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Desmontar una dictadura toma tiempo

Dictaduras

Editorial

Un régimen de esa duración no solo controla el gobierno. Penetra las instituciones, somete al sistema judicial, manipula el poder electoral, se apodera de los recursos del Estado y desarrolla aparatos de represión destinados precisamente a impedir cualquier transición. Desmantelar una estructura así exige método, prudencia y tiempo.

Por eso, cuando se habla de un plan en tres etapas, conviene entender que no se trata de demorar la transición, sino de hacerla posible.

La primera fase es la estabilización. Su propósito fundamental es evitar el caos mientras se comienzan a desatar los nudos de poder que sostuvieron al régimen. El Estado debe seguir funcionando —aunque sea de manera imperfecta— mientras se desmonta la estructura autoritaria.

En ese contexto se explica que la liberación de presos políticos avance lentamente y con restricciones que siguen siendo inadmisibles. Pero el hecho concreto es que cientos de venezolanos siguen injustamente detenidos aunque a algunos los han excarcelados lo que no significa que estén libres Es un proceso insuficiente, pero es lo que está ocurriendo por lo que no se puede afirmar que la primera etapa se esté cumpliendo a cabalidad.

Paralelamente se busca tomar control de las principales fuentes de ingreso del antiguo régimen, particularmente el petróleo y la minería, para impedir que esos recursos continúen alimentando redes de corrupción. La idea es que esos ingresos vuelvan al país, pero con reglas claras sobre su uso, eliminando la discrecionalidad que tanto daño hizo durante años.

Al mismo tiempo se avanza en otros frentes: extradiciones de responsables de delitos graves y el inicio de una imprescindible reconstrucción institucional.

En ese sentido ha sido claro Enrique Márquez al señalar algo elemental: sin cambios en el Tribunal Supremo de Justicia y en el Consejo Nacional Electoral, no podrá hablarse seriamente de elecciones libres.

Nada de esto ocurre de forma instantánea. Desmontar un sistema autoritario que se consolidó durante casi tres décadas requiere paciencia, firmeza y cordura.

La impaciencia es comprensible después de tantos años de abusos. Pero también conviene recordar una realidad histórica: derribar una dictadura puede ser rápido; desmontar el sistema que la sostuvo siempre toma más tiempo.

https://www.analitica.com/el-editorial/desmontar-una-dictadura-toma-tiempo/