Mapa de la amargura a la paz
Serie Los Salmos: anatomía del alma
“No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán. Confía en el SEÑOR, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en el SEÑOR, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.” Salmo 37:1-4.
El Salmo 37 no es solo un poema antiguo; es un mapa específico, una carta de navegación interior, que con detalle guía al alma en un recorrido totalmente opuesto al camino al cual las injusticias del mundo y la maldad que nos rodea pretende conducirnos. El mal tiene la capacidad de alterar la serenidad del alma; en otras palabras, presenciar día tras día hechos que vulneran la dignidad humana, darnos cuenta que mientras nosotros bregamos la vida con grandes esfuerzos, otros hacen fiesta con lo que nos pertenece es absolutamente descorazonador. A fin de atravesar la tormenta sin extraviar la paz, este salmo nos guía a través de coordenadas muy peculiares y distintivas de la ruta que debemos tomar para conservar nuestro santuario interior.
Advertencia de ruta
El mapa comienza con una advertencia de ruta: “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad”. La palabra usada en Hebreo _Chārāh_ significa encenderse en fuego, arder o ponerse al rojo vivo. Describe el fuego ardiente que sentimos en el pecho cuando presenciamos una injusticia, cuando somos maltratados, robados y heridos. En el Español viene del Latín impatiens que literalmente es in-capaz de soportar, en el sentido de ser incapaz de enfrentar con dignidad, sabiduría y en paz al opresor. Además, esta advertencia nos anticipa el destino de aquellos que son la causa del sufrimiento y del tropiezo: “como la hierba serán pronto cortados y como la hierba verde se secarán”. Por esa razón, debemos poner nuestras vidas en Sus manos, sabiendo que Él le dará a cada quien lo que le corresponde.
Primera coordenada, reorientar la brújula
Luego de la advertencia, el salmista nos muestra la primera coordenada, la cual se traduce en una acción interior impulsada por una decisión, la mayoría de las veces muy difícil de tomar porque se opone radicalmente a nuestros sentimientos hacia los que hacen el mal. La coordenada se resume en dos verbos (acción) referidos a la segunda persona “tu”: confía y deléitate. Ahora bien, la confianza y el deleite son para el SEÑOR. No se trata de una actitud que debemos asumir hacia un ente etéreo, o hacia el universo; el salmista lo nombra, la confianza es para el Señor y el deleite es en el Señor. Es una coordenada que nos redirige la mirada: “Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios.” Hebreos 12:2 DHH. En otras palabras, nos insta a poner nuestros ojos en el Señor y quitar la mirada de aquellos que serán cortados como la hierba.
La palabra hebrea usada en este pasaje como el verbo confiar es _Bāṭach_ que expresa la idea de recostarse cuan largo es uno sobre una superficie segura. Y en Español la palabra proviene del latín confidere que significa exactamente con-fe. De manera que, confiar es recostar el peso de la preocupación, indignación, rabia, angustia y tanto más, sobre la fidelidad de Dios. Luego que tomamos la decisión de confiar, de poner la mirada en Dios, entonces el salmista nos hace un llamado aún superior _“deléitate”_ que no pareciera una palabra que usamos frecuentemente con referencia a Dios. Sin embargo, la palabra hebrea _Ānag_ significa literalmente ser delicado; es decir, lo opuesto a encendernos en ira o impacientarnos. Igualmente, el Hebreo implica tomar placer en algo; describe la idea de encontrar un gozo profundo y reconfortante. Implica ablandar el corazón frente a la aspereza del entorno. Por otra parte, en Español la palabra proviene del latín delectare que significa sentir placer o atracción por algo bello. En consecuencia, el Salmo nos invita a poner la mirada en Dios y deleitarnos en lo que Él es y en su amor por nosotros. Por lo tanto, se trata de reorientar nuestra mirada y nuestra sensibilidad hacia Dios para que el corazón no se endurezca y viva en gozo.
Segunda coordenada, aligerar el equipaje
A continuación, el versículo 5 nos proporciona la segunda coordenada: “Encomienda al SEÑOR tu camino, y confía en Él; y Él hará.” Me imagino que a estas alturas debes tener tu Biblia contigo y haber buscado el Salmo 37. Puedes también ir a la web y buscar la versión que más te guste. Inclusive, puedes hacer comparación de las diferentes traducciones; algo que siempre es esclarecedor y muy enriquecedor. La segunda coordenada nos insta a poner en las manos de Dios nuestro camino. Esta versión (Reina Valera 1960) usa el verbo “encomendar” que en el Hebreo es el vocablo _Gālal_ que significa desplazar una piedra o carga pesada desde los hombros propios hacia otro lugar o persona. Dicho de otro modo, significa despojarse del peso, quitarse la carga. En Español proviene del verbo latino en-commendare que es entregar en custodia de alguien seguro, de confianza, algo que nos preocupa o interesa. De tal forma que, encomendar al Señor nuestro camino significa poner nuestra vida en sus manos, pedirle cada día que dirija nuestros pasos. Añadiría que oremos cada día para que el Señor nos capacite con su gracia y sabiduría para hacer su voluntad en todo tiempo y en cada ocasión.
Tercera coordenada, la parada técnica
El versículo 7 nos revelan la parada que debemos hacer para comprender, redireccionar la mirada, entregar la carga y seguir adelante. Nos llama a guardar silencio ante el Señor y esperar en Él. La palabra hebrea usada para guardar silencio es _Dāmam_ que se refiere a quedarse inmóvil o en calma absoluta; lo cual constituye, como cada una de las coordenadas anteriores, un ejercicio de nuestra mente y una práctica espiritual de vivir en constante oración y comunión con Dios para actuar según sus enseñanzas y no ser como marionetas, movidas de un lado para otro, por las circunstancias y las personas de malas intenciones. En Español, proviene del verbo en latín silentium que representa el sosiego que detiene la tempestad interna. Luego, esperar en el Señor es una frase reveladora en el Hebreo; pues, se refiere al vocablo _Chūl_ que significa dar a luz una tensión fértil; lo cual nos enseña que la espera no es pasividad sino la gestación de un carácter con madurez espiritual. Y en Latín es el verbo Spera del cual deriva nuestra palabra castellana para Esperanza.
La cuarta coordenada, el destino final
El Salmo 37 tiene 40 versos llenos de consejos y promesas para los que están dispuestos a vivir conforme al deseo de Dios. Así que, podríamos escribir un libro para profundizar en este tesoro precioso de la Palabra de Dios. Hoy quisiera terminar con el versículo 11: “Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz.” Haciendo hincapié en que los mansos son aquellos que han sido moldeados por la prueba y han decidido deliberadamente no amargarse. Es entregar a Dios nuestras pasiones y reacciones para vivir bajo Su control. Es vivir con el vigor de un caballo salvaje adiestrado. Como lo expresa el latín mansuetus que significa que está acostumbrado a la mano que lo enseña. Y la paz que Dios nos promete en este verso es el _Shālōm_ que expresa la idea de estar completo; además, de reparar lo roto. Shālōm, la paz de Dios, es integridad de nuestro ser, donde nada falta y nada está roto.
¡Bendito sea Dios!
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