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Análisis de entorno (al cierre de 2025): del péndulo roto al horizonte inminente

martillo
Tiempo de lectura: 14 min.

Como en cada entrega de esta columna a lo largo de 2025, hemos diseccionado el tablero venezolano no como un rompecabezas estático, sino como un juego dinámico donde cada movimiento tiene la capacidad de alterar el equilibrio de poder, ajustar tiempos y evaluar condiciones de entorno.

A lo largo del año hemos marcado una hoja de ruta sectorial, hemos advertido y aconsejado, y puesto en perspectiva dimensiones para interconectarlas y evitar que se conviertan en compartimentos estancos. Porque, en definitiva, está pensada y construida con criterio de recomendaciones positivas…

Además, porque está pensada y escrita por un consultor gerencial en estrategia y análisis de entorno; y eso es lo que un consultor hace: Orientar sobre el sentido de dirección, establecer un norte estratégico y un punto de llegada, y allanar el camino hacia el objetivo; señalando los factores que habilitan y los que inhiben u obstaculizan.

Desde enero del 2025, cuando el chavismo se atrincheró en su juramentación fraudulenta -convirtiéndose en un gobierno de facto- hasta estos días de 2025 marcados por la escalada internacional y la exfiltración estratégica de María Corina Machado, hemos insistido en que el cambio no es un evento aislado, sino un proceso acumulativo.

Esta serie semanal de Análisis de Entorno, ha servido de brújula para el lector común que busca claridad en el caos, para el analista político que necesita patrones de referencia, para el analista de inteligencia que rastrea vulnerabilidades, y para los militares –de cualquier bando– que entienden que el verdadero enemigo no es el adversario ideológico, sino la irrelevancia histórica.

Hoy, en esta última entrega del año, miramos atrás para evaluar la evolución de los hitos clave, medimos el presente como bisagra decisiva, y proyectamos el 2026 con realismo crudo, pero optimismo fundado.

Porque en Venezuela, como en toda nación bajo yugo, el análisis no es pasivo, sino que es una llamada a la acción. Mirando hacia atrás, 2025 ha sido un año de oscilaciones pendulares que, lejos de estabilizar, han acelerado la fractura interna del chavismo, y hasta la dinámica del péndulo que todo indica que ya se rompió.

El hito inicial, la juramentación de Nicolás Maduro el 10 de enero pasado, no fue solo un ritual burocrático, sino que representó un retroceso neto en el camino hacia la libertad. Fueron beneficiados el núcleo duro del chavismo, con Diosdado Cabello consolidando su rol como titiritero real, y los aliados externos como Rusia e Irán, que vieron en la continuidad una oportunidad para mantener flujos de petróleo y lavado.

Sin dejar por fuera a Cuba que siguió recibiendo, tal vez menos que antes, un flujo petrolero que no era utilizado en sus refinerías, sino que era vendido al sudeste asiático y repartiendo la cobranza con el cartel de los soles, que ya había incursionado desde hace tiempo en el mercado negro de petróleo, no solo vendiéndolo, sino también transportando droga en los súper tanqueros.

Claramente perjudicados fueron la oposición unificada bajo Machado, ya convertidos y reconocidos internacionalmente como el Gobierno Electo, que enfrentó una oleada de detenciones (más de 2.000 según Human Rights Watch), y la sociedad civil, que pagó con represión callejera salvaje, detenciones, desapariciones forzadas, tortura y muerte.

Este evento no avanzó nada, sino que estancó el momentum post-electoral de 2024 y retrasó cualquier transición, fortaleciendo la inercia autoritaria y, por eso, quedando por primera vez, expuestos como gobierno ilegítimo, como una banda narco terrorista, y perdiendo toda protección institucional, con la que habían “jugado” en el pasado.

En mayo, las elecciones regionales y legislativas –otro fraude orquestado– marcaron un estancamiento aparente: el PSUV retuvo control nominal, beneficiando a gobernadores leales como los de Zulia y Carabobo, pero perjudicando a la economía con mayor centralización, lo que exacerbó la inflación al casi 500% para la fecha de este informe.

Si bien fue un avance táctico para el gobierno de facto, también fue un retroceso estratégico al erosionar aún más la legitimidad interna, con abstención récord del 60%. Octubre trajo un giro con el Nobel de la Paz a Machado, que impulsó un avance claro hacia la libertad, beneficiando al gobierno electo al internacionalizar su causa y perjudicando al chavismo, que vio profundizarse su aislamiento internacional.

Noviembre y diciembre intensificaron la presión con la exfiltración de Machado –un reposicionamiento audaz, y no una huida– y las incautaciones de tanqueros por EEUU, retrocesos para Maduro al exponer vulnerabilidades financieras, beneficiando a Trump en su narrativa anti-socialista, pero perjudicando a la población venezolana con mayor escasez y deterioro económico.

En suma, 2025 evolucionó de estancamiento inicial a grandes y visibles avances opositores, pero sin poder derrocar la inercia chavista: fue un año de erosión acelerada, pero, al menos hasta el día de hoy, no de ruptura.

El presente, esta bisagra entre el ayer y el mañana, nos encuentra en diciembre de 2025 con Maduro aún en Miraflores y Cabello como su sombra omnipresente. Cuatro meses de "ablandamiento" –sanciones estructurales, aislamiento y protestas esporádicas– no han volteado la primera ficha del dominó regional, pero han creado grietas visibles: la economía colapsa con hiperinflación y migración masiva (más de 9 millones desde 2014), la sociedad hierve en silencio navideño, y lo internacional presiona con bloqueos que asfixian.

Esta bisagra no es estática; es el punto donde la inercia se encuentra con la aceleración opositora, y donde decisiones como la aparición de Machado en Oslo marcan que el gobierno de facto sobrevive, pero no gobierna… solo se concentra en la economía de la calle, en lo paramilitar y en lo mejor que saben hacer, que es el manejo de comunicación interna, y el movimiento de sobornos en el exterior, con funcionarios del gobierno de EEUU denunciados por el “pollo” Carvajal, que son los que retrasan las decisiones de acción militar directa y facilitan el escenario Inocuo de “sobrevivir un día a la vez”.

Proyectando 2026, el enfoque debe estar en lo pendiente:

  • Romper la inercia chavista, que solo cederá ante un movimiento masivo de calle (a costa de vidas, como en 2017) o
  • Intervención externa, justificada por la escalada trumpista y precedentes como Panamá 1989, Soleimani 2020, e Irán 2025

Políticamente, el 10 de enero de 2026 –aniversario de la juramentación– podría detonar protestas masivas si la oposición unifica comandos con una buena probabilidad de avance, dado el Nobel y exfiltración; y resta si Cabello reprime salvajemente como en el pasado cercano; aunque la posibilidad de arrestos masivos bajó en su probabilidad de ocurrencia, porque cuenta con menos apoyo en los grupos de represión.

Socialmente, urge un estallido generacional similar a Chile 2019, pero pendiente de la coordinación clandestina para evitar masacres; cualquier avance en la calle beneficiará principalmente a la juventud precarizada, perjudicando al chavismo en su legitimidad en esas bases populares que creen que aún siguen apoyándolos.

Porque si cae el chavismo, la gente saldrá masivamente a la calle, pero para festejar… No perder de vista el derrocamiento, por una revuelta popular, de Nicolae Ceaucescu en Rumania, que en un momento estaba de gala brindando con champagne francés, en la Navidad de 1989, y al siguiente, él y su esposa Elena, estaban siendo fusilados en plaza pública con transmisión internacional y con el pueblo festejando. Un medio reconocido dijo que “No hubo justicia para ellos, sino venganza: fueron condenados a muerte y ejecutados mientras las cámaras de la tevé filmaban minuto a minuto”.

Económicamente, la hiperinflación persistente, proyectada al 500% para este cierre de año, obliga a reformas defensivas que ya no admiten mucha capacidad de maniobra por el recorte dramático de ingresos petroleros, saturación de almacenamiento de crudo y productos, y posible cierre de la producción; por lo que solo quedarán bolívares para ser emitidos como un paliativo momentáneo, pero llevando a la inflación y la devaluación a comportarse en forma asintótica positiva, ya sin un techo a la vista, sino la extinción del valor de la moneda y la anarquía transaccional.

Porque excepto China (que difícilmente se involucre por muchas razones geopolíticas y de la desaceleración de su propia economía y reducción de inversiones), ya el gobierno de facto se quedó sin fuentes externas genuinas de liquidez. Y los otros aliados chavistas tienen sus propios problemas: Rusia atascada en Ucrania, e Irán en tensiones con Israel.

Los vecinos, como Petro en Colombia que ofrece asilo a Maduro, pero no tiene forma de facilitar una salida pacífica, y un avance para transición; porque no puede, y porque no le conviene.  Lula en Brasil advierte contra intervenciones, sin neutralidad, y se auto limita en el presente y compromete su futuro por sus intentos de bloquear la presión regional de Argentina, Ecuador, Chile y Bolivia. Sheinbaum en México, por su parte, urge una desescalada para la que solo cuenta con Lula y Petro… Porque en el Caribe ya, esa posición permisiva que ayudó al chavismo a sostenerse, no cuenta con apoyos relevantes.

Y Cuba, como pieza final del efecto dominó, depende de Venezuela: al caer Maduro, Cuba pierde petróleo acelerando, por primera vez en 70 años, el colapso cubano en 2026… Porque del período especial los salvó el chavismo (reemplazaron la URSS por Venezuela), pero ahora, no tienen quién los ayude… Todo indica que hasta aquí llegaron.

Por otra parte, y en sentido contrario, no hay que perder de vista la situación interna de Trump y sus políticas (internas y externas), que si bien no influyen en el corto plazo donde mantiene una autonomía relativamente importante, sí pueden llevarlo a un efecto negativo en las elecciones de medio término, que puedan afectar el sostenimiento del Plan Marshall para Venezuela, que se percibe aplicará Trump luego de la salida del chavismo.

Y esto de “un día a la vez” que he mencionado más arriba y en informes anteriores, tiene que ver con el lobbying interno en el gobierno de EEUU, por parte de la izquierda local representada por un ala en los demócratas, con el efecto Grenell, y el efecto Chevrón, todos ellos favorables a la continuidad del chavismo; más los ocultos, pero identificados por Carvajal, que retrasan la decisión de pasar del calentamiento al ataque real y concreto que finalmente acabe con el cartel.

Antes de concluir, quiero compartir la posibilidad de la aparición de escenarios disruptivos como cisnes negros, que pudieran cambiar drásticamente el sentido de las acciones que están en marcha. Claro que, por esencia existencial, no es posible identificarlos; pero pueden aparecer, y nunca se sabe si sus efectos, sumarán o restarán al camino de la libertad. Una muerte inesperada, un evento catastrófico o un error involuntario, son parte de los potenciales disparadores de cambios drásticos, para los cuales… por supuesto… nunca estaremos preparados.

En conclusión, 2025 nos deja lecciones duras pero esperanzadoras: el péndulo se rompió, y 2026 será, definitivamente, el año de la reconstrucción.

Pero seamos optimistas porque la libertad no se regala, sino que se conquista; también seamos proactivos porque cada lector –civil, analista, militar– tiene un rol en voltear la ficha venezolana que impulse el efecto dominó. Llamo a la acción: luchemos por la libertad cada día, reflexionemos en esta Navidad y ejecutemos en Año Nuevo. Venezuela no será nota al pie de página, sino que será el epicentro de un continente libre.

Actualización de escenarios

1. Escenario “Optimista” de rendición inteligente

En este escenario, se cumple lo de la fruta madura, y el chavismo asume que el costo de mantenerse en el poder supera el costo de negociar su salida; y opta por una rendición pactada que preserva vidas, patrimonio básico y garantías mínimas para su círculo duro, a cambio de una transición real. Claves del escenario:

  • Acumulación de presión interna (protestas sostenidas, fracturas dentro de la FANB, resistencia civil organizada) y externa (sanciones focalizadas, congelamiento de activos, amenaza creíble de intervención limitada)
  • Intermediación activa de actores como Brasil, México y Europa, que ofrecen una hoja de ruta de amnistía condicionada, garantías de no extradición inmediata y cronograma de pasos posteriores supervisados. Probabilidad de ocurrencia en 2026: menos del 30%.
  • Algunos ataques selectivos que aceleran la transición, reduce el costo en vidas y preserva capacidades del Estado para la reconstrucción

2. Escenario “Inocuo” de resistencia de baja intensidad

Aquí, el gobierno de facto mantiene el control mediante represión selectiva, propaganda y concesiones económicas parciales, evitando tanto la explosión social masiva como la intervención externa, pero sin poder desbloquear una transición real. Claves del escenario:

  • Continuidad del “ablandamiento” sin ruptura: sanciones que duelen pero no quiebran; protestas fragmentadas; diásporas que alivian presión interna mediante remesas
  • Aliados como Rusia, Irán y China siguen recortando su apoyo pero sin retirarse por completo, mientras Petro, Lula y Sheinbaum priorizan la “estabilidad” sobre la libertad y el terror, ofreciendo mediaciones que congelan, pero que no resuelven. Probabilidad de ocurrencia en 2026: 40% (“un día a la vez” … este escenario se extingue con cualquiera de los otros dos)
  • Prolonga la inercia, desgasta a la oposición y normaliza el autoritarismo, aunque sigue erosionando lentamente la base material del gobierno de facto

3. Escenario “Pesimista” de extracción quirúrgica y acciones sobre el terreno

En este escenario, la salida del chavismo no es negociada ni masiva, sino forzada por una operación limitada (externa, interna o mixta) que descabeza al régimen sin un consenso previo sobre la transición. Claves del escenario:

  • Puede adoptar la forma de:
    • Operación militar limitada con participación externa (EEUU, contratistas y aliados), con el argumento de crisis humanitaria o amenaza regional
    • Golpe interno de facciones de la FANB o del propio PSUV que “extraen” a Maduro y a un núcleo reducido, pero sin hoja de ruta institucional clara
  • Vacío de poder, luchas internas, criminalidad desatada y tentación de “nuevo chavismo sin Maduro”, especialmente si Cabello u otros cuadros intermedios logran reacomodarse. Probabilidad de ocurrencia en 2026: 75%.
  • Impacto en la salida del chavismo:
    • Suma con probabilidad 50% (si se traduce en apertura real y estabilidad institucional)
    • Resta con probabilidad 50% (si termina en una recomposición autoritaria o en un “chavismo 2.0” con nuevos rostros, pero la misma estructura)

Recomendaciones

Para el gobierno de facto (saliente)

  • Aceptar que la inercia actual no es sostenible: el costo acumulado en aislamiento, sanciones y pérdida de capacidades estatales acerca más al abismo que a la estabilidad; la rendición inteligente vale más que la caída caótica
  • Abrir puertas a una negociación creíble con garantías verificables: amnistías condicionadas, salida segura para un núcleo limitado y participación del sistema internacional como garante, antes de que el tablero se vuelva incontrolable ​
  • Reducir la represión indiscriminada y desmontar gradualmente estructuras paraestatales (colectivos, redes criminales), porque serán moneda de cambio ineludible en cualquier acuerdo que aspire a reconocimiento internacional

Para el gobierno electo (entrante)

  • Construir desde ya un comando político–técnico de transición, capaz de operar en paralelo al régimen y listo para asumir cuando se abra la ventana, con planes detallados en seguridad, economía, justicia transicional y servicios básicos
  • Definir una narrativa clara de “rendición inteligente” que ofrezca incentivos a civiles, militares y burócratas chavistas para cambiar de bando, separando responsabilidades penales mayores de la masa de funcionarios cooptados por necesidad
  • Blindar alianzas internacionales: articular un eje Washington–Bruselas–Bogotá–Brasilia–Ciudad de México que respalde la transición, condicione la ayuda financiera y evite que Rusia, Irán o China usen a Venezuela como ficha de negociación geopolítica
  • Crear desde ya, una figura extra ministerial con reporte directo a María Corina, que tenga la visión de conjunto y vaya midiendo la relación causa efecto de cada paso, considerando que será multisectorial, multifactorial y multidimensional… y que debe manejar simultáneamente todas las dimensiones con visión top down, mientras se realimenta bottom up

Para empresarios no cooptados

  • Preparar planes de inversión y recuperación sectorial listos para activarse en un escenario de apertura: cadenas de valor, generación de empleo rápido, reinserción de talento diáspora y mecanismos de financiamiento mixto, principalmente internación al, aunque podrían ser fondos privados con objetivos sectoriales en mercados con potencial
  • Mientras tanto, mantener una distancia estratégica del gobierno de facto, evitando cooptaciones irreversibles, pero construyendo redes discretas con actores de la futura transición que permitan acelerar la reconstrucción sin improvisación
  • Invertir en reputación y trazabilidad: documentar hoy los esfuerzos de cumplimiento, respeto a derechos laborales y rechazo a la corrupción para evitar quedar atrapados en futuras purgas o sanciones

Para países aliados que apoyan la libertad de Venezuela

  • Pasar de la denuncia simbólica a la ingeniería de transición: diseñar paquetes concretos de apoyo financiero, seguridad, energía y justicia transicional que puedan activarse apenas se produzca un quiebre. Por ejemplo, en el caso de Argentina, el sector agropecuario sería de gran ayuda, así como para el nuevo gobierno, el ejemplo de la motosierra institucional, pero esta vez solo como referencia objetivo, porque se estaría arrancando desde los escombros​
  • Coordinar sanciones inteligentes: menos medidas amplias que golpeen a la población y más sanciones personales, financieras y judiciales sobre los verdaderos nodos del poder (corrupción, narcotráfico, violaciones de DDHH)
  • Entender el efecto dominó regional: una Venezuela libre debilita a Cuba, reconfigura el entorno de Petro, Lula y Sheinbaum, y obliga a Rusia, Irán y China a recalibrar su presencia; invertir hoy en ese desenlace es una apuesta estratégica de alto retorno

Cierre: bisagra, horizonte y llamado a la libertad

El 10 de enero de 2025 simbolizó el péndulo roto: un régimen que volvió a juramentarse sin legitimidad y una oposición que aprendió, a golpes, que el tiempo no siempre juega a favor del más justo.

El 10 de enero de 2026 puede ser la bisagra: o consolida la inercia de baja intensidad, o marca el inicio de la rendición inteligente, del estallido coordinado o de la extracción quirúrgica que abra el camino de la transición.

Esta columna de cierre de año no es un epitafio ni una promesa vacía: es una hoja de ruta para el lector común, para el analista político, para el de inteligencia y para los militares de todos los bandos que entienden que no hacer nada también es una decisión.

La invitación es clara: en 2026 cada quien deberá decidir si estará entre los que suman o entre los que restan, entre los que protegen la inercia del chavismo o entre los que, con inteligencia y coraje, ayudan a voltear la primera ficha del dominó que ya tiembla desde Caracas hasta La Habana.

Porque la libertad no llega como regalo navideño; sino que se construye como una operación sostenida, día tras día, hasta que el chavismo deja de gobernar de facto y el país empieza, por fin, a vivir.

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