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Opinión

Antonio Di Giampaolo

LA PANDEMIA ENDÓGENA (45)

El número de venezolanos muertos en el exterior, a consecuencia de la pandemia, es superior a las cifra oficiales de fallecidos por la misma causa en Venezuela. El registro endógeno de 333 casos de COVID-19 evidencia que el nuevo coronavirus no está causando los estragos que en otras latitudes genera exponenciales contagios, curvas ascendentes y el saldo fatídico de pérdidas de vidas. La alianza con China, Rusia y Cuba ha permitido acceder a material de bioseguridad, tratamientos y baterías de pruebas y la asistencia de la OMS, La ONU y la Cruz Roja Internacional ha contribuido a la dotación de insumos y equipos al grupo de hospitales centinelas. “No hay mal que por bien no venga”, reza el dicho popular, y es que incluso en su vuelta a la patria, en medio de la pandemia, la diáspora que fue estigmatizada e ignorada durante las oleadas migratorias, es ahora objeto de la visibilización y del reconocimiento oficial gracias a los avatares de la política.

Las autoridades sanitarias se apoyan en la herramienta de la “Plataforma Patria” para desarrollar una estrategia preventiva que incluye la visita domiciliaria a objeto de efectuar pruebas diagnósticas. Para muchos las estadísticas oficiales no son confiables porque provienen de la misma fuente que resolvió esconder los índices de inflación del BCV, acabar con los reportes criminológicos, y prohibir la publicación del boletín epidemiológico del Ministerio de Sanidad. En todo caso, la verdad sea dicha, afortunadamente en Venezuela los centros asistenciales no están abarrotados de contagiados de COVID-19, la curva de la pandemia evidencia un curso moderado y la emergencia sanitaria no acusa los casos dantescos entierros en fosas comunes. En conclusión, nuestros problemas parecen ser otros.

Una entidad excepcionalmente privilegiada parece ser Carabobo que no registra ningún caso vinculado a la pandemia. La cuarentena no es radical en lugares emblemáticos de la Gran Caracas como la Redoma de Petare, El Boulevard de Catia o el Mercado de Coche. El distanciamiento social no se cumple a cabalidad por las aglomeraciones en torno a las bombas de gasolina que a consecuencia de la crisis de combustible en el país petrolero, en el que también se deambula por la calle con bombonas de gas para reponer los cilindros. Otro tanto ocurre en los llenaderos comunitarios de agua donde los ciudadanos acuden con carruchas y garrafas para paliar la escasez del vital líquido. La gobernador de Lara ha dicho que “sin luz se puede vivir pero sin agua no” dejando al descubierto las carencias y reclamos de la gente sobre ambos servicios públicos.

Nos adentramos a la segunda mitad de la extensión de la cuarentena social. Resultan oportunas la palabras del padre Luis Ugalde al señalar que tiene la impresión de que el gobierno ha manejado con decisión, firmeza y éxito la primera etapa contra la pandemia -y seguidamente agrega- “En cierto sentido, lo que es bueno para frenar el virus es terrible para acabar de matar la enferma economía nacional y llevar hambre a millones de familias”. Se han adoptado tímidas medidas de relajamiento pero el levantamiento progresivo y gradual de la cuarentena estará –acotamos- más vinculado a la disponibilidad de combustible para garantizar la movilidad de la gente y el transporte de mercancías que de las variables asociadas a la COVID-19.

¡Amanecerá y veremos!

#CronicasDeCuarentena (45)

@ADIGIAMPAOLO

PANDEMIA, DESEMPLEO Y TRABAJO (44)

La Organización Internacional del Trabajo ha señalado que la pandemia es una amenaza para la salud pública, y las repercusiones nivel económico y social ponen en peligro los medios de vida a largo plazo y el bienestar de millones de personas. El director general de la OIT, el británico Guy Ryder ha señalado que la crisis tendrá un especial impacto negativo en la economía informal, de la que viven más de la mitad de los trabajadores del mundo por lo que se estima que 1.300 millones de ellos "corren peligro inminente de ver desaparecer sus fuentes de sustento", subraya en un estudio el ente internacional del trabajo.

La emergencia sanitaria global ha teniendo impacto no solo en los trabajadores no dependiente o por cuenta propia, sino en las relaciones laborales que para muchos empleados y colaboradores ha supuesto desde despidos o suspensiones temporales hasta reducciones de la jornada de trabajo, modificaciones de los turnos, e incluso incidencia en el cómputo del tiempo de la cuarentena como período especial de vacaciones. También se han registrado cambios en las condiciones de la jornada como adopción de medidas de protección de higiene y seguridad, y la implementación acelerada del teletrabajo y de labores complementarias a distancia como alternativa en ciertas actividades tradicionalmente presenciales.

En el mundo un número importante de trabajadores de la salud, personal de vigilancia, protección y seguridad ciudadana, entre otros han fallecido o resultado afectados por la pandemia. Hay legislaciones que desestiman que el contagio de la COVID-19 pueda ser considerado una enfermedad profesional o un accidente de trabajo lo cual evitaría la obligación de compensaciones e indemnizaciones por parte de los patronos. Existe un debate sobre las exigencias actuales en el desempeño de gestiones laborales que se profundizará en la medida en que se produzcan reactivaciones graduales y progresivas de actividades económicas y servicios administrativos y de atención al público. Por su parte la OIT instó a realizar una evaluación de riesgos en cada lugar de trabajo y extremar medidas de bioseguridad para evitar la exposición de los trabajadores a la COVID-19. Líderes sindicales con motivaciones diversas han convocado, a propósito del 1 de mayo, protestas virtuales, encuentros digitales y hasta manifestaciones públicas con distanciamiento social para poner en evidencia la cotización de las relaciones laborales.

Muchos países han visto aumentar exponencialmente las solicitudes de paro laboral y en algunos han acordado bonificaciones y asignaciones especiales para quienes han perdido sus puestos de trabajo o se encuentran cesantes temporalmente. A determinados sectores los programas de asistencia deberán ser prolongados como los dependientes de la actividad del turismo, la recreación y el entretenimiento. Rápido y furioso ha resultado el nuevo coronavirus para diversas tareas sean estas industriales, comerciales, profesionales o de servicio. Independientemente de la naturaleza del trabajo los trabajadores deberán tomar conciencia de las medidas de prevención y protección en el desempeño de las labores.

¡Amanecerá y veremos!

#CrónicasDeCuarentena (44)

@ADIGIAMPAOLO

SALARIO, PRECIOS Y PANDEMIA (43)

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe describe un panorama desalentador para la región en medio de la pandemia. La CEPAL apunta a que la crisis desatada por la emergencia sanitaria incidirá negativamente el valor de exportaciones de las materias primas, fomentará el deterioro de los indicadores laborales, -y añade que- la contracción económica incidirá en el Producto Interno Bruto de los países del área, todo lo cual tendrían un efecto negativo directo sobre los ingresos de los hogares y su posibilidad de contar con recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas.

En Venezuela la pandemia está afectando cualitativamente la continuidad laboral, el desarrollo de las actividades empresariales y comerciales, la inflación y los precios de los bienes, incluidos los alimentos y los servicios básicos como agua, luz, gas, combustible y telefonía, y particularmente el nivel de ingreso familiar. Los planes de bonificaciones a la población más vulnerable, que para muchos constituye una fuente complementaria de ingresos, son exiguos ante el ritmo de la inflación y la devaluación. Si bien hay programas de asistencia alimentaria los mismos resultan insuficientes. Ciertamente hay servicios públicos subsidiados pero la calidad o el acceso a los mismos resultan limitados, por lo que en la práctica no son de carácter universal.

En el curso del mes de abril, en plena cuarentena, el valor de cambio de las divisas arbitradas por el Banco Central de Venezuela acusó un aumento superior al cien por ciento con relación al bolívar Los precios acusaron un alza vertiginosa mermando la capacidad de compra de los ciudadanos. Como paliativo se estableció un esquema de ajuste de precios de una treintena de rubros y presentaciones de productos, por primera vez indexados a la tasa oficial del BCV, y también un aumento del salario mínimo pagado en la moneda de curso nacional. Así las cosas los precios irán por el ascensor y los sueldos por una escalera. Como bien lo advirtió el articulista Julio Castillo se trata de una nefasta “política de precios en dólares y salarios en bolívares” por lo que el periodista Plinio Carbajal comentó que “si no fuera por lo trágico sería cómico”.

Las distorsiones en el ámbito económico están generado un grave cuadro de insostenibilidad para la vida cotidiana. La oposición atribuye los males generalizados a la corrupción, el clientelismo político, la ineficiencia administrativa y la incapacidad gubernamental. El gobierno aduce que la guerra económica y las sanciones unilaterales son las responsables de la crisis. Posiblemente, en mayor o en menor proporción, ambos tengan razón ya lo cierto es que esa combinación de factores influye en la explosiva situación que el país tiene por delante.

¡Amanecerá y veremos!

#CronicasDeCuarentena (43)

@ADIGIAMPAOLO

GAS, LUZ Y PANDEMIA (42)

La Organización Mundial de la Salud emitió en el año 2014 un comunicado, que cobra importancia vital en estos tiempos en Venezuela, en torno a las directrices sobre la calidad del aire en los hogares a propósito de la quema de combustibles sólidos. “Casi 3000 millones de personas –señala el documento- entre las más pobres del mundo siguen dependiendo de combustibles sólidos (carbón vegetal o mineral, excrementos de animales y residuos agrícolas) que queman en cocinas y estufas de baja eficiencia y muy contaminantes para cocinar y calentar sus hogares, lo cual causa unas cuatro millones de defunciones prematuras de niños y adultos cada año por enfermedades respiratorias, cardiopatías y cáncer.

En Venezuela la escasez de gas y los recurrentes cortes del servicio eléctrico han incentivado el uso en particular de la leña en los fogones. Una escena que era típica de las de las zonas rurales se ha vuelto más común en las áreas urbanas Cada vez son más frecuentes las protestas y reclamos de la colectividad por la ausencia de gas doméstico y las manifestaciones por las suspensiones intempestivas del suministro de energía eléctrica. La distribución del gas doméstico a través de las organizaciones comunales permite a los vecinos reabastecer las bombonas a precios subsidiados aunque la periodicidad de los operativos es irregular. El costo de una bombona fuera de esos planes vecinales supera el salario mínimo mensual.

Los hogares que cuentan con cocinas a gas o de hornillas eléctricas enfrentan los embates de las dificultades propias de la vida cotidiana, de las cuales tampoco escapan las menos comunes cocinas de querosén. La reposición de los cilindros de gas y el reabastecimiento de las plantas eléctricas a gasoil, gasolina o gas, cuyo uso se ido extendiendo en la medida de las posibilidades de las familias, confronta limitaciones asociadas a los precarios suministros.

En el último reporte situacional de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios sobre el caso venezolano se acoge el informe de una comisión de expertos de la salud para hacer frente a la pandemia del coronavirus, publicó los resultados de una encuesta nacional de impacto del COVID-19, en la que se reflejan fallas en la disponibilidad de insumos médicos y de higiene básicos en el sector salud, así como interrupciones en los servicios públicos de agua, electricidad, combustible y gas. “A nivel nacional –señala la OCHA- se han reportado fallas en los servicios públicos como electricidad y agua, especialmente en los estados Bolívar, Carabobo, Cojedes, Guárico, Lara, Falcón, Portuguesa, Táchira, Trujillo y Zulia. Estas fallas en el servicio crean desafíos para que las personas puedan adoptar las recomendaciones de higiene preventivas del COVID-19 en las comunidades”.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CronicasDeCuarentena (42)

 9 min


Javier Zurro

Existen monstruos que se ven, y otros que se esconden tan bien que nadie les presta atención. Uno de ellos se llama ‘hambre crónica’, y es una de las peores pesadillas de 149 millones de niños en todo el mundo. Por ellos, y para concienciar a una sociedad que mira para otro lado o lo soluciona todo con un poco de caridad, los hermanos Javier y Guillermo Fesser han dirigido El monstruo invisible, un cortometraje sobre la desnutrición crónica en colaboración con Acción contra el hambre.

En este trabajo, que se puede ver en Movistar+, no renuncian a su optimismo y al humor, tan propio de los trabajos de Javier Fesser, como Campeones, con la que ganó el Goya a la Mejor película. Un corto que se basa en las vivencias de ambos después de visitar en 2019 la isla de Mindano, Filipinas, una de las zonas del mundo más golpeadas por la crisis climática, con más de cinco décadas de conflicto.

El monstruo invisible cuenta la historia es la de Aminodin, “el mejor recogedor de basura” del vertedero de Papandayan, donde vive con su familia. Una historia dura pero con todas las constantes de la obra de los Fesser. Con Javier hablamos de este trabajo y de la importancia del compromiso de los directores de cine.

¿Cómo surge este trabajo?

Después de la experiencia con Binta y la gran idea -por el que fue nominado al Oscar- y de Bienvenidos, que contaba la llegada de internet en una zona de los Andes, nos apetecía tratar la infancia en otro lugar, en un paisaje más difícil, y hablar del hambre, de sus consecuencias, de lo que se llama el círculo de la pobreza. Nos apetecía mucho el reto de retratarla con la misma mirada optimista y sin prejuicios, y ahí fue cuando Acción contra el hambre nos contó sus proyectos en la isla de Mindano, en Filipinas.

No renunciáis a ese optimismo que os caracteriza, ¿no temes que te acusen de exceso de sentimentalismo?

No hay que negar que el humor lo traemos de fábrica, y en este corto es que no hemos inventado nada, hemos armado un guion que viene de lo que hemos visto escuchado y vivido, y hemos estado tres semanas rodeados de niños donde había ganas de jugar y donde han aflorado esas cosas muy por encima de las circunstancias más dramáticas. Y es de lo que tratan sus vidas diarias, de las risas, el optimismo, y esas ganas de tirar para adelante que prevalecen sobre todo.

El hambre es invisible, y lo es porque es crónica por generaciones. Salir del círculo de la pobreza es muy difícil,

Es un tema duro, en un lugar complicado, un vertedero, no sé si fue un rodaje duro.

Es que el hambre es invisible, y lo es porque es crónica por generaciones. Salir del círculo de la pobreza es muy difícil, para empezar por una circunstancia dramática que es que en los primeros meses de tu vida, si no tienes una nutrición adecuada, no desarrollas una capacidad cognitiva completa, y ya de por sí tienes una limitación que te resta herramientas para salir de ahí. Pero tenemos ese lugar, donde hay un paisaje físico, exótico y alucinante con unos contrastes cinematográficos muy poderosos. Y es el retrato de una comunidad que vive en un vertedero, come del vertedero, se viste allí y todo gira en torno a lo que puedes obtener de lo que los demás tiran. El rodaje fue duro, pero ahora recuerdo la anécdota como un privilegiado.

Sorprende que a pesar de que hemos visto imágenes de pobreza sigamos desperdiciando tanto, y se ha demostrado en esta crisis que necesitamos mucho menos.

Sí, es sorprendente lo que muchos desechan y tiran a la basura. Y de pronto otros encuentran allí sus tesoros y su forma de subsistencia, y esto nos lleva a la convicción de que lo contrario del hambre y de la pobreza no es la riqueza, es la justicia social, y estas personas podríamos ser nosotros o nuestros hijos, porque el planeta es más pequeño de lo que parece. Tenemos que trabajar para que todos estemos a gusto y no concibamos la felicidad si no es la de todos.

¿Crees que hay que conseguir que cambie el concepto para que la gente vea que la caridad no puede sustituir a la justicia social?

Es que eso es el concepto fundamental que hay que cambiar. Los que tenemos más recursos en el planeta no es porque seamos más listos, es porque nos ha tocado y hemos tenido más oportunidades, porque si yo hubiera nacido allí no hubiera hecho ninguna película, y eso es una injusticia. Así que creo que tengo una responsabilidad de hacer un tipo de cine en el que podemos aportar nuestra experiencia para poner voz a quien no tiene estas oportunidades. Un cine que llegue a esta parte del mundo donde se manejan más recursos, porque nuestros niños serán los adultos del mañana, y ojalá tengan claro y presentes estas miradas de estos niños en el vertedero. Todos vamos en el mismo barco, y unos reman más que otros, pero todos tenemos que trabajar por ello.

Los que tenemos más recursos en el planeta no es porque seamos más listos, es porque nos ha tocado y hemos tenido más oportunidades

Eres optimista y tu cine lo es, ¿crees que esta crisis va a cambiar algo en ese sentido?

Soy optimista, pero no un iluso. Aquí también nos ha atacado un enemigo invisible, que es este virus que no entiende de apellidos ni de clases sociales, y esto viene a decir que ninguno estamos a salvo de nada y que todos nos necesitamos. Es un buen comienzo para ver las cosas de otra manera. La tragedias no siempre son tan lejos.

¿Hace falta más compromiso en el cine?

Creo que el cine tiene mucho compromiso porque en el momento en el que estamos, tenemos la oportunidad de hacer que el espectador se meta en los zapatos de otro, de ver otras vidas que no le corresponden y así entender al prójimo, y eso es un gran compromiso. El cine puede remover conciencias, cambiar conductas, puntos de vista, y a mí la vida y el cine me han dado muchísimo, y estoy súper contento de poder devolverle una parte.

@Zurro_85

1 mayo, 2020

El Español

https://www.elespanol.com/cultura/cine/20200501/javier-fesser-contrario-...

 5 min


Mauricio Rodríguez

Estamos navegando aguas desconocidas, al menos para las generaciones actuales, en las que la globalización hace que casos como el de la actual pandemia por el virus SARS-CoV2, que causa la enfermedad conocida como COVID-19, cause daños físicos, psicológicos, sociales y económicos sin precedentes1.

Al tiempo que las tecnologías actuales nos han dado acceso a información que ha permitido que se advirtiera relativamente pronto el alto riesgo que significa esta enfermedad, podemos encontrar en la ciencia las soluciones y respuestas a situaciones de crisis como esta que parecen desbordar nuestra capacidad y resiliencia como especie dominante del planeta. Es justamente la ciencia la llamada a ofrecernos respuestas, soluciones y reafirmación en la condición humana.

Veamos algunos ejemplos de cómo la ciencia nos guía y está ayudando a superar esta situación. Desde la toma decisiones de políticos e instituciones que se basan en los modelos matemáticos y epidemiológicos de contagio, de donde nacen las recomendaciones básicas, hasta el conocimiento para ayudar al personal de la salud en clínicas y hospitales, pasando por las decisiones que individualmente tomamos diariamente para protegernos, la ciencia está presente.

Para efectos de no extender demasiado esta lectura, vamos a ver solo algunos ejemplos y los vamos a dividir entre las medidas científicas de intervención no farmacéuticas y farmacéuticas. Las no farmacéuticas incluyen medidas como el confinamiento o distanciamiento físico entre personas, la higiene de manos y el uso de equipo de protección personal como las mascarillas o barbijos en lugares públicos. A continuación, explicamos brevemente la ciencia detrás de estas soluciones.

El Jabón: Un arma poderosa contra las infecciones

Veamos el caso del lavado de manos. ¿Por qué insisten los expertos en salud en que algo tan simple como el jabón nos puede ayudar a controlar un patógeno invisible como el SARS-CoV2?

Veamos cómo funciona el jabón: el jabón es una sustancia química que puede obtenerse natural o sintéticamente, cuya forma molecular asemeja a un alfiler. Estas moléculas tienen una cabeza hidrofílica (que se une fácilmente a las moléculas del agua) y una cola hidrofóbica, que repele el agua y prefiere unirse a moléculas grasas.

Cuando las moléculas de jabón se suspenden en el agua, espontáneamente se unen entre sí formando pequeñas burbujas llamadas micelas, con las cabezas de las moléculas hacia fuera y las colas hacia dentro. Estas micelas en la mezcla de agua y jabón se encargan de atrapar en su interior compuestos o, en el caso del coronavirus, organismos que tienen una superficie lipídica o grasa, tales como los residuos de comida o la membrana del virus.

Diferentes virus, como el SARS-CoV2, se unen fácilmente a la piel porque las células que la conforman también tienen membranas lipídicas que se atraen entre sí. Así que cuando lavamos eficientemente nuestras manos con agua y jabón, tanto las micelas como las moléculas libres de este, atrapan o descomponen la membrana lipídica del virus, separándolo de nuestra piel o destruyéndolo2.

Las mascarillas faciales y respiradores también ayudan a prevenir el contagio

A pesar de que las políticas públicas en casos de emergencia epidémica o pandémica sugieren reservar el uso de estos dispositivos al personal de salud o a pacientes infectados, diversos estudios han demostrado que el uso de estas por personas sanas no infectadas también ayuda a prevenir la propagación de las enfermedades causadas por virus respiratorios.

Básicamente, éstas cubiertas faciales constituyen barreras físicas que disminuyen en diversos porcentajes la probabilidad (el riesgo) de que bioaerosoles infecciosos (gotas de saliva o moco) que carguen el virus caigan dentro de nuestras vías respiratorias. Existen diferentes niveles de protección de acuerdo con el material y la calidad de estas máscaras.

Un estudio colaborativo entre investigadores en Hong Kong y los Estados Unidos, determinó a través de un ensayo clínico aleatorizado que la utilización del tipo de mascarillas quirúrgicas más comunes, junto con el lavado de manos, contribuye a la disminución del contagio con virus de influenza si estas medidas de mitigación se realizan tempranamente en el ciclo de infección3.

Similarmente, un estudio en el Reino Unido en 2013 demostró que el uso de mascarillas quirúrgicas puede reducir considerablemente la exposición a bioaerosoles infecciosos4. Este mes de abril de 2020, algunos de los investigadores de Hong Kong mencionados anteriormente publicaron un nuevo estudio que refuerza sus hallazgos anteriores sobre la efectividad de las mascarillas para prevenir el contagio con coronavirus5. Estas barreras físicas nos sirven como medida complementaria de mitigación de riesgo, cuando no podemos evitar otro tipo de intervención para limitar la exposición como lo es el aislamiento físico.

Confinamiento o aislamiento físico: Modelos Epidemiológicos

La práctica que se está dando a conocer como distanciamiento social, más correctamente se denomina confinamiento o aislamiento físico, ya que seguimos siendo parte funcional de la sociedad, aunque bajo ciertas restricciones.

Los gobiernos están constantemente sopesando la enorme cantidad de información disponible y tratando de resolver tantas preguntas como sea posible para tomar las mejores decisiones de aislamiento bajo las actuales circunstancias: ¿cerrar fronteras, como los aeropuertos? ¿restringir la movilidad? ¿cerrar escuelas y universidades?

Estas decisiones se basan en modelos científicos estadísticos y epidemiológicos que, aunque no son extremadamente complejos desde el punto de vista matemático, si son muy difíciles de construir por la gran cantidad de variables sobre las que la información no está completa. Ya tenemos algunos de los parámetros básicos del comportamiento del virus, como cuántas personas más pueden contagiarse por cada persona infectada; o cuánto tiempo tarda una infección en resolverse. Pero aún no tenemos mucha información epidemiológica necesaria como ¿cuántas personas asintomáticas están infectadas?

Esta es una de las principales preguntas que aún no se han resuelto porque necesitaríamos datos serológicos que comprueben que cada persona asintomática tiene anticuerpos contra el virus.

Esto es, evidentemente, muy difícil de responder porque se tendría que evaluar al 100% de la población. De modo que los modelos sirven para buscar una aproximación a la realidad y tomar decisiones con la información más completa disponible. Los modelos están siendo utilizados para entender cómo, por ejemplo, luego de establecer restricciones en la movilidad como sucedió en China, se puede retardar la velocidad de establecimiento de brotes de infección6.

Los gobiernos tienen claro que no pueden suprimir completamente el establecimiento del contagio una vez se ha establecido por múltiples casos independientes en el país, así que las medidas buscan minimizar el impacto económico y el desborde de la capacidad de los servicios de salud para tratar a quienes se enfermen de mayor gravedad.

Medicamentos y Vacunas: Urgencia y Seguridad

Un reto importante que nos impone la situación actual es que el público quiere que la ciencia produzca en el muy corto plazo las soluciones tecnológicas que frenen de manera inmediata la infección y la severidad de la enfermedad, en otras palabras, las terapias y los profilácticos.

Pero, el problema con esta expectativa que se impone a la ciencia es el desconocimiento de muchas personas sobre justamente cómo se hace la ciencia: con procesos rigurosos y metódicos que toman tiempo y verificación independiente que valide tanto la efectividad como la seguridad de las tecnologías.

Esto es especialmente importante en los casos de medicamentos y vacunas, que deben seguir protocolos rigurosos de evaluación de riesgo antes de ser aptos para su uso clínico, más aún si se quiere que sean de uso generalizado.

Existen numerosos reportes, tanto en medios noticiosos como científicos, sobre impresionantes avances en estudios de laboratorio y clínicos sobre medicamentos y vacunas que se espera estén disponibles en el corto plazo para atender la emergencia, pero debemos ser inteligentes y no desconocer la rigurosidad científica en la que se fundamenta la evaluación del riesgo.

Como en muchas otras patologías infecciosas, las primeras recomendaciones de defensa terapéutica se enfocan en el uso de acetaminofén, para controlar la fiebre, e ibuprofeno, en aquellos casos con mayor severidad que requieren de sus efectos antiinflamatorios7. Esta terapia seguramente es suficiente en los casos no críticos; para los de mayor gravedad, se están desarrollando otro tipo de terapias antivirales como describimos a continuación.

Algo que debe ser claro es que, aunque varias empresas están en la carrera por lograr desarrollar una vacuna, esta no estaría disponible en el corto plazo. En el mejor de los casos, podría ser utilizada preventivamente en caso de que el mismo virus vuelva a circular en la segunda mitad del año 2021, aunque probablemente tarde más tiempo8. Aunque parece algo tardío, estas vacunas se están desarrollando muy rápidamente.

Normalmente, las vacunas se desarrollan a partir de virus cultivados en cultivos celulares, lo cual implica otras variables y protocolos que requieren varios años. La primera vacuna para COVID-19 ya en estudios clínicos se desarrolló por parte del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos (NIAID), en colaboración con la empresa Moderna Inc.

Esta vacuna se ha desarrollado a partir de una plataforma genética llamada ARN mensajero que, inicialmente, fue desarrollada para combatir el coronavirus causante de MERS (Síndrome Respiratorio del Medio Oriente, por su sigla en inglés), pero que fue rápidamente adaptada para COVID-19. Esta vacuna ya está en ensayo clínico fase I, en la que se les da a voluntarios sanos para evaluar si es toxicológicamente segura y si efectivamente induce una respuesta inmune.

Establecer claramente la seguridad y la eficacia de una vacuna puede requerir fases 2, 2b y 3 de estudios clínicos, lo cual toma más de un año. Adicionalmente el NIAID, junto con la Universidad de Oxford en Reino Unido, está desarrollando otra vacuna de adenovirus de chimpancé, y están evaluando si otras candidatas a vacunas desarrolladas para SARS son efectivas para COVID-199.

En cuanto a terapéuticos, el mismo NIAID está trabajando colaborativamente con la Universidad de Nebraska en un ensayo clínico controlado aleatorizado para evaluar la seguridad y eficacia del medicamento antiviral remdesivir, en pacientes hospitalizados diagnosticados con COVID-19.

El remdesivir es un antiviral de amplio espectro que está siendo evaluado en modelos animales para investigar su efectividad en el tratamiento de MERS y SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo, por su sigla en inglés)10.

Es importante entender que emprender estos estudios clínicos, además de tiempo, requiere un alto nivel de capacidad científica, de manufactura y logística, revisión ética independiente, regulación adecuada y grandes recursos económicos.

Una revisión de las bases de registros de estudios clínicos al 24 de marzo de 2020 demuestra que hay actualmente 536 estudios clínicos relevantes, de los cuales 332 están relacionados con COVID-19. Entre estos últimos 188 están abiertos para reclutar voluntarios y 146 ensayos se preparan para reclutar.

La distribución geográfica de estos estudios se da mayormente en China y Corea, además países de altos ingresos en Europa y Norteamérica. Muy pocos ensayos están planeados para Centro o Suramérica, el Sur o Sureste de Asia o África11.

Otras terapias que están siendo evaluados son Kaletra, que es una combinación de dos medicamentos contra el VIH: ritonavir y lopinavir; Kaletra más interferón beta, que es una molécula señal que le ayuda al sistema inmune a combatir virus, por lo tanto se espera que ayude a fortalecer la acción de los medicamentos12; y la hidroxicloroquina o la cloroquina, que es un antimalárico que ha sonado en las últimas semanas debido a un pequeño estudio en Francia con 20 pacientes13, pero hecho sin la rigurosidad científica al no ser ni controlado ni aleatorizado14.

Recientemente, la OMS ha anunciado el lanzamiento del ensayo SOLIDARITY, un estudio de tratamientos potenciales para COVID-19 a desarrollarse en Asia, Suráfrica, Europa y las Américas. Argentina es el primer país de América Latina que ha confirmado su participación15.

Como podemos ver, en tiempos de incertidumbre podemos tener la tranquilidad que la ciencia es el faro que debe guiar a nuestra sociedad y a los gobiernos a tomar las mejores decisiones y navegar esta tempestad a puerto seguro.

[1] WHO – Coronavirus Disease (COVID-19) Outbreak, 2020. https://www.who.int/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019

[2] World of Molecules. https://www.worldofmolecules.com/coronavirus/how-soap-destroys-coronavir...

[3] Annals of Internal Medicine, 6 de Octubre de 2009. https://annals.org/aim/fullarticle/744899/facemasks-hand-hygiene-prevent...

[4] Journal of Hospital Infection, Mayo de 2013. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0195670113000698

[5] Nature Medicine, 03 de Abril de 2020. https://www.nature.com/articles/s41591-020-0843-2

[6] The Lancet Infectious Diseases, 11 de Marzo de 2020. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1473309920301444

[7] Chest, 30 de Marzo de 2020. https://journal.chestnet.org/article/S0012-3692(20)30572-9/pdf

[8] Johns Hopkins COVID-19 Hub, 16 de Abril de 2020. https://hub.jhu.edu/2020/04/16/coronavirus-vaccine-timeline/

[9] NIAID, Abril de 2020. https://www.niaid.nih.gov/diseases-conditions/coronaviruses-therapeutics...

[10] NIAID, Abril de 2020. https://www.niaid.nih.gov/news-events/nih-clinical-trial-remdesivir-trea...

[11] The Lancet, 02 de Abril de 2020. https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30798-4/fulltext

[12] The New England Journal of Medicine, 18 de Marzo de 2020. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2001282

[13] International Journal of Antimicrobial Agents, 20 de Marzo de 2020. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0924857920300996#bib0012

[14] International Society of Antimicrobial Chemotherapy, 03 de Abril de 2020. https://www.isac.world/news-and-publications/official-isac-statement

[15] OMS, 18 de marzo de 2020. https://www.who.int/dg/speeches/detail/who-director-general-s-opening-remarks-at-the-media-briefing-on-covid-19---18-march-2020Director Asuntos Científicos CropLife Latin America

Abril 21 de 2020

https://www.croplifela.org/es/actualidad/articulos/ciencia-crisis-corona...

 10 min


Corina Yoris-Villasana

Durante estas semanas de encierro, cada uno ha buscado alguna manera de emplear el tiempo. Unos, limpian y sacan brillo a todo; otros, beben lo que encuentran y otros, leen, escriben y cantan; no olvido a quienes se han enfermado y han tenido que vivir horas terribles; incluso, los que han perdido su vida y a quienes encomiendo en una oración cada anochecer.

En mi caso, leo, escribo y he aprendido a usar las plataformas digitales lo mejor que he podido para dar clases a mis alumnos. En ese trajinar con los libros, cayó en mis manos un viejísimo ejemplar, procedente seguro de la biblioteca de mi papá, Fábulas de Jean de la Fontaine. Como objeto físico es de una belleza única; edición de UTEHA, México, 1949, tapa dura, color vinotinto y arabescos dorados en la tapa frontal.

Jean de la Fontaine es un escritor del siglo XVII. Las publicaciones de sus fábulas han sido numerosas, con ilustraciones maravillosas, y este ejemplar que tengo en mis manos tiene las de Gustave Doré, quien, en 1867, le regala al mundo los espléndidos dibujos que acompañan a cada fábula de esa edición.

Por supuesto, leí todas las fábulas que pude; hay dos que tienen una peculiar vigencia en estos tiempos tormentosos que vivimos, no solo globalmente, sino de forma muy peculiar en esta aldea venezolana.

Una de las fábulas que quiero reseñar y comentar es la titulada “La Selva y el leñador”. En la página que precede al texto hay un extraordinario grabado en claroscuro, donde se ve al leñador sentado sobre un tronco en medio de la selva.

La fábula es corta, solo tiene once líneas y en ellas De la Fontaine narra cómo un leñador pierde el mango de su hacha y se ve impedido de trabajar. Este hecho tan simple y cotidiano le brinda a la Selva un ligero descanso. El leñador le suplica a la Selva que le permita tomar una sola rama para fabricar otro mango para su hacha, prometiendo que solo cortaría lo estrictamente necesario. La Selva se lo permite, pero el leñador inmediatamente comienza de nuevo a desforestarla. “Gemía la Selva a todas horas; su propio don era el instrumento de su suplicio”. Para finalizar, prosigue De la Fontaine: “Así procede el mundo: el beneficio se emplea contra el que lo hizo. Cansado estoy de decirlo. La ingratitud está de moda”.

En este confinamiento mundial no han faltado las alusiones directas e indirectas del respiro del planeta. Hemos visto videos de hermosos delfines disfrutando de la tranquilidad del mar; cerdos paseando por las calles de París; ciervos correteando en las orillas del mar; bandadas de pájaros, que ni siquiera conocíamos, visitan nuestros jardines. Incluso, hay memes muy curiosos en las redes sociales, aludiendo al confinamiento del ser humano y el disfrute de la naturaleza de esa ausencia. Leemos sesudas reflexiones al respecto, y, como el leñador de la fábula, aparecen las promesas, los propósitos de enmienda para cambiar el tratamiento dado a nuestro planeta. ¿Serán simples palabras que luego, como el protagonista de la narración, se volverá de manera inclemente a desforestar, a destruir? Este es un tema que requiere mucha discusión seria y sin palabras huecas. Bastaría con pensar por un momento en las aguas de Roraima, únicas en el planeta. O ver las terribles imágenes de la desforestación ocasionada por la minería ilegal en Canaima.

La segunda fábula que me robó la atención fue la llamada “El filósofo escita”. Es un poquitín más larga, son veintiún líneas. Cuenta que un filósofo, oriundo de Escitia, conocida por la vida austera de sus habitantes, decide viajar por Grecia y ve a un anciano que le hace recordar el Viejo del que habla Virgilio –refiriéndose al personaje anciano que describe Virgilio en Geórgicas IV, a orillas del mar, en Calabria, criando abejas y cultivando flores y legumbres–, que vivía feliz ocupándose de su jardín. Lo vio podar ramas inútiles y le pareció que no era sano mutilar de esa forma a los árboles. Al recriminarle al viejo personaje, le dijo fuertemente: “Dejad la cruel podadera; dejad obrar a la hoz del tiempo; demasiado pronto morirán”. Pero el sabio le respondió: “No corto más que lo superfluo; quitándoselo, prospera más el resto”.

El filósofo escita, al volver a su país, tomó la hoz y cortó a diestra y siniestra todo lo que pudo; no contento con ello, le pidió a sus amigos y vecinos que procedieran de igual manera. No respetó estaciones, ni lunas crecientes o menguantes. Resultado: Mató todo.

De la Fontaine nos deja su moraleja, tal como termina toda fábula: “Exacta figura es el escita de la fábula de un estoico escéptico. Este arrancó del alma deseos y pasiones, sean malos, o sean buenos, y hasta las inclinaciones más inocentes. Por mi parte, protesto contra esos filosofastros; quitan a nuestro corazón su principal anhelo y nos despojan de la vida antes de morir”.

Abril 23, 2020

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/la-vigencia-de-las-fabulas-de-jean-de...

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No, no hay gobierno en el sistema político venezolano. Lo que existe es un cuerpo de actores aterciopelados de militarismo para desarrollar un guion de propaganda perversa, que busca confundir cada vez más a una nación que padece por parte de grupos brutales y múltiples persecución, vejamen y violencia. La propaganda y los mensajes subliminales como armas, son el centro de acción de un régimen sobrepasado hace tiempo por la Calamidad Político Social, que arrincona de hambre, inseguridad, violencia y pánico a ciudadanos que -ante tanto vejamen- están a punto de la Explosión Social. Explosión Social Multidireccional legitima por parte de jóvenes, mujeres y hasta mayores, que están dispuestos a revelarse a esta desgracia política del madurismo militarista y su Estado Cuartel.

Explosión Social Ciudadana es la respuesta política de los demócratas que no toleran más una tiranía armada, reforzada por el cubanismo, que torpe e ignaros se atreven de hablar de dialogo y no han sido capaces de anunciar un compromiso minino vital, su responsabilidad política. Aturdidos como están, después de las decisiones del Departamento de Justicia y el Departamento del Tesoro de los EEUU saben que sus cabezas tienen precio. Saben que lo reconocen todos los venezolanos, latinoamericanos y el mundo y después de esta Morisqueta Militarista, están conscientes de que su destino no es en Venezuela. Todos los venezolanos sienten la necesidad de crecer en el desprecio hacia un grupo político, primitivo, mentiroso y anti-político que actúa como retardados mentales.

Explosión Social es la reacción democrática de una Resistencia Civil igual al 87% de demócratas, que de manera silente, crecen en su Desobediencia Civil a un régimen acobardado pero policial que ha confundido vía el acuartelamiento a una sociedad que está dispuesta a una Nueva arquitectura política cercana a la contrademocracia. Contrademocracia para hacer política, en la cual el ciudadano ejerce tres funciones de calificación de su gobierno, este gobierno, que está en usurpación y no califica como tal, por haber violado la Constitución y proteger y negociar con carteles de la droga, funciones de vigilancia, o sea, el ciudadano alertando sobre la función del gobernante y la función de clasificación mediante el cual, el ciudadano reconoce la transparencia internacional que requieren los gobernantes.

El gobierno y sus actores más su propaganda engañosa, ya deben suponer la capacidad de control de los demócratas, por lo tanto tiemblan por cuanto saben que han ofendido de tal manera a la ciudadanía que como sociedad política pueden ejercer la Explosión Social como respuesta política. Respuesta política a la tiranía y al cubanismo acobardado, que cree puede seguir manipulando y ganando tiempo en la ecuación política venezolana. Son además de payasos, ignaros y no saben que el hambre, enfermedades, necesidades que hoy sufre el venezolano, hombre o mujer lo tienen en una situación de desesperación. Desesperación por ser testigo de cómo desde el año 2014 el país, su geografía, las pocas instituciones pero sobretodo la población han sido violentadas por el comunismo sin moral pública, a los cuales se les ha negado su derecho ciudadano y los canales de acceso como expresión pública democrática.

Estos actores teatreros, testaferros, propagandistas del fidelismo, y representantes del comunismo se muestran como una camarilla retrograda que sirven a un partido político en armas, todos ilegítimos, y todavía creen que pueden seguir manipulando al venezolano hambreado y perseguido, pero cívico y civilista en quien crece el derecho a la rebelión. Ya hay muestra y hechos en el interior del país y en las grandes barriadas de las ciudades. Los actores teatreros de la propaganda deben tener claro que ni la miseria exponencial y mucho menos la propaganda ni el cubanismo desviaran al ciudadano demócrata en su decisión de Explosión Social.

La explosión social es una consecuencia, frente a la irresponsabilidad y locura de un cuerpo de socialistas militarizados, que han subestimado la democracia y a los demócratas que existen en cada venezolano. La explosión social de los demócratas marcará un hito en el sistema político venezolano, que han estado manipulado desde los dos golpes de Estado del 1992 por la desgracia de la Maldad Liquida. Maldad Liquida instrumentada por grupos extremistas ideologizados que cree en la manipulación y la violencia junto al vacío moral para gobernar. Creen igualmente estos primitivos que pueden controlar y separar al venezolano decente, hasta embaucarlo con unos discursos totalitarios de terciopelo cuya característica central es… el vacío moral y político de quienes hablan de revolución en el siglo XXI.

Director CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 28 de abril de 2020

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Jesús Elorza G.

Las Federaciones Deportivas Internacionales, atraviesan en los actuales momentos un proceso de gran incertidumbre sobre el financiamiento de sus programas de competencias para el próximo ciclo olímpico 2021-2024, producto de la suspensión de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 por la pandemia del COVID-19.​

"La asociación de federaciones internacionales olímpicas de verano (ASOIF por sus siglas en ingles) estima que las 28 federaciones permanentes de deportes de verano y su organización paraguas tienen derecho a 590 millones de USA dólares de los ingresos mundiales de comercialización olímpica para Tokio. Pero, el problema radica en que, estos pagos siempre se realizan después de que se hayan producido los Juegos, después de que el COI haya recaudado la mayoría de los ingresos televisivos de miles de millones de dólares. Es importante recordar que después de los Juegos de 2016 en Río de Janeiro, se distribuyeron 540 millones de dólares, y las federaciones utilizaron ese dinero para financiarse para el período de 2017 a 2020.​

El COI, tiene como norma "no publicar cómo distribuirá los ingresos de los Juegos Olímpicos", estimados en 590 millones de dólares para los Juegos de Tokio, entre las 28 federaciones permanentes de deportes de verano. Sin embargo, en mayo de 2019 durante la conferencia de The association of summer olympic international federations (2020 ASOIF, en la Costa de Oro en Australia) se conoció un informe que detallaba la distribución de los ingresos de los referidos juegos Tokio 2020 :​

- ASOIF, recibiría 2,95 millones de dólares.​

-Las 28 federaciones permanentes se dividen en cinco grupos:​

Grupo A, $ 40 millones cada uno: Atletismo, Gimnasia, Acuática.​

Grupo B, $ 25.95 millones cada uno: Baloncesto, Fútbol, Voleibol, Tenis, Ciclismo.​

Grupo C, $ 18.60 millones cada uno: Boxeo, Bádminton, Remo, Judo, Tiro, Tenis de Mesa, Levantamiento de Pesas, Tiro con Arco.​

Grupo D, $ 16.30 millones cada uno: Ecuestre, Esgrima, Hockey, Canotaje, Balonmano, Triatlón, Lucha, Vela, Taekwondo.​

Grupo E, $ 14.10 millones cada uno: Golf, Pentatlón Moderno, Rugby.​

- Las 5 asociaciones visitantes (deportes de exhibición o que participan por primera vez) no obtienen nada. Ese era el trato leonino para permitir que los invitados se unieran a la fiesta olímpica. ​

Al final, cuando el COI ha liquidado todos los ingresos (que es habitual mucho más grande que el presupuesto previsto), las federaciones siempre han recibido más dinero del previsto después de terminados los Juegos Olímpicos.​

Tampoco está claro si el COI contribuirá a los enormes costes adicionales del comité organizador TOCOG con un pago adicional. Según las estimaciones iniciales, TOCOG bien puede necesitar miles de millones adicionales.​

La dependencia de las federaciones de los ingresos provenientes de los juegos olímpicos es casi total en algunos casos, según se desprende de sus informes anuales: 6 de las 28 asociaciones reciben menos del 10 por ciento de sus ingresos del COI. En primer lugar, la FIFA, que tiene un volumen de negocios anual promedio de 1.600 millones y solo el 0,38 por ciento procede del COI. La segunda asociación más rica es Rugby - la acción del COI es actualmente menos del 3 por ciento. Baloncesto, Voleibol, Tenis y Ecuestres parecen ser igual de seguros.​

Otras 7 de las 28 federaciones reciben hasta alrededor del 25 por ciento de sus ingresos del COI. Estas federaciones también pueden ser vistas como relativamente independientes: Atletismo, Acuática, Ciclismo, Bádminton, Judo, Tenis de Mesa, Balonmano.​

En 15 de las 28 federaciones, la proporción de ingresos del COI es de entre el 35 y el 96 por ciento. Algunas de estas federaciones internacionales se encuentran, por lo tanto, en una situación que amenaza su propia existencia: Gimnasia, Boxeo (ya casi insolvente y prohibida), Remo, Tiro, Levantamiento de Pesas, Tiro con arco, Esgrima, Hockey, Canoa, Triatlón, Lucha, Vela, Taekwondo, Golf y Pentatlón Moderno. (El golf es una excepción. Porque el IGF fue fundada básicamente sólo para supervisar el deporte en los Juegos Olímpicos.)​

Ahora bien, como los juegos Tokio 2020 han sido pospuestos para el verano del 2021, las Federaciones Deportivas le plantean al Comité Olímpico Internacional (COI) que adelante un pago no menor al 25% de los ingresos estimados, utilizando los propios recursos del COI que en la actualidad sobrepasan los 900 millones de dólares, para así poder desarrollar sus respectivos programas de competencias. Sin embargo, Thomas Bach presidente del COI, se niega rotundamente a este adelanto del 25%; no quiere que nadie intervenga en su "piñata olímpica".​

Al mejor estilo de Niccolò di Bernardo dei Machiavelli, sostiene como principio "El que quiere ser obedecido debe saber mandar" Que traducido a la situación del momento, significa, que si las federaciones deportivas requirieren aportación de recursos económicos, deben seguir sin voz ni protesto las decisiones del COI.​

Pero lo que este dictatorial miembro del COI, olvida en el proceso, es que los 590 millones de dólares no son realmente propiedad del COI. Ni el COI ni Japón pueden acoger los Juegos Olímpicos sin las federaciones deportivas.​

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La Vanguardia

La humanidad se enfrenta a una crisis mundial. Quizá la mayor crisis de nuestra generación. Las decisiones que tomen los ciudadanos y los gobiernos en las próximas semanas moldearán el mundo durante los próximos años. No sólo moldearán los sistemas sanitarios, sino también la economía, la política y la cultura. Debemos actuar con rapidez y resolución. Debemos tener en cuenta, además, las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones. Al elegir entre alternativas, hay que preguntarse no sólo cómo superar la amenaza inmediata, sino también qué clase de mundo queremos habitar una vez pasada la tormenta. Sí, la tormenta pasará, la humanidad sobrevivirá, la mayoría de nosotros seguiremos vivos... pero viviremos en un mundo diferente.

Muchas medidas a corto plazo tomadas durante la emergencia se convertirán en parte integral de la vida. Esa es la naturaleza de las emergencias. Aceleran los procesos históricos. Decisiones que en tiempos normales llevarían años de deliberación se aprueban en cuestión de horas. Tecnologías incipientes o incluso peligrosas se introducen a toda prisa, porque son mayores los riesgos de no hacer nada. Países enteros hacen de cobayas en experimentos sociales a gran escala. ¿Qué ocurre cuando todo el mundo trabaja desde casa y se comunica sólo a distancia? ¿Qué ocurre cuando escuelas y universidades dejan de ser presenciales? En tiempos normales, los gobiernos, las empresas y las juntas educativas no aceptarían nunca llevar a cabo semejantes experimentos. Pero no son estos tiempos normales.

En este momento de crisis, nos enfrentamos a dos elecciones particularmente importantes. La primera es entre vigilancia totalitaria y empoderamiento ciudadano. La segunda es entre aislamiento nacionalista y solidaridad mundial.

Vigilancia “hipodérmica”

Con el fin de detener la epidemia, toda la población debe seguir ciertas pautas. Hay dos formas principales de lograrlo. Un método es que el gobierno vigile a la población y castigue a quienes incumplan las reglas. Hoy, por primera vez en la historia humana, la tecnología hace posible vigilar a todo el mundo todo el tiempo. Hace cincuenta años, el KGB no podía seguir a 240 millones de ciudadanos soviéticos las 24 horas del día, ni aspirar a procesar de modo eficaz toda la información reunida. Debía recurrir a agentes y analistas humanos y le resultaba sencillamente imposible colocar a un agente tras cada persona. Sin embargo, ahora los gobiernos pueden recurrir a ubicuos sensores y potentes algoritmos, por lo que no necesitan espías de carne y hueso.

En su batalla contra la epidemia del coronavirus, varios gobiernos han desplegado ya las nuevas herramientas de vigilancia. El caso más notable es China. Escudriñando los teléfonos de los ciudadanos, haciendo uso de cientos de millones de cámaras con reconocimiento facial y obligando a las personas a controlar su temperatura y situación médica e informar sobre ellas, las autoridades chinas no sólo son capaces de determinar rápidamente quiénes son los posibles portadores del coronavirus, sino también de seguir sus movimientos e identificar a quienes entran en contacto con ellos. Toda una gama de aplicaciones para el móvil advierte a los ciudadanos de la proximidad de personas infectadas.

Esa clase de tecnología no se limita a Asia oriental. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu autorizó recientemente el despliegue por parte del Servicio de Seguridad General de la tecnología de vigilancia normalmente reservada a la lucha contra el terrorismo para seguir a pacientes con coronavirus. El correspondiente subcomité parlamentario se negó a autorizar la medida, pero Netanyahu la impuso con un “decreto de emergencia”.

Cabría argumentar que todo esto no tiene nada de nuevo. En los últimos años, los gobiernos y las empresas han recurrido a tecnologías cada vez más sofisticadas para rastrear, vigilar y manipular a las personas. Sin embargo, si no tenemos cuidado, la epidemia podría marcar un importante hito en la historia de la vigilancia. No sólo porque cabe la posibilidad de que normalice el despliegue de los instrumentos de vigilancia masiva en países que hasta ahora los habían rechazado, sino también porque supone una drástica transición de una vigilancia “epidérmica” a una vigilancia “hipodérmica”.

Hasta la fecha, cuando tocábamos la pantalla del móvil y clicábamos sobre un enlace, el gobierno quería saber sobre qué clicaba exactamente nuestro dedo. Sin embargo, con el coronavirus, el objeto de atención se desplaza. El gobierno quiere saber ahora la temperatura del dedo y la presión sanguínea bajo la piel.

El pudin de emergencia

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos a la hora de comprender en qué punto nos encontramos en relación con la vigilancia es que ninguno de nosotros sabe exactamente cómo somos vigilados ni que ocurrirá en los próximos años. La tecnología de la vigilancia se desarrolla a una velocidad de vértigo y lo que parecía ciencia ficción hace 10 años es hoy una noticia desfasada. Hagamos un experimento mental. Imaginemos un hipotético gobierno que exige a todos los ciudadanos que llevemos una pulsera biométrica para vigilar la temperatura corporal y el ritmo cardíaco las 24 horas del día. Los algoritmos estatales almacenan y analizan los datos resultantes. De ese modo sabrán que estamos enfermos antes incluso de que lo sepamos nosotros mismos, y también sabrán dónde hemos estado y con quién nos hemos reunido. Sería posible reducir de modo drástico las cadenas de infección e incluso frenarlas por completo. Presumiblemente semejante sistema sería capaz de detener en seco la epidemia en un plazo de días. Maravilloso, ¿verdad?

El inconveniente, claro está, es que legitimaría un nuevo y espantoso sistema de vigilancia. Si alguien sabe, por ejemplo, que he clicado en un enlace de Fox News en lugar de hacerlo en uno de la CNN, aprenderá algo acerca de mis opiniones políticas y quizás incluso de mi personalidad. Ahora bien, si puede vigilar lo que me sucede con la temperatura corporal, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco mientras veo las imágenes, puede aprender lo que me hace reír, lo que me hace llorar y lo que realmente me enfurece.

Resulta crucial recordar que la ira, la alegría, el aburrimiento y el amor son fenómenos biológicos como la fiebre y la tos. La misma tecnología que identifica la tos podría también identificar las risas. Si las empresas y los gobiernos empiezan a recopilar datos biométricos en masa, pueden llegar a conocernos mucho mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos, y entonces no sólo serán capaces de predecir nuestros sentimientos sino también manipularlos y vendernos lo que quieran, ya sea un producto o un político. Semejante vigilancia biométrica haría que las tácticas de hackeo de datos de Cambridge Analytica parecieran de la Edad de Piedra. Imaginemos a Corea del Norte en 2030, cuando todos los ciudadanos deban llevar una pulsera biométrica las 24 horas del día. Si al escuchar un discurso del Gran Líder la pulsera capta señales de ira, ya podemos despedirnos de todo.

Es posible, por supuesto, defender la vigilancia biométrica como medida temporal adoptada durante un estado de emergencia. Una medida que desaparecería una vez concluida la emergencia. Sin embargo, las medidas temporales tienen la desagradable costumbre de durar más que las emergencias; sobre todo, si hay siempre una nueva emergencia acechando en el horizonte. Mi país natal, Israel, por ejemplo, declaró durante su guerra de independencia de 1948 un estado de emergencia con el que se justificaron una serie de medidas temporales, desde la censura de prensa y la confiscación de tierras hasta unas normas especiales para hacer pudin (no es broma). La guerra de independencia se ganó hace mucho tiempo, pero Israel nunca ha suspendido el estado de emergencia y no ha logrado abolir muchas de las medidas “temporales” de 1948 (clementemente, el decreto de emergencia acerca del pudín se abolió en 2011).

Incluso cuando las infecciones por coronavirus se reduzcan a cero, algunos gobiernos ávidos de datos podrían argumentar que necesitan mantener los sistemas de vigilancia biométrica porque temen una segunda oleada de la epidemia, o porque una nueva cepa de ébola se está extiendo por el África central, o porque... ya ven por dónde va la cosa. En los últimos años se está librando una gran batalla en torno a nuestra intimidad. La crisis del coronavirus podría ser el punto de inflexión en ella. Porque, cuando a la gente se le da a elegir entre la intimidad y la salud, suele elegir la salud.

La policía del jabón

En el hecho de pedir a la gente que elija entre intimidad y salud reside, en realidad, la raíz misma del problema. Porque se trata de una falsa elección. Podemos y debemos disfrutar tanto de la intimidad como de la salud. Es posible proteger nuestra salud y detener la epidemia de coronavirus sin tener que instituir regímenes de vigilancia totalitarios, sino más bien empoderando a los ciudadanos. En las últimas semanas, algunos de los esfuerzos que más éxito han tenido a la hora de contener la epidemia han sido los organizados por Corea del Sur, Taiwán y Singapur. Aunque esos países hicieron uso de las aplicaciones de seguimiento, han confiado mucho más en las pruebas exhaustivas, la información veraz y la cooperación voluntaria de una población bien informada.

La vigilancia centralizada y los castigos severos no son la única forma de hacer cumplir unas pautas beneficiosas. Cuando se comunica hechos científicos a la población y ésta confía en que las autoridades públicas les transmitirán esos hechos, los ciudadanos pueden hacer lo correcto sin necesidad de la vigilancia de un Gran Hermano. Una población automotivada y bien informada suele ser mucho más poderosa y eficaz que una población controlada e ignorante.

Consideremos, por ejemplo, el hecho de lavarnos las manos con jabón. Ha sido uno de los mayores avances de la historia de la higiene humana. Ese sencillo acto salva millones de vidas todos los años. Aunque es algo que damos por hecho, no fue hasta el siglo XIX cuando los científicos descubrieron la importancia de lavarse las manos con jabón. Antes, incluso médicos y enfermeras pasaban de una operación quirúrgica a otra sin lavarse las manos. Hoy miles de millones de personas lo hacen diariamente, no porque tengan miedo de la policía del jabón, sino porque entienden los hechos. Me lavo las manos con jabón porque sé cosas acerca de los virus y las bacterias, entiendo que esos pequeños organismos causan enfermedades y sé que el jabón puede acabar con ellos.

Sin embargo, para lograr tal nivel de conformidad y cooperación, se precisa confianza. La gente tiene que confiar en la ciencia, las autoridades públicas y los medios de comunicación. En los últimos años, los políticos irresponsables han socavado de forma deliberada la confianza en la ciencia, las autoridades públicas y los medios de comunicación. Ahora esos mismos políticos irresponsables podrían verse tentados de tomar la senda del autoritarismo, argumentando que no cabe confiar en que la población haga lo correcto.

Por lo general, una confianza que se ha erosionado durante años no puede reconstruirse de la noche a la mañana. Sin embargo, no son estos tiempos normales. En un momento de crisis, las mentes también pueden cambiar con rapidez. Podemos mantener amargas discusiones con nuestros hermanos durante años, pero cuando ocurre alguna emergencia descubrimos de repente una reserva oculta de confianza y amistad, y corremos a ayudarnos mutuamente. En lugar de construir un régimen de vigilancia, no es demasiado tarde para reconstruir la confianza de la gente en la ciencia, las autoridades públicas y los medios de comunicación. No cabe duda de que debemos hacer uso también de las nuevas tecnologías, pero esas tecnologías deberían empoderar a los ciudadanos. Estoy a favor de controlar mi temperatura corporal y mi presión sanguínea, pero esos datos no deberían utilizarse para crear un gobierno todopoderoso. Esos datos deberían hacer que yo pueda tomar decisiones personales más informadas, y también que el gobierno responda de sus decisiones.

Si pudiera hacer un seguimiento de mi propia situación médica las 24 horas del día, no sólo sabría si me he convertido en un peligro para la salud de otras personas, sino también qué costumbres contribuyen a mi propia salud. Y si pudiera acceder a estadísticas fiables sobre la propagación del coronavirus y analizarlas, me encontraría en capacidad de juzgar si el gobierno me está diciendo la verdad y si está adoptando las políticas adecuadas para combatir la epidemia. Siempre que se hable de vigilancia, debemos recordar que la misma tecnología de vigilancia no sólo puede utilizarse por los gobiernos para vigilar a los individuos, sino también por los individuos para vigilar a los gobiernos.

Por lo tanto, la epidemia de coronavirus constituye un importante test de ciudadanía. En días venideros, la elección de todos debería ser confiar en los datos científicos y los expertos en salud, en lugar de hacerlo en teorías conspirativas sin fundamento alguno y en políticos interesados. Si no tomamos la decisión correcta, quizá nos encontremos renunciando a nuestras más preciadas libertades, convencidos de que ésa es la única manera de salvaguardar nuestra salud.

Necesitamos un plan mundial

La segunda elección importante a la que debemos enfrentamos es entre el aislamiento nacionalista y la solidaridad mundial. Tanto la propia epidemia como la crisis económica resultante son problemas mundiales. Sólo pueden resolverse eficazmente mediante la cooperación mundial.

En primer lugar, para derrotar el virus necesitamos ante todo compartir globalmente la información. Es la gran ventaja de los seres humanos sobre los virus. Un coronavirus en China y un coronavirus en Estados Unidos no pueden intercambiar consejos sobre cómo infectar a los humanos. Sin embargo, China puede enseñar a Estados Unidos muchas lecciones valiosas sobre los coronavirus y cómo tratarlos. Lo que un médico italiano descubre en Milán a primera hora de la mañana puede salvar vidas en Teherán por la tarde. Cuando el gobierno del Reino Unido duda entre diversas políticas, puede obtener consejo de los coreanos que ya se enfrentaron a un dilema similar hace un mes. Ahora bien, para que eso suceda, necesitamos un espíritu de cooperación y confianza mundial.

Los países deben estar dispuestos a compartir información de forma abierta y buscar humildemente asesoramiento, y ser capaces de confiar en los datos y las ideas que reciben. También necesitamos un esfuerzo mundial para producir y distribuir equipos médicos; sobre todo, kits de pruebas y respiradores. En lugar de que cada país trate de actuar localmente y acumule todos los equipos que pueda acaparar, el esfuerzo mundial coordinado aceleraría enormemente la producción de equipos susceptibles de salvar vidas y aseguraría una distribución más justa. Así como los países nacionalizan sectores clave durante una guerra, la guerra humana contra el coronavirus nos exige que “humanicemos” las cadenas de producción cruciales. Un país rico con pocos casos de infectados debería estar dispuesto a enviar los preciados equipos a un país más pobre con muchos casos, convencido de que, si más tarde necesita ayuda, otros países se la brindarán.

Consideremos un esfuerzo mundial similar para reunir personal médico. Los países hoy menos afectados podrían enviar personal médico a las regiones más afectadas del mundo, tanto para ayudarlos en sus momentos de necesidad como para adquirir una valiosa experiencia. Si más adelante el foco de la epidemia se desplaza, la ayuda podría empezar a fluir en la dirección opuesta.

La cooperación mundial es esencial también en el frente económico. Dada la naturaleza global de la economía y las cadenas de suministro, si cada gobierno obra por su cuenta haciendo caso omiso de los demás, el resultado será el caos y el agravamiento de la crisis. Necesitamos un plan de acción mundial, y lo necesitamos sin tardanza.

Otro requisito es alcanzar un acuerdo mundial sobre los viajes. La suspensión de todos los viajes internacionales durante meses causará tremendas dificultades y obstaculizará la guerra contra el coronavirus. Los países deben cooperar para permitir que al menos un pequeño grupo de viajeros esenciales sigan cruzando las fronteras: científicos, médicos, periodistas, políticos, empresarios. Se puede conseguir mediante un acuerdo mundial sobre preselección de viajeros en el país de origen. Si sólo se permite subir a un avión a viajeros cuidadosamente seleccionados, se estará más dispuesto a aceptarlos en el país de destino.

Por desgracia, los países apenas toman hoy alguna de esas medidas. Una parálisis colectiva se ha apoderado de la comunidad internacional. No parece que haya adultos en la sala. La celebración de una reunión de emergencia de los dirigentes mundiales para trazar a un plan de acción común habría sido deseable hace ya muchas semanas. Sólo a mediados de marzo lograron los dirigentes del G-7 organizar una videoconferencia, sin que por otra parte saliera de ella ningún plan en ese sentido.

En anteriores crisis mundiales (como la crisis económica de 2008 y la epidemia del ébola de 2014), Estados Unidos asumió el papel de líder mundial. Sin embargo, el actual gobierno estadounidense ha renunciado a la labor de liderazgo. Ha dejado bien claro que la grandeza de Estados Unidos le importa mucho más que el futuro de la humanidad.

Esa administración ha abandonado incluso a sus aliados más estrechos. Cuando prohibió todos los viajes procedentes de la Unión Europea, ni siquiera se molestó en notificarla con antelación, y mucho menos en llevar a cabo una consulta sobre una medida tan drástica. Ha escandalizado a Alemania ofreciendo supuestamente mil millones de dólares a una empresa farmacéutica de ese país para comprar los derechos monopólicos de una nueva vacuna contra la covid-19. Incluso si el actual gobierno estadounidense cambiara finalmente de rumbo y presentara un plan de acción mundial, pocos seguirían a un dirigente que nunca asume ninguna responsabilidad, nunca admite ningún error y que acostumbra a atribuirse siempre todos los méritos y achacar toda la culpa a los demás.

Si el vacío dejado por Estados Unidos no es ocupado por otros países, no sólo será mucho más difícil detener la actual epidemia, sino que su legado seguirá envenenando las relaciones internacionales en los próximos años. Sin embargo, toda crisis es también una oportunidad. Esperemos que la actual epidemia contribuya a que la humanidad se dé cuenta del grave peligro que supone la desunión mundial.

Debemos tomar una decisión. ¿Viajaremos por la senda de la desunión o tomaremos el camino de la solidaridad mundial? Elegir la desunión no sólo prolongará la crisis, sino que probablemente dará lugar a catástrofes aún peores en el futuro. Elegir la solidaridad mundial no sólo será una victoria contra el coronavirus, sino también contra todas las futuras crisis y epidemias que puedan asolar a la humanidad en el siglo XXI.

La Vanguardia

Traducción del artículo publicado en Financial Times: Juan Gabriel López Guix

https://www.lavanguardia.com/internacional/20200405/48285133216/yuval-ha...

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