidad debe garantizar que sean actividades productivas auto suficientes, rentables y sostenibles.

Finalmente, la construcción de una sinergia entre las capacidades institucionales, cívicas, productivas, regionales y locales permitiría que Venezuela construya una capacidad nacional que la aleje del modelo de dependencia del petróleo y de los avatares internacionales que mantuvo a lo largo del tiempo. Venezuela podría convertirse en un como muchos, en un país normal donde las capacidades internas amortigüen perversas influencias internacionales.

[1] Llamo Sociedad Civil Organizada a todas aquellas instituciones que se han constituido formal o informalmente y que tienen la propiedad de ser representativas de sus respectivos miembros. Excluyo expresamente a los partidos políticos como miembros natos de ella, para hacer transparente la definición de sus capacidades propias.

[2] Entendidos por aquellos atinentes a su rol: salarios – trabajadores, libre empresa – empresarios, agricultores, industriales, gremios profesionales, etc., etc.

[3] Hablamos de energía barata, alúmina, turismo, agroindustria, metalurgia, derivados de petróleo y aquellas derivadas de una basta experiencia industrial como lo desarrollado en la zona central del país.

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Ignacio Avalos Gutiérrez

En Venezuela llevamos tiempo en el que las condiciones dentro de las que transcurre el país, pareciera que ya no nos espantan. No nos espantan los niveles de pobreza. Tampoco el número creciente de niños que no alcanza a sentarse en un pupitre, ni la cifra de profesores que dejan el aula y se van a hacer quién sabe qué otra cosa, tampoco la precariedad de nuestro sistema de salud pública, ni la violencia por parte incluso de las autoridades, ni siquiera el hecho de que nuestra economía no produzca nada ni que el Estado de Derecho se haya vuelto un fantasma, incapaz de trazar y hacer cumplir las normas que cuidan la convivencia social y que la corrupción, en sus diversas maneras, se haya vuelto, tal vez, nuestro rasgo más definitorio como país. Todo lo anterior en medio de un escenario político que desde hace unos cuantos años nos tiene metidos en una calle ciega, siendo el factor que más determina las limitaciones de la vida venezolana mencionadas anteriormente y a las que nos acostumbramos, asumiéndolas en formato de normalidad.

No hay, en verdad, cifras oficiales que nos muestren fiel y honestamente cómo marcha el país. Pero sí hay algunos estudios privados, que nos proporcionan una imagen inaceptable del país y aún más de la vida diaria de millones, sí de millones, de venezolanos que prueban de manera inequívoca que en nuestra sociedad la existencia es cada vez más dura, cada vez más áspera, cada vez más hostil. Lo peligroso, como lo han dicho diversos analistas, es que estas cosas que concurren suelen tender a convertirse en normales, a no dar motivo alguno para el asombro ni para la arrechera.

Para continuar con el hilo anterior, tampoco en este caso alarma la situación que se encuentran confrontando las organizaciones sobre las que recae, principalmente, la responsabilidad de llevar a cabo las actividades vinculadas con la educación superior, la ciencia, la tecnología y la innovación, áreas en donde las informaciones gubernamentales dejan igualmente mucho que desear.

Hace apenas dos semanas un equipo de la UCV y de la USB, del que formé parte junto con Hebe Vessuri, Alexis Mercado, Sonsirée Martínez, María Antonia Cervilla e Isabelle Sánchez, finalizó un estudio sobre este tema, el cual fue apoyado por el International Development Research Center y el Global Development Centre. También en este ámbito se constató una muy precaria e incierta situación, puesta en evidencia en el otorgamiento de presupuestos vergonzosamente deficitarios, causa de primer orden en el inadecuado funcionamiento docente de las universidades, la inoperancia o destrucción de laboratorios –inclusive como resultado de acciones vandálicas–, la disminución notable de profesores y alumnos y un sinfín de calamidades a la que desde luego se añade la diáspora de un número importante de profesionales esparcidos por medio mundo.

Ocurre todo esto mientras a comienzos de este siglo XXI están ocurriendo cambios radicales que actualizan la formación de profesionales e investigadores, a fin de hacerlos capaces de encarar con suficiencia los problemas y oportunidades que vienen asomando desde la Cuarta Revolución Industrial, dejando su huella en todos los ámbitos por donde acontece la vida humana.

Todas estas cortas reflexiones vienen al caso porque el pasado miércoles se celebró el Dia del Ingeniero, declarado hace más de un siglo, cuando se fundó el colegio correspondiente. Un gremio que ha tenido gran importancia en el desarrollo del país, hoy venida a menos, entre otras muchas razones, por el deterioro brevemente descrito en la líneas anteriores, que ha ocasionado, entre sus múltiples efectos, el hecho de que ¡200.000! de sus profesionales se fueran del país y estén trabajando alrededor del mundo. Pocas cosas hay más emblemáticas que esta cifra para poner de manifiesto la dimensión de la fractura nacional en un área de tanta significación para nuestro futuro.

Contaremos con ellos, piensa uno, cuando nuestro país entre a funcionar gobernado con sensatez y sentido común, también con más de honradez, y la política sea para lo que fue pensada, es decir, para negociar las diferencias y construir acuerdos en torno a un afán común. En otras palabras, que sea más o menos lo contrario de lo que ha venido observando en estos últimos tiempos, convertidos en casi una eternidad.

El Nacional

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Humbero García Larralde

Increíble, pero cierto. El Madurismo sigue en sus cantinelas, impertérrito, mientras el país termina por desmoronarse sobre sus cabezas. Fascismo del subdesarrollo, porque al menos Hitler y Mussolini procuraban que sus países funcionaran, aunque fuese solamente para sostener el esfuerzo de guerra. Pero en la triste y trágica Venezuela de 2020, todavía se le ocurre al mamarracho de Tarek William Saab salir a denunciar que la detención de Roland Carreño –un desafuero más en la larga lista de atropellos a la justicia-- era porque estaba incurso en una conspiración, con Voluntad Popular, ¡para desestabilizar el país! Tan sumergidos en su mundo ficticio de clichés y excusas autocomplacientes están estos capos de mafia --que han chupado al país seco--, que continúan culpando a otros por sus barbaridades, como si nada. ¡Pero si el país lo vienen desestabilizando ustedes desde hace años! Lo desmontaron desde sus cimientos; no queda piedra sobre piedra. Acabaron con PdVSA, con los servicios públicos, con la libertad, la justicia y la autoridad, para dejarnos en una anomia, regida por criminales de cuello blanco, verde oliva o de franela con tatuajes. ¿estabilidad? Se refugian en un callejón sin salida que, más temprano que tarde, les cobrará bien caro. Prefieren cortocircuitar las pocas neuronas que les quedan repitiendo estupideces hace tiempo agotadas.

¿En qué país viven? ¿A quiénes se dirigen?

Tal conducta es expresión de que el combo de pillos y torturadores, con Maduro a la cabeza, ha decidido tirar la toalla en cuanto a “legitimarse” con carantoñas al juego democrático, como aquello de liberar presos políticos –como si fuera una concesión—, cuando el mundo está más que claro que nunca debieron estar presos. El empeño, hasta ahora no abortado, de insistir en las elecciones trampeadas de diciembre, cuando ya se ha cantado por adelantado el fraude a los cuatro vientos, es muestra de que, desde hace tiempo, no saben donde queda el freno en su carrera alocada al precipicio. Pero así es el fascismo. Peor que Jalisco, ni el empate lo satisface. O aplastan al otro o se inmolan. Recordemos a Hitler en su bunker echándole pestes a sus compatriotas por no haber estado a la “altura” de sus designios de grandeza y prefiriendo suicidarse ante su derrota, que negociar una salida.

Quien esto escribe, a pesar de haber insistido siempre en la naturaleza fascista o fascio-comunista del régimen, aboga por su salida pacífica, negociada, en aras de ahorrarle al país mayores sufrimientos. Ya ha sufrido demasiado. Pero su actitud hace cada vez más difícil acordar las bases mínimas de tal negociación. Como Hitler, prefieren atrincherarse en su bunker –no de concreto, sino de fantasías ideológicas—, que enfrentar la realidad. Mientras quede algo por robar –y están raspando con ahínco el fondo del barril—no cederán.

Pero hace tiempo se les acabó la farsa. Su bancarrota se exalta ahora al encargar al esbirro militar, Reverol, ¡de la economía! ¡Ni gasolina son capaces de asegurar! Su monigote “revolucionario” no tiene vida, es absolutamente inviable y su único destino es la muerte. Lamentablemente, no sólo del proyecto en sí, sino de buena parte de venezolanos, si no salimos pronto de él.

Por más difícil que pueda parecer la situación de las fuerzas democráticas en estos momentos, el futuro –y no muy lejos—les pertenece. ¿Hasta cuándo los fascistas van a prolongar el sufrimiento, torpedeando toda posibilidad de una salida que pueda ampararlos en lo inmediato –la justicia tardará, pero eventualmente llegará--, para sumergirse en su burbuja de consignas copiadas, imaginándose “blindados” contra la realidad? ¿Es que realmente creen que así habrán de salvarse? ¿Es que no queda nadie sensato ahí, con los pies en la tierra? ¿Todos son criminales enceguecidos por la rapiña?

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

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Prensa OVV Aragua

Según el monitoreo de prensa del Observatorio Venezolano de Violencia en Aragua (OVV Aragua), durante el periodo enero-septiembre 2020 se reportaron 22 menores de edad víctimas de violencia –entre Niños, Niñas y Adolescentes (NNA)-, producto de los siguientes 20 sucesos: 6 violaciones, 5 abusos sexuales, 3 actos lascivos, 3 lesiones y 3 filicidios.

Durante el primer trimestre del año, se registraron en la prensa regional 2 sucesos, con igual número de víctimas, correspondientes a este tipo de violencia, ocurridos en el municipio Girardot. El primero de ellos, fue una denuncia por actos lascivos hacia una adolescente femenina por parte de un hombre de 30 años, ocurrido en Maracay. El segundo, fue una violación de un niño de 8 años, por parte de un adolescente masculino de 16, ocurrida en la población de Choroní.

Para el segundo trimestre del año, que coincide con los tres primeros meses de confinamiento por la cuarentena por el Covid-19, se reportaron 3 sucesos de violencia –mismo número de víctimas- hacia los NNA: 2 filicidios (cuando los padres asesinan a los hijos) y 1 violación. El primer filicidio ocurrió en el mes de mayo, en el municipio Camatagua. La víctima fue una niña de 3 meses, quien fue asesinada por su madre, una adolescente de 16 años quien, en un arrebato de celos, decidió vengarse de la infidelidad de su pareja. El segundo filicidio fue reportado en junio, en el municipio Mario Briceño Iragorry; la víctima fue una niña de 5 días de nacida, cuyos padres -una adolescente de 16 años y un joven de 20- la dejaron en un basurero. El tercer suceso fue un caso de incesto, ocurrido en este último municipio, donde el padre de 58 años fue acusado de someter y violar reiteradamente a su hija, de 9, desde los cuatro años. La niña le contó a su madre, después de que la menor fue sorprendida realizando un intento de suicidio.

En el tercer trimestre del año y segundo trimestre de cuarentena, se evidencia un incremento significativo con respecto al total de casos del primer semestre del 2020. Durante el periodo julio-septiembre, se reportaron 15 sucesos -17 víctimas- de violencia hacia los NNA, que representan el 75% de los sucesos registrados en el estado Aragua durante los 3 primeros trimestres del año. Los casos se distribuyen así: 11 de violencia sexual (4 violaciones, 5 abusos sexuales y 2 actos lascivos), 3 de lesiones graves por maltrato infantil y 1 filicidio, protagonizado por una madre de 34 años con inestabilidad emocional que asesinó a su niña de 3 meses porque la desesperaba con su continuo llanto.

El municipio con mayor frecuencia de sucesos de violencia sexual fue Girardot con 5, seguido por Sucre y Zamora, con 2 sucesos cada uno. Mientras que el municipio Camatagua fue donde ocurrieron 2 de los 3 filicidios reportados. Del mismo modo, se observa que el municipio Zamora tiene la mayor frecuencia de lesiones graves por maltrato infantil, reportadas en lo que va del año 2020.

En relación al perfil de las víctimas de los sucesos de violencia sexual, tenemos que el 93% son niñas, con un promedio de 10,5 años, con un rango de edad que oscila entre los 5 y los 16 años. Los agresores, por su parte, son hombres, con un promedio de edad de 48,6 años, con edades comprendidas entre los 15 y 67 años; 90% de ellos son familiares o conocidos de las víctimas.

En cuanto a los filicidios u homicidios de hijos por parte de uno o ambos padres, el 100% de las víctimas fueron niñas, cuyas edades estaban comprendidas entre los 5 días de nacida y los 3 meses de edad. En el 100% de los casos la autora material del filicidio fue la madre; en 67% de ellos involucran a madres adolescentes. En el 33% de los casos están involucrados ambos padres. El promedio de edad de los padres filicidas fue de 21,5 años.

Los maltratadores reportados en la prensa se corresponden con madres solas o en complicidad con padrastros, con un promedio de 33,5 años de edad, que fueron detenidos por ocasionar lesiones graves a sus hijos, producto de un maltrato físico desproporcionado. Las víctimas fueron 3 niñas de 2, 3 y 10 años.

Finalmente, llama a la reflexión el notable incremento de los casos de violencia contra los NNA, durante los últimos tres meses del año, comportamiento que, de acuerdo a la opinión de expertos en el área de salud mental, podría estar relacionado con diversos factores contextuales que afectan la estabilidad emocional de las poblaciones más vulnerables, inmersas en disfuncionales dinámicas familiares que, sometidas a la presión psicológica generada por el confinamiento, terminan convirtiéndose en un detonante de liberación de frustraciones acumuladas y de bajas pasiones, que son drenadas dramáticamente sobre los eslabones más indefensos de la sociedad.

La violencia contra los NNA en Venezuela no es un problema aislado y lineal, sino que, por el contrario, es el producto y reflejo de la compleja y profunda crisis que padece nuestra sociedad. Evidencia el gran deterioro de nuestro tejido social fundamental, que es la familia. Necesita, con urgencia, la confluencia de voluntades y la participación sincera y proactiva de todos los actores sociales involucrados, para diseñar e implementar estrategias integradas e integrales, que permitan reencontrar el camino de la protección eficaz de nuestras futuras generaciones.

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Machillanda

Para enfrentar la tiranía con su ejercicio brutal y a discreción -como lo aplica el socialismo militarista- se requiere de un ciudadano, mujer o hombre, que como “Profesional de la Sociedad “ reconozca el Ambiente Político Real, conciba la Historia y sobre todo las circunstancias de peligro que acechan a la sociedad venezolana en el siglo XXI. Sociedad en peligro, por cuanto quienes gobiernan devienen del Hueco Organizacional Militar con todas las perversiones que arrastra ese modelo inspirado en Zamora, léase violencia brutal, perversión e ignorancia distante de la política. Necesitase, entonces, en este colapso del chavismo-madurismo de mujeres y hombres, que a la altura de las circunstancias, frenen al militarismo perverso totalitario que encierra intereses y anti valores contrarios a la institucionalidad y a la visión de la República. Ese liderazgo lo llamaremos Profesionales de la Sociedad.

¡Profesionales de la Sociedad! Mujeres y hombres cargados de ética y comprometidos con la autoridad moral, acompañada del saber y sobre todo a trabajar por el bien de la república, distante de los ismos y colores. Profesionales de la Sociedad como nuevos líderes, que conocen el arte de prever y robustecer soluciones políticas frente al peligro que rodea a la sociedad venezolana. Ese nuevo líder esté en cuenta de la mentira del revolucionarismo y tiene que tener control de la variable tiempo, así como de acciones para contener las estructuras verticales e irracionales que han arrastrado a la Constitución, al cuerpo de leyes y que están de espalda al ciudadano.

Profesionales de la Sociedad, que no creen en el arribismo del poder político que no son magos del poder, pero sí saben que la sociedad venezolana en su mayoría requiere de este nuevo foco de luz política en la parroquia, para que crezca el protagonismo del ciudadano, que luego se transmita al municipio convertido en masa democrática para que sea capaz de contener la arbitrariedad y la persecución, como lo hace hoy el control militarizado. El nuevo liderazgo se fundamentará en sus valores, su ética, en la difusión de la ecuación de la democracia que permitirá que crezca la actividad y acciones que persiguen el bien común y se pueda cambiar de un Ambiente Político Real Electoral a un Ambiente Político Real Expectante. Todo ello mediante la Resistencia Civil.

El Profesional de la Sociedad como líder logrará la obediencia de la mayoría selo conduzca en Resistencia Civil. Desde esa acción, el nuevo liderazgo crecerá en la acción del civismo, en el poder del ciudadano que está asqueado de la perversión militarista, que aspira y necesita de una nueva democracia. Una nueva democracia que impulse la participación política, que anime a un nuevo gobierno y que comprenda que las conspiraciones, el militarismo y el socialismo han dejado una huella dolorosa y vergonzosa de la anti-política para la persecución, para la Miseria Exponencial, para la diáspora y para la demanda de la venezolanidad que reclama a ese nuevo profesional de la sociedad como líder.

Loa Profesionales de la Sociedad como nuevo liderazgo fortalecerán las instituciones y las leyes con el respaldo del 87% de los demócratas, tendrán como instrumento la Resistencia Civil. Es la nueva sociedad con nuevo liderazgo que está dispuesta a desplazar la barbarie y reinstalar la Constitución como súper ley. De cuanto se trata es que el nuevo liderazgo alcance su poder y vaya construyendo una mayoría que es igual venezolanidad, es igual a libertad, al ejercicio del derecho para vivir en paz y en armonía haciendo política.

Se trata de un cambio. Un cambio político importante y crítico, que barra la improvisación e incremente el profesionalismo de la política, coloque en el centro a una sociedad que es la originaria del poder político. Poder político que nace de la teoría del poder, que lo soporta la soberanía social, que orilla las bocas de fuego y el militarismo y que contiene la violencia grotesca y primitiva impuesta durante 20 años por hombres uniformados, que no son militares. Se trata de la democracia como una fuerza de la mayoría de los venezolanos con un protagonismo de la política, que apunta a una nueva historia donde la decencia y la participación se juntarán para un cambio.

El cambio político parece difícil, complicado y además ha venido siendo perturbado por la Maldad líquida del cubanismo y del militarismo. El nuevo liderazgo como Profesionales de la Sociedad será el factor que superará en toda la geografía venezolana, que por la vía de la espontaneidad democrática generará un cambio político necesario e impostergable. Un cambio político real que cambiará la fisionomía de la persecución, la arbitrariedad, la Venezuela armada y vigilada por grupos y pandillas que representan la barbarie en pleno siglo XXI. Todo ello como desgracia del militarismo obsecuente y el cubismo que tiene asaltada la República.

El nuevo liderazgo en la figura de los Profesionales de la Sociedad está en cuenta el gran reto de este miembro crítico, que como líderes conduzcan, enseñen y guíen a una ciudadanía angustiada pero aún dispuesta a mostrar su gen democrático. Gen democrático mediante al Resistencia Civil practicando movimientos, acciones de carácter político, expresándose como la gran masa que demanda que se rescriba la historia de la decencia política que ha sido azotada por la demencia y el extravío del militarismo. Los Profesionales de la Sociedad como nuevos líderes constituyen los nutrientes del nuevo liderazgo del siglo XXI. Rechazan la anti política y desde ya entienden su gran deber histórico para sembrar la política en el barrio para que crezca hasta le municipio. Para que se practique las plazas y, orando a ese gran líder Beato José Gregorio Hernández, ocurra el milagro político que reinstale la democracia en una Venezuela llena de fe y cristiandad.

Es auténtico,

Director CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 27 de octubre de 2020.

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