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Opinión

Manuel Felipe Sierra

Los contactos oficiosos entre los gobiernos -aun sin que existan relaciones diplomáticas entre ellos- son comunes y necesarios para los países incluso por meras razones informativas.

Donald Trump aseguró esta semana que existen contactos con el gobierno venezolano, lo cual fue confirmado posteriormente por el propio presidente Nicolás Maduro, quien advirtió que no se trata de negociaciones sobre una agenda específica sino de aproximaciones rutinarias; incluso la representación opositora en los diálogos celebrados en Oslo y en Barbados (que se consideran transitoriamente interrumpidos) viajó a Washington para ofrecer su versión sobre el rumbo de un proceso que según ellos avanza en el tema fundamental de la convocatoria a elecciones.

También altos voceros del oficialismo apuestan a darle continuidad a una gestión que es avalada y estimulada por la Unión Europea, el Grupo Internacional de Contacto, Rusia, China, Cuba y por otras instancias internacionales que apuestan a una salida pacífica a la crisis venezolana.

Se conoce que desde hace meses se mantienen reuniones de los miembros del "Grupo de Boston" (integrado por parlamentarios de los dos países) que son monitoreadas por importantes personajes vinculados a la Casa Blanca y que facilitaron el año pasado la liberación del prisionero norteamericano, Joshua Holt, quien fuera recibido en el despacho presidencial por el propio Trump.

Todo ello pese al endurecimiento de las sanciones aplicadas contra funcionarios que tienden a agravarse y las restricciones económicas-financieras cuyos efectos como se sabe castigan a la población cada vez en mayor medida y que incluso impedirían jugar en su país a los peloteros venezolanos contratados por los equipos del Norte.

Una restricción que, recordando la experiencia cubana en la materia, tiene un impacto significativo en el interés y la atención nacional de las temporadas de béisbol y que seguramente serían ampliadas también en otras áreas no necesariamente vinculadas con la política ni con el gobierno.

No obstante ello, las tensiones tienden a intensificarse de acuerdo a recientes declaraciones de los funcionarios John Bolton y Eliott Abrams, quienes actúan en la práctica como actores políticos nacionales, asumiendo de esta manera el papel y la responsabilidad que corresponde a los partidos y la dirigencia opositora.

El último llegó incluso a sostener cuáles serían los términos de una posible transición e imponer de antemano un veto moral sobre algunos ministros del actual gobierno, amén de que se avanza en la configuración en la práctica de un gobierno paralelo en el manejo del tema petrolero, como en los casos de Citgo, Pdvsa y al parecer también en relación a las empresas de la CVG.

Todo ello al margen de lo que puedan decidir las partes en conflicto en los diálogos y negociaciones en marcha que buscan rescatar la necesaria soberanía e independencia de los actores envueltos en la conflictividad y que están obligados a respetar y preservar los intereses de los venezolanos.

Contadora

Una situación que obliga sin duda a la dirigencia opositora a definir con claridad los límites de la ayuda o la mediación internacional, que si bien es necesaria e indispensable en situaciones parecidas, debería limitarse a facilitar un clima para la convivencia y la búsqueda de salidas consensuadas y no como un factor que estimula y gana protagonismo, en este caso frente a los factores que rechazan el modelo chavista-madurista.

En este sentido, es pertinente invocar la experiencia del Grupo Contadora en la guerra centroamericana, tal como lo recordaba recientemente la presidenta de Copei, Mercedes Malavé.

En aquellas circunstancias gobiernos democráticos prestaron su apoyo para buscar salida al conflicto, sin que asumieran el apoyo a las organizaciones que le eran cercanas y con las cuales comulgaban ideológicamente para facilitar de esta manera que la mediación tuviera los resultados que se esperaban, generando confianza y respeto en los grupos que abrazaban la violencia guerrillera.

¿Habría tenido éxito aquella gestión mediadora, si por ejemplo, el gobierno de Luis Herrera Campins a través del excanciller Arístides Calvani hubiera colocado su apoyo a los partidos demócrata-cristianos que le eran afines frente a los grupos guerrilleros sin tomar en cuenta la necesidad y la urgencia de crear las bases para la paz como objetivo prioritario?

En buena medida, en esta materia, más que la mediación, que como tal supone concesiones y flexibilidad pareciera que se procura coincidir y favorecer (más allá de identidades y simpatías políticas) a uno de los polos de la confrontación; lo cual como es obvio conduce a profundizarla y agravarla.

La estrategia norteamericana ahora asume el rumbo aplicado en el caso cubano, cuyo punto de partida ha sido la desaparición de un régimen sin tomar en cuenta las condiciones y particularidades del proceso que le dio nacimiento, con las consecuencias que ya se conocen y que en ningún caso podrían considerase acertadas y menos aún exitosas.

A estas alturas -después de los cambios ocurridos en el mundo y particularmente en América Latina- resulta incomprensible insistir en un esquema que no solo impide las salidas necesarias sino que paradójicamente es un factor que fortalece los regímenes sobre los cuales se plantea la necesidad de las transiciones y los cambios.

En este caso es una responsabilidad que atañe al mediador, pero también a los sectores que pugnan por soluciones desconociendo las realidades y las condiciones propias de las experiencias políticas. El estilo de la "oposición cubano-mayamera" no es el mejor ejemplo para propiciar el cambio ya inaplazable de la situación venezolana hacia un clima de convivencia y de gobernabilidad democrática.

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Edgar Benarroch

Conozco personas con quienes tengo amistad, unas de vieja data y otras a través de la lectura de sus libros, escritos y opiniones y de otras tengo las mejores referencias. Ellas son gente de un buen nivel cultural y académico, por cierto muchos obtuvieron su especialidad en prestigiosas universidades del exterior gracias a becas otorgadas por La Fundación Gran Mariscal de Ayacucho que contribuyó notablemente al desarrollo del país hoy lamentablemente desaparecida.

Hablo de gente que aún se mantienen afectas a este llamado "proceso" y algunos lo defienden con frenesí. Ellos me tienen confundido, no los entiendo. No concibo que personas de buena formación, equipados cívica y moralmente de una manera adecuada, después de lo vivido y ocurrido en estos últimos veinte años se mantengan al lado de este régimen.

He hecho esfuerzos mentales para despejar mi confusión y falta de entendimiento y no lo he logrado. En lo político no encuentro razones, la conducción del país ha sido sin exageración alguna catastrófica y hoy nuestra Patria está administrada por instituciones carente de legitimidad en su origen y ejecutorias, a excepción de la Asamblea Nacional el resto de los Poderes Públicos con ilegítimos y como tal sus actos son nulos.

En lo económico son gente que no se entrega por dos platos de lentejas y sé que para ellos no es lo fundamental de sus vidas.

En lo ideológico tampoco identifico razones. Algunos de ellos se definen socialistas y como son inteligentes deben saber que este régimen es una mezcla de pragmatismo y efectismo rayano en el totalitarismo, que como sabemos es ausente de ideología de ética y de moral. Los ideólogos del socialismo en el mundo han marcado diferencia con este régimen venezolano afirmando preocupación por el desprestigio que le propina a la corriente ideológica y a la causa.

En lo moral son gente que sospecho tengan una escala de valores bien definida y adecuada. Por desarrollo nacional creo están percatados de la involución, retroceso y destrucción de la que el país ha sido objeto.

Por venganza no los creo capaz, ella es de monopolio exclusivo de los hermanos Rodríguez que públicamente lo han afirmado. Por todavía mantener resquemores hacia los cuarenta años de democracia, parece que el remedio ha sido peor en sumo grado que la enfermedad.

En cuanto a esperanza tampoco hay motivos para pensar que la situación va a mejorar, han pasado veinte años y todo ha sido para peor y además el régimen no asoma el menor indicio de rectificación, al contrario, insiste en un modelo fracasado en todas partes del mundo donde se ha pretendido implantar.

Así que a mis apreciados amigos y conocidos no los logro entender, menos a aquellos que con firmeza han entregado buena parte de vida a la defensa de los Derechos Humanos que este régimen a diario desconoce y violenta y a la defensa de la democracia, la libertad y la justicia.

Hay suficiente razones y motivos para concluir que la dinámica que tenemos no es la que queremos, muchos afirman que no estamos en democracia y que el régimen se transformó en dictadura con algunos resquicios de libertad, yo diría que en totalitarismo.

La administración de justicia, que es la reina de los Poderes Públicos es totalmente manejada por los jerarcas del régimen ejecutivo al extremo que ex magistrados han afirmado que no se sentencia sin previa consulta con Miraflores y que semanalmente se reúnen en las oficinas del gobierno el Tribunal Superior de Justicia, el Fiscal General, y el Contralor de la Republica y deciden a quien le cortan la cabeza y a quien no.

La pluralidad y el respeto a la disidencia no solamente está conculcada si no que persiguen, acosan, encarcelan, torturan y hasta asesinan al oponente.

Estamos pues en presencia de un régimen cuyo desenvolvimiento es contrario a las más elementales normas de convivencia civilizada que atenta a diario contra nuestra condición humana.

Estimados amigos no los entiendo. No sé si mi condición de opositor me ha colocado en el otro extremo, pero sinceramente no los entiendo. Aspiro y deseo que en análisis de conciencia en solitario y reflexión se coloquen del lado correcto de la historia. Son suficientemente inteligente para apartar las piedras subalternas del camino y seguir andando con el pecho erguido de emoción y la cara en alto de optimismo en la búsqueda de un país mejor. El Señor se alegró enormemente cuando la oveja descarriada volvió al rebaño.

 3 min


Nouriel Roubini

Hay tres posibles shocks de oferta negativos capaces de provocar una recesión global en 2020. Todos ellos son reflejo de factores políticos que afectan las relaciones internacionales; dos involucran a China, y Estados Unidos está en el centro de cada uno de ellos. Además, ninguno admite tratamiento con las herramientas tradicionales de la política macroeconómica anticíclica.

El primer shock potencial deriva de la guerra comercial y de monedas entre Estados Unidos y China, que a principios de este mes se agravó cuando el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump amenazó con imponer más aranceles a las exportaciones chinas y designó formalmente a China como manipulador cambiario. El segundo tiene que ver con la guerra fría que se está gestando lentamente entre Estados Unidos y China en torno de la tecnología.

En una rivalidad con todas las señas de una “trampa de Tucídides”, China y Estados Unidos compiten por el dominio de las industrias del futuro: la inteligencia artificial (IA), la robótica, el 5G, etcétera. Estados Unidos incluyó a la gigante china de las telecomunicaciones Huawei en una “lista de entidades” reservada a empresas extranjeras a las que considera una amenaza a su seguridad nacional. Y aunque después le otorgó exenciones transitorias que le permiten seguir usando componentes estadounidenses, esta semana la administración Trump anunció la inclusión en la lista de otras 46 empresas afiliadas a Huawei.

El tercer riesgo importante tiene que ver con el petróleo. Si bien sus precios han disminuido en las últimas semanas, y una recesión activada por una guerra comercial, monetaria y tecnológica deprimiría la demanda de energía y presionaría a la baja sobre los precios, la confrontación de Estados Unidos con Irán puede tener el efecto contrario. Si ese conflicto llegara al nivel militar, puede producirse un súbito encarecimiento mundial del petróleo que provoque una recesión, como sucedió durante enfrentamientos previos en Medio Oriente en 1973, 1979 y 1990.

Los tres shocks potenciales tendrían efecto estanflacionario, al provocar un encarecimiento de las importaciones de bienes de consumo, insumos intermedios, componentes tecnológicos y energía y al mismo tiempo reducir la producción al trastocar las cadenas globales de suministro. Encima, el conflicto sinoestadounidense ya está provocando un proceso más amplio de desglobalización, porque los países y las empresas ya no pueden confiar en la estabilidad a largo plazo de esas cadenas de valor integradas. La creciente balcanización del comercio de bienes, servicios, capital, mano de obra, información, datos y tecnología aumentará los costos de producción globales en todas las industrias.

Además, la guerra comercial y de divisas y la competencia tecnológica se amplificarán mutuamente. Tomemos el caso de Huawei, que en la actualidad es un líder mundial en equipamiento 5G. Pronto esta tecnología será la forma de conectividad estándar de la mayor parte de las infraestructuras civiles y militares críticas, por no hablar de los bienes de consumo básicos conectados a través de la emergente Internet de las Cosas. Cualquier cosa que tenga un chip 5G (desde una tostadora hasta una cafetera) puede convertirse en un dispositivo de escucha. Es decir que si Huawei es una amenaza a la seguridad nacional, lo mismo habrá que decir de miles de bienes de consumo de fabricación china.

Es fácil imaginar de qué manera la situación actual puede llevar a una implosión total del sistema internacional abierto de comercio. De modo que cabe preguntarse si las autoridades monetarias y fiscales están preparadas para un shock de oferta negativo sostenido, o incluso permanente.

Después de los shocks estanflacionarios de los setenta, las autoridades monetarias respondieron con un endurecimiento de la política monetaria. Pero hoy, los grandes bancos centrales (por ejemplo la Reserva Federal de los Estados Unidos) siguen políticas monetarias expansivas, porque la inflación y sus expectativas siguen siendo bajas. De modo que cualquier presión inflacionaria derivada de un shock del petróleo la percibirán como un efecto nivel de precios y no como un aumento persistente de la inflación.

Con el tiempo, los shocks de oferta negativos tienden a convertirse también en shocks de demanda negativos que reducen transitoriamente el crecimiento y la inflación, al deprimir el consumo y el gasto en capital. De hecho, en las condiciones actuales, el gasto en capital de las corporaciones dentro y fuera de los Estados Unidos está muy deprimido, por incertidumbres relacionadas con la probabilidad, gravedad y persistencia de los tres shocks potenciales.

De hecho, como las empresas en Estados Unidos, Europa, China y otras partes de Asia redujeron el gasto en capital, el sector tecnológico, manufacturero e industrial de todo el mundo ya está en recesión. El único motivo por el cual todavía no se trasladó a una desaceleración global es que el consumo privado se mantuvo firme. Si cualquiera de estos tres shocks de oferta negativos provocara un mayor encarecimiento de los bienes importados, eso repercutiría sobre el crecimiento del ingreso disponible real (deflactado) de los hogares, lo mismo que la confianza de los consumidores, y probablemente empujaría la economía global hacia una recesión.

En vista de la posibilidad de que se produzca un shock negativo de la demanda agregada en el corto plazo, las bajas de tasas de los bancos centrales son correctas. Pero también las autoridades fiscales deberían prepararse para dar una respuesta similar en el corto plazo. Una marcada caída del crecimiento y de la demanda agregada exigirá una política fiscal expansiva anticíclica para evitar que la recesión se agrave demasiado.

Pero en el mediano plazo, la respuesta óptima a los shocks negativos de la oferta no es una política expansiva, sino ajustarse a ellos sin continuar la expansión. Al fin y al cabo, los shocks de oferta negativos de una guerra comercial y tecnológica serán más o menos permanentes, lo mismo que la reducción del crecimiento potencial. Lo mismo se aplica al Brexit: abandonar la Unión Europea asestará al Reino Unido un shock de oferta negativo permanente, y por consiguiente, una caída permanente del crecimiento potencial.

Esos shocks no se pueden revertir con medidas monetarias o fiscales. Se los puede manejar en el corto plazo, pero todo intento de oponerles una política expansiva en forma permanente llevará a la larga a que la inflación y sus expectativas aumenten muy por encima de las metas de los bancos centrales. En los setenta, los bancos centrales respondieron con políticas expansivas a dos grandes shocks petroleros. El resultado fue un aumento persistente de la inflación y de sus expectativas, déficits fiscales insostenibles y acumulación de deuda pública.

Finalmente, hay una diferencia importante entre la crisis financiera global de 2008 y los shocks de oferta negativos que pueden afectar a la economía global hoy. Como la primera fue más que nada un gran shock negativo de la demanda agregada, que deprimió el crecimiento y la inflación, era correcto responder con un estímulo monetario y fiscal. Pero esta vez, el mundo se enfrentará a shocks negativos sostenidos de la oferta, que exigirán una clase de respuesta muy distinta en el mediano plazo. Tratar de deshacer el daño con un estímulo monetario y fiscal interminable no será una opción sensata.

Traducción: Esteban Flamini

22 de agosto de 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/global-recession-us-china-t...

 5 min


Los fines de la negociación y sus implicaciones

Retornar al ordenamiento constitucional a través de la negociación con representantes del Madurismo será siempre preferible a que ello ocurra por medio de una intervención extranjera. Pero el margen con que debe manejarse tal negociación estará necesariamente constreñido por el fin buscado: la creación de condiciones para que los venezolanos superen de forma eficaz y perentoria la terrible situación en que la oligarquía militar - civil los ha sumido, y para conquistar una democracia plena, con contenido.

Las negociaciones no deben restringirse a plantear la salida del usurpador. Sea por medio de elecciones confiables (con las garantías del caso) o por otros mecanismos, el resultado debe apuntar al cambio del modelo funesto instrumentado por Chávez y Maduro en contra de la población.

Significa, en primer lugar, el respeto pleno de la batería de derechos civiles, políticos y económicos consagrados en la Constitución. Como condiciones sine qua non, pueden citarse: restablecer las potestades de la Asamblea Nacional; disolver la asamblea constituyente; renovar al CNE; liberar los presos políticos; cesar la criminalización de la protesta; respetar los derechos humanos; convocar elecciones presidenciales confiables.

En el plano económico es un sinsentido que todo el esfuerzo por sacar a Maduro termine en una gestión que no dé respuesta palpable a las expectativas de perentoria mejora en el bienestar de la población. Un nuevo gobierno que fracase en responder satisfactoriamente a ellas tendría muy corta vida.

En términos generales, existe consenso entre los economistas en torno a la necesidad de instrumentar políticas creíbles y consistentes que abaten la inflación, permitan estabilizar el tipo de cambio en un mercado libre, eliminen los controles e incentiven las inversiones productivas para generar empleo, abastecimiento y equilibrio en las cuentas externas. Ello está recogido en el Plan País y, con mayor elaboración, en las discusiones entre economistas que le sirvieron de sustento.

El desafío económico

El nivel tan absoluto de destrucción y de pauperización de los venezolanos producido por Maduro y su equipo genera esperanzas de mejora inmediata entre los venezolanos, lo que plantean un serio desafío a un eventual gobierno democrático futuro. Entre los elementos de mayor impacto están:

1) El salario mínimo se encuentra actualmente en menos de tres dólares al mes. Tengamos en cuenta, además, el aplanamiento de la escala salarial en torno a este nivel, con lo que la mayoría de los asalariados ganan menos de cinco veces esta cantidad[1].

2) La estabilización del precio de la divisa, en un mercado sin restricciones, presupone una apreciable corrección de la paridad, actualmente sobrevaluada. Esto significa que se despreciará el bolívar, lo que reducirá aún más los salarios arriba mencionados en dólares.

3) La recuperación de los servicios públicos, factor central al bienestar de los venezolanos, obligará a un proceso eventual de sinceración de sus precios para garantizar su prestación eficiente.

Condiciones para el ajuste expansivo del Plan País

El programa de estabilización económica planteado en el Plan País augura un crecimiento rápido de la producción, el empleo y de los salarios reales. Ello se fundamenta, entre otras cosas, en la altísima capacidad ociosa del aparato productivo doméstico que actualmente opera, en promedio, a menos del 30 de su capacidad. Un cambio político que restablezca las garantías legales a la propiedad y de orden procesal, elimine la inflación, levante los controles y asegure el acceso sin restricciones a la divisa, debe provocar una respuesta inmediata, fuertemente expansiva, de empresarios locales e inversionistas foráneos. No obstante, ello dependerá de las siguientes condiciones, que están interrelacionadas:

1) Un significativo financiamiento internacional, con una reestructuración a fondo de la deuda pública.

2) La apertura de la industria petrolera a la inversión privada.

3) Un incremento significativo y a muy corto plazo en la productividad laboral.

4) Un gobierno que dé confianza, dotado de un equipo económico altamente calificado.

Las magnitudes requeridas de financiamiento externo sólo las podrá proveer la banca multilateral, con el FMI a la cabeza, a la cual habrá de sumarse préstamos bilaterales, la reapertura del crédito internacional y la inversión privada. Pero tal financiamiento estará sujeto a un programa creíble, coherente y factible de recuperación de la economía, que proyecte una imagen de solvencia en el tiempo ante la banca y los inversionistas foráneos, y que permita el reembolso del financiamiento en los plazos acordados.

La existencia de un gobierno serio, dotado de un buen programa y de personal directivo altamente calificado, debe transmitir la confianza necesaria para que las transformaciones requeridas se instrumenten de manera eficiente y oportuna. Esto posibilitará negociar una restructuración a fondo de la deuda pública externa, con apoyo del FMI, para que Venezuela pueda atender los compromisos internacionales que de ahí se deriven, pagar sus importaciones y aspirar a dinero fresco.

No habrá milagro petrolero que venga al rescate

La recuperación de la industria petrolera habrá de aumentar los ingresos por exportación de crudo. Pero ya no habrá milagro petrolero. En el mejor de los casos, la producción anual podrá incrementarse en el equivalente a 250.000 a 300.000 barriles diarios. De manera que el país podrá alcanzar un nivel respetable de producción (en torno a los 2,5 millones b/d) en unos seis años. En términos per cápita, la producción estará apenas por la mitad de la existente en los años ’70. Además, la atracción del capital requerido para esta expansión requiere reducir la carga impositiva a la industria, de manera que esta mayor producción, si bien generará empleo y encadenamientos con proveedores locales (los que sobrevivieron junto a los nuevos), no aumentará en proporción los ingresos del estado. Es decir, esta vez la renta petrolera no vendrá al rescate.

Más allá, las expectativas son poco favorables a un aumento abrupto en los precios internacionales del crudo, tanto por el incremento de la oferta (fracking en EE.UU., no limitado por cuotas o restricciones políticas), como por la ralentización y eventual reducción de la demanda por el desplazamiento progresivo de los combustibles fósiles ante consideraciones climáticas, junto a la disminución en los costos de fuentes alternativas de energía. Los esfuerzos por reducir el uso de los combustibles fósiles acortan la vida de Venezuela como país petrolero. Algunos calculan una ventana de apenas tres décadas, antes de que caiga aceleradamente la demanda por nuestro crudo.

La importancia decisiva de mejorar perentoriamente la productividad

La terrible pauperización de la población venezolana a manos de Maduro y los suyos obliga a concertar de inmediato la transferencia de recursos a los sectores más humildes a fondo perdido. Pero la viabilidad de que órganos multilaterales accedan a financiar tales transferencias se sustenta -más allá de consideraciones humanitarias-, en la condición de que sean progresivamente reducidas y/o en su eventual reembolso. El financiamiento externo es renuente al gasto corriente improductivo. Más allá, debe considerarse la sinceración de los precios / tasas de los servicios públicos y el efecto de la depreciación (pass-through) sobre los precios domésticos. De manera que la mejora tan ansiada en los ingresos de la población habrá de descansar, por fuerza, en el incremento en la productividad laboral.

Aumentar drásticamente la productividad cuanto antes es factible, sin mayores inversiones, si se logra aprovechar la holgada capacidad ociosa de la planta productiva del país. Pero numerosos factores entraban tal aprovechamiento. Citamos los siguientes:

a) La ausencia (por emigración) de mano de obra calificada y de talento profesional;

b) El colapso de los servicios públicos y de la infraestructura física;

c) Un marco institucional –leyes, reglamentos— asfixiante y punitivo;

d) La ausencia de servicios especializados de apoyo;

e) La destrucción del tejido industrial (clusters): proveedores, industrias complementarias, de servicios.

f) Una banca “enana”, que ha visto reducir sus activos en dólares en casi un 90% desde 2013;

g) El colapso de la capacidad de respuesta administrativa del Estado en muchas áreas;

h) La necesidad de pagar remuneraciones competitivas para atraer talentos y personal calificado, en una economía en la que el salario promedio está por debajo de los $10 mensuales. La inversión extranjera contemplaría sueldos competitivos para sus operaciones, pero sueldos atractivos que retengan el personal calificado requerido para hacer funcional al estado, recuperar y mantener los servicios públicos, es políticamente problemático cuando la remuneración general es tan miserable.

Es imprescindible articular un programa especial dirigido a resolver estas insuficiencias. La inversión extranjera podrá llenar algunos vacíos en el corto plazo, pero será mayor contando con un programa que identifique las oportunidades y la secuencia de acciones deseada para su superación.

Finalmente, la reestructuración eficaz de la deuda pública externa habrá de liberar recursos requeridos para importar los equipos e insumos que exigirá la reactivación económica, así como los bienes de consumo y servicios para complementar la demanda final. Ello es crucial, dado el enorme peso que tiene su servicio bajo las condiciones actuales. Si bien en el tiempo se prevé que las inversiones se traduzcan en un aumento sostenido en las exportaciones (petroleras como no petroleras), sin reestructurar la deuda la economía verá comprometida su crecimiento en el corto plazo.

Implicaciones para el actual proceso negociación

La criminal destrucción de las condiciones de vida de los venezolanos urdida por la oligarquía militar – civil no ofrece mayores márgenes para negociar un gobierno de transición con factores del chavismo. Estamos frente a un estado fallido que pone en entredicho la propia viabilidad de Venezuela como país si no se acometen de inmediato profundos cambios. Tal precariedad restringe las posibilidades de una transición exitosa, que abra las puertas a una recuperación sostenible, a las siguientes opciones:

1. Gobierno nuevo, comprometido con el rescate de la institucionalidad democrática liberal, resultado de desplazar por completo al madurismo del poder, bien sea por la implosión de sus bases de sustento (renuencia militar a seguir apoyándolo) o por una intervención extranjera, que consiga piso en factores domésticos para reconstruir la democracia. Es un escenario tipo “borrón y cuenta nueva”.

2. Gobierno de coalición con los factores más sanos del chavismo, resultado de una negociación que acuerde las condiciones sine qua non mencionadas al comienzo de este escrito y convoque de inmediato elecciones presidenciales confiables.

El primer escenario es el más favorable para el futuro de Venezuela, pero también el más complejo en términos del manejo satisfactorio de las expectativas de mejora del venezolano, pues necesariamente implica una ruptura completa con la cultura rentista. Si bien durante los primeros dos años (quizás más) tendrá que existir una combinación de servicios subsidiados con transferencias directas a los hogares más necesitados --hasta que la recuperación de la economía pueda asegurar condiciones de vida aceptables a la población--, tales medidas deben entenderse como transitorias. La ventaja de este escenario es que, al tener un programa coherente (Plan País) que de confianza y un equipo de gobierno altamente calificado, será factible concertar un generoso apoyo financiero con el FMI y el BM.

El segundo escenario posiblemente implicará continuar dependiendo de algunos programas de reparto, combinado con subsidios a servicios y controles de precio. Al no enfrentar la cultura populista / rentista, habrá de generar problemas crecientes en el tiempo por su ineficacia en proveer condiciones para sacar a la población de la miseria. Disuadirá, por tanto, la prestación de recursos más allá de la ayuda humanitaria. Quizás la lucha contra la corrupción –de permitirla el componente chavista del gobierno—provea recursos que permitan mejoras apreciables en algunos puntos (servicios públicos, importaciones)

En fin, las condiciones mínimas que justifiquen llegar a acuerdos con factores del chavismo a través de la negociación son muy exigentes. Constituyen una camisa de fuerza irrenunciable. No tiene sentido acordar una coalición que no las cumpla. Y esto va para aquellos ilusionados con un gobierno de “Unidad Nacional”, a cuenta que observan grietas en la estructura mafiosa de dominación. Seguir “muddling through” (seguir haciendo cosas sin estar organizados ni saber bien cómo hacerlo)[2] con un gobierno de transición mixto es inhumano, dadas las condiciones actuales de pobreza extrema y, además, inviable.

Para facilitar un acuerdo satisfactorio se requiere, como todos sabemos, hacer concesiones. Se ha ofrecido, levantar las sanciones a quienes renieguen de la dictadura y ayuden a restablecer el ordenamiento constitucional, la posibilidad de un régimen transicional para juzgarlos --como ocurrió en las negociaciones de paz en Colombia--, así como eventuales períodos de gracia (para que puedan esfumarse). Es de suponer, además, que la inviabilidad futura evidente del madurismo, contribuya a que algunos de quienes lo apoyen, abandonen el barco antes de que se hunda. La incógnita está en saber si esos chavistas “sanos” existen y si tienen suficiente peso en el poder como para asegurar la salida pacífica de la mafia Maduro – cúpula militar.

[1] el sueldo de un profesor titular a dedicación exclusiva de una universidad pública es menos de siete veces el salario mínimo, equivalente, al momento de escribir estas reflexiones, a solo diecinueve dólares al mes.

[2] interpretación del editor

Economista, profesor de la UCV.

himgarl@gmail.com

 10 min


Un altísimo porcentaje de la población venezolana, quizás más del 90%, quiere un cambio en el gobierno de Venezuela. Quiere que Nicolás Maduro se vaya del país y venga un nuevo sistema de gobierno que llene las expectativas de los venezolanos. Para hacer realidad ese objetivo es imprescindible que se tenga unidad de acción. Unidad de pensamiento es imposible en movimientos democráticos, donde cada quien sigue ideologías particulares y se rige por los estatutos de su propio partido político. Cuando se recupere la democracia, esos partidos y sus líderes tendrán la oportunidad de hacer sus ofertas y tratar de captar simpatizantes, pero en estos momentos de tragedia nacional, cuando un gobierno no tiene pueblo pero tiene la fuerza bruta para mantenerse en el poder, todos debemos empujar en la misma dirección, debemos tener unidad de acción. De otra manera, el gobierno continuará con sus martingalas, seguiremos arruinando nuestras vidas y llegaremos a un punto de equilibrio en la pobreza, en la miseria, como ha ocurrido en Cuba durante más de sesenta años.

En estos años de gobierno socialista, partidos y líderes en la oposición han tenido oportunidades para llegar al poder. Es el caso de Henrique Capriles, quien logró amalgamar a la oposición y a pesar de parecer ganador en alguna oportunidad, nunca llegó a la meta deseada. Henrique sabe que le pasó su momento de máximo líder y parece, que acertadamente, lo ha aceptado y se mantiene al margen pero colaborando en la búsqueda de la libertad de Venezuela. Es el caso de las elecciones para la Asamblea Nacional, donde se logró formar una unidad de acción de los partidos de oposición, se obtuvo un triunfo importante que quizás no se pudo concretar en hechos favorables para una apertura democrática, debido a las artimañas y efugios del gobierno.

Esos triunfos mencionados se lograron, en buena medida, por la actividad de la Mesa de la Unidad Democrática, un centro alrededor del cual se tejió una sólida unidad de acción. Desafortunadamente, con el paso del tiempo, apetencias personales y una campaña de descrédito por parte del régimen, motivaron el inicio de la ruptura de aquel monolito, de aquella unidad de acción, comenzaron a formarse fisuras que cada vez se fueron haciendo más grandes hasta llegar a la desbandada de los participantes en la Mesa de la Unidad Democrática, en momentos cuando más se necesitaba estar unidos.

Desde enero de este año 2019, surgió una situación muy especial que fue el desconocimiento de un nuevo período de gobierno de Nicolás Maduro, tanto por el pueblo venezolano como por gran parte de la comunidad internacional, debido a que fue el resultado de unas elecciones consideradas fraudulentas, ilegales. Constitucionalmente, surge un gobierno interino al frente del cual, de acuerdo a la constitución venezolana, queda como presidente encargado el presidente de la Asamblea Nacional, que desde ese momento ha sido el joven ingeniero Juan Guaidó.

Guaidó, dando muestras de una gran capacidad de liderazgo, logró, en pocos días, aglutinar a su alrededor a más del 80% de la población, pero paralelamente demostró una extraordinaria valentía y apego a la constitución y las leyes, que le valió el reconocimiento de unos sesenta países, dentro de los cuales se encuentran las más grandes potencias del mundo con excepción de Rusia y China que tienen otros intereses. Ni siquiera Chávez, que en su momento fue un fenómeno de liderazgo nacional, hubiera logrado esto como lo ha hecho Juan Guaidó, sin el apoyo de los medios y con la hostilidad de las fuerzas públicas y del régimen en general. Por supuesto, esto preocupa al régimen, quien tiene una feroz batalla contra Guaidó, utilizando todos los recursos posibles para desacreditarlo ante la opinión pública, atomizar las fuerzas opositoras, que divididas no llegarán al final de un camino victorioso.

Venezuela tiene una nueva oportunidad para lograr el anhelado cambio hacia un gobierno de progreso y bienestar, pero es absolutamente necesario que todo el pueblo permanezca unido alrededor de este nuevo líder Juan Guaidó, a quien la casualidad lo ha llevado a ese prominente lugar que él ha sabido mantener con inteligencia y valentía. No se debe caer en las trampas divisorias y desesperanzadoras del régimen.

Agosto de 2019

 3 min


Cada mes, por no decir cada semana, Nicolás Maduro nos hace un anuncio oficial que equivale a un salto cuántico, un antes y un después, en la política gubernamental, bien sea en materia financiera, petrolera, educativa o industrial, dándonos siempre la sensación de que su gobierno apenas se inicia y tiene un horizonte ilimitado por delante. Usualmente se trata de un aviso decenas de veces repetido y que, como ya sabemos, no llega nunca a producir los efectos buscados, salvo la creación de una nueva institución o el reemplazo de algún alto funcionario.

Digo lo anterior porque siguiendo el hilo habitual de su discurso, también nos ha hablado en varias oportunidades acerca de la Venezuela Potencia en el campo deportivo, asomando la conquista de hazañas que por lo general no se cumplen, sino que se desdibujan inevitablemente en realidades muy cercanas al fracaso.

Los Juegos Panamericanos

Los recientemente finalizados Juegos Panamericanos, efectuados en Lima, fueron estimados en el pronóstico de los expertos oficialistas como un gran éxito para nuestra delegación deportiva. Pero como muy bien lo escribió en su último artículo Jesús Elorza, de nuevo las medallas logradas por la selección venezolana fueron bastante menos que las esperadas y el doceavo lugar obtenido representa la peor actuación en el historial de estos juegos en lo que va de siglo, una prueba mas del declive que, igualmente, se ha registrado en las últimas competencias (juegos bolivarianos, juegos olimpícos . …).

¿La rebelión va por dentro?

Desde hace algún tiempo, y a propósito de algunos eventos, los propios atletas han planteado sus quejas, acentuadas visiblemente al terminarse los juegos de Lima. En esta oportunidad destacó la voz de Rubén Limardo (por cierto, diputado suplente por el PSUV), ganador de la medalla de oro en esgrima, quien declaró que “…no puede ser que a última hora hagan todo. Si esta fecha se sabe desde hace cuatro años, tengan todo al momento. Planificar es la manera de obtener resultados. Vean el medallero: los que están arriba es porque seguramente tienen una excelente organización», dijo tras subir al podio para recibir su presea. Y, remató indicando que "… quiero solidarizarme con mis compañeros por la situación que están pasando, por todo lo que está pasando en el deporte venezolano".

En o que atañe a la masificación de la actividad deportiva, ésta deja bastante que desear y se encuentra lejos de garantizar el cumplimiento del artículo 111 de la Constitución, el cual establece la práctica deportiva como un derecho de los venezolanos. Cabe indicar, por otra parte, que este hecho representa, además, un factor que incide en el nivel de desempeño a nivel internacional, visto que de la existencia de un deporte organizado y masivo influye en buena medida en la cantidad y calidad de los atletas de élite.

Sintetizando las cosas habría que decir, entonces, que a la administración gubernamental del deporte le ha sobrado épica y le ha faltado transparencia y eficiencia en el manejo de los presupuestos (cuantiosos en varios años), le ha faltado sentido democrático en la gestión empeñándose, por citar apenas un ejemplo, en controlar las federaciones y, por supuesto, no ha atinado en la tarea de desarrollar las bases requeridas para popularizar la actividad deportiva a través de elementos tales como la creación y mantenimiento de espacios e instalaciones, la dotación de recursos para promover la participación de cada vez más venezolanos, la disponibilidad de entrenadores (no pocos se han ido a entrenar en otros países), la promoción de campeonatos en diferentes lugares, ámbitos y niveles, el estímulo a la iniciativa privada, etcétera, todo en medio de desaciertos importantes en la elaboración de estrategias y programas.

Sin entrar en un análisis que no cabe en tan pocas líneas es bueno dejar sentado que, como afirma el citado Jesús Elorza, la situación descrita se deriva en gran parte de la aprobación, hace alrededor de diez años, de la Ley Orgánica de la Actividad Física, la Educación Física, el Deporte y la Recreación, instrumento que fundamenta la concepción de lo que es la política deportiva oficial, la misma que nos ha traído hasta la situación que vive actualmente el país en esta área.

La sociedad deportivizada

El deporte es, sin lugar a dudas, un fenómeno social distintivo de los tiempos que corren. Su importancia social, económica, política y cultural es difícil de exagerar y tiene, seguramente, muy pocos equivalentes en otros ámbitos de la existencia humana. El deporte forma parte de la vida de cada día de casi cualquier terrícola, esté donde esté, al margen de su edad, sin importar su raza o religión, sea hombre o mujer, adulto o niño, hable el idioma que hable e independientemente de la naturaleza de sus inclinaciones políticas. Así las cosas, se ha dicho que la actual es una sociedad “deportivizada” que alberga a millones y millones de personas ligadas a esta actividad, como profesionales o como aficionados, sea porque son espectadoras en un estadio y, sobre todo, frente al televisor, todo ello sin entrar a considerar sus numerosas vinculaciones con la actividad económica. Las estadísticas muestran, en fin, que el tiempo de ocio hoy en día se ocupa principalmente en actividades relacionadas con el deporte.

Diversos estudios elaborados muestran los aspectos que generan las “sinergias” existentes entre deporte y sociedad y, más en particular, entre deporte, cultura y educación y, en general ponen de manifiesto los importantes y variados efectos que causan en los procesos de socialización e integración en una sociedad.

Como diría un amigo mío, Victo Rago, ex Decano de la Facultad de Economía de la UCV, el proceso de deterioro de la sociedad venezolana transcurre sin obstáculos que se le opongan, sin trabas que lo interrumpan, esto es, avanza satisfactoriamente. Igual ocurre con el deporte, digo yo. Tampoco en su caso hay piedras que lo detengan ni vallas que lo desaceleren. ¿No pareciera también, entonces, un proceso que empeora satisfactoriamente?

El Nacional, jueves 22 de agosto de 2019

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Jeffrey D. Sachs

Ya cerca de un nuevo viaje de Donald Trump a Europa para la próxima cumbre del G7 a fines de este mes, a la dirigencia europea se le acabaron las opciones para lidiar con el presidente estadounidense. Ya probaron seducirlo, persuadirlo, ignorarlo, coincidir con él o estar en desacuerdo. Pero la malevolencia de Trump es infinita. De modo que la única alternativa es plantarle oposición.

La cuestión más inmediata es el comercio entre Europa e Irán. No es asunto menor: es una batalla que Europa no puede darse el lujo de perder.

Trump es capaz de provocar enorme daño sin el menor remordimiento, y ahora lo está haciendo por medios económicos y amenazas de acciones militares. Invocó poderes de emergencia en asuntos económicos y financieros para empujar a Irán y Venezuela al colapso económico. Intenta frenar o detener el crecimiento de China con el cierre de los mercados estadounidenses a sus exportaciones, la restricción de la venta de tecnologías estadounidenses a sus empresas y su designación como manipulador cambiario.

Es importante describir estas acciones como lo que son: decisiones personales de un individuo incontinente, no el resultado de la acción legislativa o de algo que se parezca a la deliberación pública. Notablemente, 230 años después de la aprobación de su constitución, Estados Unidos ha caído en un régimen unipersonal. Trump purgó su gobierno de figuras independientes de prestigio (como el ex secretario de defensa, general retirado James Mattis), y pocos congresistas republicanos se atreven a murmurar una palabra contra su líder.

Muchos creen erróneamente que Trump es un político cínico que con sus maniobras busca poder y riquezas para sí mismo. Pero la situación es mucho más peligrosa. Trump es una persona con problemas psicológicos: un megalómano, paranoide y psicópata. Y no son meros insultos: el trastorno mental de Trump lo vuelve incapaz de cumplir su palabra, controlar sus animosidades y restringir sus acciones. No se trata de apaciguarlo: se trata de frenarlo.

Incluso cuando retrocede, sigue alimentando sus odios. Cuando en la cumbre del G20 en junio se encontró cara a cara con el presidente chino Xi Jinping, declaró una tregua en su “guerra comercial” con China; pero pocas semanas después, anunció nuevos aranceles. Fue incapaz de cumplir su propia palabra, pese a las objeciones de sus asesores. Aunque después de eso un derrumbe de los mercados internacionales lo obligó a retroceder temporalmente, no detendrá su agresión a China, y sus acciones descontroladas de cara a este país plantean un riesgo cada vez más grande a la economía y seguridad de Europa.

Trump está empeñado en quebrar a cualquier país que se niegue a inclinarse ante sus demandas. El pueblo estadounidense no es tan arrogante e inmoderado, pero algunos de los asesores de Trump sí lo son. Por ejemplo, el asesor de seguridad nacional John Bolton y el secretario de Estado Mike Pompeo son la cabal expresión de una estrategia extraordinariamente arrogante de cara al mundo, amplificada por el fundamentalismo religioso en el caso de Pompeo.

Hace poco Bolton viajó a Londres para alentar al nuevo primer ministro británico, Boris Johnson, en su determinación de abandonar la Unión Europea con o sin acuerdo. A Trump y a Bolton el Reino Unido les importa un bledo; lo que ansían es el fracaso de la UE. Así pues, cualquier enemigo de la Unión (trátese de Johnson, de Matteo Salvini en Italia o del primer ministro húngaro Viktor Orbán) es amigo de Trump, Bolton y Pompeo.

Trump también anhela lograr la caída del régimen persa, explotando contra Irán un rencor que data de la revolución de 1979 y del recuerdo persistente en la opinión pública estadounidense de la crisis de los rehenes en Teherán. Su animosidad recibe el aliento de líderes israelíes y sauditas irresponsables, que detestan a la dirigencia iraní por motivos propios. Pero también es algo muy personal para Trump, a quien la negativa del gobierno iraní a acceder a sus demandas le parece motivo suficiente para tratar de eliminarlo.

Los europeos conocen las consecuencias de la imprudencia estadounidense en Medio Oriente. La crisis migratoria en Europa fue producto ante todo de las guerras electivas que libró Estados Unidos en la región: las de George Bush (hijo) contra Afganistán e Irak, y las de Barack Obama contra Libia y Siria. En esas ocasiones, Estados Unidos se precipitó y Europa pagó el precio (aunque por supuesto, la gente de Medio Oriente pagó un precio mucho mayor).

Ahora la guerra económica de Trump contra Irán amenaza con provocar un conflicto aun más grande. Ante los ojos del mundo, intenta asfixiar la economía iraní quitándole sus ingresos de divisa extranjera mediante sanciones a cualquier empresa (estadounidense o no) que comercie con el país. Esas sanciones son el equivalente de una guerra, en infracción de la Carta de las Naciones Unidas. Y como apuntan directamente a la población civil, constituyen, o al menos deberían constituir, un crimen contra la humanidad. (Trump sigue básicamente la misma estrategia contra el gobierno y el pueblo venezolanos.)

Europa cuestionó muchas veces las sanciones estadounidenses, que no sólo son unilaterales, extraterritoriales y contrarias a los intereses de seguridad europeos, sino también expresamente violatorias del acuerdo nuclear de 2015 con Irán, aprobado en forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero la dirigencia europea ha tenido miedo de desafiar esas sanciones en forma directa.

Es un miedo infundado. Europa puede enfrentar las amenazas de sanciones extraterritoriales de Estados Unidos en sociedad con China, la India y Rusia. Sería muy fácil denominar el comercio con Irán en euros, yuanes, rupias y rublos, y así evitar los bancos estadounidenses. Y es posible intercambiar bienes por petróleo a través de un mecanismo de compensación basado en el euro como el INSTEX.

De hecho, las sanciones extraterritoriales de Estados Unidos no son una amenaza creíble a largo plazo. Su implementación contra la mayor parte del mundo provocaría un daño irreparable a la economía y a la bolsa estadounidenses, al dólar y al liderazgo de Estados Unidos. De modo que es probable que la amenaza de sanciones no pase de eso: una mera amenaza. Incluso si Estados Unidos intentara hacer cumplir sanciones contra las empresas europeas, la UE, China, la India y Rusia pueden cuestionarlas en el Consejo de Seguridad de la ONU, que se opondrá por amplio margen a las políticas estadounidenses. Si Estados Unidos veta una resolución del Consejo de Seguridad contra las sanciones, entonces la Asamblea General de la ONU puede tomar cartas en el asunto conforme a los procedimientos estipulados por la Resolución 377 de la Asamblea (“Unión pro paz”). Una inmensa mayoría de los 193 países de la ONU repudiará la aplicación extraterritorial de las sanciones.

Si la dirigencia europea cede ante las bravatas y amenazas de Trump en relación con Irán, Venezuela, China y otros países, pondrá en riesgo la seguridad de Europa y del mundo. Los líderes europeos deben darse cuenta de que una mayoría significativa de los estadounidenses también está en contra de la maligna conducta narcisista y psicópata de Trump, que desató una oleada de matanzas y otros crímenes de odio en Estados Unidos. Oponiéndose a Trump y defendiendo el derecho internacional (que incluye el comercio internacional basado en reglas), los europeos y los estadounidenses pueden trabajar juntos para fortalecer la paz mundial y la amistad transatlántica por muchas generaciones.

Traducción: Esteban Flamini

Aug 19, 2019

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/europe-must-oppose-trump-on...

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