Muy emocionada, llegó a su despacho la Ministra de Educación Universitaria. Su secretaria al verla, le preguntó a qué se debía su emotiva alegría.
La ministra le respondió, diciéndole que tuvo un maravilloso sueño relacionado con los “Guerreros de Terracota”, esa vasta colección de esculturas de arcilla a tamaño real que representa al ejército de Qin Shi Huang, el primer emperador de China de la dinastía Qin. Esas 8.000 figuras, continuó señalando la ministra, fueron enterradas con el objetivo de proteger al emperador en su vida en el más allá.
La secretaria no salía de su asombro al escuchar el cuento de su jefa. Pero no se atrevía a interrumpirla para señalarle que los universitarios estaban a punto de convocar a un Paro Nacional a causa de la discriminación a que fueron sometidos los jubilados al no pagarles el Bono de Responsabilidad Académica, mientras la ministra solo hablaba del ejército de fantasmas de terracota.
—Luego de varias tazas de café, la ministra preguntó: ¿Qué novedades tenemos para el día de hoy?
La secretaria rápidamente le informó sobre la delicada y conflictiva situación que se ha ido incrementando en el sector universitario debido al silencio del despacho ministerial con relación a los aumentos salariales, el no pago del bono al personal jubilado y la incertidumbre que rodea el pago de los aguinaldos.
—Esa gente sí jode —fue la agresiva respuesta de la ministra—. Hasta cuándo voy a decirles que no es prioridad para nosotros disponer del dinero para pagar los reclamos laborales, que el bono de Responsabilidad Académica no se les paga a los jubilados porque las universidades no envían las nóminas y, con respecto a los aguinaldos, mi amiga Delcy no me ha informado cómo se van a pagar. Estoy cansada de decirles a esos dirigentes gremiales y sindicales pedigüeños de las universidades que lo más importante en este momento es la discusión de una nueva Ley de Universidades y siguen sin pararme bolas.
Llegó un momento en que la ministra se quedó en silencio y pensativa durante 15 minutos largos...
—¡Ministra, ministra! —le gritaba la secretaria—, pero no respondía. Al rato, despertó de su letargo con una cara de satisfacción espiritual: había visto una luz en el horizonte producto de un sueño que le indicaba el camino para solucionar el problema universitario.
—¿Cómo así? —dijo la secretaria.
—Bueno, fíjate que los jubilados en este momento carecen de programas de asistencia social, no tienen HCM, los salarios están congelados hace más de cinco años y van a seguir así, no hay ni va a haber discusión de contratos colectivos, el salario mínimo es de 130 bolívares mensuales, no tienen escalas salariales, no hay homologación y lo poco que le damos al personal es a través de bonos que no tienen incidencia salarial; por lo tanto, sus prestaciones se evaporaron y las pensiones siguen siendo miserables.
—Ministra, no entiendo —dijo con cara de asombro la secretaria.
—Déjame explicarte: al igual que el emperador Qin, la emperatriz Delcy y yo estamos contribuyendo a generar en el tiempo un ejército de fantasmas que pudiéramos llamarlos “Los Jubilados de Terracota”, y así pasarán a tener el reconocimiento del mundo entero.
La secretaria, al escuchar todo aquello, sufrió un desmayo y tuvo que ser trasladada de emergencia a una clínica. Al despertar, escuchó en la televisión a su jefa y a la usurpadora presidenta encargada anunciando al país en cadena nacional la puesta en marcha del proyecto “Jubilados de Terracota”, en el cual —para el año 2050, todavía en la transición con los tutores norteamericanos— los jubilados formarán el glorioso ejército de fantasmas, dirigido por nuestro Comandante Eterno, encargados de protegernos cuando se produzca nuestro viaje al más allá.
La secretaria y todo el personal médico y de enfermeras que la estaban atendiendo se desmayaron al escuchar semejante locura.
—¡Ministra, despierté! ¡Ministra, despierte! —le gritaba su chófer—. ¿Qué pasó, qué pasó? —preguntaba la ministra al despertar.
—Se quedó dormida después del almuerzo que tuvo con el nuevo canciller y el embajador de China.
—Ahhh, con razón tuve esa pesadilla con jubilados y terracotas por haberme hartado con un mondongo, lumpias y arroz chino con una Coca-Cola caliente... Gracias por despertarme, lléveme al despacho para seguir viendo cómo le doy largas a este peo con el sector universitario.