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Opinión

Marta Peirano

La última subcomisión más esperada de la historia de la tecnología prometía poner contra las cuerdas a cuatro de los hombres más poderosos del mundo: Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Sundar Pichai y Tim Cook. Lo consiguieran o no, el formato colectivo ha logrado al menos formalizar dos premisas no oficiales. La primera, que Amazon el vendedor, Facebook la red social, Google el indexador y Apple el fabricante de hardware pertenecen en realidad a una misma categoría, que el presidente del subcomité llamó “emperadores de la economía digital”. La segunda, que la combinación de su tamaño y su manera de hacer negocios es perjudicial para los usuarios, para la democracia y, lo que es más importante, para el capitalismo.

Los representantes acusaron a las llamadas en conjunto GAFA de ser hidras cuyas cabezas devoran todo lo que crece a su alrededor, generando un ecosistema en el que nada prospera, salvo su cuenta corriente y su poder. Las cuatro ejercen un control sin precedentes sobre la distribución de bienes (ya sean contenidos, servicios, aplicaciones o productos) que, a su vez, les asegura una visión global y unilateral del mismo mercado en el que compiten. Y las cuatro abusan de las ventajas que derivan de esa gestión de bienes y datos para afianzar su posición de mercado y destruir la de los demás. Amazon vigila, controla y a veces destruye a sus propios compañeros en el mercado discriminando sus productos para favorecer los de su propia marca. Peor todavía, a menudo son productos que han copiado a esos mismos compañeros, tras advertir un pico en la demanda gracias a su posición estratégica como administrador de la plataforma. De la misma forma, Apple y Google vigilan, controlan, copian y a veces destruyen las apps de sus partners desarrolladores en la Apple Store y Google Play para favorecer las propias. Facebook compra (Instagram o WhatsApp), copia (Snapchat) o destruye todo aquello que amenace su monopolio, atrapando al consumidor dentro de sus dominios. Son los intermediarios infranqueables de la Nueva Economía y no juegan limpio.

Nada de esto es noticia. La investigación del Congreso llega precedida de más de 10 años de filtraciones e investigaciones periodísticas que constatan los mismos hechos, y otros incluso más graves. Tampoco nos sorprenderán las conclusiones del Departamento de Justicia y la Comisión General del Comercio cuando lleguen este otoño. Es improbable que tengan graves consecuencias para los cuatro gigantes, que han nacido en las instituciones académicas más prestigiosas de EE UU y han crecido gracias al dinero público de las administraciones norteamericanas. El Congreso está amonestando a sus hijos rebeldes por causar problemas en casa. El resto de las economías somos barra libre para los cuatro señores feudales de la era de la información, porque fuera de sus fronteras no son gamberros, son los tentáculos de un imperio que se expande gracias a la colaboración, a veces ingenua, otras veces oportunista y a menudo desesperada del resto de Gobiernos del mundo. Estamos esperando a que EE UU le corte los brazos a sus propios hijos, algo que no va a ocurrir.

Para entender lo que son las GAFA, basta con observar lo que ocurre cuando una empresa similar pero no estadounidense quiere hacer en EE UU lo que las GAFA han hecho por ejemplo en Europa. Como Tik Tok y Huawei. “En el mundo actual, hay pocas perspectivas más ominosas que un Gobierno extranjero hostil capaz de comprometer las infraestructuras y dispositivos en nuestro país”, explicaba el director del FBI Christopher Wray en el Instituto Hudson a mediados de julio. “Si dejamos que empresas como Huawei tengan acceso sin restricciones a nuestra infraestructura de telecomunicaciones, podrían recoger cualquier información tuya que circule por sus infraestructuras y dispositivos. Peor todavía: no tendrían más remedio que darle esa información al Gobierno chino si así se lo pidiera”, añadía. En las primeras guerras del copyright, Lawrence Lessig dijo una frase icónica: “Disney no quiere que otros le hagan a Mickey Mouse lo que Walt Disney hizo con el legado de los hermanos Grimm”. EE UU no quiere que una empresa china haga en EE UU lo que sus empresas han hecho en el resto del mundo porque entiende las consecuencias, y nosotros deberíamos también.

La solución es simple: invertir en soberanía tecnológica y colaboración estratégica. Europa necesita apoyar con decisión y urgencia el desarrollo de una industria tecnológica propia, reconstruyendo el proyecto europeo desde una infraestructura común, segura y colaborativa, diseñada para afrontar los retos de la crisis climática, atender las necesidades de la sociedad civil y que responda a la regulación local.

Contra todo pronóstico, el principal obstáculo no es económico sino político: la democracia bipartidista resiste la inversión a largo plazo. Es más fácil hacer planes a largo plazo cuando eres el CEO de una empresa o el líder de un régimen autoritario y no te juegas el sillón cada cuatro años, ni tienes que asumir un gasto que probablemente acabará beneficiando a la oposición. Sería necesario que los Gobiernos recobren la famosa voluntad de servicio público por encima del interés del partido, como hicieron con las primeras carreteras. Sin eso ya solo nos queda el camino de la sumisión.

31 de julio 2020

El País

https://elpais.com/opinion/2020-07-31/los-senores-feudales-de-la-era-de-...

 4 min


Venezuela en un punto de inflexión histórico

Nuestro país, nuestra Venezuela, tiene hoy día necesidad urgente de un acuerdo nacional, que le permita encontrar un senda de progreso y de paz para enfrentar y superar la crisis que sufre en todos los órdenes de la vida social y que tiende a agravarse aceleradamente a juzgar por las actuales tendencias en el entorno económico y político. Esta crisis no es nueva: se origina en el modelo económico, social y político que ha dominado la Venezuela contemporánea y que se ha exacerbado en los últimos años, encontrándonos ahora en un punto de inflexión histórico.

El fondo del problema radica, más allá de las ideologías y de la coyuntura, en que nuestra estructura político-económico-social se ha asentado, en los últimos cincuenta (50) años, sobre un modelo hiperpresidencialista, centralista, estatista, partidocrático, rentista, fiscalista, monoproductor y socialmente dualista, inequitativo e insolidario, todo lo cual dificulta enormemente la configuración de una sociedad democrática y una economía moderna bien posicionada en el mundo.

Todo ello conforma un triángulo vicioso en el cual la falta de integración política, económica y social incide negativamente en el crecimiento económico, lo cual, a su vez, agrava las tensiones sociales impidiendo el crecimiento económico y el progreso político y social. Por su parte, la ausencia de estabilidad económica impide la reducción de las tensiones sociales y del consenso político necesario para superarlas. Se ha generado así el peor de los efectos: una estructura social de pobreza, incompatible con los recursos de Venezuela y con los inmensos ingresos recibidos. En una palabra, ¡Incompatible con los principios morales de una sociedad moderna y justa!

A ello debe añadirse que en la actual coyuntura se combinan factores y circunstancias de carácter político (conflictividad política, imposición del socialismo), económico (déficit muy agudo de ingresos petroleros y destrucción de la estructura de producción) y social (impacto devastador de la inflación y de la escasez sobre el bienestar de la población), todo unido a una situación de abso- luta inseguridad personal.

Ante esta realidad, hace falta entonces un cambio sistémico y un impulso moral, individual y colectivo, que facilite un proyecto integrador porque no se trata políticamente de que el Estado tenga una Sociedad sino de que la Sociedad tenga un Estado que respete sus derechos y en lo económico es al revés, vale decir, no se trata de que la Sociedad tenga un Estado sino de que el Estado tenga una Sociedad que lo mantenga y pueda exigirle el cumplimiento de sus deberes.

Por ello, las soluciones sesgadas y sectarias, que nos dividen en “Dos Venezuela” han demostrado que no resuelven los graves problemas y que, por el contrario, los han agravado.

Atendiendo a este diagnóstico de la realidad venezolana, este documento presenta, en una síntesis, los distintos planteamientos que ha elaborado un sector de la sociedad civil organizada, con relación a lo que podría y debería ser la Vene- zuela del futuro próximo. Busca encontrar los temas comunes y las coincidencias entre las distintas “Propuestas País”, así como los grandes desafíos que de ellas provienen. Su objetivo es ofrecerlas modestamente a la consideración de la opinión pública, de las fuerzas políticas y de la sociedad en general.

Leer completo en el archivo anexo

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Mariza Bafile

La muerte de John Lewis, histórico congresista demócrata afroamericano, hubiera sido motivo de luto y dolor en cualquier momento. Sin embargo, nunca como ahora, es importante recordar las luchas que ha llevado adelante, durante toda su vida, como militante antes y congresista después, para defender los derechos de la comunidad afroamericana. Nacido en Troy, Alabama, en los años ’40 del siglo pasado, Lewis sufrió en primera persona la violencia, las humillaciones, las injusticias del racismo.

Amigo de Martin Luther King, estuvo a su lado con firmeza y valor. Como él creyó en la no violencia y fue el presidente más joven de the Student Nonviolent Coordinating Committee. En 1963, durante la inolvidable manifestación en la cual King lanzó su famoso discurso I have a dream, Lewis habló al numeroso público siendo el líder más joven en tomar la palabra. Más tarde fue uno de los Big Six que organizaron la célebre marcha de Selma. En esa ocasión con violencia inusitada la policía le golpeó causándole la fractura de cráneo.

John Lewis, a lo largo de su vida fue testigo de muchas agresiones. Asistió al linchamiento de su amigo Jim Zwerg, por parte de un grupo de hombres, mujeres y niños blancos. Su cuerpo fue herido más de una vez, pero nunca nadie logró doblegar su alma. Lewis, quien fue reelecto durante más de 30 años con mayorías abrumadoras, luchó, luchó siempre, incansable, no solamente para defender los derechos de los afroamericanos sino también los de otras minorías como por ejemplo los inmigrantes. Más de una vez levantó su voz para criticar duramente la política migratoria del presidente Trump.

Cuando nació el movimiento Black Lives Matter, en 2013, Lewis lo apoyó de inmediato. La consigna que la escritora Alicia Garza, puso en una carta dirigida a la comunidad afroamericana, ha sido repetida miles de veces no solamente en Estados Unidos sino en todo el mundo. Garza la escribió tras la muerte, a manos del capitán de vigilancia George Zimmermann, de Trayvon Martin, un muchacho afroamericano de 17 años. A pesar de todas las evidencias que demostraron que Martin no había hecho nada que pudiera despertar sospechas o amenazas y por ende causar la reacción violenta de Zimmermann, su asesino fue absuelto.

Black Lives Matter, con un hashtag, se ha transformado en el lema de quien lucha contra el racismo, la desigualdad del sistema judicial, los excesos policiales y la violencia de los supremacistas blancos.

Sin embargo, ni las manifestaciones, ni las protestas, ni las acciones de algunos políticos, lograron erradicar el racismo que sigue latente en una parte de la sociedad norteamericana. Después de Trayvon muchos sufrieron violencia y otros murieron a manos de la policía. La población afroamericana sigue siendo profundamente discriminada. El racismo se traduce en menores oportunidad de estudio, de salud, de desarrollo personal y profesional. Injusticias que se están poniendo en evidencia en estos tiempos de pandemia.

La mayoría de las víctimas del coronavirus es afroamericana. Y todos pudimos asistir a los últimos minutos de George Floyd, asesinado con frialdad por un policía mientras otros colegas, indiferentes a las protestas de la gente, no hicieron nada para evitarlo.

Oleadas de personas se han lanzado a la calle pidiendo justicia después de ese enésimo acto de violencia. La mayoría lo hizo pacíficamente. Pocos aprovecharon la ocasión para realizar actos vandálicos contra algunos establecimientos comerciales.

No faltaron quienes lanzaron al piso estatuas que representan a personajes de la historia norteamericana que apoyaron el esclavismo y fueron ellos mismos esclavistas.

Inmediatamente se levantaron voces diversas para criticar esas acciones. Personajes de reconocida vocación democrática sintieron la obligación de censurar el derribo de las estatuas.

Es verdad que se vuelve difícil apoyar la destrucción de una obra de arte. Sería como justificar la quema de los libros perpetrada por las peores dictaduras de la historia. Sin embargo, hay que considerar que los símbolos tienen un gran valor.

Las estatuas podrían ser guardadas en un Museo, a recuerdo de unas páginas dolorosas de la historia de Estados Unidos.

Quitarlas de las plazas no eliminaría ese pasado, que es tan reciente y sigue siendo una herida abierta dentro de la sociedad norteamericana. Mas, sí se eliminaría la exaltación de esa historia. Quitando las estatuas de las plazas, se dejaría de ofrecer un lugar heroico a personajes que causaron muerte y dolor y se evitaría a muchas personas la humillación de verlas y recordar, día tras día, el sufrimiento de su gente. ¿Cuántos de nosotros aceptaríamos ver, en una plaza pública, la escultura de un serial killer, de un genocida, de un ladrón o de un violador? ¿Cuántos aceptaríamos ver la representación en bronce o mármol de una persona que ha matado, torturado, humillado a un familiar?

Los símbolos, así como el lenguaje, tienen un gran valor. Símbolos y palabras son una representación de nuestra cultura, de nuestra manera de ser y de ver. Ellos contribuyen a la creación de la historia contemporánea.

Considerar “normales” ciertas imágenes, afirmaciones, carteles publicitarios o estatuas, que contienen mensajes de discriminación y exclusión, significa considerar “normales” esos mismos mensajes.

Luchar para que ciertos símbolos y expresiones lingüísticas cambien, no modifica el pasado, pero sí puede cambiar el futuro.

Julio 27, 2020

@MBAFILE

ViceVersa

https://www.viceversa-mag.com/simbolos-y-lenguaje/?goal=0_fd015c953e-de3...

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​José E. Rodríguez Rojas

Luis Pedro España, uno de los investigadores de la ENCOVI 2019-2020 afirmó, en el momento de la presentación de los resultados del estudio, que los indicadores de pobreza mostrados por el mismo no eran propios de Venezuela sino de un país africano. Como consecuencia de estos resultados algunos analistas han hablado de la “africanización de Venezuela”, pero tal afirmación no toma en cuenta que la situación económica y social de los países africanos ha mejorado y no guarda similitud con el colapso económico y la crisis humanitaria que atraviesa nuestro país.

Zimbabue fue gobernado durante muchos años por un dictador senil, Robert Mugabe, quien mantuvo políticas similares a las del Socialismo del Siglo XXI impulsadas por el chavismo. Ello condujo a una situación de hiperinflación muy similar a la que atravesamos desde finales del 2017. Según un artículo de la revista The Economist, de inicios del 2016, el senil dictador decidió dolarizar la economía lo cual permitió controlar la hiperinflación e impulsar la economía del desventurado país africano. Ello, según la revista mencionada colocó a Zimbabue, a inicios del 2016, en una situación económica mejor que la de Venezuela, cuyo gobierno no tomó ninguna medida para enfrentar el flagelo inflacionario, el cual se agravó de finales del 2017 en adelante, agudizando el proceso de empobrecimiento que ha caracterizado a nuestro país en los últimos años.

Sudáfrica, el país de Nelson Mandela, posee una economía diversificada la cual fue muy afectada por las sanciones económicas que se aplicaron al país durante la época del apartheid, pero una vez que éste finalizó y se inició la democracia la situación mejoró progresivamente. Es exportadora de productos minerales y agrícolas. Posee además una actividad turística importante y es el país más industrializado de África. Sus niveles de industrialización y lo diversificado de su economía la colocaron como la economía de mayor tamaño del continente africano, pero en años recientes fue desplazada por Nigeria. Su producto interno bruto rondó los 420 mil millones de dólares en el 2012 para descender a 351 mil millones de dólares en el 2019, lo cual es cinco veces el PIB de Venezuela, a pesar de tener una población ligeramente mayor a la de nuestro país. La inflación anual oscila entre 2 y 3% anual. Los gobiernos democráticos que sucedieron al apartheid emprendieron una política social de apoyo a los más vulnerables, constituidos en su mayoría por la población de raza negra. Gracias a ello su tasa de pobreza disminuyó y se ubicó, en el 2015, en 18,8 %, según el Banco Mundial, muy lejos de la desorbitada tasa de 96,5% de Venezuela.

Nigeria fue un Estado fallido hace varios años, sin embargo las elites gobernantes han tomado decisiones que han posibilitado un resurgimiento de la economía. En primer lugar el gobierno del país africano renegoció su deuda con el Club de Paris. También emprendió reformas que moderaron la inflación, la cual en el año 2019 se ubicó en 11%, que es una cifra elevada pero muy lejos de la hiperinflación que atenaza a la economía venezolana. La pobreza afecta a la mitad de la población, según el Banco Mundial, es una cifra elevada pero muy por debajo de la pobreza de nuestro país estimada en 96% por ENCOVI. La producción petrolera nigeriana está en manos de compañías transnacionales. Las elites nigerianas han tenido el cuidado de mantener la misma en manos del capital extranjero, lo cual les ha permitido acceso a capital y tecnología. Las compañías han incrementado el nivel de producción, el cual asciende a 2 millones de barriles diarios. También son exportadores de cacao y películas. La dimensión de la economía nigeriana, medida por el PIB, ha crecido a tal nivel que ha desplazado a Sudáfrica como la mayor economía del continente africano. Mientras las elites nigerianas han tomado decisiones que han impulsado la economía e incrementado el tamaño de la misma, la inacción del régimen venezolano ha provocado un colapso económico que ha disminuido el tamaño de la economía venezolana, hasta representar una cuarta parte del que tenía cuando comenzó el gobierno de Maduro.

Hablar de la “africanización de Venezuela” ante esta realidad no es muy acertado, pues las naciones africanas han tomado decisiones en política económica y social que las han hecho avanzar, alejándolas del caos económico que atenaza a Venezuela en la actualidad.

Profesor UCV

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Jesús Elorza G.

Para el proceso electoral de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF), periodo 2017-2021, Laureano González presentó un "Team Work", que según sus palabras, era un trabuco que iba a garantizar la presencia de nuestro país en el próximo mundial. En el equipo directivo incluyo en las vicepresidencias a uno apoyado por el Ministro de Educación y el Presidente del Comité Olímpico, el segundo a bordo era el Ministro del Deporte y un tercero era un General de Brigada del Ejercito ..... ¡que mas queréis!, les decía a sus amigos, con este "Line up" tengo garantizado el visto bueno de ejecutivo nacional y aseguro los presupuestos.

El trabuco de Laureano, en su primer año de gestión funciono a las mil maravillas. Pero con la caída de los precios del petróleo, las sanciones internacionales contra el régimen la ilusión se vino a pique: Pdvsa cortó el aporte de dinero a la federación y los dejó “colgados de la brocha” con una deuda de mas de 8 millones de dólares.

Además, salieron a flote por un lado las ansias de poder del Primer Vicepresidente, quien confrontaba a diario la gestión de Laureano, y por el otro el Ministro del Deporte, Segundo Vicepresidente, sintiéndose guapo y apoyado, solamente centraba su actividad en la promoción de su persona para la Presidencia del Comité Olímpico.

Las contradicciones y confrontaciones iban en escalada y el mundo del fútbol fue sorprendido el 6 de enero 2020 con el anuncio de la renuncia de Laureano "por motivos de salud", que se hizo efectiva el 11 de marzo.

La renuncia en cuestión, permitió que Berardinelli en su condición de Primer Vicepresidente pasara a ocupar la Presidencia de la FVF, haciendo realidad su sueño personal. El Ministro de Educación, Aristóbulo Isturiz, se frotaba las manos por el logro alcanzado: no pudimos joder a Esquivel en el 2006 para tener el control absoluto de la Copa América pero ahora si lo logramos. El presidente del Comité Olímpico “brincaba en una pata” de la alegría y manifestaba a sus seguidores que con este paso aseguraba su reelección en el comité por que Berardinelli le pondría freno al Ministro del Deporte, Pedro Infante.

A partir de ese momento, los hechos se desencadenaron a la velocidad de la luz: en primer lugar, sintiéndose seguro de su poder, Berardinelli convocó en el mes de marzo a una asamblea de la federación, con el objetivo de modificar los estatutos, incorporando un artículo especial que "Prohibía la elección de funcionarios de gobierno para cargos directivos" lo cual en la práctica y para las próximas elecciones en el 2021, dejaba por fuera al Ministro del Deporte y al General de Brigada.

Con lo sucedido en la reunión de la CONMEBOL, donde no dejaron participar a Berardinelli por no haber aprobado el examen de idoneidad, dado que no cumplía con las exigencias de la FIFA y la Conmebol, al tener antecedentes penales en el territorio venezolano y además haberlos ocultado, acciones van contra el reglamento de gobernanza de los entes del fútbol organizado

Esto abrió las compuertas para que los afectados por la nueva medida estatutaria pasaran a la ofensiva utilizando las armas del régimen: sacaron a la luz pública los trapos sucios de Berardinelli, dando a conocer la sentencia del Tribunal Primero de Juicio, del Circuito Judicial Penal del Estado Yaracuy, que en 2007 lo condenó a prisión de dos años, cuatro meses y quince días, por ser el autor responsable del delito de: USO Y APROVECHAMIENTO DE ACTOS FALSOS, Artículo 320 en concordancia con el Artículo 323 del Código Penal vigente.

Acto seguido, en cuestión de minutos, la Contraloría de Venezuela ordenó congelar las cuentas bancarias de Berardinelli, por presuntas irregularidades administrativas en el manejo de recursos estatales concedidos a la FVF, como medida precautelativa, a objeto de impedir que el sujeto de marras continúe cometiendo ilícitos con el Patrimonio de la Federación. Posteriormente, Berardinelli es detenido en el estado Yaracuy y trasladado a Caracas.

El Ministro del Deporte celebra con sus allegados la detención de Berardinelli y el casi seguro ascenso de su persona a la Presidencia de la FVF, empatando el récord totalitario de Eduardo Álvarez, al ser ministro, presidente del IND y ahora de la FVF. “Ahora voy con todos los hierros por el COV” expresaba en cada brindis que hacía.

Berardinelli, quemaba sus últimos cartuchos, alegando haber sufrido un sincope o que tenía el coronavirus para evitar que lo llevaran a la cárcel. Además, dirigió una correspondencia a la FIFA considerándose "un perseguido político del régimen intervencionista y violador de la autonomía federativa" ¡qué te parece cholito!

En este juego sucio, Venezuela corre el riesgo de ser desafiliada o suspendida por la FIFA, mientras los egos de los actores disfrutan al querer mantenerse en el poder, unos y otros, buscando alcanzar las mieles olímpicas. Ambas partes representan por igual a un estado general de corrupción putrefacta, en donde el deporte no tiene cabida alguna y lo que importa es los negocios que giran alrededor de la federación.

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Trino Márquez

Pareciera existir una relación directamente proporcional entre la lejanía y el grado de extremismo de las posiciones. Mientras más alejadas de Venezuela se encuentran algunas personas, más extremistas se muestran. Da la impresión de que se desayunan con alacranes y almuerzan con una mapanare. Lo peor es que entre algunos profesionales de la política ocurre igual. No son capaces de colarse por los intersticios dejados por el gobierno en su afán de sobrevivir en el cuadro tan adverso que enfrenta.

El G-4, en vez de poner ciertas condiciones razonables para conversar y negociar tal cual sugiere la delegación de Noruega, país que no descansa en su afán de lograr un acuerdo inteligente entre el gobierno y la oposición, inmediatamente descarta cualquier posibilidad, señalando que el diálogo quedó cancelado una vez Nicolás Maduro, en agosto de 2019, decidió levantarse de la mesa de conversaciones, cuando acusó a Juan Guaidó y al resto de la oposición de apoyar las duras sanciones aplicadas por el gobierno de Donald Trump. Maduro adoptó esa postura radical porque sabía que el proceso de diálogo marchaba hacia un acuerdo inevitable: la convocatoria a elecciones libres con supervisión internacional. Este evento marcaría el fin de su mandato y el de la era chavista-madurista. Sería suicidarse en primavera. No quiso asumir ese costo.

Ahora también aspira a seguir engrapado al poder, pero la situación de su gobierno es peor que hace un año.El punto fundamental donde se apoya Maduro es la fuerza represiva y coercitiva de su régimen. El consenso que todo sistema, por más autoritario que sea, trata de construir, se ha reducido a su mínima expresión. Las sanciones económicas, el derrumbe de la producción y los ingresos petroleros, el retroceso de la actividad económica en medio de la pandemia de la Covid-19 y la imposibilidad de recibir un auxilio sustantivo de sus aliados políticos en el plano internacional, lo han llevado a buscar reducir las aristas más filosas de su nefasto gobierno.Por eso invita a los noruegos. El único ente autorizado a permitir la entrada al espacio aéreo nacional es el Gobierno. Resulta obvio que sin el beneplácito de Maduro, el avión que trajo a esa delegación no habría podido ingresar a Venezuela.

La reacción tan desafortunada del G-4 la explico por dos razones. La primera es la precariedad, casi inexistencia, de partidos políticos; estos carecen de direcciones nacionales en las cuales se evalúen con serenidad y profundidad los distintos aspectos de un proceso. En segundo lugar, la excesiva dependencia de las organizaciones políticas internas con respecto de los líderes que se encuentran en el exilio o alojados en embajadas. Tal parece ser el caso de Primero Justicia y Voluntad Popular, cuyas direcciones domésticas no parecen tener el nivel de autonomía y poder que les permitan tomar decisiones importantes de forma autónoma. Las directrices son trazadas por figuras demasiado alejadas del acontecer diarioe influidas por factores externos que distorsionan la realidad interna.

El diálogo y la negociación sólo pueden rechazarse cuando uno de los factores en conflicto –sea ejército nacional, partido o grupo- posee tal fortaleza, que el acercamiento al adversario puede interpretarse como un signo inconveniente de debilidad. Ese no es el caso de Venezuela. La oposición se encuentra en extremo disminuida: con partidos raquíticos y organizaciones civiles –sindicatos, gremios, asociaciones y federaciones estudiantiles- menguadas. Por el lado del gobiernoocurre otro tanto: el PSUV se transformó en una maquinaria burocrática alejada de la gente. El baluarte del régimen reside en la creciente capacidad represiva que ha levantado. La maquinaria represiva constituida por fuerzas formales -FANB, FAES, Dgcim, PNB- e informales –los colectivos y grupos irregularescomo las FARC y el ELN, especialmente al sur del país-, representan su mayor fortaleza.

Sin embargo, Maduro y su círculo íntimo saben que, como le gustaba decir a Napoleón, los fusiles sirven para todo, menos para sentarse en ellos. La capacidad de coerción es útil para mantener sometida a una sociedad y sembrar terror, pero no para consolidar el liderazgo, ni disfrutar indefinidamente del poder. Por esa razón tratar de negociar. Allí existe una debilidad que la oposición debería cultivar aprovechando al máximo las pocas fortalezas que posee. La más importante: el apoyo internacional, donde Noruega es una pieza importante.

@trinomarquezc

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Maxim Ross

Voy a comenzar con una aseveración que, quizás moleste a muchos, en especial a aquellos que han trabajado seriamente el tema y también a los que han puesto en practica su experimento, unos con gran éxito, otros con lo contrario, porque es que la palabra privatizar o la privatización han causado tantos enconos y tantos adherentes que no estoy seguro nos convenga seguirla utilizando, sobre todo si queremos avanzar en que el negocio petrolero en su plenitud nos sea devuelto a nosotros sus propietarios, los venezolanos.

Cada vez que usamos el termino privatizar, no solo sus enemigos lo descalifican con tanta firmeza que terminan convenciendo a la gran mayoría de sus desventajas, sino que nosotros también contribuimos con su descalificación porque, cada vez, que se pone en practica aparece un gran capital tomando posesión de la propiedad estatizada, sea este nacional o extranjero. La gente común, fácilmente engañada por la propaganda politica, termina sintiendo que ha sido estafada o, inclusive, creyendo que le han “robado” lo que era suyo, cuando nunca lo fue.

Sugiero, entonces, iniciar dos planos de acción. En primer lugar, cambiar el concepto de “privatizar” por el de nacionalizar porque, en realidad no estamos frente a un tema tecnocrático, de carácter financiero o de defensa de la propiedad privada, ambos desde luego en su estricto sentido en la dirección correcta, sino porque creo que estamos frente a un tema de carácter político. Si queremos lograr el objetivo de que nuestra principal industria pase a manos de los venezolanos, quienes somos sus verdaderos dueños, tenemos que pensarlo y focalizarlo en ese sentido, terreno en el cual lo han logrado contaminar sus adversarios.

Nacionalizar, hay que aclararlo enfáticamente, no es estatizar, como realmente se hizo en nuestro caso, cuando las sucursales de las petroleras internacionales y las pocas empresas venezolanas pasaron a manos del Estado, con el falso e intencionalmente incorrecto nombre de nacionalizarlas. Eso lo sabemos y lo sabe todo el mundo, pero donde hay que poner la mira es en decirles y demostrarle a todos cuán lejos estuvo y está su principal industria de su poder de decisión. Nada de lo que se hace dentro de ella está al alcance y en manos de la gran mayoría de venezolanos.

Por otro lado, el tema no puede confundirse con los momentos en que fue bien manejada, porque si bien hubo una etapa en la que fue muy bien conducida por manos expertas, ello no es una excusa para exigir que sea real y efectivamente nacionalizada y lograr la plena participación de los venezolanos en su manejo, orientación y dirección. Mas todavía ahora, cuando PDVSA exhibe el peor resultado en toda su historia, siendo que es exclusivamente dirigida por quienes tienen el control del poder político, se han adueñado del Estado venezolano y toman decisiones dentro de un privilegiado y cerrado circulo político-militar.

En segundo lugar, sugiero al mundo político iniciar una campaña en un terreno práctico, utilizando todos los expedientes de propaganda para ilustrar a los venezolanos sobre la diferencia entre estatizar y nacionalizar, probablemente usando una batería de instrumentos que van, desde las experiencias internacionales en el manejo de la industria, con una amplia participación de la sociedad civil, de los ciudadanos, de sus verdaderos dueños los “nacionales”, hasta la explicación de las ventajas que tendría su nacionalización. Por ejemplo, con la difusión de los beneficios económicos directos que comenzaría a recibir cada uno de los venezolanos, comenzando con la entrega de un titulo de propiedad, de una acción de PDVSA con nombre y apellido y con el valor en dólares o euros que corresponda.

Luego, comenzar a difundir los derechos que otorga esa posesión en distintos frentes, como en la participación de las ganancias, seguros personales o colectivos, reducción de impuestos, capacidad para convertir esos activos en préstamos o en garantías para fines de desarrollo familiar, en especial para la educación de los hijos. Finalmente, y quizás lo mas importante idear el método, claro y transparente, para que cada quien se sienta representado en la Asamblea de Accionistas y en sus órganos directivos.

Con ello, vuelvo al punto, mientras sigamos encerrados en la tesis de privatizar y el lenguaje se centre en sus ventajas financieras, en la eficacia de las instituciones a privatizar tendremos parte de la batalla perdida. Solo cuando enfrentemos de que se trata de un muy relevante y álgido tema político, quizás, digo quizás, podamos avanzar en ese salto cualitativo que sí que cambiaría el ordenamiento público y político venezolano, quitándole esa herramienta de poder a quienes la han mantenido hasta ahora. Cuando logremos eso, entonces, si que podremos hablar de una democracia efectiva y vigilante en Venezuela.

Consciente estoy de si esta es o no la oportunidad de hacer este llamado, por esa voz que se corre hoy de que ya no somos, ni seremos un país petrolero, por un lado, por las limitaciones que impone actualmente el mercado internacional y, por el otro, por lo que implica reconstruir nuestra devastada industria, pero como alguien dijo: “Llueve y escampa” y nada dice que este mundo de hoy será así para siempre. En todo caso, allí están unas reservas que están esperando una nueva oportunidad de ser explotadas, solo que ahora debemos hacerlo aprendiendo de las lecciones que nos han llevado hasta aquí.

De todas ellas, de cómo adueñarnos del negocio petrolero ha de ser nuestra máxima conseja.

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