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Opinión

De nuevo hay enfrentamientos en los medios de comunicación y en las redes entre factores de la oposición, unos apoyando la ruta que ha trazado el Presidente interino Juan Guaidó, y otros que proponen cambiarla exigiendo la aplicación inmediata del artículo 187, numeral 11, donde se autorice la intervención militar extranjera. En este último grupo hay múltiples explicaciones por las que llegan a la demanda de apoyo de fuerzas foráneas, pero en todas está subyacente el de que “hemos hecho de todo” para salir de este régimen autocrático, resumido en “#SolosNoPodemos” de muchos “tuiteros”. Esta es una convicción errónea, sin sustento, en mi particular criterio. Veamos:

Las elecciones parlamentarias de diciembre del 2.015 le dimos una pela al régimen. Fue una campaña unitaria, asumiendo la gran mayoría de los factores democráticos el mercadeo de los candidatos opositores, así no les gustaran. Hubo pocos lunares, pero fue la excepción. Es decir, realmente hubo UNIDAD electoral, por eso los resultados.

Muy pocos días después, el 5 de enero, se produjo un cisma en la coalición opositora, al escoger a la directiva de la Asamblea Nacional. El fondo de la crisis fue la interpretación errónea que hizo la dirigencia política de la derrota madurista: lo vieron como el fin del régimen y, como consecuencia, lo que venía era un nuevo presidente de las filas de la alternativa democrática, cargo al que muchos aspiraban. Un dirigente nacional de uno de los partidos más activos y de mayor militancia, nos confesó que estaban divididos y que todas las decisiones fueron “matizadas” por la “candidaturitis presidencial”. Esta división explica el que cometieran graves errores, como por ejemplo, que la AN no se pusiera de acuerdo para declarar nulo el proceso de selección de Magistrados exprés del TSJ, llamando de nuevo a concurso a los aspirantes, tal como lo permite la “Ley de Procedimientos Administrativos”. Sabemos la consecuencia de ello.

Esta división marcó la gestión de los partidos políticos contrarios al régimen durante los años 2016, 2017 y 2018, asistiendo a las elecciones de gobernadores claramente confrontados, así como a las elecciones subsiguientes, llamando unos a votar y otros a la abstención. Todo este tiempo, la confrontación ha estado aderezada por la pretensión de imponer rutas, insultos y descalificaciones entre quienes han tenido posiciones diferentes en el mundo opositor. Esto se profundizó y permeó a la base social en el 2018, lo que generó dos resultados: 1) atizó la frustración, llegando a la desesperación y la desesperanza de la población venezolana; y, 2) el desprestigio de los propios partidos políticos y sus dirigentes, realidad constatada en las encuestas de opinión. Lo ocurrido demuestra muy poca capacidad del liderazgo para construir consensos, característica esencial de los buenos dirigentes, y sí mucho de autoritarismo que tanto le criticamos a los jefes del régimen.

Comenzando el 2019 se recupera el ánimo de la población, al no ser visibles las diferencias, resurgiendo las marchas y concentraciones multitudinarias, pero al poco tiempo aparece de nuevo la división, siendo Guaidó el centro de las críticas, y sobre quien deslizan sospechas sobre las causas de su comportamiento. De nuevo, vamos camino a un nuevo letargo por la desesperación de los dirigentes, lo que es comprensible en el ciudadano de a pie, pero nunca en quienes quieren dirigir un país.

Lo descrito hasta aquí apunta en una dirección diferente a la etiqueta que hace el título: “#SolosNoPodemos”, sino a “#DivididosNoPodemos”. Claro que así, sin UNIDAD, no podremos derrotar a un régimen autoritario y sin escrúpulos. Por lo tanto, y aprendiendo de los errores del pasado, la etiqueta que deberíamos utilizar es: #UnidosDerrotamosAlUsurpador, siempre que se acompañe de unidad verdadera, lo cual no niega la aplicación en el momento adecuado del artículo 187-11, menos la alianza con los países amigos, que son la mayoría del globo terráqueo, ni consulta alguna al soberano.

edgarcapriles@gmail.com

@edgarcapriles

 3 min


Jesús Seguías

Análisis

Desde el 3 de febrero pasado, cuando escribí “Hoja de Ruta sin Retorno”, he permanecido prácticamente callado. Decidí esperar con paciencia y serenidad los resultados de la estrategia opositora venezolana (Cese a la Usurpación, Gobierno de Transición, y Elecciones Libres).

A pesar de sospechar que estábamos frente a una nueva aventura política, decidí ponerme en neutro y confiar, tal como me lo pidieron varios amigos. Decidí validar sin prejuicios qué tanto se estaban tomando las decisiones correctas, y además verificar hasta dónde estaban dispuestos a llegar los actores que manifestaron que a Nicolás Maduro le quedaban “horas” en el poder.

EL DESLINDE NECESARIO

Creo que llegó la hora del deslinde definitivo en las fuerzas opositoras. Esto ayudará a liberar las fuerzas reprimidas en las partes confrontadas. Hay dos tendencias claramente antagónicas:

La Tendencia A. Por un lado están quienes quieren presionar duro para provocar un cambio a través de las armas (con consecuencias terribles para el futuro inmediato y mediato de la nación). La insistente campaña de algunos dirigentes opositores empeñados en exigir a la Asamblea Nacional que autorice una intervención militar extranjera en Venezuela, y que Juan Guaidó se ponga al frente de esta solicitud, es demostración del nivel desencuentros irreversibles que existen en el campo opositor.

Pregunto a los proponentes de la intervención militar extranjera: ¿creen en verdad que lo que hace falta para que USA, Colombia, Brasil y el resto de la comunidad internacional intervengan militarmente en Venezuela es una petición administrativa de la AN, y basada por lo demás en un artículo que sólo habla de “autorizar Misiones Militares” que cooperen con las FANB de Venezuela (hoy en manos del gobierno de Nicolás Maduro) más no de ataques militares en territorio nacional?

Más aún ¿Qué país ha dicho que está listo para intervenir militarmente en Venezuela y que sólo necesita una autorización administrativa de la AN para proceder?

¿En qué cabeza cabe que los diputados venezolanos pueden dictar órdenes a los estadounidenses, colombianos y brasileños para que expongan sus vidas en tierra ajena mientras los venezolanos se encargan de darles ánimo sin exponer su propio pellejo?

Tal como dije el pasado 10 de marzo en un micro análisis de circulación muy restringida, la propuesta de activar el Art. 187-11 de la CRBV evidencia desvarío, ingenuidad, y desconocimiento supino de la política internacional. Es normal que eso le ocurra a un ciudadano común, sin experiencia política e imbuido en horrendos sufrimientos y bajo un comprensible desespero por poner fin a esta tragedia. Pero que esa propuesta la estén asumiendo dirigentes políticos es reprobable, es totalmente irresponsable. Y más reprobable es que decidan volcar toda su ira y frustración en contra de Juan Guaidó y los diputados de la AN por negarse a semejante estupidez.

Afortunadamente, Juan Guaidó y la Asamblea Nacional tomaron la decisión de ignorarlos y actuar con madurez y sabiduría. Saben, como bien claro lo dijo Guaidó, que no estamos para más aventuras irresponsables.

¿Acaso el fracaso de la Ayuda Humanitaria el 23 de febrero no fue la mejor demostración para saber hasta dónde está dispuesta a llegar la Comunidad Internacional? ¿Qué mayor prueba que esa?

La Tendencia B. Por otro lado están los que quieren presionar fuertemente (a través de las protestas y de las sanciones internacionales) pero para forzar al gobierno a encontrar una salida negociada a la crisis, que garantice la paz y una indispensable cohesión social y política para poder reconstruir al país al más breve plazo.

El problema es que estos son fácilmente manipulables por una minoría ruidosa, demostrando con esa actitud débiles convicciones y pobre coraje para llevar adelante una estrategia. Están paralizados en la acción política.

La dirigencia opositora que cree en la vía de los acuerdos negociados a veces habla pensando en complacer inútilmente a esa minoría, abandonando torpemente a la mayoría absoluta de venezolanos que quiere un cambio sin guerra. Sus discursos son ambiguos y timoratos. Quieren estar bien con todo el mundo y finalmente quedan mal con todo el mundo. Nadie está capitalizando el descontento de las mayorías silenciosas que quieren un cambio ya, sí… pero sin violencia. Estos permanecen en el limbo y sin liderazgo. Ellos son otro mundo inexplorado por los dirigentes políticos opositores.

A estos dirigentes opositores de la segunda tendencia ni siquiera les basta el inmenso apoyo que les ha dado toda la comunidad internacional (que claramente ha dicho estar a favor de la salida negociada) para ir de frente en la ejecución de esa estrategia. Eso en política es mortal. Resultado: desaciertos, desenfoque, confusión, parálisis, y finalmente más desesperanza.

Definitiva y lamentablemente, entre ambas tendencias ya no hay términos medios, son antagónicas. Los primeros hablan mucho pero no asumen las armas (charada criolla). Y los segundos tampoco actúan en consecuencia con lo que creen realmente.

Ya no hay tiempo que perder. Los primeros que procedan, tomen las armas y se vayan a la guerra (que Dios los bendiga y los proteja en su aventura). Los segundos que se conecten con la mayoría de los venezolanos, que salgan a sinergizar con los chavistas inconformes, y que sigan presionando con todos los poderes que tengan a mano para forzar a una negociación ganar-ganar. Eso sí, deben evitar emprender cualquiera acción que atente contra el objetivo central.

Llegó la hora de definir el foco, el objetivo, y luego construir una nueva narrativa política y ponerla a rodar sin más dilaciones, con una estructura de carácter neuronal que produzca resultados exponenciales.

Esa nueva narrativa política serán las dendritas que articularán a miles de neuronas sociales y políticas existentes en el país pero que están desconectadas y, por tanto, con limitada capacidad para impactar políticamente. Son los miles de grupos organizados de la sociedad civil y todas las fuerzas políticas que aun no terminan de amalgamarse y crear una sola partitura política (la narrativa) que los envíe a la calle a conquistar a esa mayoría y presentarse al país y a la comunidad internacional como una fuerza respetable.

TRES ASUNTOS CLAVE

Venezuela está entrampada en una confrontación inútil, bastarda y suicida. Estamos al borde de la auto disolución progresiva del país. Al borde de un desenlace fatal.

Ya comienzan a sobrar los diagnósticos sobre las crisis que conmueven al país. Las denuncias y la catarsis ya no son muy útiles. Ya no queda nada nuevo por decir. Ya casi todo está dicho y definido. Es hora de tomar decisiones, con mucha determinación, total enfoque y basados en convicciones profundas.

Venezuela está ahora frente a dos hojas de ruta (la del gobierno y la oposición) que sólo conducen al infierno. No tiene sentido estar buscando culpables. Es una tarea inútil y además sesgada por la farsa, las emociones destructivas y la hipocresía. Es tiempo perdido. Simplemente hay que actuar pensando en el país como un todo.

Creo que por fin estamos entendiendo tres asuntos clave en la confrontación que afecta a Venezuela: Una. Que nos estamos comiendo un elefante, y por tanto hay que comérselo en rodajas. Dos. Que todos estamos montados sobre una bomba nuclear, y por tanto hay que desmontarla con la precisión y minuciosidad de un anti explosivista para que no estallemos todos en mil pedazos. Y tres. Que la Hoja de Ruta opositora (que parecía irreversible antes del 23 de febrero pasado) ahora debe ser revisada sin dilación.

Creo que ya estamos aceptando que en Venezuela no hay espacio para el Cese de la Usurpación en los términos planteados en la Hoja de Ruta opositora (a decir verdad, en el fondo es una réplica de “La Salida” y del “Maduro vete ya”). Ni Maduro tiene pensado renunciar, ni hay poder de coacción armado para forzarlo a irse.

Las FANB están desarticuladas en su línea de mando, los oficiales y tropas están a merced del aparato de inteligencia y contrainteligencia del gobierno, es decir, del terror. Las fuerzas armadas revolucionarias (milicias, colectivos armados, guerrillas nacionales e internacionales, grupos de asalto bien entrenados y con armas de última generación), se han convertido en el mayor poder de coacción armado del gobierno de Maduro. Es su real sustento. Es su fuerza confiable. Tienen 16 años construyéndola con propósitos claros.

O lo que es lo mismo, ya el gobierno de Nicolás Maduro tiene su propia “Guardia Republicana” la cual ha opacado el poder de las FANB como institución. Éstas perdieron desde hace rato el monopolio de las armas, y con la anuencia de la misma oficialidad.

Tanto opositores como algunos países vienen sobreestimando en rol de la FANB en Venezuela. Tenemos tiempo advirtiéndolo. Ya no son la misma FAN del 2002. El escenario de conspiración castrense está descartado. Por eso algunos políticos venezolanos y varios presidentes se equivocaron el 23 de Febrero pasado cuando afirmaron que a Maduro le quedaban horas en el poder. El cálculo fue errado.

En las últimas semanas han ocurrido dos grandes acontecimientos en Venezuela: el fracaso de la Ayuda Humanitaria programada para el 23 de febrero y el gran apagón eléctrico continuado en todo el territorio nacional. Y hasta ahora no ha pasado nada parecido a lo que muchos creen que debe ocurrir en casos como estos. Ello amerita profundas reflexiones y crudos análisis. Algo está ocurriendo al margen de las estrategias opositoras. Los diagnósticos no son correctos, por tanto las estrategias tampoco lo serán.

Armar el “gran peo” no pasa por comprender que hay razones para ello (pues sobran en millones) sino por derrotar al miedo, al terror del estado, y eso ya es un asunto extremadamente complicado. Cuando las personas son forzadas a escoger entre tener electricidad o la vida, la opción es clara. Los cubanos aun están lidiando con ello tras 60 años de revolución. Y así ha sido en todos los países gobernados por “comunistas”.

Tampoco hay posibilidades a corto plazo (y quizás nunca) de una intervención militar internacional. La comunidad internacional que ha condenado a Maduro y brindado apoyo a Guaidó ha dicho a los venezolanos que están a su lado, que enviarán ayuda económica a los venezolanos en éxodo, y que van a presionar muy fuerte en el plano diplomático y económico pero han desechado la intervención militar de manera muy diáfana.

El único que ha dicho que “todas las opciones están sobre la mesa” es el gobierno de Trump. Sin embargo este discurso apunta más a propósitos disuasivos que a la real posibilidad de intervenir militarmente (pero cuidado, provocar a los Estados Unidos puede ser una apuesta costosa, pues Trump es Trump). Lo que cabe resaltar es que todas las presiones internacionales llevan como propósito impulsar una salida negociada con el gobierno de Maduro (elecciones o gobierno de transición).

De manera que por fin estamos entendiendo que la solución a la crisis que conmueve a la nación está en manos de los venezolanos y no de los extranjeros. Nosotros adelante y ellos atrás. Jamás al revés.

Tampoco hay espacio para Elecciones Libres pues para Maduro ir a unas elecciones libres o referéndum consultivo representa exactamente lo mismo que poner sobre la mesa la renuncia al cargo. Por tanto le sería mejor renunciar de una vez, y se evita la humillación de una descomunal derrota donde se cuenten los venezolanos que no lo quieren. Y como quiera que la renuncia quedó totalmente descartada en la estructura del poder del gobierno de Maduro, también queda descartada una nueva elección presidencial o algún referéndum consultivo.

LA NUEVA HOJA DE RUTA

Por fin estamos entendiendo que, tal como lo han expuesto claramente los Estados Unidos, Grupo de Lima y Comunidad Europea, la solución a la crisis venezolana pasa por un escenario de sinergias entre opositores y chavistas (éstos en todas sus variantes, tanto civil como militar). Ambos por igual no están satisfechos con el país que tenemos.

Pero esta sinergia chavismo-oposición (y aquí entramos a definir el foco y la nueva narrativa política país) nos obliga a desplegar propuestas confiables, ganar-ganar, para ambas partes. Y esto aún no ha ocurrido. Es la verdad. Y este es precisamente el eslabón perdido en toda esta trama fatal. Mientras ambos bloques políticos no diseñen una Hoja de Ruta País consensuada, dejando a un lado sus particulares hojas de ruta probadamente fracasadas (pues han estado basadas en una confrontación ajena a la sociedad del siglo XXI), no habrá manera de detener la tragedia.

En primer lugar, todo pasa por definir el foco, es decir, el objetivo central de la nueva narrativa política en el país. Y el objetivo no es otro que superar a la mayor brevedad las 5 grandes crisis que padecemos:

La crisis económica

La crisis de seguridad ciudadana

La crisis de servicios básicos (salud, electricidad, agua y comunicaciones)

La crisis institucional y política

La crisis emocional

El foco debe estar en las 5 crisis de manera simultánea, no en una. Así que cada vez que se diseñe una estrategia política, esta debe estar alineada con los objetivos trazados. No estar enfocado o hacer cualquiera cosa que atente contra el objetivo es sencillamente ejecutar el fracaso. Esto es un principio de la gerencia política y también de todas las gerencias en general.

Hasta ahora el foco ha estado en la crisis institucional y política. Esta es la que menos le interesa al país global. Por eso el alto rechazo que existe hacia la dirigencia política y a los partidos políticos. Los venezolanos se sienten traicionados por sus políticos, los cuales sólo piensan en sus asuntos particulares pero prestan poca atención al sufrimiento de las mayorías. La politización de la Ayuda Humanitaria es la demostración más palpable de lo que afirmamos.

Cuando la dirigencia opositora evalúe con mayor objetividad y menos pasiones al chavismo gobernante y no gobernante, nos estaremos aproximando más rápido a la solución de la crisis en Venezuela. Igual pasará cuando el gobierno sepa evaluar objetivamente sus propias fuerzas y las de sus adversarios; entonces podrá aproximarse a buscar una salida urgente a este conflicto.

Creo que falta poco para que ambos (gobierno y oposición) entiendan que están acorralados, que nadie podrá pulverizar al otro, y que Venezuela sigue en caída libre hacia el infierno, donde todos, absolutamente todos saldremos perdiendo.

Por fin estamos entendiendo que este conflicto ya no es entre venezolanos que tienen diferencias políticas sino entre venezolanos que decidimos pasar como los seres más idiotas (pendejos, decimos en Venezuela) del planeta.

El país se está cayendo a pedazos, y tenemos a un gobierno que ya casi no gobierna nada, que no tiene futuro y que sigue aferrado tercamente a la tragedia y al sufrimiento de todo un país, incluyendo el de sus propios militantes. También tenemos a una oposición que, aunque está bien empoderada internacionalmente y ahora tiene a un nuevo líder (que cada día demuestra mayor aplomo), a nivel nacional luce aún débil y a la deriva de las circunstancias, dividida en dos facciones ninguna de las cuales actúa en consecuencia con lo que proponen (se limitan a lacerarse mutuamente, perdiendo el tiempo y alimentando la desesperanza).

Los venezolanos estamos padeciendo de una incapacidad brutal para ponernos de acuerdo y evitar el suicidio colectivo. Estamos olvidando que este es el único país que tenemos, tanto chavistas como opositores. Afuera siempre seremos extranjeros, aun cuando nos brinden el mejor trato y las mejores oportunidades. Y lo estamos destruyendo. Obvio, el gobierno de Maduro tiene la más alta responsabilidad en esta tragedia. Él lo sabe.

Gracias a esa absurda incapacidad de ponernos de acuerdo, la comunidad internacional comienza a perderle el respeto a los venezolanos, tanto a los del gobierno como a los de la oposición.

Los chinos le están poniendo cara dura a Nicolás Maduro (sólo le están enviando ayuda humanitaria). Están fastidiados de una izquierda que no ha evolucionado, que no termina de entender dónde está parada, y que está poniendo en riesgo todo su futuro político de manera torpe e innecesaria. Igual ha pasado y está pasando con otros aliados de Maduro.

No es descartable que en cualquier momento los rusos (que son más hombres de negocios que revolucionarios de izquierda) “negocien” a Maduro con los Estados Unidos. Si lo hizo el comunista Nikita Kruschev cuando negoció con Kennedy, a espaldas de Fidel, la retirada de los misiles nucleares soviéticos de Cuba, con más razón lo puede hacer el pragmático Putín. Ya veremos.

Estados Unidos, Colombia y Chile quedaron con un sabor amargo cuando (¿por equivocadas informaciones?) sus presidentes se atrevieron a anunciar públicamente que faltaban “horas” para que Maduro saliera del poder en vísperas del 23 de Febrero pasado ¿Qué falló? ¿Con qué contaban y no se dio? ¿Quién le mintió a quién? ¿O todos pecaron por inocentes?

Esos cabos no pueden quedar sueltos en las salas estratégicas opositoras en este justo momento. Sería un error capital ignorarlo a la hora de diseñar y desplegar las nuevas estrategias, pues se corre el riesgo de prolongar las equivocaciones y de perder el impulso del apoyo de la comunidad internacional, la cual en cualquier momento puede fastidiarse también y dejar a los venezolanos a la deriva de nuestra inmadurez e incompetencia. Siempre, pero siempre, las rectificaciones a tiempo conducen más rápido a la victoria que la terquedad y la arrogancia.

EL GOBIERNO DE TRANSICIÓN

En este momento, tanto el gobierno como la oposición en Venezuela están activando todos sus poderes de coacción. Es lo normal. Así es la historia del poder. Nadie, en ninguna parte ni ningún escenario, puede sentarse a negociar desde una posición de debilidad. Si el gobierno tiene como mayor fortaleza el apoyo de Rusia y Cuba (medianamente de China) y también cuenta con su poder de coacción armado interno (muy poderoso), pues está obligado a activarlo en la defensa de sus intereses. De lo contrario, su capacidad de negociación será lo más parecido a una rendición casi que incondicional.

Asimismo, la oposición venezolana cuenta por su parte con un formidable apoyo internacional. Las presiones y sanciones diplomáticas y económicas están haciendo más estragos al gobierno de Maduro de lo que muchos imaginan. Este apoyo externo (especialmente el de los Estados Unidos) es sin duda la mayor fortaleza con que cuentan los opositores en el actual escenario de confrontación, pues internamente están muy debilitados, y haciendo serios esfuerzos por retomar la protesta de calle. Pero si la oposición cede un sólo milímetro de sus fortalezas, el gobierno de Maduro cumplirá, con toda seguridad, su promesa de quedarse infinitamente en el poder.

Tal como vengo diciendo, mientras más duro jueguen los actores, más nos aproximaremos a una negociación ganar-ganar. No queda otra alternativa. Ya no hay espacios para segundas y terceras vías. Sólo queda una: conformar un gobierno de transición de unidad nacional (chavistas y opositores, valga la precisión), basada en acuerdos ganar-ganar, y refrendado y vigilado con carácter vinculante por 4 potencias mundiales: Estados Unidos, Europa, Rusia y China.

El propósito fundamental de ese gobierno de transición será brindar al país la cohesión social y política necesaria para la reconstrucción inmediata de la economía, de los servicios públicos, de las instituciones públicas, y desmontar la crisis emocional que ha llenado de odio y amargura a los venezolanos. Por tanto, el propósito va más allá de garantizar una retirada ordenada al gobierno de Nicolás Maduro y de restablecer los derechos políticos de los opositores.

Hay que entender que el gobierno de Nicolás Maduro esta enfrentando una crisis extrema, jamás vista en América. Ni Cuba ha pasado por eso. En el palacio de gobierno en Venezuela saben que la crisis económica y de servicios básicos es letal. También saben del odio acumulado en la población en contra de los funcionarios del gobierno y hasta de sus familiares. Temen a la venganza implacable de millones de venezolanos afectados por su gobierno.

Por eso Diosdado Cabello dice que si entregan el poder (lo cual ha pasado por la mente de muchos en el gobierno) nadie se salvará de la ira opositora. Y eso es altamente probable si hay un cambio de gobierno donde el chavismo quede totalmente excluido.

La crisis emocional de los venezolanos quizás es la peor de las crisis que padece Venezuela. Por tanto, la decisión de resistir y no entregar el poder va más allá de la creencia de que puedan continuar y hacer exitosa a su revolución. Nadie en la oposición puede garantizar que no ocurrirá ninguna razia de venganzas y pases de facturas en caso que el chavismo renuncie al poder. No hace ni falta decirlo en este análisis. Todo el mundo lo sabe.

Ni Juan Guaidó tiene capacidad de controlar a las muchedumbres llenas de odio. Lo que ocurrió con los diplomáticos que designó Guaidó en Costa Rica es una buena demostración de la débil capacidad de control que tiene el liderazgo opositor sobre la población enardecida. Y es a eso lo que realmente temen Maduro, Cabello y muchos otros en el gobierno.

Por tanto, quienes quieren ver un cambio en Venezuela, deben saber que un proceso de negociación debe implicar un cambio político ordenado y progresivo de tres años de duración (un año no es suficiente), y avalado por los 4 países mencionados para que nadie se burle de los acuerdos. Asimismo debe construirse una agenda de gobierno consensuada de 5 puntos mínimo:

Economía

Seguridad Ciudadana

Restablecer la institucionalidad pública

Garantizar los derechos ciudadanos y políticos a todos los venezolanos sin distinción.

Fortalecer el poder ciudadano y comunitario

Velar por el cumplimiento cabal y estricto de la justicia transicional.

Para Nicolás Maduro y sus compañeros, ésta es la oportunidad de oro para rehacer su juego político. Sólo tienen que facilitar la conformación de un gobierno de transición donde ellos estén representados. En este escenario, ellos continuarán con todos sus derechos políticos y ciudadanos garantizados, sus bienes bajo resguardo, y con claras opciones de retornar al poder ya renovados políticamente y depurados de oportunistas y corruptos. Es una tarea política necesaria y urgente para el PSUV. Lo cierto es que si continúan aferrados al poder jamás lograrán recuperarse. Todo lo contrario, cada día irán perdiendo más y más apoyo y fortalezas. La comunidad internacional no aflojará las presiones hasta no ver disposición a un cambio real. Cada día serán más débiles, y su destrucción (o autodestrucción) será irreversible y penosa. La opción es clara.

Los demás detalles de una posible negociación escapan a este análisis por razones obvias. Una negociación de esta magnitud está obligada a manejarse a puertas cerradas, con micrófonos apagados, con actores confiables, con pensamiento ganar-ganar, y con garantes poderosos.

31 de marzo 2019

@JesusSeguias

www.GerenciaPolitica.com

https://www.gerenciapolitica.com/cambio-y-poder/2019/3/31/en-venezuela-s...

 17 min


Las radiografías permiten observar los huesos que sostienen a los vertebrados, no visibles normalmente. En el mismo orden, las fuerzas democráticas requieren de una radiografía de la dictadura fascio-comunista de Nicolás Maduro para entender qué elementos la sostienen. Básicamente son tres:

1) La destrucción del Estado de derecho. La eliminación del imperio de la ley anula todo contrapeso al uso de la fuerza para imponer la voluntad de quienes detentan el poder. Desaparecen, por tanto, los derechos individuales y el libre albedrío. La abolición de normas que sustentan la autonomía de distintos poderes permite concentrarlos y centralizarlos en manos de una sola persona, el caudillo que comanda la supremacía del Estado. El control de los militares y el ejercicio del terrorismo de Estado, avalado por un poder judicial abyecto y corrompido, es crucial para avasallar a quienes esgrimen derechos inalienables para protestar las injusticias. Se disipa toda noción de ciudadanía para transformar a las personas en masa informe dependiente de quienes controlan el Estado.

2) La supresión del intercambio mercantil autónomo entre individuos para proveerse de bienes y servicios. Las transacciones de mercado son intervenidas por favoritismos personales, grupales o político-partidistas. La lealtad sustituye a la eficiencia en el desempeño para ocupar cargos, reemplazando el talento. Desaparece la meritocracia, dando paso a prácticas de adulación y complicidades con los desafueros de los poderosos. El acceso a bienes y servicios toma la forma de un juego suma-cero en el cual los que resultan favorecidos implica que otros pierdan. De ahí la ventaja de afiliarse a estructuras de poder ganadoras. Promueve la conformación de mafias, amparadas en la desaparición del imperio de la ley comentada arriba, que se atrincheran para depredar la riqueza social, ejerciendo muchas veces la violencia para ello.

Estos dos elementos se traducen en un régimen de expoliación de la riqueza social por parte de poderosos intereses atrincherados en la estructura del Estado, amparados en su monopolio de los medios de violencia. El imperio de la ley es sustituido por un Estado patrimonial que disuelve todo impedimento al aprovechamiento de los dineros públicos. La complicidad militar en estas acciones contra el interés nacional conforma una oligarquía militar-civil que se afana en conservar el poder.

3) Una ideología legitimadora del régimen de expoliación y la violación de los derechos humanos que “absuelve” sus crímenes. La proyección de una representación simplista y maniquea de realidad por parte de un líder carismático, contraponiendo un pueblo puro y noble a una élite que contraría sus intereses, es instrumental en la construcción de apoyos a la demolición institucional. El populismo fascio-comunista estaría favoreciendo la democracia y el bien común[1], blindando su acción contra toda increpación externa. Construye una falsa realidad que reemplaza al mundo tal como es, una burbuja que sirve de refugio a su dictadura. Un orden sectario otorga a sus seguidores un sentido de pertenencia a una causa superior, trascendente, de cuyos secretos y misterios sólo es posible acceder a través de las verdades reveladas en sus postulados ideológicos. Por último, la ideología constituye un poderosísimo elemento de dominio del líder o de los líderes sobre sus huestes, pues consagra la certeza y visión privilegiada de sus decisiones.

Si la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial puso de manifiesto sus horrores, la noción comunista siguió siendo atractiva para muchos, pues ofrecía un fundamento pretendidamente “científico”, a partir de los escritos de Carlos Marx, para construir una utopía. Todavía hoy, desbancada esta ilusión por las inconsistencias de esa teoría y el terrible costo infligido a poblaciones bajo dominio comunista, subsiste en sectas minoritarias, impermeables a toda refutación o crítica externa, es decir, como artículo de fe.

La prédica inicial de Chávez fue de naturaleza fascista, con giros patrioteros, militaristas y racistas, pero bajo la égida de Fidel Castro entendió que era más provechoso cobijar sus aspiraciones de poder con una retórica comunista. De ahí el término “fascio-comunista” que titula estas líneas. Esta imbricación “justificó” el desmantelamiento de la institucionalidad democrática por “burguesa” y el acoso al sector privado. Asimismo, invitó a la gerontocracia cubana, garante inflexible del credo “revolucionario”, a controlar el país. Transformó al gobierno chavista en vicario de un despotismo cruel, entregándose voluntariamente al dominio de sumos sacerdotes antillanos que pasaron a comandar la depredación.

Tal prédica pudo contar con amplia simpatía mientras la bonanza petrolera tapaba sus consecuencias con generosos programas de reparto. Pero el desastre se desnudó bajo el gobierno de Maduro, produciéndose el rechazo mayoritario del pueblo. Hoy en la burbuja comunista se refugian delincuentes que han colonizado el Estado, absolviendo sus atropellos contra los venezolanos y amparando la injerencia de esbirros cubanos en su represión. Constituye un obstáculo formidable a la salida de las mafias que han secuestrado al país, pues ofrece excusas para negar el fracaso e inviabilidad de su gestión, a la vez que pone en manos extrañas, cubanas, la conducción de su estrategia política.

De acuerdo con lo examinado, la oligarquía expoliadora no va a acceder a negociar su salida. La presencia desafiante de una misión militar rusa cumple con transmitir su disposición a pelear antes que ceder. Los intereses creados en torno a la depredación del país son demasiado poderosos y el blindaje ideológico conque se ha revestido la aísla de tener que entenderse con la realidad, por más adversa que se le haya puesto. La perversidad de estas gríngolas ideológicas es tal, que quienes pululan en el pozo séptico en que se ha convertido la “revolución” todavía repitan estar “defendiendo al pueblo” contra una “ultraderecha” diabólica, aliada con el imperialismo (¡!). Iris Varela arma presos, Freddy Bernal alborota a sus colectivos malandros y el ministro Reverol manda a sus brigadas de exterminio –FAES—a asesinar en los barrios populares, para preservar semejante depravación. La alienación ideológica es tal que un hombre otrora considerado inteligente como Jorge Rodríguez es capaz de declarar con su cara bien lavada, sin sentido alguno del ridículo, las estupideces más insólitas para explicar los apagones provocadas por la desidia oficial. La obnubilación de los “revolucionarios” hace de ellos los seres más crueles y inhumanos, capaces de invocar con el mayor cinismo un futuro luminoso para la humanidad.

La dictadura de Maduro es inviable. Después de tanta destrucción y aislada internacionalmente como está, sorprende que siga aferrándose al poder en vez de aceptar el puente de plata ofrecido a algunos de sus personeros para que se vayan. Decepcionante y vergonzosa ha sido también la escasa respuesta de los militares ante la oferta hecha por el presidente (E) Juán Guaidó. Refleja el grado de descomposición y de complicidad en que ha caído la Fuerza Armada y es la medida de las tareas de recuperación que habrán de instrumentarse en democracia. En la medida en que se encoja su botín, se exacerbarán los conflictos entre las mafias por los despojos. Los triunfadores argumentarán haber derrotado una conspiración imperialista, pero no soltarán presa. Cada día adicional que estos desalmados estén en el poder es una tragedia para los venezolanos. Ahora más que nunca debe mantenerse la presión, sin excluir la opción eventual de una intervención militar. Y para ello, no debe seguirse alimentando la ilusión entre aliados internacionales de que una salida negociada es factible.

[1] Como expresara el historiador Francois Furet con relación a Hitler, éste “supo, por instinto, el más grande secreto de la política: que la peor de las tiranías necesita el consentimiento de los tiranizados y, de ser posible, su entusiasmo”.

Economista, profesor de la UCV

humgarl@gmail.com

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A tres pensadores de origen judío debemos los análisis más importantes sobre el significado de las masas en la política: Karl Marx, Sigmund Freud, Hannah Arendt.

El primero no escribió sobre el fenómeno de las masas, pero si desarrolló conceptos que permiten pensar procesos de masificación social. Esos conceptos son dos: el de “Lumpenproletariat”- “proletariado andrajoso”- y el de “superpoblación relativa”. Al “proletariado andrajoso” se refiere Marx en la Ideología Alemana y en El 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Su calificación no pudo ser más peyorativa: se trata de deshechos sociales desclasados, masa puesta a disposición de inescrupulosos demagogos. La “superpoblación relativa” por su parte, surge de una crítica a la demografía tradicional, aseverando en el primer tomo de EL Capital (capítulos 1 y 2) que la superpoblación absoluta no existe. Lo que existe son segmentos excluidos de los procesos de producción. Más adelante (tomo lll) acotará Marx que el decrecimiento general de la tasa de ganancia conduce a dos vertientes: la de la proletarización y la de la pauperización. Aparte de mencionar esta segunda tendencia, a la que imaginó decreciente, nunca la convirtió en centro de sus estudios, dedicando su atención a la primera, hecho explicable porque de acuerdo a su concepción progresista (hegeliana) de la historia, el agente de cambio histórico debería ser el proletariado cuando se convierte de “una clase en sí”, en una “clase para sí”, tal como lo formulara en su Miseria de la Filosofía.

¿Qué tiene que ver Freud con Marx? Nada, salvo un punto. Para Freud el ser inmerso en la masa perdía su yo pensante -en los términos de Marx su autoconciencia, o su “para sí”- y pasaba a ser un objeto a disposición de poderes que succionan la capacidad de autodeterminación. Sumido en el magma de la masa -según el Freud de la Psicología de las Masas y Análisis del Yo- el humano retrocede (regrede) hacia los estadios más inferiores de su evolución hasta llegar al lugar de la horda primitiva donde el macho totémico se apodera de los deseos primarios de sus hijos (vasallos) para ponerlos al servicio del control despótico (evidentemente volvió a la tesis principal de Tótem y Tabú, 1912) En ese punto Freud piensa mucho más políticamente de lo que se cree. Su libro sobre la psicololgía de las masas, publicado en 1921, fue premonitorio con respecto a la historia de Austria y Alemania pues describe la lógica y dinámica de la dominación fascista antes de que esta hubiera tenido lugar. El líder supremo convertido en el padre idealizado por la masa, somete a los grupos humanos a su arbitrio, ocupa mediante facultades semi- hipnóticas el lugar de la reflexión individual y abre el espacio para que impulsos colectivos reprimidos por la cultura irrumpan en toda su fuerza y extensión. Siguiendo a Freud, la destrucción de la racionalidad individual precede a toda dominación autoritaria, sea en micro-sociedades (iglesias y ejércitos) o en el conjunto de una nación.

Es evidente que Hannah Arendt leyó bien a Marx y a Freud cuando llevó a cabo sus análisis sobre la relación entre los movimientos de masa y el poder totalitario. De Marx –a quien sin complejos llamó “el padre de las ciencias sociales”– recogió el hilo que lleva a caracterizar a las masas como producto de la exclusión social (Orígenes del Totalitarismo) De Freud – a quien casi nunca citó- la idea del vaciamiento espiritual del ser cuando es introducido en una lógica que le impide pensar de modo autónomo, tal como lo entendió en Eichmann en Jerusalén. Eichmann fue para ella solo un autómata entre otros, uno a quien extirparon la capacidad de decidir entre lo justo y lo injusto, entre lo bueno y lo malo y, sobre todo, entre el mal radical y el mal banal. En breve: Eichmann era un hombre-masa.

En la primera parte de Orígenes del Totalitarismo Arendt levanta la tesis relativa a que todo totalitarismo es precedido y a la vez continúa la desintegración de la sociedad de clases sustituyéndola por una no-sociedad de masas. En sentido comparativo, la sociedad de clases era efectivamente una sociedad, es decir, un conjunto formado por asociaciones. La dominación totalitaria, principalmente la comunista, al destruir las asociaciones, suprimió la lucha de clases, pero no en el sentido de posibilitar el aparecimiento de seres autónomos, sino sustituyendo a las clases por una masa sometida a los dictados del Estado, en seres sin posibilidades de comunicar entre sí, sin lazos de identidad y pertenencia, librados a la tutela de una clase dominante autonombrada representante de la historia. Las clases, bajo la dominación comunista, fueron convertidas en masa en el sentido exacto del término: materia disponible destinada a ser modelada por escultores estatales.

De acuerdo a Hannah Arendt, las clases organizadas dentro de sí y entre sí, constituyen el eje sobre el cual reposa el orden social moderno. En ese marco la clase trabajadora logró crear estructuras que la vinculaban antagónicamente con otras clases, formar grandes centrales sindicales, dirimir conflictos con el Estado, articularse con partidos sociales y, no por último, desarrollar una cultura de clase en barrios obreros, en las cantinas, en camaraderías contraídas en la lucha por objetivos similares. De este modo la “lucha de clases salvaje” de la revolución industrial cedería el paso a la “lucha de clases institucional”. Los sindicatos y los partidos socialistas llegarían a ser agentes del orden democrático-liberal, fundamento sobre el cual fue erigido el llamado “estado de bienestar”. Y bien, todo eso está hoy a punto de desaparecer.

En síntesis: Los tres autores mencionados entendieron a la masa como un sub-producto de la sociedad moderna, pero no como un fenómeno tendencialmente dominante. En el caso de Marx, como residuo del capitalismo pre-industrial. En el caso de Freud, como tendencia autodisolutiva de la cultura moderna. Y en el caso de Arendt, como un resultado del deterioro del mundo político. Ninguno de ellos logró, no tenían como hacerlo, prever los devastadores impactos de la revolución digital de nuestro tiempo. El escenario temido por Hannah Arendt, la de clases en procesos de descomposición (anomia, según Durkheim) sin organizaciones políticas representativas, pasto para demagogos y populistas, ha llegado a ser hoy una realidad inocultable.

La sociedad de clases no ha desaparecido. El problema es que ha perdido gran parte de su espacio. Los grandes empresarios, la bolsa, los bancos, los tecnócratas, la inteligencia, los miembros del mundo de la cultura, los jerarcas de la política, los empleados estatales, continúan existiendo. Pero hoy habitan solo un segundo piso (etage) en el edificio de la “sociedad euro-occidental”. El primer piso se encuentra en estado de demolición.

En los ayer llamados países del “capitalismo avanzado” el que fuera el piso del proletariado es hoy frecuentado por una masa de trabajadores ocasionales, por emigrantes dispuestos a ejecutar cualquiera actividad con tal de sobrevivir, por los receptores crónicos de la ayuda social y por cierto, por la industria de la criminalidad organizada. En ese primer piso la sub-sociedad ha creado sus propias formas organizativas, pero en ellas no priman relaciones de clase sino relaciones familiares, lazos étnicos, clanes, cofradías, sectas, mafias.

No puede extrañar entonces que las luchas sociales del siglo XXl no aparezcan en huelgas y paros generales sino en revueltas y repentinas asonadas callejeras que dejan detrás de sí a cuerpos heridos, tiendas devastadas y autos destruidos. Hoy los exponentes de esas formas post-clasistas de lucha son los llamados Chalecos Amarillos de Francia. Pero el fenómeno dista de ser nuevo. En la misma Francia tiene antecesores en las revueltas de los barrios pobres de París del año 2005, en las revueltas en el Reino Unido del 2011, en Alemania en esos ya tradicionales primeros de mayo, cuando aparecen en las grandes ciudades ejércitos de turbas encapuchadas destruyendo todo lo que se opone a su paso, y en España en Los Indignados del 2011, en la bella Puerta del Sol, en Madrid.

Concedido: no son movimientos idénticos. Unos tienen marcados sesgos generacionales, otros son conducidos por miembros de las capas medias excluidas de la revolución digital, algunos integran a jóvenes emigrantes, otros son abiertamente xenofóbicos. La acuarela de las luchas sociales europeas del siglo XXl tiene muchos colores. No obstante todas poseen, en su extrema diversidad, un rasgo común. Ninguna surge orientada por específicos intereses de clase. En su interior, por el contrario, los miembros de las clases se disuelven en la espesa lógica de la multitud. ¿Son los proletarios andrajosos que vio Marx en la Francia de La Comuna de París? ¿O se trata del regreso a la horda que avistara el genio de Freud antes de que irrumpieran las masas fascistas en su país? ¿O son manifestaciones de la chusma o populacho, el “Mob” de Hannah Arendt, el mismo que precede a toda dominación totalitaria? ¿O es todo eso junto y a la vez?

Los Chalecos Amarillos surgidos en octubre de 2018 parecen sintetizar las características de los movimientos sociales post-clasistas de nuestro tiempo. Por de pronto, al igual que todos ellos poseen un carácter eruptivo. Surgen a partir de un motivo contingente: de una simple protesta por el precio de los combustibles, pero luego adquieren una dinámica que no tiene nada que ver con la razón de origen. Pese a que Macron ha mostrado estar dispuesto a discutir el tema, el movimiento no solo continúa, además crece levantando las más diversas demandas, algunas muy desarticuladas entre sí. El movimiento tiene muchos líderes y ninguno a la vez. Comités que nacen y luego desaparecen para ser sustituidos por otros. Lo único que los une es el odio al establishment. Pero cada uno entiende por establishment lo que se le ocurre. Solo Macron, tal vez por ser miembro del mundo de la cultura, por poseer una educación elitista, o por estar simplemente arriba, concentra en contra de sí a una enorme cantidad de resentimientos no solo sociales sino también culturales e incluso personales.

Imposible encontrar en los Chalecos Amarillos una orientación ideológica. Sus líderes intelectuales -o lo que la prensa ha estilizado como tales - los neo-filósofos Éduard Louis y Geoffroy de Lagasnerie, escriben manifiestos cargados de emoción, pero sin ninguna guía, sin ninguna visión de futuro. Lo mismo se puede decir del llamamiento hecho por el nonagenario francés Stéphane Hessel ¡Indignaos! cuando fue acogido por “Los Indignados” españoles.

Los partidos de clase, particularmente las socialdemocracias europeas, también han entrado en un proceso de acelerada descomposición. Los que sobreviven lo hacen apelando a políticas que niegan lo que una vez fueron. Hay dos casos patéticos: El PSOE de Pedro Sánchez mantiene su votación buscando acuerdos con los que otrora fueron enemigos del movimiento socialista: los secesionistas, sobre todo vascos y catalanes. Más patético es el partido Francia Insumisa de Mélenchon el que en nombre del socialismo ha terminado por imitar el programa del Frente Nacional: anti-europeísmo, guerra política a Merkel y Macrón, desconocimiento de los grandes acuerdos históricos contraídos por Francia desde la post-guerra y alianza indesmentida con la autocracia putinista. ¿Esperan ganar el favor de las grandes masas post-clasistas? ¡Qué ni lo sueñen!: a la hora de votar, si es que votan, los miembros y simpatizantes de los Chalecos Amarillos se inclinarán más por la Le Pen que por el pseudo-socialista Melénchon. La demoscopía en ese punto no se equivoca.

Las turbas post-clasistas no tienen partidos. A la inversa, por medio de un giro inédito, los partidos que intentan recoger las demandas de las turbas, en lugar de otorgar conducción terminan por ser conducidos. Solo cabe esperar al fin que los hechos descritos sean solo epifenómenos circunstanciales, propios a todo proceso de transición histórica. De no ser así, significaría que Europa avanza nuevamente hacia el barranco.

Marzo 30, 2019

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/03/fernando-mires-el-fin-de-la-luc...(POLIS)

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Ya he señalado en artículos anteriores que la generación de “falsas expectativas” es la amenaza más importante de la que debe cuidarse la administración del presidente Juan Guaidó, porque el incumplimiento de expectativas creadas conduce a la frustración, desmovilización, falta de motivación y a la larga a que muchos opositores se inhiban de actuar y que incluso algunos abandonen el país.

Por eso Juan Guaidó y la Asamblea Nacional deben ser muy cuidadosos en los ofrecimientos y las actividades que se planteen; no se pueden permitir que se repitan situaciones como la que ocurrió el 23 de febrero cuando la ayuda humanitaria no pudo entrar al país a pesar de que se había ofrecido que entraría de alguna manera.

La generación de falsas expectativas puede darse de dos maneras; bien por exceso de entusiasmo de la administración Guaidó al promover acciones de difícil cumplimiento o bien porque sectores de la oposición generen a través de redes sociales y otros medios, una matriz de opinión en favor de determinadas medidas que van creando una presión sobre la administración Guaidó y esas expectativas en la población en general.

Para nadie es un secreto que en la resolución de la crisis actual están planteadas varias alternativas. El presidente Guaidó y la Asamblea Nacional han definido una ruta que se compone de tres elementos que todos conocemos perfectamente: fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. No tenemos mucha claridad en cómo se va a concretar ese “fin de la usurpación”, pero se piensa que con la movilización nacional y el apoyo internacional se producirá una situación en la cual la dictadura ceda y esté dispuesta o la obliguen a negociar una salida que nos conduzca a un gobierno de transición y luego a un proceso electoral en el corto plazo, obviamente en condiciones que garanticen una elección libre, que como mínimo serian: Nuevo Consejo Nacional Electoral, liberación de presos políticos, legalización de partidos y habilitación de candidatos inhabilitados, supervisión y observación del proceso electoral por la comunidad internacional, revisión del registro electoral y garantía de voto para los venezolanos que están en el exterior.

Pero podemos afirmar que nadie sabe exactamente cómo se producirá ese fenómeno o esa alternativa; pero si podemos decir que esa es la opción que ha planteado de manera consistente la administración del presidente Guaidó.

Pero hay otro sector de la oposición, minoritario pero muy activo, sobre todo en redes sociales y en algunos medios de comunicación, sobre todo los que provienen del exterior, que plantea una alternativa distinta: la solución del conflicto a partir de la intervención militar de una fuerza extranjera. Ese sector plantea o impulsa la posición de que el presidente Juan Guaidó convoque la intervención de una misión extranjera con base en el numeral 11 del artículo 187 de la Constitución.

Como “diáspora tóxica” califican algunos analistas políticos, como por ejemplo Moisés Naín, a esos sectores de oposición, que sobre todo desde el exterior, de manera muy persistente y por redes sociales, pretenden imponer sus criterios y decir a quienes estamos en Venezuela cómo debemos actuar, que acciones debemos tomar y cuáles son las actividades de oposición que debemos llevar adelante.

Pero atención, los opositores “tóxicos” no solo están en el exterior. Algunos de los voceros de esta “diáspora tóxica” ya comienzan a hacer veladas o abiertas críticas al presidente Guaidó por su “falta de iniciativa”, por su supuesta “indecisión”, falta de “celeridad” en tomar las acciones que ellos consideran correctas, entre ellas solicitar la mencionada intervención militar. Como si esa fuera la única opción, no proponen otra cosa, no llevan adelante ninguna otra iniciativa, solo son “críticos” y “observadores de fotografías”.

Esta situación tiene su fundamento en que se ha dicho por parte de voceros nacionales, cercanos al presidente Guaidó, y por voceros internacionales de algunos países que reconocen a Juan Guaidó como presidente, que “todas las opciones están sobre la mesa” y por supuesto, la opción militar es una de esas opciones; y que de producirse, algún tipo de acción por parte del régimen venezolano, que traspase una supuesta “línea roja” que estaría trazada en su cerebro, se produciría algún tipo de respuesta más agresiva, por llamarlo de alguna manera, por parte de la comunidad internacional, acción que por supuesto, se supone sería de carácter militar. El problema es que la “intervención militar” no llega porque la libre interpretación de un artículo de la constitución lo prevea, o porque un “iluminado” del exterior o del país lo diga o porque la desesperación de alguien lo aconseje y desde luego, no llegan vía Twitter o WhatsApp.

Se da la paradoja de que los países que tendrían capacidad para algún tipo de acción militar, bien sea de manera individual o en conjunto, han dicho de manera clara que descartan esa opción, que no está planteada una intervención militar. Con lo cual es evidente que el hipotético llamado que pudiera hacer el presidente Juan Guaidó a una intervención caería en el vacío, no tendría un interlocutor válido para llevarlo adelante, lo cual nos lleva a lo que hemos venido hablando: convocar a una acción o plantear una iniciativa que no podría realizarse, conduciría sin duda alguna a la generación de falsas expectativas que traería como consecuencia lo que ya hemos hablado, más frustración, desmovilización, desesperanza, etc.

No hay duda que la desesperación tras 20 años de oprobiosa dictadura lleva a algunos a pensar o proponer salidas extremas, lo antes posible. Y queremos suponer que los que así lo hacen proceden con la mejor buena fe; pero queda en el aire una gran interrogante: Si cualquiera se puede dar cuenta y es fácil suponer que un llamado a una intervención militar no tendría respuesta positiva por parte de la comunidad internacional, que no sería tomada en cuenta, ¿Qué persiguen estos voceros o estos grupos que persisten e insisten en que se tome esta iniciativa? ¿Será que están jugando a la opción del fracaso del presidente Guaidó? y si es así, ¿Con qué propósito? ¿Qué es lo que persiguen? la verdad es que ésta es una interrogante que uno se tiene que formular.

Juan Guido representa el futuro; meses atrás, a finales de 2018, estábamos en un negro túnel, ¿A quién favorece una derrota hoy de la opción opositora? ¿Quién se beneficia con el fracaso de Juan Guaidó?

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2019/03/29/falsas-expectativas-y-guaido/

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Edgar Benarroch

He sostenido y sostengo que la gravísima situación de nuestro país debemos resolverla nosotros y solo nosotros. La inmensa solidaridad internacional que compromete seriamente nuestra gratitud y sin lugar a dudas nos acerca mucho más, colabora y nos ayuda inmensamente, pero es de nosotros de quién depende nuestro destino.

El régimen usurpador, si tiene algo de sentido común debe saber que su salida es inminente, está muy cerca. Ellos decidirán si salen en una conversación, a patadas o huyendo a la escondida. Hasta hoy no han dado muestras de diálogo para su salida, pensamos que están dispuestos a salir a patadas con todo lo que ello supone, son y serán los únicos responsables de estos acontecimientos y sus consecuencias.

El Dr. Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), hace muy pocos días planteó a la Organización de Naciones Unidad ((ONU) la urgente necesidad de aplicar la R2P a los usurpadores, lo hizo en términos angustiados y reiterando su profunda y justificada preocupación por nuestro país.

La R2P es una norma de seguridad internacional acordada en la cumbre mundial de las Naciones Unidas celebrada en 2005 para prevenir y detener genocidios, crímenes, limpieza étnica, delitos de lesa humanidad y violación a los derechos humanos.

En septiembre de 2018 la ONU trató la tragedia venezolana y se aprobó incluir su discusión acerca de activar la R2P contra los abusos y atropellos del gobierno con 93 votos a favor y 16 en contra, la mayoría de estos de dictaduras. De igual manera voceros muy autorizados de la organización han afirmado que los Estado tienen la obligación de proteger a su pueblo y no pueden esconderse detrás de la idea de la soberanía para decir que no se puede interferir en los asuntos de su país y agregan que si un Estado manifiestamente no protege a su población, la comunidad internacional debe estar preparada para tomar medidas correctivas apropiadas de manera oportuna y decisiva de conformidad con la carta de la organización

La ONU antes de poner en práctica la R2P agota la diplomacia, las medidas humanitarias y otros mecanismos pacíficos. Si ello no resuelve la situación toma medidas más firmes incluyendo el uso de la fuerza mediante acuerdo del Consejo de Seguridad.

La R2P se practicó en Libia, Sudán y Costa de Marfil, el más cercano fue en Haití donde se autorizó el uso de la tropa (cascos azules) para ocupar Puerto Príncipe.

Ahora bien, quienes acuden a los organismos internacionales para plantear sus quejas lo hacen en búsqueda de protección y no de palabras superficiales o de debates que duran meses y hasta años, el tiempo pasa y los crímenes continúan. La justicia debe ser oportuna, practicarla con retardo es permitir la continuidad de la injusticia que es su negación.

El Consejo de Seguridad de la ONU, a quien corresponde acordar la aplicación de la R2P está integrado por 15 miembros de los cuales 5 son permanentes: Estados Unidos de Norte América , Rusia, Reino Unido, Francia y China, el resto es rotatorio. Los cinco miembros permanentes además tienen el derecho cada uno de VETO, es decir para que se apruebe una resolución del consejo es necesario que estos cinco países estén de acuerdo, si alguno de ellos le niega el voto no existe acuerdo. Siendo el Consejo de Seguridad el organismo a quien corresponde la responsabilidad de mantener La Paz y la seguridad internacional, el derecho a veto de los miembros permanentes no lo hace nada fácil.

No entiendo que a esta altura de la humanidad, después de más de 70 años se mantenga el derecho permanente y el del veto. Tal vez inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial tenía algún sentido la figura. Hoy en un mundo globalizado y donde todos en dignidad somos iguales no es admisible la superioridad de unas naciones sobre otras, además de obstaculizar seriamente la toma de decisiones crea una diferenciación inaceptable.

Si aceptamos que en las relaciones internacionales lamentablemente pesan más las razones económicas que los principios, la situación se hace más aguda y difícil.

Hasta hoy, Rusia y China vienen acompañando al usurpador, como hemos dicho por estrictas razones económicas y de geopolítica, si se mantienen en esa posición no habrá acuerdo en el Consejo de Seguridad sobre Venezuela. Por ello el usurpador está dispuesto si es necesario entregar el país a Rusia y a China para mantenerlos a su lado.

Solo el pueblo salva al pueblo y debemos continuar si es posible con mayor ahínco en la lucha emprendida en la seguridad que todos salvaremos a todos y empezaremos a vivir en el país que deseamos y queremos. UNIDOS es la manera de salir de esta catástrofe, como antes se decía, " el pueblo unido nunca será vencido" y venceremos. La victoria está cerca muy cerca, el camino es bueno y las etapas se cumplen satisfactoriamente. Sigamos transitándolo.

Como afirmé al inicio, creo firmemente que somos nosotros quienes tenemos el ineludible e inaplazable deber de resolver nuestros asuntos, negarnos o esperar que otros lo hagan es estar de espalda a la historia y sería una confesión de cobardía imperdonable que no nos es propia.

En los últimos días he leído y escuchado declaraciones de dirigentes de algunas organizaciones políticas solicitando a Guaidó la activación del artículo 187, numeral 11 de nuestra Constitución. No corresponde a Guaidó, es de la exclusiva competencia de la Asamblea Nacional "...autorizar el empleo de misiones militares del exterior o extranjeras -sic- en nuestro país...". En la vida y muy particularmente en la política se deben tener los pies en tierra firme, sino corremos el riesgo de caer en idealismos y demagogia, esta última uno de los peores males. Aprobar medidas que corresponde aplicar a entes del exterior, sin tener certeza de su aplicación es generar frustraciones y desencantos de los que el país está obstinado. No es el momento y nunca debe serlo de afectar negativamente la inmensa alegría, optimismo y esperanza que el pueblo tiene y demuestra a diario. Ofrecer soluciones no realizables es maltratar su ánimo y jugar malamente con el sentimiento nacional. En el supuesto que la Asamblea Nacional acuerde el empleo de fuerzas militares extranjeras en nuestro país, ello necesariamente debe plantearse por ante las Naciones Unidas que lo enviará al Consejo de Seguridad que a quien en última instancia corresponde su aprobación, mediante la ejecución de la R2P que ya hemos hablado. Igualmente he señalado la integración y el derecho de veto de cinco de sus miembros, entonces es fácil deducir que no habrá decisión, salvo que Rusia y China cambien radicalmente su posición, lo que no luce factible al menos en corto tiempo. No insistamos en lo que por lo menos ahora no es posible, en nada ayuda la esperanza.

Como se podrá entender, hasta hoy, descarto, no comparto y deploro cualquier intervención militar en nuestro país. Sería sinceramente triste, vergonzoso y humillante ver botas, cascos y metrallas extranjeras, por decir lo menos, poniendo orden en nuestro país, cuando somos nosotros los llamados intransferiblemente a hacerlo. Además, no es que llegan un día y se van al siguiente, la ocupación de nuestro país y administración de nuestros recursos no se sabe por cuánto tiempo será. También es importante estimar que la ocupación militar de nuestra nación puede ocasionar un serio inconveniente hemisférico.

Entiendo el estado de ánimo de todos y los profundos deseos de salir de este horror cuanto antes pero ello no puede ser en sacrificio de nuestro patriotismo, moralidad, orgullo, honor, de nuestra vergüenza y pudor. Quienes no se sienten en condiciones de afrontar esta dolorosa situación o que no ven otra salida les recomiendo releer nuestra historia que está llena de valentía, arrojo y coraje. Como bien lo dijo Rómulo Betancourt: " Cuando Venezuela necesitó de libertadores no los importó, los parió ". Claro que podemos nosotros y lo vamos a lograr en muy corto tiempo. El régimen usurpador está en su peor momento y nosotros los demócratas en el mejor. Pongamos todo lo que cada quien puede y debe poner y lo lograremos.

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La ciudadanía venezolana, es decir, hombres y mujeres corrientes de esta sociedad torturada por la vía de la ideologización y la ineptitud del maldito militarismo, se llenaron de esperanza, casi de fe, a partir del 5 de enero cuando por la vía de la Teoría del Estatuto se instauró lo que establece la Constitución, que no es otra cosa más que la elección de un venezolano responsable por la conducción de una sociedad en conflicto. Creció la emoción, pronto se convirtió en esperanza, ahora parece tendencia, pero falta una acción continua política direccionada con objetivos claros y definidos que retroalimenten la tendencia democrática, para que por la vía de la Transición Política se pueda acometer el cambio político impostergable habida cuenta los grandes sufrimientos y torturas a los cuales ha estado sometido esta sociedad por la perversión del castrochavismo y el castromadurismo.

Complicadísima realidad política, en un Ambiente Político Real Violento que es aprovechado por un madurismo-militarista que boquea, que está arrinconado y que es despreciado por la mayoría extensa de hombres y mujeres que reclaman el derecho legitimo, original, de vivir civilizadamente. Ese arrinconamiento que se observa en los caporales y lacayos del régimen, requiere de una acción política contendiente que es descrita en los estudios de sistema político y en el área de política domestica como Transición Política. Transición Política que obliga a quienes pretenden liderar tan complejo Ambiente Político Real a que expongan para la ciudadanía y, sobre todo, para la historia y para el mundo las acciones políticas incrementales que conduzcan después de la desobediencia civil…a la Huelga General.

Liderar significa dirigir, conducir, orientar, animar, es decir, que quienes se han mostrado como lideres con legitimidad de origen, que comprenden además, el martirio que vive la sociedad venezolana toda, no les queda tiempo, no tienen más fechas para decidir con entereza política el modelo de Transición Política de una Venezuela política asfixiada, sufrida, dolida, que no quiere apuro… pero sí consistencia, direccionalidad, motivo y objetivo para reemplazar a quienes de manera grotesca y primitiva gritan que están dispuestos para todo. La Transición Política como vía de participación con motivo, dirección y sentido esté presta y lista para reemplazar a la mafia política, que asaltando al Estado-nación ha mostrado el más grande y grave fracaso por su corrupción exponencial, por su torpeza política y por un liderazgo militarizado que se acerca al concepto de mafias colectivas dispuestas a la destrucción de un país, que se niega a rendirse.

Liderazgo es lo que requiere hoy la República, pero no el liderazgo bobalicón de anuncios, de promesas de aproximación ¡NO¡ el liderazgo que obliga la crisis actual es el sujeto que piensa, analiza y decide. Decide e insiste en mostrar que somos la mayoría, la mayoría democrática que con rectitud y fortaleza esta dispuesta a reinstalar el Estado de Derecho, el Orden social, el emprendimiento empresarial, la activación del mundo intelectual, empezando por las universidades y, sobre todo, por el cubrimiento de la paz para la construcciones urgentes que demanda un país atizado por la locura del marxismo en pleno siglo XXI.

El liderazgo que requiere ahora y ya la República se acerca al estadista. Estadista que entiende que cuanto tiene que hacer en política, economía, ética, relaciones internacionales y otras áreas críticas deben proyectarse para los próximos 25 años. El estadista tiene que entender que estamos en presencia de la “sociedad liquida”, de la “contrademocracia”, de la “instantaneidad” y sobretodo del gentilicio del venezolano, esos que después de 20 años de saber la grotesca penetración comunista a la Academia Militar, tuvimos que soportar a un chavismo engolosinado y a un madurismo ladrón, que constituyen la más grave mácula y vergüenza de una sociedad.

El líder estadista comprende y reacciona como tal ante el venezolano sufrido, ese que no tiene para el desayuno, esas familias que no tienen agua, a los estudiantes universitarios que no pueden comprar sus libros, al hospital que no tiene luz eléctrica, al chófer que no tiene como comprar repuestos y que por encima de todos esos ¡No! ,tienen claro que la democracia en toda su extensión lo que significa es superior, y será mediante esa expresión democrática de la Transición Política quien desplace a esta locura, a este sin sentido o insensatez de una revolución, que no es otra cosa más que la más grave regresión que puede haber sufrido sociedad alguna en el mundo.

El líder estadista no tiene fechas, lo que tiene que hacer es proyectar hacia el futuro su decisión única, junto a una masa crítica importante de líderes, con legitimidad de origen para activar la Transición Política. Y con ello sumar todas las voluntades de mujeres y hombres, de instituciones, de cuerpos sociales y de organizaciones diversas que ya no soportan más la grotesca propaganda de quienes destruyeron a Venezuela. La destruyeron porque no conocen la ética, son ignorantes, han actuado mediatizados por el castrismo y el marxismo que fracasaron en el mundo, como fracasaron en Venezuela apagándole hasta la luz que nos proporcionaba el Gurí lo cual ya dice de su incapacidad, primitivismo y extrema locura.

Es original,

Director CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 29 de marzo de 2019

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