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Opinión

Hugo Prieto

Le propongo a Asdrúbal Oliveros, economista y socio de la firma Ecoanalitica, que trace las líneas más visibles de la economía venezolana en el escenario post COVID-19. Diría un médico que el pronóstico es reservado. Pero Oliveros va más allá y dice por qué.

Lo más inquietante viene dado por el sector petrolero, afectado por la caída de la producción, sometido a sanciones y sin capacidad alguna para soportar la guerra de precios que Rusia y Arabia Saudita han desatado en el mundo. El virus no va a dejar títere con cabeza.

¿Cuál será el impacto de la pandemia en el desempeño de la economía venezolana?

La economía venezolana viene cayendo por sexto año consecutivo, un caso sin precedentes en América Latina y en el mundo. Estamos hablando de una contracción de casi el 70 por ciento entre 2013 y 2019. Más allá del registro del Producto Interno Bruto (PIB) esa caída tiene ramificaciones hacia abajo: Un empobrecimiento acelerado de la población; destrucción de riqueza, de capital, tanto en el sector privado como en la industria petrolera; una economía empequeñecida, y algo muy importante a enmarcar en ese contexto: la destrucción de la capacidad del Estado como proveedor de bienes y servicios públicos. En Venezuela asistimos a una paradoja. Tienes un Estado muy poderoso desde la perspectiva del control social, del sometimiento, del miedo como acción política, pero prácticamente inexistente como proveedor de servicios públicos (salud, educación, seguridad ciudadana). Lo que hemos visto en los últimos años, en los últimos meses, es que toda esa infraestructura de servicios públicos se ha ido desmoronando.

En ese contexto llegó el Covid-19 para acelerar lo que era una situación alarmante de crisis en todos los órdenes del país.

Sí, una crisis inédita que además implica —al mismo tiempo— un choque que impacta tanto la oferta como la demanda. Al quedarse la gente en sus casas, por un lado, se restringe el consumo y, por el otro, se afectan las líneas de producción, que también se paralizan. Además, siendo Venezuela un país petrolero, nos enfrentamos a unas difíciles condiciones de mercado. Del virus no se escapa nadie, pero la vulnerabilidad de Venezuela es extrema, por dos razones. Uno, porque venimos de un ciclo de contracción sin precedentes y dos, porque tenemos un Estado desmantelado, incapaz de influir de forma positiva en la economía. Para decirlo en otros términos, es un Estado que no tiene capacidad para hacer políticas económicas. El margen de maniobra en la política monetaria y fiscal, al que echan mano otros gobiernos del mundo, en Venezuela no existe.

¿Han hecho un cálculo de cuál sería el impacto de la pandemia en el PIB?

Antes del virus, y para este año, nosotros esperábamos una contracción de la economía del 10 por ciento, más moderada a la que habíamos visto en los dos últimos años, que rondaba el 15 por ciento, principalmente porque esta era una economía que venía de un ciclo muy agresivo de dolarización en sus transacciones, tenías un sector privado incipiente que se estaba haciendo independiente del Estado y eso, en parte, aminoraba la contracción. Quizás el escenario era más benévolo que en años precedentes. Ahora esos números cambian por dos razones. Una, la crisis no ha terminado y, por tanto, hacer estimaciones es difícil en este contexto. Dos, el efecto que esto tendrá en el mercado petrolero, el cual sigue siendo relevante para Venezuela.

¿Qué cifras manejan ustedes?

Hemos hecho estudios preliminares del impacto que tendrá la pandemia sobre importaciones, consumo, contracción de remesas, entre otras variables, y nos está dando que este año la economía se podría contraer 25 por ciento. Es decir, que el estimado inicial de 10 pasó a ser de 25 por ciento. Eso es dividido entre un PIB petrolero que cae en alrededor del 20 por ciento y un PIB no petrolero que cae en 25,5 por ciento.

Son magnitudes que no se pueden calificar sino de desastrosas.

Absolutamente. Y eso lo tienes que comparar con una economía que tiene casi 70 por ciento de contracción acumulada. Un escenario extremadamente crítico.

¿Cómo afectará la pandemia al sector comercial, a los pequeños negocios?

Voy a empezar con el sector comercio, las pymis, los pequeños negocios y bodegones. Esos sectores se estaban beneficiando, y un grupo de ellos de forma importante, del grado de dolarización en las transacciones (más del 60 por ciento se hacen en moneda dura) y eso, por supuesto, generaba unos niveles de consumo incipientes que, en primer término, beneficiaba la actividad comercial. Además estabas generando un circulante de dólares en la economía venezolana, cuyo número empezaba a ser representativo. Un mayor número de venezolanos estaba manejando divisas, así fuese en pequeñas cantidades. Ese escenario cambia por el impacto del coronavirus. En primer lugar, por una contracción importante de las remesas, debido a la vulnerabilidad de los venezolanos en el exterior y al aumento desmesurado del desempleo en casi todos los países del mundo (el estimado inicial de las remesas era de 4.000 millones de dólares y lo han bajado a 2.400 millones de dólares). Por otro lado, la cuarentena le mete un freno a la actividad comercial y los pequeños negocios que son muy vulnerables, en términos de su flujo de caja. Son negocios a los que les cuesta soportar más de 15 días cerrados.

Otro sector que se verá afectado por la pandemia es la banca, cuya actividad se vio muy limitada por decisiones, tanto del Ejecutivo como del Banco Central de Venezuela. ¿Qué diría sobre este sector?

La banca viene de un ciclo de achicamiento muy agresivo. No tiene capacidad de ayudar, de acompañar al sector privado, bien sea con líneas de crédito, bien sea con reducción de tasas de interés. Lo que tenemos en Venezuela es un sistema financiero extremadamente pequeño, yo lo llamo de boutique, que había perdido su actividad medular. Es decir, la intermediación —captar y prestar bolívares—. La banca pensaba reinventarse, por eso vimos el boom de cuentas en dólares. Súmale las medidas que tomó el señor Maduro, el cese del cobro de los créditos, medida que afecta los ingresos del sistema financiero. Las perspectivas son muy negativas. Por un lado, con esta medida, el Estado frena sus ingresos y por el otro la intermediación es prácticamente inexistente. Tienes, además, una contracción importante del sector privado, que obviamente le pone un freno a la demanda crediticia.

¿Cuál es el escenario para las empresas de mayor envergadura, cuya actividad, en relación a la capacidad instalada, es mínima? Aunque habría que anotar que la liberación de precios, por ejemplo, vino a hacer las veces de una bombona de oxigeno.

Allí hay que establecer algunos elementos de diferenciación. Los sectores que se han beneficiado de la dolarización son el comercio y los servicios. La industria manufacturera, por su parte, venía muy golpeada, porque este gobierno, en su estrategia de sobrevivencia (2019 y lo que va de 2020), abrió las puertas de par en par a los productos importados anclando la moneda. De tal forma que producir ciertos productos —en el segmento de cuidado personal y alimentos— costaba en Venezuela 2,5 veces más que traerlo de afuera. Eso golpeó muy fuerte al sector manufacturero que, además, venía trabajando al 20 por ciento de su capacidad instalada. Es decir, estaba en condiciones muy precarias.

¿Cuál va a ser el impacto del coronavirus en el sector manufacturero?

Obviamente, tiene varias fuentes. Uno, la reducción de la demanda interna (consumo). Dos, es un sector cuya capacidad de demandar créditos seguirá muy restringida. Tres. Su capacidad de traer insumos y materias primas también se verá muy limitada, porque las cadenas de suministro se rompieron en todo el mundo. Además, Venezuela está sancionada. En este escenario de profundización de la crisis, las condiciones serán muy críticas. Además, todo esto ocurre en un contexto donde habrá más inflación y más depreciación en la tasa de cambio. Eso, por supuesto, es una muy mala noticia para el sector industrial, porque implica un aumento muy importante en sus costos. Por donde lo mires es un escenario muy restrictivo.

¿Qué puede decir de la economía informal, cuya importancia es vital para un número importante de venezolanos?

Allí hay varias aristas, emprendedores, pequeñas empresas, trabajadores por cuenta propia (profesionales o no). Ese sector fue el primero que dolarizó sus ingresos, porque mostró una flexibilidad gerencial que difícilmente vas a conseguir en la gran empresa, sometida a controles fiscales e impositivos y a ciertas rigideces contables y financieras. En el emprendimiento, en los pequeños negocios, hay más flexibilidad en cómo facturas, en cómo fijas precios, en cómo llevas los procesos contables e impositivos. Es decir, la picardía del venezolano, de la que hablan ciertos sociólogos, empieza a ser una característica de sobrevivencia, digamos, de este nuevo estamento gerencial frente a los férreos controles que impuso el Estado venezolano. Esa es tu gran ventaja frente a la gran empresa.

¿Cuáles serían las desventajas?

No tienes capacidad para soportar una cuarentena prolongada; no tienes grandes reservas de efectivo, no tienes un historial para acceder a líneas de crédito internacionales o a créditos de la banca local. En un escenario como el que estamos viviendo, por más flexible que seas, todo ese modelo se viene abajo y en la medida en que se detenga la dolarización de la economía, las aristas de la economía informal van a entrar, rápidamente, en una paralización.

Es decir, el puntillazo lo va a dar la pandemia.

Sí, claro. Las consecuencias de la pandemia, el hecho de que la gente se encierre en sus casas y, por tanto, baje el consumo. Ese nicho, que disfrutaba de cierto oxígeno y que era un condicionante para estimar que íbamos a caer 10 por ciento y no más, desaparece y es uno de los factores que va a incidir, notablemente, en la contracción del Producto Interno Bruto.

¿Qué va a pasar en los hogares venezolanos?

Yo siempre he dicho que hay una ilusión en eso de «quédate en tu casa viendo las redes sociales y las series de Netflix». Eso es una minoría. Hay estudios que señalan que el 50 por ciento de los hogares venezolanos sobreviven en la economía informal, viven del día a día, pero más aún, no tienen capacidad de ahorro. En la medida en que se profundice la crisis, por todo lo que hemos hablado, lo que tienes es un deterioro brutal en el consumo de los hogares venezolanos. Es una condición de precariedad mayor en hogares que ya estaban en umbrales de pobreza. Hogares que se verán mucho más afectados en términos de acceso a servicios básicos, en términos de capacidad de alimentación. Pasamos ya de una crisis económica a una crisis social de gran envergadura.

Pero el escenario que está planteando es apocalíptico.

Más que apocalíptico es un escenario de crisis. Diría, extrapolando, que es un escenario que puedes conseguir en países de América Latina o en los llamados mercados emergentes. ¿Cuál es el denominador común? Una población vulnerable, con poca o nula capacidad de ahorro, servicios públicos precarios. Pero cuando entras en la caracterización, el caso de Venezuela está entre los peores de todos. Quizás por eso la crisis tiene aquí esa característica apocalíptica que tú le asignas. Pero el deterioro es global. Por supuesto, hay matices: No es lo mismo el deterioro en Noruega que en Perú.

El precio del barril de petróleo ronda los 20 dólares. ¿Cuál sería el impacto de la pandemia en este rubro? En la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita, Venezuela no cuenta para nada, debido a una capacidad de producción totalmente disminuida.

Ahí, apocalíptico, ni te digo. Menciono algunos antecedentes. En primer lugar, los niveles de producción venían cayendo, por diversas causas, desinversión y el efecto sanciones, entre otras. Antes de la crisis del coronavirus, el Estado venezolano estaba recibiendo caja de unos 480.000 barriles. Prácticamente estábamos vendiendo el crudo a través de Rusia, pero eso supone unos descuentos importantes, entre 25 y 30 por ciento. Dejamos de vender productos refinados. Hay que anotar una paradoja. Parte de los dólares que obteníamos por la venta de crudos se utilizaba para importar combustible. Entonces, el efecto es pernicioso. Antes de la pandemia el sector petrolero nos iba a generar entre 13.000 y 14.000 millones de dólares. En este momento, esa estimación puede estar por debajo de los 4.000 millones de dólares. Es dramática la contracción de los ingresos. Además, gran parte de nuestra producción es de crudos pesados, que no es competitivo a los precios que estamos viendo hoy. Es decir, es más costoso producirlo que venderlo y, adicionalmente, en estas condiciones de caída de precios y de inundación de petróleo —la capacidad de almacenamiento en el mundo está al tope—, no es descabellado pensar que en las próximas semanas, Venezuela no pueda vender su crudo. Ahí hay un deterioro muy fuerte en la línea de ingresos petroleros. Eso va a tener consecuencias muy serias para el Estado venezolano que, fundamentalmente, importaba dos cosas. Alimentos para las cajas CLAP y combustibles; dos áreas críticas que se pueden deteriorar en las próximas semanas.

Por todo lo dicho, me imagino que cuando salgamos de este encierro, Venezuela no tiene otro recurso que tocar las puertas del Fondo Monetario Internacional. No se ve otra salida. Sin embargo, ya sabemos cuál fue la respuesta de ese organismo a la carta que le envío el señor Maduro.

Efectivamente, Venezuela necesita con urgencia apoyo internacional. Apoyo de organismos multilaterales. FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Corporación Andina de Fomento. Eso no será posible si antes no se resuelve de fondo el problema político que tenemos. Tiene que haber una solución, y eso pasa por una negociación a partir de bases creíbles y de acuerdos que se puedan cumplir entre las partes.

Ya hay una propuesta de Estados Unidos que, básicamente, es la misma que se planteó en Barbados.

Exactamente, pero te digo más. Hay 85 países que se están dirigiendo al FMI. Por esa razón, ese organismo está estableciendo una línea de crédito que puede superar los 2,5 billones —con 12 ceros— de dólares. Ahora nosotros, que estamos en las condiciones que acabo de describir, vamos a tener que competir con todos esos países.

Países cuyos sistemas de gobierno tienen pilares institucionales, cuyas economías están en mejor posición que la nuestra y que, además, no están sumergidos en la profunda crisis política que nos caracteriza desde 2002.

Exactamente.

 11 min


Carolina Jaimes Branger

Ahí estaban los cinco, en el búnker, sentados alrededor de una mesa ovalada. Yo también estaba allí, pero ellos no podían verme. No exagero cuando digo que vestían una suerte de trajes de buzos, con escafandra y todo. Además, cascos y chalecos antibalas. Pero eran los únicos que las vestían. Se habían cuidado de procurárselas cuando se dieron cuenta de que era inevitable el desenlace.

El personaje 1 se asomó a una de las ventanas. Lo único que vio fueron los cadáveres apilados en la calle. Había estudiado Medicina, pero toda la sensibilidad que rodea a esa carrera la había enterrado hacía muchos años, así como tendría que mandar a enterrar aquellos cuerpos antes de que surgiera otra epidemia. El personaje 2, una mujer que había tenido muchísimo poder, gritaba histérica. Todos tenían miedo. Si salían, morirían. Si no salían, morirían también. Sus leales los habían dejado cuando se dieron cuenta de que a ellos poco les importaba lo que les pasara. El personaje 3 les aseguró entonces tener las armas a buen resguardo, lo que les permitiría salir. El personaje 4 se había defecado en la silla hacía rato y el personaje 5 le reclamó que no se hubiera cambiado de ropa. Pero la realidad es que no podía moverse. Y sintió una vez más cuánto detestaba a aquel personaje 5 inútil y creído. Pero ahora todos dependían de todos. Más que nunca, tenían que permanecer unidos.

Afuera, lejos de donde llegaba el campo visual de quienes estaban en aquella sala del búnker, todo era tierra arrasada. Los saqueos habían acabado con todo, no solamente con la comida. El hambre ya era insoportable y la gente decidió salir... de todas formas, fuera por el virus, fuera por la falta de comida, no tenían alternativa: la muerte estaba al lado de ellos. Los militares jóvenes se les habían unido. Ellos también tenían hambre, miedo, desesperanza. Y los que habían sobrevivido a aquella catástrofe social, caminaban sin rumbo, sin saber qué hacer ni dónde ir. No había carros porque no había gasolina. Parecía que hubiera caído una bomba atómica.

Un bebé sentado en el piso al lado de una mujer muerta o sin sentido -imagino que era su madre- lloraba desconsolado. Y en el medio de aquel paisaje estaba yo, sin saber qué hacer. Cargué al bebé, pero éste desapareció repentinamente, como si se estuviera derritiendo entre mis brazos. Entonces grité... Una voz suave susurró en mi oído “despiértate, mi amor”. Era la voz de mi marido. Me abracé a él. Mi corazón palpitaba al galope. Finalmente pude volver a dormirme, pero en la vigilia pienso que ese sueño, más que posible, es probable...

@cjaimesb

https://www.eluniversal.com/el-universal/66487/mas-que-posible-probable

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Carlos Raúl Hernández

“…el hermano se alejaba del hermano… y a menudo el marido de la mujer... hubo padres y madres que expusieron a sus hijos… y no los visitaron… el infortunio heló el corazón de los hombres”. Boccaccio (El Decamerón)

El comienzo de la Ilíada narra una epidemia (tifus) que masacraba a los guerreros griegos frente a las murallas de Troya. El poeta la concebía venganza de Apolo, porque Agamenón, rey de los griegos, humilló y causo un terrible dolor a su sacerdote Crises. Agamenón apasionado por Criseida (“va a envejecer a mi lado”), la hija del anciano, la secuestró y la hizo su amante.

Apolo estaba enfurecido, “parecido a la noche”, y “durante nueve días volaron las amargas saetas del dios… dirigidas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de cadáveres”. La Muerte Negra en la Edad Media, peste bubónica (hoy se cura con simple vibramicina), apareció en Europa procedente de Asia. Su aterrador origen inspira a Bram Stoker cinco siglos después para pintar de sombras la llegada de Drácula a Gran Bretaña.

Un barco mercante fantasma cargado de cadáveres descompuestos, atraca en Sicilia en 1347. Los marineros que aún agonizaban, tenían en las axilas y el vientre tumores oscuros que manaban sangre, pus y un hedor vomitivo. Como nadie sabía su origen ni qué la producía, inmediatamente se expandió por el territorio europeo. En la medida que la horrorosa mancha avanzaba por el continente, crecían los sentimientos de pánico, incertidumbre, desesperación e impotencia.

Pese a que en la cultura popular, el Flautista de Hamelin desde el siglo anterior describió las ratas como un enemigo, la población victimizada no las vinculó a ellas ni a las pulgas con el horror, potenciado por el desaseo en las costumbres. Arrasó las grandes ciudades europeas del siglo XIV de cien mil almas, poblacionalmente en este orden, París, Florencia, Venezia y Génova.

Miradas que matan
Luego le seguían las de cincuenta mil Hbs., Gante, Brujas, Milán, Bolonia, Roma, Nápoles y Palermo (de las once más importantes, ocho eran italianas) Demógrafos e historiadores piensan que treinta millones murieron, entre la mitad y dos tercios de la población europea. Como la estupidez política es eterna, recurrente, los escoceses “aprovecharon” la epidemia para atacar a Inglaterra que arrasó ambos contendientes.

Pese a la irreverente perspectiva de Boccaccio, quien vivió siempre entregado a las mujeres, cuyo libro inmortal narra las aventuras de un grupo de jóvenes que se refugian de la peste en un bucólico prado (“con pozos de agua fría y bodegas de vinos exquisitos”) dedicados al placer, el heroísmo de las órdenes religiosas hizo historia y de algunas murieron todos sus integrantes en ayuda a los enfermos, así como un tercio de los cardenales.

Se atribuyó a vahos venenosos de la tierra en los incendios, aguas podridas, conjunciones astrales. El contagio vendría de “mirar un enfermo” porque se trasmitía por “rayos que salen de los ojos”. Mientras las élites pensaban en Mercurio retrógrado y en su convergencia de fuerzas con Marte y Saturno, las masas populares atribuían la tragedia al castigo divino.

Así como Dios había querido eliminar al hombre con el Diluvio, Ira sagrada que solo Noé pudo mínimamente paliar, pensaban que este era el exterminio definitivo, penalidad por comer, bailar, fornicar, jugar apuestas, pero sobre todo por la avaricia, los placeres mundanos, la posesión de bienes, en síntesis, tal como ahora algunos enemigos de la sociedad impura.

Siempre Shilock
Según describe maravillosamente Bergman en El séptimo sello (1957) a la propagación de la muerte contribuyó la nueva forma de penitencia masiva de los flagelantes. Eran procesiones de cientos incluso miles de penitentes que marchaban semidesnudos de pueblo en pueblo, azotándose y ciliciados como acto purgatorio que imploraba perdón al Cielo y regaron la pestilencia. Pero al final, como siempre, la xenofobia y el odio ancestral por quien es diferente, tomó posesión.

Parece que en nuestra naturaleza está culpar a otros de tramar lo que nos pasa y surgió la conspiranoia. Y nadie más indicado en la Edad Media que los judíos para recibir la catarata de rencor y envidia, porque se dedicaban a las finanzas, al habérseles prohibido trabajar en la manufactura de bienes, y vivían con relativo bienestar material. Hasta Shakespeare los hará más tarde reos de cobrar deudas con carne del cuerpo del deudor.

Los acusaron de envenenar las aguar con la peste para provocarla. Y vino la oleada de progromos, expropiaciones, confesiones bajo tortura, y los que se salvaban de aquella, morían en manos de las turbas. A tal extremo que el Papa Clemente VI dictó una bula que prohibía saquearlos, matarlos o destruir sus casas sin juicio previo.

Gracias a la ciencia y la tecnología, la globalización y los organismos internacionales, la política moderna que conformó el Estado Social y Democrático de Derecho, el avance de las instituciones democráticas y la libertad de expresión, sabemos qué causa una epidemia, cuáles son los mecanismos para controlarla y hacemos lo necesario para ello. No estamos en la soledad ni la indefensión de los siglos anteriores. Los seres humanos nos tenemos unos a otros. El corazón no se heló, como creía Boccaccio.

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/66372/peste-colera

 4 min


Julio Dávila Cárdenas

Fue en Polonia donde se iniciaron las acciones para tratar de derribar el muro de Berlín. Para ello unieron sus voluntades el hoy San Juan Pablo II y el para entonces presidente norteamericano Ronald Reagan. Ellos le dieron todo su apoyo al proyecto de Solidaridad, que se convertiría en el primer sindicato libre en el Bloque Oriental bajo la dirección de Lech Walęsa.

Todo comenzó con Solidaridad y continuó en Hungría, Checoeslovaquia, Alemania Oriental y el resto de los países de la Cortina de Hierro, salvo Rumania, que fue la última antes de iniciarse la desintegración de la Unión Soviética.

Lo cierto es que luego de empezar todos los movimientos que dieron al traste con las tiranías comunistas, quienes dirigían esos países comprendieron que no podían ir en contravía de la historia. Ya para entonces les era fácil verificar que la economía de la Unión Soviética se encontraba prácticamente fallida, por lo que le sería prácticamente imposible ir en su ayuda. Ante esto y el arribo al poder de Mijaíl Gorbachov con sus famosos glasnost y la perestroika, prefirieron hacerse a un lado y darle así paso a las revueltas pacíficas que se desarrollaron en los países de la Europa Oriental.

La única excepción fue la de Nicolás Ceausescu, quien luego de convocar una manifestación de apoyo en Bucarest, el 21 de diciembre de 1989, terminó ejecutado cuatro días después junto a su esposa Elena. Y todo porque resolvió acabar con extrema violencia esa manifestación ya que escuchaba gritos de la multitud que le decía ¡Drácula, tu tiempo se acabó!

Eso sucede cuando los dictadores y tiranos no escuchan la voz del pueblo, que es la voz de Dios. La iglesia rumana se oponía a que fuesen ejecutados en esa fecha pues era el día de Navidad. Sin embargo, ese día se convirtió en el día en que en Rumania volvía a nacer la libertad.

Como dice el Eclesiastés, todo tiene su tiempo y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su hora. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir. Todas las tiranías tienen su fin, unas más temprano, otras un poco más tarde y hay algunas como las comunistas que duran hasta que los pueblos pierden el miedo.

Si hay una cosa cierta es que el comunismo sólo trae miseria, derroche, tiranía y corrupción. Venezuela es ejemplo patente de ello. Los gobernantes de este siglo presumían de un país que contaba con todas las riquezas del mundo. Hubo quien dijo que “tendrían que quitarse los inversionistas extranjeros a sombrerazos” y que añoraban el mar de felicidad de quienes vivían sometidos a la tiranía castrista. La historia castiga a quienes no aprenden de ella.

Hoy “vivimos” sin salud, educación, desarrollo y carentes de libertad, con la posibilidad cierta de morir muchos de hambre por haber acabado con la industria petrolera, la agricultura, la ganadería, el parque industrial y tantas cosas más, como haber sembrado el odio entre quienes viven en la que fue y volverá a ser Tierra de gracia.

Como dijo don Andrés Bello: Ya es la hora de la conciencia y del pensar profundo.

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Jesús Elorza G.

Presidente, presidente, entró gritando a su dormitorio el jefe del G-2 cubano, para informarle que tenía una llamada de emergencia de parte del comandante del guardacostas o BVL (Buque de Vigilancia Litoral) que patrulla en el mar Caribe. ​

-Espero que sea importante, para haberme despertado a media noche. Aló, aló, pero nadie respondía.​

Que carajo pasa, que no atienden. ​

Presidente, la llamada es por el teléfono rojo conectado al Alto Mando Militar, no por su celular.​

-Discúlpame esa, es que me levante medio turulato. Aló, ¿con quien hablo?.​

Le habla Sardina en Lata, el comandante de la nave.​

-Que jodedera es esta, ¿y ese nombre? ​

Presidente son los seudónimos que por razones de seguridad, le han asignado nuestros servicios de inteligencia. El suyo, es Bagre 1, para que no se sorprenda cuando se lo digan.​

-Soy todo oídos Sardina en Lata, ¿cuál es la urgencia? ​

Una nave no identificada se acerca a los límites de nuestro mar territorial. ​

-Mucho cuidado con eso. Puede ser una incursión imperialista ordenada por el gringo Donald Trump. ¿Que señalan el radar de vigilancia y el sistema de inteligencia electrónica de la fragata?

No indican nada, recuerde que desde que nos la envió el camarada amigo Zapatero desde España, los sistemas no han funcionado y no hemos podido repararlos por falta de piezas.​

-Bueno, Sardina en Lata, proceda a dispárales primero que después averiguamos.​

Tampoco podemos hacerlo, Bagre 1, los cañones no tienen municiones...Zapatero se hizo el loco y no las envió porque no le habían asignado su mina de oro..​

-Entonces, procedan a interceptar a esa nave. Atraviésense en su camino, a ver que hacen y cuando se paren abórdenlos y tomen el control de esa embarcación. Sardina en Lata, de por segura la Orden Libertador con cordón y espada por ese glorioso y revolucionario triunfo frente a la agresión imperialista..

Bagre 1, gracias por ese reconocimiento. Pero, permítame informarle que nuestro guardacostas tiene solo 80 metros de eslora y la de la nave intrusa es de !!! 122 metros!!!. En términos de desplazamiento, la nave enemiga pesa 8.300 toneladas y nosotros de vaina llegamos a !!! 1.500 toneladas!!!....Si hacemos, lo que usted nos ordena, nos van a hundir.​

-Patria o Muerte, fue la lacónica respuesta de Bagre 1 y, el resultado no se hizo esperar: El barco enemigo siguió su curso y la nave revolucionaria !!!quedo partida en dos toletes!!!​

En horas de la mañana, Bagre 1, se dirige a la nación para informar que el país fue vilmente atacado de manera sorpresiva por un !!! Acorazado enemigo !!! que con su destructivo poder de fuego: misiles, artillería pesada, helicópteros, lanchas rápidas, cañones de 305 mm, y no dudamos, resguardado por un submarino nuclear, logró hundir a nuestro glorioso patrullero, a pesar de la tenaz resistencia de nuestros patriotas marineros de la armada. Bajo ninguna circunstancia vamos a permitir que la planta insolente de los gringos imperialistas profane el sagrado mar de nuestra patria ....Rodilla en lancha...Venceremos.​

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Si se nos está quemando la casa no pensamos en las causas del incendio ni en impartir culpas y responsabilidades. Pensamos en como apagarlo, en llamar a los bomberos y, solo si se puede, en salvar algunos objetos de valor. Es decir, distinguimos automáticamente entre lo principal y lo secundario. Para lo secundario, ya habrá tiempo suficiente. La política, actividad no meditativa sino cien por ciento instrumental, no tiene por qué ser diferente.

Podríamos decir sin temor a generalizar que un buen político es aquel que sabe diferenciar lo principal de lo secundario. Un día lo principal es el tema de los aumentos salariales. Otro, el de los problemas ambientales. Otro, el de las amenazas que provienen del exterior. Es por eso que hemos dicho en diferentes ocasiones que la política está ligada directamente a los temas que nos ofrece la contingencia del diario devenir y por eso su práctica es esencialmente existencial. Y bien, no hay nada más existencial que la lucha entre la vida y la muerte. Y eso es lo que está en juego en los momentos límites de la política, sea una revolución, una guerra, una catástrofe natural o una pandemia que avanza portando el signo inconfundible de la muerte.

¿Desaparece la política en los tiempos del coronavirus? En ningún caso. El humano es – dictaminó Aristóteles- un animal político. La política forma parte de nuestra antropología y es tan inalienable a la vida como el aire lo es a nuestros pulmones. Pero, por otra parte, lo político no existe más allá de los objetos de la política. Y quiérase o no, el covid-19 ha llegado a ser un objeto político, un tema de debate y de acción a la vez.

Enfrentados a nuestra sobrevivencia, discutimos acerca de los medios para combatir al maligno virus. Lo hacemos en nuestras casas, en las redes, en la prensa. Y esperamos naturalmente que esas personas a las cuales elegimos para que nos representen, también los discutan. Con responsabilidad y seriedad. Y más aún, esperamos que, si son gobierno, tomen las medidas adecuadas, entre otras cosas porque de ellas dependen muchas vidas. En fin, no pedimos a los políticos que abandonen la política. Todo lo contrario. Solo les pedimos que asuman de una vez por todas la única política posible de realizar en estos días: la política de la supervivencia.

Ni siquiera pedimos a los políticos que abandonen la lucha por el poder, pues sin esa lucha – lo sabemos desde Max Weber- no hay política. Solo les recordamos algo que no dijo Weber: que para obtener poder hay que ser reconocidos como sujetos de poder. Por eso la política – voy a emplear la expresión hegeliana- es también lucha por el reconocimiento. Sin reconocimiento, no hay poder, solo hay violencia (Hannah Arendt). Los políticos de hoy, si quieren el poder de mañana, deberán ser reconocidos por lo que hicieron o no hicieron en los tiempos del coronavirus.

Los estamos observando, están bajo nuestra vigilancia. Ya hemos detectado a esos gobernantes irresponsables que minimizaron el tema para no enfrentarlo en todas sus consecuencias en el momento en que debían hacerlo. A los que ocultan o falsifican cifras, también. Ya sabemos de esos otros que usaron el virus como una coartada para controlar socialmente a sus ciudadanos y apropiarse de instituciones públicas que no les pertenecen. Ya hemos tomado nota también de esas oposiciones ultristas que ven en el coronavirus un arma para derribar gobiernos intentando lograr con una enfermedad lo que no pudieron lograr con los votos. Ya hemos identificado a esos mandatarios que usaron el virus para divulgar opiniones racistas en contra de otros pueblos y naciones. Ya sabemos en fin quienes nos dieron la espalda en nombre de sus mezquinos deseos de inmediato poder.

Pero también hemos sabido de otros. Los que no intentan abusar del estado de excepción al que estamos sometidos. Los que no buscan pantallas a todo precio. Los que no intentan convertirse gracias al virus en las vedettes que nunca fueron. Los que solo difunden informaciones provenientes de instituciones serias. Los que se hicieron a un lado para abrir espacio a quienes conocen el problema mejor que ellos: los médicos y los trabajadores de la salud pública. Los que con palabras responsables tratan de evitar la histeria y el pánico. Los que saben, en fin, diferenciar a lo principal de lo secundario.

Sin antagonismos no hay política. El problema es que ahora el antagonista no es un enemigo político. Nuestra lucha por lo tanto no debe ser antagónica sino agónica, es decir, de vida o muerte. En pocas palabras, de lo que hoy se trata es de poner la política al servicio de la supervivencia y no la supervivencia al servicio de la política.

Abril 02, 2020

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2020/04/fernando-mires-politica-de-la.html?

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Antonio Di Giampaolo

Los animales y la pandemia (20)

La ciudad de Nueva York es hoy en día el foco más activo de la enfermedad COVID-19 que ha alcanzado unas cuatro mil personas fallecidas. Pero otra noticia cautiva la atención de expertos, en particular de médicos y veterinarios, y es la confirmación que una tigresa malaya del zoológico del Bronx resultó positiva a las pruebas del nuevo coronavirus. El asunto es particularmente preocupante porque podría tener incidencias sobre la llamada trazabilidad de la pandemia.

Las autoridades han indicado que la felina posiblemente fue infectada por un cuidador del zoológico que siendo asintomático dio positivo en los test. Hasta ahora, salvo otros casos de un gato doméstico en Bélgica, además de un pastor alemán y una pomerania en Hong Kong no había informes de trasmisión de la enfermedad Covid-19 en animales. Los análisis indican que se trata de hechos aislados.

La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales ha señalado que no hay indicios que las mascotas, como los gatos y los perros, sean transmisores del COVID -19. Por su parte La Asociación Mundial de Protección Animal recomendó medidas indispensables de higiene y protección para evitar que las personas contagiadas puedan infectar a los animales.

Ante la posibilidad de transmisión zoonótica, como ha ocurrido con la gripe aviar y la influenza porcina la Organización Mundial de la Salud, a propósito de la detección del nuevo coronavirus identificado en la ciudad china de Wuhan, elaboró un reporte conocido como “recomendaciones para reducir el riesgo de patógenos emergentes desde animales a humanos en mercados de animales vivos”.

Los veterinarios del zoológico del Bronx han informado que la tigresa y otros felinos evolucionan bien lo cual es sin duda un buen síntoma. La información sobre la salud de “Nadia”, así se llama la tigresa, no es la única que acapara la atención de la gente, pues en las redes sociales otro felino es noticia, se trata del nacimiento de un tigrito de bengala, al que los cuidadores del Bio Zoo de Veracruz en México han bautizado con el nombre de “COVID” . Ojalá sigamos teniendo buenas nuevas en relación a la pandemia y al riesgo de zoonosis.

¡Amanecerá y veremos!

Los remedios contra la pandemia (19)

No existe cura conocida contra el nuevo coronavirus. “En la actualidad -han dicho voceros de la OMS- se aplican diversos medicamentos para acortar la enfermedad, mejorar algunas complicaciones y evitar que los casos leves se agraven”.

La efectividad de unos u otros tratamientos depende de diversos factores como el avance de la enfermedad en cada organismo infectado, el grupo etario del paciente y los recursos clínicos de los que se dispongan para atender a los contagiados. Por ahora -para decirlo con el dramatismo del caso- el mundo entero es un gran laboratorio en el cual los “conejillos de india” somos todos nosotros.

Es así como en diversos países los tratamientos incluyen la Clroroquina, empleado en los casos de malaria, el fármaco Rendesivir originalmente diseñado contra el ebola, los bloquedores de virus Lopanavir y Retonavir, recomendados en los casos de VIH, la droga antiviral Interferon Alfa-2B, una técnica de administración de anticuerpos a través de plasma sanguíneo de personas recuradas a pacientes críticos, y más recientemente, aunque resulte paradójico, la Ivermecetina, un compuesto antiparasitario figuran entre la veintena de otros ensayos y estudios terapéuticos.

La OMS en su plan de acción contra pandemias en 2005 advertía que ante una situación de emergencia global, si bien no es factible detener la propagación de un virus pandémico es factible reducir al mínimo sus consecuencias mediante una preparación previa para afrontar el desafío en virtud que: “rápidamente podrían sobresaturarse los sistemas de atención de salud, agotarse las economías y perturbase el orden social” –lastimosamente habría que decir que cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

Hay una discusión política y académica, alejada del ámbito de la ciencia médica y de los fríos laboratorios, y tiene que ver con el funcionamiento de los tipos de gobierno, las políticas públicas y los sistemas sanitarios con los que cuentan. Gobiernos centralizados versus sistemas de autonomías regionales, ejecución de medidas coercitivas de cuarentena forzada u orientación colectiva para la toma de conciencia comunitaria y régimen de salud pública universal o sistema de financiamiento privado de atención particular.

A pesar de la advertencia de la OMS, hoy por hoy, la falta de coordinación de estrategias globales entre los líderes mundiales, la diversidad de medidas adoptadas por diferentes niveles de gobierno en distintos países, regiones y localidades, la paralización de los procesos de producción de bienes, las precarias condiciones sanitarias, los ineficientes sistemas de atención primaria o la débil capacidad resolutiva de los sistemas de salud pueden terminar incidiendo en que los remedios resulten peor que la enfermedad.

¡Amanecerá y veremos!

La religión en tiempos de pandemia (18)

Feligreses de las grandes religiones monoteístas elevan sus oraciones, en todo el mundo, para que la humanidad supere la emergencia global producto del avance vertiginoso del nuevo coronavirus. Independientemente la creencia espiritual de cada quien todos anhelamos que se implementen políticas públicas acertadas y estrategias sanitarias efectivas para contener la pandemia mientras se encuentra la cura al mal que nos agobia.

Para los católicos la cuarentena tiene lugar en medio de la cuaresma. El Papa Francisco, ante la desolada Plaza de la Basílica de San Pedro, impartió la bendición “Urbi et Orbi” y ofreció un conmovedor mensaje en el que imploró: “Señor no nos dejes a merced de la tormenta”. En Jerusalén, la ciudad sagrada de Israel, El Muro de Los Lamentos ha sido desinfectado en la víspera de la pascua judía. En la antesala de la celebración del Ramadán las ciudades santas musulmanas de la Meca y Medina, en Arabia Saudita están sometidas a toque de queda y la visita a los santuarios islamitas ha sido restringida

El culto en pagodas budistas y templos hindúes ha sido limitado igual que en iglesias, sinagogas y mezquitas. No falta quien asegure que lo que ocurre en estos tiempos es un castigo de Dios por los pecados cometidos. Algunos, por fortuna los menos, creen que estamos asistiendo al fin del mundo. No es primera vez la gente se refugia en su fe y sus creencias para enfrentar catástrofes, pestes y epidemias a lo largo de la historia.

Clérigos, rabinos, predicadores, ministros, monjes, pastores y practicantes de diversas sectas y manifestaciones espirituales menos extendidas, y hasta brujos con inusuales rituales, han debido adaptar y transformar prácticas y tradiciones a prédicas a través de videoconferencias, cadenas de oración virtual, sermones teledirigidos y chats espirituales en internet, en el marco de la contingencia sanitaria.

La historia venezolana da cuenta, en tiempos de la dictadura gomecista y en ocasión de otra pandemia, de la valiente posición del venerable doctor José Gregorio Hernández, el entrañable médico de los pobres, quien durante la llamada ”La Peste Española” alertó que más peligrosa que la gripe misma, era la situación de miseria y las precarias condiciones de alimentación, higiene y salubridad de la población más vulnerable.

“La fe mueve montañas” reza el dicho popular inspirado en un versículo bíblico para ilustrar que nada resulta imposible cuando ponemos nuestra confianza en Dios. Hoy fieles y creyentes de diversas confesiones y rituales centran sus oraciones en el triunfo de la humanidad sobre la pandemia. Incluso los más escépticos, y hasta los ateos, cifran su esperanza en que la ciencia y el ingenio humano encuentren la anhelada cura ante la terrible emergencia. Quizás una dosis adecuada entre ambas expectativas contribuya a la solución del problema.

¡Amanecerá y Veremos!

La tecnología en la pandemia (17)

El empleo de tecnologías de punta en la batalla contra el coronavirus ha puesto en práctica el uso de recursos y distintas herramientas del ingenio humano en un esfuerzo colectivo para enfrentar la pandemia. Es así como el desarrollo de aplicaciones con geolocalización, la videovigilancia con reconocimiento facial, la utilización de la robótica en labores específicas o en empleo de la llamada big data y la inteligencia artificial son la muestra de esa lucha diaria en distintas latitudes del mundo.

Al inicio de la pandemia, en la ciudad de Wuhan, y luego en otras metrópolis asiáticas, utilizaron drones para rociar desinfectantes, y en los mega hospitales que China construyó vertiginosamente emplearon robots para apoyar al personal de salud en las tareas de atención de pacientes contagiados por el nuevo coronavirus cuyos signos vitales eran controlados en tiempo real con termómetros 5G y brazaletes digitales. Corea del Sur recurrió a una app para monitorear a los pacientes aislados y alertar a las personas sanas sobre las áreas o zonas de riesgo.

La tecnología de las cadenas de blokchaim permitió la decodificación del genoma del virus y científicos y laboratorios farmacéuticos trabajan, contra reloj, para dar con la anhelada vacuna. Desde Estados Unidos las gigantes de las redes sociales implementaron mecanismos para contener información falsa o errónea. Así por ejemplo fue suprimida la temeraria recomendación de Nicolás Maduro Moros sobre un remedio casero contra el coronavirus en virtud que no forma parte de los protocolos de atención que instruye la OMS ante la pandemia.

En Brescia en el norte de Italia las impresoras 3-D son utilizadas para fabricar las válvulas de plástico de las boquillas de los respiradores artificiales requeridas en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales. Una iniciativa similar se desarrolla en un esfuerzo colaborativo de voluntarios en Sevilla, al sur de España, quienes fabrican, con las modernas impresoras, pantallas de acetato para las máscaras faciales que requiere el personal de salud en los centros asistenciales.

En Venezuela el gobierno anunció la habilitación de una encuesta a través de la plataforma digital “Patria” que ha sido respondida, según la información oficial, por más de quince millones de ciudadanos y ha permitido identificar a cerca de mil personas que han sido visitadas y evaluadas en la contingencia sanitaria. Todavía es pronto para considerar cual herramienta es la más efectiva o si la combinación de recursos mejorará las perspectivas de triunfo ante la pandemia.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CronicasDeCuarentena

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