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Opinión

Un hombre duerme en la mitad de una calle en Barcelona durante la cuarentena decretada por la pandemia del coronavirus.Credit...Emilio Morenatti/Associated Press

Cuando Iván Ilich comienza a tomarse en serio sus dolencias y, angustiado, acude al médico, termina desconcertado ante un doctor que realiza conjeturas brillantes pero que no parece conmoverse con su caso. “¿Es peligrosa mi enfermedad?”, pregunta el paciente. El médico lo mira —“severamente”, acota Lev Tolstói— y después de una pausa reponde: “Ya le dije lo que creí necesario y útil. Lo demás lo demostrará el análisis”.

El diálogo entre la enfermedad y la ciencia que intenta derrotarla es, desde siempre, incómodo. La medicina no tiene —ni tendrá jamás— todas las respuestas. Sus certezas suelen ser provisionales, en cualquier momento pueden desarmarse ante un nuevo e inesperado misterio. En rigor, es una ciencia inexacta.

Nos cuesta mucho entender y asumir que somos una especie débil, sometida a las imprevisibles variables de la naturaleza. Ningún avance clínico jamás logrará ser suficiente. La enfermedad es un enigma con el que quizás nunca aprendamos a vivir. Lo peor, sin duda, ocurre cuando este enigma se desborda, cuando deja de ser un asunto personal, cuando se contagia con la velocidad de la histeria.

La pandemia del coronavirus nos devuelve a una de las definiciones de nuestra identidad que, con frecuencia, olvidamos y uno de los elementos más desesperantes de la COVID-19 es su falta de límites, la flexibilidad con la que se mueve en el tiempo. El virus se ha convertido en una ambigüedad sin final, en una provisionalidad que permanece, que se ha quedado a vivir y a matar entre nosotros. Nadie sabe muy bién cuándo pueda terminar, si acaso termina; cómo y cuándo puede regresar o repetirse un nuevo brote. De pronto, el saber clínico ha quedado desnudo, disminuído, sin capacidad de diagnósitco y sin posibilidad prospectiva.

En América Latina miramos hacia el otro lado del Atlántico tratando de descubrir alguna señal. Europa es nuestra bola de cristal, ese mapa errático y diverso parece de pronto nuestro método más confiable para obtener alguna noticia del futuro.

La pandemia también multiplica las incertidumbres. Es el clima ideal para que se propaguen los rumores y las especulaciones. En tiempo de cuarentena lo que más se mueve es la información. De todo tipo, de toda calaña. Vivimos encerrados consumiendo todo el día las distintas versiones de lo que supuestamente pasa o no pasa afuera. Y a medida que trasncurre el tiempo sin que haya desenlaces definitivos, la inseguridad y la desconfianza crecen. Necesitamos culpables y necesitamos la ilusión de una certeza. Por eso las teorías de la conspiración se reproducen con la rapidez del virus. Hay que dudar de los chinos, de los rusos, de los gringos, de los islamitas… pero también hay que desconfiar de la Organización Mundial de la Salud, de todos los gobernantes, de todas las estadísticas oficiales. No solo hay que dudar de que nos estén diciendo la verdad, también hay que dudar de la verdad misma. ¿Cómo es posible que los creadores de la ingeniería genética y de la inteligencia artificial se encuentren ahora acorralados por una “gripe”?

La metáfora de la guerra que, en más de una ocasión, ha funcionado para definir la lucha contra esta pandemia quizás no se ajuste demasiado a la realidad. Esto ha sido un asalto, una emboscada. Y aún no terminamos de recuperarnos de la sorpresa, apenas hemos logrado reaccionar defensivamente. Erráticos y desesperados, estamos tratando de minimizar la masacre. Ya fuimos derrotados de inmediato. Por eso las glorias son efímeras. Los héroes de hoy pueden ser los apestados de mañana. Es un caos que se suma al caos que ya estábamos viviendo: la crisis de las representación política, el fracaso de las democracias, el ansia de algunos por un orden autoritario… La idea de que nada será como antes tal vez sea solo un espejismo. En realidad, todo será como antes. Pero peor.

Poco antes de morir, desconcertado ante la enfermedad y ante la inminente cercanía de su final, Iván Illich se pregunta: “¿Quizás no haya vivido como he debido? […] ¿Cómo puede ser así, si siempre hice todo lo que me correspondía?”. A través de estas dos interrogantes, Tolstói introduce una de las dimensiones cruciales de la enfermedad: el cambio en la percepción de la realidad que se produce a partir de la conciencia de la propia vulnerabilidad. La aceptación de la debilidad, como condición definitiva de la vida, nos puede situar de manera distinta frente a las mismas preguntas de siempre: la desigualdad, la pobreza, la priorización del capital sobre la vida, la cultura del consumo, la destrucción ecológica y el cambio climático. ¿Cómo debemos vivir? ¿Qué nos corresponde hacer en este planeta?

La pandemia nos obliga a recordar que también somos una especie que puede desaparecer, extinguirse sin ton ni son; una variedad animal que puede contagiarse en masa y morir de asfixia. En sus diarios, escritos desde el padecimiento, Julio Ramón Ribeyro señalaba que “el dolor físico es el gran regulador de nuestras pasiones y ambiciones. Su presencia neutraliza de inmediato todo otro deseo que no sea la desaparición del dolor”.

La enfermedad genera otro tipo de lucidez, una forma diferente de mirar y de estar en la vida. Cuando la emergencia haya pasado, o se haya convertido en una nueva costumbre, tendremos la oportunidad de elegir entre la seducción del olvido o el desafío de tratar de cambiar, de intentar pensarnos y actuar de otra manera, desde la conciencia de nuestra fragilidad.

Alberto Barrera Tyszka es escritor. Su libro más reciente es la novela Mujeres que matan.

https://www.nytimes.com/es/2020/04/19/espanol/opinion/pandemia-coronavir...

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Luis Ugalde

Cuarentena, Encierro y Control. Tengo la impresión de que el gobierno ha manejado con decisión, firmeza y éxito esta primera etapa contra la pandemia. La dictadura desempeña con más eficacia y autosatisfacción el control armado. La población, consciente de la gravedad, ha acatado con resignada compresión.

Por otra parte, son innegables los abusos y corrupciones en torno a la escasez de la gasolina, con el empeño de controlar totalmente la información, la opinión y la mentira para que la voz del gobierno sea la única verdad; así como atropellar para ocultar datos, silenciar informaciones sanitarias y presumir de éxito mundial en el manejo del COVID-19. Afortunadamente, parece que el confinamiento y el control han frenado, por ahora, mayores males sanitarios, pues sigue su amenaza.

Producimos o Morimos. Pero esas mismas medidas oportunas tienen otra cara dramática e insostenible en el tiempo: miles de empresas cerradas, millones de trabajadores parados, encerrados con sus familias, sin producir, sin ganar y sin comida, y con todo el sistema educativo cerrado. Aguantar así 20 días es heroico, pero 40 o 90 se vuelven imposibles para los que necesitan el ingreso diario, para las empresas y para el país. En cierto sentido, lo que es bueno para frenar el virus es terrible para acabar de matar la enferma economía acional y llevar hambre a millones de familias. En nuestro caso, todo se agrava porque el COVID-19 nos llegó bajo una tremenda crisis productiva, sin luz, sin agua, con un sistema sanitario en agonía, sin gasolina… Sin gasolina no hay producción agrícola, ni transporte de alimentos, lo que es fatal para productores, consumidores, transportistas y comerciantes. Esta falta no se debe al virus, sino a la errada y corrupta gestión que ha llevado a la producción petrolera al desastre, los campos petroleros al abandono, PDVSA a la ruina y ha apagado las refinerías venezolanas. En las bombas preferían regalar 40 litros de gasolina que cobrar un despreciable billete de Bs. 100. Todo ello por incapacidad y corrupción propias del régimen, mucho antes de las sanciones norteamericanas. El tema de la gasolina no se resuelve reforzando el control en las colas; una nueva política y experta gerencia son necesarias para producir petróleo y gas, poner a valer nuestras refinerías y vender a precio rentable la gasolina en el país.

Esto tan simple de entender y desear, debe ser el punto de partida de los venezolanos bajo un acuerdo político realista. Agrade o no, el rescate de todo el proceso petrolero requiere de miles de millones de dólares, que no los tiene el Estado endeudado, y que, por tanto, tienen que ser capitales privados nacionales y extranjeros, que no aparecerán con su capacidad de inversión, tecnología y gerencia, si no hay ganancia, garantías jurídicas ni respaldo de un Estado y un Gobierno con un enfoque económico y político muy contrarios a la ruinosa aventura que Maduro se empeña en mantener.

Lo que decimos de la gasolina vale para todas las demás áreas que van desde la salud, producción de bienes y servicios, educación o servicios públicos básicos… Las soluciones tienen que ser concretas, creativas y urgentes con un país movilizado y unido. Ahora como nunca estorban los dogmas políticos ideologizados.

Urge un Gobierno Amigable, capaz de inspirar, escuchar y convocar con sinceridad a las organizaciones de la sociedad civil, a los diversos partidos hoy perseguidos, a los trabajadores y empresarios claves en la necesaria transformación productiva. Amigable, también, internacionalmente con los gobiernos y organismos cuya buena relación y colaboración necesitamos. La dictadura actual es hostil a todos ellos y por eso es el mayor obstáculo para la necesaria activación creativa y solidaria de toda la sociedad. Como dictadura puede controlar, imponer y perseguir, pero no puede convocar y movilizar a la sociedad entera en torno a un Gran Acuerdo de Emergencia Nacional. Por eso es urgente la renuncia de Maduro y un cambio a fondo del desastroso proceso que el régimen ha sido incapaz de evaluar con sinceridad y de cambiar.

No es separable la lucha contra la pandemia del conjunto de la política económicosocial. Ni los países más prósperos pueden vencerla, sin acuerdos que incluyan el apoyo de toda la población, para poner en práctica urgentes y extremas medidas contra la gravísima crisis socioeconómica que afecta a decenas de millones de empleos y centenares de millones de pobres. Además, en el caso de Venezuela no hay respuesta posible duradera y eficaz sin un internacional fuerte apoyo político, económico, social y sanitario. Nada de esto tan necesario será posible sin un cambio de régimen y restablecimiento de la Constitución violada y de la democracia, sin perseguidos ni presos políticos con plena libertad y sin sanciones internacionales. Por eso, la vida de los venezolanos exige la renuncia presidencial para la transición inclusiva con un Gobierno de Emergencia Nacional, integrado por cinco personas
capaces, confiables y representativas.

Sin eso no podrán llegar ni las ayudas humanitarias, ni el necesario levantamiento de las sanciones, ni las inversiones. La vida de millones de venezolanos está amenazada y hay que concentrar toda la política (sin descuidar la organización de elecciones presidenciales libres y con garantías) en esta transición muy exigente para todos: para los políticos del gobierno y de la oposición, para los empresarios, y para todos los integrantes de la sociedad civil. Sin ese encuentro solidario de la Sociedad con creatividad inédita, está garantizado el fracaso del país. La sociedad venezolana y su tragedia actual deben liberar el Estado del sector político que lo secuestró con promesas de vida y lo llevó a resultados de muerte. Es indispensable que el gobierno de transición incluya a chavistas honestos produciendo soluciones y con la única obsesión de sacar a flote el barco del país.

https://articularnos.org/2020/04/19/pandemia-cierre-y-gobierno-de-emerge...

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Algunos aprovecharon mi artículo de la semana pasada para cargarle la mano a los políticos, para dar rienda suelta a ese sentimiento antipolítica, que tenemos tantos años cultivando. Aunque no era la intención de mi artículo, debo reconocer que comprendo porque ocurre. Es algo natural. Los políticos son el sector al cual más se achaca la fama y el vicio de la corrupción. Es lógico, son los que manejan los recursos del país, de la población, y aunque no se los apropien, basta con que no se administren de la manera que cada quien pensaría que se deben administrar, para que surja la sospecha. Y en muchos casos, no es una mera sospecha, sino una certeza.

Además, los políticos forman parte de un sector de la población al cual nadie va a salir a defender. El político corrupto, no lo va a hacer, pues procura pasar desapercibido y que no se levante mucho polvo a su alrededor; y el que no lo es, no se da por aludido, pues no considera que tenga algo de que defenderse. En un mundo lleno de preguntas y ávido de respuestas y soluciones, cuando no se encuentran, es más fácil encontrar culpables y si estos no se defienden, no dicen nada, mejor que mejor, pues todos sabemos que el que calla otorga.

En conclusión, estamos frente a uno de esos lugares comunes que todos aceptamos y repetimos automáticamente, sin pensar. Nos dicen política o políticos e inmediatamente pensamos en corrupción y en piloto automático repetimos como un mantra, la frase: “los políticos, son todos unos corruptos.

Así, la antipolítica forma parte de la narrativa populista, de izquierda y de derecha, a la que me referí la semana pasada. Esa frase, “los políticos, son todos unos corruptos”, forma parte de ese “mensaje” del que hablé (y del que solo desarrollé una pequeña parte en el artículo referido), con el que Chávez, el chavismo y el madurismo mantienen su popularidad entre la gente que los sigue.

Esa predica “antipolítica” tuvo una importante expresión durante más de 20 años en Venezuela, antes de Chávez, y en la cual se “enrolaron” muchos empresarios, medios de comunicación (no olvidemos la predica de ese gran “influencer”–como les dicen ahora– que fue Renny Ottolina) y cuyos epítomes fueron novelas como “Por Estas Calles”, pero también casi todos los programas políticos de opinión en radio y TV, columnas de prensa, cuyos autores hoy están casi todos arrepentidos y son furibundos anti régimen; fue parte también del discurso político de campaña que llevó a Rafael Caldera y su “chiripero” a la segunda presidencia en 1993 y después a Hugo Chávez Frías en 1998 y que hoy mantiene a Maduro en el poder; como “discurso”, pues sabemos que lo que realmente lo sostiene allí es la fuerza armada y la represión.

Hugo Chávez se supo montar muy bien en esa onda antipolítica, anti partidos, y se lanzó también por otra vía de ese virus populista: acusar a los políticos de “corruptos” y que esos eran los que le “quitaban el pan al pueblo” y por eso él iba a “freír en aceite” las cabezas de los adecos y acabar con los partidos corruptos. Y lo hizo. Pero no acabo con la corrupción, a esta la potenció. Acabo con las instituciones, el congreso, los partidos –en la Constitución Bolivariana ni siquiera se les nombra y expresamente prohíbe que sean financiados por el Estado– modificó la composición del TSJ, cambió a su antojo la constitución y los símbolos patrios, y un largo etcétera; y esa tarea la continúa hoy Maduro: desconociendo a la AN, inhabilitando a los partidos políticos, persiguiendo y encarcelando diputados y líderes políticos y demás. Esa predica anticorrupción, ese aprovecharse del “hastío” de la clase media, sobre todo de esa que espera “que le toque algo” de la riqueza del país, forma parte de esa “narrativa” populista, que Chávez supo utilizar muy bien.

Y es que con respecto a los políticos y la corrupción, frecuentemente se nos olvidan dos cosas; una, que los políticos están allí donde nosotros, ciudadanos, los colocamos, donde nosotros los ponemos y usualmente no los controlamos, porque es más fácil, más cómodo, ocuparnos de nuestros negocios, actividades académicas, familias; y dos, que donde hay un político corrupto, por lo general también hay un empresario, un banquero o un connotado miembro de la sociedad civil que se beneficia de esa corrupción; pero no hablamos de eso, solo de los políticos. Bueno, no lo hacemos nosotros, porque la “narrativa” populista si se ocupó también de los empresarios, con discursos, insultos, hostigamiento y esa política destructiva de empresas, las expropiaciones, etc., que trabajadores y seguidores del régimen aplaudieron a rabiar y que hoy lamentan al verse sin empleo, sin ingresos y sin lo que producían esas empresas que arruinaron.

Es en verdad, esto de la antipolítica, una situación compleja, que tiene dos aristas, la del partido, el líder político, como tal, y la de la sociedad civil, los líderes de la sociedad civil, cada vez más activos en política. En ambos sectores debemos superar desviaciones y limitaciones.

Tenemos que decir que es cierto que la mayoría de los partidos no han dado muestras de haber llevado a fondo sus procesos internos de renovación; muchos de ellos continúan siendo un cascaron vacío, sin ideología, expresiones decadentes de escasa participación social, que se activaban tan solo en momentos de procesos electorales y con cuantiosos recursos económicos –cuando dispusieron de ellos–, que los utilizaban en contratar asesores de imagen, costosas campañas publicitarias y –cuando se podía– en comprar espacios en los medios. Sus líderes se convirtieron así en “líderes mediáticos” que pululaban alrededor de micrófonos de radio y cámaras de televisión y su inspiración programática eran las encuestas de opinión, a las que seguían como si tratara de verdaderos oráculos. Todo eso se quedó en cenizas del pasado.

Pero no es menos cierto que había muchos autodenominados líderes de la sociedad civil, y hoy hay nuevos líderes políticos, expertos en utilizar redes sociales y la organización que habían creado a su alrededor, frecuentemente sobre estimando sus potencialidades y utilizándolas como atajo —con unos pocos seguidores— o como plataforma de proyección personal y política y se montaban sobre el vacío de poder dejado por los partidos y líderes tradicionales y, con la excusa de que los partidos “ya no los representaban”, nos presentaban –hoy algunos todavía lo hacen– sus propias y personales aspiraciones de poder.

Algunos veían que esa era una ruta más fácil, en vez de hacer carrera política en algún partido, comenzando desde la base, ganando y escalando posiciones con trabajo; pretendían llegar “por arriba”, con buenos contactos en los medios de comunicación, desde una ONG, a veces de carácter unipersonal, de página Web o de “maletín”, para ahorrarse el tiempo y el esfuerzo que le supuso al líder profesional, de partido, llegar a la posición que ocupaba. Constituyeron así “organizaciones”, eficientes en el uso de los recursos mediáticos y la prensa, pero donde la tónica dominante seguía siendo el individualismo, en red y “organizado”, pero individualismo al fin; donde privaba –en algunos casos, hoy aun priva– el interés personal, la falta de compromiso, la falta de arraigo y proyección en la comunidad. En nada se diferenciaban de los líderes y partidos tradicionales que criticaban y “satanizaban”.

Era en efecto una “satanización”, que sin duda tenía y tiene un cierto asidero en la realidad, no es posible negarlo; pero, en la práctica, aun sirve de excusa para que los venezolanos comunes, por frustración o comodidad, nos desentendamos de la política y dejemos esta tarea en manos de los políticos y los partidos, para después quejarnos. ¿Cuándo abandonaremos ese discurso, que no ha conducido a ninguna parte?

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Benjamín Tripier

Análisis de Entorno

El concepto de “globalización”, se fue consolidando y convirtiéndose en la estructura que en la actualidad, prácticamente, nos define como civilización. Podríamos visualizarla como una gran red que cubre el planeta, cuyos nodos son países, empresas multinacionales y poderosas organizaciones tipo la Iglesia o la ONU. Se trata de una estructura física apoyada en negocios, información, tecnología, cadenas de suministros y logística, que después de la pandemia quedará intacta, pues el Covid-19, se trata de un virus que funciona como una bomba “solo-mata-gente”, y que deja la infraestructura intacta. Y además no mata a todos los que infecta, sino a un porcentaje relativamente bajo, por lo que posiblemente el impacto profundo de la bomba, no sea el virus en sí mismo, sino la vía que se seleccionó para enfrentarlo, que es la cuarentena masiva. Que se trata de un instrumento eminentemente sociológico –ni sanitario, ni económico- que nos lleva a paralizar el uso de la infraestructura, bajando el nivel de actividad hasta puntos en los que para algunos, será imposible remontar, y algunas empresas, y los empleos asociados, desaparecerán. Y al permanecer la infraestructura intacta, no deben esperarse cambios profundos, excepto tal vez en el comportamiento de la gente, que es el que, a su vez, mueve el comportamiento de las empresas, y que podría proponer una aproximación diferente cuando arranque la reactivación. El trabajo a distancia, la optimización del consumo, y la revalorización del ambiente, podrían ser de los cambios positivos, mientras que estirar el tiempo de vida del petróleo –por el exceso de inventarios y los precios bajos- y el gran desempleo, serian de los aspectos negativos.

La cuarentena detuvo la actividad de un momento para otro, casi sin dar opciones; mientras que el proceso de reactivación –rebote primero y estabilización después- ya estará más, en manos de decisiones gerenciales, porque de cómo se arranque dependerá el nuevo ordenamiento, que seguirá el patrón de comportamiento de la red, reconstituyendo las cadenas de valor, y haciendo que ningún nodo alcance su nuevo equilibrio, hasta que sus proveedores y clientes lo hagan, y hasta que el transporte y la logística estén nuevamente disponibles. Sin duda habrá un nuevo comienzo, que tendrá mucho de lo anterior, algo de aprendizaje y relativamente poco de cosas nuevas.

Político
La situación de la pandemia ha hecho que las ideologías se hayan ido quedando vacías de contenidos prácticos con los cuales resolver el futuro, para cuando esta situación se estabilice; pues parece que terminar, lo que se dice terminar, no ocurrirá en mucho tiempo, y que tendremos que convivir con ella. Y hablo del futuro, porque será el momento en que, infectados o fallecidos, más o menos, todos deberemos buscar un camino que corrija lo que venía ocurriendo; y la política será la llamada a interpretarlo. No es casual el silencio político al que estamos asistiendo en Venezuela donde nadie habla del futuro, y las dos únicas voces que se escuchan, son la propaganda del gobierno y la posición de EEUU/Guaidó, ambos compitiendo por el poder, el uno para mantenerlo, y el otro para obtenerlo. Siempre en el presente, nada para el futuro.

Social
La gente en sus casas está teniendo el tiempo que no tenía para fantasear sobre el futuro, y cómo le gustaría que éste sea, mas desde su punto individual, que influidos por el entorno. El ser humano que emergerá, lo hará siguiendo patrones y expectativas modificados por la cuarentena, los cuales si no son identificados, anticipados y satisfechos por los gobiernos, las brechas que existían se profundizarán. En los países más ricos, la brecha será menor que en los pobres, como nosotros, donde posiblemente se traduzca en descontento manifiesto, que hasta pudiera llegar a la violencia. Ahí, en lo social, está nuestra verdadera bomba de tiempo.

Económico
Cuando los ingresos de un país realmente no alcanzan, ni los maquillajes contables, ni la impresión de dinero inorgánico, o la circulación de cuasi dinero (que en nuestro caso son billetes usados de baja denominación de dólares, de origen incierto), logran “correr la arruga”, por lo que podemos anticipar, que con medidas aisladas por compartimentos estancos, no encontraremos las soluciones de fondo que necesitamos. Hay que hacer algo diferente.

Internacional
Default de deuda, llegada de médicos cubanos, dependencia casi absoluta de China y sobre precios en medio de la pandemia, son algunos de los indicadores tempranos de que en el gobierno de Argentina cada vez más se impone la línea del kirchnerismo camporista. Al igual que Venezuela, podría entrar en un aislamiento regional que no sería bueno ni para la región, ni para la Argentina, y por supuesto, ya estamos comprobando que tampoco lo está siendo para Venezuela.

Recomendación

  • Al gobierno que revise opciones que permitan que, al salir de la pandemia, arranquemos un proyecto de unidad que no solo refleje la voluntad de la gente, sino que nos devuelva el ánimo necesario para reconstruirnos.
  • A las empresas, que hagan una introspección sobre su modelo de negocios y su viabilidad en el entorno post pandemia. Continuar sin cambios de fondo ya dejó de ser una opción

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Carlos Raúl Hernández

Romeo esperaba ansiosamente a Julieta con la complicidad de fray Lorenzo, y esas horas eternas parecían no transcurrir, pero no se aburría en absoluto. Su mente estaba depositada en el futuro encuentro y el lapso que lo separaba de ella era angustia, pero no tedio. Nadie se hastía en el purgatorio, que se distingue del infierno en que es sufrimiento con esperanza. Cuando llegaba Julieta, un siglo de su compañía era para él como si hubiera sido un instante, y menos se aburría.

Juana de Arco en la pira, percibe que un segundo es eterno, pero no tedioso, y abjura. El sujeto no presta atención al tiempo en el tráfago de actividades o la intensidad del placer o el dolor que absorben su atención. Para quien espera algo ansiosamente, el tiempo es solo el nombre de esa espera, igual que para quien vive un padecimiento fuerte. El condenado a muerte no aguarda la fecha fatal con fastidio.

Al contrario, quien no tiene expectativa, ni sueña nada para mañana, ni le aguarda algo satisfactorio, un día va detrás de otro, la existencia misma es un hastío, una faena interminable e inerte. Escribe Neruda “pasan días iguales persiguiéndose… día que has sido niño, inútil /que naciste desnudo/las leguas de tu marcha caminan sobre tus doce extremidades”. Por eso el aburrimiento y el tiempo se personalizan cuando no pasa nada.

Dice Cioran “…Son las tres de la madrugada… Siento este segundo y luego el siguiente y saco la cuenta de cada minuto”. Tal vez por casualidad, B.B King nos impacta con su blues inolvidable Las tres de la mañana, en el mismo tono intenso del filósofo rumano del suicidio. Varios films, por ejemplo, Lejos del cielo (Haynes: 2002) narran desde la visión actual, la vida asfixiante, repetitiva de las mujeres enclaustradas en sus hogares durante la era represiva del machismo en los años cincuenta, previa al reventón de los sesentas.

Cuarentenas privadas
En contraste, Historia de una pasión (Davies: 2016) describe el sentimiento que mantuvo a dos amantes en lucha contra la separación impuesta por los medios sociales. El Dr. Jhivago y Lara (Lean: 1965) jamás pudieron aburrirse porque durante mil páginas y todas sus vidas se buscaron en medio del infierno comunista. Nos aburrimos cuando “no pasa nada” pero eso depende de la disposición para interesarnos o percibir el entorno.

Pero es imposible que no pase nada porque los acontecimientos se producen por zettabites a nuestro alrededor. Por obra del coronavirus que nos obliga a aislarnos en nuestros reductos, experimentamos varios tipos de vivencia. Algunos lo toman como una maravillosa oportunidad de ver películas, leer libros y planear acciones sobre el futuro, crear arte o dedicarse a hobbies.

Parejas nuevas o bien avenidas, improvisan lunas de miel, pero en situación contraria, devienen aburrimiento, contrariedad y crisis. Quienes disfrutan la soledad, encuentran la situación ideal, mientras los socialites padecen molestias insufribles. Algunos lamentan perder la oportunidad de hacer el negocio de su vida o ventajas que se les presentaron.

Otros sin entornos placenteros o expectantes, se destruyen física y emocionalmente por abulia. Nadie ha descrito mejor en el arte las vidas sin mañana como Francis Bacon. Sus figuras humanas son amasijos deformes, abotagados, semi disueltos, que transcurren en el ciclo opresivo entre el trabajo y cuartos de pensión de mala muerte, salas de baño sórdidas y sucias, alumbradas por un escueto bombillo pendiente del cable.

La descomposición del ser
Bacon presenta el hastío en su versión aterradora: contar el tiempo de un plazo que es la propia vida. La cuarentena, sin tal dramatismo, no está predeterminada, pero inquieta su término incierto. La certeza de una cárcel es que las sentencias tienen plazo fijo. En Sueños de fuga (Darabont: 1994), el protagonista enfrentaba su larga e injusta condena con optimismo pues cavaba en la pared un túnel con una inofensiva cucharita, camuflado en un afiche de Raquel Welch.

Sería libre y podría reconstruir su vida gracias a su esfuerzo y decisión. Algunos con teleologismo optimista dicen que las pestes son el preámbulo de las grandes reconstrucciones, cosa que no creo sea una determinación sino mera descriptiva de que la voluntad recoge los escombros y sigue la marcha. El Renacimiento había comenzado con Dante en el siglo XIII y la Muerte Negra del siglo XIV lo tronchó pese a Boccaccio y Petrarca.

Hubo que esperar hasta el XV para que se reiniciara la vida. Las pestes lanzan millones de seres humanos a la muerte y la miseria, lo que no abona a verlas como bendiciones progresistas. Pero el ser humano se sobrepone, que es otra cosa. En un momento de humor, el atormentado Soren Kierkegaard dejó su versión del desarrollo humano como obra de la monotonía.

“Los dioses fastidiados, crearon a los humanos. Adán se aburría y le trajeron a Eva. Luego los dos se aburrían junto Caín y Abel en familia. Aumentó la población del mundo, y los pueblos se aburrían masivamente. Para entretenerse, se les ocurrió la idea de construir una torre, tan alta que llegara hasta el cielo… Después se dispersaron por el mundo y viajaron por todas partes, pero aún se aburren”.

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/67759/sociologia-del-bostezo

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Jesús Elorza G.

A principios del mes de abril, los venezolanos estaban atentos con el inicio del Programa que iba a sustituir las clases presenciales en el sistema educativo por un formato de educación a distancia. Esta programación era producto de la cuarentena obligatoria ordenada para combatir la pandemia del COVID-19. ​

Todos los ciudadanos, estaban a la expectativa de la puesta en marcha de la referida actividad, debido a los permanentes problemas generados por los constantes cortes de luz y las fallas intermitentes de la conexión de internet y la no existencia de una plataforma que a nivel de nuestros centros educativos hiciese efectiva una propuesta de ese tipo. ​

Sin atender las opiniones de los expertos en esa materia y, sin haber podido resolver los problemas que a diario afectan a la población, tales como: confinamiento, toque de queda, falta de agua, luz, gas, gasolina y dificultades extremas para la consecución de alimentos por la inflación y los salarios de hambre, el régimen anuncio con bombos y platillos, el inicio de su plan de contingencia "Cada familia una escuela" a través del canal estatal Venezolana de Televisión VTV, dirigido a los niveles de inicial, primaria, media general y técnica y las modalidades de jóvenes, adultas y adultos y educación especial. El programa, como todos lo suponen, será trasmitido por el canal del estado en cadena nacional.​

Llegó el día por todos esperados y con las consecuencias esperadas también. A las 08:00 horas se anuncia el inicio del programa. Las familias, en cada hogar estaban atentas con sus hijos a la espera de las informaciones necesarias para conectarse a través de las redes. ​

-Mamá, no me puedo conectar con mí Canaimita, porque no hay WIFI e Internet no funciona, dijeron muchas niñas a nivel nacional.​

Tranquila hija, déjame conectar VTV en nuestro televisor para seguir el programa. Y al hacerlo, vió a Maduro dando los buenos días y con Aristóbulo a su lado anunciando el inicio del plan de contingencia revolucionario educativo para enfrentar y derrotar al imperialista Coronavirus que ha invadido al país.

Terminado el saludo, arrancó el programa con el Himno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela interpretado por el Líder Único de la Revolución, el Comandante Eterno Hugo Rafael Chávez Frías acompañado por un coro de Niños Pioneros quienes al final, al estilo cubano, fueron inducidos a gritar la consigna "Queremos ser como Hugo".​

Muchas preguntas, fueron formuladas a todo lo largo y ancho del país por los niños que observaban la trasmisión:​

-Mama, quien es ese señor, yo no lo conozco?​

-Mama, ese señor es muy feo, yo no quiero parecerme a el. ​

Estas preguntas, fueron formuladas a todo lo largo y ancho del país.​

Después del himno y el culto a la personalidad del Difunto Eterno, apareció en pantalla una sucesión de fotos para representar un cuadro de efemérides revolucionarias; El Árbol de Tres Raíces, Maisanta, Sabaneta de Barinas, El Juramento en el Samán de Guere, 4F, 27N, Chávez Presidente y el regreso después del golpe de abril entre otras y al final, con voz de fondo se escuchaba "Patria o Muerte Venceremos"​

Las preguntas de los niños continuaban sin cesar: ​

-Mamá, ¿por qué mi maestra no sale en pantalla?

-Si quisiera preguntar algo ¿cómo lo hago, si el televisor no me lo permite?​

El tema de Identidad y Soberanía le correspondió al Ministro de la Defensa, en virtud de la amenaza de invasión imperialista: vestido con traje de campaña y armado hasta los dientes, dio inicio a su clase gritando con un vozarrón Attteennccciiióóónnn Fffiiirrrmmmeeess y acto seguido comenzó ordenando ejercicios de orden cerrado. Formación en columna y dirigió la marcha de los combatientes Izquierda, izquierda, izquierda, derecha izquierda. Pelotón aaallltttoo, descansen. Ahora, pasamos al tema de el manejo de armas y se puso a desarmar y armar un AK-47 que es el arma de los revolucionarios. Aaaattteeennnccciiiióóónnn ffffiiirrmmmeees. Hemos terminado, los veo en la próxima clase. Rodilla en tierra Venceremos. ​

-Mamá, que es eso? a mí no me gustan las armas. ​

-¿Ahora, todos somos milicianos?​

En el área de salud, VTV hizo un montaje para hacer aparecer a los Hermanos Rodríguez como la versión revolucionaria del Manual de Carreño; Salió en pantalla Delcy hablando sobre las cifras de Coronavirus en el país, señalando que somos los mas arrechos del mundo en este combate al tener menor número de contagiados y muertos gracias a la gestión en materia de salud del camarada Nicolas.​

-Mama, esa señora no tiene la mas mínima idea de las condiciones hospitalarias del país; en carne propia hemos vivido el viacrucis, como niños, para poder ser atendidos en el Hospital J M de los Ríos y a diario vemos las protestas de los médicos y enfermeras reclamando mejoras para el sistema de salud.​

Luego de Delcy, apareció su hermano Jorge que con su irónica sonrisa les indicó a los televidentes que lo importante es "Quedarse en casa y lavarse las manos"​

-Mamá, como hago lo que dice ese señor "si no tenemos agua" y si tú y mi papá se quedan en casa, ¿quién nos va a traer la comida? ¡Ese señor como que vive en otro mundo!

Al finalizar el programa, reaparecieron Aristóbulo y Maduro para enviarles un saludo revolucionario a los camaradas educadores por haber hecho posible este programa. A tal efecto, hemos decidido darles "un sustancioso bono de solidaridad" por el orden de los 4.750 Bolívares Soberanos.....y al terminar el programa, para variar o con toda intención se fue la luz.​

-Mamá, eso no alcanza ni pa’ un caramelo ....​

El raiting de televisión, demostró que la audiencia del programa alcanzó 10 millones de estudiantes y el rechazo al contenido fue de TREINTA MILLONES de venezolanos.​

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Tal vez alguna vez sabremos de verdad como pasó lo que pasó y que fue lo que paso. Demasiadas versiones distintas, incluso contradictorias. Como dijo alguien todo pareciera verdad al mismo tiempo. Pero lo cierto es que la pandemia paralizo al planeta y ha generado miedo y preocupación entre los siete mil millones de terrícolas que lo habitan, asomando con fuerza la convicción de que en las últimas décadas la humanidad ha transcurrido según propósitos y modos que ahora le están pasando factura. A su manera lo dice hasta el New York Times señalando, palabras más, palabras menos, que tras la pandemia, para pedir un sacrificio colectivo se debe ofrecer un nuevo contrato social que beneficie a todos y que para eso, será necesario poner sobre la mesa reformas radicales, que reviertan la dirección principal de las políticas vigentes hace casi medio siglo.

Desde los laboratorios científicos se nos dice que muchas de las enfermedades emergentes como el Ébola, el sida, la gripe aviar o el nuevo coronavirus no son catástrofes completamente aleatorias, sino que se vinculan al impacto que causa la acción humana en los ecosistemas naturales. Las enfermedades infecciosas señalan, se ven favorecidas por el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad.

La Sociedad del Riesgo Global

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, declaró que "las emisiones globales están creciendo. Las temperaturas están aumentando. Las consecuencias para los océanos, los bosques, los regímenes climáticos, la biodiversidad, la producción de alimentos, el agua, el empleo y, en última instancia, las vidas de los seres humanos están destinados a empeorar enormemente. La evidencia científica es innegable. Además, en muchos lugares, la gente no necesita un diagrama o gráfico para comprender la crisis climática. Basta que mire por la ventana ".

En fin, no le hemos prestado atención al hecho de que existimos en la Sociedad Mundial del Riesgo, según el diagnóstico elaborado hace unos cuantos años por el sociólogo alemán Ulrich Beck. A pesar diversos acuerdos suscritos al respecto, no terminan de tomarse las medidas adecuadas, a sabiendas de que evidencias cada vez más irrefutables muestran que la forma como se ha organizado la sociedad y pautado su desarrollo, ha complicado seriamente la vida humana, haciéndola ecológicamente insostenible, asomando casi a la vuelta de la esquina los peores escenarios del calentamiento global.

En este sentido, se ha hablado, en este sentido de un nuevo pacto que encare conjuntamente la justicia social y ambiental, a fin de enfrentar el cambio climático el mayor desafío del XXI, pacto que supone una compleja negociación de intensas y complejas interdependencias. Y que nos toma, por si fuera poco, en medio de un dramático déficit en cuanto a capacidades para gobernarnos a nivel mundial, aunado a un liderazgo que no se encuentra a la altura de las circunstancias.

La cuestión ambiental pone de bulto, así pues, la necesidad de edificar una sociedad global, sobre las bases de una institucionalidad y un marco normativo que supere tanto las limitaciones del Estado-Nación, como la de los mecanismos inter gubernamentales según los que se ha tratado de ordenar el planeta. Se trata. En suma, de transitar de la globalización a la glocalización.

Una protesta por el futuro

Los acuerdos internacionales para reducir las emisiones de gases invernadero son a todas luces insuficientes (casi letra muerta, no sé si exagero un poco al decirlo) para limitar el cambio climático a niveles que no sean peligrosos. Aun si se cumplieran las promesas de reducciones de GEI en el marco del Acuerdo de París el cambio climático alcanzará entre 3 y 4.5 grados centígrados para finales del siglo. Ese aumento de temperatura es, dicen los expertos, una amenaza real sobre la humanidad.

No estamos, pues, frente a una serie de catástrofes hipotéticas. La humanidad corre el riesgo de su propia extinción. Y tampoco se trata de un eventos que ocurrirán en un futuro lejano, afectando a generaciones que todavía no nacen y a niños que apenas se encuentran cursando su primaria. Ese es uno de los mensajes más poderosos (lo dijo en la ONU) de Greta Thunberg la chamita sueca, a lo largo del año pasado

Esta adolescente, insultada, menospreciada, criticada, acusada de enriquecerse, de ser manipulada, de ignorante, de convertirse un producto de marketing, de “populista climática” y a la que incluso se le ha echado en cara su condición de Asperger (“no es una enfermedad, es un don”, ha respondido), ha conseguido lo que en sus últimos veinte años no se había logrado: poner el cambio climático en las conversaciones y sacar a la calle a la ciudadanía para exigir respuestas. Como lo ha expresado el escritor Juan Villoro, es emblemático que un planeta, cuyos océanos están llenos de bolsas plásticas, sea alertado por una ecologista menor de edad, quien ha acusado a sus dirigentes por haberle “robado sus sueños”.

Greta Thunberg es sin duda, una figura inspiradora de una consciencia global sobre el daño que hemos hecho y estamos haciendo al planeta. Ha puesto palabras, emociones y rostro a un problema que la humanidad debe abordar para su supervivencia. Como señaló la escritora española Rosa Montero, no es más que un símbolo, la figura de un movimiento mundial, o más bien de una necesidad, una urgencia. Un ícono romántico de lucha simplemente irresistible para millones de personas que buscan referentes en un liderazgo idealista.

En buena medida, gracias a ella, que hoy en día, cosas de la vida de la vida, se encuentra encerrada en su casa, bajo la sospecha de que tiene el coronavirus, nos vamos convenciendo de que como lo han predicado los científicos, no hay un planeta B.

Un nuevo libreto político

El corto plazo nos abruma, y con razón. En efecto, en medio de la pandemia que recorre el mundo, será complicado priorizar cualquier asunto del medio ambiente. Pero ello no quita la gravedad y la urgencia calentamiento global. Tenemos que ir adaptando nuestro modelo de desarrollo a la emergencia climática Una transición muy complicada, sin duda.

Las salidas de la pandemia demandan ideas, política y poder. No vienen envueltas en un milagro caído del cielo. Y no se hacen factibles sin el concurso de la sociedad, sin una gigantesca movilización social. Y, como reiteradamente lo ha escrito el profesor Jeremy Rifkin, versado como el que más en estos temas ambientales, el comienzo de esa movilización es un acto de caer en la cuenta, de entender el nexo que hay entre lo que hacemos cada uno y el estado global del mundo.

Lo que ha estado haciendo Greta, pues

Se trata, en fin, de plantarle cara a una crisis que atañe al mundo de nuestros días y que, reitero, obliga a repensar muchas de las ideas y creencias que estuvieron vigentes durante largo tiempo. Toca, así pues, asumir la labor de escribir un nuevo libreto político para la convivencia (y la sobrevivencia) humanas.

El Nacional, 17 de abril de 2020

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