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Opinión

Jesús Elorza G.

En la reunión de los colectivos en diferentes sitios del país, los milicianos se preguntaban entre sí, sobre la o las causas que motivaron el suicidio del expresidente del Perú, Alan García.

Algunos pensaban que fue un asesinato ejecutado por las fuerzas imperialistas, debido a la cercanía de García con el Líder Único de la revolución bolivariana, el Difunto Eterno. Otros hablaban de una enfermedad incurable.

En vista de la confusión, decidieron preguntarle a uno de los camaradas, que estudió Ciencias Políticas en la universidad.

-Ese caso es muy complejo. Las razones giran alrededor del caso “Odebrecht”,

¿Qué vaina es esa? dijeron los presentes.

-Tranquilos, ya se los voy a explicar. Este cuento es largo, pero voy a tratar de hacerlo lo más corto posible:

el gigante brasileño de la construcción “Odebrecht” que ha protagonizado el mayor escándalo de sobornos de América, pagó miles de millones de dólares en comisiones ilegales a políticos, funcionarios, empresarios y presuntos testaferros de trece países de Latinoamérica a través de la Banca Privada d´Andorra (BPA), según informes confidenciales de la Policía de este Principado.

Políticos, altos cargos de la Administración, funcionarios, abogados y testaferros de Ecuador, Perú, Panamá, Chile, Uruguay, Colombia, Brasil, Venezuela, República Dominicana, Panamá Islas Vírgenes, Belice y Argentina se presentaron a la BPA para abrir sus cuentas secretas. Odebrecht depositó a estos, mediante transferencias, sobornos millonarios que enmascaró como servicios que nunca le prestaron.

¿Y cuál era su Modus Operandi? preguntaron todos.

- La constructora ha reconocido ante la Justicia de Brasil que costeó campañas electorales de presidentes y candidatos de América. Y que pagó sobornos por, al menos, 788 millones de dólares (680 millones de euros). Los candidatos favorecidos por la contratista ejecutaban después un plan de obras públicas multimillonario a favor de la empresa. Las pesquisas policiales y judiciales han revelado que Odebrecht utilizó las sociedades off shore Aeon Group y Klienfeld Services Limited para pagar los mencionados sobornos a políticos y funcionarios y los gestores de la BPA constituyeron sociedades en Panamá para ocultar a los titulares reales de las cuentas bancarias. Solamente a través de Klienfeld, una firma constituida en el paraíso fiscal de Antigua y Barbuda, se abonaron pagos sospechosos por más de 200 millones de dólares (173 millones de euros).

Me imagino que al amigo de nuestra revolución Alan García lo agarraron con las manos en la masa y por eso se suicidó.

-Así mismo fue. El exvicepresidente de la empresa estatal Petróleos del Perú, designado por Alan García (2006-2011), Miguel Atala Herrera lavó hasta diez millones de dólares en Andorra a través de la sociedad Off Shore Kliefeldd una de las firmas utilizadas por Odebrecht para pagar sus sobornos. Y según revelan las investigaciones. Alan estaba metido en ese ñemeo.

Camarada, me llama la atención que Venezuela aparece en la investigación sobre la empresa constructora de Brasil. Me pudiera ampliar los detalles.

-Claro que sí. En las investigaciones de las fiscalías de Venezuela, Brasil y Houston pusieron al descubierto un esquema de presunta corrupción vinculada al conglomerado brasileño Odebrecht, mediante contratos cuyos montos originales fueron inflados en convenios secretos con la aprobación y firma de altos líderes revolucionarios. Los excesivos incrementos de los contratos se hicieron mediante una estrategia de añadir una serie de adenda, denominados “documentos complementarios”, presentados por Odebrecht de manera secreta, y aprobados por altos funcionarios en Venezuela.

-En uno de los casos más notables, firmado por el Ministerio de Infraestructura y Finanzas de Venezuela, Odebrecht cotizó un precio inicial de USD 991.6 millones cuando ganó la licitación en 2006 para construir el tercer puente sobre el río Orinoco. Para 2014, el costo de la obra ya era el triple del precio original. En el proyecto conocido como “Sistema Vial Tercer Puente sobre el Río Orinoco”, la corporación brasileña presentó cinco “documentos complementarios”, mediante los cuales los costos se incrementaron en más del doble en un período de 9 años. Pese a los incrementos, sin embargo, la obra no fue culminada.

-El contrato original con fecha del 7 de junio de 2006, firmado por Nelson Merentes, entonces ministro de Finanzas, y por Ramón Carrizalez, ministro de Infraestructura, tuvo como contraparte por Odebrecht al gerente Euzenando Prazerez Azevedo, el jefe del conglomerado brasileño que terminó como testigo protegido de la Fiscalía de Brasil, y que reveló la extensa corrupción de sus operaciones en territorio venezolano, incluyendo una “donación” no declarada de USD 35 millones para Nicolás Maduro, supuestamente para financiar la campaña presidencial de 2014.

-Dos de los documentos complementarios de este contrato fueron firmados por Diosdado Cabello, entonces ministro de Obras Públicas y Viviendas, por un valor de USD 4.000 millones adicionales al contrato original de USD 991 millones.

-El resto de los tres documentos complementarios fueron firmados por Rafael Isea (ministro de Finanzas), por USD 1.47 millardos; Juan García Toussaint (ministro de Transporte Terrestre y Obras Públicas), por USD 3.2 millardos; y por José Luis Bernardo Hurtado (también ministro de Transporte Terrestre y Obras Públicas), por USD 1.9 millardos.

Coño camarada, allí lo que hubo fue un acto descomunal de corrupción que bien pudiéramos llamarla “Odebrecht Robo-livariana”

-Así es, y lo que queda es cárcel o suicidio para los implicados, no queda otra.

Los milicianos abandonaron el salón de reunión pensando en quienes serían los Alan o Lula bolivarianos porque candidatos sobran.

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El sábado santo se enciende el cirio pascual, es señal de la resurrección de Jesús que fue crucificado, muerto y sepultado tras un juicio en el que su delito fue hacerse llamar hijo de Dios y por haberse proclamado Rey de los Judíos.

El ciro pascual se enciende cada año y es sustituido para la siguiente celebración. Es la vela más grande que hay en cada iglesia y representa el fue nuevo y la luz que trae a los hombre de buena voluntad la resurrección del Señor, el regreso de la tierra de los muertos de Jesús de Nazaret.

El ritual en el pasado se llevaba a cabo en la puerta de la Iglesia, el sacerdote se reunía con la feligresía y hacían una especie de fogata que representaba el fuego de la resurrección y la luz de la eternidad.

En Venezuela esta será, hasta el momento, la única vela de renovación que se encenderá y que seguramente será encendida desde los corazones adoloridos y cansados de un pueblo que ha tenido por años que vivir a oscuras debido a la incapacidad gubernamental de resolver la grave crisis eléctrica.

La llegada de la pascua este 2019 representa el cambio, la salida de 20 años de calamidad que convirtieron a Venezuela en el país más pobre de la región a pesar de haber sido el más rico de la misma y el que tenía las mejores y más altas expectativas de crecimiento.

La renovación de un país que clama por un cambio estructural en la forma de administrarse para que haya justicia social, para que haya progreso y desarrollo no solo de las capacidades colectivas sino además de la correcta repartición de las riquezas que genere.

Este sábado santo, cuando en las iglesias del país, se encienda el cirio pascual, este será el momento en que los venezolanos enciendan la única llama de esperanza y cambio y no la que los saca de la oscuridad cada vez que es racionada la electricidad.

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Sergio Arancibia

El sector agrícola, el sector manufacturero y el sector servicios, dentro de la economía nacional, no generan – ni han generado en las últimas décadas – los dólares suficientes como para que cada uno de ellos pueda producir los bienes y servicios que les son propios, ni para que puedan ampliar, por la vía de las inversiones, sus capacidades productivas.

Solo los sectores minero y petrolero han cumplido en la economía venezolana el rol no solo de generar los dólares que cada uno de ellos necesita, sino de aportar los dólares que necesitan las actividades agrícolas, manufactureras y de servicios como para funcionar y crecer.

Cada uno de los grandes sectores en que podemos dividir la economía venezolana necesita, para poder existir y crecer, de una importante y permanente dosis de insumos, materias primas, maquinarias y equipos, todo ello importado. Pero por la vía de sus respectivas exportaciones cada sector no genera los dólares necesarios como para satisfacer sus propias necesidades de divisas. Esto generaría un estancamiento estructural o sistémico de la industria, de la agricultura y de los servicios en el seno del país, si es que éste no tuviera la suerte de contar con sectores – el petrolero, y en menor medida el minero- – que han generado durante décadas una cantidad de dólares cómodamente superior a la que necesita para sus propias necesidades de funcionamiento y de crecimiento. En esa medida, el sector petrolero ha posibilitado que el sector agrícola, manufacturero y de servicios, tengan los dólares que necesitan y puedan funcionar y crecer. Pero todo eso se acabó.

Uno de los elementos fundamentales de la dramática situación económica por la que atraviesa Venezuela, en el presente, es el cuadro que exhibe su industria petrolera. Lo que parecía imposible – arruinar una industria petrolera eficiente y poderosa – se logró en el transcurso de los últimos 20 años. Hoy en día la industria petrolera nacional no produce ni la mitad de lo que se producía en décadas anteriores, está altamente endeudada, sin capacidad de inversión ni de mantenimiento adecuado y con bajísima productividad. En esas condiciones no tiene la capacidad de aportar los dólares que necesita el resto de los sectores productivos nacionales.

En la Venezuela del futuro se debe y se puede recuperar la industria petrolera, pero eso tomará varios años. Sin embargo, independientemente de los años que ese proceso dure, el gran objetivo nacional, a mediano y a largo plazo, no puede ser volver a funcionar tal como funcionó la economía nacional en los últimos 40 o 50 años. La gran meta nacional debe ser que cada sector productivo – el agrícola y el manufacturero, fundamentalmente, pero también el de servicios – tomados globalmente, puedan generar los dólares que necesitan. No se trata de que cada empresa, individualmente considerada, genere sus propios dólares, pero si es posible pensar en esos términos con relación a cada sector productivo..

Que la agricultura genere las divisas que necesita no solo para funcionar y crecer sino para alimentar a todos los venezolanos. Eso es enteramente posible. Lo mismo vale para la industria nacional, que debe y puede potenciar sus capacidades competitivas y exportadoras. Ello permitiría que las rentas y las ganancias provenientes del petróleo – aun cuando disminuidas con respecto al peso que ellas tuvieron en la segunda mitad del siglo pasado – sirvan para el desarrollo social y para el desarrollo de la infraestructura física nacional. Pero para que todo esto pueda hacerse realidad se necesita, en primer lugar, proponerse como un país ese gran salto adelante en materia de exportaciones – asumirlo como una política de estado – y generar las decisiones de política económica que la hagan posible.

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Así como las izquierdas latinoamericanas han conformado y mantenido el llamado Foro de Sao Paulo, FSP, las derechas de estos países no cuentan con una coordinadora que les oriente, apoye y financie como lo hace el Foro de izquierda.
El FSP fue fundado por el Partido de los Trabajadores de Brasil en São Paulo en 1990 como una alternativa a la ruta fracasada de Fidel Castro de llegar al poder mediante la subversión y golpes de Estado, como lo intentó Chávez en 1992. En 1990 el único miembro del FSP que ejercía el poder era el Partido Comunista de Cuba. Veinte años después la mayoría de sus miembros accederían mediante elecciones a ejercer el gobierno: La elección de Hugo Chávez, en 1998 fue la primera llegada al poder de un gobierno de izquierda, acompañado de un partido, el MVR, luego PSUV, miembro de dicho Foro. Chávez repitió en 2006 y 2012. A este logro, le siguieron los triunfos de Luiz Inacio Lula da Silva, Tabaré Vasquez, Evo Morales, Michelle Bachelet, Rafael Correa, Daniel Ortega, Fernando Lugo, José Mujica, Mauricio Funes, Dilma Rousseff, Ollanta Humala, Nicolás Maduro, Salvador Sánchez Cerén y Andrés Manuel López Obrador. Los Kirchner no llegaron como miembros del FSP pero fueron apoyados por partidos que sí lo son, como el Partido Comunista Argentino.

Las prácticas de estos gobiernos son muy parecidas a las de Hugo Chávez: Agitación permanente de la opinión pública para mantenerse de primero en la atención del público; polarización o división de la sociedad en “buenos y malos”, donde los malos – a debilitar- son todos aquellos grupos que no formen parte de la coalición gobernante y que tengan cierto poder. Utilizan el marco constitucional para justificarse, pero lo tuercen a su antojo; buscan siempre controlar los otros poderes públicos y, lo peor, a perpetuarse en el poder. La más destacada excepción a esta lista fue la de José Mujica en Uruguay.

Frente a un enemigo declarado de las democracias pluralistas y de las libertades individuales, llama la atención que los partidos y gobiernos democráticos no tengan una coordinadora que los asesore y financie. Así, se ve poca coordinación entre los gobiernos de centro derecha que han surgido en medio de los fracasos de los gobiernos del FSP. Entre lo poco que coinciden es en sustituir a Nicolás Maduro en el poder. Sería conveniente que estos movimientos crearan su propio think tank y fuente de financiamiento porque el contrario es poderoso, como lo reconoció Jair Bolsonaro después de su elección: no le será fácil gobernar frente a esta maquinaria tan poderosa, a la que le desaparece una cabeza por un lado y le surge otra por otro.

@joseagilyepes

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Marino J. González R.

En 2030 todos los países del mundo deberán tener mejores condiciones para el desarrollo sostenible. Esa es la premisa bajo la cual han sido aprobados y reconocidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) desde el año 2015. Estos objetivos, divididos en 17 áreas, constituyen la referencia de gobiernos y organismos internacionales para las decisiones que deberán tomarse en los próximos años para alcanzar lo propuesto. En cada una de las áreas de objetivos se han establecidos metas, unas específicas y otras no tanto, que permiten que se haga el seguimiento.

Asumamos que todos aquellos grupos o instancias interesadas en promover el cumplimiento de los ODS se disponen a tomar las previsiones para alcanzarlos. Y para ello examinan en detalle cada una de las áreas señaladas. Lo primero que se puede notar es que los ODS están colocados en una lista (del número 1 al 17). La utilización de una lista tiene valor práctico. Indica que allí están contenidos los aspectos de mayor relevancia. La presentación de una lista también puede indicar que cada uno de los elementos tiene igual relevancia. Sin embargo, también sabemos que en una lista se colocan en primer lugar algunos elementos y otros se colocan posteriormente. De manera que no es tan cierto que todos los elementos tienen similar connotación. En otras palabras, el orden en la lista también tiene importancia.

En los primeros ocho ODS, el criterio corresponde a aquellas condiciones que deben ser mejoradas para que el desarrollo sea efectivamente sostenible y llegue a todas las personas en todos los países. El primero de los ODS es eliminar la pobreza, lo cual debe ser uno de los aspectos que cuenta con un amplio consenso. Y así sucesivamente se señalan otros ODS, entre los cuales se incluye desde la seguridad alimentaria hasta la energía para todos. Ahora bien, ¿qué tienen en común estos primeros ocho ODS? Aparte del hecho relevante de que expresan demandas muy significativas en el ámbito global, el cumplimiento de cada uno de estos ocho ODS supone que la sociedad de cada uno de los países tiene los recursos necesarios y suficientes para tal fin. Lo cual, por supuesto, es altamente deseable. Pero, estar de acuerdo en la satisfacción de una demanda o necesidad no significa que la sociedad tenga los recursos para garantizarla. Se requiere que esos recursos estén disponibles. Y para que estén disponibles es fundamental que se tomen decisiones que afectan la producción de valor en cada país. Es decir, no es posible garantizar los recursos si previamente no se ha afectado la forma en la que la sociedad genera los recursos.

Este aspecto, la producción de valor, aparece en el ODS número 9, cuando se señala que se deberá promover la “industrialización sostenible” y la innovación. El lugar en el que está colocado este ODS no expresa realmente la importancia que tiene. Es decir, no se refleja en los ODS que la producción de valor sea una condición previa para la garantía de los otros ODS. De hecho, del total de 17 ODS, solo uno está relacionado con la producción de valor y el ingreso suficiente para que los otros ODS sean alcanzados. De allí que pudiera quedar la impresión, especialmente desde el ámbito de la gestión pública, que la mera concentración en el resto de los ODS será suficiente. Más bien puede pasar todo lo contrario, esto es, que los países, y especialmente, los gobiernos, no puedan asignar los recursos requeridos, fundamentalmente porque no han sido creados. La aspiración de los ODS puede terminar generando una mayor frustración.

No es lo mismo, entonces, enunciar una lista de ODS que proponer un marco de referencia en el cual se indiquen condiciones previas que deben alcanzarse. Entre estas condiciones previas, existen dos de especial consideración. La primera es el marco institucional en el cual los países toman decisiones, es decir, las reglas que permiten acordar objetivos de desarrollo. Este aspecto está involucrado en el ODS 16, pero al ser presentado dentro de una lista general no se puede apreciar cabalmente.

La segunda condición previa es la relacionada con el tipo de producción que se requiere en la casi tercera década del siglo XXI, justamente la que está asociada con la generación de tecnologías de la mayor sofisticación. Este aspecto no se encuentra desarrollado en los ODS de manera que permita asociar la creación de valor con la generación de los recursos que se requieren para satisfacer los otros ODS. En resumen, tanto los aspectos institucionales como la generación de valor son condicionantes que deber ser tomados en cuenta en esta perspectiva.

En los próximos años, la implementación de políticas para alcanzar los ODS en 2030 adquirirá mayor relevancia. Distinguir que el centro de la acción pública está fundamentalmente en la generación de un nuevo modelo de producción en el que se enfatice la creación de valor, especialmente compatible con la sociedad del conocimiento, será quizás la mayor diferencia.

Continuar con la ejecución de políticas en las cuales se intente mejorar las condiciones de vida sin modificar la producción de valor, será la forma de mantener, e incluso ampliar, el rezago de los países de América Latina con respecto a los países de mayor desarrollo sostenible.

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Gladys Socorro:

Fui al punto. Al igual que el país, no había tiempo para rodeos. Nos saludamos y de una vez surgió la pregunta de las mil lochas que sólo él podía contestar: ¿hasta cuándo se extenderá esto, Presidente? Con su sonrisa amplia, serena y llena de certezas, me sorprendió con su respuesta. Se me erizó la piel. Aunque no puedo revelarla porque prefiere no generar expectativas entre los venezolanos, les aseguro que vamos mucho mejor de lo que yo pensaba.

Juan Guaidó no tiene dudas. Su seguridad en el buen desenlace de los acontecimientos se contagia. Su manejo de información privilegiada hace que pueda abrir el foco de su visión, cosa que muchas veces se nos hace cuesta arriba al resto de los mortales que estamos sumidos en la lucha diaria por sobrevivir. La sonrisa lo delata. Es la seguridad del vencedor, de quien tiene el juego ganado y que además conoce las cartas del adversario. Transmite calma y determinación.

Conversamos el domingo entre sus actividades de calle en Cabimas y Lagunillas, en mi estado Zulia, tan vapuleado por la crisis nacional. El sol y el calor eran inclementes. Apenas se había cambiado la camisa para seguir. Era de un celeste muy suave, siempre en su línea de colores claros. Con la irreverencia propia de su generación me aseguró mirándome a los ojos: “nosotros somos mayoría y no permitiremos que un grupito de 9 personas mantengan secuestrado el país. Ellos ya perdieron y nosotros no nos vamos a dejar joder”. Se despedía de la dueña de la casa que lo albergó por 15 minutos, una señora mayor a la que le brillaban los ojos llenos de esperanza. Y es que ella también sabe que falta poco, que ya estamos en la cuenta regresiva para que toda esta pesadilla termine.

La confesión de Guaidó fue un alivio para mi alma. Me sorprendió, lo reconozco. A lo mejor la incertidumbre y el escepticismo me estaban ganando la partida. Pero ese muchacho de 35 años con canas prematuras que aparecieron en los últimos dos meses, disipó mis miedos, mis dudas y me sacudió la desesperanza.

Yo sólo tenía una pregunta que hacerle, la misma que tenemos todos. Sólo necesitaba aclarar el ¿hasta cuándo?. Porque al igual que usted, yo también me desplomo y no le veo fin a esta tragedia. Al igual que usted yo también me desgasto entre 20 horas sin electricidad, días enteros sin agua y en las interminables colas para comprar comida o echar gasolina. Al igual que usted a mí la economía de este país también me quedó grande. Al igual que usted yo también debo lidiar con familiares enfermos para quienes no hay medicinas y mucho menos atención hospitalaria. Al igual que usted yo también he pensado en abandonarlo todo y buscar en otro lugar la calidad de vida que nos han arrebatado.

Insistí en la pregunta. Soy más racional que otra cosa. El periodismo reclama precisiones. Pero Guaidó no fue sólo emoción, también fue razón. “Te lo pongo sencillo: ¿ellos tienen más gente que antes? No. ¿Ellos tienen más recursos que antes? No. ¿Ellos tienen más poder que antes? No. Entonces, ¿cómo vamos?”.

¡Anímese, que falta poco!. Echemos el resto. No trato de venderle potes de humo, Guaidó me lo dijo y yo le creo. No tengo motivos por qué dudar. En mis artículos semanales me comprometo a inyectarle el optimismo que nos hace falta para el último empujón. A lo mejor sólo necesitaré 8, quizás menos. Lo cierto es que, literalmente, “no es tiempo de hacer maletas, es tiempo de hacer país”.

Gladys Socorro
Periodista
Twitter: @gladyssocorro
Blog: gsocorro.wordpress.com

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Félix Arellano

El espíritu libertario es una de las razones fundamentales de nuestra vida y, por consiguiente, de la historia. Este segundo aspecto ha sido ampliamente desarrollado en la vasta y compleja obra de Friedrich Hegel y son varios los filósofos que siguen esa línea. Adicionalmente, nuestra vivencia cotidiana lo está reafirmando constantemente, los venezolanos llevamos varios años tratando de retomar la libertad, restablecer la democracia y lograr el respeto de los derechos humanos y, además, son varios los pueblos del mundo que comparten esta lucha. Con optimismo pudiéramos asumir que al final la libertad se impone, pero el camino para alcanzarla es muy duro y, al creer que hemos llegado al objetivo, su estabilidad es muy frágil.

En estos momentos el espíritu libertario está avanzando con fortaleza en Argelia y Sudan ya han salido Adelaziz Buteflika y Omar al Bashir respectivamente; también está efervescente en Venezuela y Nicaragua y latente en Cuba. En estos países de la región lograr la salida se presenta complicado pues, entre otros, los conflictos se han internacionalizado profundamente, entrando en la geopolítica mundial; por lo tanto, la construcción de las soluciones implica una compleja negociación entre las potencias.

En efecto, en estos momentos, el caso venezolano representa una potencial ficha en las negociaciones entre China y Estados Unidos, que avanzan en la construcción de un gran acuerdo comercial y, como pudimos observar recientemente, ya ha sido objeto de consideración con Rusia, en la reunión efectuada en Roma entre Elliott Abrams y el vicecanciller ruso Sergei Ryabkov. Por otra parte, la Unión Europea ha creado el Grupo de Contacto para trabajar en una salida pacífica y electoral. Por otra parte, una posible sorpresa sería que la dictadura cubana, que ejerce un enorme control en la toma de decisiones venezolanas, también utilice el caso venezolano para negociar con las potencias y evitar un nuevo periodo especial, que en esta oportunidad podría resultar devastador.

Otro elemento que torna compleja la salida en los países de la región, tiene que ver con el impacto de la ideología. El izquierdismo populista y el manipulador culto a la personalidad en estos países, por una parte, cercenan la capacidad de pensar de sus seguidores; pero también le permite ganar apoyos mecánicos irresponsables. Movimientos radicales, como el Foro de San Pablo, se anota un nuevo fracaso al respaldar los procesos autoritarios que violan de los derechos humanos, solo por el hecho de utilizar la franquicia revolucionaria de la “dictadura del proletariado”, cuando en realidad constituyen una élite que busca perpetuarse en el poder, con un falso y manipulador discurso humanista orientado a captar ingenuos.

También se suma en lo intrincado de la salida de los países de la región, la diversidad de negocios no transparentes que sostienen el autoritarismo; en particular, el narcotráfico, pero son diversos los negocios ilícitos que promueven las cúpulas en el poder y contribuyen a radicalizar sus posiciones. En consecuencia, presionar para lograr la salida implica, entre otras, sanciones innovadoras, que puedan incidir directamente en la cúpula en el poder, afectando sus negocios, sus vinculaciones y testaferros; y minimizando las consecuencias sociales. Naturalmente el poder siempre manipulará la situación y presentará las sanciones como “el ataque imperialista contra el pueblo soberano”, más aún si tiene una hegemonía comunicacional y logra repetir mil veces un falso discurso. Adicionalmente, la formulación de incentivos para propiciar la negociación de la salida también exige de creatividad y una dura aceptación. No se trata de promover impunidad, pero lograr la salida es necesaria ante la pesadilla del autoritarismo.

La lucha por la libertad exige de un enorme esfuerzo que incluye, entre otros, mucha coordinación. Resulta fundamental la unidad de las fuerzas que desarrollan el trabajo titánico por la libertad y su articulación con la comunidad democrática mundial, que respalda la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Las divisiones, las agendas personales, el protagonismo individual solo benéfica al poder y debilitan la lucha. También conviene tener presente que es estratégico trabajar en varios escenarios, pues “todas las opciones deben estar en la mesa”, pero se debe propiciar su articulación, que todos los escenarios se complementen.

En el caso venezolano resulta conveniente en estos momentos que también trabajemos con la propuesta europea del Grupo de Contacto, que debería articular los esfuerzos del Grupo de Lima, los Estados Unidos, el Vaticano y nuestra oposición democrática. Con este ambicioso grupo bien articulado se puede trabajar con flexibilidad y creatividad, entre otros, en las sanciones, en los incentivos y en el escenario de los países aliados al autoritarismo, específicamente Rusia, China e incluso Cuba, para propiciar respaldos para una salida pacífica y electoral.

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