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Opinión

Jesús Elorza G.

Muy preocupado llego el Ministro de la Defensa al Palacio de gobierno, para reunirse con su camarada presidente.​

¿Qué te pasa? le pregunto el Comandante en Jefe.​

Vengo de una reunión del Centro Estratégico de Seguridad y Protección a la Patria (CESPPA) en la cual se trató como punto único, las medidas para garantizar todos sus movimientos dentro y fuera del país.​

-Que bien. Supongo que allí están representadas todas las fuerzas de los países amigos.​

Si. Allí están todos. Pero, eso es lo que me motiva a conversar con usted sobre ese tema.​

-Soy todo oídos, camarada general.​

Bueno, el caso es que cada representante pretende eregirse como jefe operativo del Cesppa.

-No te entiendo, el jefe eres tú.​

Si, Yo lo se. Pero, el Comandante de la Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC) alega que el haber ayudado a resolver la crisis de la gasolina, enfrentando al imperialismo norteamericano, les da el suficiente aval para dirigir al centro estratégico.​

-Buen argumento.

Pero, los cubanos del G-2 se arrecharon y amenazaron con retirarse si los degradaban a ser segundones.​

-Cosa mas grande caballero, dijo nervioso el camarada presidente.​

La discusión se generalizó, continuo explicando el ministro, cuando el general turco que dirige la Brigada de comandos "Kayseri" que se encuentra en el país, reclamó para si el derecho a dirigir dicho centro señalando enfáticamente que son ellos los que han garantizado el comercio clandestino del oro venezolano.​

Igual camino siguieron los representantes del Ejercito Popular de Corea del Norte (INMIN GUN) y su grupo de Tropas Tácticas Especiales que enviaron para apoyarnos, mientras que los camaradas del Brazo Militar de la Milicia Chiita Hezbollah manifestaron su apoyo a los iraníes.​

-Que enredo, tan arrecho. Pero, no veo a los camaradas chinos o rusos diciendo nada.

Déjeme terminar, camarada presidente. Los generales que representan en el país a la fuerza militar especial rusa "SPETSNAZ" y a la Brigada "Espada Oriental" del Ejército Popular de Liberación chino solo se limitaron a expresar que no les llama la atención el cargo de dirigir el CESPPA, por cuanto ellos tienen el Poder de Veto que les otorga el hecho de ser representantes de las naciones mas poderosas.​

-Carajo esa reunión se parece la Asamblea de la ONU.

Bueno, déjeme decirle que mis compañeros de armas y promoción que están conmigo en el Ministerio de la Defensa, a manera de joda, ahora no me llaman ministro sino Secretario General.​

-Nervioso y preocupado, el camarada presidente solo se atrevió a balbucear ... ¿Y cómo terminó todo?​

Suspendí la reunión para venir a hablar con usted, camarada presidente.​

-¿Y tu que propones para resolver este peo?​

Camarada Presidente, dejémonos de vainas y convoquemos a elecciones presidenciales a ver que pasa. Si ganamos, que así será, la comunidad internacional y en particular los imperialistas gringos, tendrán que reconocernos y meterse su "invasión" en el c... y de esa manera se termina también el protagonismo egocentrista de las fuerzas militares que nos apoyan.​

¿Tú crees?

Claro que sí, camarada presidente. No tenemos pa’ pierde con nadie en unas elecciones presidenciales: el CNE está garantizado, las máquinas sigue operando “bien”, la oposición dividida en cuatro toletes, partidos intervenidos y solicitaremos observadores internacionales de Nicaragua, Cuba, Rusia, China, Turquía e Irán entre otros.​

¿Y si los resultados ....​?

Tranquilo camarada presidente, si los resultados no nos favorecen tenga la absoluta seguridad que el anuncio de la Presidenta de nuestro CNE le dirá al país y al mundo entero que nuestro triunfo es "Irreversible". ¡Con elecciones seguras la revolución perdura!

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Esta ha sido una semana intensa en términos de información sobre un posible cambio en la estrategia del gobierno de Trump frente a la situación venezolana. Arrancamos con el polémico libro de Bolton, ex asesor de seguridad de la Casa Blanca y su capítulo sobre Venezuela, donde habla de varias afirmaciones, supuestamente dichas por el presidente norteamericano, entre las que cabe señalar que sería cool ”invadir Venezuela" y que "ese país formaba realmente parte de Estados Unidos", así como su aparente decepción sobre el respaldo dado por su gobierno a Juan Guaidó. Esto fue analizado impecablemente por Michael Shifter, presidente del Inter American Dialogue, en su artículo del New York Times en el que concluye que es una demostración clara de lo errática de la política norteamericana sobre América Latina y específicamente sobre Venezuela.

Pero más allá de la referencia al libro de un Bolton “herido” o la nota publicada posteriormente sobre una entrevista realizada a Trump en la misma Casa Blanca, que podría estar condimentada por el debate electoral en EEUU, lo más interesante para mí es el tuit que publicó Trump a título de “aclaratoria” de todos estos temas, donde indicó: “sólo me reuniría con Maduro para discutir una salida pacífica del poder”.

Algunos interpretan que el mensaje se refiere específicamente a la negociación sobre “la salida inmediata de Maduro del poder” y otros, más bien a la negociación: “para discutir una salida pacífica a la crisis venezolana”. La verdad es que todo este conjunto de declaraciones parece indicar que la ausencia de resultados en la estrategia frente a Maduro se ha convertido en una papa caliente para todo el mundo.

No hay duda que Trump quiere la salida de Maduro del poder y ha trabajado duro para lograrla. Ese no es el debate en cuestión, sino la incapacidad de lograrlo efectivamente por la vía unidireccional de las sanciones y aislamiento, que parten de las premisas prepotentes de su posición de dominio y de información errada y sesgada suministrada por sus aliados locales, la oposción institucional, que ha pensado siempre que exagerar la debilidad de Maduro les permite obtener mayores apoyos internacionales. El tiempo, sin logros, deteriora la posición de los más radicales y el liderazgo opositor no sólo pierde conectores con la población sino con los aliados internacionales. En medio de la campaña electoral, Trump tiene que presentar algún resultado sobre el tema (especialmente para el público latino). ¿Qué podría pasar? Difícilmente la administración Trump abandonará a Guaidó explicitamente, pues como dicen en el llano, no es tan fácil cambiar el caballo en la mitad del río. Pero si parece dispuesto a buscar opciones de negociación. No se trata de reconocer a Maduro ni abandonar la lucha por el cambio, ni flexibilizar sanciones.

Pero es evidente que EEUU está dándole más fuerza a la posibilidad de una negociación política. Trump habla hoy de la posibilidad de discutir una salida pacífica del poder. Obvio su objetivo es una salida de Maduro. Su planteamiento no cambia el objetivo final pero si podría introducir una nueva metodología. La posibilidad que Trump abre es una negociación con Maduro, que plantee formas para rescatar pacíficamente la democracia en Venezuela, incluso con procesos de transición no abruptos ni excluyentes y que podría concretarse en una reunión entre mandatarios. Esto no significa que vaya a ocurrir o ser exitoso, pero si hay presiones para acelerar los intentos de negociación, partiendo del hecho concreto que las elecciones americanas son en noviembre y los números de Trump necesitan refuerzo.

luisvleon@gmail.com

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El valse de las cacerolas en 1992 le anunció a Carlos Andrés Pérez, CAP, que su final llegaba y a sus enemigos políticos, notables y conspiradores, que llegaba el momento de pasar la factura. En menos de un año, con una bien orquestada campaña dejaba CAP la presidencia y comenzaba nuestro declive fatal que a la larga nos llevó a las manos de Chávez/Maduro.

Si había razones válidas o no para eso, no es motivo de esta reflexión, sino resaltar que eso fue solo el interludio de lo que hoy padecemos, la confirmación del deterioro en el que había caído nuestra democracia. No teníamos entonces una clara idea de lo débiles que eran nuestras instituciones democráticas. Cuando Rafael Caldera, con la benevolencia de los que conspiraron contra CAP y apoyado por el “chiripero”, llegó a la presidencia derrotando a los partidos políticos, estos no leyeron el mensaje implícito de que una debacle se les aproximaba. Luego vendría Hugo Chávez Frías a concluir la tarea. Derrotó electoralmente a los partidos y, más importante aún, los derrotó en el corazón y la mente del pueblo.

Después, con un sinuoso programa, en menos de un año acabó con el Congreso, la Corte Suprema, el CNE, el Sistema de Justicia, dividió a los empresarios, arremetió contra los medios de comunicación y la Iglesia Católica, logró una nueva Constitución y hubiera acabado con los sindicatos y la CTV, si estos no cierran filas con Fedepetrol y se le oponen. Durante los años iniciales, y los siguientes, fue un enemigo débil e insospechado el que se le opuso: la sociedad civil organizada, y que a partir de la participación en el proceso que llevó a la Constitución de 1999 y del tema educativo, comenzó a levantar cabeza, ganar la calle y mostrar que había un camino incierto y más largo de lo que se esperaba y se deseaba, pero camino al fin, con una débil luz al final que aún persiste.

El chavismo-madurismo contó y cuenta con mucha fuerza, el poder armado y los recursos del estado y quienes nos les oponemos por momentos parecemos un collar de abalorios, escasos, dispersos, poco integrados y sin recursos. De allí que surja angustiosa la pregunta: ¿A quién acudimos?, ¿Quién nos va ayudar?, y la respuesta es muy simple: Nadie. Al menos, quienes hoy nos apoyan en la comunidad internacional, no irán mucho más allá de lo que han hecho hasta ahora: reconocernos, establecer sanciones personales y al régimen venezolano, etc., que es bastante de todas maneras; pero ahora, debemos estar conscientes que, aunque quisieran hacer más, tienen bastante con sus propios problemas, unos, y sus campañas electorales, otros.

Además de muchas otras consideraciones, este régimen es un gobierno ineficiente y malo, que nos condujo a un desastre económico sin precedentes; más grave aún, que burló las esperanzas del pueblo en la política, como mecanismo para lograr sus reivindicaciones. Pero lo más lamentable, es que no ha estado solo en esa tarea, desde la oposición lo hemos estado ayudando al ser incapaces de producir una alternativa creíble. Tuvimos éxitos parciales y locales; pero fue la rutilante victoria en las elecciones parlamentarias de 2015, lo que nos llevó a creer que la solución estaba a la vuelta de la esquina, porque hicimos grandes marchas, porque las encuestas nos decían y nos dicen sin duda de la caída de popularidad del régimen o porque hemos logrado el innegable reconocimiento y apoyo de la comunidad internacional.

Pero todo eso no se ha convertido en la agitación política necesaria, en la calle, por barrios y urbanizaciones, en los campos, en liceos y universidades, por todo el país, que ponga a dudar al régimen y sus obsecuentes instituciones y ponga a pensar a sus seguidores que a lo mejor ha llegado el momento de saltar la talanquera, unirse a nosotros y producir el necesario quiebre del bloque hegemónico que se mantiene en el poder.

Si lo que de verdad queremos es una salida institucional, todo lo que está ocurriendo no logra convertirse en esa agitación política necesaria, porque no hay ninguna organización política con credibilidad detrás de todo eso, con un programa y con un nítido planteamiento que alineen al país detrás suyo. Esa es una tarea que corresponde a los partidos políticos, pero muchos de ellos, por lo que se ve, están y han estado en un proceso interno de reestructuración “lampedusiana”, cambiando para mostrarnos los mismos rostros y que todo quede igual.

Convencidos mentalmente de que al proceso le falta y de que la caída del régimen no está próxima y no se va a producir por buenos deseos, por aburrimiento, por resultados de encuestas o por magia, creo que son tres los frentes que debemos acometer simultáneamente:

- uno, las relaciones internacionales, que no debemos descuidar, sobre todo porque al parecer no vamos a contar con una Asamblea Nacional ni un gobierno interino al que la comunidad internacional pueda respaldar;

- dos, la sociedad civil, que puede apoyar el cambio pero entendiendo que por diseño estructural no está para la conquista del poder –si el salto final modernizador, hacia la plena democratización se produce por el auge de la sociedad civil, seríamos el único caso en la historia de la humanidad–; y

- tres, los partidos políticos, hoy acosados y que son el centro de esta reflexión, pues el restablecimiento de la democracia pasa más bien por el auge de las organizaciones políticas y el fortalecimiento de las instituciones.

Tras esta nueva arremetida del régimen, en contra de los principales partidos democráticos opositores, el momento de los partidos está llegando; nos toca apoyarlos y defenderlos una vez más, como la base organizativa que son del sistema democrático; pero ello implica que se den cuenta que para lograrlo hay que demostrar, de verdad, un nuevo rostro. Demostrar que de verdad hay un profundo examen de los errores cometidos, una rectificación de los vicios y componendas del pasado; una apreciación crítica de ese pasado que los lleve a reconocerse en él, a aceptar sus orígenes, pero no dar necesariamente por bueno su presente.

De lo que se trata entonces es de romper de una vez con el concepto que tenemos de partido político y nos lancemos sin temor en la búsqueda de uno nuevo. No pensemos, en esta era de innegables avances tecnológicos y de las comunicaciones, que las únicas formas de organizarse políticamente son las que hemos conocido hasta ahora, basadas en los grandes partidos poli clasistas y de masas, organizados bajo las ideas leninistas de centralismo democrático y bajo la concepción de “correas de transmisión”, expresiones organizativas de una conciencia y una ideología elaboradas por “intelectuales” alienados, como dirían los leninistas trasnochados, o “cuadros de vanguardia”, que nos pueden conducir a un nuevo fracaso.

En un próximo artículo, me referiré a una serie de principios generales para que los partidos políticos aprovechen este acoso al que están sometidos y la defensa que en la sociedad civil debemos emprender para ayudarlos y fortalecerlos, para transformarse, para modernizarse, para cambiar.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/ =

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Carlos Raúl Hernández

Las semidictaduras, semidemocracias o neodictaduras son nuevas realidades en este siglo y sobre ellas ya existe nutrida bibliografía especializada. Pese a vivir en una, varios sectores políticos locales parece que no pueden o no quieren entender su naturaleza. Un hito de las neodictaduras es el proceso de regresión democrática vivido por Rusia, luego del fin de Yeltsin y el arranque de Vladimir Putin. En la ex Unión Soviética se desmantela el capitalismo de Estado por su implosión, sustituido por el “capitalismo de partido” o más bien “capitalismo de amigos”.

Dijimos que hay una inmensa bibliografía, entre ella los trabajos de Masha Gessen, Lee Myers, Carlos Taibo, Peter Pomerantzev y muchísimos otros. Este último escribe “Rusia… una especie de dictadura posmodena que utiliza el lenguaje y las instituciones del capitalismo democrático…”, lo que nos recuerda lo pasado en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua y otras. El socialismo del siglo XXI fue parte de ese experimento que conservaba y conserva, adulterado, parte del aparataje democrático.

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Hasta ahora ha resultado un reto muy superior a la capacidad de políticos medianos, que no logran desentrañar la naturaleza del monstruo y mucho menos combatirlo con éxito. La esquizofrenia de los gobiernos los confunde, y denuncian como dictadura lo que no lo es, pero le exigen que se comporte como democracia, lo que tampoco es. No desentrañan que son sistemas electorales semicompetitivos, parlamentos apuntados con pistola y poderes judiciales anexados.

Pero el error, que nunca cometería un revolucionario o una inteligencia normal, es abandonar espacios necesarios para defender la ciudadanía desamparada, y tienden al “gran rechazo” marcusiano, el “gran asco”, por lo que los políticos se refugian en actividades simbólicas, inoperantes o contraproducentes. Los gobiernos iliberales violentan el sistema constitucional y las libertades públicas, afincándose cuando les conviene en las masas democráticas, lo que Nolte llama “etapa plebeya del autoritarismo”.

Diez años no es nada
A comienzos de siglo la oposición iraní renovadora derrota a los conservadores y gana la presidencia de la república, pero la despluman en las parlamentarias porque el consejo electoral rechaza masivamente sus candidatos, y en vez de sustituirlos, se retiran del proceso como princesas ofendidas. Las semidemocracias debilitan la separación de poderes, el Estado Constitucional y los derechos políticos, utilizando el apoyo popular en etapas de euforia. Pueden convocar figuras monstruosas como las constituyentes, para elaborar trajes a la medida de los autócratas o presionar o comprar al Poder Judicial para sus fines.

Es un autoritarismo complejo, porque sus ductores aprendieron la debilidad política y comunicacional de la dictadura y se han basado más bien en lenguaje y simbología hiperdemocráticas. Estos nuevos regímenes-engendros los crean caudillos que ascienden al poder por medios electorales gracias a la complicidad de las élites en democracias defendidas por mastuerzos políticos. En Bolivia, cuando ya la ciudadanía comenzaba a verle las costuras a Morales y sus hombres perdían elecciones descentralizadas en varias provincias, ocurrió lo siguiente.

Al entonces jefe de la oposición, Jorge “Tuto” Quiroga se le ocurrió llamar a un referéndum revocatorio, con lo que abortó el desengaño que crecía desde abajo. Se volvió a polarizar el electorado y eso le permitió a Morales hacer una campaña redentorista, racista y que explotaba “la maldad” de los grupos sociales acomodados. Hubo que esperar más de una década para que se ahorcara con su propio cinturón y la astracanada de Quiroga le costó 10 años a Bolivia.

El narcorégimen
Aquí repetimos casi exactamente esa experiencia en 2016-17, cuando la oposición desestimó las elecciones regionales y se embarcó en la nave de los locos del RR, contra el más elemental sentido político o instinto de conservación. La oposición hubiera ganado 20 gobernaciones, luego 300 alcaldías y Maduro hubiera acudido a la elección de 2018 acorralado territorialmente. Daniel Ortega pudo reelegirse contra la ley y luego eternizarse, porque el ex presidente Arnoldo Alemán, jefe del Partido Liberal, una de las fuerzas del orden, le completó los votos en el tribunal supremo para que lo autorizara a lanzarse de candidato.

Y luego la expresidenta Violeta Chamorro se empeñó en apoyar la candidatura de su propio yerno, quien no tenía posibilidades ni ridículas, pero dividió la votación y ganó Ortega. En Venezuela los mismos ingenuos creen hacer un gran aporte a “la transición” con llamar al gobierno “narcodictadura”, “tiranía”, “régimen”, u otros aserrines. Hilariza que los mensajes para hacer oposición se circunscriben a “denunciar” corrupción, incompetencias, desarreglos y atropello.

No puede faltar el precio inalcanzable de la cebolla o el cilantro, como si nadie lo supiera. 92% rechaza al gobierno pero los cabecillas opositores machacan lo que todo el mundo sabe, para ocultar la terrible incapacidad demostrada en trazar caminos efectivos porque lo que se les ocurre es infantil y banal. Debieran informarles que todo sistema económico social tiene un régimen político, que puede ser democrático o autoritario, por lo que llamar régimen al gobierno o gobierno al régimen vale concha de ajo.

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/74168/la-nave-de-los-locos

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Nouriel Roubini

Las protestas masivas luego del asesinato de George Floyd a manos de un oficial de policía de Minneapolis tienen que ver con el racismo sistémico y la brutalidad policial en Estados Unidos, pero van mucho más allá. Quienes han tomado las calles en más de 100 ciudades norteamericanas encarnan una crítica más amplia del presidente Donald Trump y de lo que representa. Una enorme subclase de norteamericanos cada vez más endeudados y socialmente inmóviles –afronorteamericanos, latinos y, cada vez más, blancos- se está revelando contra un sistema que le ha fallado.

Este fenómeno no se limita a Estados Unidos, por supuesto. Sólo en 2019, manifestaciones masivas sacudieron a Bolivia, Chile, Colombia, Francia, Hong Kong, India, Irán, Irak, Líbano, Malasia y Pakistán, entre otros países. Si bien cada uno de estos episodios tuvo disparadores diferentes, todos reflejaron una indignación por el malestar económico, la corrupción y una falta de oportunidades económicas.

Los mismos factores ayudan a explicar el creciente apoyo electoral de líderes populistas y autoritarios en los últimos años. Después de la crisis financiera de 2008, muchas empresas intentaron aumentar las ganancias recortando costos, empezando por la mano de obra. En lugar de contratar trabajadores con contratos de empleo formales y buenos salarios y beneficios, las empresas adoptaron un modelo basado en trabajo a tiempo parcial, por hora, por encargo, sin relación de dependencia y por contrato, creando lo que el economista Guy Standing llama un “precariado”. Dentro de este grupo, explica, “las divisiones internas han hecho que se considere villanos a los migrantes y otros grupos vulnerables, y algunos son susceptibles a los peligros del extremismo político”.

El precariado es la versión contemporánea del proletariado de Karl Marx: una nueva clase de trabajadores marginados e inseguros que son propensos a la radicalización y a la movilización contra la plutocracia (o lo que Marx llamaba la burguesía). Esta clase está creciendo nuevamente, ahora que las corporaciones sumamente apalancadas responden a la crisis del COVID-19 como lo hicieron después de 2008: aceptando rescates y logrando sus objetivos de ganancias mediante una reducción drástica de los costos laborales.

Un segmento del precariado comprende a conservadores religiosos blancos, más jóvenes y menos educados, en ciudades pequeñas y áreas semi-rurales, que votaron por Trump en 2016. Esperaban, en realidad, que él hiciera algo contra la “carnicería” económica que describió en su discurso inaugural. Pero mientras que Trump hizo campaña como un populista, ha gobernado como un plutócrata, recortando impuestos para los ricos, fustigando a los trabajadores y a los sindicatos, minando la Ley de Atención Médica Asequible (Obamacare) y favoreciendo políticas que afectaron a muchos de los que lo votaron.

Antes de que el COVID-19 o inclusive Trump entraran en escena, unos 80.000 norteamericanos se morían cada año por sobredosis de drogas, y muchos más eran víctimas del suicidio, la depresión, el alcoholismo, la obesidad y otras enfermedades relacionadas con el estilo de vida. Como demuestran los economistas Anne Case y Angus Deaton en su libro Deaths of Despair and the Future of Capitalism, estas patologías han afectado cada vez más a personas blancas desesperadas, menos cualificadas, desempleadas o subempleadas –un grupo en el que la mortalidad en la mediana edad ha venido creciendo.

Pero el precariado norteamericano también incluye a progresistas seculares urbanos y con educación universitaria que, en los últimos años, se han movilizado detrás de políticos de izquierda como los senadores Bernie Sanders de Vermont y Elizabeth Warren de Massachusetts. Este grupo es el que ha tomado las calles en reclamo no sólo de justicia social sino de oportunidad económica (de hecho, las dos cuestiones están íntimamente relacionadas).

Esto no debería sorprender, si consideramos que la desigualdad de ingresos y de riqueza ha venido creciendo desde hace décadas, debido a muchos factores que incluyen la globalización, el comercio, la migración, la automatización, el debilitamiento de la mano de obra organizada, el crecimiento de mercados donde todo se lo lleva el vencedor y la discriminación racial. Un sistema educativo racial y socialmente segregado alimenta el mito de la meritocracia mientras que consolida la posición de las elites, cuyos hijos consistentemente ganan acceso a las mejores instituciones académicas y luego pasan a ocupar los mejores puestos (normalmente casándose entre sí en el camino, y reproduciendo así las condiciones de las cuales ellos mismos se beneficiaron).

Estas tendencias, mientras tanto, han generado circuitos de retroalimentación política a través del lobby, el financiamiento de campañas y otras formas de influencia, afianzando aún más un régimen impositivo y regulatorio que beneficia a los ricos. Ya no sorprende que, como dijo sarcásticamente Warren Buffett, la tasa impositiva marginal de su secretaria es más alta que la suya.

O, como decía recientemente un titular satírico de The Onion: “Manifestantes criticados por saquear negocios sin formar antes una empresa de capital privado”. Los plutócratas como Trump y sus compinches han venido saqueando a Estados Unidos por décadas, utilizando herramientas financieras de alta tecnología, lagunas en las leyes tributarias y de quiebra y otros métodos para extraer riqueza e ingresos de la clase media y la clase trabajadora. Bajo estas circunstancias, la indignación que los comentaristas de Fox News han venido expresando por unos pocos casos de saqueos en Nueva York y otras ciudades representa el ápice de la hipocresía moral.

No es ningún secreto que lo que es bueno para Wall Street es malo para la gente común, razón por la cual los principales índices del mercado accionario han alcanzado nuevos picos en tanto la clase media ha sido devastada y ha caído en una desesperación más profunda. Considerando que el 10% más rico es dueño del 84% de todas las acciones, y que el 75% más pobre no es dueño de nada, un mercado bursátil en alza no hace absolutamente nada por la riqueza de las dos terceras partes de los norteamericanos.

Como demuestra el economista Thomas Philippon en The Great Reversal, la concentración de poder oligopólico en manos de las principales corporaciones de Estados Unidos exacerba aún más la desigualdad y margina a los ciudadanos comunes. Unos pocos unicornios afortunados (empresas nuevas valuadas en 1.000 millones de dólares o más) dirigidos por unos pocos veinteañeros afortunados no cambiarán el hecho de que la mayoría de los norteamericanos jóvenes, cada vez más, llevan vidas precarias haciendo trabajos ocasionales sin ningún porvenir.

Sin duda, el Sueño Americano siempre fue más aspiración que realidad. La movilidad económica, social e intergeneracional nunca ha estado a la altura de lo que el mito del hombre o la mujer que se hizo de abajo nos llevaría a esperar. Pero ahora que la movilidad social está declinando en tanto aumenta la desigualdad, los jóvenes de hoy tienen razón de estar enojados.

El nuevo proletariado –el precariado- hoy se está revelando. Para parafrasear a Marx y a Friedrich Engels en El manifiesto comunista: “Dejemos que las clases plutócratas tiemblen ante una revolución del precariado. Los precariados no tienen nada que perder más que sus cadenas. Tienen un mundo por ganar. ¡Trabajadores precariados de todos los países, únanse!”

24 de junio 2020

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/main-street-manifesto-for-c...

 5 min


Daniel Eskibel

El consultor político Isaac Hernández me entrevistó en su podcast Políticast.

El diálogo fue a fines de abril de 2020 y hablamos de psicología política, de comunicación y de marketing político en tiempos de Coronavirus. Pero además me preguntó por temas más personales y así fue que surgieron mis raíces vascas, el ajedrez, los libros y el cine (entre otros asuntos).

A continuación, un resumen de lo conceptualmente más importante de la entrevista:

¿En qué proyecto te encuentras trabajando ahora?

En este momento estoy trabajando en una campaña presidencial, en la comunicación para un par de empresas y próximo a cerrar acuerdos para una campaña legislativa y otra a Gobernador. Es complejo lo que está pasando en este tiempo porque mi trabajo habitualmente implicaba estar una vez por mes en el país de mis clientes, haciendo allí trabajo presencial durante 4 o 5 días. Pero con la pandemia he tenido que reformularlo todo y desplazar el trabajo íntegramente hacia herramientas de comunicación a distancia como por ejemplo Zoom para reuniones virtuales, Signal para conversaciones confidenciales, Telegram para mensajes rápidos y Protonmail para correos encriptados.

Estas herramientas al final resultan más eficaces y nos permiten a todos optimizar recursos, tanto a mí como a mis clientes. Inclusive en las reuniones virtuales se aprovecha más y mejor el tiempo que en las reuniones presenciales, y además los clientes evitan todos los gastos de transporte aéreo, hoteles y estadías.

Por otra parte también estoy tratando de leer y estudiar mucho porque todo esto que está pasando es un enorme desafío para la comunicación política, las campañas electorales y el marketing político. Además de para nuestro trabajo como consultores, claro.

¿Por dónde deberían los partidos políticos empezar a aplicar la psicología?

Si los partidos y las campañas no conocen la psicología del votante están regalando un terreno que alguien va a ocupar. Ahí tiene que haber un lugar para estudiar las razones y las sinrazones del voto, para profundizar en el conocimiento de los votantes, para posicionar un liderazgo.

Todos los caminos de la política conducen a la mente humana. Todo lo que se hace y se dice en materia política y electoral termina siendo procesado por la mente de los votantes. Y es entonces allí, en la mente humana, donde hay que instalar el mensaje y el liderazgo.

En estos tiempos de pandemia, y en la también dura etapa que vendrá después, la psicología será un arma vital para los partidos políticos. Sin ella no van a poder comprender el nuevo y en cierto modo extraño escenario político que se abre. Y sin esa comprensión fallarán desde la raíz tanto la estrategia como la comunicación. Ya sabes: si eso falla, pues entonces no hay votos.

¿Crees que va a cambiar mucho la comunicación política debido al Coronavirus?

Sin duda que sí. Todavía no sé exactamente hacia dónde, pero estamos descubriendo cosas, cambiando hábitos y todo esto va a ser una gran sacudida para la comunicación política y también para la estrategia.

Estamos en una etapa de grandes transformaciones desde la revolución científico-técnica que se aceleró en los años ochenta del siglo pasado. Hemos quemado etapas a toda velocidad: ordenadores personales en todos los lugares de trabajo y en todas las casas, conexión generalizada a internet, desarrollo de todo el ecosistema de la web, internet en la palma de la mano a través de los móviles, mensajería instantánea, internet de las cosas, redes sociales y nuevos modos de aprendizaje y de relacionamiento.

Hasta comenzado este 2020 no sabíamos realmente cómo manejar toda esta revolución de un modo razonable y productivo. En su conjunto, como especie humana, todavía no encontrábamos el mejor rumbo. Por eso veíamos todavía procedimientos de comunicación de la Edad de Piedra junto con campañas tradicionales ancladas en un pasado históricamente reciente, con campañas novedosas pero poco eficaces y asimismo con campañas nuevas pero efectivas y potentes.

Estábamos en medio de todo eso cuando comenzó a caer el Coronavirus. Todavía no teníamos las mejores respuestas cuando de golpe nos cambiaron todas las preguntas. Y en eso estamos.

¿Qué consejos le darías a los políticos para trabajar mejor su comunicación?

Un manual breve de consejos rápidos iniciales podría ser el siguiente:

Tener siempre muy claro a qué público se va a dirigir. Porque el mensaje es el mismo pero hay que modularlo para que cada público realmente lo pueda asimilar.

Concentrarse en los problemas principales que tiene ese público. Eso es lo que hará que esas personas sientan que vale la pena escuchar a ese político.

Autenticidad. Es necesario que cada cual sea fiel a sí mismo, a su personalidad. No hay nada peor que alguien tratando de ser quien no es.

Comunicar con hechos, con acciones. La trayectoria, la biografía y lo que se hace ante cada situación son de una enorme potencia comunicativa.

Contar historias. Las cifras y los datos sirven de poco si no forman parte de una buena narrativa.

Emocionar. La política nunca fue un frío torneo dialéctico. Ahora menos que nunca. Ahora hay muertos, hay enfermos, hay dolor, hay sufrimiento, hay miedo, hay temor a la enfermedad y angustia ante los problemas económicos. El que no conecte con ese universo emocional quedará fuera de juego.

Mantener un talante abierto, tranquilo, democrático. Mi hipótesis es que en el punto álgido de la crisis a la gente no le importan tanto las diferencias políticas sino que se concentra en sus problemas y en sus miedos, en que se resuelvan y se alivien.

Tener en cuenta que los discursos para diferenciarse son menos efectivos en los momentos más duros de la pandemia. Los tiempos de diferenciación y de confrontación son posteriores, al llegar el momento del balance.

Prepararse para lo que viene. Y lo que viene es una crisis económica de magnitudes no vistas por nuestra generación. Será sobre eso, sobre la economía personal y familiar, la gran demanda popular hacia los políticos.

https://maquiaveloyfreud.com/coronavirus-psicologia-centro-politica/

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El lunes pasado, 22 de junio se conmemoró en el calendario de la Iglesia Católica el día de Santo Tomás Moro, “patrono de los estadistas y de los políticos”.

En esta hora de tanto desprestigio de la actividad política en Venezuela y en el mundo entero es bueno recordar la figura de un político admirable y venerable como lo fue Tomás Moro.

Moro nació en Londres en 1478 y murió en la misma ciudad en 1535, víctima de una sentencia de muerte producida por su lealtad a los principios y por la consecuencia con sus convicciones religiosas.

Nos dejó varias lecciones. En primer lugar, el estudio. Un estadista, un político no puede pretender ejercer ese elevado apostolado sin hacer un esfuerzo por su formación y por su preparación. Tomás Moro fue un abogado, filósofo, autor de obras fundamentales como Utopía en donde desarrolla en una isla imaginaria sus ideas acerca de lo que debía ser un sistema político ideal.

Fue amigo muy cercano, consejero y canciller del Rey Enrique VIII. Pero entendió que por encima de la amistad y de los cargos, honores y privilegios que puede deparar la vida pública está la defensa de los principios y de las convicciones.

Tomás Moro se opuso a la reforma protestante que estaba en boga en su tiempo y se opuso también a la separación que promovía su amigo y protector Enrique VIII de la nación inglesa de la Iglesia Católica. Se negó a reconocer la pretensión del rey de proclamarse como Jefe de la Iglesia en Inglaterra, desconociendo la autoridad del Papa y se negó a consentir en la anulación del matrimonio del rey con su esposa Catalina de Aragón.

Enrique VIII pretendió que Tomás Moro prestara juramento de supremacía, como se llamó al reconocimiento del rey como cabeza de la Iglesia en Inglaterra, y éste se negó a conciencia de que con esa negativa estaba arriesgando su propia vida. En efecto, fue condenado por traición y ejecutado.

En el momento de su ejecución se le escuchó decir: “Muero como un leal servidor del rey, pero primero de Dios”.

El papa Pío XI lo canonizó en 1935 como mártir de la iglesia y el papa Juan Pablo II lo declaró Santo Patrono de los estadistas y de los políticos.

Tomás Moro creyó que la política era una forma excelsa de la caridad, es decir, del amor al prójimo. Y así la practicó. Ojalá el ejemplo de Tomás Moro nos de muchos políticos sabios y santos.

Seguiremos conversando.

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https://www.noticierodigital.com/2020/06/tomas-moro/

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