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Opinión

Antonio Di Giampaolo

PLAGAS, PESTES Y PANDEMIAS (83)

El Libro del Éxodo en el Antiguo Testamento relata que los egipcios sufrieron una decena de penurias y calamidades a causa de la negativa de El Faraón de liberar a los hebreos que mantenía como esclavos. Jehová ordenó a Moisés rescatar a su pueblo diseminando plagas para que su voluntad se cumpliera. Es así como, en esencia, surge la creencia que las pestes y enfermedades que han azotado a la humanidad son pues un castigo divino por desatender la voluntad de Dios o contradecir sus designios, por lo que los sacerdotes, hechiceros, brujos y curanderos además de elevar oraciones y realizar rituales, recomendaban curas y pócimas para contrarrestar los padecimientos. Durante la “Peste Bubónica” aunque existía la práctica de aislar a los enfermos la cuarentena comenzó a aplicarse de manera extendida a los tripulantes y pasajeros de las embarcaciones para evitar que pudieran contagiar a los pobladores de las ciudades portuarias.

La emergencia sanitaria global desatada por la Covid-19 ha impactado a la humanidad y el mundo globalizado parece haberse detenido en el tiempo a consecuencia de un conjunto de medidas preventivas que han influido para desacelerar su velocidad de reproducción, aunque las estadísticas apuntan, en el corto plazo, hacía ocho millones de contagiados y el saldo de quinientas mil personas muertas. Numerosos virus y bacterias frente a los cuales en la actualidad se dispone de antivirales y antibióticos fueron la causa de cientos de millones de millones de muertes en el trascurso de la historia mundial. Existen métodos de contención de los agentes patógenos del sarampión, rubéola, parotiditis, tuberculosis, difteria, tétano e influenza, entre otros mediante los sistemas generales de vacunación.

Se dispone de amplia documentación sobre eventos, prolongados en el tiempo, durante los cuales la gente moría de manera intempestiva a consecuencia de dolencias y enfermedades sobre los que la ciencia y la tecnología han permitido establecer el origen y la naturaleza de las mismas. La más remota de las nociones data de una influenza que desoló a Babilonia en 1200 a C. En la Antigua Grecia la llamada Peste de Atenas asedió, en dos oleadas entre 430 a C y 425 a C, a los pobladores de la cuna de la civilización. También los dominios del gigantesco Imperio Romano fueron diezmados por la “Plaga de Galeno” entre los años 165 y 180 d C. En la Edad Media la más mortífera de las epidemias fue la “Peste Negra”. En el siglo XIX el cólera y en el siglo XX la mal llamada “Gripe Española” impactaron notablemente a la humanidad. También repercutieron en el siglo pasado las infecciones entre otras infecciones la Gripe Porcina, y los virus del Ébola y de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

En las dos décadas del presente siglo además de la pandemia de COVID-19 hay que apuntar la incidencia de SAR-CoV, la gripe aviar, la influenza tipo A (H1N1) y el virus del Zika en Latinoamérica. La adopción de medidas de higiene y la difusión de normas de aislamiento y de distanciamiento social han incidido sobre la tasa de contagio. Las cuarentenas si bien han limitado la agresiva reproducción del nuevo coronavirus también han provocado una severa recesión en la economía y afectado la cotidianidad de la gente. La humanidad aguarda al desarrollo de una vacuna que permita lograr la inmunidad mientras la administración de tratamientos experimentales incide en la mitigación de las dolencias y de los severos cuadros clínicos de quienes padecen la enfermedad.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CrónicasDeCuarentena (83)

LA CUARENTENA DIFERENTE (82)

En Venezuela ha sido prorrogado nuevamente el decreto de Estado de Alarma, motivado a la emergencia sanitaria a propósito de la pandemia, hasta la segunda semana del mes de julio. A raíz del esquema de cuarentena intermitente identificada como 7+7 y consistente en una semana de flexibilización y otra de confinamiento han surgido dudas sobre la manera endógena de combatir el nuevo coronavirus en Venezuela. Los expertos se refieren a cuarentenas intermitentes, flexibles, dinámicas o inteligentes cuando los confinamientos no son totales o generales, sino parciales, focalizados o alternativos con la finalidad de disminuir la tasa de reproducción del agente patógeno sin suprimir radicalmente la cadena de contagio. Las estadísticas locales, reportadas a la OMS apuntan a cerca de tres mil contagios y 24 personas fallecidas.

Por ejemplo, basta ver el funcionamiento del Metro, observar las abarrotadas unidades del deficiente transporte público en el interior de la nación o la concentración de gente en torno a las estaciones de gasolina, los habituales llenaderos de agua, los escasos centros de distribución de gas doméstico o los emblemáticos mercados populares para comprender que el distanciamiento social es inexistente y el uso de la mascarilla en sitios públicos es cada vez menos frecuente. Salvo en las zonas fronterizas donde rige el toque de queda y existen limitaciones sobre ciertas actividades esenciales el resto del país vive una muy particular “nueva normalidad”.

Al nuevo coronavirus se le señala de ser un agente patógeno especialmente agresivo. Incluso se ha hablado, sin ningún basamento científico, de una cepa distinta. Por estas calles la pandemia ha adquirido una connotación política. Somos de los pocos países que tiene un esquema intermitente de cuarentena y la única nación cuyos casos de reproducción comunitaria o de infección local son inferiores a los denominados contagios importados o de origen exterior. Algunos podrían inferir, como es natural que ello se debe al retorno de compatriotas por los pasos fronterizos, pero otros estiman que la vigilancia epidemiológica impuesta en los llamados cordones sanitarios es inexistente en el resto del país y que pruebas masivas de diagnóstico no son determinantes ni concluyentes para evaluar el curso de la pandemia en el resto de la población.

La disposición oficial incluye un conjunto de actividades y sectores, todavía incipiente de la vida nacional y de la cotidianidad de la gente. La medida se extiende además de las agencias bancarias a otras actividades de servicio y establecimientos de atención al público, y a la operatividad de Centros Comerciales con las restricciones horarias y acogiendo las recomendaciones de higiene y prevención estipuladas en la normativa. Si bien el modelo implementado permitirá mecanismos de rotación de personal en algunos procesos productivos y representa un alivio para el funcionamiento de algunas actividades comerciales al mismo tiempo supone interrupciones periódicas de las labores. Aunque en la fase actual se incorporaron los registros y notarías, todavía no hay noticias sobre la eventual reapertura de oficinas públicas como el SAIME o las dependencias de los órganos del Poder Judicial.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CronicasDeCuarentena (82)

 5 min


Se está presentando con fuerza la discusión política de opciones para que la oposición defina su estrategia con relación a la vía para salir de la crisis del país y este régimen de oprobio. Claramente se perfilan dos opciones, que no son nuevas; una es la vía que implica un proceso de negociación que desemboque en un proceso electoral; y la segunda es la conformación de una coalición internacional que despliegue una Operación de Paz y Estabilización en Venezuela. Para decirlo en dos platos: una vía electoral y una intervención militar.

Sobre lo electoral, no voy a argumentar más de lo mucho que ya he argumentado; iré de lleno sobre las objeciones. No se me escapa considerar que las condiciones actuales, en lo interno, la fuerza interna de la oposición, no son las mismas que en 2015, cuando se ganaron los 2/3 de la AN; aparte de otras consideraciones –migración, desmotivación, liderazgo débil y unipersonal y otras– hoy nuestra fortaleza es más precaria, a pesar del mayor apoyo internacional, y es mayor el riesgo de que el fraude sea mayor y nuevamente sea imposible “ejercer” el resultado electoral y que la AN pueda asumir cabalmente y cumplir su papel, como no lo pudo hacer, en 2015. Pero tampoco se me escapa que la electoral sigue siendo la alternativa más factible, a la que es posible incorporar a la gran mayoría de los venezolanos y es la única opción en la que hemos logrado éxitos importantes y prueba de ello es que es la opción que más teme y combate el régimen.

La otra opción, que edulcora la intervención militar, es la propuesta de una “coalición internacional” que intervenga en Venezuela, formulada por Maria Corina Machado (MCM) –que denominaré Propuesta Machado– y que tiene algún tiempo sobre el tapete; incluso ya el 11 de mayo de este año fue presentada en la página Web de su organización, pero fue concretada con mayor precisión en un artículo firmado por la misma dirigente, aparecido en el diario español El Mundo, el 8 de junio de este año y que denominó: Venezuela: El desafío ineludible para Occidente, y que esta semana ha recorrido un buen camino en redes sociales y grupos de WhatsApp.

La Propuesta Machado ha sido respaldada por el presidente de GANA, Enrique Aristeguieta Gramcko, en una carta dirigida al presidente Juan Guaidó, reseñada el 12 de mayo en el Noticiero Digital y publicada el 10 de junio en El Bogotano. También ha sido aclarada, explicada y apoyada por otros voceros y analistas, entre ellos Carlos Blanco, (El desafío ineludible, El Nacional, junio 10, 2020) y se resume en una Operación de Paz y Estabilidad (OPE), mediante la conformación de una fuerza internacional, a través de una coalición de aliados para rescatar las instituciones e imponer el orden y otras tareas que se enumeran en la Propuesta.

Considero que la exposición de la Propuesta Machado sobre la situación del país es magistral y la comparto; el análisis crítico que hace de las alterativas que se han desplegado en Venezuela en estos 22 años, aunque es bastante completo, ya no lo comparto tanto; y obviamente la propuesta final, no la comparto en absoluto.

Al margen de los temas éticos, morales, de principios o valores – que no consideraré–, en cuanto a la vía violenta o pacífica para resolver la compleja crisis en Venezuela, no creo que ni MCM, ni Aristeguieta Gramcko, ni Carlos Blanco, sean ingenuos y no se hayan paseado por el análisis de si esa propuesta tiene alguna factibilidad, después de que los principales países que podrían llevarla adelante –los EEUU, Brasil, Colombia, Canadá, Argentina, Chile, Perú, entre otros– han dicho claramente que se oponen a la conformación de una fuerza militar internacional o a cualquier intervención externa, que vaya más allá de las sanciones contra personas o empresas del estado. Tampoco veo valida la invocación de algo tan abstracto como el Derecho a Proteger (R2P), ni al TIAR, pues incluso se han realizado dos reuniones en la OEA en el marco de este acuerdo en 2019 –la última el 3 de diciembre– que han rechazado esa propuesta; y en este año, febrero de 2020, hay una declaración expresa y una propuesta de los EEUU sobre la salida que ellos proponen para Venezuela, que coincide con los expresado hace más de un año ya, por la UE y lo dicho en enero 2020 por la AN y Juan Guaidó.

Descartando entonces la ingenuidad y una intención demagógica, como algunos sostienen, ¿Qué mueve a MCM a formular una propuesta, que depende de la decisión de un tercero y cuyas probabilidades que se realice parecen nulas? No me queda sino pensar que lo que busca la Propuesta Machado es “diferenciarse” para un mejor posicionamiento en el cuadro opositor. Algunas personas durante los últimos años, han venido manteniendo posiciones –que algunos denominan “radicales” y otros “valientes”– porque son “populares”, para mantenerse en el candelero como “líderes”. No digo que ese sea el objetivo de MCM con su propuesta, pero en todo caso, ese es ya un objetivo logrado.

Algunos analistas y periodistas ya hablan de tres fracciones opositoras y las consideran en “pie de igualdad” –cosa que dista mucho de ser cierta, a tenor de encuestas y resultados electorales–; las tres fracciones son una encabezada por MCM; dos, la encabezada por Henry Falcón y los integrantes de la Mesa de Diálogo, o “mesita” de diálogo y tres, la encabezada por la AN, Juan Guaidó y los partidos del llamado G4, que son más de 4. Ese es entones, como dije, ya un logro de la Propuesta Machado; pero lo que también logrará esa propuesta –en mi opinión– es generar falsas expectativas y confundir más a una población opositora, de por sí ya bastante decepcionada y confundida.

Así como hay serias dudas con respecto a la vía electoral, surgen varias dudas con relación a la Propuesta Machado. Comentaré solo algunas.

No obstante, que lo del carácter militar de esa fuerza es explicado por Carlos Blanco, al señalar que sería: “…sin tropas extranjeras de infantería dentro de Venezuela. Las tareas militares internas les corresponderán a los tenientes, capitanes, mayores, comandantes, coroneles, soldados venezolanos que están dentro y fuera del país”. (¿remembranzas de “la planta insolente del extranjero…” de Cipriano Castro?) Pero, sí la fuerza que interviene no es militar, entonces no será una fuerza comparable a la del régimen y puedo sino preguntar –sin ningún dejo de ironía– ¿Cómo se logra “sin tropas extranjeras…”, de manera teledirigida y desde el exterior, que se consolide “una fuerza superior a la que controla el país”?

Siendo inevitable entonces la intervención militar en algún momento del proceso, ¿Cómo nos garantizamos que esos militares, extranjeros o nacionales, estén dispuestos a deponer las armas y entregar el poder a los civiles? Otras preguntas son: ¿Es válido buscar al vecino mayor para que se "agarre" por nosotros? ¿Estará dispuesto el vecino? ¿Qué pedirá a cambio? ¿Estaremos preparados para pagar el precio que pida?

La Propuesta Machado, como decía un amigo en una discusión reciente, parte de dos falacias: una, haber intentado las vías de negociación y electoral y al no haber sido exitosas –cosa discutible–, están agotadas; y dos, que asume que como somos incompetentes para manejar nuestro país, debemos llamar a otros para que vengan a hacerlo.

Creo que la discusión entre las dos vías debe plantearse en términos de la factibilidad de desarrollar una política de incorporación de la población a la lucha por la democracia y no en términos de la mayor eficacia –teórica– de una u otra vía. La vía electoral, con sus deficiencias, al menos es algo que podemos decidir localmente; la vía de una intervención externa, no depende de nuestra decisión, ni su convocatoria, ni su desarrollo, ni sus resultados.

Por último –y este es un punto muy álgido–, está la discusión sobre la compatibilidad de ambas opciones o la posibilidad de integrar a quienes las promueven en una sola. Desde luego creo que teóricamente es posible pensar en una intervención externa que después conduzca a un proceso electoral; y otros dirán que, logrado un triunfo electoral contundente, si es arrebatado –y precisamente por eso– será posible considerar que se abran otras vías. Todo es pensable; pero no creo que los actores que promueven ambas vías, especialmente la OPE, estén dispuestos a ceder, para buscar esa integración.

Como dice otro amigo, lo que pasa es que la oposición –la que representan la AN, el G4 y Juan Guaidó– le teme más a lo que opinen las “redes sociales” que al propio régimen, pero creo que estamos ya en el punto en el cual cada quien en la oposición debe seguir sus propias propuestas, sin empeñarse en una “unidad” que no tiene un asidero firme, al menos en este momento. Es necesario sortear o superar esta hondonada en la que nos hemos metido y continuar camino con aquellos que podamos hacerlo juntos; y con los que no se pueda, que continúen cada quien el suyo, haciendo lo que les sea posible.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 7 min


En esta misma columna, el 18 04 2019 propuse que, así como las izquierdas latinoamericanas han conformado y mantenido el llamado Foro de Sao Paulo, las derechas de estos países deberían conformar una coordinadora que les oriente, apoye y financie como lo hace el foro de izquierda.

Los acontecimientos en Estados Unidos alrededor del absurdo y aborrecible asesinato de George Floyd en manos de la policía de Minnesota obligan a ampliar el reto. No se trata solamente de Latinoamérica sino de toda América, Europa y otras partes del mundo en donde aparece un tipo de protesta que, teniendo una base popular, como el caso de Floyd, tienen poco de espontáneas y mucho de organizadas por una mano invisible pero efectiva que no necesariamente busca reivindicar a un agraviado, como Floyd y su familia, sino que va mucho más allá, buscando subvertir el orden y llegar al poder.

A este tipo de protesta la podemos llamar “Protestas Políticas”, las cuales, aunque tengan su origen en alguna molestia social, se caracterizan porque no son espontáneas ni momentáneas, sino que son sostenidas en el tiempo, ocurren en múltiples ciudades o países simultáneamente, reclaman la misma causa, tienen los mismos slogans (“Black Lives Matter” o BLM) y algunas manejan violencia con método (no casual). Esa violencia viene de cuadros organizados minoritarios quienes la inducen en contra del gobierno o de agentes provocadores del gobierno para promover la violencia y hacer perder legitimidad a quienes protestan.

Otras protestas, que podemos llamar “Protestas Sociales”, se caracterizan por ser espontáneas, reclaman múltiples causas(falta de agua, de electricidad, el asesinato de alguien por el hampa o la misma policía, etc.), buscan reivindicar a los afectados, son temporales o de corta duración y son locales, es decir, que el tema que se protesta en una ciudad en un momento en el tiempo no coincide con el tema ni el tiempo de otras protestas que pueden estar ocurriendo en la misma ciudad o país.

En Venezuela se observan los dos tipos de protestas. Por una parte, hay decenas de protestas sociales al día reclamando el deterioro de las condiciones de vida que sufre la mayoría.En países cuyos gobiernos tengan una vena democrática, estas protestas tienden a que el gobierno responda y solucione la exigencia popular, y “fin de la historia.” En cambio, en países cuyos gobiernos no tenga una vena democrática, estas protestas tienden a servir de catarsis y terminan agotando a quienes protestan, más que lograr las reivindicaciones exigidas ni, mucho menos, un cambio de gobierno. Volverán a protestar y volverá a “no pasar nada.” Por otra parte, las protestas políticas en Venezuela siguen el patrón de las que ocurren y se están acentuando a nivel mundial: son protestas sostenidas en el tiempo, simultáneas en varias ciudades o países, se basan en la misma causa, repiten los mismos slogans y están asociadas a la violencia sistemática. Ejemplos de estas protestas políticas en Venezuela son los saqueos de febrero de 1989 cuando subió el precio de la gasolina; protestas que fueron promovidas y movilizadas por el Partido Comunista de Venezuela y Bandera Roja, según el informe oficial que le presentó el General Ítalo del Valle Alliegro, entonces ministro de la Defensa, al presidente Carlos Andrés Pérez. Otros ejemplos, más recientes, fueron las protestas sostenidas por tres o cuatro meses por la oposición venezolana en 2014 y 2017. El caso curioso de las protestas en Venezuela fue el del 11 de abril de 2002, protesta de origen netamente social, espontánea, promovida por decenas de organizaciones civiles, comunales, no por partidos, y que duró tres días y, así y todo, logró la renuncia de Hugo Chávez. Sin embargo, precisamente, la falta de hilo u organización político-partidista y de otras élites no permitió capitalizar el logro de dicha renuncia.

Los acontecimientos en los Estados Unidos alrededor de la muerte de Floyd muestran un claro patrón de Protesta Política con un alto nivel de organización, dentro de ese país, así como en muchos otros países del mundo. En particular, se destaca su simultaneidad y las mismas consignas en varios países. En el caso norteamericano se destacan los mismos métodos de saqueos para subvertir el orden: pequeños cuadros de agitadores armados con mandarrias y patas de cabra, que se movilizan en motos o vehículos pequeños,abren las tiendas e incitan al saqueo, y así siguen hacia otros locales. Los métodos de saqueo que vemos hoy por TV sobre el caso norteamericano son los mismos métodos empleados en Venezuela en febrero de 1989. Las protestas contra el gobierno de Sebastián Piñera en Chile en 2019 movilizadas por el Partido Comunista de Chile y otros movimientos siguen este mismo patrón. Ídem, las protestas en Francia contra el gobierno de Emmanuel Macrón, las cuales fueron iniciadas por los Gilets Jaunes por el aumento del precio de los combustibles al sector agrícola, pero fueron infiltradas y secuestradas por cuadros de la ultraizquierda interesados en llevar al país al caos para forzar la renuncia de Macrón; casi lo logran. Lo que ocurre en Estados Unidos actualmente tiene el mismo fin: el caos que fuerce al gobierno a renunciar o que deje severamente debilitada la posibilidad de reelección de Donald Trump. Y, si ganase Joe Binden, luego buscarían las causas para movilizarse en su contra porque el objetivo final es cambiar el grupo que gobierna, por uno nacido dentro de las izquierdas mundiales, y acabar con el capitalismo.

Estas manifestaciones de esa forma no digna ni democrática de ese tipo de izquierda, ojo, que no todas son así, tienen también su contrapartida en defender lo propio a como dé lugar: la defensa de Hugo Chávez, de Nicolás Maduro, de Manuel Zelaya en Honduras, de Evo Morales en Bolivia, de los Castro en Cuba, de Daniel Ortega en Nicaragua, entre otros. Todos estos casos muestran que existe una organización mundial de izquierda, con diversas manifestaciones y tonalidades, como pueden ser el Foro de Sao Paulo, Attac en Francia, Antifa en Estados Unidos, etc.

Frente a un enemigo declarado de las democracias pluralistas y de las libertades individuales, llama la atención que los partidos y gobiernos democráticos no tengan una coordinadora que los asesore y financie. Así, se ve poca coordinación entre los gobiernos de centro derecha que han surgido en medio de los fracasos de los gobiernos de izquierda. Entre lo poco que coinciden es en sustituir a Nicolás Maduro en el poder. Sería conveniente que estos movimientos crearan su propio think tank y fuente de financiamiento porque el contrario es poderoso, como lo reconoció Jair Bolsonaro, quien, después de su elección dijo: “No será fácil gobernar frente a esta maquinaria tan poderosa, a la que le desaparece una cabeza por un lado y le surge otra por otro.”

@joseagilyepes

https://www.analitica.com/opinion/y-el-foro-democratico/

 5 min


Analítica.com

A medida que su demanda petrolera crecía y su producción doméstica caía, los EEUU enfrentaron cada vez más una mayor dependencia con respecto al petróleo importado y una creciente impotencia frente a las condiciones que imponía la OPEP y las recurrentes crisis del Medio Oriente que interrumpían el suministro. Para colmo Venezuela, que llegó a ser su más importante y seguro abastecedor, cayó en manos de un líder autocrático que proclamaba: “¡Ni un barril más de petróleo para los EEUU!”.

La tecnología vino al rescate de la nación norteña. El renacer energético de Estados Unidos le debe mucho al texano George Mitchell. Se le considera el pionero en el desarrollo del fracking. Consiste en inyectar agua, reactivos químicos y arena, logrando vía presión hidráulica fracturar la roca madre (shale oil), que así libera el gas y el petróleo atrapados en sus poros, que con otros métodos no pueden ser extraídos.

Gracias a ello EEUU ha pasado a ser el mayor productor mundial de petróleo, superando a Arabia Saudita y Rusia, y logrando incrementos de producción de más de un millón de barriles diarios cada año. El impacto en los mercados ha sido enorme y la teoría del “peak oil” que planteaba el agotamiento de las reservas de petróleo ha caído en desuso.

Las mayores limitaciones que presentaba el “fracking” eran su alto costo y su impacto ambiental pero, a medida que se ha venido desarrollando esta tecnología, ambos problemas se han reducido sensiblemente.

Pero hablemos de Venezuela. Estamos sumidos en una crisis multidimensional, inducida por la acción humana de unos dirigentes corruptos e ineptos que se decían socialistas pero que en la práctica destruyeron y saquearon al país. Hoy en día la economía venezolana colapsó.

Siendo un país altamente dependiente del petróleo, la industria petrolera también ha sido devastada. Más grave aún, no tenemos ningún otro sector de nuestra economía que pueda por ahora reemplazarlo y aportar los recursos que se requerirán para salvar a Venezuela de esta inmensa tragedia.

Por eso, la recuperación del país pasa por la reactivación de su industria petrolera, en el entendido de que esta será cualitativamente diferente. Son tan altas las inversiones que se necesitarán que es evidente que el Estado, que está quebrado, ya no está en condiciones de aportarlas. Por ello, necesariamente tendremos que recurrir a la inversión privada. Será precisamente el efecto multiplicador de esas inversiones -y las que vengan a todos los demás sectores de la economía- el verdadero motor capaz de desatar el potencial de crecimiento del país.

En un esfuerzo por devolverle la vitalidad a nuestra industria petrolera, llegó la hora de pensar en una reserva no convencional de hidrocarburos que yace bajo la Cuenca Hidrográfica del Lago de Maracaibo. La mayoría del petróleo presente en esa rica cuenca fue originalmente generado en una formación del cretáceo tardío que se extiende por casi todo el occidente de Venezuela conocida como La Luna, roca madre por excelencia donde abunda el petróleo de lutitas (shale oil).

Los hidrocarburos se forman por la transformación térmica de la materia orgánica en la roca madre donde, por la acción de altas temperaturas y presiones, se generan el petróleo y el gas. Pero en la roca misma, esos hidrocarburos son difíciles de extraer porque no fluyen por estar atrapados entre sus poros.

Tal como ocurrió con los EEUU, el renacer energético de Venezuela podría verse estimulado por el petróleo y el gas de lutitas (shale oil) que pueda existir en esa roca madre, reservas a las cuales por primera vez podríamos tener acceso gracias al fracking desarrollado por George Mitchell. Mediante esa tecnología se podrían fracturar las lutitas petrolíferas presentes en La Luna y así liberar el petróleo y el gas atrapado en los poros de esa formación.

José Toro Hardy. Editor adjunto de Analitica

https://www.analitica.com/el-editorial/la-luna-roca-madre-en-la-cuenca-d...

 3 min


Nosotros estamos como aquel chiste de Jaimito en el que está jugando con dos perritos y su tía se le acerca y le comenta:

—Qué lindos perritos, Jaimito, ¿de qué raza son?

—¡Uno es dálmata!

—¿Y el otro?

—También.

—Ah, ¿y son machos?

—Uno sí.

—¿Y el otro?

—También.

La tía, ya un poco molesta, le pregunta de nuevo:

—¿Se portan bien?

—Uno sí.

—¿Y el otro?

—También.

—Pero bueno, Jaimito, ¿por qué siempre me respondes uno sí y luego el otro también en lugar de decirme los dos?

—Ah, es que uno es mío.

—¿Y el otro?

—¡También!

Frente a las adversidades que enfrentamos nosotros estamos como este chiste:

Venezuela es el país con las mayores reservas de crudo del planeta, su industria petrolera fue de las primeras del mundo. Si nos llega gasolina importada de Irán es indicio inequívoco de que estamos bastante mal…

  • ¿Y si no nos llega?
  • También.
  • Si no hay control de las autoridades, la venta de gasolina en dólares será el nuevo Cadivi…
  • ¿Y si hay control?
  • También.
  • En esta pandemia del covid 19, con la infraestructura hospitalaria colapsada y en ruinas, si aumentan los casos del coronavirus en Venezuela tendríamos una situación sanitaria muy complicada…
  • ¿Y si no aumentan?
  • También.
  • Para los venezolanos que han emigrado a los países vecinos, la crisis del coronavirus ha supuesto desprecio y maltrato…
  • ¿Y para los que regresan?
  • También.
  • Frente a un régimen arbitrario como el que tenemos, sin apego ninguno a la institucionalidad democrática ni al ordenamiento constitucional, si no interviene la fuerza armada, será muy difícil lograr volver a la democracia…
  • ¿Y si interviene?
  • También.
  • Si no establecemos un diálogo con el oficialismo que permita unos acuerdos básicos para sacar al país de la crisis, seguiremos empeorando…
  • ¿Y si lo establecemos?
  • También.
  • Por último: si no participamos en las elecciones parlamentarias, la oposición –que es mayoría– perderá el control de la Asamblea Nacional…
  • ¿Y si participamos?
  • También.
  • Cómo haremos para salir de este círculo infernal, porque este régimen sí que nos ha complicado la vida…
  • ¿Y la oposición?
  • ¡También!

https://www.elnacional.com/opinion/como-el-chiste-de-jaimito/

 1 min


Joseph E. Stiglitz y Hamid Rashid

Ante la crisis de la COVID‑19, gobiernos de todo el mundo están dando una vigorosa respuesta fiscal y monetaria combinada que ya llegó al 10% del PIB global. Pero según la última evaluación general del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, es posible que estas medidas no estimulen el consumo y la inversión tanto como esperan las autoridades.

El problema es que una porción significativa del dinero se está canalizando directamente a la formación de colchones de capital, en un proceso de aumento de balances precautorios. La situación es análoga a la «trampa de liquidez» que tanto preocupó a John Maynard Keynes durante la Gran Depresión.

La implementación de las medidas de estímulo actuales para contener las consecuencias económicas de la pandemia se ejecutó con comprensible prisa, casi con pánico. No fue una estrategia selectiva ni precisa, pero muchos analistas dirán que era la única opción posible: sin una inyección masiva de liquidez de emergencia, podían esperarse numerosas quiebras, pérdidas de capital organizacional y un camino todavía más difícil hacia la recuperación.

Pero ya es evidente que la pandemia durará mucho más que algunas semanas, como se suponía cuando se aprobaron estas medidas de emergencia. De modo que se necesita una evaluación más cuidadosa de todos estos programas, con la mirada puesta en el largo plazo. En períodos de gran incertidumbre, es común que haya un aumento del ahorro precautorio, ya que particulares y empresas se aferran al efectivo por temor a lo que vendrá.

La crisis actual no es una excepción. La angustia por el futuro y la reducción general de las oportunidades de gasto hacen probable que buena parte del dinero entregado a familias y empresas termine ocioso depositado en cuentas bancarias, y que los bancos no puedan otorgar nuevos préstamos con el excedente de liquidez por falta de destinatarios solventes dispuestos a endeudarse.

No sorprende que entre febrero y abril los excedentes de reservas en las instituciones de depósito estadounidenses se hayan casi duplicado, desde 1,5 billones de dólares hasta 2,9 billones. En comparación, durante la Gran Recesión los excedentes bancarios apenas llegaron a un billón de dólares. Este enorme aumento de las reservas bancarias hace pensar que las políticas de estímulo implementadas hasta ahora han tenido poco efecto multiplicador. Es evidente que el crédito bancario por sí solo no nos sacará de este atasco económico.

Para colmo de males, el exceso actual de liquidez puede conllevar un alto costo social. Además de las inquietudes habituales relacionadas con la deuda y la inflación, hay también buenos motivos para temer que el exceso de efectivo en los bancos se canalice a la especulación financiera. Las bolsas ya exhiben grandes oscilaciones diarias; esta volatilidad puede, a su vez, perpetuar el clima de incertidumbre, lo que estimulará todavía más conductas precautorias y desalentará el consumo y la inversión que se necesitan para motorizar la recuperación.

En este caso, no sólo habrá una trampa de liquidez, sino también una paradoja de liquidez: un enorme aumento de la oferta de moneda, con escasez de oportunidades para su uso por parte de familias y empresas. Medidas de estímulo bien diseñadas pueden ayudar cuando la COVID‑19 esté bajo control. Pero mientras la pandemia siga haciendo estragos, no puede haber regreso a la normalidad.

De modo que por ahora la clave está en reducir el riesgo y aumentar los incentivos al gasto. Mientras las empresas teman que de aquí a seis meses o a un año la situación económica siga siendo desfavorable, pospondrán la inversión y al hacerlo demorarán la recuperación. El único que puede romper este círculo vicioso es el Estado. Los gobiernos deben hacerse cargo de los riesgos actuales, ofreciendo a las empresas compensación en caso de que transcurrido cierto lapso la economía todavía no se haya recuperado.

Para hacerlo, ya existe un modelo: los «títulos contingentes de Arrow‑Debreu» (por los premios Nobel de Economía Kenneth Arrow y Gérard Debreu), instrumentos cuya ejecución estaría supeditada a condiciones predeterminadas. Algunos ejemplos pueden ser: que a una familia que compre un auto hoy, el Estado le garantice la suspensión de los pagos mensuales si dentro de seis meses la curva de la epidemia se mantiene en cierto punto; préstamos e hipotecas atados a los ingresos para alentar la compra de diversos bienes duraderos (incluida la vivienda); y disposiciones similares para inversiones reales de las empresas.

Los gobiernos también deben analizar la emisión de vales de gasto para estimular el consumo privado. Ya ocurre en China, donde unos cincuenta municipios han comenzado a emitir cupones digitales que pueden usarse para comprar diversos bienes y servicios dentro de un plazo determinado. La fecha de caducidad los convierte en poderosos estimulantes del consumo y de la demanda agregada en el corto plazo, cuando más necesarios son.

Como es probable que la pandemia dure mucho más de lo que se pensó al principio, se necesitará todavía más estímulo. Por ejemplo, aunque Estados Unidos ya gastó más de tres billones de dólares en diversas formas de asistencia, si no se implementan más medidas (y, esperemos, mejor diseñadas), ese dinero sólo habrá prolongado unos pocos meses la vida de muchas empresas, en vez de salvarlas realmente.

Una idea que funcionó en varios países es ayudar a las empresas a pagar salarios y afrontar otros costos, en proporción a los ingresos perdidos, con la condición de que no despidan trabajadores. En Estados Unidos, la legisladora Pramila Jayapal, integrante de la Cámara de Representantes por el estado de Washington, propuso una ley de estas características, lo mismo que diversos senadores.

Los programas de estímulo mal diseñados no sólo son ineficaces, sino que pueden ser peligrosos. Políticas erradas pueden aumentar la desigualdad, sembrar la inestabilidad y debilitar el apoyo político a los gobiernos justo cuando se lo necesita para evitar que la economía caiga en una recesión prolongada. Felizmente hay alternativas, pero todavía no es seguro que los gobiernos las adopten.

8 de junio 2020

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/stimulus-policies-must-bene...

 4 min


Alastair Campbell

Toda mi vida he sido simpatizante del Partido Laborista, pero incluso cuando escribía sobre Margaret Thatcher como periodista, aunque no estuviese de acuerdo con gran parte de lo que ella hacía, no me avergonzaba cuando oía que se referían a ella como primera ministra británica.

Hoy en día, a la edad de 63 años, me siento avergonzado y ridículo mientras el mundo contempla la catástrofe nacional en la que Boris Johnson ha convertido la crisis de la covid-19.

Hasta hace poco, me identificaba a mí mismo como británico (por mi pasaporte), escocés (por mi ascendencia y mi corazón), europeo (por mi geopolítica), de Yorkshire (donde nací) y de Londres (la ciudad donde vivo). El Brexit puso a prueba este orden de sentimientos; la covid-19 y su gestión por parte del Gobierno de Johnson lo han destruido. No tengo nada en común con quienes dirigen nuestro país. Son la vergüenza de Gran Bretaña, y me repugnan.

Hace muchos años que conozco a Boris Johnson, desde que los dos trabajábamos como periodistas, él para el Daily Telegraph y la revista Spectator, ambos de derechas, y yo para el izquierdista Daily Mirror. Más tarde, siendo yo portavoz de Toni Blair, Johnson se presentaba en algunas de mis sesiones informativas para resoplar, hacer chistes, no tomar notas nunca y defender historias inventadas por él, como los planes de Bruselas para presionar para que los preservativos fuesen de talla única, o prohibir las patatas fritas con sabores y los plátanos curvos. Johnson alcanzó la fama a base de hacer el ridículo, y ha seguido con el mismo numerito hasta llegar a la cima. Un bufón se ha convertido en el líder del país y está consiguiendo que seamos el hazmerreír del mundo.

La covid ha puesto de manifiesto lo inadecuado que es Johnson para un puesto importante. No se tomó en serio la crisis cuando esta se abatió sobre el mundo; hizo caso omiso de los expertos, presumiendo de que él estrechaba la mano a pacientes infectados; presionó para que continuasen los principales acontecimientos deportivos a pesar de que otros países vecinos habían decretado el confinamiento; no fue capaz de proporcionar equipos de protección a quienes estaban en primera línea; incumplió una promesa tras otra de que se haría la prueba de la enfermedad a todo aquel que la necesitase; pensó, al igual que con el Brexit, que bastaba con unos cuantos eslóganes: aplanemos el sombrero… mandemos el virus a freír espárragos... rematemos el Brexit.

Sus discursos falsamente churchilianos han creado la confusión que pretendían resolver. Entretanto, él ha permanecido escondido, apenas se le vio incluso antes de caer enfermo, y desde entonces solo ha asomado realmente para defender a su asesor Dominic Cummings, que se saltó las reglas de la cuarentena sin recibir más sanción que el menosprecio de los millones de personas que se quedaron en casa dos meses, tal como se les había indicado.

Hace tiempo que sabemos que Johnson es un mentiroso. Lo que la crisis ha puesto de relieve es que también es un incompetente en serie. Ahora estamos en los primeros puestos de la liga de la muerte al lado de Estados Unidos, Rusia y Brasil, y Johnson, Donald Trump, Vladímir Putin y Bolsonaro han sido bautizados por Der Spiegel como "los cuatro líderes del mundo infectado".

Johnson llegó a la cúspide de su partido convenciendo a sus compañeros de que era un ganador capaz de atraer a gente que otros tories serían incapaces de atraer, y efectivamente, ha ganado, y mucho. Llegó a ser alcalde de Londres, una ciudad que había sido laborista de toda la vida; luego ganó el referéndum del Brexit, contra todo pronóstico; se hizo con el liderazgo conservador, consiguiendo incluso el apoyo de diputados que afirmaban que sabían que iba a ser un desastre; y triunfó en las elecciones generales. Sin embargo, las cualidades que lo han llevado hasta ahí ‒un respeto relativo a la verdad, la capacidad de tomarse a broma los escándalos y la habilidad para convertir asuntos complejos en escuetos eslóganes‒ son exactamente lo contrario de lo que se necesita en estos momentos.

Al comienzo de la crisis, cuando intentaba concederle el beneficio de la duda, envié una nota a los ministros y los funcionarios públicos, en principio a petición de estos, y publiqué una versión de la misma en el Evening Standard. En ella exponía la estrategia que debería adoptar el Gobierno, basándome en parte en lo que aprendimos de lo que hicimos bien y lo que hicimos mal durante la crisis de los años de Blair.

1. Diseñar, poner en práctica y explicar una estrategia clara.

2. Dar muestras de un liderazgo fuerte, claro y coherente.

3. Organizar desde el centro del Gobierno.

4. Emplear todos los recursos a disposición.

5. Utilizar bien a los expertos.

6. Desplegar un equipo fuerte.

7. Hacer que los grandes momentos cuenten.

8. Tener a tu lado a la opinión pública.

9. Mostrar empatía verdadera por las personas afectadas por la crisis.

10. Dar esperanza, pero no falsa.

No es una exageración decir que la nota de Johnson es de cero sobre 10. No ha habido, y sigue sin haber, una estrategia clara. Se ha pasado bruscamente de ignorar el problema a la inmunidad de grupo, el confinamiento parcial y, ahora, a la relajación en contra del criterio científico. El confinamiento empezaba a romperse justo cuando Johnson insistía en que por fin podíamos ver a un par de personas que no conviviesen con nosotros siempre que mantuviésemos la distancia física y estuviésemos al aire libre. La mayoría no le escuchaba, dado que las playas y los parques ya estaban abarrotados.

El liderazgo brilló por su ausencia incluso antes de que Johnson cayese enfermo, y desde su vuelta, el primer ministro ha estado más centrado en salvar a Dominic Cummings que en salvar al país de la covid-19. El centro, roto en pedazos por la austeridad y la presencia exclusiva de fieles del Brexit en el Ejecutivo, ha quedado debilitado. El equipo es penosamente endeble. No se acude a los expertos en busca de asesoramiento, sino para que proporcionen una tapadera política. Los grandes momentos han quedado desvirtuados por los mensajes contradictorios. En cuanto a la empatía, los ministros muestran poca preocupación por los muertos y el luto más allá del automático “nuestros pensamientos y nuestras oraciones están con ellos” pronunciado día tras día en las sesiones informativas, que se han convertido en una clase magistral de comunicación nefasta.

Johnson llegó al poder haciéndose pasar por el amigo del pueblo contra una mítica élite, lo cual era un engaño en toda regla, teniendo en cuenta que él procede de Eton y la Universidad de Oxford. El escándalo de Cummings y la confirmación de que esta camarilla se considera gente que hace las reglas para los demás, pero no se siente obligada a respetarlas ella misma, ha dejado definitivamente en evidencia el mito del pueblo contra la élite, y ha destapado a Johnson como lo que algunos siempre hemos sabido que era: un charlatán totalmente impropio para un cargo de alto nivel, y no digamos para el más alto del país.

Cuando se echa un vistazo al mundo, resulta interesante ver cuántos líderes cuya nota se acerca más a 10 que a cero son mujeres: Angela Merkel en Alemania; Tsai-ing Wen en Taiwán; Erna Solberg en Noruega; Mette Frederikson en Dinamarca; y Jacinda Adern en Nueva Zelanda, la cual, en mi opinión, ha tenido la mejor estrategia de comunicación en toda la crisis. Cuando anunció el confinamiento en una fase muy temprana, afirmó: "Nueva Zelanda tiene solo 102 casos, pero Italia tuvo los mismos en algún momento". El país ha vuelto ahora prácticamente a la normalidad, y solo 22 neozelandeses han muerto de covid-19.

Hubo un momento en el que pensamos que España podría ser el país con la tasa de mortalidad más alta de Europa. Noche tras noche veíamos en la pantalla del televisor escenas de familias llorando a sus muertos y médicos sobrecargados de trabajo, y con nuestra arrogancia británica dábamos por hecho que en Gran Bretaña no podía pasar nada tan malo. Pues ha pasado, y peor. Los 27.133 muertos de España equivalen más o menos a la capacidad del estadio de fútbol de Valladolid. Nuestro exceso de muertes ya se eleva a las más de 60.000 personas que caben en el Benito Villamarín de Sevilla, y en Inglaterra, solo Old Trafford, el estado del Manchester United, es lo suficientemente grande para que quepan nuestras víctimas de la covid-19.

Para ver quién lo ha hecho mal, basta mirar los números: Estados Unidos, Reino Unido, Rusia y Brasil. ¿Y qué más tienen en común Johnson, Donald Trump, Vladímir Putin y Jair Bolsonaro, los "cuatro líderes del mundo infectado", como les llamó la revista alemana? Que son nacionalistas, populistas y mentirosos. Rechazan a los verdaderos expertos. Les mueven más sus propios intereses que los intereses de la gente. El virus del populismo nacionalista que todos ellos comparten y difunden es, a su manera, tan peligroso como el virus que ha matado a tantos de sus compatriotas.

Actualmente, Boris Johnson intenta convencer a los maestros, los padres y los niños de que no hay peligro en que los colegios reanuden la actividad. Su principal argumento es que otros países de Europa han demostrado que se puede hacer. La gran diferencia es que esos otros países de Europa han tenido Gobiernos competentes, bien dirigidos, capaces de construir consensos y de explicar las cosas sin mentir o jactarse de lo bien que lo están haciendo.

Y pensar que estos son los mismos que nos han traído el Brexit y que siguen sin tener la menor idea de cómo va a funcionar… La covid-19, sin embargo, ha dado una pista de que es poco probable que vaya bien, sobre todo para el Reino Unido.

Traducción de News Clips

12 de junio 2020

El País

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