Un hilo rojo de miles de kilómetros une los rescates desesperados en helicóptero en Valencia tras el paso de la dana Adam con el informe que acaba de publicar el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), con sede en Nairobi. La ONU reconoce por primera vez en este documento que la barrera de los 1,5 grados Celsius de calentamiento se va a superar irremediablemente. Rebasar ese umbral significa olas de calor todavía más mortíferas, además de sequías destructivas y más lluvias violentas como las que han golpeado ahora la Comunidad Valenciana. En el caso de esta última dana, cada décima de calentamiento global supone elevar la temperatura del Mediterráneo y, cuando llegan las cíclicas gotas frías, estas se vuelven más severas porque el mar está más caliente y hay más energía para alimentar la tormenta.
En 2015, los casi 200 países del mundo acordaron en París un plan para intentar que el calentamiento global causado por el ser humano, y principalmente por la quema de combustibles fósiles, se mantuviera dentro de los límites más manejables. El objetivo era reducir de tal manera las emisiones de gases de efecto invernadero que expulsan principalmente esos combustibles para que el aumento de la temperatura se quedara por debajo de los 2 grados Celsius, tomando como referencia los niveles preindustriales. Y en la medida de lo posible, por debajo de los 1,5 grados.
El Pnuma reconoce ahora una “dura realidad” de la que llevan advirtiendo años los científicos: el límite de los 1,5 grados será imposible de cumplir. Lo admite por primera vez en el informe anual en el que desde hace 16 años analiza los planes climáticos de los países. Este organismo de la ONU, ante la evidencia, propone un plan b: recortar las emisiones de forma rápida y drástica para que ese incremento se quede al menos entre los 1,7 y los 1,8 grados. Y recurrir en un futuro a las todavía inciertas técnicas de captura del dióxido de carbono de la atmósfera para intentar bajar de los 1,5 grados.
De momento, no es la dirección que han tomado los países del mundo: sus planes climáticos actuales conducirán, en el mejor de los casos, a un calentamiento de 2,6 grados, muy por encima no solo del objetivo de 1,5, sino también del límite de 2 grados. Y el avance en las principales democracias de fuerzas de extrema derecha que niegan el cambio climático contribuye a torpedear los consensos para evitarlo. Ese mismo hilo rojo que va de Valencia al informe de la ONU llega hasta el estrecho de Ormuz. La causa última de esa crisis energética es la misma que la crisis climática: la dependencia de los combustibles fósiles. Pero, como resalta el Pnuma, el mundo está ahora mejor preparado que nunca para romper con ella. El avance de las renovables, el almacenamiento y los vehículos eléctricos lo hace posible. Lo que exige esta emergencia es voluntad de empresas, ciudadanos y dirigentes, porque el principal obstáculo ya no es tecnológico: es político.
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