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Opinión

En la actualidad estamos viviendo en la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por increíbles adelantos científicos y tecnológicos, parecidos a lo que para la generación de mediados del siglo XX nos parecían sueños del futuro, como por ejemplo, el viaje del hombre a la luna. La inteligencia artificial está compitiendo muy favorablemente con la mente humana. Posiblemente, los hombres de hace miles de años se asombraron con inventos como la rueda, que vemos ahora de una gran simpleza, pero en aquel entonces, comparable a nuestro actual asombro cuando por primera vez vimos un dron surcando los cielos del mundo.

En la historia de la humanidad, han ocurrido eventos profundamente transformadores del comportamiento de la sociedad de cada época. Un ejemplo interesante es el del surgimiento de la agricultura en el Período Neolítico, el cual se considera que abarca desde el año 6000 hasta el año 3000 a.C. En ese período ocurre lo que se ha denominado la Revolución Neolítica, la cual se refiere a la gran transformación que sufre la forma de vida de la humanidad, que va pasando de nómada a sedentaria, de una economía recolectora (recolección de frutos, caza y pesca) se pasa a una economía productora (agricultura vegetal y animal).

Cuando nos vamos hacia atrás en el tiempo, se observa que los cambios profundos en la sociedad ocurrieron en períodos muy prolongados en comparación con la época actual. Así, a miles de años del Neolítico, llega la primera revolución industrial durante el período 1760-1840, pero en los ciento ochenta años siguientes, hasta el 2020, han ocurrido tres revoluciones industriales más. Esa primera revolución industrial surge en Gran Bretaña, y la gran transformación que produce, se basa en que la economía deja de sustentarse principalmente en la agricultura y la artesanía para depender en gran medida del desarrollo industrial.

En este período, de unos ochenta años aproximadamente, ocurren importantes cambios tecnológicos con el uso de nuevos materiales como el acero, nuevas fuentes energéticas como el carbón, y el mayor suceso que fue la creación de la máquina de vapor, la cual vino a convertirse en el motor inicial de esta revolución industrial. Aparecen nuevas técnicas para el desarrollo del trabajo, comenzando con la especialización de la mano de obra, que asigna a cada trabajador labores específicas que debe realizar. Esto mejoró profundamente la eficiencia de los empleados y la calidad de su trabajo. Ocurre un tremendo desarrollo de trenes y buques de diferentes tipos y capacidades, incrementándose y mejorándose significativamente tanto el transporte como el comercio.

Paralelamente al surgimiento de las industrias en múltiples ramas, hay un profundo aumento de los conocimientos científicos y tecnológicos que influyen en que también se inicie una revolución agrícola mundial, disminuyendo las necesidades de mano de obra en el campo sustituida por máquinas y promoviendo un numeroso éxodo de trabajadores desde las zonas rurales hacia las ciudades, para ir a trabajar en las fábricas que iban en aumento.

Esta revolución industrial que nace en Gran Bretaña, fue propagándose rápidamente al resto de Europa, Estados Unidos de América y Japón, principalmente, debido a las grandes ventajas que ofrecía. Se considera que paralelamente a cada revolución industrial ha ocurrido una revolución en la agricultura, por lo que actualmente se considera que estamos entrando en la Agricultura 4.0 como consecuencia de la cuarta revolución industrial.

Enero de 2020

 2 min


Mauricio Randazzo

A propósito de la muy probable incorporación de Jorge Sampaoli como Director Técnico (DT) de la Vinotinto, es interesante investigar sobre sus experiencias y logros como entrenador, y de qué manera puede ayudar al seleccionado venezolano con su estilo de juego y alineaciones.

‪Sampaoli sería el 6to técnico argentino que toma las riendas del seleccionado Vinotinto; lo precedieron Angel Gleria (1951), Rafael Franco Reyes (1961-1969), José Gregorio Gómez (1969-1973), Carlos Horacio Moreno (1989) y José Omar Pastoriza (1999-2000).

Es un técnico con experiencia internacional que ha dirigido un total de 11 equipos entre clubes y selecciones nacionales:

  • Club Juan Aurich en 2002 (PER)
  • Sports Boys entre 2002 y 2003 (PER)
  • Coronel Bolognesi entre 2004 y 2006 (PER)
  • Club Sporting Cristal en 2007 (CHI)
  • O’Higgins de Rancagua entre 2007 y 2009 (CHI)
  • Club Sport Emelec en 2010 (ECU)
  • Universidad de Chile entre 2010 y 2012 (CHI)
  • Selección Nacional Chilena entre 2012 y 2015
  • Sevilla FC entre 2016 y 2017 (ESP)
  • Selección Nacional Argentina entre 2017 y 2018
  • Santos FC entre 2018 y 2019 (BRA)

Posee un interesante palmarés con los equipos que ha dirigido:

  • ‪Campeón 1era División Chile dirigiendo al Universidad de Chile (2011 Torneos Apertura y Clausura, 2012 Torneo Apertura)
  • Campeón Copa Sudamericana dirigiendo al Universidad de Chile (2011)
  • ‪Campeón Copa de Chile dirigiendo al Universidad de Chile (2012-2013)
  • Campeón Copa América dirigiendo a la Selección Nacional Chilena (2015)

Y cuando NO fue campeón en copas y ligas logró:

  • ‪2do puesto en la tabla de la Liga Ecuatoriana de Fútbol dirigiendo al Club Sport Emelec (2010)
  • ‪Semifinalista de Copa Libertadores dirigiendo al Universidad de Chile (2012)
  • Alcanzó los 4tos de final dirigiendo a la Selección Nacional Chilena en el Mundial de Brasil (2014)
  • Alcanzó los 8vos de final dirigiendo a la Selección Nacional Argentina en el Mundial de Rusia (2018)
  • 2do puesto en la tabla de la Liga Brasileña de Fútbol dirigiendo al Santos FC (2019).

Entre los reconocimientos individuales más destacados del argentino están el haber sido escogido como el mejor Director Técnico en Chile (2011), en las eliminatorias sudamericanas para el mundial de Brasil 2014 (2013), en la Copa América celebrada en Chile (2015) y en los Premios FIFA Ballón D’ Or (2015).

Hablando de su récord y del estilo de juego utilizado en las dos selecciones nacionales que ha dirigido Sampaoli, y como puede adaptar sus formaciones a la Vinotinto se debe resaltar que en 44 juegos con la de Chile, logró 27 victorias, 9 empates y 8 derrotas, mientras que con la de Argentina dirigió 15 juegos, con 7 victorias, 4 empates y 4 derrotas

En cuanto al estilo de juego, durante la era en Chile, Sampaoli mantuvo uno similar al de Marcelo Bielsa: fútbol de presión arriba, atrevido e intenso, caracterizado por su forma asimétrica, que se desorganiza en fase ofensiva y se ordena en la defensiva. Formaciones frecuentemente usadas por el técnico: 4-3-1-2 y 3-4-1-2.

‪Dirigiendo a Argentina mostró un fútbol diferente a su etapa en Chile; generaba menos presión arriba, era un juego más enfocado a la equivocación, aprovechando el error defensivo del rival, siendo sus formaciones más frecuentes: 3-5-2, 4-4-2 y 4-3-3.

¿Cómo puede adaptar sus formaciones usuales en la selección venezolana?

A continuación, se muestran tres ejemplos, basado en los roles de los jugadores vinotinto en sus clubes actualmente.

De concretarse su contratación, el míster parece llegar con un objetivo claro para el combinado nacional: llevarlo a su primer mundial. El futuro del proyecto del DT argentino con la Vinotinto es incierto; siendo un conocedor de las eliminatorias sudamericanas debería aportarle un “plus” al equipo y darle ese golpe de jerarquía que en su momento le brindo a la selección chilena.

Sampaoli tiene todo un proyecto casi armado, esperemos que pueda materializarlo con resultados positivos para un seleccionado y 30 millones de venezolanos que ansiamos escuchar el Himno Nacional en Qatar 2022, en el que sería nuestro primer mundial.

@mauriciorandazzoc

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Armado Martini

¿Puede alguien, con el más mínimo sentido de la vergüenza venezolana, ser capaz de entender, comprender, que un embajador extranjero sea invitado a formar parte del Consejo de Ministros del país donde ha sido acreditado y cuyos intereses representa y defiende? Planearlo, es ignorancia insolente, impudicia política, bofetada a la ciudadanía de principios, valores y buenas costumbres.

Se podría pensar, al menos que los militares, jurando ante la bandera defender la soberanía e independencia de Venezuela, no tolerarían tal despropósito. Que un general de la república, con soles en sus presillas, más de treinta años de carrera, y otros castrenses que forman parte del Gabinete Ejecutivo, soportarían sumisos su juramento sólo por cumplir la orden de quien claramente está demostrando que, no importa donde haya nacido, no tiene la venezolanidad mínima para ejercer la Presidencia. Venezuela nunca antes fue ultrajada con tanta inquina.

Mucho peor que impertinencia e intrusión cubana, es el sometimiento pusilánime, confeso e inútil, vergonzoso, aberrante, abyecto, del régimen venezolano. Incompetente, torpe, despilfarrador, y ahora, perjuro. No importa si Raúl Castro o Miguel Díaz-Canel lo exigieron, realmente lo denigrante, descorazonador, enfurecedor, es que se haya pensado, aceptado y proclamado públicamente. No hay antecedentes conocidos de colonialismo en el cual un país dependiente económicamente de otro, ejerza en lo político de guía y tutor. ¿No les avergüenza tal injerencia? O ¿solo se confirma la proscripción de la República y su soberanía?

Es triste, frustrante, indignante que el Presidente de Venezuela haya invitado al régimen cubano a integrarse a su Gabinete. ¿Qué clase de mujeres y hombres forman este gobierno? ¿No les basta con generar la mayor catástrofe ética, moral, social, política y económica en nuestra historia, para además abrirle puertas al castrismo? Nos han quitado todo, futuro, petróleo, libertad de pensamiento y expresión, derecho a esperar un país mejor, y ahora nos roban el orgullo, borran de un plumazo y sin tapujos, la vergüenza nacional. La relación Venezuela/Cuba pasará como un triste ejemplo, de una nación libre, democrática, próspera, que le prometieron ser potencia, entregada al comunismo indigente, convirtiéndola en un afligido y patético país.

Son Simón Bolívar y su trascendencia echados al pipote de la basura, borrar los tres colores de la bandera con un grosero, asqueroso y viscoso escupitajo, con vómito ácido de la apostasía y deslealtad, es dejar esa historia y soberanía, realidad de nación que conquistaron en los campos de batalla y un pueblo consolidó a lo largo de doscientos y pocos más de años creyendo en una patria soberana, es dejar de ser venezolanos.

Aceptando esa máxima y absurda injerencia, admitimos que ya no tenemos nación, hemos caído en el infierno humillante de no ser, porque no somos venezolanos ni cubanos, simplemente dejamos de ser. Como ciudadanos debemos rechazar semejante aberración.

Ahorrémonos los costos de nómina de un ejército que puede ser echados, no son necesarios, pues no tienen soberanía que defender, de eso se encargarán los cubanos. Y podremos economizar costear empleados, de la burocracia de un Estado que dejará de serlo, sólo produciremos petróleo, oro y minerales como aporte colonial al que de una vez será el único y verdadero administrador, el que funciona en La Habana.

Maduro, y el ex militar líder del partido que quitará la “V” de sus siglas, el grupo que forman parte de esta caterva cómplice de la vergüenza que llaman “alto mando”, deberán modificar uniformes cuando Cuba los integre a sus filas; los políticos comercializables que vociferan el legado de Chávez, los colectivos que sólo saben asustar y lapidar a sueldo, podrán viajar a La Habana para visitar, rendir homenaje y humillarse ante la roca que aplasta las cenizas de Fidel, doblegarse y hacer deferencia al asesino El Che, levantar el puño y gritar con emoción orgásmica, “¡misión cumplida!”

@ArmandoMartini

http://bit.ly/30MWXQT

 3 min


Después de la Revolución bolchevique de octubre de 1917, se constituyó una milicia fanática denominada la Guardia Roja, la cual tuvo que ser sustituida por el Ejército Rojo tal día como hoy, en 1918. Trotsky fue su progenitor, con el apoyo de Lenin, y Stalin lo fue purgando de supuestos o reales “desviacionistas”. Estos tres genocidas pensaron que serían inmortalizados. Trotsky fue asesinado por sus compañeros de ruta. Los nombres de las rebautizadas ciudades de Leningrado y Stalingrado volvieron a ser San Petersburgo y Volgogrado, respectivamente. Ese ejército rojo combatió por la libertad en la II Guerra Mundial, pero también toleró las violaciones a los derechos humanos a sus compatriotas, invadió Hungría y Checoslovaquia y, por último, se mantuvo pasivo ante el derrumbe del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

Este comportamiento errático es típico de la mayoría de los ejércitos, cuyos oficiales a veces son adalides de la libertad y otras cómplices de atropellos. Venezuela no ha sido la excepción. Unas veces nuestros uniformados intervinieron justificadamente para derrocar o intentar derrocar dictaduras y en otras, equivocadamente, atentaron contra gobiernos democráticos alegando que era necesario enderezar entuertos, lo cual no les corresponde cuando hay un estado de derecho. Cuando el gobierno no tiene un origen legítimo o viola la Constitución, y los otros Poderes del Estado no intervienen por complicidad o por miedo, la Fuerza Armada tiene la obligación constitucional y moral de contribuir a la restitución de las garantías constitucionales, y no pueden escudarse en que eso le corresponde solo a los civiles.

La Fuerza Armada es una organización piramidal, donde el principio básico es “superior que manda y subalterno que obedece”, por lo que la principal responsabilidad es del Alto Mando. Para el resto de la oficialidad se dificulta cualquier crítica o acción contra la dictadura por la existencia de equipos de espionaje sofisticados, la presencia de muchos infiltrados y que el régimen considera enemigo a cualquiera que exprese un desacuerdo o murmure contra alguna medida o simplemente que sea sospechoso de disentir. Sin embargo, todo oficial debe recordar que obedecer órdenes contrarias a la Constitución es un delito y que cuando esta es violada tiene que contribuir a restituirla.

La actuación de Chávez justificó que la Fuerza Armada le solicitara la renuncia. La demanda a Maduro para que abandone Miraflores y puedan realizarse elecciones transparentes está igualmente justificada. En cumplimiento de la obligación constitucional, muchos de nuestros militares no han permanecido pasivos y han pagado con su vida, cárcel, tortura, exilio, pérdida de su carrera y del bienestar familiar. Chávez, Maduro y sus acólitos han ocultado o minimizado estas acciones de nuestros militares para sembrar desesperanza entre los ciudadanos e incentivar el desprecio hacia la Fuerza Armada.

Al 20 enero 2020 había 79 oficiales, 53 sargentos y un cabo secuestrados, muchos de ellos torturados y casi todos acusados de instigación a la rebelión. Entre los oficiales hay un general en jefe, un mayor general, tres generales de división, cuatro generales de brigada, 12 coroneles, un capitán de navío, 14 tenientes coroneles, dos capitanes de fragata, 8 mayores, un capitán de corbeta, 6 capitanes, un teniente de navío, 24 tenientes y un alférez de navío. Es decir 45 oficiales superiores y 34 oficiales subalternos.

Cabe mencionar el caso del teniente coronel Igbert Marín Chaparro, quien fue el primero de su promoción tanto en la Academia Militar, como en los cursos realizados, además de graduado con honores en Derecho y Política Internacional en la Universidad Central de Venezuela, quien fue detenido junto con otros siete tenientes coroneles por informar al Alto Mando del malestar en las guarniciones por la escasez de comida y deficiente equipamiento de las unidades militares. Además, son miles los guardias nacionales y soldados que han desertado y cientos de oficiales han pedido la baja, han sido retirados en contra de su voluntad o tuvieron que exiliarse

El descontento en los cuarteles ha aumentado por la intención del régimen de incorporar la llamada milicia como otro componente de la Fuerza Armada, además de la proliferación de paramilitares rojos armados que agreden a la población, y la presencia en nuestro territorio de guerrilleros colombianos y del Hezbollah, así como la incorporación del embajador de Cuba a las reuniones del Gabinete. Todo indica que Maduro, Cabello, Padrino y Ceballos quieren convertir a nuestra Fuerza Armada en una Guardia Roja y eso no lo deben permitir nuestros militares. De no actuar pondrán en peligro la supervivencia de nuestra hoy deteriorada Fuerza Armada.

Como (había) en botica:

Un éxito la gira del presidente(e) Guaidó.

Solidaridad con nuestro compañero de Gente del Petróleo Domingo Brito, arbitrariamente detenido en El Tigre.

Lamentable el fallecimiento de la pundonorosa diputada Addy Valero, que agonizando rechazó el intento de soborno por parte del narcorégimen.

!No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Robert Skidelsky

Cuando en noviembre Usman Khan mató a dos personas a cuchilladas en el Puente de Londres (antes de ser abatido por la policía), hubo quienes, como era previsible, trataron de sacar rédito político de este acto terrorista. En particular, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, se apresuró a pedir penas de prisión más largas y el fin de la “liberación anticipada automática” de terroristas con condena.

En las dos décadas que pasaron desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el terrorismo se ha vuelto el objeto de pánico moral arquetípico en el mundo occidental. Sucesivos gobiernos británicos y estadounidenses usaron el temor a que detrás de cada esquina haya un terrorista al acecho tramando la destrucción total de la civilización occidental para aprobar penas más estrictas y poderes de vigilancia mucho más amplios (y también, claro está, para hacer guerras).

Pero en realidad, el terrorismo en Europa occidental está en retroceso desde fines de los setenta. Según la Base de Datos Mundial sobre Terrorismo, entre 2000 y 2017 hubo por esta causa 996 muertes en Europa occidental, contra 1833 en los 17 años que van de 1987 a 2004, y 4351 entre 1970 (primer año registrado en la base de datos) y 1987. La amnesia histórica fue desdibujando el recuerdo del terrorismo interno europeo: la banda Baader-Meinhof en Alemania, las Brigadas Rojas en Italia, el IRA en el RU, el terrorismo vasco y catalán en España, y el terrorismo kosovar en la ex Yugoslavia.

No sucede lo mismo en Estados Unidos, en particular porque los ataques del 11‑S, en los que murieron 2996 personas, introducen un enorme sesgo en los datos. Pero incluso ignorando esta anomalía, resulta evidente que desde 2012 hubo en Estados Unidos un aumento sostenido de las muertes derivadas del terrorismo, que revierte la tendencia anterior. Sin embargo, gran parte de este “terrorismo” no es sino una consecuencia de la gran circulación de armas entre la población civil.

Es cierto que el terrorismo islamista es una amenaza real (más que nada en Medio Oriente). Pero hay que recalcar dos hechos. En primer lugar, el terrorismo islamista (igual que la crisis de refugiados) fue en gran medida resultado de intentos occidentales de “cambio de régimen” (declarados o encubiertos). En segundo lugar, hoy en realidad Europa es mucho más segura que antes, en parte por la influencia de la Unión Europea en la conducta de los gobiernos, y en parte por la mejora en la tecnología antiterrorista.

Pero a la par que la cantidad de muertes por terrorismo disminuye (al menos en Europa), crece el temor que este genera, y eso da a los gobiernos una justificación para introducir más medidas de seguridad. Este fenómeno, por el que la reacción colectiva a un problema social se intensifica conforme el problema en sí disminuye, se denomina “efecto Tocqueville”. En el libro de 1840 La democracia en América, Alexis de Tocqueville señaló que “es natural que el amor a la igualdad crezca sin cesar con la igualdad misma; al satisfacerlo, se lo desarrolla”.

A esto se suma otro fenómeno relacionado que podemos llamar “efecto Baader-Meinhof”: cuando a uno le llaman la atención sobre algo, comienza a verlo todo el tiempo. Ambos efectos nos permiten entender de qué manera nuestras percepciones subjetivas de riesgo se alejaron tanto de los riesgos reales que enfrentamos.

De hecho, nunca hubo una civilización con tanta aversión al riesgo como Occidente. La palabra “riesgo” deriva del latín risicum, que se usaba en la Edad Media en contextos muy específicos, generalmente relacionados con el comercio marítimo y el incipiente negocio de seguros relacionado. En las cortes de las ciudades‑Estado italianas del siglo XVI, rischio se refería a las vidas y carreras de cortesanos y príncipes, con los peligros que traían aparejados. Pero no era una palabra de uso frecuente; era mucho más común atribuir éxitos y fracasos a una fuente externa, la fortuna, encarnación de lo impredecible, a la que se contraponía la virtud humana de la prudencia (la virtù maquiavélica).

En los albores de la modernidad, el ser humano estaba sujeto a la acción de la naturaleza, sin otra posible respuesta racional que optar entre las diversas expectativas razonables. El discurso moderno en relación con el riesgo comienza a desarrollarse con la revolución científica: el mundo natural queda sometido a la acción y al control del ser humano, y este puede calcular el grado de peligro implícito; así pues, la tragedia ya no tiene por qué ser un componente habitual de la vida.

El sociólogo alemán Niklas Luhmann sostiene que en cuanto se vio que la acción individual tenía consecuencias calculables, predecibles y evitables, ya no fue posible regresar a ese estado premoderno de feliz ignorancia donde el curso de los acontecimientos futuros estaba en manos del destino. En las crípticas palabras de Luhmann: “la puerta de ingreso al Paraíso permanece cerrada a causa de la palabra ‘riesgo’”.

Los economistas también creen que todo riesgo es medible y por tanto controlable. En tal sentido, hacen pareja con quienes aseguran que los riesgos para la seguridad se pueden minimizar extendiendo los poderes de vigilancia y mejorando las técnicas de recolección de información sobre posibles amenazas terroristas. Al fin y al cabo, el riesgo es el grado de incertidumbre en relación con acontecimientos futuros, y como escribió el padre de la teoría de la información, Claude Shannon, “la información es la resolución de la incertidumbre”.

Una mayor seguridad supone evidentes beneficios, pero al precio de una intromisión nunca antes vista en la vida privada. Hay un conflicto directo creciente entre el derecho a la privacidad de la información (ahora consagrado en el Reglamento General de Protección de Datos de la UE) y nuestras demandas de seguridad. Dispositivos omnipresentes que ven, oyen, leen y registran nuestra conducta producen un cúmulo de datos que permite extraer inferencias, predicciones y recomendaciones sobre nuestras acciones pasadas, presentes y futuras. Cuando, como dice el proverbio, “el conocimiento es poder”, el derecho a la privacidad se debilita.

Además, la seguridad está en conflicto con el bienestar. Una seguridad perfecta implica eliminar las virtudes cardinales de la resiliencia y la prudencia: el ser humano perfectamente seguro es una persona disminuida.

Por ambas razones, debemos aferrarnos a los hechos y no dar a los gobiernos las herramientas que nos demandan con creciente intensidad para ganar la “batalla” contra el terrorismo, el delito o cualquier otra desgracia técnicamente evitable que nos arroja la vida. Se necesita una respuesta mesurada. Y tratándose del caos que es la historia humana, no hay que olvidar la observación de Heráclito de que “todo lo gobierna el rayo”.

20 de enero de 2020

Traducción: Esteban Flamini

Projct Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/western-terrorism-fear-inve...

 5 min


Juan Carlos Zapata

INFORME CONFIDENCIAL

Delcy Rodríguez creía que entraba a España. De hecho, ya había establecido citas de “negocios”. Y le había suministrado las coordenadas a algunos conocidos de dónde se iba a alojar en Madrid. Ocho días atrás había establecido contactos. ¿Pero qué pasó? ¿Quién abortó el plan?

Al menos dos empresarios. Uno de España y uno de Venezuela, sabían que la vicepresidenta Ejecutiva de Nicolás Maduro llegaría a Madrid el lunes 20 de enero. En el mundo de los negocios las noticias corren pronto. El primer empresario está vinculado al mundo del petróleo. El segundo es un industrial con operaciones, por décadas, en Venezuela, aunque venido a menos, como todos. Amigos desde hace años, el español llamó al venezolano para consultarle. “Viene Delcy Rodríguez y trae una propuesta sobre inversiones en petróleo. ¿Qué piensas?”.

Con este anuncio, la mano derecha de Maduro estaba anticipando que iba a entrar a España. Porque había una excusa técnica para hacerlo, y ese sería un elemento que manejó desde que se planificara el viaje y tal vez el elemento de fuerza -¿La excusa principal?- que se le transmitió a la Cancillería: que Delcy Rodríguez viajaba en ese avión y debía pernoctar en Madrid pues en vista de que continuaba viaje hacia Turquía -después se fue a Qatar- la tripulación, por protocolo, estaba obligada a descansar después de 9 horas de vuelo desde Caracas.

Estaba tan segura Delcy Rodríguez de permanecer esas horas en Madrid, y celebrar las reuniones que había pautado, que a un conocido suyo le había indicado el hotel del Paseo de La Castellana donde se iba a alojar, y el nombre supuesto con el que se iba a registrar. En efecto, un nombre que no era el suyo. Y esta información la obtuvo el diario ALnavío de manera casual -fortuita diría el ministro José Luis Abalos sobre su encuentro en la nave que la transportaba- en una reunión en la que se encontraba la fuente, quien de manera espontánea señaló a los presentes, incluyendo al periodista, que Delcy Rodríguez ya estaba en Madrid, y cuando se le apuntó que corría el rumor -todavía era un rumor- de que se le había negado el ingreso se apresuró a aclarar:

-No. Está en Madrid. En este hotel. Llegó anoche. Seguro la veré -Después la fuente se enteraría de los hechos.

Pero Delcy Rodríguez estaba tan segura de que estaría en Madrid que, aun ya desatada la polémica mundial, algunos de sus amigos en Caracas, consultados por el diario ALnavío, seguían creyendo que lo había logrado, a pesar de las sanciones que le impiden ingresar en los países de la UE.

Uno de ellos, comentó al diario ALnavío:

-Sigue creyendo que no entró.

Toda esta historia lleva al diseño del viaje. El por qué y el para qué del viaje. La misión que se traía entre manos, justo cuando todavía era una posibilidad de que el mandatario español, Pedro Sánchez, recibiría a Juan Guaidó después de su paso por Londres, Bruselas, Davos y París, aunque en esa fecha no estaba confirmada la cita con el presidente de Francia, Emmanuel Macron.

La historia conduce a la obligada pregunta de quién era el contacto inicial desde dentro o fuera del gobierno de Pedro Sánchez que le estaba ofreciendo garantías de que podía viajar, podía aterrizar en el aeropuerto de Barajas e, inclusive, pasar la madrugada del lunes, el propio lunes, y tal vez hasta el martes, en Madrid, si se atan los cabos de los empresarios y de la otra fuente identificada como “conocido” suyo. Le estaba garantizando que podía desarrollar su agenda. Destaca aquí que la Vicepresidenta viajaba con seis asesores. ¿De qué tipo?

Lo siguiente fue el trámite de la embajada de Maduro en España, que había informado antes a Cancillería sobre el viaje de Delcy Rodríguez, y de la nave específica del vuelo, y lo subsiguiente fue que Cancillería participó al Ministerio del Interior y luego Interior a la Policía Nacional y a la Guardia Civil, que tomaron las medidas del caso.

Ha debido ser un contacto con poder. Al que se le escapaba el detalle, el pequeño detalle, que es el que va a revelar más tarde el presidente Sánchez: que de haber ingresado se hubiese desatado una tormenta diplomática. “Una crisis diplomática”, dijo Sánchez. Crisis que se hubiese dado en varias bandas: con el régimen de Maduro, con los socios de la Unión Europea, que fue la que impuso las sanciones, y con los Estados Unidos, aliado de la causa a favor de Juan Guaidó y el rescate de la democracia en Venezuela.

Si lo que ocasionó el aterrizaje y el encuentro del ministro Ábalos ha sido todo un escándalo que se extenderá por semanas y con el agravante de que será ventilado en el Congreso de Diputados, hay que imaginarse lo que hubiera pasado si la filtración del diario Vozpopuli hubiera sido que Delcy Rodríguez, la sancionada por la UE, y mano derecha de Maduro, se encontraba en Madrid, alojada en un hotel del Paseo La Castellana.

Delcy Rodríguez estaba tan segura de entrar a España que pujó por horas. Hay que imaginarse la rabieta de esta mujer menuda queriendo bajar del avión y hay que imaginarse al comisario de fronteras llamando a su superior para indicarle lo que estaba pasando, y este llamando al ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, y este luego llamando al ministro de Transporte, José Luis Ábalos, para que la persuadiera de que aquello era una insensatez.

El ministro le confiesa al diario La Razón que el dispositivo policial “era fuerte”. Ábalos dice que el ministro de Interior le pidió que procurara que Delcy Rodríguez no bajara del avión, y tal cual lo hizo: “Le recordé que no podía entrar en suelo español dadas las sanciones de la Unión Europea”, declaró Ábalos a La Razón. Las fuentes policiales han coincidido en apuntar que Ábalos fue a Barajas a persuadirla de que no descendiera, y no como ha dicho que era para verse con su “amigo” el ministro de Turismo chavista, Fernando Plasencia.

Si la versión policial es la correcta, es posible imaginar el estado de tensión generado por Delcy Rodríguez, dentro y fuera del avión, porque, además, a esa hora de la madrugada del lunes debía estar llamando al contacto en el poder, a quien seguro le reclamaba la situación.

¿Pero qué podía hacer Marlaska? ¿Qué podía hacer Ábalos? ¿Qué podía hacer Cancillería? ¿Qué podía hacer Sánchez? Lo otro es que Delcy Rodríguez ni siquiera habría llegado al hotel del Paseo de la Castellana, sino que hubiese sido detenida en Barajas, y entonces la crisis diplomática hubiese sido de otra dimensión. Según Sánchez, esa crisis fue la que evitó Ábalos. “Lo logró”, dijo. Una crisis que no pasó por la mente de quienes son los lobistas políticos de Maduro dentro y fuera del gobierno de Sánchez cuando se empeñaron en la operación del viaje, quizá creyendo tenerlo todo bajo control. Ábalos en verdad, atajó, por ahora, dos crisis: La diplomática y la interna en el gobierno. Al empresario no le caben dudas. Alguien abortó el plan de Delcy Rodríguez. Porque la reunión que iba a sostener con ella iba en serio.

Lunes 27 de enero de 2020

ALnavio

https://alnavio.com/noticia/20288/informe-confidencial/quien-desbarato-e...

 5 min


La insólita comedia de enredo protagonizada en el aeropuerto de Madrid por el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, y la vicepresidenta del Gobierno de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, no puede ocultar la realidad de que el Gobierno de Pedro Sánchez carece en estos momentos de una política reconocible frente a la situación en Venezuela. Al producirse la crisis que llevó a Juan Guaidó hasta la presidencia del país, disputando la legitimidad a Maduro, España obtuvo la confianza de la Unión Europea para liderar una posición común. La decisión adoptada entonces por España, y seguida por los socios, fue reconocer a Guaidó frente a Maduro. Por esta razón, resulta inexplicable que, sin haber mediado cambio alguno en la situación interna de Venezuela, y sin que se haya producido tampoco ninguna revisión de la posición común de los europeos, el Gobierno español vaya ahora contra sus propias decisiones y rebaje la interlocución que le correspondería a Guaidó.

El mensaje que se desprende de una decisión que es política y no protocolaria resulta perjudicial para los intereses de España en cualquiera de los escenarios involucrados. El crédito cosechado entre la oposición al régimen chavista queda en entredicho. De igual manera, y por lo que respecta al conjunto de América Latina, España se pone trabas a sí misma para afianzarse como el interlocutor fiable que el continente necesita en un momento de grave crisis social y política. Y no cabe pasar por alto que la incongruencia de promover el reconocimiento de Guaidó como presidente de Venezuela para luego devaluarlo a la condición de jefe de la oposición, según ha hecho el vicepresidente Pablo Iglesias, repercutirá negativamente en el papel de España en la Unión.

Tampoco la política interna española parece estar librándose de la onda expansiva de una gestión diplomática inconsecuente frente a Guaidó e incomprensible por lo que respecta a los representantes de Maduro en tránsito por España, que el ministro Ábalos tiene pendiente explicar tanto en el Congreso como a los socios europeos que acordaron sanciones contra Venezuela.

La fractura entre el Gobierno y la oposición a cuenta de un asunto que debería ser abordado desde el consenso para fortalecer la posición internacional de España se ha visto ahondada tras el rechazo del presidente Pedro Sánchez a recibir a Guaidó. Con el agravante de que, además, ha proyectado la división sobre dos expresidentes socialistas y sobre la cohesión del Ejecutivo español.

25 de enero 2020

El País

https://elpais.com/elpais/2020/01/24/opinion/1579892539_875816.html?prm=...

 2 min