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Opinión

Jesús Elorza G.

Durante la primera semana del mes de mayo en 1975, la Huelga de los Entrenadores, marcó un hito en la historia deportiva no solamente nacional sino internacional porque era la primera manifestación, de ese tipo, que se daba en el sector de los trabajadores del deporte a nivel mundial.

Además, debemos destacar que la referida acción, en procura de reivindicaciones laborales contó con el apoyo solidario de las distintas organizaciones gremiales y sindicales que hacían vida en la Venezuela de ese momento, así como también la de padres, representantes, atletas y docentes de todo el territorio nacional.

Es loable mencionar en este momento la presencia de Isaac Olivera como presidente de la Federación Venezolana de Maestros, los periodistas deportivos que unidos todos en su organización gremial Colegio Nacional de Periodistas, Círculo de Periodistas Deportivos y el Sindicato de Trabajadores de la Prensa brindaron un apoyo irrestricto a la huelga de los entrenadores. Así como las distintas organizaciones gremiales y sindicales de los distintos sectores laborales del país representados por la Confederación Venezolana de Trabajadores C.T.V.

El 8 de mayo quedó establecido oficialmente como el “Día del Entrenador Deportivo” en reconocimiento a la gesta que se había librado durante toda esa semana y en esa fecha alcanzó la solución a las demandas laborales requeridas por los entrenadores en ese momento.

Los logros gremiales alcanzados quedaron plasmados en el contrato colectivo denominado “Las Bases Normativas” Las cláusulas de importancia contenidas en ese documento laboral fueron múltiples y variadas. En primer lugar, el reconocimiento del derecho a de los entrenadores a tener una contratación colectiva con el patrón del Instituto Nacional de Deportes, la indexación salarial en base a los índices inflacionarios que mostrara el Banco Central de Venezuela, es decir, anualmente el salario de los trabajadores del Instituto se iba a mover de acuerdo a las escalas inflacionarias señaladas por el mencionado Banco, esta cláusula pasó a ser un punto de referencia obligatorio en los contratos colectivos de Venezuela.

También se contempla la clasificación del personal, en unas escalas previamente señaladas, en un Manual de Clasificación de Cargos de los Entrenadores Deportivos que se desempeñan en la Administración Pública Nacional. Este manual es un elemento de vital importancia porque le dio jerarquía a este sector laboral con una fisonomía propia dentro de la administración pública venezolana.

La seguridad social de los trabajadores se vio fortalecida con el establecimiento de los seguros HCM, el establecimiento de las cajas de ahorro con el aporte del 10% y el aporte patronal del 10%, la denominación del salario integral de los trabajadores, el establecimiento de comisiones bipartitas y tripartitas para conocer el caso de los despidos que se presentara en el Instituto Nacional de Deportes

Pero no todo fue una ganancia para el gremio, el gobierno nacional en una clara conducta retaliativa ordenó el cierre de la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos alegando que en ese centro de formación de docentes deportivos se estaban formando los guerrilleros del deporte venezolano, provocando con esa descabellada acción, el desequilibrio entre la oferta y la demanda de los entrenadores requeridos por el país. Todos los programas sustitutivos, tales como Monitores Deportivos y el Bachillerato Deportivo no pasaron de ser falsas ilusiones y de una efímera duración.

A 45 años de esa gesta gremial, los problemas laborales que dieron origen a la huelga, lejos de resolverse, se han agravado: Los entrenadores venezolanos han sido sustituidos por 10.000 “entrenadores” cubanos, el pago de salarios es discriminatorio los cubanos cobran en dólares y los venezolanos en bolívares devaluados, la seguridad social de los trabajadores ha empeorado, los contratos colectivos están congelados desde el año 2000, no se les reconoce la homologación de las pensiones y jubilaciones a los trabajadores, se mantiene cerrada la Escuela de Entrenadores, los seguros HCM que por sus pirricas coberturas, prácticamente mantienen "condenados a muerte" a los trabajadores, los manuales clasificadores de cargos no son aplicados y los pasivos laborales duermen el sueño del burócrata, en la larga espera de su cancelación.

Quienes han pasado por los cargos administrativos: Ministerio del Deporte y Presidencia del Instituto Nacional de Deporte han implantado y desarrollado una política que bien podemos caracterizarla como “El saqueo de los recursos presupuestarios”. Diferentes encargados de los puestos burocráticos, han permitido en sus gestiones que los dineros del deporte hayan sido malversados o apropiados indebidamente a favor de una minoría corrupta.

El Deporte merece dejar de ser un antro de corrupción. No solo lo merece, lo demanda. Por eso, se impone que atletas, entrenadores, dirigentes, obreros, empleados del sector, padres y representantes tomen el protagonismo de su destino. Nos toca escribir nuestra propia historia.

Pácifica y democráticamente, nos incorporamos al llamado ciudadano para buscar una salida a la crisis económica, política y social en la cual estamos inmersos por la manifiesta incapacidad gubernamental. Solo con la salida de un régimen autocrático, corrupto, totalitario y usurpador se podrá lograr un cambio para el país.

Hoy, más que nunca tiene plena vigencia el pensamiento de Carlos Sánchez, como una expresión de compromiso social en las luchas gremiales:

El Entrenador Deportivo debe ocupar permanentemente su puesto de lucha por Un Deporte Mejor y no doblegarse ante ningún burócrata civil o militar que pretenda usarlo con fines politiqueros o de enriquecimiento ilícito. Solo la Unidad Gremial nos hará fuerte en la búsqueda y defensa de nuestros Derechos Sociales

La historia, nos permite recordar que el pasado no está nunca terminado sino que permanece abierto y que en él reposan aún las semillas de otro presente y otro porvenir….la lucha continúa.

 4 min


Antonio Di Giampaolo

“VOLVEREMOS A JUNTARNOS”

“Volveremos a juntarnos” dice el estribillo de una emotiva canción de la joven actriz y cantante española Lucía Gil, que por estos días de cuarentena ha tenido un formidable éxito en el mundo de habla hispana. La autora le puso por título “Volveremos a brindar”, aunque otros la identifican también como “días tristes”, se ha vuelto un himno, con millones de reproducciones en las redes sociales. La melodiosa pieza conjuga la melancolía de estos días con la esperanza puesta en el futuro y es toda una oda a la gente en estos tiempos.

A lo largo de esto días de cuarentena, unas más breves y otras más prolongadas, algunas más severas y varias más relejadas, numerosas expresiones artísticas se han puesto de manifiesto a propósito de la pandemia. Hay algunas actividades que han tenido una inmensa repercusión a nivel mundial. Un suceso resultó la presentación del tenor Andrea Bocelli desde el Duomo de Milán el Domingo de Resurrección pasado. Un gran éxito alcanzó el concierto “Global Citizen” con artistas de todo el mundo, coordinados por Lady Gaga, que contribuyeron en plataformas colaborativas para un evento mediático que recaudó más de cien millones de dólares destinados a un fondo de la OMS para la lucha contra la pandemia.

El cantante Miguel Bosé vive el duelo de la pérdida de su madre a causa de la pandemia. El actor Tom Hanks y su esposa Rita Wilson anunciaron estar contagiados de COVID-19, otro tanto hizo Idris Elba junto a su mujer. El tenor español Placido Domingo también resultó positivo y anunció que afortunadamente está fuera de peligro. Lamentablemente en el mundo del showbisness no todos corrieron la misma suerte. El cineasta chino Chang Kai, sus padres y su esposa fallecieron en Wuhan. Otros artistas como Andrew Jakk de la saga de Star Wars, la actriz Lee Fierro, el actor Mark Blum, el dramaturgo Terrence McNally, la ilustradora de Walt Disney Ann Sullivan, la leyenda del yazz Elis Marsalis, el jazzista estadounidense Mike Longo, el trompetista norteamericano Walace Roney, el saxofonista camerunés Manu Dibango, el baladista de country Joe Diffie, el guitarrista Jhon Bucky Pizzarelli, el cantautor de rock Allan Merril, el violinista francés Jean Leber, el compositor mexicano Óscar Chávez, el comediante argentino Marcos Mundstock, el humorista japonés ken Shimura, el rapero neoyorquino Fred The Godson y el joven Dj Oliver Stokes, entre otros sucumbieron al contagio del nuevo coronavirus.

La industria cultural y del entretenimiento padece los embates de la emergencia sanitaria con un panorama nada alentador en el corto plazo. Teatros, cines, salas de concierto y salones de eventos han cerrado sus puertas hasta nuevo aviso. Ese vacío temporal ha tratado de ser llenado de múltiples maneras Hay desde espontaneas apariciones de músicos y cantantes en el balcón de un apartamento, o la ventana de una casa, hasta presentaciones de destacados artistas a través de internet que han servido para levantar el ánimo colectivo durante la pandemia, mitigar los miedos y las fobias y apoyar a la gente con lo mejor que saben y pueden hacer. Para decirlo en el argot propio del espectáculo “el show debe continuar”.

¡Amanecerá y veremos!

#CrónicasDeCuarentena (48)

@ADIGIAMPAOLO

EL VIRUS DE LA CENSURA (47)

El virus de la censura recorre el planeta, y menor o mayor grado afecta en varias latitudes, tal y como la COVID-19 impacta con gran intensidad o de manera moderada distintos rincones de la tierra. El derecho a la información es un principio de carácter universal que sin embargo no es valorado y respetado en todas las sociedades de la misma forma. En el marco del día mundial de la libertad de Prensa el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, alertó que "La prensa nos brinda el antídoto: noticias y análisis verificados, científicos y basados en la realidad. Pero desde que comenzó la pandemia, muchos periodistas están siendo objeto de mayores restricciones y castigos tan solo por hacer su trabajo”

Es sabido que el ejercicio del periodismo supone riesgos en todos lados. En una veintena de países más de medio centenar de periodistas han fallecido a consecuencia de la COVID-19. La mayor incidencia se ha registrado en la provincia ecuatoriana de Guayas en donde la crisis de la emergencia sanitaria ha cobrado la vida de al menos cinco reporteros, que desempeñaban sus labores sin las indispensables medidas de protección. El saldo es lamentable pero también es preocupante el recrudecimiento de las presiones y los controles que se ejercen contras medios, comunicadores sociales e incluso infociudadanos en diversas partes del mundo.

Una de las primeras víctimas es el comentarista de redes sociales Chen Qiushi, que alcanzó notoriedad por documentar las protestas de Hong Kong del pasado año, y quien antes de su misteriosa desaparición en Wuhan alertó a través de un video: "Tengo miedo. Delante de mí está la enfermedad. Detrás de mí está el poder legal y administrativo de China”. La organización Reporteros sin Frontera denunció que una docena de periodistas fueron detenidos en Turquía bajo el alegato de “difundir pánico y miedo. Otro tanto ha ocurrido en India, como lo señala Amnistía Internacional, donde varios comunicadores han sido criminalizados por sus publicaciones relativas a informaciones sobre la pandemia.

Las amenazas surgen de todos los flancos . Bolsonaro acusó a los medios de sembrar la histeria colectiva sobre la pandemia. Trump suspendió una rueda de prensa ante una pregunta incómoda. En Venezuela el Colegio Nacional de Periodistas y el Instituto Prensa y Sociedad han reclamado la persecución y la detención arbitraria de la que han sido víctimas más de una docena de comunicadores. Hay denuncias sobre allanamientos practicados, sin orden judicial, simulando visitas domiciliarias de equipos sanitarios. El hostigamiento contra el ejercicio del periodismo no ha cesado durante la pandemia. Entre tanto el reporte diario de la comisión presidencial sobre la COVID-19, desde el Palacio de Miraflores, se imparte sin sesiones de preguntas y respuestas. Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CrónicasDeCuarentena (47)

LOS ALUMBRAMIENTOS EN LA PANDEMIA (46)

El mundo sigue girando inexorablemente a pesar que el tiempo luzca detenido a consecuencia de la cuarentena, y de los confinamientos y el aislamiento al cual deben someterse los contagiados por la COVID-19. Al ritmo del movimiento de las manecillas del reloj o del cambio progresivo de los números en los cronómetros digitales cada día nacen cerca de cuatrocientas mil criaturas contribuyendo así a aproximar a la humanidad a las ocho mil millones de almas en todo el globo terráqueo.

En la India a principios del mes pasado una pareja, con el ánimo de derrotar la pandemia, puso por nombre a sus gemelos recién nacidos Covid, y Corona. Con independencia de que se trate de un parto natural o una cesárea el protocolo se ha adaptado a la emergencia sanitaria En los casos en los cuales las parturientas estén contagiadas de Covid-19 se toman las previsiones de aislamiento y se separa luego del alumbramiento a la criatura. La OMS ha indicado que no hay evidencia de transmisión del nuevo coronavirus a través de la leche materna.

En todo caso es necesario extremar las medidas de higiene, cuidado y protección en torno a los recién nacidos en virtud que lamentablemente se han registrado casos positivos también en infantes. En una maternidad de Timisoara en Rumania una docena de bebés dieron positivo a los test de COVID-19, lamentablemente por el contacto con el personal de salud del centro hospitalario. En las redes sociales se ha hecho viral la imagen de unos lactantes tailandeses con protectores faciales en un Hospital de Bangkok o la de madre española amamantando a su hijo con la mascarilla puesta. Hay también hijos de la diáspora, y es que, en el marco de la cuarentena, media docena de criaturas han nacido en Venezuela cuyas madres ingresaron al país por los pasos fronterizos y las trochas en su periplo desde Colombia y Brasil.

Vencer la pandemia es el anhelo de la humanidad entera. Intentar que la vida siga adelante en medio de la cuarentena es una tarea que se libra todos los días. Cada bebé que viene al mundo es una fuente de esperanza en esa lucha. Todos los esfuerzos se centran en alcanzar el balance positivo en la gesta por la sobrevivencia. Oremos porque se establezca un tratamiento efectivo mientras se elabore finalmente una vacuna. Rara vez se enfrenta una batalla desconociendo al adversario, como ocurre en la actualidad. Independientemente de las características y la naturaleza del nuevo coronavirus, en el mundo, está en desarrollo una guerra sin cuartel contra la pandemia.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CrónicasDeCuarentena (46)

 6 min


Carlos Raúl Hernández

Especulamos sobre la post pandemia y nos equivocaremos en buena medida. Por eso conviene escabullirse de conspiranoias, historicismos, catastrofismos y otros ismos. De los que dijeron que “no había que hacerle caso”, y de los paladines contra una sociedad ególatra y hedonista que abandonó a los pobres (¿?), de los que anunciaron terremotos en la civilización y que nunca volveremos a ser los mismos.

Harán mal papel y por eso entre los profetas del futuro y los del pasado, me quedo con estos. Los segundos intentan muy modestamente, aprender cómo se comportaron sociedades en suertes parecidas y nunca adivinar lo que vendrá a partir del pretérito ¿Qué cambios se produjeron? Vale preguntarse sí fueron tan drásticos como los que nos anuncian; y qué se puede aprender de ellos. La Muerte Negra del detestable siglo XIV, comienza, se expande y desaparece sin que nadie supiera qué era ni por qué estaba ahí, lo que se descubrió quinientos años después.
No sé de ningún pensador que atribuya la causa del Renacimiento en el siglo XV, a que la mitad de la población de Europa, y casi todas las majadas y cosechas desaparecieran con las desgracias del pestoso siglo anterior. Más bien lo explican por la acumulación de riquezas, gracias a la expansión de comercio con Oriente que permitió surgir en Italia clases ociosas y ricas amantes del arte.
A la Gripe Española, se le llamó así porque el único país que publicó información sobre la pandemia fue España, ya que las demás naciones de Europa, menos ella, combatían en la Primera Guerra Mundial. Pero la gripe no dejó huella en los procesos políticos posteriores, entre otros la descomposición de los grandes imperios que sucedió a la guerra. Hablamos de dos de las más destructivas pandemias que recuerde la Humanidad.
El mal necesario
No hay que ser “visionario” para intuir que según indica modestamente la experiencia, después del Covid-19, la sociedad deberá aprender como siempre de los infortunios. Pero creer que el porvenir está predeterminado por lo que pasó ayer y que los hechos tejen una cadena de eslabones inseparables, desconoce que los procesos históricos son reinicios, rectificaciones, rupturas, más que continuidades. Los errores nos persiguen, pero no son fatales. Podemos librarnos de ellos.
Supongamos que al frente de un proceso político X, hay una claque de mangantes, buenos para nada con incontables fracasos por su incapacidad de reconocer la O por lo redondo. Pero después de, por ejemplo, 25 años, el enemigo que combaten los mangantes se trastabilla y pierde el poder. La épica pueril dirá que el desenlace es producto de “una trayectoria histórica de luchas”, es decir, sacralizará sus burradas. Con la deriva de la oposición chilena, Pinochet hubiera muerto en el poder como Castro.
La derrota de la dictadura en el plebiscito de 1989 no fue obra de la “trayectoria histórica de luchas” ni ninguna otra zarandaja, sino de que los opositores cambiaron radicalmente de mentalidad, rompieron con todo lo que habían hecho y viraron en 180º. De persistir en el camino, hubieran seguido su fracaso. La manía de que los fenómenos son producto inevitable de las condiciones y de fuerzas históricas indetenibles se llama historicismo
(he oído incluso alfabetas decir que Hitler, Stalin o Mao fueron “históricamente necesarios”).
En la Edad Media éramos simples ejecutantes de una partitura escrita por Dios. Lo que pasaba era necesario porque Él lo quería. San Agustín murió aterrado de que su alma estuviera condenada desde la eternidad y que todo lo que hizo para salvarse fuera inútil. En la visión moderna, la ciencia y la pseudociencia quieren ocupar el lugar de Dios y prescriben que la realidad es cognoscible y predecible. Hegel y Marx, creadores de cienciologías,
nos enseñaron a pensar en predestinaciones sociales, vicio que estorba entender lo político.
Destino final
Al estilo medieval, el sino de la Humanidad era ineluctable y habría un Fin de la Historia. Para Hegel el triunfo de la Justicia y la razón, el Espíritu Absoluto. Según Marx el socialismo-comunismo, luego de pasar los estadios avanzados de la sociedad capitalista, tal como ésta se desarrolló de manera natural en el régimen feudal, en una secuencia nieta-madre-abuela.
La violencia política era la simple partera de una criatura que ya estaba en el vientre de la historia. Cuando los comunistas hacían política, actuaban a nombre de la necesidad del parto, eran actores inconscientes de fuerzas ciegas, de condiciones materiales todopoderosas que conducirían a un destino inevitable. Los países industriales pasarían ineluctablemente al socialismo-comunismo en los hombros de la mayoría, el proletariado. Pero en Europa, después de conflictos y escarceos, la revolución fracasa y la destierra al Asia el mismo proletariado que debía amarla.
Lenin hace la primera revolución comunista, y Mao más tarde hace la segunda contra las previsiones de Marx, en países donde no había condiciones tal como él las concebía. Y demuestran que éstas no preexisten y son creación de la voluntad de poder, capaz de cambiar el destino y reírse de los profetas del futuro. 70 años después, contra las profecías, la humanidad presencia el hundimiento del mundo feliz, cuando horror derriba el muro de Berlín. Todavía hay sonámbulos que sueñan revoluciones.

@CarlosRaulHer

 4 min


Mario Vargas Llosa

Probablemente la palabra más utilizada por la prensa y la gente en general en el mundo de la lengua española, en estas últimas seis semanas, después de “coronavirus” por supuesto, haya sido “confinamiento” y todos los vocablos asociados a ella, como “confinado”, “confinada” y “desconfinamiento”, más varios etcéteras.

Pero sólo el periodista Ramón Pérez-Maura en un artículo publicado en Abc el 9 de este mes con el título En España no hay nadie confinado parece haber advertido una grave equivocación en este uso indebido de aquella palabra, aplicada a la reclusión que vive la población de España todavía, por culpa de la pandemia que asola al país, así como sigue devastando a buena parte del mundo. En su texto advirtió, consultando el Diccionario de la Lengua, que el verbo “confinar” y su acción y efecto, el “confinamiento”, es una “pena por la que se obliga al condenado a vivir temporalmente, en libertad, en un lugar distinto de su domicilio”.

Así es, en efecto, según el Diccionario de la Lengua. Pero, en todo caso, hay en la definición de este vocablo una alusión a la “libertad” que, en cierta forma, la desnaturaliza. La verdad es que en España, pero, sobre todo, en América Latina, han sido las dictaduras y no las democracias las que han utilizado el confinamiento para acallar las voces de sus críticos, silenciarlos por largos años y, en ciertos casos, hasta liquidarlos. Es la razón por la que ronda a las palabras “confinado” y “confinamiento” una sombra un tanto siniestra y deletérea, que, naturalmente, en el caso de la reclusión obligada que vivimos en España en las actuales circunstancias, no tiene razón de ser.

No hay duda alguna de que la frase: “Don Miguel de Unamuno estuvo confinado por la Dictadura de Primo de Rivera en la isla de Fuerteventura en el Atlántico, desde febrero de 1924 hasta el 9 de julio de ese mismo año, cuando fue indultado” es rigurosamente exacta, pues corresponde a la verdad histórica. Era un adversario del régimen y éste, manu militari, lo confinó en aquel alejado lugar para tenerlo enmudecido.

Fue el caso de muchas dictaduras latinoamericanas, que mediante la reclusión forzada en algún lugar remoto —un desierto, la selva, una isla, una aldea de los Andes— apartaban y silenciaban a adversarios incómodos y, en ciertos casos, aprovechaban también aquella lejanía para librarse de ellos. El lugar preferido de los dictadores peruanos para confinar a sus críticos era la isla del Frontón, frente a Lima, de siniestra trayectoria pues allí perecieron a lo largo de la historia peruana muchos opositores y críticos, donde eran torturados e incluso asesinados por nuestros dictadores.

Ahora bien, es obvio que la definición que hace el diccionario de este vocablo y que corresponde muy justamente a la vieja acepción de “confinamiento” no conviene para nada a la situación que ha vivido España desde que el Gobierno de Pedro Sánchez, al igual que muchos otros Gobiernos democráticos en el mundo entero, procedió a establecer para el conjunto de la población un confinamiento obligatorio. Lo hizo explicando la razón de ser de la medida y sometiéndola a las Cortes, es decir, al Parlamento, donde fue aprobada por amplia mayoría, primero por el plazo de dos semanas, y luego renovada varias veces, añadamos que con los votos a veces renuentes pero explícitos de los partidos de la oposición.

Es decir, en este caso se guardaron todas las formas legales, se procedió democráticamente, y no hay razón alguna para que esta reclusión se estime idéntica a la que define el Diccionario. Por el contrario, en cierta forma es más bien su antípoda.

¿Cuál es la solución a esta contradicción? No tiene sentido iniciar una campaña para desterrar el último significado que ha adquirido esta palabra gracias al coronavirus, por la sencilla razón de que estaría condenada a fracasar estrepitosamente. Cuando una palabra es adoptada por una vasta multitud de hablantes para expresar una realidad novedosa, por más eficiente y elocuente que sea aquella campaña, fracasará sin remedio.

El contenido de los vocablos no es decidido por los filólogos y las academias sino por el pueblo que se vale de ellos para entenderse y expresarse, por la gente, esa gigantesca sociedad que es la que mantiene vivos y operativos a los idiomas o los deja morir. Ante esa realidad, el Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española ha propuesto añadir otra definición además de la original, que figura en el Diccionario desde el año 1843, aunque ya el Diccionario de Autoridades había incluido desde 1734 el verbo “confinar” en el sentido de “desterrar a alguien, señalándole una residencia obligatoria”, es decir, en una acepción muy próxima a la que adoptaría posteriormente el Diccionario.

El Instituto de Lexicografía de la Real Academia de la Lengua propone estas dos posibles definiciones del vocablo “confinar”: “Aislamiento temporal impuesto a una población por razones de salud o seguridad”. O esta otra: “Aislamiento forzoso a que se somete a una población para evitar la propagación de una enfermedad epidémica”.

Ambas son bastante justas, pero yo prefiero la primera a la segunda, porque establece el carácter temporal de la medida, que, creo, es indispensable para que aquella situación se entienda como algo pasajero o transeúnte, debido a excepcionales circunstancias como puede ser una pandemia, una acción terrorista de gran envergadura, una cadena de incendios o una guerra.

También sería conveniente, creo, que esta definición señalara de algún modo el carácter legal y legítimo en que ella se sustenta, de modo que quede excluida la arbitrariedad con que solía aplicarse en el pasado. Es importante establecer una clara diferencia entre el “confinamiento” como pena o castigo infligido por una dictadura a un opositor y una medida democrática, aprobada de acuerdo a ley, que se propone proteger a una población civil amenazada por una súbita catástrofe que podría acarrearle muchas más desgracias sin esa merma momentánea de su libertad de desplazamiento.

Una reflexión final sobre este asunto, que trae provechosas enseñanzas sobre un tema que nunca ha quedado del todo claro para muchas personas. No son las academias ni los filólogos los que crean las palabras que utiliza la gente para comunicarse y entenderse; son los hablantes, cultos e incultos, provincianos o capitalinos, rurales o citadinos, los que tienen esa facultad extraordinaria de ir renovando el lenguaje que les sirve para entenderse, y también, por supuesto, quienes escriben en él, periodistas, escritores, políticos, comerciantes, obreros, banqueros y la infinita maraña de quienes lo utilizan y a su vez lo sirven, manteniéndolo vivo, en constante renovación.

Las academias y los filólogos y los diccionarios sólo sirven para poner un cierto orden en lo que, sin ellos, podría disolverse en la confusión selvática, en el caos. Pero es importante tener siempre en la mente que la fuerza y la creatividad de un idioma están en esa base popular y múltiple que se vale de él para entenderse y que es quien da sentido y razón de ser a las palabras, destinando a las que ya no le sirven al olvido, y dando a otras, que crea o adopta o configura de distinta manera como en este caso, en función estricta de la realidad vivida, que es, en última instancia, la que confiere solvencia y vitalidad y trastorna a las palabras o las sepulta en el olvido y las entierra.

2 de mayo 2020

El País

https://elpais.com/opinion/2020-05-02/confinados-en-una-sociedad-democra...

 5 min


Nouriel Roubini

Después de la crisis financiera de 2007‑09, políticas desacertadas agravaron desequilibrios y riesgos muy extendidos en la economía global. Así pues, en vez de encarar los problemas estructurales revelados por el derrumbe financiero y la posterior recesión, los gobiernos en general los patearon para adelante; esto creó grandes riesgos a la baja que hicieron inevitable el surgimiento de otra crisis. Y ahora que se produjo, los riesgos se agravan cada vez más. Por desgracia, incluso si el resultado de la «Mayor Recesión» de este año fuera una deslucida recuperación en forma de U, diez ominosas y peligrosas tendencias indican que en algún momento de esta década habrá una «Mayor Depresión» en forma de L.

La primera tendencia tiene que ver con el déficit y sus riesgos derivados: la deuda y el default. La respuesta oficial a la crisis de la COVID‑19 implica un aumento enorme del déficit fiscal, del orden del 10% del PIB o más, en un momento en que los niveles de deuda pública en muchos países ya eran altos e incluso insostenibles.

Para peor, la pérdida de ingresos de muchos hogares y empresas implica que los niveles de deuda del sector privado también se volverán insostenibles, lo que puede llevar a una catarata de impagos y quiebras. Sumado al aumento de los niveles de deuda pública, esto es garantía casi segura de una recuperación más anémica que la que siguió a la Gran Recesión de hace una década.

Un segundo factor es la bomba de tiempo demográfica en las economías avanzadas. La crisis de la COVID‑19 muestra que es necesario asignar mucho más gasto público a los sistemas sanitarios, y que la atención médica universal y otros bienes públicos relevantes son necesidades, no lujos. Sin embargo, por el envejecimiento poblacional de la mayoría de los países desarrollados, la financiación futura de esos desembolsos aumentará todavía más las deudas implícitas de los sistemas de salud y seguridad social, que ya están desfinanciados.

El tercer elemento es el riesgo creciente de deflación. Además de causar una recesión profunda, la crisis también está creando un inmenso excedente en los mercados de bienes (máquinas y capacidad productiva no utilizados) y mano de obra (desempleo a gran escala), además de impulsar un derrumbe de precios de materias primas como el petróleo y los metales industriales. Eso hace probable una deflación de deudas, lo que aumenta el riesgo de insolvencia.

Un cuarto factor (relacionado) será la pérdida de valor de la moneda. Los intentos de los bancos centrales de combatir la deflación y anticiparse al riesgo de una suba de tipos de interés (como resultado de la inmensa acumulación de deudas) llevarán a políticas monetarias todavía más heterodoxas y extensivas. En lo inmediato, para evitar la depresión y la deflación, los gobiernos deberán apelar al déficit fiscal monetizado. Pero con el tiempo, los shocks negativos permanentes del lado de la oferta resultantes de la desglobalización acelerada y del renovado proteccionismo harán casi inevitable la estanflación.

Una quinta cuestión es la disrupción digital de la economía en general. Con millones de personas que perderán el empleo o trabajarán y ganarán menos, las disparidades de ingresos y riqueza de la economía del siglo XXI se profundizarán. Para protegerse de futuras perturbaciones en las cadenas de suministro, las empresas en las economías avanzadas repatriarán producción de regiones de bajo costo a mercados locales más costosos. Pero en vez de favorecer a los trabajadores locales, esta tendencia acelerará la automatización, lo que generará presiones bajistas sobre los salarios y dará más sustento al populismo, el nacionalismo y la xenofobia.

Esto nos lleva al sexto factor importante: la desglobalización. La pandemia está acelerando tendencias ya muy avanzadas hacia la balcanización y la fragmentación. El desacople entre Estados Unidos y China se acentuará, y la mayoría de los países responderán con políticas todavía más proteccionistas para blindar a empresas y trabajadores locales contra disrupciones internacionales. El mundo posterior a la pandemia se caracterizará por restricciones más estrictas al movimiento de bienes, servicios, capital, mano de obra, tecnología, datos e información. Ya está sucediendo en los sectores farmacéutico, de equipamiento médico y de los alimentos, donde en respuesta a la crisis los gobiernos han comenzado a imponer restricciones a las exportaciones y otras medidas proteccionistas.

La avanzada antidemocrática reforzará esta tendencia. Los líderes populistas suelen sacar provecho de la debilidad económica, el desempleo a gran escala y el aumento de la desigualdad. En condiciones de mayor incertidumbre económica, habrá un fuerte impulso a echar la culpa de la crisis a los extranjeros. Los trabajadores industriales y grandes franjas de la clase media se volverán más permeables a la retórica populista, en particular en lo referido a restringir las migraciones y el comercio.

Esto nos trae a un octavo factor: el enfrentamiento geoestratégico entre Estados Unidos y China. Con el gobierno de Trump empeñado en culpar a China por la pandemia, el régimen del presidente chino Xi Jinping insistirá en afirmar que Estados Unidos conspira para impedir el ascenso pacífico de China. El desacople sinoestadounidense en comercio, tecnología, inversiones, datos y acuerdos monetarios se intensificará.

Para peor, esta ruptura diplomática creará condiciones para una nueva guerra fría entre Estados Unidos y sus rivales, no sólo China, sino también Rusia, Irán y Corea del Norte. Con la cercanía de una elección presidencial en Estados Unidos, sobran motivos para esperar un incremento de acciones ciberbélicas clandestinas, que pueden llevar incluso a conflictos militares convencionales. Y como la tecnología es el arma clave en la lucha por el control de las industrias del futuro y en el combate a la pandemia, el sector privado estadounidense quedará cada vez más ligado al complejo industrial/de seguridad nacional.

Un último riesgo que no es posible pasar por alto es la disrupción medioambiental, que como muestra la crisis de la COVID‑19, puede causar mucho más daño económico que una crisis financiera. Las sucesivas epidemias (el VIH desde los ochenta, el SARS en 2003, el H1N1 en 2009, el MERS en 2011, el ébola en 2014‑16) son, como el cambio climático, desastres creados básicamente por la acción humana, derivados de malas condiciones sanitarias, el abuso de los sistemas naturales y la creciente interconectividad de un mundo globalizado. En los años venideros, las pandemias y los numerosos síntomas mórbidos del cambio climático se volverán más frecuentes, graves y costosos.

Estos diez riesgos, que ya eran grandes antes de la COVID‑19, ahora amenazan con impulsar una tormenta perfecta capaz de hundir a toda la economía mundial en una década de desesperación. Tal vez cuando lleguen los años treinta, la tecnología y un liderazgo político más competente puedan reducir, resolver o minimizar muchos de estos problemas y producir un orden internacional más inclusivo, cooperativo y estable. Pero el final feliz depende de hallar un modo de sobrevivir a la inminente Mayor Depresión.

Abril 28, 2020

Traducción: Esteban Flamini

https://www.project-syndicate.org/commentary/greater-depression-covid19-headwinds-by-nouriel-roubini-2020-04/spanish

 5 min


Ya es lugar común señalar que después de la pandemia los terrícolas nos dedicaremos a enderezar el planeta hasta hacerlo un mejor lugar para vivir. Nos va ayudar a escarmentar, no hay mal que por bien no venga, se dice. Toda crisis es una oportunidad, según apuntan los chinos, frase que hoy en día está en la jerga de cualquiera. En fin, queremos convertir una catástrofe natural en un designio histórico del que se derivan moralejas para transformar nuestro mundo, moralejas que muestran coincidencias ideológicas inesperadas en cuanto a la convicción de modificar las políticas implementadas durante casi medio siglo y que nos han traído hasta aquí. Parece mentira lo que puede lograr un bichito.

El planeta en aprietos

Enfrentamos tres grandes crisis. Una crisis sanitaria, una crisis económica generada por aquella, ambas en el contexto de una tercera, la climática.

La crisis sanitaria creada por la expansión del coronavirus, causado por la destrucción de los ecosistemas naturales, ha dejado al aire las costuras del planeta: la imperdonable desigualdad social, la precariedad de nuestros sistemas sanitarios, la incapacidad (¿y poca honestidad ?) de buena parte de nuestro liderazgo político, la invocación de nacionalismos incompatibles con los actuales procesos de globalización y por señalar apenas otro elemento, la inadecuación de las instituciones existentes para garantizar la gobernanza planetaria

Hay que salir pronto del aprieto económico en el que nos ha puesto el coronavirus . Conforme lo han expuesto los economistas y lo puede corroborar cualquier ciudadano de a pie sin tener que conocer cómo se está moviendo el PIB de los países o como diablos están funcionando las cadenas de suministro, la situación no podría ser peor. Retomar la inercia, “volver a la normalidad”, encarar la coyuntura luce como la tarea que hay que emprender, según afirma, palabras más, palabras menos la dirigencia mundial.

Así las cosas, la crisis climática pareciera desaparecer de nuestros discursos y preocupaciones. Los terrícolas estamos ocupados en ver como salimos de este hoyo en el que nos ha colocado la crisis económica-sanitaria, y olvidamos que los humanos nos hemos convertido en una fuerza determinante en los graves procesos de cambio geológico del planeta, a partir de una concepción que separa la naturaleza de la sociedad -idea fundamental para el surgimiento del capitalismo-, considerándosela “vaciada e instrumentalizada como objeto de conquista y explotación”, según explicó y justifico Francis Bacon, filósofo inglés.

Así vemos, entonces, cómo se están engavetando iniciativas ambientales muy importantes, incluso en China que llegó a plasmar en su Constitución el objetivo de ir hacia una “civilización ecológica”. También la Unión Europea pareciera estar haciendo lo mismo con sus diversos acuerdos “verdes”, mientras Estados Unidos, por citar sólo otro país, está financiando de nuevo a grandes corporaciones que apuestan por los combustibles fósiles y el fracking.

Mientras tanto, los científicos no se cansan de reiterar la ocurrencia de un colapso planetario más o menos próximo y, para no pocos de ellos, casi inevitable, que no admite solución dentro del paradigma que actualmente guía los propósitos y maneras que fundamentan nuestro desarrollo.

Las tecnologías “disruptivas”

Como se sabe estamos en medio de la expansión de la llamada Cuarta Revolución Industrial, (algunos afirman que es la tercera, otros que es la quinta, en fin), sustentada en la fusión de los mundos físico, digital y biológico a través de nuevas tecnología definidas como “disruptivas” (robótica, impresoras 3D, drones, inteligencia artificial, biotecnología, internet de las cosas y paremos de contar), caracterizadas por la profundidad de los cambios que generan, la velocidad con que se producen y los efectos que crean en todos los ámbitos de la vida humana, además de que nos sorprenden sin un libreto que nos pueda trazar un camino.

Solo a modo de ilustración, pues se trata de un tema extenso, vale la pena traer a colación los desacomodos que la digitalización está causando en la política, poniendo en duda “si la democracia podrá derrotar a internet”. ¿Cuál será el futuro de la democracia si, como asoman algunos expertos, la combinación de desarrollos de inteligencia artificial y de biotecnología no solo permitirá interpretar la información que surge de nuestra vida cotidiana, privada, sino también manipular nuestras emociones y comportamientos? Hablamos, pues, del uso de tecnologías que posibilitan la vigilancia y el control de los ciudadanos, hecho que ha empezado a mostrarse desde hace rato, no sólo en China, sino también en otros países, así como en empresas privadas. El tema es, entonces, cómo articular los efectos de la Cuarta Revolución Industrial con aquellos principios que integran la médula normativa de la organización del sistema democrático. Hasta ahora estamos atascados sopesando asuntos como el de la seguridad, el del derecho a la privacidad, el de la propiedad de los datos y otros tantos hasta formar una lista larga de temas, sin saber cuáles deben ser las regulaciones correspondientes ni cómo deben aplicarse.

En suma, como muy bien lo señaló Isaac Asimov hace ya bastante tiempo «la ciencia reúne el conocimiento más rápido de lo que la sociedad reúne la sabiduría». Lo que está en duda no es el avance de la revolución tecno científica, sino el formato en que va a ir teniendo lugar, concebido en función de una perspectiva humanista y ética, asomando como alternativa respecto a iniciativas distópicas, abriéndole, así pues la puerta a un diseño humanístico de la transformación tecnológica. Como lo ha escrito el profesor español Marc Vidal, “el ser humano es el por qué, la tecnología es el cómo”.

El futuro en disputa

El futuro no está escrito en piedra y seguirá siendo el escenario de discusiones políticas que implican diferentes visiones de la sociedad, sobre todo desde la perspectiva de los cambios que asoma como posibles la Cuarta Revolución Industrial, en medio de, no lo olvidemos, amenazas ecológicas de mucho calibre.

Se trata, es relevante advertirlo, de un llamado a la unidad del conocimiento humano, la formación interdisciplinar y las sinergias necesarias entre ciencia, tecnología y ciencias sociales y humanas – estas últimas por lo general soslayadas-, en un mundo altamente complejo, interconectado y tecnificado como el nuestro. Expresado de otra manera, nos insta a desarrollar, como lo apuntó el sociólogo Ulbrich Beck, formas de conciencia capaces de abarcar la complejidad, multidimensionalidad y interdependencia entre los procesos sociales y geofísicos que componen el sistema terrestre.

Y todo esto sin entrar en el futuro dibujado por el historiador Yuval Noha Hariri, aunque cuestionado por algunos científicos. El se pregunta qué sucedería si lo humano, tal como lo concebimos, comenzara a tornarse obsoleto y nos encontráramos en la antesala de una redefinición radical de las nociones de individuo, libertad, mente, conciencia, espíritu, emoción, sentimiento, organismo, vida. En síntesis, una redefinición de la propia condición humana.

Creo que están en lo cierto quienes opinan que encarar asuntos como estos, ligados a las transformaciones tecnocientíficas, pasa por sentar el futuro en la mesa de negociación, involucrando a todos los terrícolas.

El futuro está en disputa, pues.

El Nacional viernes 1 de mayo de 2020

 5 min


Antonio Di Giampaolo

LA PANDEMIA ENDÓGENA (45)

El número de venezolanos muertos en el exterior, a consecuencia de la pandemia, es superior a las cifra oficiales de fallecidos por la misma causa en Venezuela. El registro endógeno de 333 casos de COVID-19 evidencia que el nuevo coronavirus no está causando los estragos que en otras latitudes genera exponenciales contagios, curvas ascendentes y el saldo fatídico de pérdidas de vidas. La alianza con China, Rusia y Cuba ha permitido acceder a material de bioseguridad, tratamientos y baterías de pruebas y la asistencia de la OMS, La ONU y la Cruz Roja Internacional ha contribuido a la dotación de insumos y equipos al grupo de hospitales centinelas. “No hay mal que por bien no venga”, reza el dicho popular, y es que incluso en su vuelta a la patria, en medio de la pandemia, la diáspora que fue estigmatizada e ignorada durante las oleadas migratorias, es ahora objeto de la visibilización y del reconocimiento oficial gracias a los avatares de la política.

Las autoridades sanitarias se apoyan en la herramienta de la “Plataforma Patria” para desarrollar una estrategia preventiva que incluye la visita domiciliaria a objeto de efectuar pruebas diagnósticas. Para muchos las estadísticas oficiales no son confiables porque provienen de la misma fuente que resolvió esconder los índices de inflación del BCV, acabar con los reportes criminológicos, y prohibir la publicación del boletín epidemiológico del Ministerio de Sanidad. En todo caso, la verdad sea dicha, afortunadamente en Venezuela los centros asistenciales no están abarrotados de contagiados de COVID-19, la curva de la pandemia evidencia un curso moderado y la emergencia sanitaria no acusa los casos dantescos entierros en fosas comunes. En conclusión, nuestros problemas parecen ser otros.

Una entidad excepcionalmente privilegiada parece ser Carabobo que no registra ningún caso vinculado a la pandemia. La cuarentena no es radical en lugares emblemáticos de la Gran Caracas como la Redoma de Petare, El Boulevard de Catia o el Mercado de Coche. El distanciamiento social no se cumple a cabalidad por las aglomeraciones en torno a las bombas de gasolina que a consecuencia de la crisis de combustible en el país petrolero, en el que también se deambula por la calle con bombonas de gas para reponer los cilindros. Otro tanto ocurre en los llenaderos comunitarios de agua donde los ciudadanos acuden con carruchas y garrafas para paliar la escasez del vital líquido. La gobernador de Lara ha dicho que “sin luz se puede vivir pero sin agua no” dejando al descubierto las carencias y reclamos de la gente sobre ambos servicios públicos.

Nos adentramos a la segunda mitad de la extensión de la cuarentena social. Resultan oportunas la palabras del padre Luis Ugalde al señalar que tiene la impresión de que el gobierno ha manejado con decisión, firmeza y éxito la primera etapa contra la pandemia -y seguidamente agrega- “En cierto sentido, lo que es bueno para frenar el virus es terrible para acabar de matar la enferma economía nacional y llevar hambre a millones de familias”. Se han adoptado tímidas medidas de relajamiento pero el levantamiento progresivo y gradual de la cuarentena estará –acotamos- más vinculado a la disponibilidad de combustible para garantizar la movilidad de la gente y el transporte de mercancías que de las variables asociadas a la COVID-19.

¡Amanecerá y veremos!

#CronicasDeCuarentena (45)

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PANDEMIA, DESEMPLEO Y TRABAJO (44)

La Organización Internacional del Trabajo ha señalado que la pandemia es una amenaza para la salud pública, y las repercusiones nivel económico y social ponen en peligro los medios de vida a largo plazo y el bienestar de millones de personas. El director general de la OIT, el británico Guy Ryder ha señalado que la crisis tendrá un especial impacto negativo en la economía informal, de la que viven más de la mitad de los trabajadores del mundo por lo que se estima que 1.300 millones de ellos "corren peligro inminente de ver desaparecer sus fuentes de sustento", subraya en un estudio el ente internacional del trabajo.

La emergencia sanitaria global ha teniendo impacto no solo en los trabajadores no dependiente o por cuenta propia, sino en las relaciones laborales que para muchos empleados y colaboradores ha supuesto desde despidos o suspensiones temporales hasta reducciones de la jornada de trabajo, modificaciones de los turnos, e incluso incidencia en el cómputo del tiempo de la cuarentena como período especial de vacaciones. También se han registrado cambios en las condiciones de la jornada como adopción de medidas de protección de higiene y seguridad, y la implementación acelerada del teletrabajo y de labores complementarias a distancia como alternativa en ciertas actividades tradicionalmente presenciales.

En el mundo un número importante de trabajadores de la salud, personal de vigilancia, protección y seguridad ciudadana, entre otros han fallecido o resultado afectados por la pandemia. Hay legislaciones que desestiman que el contagio de la COVID-19 pueda ser considerado una enfermedad profesional o un accidente de trabajo lo cual evitaría la obligación de compensaciones e indemnizaciones por parte de los patronos. Existe un debate sobre las exigencias actuales en el desempeño de gestiones laborales que se profundizará en la medida en que se produzcan reactivaciones graduales y progresivas de actividades económicas y servicios administrativos y de atención al público. Por su parte la OIT instó a realizar una evaluación de riesgos en cada lugar de trabajo y extremar medidas de bioseguridad para evitar la exposición de los trabajadores a la COVID-19. Líderes sindicales con motivaciones diversas han convocado, a propósito del 1 de mayo, protestas virtuales, encuentros digitales y hasta manifestaciones públicas con distanciamiento social para poner en evidencia la cotización de las relaciones laborales.

Muchos países han visto aumentar exponencialmente las solicitudes de paro laboral y en algunos han acordado bonificaciones y asignaciones especiales para quienes han perdido sus puestos de trabajo o se encuentran cesantes temporalmente. A determinados sectores los programas de asistencia deberán ser prolongados como los dependientes de la actividad del turismo, la recreación y el entretenimiento. Rápido y furioso ha resultado el nuevo coronavirus para diversas tareas sean estas industriales, comerciales, profesionales o de servicio. Independientemente de la naturaleza del trabajo los trabajadores deberán tomar conciencia de las medidas de prevención y protección en el desempeño de las labores.

¡Amanecerá y veremos!

#CrónicasDeCuarentena (44)

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SALARIO, PRECIOS Y PANDEMIA (43)

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe describe un panorama desalentador para la región en medio de la pandemia. La CEPAL apunta a que la crisis desatada por la emergencia sanitaria incidirá negativamente el valor de exportaciones de las materias primas, fomentará el deterioro de los indicadores laborales, -y añade que- la contracción económica incidirá en el Producto Interno Bruto de los países del área, todo lo cual tendrían un efecto negativo directo sobre los ingresos de los hogares y su posibilidad de contar con recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas.

En Venezuela la pandemia está afectando cualitativamente la continuidad laboral, el desarrollo de las actividades empresariales y comerciales, la inflación y los precios de los bienes, incluidos los alimentos y los servicios básicos como agua, luz, gas, combustible y telefonía, y particularmente el nivel de ingreso familiar. Los planes de bonificaciones a la población más vulnerable, que para muchos constituye una fuente complementaria de ingresos, son exiguos ante el ritmo de la inflación y la devaluación. Si bien hay programas de asistencia alimentaria los mismos resultan insuficientes. Ciertamente hay servicios públicos subsidiados pero la calidad o el acceso a los mismos resultan limitados, por lo que en la práctica no son de carácter universal.

En el curso del mes de abril, en plena cuarentena, el valor de cambio de las divisas arbitradas por el Banco Central de Venezuela acusó un aumento superior al cien por ciento con relación al bolívar Los precios acusaron un alza vertiginosa mermando la capacidad de compra de los ciudadanos. Como paliativo se estableció un esquema de ajuste de precios de una treintena de rubros y presentaciones de productos, por primera vez indexados a la tasa oficial del BCV, y también un aumento del salario mínimo pagado en la moneda de curso nacional. Así las cosas los precios irán por el ascensor y los sueldos por una escalera. Como bien lo advirtió el articulista Julio Castillo se trata de una nefasta “política de precios en dólares y salarios en bolívares” por lo que el periodista Plinio Carbajal comentó que “si no fuera por lo trágico sería cómico”.

Las distorsiones en el ámbito económico están generado un grave cuadro de insostenibilidad para la vida cotidiana. La oposición atribuye los males generalizados a la corrupción, el clientelismo político, la ineficiencia administrativa y la incapacidad gubernamental. El gobierno aduce que la guerra económica y las sanciones unilaterales son las responsables de la crisis. Posiblemente, en mayor o en menor proporción, ambos tengan razón ya lo cierto es que esa combinación de factores influye en la explosiva situación que el país tiene por delante.

¡Amanecerá y veremos!

#CronicasDeCuarentena (43)

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GAS, LUZ Y PANDEMIA (42)

La Organización Mundial de la Salud emitió en el año 2014 un comunicado, que cobra importancia vital en estos tiempos en Venezuela, en torno a las directrices sobre la calidad del aire en los hogares a propósito de la quema de combustibles sólidos. “Casi 3000 millones de personas –señala el documento- entre las más pobres del mundo siguen dependiendo de combustibles sólidos (carbón vegetal o mineral, excrementos de animales y residuos agrícolas) que queman en cocinas y estufas de baja eficiencia y muy contaminantes para cocinar y calentar sus hogares, lo cual causa unas cuatro millones de defunciones prematuras de niños y adultos cada año por enfermedades respiratorias, cardiopatías y cáncer.

En Venezuela la escasez de gas y los recurrentes cortes del servicio eléctrico han incentivado el uso en particular de la leña en los fogones. Una escena que era típica de las de las zonas rurales se ha vuelto más común en las áreas urbanas Cada vez son más frecuentes las protestas y reclamos de la colectividad por la ausencia de gas doméstico y las manifestaciones por las suspensiones intempestivas del suministro de energía eléctrica. La distribución del gas doméstico a través de las organizaciones comunales permite a los vecinos reabastecer las bombonas a precios subsidiados aunque la periodicidad de los operativos es irregular. El costo de una bombona fuera de esos planes vecinales supera el salario mínimo mensual.

Los hogares que cuentan con cocinas a gas o de hornillas eléctricas enfrentan los embates de las dificultades propias de la vida cotidiana, de las cuales tampoco escapan las menos comunes cocinas de querosén. La reposición de los cilindros de gas y el reabastecimiento de las plantas eléctricas a gasoil, gasolina o gas, cuyo uso se ido extendiendo en la medida de las posibilidades de las familias, confronta limitaciones asociadas a los precarios suministros.

En el último reporte situacional de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios sobre el caso venezolano se acoge el informe de una comisión de expertos de la salud para hacer frente a la pandemia del coronavirus, publicó los resultados de una encuesta nacional de impacto del COVID-19, en la que se reflejan fallas en la disponibilidad de insumos médicos y de higiene básicos en el sector salud, así como interrupciones en los servicios públicos de agua, electricidad, combustible y gas. “A nivel nacional –señala la OCHA- se han reportado fallas en los servicios públicos como electricidad y agua, especialmente en los estados Bolívar, Carabobo, Cojedes, Guárico, Lara, Falcón, Portuguesa, Táchira, Trujillo y Zulia. Estas fallas en el servicio crean desafíos para que las personas puedan adoptar las recomendaciones de higiene preventivas del COVID-19 en las comunidades”.

¡Amanecerá y veremos!

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#CronicasDeCuarentena (42)

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