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Opinión

Andrew Torres y Guillermo García

Desde mediados de marzo de 2020, el mundo atraviesa una coyuntura inédita ocasionada por un virus generado en China que ha sido calificada por la OMS como pandémica y que obliga a una cuarentena global para atenuar los impactos en la salud, la vida y demás consecuencias, en especial las de tipo económico que se ven influenciadas desde el hecho no laboral, escalonado e interrupción de operaciones, anulamiento de la productividad hasta parálisis de las actividades en la mayoría de los sectores lo que conlleva el corte de flujos físicos y financieros para hacer caja a las empresas y que estas puedan seguir cumpliendo sus compromisos laborales, impositivos y a sus proveedores.

Para el caso venezolano este problema se acrecienta por su economía recesiva achicándose ya 2/3 desde el año 2013 con últimos 6 años de PIB negativos, en un escenario de reducción de las ofertas y demandas, con hiper-inflación, acrecentamiento del riesgo país, impago o default a las deudas de la nación, en la práctica sin reservas monetarias internacionales y con mayor incertidumbre y desesperanza de ingresos externos por su situación caótica interna petrolera y la recesividad del mercado petrolero mundial sobrevenida y ahora catalizada con el nuevo efecto pandémico chino.

A continuación y con carácter urgente presentamos algunas propuestas de política pública para las empresas desde el gobierno nacional, para ayudar el consumo de la sociedad y a lo interno del gobierno, las cuales deberían ser conciliadas con los entes laborales y empresariales a los fines de preservar impactos a la salud empresarial, los puestos de trabajo, las capacidades productivas y con ello a la ya depauperada economía nacional. Incentivos a las empresas privadas: Suspensión del pago de impuestos con una mora de al menos un trimestre posterior al reinicio de actividades normales para ayudar al arranque empresarial e incluso la consideración de subsidios para las mismas. En caso del ISLR es necesaria su suspensión de pagos hasta que las empresas hagan caja mientras se afronta esta contingencia.

Congelamiento de la Unidad Tributaria por al menos un semestre posterior al reinicio de actividades normales · Reducción del Encaje legal bancario (ordinario y marginal) para re-abrir las operaciones crediticias para impulso como capital de trabajo a la gestión empresarial y la producción mediante adquisición de materias primas, pago a proveedores, actualización tecnológica, creación de empleo y la esperada generación de riqueza para sostenibilidad empresarial. Esto resulta un imperativo en la condición actual de las arcas nacionales que como es sabido presentan un nivel en la práctica sin reservas internacionales operativas para acometer ni siquiera compromisos ordinarios y menos en esta coyuntura en la cual resultaría ideal un sustancial aumento del gasto gubernamental para “mantener a flote la economía”. Promoción del crédito bancario blando, tanto como sea lo mas viable técnicamente, públicos y privados para su masificación y estímulo a la acción empresarial aumentando la competitividad y dinamismo en el sector.

Complementando al punto anterior, en una coyuntura nacional en la cual ya se había cerrado el crédito a la nación por los problemas de impagos, las sanciones internacionales al gobierno socialista de Venezuela que repercuten en todos los ámbitos y ahora con la aparición del Coronavirus chino y sus efectos hacia la baja del mercado de capitales y consecuente cierre del mismo · Permitir que la banca nacional pueda a través del BCV o a través de la coordinación interbancaria la compensación, pago y transferencia de saldos en US$ entre los bancos del sistema. Esto alivia de manera muy importante el pago a proveedores en diferentes zonas del país, sin tener que realizar traslados entre los diferentes estados, en momentos donde la cuarentena restringe la circulación y movilidad.

Permitir que los bancos nacionales que ya ofrecen el servicio de Custodia de Moneda Extranjera a las empresas, puedan otorgar de acuerdo a su evaluación de crédito y riesgo crediticio, créditos en moneda extranjera a dichas empresas con la misma tasa de interés que se aplica a los créditos Indexados (mínimo 4%, máximo 6%) · Establecer por parte del BCV la facilidad crediticia y herramienta de política monetaria y fiscal de REPOS o Reportos. (Compra – Venta de títulos valores en cartera de los bancos con pacto de recompra). Esto le permite generar mayor liquidez a la banca para disponer de más recursos para otorgamiento de créditos · Agilizar por parte de SUNAVAL la autorización de emisión de Oferta Pública de Títulos Valores y que los bancos puedan orientar recursos a la compra de dichos títulos.

Además, publicación en Gaceta Oficial de las Normas de Emisión de Oferta Pública de Títulos Valores en Moneda Extranjera que ya fueron presentadas · Disminuir los aranceles e impuestos a los insumos operativos para facilitar la actividad empresarial · Diferir la entrada en vigencia de la sobre tasa del Impuesto al Valor Agregado sobre ventas en moneda extranjera · Gestionar la privatización de empresas estatales de mayor interés y prioridad ante la coyuntura ofreciendo exoneraciones fiscales con moratoria y apoyo logístico para sus arranques · Con la anterior, a mediano plazo, instrumentar políticas industriales para mayor generación de valor agregado a las materias primas, sofisticación de la producción y estímulo a la exportación de estos productos, atenuando al tiempo el efecto recesivo en los Precios de las materias primas que ya se viene gestando en el mercado internacional · Las acciones de política orientativas hacia la gestación de un mayor tejido de empresas en el sector servicios con énfasis en micros y pequeñas empresas favorecen el arranque, viabilidad de impulso masivo mediante créditos bancarios y generación de empleos de calidad para mayor protección y cohesión social, así como aminorar la desigualdad, en un entorno venezolano y mundo ya muy convulsionados Para incentivar el consumo: · Reducción del IVA a los productos y servicios terminados tanto como lo indique la técnica y viabilidad · Congelamiento de alquileres de locales empresariales hasta un trimestre posterior al reinicio de actividades normales Para acometer en el gobierno: · En Venezuela, con un gobierno que ha implementado y así lo dicen los resultados muy negativos de políticas económicas, las autoridades así sin capacidad de gasto público ni de endeudamiento deben abrirse a ser apenas grandes promotores de la inversión privada nacional e internacional ajustándose al marco legal aún vigente, re-estableciendo los consensos tripartitas, flexibilizando los mecanismos que se consideren rígidos en estas negociaciones e incluyendo la LOT para rediseño del marco laboral dando las mayores evidencias de buena intención y para “enfriar suavemente“ la incertidumbre, desconfianza estructural y riesgo país que conllevamos ·

Visto que las perspectivas son ahorita en grado superlativo muy negativas para aumento de los ingresos externos, como siempre es imperativo la austeridad gubernamental con sus prácticas en todos los ámbitos y propender a la mayor estabilidad del entorno (aunque en lo monetario la tendencia natural sea a la devaluación) y priorizando el escaso gasto social hacia áreas que den el mayor beneficio nacional mediante el establecimiento sesudo de estrategias para este gasto público · Hoy mas que nunca es imprescindible la apertura para la entrada de la Ayuda Humanitaria a la emergencia humanitaria compleja que padece la población venezolana desde hace años, ahora se sumaría para atenuar las consecuencias en las personas del Coronavirus chino (Covid-19) y atender la creciente pobreza extrema.

Constituir con entes relacionados una plataforma logística para re-establecer las cadenas de producción y suministro consideradas imprescindibles, caso agroalimentario (Fedeagro, Fedenaga, Cavidea, ministerios relacionados y de Energía), farmacéutico – médico (Droguerías, farmacias y ministerios relacionados) y del transporte público y automotor. Se explica que, a éstas empresas se les deben garantizar el transporte y combustible de las unidades que transportan materias primas y de los empleados diariamente a sus respectivos lugares de trabajo para la continuidad de la producción de alimentos, la seguridad de los empleados a sus sitios de trabajo y retorno a sus hogares.

Los servicios públicos en Venezuela, así como están en un nivel muy pobre por el deterioro y retroceso acumulados, así mismo constituyen grandes oportunidades para la inversión en co-gestión pública-privada por lo que la apertura a los mismos a la inversión privada constituye una gran oportunidad para además de la inmediata adopción tecnológica el apalancamiento de estos y abatimiento pronto de las amenazas de mayor desempleo y pobreza que trae implícita la catalización pandémica · Se insiste en que el estado debe asumir con las mejores voluntades nacionales la planificación de acciones para estimular la gestión empresarial (allí está el ejemplo del giro de China y el florecimiento de su economía estos años), en donde el establecimiento de consensos tripartitos, la promoción de toda actividad económica, la captación de ideas y promoción desde todos los sectores es una fuente siempre bienvenida en la actividad económica y se potencia en la situación actual de la gestión gubernamental y de los padecimientos que sobrelleva el pueblo venezolano, así las acciones de política coherentes y consensuadas pueden iniciar y marcar la diferencia.

9 de abril de 2020

Las Noticias de Cojedes

https://lasnoticiasdecojedes.com/2020/04/09/algunas-propuestas-para-enfr...

 7 min


La pandemia, en tanto fenómeno global, debe ser enfrentada globalmente. Lo hemos leído y escuchado. Suena lindo. La realidad, en cambio, no es linda. Porque para que esa utopía, la de la unidad global pueda cumplirse, no solo se necesitan buenas intenciones sino organismos y-o líderes en condiciones de convertirlas en realidad.

Instituciones

Existen organismos globales, partiendo desde las propias Naciones Unidas, pero todos sabemos lo que es la ONU. En primer lugar un foro mundial. En segundo, un espacio donde los gobiernos tejen coaliciones, acuerdos y desacuerdos. En tercero, gracias al derecho a veto que disponen las potencias mundiales, carece de poder resolutivo frente a los principales problemas que acosan a la humanidad, sean climáticos, bélicos o, como ocurre en nuestros días, pandémicos.

Lo mismo sucede con las grandes organizaciones regionales. La OEA o la UE, por ejemplo, carecen de dispositivos para coordinar políticas ante peligros comunes. Cuando más, disponen de fondos para repartir en caso de extrema urgencia. Descartando a los grandes organismos internacionales entonces, la posibilidad de acciones conjuntas solo puede ser llevada a cabo a partir de acuerdos bi o multilaterales frente a problemas puntuales (guerras, migraciones, epidemias)

Alemania por ejemplo, ha colaborado intensamente con Italia durante la crisis pandémica. Colaboración que bien mirada es una acción de autoayuda. En efecto, mientras menor es el grado de contaminación en países cercanos, menor puede llegar a ser en el propio. Esa premisa tan simple no ha sido entendida por la mayoría de los gobiernos europeos. Cada uno se ha encerrado en su propia nación, marcando distancias inexistentes con los países vecinos. Como si el virus respetara límites geográficos.

Liderazgos

Otra posibilidad son los liderazgos. Nos referimos a naciones líderes que se encuentren en condiciones de mostrar vías para contrarrestar problemas comunes. Para poner ejemplos bélicos, algo así como EE UU y la URSS durante la segunda guerra mundial. En la actual lucha en contra del virus global en cambio, no existen naciones líderes. Cuando más voces cuerdas, gobernantes que por instinto práctico han tomado medidas dignas de ser imitadas.

Cada gobierno actúa por su cuenta. El internacionalismo coronario es enfrentado con políticas nacionales. El virus, bajo esas condiciones, se expande con desconcertante celeridad.

La nación predestinada a liderar la lucha mundial en contra del Covid-19, era sin duda USA. Por su desarrollo económico, tecnológico y científico, por su pasado internacionalista probado en dos guerras mundiales, por su tradición republicana y sobre todo por ser vínculo cultural y político entre la Europa democrática y ese “lejano occidente” llamado América Latina, podría haber estado en condiciones óptimas para coordinar la lucha mundial en contra del coronavirus. Si no pudo asumir ese rol hay una sola razón. Esa razón se llama Donald Trump, o si se prefiere, la doctrina Trump. En ese punto no podemos sino coincidir con la opinión de la destacada historiadora Anne Applebaum: “Una de las realmente grandes tragedias del momento” - escribe - “es que Estados Unidos tiene hoy a un presidente como Donald Trump. En lugar de tener a alguien que buscara unir a personas y esfuerzos para combatir el coronavirus, le tenemos a él, y el problema no es sólo que sea un nacionalista, sino que es un narcisista que no está interesado realmente en el destino de su país. Tenemos una terrible mala suerte en estos momentos. El país líder del mundo occidental en las últimas décadas está ahora liderado por la persona más catastróficamente errónea” (El País, 30.03.2020)

Pueden entenderse los motivos que llevaron a Trump a desvincularse económicamente de Europa y convertir a China en un rival también económico. El problema es que Trump, economicista hasta los huesos, traspasó su visión de la economía al espacio de la política internacional sin entender que, aunque economía y política son dimensiones interdependientes, no son reducibles la una a la otra.

Es posible ser nacionalista en la economía e internacionalista en la política. El problema es que para Trump y sus seguidores no es así. La economía para ellos es lo mismo que la política y punto. Solo así se explica que una potencia, precaria desde el punto de vista económico pero dinámica desde el político, la Rusia de Putin, haya logrado tantos avances internacionales bajo la era Trump.

El aislacionismo trumpista ha terminado por convertirse en un boomerang para los EE UU. Cerrado a la posibilidad de comunicar con otras naciones, tampoco ha sabido aprender de ellas. Todo lo contrario: confiado Trump en la superioridad económica y tecnológica de su país, negó en un comienzo la dimensión de la amenaza pandémica. Cuando el avance del coronavirus ya era irreversible, intentó desviar la atención de la opinión pública hacia otros ámbitos. Su delirante política hacia Venezuela, al poner precio a la cabeza de Maduro, es un ejemplo. Sus anuncios relativos a un ataque iraní a las tropas norteamericanas establecidas en Irak no fueron creídos ni en sus propias filas. Cuando no tuvo más alternativa que enfrentar a la crisis pandémica – lo que ha hecho de un modo populista y demagógico - toda New York estaba infectada.

Gobiernos

Librados a su propia suerte y sin control internacional, no pocos países han sido víctimas de inescrupulosas figuras presidenciales sin formato ético- político. Si ese control hubiera existido, ni Johnson (a quien deseamos pronta recuperación) habría podido hablar de la “extinción natural del virus”, ni López Obrador afirmar que combatía el virus con un rosario y un trébol de cuatro hojas, ni a Bolsonaro decir que solo se trataba de “un resfriadito”. Tampoco las autocracias que proliferan en nuestro tiempo habrían podido utilizar la cruel enfermedad como medio para acumular mayores cuotas de poder.

No pocos autócratas han puesto al Covid-19 a su servicio. Maduro, quien tomó medidas a tiempo en medio del desastre en que ha convertido a los hospitales de su país, utilizó la pasividad de las calles - y por cierto las provocaciones inútiles de una oposición que le exige renunciar sin tener ningún medio para lograrlo - para aumentar el número de detenciones por motivos políticos. El régimen polaco, sin consultar a ningún gobierno europeo, decidió posponer las elecciones por dos años. Y el inefable Orban, clausuró (léase clausuró, no suspendió) al parlamento húngaro asumiendo pleno control sobre todos los aparatos informativos, ante el aplauso de los anti-demócratas del nacional populismo europeo, Santiago Abascal a la cabeza. Bajo esos gobiernos, las cifras de contagiados y muertos serán de ahora en adelante las que decida cada autócrata o dictador. Si es que alguno necesita aumentar la tensión pública para intensificar el grado de represión, estas serán altas. Si en cambio necesitan mostrarse como exitosos, serán bajas. En ese sentido, hay gobiernos que no se diferencian de las personas neuróticas. Mientras hay maximalistas que elevan la dimensión de la crisis, hay minimalistas que la reducen e incluso ignoran. Estos últimos son los que están más muertos de miedo.

Tragedias colectivas y globales como la que representa la expansión del covid-19 tienen como efecto evidenciar lo mejor y lo peor de la condición humana. En tanto la política es inherente a esa condición, el Covid-19 ha expuesto, como si fuera una radiografía global, las predisposiciones patológicas que anidan en diversos gobiernos de la tierra. Así como muchos de ellos han mostrado mesura, diligencia y sensibilidad (en América Latina hay varios) hay otros que han desnudado sus ineptitudes, su demagogia, su irresponsabilidad, y no por último, su bajísimo grado de civilidad.

En diversas latitudes la crisis pandémica amenaza con convertirse en crisis de gobernabilidad. Por si fuera poco. Mondo cane.

https://polisfmires.blogspot.com/2020/04/fernando-mires-los-gobiernos-de-la.html?utm_s

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La celeridad y la eficacia nunca han sido los signos distintivos de la administración de justicia venezolana. Sin embargo, la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de ordenar el cierre del grueso de los juzgados del país, en alineación con las medidas adoptadas por la administración de Nicolás Maduro para intentar frenar la propagación de la COVID-19 en el país, parece que solo empeorará el desempeño del Poder Judicial y no necesariamente protegerá a los más vulnerables.

Para Acceso a la Justicia la resolución 001-2020 que la Sala Plena aprobó el pasado 20 de marzo contiene al menos seis irregularidades que, sin duda, violan principios y normas constitucionales que atentan contra la buena marcha de la justicia.

  • La lentitud genera incertidumbre. La resolución fue dictada casi una semana después de que el Gobierno decretara el estado de alarma. Esta situación no solo reflejó la poca diligencia del TSJ a la hora de proteger a los funcionarios y usuarios de la administración de justicia, sino también una manifiesta violación de la seguridad jurídica, principio universal que produce certeza y confianza entre las personas sobre el orden jurídico vigente, especialmente para saber con antelación a qué atenerse, especialmente ante circunstancias excepcionales.

Nada más publicado el nuevo de decreto de estado de excepción comenzó a circular un aviso en las diferentes redes sociales, firmado por el juez coordinador de los Tribunales Civiles, Mercantiles, Tránsitos y Bancarios de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, en el que informaba que no habría despacho ni atención al público en ninguno de los juzgados que hacen vida en la mencionada sede por un lapso preventivo de cuarenta días, contados desde el lunes 16 de marzo, o por el tiempo que estableciese el Ejecutivo Nacional, «el cual puede variar según las circunstancias estimadas por las autoridades competentes». Sin embargo, esta información nunca fue confirmada por las instancias judiciales competentes del país y no fue sino hasta cuatro días después que apareció la decisión de la Sala Plena.

Lo más grave de la lenta reacción del TSJ es que con ella desconoció el exhorto contenido en el propio decreto de alarma, donde se le instó a que con el apremio que exige la circunstancia tome «las previsiones normativas que permitan regular las distintas situaciones resultantes de la aplicación de las medidas de restricción de tránsito o suspensión de actividades y sus efectos sobre los procesos llevados a cabo por el Poder Judicial o sobre el funcionamiento de los órganos que lo integran» (disposición final quinta).

  • Con carácter retroactivo. A pesar de que la resolución se dictó el 20 de marzo, el TSJ estableció que su vigencia era a partir del 16. Para Acceso a la Justicia esto significa una grotesca vulneración del principio jurídico que rige en la aplicación de las leyes, denominado principio de la irretroactividad, el cual está previsto en el artículo 24 constitucional, así como en el artículo 3 del Código Civil.

Las disposiciones antes citadas señalan que en Venezuela está prohibido aplicar las normas hacia el pasado y, por ende, la vigencia de las mismas empieza a partir de su publicación en la Gaceta Oficial, es decir, hacia el futuro. No obstante, debe advertirse que el artículo 24 dela Constitución permite retrotraer las normas solo cuando estas «impongan menor pena», refiriéndose a las sanciones que establezcan las leyes penales.

En todo caso, este principio de la irretroactividad aparece vinculado con el de la seguridad jurídica, y este binomio permite que las personas puedan saber a qué atenerse respecto a la aplicación de las normas en un momento determinado en el país.

  • La vigencia en entredicho. El TSJ estableció que la resolución entraría en vigor con independencia de que sea o no publicada en la Gaceta Oficial. Así, en el artículo 8 del instrumento «se ordena la publicación de esta Resolución en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela y en la Gaceta Judicial, sin que tal publicación condicione su vigencia. Asimismo, se ordena su publicación en el sitio web del Tribunal Supremo de Justicia».

Para Acceso a la Justicia esta disposición vulnera el principio de publicidad, otra garantía que permite a las personas conocer de la existencia de normas jurídicas. El artículo 1 del Código Civil es claro al señalar que «la ley es obligatoria desde su publicación en la Gaceta Oficial o desde la fecha posterior que ella misma indique». El TSJ omitió, sin duda, el valor jurídico que representa publicar en Gaceta Oficial, paso que marca la existencia real de la resolución en el orden jurídico. A esto además hay que añadir que la página web del TSJ no está en línea desde hace más de un mes, por lo que su publicación en Gaceta Judicial tampoco constará ni será pública, por lo menos, por ahora.

  • Muchas lagunas. El artículo 1 de la resolución señala que «ningún tribunal despachará desde el 16 de marzo hasta el 13 de abril de 2020, ambas fechas inclusive, período en el que permanecerán en suspenso las causas y no correrán los lapsos procesales», pero «ello no impide que se practiquen las actuaciones urgentes para el aseguramiento de los derechos de alguna de las partes». Para tales fines estableció que «los órganos jurisdiccionales tomarán las debidas previsiones para que no sea suspendido el servicio público de administración de justicia», y por ende “se acordará su habilitación para que se proceda al despacho de asuntos urgentes”.

Esta disposición no es tranquilizante y genera muchas dudas. ¿Los motivos? El primero es que después de casi tres semanas de haberse declarado el aislamiento físico por parte del Ejecutivo nacional hasta la fecha los órganos jurisdiccionales siguen paralizados, sin que se conozca qué medidas se han implementado «para que no sea suspendido el servicio público de administración de justicia».

En segundo lugar, la norma contiene elementos contradictorios al disponer simultáneamente el cierre de los tribunales del país y la posibilidad de que se proceda «al despacho de asuntos urgentes», pero no aclara cuáles son aquellos que los jueces pueden analizar durante esta etapa.

  • Omisiones que impiden acceder a la justicia. Acceso a la Justicia denuncia que el TSJ incurrió en un olvido importante, pues aunque en el artículo 2 de la resolución se señala que los amparos se pueden interponer por vía electrónica, no publicó cuáles son las direcciones de correo electrónico que podrían ser utilizadas por las personas que requieran hacer uso de este recurso judicial para defender sus derechos.

Esta omisión, aparte de atentar contra el derecho a la información (artículo 58 constitucional), produce una grave lesión al derecho a la defensa (artículo 49.1 constitucional), concretamente, porque niega la posibilidad de presentar la solicitud de amparo por correo electrónico, una herramienta que, justamente, atiende a la informalidad y celeridad que exige este tipo de procesos.

  • Protección a medias. Acceso a la Justicia denuncia que la resolución parte de la premisa que con tribunales penales de guardia se cumple con la tutela judicial efectiva, sin entrar en mayores consideraciones a la luz de la COVID-19. Sin embargo, consideramos que esto no es así; alarma que con una pandemia de tan fácil propagación el TSJ no haya establecido mecanismos extraordinarios para la población detenida.

Desde Acceso a la Justicia estimamos necesario definir planes para otorgar medidas sustitutivas para los detenidos que cumplan con los requisitos, así como el otorgamiento de medidas humanitarias para la población carcelaria con enfermedades como tuberculosis o VIH. Además, consideramos necesario que se ordene el traslado de los detenidos en retenes policiales, dado que allí están en condiciones de hacinamiento que los colocan en riesgo; y que se libere a los presos políticos, muchos de los cuales ni siquiera tienen procedimientos abiertos o incluso algunos tienen boletas de excarcelación.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

La resolución del TSJ no busca verdaderas soluciones para garantizar el acceso a la justicia durante la pandemia de COVID-19. Es un instrumento ambiguo y deficiente en un aspecto crítico, como lo es atender a los más vulnerables, pues, entre otros aspectos, no establece algún tipo de medidas para evitar los contagios entre los reclusos que están en las hacinadas e insalubres cárceles y comandos policiales venezolanos.

Es ingenuo creer que si en tiempos de normalidad no hay una administración de justicia independiente, eficiente, rápida y transparente, mucho menos estará asegurada en circunstancias excepcionales como las que existen hoy en día. Las experiencias de las crisis eléctricas ocurridas en los años 2009, 2010, 2015 y el gran apagón de 2019 han demostrado además que el Poder Judicial no ha sido capaz de lidiar con circunstancias extraordinarias y con su volumen de trabajo normal, lo que ha se ha traducido en un aumento del ya grave retardo procesal.

https://www.facebook.com/notes/acceso-a-la-justicia/la-deficiente-respue...

 6 min


Marino J. González R.

Extraordinarios dilemas confrontan los gobiernos de América Latina en el control de la pandemia por Covid-19. Uno de ellos es la opción de políticas que pueden tomar los sistemas de salud. Se trata de ponderar si se cuenta con las capacidades para detectar casos y tratarlos, sin ejecutar medidas de confinamiento de la población.

Esta es la opción que tomaron países como Corea del Sur, Japón, Singapur. En todos se constataron éxitos tempranos en el control, aunque también en todos ellos han resurgido los casos recientemente. De hecho, Japón aprobó en las últimas horas el confinamiento de los habitantes de Tokio hasta el 6 de mayo.

Un dilema consecutivo al anterior, en los países que optan por el confinamiento, es establecer el tiempo requerido para controlar la mayor cantidad de casos y limitar la sobrecarga de demanda de los servicios de salud, especialmente en las unidades de alta complejidad como las de terapia intensiva. Pero también es fundamental que el confinamiento dure lo menos posible para evitar mayores afectaciones de la actividad económica y social.

En países europeos, como España e Italia, que han implementado medidas extremas de confinamiento, el tiempo de duración se ha extendido al menos por seis semanas. En España la fecha de finalización propuesta actualmente es el 25 de abril. En Italia todavía no está definida una fecha. En ambos países, la información disponible hasta el 6 de abril, indica que ya presentan una tendencia de reducción de casos nuevos en la última semana (8% en promedio para España y 1,3% en Italia).

La situación ideal es que la tendencia de reducción de casos se alcance lo más rápido posible, y que exista el tiempo suficiente para planificar el cese del confinamiento.

El anuncio de estas medidas con anticipación, redunda en que todos los actores sociales estén en capacidad de programar la restitución de actividades.

Diez países de América Latina han aprobado medidas de confinamiento nacional hasta la fecha. Otros países han implementado el confinamiento en áreas específicas (Chile y Brasil, por ejemplo). A continuación, se analizan solo los casos de confinamientos de carácter nacional. Debe destacarse que el confinamiento no ha sido homogéneo. Ha habido variaciones de horas, días de la semana, tipos de servicios, entre otros aspectos. Se pueden distinguir tres grupos de países.

El primer grupo se compone de países que establecieron fechas de finalización del confinamiento y que han procedido a prorrogarlas con antelación. Estos países son Colombia y El Salvador. En el primer país se había fijado que el confinamiento cesaba el 13 de abril. En El Salvador era el 22 de abril. Los gobiernos de estos países han anunciado en las últimas horas que extienden el confinamiento, hasta el 27 de abril en Colombia, y hasta la primera semana de mayo en El Salvador. Es muy probable que en ambos casos haya influido el hecho de que la proporción de casos nuevos ha aumentado en la última semana (4% en Colombia y 8% en El Salvador). El anuncio a tiempo de esta prórroga indica que el seguimiento de la tendencia de casos ha sido tomado en cuenta.

En Argentina y Bolivia, segundo grupo de países, los gobiernos han indicado recientemente que están considerando la prórroga del confinamiento. En ambos casos se había aprobado que el confinamiento terminara en los próximos días (12 y 15 de abril, respectivamente). En Bolivia el aumento de 28% promedio en el número de nuevos casos, debe ser un aspecto valorado por el gobierno. En Argentina, no se cuenta con el reporte de casos en días recientes en la base de datos de la Universidad Johns Hopkins.

El tercer grupo está formado por países en los cuales no se ha indicado que están considerando la prórroga del confinamiento. Dos de estos países, Paraguay y Perú, han experimentado aumentos promedio de 87% y 58%, respectivamente, en el número de casos nuevos en la última semana. En ambos países la prórroga debe estar siendo ponderada. La fecha tope vigente es el 12 de abril. En los restantes países del grupo (Ecuador, Guatemala, Panamá, República Dominicana, Venezuela), la información disponible no es suficientemente robusta para el análisis de tendencias, pero todo indica que las actividades de control no garantizan a la fecha que se pueda cesar el confinamiento.

De acuerdo con lo anterior, es bastante probable que todos los países en confinamiento por el covid-19 terminen aprobando prórrogas que abarquen hasta finales de mes de abril.

Esto significaría que en estos países la paralización podría extenderse por un mínimo de seis semanas. Si a ello agregamos los países que no han optado por el confinamiento nacional (de manera especial Brasil y México), es bastante evidente la severidad de los efectos que puede tener la pandemia en la región en las próximas semanas.

marinojgonzalez@gmail.com

https://talcualdigital.com/resultados-iniciales-del-confinamiento-en-ame...

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Vladimiro Mujica

Este artículo se benefició en gran medida de un extenso diálogo con mi entrañable amigo José Domingo Mujica. Así que decidimos escribirlo a dos manos.


Estamos convencidos de una verdad que no es posible exagerar y en la que coinciden muchos expertos: en Venezuela estamos corriendo un riesgo considerable de que se produzca una catástrofe. Una combinación letal de la acción destructora de 22 años de desgobierno chavista, que ha literalmente arruinado al país, su economía y sus sistemas educativo y sanitario, con la dramática pandemia asociada al covid-19.

A la crítica situación del sistema de salud, se le unen dos elementos más que gravitan sobre la terrible situación del país: la carencia extrema de combustible, producto de la destrucción de la capacidad de refinación y producción de crudo, y la creciente incapacidad para producir y transportar alimentos.
En medio de la cuarentena impuesta sobre la población, en los sectores más empobrecidos se vive cada vez más intensamente un cuadro de ansiedad creciente, donde el miedo al coronavirus se conjuga con el espectro del hambre.

En resumen, estamos en presencia de una tormenta perfecta que puede no abatirse sobre nuestro país, pero que representa un riesgo real.

La situación es de tal complejidad, que es necesario advertirle con claridad a la población que nuestras posibilidades de enfrentarla sin ayuda humanitaria internacional son muy reducidas. Y que es necesario intervenir y actuar antes de que el hambre, la carestía y la pérdida de empleos y de las posibilidades prácticas de ejercer la economía informal, rompan las restricciones de la cuarentena y precipiten un aumento importante en el número de contagios por la pandemia.

Todo ello coexistiendo con el fantasma latente de la violencia social, eventualmente enfrentada a un régimen fascistoide que pretende la imposición policial y militar de la cuarentena.

Esta dinámica marca las estaciones y los tiempos de la pandemia. Una dinámica que se rige por eventos parcialmente incontrolables porque tienen que ver con inestabilidades epidemiológicas y sociales coexistiendo en un complejo laberinto.

En la otra dimensión están los tiempos de la política. Por un lado, el régimen conectado umbilicalmente a un ejercicio del poder que combina una dimensión autoritaria, populista y militarista de control de la sociedad, con vínculos con otros regímenes autoritarios del mundo, como el cubano y el ruso, y conexiones con el crimen y el narcotráfico.

Todo ello cabalgando sobre esquemas de explotación de los recursos del país, que son completamente opacos al control de los menguados órganos contralores de la nación. Un increíble laberinto de ejercicio criminal del poder que ha transformado a Venezuela no solamente en un Estado fallido, sino en una quimera de economía dolarizada coexistiendo con un bolívar depauperado.

Una mezcla explosiva que depende tanto de la corrupción como del lavado de divisas, y que puede colapsar en cualquier momento frente a las dificultades impuestas por la cuarentena, los bajos precios del petróleo y la vigilancia internacional sobre Venezuela.

Por otro lado están los actores internacionales y especialmente la presión del gobierno norteamericano sobre el régimen venezolano, con el apoyo de los países vecinos, el Grupo de Lima, la OEA y la Unión Europea, cuya última expresión son las requisitorias judiciales sobre un grupo numeroso del círculo del poder alrededor de Maduro, con la amenaza creciente de un bloqueo naval sobre Venezuela.

Los tiempos de esta dinámica están impuestos en buena medida por las decisiones de los Estados Unidos, que de manera cada vez más explícita considera las dimensiones regionales de la crisis que gravita alrededor de Venezuela y que ha propuesto, de manera muy inteligente, un esquema de gobierno de transición que ha aumentado enormemente la presión sobre el régimen venezolano y ha re-direccionado en buena medida la percepción internacional acerca de la responsabilidad del régimen de Maduro en la crisis del país.

Por último están los actores de la resistencia democrática, reunidos alrededor del presidente encargado Guaidó, que han hecho extraordinarios esfuerzos para presionar por una salida que combine una apertura política basada en la propuesta de los Estados Unidos, con un conjunto de decisiones sobre un gobierno de emergencia que abra la compuerta a la ayuda internacional.

La grave pregunta que continúa gravitando sin respuesta en medio de este análisis de dinámicas sociales, epidemiológicas y políticas es ¿Qué ocurre si los tiempos de la pandemia desatan una crisis social de dimensiones incontrolables, mientras los tiempos de la política siguen a un ritmo distinto, en suspenso, esperando que la presión internacional quiebre la intransigencia criminal del régimen madurista?

Por supuesto que en un mundo ideal, la expectativa es librarse simultáneamente de la amenaza del coronavirus y del virus autoritario que corroe y destruye al país. Pero esta expectativa plantea un dilema terrible: ¿Es la protección de la gente una prioridad superior a inducir el cambio político que los demócratas queremos para Venezuela? ¿Son los tiempos de alguna tregua negociada?

Estas preguntas no tienen ninguna respuesta evidente, sobre todo porque la negociación con el régimen venezolano no ocurre con ningún actor honorable, sino con un grupo arrinconado y dispuesto a arriesgar y sacrificar todo por mantenerse en el poder.

Pero independientemente de que tengamos respuestas, estas son las preguntas que continuaran presionando la percepción angustiada de nuestra gente, que ahora vive no solamente frustrada por el estancamiento político, sino atemorizada por la bomba de tiempo de la pandemia.

Sobre todo esto la respuesta del régimen son las que ya conocemos, cargadas de mentiras y evasivas. ¿Son suficientes las de la resistencia democrática? Los dos relojes y los dos tiempos siguen su ritmo ineluctable.

https://talcualdigital.com/los-tiempos-de-la-pandemia-y-los-tiempos-de-l...

 4 min


Leopoldo Martínez Nucete

Este año, los estadounidenses nos enfrentamos a una elección presidencial que la mayoría considera histórica, en la que la democracia, la justicia y los valores centrales de los EEUU están en riesgo en la boleta electoral. Además de la figura polarizante de Donald Trump, quien ya es una figura política atípica, estamos entrando en el tramo crítico de las elecciones, en las aguas desconocidas de una pandemia. ¿Qué puede pasar? Por lo pronto, se ha retirado el precandidato demócrata Bernie Sanders y la carrera será entre Trump y Joe Biden.

A medida que continuamos confinados en nuestras casas, aterrorizados por la proyección de más de 100.000 posibles muertes en los Estados Unidos (y más de un millón en el mundo), y manejando el estrés de los impactos económicos de la pandemia, también estamos pensando y lidiando con las consecuencias políticas de la crisis del Covid-19.

Este año, los estadounidenses nos enfrentamos a una elección presidencial que la mayoría de nosotros considera histórica, en la que la democracia, la justicia y los valores centrales de los EEUU están en riesgo en la boleta electoral. Además de la figura polarizante de Donald Trump, quien ya es una figura política atípica, estamos entrando en el tramo crítico de las elecciones, en las aguas desconocidas de una pandemia.

Podríamos, por primera vez, ver a los dos principales partidos políticos celebrar convenciones nacionales virtuales. El Comité Nacional Demócrata (DNC) ya movió la fecha de la Convención del Partido Demócrata del 17 de julio al 17 de agosto de 2020. Varias primarias demócratas estatales se pospusieron hasta fines de mayo o principios de junio, sin tener la certeza sobre si la pandemia continuará siendo un obstáculo para cerrar esos capítulos en las nuevas fechas adoptadas.

Pero si algo está claro, es que estamos entrando en una recesión económica, y una regla general es que la reelección de un presidente es casi imposible en ese escenario. Pero esta no es una recesión típica, ya que está marcada por una emergencia sanitaria, y podría decirse que es una situación forzada (algunos expertos dirían que precipitada) por la pandemia.

Además, nos encontramos sustituyendo el encuentro personal (con dirigentes o con voluntarios y ciudadanos), innovando con videoconferencias y otras formas de intercambio digital para trabajar la política desde casa. Los candidatos, refugiados en sus hogares, están luchando por alcanzar espacio en los medios, ya que todo el oxígeno en las salas de redacción lo consumen las ruedas de prensa informativas diarias de la Casa Blanca, las reuniones de prensa con gobernadores, y los programas de opinión con expertos que ofrecen orientación médica o analizan hasta dónde puede llegar esto. La recaudación de fondos para las campañas también es un gran problema; que está obligando a ajustar los presupuestos, en la que será probablemente una campaña como nunca antes dominada por el alcance y la participación digital o en redes sociales.

Ya muchos expertos se preguntan cómo llevar a cabo las elecciones en sí (votación anticipada y medidas para facilitar el derecho al voto de las personas) en un escenario en el que la pandemia se extiende hasta octubre y noviembre. Ciertamente, las proyecciones de brotes podrían empeorar y afectar a los estados que no entienden hoy lo que quiere decir el gobernador Andrew Cuomo de Nueva York cuando dice a sus colegas: “Nueva York hoy es su estado mañana”, instando a esos gobernantes, reacios a seguir pautas estrictas para evitar la propagación del virus, a prepararse para un pico en sus jurisdicciones en el corto plazo.

Cómo funciona el sistema electoral en EEUU

En efecto, en el complejo sistema federal de los Estados Unidos no hay una sola elección nacional dirigida por un ente central, sino que en cada estado se realiza una elección a cargo de la Secretaría de Estado de la Gobernación y los comités electorales de los condados, en el marco del sistema del Colegio Electoral. Mucha gente se pregunta si el precedente de elecciones primarias postergadas el mes pasado representa una situación en que pensar si mañana algún estado, o un grupo de estos, sigue afectado por la pandemia mientras ya se ha controlado en la mayor parte del país o el epicentro actual que se encuentra en Nueva York. Hasta dónde llega la discrecionalidad de los gobiernos estadales, cómo se puede el sistema garantizar el derecho al voto en medio de la emergencia, particularmente en una sociedad donde hay amplio acceso a internet y el sistema de correos funciona con mucha eficacia.

Otro factor interesante que ha surgido en medio de esta pandemia, en buena medida dada la gestión errática de la crisis por parte de la Casa Blanca, pero también debido a las complejidades del sistema legal y federal de los Estados Unidos, es lo difícil que ha sido crear una respuesta nacional de emergencia coherente y uniforme para enfrentar una crisis de salud pública como esta; desde lograr uniformidad en las pautas de distanciamiento social o las medidas de cuarentena o confinamiento en casa, hasta el manejo del suministro y distribución de equipos médicos o la logística necesaria en la respuesta a la crisis.

Pero por otro lado, está la cultura del individualismo y el consumismo, natural y profundamente arraigado en los estadounidenses, y su desconfianza en la intervención gubernamental, que crea un fuerte contraste con las mejores prácticas para enfrentar la pandemia, según hemos visto en otros países como Corea del Sur y Alemania, por ejemplo.

4 puntos clave en el tablero electoral

Finalmente, toca hablar del impacto político-electoral de la crisis. Es temprano y casi imposible realizar sondeos y proyecciones sólidas de opinión, en un entorno tan volátil. El estado de ánimo de los ciudadanos, las percepciones y las preferencias pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos, incluyendo cambios de 180 grados en la opinión pública. Pero vale la pena destacar cuatro puntos en esta etapa preliminar:

1) Esta será una elección Joe Biden vs. Trump. Ya esta semana se ha retirado el senador Bernie Sanders, quedando despejada toda incertidumbre en el campo demócrata. Como lo dijimos en nuestra columna semanal en ALnavío, hace poco más de un año (7 de marzo de 2019): “Joe Biden, quien fue vicepresidente de Barack Obama, se está tomando su tiempo, pero pronto anunciará la decisión de participar en las primarias del Partido Demócrata en EEUU. Las encuestas confirman que su candidatura se pondría inmediatamente a la cabeza del grupo y que es el candidato con mayor probabilidad de derrotar a Donald Trump si las elecciones fuesen hoy”. Y ese es precisamente el escenario donde estamos en este momento. El primer lote de encuestas de aprobación presidencial (partiendo del seguimiento de Gallup), indica que el índice de aprobación de Trump aumentó a su mejor número desde que llegó al poder en 2016, alcanzando un promedio de 47-48%. Dada su errática gestión de la emergencia, esta aprobación es sorprendente, pero esto no es extraño. Las tendencias de la opinión pública de apoyo al presidente suelen ser favorables al comenzar, e incluso durante una crisis o emergencia nacional hasta que la sociedad entra en la fase de evaluación del desempeño gubernamental y sus consecuencias.

2) Ahora la atención se enfoca en quién será la compañera de fórmula de Joe Biden. El propio candidato y exvicepresidente se ha encargado de despejar incógnitas al comprometerse a nominar a una mujer como candidata a vicepresidente en estas elecciones. ¿Quiénes se especula podrían ser elevadas a esa importante posición? Un grupo de analistas y activistas apuntan a la senadora Kamala Harris, de California. Brillante, carismática, de penetrante oratoria y verbo aguerrido contra Trump. Fue precandidata y se retiró temprano, y antes ejerció como fiscal general de California, donde destacó muchísimo, además de desarrollar una cercana amistad con Beau Biden, el difunto hijo del exvicepresidente, quien era en ese mismo tiempo fiscal general de Delaware, y a quien se le tenía como una de las estrellas emergentes en el partido. Kamala Harris es además afroamericana e hija de inmigrantes de Jamaica y la India, lo cual elevaría el tema de la inclusión social de los inmigrantes y reconocería el inmenso apoyo recibido por Biden de la comunidad afroamericana.

Otra mujer, también afroamericana, situada en posición de ser considerada para esta nominación es Stacey Abrams, excandidata a gobernadora de Georgia, a quien la elección le fue literalmente arrebatada por el abuso de poder y la supresión de electores por parte del entonces secretario de Estado y ahora gobernador, quien prácticamente fue árbitro electoral y candidato en un sistema que ha emblematizado la crisis política que existe en EEUU.

Pero también es importante pensar en la geografía electoral. Biden, bien ubicado en el medio-oeste estadounidense (los estados de Pensilvania, Michigan, Wisconsin y Ohio), podría asegurar ese tablero que le daría la victoria en el sistema de los colegios electorales nominando a la senadora Amy Klobuchar, de Minessotta, y excandidata en la primaria demócrata (quien le ofreció un apoyo fundamental a Biden en la ruta hacia la consolidación de su preeminencia en la primaria). También se habla de la joven y carismática gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer.

Por otra parte, los grupos de activistas y líderes hispanos han elevado con suficientes méritos para esa posición la consideración de la senadora de Nevada, Catherine Cortez-Masto, de familia de inmigrantes con origen mexicano e italiano, quien tiene una buena relación con Biden, e impecables credenciales como fiscal general y ahora senadora por su estado. Cortez-Masto tendría sin duda un efecto movilizador en el electorado latino también clave en esta elección.

Y finalmente, está la senadora Elizabeth Warren, de Massachusetts, que sería una forma de incorporar las tendencias más progresistas del partido, que han convocado a los jóvenes en un movimiento que tanto ella como el senador Sanders han capitalizado. Sólo algo está claro en nuestra opinión como una clave en este acertijo vicepresidencial. Biden fue vicepresidente de Obama y desarrollaron una relación de absoluta lealtad y confianza (el “bromance” o “amor de hermanos”), que sin duda Biden querrá replicar en su presidencia para delegar, como lo hizo Obama con él, con amplitud el desarrollo de su agenda presidencial, que sabemos también convoca y es expresión de una coalición muy amplia que suma toda la diversa demografía electoral de los EEUU, e incluye a electores independientes, moderados (sumando republicanos que no simpatizan con Trump), y progresistas, incluyendo a los de enfoque más pragmático.

3) La preferencia genérica de votación también está abierta a favor de los candidatos demócratas en la carrera por el control del Congreso. Según lo reportado por el prestigioso portal FiveThirtyEight, esa ventaja es en promedio de 9% a favor de los abanderados del Partido Demócrata.

4) La lucha económica que acompaña a la pandemia tendrá también un impacto político. El paquete legislativo inicial de alivio y estímulo económico tiene una marca bipartidista. Pero a medida que avanzamos en la crisis, habrá nuevos episodios, quizás más impulsados por el partidismo, que definirán la opinión pública. Y también se iniciará el debate sobre la eficacia del Ejecutivo Federal y el propio Trump en la ejecución de las medidas autorizadas por la ley de emergencia recién aprobada.

Una recesión atípica

Pero si algo está claro, es que estamos entrando en una recesión económica, y una regla general es que la reelección de un presidente es casi imposible en ese escenario. Pero esta no es una recesión típica, ya que está marcada por una emergencia sanitaria, y podría decirse que es una situación forzada (algunos expertos dirían que precipitada) por la pandemia. Y, por supuesto, las percepciones y opiniones sobre la responsabilidad de Trump en el manejo de la crisis entrarán en juego. ¿Cómo lo evaluarán los ciudadanos? Es difícil predecirlo a estas alturas y cómo puede incidir en las preferencias electorales; aunque algunos argumentarán que una recesión es una recesión, y su impacto será siempre negativo sobre quien ejerce la Presidencia. Punto y aparte.

Jueves 09 de abril de 2020

AlNavio

https://alnavio.com/noticia/20764/politica/como-determina-el-coronavirus...

 9 min


Daniel Eskibel

¿Cómo ejercer el liderazgo político cuando todo se trastoca? ¿Cómo mantener o acrecentar ese liderazgo cuando el mundo político, económico y social parece saltar por las aires? Porque es precisamente en medio de las crisis cuando los ciudadanos miran con expectativa inusitada hacia los líderes políticos.

Y entonces, mientras todas las miradas convergen en ellos, ¿hacia dónde miran los líderes políticos?

De la inteligencia artificial a la inteligencia emocional

A las 10 de la mañana del 31 de diciembre de 2019 saltaron todas las alarmas. Un virus desconocido brotaba en Wuhan, una ciudad china con una población de 12 millones de habitantes. Y el virus podría comenzar a saltar hacia otras regiones, comenzando por Bangkok, Seúl, Taipei, Singapur y Tokio.

Aquella voz de alerta no la dio un líder político ni un científico ni una organización internacional ni un gobierno. La voz de alerta la dio una inteligencia artificial.

Desde su base en Toronto, Canadá, el algoritmo de Blue Dot lee y analiza textos en 65 idiomas, hurga en bancos de datos de salud, revisa información sobre el clima y el tráfico aéreo, y todo eso para rastrear 150 tipos de enfermedades diferentes. Desde esa base Blue Dot detectó que algo potencialmente peligroso estaba ocurriendo en Wuhan. Y esa misma mañana, la última del año 2019, esa información comenzó a ser comunicada a través de canales empresariales.

La respuesta inicial fue el silencio. Luego, el 9 de enero de 2020, ocurrió la primera muerte por el Covid-19. El 15 de enero se confirmó que el virus también atacaba en otros países fuera de China. Y el 30 de enero la Organización Mundial de la Salud por fin dio la alarma para todo el planeta. El resto es historia conocida.

El tsunami del Covid-19 es la mayor catástrofe humanitaria que ocurre por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial. Y está en pleno desarrollo, sin vacunas ni tratamientos a la vista. Por eso las poblaciones de todos los países miran hacia sus líderes políticos. Los que están en el gobierno, en primer lugar. Pero también los que están en la oposición.

En una crisis de estas dimensiones será muy importante la inteligencia emocional de los líderes. Una inteligencia que no solo se caracteriza por el cociente intelectual y las capacidades cognitivas sino además por otros factores que son decisivos en situaciones de crisis. Por ejemplo:

Control de los impulsos para no actuar ni hablar precipitadamente.

Prudencia pero al mismo tiempo seguridad a la hora de tomar decisiones.

Motivación interna para actuar cuando todos se derrumban.

Empatía con el sufrimiento de los demás.

Estabilidad emocional aún en las peores situaciones.

Tolerancia a las frustraciones.

Perseverancia y disciplina para hacer lo que hay que hacer.

Templanza para enfrentar las dificultades.

Equilibrio para comprender los matices de cada situación.

Confianza en sí mismo y también en los demás.

Capacidad para diferir las gratificaciones.

Comprensión de las motivaciones, emociones y deseos de otras personas.

Conocimiento de sí mismo como ser humano complejo.

Aceptación de las limitaciones propias y de la necesidad de ayuda y colaboración.

Capacidad de resolución de problemas.

Esta inteligencia emocional es siempre parte ineludible del liderazgo político. Mucho más aún en situaciones de crisis como la que vivimos en 2020.

La inteligencia artificial dio la alerta sobre el Covid-19. Ahora la palabra la tiene la inteligencia emocional de la humanidad en general y de los líderes políticos en su área de responsabilidades.

La personalidad de los líderes políticos y la crisis del Covid-19

Un ex Presidente latinoamericano me explicó una vez que una pintura que tenía en su despacho simbolizaba su definición de liderazgo político. El cuadro mostraba una fila de personas que se iban pasando unas a otras un balde con agua hasta que el primero en la fila arrojaba el agua sobre una fogata para intentar apagarla.

-El líder político no tiene a quién pasarle el balde y tiene el deber de enfrentar el fuego sin transferirle la responsabilidad a otro -me dijo con serena convicción.

Ahora el fuego del Covid-19 está incendiando la pradera y los líderes políticos se enfrentan al mayor desafío de su generación. El desafío es enorme, es peligroso, es desconocido y es totalmente ajeno a las motivaciones iniciales que llevaron a cada uno a la política.

En realidad solo existen tres motivaciones psicológicas para postularse a un cargo electivo: motivaciones políticas propiamente dichas que cada cual conoce, motivaciones personales que van más allá de la política y motivaciones inconscientes que hasta el propio político desconoce en sí mismo. Ninguna de estas motivaciones prepara a nadie para crisis de la magnitud que estamos viviendo.

¿Qué hace alguien que enfrenta una crisis sin estar suficientemente preparado? Básicamente actúa en función de su personalidad. Esa personalidad de los líderes políticos la podemos clasificar en 6 grandes categorías: autoritario, narcisista, manipulador, obsesivo, totalitario y paranoide.

Por lo general ningún líder encaja exactamente en ninguna de estas categorías. Y si alguno representara en forma pura y dura a una de ellas seguramente sería parte del problema mas que de la solución de la crisis.

Lo más deseable en momentos así es alguien que equilibre los mejores rasgos de algunas de estas categorías. Por ejemplo una persona que tenga la capacidad de trabajo y el profesionalismo del obsesivo, el respeto a las jerarquías del autoritario, la frialdad para tomar decisiones del manipulador, el espíritu crítico del paranoide, la vocación para ejercer el poder del totalitario y la capacidad de persuadir del narcisista.

Ya lo sé: es difícil encontrar líderes así.

Pero por otro lado lo peor que puede ocurrir en una crisis sería un líder que navegue en el lado oscuro de algunas de estas categorías de personalidad. Por ejemplo una persona que demande obediencia absoluta de parte de todos como el totalitario, que no pueda controlar su agresividad contra los demás como el autoritario, que se encierre en teorías conspirativas como el paranoide, que demore demasiado para tomar decisiones como el obsesivo, que solo busque llamar la atención como el narcisista y que se limite a calcular réditos políticos como el manipulador.

Ya lo sé: es una pesadilla un perfil así.

Lo que está claro es que nadie estaba preparado para una crisis como la desatada en 2020. Incluyendo a los líderes políticos. Es entonces que emerge la personalidad de cada uno. Pero claro: no es solo la personalidad sino que también hay otros factores que influyen en el liderazgo político frente al Covid-19.

La crisis pone en peligro los liderazgos políticos

El Covid-19 genera una triple crisis cuyas dimensiones todavía no terminamos de percibir:

Crisis sanitaria con toda su secuela de muertos, enfermos y centros de salud desbordados.

Crisis económica con sus consecuencias de personas desempleadas y empresas quebradas.

Crisis social con violentos cambios en la vida cotidiana y en los hábitos de todos.

Este tiempo de crisis amenaza la existencia mismo de los liderazgos políticos que existen al día de hoy. Todos: los de los gobiernos y los de las oposiciones. Y en todos los países.

El peligro para los liderazgos está reforzado por otros dos órdenes de factores que ya estaban presentes antes del Covid-19. Factores que están allí desde el principio de los tiempos porque forman parte de la naturaleza humana.

El primer factor es que los seres humanos somos mucho más irracionales de lo que creemos. Y las situaciones de crisis colectiva multiplican la emergencia de esa irracionalidad y desatan conductas individuales, grupales y de masas que pueden llegar a ser asombrosas.

Es así que aún las mejores intenciones pueden ser saboteadas por lo irracional que salta desde cualquier rincón oscuro y se convierte en pánico colectivo, corridas bancarias, compras masivas innecesarias, conductas frívolas, comportamientos de riesgo, estigmatización de enfermos, discriminación de colectivos enteros, sensaciones de invulnerabilidad personal, aglomeraciones peligrosas, teorías conspirativas, agresiones verbales y físicas, negaciones de la realidad y toda una amplia gama de acciones incomprensibles desde lo racional.

Y el segundo factor de peligro para los liderazgos tiene que ver con la naturaleza misma de la política y algunas creencias acerca de dicha actividad. Esto sucede a partir de un hecho incontrastable: la política es lucha por el poder.

En esa lucha política algunos líderes se hunden en la vanidad del poder mientras otros se construyen una realidad virtual y allí se parapetan.

Ni la vanidad del poder ni la negación de la realidad auguran nada bueno para un líder. Por el contrario, suelen ser señales de que el cerebro de reptil se está apoderando de los resortes del mando.

Ese empoderamiento del cerebro de reptil que todos llevamos dentro es muy peligroso tanto para quien gobierna como para quien está en la oposición. Peligroso porque entonces son las zonas más primitivas del cerebro humano las que toman las decisiones. Y los resultados en esos casos suelen ser muy malos para la sociedad pero también para el liderazgo de quien así actúa.

Lo más sano, lo más productivo y también lo más efectivo para enfrentar una crisis como la del Covid-19 es apelar, insisto, a la inteligencia emocional. Para lo cual es vital que algunos conceptos centrales lleguen al liderazgo político y ayuden a encaminar sus decisiones y su comunicación política de crisis.

Consejos para liderar en tiempos de crisis

Algunas recomendaciones, desde la consultoría política y la psicología, para ayudarte a liderar en tiempo de crisis:

Las pantallas son el escenario desde el cual comunicar. No es algo radicalmente nuevo porque hace ya tiempo que el acto político de masas es progresivamente sustituido por el contacto a través de las pantallas. De manera que tanto para la comunicación interna como para la comunicación externa tendrás que recurrir todo el tiempo a ordenadores, televisores, tabletas, laptops y smartphones. Allí es donde está la acción.

El liderazgo político actual se juega en la mayor o menor capacidad para enfrentar la situación de crisis. Evita caer en el juego político menor y en el error de confundir el liderazgo político con el marketing político. Se trata de liderazgo, no de marketing.

En medio del ataque del Covid-19 la gente va a premiar más la unidad que la división, por lo tanto intenta contener el desgraciado impulso de luchar contra una caricatura de tu adversario. Ya nadie va a tolerar caricaturas ni expresiones ingeniosas ni juegos de palabras. Menos retórica y más seriedad, de eso se trata.

Recuerda que la falta de psicología política está matando a los partidos políticos. Evita caer en ese error. Más que nunca tendrás que saber cómo son las personas a quienes quieres liderar, cómo viven, qué sienten y qué piensan. Más que nunca tendrás que demostrar tu empatía.

Invierte toda tu energía en el trabajo que te toca y toda tu amabilidad en la comunicación con la gente. Eso es importante en la crisis, y además la energía y la amabilidad son los dos rasgos de personalidad que el ciudadano busca en el líder político.

A lo largo de mucho tiempo tu comunicación política será comunicación política de crisis. Por eso tienes que ser más preciso, más riguroso y más transparente que nunca.

Olvida los largos discursos. Habla lo necesario, con brevedad y poder de síntesis. Ya sabes que en general el político debería hablar un 80 % menos de lo que habla. Pues ahora con más razón. Posiblemente tengas más público que nunca, pero te van a abandonar en bandadas si recurres a frases muy largas y complejas. La gente quiere saber y quiere datos concretos y orientaciones específicas. No te vayas por las ramas.

Tienes que ser intenso y esperanzador. El liderazgo es una transferencia de entusiasmo. ¿Entusiasmo sobre qué? Sobre un rumbo, un camino de salida de la crisis, un proyecto de reconstrucción para esa sociedad que te escucha.

La mejor herramienta para construir liderazgo político es contar con una idea poderosa y ceñirse a ella. Construye tu idea poderosa, desarróllala, comunícala, adáptala y actualízala constantemente.

Ajusta tus hábitos a la nueva vida a la que la amenaza del Covid-19 te obliga. Recuerda que el liderazgo político depende en gran medida del poder de los hábitos. El descanso, el sueño, la alimentación sana, el ejercicio físico y la lectura deben estar necesariamente optimizados en tu rutina cotidiana. Así serás un líder más efectivo.

Tiende la mano a tus adversarios. Negocia con ellos. Negocia inclusive con tus enemigos. De esta crisis nadie saldrá solo. Nadie. Ningún partido político. Y si te aíslas tu carrera política caerá rodando por el abismo. Así de simple.

La poblada soledad de los líderes políticos

Lo que hay es lo que toca. Así son los tiempos de crisis. Y el actual es particularmente cruel. Vidas destruidas. Empleos destruidos. Empresas destruidas. Proyectos destruidos.

La sombra de la soledad se cierne siempre sobre los líderes. Asume esa realidad. Más aún: descubre el papel de la soledad en la construcción del liderazgo político. Aprovecha esa soledad para reflexionar con mayor profundidad. Pero no te hundas en ella. Tienes que salir fuera de ti mismo, escuchar, apoyar, tomar decisiones, actuar.

Es la hora del liderazgo político sólido, serio y responsable. “Lo construiremos todo de nuevo”, dijo Sigmund Freud ante el sombrío panorama de la guerra.

Necesitamos ese mismo espíritu dolorido, realista, esperanzado y decidido. Para derrotar al virus que nos amenaza desde fines de 2019. Para reducir los daños que nos provoca ahora mismo. Y para construir la nueva realidad que viviremos al final de esta noche oscura.

Maquiavelo&Freud

https://maquiaveloyfreud.com/liderazgo-politico-tiempos-crisis/

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