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Opinión

Algunos aprovecharon mi artículo de la semana pasada para cargarle la mano a los políticos, para dar rienda suelta a ese sentimiento antipolítica, que tenemos tantos años cultivando. Aunque no era la intención de mi artículo, debo reconocer que comprendo porque ocurre. Es algo natural. Los políticos son el sector al cual más se achaca la fama y el vicio de la corrupción. Es lógico, son los que manejan los recursos del país, de la población, y aunque no se los apropien, basta con que no se administren de la manera que cada quien pensaría que se deben administrar, para que surja la sospecha. Y en muchos casos, no es una mera sospecha, sino una certeza.

Además, los políticos forman parte de un sector de la población al cual nadie va a salir a defender. El político corrupto, no lo va a hacer, pues procura pasar desapercibido y que no se levante mucho polvo a su alrededor; y el que no lo es, no se da por aludido, pues no considera que tenga algo de que defenderse. En un mundo lleno de preguntas y ávido de respuestas y soluciones, cuando no se encuentran, es más fácil encontrar culpables y si estos no se defienden, no dicen nada, mejor que mejor, pues todos sabemos que el que calla otorga.

En conclusión, estamos frente a uno de esos lugares comunes que todos aceptamos y repetimos automáticamente, sin pensar. Nos dicen política o políticos e inmediatamente pensamos en corrupción y en piloto automático repetimos como un mantra, la frase: “los políticos, son todos unos corruptos.

Así, la antipolítica forma parte de la narrativa populista, de izquierda y de derecha, a la que me referí la semana pasada. Esa frase, “los políticos, son todos unos corruptos”, forma parte de ese “mensaje” del que hablé (y del que solo desarrollé una pequeña parte en el artículo referido), con el que Chávez, el chavismo y el madurismo mantienen su popularidad entre la gente que los sigue.

Esa predica “antipolítica” tuvo una importante expresión durante más de 20 años en Venezuela, antes de Chávez, y en la cual se “enrolaron” muchos empresarios, medios de comunicación (no olvidemos la predica de ese gran “influencer”–como les dicen ahora– que fue Renny Ottolina) y cuyos epítomes fueron novelas como “Por Estas Calles”, pero también casi todos los programas políticos de opinión en radio y TV, columnas de prensa, cuyos autores hoy están casi todos arrepentidos y son furibundos anti régimen; fue parte también del discurso político de campaña que llevó a Rafael Caldera y su “chiripero” a la segunda presidencia en 1993 y después a Hugo Chávez Frías en 1998 y que hoy mantiene a Maduro en el poder; como “discurso”, pues sabemos que lo que realmente lo sostiene allí es la fuerza armada y la represión.

Hugo Chávez se supo montar muy bien en esa onda antipolítica, anti partidos, y se lanzó también por otra vía de ese virus populista: acusar a los políticos de “corruptos” y que esos eran los que le “quitaban el pan al pueblo” y por eso él iba a “freír en aceite” las cabezas de los adecos y acabar con los partidos corruptos. Y lo hizo. Pero no acabo con la corrupción, a esta la potenció. Acabo con las instituciones, el congreso, los partidos –en la Constitución Bolivariana ni siquiera se les nombra y expresamente prohíbe que sean financiados por el Estado– modificó la composición del TSJ, cambió a su antojo la constitución y los símbolos patrios, y un largo etcétera; y esa tarea la continúa hoy Maduro: desconociendo a la AN, inhabilitando a los partidos políticos, persiguiendo y encarcelando diputados y líderes políticos y demás. Esa predica anticorrupción, ese aprovecharse del “hastío” de la clase media, sobre todo de esa que espera “que le toque algo” de la riqueza del país, forma parte de esa “narrativa” populista, que Chávez supo utilizar muy bien.

Y es que con respecto a los políticos y la corrupción, frecuentemente se nos olvidan dos cosas; una, que los políticos están allí donde nosotros, ciudadanos, los colocamos, donde nosotros los ponemos y usualmente no los controlamos, porque es más fácil, más cómodo, ocuparnos de nuestros negocios, actividades académicas, familias; y dos, que donde hay un político corrupto, por lo general también hay un empresario, un banquero o un connotado miembro de la sociedad civil que se beneficia de esa corrupción; pero no hablamos de eso, solo de los políticos. Bueno, no lo hacemos nosotros, porque la “narrativa” populista si se ocupó también de los empresarios, con discursos, insultos, hostigamiento y esa política destructiva de empresas, las expropiaciones, etc., que trabajadores y seguidores del régimen aplaudieron a rabiar y que hoy lamentan al verse sin empleo, sin ingresos y sin lo que producían esas empresas que arruinaron.

Es en verdad, esto de la antipolítica, una situación compleja, que tiene dos aristas, la del partido, el líder político, como tal, y la de la sociedad civil, los líderes de la sociedad civil, cada vez más activos en política. En ambos sectores debemos superar desviaciones y limitaciones.

Tenemos que decir que es cierto que la mayoría de los partidos no han dado muestras de haber llevado a fondo sus procesos internos de renovación; muchos de ellos continúan siendo un cascaron vacío, sin ideología, expresiones decadentes de escasa participación social, que se activaban tan solo en momentos de procesos electorales y con cuantiosos recursos económicos –cuando dispusieron de ellos–, que los utilizaban en contratar asesores de imagen, costosas campañas publicitarias y –cuando se podía– en comprar espacios en los medios. Sus líderes se convirtieron así en “líderes mediáticos” que pululaban alrededor de micrófonos de radio y cámaras de televisión y su inspiración programática eran las encuestas de opinión, a las que seguían como si tratara de verdaderos oráculos. Todo eso se quedó en cenizas del pasado.

Pero no es menos cierto que había muchos autodenominados líderes de la sociedad civil, y hoy hay nuevos líderes políticos, expertos en utilizar redes sociales y la organización que habían creado a su alrededor, frecuentemente sobre estimando sus potencialidades y utilizándolas como atajo —con unos pocos seguidores— o como plataforma de proyección personal y política y se montaban sobre el vacío de poder dejado por los partidos y líderes tradicionales y, con la excusa de que los partidos “ya no los representaban”, nos presentaban –hoy algunos todavía lo hacen– sus propias y personales aspiraciones de poder.

Algunos veían que esa era una ruta más fácil, en vez de hacer carrera política en algún partido, comenzando desde la base, ganando y escalando posiciones con trabajo; pretendían llegar “por arriba”, con buenos contactos en los medios de comunicación, desde una ONG, a veces de carácter unipersonal, de página Web o de “maletín”, para ahorrarse el tiempo y el esfuerzo que le supuso al líder profesional, de partido, llegar a la posición que ocupaba. Constituyeron así “organizaciones”, eficientes en el uso de los recursos mediáticos y la prensa, pero donde la tónica dominante seguía siendo el individualismo, en red y “organizado”, pero individualismo al fin; donde privaba –en algunos casos, hoy aun priva– el interés personal, la falta de compromiso, la falta de arraigo y proyección en la comunidad. En nada se diferenciaban de los líderes y partidos tradicionales que criticaban y “satanizaban”.

Era en efecto una “satanización”, que sin duda tenía y tiene un cierto asidero en la realidad, no es posible negarlo; pero, en la práctica, aun sirve de excusa para que los venezolanos comunes, por frustración o comodidad, nos desentendamos de la política y dejemos esta tarea en manos de los políticos y los partidos, para después quejarnos. ¿Cuándo abandonaremos ese discurso, que no ha conducido a ninguna parte?

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Benjamín Tripier

Análisis de Entorno

El concepto de “globalización”, se fue consolidando y convirtiéndose en la estructura que en la actualidad, prácticamente, nos define como civilización. Podríamos visualizarla como una gran red que cubre el planeta, cuyos nodos son países, empresas multinacionales y poderosas organizaciones tipo la Iglesia o la ONU. Se trata de una estructura física apoyada en negocios, información, tecnología, cadenas de suministros y logística, que después de la pandemia quedará intacta, pues el Covid-19, se trata de un virus que funciona como una bomba “solo-mata-gente”, y que deja la infraestructura intacta. Y además no mata a todos los que infecta, sino a un porcentaje relativamente bajo, por lo que posiblemente el impacto profundo de la bomba, no sea el virus en sí mismo, sino la vía que se seleccionó para enfrentarlo, que es la cuarentena masiva. Que se trata de un instrumento eminentemente sociológico –ni sanitario, ni económico- que nos lleva a paralizar el uso de la infraestructura, bajando el nivel de actividad hasta puntos en los que para algunos, será imposible remontar, y algunas empresas, y los empleos asociados, desaparecerán. Y al permanecer la infraestructura intacta, no deben esperarse cambios profundos, excepto tal vez en el comportamiento de la gente, que es el que, a su vez, mueve el comportamiento de las empresas, y que podría proponer una aproximación diferente cuando arranque la reactivación. El trabajo a distancia, la optimización del consumo, y la revalorización del ambiente, podrían ser de los cambios positivos, mientras que estirar el tiempo de vida del petróleo –por el exceso de inventarios y los precios bajos- y el gran desempleo, serian de los aspectos negativos.

La cuarentena detuvo la actividad de un momento para otro, casi sin dar opciones; mientras que el proceso de reactivación –rebote primero y estabilización después- ya estará más, en manos de decisiones gerenciales, porque de cómo se arranque dependerá el nuevo ordenamiento, que seguirá el patrón de comportamiento de la red, reconstituyendo las cadenas de valor, y haciendo que ningún nodo alcance su nuevo equilibrio, hasta que sus proveedores y clientes lo hagan, y hasta que el transporte y la logística estén nuevamente disponibles. Sin duda habrá un nuevo comienzo, que tendrá mucho de lo anterior, algo de aprendizaje y relativamente poco de cosas nuevas.

Político
La situación de la pandemia ha hecho que las ideologías se hayan ido quedando vacías de contenidos prácticos con los cuales resolver el futuro, para cuando esta situación se estabilice; pues parece que terminar, lo que se dice terminar, no ocurrirá en mucho tiempo, y que tendremos que convivir con ella. Y hablo del futuro, porque será el momento en que, infectados o fallecidos, más o menos, todos deberemos buscar un camino que corrija lo que venía ocurriendo; y la política será la llamada a interpretarlo. No es casual el silencio político al que estamos asistiendo en Venezuela donde nadie habla del futuro, y las dos únicas voces que se escuchan, son la propaganda del gobierno y la posición de EEUU/Guaidó, ambos compitiendo por el poder, el uno para mantenerlo, y el otro para obtenerlo. Siempre en el presente, nada para el futuro.

Social
La gente en sus casas está teniendo el tiempo que no tenía para fantasear sobre el futuro, y cómo le gustaría que éste sea, mas desde su punto individual, que influidos por el entorno. El ser humano que emergerá, lo hará siguiendo patrones y expectativas modificados por la cuarentena, los cuales si no son identificados, anticipados y satisfechos por los gobiernos, las brechas que existían se profundizarán. En los países más ricos, la brecha será menor que en los pobres, como nosotros, donde posiblemente se traduzca en descontento manifiesto, que hasta pudiera llegar a la violencia. Ahí, en lo social, está nuestra verdadera bomba de tiempo.

Económico
Cuando los ingresos de un país realmente no alcanzan, ni los maquillajes contables, ni la impresión de dinero inorgánico, o la circulación de cuasi dinero (que en nuestro caso son billetes usados de baja denominación de dólares, de origen incierto), logran “correr la arruga”, por lo que podemos anticipar, que con medidas aisladas por compartimentos estancos, no encontraremos las soluciones de fondo que necesitamos. Hay que hacer algo diferente.

Internacional
Default de deuda, llegada de médicos cubanos, dependencia casi absoluta de China y sobre precios en medio de la pandemia, son algunos de los indicadores tempranos de que en el gobierno de Argentina cada vez más se impone la línea del kirchnerismo camporista. Al igual que Venezuela, podría entrar en un aislamiento regional que no sería bueno ni para la región, ni para la Argentina, y por supuesto, ya estamos comprobando que tampoco lo está siendo para Venezuela.

Recomendación

  • Al gobierno que revise opciones que permitan que, al salir de la pandemia, arranquemos un proyecto de unidad que no solo refleje la voluntad de la gente, sino que nos devuelva el ánimo necesario para reconstruirnos.
  • A las empresas, que hagan una introspección sobre su modelo de negocios y su viabilidad en el entorno post pandemia. Continuar sin cambios de fondo ya dejó de ser una opción

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Carlos Raúl Hernández

Romeo esperaba ansiosamente a Julieta con la complicidad de fray Lorenzo, y esas horas eternas parecían no transcurrir, pero no se aburría en absoluto. Su mente estaba depositada en el futuro encuentro y el lapso que lo separaba de ella era angustia, pero no tedio. Nadie se hastía en el purgatorio, que se distingue del infierno en que es sufrimiento con esperanza. Cuando llegaba Julieta, un siglo de su compañía era para él como si hubiera sido un instante, y menos se aburría.

Juana de Arco en la pira, percibe que un segundo es eterno, pero no tedioso, y abjura. El sujeto no presta atención al tiempo en el tráfago de actividades o la intensidad del placer o el dolor que absorben su atención. Para quien espera algo ansiosamente, el tiempo es solo el nombre de esa espera, igual que para quien vive un padecimiento fuerte. El condenado a muerte no aguarda la fecha fatal con fastidio.

Al contrario, quien no tiene expectativa, ni sueña nada para mañana, ni le aguarda algo satisfactorio, un día va detrás de otro, la existencia misma es un hastío, una faena interminable e inerte. Escribe Neruda “pasan días iguales persiguiéndose… día que has sido niño, inútil /que naciste desnudo/las leguas de tu marcha caminan sobre tus doce extremidades”. Por eso el aburrimiento y el tiempo se personalizan cuando no pasa nada.

Dice Cioran “…Son las tres de la madrugada… Siento este segundo y luego el siguiente y saco la cuenta de cada minuto”. Tal vez por casualidad, B.B King nos impacta con su blues inolvidable Las tres de la mañana, en el mismo tono intenso del filósofo rumano del suicidio. Varios films, por ejemplo, Lejos del cielo (Haynes: 2002) narran desde la visión actual, la vida asfixiante, repetitiva de las mujeres enclaustradas en sus hogares durante la era represiva del machismo en los años cincuenta, previa al reventón de los sesentas.

Cuarentenas privadas
En contraste, Historia de una pasión (Davies: 2016) describe el sentimiento que mantuvo a dos amantes en lucha contra la separación impuesta por los medios sociales. El Dr. Jhivago y Lara (Lean: 1965) jamás pudieron aburrirse porque durante mil páginas y todas sus vidas se buscaron en medio del infierno comunista. Nos aburrimos cuando “no pasa nada” pero eso depende de la disposición para interesarnos o percibir el entorno.

Pero es imposible que no pase nada porque los acontecimientos se producen por zettabites a nuestro alrededor. Por obra del coronavirus que nos obliga a aislarnos en nuestros reductos, experimentamos varios tipos de vivencia. Algunos lo toman como una maravillosa oportunidad de ver películas, leer libros y planear acciones sobre el futuro, crear arte o dedicarse a hobbies.

Parejas nuevas o bien avenidas, improvisan lunas de miel, pero en situación contraria, devienen aburrimiento, contrariedad y crisis. Quienes disfrutan la soledad, encuentran la situación ideal, mientras los socialites padecen molestias insufribles. Algunos lamentan perder la oportunidad de hacer el negocio de su vida o ventajas que se les presentaron.

Otros sin entornos placenteros o expectantes, se destruyen física y emocionalmente por abulia. Nadie ha descrito mejor en el arte las vidas sin mañana como Francis Bacon. Sus figuras humanas son amasijos deformes, abotagados, semi disueltos, que transcurren en el ciclo opresivo entre el trabajo y cuartos de pensión de mala muerte, salas de baño sórdidas y sucias, alumbradas por un escueto bombillo pendiente del cable.

La descomposición del ser
Bacon presenta el hastío en su versión aterradora: contar el tiempo de un plazo que es la propia vida. La cuarentena, sin tal dramatismo, no está predeterminada, pero inquieta su término incierto. La certeza de una cárcel es que las sentencias tienen plazo fijo. En Sueños de fuga (Darabont: 1994), el protagonista enfrentaba su larga e injusta condena con optimismo pues cavaba en la pared un túnel con una inofensiva cucharita, camuflado en un afiche de Raquel Welch.

Sería libre y podría reconstruir su vida gracias a su esfuerzo y decisión. Algunos con teleologismo optimista dicen que las pestes son el preámbulo de las grandes reconstrucciones, cosa que no creo sea una determinación sino mera descriptiva de que la voluntad recoge los escombros y sigue la marcha. El Renacimiento había comenzado con Dante en el siglo XIII y la Muerte Negra del siglo XIV lo tronchó pese a Boccaccio y Petrarca.

Hubo que esperar hasta el XV para que se reiniciara la vida. Las pestes lanzan millones de seres humanos a la muerte y la miseria, lo que no abona a verlas como bendiciones progresistas. Pero el ser humano se sobrepone, que es otra cosa. En un momento de humor, el atormentado Soren Kierkegaard dejó su versión del desarrollo humano como obra de la monotonía.

“Los dioses fastidiados, crearon a los humanos. Adán se aburría y le trajeron a Eva. Luego los dos se aburrían junto Caín y Abel en familia. Aumentó la población del mundo, y los pueblos se aburrían masivamente. Para entretenerse, se les ocurrió la idea de construir una torre, tan alta que llegara hasta el cielo… Después se dispersaron por el mundo y viajaron por todas partes, pero aún se aburren”.

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/67759/sociologia-del-bostezo

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Jesús Elorza G.

A principios del mes de abril, los venezolanos estaban atentos con el inicio del Programa que iba a sustituir las clases presenciales en el sistema educativo por un formato de educación a distancia. Esta programación era producto de la cuarentena obligatoria ordenada para combatir la pandemia del COVID-19. ​

Todos los ciudadanos, estaban a la expectativa de la puesta en marcha de la referida actividad, debido a los permanentes problemas generados por los constantes cortes de luz y las fallas intermitentes de la conexión de internet y la no existencia de una plataforma que a nivel de nuestros centros educativos hiciese efectiva una propuesta de ese tipo. ​

Sin atender las opiniones de los expertos en esa materia y, sin haber podido resolver los problemas que a diario afectan a la población, tales como: confinamiento, toque de queda, falta de agua, luz, gas, gasolina y dificultades extremas para la consecución de alimentos por la inflación y los salarios de hambre, el régimen anuncio con bombos y platillos, el inicio de su plan de contingencia "Cada familia una escuela" a través del canal estatal Venezolana de Televisión VTV, dirigido a los niveles de inicial, primaria, media general y técnica y las modalidades de jóvenes, adultas y adultos y educación especial. El programa, como todos lo suponen, será trasmitido por el canal del estado en cadena nacional.​

Llegó el día por todos esperados y con las consecuencias esperadas también. A las 08:00 horas se anuncia el inicio del programa. Las familias, en cada hogar estaban atentas con sus hijos a la espera de las informaciones necesarias para conectarse a través de las redes. ​

-Mamá, no me puedo conectar con mí Canaimita, porque no hay WIFI e Internet no funciona, dijeron muchas niñas a nivel nacional.​

Tranquila hija, déjame conectar VTV en nuestro televisor para seguir el programa. Y al hacerlo, vió a Maduro dando los buenos días y con Aristóbulo a su lado anunciando el inicio del plan de contingencia revolucionario educativo para enfrentar y derrotar al imperialista Coronavirus que ha invadido al país.

Terminado el saludo, arrancó el programa con el Himno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela interpretado por el Líder Único de la Revolución, el Comandante Eterno Hugo Rafael Chávez Frías acompañado por un coro de Niños Pioneros quienes al final, al estilo cubano, fueron inducidos a gritar la consigna "Queremos ser como Hugo".​

Muchas preguntas, fueron formuladas a todo lo largo y ancho del país por los niños que observaban la trasmisión:​

-Mama, quien es ese señor, yo no lo conozco?​

-Mama, ese señor es muy feo, yo no quiero parecerme a el. ​

Estas preguntas, fueron formuladas a todo lo largo y ancho del país.​

Después del himno y el culto a la personalidad del Difunto Eterno, apareció en pantalla una sucesión de fotos para representar un cuadro de efemérides revolucionarias; El Árbol de Tres Raíces, Maisanta, Sabaneta de Barinas, El Juramento en el Samán de Guere, 4F, 27N, Chávez Presidente y el regreso después del golpe de abril entre otras y al final, con voz de fondo se escuchaba "Patria o Muerte Venceremos"​

Las preguntas de los niños continuaban sin cesar: ​

-Mamá, ¿por qué mi maestra no sale en pantalla?

-Si quisiera preguntar algo ¿cómo lo hago, si el televisor no me lo permite?​

El tema de Identidad y Soberanía le correspondió al Ministro de la Defensa, en virtud de la amenaza de invasión imperialista: vestido con traje de campaña y armado hasta los dientes, dio inicio a su clase gritando con un vozarrón Attteennccciiióóónnn Fffiiirrrmmmeeess y acto seguido comenzó ordenando ejercicios de orden cerrado. Formación en columna y dirigió la marcha de los combatientes Izquierda, izquierda, izquierda, derecha izquierda. Pelotón aaallltttoo, descansen. Ahora, pasamos al tema de el manejo de armas y se puso a desarmar y armar un AK-47 que es el arma de los revolucionarios. Aaaattteeennnccciiiióóónnn ffffiiirrmmmeees. Hemos terminado, los veo en la próxima clase. Rodilla en tierra Venceremos. ​

-Mamá, que es eso? a mí no me gustan las armas. ​

-¿Ahora, todos somos milicianos?​

En el área de salud, VTV hizo un montaje para hacer aparecer a los Hermanos Rodríguez como la versión revolucionaria del Manual de Carreño; Salió en pantalla Delcy hablando sobre las cifras de Coronavirus en el país, señalando que somos los mas arrechos del mundo en este combate al tener menor número de contagiados y muertos gracias a la gestión en materia de salud del camarada Nicolas.​

-Mama, esa señora no tiene la mas mínima idea de las condiciones hospitalarias del país; en carne propia hemos vivido el viacrucis, como niños, para poder ser atendidos en el Hospital J M de los Ríos y a diario vemos las protestas de los médicos y enfermeras reclamando mejoras para el sistema de salud.​

Luego de Delcy, apareció su hermano Jorge que con su irónica sonrisa les indicó a los televidentes que lo importante es "Quedarse en casa y lavarse las manos"​

-Mamá, como hago lo que dice ese señor "si no tenemos agua" y si tú y mi papá se quedan en casa, ¿quién nos va a traer la comida? ¡Ese señor como que vive en otro mundo!

Al finalizar el programa, reaparecieron Aristóbulo y Maduro para enviarles un saludo revolucionario a los camaradas educadores por haber hecho posible este programa. A tal efecto, hemos decidido darles "un sustancioso bono de solidaridad" por el orden de los 4.750 Bolívares Soberanos.....y al terminar el programa, para variar o con toda intención se fue la luz.​

-Mamá, eso no alcanza ni pa’ un caramelo ....​

El raiting de televisión, demostró que la audiencia del programa alcanzó 10 millones de estudiantes y el rechazo al contenido fue de TREINTA MILLONES de venezolanos.​

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Tal vez alguna vez sabremos de verdad como pasó lo que pasó y que fue lo que paso. Demasiadas versiones distintas, incluso contradictorias. Como dijo alguien todo pareciera verdad al mismo tiempo. Pero lo cierto es que la pandemia paralizo al planeta y ha generado miedo y preocupación entre los siete mil millones de terrícolas que lo habitan, asomando con fuerza la convicción de que en las últimas décadas la humanidad ha transcurrido según propósitos y modos que ahora le están pasando factura. A su manera lo dice hasta el New York Times señalando, palabras más, palabras menos, que tras la pandemia, para pedir un sacrificio colectivo se debe ofrecer un nuevo contrato social que beneficie a todos y que para eso, será necesario poner sobre la mesa reformas radicales, que reviertan la dirección principal de las políticas vigentes hace casi medio siglo.

Desde los laboratorios científicos se nos dice que muchas de las enfermedades emergentes como el Ébola, el sida, la gripe aviar o el nuevo coronavirus no son catástrofes completamente aleatorias, sino que se vinculan al impacto que causa la acción humana en los ecosistemas naturales. Las enfermedades infecciosas señalan, se ven favorecidas por el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad.

La Sociedad del Riesgo Global

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, declaró que "las emisiones globales están creciendo. Las temperaturas están aumentando. Las consecuencias para los océanos, los bosques, los regímenes climáticos, la biodiversidad, la producción de alimentos, el agua, el empleo y, en última instancia, las vidas de los seres humanos están destinados a empeorar enormemente. La evidencia científica es innegable. Además, en muchos lugares, la gente no necesita un diagrama o gráfico para comprender la crisis climática. Basta que mire por la ventana ".

En fin, no le hemos prestado atención al hecho de que existimos en la Sociedad Mundial del Riesgo, según el diagnóstico elaborado hace unos cuantos años por el sociólogo alemán Ulrich Beck. A pesar diversos acuerdos suscritos al respecto, no terminan de tomarse las medidas adecuadas, a sabiendas de que evidencias cada vez más irrefutables muestran que la forma como se ha organizado la sociedad y pautado su desarrollo, ha complicado seriamente la vida humana, haciéndola ecológicamente insostenible, asomando casi a la vuelta de la esquina los peores escenarios del calentamiento global.

En este sentido, se ha hablado, en este sentido de un nuevo pacto que encare conjuntamente la justicia social y ambiental, a fin de enfrentar el cambio climático el mayor desafío del XXI, pacto que supone una compleja negociación de intensas y complejas interdependencias. Y que nos toma, por si fuera poco, en medio de un dramático déficit en cuanto a capacidades para gobernarnos a nivel mundial, aunado a un liderazgo que no se encuentra a la altura de las circunstancias.

La cuestión ambiental pone de bulto, así pues, la necesidad de edificar una sociedad global, sobre las bases de una institucionalidad y un marco normativo que supere tanto las limitaciones del Estado-Nación, como la de los mecanismos inter gubernamentales según los que se ha tratado de ordenar el planeta. Se trata. En suma, de transitar de la globalización a la glocalización.

Una protesta por el futuro

Los acuerdos internacionales para reducir las emisiones de gases invernadero son a todas luces insuficientes (casi letra muerta, no sé si exagero un poco al decirlo) para limitar el cambio climático a niveles que no sean peligrosos. Aun si se cumplieran las promesas de reducciones de GEI en el marco del Acuerdo de París el cambio climático alcanzará entre 3 y 4.5 grados centígrados para finales del siglo. Ese aumento de temperatura es, dicen los expertos, una amenaza real sobre la humanidad.

No estamos, pues, frente a una serie de catástrofes hipotéticas. La humanidad corre el riesgo de su propia extinción. Y tampoco se trata de un eventos que ocurrirán en un futuro lejano, afectando a generaciones que todavía no nacen y a niños que apenas se encuentran cursando su primaria. Ese es uno de los mensajes más poderosos (lo dijo en la ONU) de Greta Thunberg la chamita sueca, a lo largo del año pasado

Esta adolescente, insultada, menospreciada, criticada, acusada de enriquecerse, de ser manipulada, de ignorante, de convertirse un producto de marketing, de “populista climática” y a la que incluso se le ha echado en cara su condición de Asperger (“no es una enfermedad, es un don”, ha respondido), ha conseguido lo que en sus últimos veinte años no se había logrado: poner el cambio climático en las conversaciones y sacar a la calle a la ciudadanía para exigir respuestas. Como lo ha expresado el escritor Juan Villoro, es emblemático que un planeta, cuyos océanos están llenos de bolsas plásticas, sea alertado por una ecologista menor de edad, quien ha acusado a sus dirigentes por haberle “robado sus sueños”.

Greta Thunberg es sin duda, una figura inspiradora de una consciencia global sobre el daño que hemos hecho y estamos haciendo al planeta. Ha puesto palabras, emociones y rostro a un problema que la humanidad debe abordar para su supervivencia. Como señaló la escritora española Rosa Montero, no es más que un símbolo, la figura de un movimiento mundial, o más bien de una necesidad, una urgencia. Un ícono romántico de lucha simplemente irresistible para millones de personas que buscan referentes en un liderazgo idealista.

En buena medida, gracias a ella, que hoy en día, cosas de la vida de la vida, se encuentra encerrada en su casa, bajo la sospecha de que tiene el coronavirus, nos vamos convenciendo de que como lo han predicado los científicos, no hay un planeta B.

Un nuevo libreto político

El corto plazo nos abruma, y con razón. En efecto, en medio de la pandemia que recorre el mundo, será complicado priorizar cualquier asunto del medio ambiente. Pero ello no quita la gravedad y la urgencia calentamiento global. Tenemos que ir adaptando nuestro modelo de desarrollo a la emergencia climática Una transición muy complicada, sin duda.

Las salidas de la pandemia demandan ideas, política y poder. No vienen envueltas en un milagro caído del cielo. Y no se hacen factibles sin el concurso de la sociedad, sin una gigantesca movilización social. Y, como reiteradamente lo ha escrito el profesor Jeremy Rifkin, versado como el que más en estos temas ambientales, el comienzo de esa movilización es un acto de caer en la cuenta, de entender el nexo que hay entre lo que hacemos cada uno y el estado global del mundo.

Lo que ha estado haciendo Greta, pues

Se trata, en fin, de plantarle cara a una crisis que atañe al mundo de nuestros días y que, reitero, obliga a repensar muchas de las ideas y creencias que estuvieron vigentes durante largo tiempo. Toca, así pues, asumir la labor de escribir un nuevo libreto político para la convivencia (y la sobrevivencia) humanas.

El Nacional, 17 de abril de 2020

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Analítica.com

Para el régimen, el Covid-19 puede ser considerado, paradójicamente, como una oportunidad sobrevenida que les permitiría ganar tiempo y al mismo confinar a la oposición, a la disidencia y a las protestas, a una cuarentena que obliga de manera casi que indefinida, a encerrarse entre cuatro paredes.

Pero ese cálculo político no luce correcto, ya que el tiempo no va en la dirección deseada por el régimen, sino todo lo contrario. Tarde o temprano se conocerá el verdadero nivel de los contagios, a través de un aspecto imposible de esconder, el incremento progresivo de la morbilidad. Pero a eso se le suma la crisis de la gasolina, que pretenden resolver incrementando la producción en la refinería de El Palito, con los riesgos que esa acción conlleva o a través de un esquema de pseudo privatización de la importación y distribución del combustible, que presenta no pequeñas complicaciones. En todo caso, resolver la complejidad de estas operaciones toma tiempo y eso es precisamente lo que no sobra, cuando la presión social está en plena ebullición como se ha podido observar en diversos lugares del país en los últimos días.

La solución más rápida y eficaz para obtener la ayuda necesaria para paliar la crisis humanitaria, sanitaria, energética y social, pasa por la construcción de un acuerdo político que permita la instalación, lo más pronto posible, de un gobierno amplio de emergencia nacional. No hacerlo por razones políticas mezquinas nos puede conducir a un caos tal que generaría un clima de ingobernabilidad en el país.

No hay otra opción inteligente y razonable que proceder a constituir una gobernabilidad que sea aceptable al pueblo venezolano y que obtengo el apoyo mayoritario de la comunidad internacional para poder iniciar el proceso de reconstrucción y reconciliación nacional única manera de resolver las crisis que nos están llevando al peor de los abismos

https://www.analitica.com/el-editorial/sin-la-solucion-necesaria-la-cris...

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Rohinton P. Medhora y Taylor Owen

La pandemia mundial de COVID-19 ha convertido lo que antes era impensable en legislación. Los gobiernos están asegurando los negocios y el cuidado de la salud, y regulando el comportamiento personal, de maneras sin precedentes. Se les está pidiendo a las principales instituciones financieras multilaterales del mundo - el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial - que tiren a la basura sus reglas para salvar las economías en desarrollo en peligro del mundo.

Pero cuando la pandemia pase, será esencial un ajuste de cuentas fiscal de alguna forma. Después de todo, un día se deberá pagar la factura de la pandemia, y los gobiernos tendrán que estar mucho más seguros de lo que están hoy de que las empresas y los individuos podrán pagar la parte de impuestos que les corresponde. Esto ocurrirá en un entorno de gobernanza mundial que ya estaba cambiando radicalmente, debido al impacto de las tecnologías digitales.

Mucho antes de la pandemia, había una creciente necesidad de repensar las instituciones mundiales para un mundo de intangibles. Ahora, ese proceso se está acelerando y pronto dará paso a un período en el que las instituciones de Bretton Woods, los pilares de la gobernanza mundial desde la Segunda Guerra Mundial, serán juzgadas y muy probablemente reinventadas.

LA BRECHA FISCAL

A finales de noviembre de 2019, una docena de estados miembros de la UE votaron en contra de una norma propuesta para obligar a las empresas multinacionales a informar sobre los beneficios que obtienen dentro de cada país de la UE. Esta modesta medida habría permitido a los países europeos recaudar ingresos de la actividad comercial de sus propios ciudadanos en plataformas como Amazon, Facebook y Google. Los gigantes digitales operan en todo el mundo, pero sus beneficios declarados se concentran de manera desproporcionada en los países con las tasas de impuestos corporativos más bajas.

Uno de esos paraísos fiscales -y uno de los países que se opusieron al cambio de reglas- es Irlanda, cuyas políticas fiscales han ayudado a alimentar una carrera mundial hacia el fondo. La mitad de todos los impuestos de sociedades pagados en el país provienen de sólo diez multinacionales, y entre el 20 y el 60% de los ingresos del gobierno provenientes de los impuestos de sociedades se deben a un "exceso", que el Consejo Asesor Fiscal Irlandés define como "[ingresos] más allá de lo que se proyectaría en base al desempeño subyacente de la economía y las normas históricas/internacionales".

En otras palabras, debido a que la falta de gobernanza y coordinación distorsionó totalmente los principios de equidad y eficiencia de los regímenes fiscales, Irlanda está gravando los beneficios obtenidos en otros lugares. Y esto no es más que un ejemplo de la desconexión más amplia entre las plataformas digitales y su contexto sociopolítico, que seguramente se ampliará después de que la crisis de COVID-19 haya pasado y comience el ajuste presupuestario.

COORDINACIÓN DIGITAL

A nivel mundial, nuestra infraestructura digital está sufriendo una transformación radical. Mientras que la primera ola de expansión de Internet se caracterizó por la proliferación de redes abiertas, ahora estamos en medio de una carrera armamentista digital. La competencia entre las pilas de programas informáticos, las capacidades de recopilación de datos y los modelos de negocio digitales está creando enfrentamientos entre las economías desarrolladas y las emergentes, y dentro de los países democráticos y autoritarios por igual.

Lo que está en juego es la arquitectura central de la propia economía digital. La dinámica fundamental del marco actual está ejerciendo presión sobre las instituciones de gobernanza mundial y exige que creemos un nuevo conjunto de estructuras jurídicas, reglamentarias y éticas. Si bien el crecimiento natural de Internet y la economía digital parece gradual y evolutivo, debemos reconocer que en realidad estamos en la cúspide de un cambio revolucionario.

Las preguntas sobre el gobierno digital serán fundamentales para la reconstrucción de nuestro mundo post-pandémico. Tanto las tecnologías digitales como el coronavirus son manifestaciones de una era de hiperglobalización mal gestionada, y la pandemia amenaza con ahondar la brecha económica, geopolítica y tecnológica entre los Estados Unidos y China. En el plano nacional, desde la capacidad de los gobiernos para recaudar recursos y financiar políticas públicas hasta las preocupaciones por la privacidad, las libertades civiles y la seguridad, las cuestiones adyacentes a la tecnología que estaban aumentando en el programa político antes de la crisis actual exigirán una atención aún más urgente ahora.

Después de todo, los gobiernos que salgan de la actual conmoción económica tendrán una necesidad imperiosa de ingresos. Y después del bloqueo de toda la sociedad, las tecnologías que se han arraigado profundamente en nuestras vidas más o menos de la noche a la mañana tendrán que ser examinadas. Como muestran las recientes controversias sobre el servicio de videoconferencia Zoom, los responsables políticos deberían examinar detenidamente cuestiones como la privacidad de los datos, la tecnología de vigilancia, las desigualdades incorporadas en los algoritmos y la integridad de nuestro ecosistema de información.

Claramente, el status quo de una economía de plataforma no gravada y en gran parte no regulada ya no es sostenible. Como en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, el mundo se enfrenta de nuevo a una enorme brecha entre los desafíos sociales, económicos y políticos que enfrentamos y el diseño de nuestro sistema de gobierno. Por lo tanto, es hora de imaginar un nuevo Bretton Woods para la era digital post-pandémica.

CONCENTRACIÓN VIRTUAL

La Internet se definió en su día principalmente por la ausencia de centralización. Pero ahora lo que más importa son las concentraciones de datos y la capacidad de cálculo. La economía de plataforma, la inteligencia artificial (IA), el estado de vigilancia y la computación cuántica exigen conjuntos de datos a gran escala y todos los nodos de influencia centralizados se afianzan.

Estas nuevas capacidades están revolucionando todos los sectores económicos que importan, desde los servicios financieros, los medios de comunicación y la salud pública hasta el transporte y la agricultura. Habiendo sido construida sobre la nueva infraestructura digital, la capacidad computacional y la analítica impulsada por la inteligencia artificial ahora impulsan la economía mundial.

Sin embargo, también están concentrando la toma de decisiones y ampliando el poder de quienes controlan los datos. Esta nueva realidad plantea difíciles retos políticos, porque produce resultados económicos de tipo "el ganador se lleva todo", concentraciones de influencia que eluden las instituciones democráticas, amenazas imprevistas a la seguridad nacional y humana, y bloques geopolíticos totalmente nuevos.

Mientras que la economía industrial estaba dominada por la producción, el comercio y el consumo de bienes tangibles, la economía digital se basa en la producción, la recopilación y la protección de la información. Funciona de acuerdo con un sistema totalmente nuevo de incentivos para la producción y la innovación, y de la captura y distribución de las ganancias financieras. En la mayoría de los casos, la fuente de valor no radica en la producción o el intercambio, sino en los derechos de propiedad intelectual. De hecho, la P.I. es actualmente el activo más valioso del mundo, ya que representa el 84% del valor total de las empresas de S&P 500.

Este desequilibrio se refleja en la desconexión entre las instituciones de gobernanza financiera existentes y la economía real. Al igual que los acuerdos comerciales que rigen los activos tangibles tratan de abrir los mercados extranjeros y lograr economías de escala, la gobernanza de los intangibles debe centrarse en la P.I. y la protección de los datos. Lamentablemente, el actual enfoque aleatorio de la gobernanza de la economía digital ha reforzado las divisiones geopolíticas. China, los Estados Unidos y la Unión Europea representan cada uno sistemas distintos con normas, regímenes reguladores, valores e intereses corporativos y estatales incompatibles.

China, por ejemplo, construyó un cortafuegos para proteger a los grandes campeones de la tecnología como Baidu, Tencent y Alibaba, y ahora les está ayudando a ampliar su alcance a nivel mundial mediante su Iniciativa del Cinturón y la Carretera, incluso proporcionando a otros gobiernos autoritarios herramientas de alta tecnología para ayudarles a mantener el control social y económico. A medida que el poder blando chino se extiende al envío de suministros médicos durante la pandemia, estamos viendo una convergencia de los objetivos estratégicos y de infraestructura digital del país. Tal vez el equipo de protección personal y otros apoyos de emergencia ofrecidos por China a Francia o Canadá cambien la forma en que esos países piensan en la adjudicación de contratos 5G.

Los Estados Unidos también han defendido agresivamente sus propias empresas tecnológicas -Facebook, Amazon, Google, Netflix, Microsoft y Apple, en particular- asegurando normas internacionales favorables sobre el intercambio y la recopilación de datos, la gobernanza de las plataformas y la propiedad intelectual (más recientemente a través del Acuerdo entre los Estados Unidos, México y el Canadá), mientras que por lo demás se basan en un enfoque normativo de laissez-faire. Por último, la UE, que no tiene ninguna empresa de tecnología digital competitiva a nivel mundial, ha estado a la cabeza en materia de normas y reglamentos, regímenes de derechos de datos y política de competencia, todo lo cual espera exportar como modo de influencia mundial y creación de mercados.

Detrás de estas rivalidades hay cuestiones concretas que exigen una gobernanza mundial. Necesitamos un foro a través del cual equilibrar, e idealmente reconciliar, las tensiones entre la libertad de expresión y la privacidad en línea, y ahora entre la protección de la privacidad y la necesidad de vigilancia para rastrear la propagación de enfermedades contagiosas. Otros puntos conflictivos son la gobernanza de los activos tangibles e intangibles, los derechos individuales y las protecciones colectivas, y los incentivos a la innovación frente a la necesidad de una reglamentación y una fiscalidad adecuadas.

ANTICUADO Y CADUCO

El problema es que nuestras actuales instituciones globales fueron construidas para un mundo diferente. Cuando los líderes de ese mundo se reunieron en Bretton Woods, New Hampshire, en julio de 1944, acordaron el diseño de un sistema institucional global para detener las guerras entre países y regular el funcionamiento de la economía tangible.

Pero ese sistema era para un mundo de fronteras, producción industrial y comercio de productos básicos y manufacturados. El mundo digital no es ninguna de esas cosas. Al salir de otro período de desestabilización mundial, también necesitamos un nuevo marco de gobernanza.

De cara al futuro, una opción, por supuesto, es reconocer la complejidad y los desafíos tecnológicos de la reglamentación de la esfera digital en rápida evolución y delegar la gobernanza en las propias plataformas. Esto ya está empezando a suceder con los pagos digitales y los contenidos en línea. La iniciativa Libra de Facebook y su nuevo consejo de moderación de contenidos, por ejemplo, señalan un sorprendente grado de autogobierno empresarial en ámbitos en los que la jurisdicción de los gobiernos era, hasta hace poco, inequívoca e indiscutible.

En nuestra opinión, aceptar la tendencia hacia el autogobierno sería un error profundo, incluso peligroso. La pandemia de COVID-19 ha demostrado por qué las autoridades públicas necesitan tener acceso a datos precisos y oportunos. Sólo así pueden diseñar intervenciones para el bien público y evitar que la desinformación empeore una situación ya de por sí tensa. A pesar de los importantes esfuerzos realizados para vigilar la desinformación médica durante la pandemia, los incentivos financieros de los gigantes de la tecnología siguen estando mal alineados con el interés público.

Después de todo, la vigilancia de la desinformación en las plataformas digitales nunca ha consistido en detener a los malos actores individuales, o en decisiones individuales de moderación de contenidos. Más bien, siempre se ha tratado del diseño y los incentivos financieros de las propias plataformas.

Nunca se podría confiar en que un sistema dominado por un puñado de empresas en sólo dos países protegiera el bien público mundial. Para hacer frente a una vulnerabilidad estructural se requiere gobernanza, no buena voluntad. Dados los desafíos que plantea la nueva infraestructura digital, está claro que nuestra única opción es crear nuevas instituciones de gobernanza mundial.

El punto de partida es sencillo. La comunidad internacional debería celebrar un cónclave para articular una visión, establecer las "reglas del juego" y diseñar una arquitectura institucional internacional para una nueva era. Y, a diferencia de 1944, cuando los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y algunas delegaciones de regiones y países más pobres ocuparon todos los asientos de la mesa, podemos celebrar esos debates en un foro verdaderamente mundial: el G20, cuyos miembros representan alrededor del 90% del PIB mundial, el 80% del comercio y dos tercios de la población mundial. El objetivo no es sólo crear nuevas instituciones y procesos, sino también reconvertir y fortalecer los existentes cuando sea apropiado, como lo demuestra el actual debate sobre la Organización Mundial de la Salud.

¿CUÁL ES EL PROGRAMA?

Una agenda digital de Bretton Woods debería incluir cinco elementos. En primer lugar, necesitamos una declaración universal sobre la IA, dadas las desigualdades existentes en el acceso a los datos y las capacidades analíticas, por no mencionar el gran potencial de uso indebido. Los algoritmos no están exentos de valor. Los datos en los que se basan y las fórmulas que guían sus decisiones tienden a reflejar los sesgos histórica y socialmente condicionados de sus diseñadores.

Afortunadamente, un marco ético para los algoritmos y la IA puede universalizarse de la misma manera que las protecciones personales lo han hecho a través de la Declaración Universal de Derechos Humanos y otros acuerdos. Como la analogía implica, esos compromisos no siempre serán respetados en todos sus detalles por todos los países. Pero, no obstante, crearía una norma mundial. Una declaración universal sobre la IA serviría de guía para la legislación nacional y subnacional, como marco para "denunciar y avergonzar" las violaciones y, en última instancia, como mecanismo para aplicar sanciones, siguiendo el ejemplo de la Corte Internacional de Justicia.

Más allá del régimen internacional de derechos humanos, existen también compromisos análogos de procurar la cobertura sanitaria universal y la protección de los niños. Lo que importa no es el modelo específico, sino la intención que lo sustenta. Una declaración de la IA tendría que encarnar un consenso normativo de base amplia y ser firmada por el mayor número posible de países. En este sentido, la reciente declaración del G7 sobre la IA ofrece un buen punto de partida para celebrar un debate más global sobre el espíritu que debería sustentar las tecnologías de transformación en general, y la IA en particular.

En segundo lugar, necesitamos un nuevo foro de coordinación diplomática y mundial para superar la balcanización geográfica de la gobernanza de los datos. La zona de la China centrada en el Estado y la zona de los Estados Unidos centrada en la empresa son imágenes especulares de la otra: en ninguno de los dos casos los individuos tienen soberanía o control sobre sus datos personales. En cambio, el Reglamento General de Protección de Datos de la UE ofrece un mayor grado de control a los individuos en cuestiones de privacidad y uso de sus datos

Desde una perspectiva internacional, el mayor problema es que las tres zonas no pueden "hablar" entre sí. Como resultado, ninguna empresa tecnológica puede ser verdaderamente global, porque se ha vuelto imposible cumplir con las reglas de una zona sin violar las de las otras. La situación es una receta para la disfunción, el aumento de los costos de transacción y la pérdida de credibilidad de las empresas y los gobiernos. Los ciudadanos de una zona determinada se preguntarán con razón si el tazón de espaguetis de las normas y protocolos les interesa realmente. Y luego está la cuestión de la India, Canadá, Japón, Australia, y la gran mayoría de los países del mundo que quedan para crear sus propias reglas híbridas, o para acarrear en una de las otras tres zonas.

Claramente, la diplomacia mundial está en orden. Emitir puntos de vista mutuamente incompatibles y buscar un terreno común fue precisamente el punto de la Conferencia de Bretton Woods original, en la que los delegados debatieron sobre los tipos de cambio y el comercio mundial, entre muchas otras cuestiones. Hoy en día, tenemos que encontrar la manera de lograr un equilibrio entre el individuo, la empresa y el Estado en lo que respecta a la gestión de los datos. Ese proceso no será fácil, y el resultado probablemente no se verá particularmente elegante.

Pero esa es la naturaleza del compromiso. La política de poder y las personalidades individuales ciertamente jugarán un papel en el resultado. Lo que importa al final del día, sin embargo, no es si hemos logrado algún ideal abstracto, sino si hemos mejorado un status quo disfuncional e insostenible.

DEBE SER GLOBAL

El tercer tema de un programa digital de Bretton Woods debería ser un nuevo régimen mundial para abordar el problema del arbitraje fiscal por parte de las multinacionales cuyo valor se deriva en gran medida de los intangibles. El pasado mes de julio, Francia decidió unilateralmente introducir un impuesto del 3% sobre los servicios digitales, dirigido efectivamente a los gigantes tecnológicos estadounidenses directamente. Pero la OCDE, mientras tanto, ha estado elaborando un marco multilateral que impediría la evasión fiscal sin discriminar abiertamente a empresas concretas.

Sin embargo, la cuestión de la fiscalidad va más allá de los ingresos. La economía digital está impulsada por la tecnología patentada, la mayor parte de la cual se crea en unos pocos centros en todo el mundo. La naturaleza de la economía de la innovación es privilegiar a los pioneros, el comportamiento estratégico y las economías de aglomeración. Como resultado, y a pesar de muchas incógnitas sobre lo que nos depara el futuro, una cosa está clara: en ausencia de respuestas significativas de las políticas públicas, las disparidades de ingresos y riqueza empeorarán, tanto dentro de los países como entre ellos.

Dado que gran parte de la propiedad intelectual es generada por las multinacionales, los beneficios de los avances tecnológicos irán a parar (correctamente) a esas empresas. Aunque la tendencia de los últimos años ha sido hacia una fiscalidad basada en el consumo y alejada de la fiscalidad de las empresas, la naturaleza de la economía digital sugiere que esto debería invertirse.

Las rentas excesivas de las grandes, poderosas y ágiles empresas multinacionales han puesto en el orden del día la erosión de la base imponible y el desplazamiento de los beneficios. Pero las soluciones exigen una cooperación transfronteriza mucho mayor. En un momento en que los gobiernos de todo el mundo están asumiendo niveles de deuda sin precedentes para mantener sus economías funcionando en medio de cierres por pandemia, cada fuente de ingresos cuenta. Ya no podemos permitirnos el lujo de permitir que ingeniosos planes de arbitraje dejen tanta riqueza sin gravar.

En cuarto lugar, y en una nota relacionada, necesitamos definiciones normalizadas a nivel mundial para medir todos los aspectos de la economía digital e intangible. Las actuales convenciones estadísticas nacionales no están plenamente armonizadas o no funcionan en absoluto. Así como el Sistema de Cuentas Nacionales de las Naciones Unidas introdujo la coherencia en las estadísticas económicas clave a partir de 1947, una convención internacional sobre estadísticas para la era digital proporcionaría un bien público mundial similar. También constituiría la base para una buena investigación, la formulación de políticas y la acción cívica. Como en tantas otras áreas, las intervenciones de política sólo serán tan buenas como los datos lo permitan.

Por último, y de manera más amplia, el mundo necesita una institución específica para la coordinación de políticas y reglamentos. El actual enfoque de "toque ligero" de la reglamentación digital tiene inquietantes paralelos con la reglamentación del sector financiero de muchos países occidentales antes de la crisis financiera de 2008. Ese desastre dio lugar a la creación de la Junta de Estabilidad Financiera y otras instituciones que ahora fortalecen y armonizan la reglamentación bancaria a nivel mundial.

Basándose en la experiencia del FSB, el Centro para la Innovación de la Gobernanza Internacional ha propuesto una Junta de Estabilidad Digital (DSB) para dar forma a las normas, reglamentos y políticas mundiales en toda la plataforma económica. Este nuevo órgano podría ofrecer asesoramiento sobre las mejores prácticas, así como información sobre las medidas reglamentarias y normativas necesarias para hacer frente a las vulnerabilidades de manera oportuna. Podría supervisar los riesgos derivados de las nuevas tecnologías -incluido su impacto en la sociedad civil- y desarrollar intervenciones reglamentarias y políticas para abordarlos. Y podría asegurar que sus esfuerzos complementaran la labor de otras instituciones, como la Organización Mundial del Comercio.

Además, el propio sistema de comercio mundial necesita nuevas normas que reflejen grandes datos e inteligencia artificial, así como un marco actualizado con el que evaluar las consecuencias de las nuevas tecnologías para el comercio y el cumplimiento de las normas comerciales. La pandemia de COVID-19 proporciona un punto de entrada para el OSD, o un órgano similar de coordinación de políticas mundiales, que podría empezar centrándose en cuestiones relacionadas con el sector de la salud y los datos sanitarios.

MODELOS PROBADOS

En conjunto, las infraestructuras digitales emergentes han creado una nueva capa de capacidad operativa dentro del sistema internacional. Han hecho posible nuevas formas de acción colectiva y de comunicación fluida a escala mundial. Pero si bien esas capacidades han producido enormes beneficios -por ejemplo, al potenciar nuevos movimientos cívicos, mejorar la inclusión social y política e impulsar el crecimiento de los ingresos-, también han acarreado costos sociales, políticos y económicos.

Las plataformas digitales se han utilizado para sembrar la desconfianza y organizar grupos extremistas. El discurso perjudicial se está amplificando y dirigiendo a audiencias vulnerables y sugestionables. En los EE.UU., este tribalismo pareció llevar a las zonas de tendencia republicana a descartar las alertas tempranas de la pandemia, evitando las medidas necesarias para limitar su propagación. Al parecer, los algoritmos de vanguardia han demostrado estar plagados de antiguos prejuicios raciales, de género y sociales.

Las plataformas digitales también están alimentando la polarización política y el deterioro del discurso público. Los regímenes antiliberales y autocráticos han aprovechado las nuevas tecnologías para socavar las instituciones democráticas y las elecciones, y para sofocar el discurso y la actividad política. Esta tendencia también se ha visto acelerada por la pandemia, sobre todo en Hungría, donde el Primer Ministro Viktor Orbán ha aprovechado la crisis para obtener un poder casi absoluto de forma indefinida. Asimismo, en la esfera económica, la desigualdad se está ampliando paralelamente a la aparición de nuevos monopolios mundiales, y la pandemia ha puesto de relieve los efectos en el mundo real de las actuales disparidades de ingresos y riqueza.

Estos acontecimientos exigen enfoques no convencionales de la gobernanza. Un aspecto positivo de la pandemia es que ha creado espacio para nuevas ideas, e incluso los defensores de larga data del statu quo abogan ahora por políticas hasta ahora radicales, como la renta básica universal.

La analogía de Bretton Woods no es perfecta, y los cinco temas de la agenda que se describen aquí no son ni suficientes ni exhaustivos. A diferencia de la posguerra, el mundo actual no tiene un vencedor claro, un consenso sobre economía política o un fuerte anhelo mundial de paz y estabilidad tras décadas de agitación. No obstante, como en ese período, existe una clara desconexión entre la naturaleza y la escala de nuestros desafíos y el diseño y la capacidad del régimen de gobernanza mundial existente.

Al salir de otra conmoción en nuestro sistema mundial y emprender un nuevo camino de cambio económico, social y tecnológico, necesitamos urgentemente actualizar nuestro modelo de gobernanza. Al igual que en la economía industrial de la posguerra, necesitamos un modelo del tipo de Bretton Woods que mitigue las consecuencias negativas de la revolución digital y que marque el comienzo de una nueva era de prosperidad y salud pública compartidas.

Traducido utilizando DeepL

17 de abril 2020

Project Syndicate

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