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Mensaje de María Corina Machado sobre el acuerdo energético entre EE.UU. y el régimen venezolano

MCM

Queridos venezolanos, 

En las últimas horas se ha anunciado un acuerdo de gran escala en materia petrolera entre el gobierno de los Estados Unidos y el régimen de Delcy Rodríguez. 

Sé lo que ustedes están sintiendo: tristeza, rabia y ese malestar tan repetido en nuestra historia porque alguien decida sobre lo nuestro, en nuestro nombre, sin contar con nosotros. 

Aún no se conoce el verdadero alcance de este acuerdo: ¿quién firma?, ¿qué es realmente lo que se firma?, ¿quién pone el dinero?, ¿quién da las garantías?, cómo ¿beneficia esto a los venezolanos? Con absoluta razón, esto ha generado una profunda preocupación por las implicaciones que tiene para el futuro de nuestro país. 

Con la verdad, como siempre les hablo, quiero compartirles mis primeras reflexiones sobre este asunto. Me he tardado unos días en hacerlo porque, al tratarse de un tema tan serio, consideré que lo más responsable era conseguir primero la mayor información posible. 

En primer lugar, quiero señalar que el sector petrolero es sólo una parte de la inmensa reconstrucción que debemos acometer en Venezuela. Requiere inversiones colosales, pero necesita mucho más que dinero. En un país con las dimensiones y la fragilidad institucional de Venezuela, ningún sector podrá funcionar de manera aislada. 

Necesitamos que el país entero funcione: que las cadenas de valor se integren, que se genere suficiente electricidad y que haya capacidad operativa en los puertos. 

Necesitamos seguridad jurídica para las inversiones y seguridad personal para nuestra gente. 

Es lógico que exista tanto interés en el potencial de negocios de Venezuela. 

No hay otro país donde confluyan una inmensa abundancia de recursos energéticos — renovables y no renovables—, costos súper competitivos y una ubicación geográfica inmejorable, alejada de los conflictos históricos que afectan a otras zonas petroleras del planeta. 

Todo eso le da a Venezuela un valor estratégico extraordinario tanto para la seguridad nacional de los Estados Unidos como para la estabilidad del hemisferio. Pero el patrimonio de nuestro suelo no le pertenece a un RÉGIMEN ILEGÍTIMO, le pertenece al pueblo venezolano. 

Por supuesto, los Estados Unidos son el socio principal que Venezuela necesita para desarrollar a plenitud su valor estratégico. Así lo piensa la mayoría de los venezolanos; así lo reflejan los valores compartidos por nuestros dos países, y así lo he defendido durante toda mi vida. 

Los enemigos de los Estados Unidos en Venezuela están hoy en Miraflores. 

Pero precisamente por eso, porque esta asociación entre Venezuela y Estados Unidos reviste un carácter estratégico para ambos países, es que todos necesitamos QUE LAS COSAS SE HAGAN BIEN. 

Necesitamos atraer capitales e inversiones sostenidas a largo plazo, bajo condiciones de rentabilidad, certeza, seguridad y una reducción real del riesgo país. 

La cuestión clave es CÓMO hacerlo. La respuesta es una asociación sólida de beneficio mutuo (como tantas veces he dicho: ganar-ganar/ win-win) para todos los actores: los venezolanos, los Estados Unidos, las empresas, los inversionistas, los mercados y los trabajadores. 

Todo esto requiere trabajar de forma sostenida bajo los principios innegociables de transparencia absoluta, legalidad y eficiencia. 

Y esto solo es posible con la legitimidad y la estabilidad que ofrece un gobierno serio y democrático. 

Nuestra propuesta al respecto ha sido trabajada durante años y es bien conocida por los principales actores económicos del planeta. 

En marzo pasado, durante CERAWEEK en Houston, presentamos nuestro plan energético, basado en cinco pilares fundamentales: 

  1. Marco legal transparente: Reglas aprobadas públicamente por una Asamblea Nacional legítima; no por decreto ni a puerta cerrada.
  2. Institucionalidad técnica: Una Agencia de Hidrocarburos independiente. El Estado deja de ser juez y parte, operador y fiscalizador, para convertirse en un regulador serio.
  3. Licitaciones públicas y abiertas: Reglas claras publicadas de antemano y resultados transparentes al finalizar. Sin adjudicaciones a dedo. Todo a la vista de los ciudadanos: sin favores, solo por mérito.
  4. Régimen fiscal competitivo y estable: Un marco tributario que atraiga al inversor que arriesga miles de millones, y que también garantice ingresos justos para Venezuela cuando suban los precios del petróleo.
  5. Seguridad jurídica y arbitraje internacional: Respeto irrestricto a los contratos celebrados y sometimiento a instancias de arbitraje internacional. 

Este plan crea los incentivos y las garantías indispensables para hacer que las inversiones sean grandes y duraderas. Solo con el respaldo y acompañamiento de la gente, en un Gran Acuerdo Nacional, podremos ejecutar las grandes transformaciones que exige Venezuela, no solo en energía, sino también en educación, tecnología, seguridad ciudadana e infraestructura financiera. 

Los venezolanos sabemos que no hay desarrollo posible sin instituciones sólidas y sin gobierno electo por el voto popular. Esa es la única y verdadera garantía de éxito y estabilidad para cualquier inversión de gran escala. 

Y al final, todo esto solo tiene sentido si la gente lo vive en su día a día: para que haya medicinas en los hospitales, agua y luz en nuestras casas, educación del primer mundo para nuestros hijos, y para que cada diciembre esas sillas vacías estén ocupadas en nuestras mesas. 

El 28 de julio de 2024 la Nación habló con claridad. Nos levantamos como pueblo y emitimos un mandato categórico: somos venezolanos y queremos seguir siéndolo. 

Y vamos a hacer lo necesario para que la nuestra vuelva a ser una nación digna, próspera, libre y soberana. Esta es la nación que hoy se dispone a refundar la República. 

La única vía para lograrlo es hacer valer la soberanía popular a través del voto; porque esa es la única forma digna de gobierno que existe, y porque sólo un gobierno de la gente gobierna para la gente y le rinde cuentas a la gente. 

Venezuela vale mucho más que su petróleo. El verdadero valor de Venezuela es su gente, que por las buenas es el mejor socio del planeta, y que jamás pondrá en venta nuestra libertad y la de nuestro país. 

3 de septiembre 2026