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Opinión

La democracia en América Latina está en crisis, dice el informe 2018 de Freedom House, y previamente Latinobarómetro, en su Informe 2017, advirtió del declive de la democracia latinoaméricana.

Frente a la crisis, el Pew Search Center, realizó una investigación en el 2017 en el cual positivamente destaca que la mitad de los encuestados, en 38 países del mundo, reivindican, valoran y consideran que la democracia representativa es una forma de gobierno “buena” o “bastante buena”.

En el caso específicamente venezolano, el estudio señalado registra que el 71% afirmó que la forma de democracia representativa es “bastante buena” y “muy buena”. Por su parte, el 61% respondió que la democracia directa es “bastante buena” y “muy buena”; en relación con la forma de gobierno de expertos, hubo 46% de aceptación. El gobierno de un líder fuerte registró un 17% de aceptación, frente al 81% de rechazo por parte de los venezolanos y, por último, la opción de un gobierno militar sólo recibió un 24% de aceptación frente al 71% de rechazo.

Para el Pew Search Center, solo el 25% de venezolanos en la primavera de 2017 expresaron estar satisfechos con la democracia, frente al 73% de insatisfacción. El 72% expresó que la economía marchaba bien, frente a un 14% que dijo lo contrario.

El Informe 2017 de Latinobarómetro, precisamente concluyó que en América Latina había una disociación entre el mundo de la economía y el mundo del poder político, lo que se evidencia también en esas cifras del Pew Search Center.

Según Latinobarómetro, Venezuela es el país que registra mayor apoyo a la democracia, pero en un marco de insatisfacción general. De un 26% de satisfacción en el 2016, se redujo a un 13% en el 2017, lo que representa unos 17 puntos por debajo de la media regional de satisfacción con la democracia.

La información estudiada por Latinobarómetro en el 2017 sobre Venezuela le llevó a señalar que “la manera como los venezolanos entienden la democracia es, sin duda, distinta de la manera como responden los ciudadanos de otros países de la región que se refieren a su democracia, y como apoyan esa democracia”.

Por lo tanto se preguntaron: ¿Cómo entienden los venezolanos la democracia?

Para Giovanni Sartori, en su obra La democracia en 30 lecciones, hasta ahora la mejor “máquina” que se ha podido inventar para permitir al hombre ser libre y evitar ser sometido a la voluntad arbitraria y tiránica de otros hombres, es la democracia.

Los “maquinistras” de esa “máquina”, afirma Sartori, son los seres humanos, y en consecuencia el funcionamiento de esa “máquina” queda condicionada a la voluntad y capacidad de los mismos hombres.

La indiferencia sobre el tipo de régimen democrático para el 25% de los latinoamericanos, según el Informe 2017, es un tema que exige mayor estudio, porque abre la oportunidad a que el populismo se disfrace de democracia en cualquier otro país de la región y entonces, procure destruirla cuando tenga la oportunidad.

En el pasado hemos tenido distintos ejemplos de populismo, pero la destrucción de la democracia venezolana y las consecuencias humanitarias que ello está generando son claramente inéditas.

¿Qué entienden los venezolanos por democracia?, se preguntó el Informe 2017 de Latinobarómetro, y es oportuna la inquietud para reflexionar sobre ello como sociedad.

Según Latinobarómetro, como ya se dijo, el venezolano es consciente del valor de la democracia, pero no está satisfecho con la calidad de ella y, en ese sentido, es muy positivo, a los fines de abordar esa pregunta. Que el mismo Informe 2017 reconozca que la “confluencia de demandas democráticas desde los extremos enfrentados, aun con posiciones bien diversas, coinciden en que dicho sistema es el medio para lidiar con los problemas del país”.

Ello es coherente con el apoyo a la democracia de la enorme mayoría de los venezolanos y claramente condiciona la solución de los problemas del país a la restitución del orden democrático, lo que supone, en principio, restaurar la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, a los fines de recuperar un orden mínimo en el que procurar el debate más profundo sobre la democracia, sus problemas y posibles soluciones.

Se escribe y se dice fácil, pero hay más de seis millones de venezolanos que no se identifican con los artículos 333 y 350 de la Constitución de 1999, y menos aún con el modelo político, social y económico que allí se plantea. La razón de ello es porque no participaron en ninguno de los procesos de consulta de la constituyente de 1999.

Recordemos que ese proceso político –facilitado jurídicamente por la Corte Suprema de Justicia a través de una interpretación constitucional– fue validado y acompañado por un poco más de tres millones de venezolanos, por lo tanto, entonces la gran mayoría fue indiferente sobre el tipo de régimen democrático que se estaba debatiendo en ese momento.

El populismo aprovechó ese resultado, la sociedad ignoró debatir la legitimidad del cambio constitucional y, entonces, 20 años después, el populismo se alió con la corrupción y, de manera progresiva, manipulando el tejido legal, irrumpió el orden democrático, hasta lograr desconocer definitivamente el orden constitucional.

Así como sucedió luego de la caída de Pérez Jiménez y también luego de la muerte de Juan Vicente Gómez, la Constitución de 1999 es el único instrumento político capaz de aportar los principios, valores y garantías democráticas necesarias para garantizar una transición política y posteriormente facilitar un proceso de reforma constitucional, que permita lograr el reencuentro de la sociedad venezolana.

Pero el Informe 2017 de Latinobarómetro advierte que ese proceso de transición, con o sin la Constitución de 1999, tiene que valorar un elemento fundamental, clave para la sostenibilidad del proceso político que se inicie con un cambio en Venezuela: el nivel alarmante de desconfianza interpersonal.

Venezuela ocupa uno de los niveles más bajos de confianza interpersonal en América Latina –que tiene un registro promedio de 14%–, el más bajo porcentaje que haya registrado la región en los últimos 20 años. Venezuela registra solo 9% de confianza interpersonal.

Esa realidad evidencia la ruptura o el quiebre de la cohesión social y permite explicar algunas razones por las cuales la sociedad venezolana no logra, en términos generales, organizarse de manera efectiva para impulsar la restitución del orden democrático, y podría aportar elementos importantes para comprender la respuesta de la sociedad venezolana a los anuncios sobre el diálogo y/o negociación entre oposición y gobierno.

El gran desafío, la urgencia de hoy, no es superar la crisis económica –y menos aún hacer entender al mundo la tragedia que se vive en el país–, es trabajar la cohesión social a los fines de mejorar los niveles de confianza interpersonal para enfrentar con mayor efectividad los desafíos que suponen la organización política y social e impulsar el cambio político en el país.

No podemos construir consensos sobre las expectativas venezolanas frente a la democracia sin espacios de debate, sin el encuentro entre todos los actores de la sociedad civil y, menos aún, en un clima de desconfianza entre la propia sociedad civil.

En Venezuela hay muchos “maquinistas”, pero sin una hoja de ruta que genere confianza y cohesione a los actores sociales. En la medida en que el tiempo avance cada vez será más difícil la labor pedagógica de restaurar esa cohesión social. El régimen juega a ello y los “maquinistas” lo saben.

@carome31

22 de octubre de 2018

POLITIKA UCAB

https://politikaucab.net/2018/10/22/la-maquina-llamada-democracia-y-los-...

 5 min


Jesús Elorza G.

El pasado 30 de septiembre 2018, se realizó en la ciudad de San Cristóbal, el maratón “Táchira 42K”. En el evento, simultáneamente se corrieron las pruebas de 10K y la media maratón 21K. Cabe destacar, que una vez finalizad el evento, varios de los atletas participantes manifestaron sus quejas y críticas contra los organizadores, producto de las irregularidades presentadas en la organización y desarrollo de la competencia. Entre los aspectos más resaltantes de las denuncias formuladas destacan las siguientes:

  • La ruta del maratón, fue cambiada sin notificación alguna a los participantes. Solo fueron informados el día de la entrega del “Kit” para la competencia (el número oficial de corredor con el Tag (dispositivo de control de tiempos).
  • Todo lo relacionado con el dispositivo (Tag) para el control electrónico de los tiempos no funcionó. No pasó más allá de ser un anuncio propagandístico para engañar a los atletas.
  • Debido a la poca cantidad de atletas inscritos, los organizadores optaron por hacer un “solo bulto” a la hora de la salida. No hubo, la reglamentaria distribución de los corredores por evento. Es decir, establecer el orden de salida con los corredores de 42K en primera instancia, luego los de 21K y finalmente los de 10K. El despelote fue de un todo contra todos.
  • Los puestos de hidratación y suministro de frutas no estaban cada dos kilómetros como está reglamentado, ¡¡¡Solo se habilitaron 6 puntos de hidratación para todo el recorrido!!!. Los organizadores pretendieron justificar esta anomalía diciendo que, como la competencia era en un circuito de 21 kilómetros, al hacer dos vueltas para alcanzar los 42 kilómetros, los 6 puntos se transformaban en doce. Pero, a partir del kilómetro 30, los puntos brillaron por su ausencia.
  • Al cumplirse la primera ronda de 21 kilómetros, los puntos de control fueron abandonados; este hecho, aunado a la falta de señalización para el recorrido, permitió que afloraran cualquier tipo de irregularidades técnicas, desde “recortar” camino o ser asistido por personal no autorizado.
  • El circuito del maratón o ruta nunca estuvo cerrado al tráfico, los participantes estuvieron expuestos a un accidente en todos los momentos exceptuando en el tramo de la quinta avenida de la ciudad. En el resto de la ruta, circularon bicicletas, motocicletas, patinadores no autorizados que ayudaban a los corredores del patio, a pesar de estar prohibido. Además, hay que señalar que buena parte de la ruta debía ser recorrida por una autopista, la cual no fue cerrada y para la segunda vuelta la vigilancia fue retirada.
  • La Póliza de Seguro, para la protección de los atletas brillo por su ausencia. Los organizadores no informaron a los participantes sobre esta materia.
  • En la llegada, el despelote no se hizo esperar: No hubo premiación por categorías. Los organizadores decidieron de manera arbitraria y unilateral, hacer una premiación general solamente a los primeros 7 u 8 corredores que llegaron a la meta, violentando de esa manera el reglamento previsto para ello, configurando así una descarada burla hacia los atletas.
  • El trágico suceso de la muerte del corredor José Reinaldo Paz de 53 años de edad, quien cayó víctima de un infarto, durante su recorrido. Todos los participantes, al enterarse de esa noticia, no dejaban de preguntarse ¿Qué pasó con los controles médicos? ¿Los organizadores no chequearon o exigieron la Planilla sobre Descargo de Responsabilidades que debían entregar los atletas a la hora de su inscripción y en donde se debía dejar constancia de estar saludable para participar en el maratón?

Preguntas, hasta este momento sin respuesta alguna. Lo que está comprobado es que, los organizadores no exigieron a la hora de la inscripción o a la de la entrega de materiales (Kit), la señalada Planilla de Descargo de Responsabilidades que debían firmar y presentar los atletas participantes. Demás está decir, que los organizadores están en la obligación de ser más rigurosos con las exigencias de chequeos médicos a los participantes de maratones.

La muerte del atleta, pudiera indicar que estamos en presencia de un hecho que amerita responsabilidades civiles y/o penales, que derivan de conductas negligentes por el incumplimiento de una obligación eximente de responsabilidad (no exigir la presentación de la planilla de descargo).

Como un hecho agravante, en este trágico maratón de irresponsabilidades, hay que señalar que la Asociación de Atletismo del estado Táchira ¡¡¡No avaló este evento!!! Y entonces, surge la pregunta ¿Quién o quienes en la Federación Venezolana de Atletismo dieron el visto bueno para la realización de esta competencia?

 3 min


I.

La economía es el centro de las preocupaciones del país. En tiempos de hiperinflación resulta casi imposible hablar de otra cosa. Nuestra economía no levanta cabeza, sólo lo hace en el discurso del Presidente Maduro, quien, sin que medie el más mínimo sonrojo, a partir de su programa de estabilización, redacta (de nuevo) la partida de defunción del modelo rentista, decreta (también una vez más) la Venezuela Productiva y asoma el proyecto de inundar el mercado chino de productos venezolanos.

II.

Pero el país sufre de otras gravedades, a las que miramos menos. Lo digo porque termino de leer el Informe El poder de decidir. Derechos reproductivos y transición demográfica 2018 (accesible en la web), elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, presentado hace pocos días a escala mundial, en el que se muestra una muy mala foto del caso venezolano en cuanto cuanto al número de embarazos no deseados, el acceso a los métodos anticonceptivos, la cifra de embarazos que terminan en abortos realizados en malas condicione y, por mencionar algo más, la falta de información sobre diversos aspectos relacionados con la salud sexual y reproductiva.

En sus páginas se indica, además de otros muchos datos y comparaciones entre todos los países, que Venezuela registra el primer lugar de embarazo adolescente a nivel suramericano (100 por cada 1000), que entre 20 y 25 % de los nacimientos son de una madre adolescente (en no pocas veces de una jovencita de apenas 12 años), y que de los 600 mil embarazos registrados anualmente, 120 mil son de adolescentes, provenientes en su inmensa mayoría de los sectores más desprotegidos y pobres de la sociedad. En fin, como dijo alguien, Venezuela está preñada de madres casi niñas, reflejo de una muy grave situación dibujada y diagnosticada en diversos estudios, sostenidos en datos que a lo largo del tiempo sólo cambian para empeorar, dejando el testimonio estadístico de una dolorosa tragedia personal y familiar.

III.

Estas madres adolescentes son, así pues, parte de un paisaje social hecho de relaciones familiares frágiles, niños desatendidos , educaciones truncadas, destinos laborales dudosos, todo ello según un largo y angustioso rosario de consecuencias requeté sabidas, que limitan las posibilidades y multiplican los obstáculos a lo largo de su vida. Arman la fisonomía de una sociedad que, aunque tiene un gobierno que anda de revolución desde hace dos décadas, ha dejado sin tocar aspectos que tocan su médula. De una sociedad en la que las chamas dan a luz cuando todavía no les toca y en la que la maternidad termina siendo una cuestión azarosa y desgraciada que les pone la vida cuesta arriba y chiquitica cuando apenas comienza.

El panorama descrito tiene otro lado que también se descuida: el del “chamito embarazado”, por nombrarlo de alguna manera. Según parece, no son muchos los estudios que reporten con referencia a los varones adolescentes que son padres ni que expliquen cómo encaran esa situación, pocos igualmente los programas de prevención pensados para ellos y las organizaciones que los orienten. No obstante, nada hace pensar que sea una cuestión muy distinta al de las madres precoces, y no cabe duda, por tanto, de que, con sus particularidades, aterriza en efectos equivalentes, todos apuntando a empañarles el futuro.

IV.

A todas éstas el Gobierno que actúa, según dice, en modo revolución, soslaya la situación y la deja pasar por debajo de la mesa, tal vez porque considera que no tiene cabida en la épica desde la que mira y atiende la realidad nacional. En fin, apenas repara en ella, a pesar de que es particularmente grave, compleja y, sobre todo, dolorosa, consecuencia de una sociedad estructuralmente desacomodada e injusta.

El Nacional, miércoles 24 de octubre 2018

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Con voz propia

Censura, presión, intimidación, coerción, chantaje son deplorables prácticas en un país donde el régimen -emulando respetable opinión- “tiene un latifundio mediático de 731 medios de comunicación”. La justifican quienes, compasivamente tildados caras de hierro, en la IV República combatían esos vicios.

Desde la entrada en vigencia los medios de información aquí se adoptó la libre expresión. En su primer Parlamento, y ante “el olvido y desprecio de los derechos del pueblo”, la consagró entre “derechos del hombre en sociedad”.

En la “Proclamación de los Derechos del Pueblo, el 1º de julio de 1811 el Supremo Congreso estableció para los del pueblo: “El derecho de manifestar sus pensamientos y opiniones por voz de la imprenta debe ser libre, haciéndose responsable a la ley si en ellos se trata de perturbar la tranquilidad pública o el dogma, la propiedad y honor del ciudadano” (Art. 4º).

Así en la Constitución Federal para los Estados Unidos de Venezuela, la primera del mundo hispano, dispuso la libertad de expresión. Entonces la naciente República sólo contaba cuatro periódicos de circulación semanal:

Será libre el derecho de manifestar los pensamientos por medio de la imprenta (Art 18l).

Tal derecho es realzado en 1819 en la auténtica Constitución Bolivariana, la propuesta por el Libertador en el Congreso de Angostura, que lo consagró como “el primero y más inestimable bien del hombre en sociedad. La misma ley no puede prohibirlo…” (Art 4).

Es un derecho humano mantenido en las siguientes leyes fundamentales, “sin restricción alguna”, “sin necesidad de previa censura, entre otros postulados.

La más amplia cobertura está el Derecho contenido en 13 artículos (28, 48, 57, 58, 60, 61, 101,108, 110, 117, 143, 325 y 337) en la actual Carta Magna. Nos correspondió el honor de presidir la Comisión que los propuso en la Asamblea Constituyente. Se aprobó con la derrota del régimen que rechazaba la información veraz.

De allí que resulte la ley fundamental más violada en esta materia, tal ha quedado demostrado en serios estudios. Clausura de medios, compra directa o con testaferro de los considerados adversarios, enjuiciamiento y asaltos a los que resisten, en general negación del suministro de papel e insumos de los impresos, que se han visto obligados a restringir sus páginas, varios cerrados y mantenerse en internet.

Delictual es la política contra los comunicadores sociales: juicios, detenciones, exilios, secuestros, agresiones. Y asesinatos, algunos en ejercicio de la profesión; pasan de 60 esos crímenes.

En su política dictatorial ha impuesto la hegemonía informativa y pese al control de los medios, recurren a las antojadizas cadenas de radio y televisión que sólo se producen en Venezuela; y a las “cuñas” gratuitas. Si no fuera suficiente el abuso, para mayor manipulación se registra el desequilibrio informativo que practican por temor o complicidad ciertos medios audiovisuales (radio y tv). Se produce cuando por cada información que evalúan negativa al régimen, publican una oficial. Es lo mismo que conceden a los espacios de opinión: por cada entrevista de un tenido de adversario o independiente, incluyen uno del régimen.

A la tropelía del régimen se agrega la práctica hitleriana: mentira repetida varias veces es convertida en verdad. Con desfachatez, quien fue ministro de información elogio como maestro al nacionalsocialista Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler.

Las consideraciones las hacemos como reflexión que estimamos necesaria, a propósito del 24 de octubre, antiguo Día del Periodista, hoy transferido a los gráficos. Es una fecha para invocar la defensa de la libertad de expresión, ante la evidencia de sufrir dictadura mediática.

Al MARGEN. No olvidar, es una frase vigente. La aplicamos a personajes de la comunicación, que en la IV República denunciaban la corrupción que hoy defienden y justifican en este narco régimen.

jordanalberto18@yahoo.com

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Juan Gonzalo Aguilar

El comentario de la semana

La observación directa de la realidad y la búsqueda de la verdad, estarán siempre mediatizada por la percepción del sujeto que observa y por el explorador que busca la exactitud de las cosas, ambos, sin embargo, deben incluir o no olvidar, que sólo vemos lo que ya sabemos o creemos saber que existe, que la verdad encontrada es aquella que nos ofrece nuestro propio entendimiento, así que, no está demás el volver a mirar, leer y buscar desde ángulos o perspectivas diferentes y que, aun a pesar de lo anterior, los contexto históricos, ambientales, físicos y hasta emotivos, cobran créditos en las conclusiones a la que podamos llegar.

En consecuencia, no pretendamos que nuestra verdad sea la verdad del otro, que lo que miramos, sea lo mismo que miren los demás, que la interpretación de lo leído, sea interpretado de la misma manera por otros lectores, y, mucho menos, asumir tener la razón en nuestra argumentación; abrir espacios para el disenso es una recomendación final, pues éste, el disenso, abrirá las puertas del entendimiento de quienes persiguen objetivos comunes en la vida.

Si estas reflexiones sirven de algo, desde Aragua en Red las ofrecemos para ratificar la necesidad imperante y postergada desde hace dos décadas, de lo hemos llamado “La Unidad Superior.”

La misma pasa por los matices de las reflexiones anteriores y desde nuestro punto de vista, la Unidad Superior no es otra cosa que la distribución grupal y geográfica de quienes están empeñados en rescatar la libertad y democracia de nuestro país, de quienes nos negamos a doblegarnos a un gobierno que pretende imponernos un cambio en la vida republicana, a un gobierno que no respeta el estado de derecho, a un gobierno que sistemáticamente viola los derechos humanos más elementales como el derecho a la vida, el derecho a la educación y el derecho a la salud.

Distribución representada por militantes de los partidos políticos, los independientes que no forman parte de ninguna organización, pero también de aquellos que se agrupan a través de las asociaciones de vecinos, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, los distintos gremios, los disidentes del régimen y en fin de todos aquellos que comparten la intranquilidad de ver al país inmerso en la más profunda crisis existencial y que buscan desesperadamente espacios para incorporarse a la lucha por la democracia y libertad.

Queda entonces a cada uno de los actores dar un paso al frente y decir como aquel jinete llanero “Rondón no ha peleado” y salvar la República tal y cual fue la actuación decisiva un 25 de julio de 1819 en la batalla del Pantano de Vargas del Coronel Juan José Rondón Delgadillo. O si lo prefieren, asumamos el reto y recordemos aquel presidente venezolano que no solo dijo “Quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse” o quizás, mejor recordado por sus palabras de “Manos a la obra”

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Marino J. González R.

Este fin de semana se elige el nuevo gobierno de Brasil. De acuerdo con lo establecido, el presidente a elegir el domingo estará en funciones por cuatro años y podrá optar por la reelección por un solo período. De manera que los electores brasileños elegirán al gobierno que podría dirigir al país en los próximos ocho años.

Para examinar la relevancia de Brasil en el contexto internacional, bastan pocos indicadores. Es el quinto país en población del mundo, solo superado por China, India, Estados Unidos e Indonesia. Poco más de doscientos millones de habitantes se encuentran distribuidos en la inmensidad del territorio brasileño. También Brasil es el quinto país por extensión, con poco más de 8,5 millones de kilómetros cuadrados.

En lo que respecta al tamaño de la economía, Brasil es la octava del mundo, cerca de Francia, India y el Reino Unido. La influencia internacional de Brasil, aunque ligada a la magnitud de sus proporciones, se extiende a las dimensiones culturales, deportivas, musicales. No es posible entender América Latina sin tomar en cuenta a Brasil. Sin dejar de considerar sus notables influencias en los ámbitos diplomáticos y financieros.

Las previsiones de Brasil para los próximos años no lucen compatibles con las inmensas posibilidades. Además de la inestabilidad política de los últimos años, la economía brasileña muestra signos de disminución de la capacidad de crecimiento, así como en la exportación, si se le compara con la experimentada en la década pasada y principios de la actual. También se aprecia un aumento en la proporción de población en pobreza, así como en las emisiones de dióxido de carbono. Estimaciones del Banco Mundial señalan que el ingreso per cápita se ha reducido en un tercio entre 2012 y 2017.

En la actual coyuntura de Brasil hay razones para esperar que la elección presidencial hubiera sido una excelente oportunidad para plantear alternativas para el futuro. Considerando especialmente la enorme repercusión que tienen de entrada los cambios que se produzcan en un país con las características de Brasil. Se supone que esas ideas deberían estar en los programas de los principales candidatos por la presidencia. Pero eso termina siendo mera ilusión.

Los programas de los candidatos que disputan la elección final, no son compatibles con las urgencias que confronta el país. En un caso, Haddad, se ofrece más bien una vuelta al pasado gobierno de Lula. Solo con el título se deja evidente: “Brasil feliz de nuevo”. La explicación de cómo puede volver a ser feliz de nuevo un país que tiene tal magnitud de problemas estructurales brilla por su ausencia. El programa de Bolsonaro no ofrece tampoco mayores pistas. Más allá de la libertad, respeto a la propiedad privada, apoyo a la familia, lucha contra la corrupción, no hay ideas específicas

No extraña entonces que en ninguno de los programas se mencionen temas como “sociedad del conocimiento”, “inteligencia artificial”, así como las complejas transformaciones que está experimentando el mundo al finalizar la segunda década del siglo XXI.

No queda duda entonces que cualquiera sea el resultado de la elección del domingo, Brasil estará sometido a las pugnas por el predominio de políticas públicas, sin una visión integral de la sociedad brasileña y de sus principales problemas. Es muy probable que la sorpresa sea el signo característico de las políticas de Brasil en los próximos años. Pensar antes sigue siendo una rareza para los gobiernos de América Latina.

marinojgonzalez@gmail.com

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Daniel Eskibel

49 millones de brasileños votaron en primera vuelta al candidato presidencial Jair Bolsonaro. Y esto ocurrió a pesar de varios factores contundentes que parecían alineados en su contra:

Un presupuesto de campaña electoral bastante limitado y modesto.

Carencia de estructura partidaria y territorial de respaldo.

Un candidato con antecedentes políticos grises y poco relevantes.

Declaraciones explosivas que parecían dinamitar su propia campaña.

Muy dura campaña negativa en su contra.

El triunfo de Bolsonaro convierte su liderazgo político en un fenómeno digno de ser estudiado de manera objetiva. En las siguientes tesis intento por lo menos acercarme a la comprensión de este fenómeno.

UNO: El relato de la ley y el orden derrotó al relato del golpe

Las elecciones presidenciales 2018 en Brasil estuvieron marcadas por dos grandes relatos que se disputaron la mente de los potenciales votantes. Ellos fueron el “relato del golpe” y el “relato de la ley y el orden”.

Las campañas electorales, y la política toda en definitiva, están atravesadas por relatos. Se trata de narraciones que cuentan una cuádruple historia: la del candidato, la de su partido, la del gobierno saliente y la de la sociedad misma en la cual la campaña se desarrolla.

Cada narración está contada desde un ángulo propio e intransferible que se identifica con determinados actores políticos, sociales, económicos, religiosos o culturales. Pero al mismo tiempo cada narración aspira a ir más allá, salirse de esos límites y persuadir a otros segmentos sociales.

La vocación última de cada relato es que la mayoría de los votantes lo adopte, lo haga suyo, lo incorpore a su mente y lo use para ordenar y comprender la realidad.

Pero… ¿por qué las personas habrían de hacer suyo uno de estos relatos?

Pues simplemente porque es una necesidad psicológica fundamental del ser humano.

La realidad en sí misma es inasible, inaprensible, fugaz, fragmentaria. La realidad como tal es un caótico flujo de estímulos contradictorios que van y vienen, que surgen para luego desaparecer. La realidad, además, es demasiado inabarcable como para ser comprendida por un ser humano aislado.

Es entonces que llegan los relatos y ayudan a comprenderla, a darle un sentido.

Relatos que son producciones colectivas, por cierto.

En el caso de Brasil los relatos predominantes fueron los dos señalados anteriormente. Dos narraciones antagónicas y excluyentes.

El “relato del golpe” comenzaba contando que los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) habían sacado de la pobreza a millones de personas que habían sido siempre las más postergadas en la historia del país. Y que justamente por eso los sectores más poderosos estaban ejecutando un golpe de estado destinado a revertir tales avances. Golpe de estado impulsado por sectores económicos, políticos, mediáticos y judiciales y que tenía como grandes hitos la destitución de la Presidenta Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Lula, máximo líder del PT y del país.

El “relato de la ley y el orden”, por su parte, comenzaba contando que en los últimos años la vida de los brasileños estaba siendo destruida por tres flagelos mortales: la corrupción política, la crisis económica y la delincuencia. Y que justamente por eso era imprescindible poner un freno radical ante tales flagelos. Un freno que implicara ley y orden, mano dura, autoridad fuerte y un liderazgo como el de Bolsonaro que no le temiera a nada ni a nadie.

¿Cómo explicar que el segundo relato haya sido más persuasivo que el primero para los votantes brasileños? Básicamente por dos razones:

Su eje principal eran los temas que la gente percibía como sus principales problemas: corrupción, crisis económica e inseguridad. Mientras tanto el otro relato ponía el eje en cuestiones político-partidarias e ideológicas más alejadas de la conversación social.

Era un relato más simple, más fácil de comprender y de transmitir a otros. En una campaña electoral esto es sinónimo de jaque mate.

DOS: Bolsonaro conectó mejor con el miedo y el enojo de los votantes

Las emociones mandan en la toma de decisiones, aún en las que son en apariencia más frías y racionales. Inclusive en la decisión de voto. Y los relatos que se disputan la mente de los electores en cada campaña son, desde el principio, disparadores de emociones.

Acá nos encontramos con el segundo factor del triunfo de Bolsonaro: no solo protagonizó el relato más persuasivo sino que además conectó mejor con las emociones de los votantes.

Esas emociones eran principalmente dos: enojo y miedo.

Los brasileños estaban muy enojados con la corrupción que desde hacía ya años venían viendo en la política. Enojados, fundamentalmente, con el gobierno del PT.

Al principio, hace ya unos cuantos años, parecía que los casos de corrupción que salpicaban una y otra vez al gobierno no terminaban de pasarle factura al partido de gobierno. Y menos a Lula, el líder político más popular del país durante mucho tiempo. Pero el goteo de la corrupción rompió el blindaje y se derramó por todas partes. Así el enojo fue creciendo, incontenible.

Mientras amplios segmentos sociales percibieron que “las cosas iban bien” (por ejemplo que millones de personas salían de la pobreza y se incorporaban al mercado de trabajo y de consumo), buena parte del electorado brasileño seguía votando al PT. Pero cuando la crisis económica y la crisis de la seguridad pública comenzaron a golpear directamente su vida cotidiana, entonces el enojo estalló definitivamente. Enojo contra los gobiernos del PT en quienes estos sectores vieron la responsabilidad de los tres grandes males: corrupción, crisis económica y delincuencia.

Al mismo tiempo fue creciendo el miedo entre amplias capas de la sociedad. Miedo a la delincuencia y miedo a los efectos de la crisis económica. No miedos genéricos o abstractos sino miedos concretos, específicos. Temor a las consecuencias personales directas que podían causarles esos problemas.

Enojo y miedo, pues.

Y Bolsonaro supo escuchar esas emociones y darles un gran espacio en su comunicación política. Los brasileños se vieron en el espejo de Bolsonaro, vieron sus propias emociones reflejadas en su mensaje.

Ya sabes: son las emociones las que mueven el voto.

TRES: El PT se estrelló contra su propia política de alianzas

Una ley no escrita de la política dice que muchas elecciones se ganan o se pierden en la mesa de negociaciones. Por eso la política de alianzas de cada formación política es un asunto crucial.

Una manera simplista, y equivocada, de ver las alianzas es considerar que se trata de sumas matemáticas de apoyos. Pero la realidad es más compleja. Algunas sumas en realidad suman, pero otras restan. Y todo depende de las metas políticas, de la adecuada valoración de la realidad y del conocimiento del público objetivo.

En el caso de Brasil las políticas de alianzas de los candidatos beneficiaron a Bolsonaro y perjudicaron al PT. A saber:

Durante varios años el PT intentó sumar aliados que tarde o temprano resultaron grandes dolores de cabeza. Tenemos que recordar, por ejemplo, a su aliado Michel Temer. Acompañó a Dilma Rousseff como su candidato vice presidencial y luego jugó un rol decisivo en la destitución de la Presidenta y en los acontecimientos que precipitaron la caída del PT en la opinión pública.

Simultáneamente el PT fue dejando por el camino a algunas de sus propias figuras así como a potenciales aliados. Y desembarcó en las elecciones de 2018 aislado y en medio de una notoria división y fragmentación de las fuerzas políticas que van desde el centro hasta la izquierda.

Por su parte Bolsonaro prefirió restar para sumar, ubicándose en una posición radical que paradójicamente fue más verosímil levantando sus banderas en soledad que si hubiera “sumado” aliados. Una estrategia similar a la seguida por Mauricio Macri en las presidenciales de Argentina del año 2015, cuando evitó aliarse con Sergio Massa para levantarse en solitario como la gran alternativa frente al kirchnerismo.

Leyendo lo ocurrido en domingo con el diario del lunes, podemos concluir que la actitud de Bolsonaro parándose en solitario como la antítesis del PT fue el movimiento estratégico más rentable electoralmente. Con el mismo diario del lunes podemos señalar que era el PT quien necesitaba buenos aliados y no los encontró o no los buscó o no los supo ver al quedar encerrado dentro de sus propias limitaciones estratégicas.

CUATRO: El liderazgo político ni se transfiere ni se construye en un mes

Pasan los años y sigue sucediendo lo mismo una y otra vez, y la mayor parte de los líderes políticos sigue creyendo que “esta vez no va a ocurrir”. Me refiero a esos líderes que designan a su sucesor, nombran a quien los va a representar en la campaña electoral en la que no pueden participar.

El elegido de Lula para sustituirlo como candidato presidencial fue Fernando Haddad. Pero la gente no vota a un candidato solamente porque es el elegido por el líder. Más allá de los votantes duros que son incondicionales, la gente vota personas. Personas. Y aún los simpatizantes de un partido pueden optar por quedarse en su casa y no ir a votar si “su candidato” no les agrada, no les atrae, no les convence o no les mueve.

Los desbordes narcisistas están siempre en agenda en materia política. Y los grandes líderes suelen creer honestamente que son tan grandes que basta su señal indicando a un candidato para que millones miren y voten a ese candidato. Pero por extraordinario que sea el líder, al final del día su honesta creencia no es mucho más que desborde narcisista.

Con el agravante de que también ocurre otra cosa: casi siempre se equivocan.

Y el error, otra vez, puede atribuirse al narcisismo.

Porque cuando un liderazgo político se extiende a lo largo de los años, el narcisismo del líder va desplazando sutilmente (y a veces no tan sutilmente) a quienes podrían ser sus sucesores. Muchas veces los desplazados son los mejores, los más destacados, los que podrían tener un futuro político más luminoso. Por eso mismo son desplazados. Porque la parte oscura e inconsciente del líder teme que ese posible sucesor se convierta en realidad en un competidor.

Entonces: Lula “nombra” a Haddad como su candidato, lo elige. Pero los ciudadanos perciben que, más allá de los discursos y la parafernalia electoral, Haddad no es Lula. Y no lo votan como votarían a Lula. Contando además con que muy probablemente el elegido no sea el mejor sino simplemente el preferido dentro de las limitaciones del momento presente. Que resulta claro que son limitaciones producidas por otras decisiones anteriores.

Pero hay algo más grave y más erróneo: la decisión de Lula es tan tardía que apenas le deja un mes a Haddad para hacer campaña y construir liderazgo. ¡Un mes! Está claro que el liderazgo político no se transfiere hacia otra persona por voluntad propia. Y mucho menos en tan poco tiempo como un mes.

¿Por qué una decisión tan importante es tan tardía?

Supuestamente la estrategia del PT era agotar hasta el último resquicio de posibilidad de que Lula fuera autorizado como candidato a pesar de estar preso. Lo cual contradice violentamente el relato del golpe que narraba el propio PT desde hacía ya tiempo.

Si el PT creía realmente en su propia narrativa del golpe, ¿cómo podía imaginar que la candidatura de Lula sería habilitada en tal contexto?

Imposible.

La única explicación a tamaña desproporción parece anidar, otra vez, en el narcisismo del líder. Solo en ese terreno era posible argumentar que había un golpe de estado “blando” en marcha, que ese golpe incluía la presencia de Lula en la cárcel pero que al mismo tiempo los golpistas lo habilitarían como candidato presidencial.

El narcisismo es una fuerza potente en todos los líderes políticos. Una fuerza sin la cual jamás llegarían a ser lo que son. Pero al mismo tiempo una fuerza que propicia su derrota final.

CINCO: El ataque político contra Bolsonaro lo benefició más que a nadie

Las declaraciones violentamente explosivas de Bolsonaro dieron la vuelta al mundo. Expresiones a favor de las dictaduras, de la tortura, de la discriminación contra mujeres, negros, gays e indígenas. Afirmaciones intolerantes, implacables, ofensivas.

Esta debilidad del candidato estaba expuesta a simple vista: bastaba con recuperar algunas de sus palabras. Estaban allí: en los periódicos, en las radios, en la televisión, en las redes sociales, en los mitines. Una debilidad frente mismo a los ojos y los oídos de todos los brasileños.

Esto motivó que varios sectores sociales y políticos emprendieran un ataque político contra Bolsonaro cuando comenzó a hacerse evidente que tendría mucho mayor fuerza electoral que la prevista. Y lo atacaron con fuerza, golpeando una y otra vez sobre esa debilidad tan expuesta y tan evidente. Parecía lógico, pero no lo era.

¿Acaso era necesario atacarlo a Bolsonaro para intentar frenarlo?

Pues sí. Era imprescindible, en especial para el PT.

Es que el ataque político es parte legítima del arsenal de toda campaña. Pero debe hacerse bien.

Una visión tradicional acerca del ataque político dice que hay que atacar la debilidad del adversario. Sin embargo esta clase de ataque casi siempre fracasa. Porque esa debilidad está, justamente, frente a los ojos de todos. Y sus votantes conocen esa debilidad pero lo votan a pesar de ella. Entonces atacar la debilidad es llover sobre mojado: carece de efecto, solo es más de lo mismo.

Y así fue.

El ataque contra las declaraciones repudiables de Bolsonaro cayó en saco roto.

Quienes simpatizaban con él no lo hacían por desconocer esas declaraciones sino a pesar de las mismas. Una parte de ellos las compartían (conviene recordar que solo el 13 % de los brasileños está satisfecho con la democracia según el Latinobarómetro 2017). Otra parte de sus simpatizantes las minimizaban, dándoles otro encuadre, ubicándolas en otro contexto o reformulando su sentido e intenciones. Y aún otra parte de ellos las rechazaban pero sin que ello invalidara la fortaleza que veían en Bolsonaro y las coincidencias con él en otros planos.

Distinto habría sido el escenario con un ataque contra su fortaleza, contra el punto de anclaje entre él y sus simpatizantes. Eso sí habría sido un misil en la línea de flotación. El ataque contra su debilidad, en cambio, solo sirvió para encrespar aún más a sus adversarios, a quienes ya estaban en contra de él. Encresparlos era legítimo, por cierto. Pero no movía la aguja del sismógrafo electoral y menos lograba evitar el triunfo de Bolsonaro.

SEIS: La imagen del herido le ganó a la imagen del preso

Cada campaña electoral tiene un par de imágenes visuales que por su propia potencia le dan un marco referencial a la campaña y a cada acontecimiento de la misma.

En la campaña presidencial 2018 de Brasil esas dos imágenes fueron:

Lula en la cárcel

Bolsonaro acuchillado

La imagen de Lula en la cárcel podía tener una cualidad positiva solamente para sus más acérrimos partidarios. Positiva porque mostraba, según el relato del PT, al más grande líder político de Brasil detenido injustamente en un proceso anti democrático de golpe de estado soft, light, blando o encubierto. Mostrarlo preso, en imágenes y palabras, era confirmar el relato.

El problema es que esa imagen solo confirmaba el relato de quienes ya creían en ese relato. Alimentaba a los convencidos, pero con ellos no bastaba para ganar la elección.

¿Qué veían los demás en esa imagen?

Pues la confirmación de lo lejos que había llegado la corrupción política.

Veían un hombre que había sido poderoso y ya no lo era.

Veían un político preso por acusaciones de corrupción.

Veían a un ex Presidente que primero los había ilusionado y luego los había decepcionado.

Llegaban al fondo mismo de su desconfianza en la democracia. Y cuando se llega a ese fondo emerge la tentación autoritaria, como ya sabes.

En cambio la imagen de Bolsonaro acuchillado tenía otra cualidad más positiva.

La persona herida, la víctima, genera una inmediata reacción de solidaridad y simpatía. No importa si es una persona desagradable o antipática. No importa si es alguien que piensa radicalmente distinto. No importa si es alguien lejano o desconocido. Nada de eso importa ante el herido.

¿Qué vieron millones de personas en Bolsonaro acuchillado?

Vieron al herido, al atacado, al golpeado.

Vieron a una persona de carne y hueso, un ser humano real, una persona vulnerable.

Vieron a una víctima de la delincuencia.

Frente a esa imagen era más probable que muchas personas bajaran sus defensas psicológicas, sintieran algo de pena y de compasión, y hasta se sintieran más próximos a Bolsonaro.

En la batalla de las imágenes que también es la campaña electoral, la imagen del herido derrotó por amplio margen a la imagen del preso.

Todas las campañas electorales dejan enseñanzas

Tanto Lula como Bolsonaro generan posicionamientos políticos apasionados y disparan emociones intensas. El desafío es tratar de indagar a través de los posicionamientos y de las emociones para comprender las enseñanzas que nos deja la campaña presidencial 2018 en Brasil. Porque todas las campañas electorales dejan enseñanzas.

A partir de las tesis de este artículo sobre el triunfo de Bolsonaro, me permito extraer algunas conclusiones y hacerte algunas sugerencias básicas para tu próxima campaña electoral:

Comunica sistemáticamente un relato que explique con simplicidad la narrativa del candidato, de su partido, de su sociedad y del gobierno saliente.

Detecta las emociones del electorado, entra en contacto con ellas e incorpóralas a tu comunicación política.

Construye una política de alianzas que sea congruente con tus objetivos políticos y con tu mercado electoral.

Vigila y mantén a raya tu narcisismo para que no precipite tu caída cuando más poderoso te sientas.

Si vas a atacar a tu adversario, ataca su fortaleza y no su debilidad.

Dedica un tiempo a decidir cúal será la imagen visual más representativa de tu campaña.

Las seis tesis de este artículo no explican por sí solas el resultado electoral. Pero pueden ser una ayuda orientadora.

Y las seis sugerencias anteriores tampoco te aseguran ninguna victoria. Pero también pueden ayudar.

49 millones de brasileños votaron a Jair Bolsonaro.

Y volvieron a demostrar, como antes y de modo diferente lo habían hecho los 30 millones de mexicanos que votaron a Andrés Manuel López Obrador, lo fascinante que es la psicología del voto.

https://maquiaveloyfreud.com/triunfo-bolsonaro/

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