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Opinión

La actual situación venezolana, por su complejidad, dificulta visualizar salidas concretas al gravísimo atolladero en que nos encontramos. Para empezar, es imposible digerir que quienes detentan el poder, deliberadamente adopten políticas y conductas perjudiciales a la población. Pareciéramos estar en un mundo invertido, en el cual el fin del gobierno fuese destruir la economía, apropiarse de los dineros públicos y acabar con la producción petrolera. Y lo ha logrado: la economía es, hoy, apenas un tercio del tamaño de cuando Maduro ocupó la presidencia y la producción petrolera, para junio, sólo un 15% del existente cuando comenzó su gestión. Convertir a Venezuela, otrora el país más próspero del continente, en el más pobre --como constata la ENCOVI 2019—, constituye una proeza insólita. Lo único que hace dudar de que fuese este su propósito es que, al haberse logrado en tan poco tiempo, revela una eficiencia (macabra) impensada en la gestión del régimen.

Más allá, turba el desprecio absoluto de Maduro por el parecer de la inmensa mayoría del país, que clama desesperada por un cambio político. Niega todo lo que se espera de un mandatario. Asimismo, desconcierta su desdén por una opinión pública mundial que lo insta a respetar la constitución y los derechos humanos, a pesar de que ello repercute en sanciones que cercan su margen de operaciones.

La situación que se evoca es la de un mundo bizarro que no obedece a criterios de racionalidad, por lo menos de aquellos basados en el bienestar y la libertad de los venezolanos. Con un “anti-gobierno” de tal naturaleza, es harto problemático entenderse. ¿Con base en qué objetivos, metas? El hecho de que, contra todo pronóstico, continúa en el poder, representa un insulto a la razón y a nuestro sentido de justicia. Que los malos de la partida parecieran salirse con las suyas en estos momentos --con tan terribles costos para la población--, contraría nuestra fe básica en la convivencia en sociedad. Hablo de “malos” a conciencia: no hay forma de pensar que los destrozos causados --por su magnitud y extensión-, hayan sido por accidente o producto de la ignorancia de sus ejecutores. Han sido resultado de políticas deliberadas.

En ese mundo al revés, Maduro se mantiene, como es sabido, con base en la fuerza bruta. Desata, desde el poder, la violencia de sus esbirros y órganos represivos, conformando --bajo tutoría cubana-- una eficaz maquinaria de terrorismo de estado para someter a la población. Hoy, lo auxilia el estado de emergencia implantado con la excusa de combatir el Covid-19. El confinamiento extendido, el racionamiento de la gasolina, los toques de queda y las medidas de represión para su cumplimiento –las arbitrariedades y atropellos cometidos por la Guardia Nacional--, complementan el ansiado control social despótico.

La presteza en acudir a la fuerza obedece a dos factores: la defensa del régimen de expoliación del que son beneficiarios los detentores del poder; y la legitimación que otorga una construcción ideológica perversa, destinada a exculpar los atropellos cometidos en la prosecución de lo anterior. El régimen de expoliación explica la obstinación de Maduro y su camarilla por el poder, desafiando el deber ser. Para ello, desmanteló el Estado de derecho y cultivó cuidadosamente una sociedad de cómplices dedicados a depredar la riqueza social, corrompiendo a las cúpulas militares y segregando o castigando (cárcel, tortura, amenazas a familiares) a los honestos. Destruyó, así, a la economía, mientras pisoteaba los derechos de los venezolanos. Hoy impera sobre nosotros una nueva oligarquía, militar y civil, conformando verdaderas mafias que dominan las fuentes de su expoliación sobre las riquezas del país: extorsión y confiscación de empresarios, saqueo de las riquezas minerales de Guayana, despojo de PdVSA, robos de dineros públicos, estafas, tráfico de drogas, etc.

El constructo ideológico patriotero y comunistoide pretende absolver, entre las filas oficialistas, esta depredación, creando una falsa realidad que aísla a los perpetradores de estos delitos contra la nación de toda increpación, cobijándolos como “revolucionarios” que obran en beneficio del pueblo. La destrucción de la institucionalidad democrática y de la rendición de cuentas se justifica ¡alegando la construcción del socialismo! Lejos de sentir arrepentimiento por sus atropellos, emergen imbuidos de una pretensión de supremacía moral” (¡!) que los lleva a insultar a todo aquel que los critique.

Esta postura alimenta sentimientos de desesperación entre algunos opositores, porque pareciera que un régimen que no tiene razón de existir, que representa un sinsentido, está ganando la partida. La confusión y merma en la iniciativa del liderazgo democrático contribuye con esta percepción. Los venezolanos no la hemos tenido fácil en esta lucha contra el fascismo, más con la experticia y represión que ha aprendido de los cubanos.

Pero, al poner las cosas en perspectiva, se observa que el fracaso aparente de la oposición se mide sólo en su incapacidad de desalojar a los mafiosos del poder, no porque su proyecto haya sido derrotado, perdido vigencia o apoyo. La supuesta victoria del fascismo reside exclusivamente en que todavía detenta los mandos del Estado. Pero ¿ha fortalecido su proyecto, ha ganado más adeptos, convencido a la opinión pública mundial? ¿Ha logrado insuflarle sentido a su gestión, asegurar su futuro? Al contrario, el chavomadurismo no tiene factibilidad alguna como propósito. Su único objetivo es sobrevivir, pero ya no como proyecto político, sino para mantener el régimen de expoliación, que es su razón de existir. No tiene vida más allá, pero tampoco alternativa. Cual parásitos, los chavistas son incompatibles con la prosperidad de su anfitrión; Venezuela. Pero al matar a ésta, acaban con su propia existencia.

La oposición democrática está obligada a reunir fuerzas para darle el empuje final a estos trogloditas y rescatar a la nación de su aniquilación. No obstante las dificultades, debe aprovechar todas las oportunidades para debilitar aún más al fascismo e impedir que asuma la iniciativa. Debe arrinconarlo políticamente. Esto significa asumir una política proactiva ante la convocatoria arbitraria a elecciones parlamentarias hecha por Maduro, exentas de toda garantía para que se exprese la voluntad popular. Como señala Henrique Capriles, no basta denunciarlas por fraudulentas y cruzarnos de brazos a esperar que, a cuenta de tener nosotros la razón, se derrumbe definitivamente el apoyo al régimen o intervengan fuerzas externas que lo desalojen. Con esa convocatoria tan burda, Maduro se ha puesto el mismo contra la pared. Solo si la oposición se mantiene inerme, podrá sacarle provecho político.

No se trata de decidir entre ir o no al diálogo con la mafia militarizada, o de acudir, o no, al llamado electoral. Obviamente, no hay la más mínima intención, por parte de los fascistas, de ceder poder por cualquiera de estas vías. Acabar con el juego democrático es un propósito crucial, por ende, de su mandato. Pero eso les coarta sus posibilidades de respuesta ante las amenazas crecientes que representan las sanciones, el encogimiento de sus bases de depredación y el malestar de la población. No tienen como labrar consensos que alivien sus problemas de gobernabilidad y su apoyo, tanto interno como externo, es cada vez más menguado. La verdadera disyuntiva está, entonces, en cómo aprovechar las coyunturas que se presenten, sean cuales fueran éstas, para fortalecer la opción democrática y debilitar, aun mas, las posibilidades de esta mafia de mantenerse. Refugiarse en el uso de la fuerza, cada vez más compartida con cuerpos irregulares, tiene un indudable costo político.

Sé que es muy cómodo hacer recomendaciones desde afuera. Ofrezco mis excusas por tal atrevimiento. Pero me ampara una enorme confianza en esa nueva generación de jóvenes políticos que han asumido un rol protagónico en la lucha por desalojar al fascismo, conscientes de que su permanencia acaba con toda posibilidad de construirse un futuro provechoso. Demás está repetir que la unidad de propósitos y de acciones será decisiva para que su liderazgo rinda los frutos esperados.

Economista, Profesor(j) de la Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


La moderna biotecnología ha dado inmensos aportes a la agricultura mundial, con el desarrollo de organismos genéticamente modificados (OGM) en importantes especies vegetales cultivadas. Se han obtenido cultivares con características particulares superiores a los cultivares tradicionales, como por ejemplo mayores rendimientos, tolerantes a diversas condiciones externas adversas, de más fácil manejo, de mejor valor nutritivo, entre otras. Todas estas características, además de poder generar mayores rendimientos, también ofrecen grandes ventajas a los productores en el manejo de sus campos.

En Venezuela se ha prohibido el uso de OGM en la agricultura, vetados legalmente según lo establecido en la Ley de Semillas aprobada el 23 de diciembre de 2015 por la Asamblea Nacional, la cual impide “la liberación, el uso, la multiplicación, la entrada al país y la producción nacional de semillas transgénicas”. Esto incluye a los OGM desarrollados por medio de los alcances de la biotecnología.

Con esta postura oficial, hay algunas contradicciones. Una de ellas se refiere a que el mismo sector oficial importa múltiples alimentos, especialmente aceite de soya y granos forrajeros (maíz amarillo), producidos en otros países con cultivares transgénicos. En esos lugares de producción, los agricultores disfrutan de las bondades de los OMG, lo que no pueden disfrutar nuestros agricultores.

Otra contradicción se basa en que el sector oficial, desde el inicio de este régimen en 1999, ha querido mostrar una cara de protector del ambiente, de responsable en la conservación de los recursos naturales, y sin entrar en detalles del ecocidio que han autorizado y disfrutado en la Guayana Venezolana con la explotación de minerales valiosos, con algunos de los OMG oficialmente proscritos, además de mayores rendimientos, se puede lograr un más eficiente combate de plagas y malezas, con un menor uso de plaguicidas químicos que pudieran contaminar suelos, aguas y causar daños irreparables a la fauna benéfica y a la salud de los operadores del campo si no se toman las precauciones correspondientes.

Un ejemplo interesante de esto es el Maiz Bt, transgénico que es capaz de producir la proteína Cry, naturalmente producida por la bacteria Bacillus thuringiensis, la cual es tóxica a las larvas de lepidópteros que taladran los tallos y consumen follaje de las plantas. En el caso del Maiz Bt, no se requiere aplicar insecticidas para combatir estas plagas, el auto combate que realiza la planta es más eficiente y redunda en mayores rendimientos y facilidad de manejo del cultivo. La proteína Cry es inofensiva para el hombre y para el resto de la fauna. Ha sido utilizada por más de 40 años como ingrediente de algunos insecticidas biológicos de amplio uso.

Este año, 2020, se ha sembrado muy poco maíz en todo el país, lo que promete un marcado desabastecimiento de este grano, que es base fundamental de la alimentación del venezolano. En adición a esto, se ha reportado que las siembras en Portuguesa y resto de regiones maiceras, están siendo atacadas fuertemente por taladradores del tallo y consumidores de follaje. Hemos visto fotos con ataques severos, los taladradores debilitan el tallo, obstruyen el flujo de agua y nutrientes, y promueven el volcamiento de las plantas, pudiendo causar grandes pérdidas para el productor. Los campos están muy altos y no se debe entrar con tractores para aplicar insecticidas porque se dañaría un alto porcentaje de la población de plantas. La solución serían las aspersiones aéreas, pero los aviones no tienen gasolina. Conclusión: el uso de Maiz Bt hubiera evitado estas pérdidas tan marcadas en la producción de maíz del año 2020.

A pesar de estas contradicciones y limitaciones legales que existen en el país con respecto a los OMG, algunos agricultores, en su necesidad de facilitar la actividad agrícola ante tantos obstáculos y carencias de insumos originadas en su mayoría por las malas políticas agrícolas del régimen, subrepticiamente han evaluado materiales transgénicos con excelentes resultados.

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Agosto 2020

 3 min


Los principales sectores políticos ya han definido su estrategia con respecto al proceso electoral parlamentario del próximo mes de diciembre. Hay pocas dudas acerca de que la posición de la oposición democrática será la de no participar y solo esperamos que finalmente sea anunciada en los próximos días, de manera oficial, y que expliquen al país que forma adoptará esa “no participación”.

Cabe entonces empezar a preguntarse –y reflexionar– acerca de cuáles son los riesgos y beneficios de las decisiones respectivas, las adoptadas por cada sector.

Sabemos que el objetivo del régimen es recuperar el control de la Asamblea Nacional (AN), que perdió en 2015. Para atenuar esta “pérdida”, el régimen inhabilitó a los diputados de Amazonas; desconoció a la AN con un conjunto de sentencias dictadas por su obsecuente TSJ; le quitó recursos y el financiamiento que le corresponde; trató de oponerle otra figura equivalente, la ANC, que no logró suficiente apoyo interno ni internacional; se dedicó a perseguir, inhabilitar, forzar al exilio y apresar diputados y dirigentes opositores; y por último intento la chapuza de aliarse con unos diputados acusados de corrupción para nombrar una directiva dócil y proclive a sus intenciones.

Ante el fracaso, optó por seguir la “vía electoral” que contempla la Constitución, previo amañamiento del proceso: agenciándose una “oposición dócil”; designando un CNE afecto a sus intereses; modificando el número de diputados, para tener un mayor “botín” que repartir; “robándole” los partidos opositores a sus legítimos líderes; con declaraciones militares tremendistas y amenazantes; modificando la legislación electoral; reubicando periodistas para votar en circuitos que no les corresponden –sabiendo que estos protestarían y abonarían al “¡Viste!, con estas condiciones no se puede votar”– y muchos otros “trucos” que todavía tiene en cartera. Todos ellos para asegurarse –como parece que así será– que la oposición democrática no concurra a votar, que sigue siendo su máximo temor y el mayor riesgo.

Por otra parte, es muy difícil pensar que la “oposición oportunista”, la que se congrega alrededor de la llamada “mesita”, que no cuenta con un caudal electoral de ningún tipo, pueda ser una amenaza que ponga en peligro el resultado electoral al que aspira el régimen. Ni siquiera con el “truco” de incorporar a falsos partidos opositores democráticos en el “tarjetón” electoral podrá el régimen aumentar el caudal de votos de su “oposición leal”. De todas formas, el número de votos que obtenga esa oposición oportunista, será suficiente para que los aparatos propagandísticos del régimen le saquen partido y lo hagan aparecer como una gran participación.

De esta, manera se asegura de eliminar el riesgo mayor –lo dicho, que la oposición concurra unida a votar– en su objetivo de lograr el control de la AN. No es difícil suponer que con un pequeño “esfuerzo” electoral, el régimen podrá tener, sino las dos terceras partes de la AN, al menos una mayoría simple, que con un pequeño esfuerzo o inversión económica posterior a las elecciones, le permita “obtener” el número de diputados que necesite para hacer todo tipo de modificaciones legales y asegurar cualquier tipo de contrato a sus “socios” internacionales, principalmente China y Rusia.

Así que, tenemos claros cuales son los beneficios del régimen, y de paso los de la oposición oportunista, que sin llamar a votar, con un escaso caudal electoral les será suficiente para obtener algunos curules, ya que parece que el país en su gran mayoría se dispone a abstenerse; aun cuando algunas últimas encuestas asoman otra posibilidad. Se nos hace difícil, en este momento, ver algo distinto a una gran abstención en las elecciones parlamentarias, que por ahora le dan la razón a las encuestas dadas a conocer por Datanálisis a principios de julio, que asegura un porcentaje de participación inferior al 10%. (¡Veremos pronto cuales encuestadoras tenían la razón, si es que se arriesgan a publicar sus resultados!)

Por su parte, el sector opositor radical, que no cree en la vía electoral y que pareciera –¡ojo que dije: pareciera! – que se inclina por algún tipo de salida de fuerza, principalmente con intervención externa, no tiene costos ni riesgos en este proceso, aunque se prepara para anotarse los beneficios de una alta abstención, aun cuando no haga nada por organizarla. Lo que me parece curioso –y esto es un comentario marginal– es que a pesar de no creer en vías electorales, algunos proponen y hacen llamados a una especie de consulta popular, que salvo que sea por telepatía, se debe hacer votando por alguna opción o firmando algún tipo de documento; es decir, una acción que de todas formas se parece bastante a unas elecciones.

Los costos de la oposición por no participar en el proceso electoral, los he analizado en varias oportunidades, que no voy a repetir, solo a resumir el principal costo, que es que al no tener el control de la AN, obviamente desaparece la posibilidad de designar un gobierno interino y un Presidente Encargado, que pueda ser reconocido por la comunidad internacional, por otros países, por organismos internacionales.

Lo que aún no vemos muy claro son los beneficios que obtendrá la oposición democrática por seguir la línea de no participar; porque no se puede decir que el llamado sea a algún tipo de abstención, palabra de la que se huye como de la peste, o del coronavirus, para ser más actual. Quizás el que no veamos claro se deba a que aun la decisión no está oficialmente anunciada y cuando lo hagan, es de esperarse que también anuncien cual es la alternativa a esa “no participación”, que no puede ser quedarse cruzados de brazos a esperar que ocurra algo, una reacción espontánea de resistencia, o que la gente salga a manifestar su asombro ante lo que ocurre en el país, o cualquiera de esas cosas, que desafortunadamente solo ocurren en las novelas de Saramago.

No obstante, para no ser mezquinos, yo veo tres beneficios inmediatos, aparte del beneficio obvio de mantener los principios y no legitimar al régimen en su fraude electoral; uno es que sea una posición unitaria, de la mayoría democrática del país, a pesar de todas las adversidades y agresiones sufridas; dos, mantener la posición coherente con algunos socios internacionales que no ven con buenos ojos los sainetes electorales del régimen; tres, otro beneficio es –para mí el más importante– mantener la conexión con ese sector de la población que siempre ha apoyado a la oposición, que resiste desde hace 20 años a este régimen autoritario y que hoy no quiere movilizarse a votar, que esta frustrado por los magros logros obtenidos en las luchas políticas de los últimos años y que espera, ahora, que la oposición le ofrezca una opción, que vaya más allá de considerarlo “opinión pública”, o carne de redes sociales; hoy día la actividad política ni siquiera es por contacto directo, todo es por correo electrónico, mensaje de texto, por Facebook, Instagram. YouTube, WhatsApp o últimamente por Zoom o Webinar, y no es debido a la pandemia, viene ocurriendo así desde hace varios años.

No son poca cosa estos beneficios, en el campo internacional y a nivel interno, después de casi un año de inamovilidad, agravada ahora por la pandemia; la inamovilidad que produce el coronavirus y la que llevamos por dentro, por frustración o desesperanza; por eso no luce que sean suficientes constatar esos beneficios, se necesita un paso más, organizativo, de propuesta al país, para rescatar la democracia y el estado de derecho.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 5 min


José Joaquín Brunner

Una crisis de magnitud, como la que experimenta nuestra sociedad desde octubre pasado, puede provocar cambios culturales de largo alcance. En cualquier caso, está produciendo, desde ya, nuevos arreglos en el plano de las ideas e ideologías.

De un lado, las tradiciones de derecha —fuerte presidencialismo, soluciones privadas para males públicos, desconfianza en el gasto fiscal, temor frente a los excesos de intervención estatal, cultura de esfuerzo, ahorro y éxito individual— han empezado a girar en sentido contrario: parlamentarismo y fronda partidista, inevitable socialdemocratismo, disposición al endeudamiento fiscal, intenso uso de mecanismos centralistas de tipo burocrático, y alineamiento con un modelo de preferencias colectivas y recompensas inmediatas.

Del lado de las izquierdas, los giros son igual de pronunciados: del seguro social al uso de los ahorros individuales; de la sospecha frente a la propiedad a su afirmación sin límites; de un rechazo absoluto a las disciplinas panópticas a un máximo de confinamiento y seguridad; de una tradición cultural de partidos ideológicos que iluminan y organizan a las masas a una creciente sensibilidad populista que se deja llevar por los sentimientos de la gente y la opinión pública encuestada.

Con todo, las rearticulaciones en curso en el plano de las ideas e ideologías sobrepasan la mera coyuntura. No buscan adaptaciones oportunistas solamente. Se funden con corrientes más profundas —de época, civilización o paradigma, según suele decirse— que, en Occidente al menos, están sacudiendo las bases de los ordenamientos ideológicos heredados del siglo XX.

La Guerra Fría mudó hacia un cuadro más dislocado, policéntrico y complejo. El comunismo acabó en escombros ideológicos y lo que resta de él son piezas de museo o un “comunismo del desastre” (Zizek). El capitalismo y la democracia liberal se hallan cuestionados en sus fundamentos y resultados. Los modelos de organización social y política —socialdemocracia, socialismo, neoliberalismo, tercera vía, neoconservador, libertario y otros modelos— están agotados o desacreditados, y las nuevas propuestas —diversos populismos, nacionalismos, democracias iliberales, socialismo siglo XXI, capitalismos de Estado-partido-único, fundamentalismos religiosos, variados autoritarismos— no generan orientaciones aceptables ni compartidas.

En estas condiciones, la exploración de ideas, el ejercicio de la crítica, la reflexión sobre modelos, la deliberación pública, el rol de los centros de pensamiento, la circulación de los discursos emergentes, la capacidad de innovación intelectual; todo eso, se vuelve clave para la difícil década que tenemos por delante.

1 de agosto 2020

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2020/08/jose-joaquin-bruner-oportunismo...

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Observatorio Electoral Venezolano

ANÁLISIS OEV

El análisis del Observatorio Electoral Venezolano (OEV) al Cronograma Electoral 2020 encuentra lapsos comparativamente más cortos tanto en actividades clave como en el proceso electoral mismo. Y se organiza justamente en un contexto global y nacional tan inédito como complejo: en medio de una pandemia que exige nuevas capacidades institucionales para rediseñar y adecuar fases y procesos que generen, además de condiciones electorales aceptables, garantías sanitarias a todos los involucrados en esta dinámica electoral parlamentaria.

Esta nota consta de cuatro partes:

I. Potestad de convocar: qué dice la legislación, cómo ha sido en la práctica y cuáles son los tiempos.

II. Cronograma; balance entre tiempos técnicos y políticos: las elecciones son procesos complejos, que requieren de capacidad técnica y de planificación.

III. Análisis comparativo de los cronogramas 2015-2020: con énfasis en cuatro aspectos; auditorías, lapsos que se reducen, lapsos que se amplían y novedades o cambios.

IV. El factor pandemia debe ser analizado en todo el proceso: 12 claves de abordaje, con base en cuatro fuentes internacionales acreditadas en la materia.

A modo de cierre: una buena observación electoral, tanto nacional como internacional, puede contribuir sustancialmente a la necesaria generación de confianza en el proceso.

Leer el informe completo en el archivo anexo

 1 min


Alejandro Hernández

Como rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) tiene un pulso muy particular sobre la evolución del acontecer nacional, algo que interpreta y analiza como politólogo y a lo que como sacerdote le da una dimensión social. Este prisma le permite al Padre José Virtuoso darle una mirada crítica al accionar de los distintos actores de la vida nacional y proponer rectificaciones. Precisamente cree que una de las grandes fallas del liderazgo de oposición ha sido la falta de capacidad de enderezar, de leer los signos de los tiempos y entender lo que está pasando por la cabeza de la gente. Reorganización táctica y centrarse en la movilización interna lucen como opciones necesarias cuando, a su juicio, el régimen de Nicolás Maduro cada vez cuenta con menos respaldo popular y su poder, “aunque parezca imbatible, tiene pies de barro”.

¿Cuál es su valoración actual sobre la crisis política e institucional que atraviesa el país y cómo ve los meses por venir?

-Soy de los que sigue apostando para que en Venezuela se logre un Gobierno de transición, que pueda responder en muy breve plazo al drama social y económico que estamos padeciendo. Pero yo hablo de una transición negociada, cuyo impulso venga de la presión internacional y la movilización interna; porque ya ha quedado muy claro que el cambio que todos queremos para nuestro país, no se va a dar por una solución fasttrack, tampoco nos lo van a regalar, ni llegará gratis. La salida que necesitamos requiere de mucho trabajo político y ahí tenemos uno de nuestros principales problemas: En este momento es muy notoria la debilidad que tienen los partidos y la misma sociedad civil, para promover la movilización, la participación y la unidad en torno a la lucha.

¿Cómo se puede contrarrestar esta debilidad en el liderazgo opositor y en los factores que movilizan a la sociedad civil?

-Bueno, eso supone unos partidos muy articulados con su base y una sociedad civil mejor organizada, pero esa capacidad de acción está muy mermada; yo creo que es nuestra principal dificultad para lograr el cambio que necesita el país. Si algo está pasando hoy dentro de la llamada crisis de oposición, es que cada vez estamos alejando más la política de la gente, no es que la gente se está alejando de la política, es que nosotros mismos la estamos espantando; porque ¿dónde están los partidos?, ¿dónde están sus liderazgos de base? Bastante retirados, diría yo. Entonces, hay un trabajo de reorganización interna que se debe hacer y para eso hace falta estrategia y mucha unidad. Para mí la tarea primigenia es establecer mecanismos operativos para hacernos presente en la vida social y económica de la población, lamentablemente se han cometido un conjunto de errores importantes y por eso el régimen cree que está jugando solo en la cancha.

¿Y no es así?, ¿no está el madurismo marcando la pauta y jugando solo?

-Eso es relativo, porque el régimen ha intentado sacar del medio a toda la dirigencia proveniente de la Asamblea Nacional de 2015, también ha ordenado la eliminación de los símbolos y directivas de los partidos clave, y ha buscado sustituir esa oposición por una que le sea más funcional; pero esa estrategia no ha ganado legitimidad en la gente y, por tanto, no ha logrado sustituir a las fuerzas democráticas que lidera Juan Guaidó. Si con estas elecciones parlamentarias Maduro pretende recuperar legitimidad política nacional e internacional, no la va a conseguir. Puede que parezca que están jugando solos, pero eso no les va a dar resultado.

Interpreto, entonces, que usted está en desacuerdo con que la oposición acuda a las parlamentarias que impulsa el chavismo y sus instituciones.

-Estas condiciones no permiten que el voto sea una expresión de la voluntad popular. Sin embargo, todavía no digo que nadie debe participar, porque en el contexto que tenemos en este momento, hay personas muy respetables que ven las elecciones como una oportunidad de movilizar a una sociedad que está desmovilizada. La excusa electoral puede hacer que muchos actores políticos recorran el país y consigan organizarlo. Así se lo están planteando varios liderazgos importantes, creo que Henrique Capriles está fundamentalmente en esa onda y otros miembros de partidos que también merecen todo mi respeto y reconocimiento. Para ellos esta coyuntura es una oportunidad para hacer un trabajo político más de fondo. Quiero insistir en que si no logramos la combinación de la presión interna con la externa, difícilmente vamos a llegar a esta salida que buscamos.

¿Qué evaluación hace sobre el Gobierno interino hoy?

-Pienso que debe redefinirse. La idea del Gobierno interino respondió a la crisis generada por el no reconocimiento nacional e internacional de las elecciones presidenciales de mayo de 2018, debido a que fueron ilegítimas. Por eso apareció esta figura que, ciertamente, ha liderado a la sociedad y la comunidad internacional hacia el cambio en Venezuela; pero en las circunstancias de hoy este mecanismo hay que replantearlo y reorganizarlo, eso debería hacerse en unidad y en función de una nueva estrategia.

¿Por qué la oposición no ha planteado una ruta alternativa al “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, que parece poco realista en las circunstancias actuales?

-A lo mejor voy a ser un poco duro, pero hay un momento en que los medios se convierten en fines, en que las estrategias dejan de ser lo suficientemente estratégicas y somos demasiado testarudos o poco humildes para entender lo que la realidad nos está diciendo. Por eso, muchas veces, no somos capaces de corregir errores que están saltando a la vista. El problema no es pifiar o escoger vías inciertas, porque estas cosas pueden pasar; pero si algo debe tener el genio político es la capacidad de darse cuenta cuando se equivoca, y ser capaces de rectificar. Pero la capacidad de enderezar, de leer los signos de los tiempos y entender lo que está pasando por la cabeza de la gente, me parece que ha sido una de las grandes fallas de nuestro liderazgo de oposición en general. De verdad creo que es hora de revisarse y de reorganizar el Gobierno interino en función del momento actual que padece el país.

Puntualmente, ¿cuáles son esos errores que usted cree que han hecho mella en el liderazgo opositor?

-El abandonar la movilización de la gente y poner todos los huevos en la canasta de la comunidad internacional ha sido un error, ya que por muy importante que sea el respaldo del exterior, si no hay presión interna el apoyo de afuera se queda corto. Otro tema fundamental tiene que ver con no entender que las transiciones complejas requieren tiempo y no son procesos fasttrack. Hay que recordar que, en 2016, cuando esta Asamblea Nacional tomó posesión, la primera promesa fue que Maduro estaba fuera en seis meses, le pusimos fecha y todo. Y así sucesivamente, cada vez que hubo un pico político fue utilizado para anunciar una salida inmediatista y eso nos ha hecho daño, porque la crisis venezolana es tremendamente compleja y no debemos generar falsas expectativas que sólo sirvan para movilizar circunstancialmente, porque eso tiene poca gasolina. Crear esas ilusiones no ayuda en nada. El tercer gran tema es la unidad, lo más cerca que hemos estado de ella fue en 2015, pero sólo estuvo centrada en el tema electoral, que sirvió para ganar las legislativas, sin embargo, luego de eso no continuó su funcionamiento en aspectos más importantes, como construir estrategias conjuntas y establecer rutas de hacia dónde queremos ir. Es decir, la unidad ha estado siempre pegada con saliva de loro; no es programática, ni estratégica para producir grandes acciones, ni planes de largo aliento; ha sido utilizada sólo para aspectos muy pragmáticos, concretos y utilitarios.

¿Esa visión sobre las salidas fasttrack ha influido en que se cometan desaciertos en áreas vitales, como puede ser la militar?

-Sí, creo que en el camino se han dado una serie de pasos vinculados a lo militar que no fueron adecuados y lo que han hecho es profundizar el problema mucho más. El apuro nos ha llevado a cometer errores tácticos muy importantes.

El escritor Alberto José Barrera Tyszka declaró en entrevista a La Gran Aldea que atar el desenlace de la crisis venezolana a la administración del presidente Donald Trump fue un error, ¿usted qué opina?

-Estoy totalmente de acuerdo. El presidente Trump responde a los intereses de Estados Unidos, el presidente de un país responde a la política interna de su nación. Entonces lo que vaya a hacer Trump le conviene a los Estados Unidos y forma parte de su política propia, que eso también pueda ser bueno para nosotros, puede ser que sí o puede ser que no; pero quien tiene que definir qué te conviene a ti, eres tú mismo. Entonces atarse a ese carro y a la política externa de Estados Unidos es muy complejo y problemático. Yo entiendo por qué se ha hecho, y es que en una situación de debilidad interna buscarse un aliado poderoso es muy importante, sin embargo, no se ha conjugado suficiente que somos nosotros los que tenemos que buscar cómo nos ayudan los de afuera, y no que los de afuera se terminen convirtiendo, por la vía de los hechos, en los grandes decisores de nuestra política.

¿Ese rol que han tomado los de afuera pudiera ser consecuencia de las carencias del liderazgo interno?

-Claro, esto pasó por la manera de concebir y conceptualizar el cambio político que ha tenido el liderazgo opositor. Si yo me estoy enfrentado a un gigante y yo soy débil, está muy bien que me busque a un aliado poderoso; el problema es que en esa alianza a veces priva una manera de entender el desenlace, que termina generando más problemas que ayudas.

¿Cuál es su lectura del chavismo en este momento?

-Yo veo al chavismo muy mal, Maduro está cometiendo muchísimos errores y decidido a mantenerse en el poder a como dé lugar; razón por la cual cada vez es más dependiente de una élite muy reducida y básicamente militar. Este es un régimen que pasó de ser cívico-militar a militar-cívico, aunado a eso está el peso de sus alianzas internacionales y el lugar que empiezan a ocupar Irán, China, Rusia y por supuesto Cuba, que se han convertido en determinantes de su accionar. Maduro ha intentado cubrir su debilidad con la Fuerza Armada y con sus aliados en el exterior; su sostenimiento está basado en estos dos factores, por eso hace caso omiso a lo que está pasando con la sociedad venezolana, es decir, es un gobierno que prescinde de la suerte de la gente, pues siente que ese descontento lo puede acallar por la vía de la represión y del control social. Por eso cada vez cuenta con menos respaldo popular y su poder, aunque parezca imbatible, tiene pies de barro, a mi manera de ver.

A propósito de la reciente visita al país de la delegación de Noruega, ¿por qué ninguno de los procesos de diálogo que ha intentado la oposición con el chavismo ha resultado?

-Porque hay empeño por parte del régimen de pensar que puede superar esta crisis y estabilizarse, apoyado en los dos pilares que te dije antes: la Fuerza Armada y sus aliados internacionales. Por eso la apuesta es deslastrarse de la oposición formal y construir una a su medida, para terminar de copar el Estado y lograr un dominio total de la sociedad venezolana. La razón por la que ningún proceso de negociación ha sido posible hasta ahora, es porque no lo asumen, con seriedad, cómo un camino. Pero al madurismo cada vez le cuesta más mantenerse en pie, aunque siga ahí. Es como atravesar un mar rabioso con una lanchita, tú intentarás soportar y pelear un rato, pero en cualquier momento puedes zozobrar.

Siendo el panorama tan complejo, ¿qué puede hacer la sociedad para no perder la esperanza?

-La única forma de no caer en la trampa de la desmoralización que nos hace pasivos y nos arrincona, es con el rescate de la lucha, de la organización y de la exigencia de nuestros derechos. En este primer semestre de 2020 se registraron 4 mil 500 protestas en todo el país, hay que ver lo que eso significa en un contexto de pandemia, censura, aislamiento, control social y represión; eso indica que la gente que sigue peleando por sus condiciones básicas de vida. Es decir, la gran mayoría del país quiere un cambio de gobierno y sabe que debe dar su contribución para ello. Hay que convertir ese descontento en acción y movilización, en la medida en que eso ocurra mantendremos viva la llama de la esperanza.

¿Cómo está nuestra querida Universidad Católica Andrés Bello?

-Esta universidad sigue siendo un espacio de lucha, discusión, foros e intercambios. Seguimos atentos a la vida de nuestras comunidades, estamos en pie de lucha, porque creemos que esa es nuestra misión y nuestra tarea.

28 de julio 2020

La Gran Aldea

https://lagranaldea.com/2020/07/28/es-hora-de-reorganizar-el-gobierno-in...

 10 min


Guillermo D. Olmo

Quienes se acercaron buscaban las mejores ofertas.

No es habitual encontrar sirope de dátil ni mermelada de zanahoria en los supermercados de Venezuela. Pero este es un supermercado poco habitual en el país caribeño.

Se llama Megasis y es iraní.

El local que abrió sus puertas este miércoles en una de las colinas de Caracas, es parte de un conglomerado que posee 700 supermercados en Irán.

En su inauguración, el empresario iraní Issa Rezaie, identificado como viceministro de Industria iraní por la televisión estatal venezolana y cabeza visible del conglomerado Megasis, aseguró: "Nuestro objetivo principal es comercial".

Aunque hay quien ve intereses más oscuros.

El diario estadounidense The Wall Street Journal publicó recientemente que Rezaie lleva tiempo dirigiendo empresas propiedad de la Guardia Revolucionaria Iraní, un cuerpo militar al que Estados Unidos cataloga como organización terrorista.

BBC Mundo solicitó hablar con un responsable de la empresa pero empleados del establecimiento remitieron a la embajada iraní en Caracas. La embajada no respondió a la petición.

Aunque para los habitantes de Caracas que poco a poco se van acercando a conocerlo no es más que un lugar en el que abastecerse, el nuevo supermercado de la capital venezolana es un reflejo más del pulso que Venezuela e Irán libran contra Estados Unidos.

El supermercado se ubica junto al barrio de Petare.

Washington acusa a Teherán de apoyar el terrorismo y desestabilizar la región de Oriente Próximo, y al presidente venezolano, Nicolás Maduro, de ocupar el poder de manera ilegítima.

El subsecretario interino de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Michael Hozak, dijo que el supermercado es un ejemplo de la alianza entre dos estados "parias" y se mostró escéptico respecto a la posibilidad de que Caracas "obtenga mucho beneficio de Irán".

Sometidos a sanciones estadounidenses que perjudican a sus economías, ambos países han estrechado sus lazos en los últimos meses.

Cómo es el supermercado

El nuevo establecimiento comercial ocupa una enorme nave en la zona de Terrazas del Ávila, rodeada por la popular barriada de Petare.

Antes perteneció a Éxito, una cadena franco-colombiana expropiada en 2010 por orden del presidente Hugo Chávez. Más tarde albergó uno de los puntos de venta vinculados al programa de distribución de alimentos subsidiados del gobierno venezolano conocido como CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción).

Como otras muchas tiendas CLAP, cerró. Hasta que llegó Megasis, y abrió en medio de un notable apoyo del gobierno venezolano y de sus medios de comunicación.

Por sus inmensos pasillos, el personal venezolano sigue las instrucciones que les dan sus superiores iraníes.

En Venezuela, país que sufre desde hace años una grave crisis económica, la apertura grandes negocios se ha vuelto inusual.

"Vinimos por curiosidad", comentó Yaira Rodríguez, vecina de la zona, que no quiso perderse el primer día del nuevo supermercado.

En él, llaman la atención los productos importados iraníes, como el champú de ajo, la crema de canela con dátiles o incluso cuadernos de notas para escribir de derecha a izquierda, como se hace en persa. Pero también pueden encontrarse los artículos típicos venezolanos, como la harina de maíz precocida con la que se elaboran las populares arepas.

Los símbolos nacionales de Irán están muy presentes. Un cartel con las banderas de Irán y Venezuela preside el establecimiento.

Reflejo de la importancia del nuevo negocio para Teherán fue la presencia de su embajador en Caracas, Hojjatola Soltani, en la inauguración.

"Irán, igual que cualquier otro país en el mundo, tiene pleno derecho a aprovechar el libre comercio", dijo, refiriéndose a las sanciones de Estados Unidos.

Pero los pocos clientes que se han acercado en este jueves de cuarentena, dicen haberlo hecho más interesados por posibles ofertas y descuentos que por conocer la cultura o la gastronomía persas.

"Está bien surtido, pero los precios son los mismos que en otros lugares", le dijo a BBC Mundo Milenis Lugo.

Ella es una de los muchos que tienen que estirar su sueldo para alimentar a su familia en un país golpeado por la crisis y la hiperinflación, y ahora también por el coronavirus.

Venezuela-Irán, una alianza en ciernes.

Pese a su lejanía geográfica, Caracas y Teherán mantienen buenas relaciones desde los tiempos de Hugo Chávez.

En los últimos meses, los vínculos se han estrechado.

Los apuros económicos del gobierno de Nicolás Maduro, agravados por el efecto de las sanciones estadounidenses, le han llevado a intensificar sus tratos con Irán, también sancionado y, por tanto, menos temeroso del impacto de unas medidas con las que lleva años lidiando.

La colaboración iraní resultó clave para superar el reciente agravamiento de la escasez de gasolina en Venezuela y solo tras la llegada el pasado mayo de cinco buques cargados con combustible procedentes de Irán los venezolanos pudieron volver a repostar con cierta normalidad.

El negocio está aún en sus primeros días de actividad.

En los últimos meses, Teherán ha enviado también técnicos y material para ayudar a Venezuela a reactivar sus refinerías, castigadas por años de mala gestión, y con ellas su capacidad para producir gasolina.

Irán ha tenido hasta ahora un importante pero oscuro papel en los planes de distribución de alimentos del gobierno venezolano.

El hombre de negocios colombiano, Alex Saab, fue detenido en Cabo Verde, según autoridades estadounidenses cuando regresaba de Irán.

Saab, al que el gobierno venezolano reconoció como su representante, ha sido señalado por presunta corrupción en el manejo de los CLAP y se le tiene por uno de los empresarios más cercanos a Maduro.

El pasado junio, la embajada iraní informó que un nuevo buque se dirige a Venezuela, esta vez con alimentos destinados al supermercado recién abierto.

En Venezuela, un país en el que, según la ONU, un tercio de la población vive en situación de inseguridad alimentaria, los alimentos a precios asequibles son una necesidad crítica para muchos.

Por ahora, no parece que el supermercado iraní vaya a cubrirla.

La peluquera Mairena Gómez lo expresó tras su primera visita al establecimiento: "Hay comida, lo que no hay es dinero para pagarla".

(@BBCgolmo)

Corresponsal de BBC News Mundo en Venezuela

31 julio 2020

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-53604561

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