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Opinión

Elizabeth Fuentes

El único venezolano que integra el Comité Demócrata de los Estados Unidos asegura que un triunfo de Joe Biden no le haría más fácil el escenario a Nicolás Maduro porque las sanciones continuarán y «la política de recuperación de la democracia venezolana está enmarcada en el bipartidismo». Pero cree que es un despropósito y un desacierto de un sector de la oposición venezolana montar una política basada en la premisa de una intervención militar de Estados Unidos. «La oposición venezolana debe entender la importancia del apoyo internacional, pero también sus límites».

Con más de quince años fuera de Venezuela, y hoy uno de los dos latinos que conforman el poderoso Comité Demócrata de Estados Unidos- la organización que gobierna al Partido Demócrata de Estados Unidos-, sigue al pie del cañón en el intento de recuperar la democracia en Venezuela.

Presidente del Centro para la Democracia y Desarrollo de Las Américas, Coordinador de Finanzas de la Conferencia Hispana y del Partido Demócrata en el Estado de Virginia, Leopoldo Martínez asegura que la política de Donald Trump sobre Venezuela ha fracasado porque «escaló unilateralmente y no creó incentivos o propuestas para que China, Rusia o Cuba facilitaran las cosas». Y contraria a la matriz de opinión que se ha instalado en Venezuela, asegura que Nicolàs Maduro no la tiene tan fácil en caso de que Joe Biden llegara a la Casa Blanca.

Nicolás Maduro tiene la esperanza de que Donald Trump pierda las elecciones porque eso le podría facilitar su situación. Que él confía en el triunfo de los demócratas porque «bajarían las tensiones y él podría continuar en el poder.

– Yo creo que nada le conviene más a Maduro que la continuidad de Trump. La política de Trump frente a Venezuela ha «cubanizado» el conflicto por los dos extremos. La Habana influyendo sobre Maduro y la derecha Republicana del exilio cubano influyendo sobre la oposición. El predictor en ese escenario es Cuba.

Pero muchos en la oposición también creen lo mismo. Que un cambio de gobierno en Estados Unidos debilitará la causa de la democracia en Venezuela.

– Con Joe Biden en la Casa Blanca continuarán las sanciones porque la política de recuperación de la democracia está enmarcada en el bipartidismo. Pero las sanciones tienen que coordinarse de forma multilateral para que sean eficientes, y no pueden convertirse en un fin en sí mismas. Tienen que tener un objetivo. El objetivo que une a la coalición internacional es producir elecciones limpias, libres, justas y creíbles en Venezuela. No otras imposiciones ni amenazas. Las sanciones deben incentivar que los actores del conflicto se pongan de acuerdo, vayan a unas elecciones creíbles y a partir de allí, el país inicie su transición a la democracia.

Trump ha impuesto un unilateralismo y una ambigüedad de objetivos que ha debilitado la coalición internacional, y por las expectativas creadas con sus amenazas de uso de la fuerza (que sabe no va a cumplir) ha debilitado también a la unidad de la oposición en Venezuela. Para Trump, Venezuela no es una causa, es una herramienta electoral a lo interno en EE. UU. Busca con su “bravado” agitar emociones para conquistar el voto cubano y venezolano en Miami, porque no tiene otra forma de conseguir apoyos en el gran electorado latino a nivel nacional, y en la misma Florida. Necesita esos márgenes que tiene con el voto cubano y venezolano para sumarlo a su electorado fundamentalmente, electores blancos en el norte de la Florida que son profundamente anti-inmigrantes. Es una simple manipulación o cálculo electoral.

Despejado ese problema, en el supuesto negado de una reelección de Trump, la influencia de Putin sobre su presidencia será mayor, incluyendo el tema Venezuela. Ese riesgo lo denunció el propio John Bolton en su libro recientemente.

¿Qué le recomiendas a Juan Guaidó en este momento? Porque se ha tropezado con demasiados obstáculos, quizás por confiar excesivamente en el real apoyo de Trump.

– Creo que en cualquier escenario, la oposición venezolana debe entender la importancia del apoyo internacional, pero también sus límites. El apoyo internacional no sustituye el esfuerzo de organización y movilización interno, la capacidad de encontrar vías para negociar y hacer viables esas elecciones creíbles, y dar sustentabilidad a los esfuerzos internacionales.

La comunidad internacional no puede imponer un gobierno a la fuerza, ni dictar los términos de la transición. Puede presionar y coadyuvar, crear incentivos, tramitar lo necesario para exigir el respeto a los derechos humanos, incluyendo las sanciones como mecanismo para incentivar cambios de conducta en el régimen. Pero nada puede sustituir lo que haga y alcancen las partes del conflicto político en Venezuela. Es lo que te enseña la experiencia histórica internacional.

Felipe González hace un tiempo dijo que la oposición no podía ponerse en manos de Trump. Y tiene mucha razón. Además, no puede enajenarse con esa simbiosis con Trump el apoyo bipartidista que tienen la causa democrática en los EE. UU.

Si bien el Estatus de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés) que apoya Joe Biden es muy positivo, ¿no implica una especie de “condena”?. Es decir, como la situación en Venezuela no van a cambiar, Estados Unidos va a tratar a los emigrantes lo mejor posible. Algo semejante a lo que ocurrió con los cubanos que apenas pisaban tierra americana, ya tenían residencia. Una suerte de premio de consolación…

-Biden está comprometido con algo muy importante: la protección migratoria a los venezolanos desplazados a los Estados Unidos. El TPS para los venezolanos es una medida de reconocimiento y apoyo muy valiosa en medio de la crisis humanitaria.

No es un premio de consolación. El TPS (y más aún cualquier cambio migratorio que se ofrezca) no significa abandono de la política de recuperación de la democracia en Venezuela. El primer paso es precisamente otorgar ese alivio migratorio en un marco temporal, apostando a que se pueda resolver el problema en Venezuela. Pero el tiempo pasa y debemos dar una respuesta digna y humanitaria a los refugiados venezolanos, que son cerca de 200 mil personas en EE. UU.

¿Qué tanto peligro real representa el gobierno de Nicolás Maduro para Estados Unidos, al extremo de que ambos candidatos buscan que haya un cambio en Miraflores? Venezuela ya ni petróleo tiene. ¿Qué tanto les puede importar el destino de un país empobrecido y débil?

El régimen que prevalece en Venezuela no puede continuar. Es imperativo un cambio. Eso está claro. Hay que producir un cambio en Venezuela, principalmente por los venezolanos. Porque la región entera desea una Venezuela próspera. Además, el éxodo de los venezolanos crea un problema en los países vecinos que es motivo de preocupación.

Luego está el tema del crimen organizado y el narcotráfico. Eso por supuesto es un asunto que genera inmensa preocupación y acciones concretas en el marco de la lucha contra lo ilícito, que están en pleno desarrollo, con distintos impactos. Pero es un problema del hemisferio. No es exclusivo de Venezuela.

La droga pasa y se mueve desde Venezuela con complicidad del régimen, pero se produce en Perú, Bolivia y Colombia, y también se mueve por toda la región, el Caribe, Centroamérica, México, con base en muchas complicidades y con distintos impactos sociales y políticos; todo debido a un inmenso y complejo tejido, a toda una capilaridad que ha logrado crear el crimen organizado.

Contra eso se lucha y sin descanso, con inteligencia, multilateralidad y un enfoque holístico. Pero de allí a pensar que la sociedad estadounidense percibe una amenaza a su seguridad nacional que justifique una intervención militar en Venezuela, ante los ojos de un ciudadano americano (fuera de las diásporas cubanas o venezolanas de Miami), hay un trecho inmenso, es un despropósito y un desacierto de la oposición montar una política interna basado en esa premisa.

-¿Considera positivo que se genere un movimiento dirigido a anular las próximas elecciones parlamentarias?–

Creo que hay que seguir presionando para que esas elecciones tengan condiciones que las hagan creíbles, con garantías de participación para todas las fuerzas sociales y políticas del país.

Pero el asunto como está planteado va mucho más allá. El mandato de la Asamblea Nacional vence. Eso es una realidad también, con sus impactos. ¿Entonces que tenemos? ¿La disolución de la Constitución misma? Un régimen cuyo presidente tiene una legitimidad de origen desconocida a nivel internacional (además de un desempeño anti democrático denunciado), sin contrapesos institucionales que puedan ser del todo reconocidos.

En cualquier caso, de consumarse esas elecciones parlamentarias, con todos los cuestionamientos que caben en este caso, también se empoderarán otras expresiones políticas, diferentes al régimen de Maduro y el actual gobierno interino. Eso agrega complejidad al análisis y no puede, en mi opinión personal, despacharse con planteamientos binarios. Sencillamente se complica todo.

Por eso te decía, este es uno de los resultados de la política de Trump y de haber puesto la estrategia opositora en sus manos. Se debilitó la coalición internacional, pero también se fracturó a la oposición. Es el peor escenario.

Y en materia de sanciones, el gobierno de Trump escaló unilateralmente, no creó incentivos o propuestas para que China, Rusia o Cuba facilitaran las cosas, y allí tenemos el terrible impacto de todo ese esquema. La crisis social y económica era profunda, inmensa, y en el diseño de la política de sanciones cobra relevancia aquello que dijo Garrincha (el célebre futbolista brasileño): “los rusos también juegan”. En este caso literalmente ellos, pero también los chinos, los iraníes y los turcos.

En fin, cabe preguntarse ¿Qué estrategia tuvo Trump frente a ese escenario? Estaba cantado que ocurriría agravando el cuadro venezolano. Y esta reflexión es pertinente para responder tu pregunta sobre la elección parlamentaria y el posible desconocimiento internacional: en un universo de 60 países que reconocieron el gobierno interino de Guaidó, y el resto de los países en el sistema de la ONU que no tienen posición o la fijaron de respaldo a Maduro ¿qué se puede esperar de cada uno de ellos en este barajo que viene? Sería un gran error apostar a algo tan incierto, nuevamente, en el diseño de una estrategia opositora para recuperar la democracia.

Y concluyo con algo para la reflexión: que la estrategia opositora de tener como objetivo (o como resultado) un “gobierno interino” en el exilio sería un inmenso error.

22 de agosto 2020

El Cooperante

https://elcooperante.com/leopoldo-martinez-trump-ha-debilitado-la-unidad...

 8 min


Alejandro J. Sucre

La economía darwiniana es donde el pez grande se come al pez pequeño. Donde las personas tratan de vencerse unos a otros en lugar de vencer sus desafíos personales para desarrollar su capacidad creadora. La persona confunde su estrategia de desarrollo personal con una de depredar el desarrollo de otros. En la economía darwiniana, las personas no obedecen a la ley sino que las leyes son para obedecerles. Los dirigentes del Estado usan al Banco Central no para que la liquidez monetaria genere más transacciones, menos inflación, más producción y más iniciativas de cada ciudadano. No, en la economía darwiniana el Banco Central es usado para crear grupos de apoyo, la liquidez llega a unos grupos más que al resto de los ciudadanos. La inflación es para los débiles o los asalariados que no tienen acceso a los instrumentos financieros. En la economía darwiniana o depredadora, los fondos de la tesorería nacional no son para hacer carreteras, hospitales, infraestructura para los ciudadanos desarrollar sus talentos, sino para que unos pocos llenen los bancos suizos de fondos depredadores.

En la economía darwiniana los programas sociales no son para empoderar a las personas, no son para capacitarlas, para que desarrollen sus talentos y se vuelvan artistas de sus distintas profesiones. No. En la economía darwiniana los programas sociales son para comprar votos, para apagar la autoestima, para alabar al que detenta el poder, para crear dependencia en el Estado y no en la capacidad de cada persona. Y así el pez gordo sigue engordando y el pez débil sigue (no su propio destino) sino sirviéndole de alimento.

Las economías el factor no económico que genera la crisis económica es la falta de respeto a cada persona y entre los ciudadanos. El respeto a cada persona o ciudadano significa que desde que nace el individuo debe tener acceso a alimentos, a afectos, a medicina, a estímulos para el desarrollo de sus talentos y para desplegar potencial creador o laboral. Así, con ese acompañamiento de su familia y de la sociedad (cuando falta la familia), cada persona va a descubrir su claro propósito de vida, conocer cuál es su talento principal y por ende su aporte a la sociedad, y así armonizar y disfrutar de la vida en sociedad y con la naturaleza que le rodea. Así los ciudadanos van a cuidar los activos de la sociedad donde viven, los parques, las calles, van a protegerse entre sí y estar orgullosos de ser venezolanos. La economía del respeto a la persona no es la economía depredadora darwiniana de cuánto vale la persona, o de a quién conoce para anotarse en cualquier grupo de poder, sino es una economía más amable. Una economía que ayuda a la persona para que desarrolle su talento, donde la competencia no oscurece la realidad de que todos podemos aportar. En donde hay respeto a la persona, hay instituciones de salud, de educación, de parques, acceso a la informática, al financiamiento, al apoyo familiar, para todo ciudadano por igual, o casi.

En la economía darwiniana, pierden todos. Los depredadores pierden de vivir la vida fundamentada en valores, viven marginados de la conexión con otros seres humanos y desconocen sus propios talentos y su potencial verdadero. Es como la prostitución que confunde sexo con amor. Y los depredados viven como cuerpo sin alma tratando de buscar un razón para vivir. Todos los venezolanos para salir de la crisis económica actual debemos dar un primer paso que es: respetar a cada ciudadano del país. Debemos hacernos un examen de conciencia si en verdad respetamos o no el derecho de otros ciudadanos. Una vez respetemos a cada ciudadano, la crisis económica y política comenzará a aliviarse. El BCV no emitirá dinero inorgánico, el fisco no será botín de unos, una mejor infraestructura unirá la país, vendrá turismo, menos asaltos y más trabajo y menos revancha política.

twitter@alejandrojsucre

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Un parroquialismo extravagante circuló que la reelección de Trump dependería de los venezolanos en Florida, y no de problemas de repercusión global, como el bombástico manejo de la pandemia o la incierta y peligrosa deriva de la relación de Estados Unidos y China. Sharon Stone, con familiares enfermos, lo acusa entre lágrimas de “asesino”, dardo al corazón del electorado blanco. García Márquez describe el mundo de los exiliados, lleno de ilusiones, decepciones y auto alivios.

Pero quien estudió la capacidad de distorsión de las endogamias, es Nassim Taleb, en las salas de prensa de los hoteles donde se alojan los periodistas que cubren conflictos. Llama “síndrome del corresponsal extranjero” lo que ocurre cuando comparten información que “viene de buena fuente” y treinta o cuarenta periódicos podrían publicar la misma noticia que inventó un confidente. “Para j… a un tonto -dice Taleb- dale información”.

Las encuestas oscilan, pero en todo caso el planeta Tierra respiraría más tranquilo con Kamala Harris al frente del ala Este de la Casa Blanca, con Biden de la mano, esencialmente porque para que le vaya bien a ese planeta, es necesario que a EEUU le vaya bien. El coronavirus potenció una recesión mundial que venía en marcha desde hace más de dos años y sobre la que alertaban las publicaciones globales. Efecto necesario del plan del aprendiz de brujo contra China.


¿Cómo alguien en ese cargo no calcula que provocar recesión en un gigantesco dragón devorador de insumos y materias primas, hará caer las ventas de sus proveedores, es decir, cinco continentes? No hay manera de entender semejantes actos desde una posición de tanta responsabilidad, que obliga a evaluar las magnitudes geopolíticas y económicas de su posible respuesta. Aparte de crearle problemas económicos a China, al resto del mundo y a EEUU, el delivery trae contorno de provocaciones.

Humillar una princesa
Dos años atrás arrestaron a directora de Huawei en Canadá, solo para humillarla, “por violar las sanciones a Irán”, como si se tratara de una ley internacional y no la decisión de un país. Hace poco EEUU resolvió obstaculizar el desarrollo del 5G, proyecto también de Huawei, y presiona a sus aliados para que actúen en el mismo sentido, lo que implica un retraso para la humanidad entera, como si alguien hubiera impedido el desarrollo del motor a explosión o internet.

Al mismo tiempo, se estimula a India a crear problemas fronterizos en el Himalaya, China denuncia que EEUU promovió la oleada de conflictos en Hong Kong y responde con un estatuto para anular la autonomía de esta provincia, que perdió en vez de ganar. Pero la economía norteamericana está penetrada por capitales chinos. En bonos de la Reserva Federal, tienen en su control un millón de millones de dólares y hay quienes piensan que por intermediarios podría ser 50% más.


En su frenesí chavista y si el electorado continúa dándole la espalda, podría “expropiar” esos bonos, cosa que tal vez explique su empeño en llamar al Covid-19 “virus chino”, como argumento para actuar. Pero la acción más peligrosa de esta ruleta rusa ha sido la visita del Secretario de Salud norteamericano a Taipei. La comunidad internacional sabe que Taiwan para China es un punto de no retorno, en el que no admiten cuestionamiento y por el que podrían ir a la guerra.

La empresa Lockheed Martin, vendió 60 aviones F-16 a Taiwan, a lo que Xi Jimpin respondió inmediatamente. El jefe del Departamento de Estado, Mike Pompeo declaró hace poco, y no al descuido sino en una conferencia, que la concepción de Nixon de la coexistencia con China bajo la doctrina de “un solo país” ya no existía. Biden dijo en tenor contrario que está dispuesto a rebobinar sanciones y aranceles, y devolver las relaciones al período anterior a Trump.

Las gladiadoras no plañen
Fracaso aplastante en política exterior, todos los problemas empeoraron y no logra resolver ninguno. Los errores cometidos fortalecieron al gobierno más repudiado en la historia de Venezuela. Los artífices en WDC han saboteado sistemáticamente una solución de manera asombrosa. Supongo con la idea de que convenía mantener el conflicto en el año electoral. Lo hecho se pueden resumir en el intento, mil veces fracasado en todas partes, de derrocar al gobierno por medio de un bloqueo económico.

Impedir drásticamente una salida negociada y pacífica de la situación, aliándose con grupos de una amplia carrera de fracasos e intereses turbios. Kamala Harris sería mucho más que Vicepresidenta. En el contexto actual, después de las manifestaciones de violencia callejera en Seattle, Portland, Minessota, represión y guerra cultural, su aparición parece providencial y la decisión política de escogerla, brillante.

Padre caribeño, madre india, eminentes profesionales todos, protestante, divorciada de un ex alcalde negro de los Angeles, hace binomio perfecto con un blanco católico. Primera mujer que llega a la Fiscalía de California (además mulata) y senadora junior del Estado. Sin extremismos conocidos en su brillante carrera, ni en su pensamiento podría, ser, con Biden, la esperanza de que la razón política regrese a la Casa Blanca y al mundo. Una self made woman que se construyó sin lamentos.

@CarlosRaulHer

 4 min


Iñaki Anasagasti

Ariadna García es una joven venezolana que ha vivido en carne propia 20 años de chavismo. Una que camina las calles de Caracas. Una más. Una que conoce las heridas de su gente.

Estos días hemos hecho gestiones en Euskadi para que venezolanos emigrantes puedan empadronarse. Les piden el pasaporte vigente, algo imposible de conseguir pues Maduro no renueva pasaportes. Es la pescadilla que se muerde la cola. Y necesitan empadronarse tanto como respirar para trabajar y ser un ciudadano vasco/a más. Mi aita y el grupo del PNV con el que llegó a Venezuela en 1939 entraron con el Igarobide, pasaporte del Gobierno Vasco no reconocido por nadie, salvo por Venezuela. Por eso me veo obligado a contar la historia de Ariadna, en momentos de apagón informativo. Me lo piden del Centro Vasco de Caracas. Es una carta que le envía a Noam Chomsky abanderado de tantas causas justas sabiendo que este buen señor nunca le contestará. Este tipo de intelectuales está a otra bola. Solo critican una parte. Son hemipléjicos. Dice así.

“Cuando Hugo Chávez llegó al poder yo tenía ocho años. Recuerdo una cadena de televisión que escuché por accidente, en ella al militar que usted tanto admira Sr. Chomsky, decía a los Estados Unidos: “¡Y pusieron la plasta de mierda más grande!”. Desde mi tamaño diminuto, que no alcanzaba el televisor, quedé perpleja, tanto que esa frase se quedó registrada en mi cabeza, hasta hoy. Mi madre me enseñaba a no decir malas palabras, también me corregía cuando adoptaba la jerga de mi pueblo, en Yaracuy, donde muchas cosas se pronuncian de forma incorrecta. Jamás entendí cómo el presidente de un país hablara de esa manera. Allí comenzó mi primera decepción con la política.

En ese entonces (2000-2008) yo pertenecía a una agrupación de danza en el estado Yaracuy, al centro occidente de Venezuela, ésta se financiaba con fondos del Estado. La mayoría de las niñas que asistíamos a esa academia éramos pobres, no teníamos recursos para costear algo más allá de los pasajes. El grupo cubría los vestuarios, los zapatos, los traslados. Nosotras solo debíamos ser disciplinadas y entrenar. Ensayábamos mucho. En ese estado cada año se hacía una amplia programación cultural.

Bailábamos en plazas, llegábamos a zonas rurales, hacíamos una competencia anual en marzo. Todo eso comenzó a desaparecer, cuando el chavismo tomó las riendas del estado.

Los fondos disminuyeron, la programación se apagó. La danza dejó de llegar a las zonas rurales con la salida de los opositores Eduardo Lapi y Víctor Moreno, quienes dejaron la gobernación y la alcaldía, respectivamente después de una férrea persecución política en su contra. Tanto que el primero se vio obligado a exiliarse.

La cultura quedó rezagada de la agenda del gobierno, solo la ideología política les interesaba. Lo vimos cuando todo el transporte público se tiñó de rojo, el color de la revolución que usted defiende.

Ese fue el primer síntoma que desde mi comprensión de la política, me hizo ver que las cosas no marchaban bien y que a ese paso, los jóvenes terminaríamos viendo las películas que Chávez eligiera, los libros que Chávez eligiera, la música que Chávez eligiera. Lo que el gobierno permitiera. Uno donde no había espacio ni para la cultura, ni para la democracia.

La primera vez que supe de usted señor Chomsky fue en la universidad, cuando estudiaba Comunicación Social, y enloquecí con sus teorías cognitivas, lo admiré tanto como a Ferdinand de Saussure. Su legado sobre lingüística era importantísimo, esa semana leí con mucha pasión y cada cosa que descubría era una aventura fascinante. Luego supe de usted por su amistad con Hugo Chávez y por la carta que le envió para interceder por la liberación de la jueza María Lourdes Afiuni, a quien Chávez encarceló sin pruebas en su contra, lo que generó posteriormente que la abogada fuera abusada sexualmente en la cárcel, en reiteradas ocasiones. La jueza casi pierde la vida por una necrosis que se formó en su útero, tras el aborto que le provocó una de las violaciones. Su carta llegó tarde señor Chomsky, pero no tanto como la que escribe ahora junto a 70 intelectuales.

La misiva que usted compartió la semana pasada para rechazar la interferencia de EEUU en los asuntos de Venezuela, dice lo siguiente: “El Gobierno de los Estados Unidos debe dejar de interferir en la política interna de Venezuela, especialmente en sus intentos de derrocar al gobierno de ese país. Resulta casi seguro que las acciones de la administración Trump y sus aliados regionales empeorarán la situación en Venezuela, lo que llevará a un sufrimiento humano innecesario, violencia e inestabilidad. (…) La polarización política de Venezuela no es nueva; el país ha estado dividido por mucho tiempo en términos raciales y socioeconómicos. Pero la polarización se ha profundizado en los últimos años”. De acuerdo Sr. Chomsky. Aquí no queremos intervenciones militares. Pero aquí en Venezuela la única intervención que tenemos es la cubana, no la norteamericana. Y, en todo caso, el reconocimiento de cincuenta democracias a Guaidó y no a Maduro.

Sobre ese texto señor Chomsky le contaré otras cosas que usted jamás sabrá, ni sentirá. La situación de Venezuela no creo que pueda empeorar todavía más. ¿“Sufrimiento”? sufrimiento es salir a las calles y ver niños desnutridos, sin hogar, sin escuelas donde aprendan de lingüística. Palpar la violencia, esa que Chávez sembró muy bien en la sociedad a través de su discurso.

Sufrimiento es que la gente muera aquí o en otros países y que sus familiares no puedan darle el último adiós porque no tienen recursos para viajar. Sufrimiento es que en apenas cuatro días de protestas en 2019 se registraran 35 muertos, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social. Sufrimiento es que la policía política de Nicolás Maduro, irrumpa en los barrios con armas de guerra que apuntan a sus habitantes y los

atemorizan.

Sufrimiento es dormir al son de las balas. Salir a la calle y no saber si regresarás a tu casa. Sufrimiento es ver cómo ancianos pasan horas en largas colas para cobrar una pensión que se les acabará en un día. Sufrimiento es escuchar a la vecina toser porque no tiene medicinas, ni siquiera un antialérgico. Sufrimiento es que todos tus vecinos en Yaracuy hayan bajado unos 15 kilos o más. Todos demacrados, angustiados, temerosos. Usted jamás sabrá lo que se siente salir a la calle y enfrentar el dolor de un país cuando miras a cualquiera a los ojos.

Usted no sabrá qué se siente que todos en una oficina coman solo arroz con lentejas, porque son los únicos alimentos a los que una parte de la población tiene acceso a precios subsidiados.

Algún familiar o vecino te socorre con esos granos que compró baratos.

La solidaridad nos sostiene en este sistema de hambre y miseria que decidió Hugo Chávez para los venezolanos hace más de 20 años, cuando planeaba llegar al poder a la fuerza y derribar la democracia que se había retomado en los últimos 40 años.

Usted no sabe lo que siente un joven, cuando ve un araguaney frondoso (un árbol de flores amarillas) y le quiere tomar una fotografía, pero se priva de hacerlo por temor a que lo roben.

Usted jamás sabrá lo que significa vivir 20 años con miedo.

Usted tampoco sabrá lo que duele ver los hospitales en la ruina, a las enfermeras y maestros salir a las calles y pelear por sus pacientes y salarios que les alcancen para vivir. Usted jamás hablará con una persona que padece cáncer y que le dice a las afueras de un hospital que ese lugar donde ella trabajó, no tiene ni calmantes para cuando pegan los dolores, usted jamás hablará con esa mujer, yo sí. Usted tampoco sabrá señor Chomsky que a principio de año varias personas perdieron la vida en el Hospital Universitario de Caracas por una falla eléctrica.

Tampoco escuchará que un bebé recién nacido murió en ese mismo hospital porque el ascensor estaba paralizado y cuando los camilleros subían los 10 pisos a toda velocidad, para salvar la vida del pequeño, se quedaron con él a medio camino. Usted tampoco sabrá que la crisis migratoria ha generado que cientos de venezolanas, de los cinco millones de emigrantes que han salido del país porque no pueden vivir, sean víctimas de trata de personas en los países vecinos. Usted no sabrá que una niña de cuatro años le pregunta a su madre todos los días cuándo regresarán a Venezuela.

No hable de sufrimiento señor Chomsky, a usted no le interesa el sufrimiento de los venezolanos, ni tampoco lo conoce. Si lo supiera otra fuera su carta. A usted solo le importa su discurso antiimperialista y su retórica antitrump con la que se puede estar incluso de acuerdo. A usted le preocupa el rumbo de sus amigos de la revolución chavista. A usted solo le importa mantener su ideología, no le importan los niños, ni los jóvenes, no le importan las miles de víctimas mortales que van dejando estos 20 años.

Esos intelectuales del mundo que hoy alzan la voz, así como los políticos españoles que tanto opinan sobre Venezuela, insisten en desconocer la violación de DDHH que aquí se comete y a las víctimas. Aun cuando hay imágenes y testimonios que recorren el mundo, ustedes prefieren no creer, eligen virar la mirada.

Solo la solidaridad entre los venezolanos podrá mitigar el dolor que nosotros compartimos y que sí conocemos.

23 de agosto 2020

La Patilla

https://www.lapatilla.com/2020/08/23/inaki-anasagasti-la-carta-que-noam-...

 7 min


Acceso a la Justicia

Los tratados internacionales de derechos humanos, la Constitución venezolana y organismos internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Organización de las Naciones Unidas establecen claramente que la justicia militar no se debe aplicar a civiles de manera alguna. Aun así, es una práctica que existe en Venezuela.

El uso de la justicia militar contra los civiles se hizo rutina, en particular durante la ola de protestas antigubernamentales registradas en 2017, lo cual coincidió con el deslinde de la ahora fiscal general en el exilio, Luisa Ortega Díaz, del Gobierno de Nicolás Maduro.

Ante la negativa de la funcionaria a procesar a los manifestantes, desde el Palacio de Miraflores se recurrió a los jueces castrenses, ya que estos son nombrados por el Ministro de Defensa en contra de lo establecido por la Constitución, es decir, por el Ejecutivo Nacional, al igual que el fiscal general militar y la defensa pública militar, por lo que, aunque cueste imaginarlo, tienen aún menos independencia que el sistema de justicia ordinario, aplicable a civiles.

El resultado en ese año fue que 786 civiles fueron presentados ante tribunales militares. Por su parte, la Sala Plena del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) envió a la justicia militar a un diputado de oposición de la Asamblea Nacional, Gilber Caro, quien después de haber sido liberado dos veces volvió a prisión a finales de 2019 y todavía sigue preso en 2020.

Esta política les ha valido a las autoridades no pocas reprimendas internacionales. Así por ejemplo, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, en al menos dos de sus informes sobre la situación del país ha condenado esta práctica, al afirmar que «La aplicación de la justicia militar para juzgar a civiles constituye una violación del derecho a un juicio justo, incluido el derecho a ser juzgado por un tribunal independiente e imparcial».

Quizás atendiendo a este pronunciamiento, finalmente el pasado 30 de julio la Sala de Casación Penal del TSJ en sus sentencias 70 y 71, expresó lo siguiente:

«el juez militar no es el juez natural para el procesamiento penal de civiles, en razón de no reunir los requisitos constitucionales y legales para el sano desempeño de la función jurisdiccional, respecto a los no militares y menos aún en delitos distintos a la naturaleza militar, en el entendido que la jurisdicción militar tiene como propósito el mantenimiento del orden y la disciplina dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a través del juzgamiento de los delitos castrenses cometidos por militares en funciones».

Estas sentencias se refieren a las solicitudes de avocamiento que los defensores de diez exfuncionarios y extrabajadores de la estatal Minería de Venezuela (Minerven) le presentaron en abril de 2019. Los accionantes denunciaron que a sus clientes, quienes permanecen detenidos desde 2017, señalados de participar en la sustracción de veintiuna barras de oro, se les estaba violando su derecho a ser procesados por sus jueces naturales, pues estaban esperando que un juez castrense los enjuiciara.

Al respecto, la Sala ordenó al Tribunal Militar Quinto de Control de Maturín que enviara los expedientes de los extrabajadores de la filial de la Corporación Venezolana de Guyana (CVG) a la presidencia del Circuito Judicial Penal de Monagas, para que esta los entregara a un juez penal ordinario, no sin antes advertir que «de persistir las actuales condiciones, se les estaría cercenando [a los acusados] el derecho a ser juzgados por sus jueces naturales».

¿Poniendo orden o simulando?

Con estas decisiones, el TSJ parece retomar la línea jurisprudencial que comenzó a trazar a partir de la entrada en vigor de la Carta Magna de 1999, que en su artículo 261 es clara al señalar que «la comisión de los delitos comunes, violaciones de Derechos Humanos y crímenes de lesa humanidad, serán juzgados por los tribunales ordinarios. La competencia de los tribunales militares se limita a delitos de naturaleza militar».

Es llamativo también que en esta ocasión la Sala de Casación Penal no solo apeló a la Constitución y a sentencias anteriores suyas, sino también a pronunciamientos de la CIDH y de la Corte IDH. Esto no es poca cosa, porque a lo largo de las últimas dos décadas el máximo juzgado no solo ha desconocido las decisiones de los organismos regionales de protección de derechos humanos, sino que además las ha desacatado, e inclusive en su momento, abrió las puertas para que el país saliera de la jurisdicción de la Corte en 2013 con la denuncia de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

No obstante, ya en 2017, la Sala de Casación Penal en su sentencia n.º 423 de noviembre de ese año había establecido que «ante la condición de civil del procesado, debe imperar la supremacía de la jurisdicción penal ordinaria», aplicando este criterio en un caso en el cual el imputado era acusado del delito de traición a la patria, que se encuentra tanto en el Código Penal como en el Código Orgánico de Justicia Militar (COJP), al considerar que en tal circunstancia debía prevalecer el fuero del imputado, es decir, el civil. Se trata, pues, de un caso similar al de las recientes sentencias 70 y 71, y aun así, ha habido decisiones como las de la Sala Plena respecto de Gilber Caro.

Por ello, deben tomarse con cautela los fallos 70 y 71, antes comentados, de la Sala de Casación Penal, pues, aunque aparentemente no señalan excepciones a la falta de competencia de los tribunales militares para juzgar a civiles, lo cierto es que en principio aplicó el criterio expuesto en un caso en el que coexiste el mismo delito en los textos normativos ya indicados. Dicho de otra manera, ¿su decisión sería la misma si el delito estuviera previsto solo en el COJP y no también en el Código Penal?

En otras palabras, ¿si un civil comete un delito exclusivamente militar no es enjuiciado ante la jurisdicción militar? Según ha aclarado la CIDH, no debe serlo porque un civil no puede cometer delitos militares, y si se lo imputa por ello significa que se le está queriendo aplicar la justicia castrense, lo que como ya se dijo anteriormente en ningún caso puede ocurrir, pero los jueces de la Corte Marcial, e incluso su presidente, en una audiencia ante la CIDH sostuvieron que esto se ha hecho en Venezuela, y además, es válido, citando el caso de Gilber Caro.

¿Qué pasó en el caso del sindicalista Rubén González?

El martes 11 de agosto de 2020 la Corte Marcial ratificó la condena a más de cinco años de prisión que un juzgado castrense le impuso al secretario general del Sindicato de Trabajadores de Ferrominera del Orinoco, Rubén González, a finales del año pasado.

Acceso a la Justicia considera llamativo que, pese a los recientes fallos de la Sala de Casación Penal, la Corte Marcial haya tomado la decisión contra el sindicalista González.

Esto ratifica que se debe esperar a un nuevo caso ante el TSJ para confirmar si realmente el criterio es absoluto, como debería ser, o si por el contrario es simplemente la reiteración de un criterio estrecho que sigue permitiendo el juicio de civiles por tribunales militares cuando coexiste el delito en el COJM y en el Código Penal.

Así por ejemplo si la Sala de Casación Penal se pronunciara sobre Rubén González, en el supuesto que la defensa del sindicalista recurriera contra la sentencia de la Corte Marcial ante esa Sala, – dado que se trata de una imputación por un delito que violaría el COJM y no el Código Penal-, quedaría claro según el pronunciamiento del TSJ, si realmente el criterio es el de no imputar de ninguna manera a civiles bajo la justicia militar, o si solo se aplica cuando hayan cometido supuestos delitos contemplados en ambos códigos.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

El uso de la justicia militar no es algo nuevo en Venezuela. En las décadas de los 60, 70, 80 y 90, decenas de periodistas o políticos, sobre todo de izquierda, terminaron ante un juez uniformado. Sin embargo, los cambios introducidos a raíz de la entrada en vigencia de la Constitución de 1999 han debido ponerle coto a esto, pero no ha sido así, es más esa práctica se ha extendido de manera importante.

A veinte años de la entrada en vigor del texto fundamental, el COJP no ha sido adecuado a los principios más elementales de un estado democrático, como sería la separación de poderes; por ejemplo, en su artículo 28, sigue señalando que el presidente de la República y el ministro de la Defensa «son funcionarios de la justicia militar», lo cual a juicio de Acceso a la Justicia revela que esta jurisdicción especial es un órgano del Poder Ejecutivo y no es independiente ni autónoma, por lo que quienes terminan ante ella no gozan de las debidas garantías. Además, como ya se indicó, a diferencia de lo que dice la Constitución, los jueces militares son nombrados por el Ministerio de la Defensa y no por el TSJ, pero al respecto, este último, sin que nos sorprenda, tampoco ha hecho nada.

«La justicia militar está diseñada para obedecer al Poder Ejecutivo (…). Eso hace que el Poder Ejecutivo le tenga una particular predilección a la hora de utilizarla como herramienta contra sus adversarios», denunció nuestro director, Alí Daniels. Por ello, «la justicia militar en Venezuela no es más que la negación de la justicia».

Agosto 21, 2020

https://www.accesoalajusticia.org/tsj-reconoce-que-la-justicia-militar-n...

 7 min


Carlos E. Cué

“Yes, ¿mister Lavrov? This is mister Borrell”. La entrevista, realizada el jueves durante un descanso del curso Quo vadis Europa que dirige desde hace 20 años en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en el paraíso tranquilo del palacio de la Magdalena en Santander, se acaba como estaba previsto cuando le llama el ministro de Exteriores ruso para hablar de Bielorrusia. Josep Borrell (La pobla de Segur, 73 años), Alto Representante europeo para Asuntos Exteriores, curtido en mil batallas, charlará con él en un pasillo del palacio intentando convencerle de que esta vez no es como el fiasco de Ucrania: ahora la UE no quiere pelear el control geoestratégico con Rusia, solo promover la democracia y ayudar a los bielorrusos que piden libertad. El superministro de Exteriores de la UE ha pasado todo el verano apagando incendios. Y aún le quedan muchos.

Pregunta. ¿Hasta dónde va a llegar la UE para lograr que Alexandr Lukashenko deje el poder de manera pacífica?

Respuesta. El caso de Bielorrusia no es comparable al de Ucrania. Allí hubo una tensión entre la vocación europea y la de asociarse con Rusia, los manifestantes llevaban banderas europeas. Tuvo una dimensión geopolítica. Los bielorrusos no están discutiendo ahora si papá o mamá. Simplemente reclaman un régimen de libertades y derechos civiles. No hay banderas europeas en las manifestaciones. Y la UE tampoco tiene intención de convertir Bielorrusia en una segunda Ucrania. Tenemos que impulsar una reforma política pero evitando aparecer como un factor distorsionante que es como se nos podría percibir del lado ruso. Esa tensión entre Europa y Rusia se saldó a tiros, con violencia y con una disgregación del territorio ucranio que todavía dura. El problema de hoy de los bielorrusos no es escoger entre Rusia y Europa, es conseguir libertad y democracia, que son valores básicos de la Unión Europea y que, por lo tanto, apoyaremos.

P. ¿No le interesa a la UE que Bielorrusia no caiga en manos de Vladímir Putin?

R. Nos interesa sobre todo que los bielorrusos puedan vivir en un régimen de libertades políticas, y tener buenas relaciones con todo nuestro vecindario. Un vecindario muy complicado, como se ha demostrado este verano. Desde el Sahel a Oriente Próximo, pasando por Libia, Turquía, Irán y ahora Bielorrusia, todo nuestro vecindario es conflictivo. Y la UE no tiene varitas mágicas. Tenemos recursos financieros, hemos movilizado 50 millones de euros para ayudar a la sociedad bielorrusa, tenemos influencia política, pero Bielorrusia no debe ser una segunda Ucrania.

P. No hay banderas europeas, pero sí cierto deseo de occidentalización, de democratización en Bielorrusia. ¿Puede pasar como en Ucrania, que ese deseo de apertura acabe al revés, en un mayor control de Putin de esa zona?

R. Es también lo que hay que evitar. Por eso estamos en contacto con Rusia. El presidente del Consejo ha hablado con el presidente Putin y yo con el ministro Lavrov para evitar malentendidos y que del lado ruso se tomen decisiones que podrían desestabilizar la situación. Ya en 2010 dijimos que esas elecciones eran falsas, y Lukashenko respondió con la misma violencia a los manifestantes. En 2006 ya establecimos sanciones contra el propio Lukashenko y 230 responsables. Después hizo un tímido movimiento de liberalización, soltó unos cuantos presos políticos, quisimos creer que era una buena señal y levantamos la totalidad de las sanciones. Está claro que ahora habrá que volver a ponerlas.

P. ¿Para la UE, Lukashenko tiene que caer?

R. No lo reconocemos como presidente legítimo. Como tampoco reconocemos a Nicolás Maduro. Desde este punto de vista Maduro y Lukashenko están exactamente en la misma situación. No reconocemos que hayan sido legítimamente elegidos. Sin embargo, nos guste o no, controlan el Gobierno y tenemos que seguir tratando con ellos, a pesar no reconocer su legitimidad democrática. El objetivo es que los bielorrusos tengan la oportunidad de expresarse libremente. Eso es lo que decidió el Consejo Europeo.

P. ¿Qué relación debe tener Europa con Rusia, que quiere ocupar cada vez más espacio?

R. La relación con Rusia es tan compleja como la relación con China. Es un poliedro que tiene muchas caras. Con Rusia, por una parte la sancionamos pero por otra tenemos una dependencia energética que para algunos países es muy fuerte. No se ve igual lo de Rusia si eres lituano o portugués. Rusia es un actor en la política internacional, con deseos de volver a jugar un papel de potencia, no es la única que siente la vieja tentación imperial. Pero, nos guste o no, hay muchos problemas de los que tenemos que tratar con Rusia para intentar resolverlos, desde el Ártico a Siria.

P. ¿Le preocupa el posible envenenamiento del opositor Alexéi Navalni?

R. Naturalmente que nos preocupa, y además nos ocupa. Un avión lo ha llevado a un hospital alemán. Estas cosas nos recuerdan acontecimientos que ya nos preocuparon. Pero aún está todo por verificar.

P. ¿Por qué cuesta tanto consolidar la democracia en Rusia?

R. No solo en Rusia. La democracia está muy poco consolidada en muchos países del mundo. Y en otros hay una preocupante fatiga democrática. Los europeos no somos conscientes de la enorme suerte que tenemos de vivir en la mejor combinación de libertad política, prosperidad económica y solidaridad social que hay en el mundo.

P. ¿Putin respeta la UE?

R. ¿Me preguntas por Putin o por Trump? Cuando Putin actúa como actúa, primero en Siria y después en Libia, y antes en Ucrania, lo hace utilizando su potencial militar y su voluntad de actuar con una potencia hegemónica regional. Para él sería más fácil que no existiera la Unión Europea. Entonces solamente tendría que tratar con países uno a uno, y algunos poco tendrían que decir. Precisamente para hacer frente a los riesgos y a las amenazas en nuestras fronteras, la Unión Europea tiene cada vez más razón de ser.

P. Francia quiere acercarse a Rusia.

R. Francia tiene una posición más aperturista con Rusia, cierto. Pero Alemania también, es perfectamente consciente de que Rusia es un mercado y un suministrador energético. La situación de Polonia y de los países fronterizos antes dominados por la Unión Soviética, en particular los bálticos, es distinta. El problema que tenemos en Europa a la hora de hacer una política exterior común es que no compartimos la misma visión de cuáles son nuestras amenazas. Porque no tenemos la misma historia. Y por eso nuestra visión del mundo es diferente. Pongo un ejemplo: los polacos creen que deben su libertad a Estados Unidos y al Papa. Y tienen razón. Pero yo como español pienso que he soportado la dictadura franquista en buena medida por el apoyo de Estados Unidos y el Vaticano. La política exterior es la proyección del resto del mundo de tu identidad histórica.

P. ¿El fondo de recuperación salva a la UE?

R. El virus ha tenido un gran efecto de catalizador de la integración europea. Sin él seguiríamos diciendo que no se puede acudir mancomunadamente a los mercados financieros, que no se pueden dar transferencias financiadas con deuda. Una vez más se comprueba que la UE se construye en las crisis. O según el refranero, a la fuerza ahorcan.

P. ¿La pandemia puede haber salvado a la UE?

R. Le ha dado una nueva imagen. Al principio de la pandemia, Europa tuvo muy mala imagen. Vimos italianos quemando las banderas europeas. Y un sálvese quien pueda, con los alemanes que no querían vender sus stocks de material sanitario a Italia y aviones rusos y chinos aterrizando en Milán con las banderas desplegadas diciendo aquí estamos nosotros, que somos los buenos. Al principio la imagen no fue brillante. Pero después hubo una respuesta mancomunada, difícil de gestar, que rompió moldes. Hemos de sentirnos satisfechos. Ahora los europeos ven que Europa se moviliza organizando la solidaridad de una manera más profunda.

P. ¿España está preparada para gastar bien ese dinero?

R. No va a ser fácil ejecutar esos miles de millones. Porque las transferencias no se dan sin condiciones. Pero no va a haber hombres de negro en el sentido de la troika, porque no va a haber ajustes macroeconómicos, pero sí va a haber lógica condicionalidad para que estos recursos se empleen para los fines a los que se destina, desarrollando la respuesta climática, la transición ecológica, la digitalización de la economía. Ni hombres de negro ni cheques en blanco. Es lógico que haya preocupación por la ejecución de ese ambicioso plan.

P. ¿Hay preocupación con la situación política de España, en particular con una coalición inédita en Europa?

R. No particularmente. Mire, fui ministro de Obras Públicas, me tocó administrar buena parte de los fondos estructurales. Aquello fue más fácil porque los fondos estructurales eran básicamente infraestructuras de obras públicas que sabíamos construir. Pero fuimos los que mejor gestionaron los fondos estructurales, y eso que fue un aluvión de dinero. Ahora es más difícil, porque a un camarero que se ha quedado sin trabajo en la Costa del Sol no le vamos a decir solo que su futuro será verde y digital. Te dirá “vale, ¿pero qué hay de mi presente?” A corto plazo hay un problema de mantenimiento de rentas y capitalización de empresas, que es un trabajo más micro. Esto va a exigir una gran eficacia administrativa a todos los países.

P. Si Donald Trump gana las elecciones, nos encaminamos a un mundo de guerra comercial entre dos grandes superpotencias, con China. ¿Cómo se coloca ahí la UE?

R. La UE tiene que definir su propia política internacional y no quedar presionada dentro de esa confrontación chino americana que va a marcar este siglo. Ahora mismo, EE UU ha perdido una votación en el Consejo de Seguridad porque no han votado sus propuestas sobre el embargo de armas a Irán países como Francia, Alemania y el Reino Unido. Pero no es solo Trump, hay una corriente de fondo también en la sociedad americana que es la relación con China. Seguramente tanto los americanos como nosotros hemos pecado de una cierta ingenuidad y ahora queremos nivelar el terreno de juego. Lo que pasa es que nosotros hacemos de una manera más, digamos, negociada.

P. ¿Europa tiene que ocuparse más de su propia defensa sin depender siempre de EE UU?

R. Es lo que se llama la autonomía estratégica europea, lo cual no quiere decir que nos vayamos a ir de la OTAN. El euro nos da una cierta autonomía estratégica europea, sin el euro España no se habría podido ir de Irak, pobre peseta si la hubiéramos tenido. Pero no la tenemos todavía en materia de defensa, como se demostró en Libia. La hemos de construir de forma complementaria a la que nos da la pertenencia a la OTAN. Desarrollar una política de seguridad y defensa europea es una de las tareas que me toca hacer, sabiendo que no todos los países europeos lo ven de la misma manera y no todos tienen el mismo interés en ella.

P. ¿La situación en Libia puede provocar una crisis migratoria como la de Siria?

R. No es Libia, es la presión migratoria que viene del Sahel. Sobre Siria tenemos acuerdos con Turquía discutidos y discutibles, pero no estamos dando dinero al Gobierno turco, estamos dando dinero a los refugiados en Turquía, que son 3,7 millones de personas, la mayor masa de refugiados que acoge ningún país.

P. ¿No es una subcontratación de un problema?

R. La alternativa es que las sociedades europeas decidan aceptar que esos 3,7 millones de exiliados vengan y se instalen en Europa. ¿Lo quieren? Pues si no quieren hay que buscar una solución alternativa. Hacer política exige definir objetivos de acuerdo con tus capacidades. Poner la cabeza en el cielo dejando de tener los pies en el suelo no sirve de mucho.

P. No hay forma de evitar que siga muriendo gente en el mar frente a Europa?

R. Sí, pero para ello hay que regular la inmigración y el asilo a escala europea, y desde hace demasiado tiempo la UE ha sido incapaz de hacerlo. La inmigración no puede ser un fenómeno desregulado, que infunda temor en las sociedades, porque es fácilmente manipulable. Pero Europa necesita inmigración. Algunos países europeos no lo quieren reconocer, prefieren envejecer a mezclarse, como los japoneses, por cierto. Otros están más abiertos. Pero todos necesitamos compensar nuestro bache demográfico con inmigración. Ah, y llamemos a las cosas por su nombre: la guerra de de Siria no mandó migrantes, mandó exiliados, como la Guerra Civil española mandó exiliados a las playas francesas, exactamente igual.

P. ¿Hay riesgo de choque armado entre Turquía y Grecia?

R. Es una situación muy tensa. En el Consejo de ministros de Asuntos Exteriores que hemos tenido en este verano, que me he pasado con un teléfono en cada oreja, las tres palabras más usadas fueron solidaridad con Grecia y Chipre; desescalada, porque hay muchos barcos de guerra maniobrando en la misma zona y el otro día hubo un choque accidental entre un barco griego y otro turco que mañana puede ser otra cosa; y negociación. Con Turquía las cosas han ido de mal en peor, necesitamos recomponer la relación y eso solo se hace negociando.

P. ¿Habrá sanciones contra Turquía?

R. El Consejo me pidió que presentara una panoplia de posibles sanciones. Ya las ha habido contra algunos directivos de empresas que hacen perforaciones. Si las cosas no van mejor habrá que actuar, pero estamos tratando de evitarlo. Mi función no es echar leña al fuego sino evitar el incremento de las tensiones.

P. Ha dado la bienvenida al acuerdo Israel-Emiratos Árabes pero algunos socios creen que puede ser una puñalada a la causa palestina.

R. Depende. Tenemos buena relación con Israel, con Emiratos, con los palestinos. Todo tiene ventajas e inconvenientes. Este acuerdo ha servido al menos para evitar que durante el verano se produzca la anunciada anexión del valle del Jordán que hubiera sido un punto de grave desencuentro con Israel. Lo que sí hemos dicho claramente desde la UE es que el plan de paz presentado por Jared Kushner no es buena base para la negociación.

P. Lleva nueve meses en el cargo. ¿Es frustrante tener que pactar todo por unanimidad?

R. Llegué al cargo convencido de que había que abandonar la regla de la unanimidad y ahora lo estoy más que nunca. Pero soy consciente de que para cambiar la unanimidad... hace falta unanimidad, y tal cosa no existe, todo el mundo quiere guardarse el derecho al veto. Es un cargo apasionante en el que tienes que tener mucha paciencia, saber que es un maratón. Agradezco a la vida tener la oportunidad de acabar mi carrera política en un puesto tan exigente.

22 agosto 2020

El País

https://elpais.com/internacional/2020-08-22/borrell-lukashenko-es-como-m...

 11 min


Margarita Rodríguez

La incertidumbre y nuestra actitud hacia ella es precisamente uno de los temas que la investigadora estadounidense ha estudiado en los últimos años.

Heffernan, quien ha sido CEO de cinco compañías, es profesora de Práctica en la escuela de Gestión de la Universidad de Bath en Inglaterra y es autora de seis libros.

El más reciente: Uncharted: How to map the future ("Inexplorado: Cómo trazar el mapa del futuro") fue publicado a inicios del año.

En febrero, el diario británico Financial Times lo incluyó en los libros del mes: "Uncharted se opone a nuestra obsesión con la 'ciencia' de la predicción".

Y es que aunque es muy tentador que un experto prediga lo que pasará en el futuro, Heffernan insiste en que hay que "abrazar" y aceptar la incertidumbre para desarrollar resiliencia.

"No podemos esperar al plan perfecto", le dice a BBC Mundo.

La ceguera voluntaria

Heffernan también es autora de Willful Blindness: Why We Ignore the Obvious at our Peril ("Ceguera deliberada: por qué ignoramos lo obvio a nuestro riesgo"), uno de los finalistas del Financial Times Best Business Book Award 2011 y uno de los libros de negocios más importantes de la década, según ese periódico.

De acuerdo con Heffernan, hay muchos ejemplos en la historia de ceguera voluntaria.

En esa obra la autora plantea que las amenazas más grandes que enfrentamos son las que no vemos, pero no porque estén escondidas o sean invisibles.

"Puedes ver ceguera voluntaria en los bancos, cuando miles de personas vendieron hipotecas a personas que no podían pagarlas. Se pudo ver en los bancos cuando se manipularon las tasas de interés y todo el mundo sabía lo que estaba pasando, pero todos cautelosamente lo ignoraron", señaló en 2013 en la charla TedTalk The dangers of willful blindness.

"Pueden ver la ceguera voluntaria en la Iglesia católica, que ignoró décadas de abuso infantil. Pueden ver la ceguera voluntaria en el período previo a la guerra de Irak", prosiguió.

"La ceguera voluntaria existe en escalas épicas como estas y también existe en escalas muy pequeñas, en las familias, en las casas y comunidades de la gente, y particularmente en las organizaciones e instituciones", indicó.

La periodista, con años de experiencia en la producción de programas de la BBC, ha dictado cuatro charlas TedTalk, organización que destaca su capacidad para explorar "los patrones de pensamiento demasiado humanos que llevan a las organizaciones y a los gerentes por mal camino".

Estas son sus respuestas a las preguntas de BBC Mundo.

La entrevista ha sido editada por razones de claridad y concisión.

Hace un año, usted ofreció una charla Ted sobre las habilidades humanas que necesitamos en un mundo impredecible. No muchas personas pudieron haber predicho lo que está ocurriendo en el mundo con la pandemia de covid-19. En este contexto tan particular ¿qué habilidades necesitamos?

Las habilidades tienen que ver con la imaginación, con la capacidad de pensar en diferentes posibles resultados de la pandemia.

"Todo el país, todo el mundo, sólo mejorará en la medida en que todos mejoremos", indica Heffernan frente a la pandemia.

También necesitamos adaptarnos. Muchas personas cuyos trabajos quizás están desapareciendo deben pensar en qué otras cosas pueden y les gustaría hacer: ¿cómo adapto mis destrezas a este nuevo mundo?

Y precisamos muchas habilidades para colaborar: ¿cómo puedo trabajar con otras personas para ayudarlas y ayudarme?

Uno de los aspectos cruciales en momentos como los que vivimos es que la gente pueda apreciar que, aunque obviamente hay empleos y compañías que son más seguros que otros, este es un momento en el que realmente nos tenemos que ayudar entre nosotros.

Las personas que perdieron sus trabajos o están por perderlos necesitan ayuda y nosotros necesitamos ayudarlos, si podemos, porque a la larga todo el país, todo el mundo, sólo mejorará en la medida en que todos mejoremos.

Este no es el momento para ser egoístas ni egocéntricos, sino para pensar en que si todos estamos siendo afectados por la pandemia: ¿cómo nos podemos ayudar para enfrentarla?

Habla de imaginar, adaptarse y colaborar. Pero ¿de qué manera esas habilidades se ven afectadas en una época de autoaislamiento, distanciamiento social, confinamientos y mascarillas?

La paradoja es que entre más distantes estamos entre nosotros, más nos necesitamos.

Nos necesitamos para no perder la esperanza, para darnos inspiración e ideas y para mantenernos motivados.

Para miles de personas, trabajar desde casa se ha convertido en un desafío no sólo laboral sino social.

Cuando observo a mis hijos que son veinteañeros, me parece muy interesante ver cuánto tiempo invierten contactando a su amigos y colegas.

Quieren estar conectados para, por ejemplo, ayudarse en la búsqueda de empleo, para compartir información.

Al principio de la pandemia, una de las cosas que hice fue escribir una lista de las personas que quería asegurarme que llamaría cada una, dos semanas.

Personas que quizás viven solas, gente a la cual me siento muy cercana o que posiblemente necesitaban apoyo.

Inicialmente pensé que lo haría para ayudarlos a ellos pero la verdad es que cada vez que los llamo, cuando me cuentan que han hecho, eso también me ayuda y eso me hace sentir que no he perdido a mis amigos, a mis colegas.

He estado apoyando y sirviendo de mentora de un grupo de líderes del NHS (Servicio Nacional de Salud de Reino Unido).

Son personas que están muy ocupadas y que, por la forma en que están trabajando ahora, no necesariamente ven a sus colegas regularmente.

Una de ellas, por ejemplo, compartía la oficina con otra persona de un área diferente, pero ya no se ven porque están trabajando desde casa y me dijo: 'No la veo desde hace tres meses y era una persona con la que pasaba todo el día. Como no hacemos el mismo trabajo y no la veo, me di cuenta de que perdí mi conexión con ella'.

Después de nuestra conversación, la llamó y, posteriormente, me contó lo bien que se sintió porque fueron capaces de reconectarse por un deseo humano, para no sentirse aisladas, y no por algo laboral que tenían que hacer.

Creo que una de las dificultades de las personas que trabajan desde casa es que estarán conectadas con las personas que precisan por razones laborales pero con frecuencia se olvidarán de mantener la conexión con la que gente que necesitan, les gusta o que les importa.

Las relaciones laborales son muy motivadoras y les dan al trabajo mucha relevancia. Pero también creo que sacar tiempo para hacer lo innecesario se ha vuelto más importante que nunca.

Usted ha dicho que necesitamos menos habilidades tecnológicas y más "habilidades humanas desordenadas". ¿Cree que hemos sobrestimado la tecnología para resolver los problemas?

Sí y mucho porque pienso que se nos ha dicho que esperemos que la respuesta a todo está en la tecnología y considero que lo que estamos aprendiendo ahora mismo es que no es así.

La tecnología no predijo esta pandemia y no puede, porque las pandemias son intrínsicamente impredecibles.

La tecnología realmente no puede ayudarte con tus sentimientos, sólo acercándote a otros seres humanos te ayudará.

Nos puede ayudar a buscar trabajo pero no nos va a dar el optimismo y la energía que necesitamos (para perseguirlo y conseguirlo).

Cuanto más dependemos de ella para saber todo y conocer todo, menos creativos y habilidosos nos volvemos.

También creo que mucha tecnología que nos organiza nos dice qué hacer, cuándo, cuánto tiempo nos llevará. Todo eso nos ha hecho menos imaginativos, menos creativos.

"Ya va siendo hora de que la humanidad sea adulta y empiece a decidir qué cosas no puede hacer"

Depender de la tecnología para hacer muchas cosas nos puede ayudar logísticamente pero realmente no alimenta nuestras almas, nuestra creatividad, no le da sentido a las cosas que hacemos, sólo nos da información.

Y también, para algunas personas, da una sensación de seguridad.

Sí y es que nos hemos vuelto muy adictos a la certeza. Nos gusta pensar que sabemos todo lo que pasará y entre más nos acostumbramos a eso, considero que nos volvemos menos flexibles y menos adaptables cuando aparece lo inesperado.

Cuando lo inesperado llega no sabemos cómo manejarnos porque desde hace mucho tiempo que no hemos tenido que lidiar con algo así.

Me impresionan mucho las diferentes compañías con las que trabajo porque algunas de ellas están funcionando exactamente de la misma manera.

Con excepción de unas modificaciones, el plan de negocios es el mismo, la jerarquía es la misma, la estrategia es la misma. Tienen un sentimiento triste hacia ellas mismas. Hay una inmensa sensación de perdida por retrasarse en su plan: 'no podemos hacer lo que creíamos que haríamos'.

Otras, un segundo grupo de compañías, que cuando la pandemia golpeó dijeron: 'Ok, todo es diferente ahora. Vamos a empezar otra vez, vamos a comenzar desde un punto fresco: 'con todo lo que tenemos y sabemos, qué es lo mejor y lo más importante que nuestra compañía debería hacer ahora mismo'.

Estas compañías que son mucho más valientes e imaginativas tienen mucha energía porque están pensando en alcanzar un nuevo futuro y no tratando de quedarse en el pasado.

Y es que puede haber una respuesta positiva a la incertidumbre: 'ok, vamos a hacer algo nuevo'.

Se necesita más imaginación y creatividad para que la gente sienta más energía y solidaridad.

Usted ha dicho que los ejecutivos de Silicon Valley no sólo están amenazando nuestra diversidad económica y cultural sino que nos están llevando a tener una definición de vida limitada y empobrecida. ¿A qué se refiere? ¿Tiene alguna relación con lo que plantea sobre nuestro afán por la certidumbre?

Creo que con apps, dispositivos y software, Silicon Valley nos ha estado enseñando (por ejemplo): no salgas sin un mapa, no hagas nada que no puedas predecir, podemos anticipar cuánto tardarás desde el punto A al punto B.

Nos hemos vuelto muy dependientes de esta predictibilidad, como si nos asustara intentar hacer las cosas.

También nos hemos acostumbrado a saber todo antes de llevar a cabo una actividad. Es como un temor a hacer algo si no podemos ver la garantía de que habrá un resultado.

"Una de las locuras que se ha apoderado de Norteamérica y Europa es el pánico que les entra cuando las cosas van mal"

Pero ahora mismo, con la pandemia, la economía y el clima, estamos en un punto en el que no tenemos más tiempo para procurar pensar en cuál es 'el resultado perfecto predecible'.

Necesitamos usar nuestra imaginación para ver qué es lo mejor, intentarlo y aprender; intentarlo otra vez y aprender más y hacer eso a medida que avanzamos y no esperar hasta tener todo esquematizado en la teoría antes de tener la energía y el coraje para hacer cualquier cosa en la práctica.

¿Cómo podemos recuperar la fe en nuestras habilidades humanas cuando los dispositivos tecnológicos se han vuelto, en cierta forma, fundamentales en muchas de nuestras sociedades?

Considero que en nuestras vidas personales y laborales hay algo que es muy importante: hacer experimentos.

Es decir, en vez de esperar por el 'resultado perfecto predecible', intenta hacer las cosas y aprende de ese proceso y vuélvelo a hacer: intenta y aprende.

Hacer experimentos, tanto en el ámbito privado como en el trabajo, le da a la gente esperanza. Las personas sienten que están aprendiendo cosas, que son capaces de contribuir y eso cambia la forma cómo perciben su propio potencial y coraje.

Cuando empiezas a experimentar y a cambiar las cosas, redescubres que eres capaz de hacer cosas maravillosas y de causar un impacto real en tu comunidad, en tu ciudad o en tu país.

Pero si solo te sientas, piensas sobre eso y te quedas esperando, desarrollas lo que creo es una impotencia aprendida, en la que pierdes la capacidad de pensar y actuar por ti mismo.

Y si llegamos a ese punto, realmente estamos en problemas.

Tomando en cuenta el planteamiento de uno de sus libros ¿usted cree que estábamos "intencionalmente ciegos" y no vimos que una pandemia como esta podría pasar en cualquier momento?

Sí. Creo que es importante decir que es imposible predecir las epidemias en sí mismas porque cada una es diferente.

Sabes que habrán epidemias, siempre ocurren, pero no puedes predecir qué enfermedad emergerá, ni cuándo, ni dónde.

Pero en lo que definitivamente estábamos intencionalmente ciegos es frente al conocimiento de que una pandemia podía pasar aquí, en Europa, a nosotros, y en Estados Unidos.

Por ejemplo, sabemos que el gobierno de (Barack) Obama tenía un plan muy detallado de cómo responder a una pandemia, el cual desechó el gobierno de (Donald) Trump.

Se conoce que en Reino Unido se dejaron de comprar productos como equipos de protección individual (para trabajadores de la salud), respiradores, entre otros equipamientos, que sabíamos que necesitaríamos si una epidemia de coronavirus se desataba.

Sabíamos que estas cosas eran generalmente ciertas, pero pensamos que si iba a ocurrir (una epidemia) seríamos capaces de verla venir y de prepararnos y eso fue totalmente equivocado porque, de hecho, para cuando te das cuenta, ya es muy tarde.

Considero que tuvimos demasiada fe en nuestra habilidad para predecir; en nuestra eficiencia: 'si necesitamos ese equipamiento lo podremos conseguir rápido', y en nuestra habilidad para planear.

Y también creo que imaginamos, dadas las experiencias con SARS y MERS, que (un brote) se podía contener en Asia.

Creo que todo eso fue ceguera voluntaria y me parece muy interesante ver que países como Corea del Sur y Singapur, que tenían experiencia con SARS y MERS, estaban mejor preparados.

Ellos no tenían fe en que podían predecir (una epidemia), sabían que era algo incierto y que era mejor estar muy preparados que ser super eficientes.

Debido a esta crisis, desgraciadamente miles de personas en América Latina y en el mundo han muerto, otras están muy enfermas, otras han perdido sus empleos. ¿Qué manera de pensar nos puede ayudar en medio de esto?

Es una situación muy difícil porque estamos en medio de una crisis: la pandemia; en medio de una segunda crisis: la económica y en medio de una tercera, la climática.

Creo que lo que tenemos que hacer es pensar apuntando hacia el futuro y reflexionar: qué tipo de economía requiere el futuro y claramente será una economía verde.

Después de este shock no podemos pretender por más tiempo que la crisis climática no existe y no podemos seguir pensando que seguiremos construyendo la economía con los combustibles fósiles y con el tipo de consumo de recursos naturales que se ha dado en los últimos cien años.

"Si queremos evitar que los virus se transformen en pandemias debemos cambiar radicalmente nuestros patrones de consumo"

Es absolutamente perturbador saber que desde 1990 básicamente todo el exceso de emisiones de CO2 a la atmosfera ha sido generado en esos 30 años.

Nosotros, mi generación, nuestra generación, creamos esta crisis y somos la generación que la tenemos que arreglar.

Y la única manera que la podemos solucionar es reconocer que está aquí, hoy, y que necesitamos cambiar cada parte de nuestra economía para que sea verde.

En las nuevas tecnologías e industrias que surjan vamos a encontrar crecimiento económico, pero va a ser uno muy diferente y no podrá ser en torno a combustibles fósiles y a la explotación de recursos naturales no renovables.

¿Cuál ha sido, para usted, la principal lección que esta terrible pandemia está dejando?

La principal lección es que nos recuerda que la vida es incierta y que si esperamos por la certidumbre siempre llegaremos demasiado tarde.

Lo que tenemos que hacer es usar nuestras mejores capacidades al pensar, aprender e imaginar y actuar de antemano a la certeza.

Porque lo que pasa con el futuro es que es algo que nos pasa o que nosotros hacemos. Y creo que tenemos las habilidades intelectuales, sociales e imaginativas que necesitamos para hacer el futuro que queremos.

22 de agosto 2020

BBC News Mundo

https://www.bbc.com/mundo/noticias-53838731

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