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Opinión

¿Ha aumentado la corrupción en el mundo o es que ahora hay más herramientas para detectar ese flagelo y divulgar los delitos? Hay corruptos entre los políticos, jueces y fiscales, empresarios, militares, policías, dirigentes deportivos, profesores universitarios, sacerdotes y ministros de diferentes credos, escritores y ciudadanos comunes en general.

Hoy nuestro país está entre los más corruptos y en los últimos años la corrupción ha tenido un crecimiento exponencial. Es vergonzosa la putrefacción en Pdvsa, alcahueteada por Alí Rodríguez, Rafael Ramírez y Eulogio Del Pino, así como en el sector eléctrico y en la distribución de alimentos. Nos hemos ido al foso no solo por culpa de quienes usurpan el poder. Asumamos que, por acción u omisión, la mayoría tenemos cierta cuota de responsabilidad.

Para salir del foso es condición necesaria, pero no suficiente, sacudirnos de los llamados revolucionarios. Pero si queremos evitar una recaída tenemos no solo que impedir que se impongan los maleantes, sino cambiar nuestra actitud ante los corruptos y ante la “viveza” criolla, que es igualmente corrupción.

No somos pícaros o “vivos” por descender de Guzmán de Alfarache o del lazarillo de Tormes, aunque sin duda los orígenes de nuestra historia y el ser un país minero tienen su influencia. Esa “viveza” criolla, tratada por Uslar Pietri y muy bien descrita por Axel Capriles en su libro “La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo”, nos hace mucho daño. El periodista e investigador Johandry Hernández publicó hace algún tiempo una entrevista a las profesoras Vanessa Casanova y Natalia Sánchez, de La Universidad del Zulia. La primera sostiene que la viveza criolla es producto de una “deficiente formación en el seno de la familia, un problema ético, de civilidad, de reconocimiento del otro y que tarde o temprano el vivo será atropellado por otro vivo”. Sánchez postula que el rentismo inculcó la práctica perniciosa de “caminos cortos para conseguir lo que otros logran con años de trabajo. En una sociedad de vivos nadie confía en nadie”.

También tenemos que rechazar la excusa de que “somos unos simple roba gallinas” en comparación con otros, ni conque “estoy consciente de que roban, pero al menos hacen”. Tan delincuente es quien roba una gallina, como quien se apropia dinero de particulares o del Estado o quien obtiene u otorga contratos con sobreprecios.

Igualmente es corrupción tergiversar hechos para favorecer o hundir a determinadas personas o empresas. Tales son los casos de jueces que dictan sentencias injustas; de inventos de sabotaje para eludir responsabilidades o para encarcelar inocentes; de señalamientos, sin base, de acaparamiento o de remarcar precios para perjudicar negocios; de acusaciones sin sustentación a dirigentes políticos, lo cual practican tanto agentes gubernamentales, como articulistas u opinadores supuestamente opositores.

El ciudadano común puede sancionar moralmente a los corruptos marginándolos. No asistiendo a sus fiestas, ni permitiéndoles inscribirse en clubes sociales y hasta negarles el saludo. Protestar cuando alguien intenta colearse y negarse a sobornar a funcionarios para conseguir un documento, aunque ello ocasione dificultades. Por otra parte, será necesario retirarle al Estado muchas de sus atribuciones, simplificar los trámites, disminuir la burocracia, mejorar los sueldos y garantizar la permanencia de los funcionarios. Obviamente, sancionar severamente a los corruptos. Cero tolerancia.

Somos optimistas de que podemos erradicar la corrupción. Contamos con una mayoría de empresarios y comerciantes honestos. Algo importante es que, contrario a la percepción generalizada, la gran mayoría de nuestros políticos democráticos no son corruptos. Estamos seguros de que una investigación exhaustiva concluiría que la mayor parte de quienes ya fallecieron no dejaron fortunas mal habidas. Seguramente muchos fueron malos presidentes o pésimos ministros, pero no delincuentes.

Con respecto a los actuales políticos democráticos de oposición, en las redes sociales abundan los señalamientos de corrupción, pero generalmente sin fundamento. Se les puede criticar muchas cosas, entre ellas que por egoísmo no presentan un frente único y que se descalifican unos a otros, pero es injusto tildarlos de corruptos o de querer alcanzar el poder para lucrarse, sin descartar que alguno pueda serlo. Es positivo que en los últimos años hayan surgido jóvenes de cierto nivel económico que arriesgan su bienestar en aras de convertirse en servidores públicos, corriendo el elevado riesgo de enfrentarse a un régimen totalitario.

Además, es satisfactorio leer articulistas como Carolina Jaimes, Thaís Peñalver, Rafael Muci, Humberto Seijas, Luis Ugalde o Alejandro Moreno, quienes predican y practican los valores universales y eternos. Ellos y muchos otros nos permiten ser optimistas sobre el futuro.

Como (había) en botica:

No se humilla ,ni degrada quien por necesidad saca el carnet ilegal sino quienes lo exigen.

Nuestros pobres emigrantes tratan de “hacer camino al andar”.

La entrega de campos petroleros a empresas que no tienen experiencia, ni músculo financiero y tampoco recursos humanos hace recordar las concesiones otorgadas por Juan Vicente Gómez.

La refinería de Amuay detuvo la producción de gasolina.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Edgar Benarroch

Creo conocer mucho a algunos y medianamente a otros de los dirigentes opositores de nuestro Estado. Pienso que son gente, muchos probados de un gran coraje, de mucha entrega y con buena voluntad de servicio. Estoy seguro que en el espíritu de cada uno de ellos gravita la urgente necesidad de superar cuanto antes esta horrorosa situación que mantiene al país en ruina, con hambre y desespero en la inmensa mayoría de los venezolanos. Nuestros niños, la generación de relevo, atraviesan el doloroso y espantoso momento de que el 60% de ellos se encuentra en estado de severa desnutrición, con las gravísimas consecuencias que ello produce en su desarrollo.

Se de los esfuerzos que se han realizado y que aún se realizan para reconstruir la UNIDAD de la oposición, en este afán no podemos descansar, debemos seguir por la Patria y la moralidad pública hasta lograrla a plenitud.

Por confianza en nuestros cuadros de dirección apelo a ustedes para formularles e insistir en la urgencia de propiciar una asamblea donde estén presentes todos los factores de la oposición aragüeña y no la abandonemos hasta salir UNIDOS, si es posible monolíticamente.

Entiendo que quienes dirigen organizaciones políticas en la región están sujetos a la llamada disciplina partidista y se está a la espera de que los cuadros nacionales desde Caracas giren instrucciones y dicten "líneas".

No propongo la indisciplina, tengo sesenta años de militancia partidista y se de la disciplina organizacional. Pero no tardemos tanto en la espera de Caracas. En nuestra capital nacional están presentes elementos que pesan mucho en sus decisiones, que al ser transmitidos al resto del país nos hace partícipe de situaciones que no nos son propias y ello influye notoriamente en nuestro comportamiento. Además tengo la convicción que las direcciones nacionales de los movimientos políticos saludaran con regocijo cualquier iniciativa de UNIDAD.

Si concretamos de una manera férrea e indestructible la UNIDAD ARAGÜEÑA estaríamos enviando un mensaje alentador y esperanzador al resto de los Estados y al país en su conjunto. Estaríamos reconquistando el calor y confianza del pueblo aragüeño que en más del 85% esta ansioso de salir de este marasmo en que nos encontramos.

Al hacer valer, como debe ser el interés nacional y regional por encima de los nuestros, sectoriales o individuales, estamos dando un paso de avance importantísimo para la UNIDAD en medio de la diversidad. La Patria vale mucho, pero muchísimo más que nuestras diferencias.

Cuando anunciemos que nos hemos UNIDOS, no solo las organizaciones políticas si no también los distintos sectores económicos, sociales, culturales, etc. etc. de la sociedad intermedia aragüeña, no solamente para salir cuanto antes de este régimen si no también para la reconstrucción de nuestra sociedad, seguro reverdecerá la esperanza y reconquistaremos la confianza del pueblo. Todos somos perjudicados por este desgobierno pero particularmente los sectores menos pudientes - que constituye la inmensa mayoría del,país - son los más afectados, donde sus hijos no tienen comida, ni medicina ni vestido, ni calzado y tampoco escuela, por ellos , por nosotros, por la Patria es esta lucha que como nunca es el cumplimiento de un deber con el pueblo y con la moralidad, que tiene sabor y olor a próxima felicidad y fraternidad.

Maduro dijo: "Militar que visite a su familia que no esté con el proceso, se hace sospechoso"

La incendiaria "revolucionaria" Erika Farías dijo: "Esta Patria es de nosotros o no es de nadie".

Si estas proclamas no enciende nuestro espíritu y subleva nuestra alma, estamos transformados en zombis o las intenciones de dopaje salidas del macabro laboratorio del régimen han dado resultados en nosotros.

 2 min


¿Se ha preguntado alguna vez por qué en las escuelas de negocios no se enseña la forma correcta de azotar a un trabajador para lograr el máximo esfuerzo sin dañar el bien? Si las facultades de negocios hubieran existido antes de la Guerra Civil de Estados Unidos, se podría concebir por lo menos una clase, si no todo un curso, sobre la materia. En cambio, lo que se enseña en dichas facultades son la cultura y los valores corporativos, bajo el supuesto de que es posible obtener el máximo esfuerzo por parte de los trabajadores cuando ellos se identifican con la misión y los objetivos de la empresa.

Entonces, ¿por qué han disminuido notablemente la esclavitud y otras formas de trabajo en régimen de servidumbre en tantos lugares del mundo, y qué se puede hacer para abolirlas por completo? Resulta tentador presumir que el declive de la esclavitud obedece al progreso moral del ser humano expresado en las leyes. Pero, en su magistral libro The Other Slavery [La otra esclavitud], Andrés Reséndez revela lo errada que es esta hipótesis. Dicho estudio trata la historia de la esclavitud y otras formas de servidumbre de los pueblos indígenas de las Américas, tema que ha sido objeto de mucho menos atención que la esclavitud afroamericana.

Según lo indica el libro, la esclavitud de los indios en las Américas fue prohibida por Carlos I de España en 1542, y había sido abolida antes en la Península Ibérica. La legislación contra la esclavitud de los indígenas se fortaleció aún más durante la regencia de Mariana de Austria (1665-1675), madre de Carlos II.

Las leyes se basaban en los valores católicos y eran impulsadas por un grupo de activistas que incluía a Bartolomé de las Casas, defensor de los derechos de los indígenas como hijos de Dios y súbditos del Rey. No obstante, pese a la prohibición legislativa, la esclavitud resultó ser extremadamente resiliente, ya que los colonizadores recurrían a subterfugios como la servidumbre por deudas, las "guerras justas" (que sancionaban la esclavitud de los enemigos capturados como algo de mayor moralidad que una matanza justificada), y otros.

Probablemente, el motivo de dicha resiliencia no resida en el incumplimiento de las leyes, sino más bien en la rentabilidad de la esclavitud, la cual generaba incentivos demasiado potentes como para ser moderados por legislación. Esto implica que la disminución de la esclavitud que vemos en la actualidad, y su potencial mayor reducción en el futuro, posiblemente dependa más de los incentivos del mercado que de las leyes.

La esclavitud se encontraba ampliamente difundida, incluso en Europa, cuando se desarrolló en las Américas, donde desde la perspectiva de los colonizadores españoles existía una aguda escasez de trabajadores. La minería y el cultivo de las plantaciones eran muy intensivos en mano de obra, pero el contacto con Europa había diezmado la población, consecuencia de diversos factores como la guerra, las enfermedades, la opresión, y el trastorno de los modos de subsistencia. Aún más, el trabajo en las actividades mencionadas era sucio, peligroso y degradante. La extracción de oro, en particular, era casi una sentencia de muerte: los mineros rara vez sobrevivían más de tres años antes de sucumbir al envenenamiento con mercurio o a los accidentes.

La esclavitud no logró mantener bajos los costos de la mano de obra puesto que los propios esclavos eran caros. En el siglo XVI, los traficantes invadían islas del Caribe para secuestrar trabajadores y venderlos a quienes explotaban el oro en la isla de La Española (hoy la República Dominicana y Haití). En el siglo XVII, la esclavitud era utilizada en Chile para capturar y suplir trabajadores para las minas de plata de Potosí en Bolivia.

En el siglo XVIII, los comanches solían cazar apaches para venderlos a las minas de plata en México. En el siglo XIX, incluso luego de terminada la Guerra Civil de Estados Unidos, los pueblos indígenas de ese país no se beneficiaron de la decimocuarta enmienda de la constitución que había abolido la esclavitud, pues en la década de 1880 la Corte Suprema falló que esta enmienda no los protegía. De hecho solo obtuvieron derechos de ciudadanía en 1924.

Incluso luego de terminada la Guerra Civil de Estados Unidos, los pueblos indígenas de este país seguían careciendo de derechos de ciudadanía: en la década de 1880 la Corte Suprema falló que la decimocuarta enmienda de la constitución que había abolido la esclavitud no los protegía, y solo obtuvieron dichos derechos en 1924.

Luego de que finalizara el comercio internacional de esclavos en la década de 1830, lo que se desarrolló en el Caribe no fue el trabajo libre, sino una servidumbre temporal con personas provenientes del Asia Oriental que viajaban a cambio de lo que podría considerarse esclavitud a plazo fijo, semejante a la servidumbre por deudas. En Estados Unidos, con posterioridad al período llamado Reconstrucción que siguió a la Guerra Civil, los estados del sur aprobaron leyes de vagancia, lo que permitió que las autoridades apresaran a antiguos esclavos desplazados y los condenaran a trabajos forzados si se podía demostrar que estaban ociosos.

¿Cuál es la diferencia entre trabajo bajo régimen de servidumbre y trabajo libre, y por qué este último reemplazó al primero? Puede que ello obedezca en parte a la tecnología: es posible que un trabajo no sea apropiado para el contexto de la esclavitud cuando el esfuerzo es difícil de observar o cuando utiliza equipos caros y frágiles. Por ejemplo, no sería prudente confiar bienes valiosos a esclavos descontentos. Sin embargo, no se debe exagerar esta lógica. Después de todo, los nazis esclavizaron a millones de personas no judías en los países que ocuparon, las transportaron a campos de trabajo, sobre todo en Alemania, y las forzaron a producir, entre otras cosas, material bélico.

Una diferencia fundamental entre el trabajo libre y la esclavitud reside en que los esclavos deben adquirirse, lo que significa que las ganancias generadas al explotarlos no las devenga necesariamente el actual propietario del esclavo, sino que se las anticipa en el precio de compra del mismo. Esto también significa que se debe utilizar capital en la adquisición del esclavo, desembolso que no exige el trabajo libre. En un mundo en que los mercados de capital son imperfectos, dicha compra puede traducirse en un elevado costo de oportunidad en términos de inversiones que se dejaron de hacer en equipo y otros insumos.

La diferencia fundamental entre las dos instituciones es la gama de opciones que se le da al trabajador. La esclavitud significa que el trabajador no puede retirarse si le desagradan las condiciones de trabajo. Pero si la alternativa a la esclavitud es el hambre o la muerte, es muy posible que la gente escoja la esclavitud.

Hoy día, los migrantes por lo general enfrentan opciones limitadas. Si carecen de documentos, como millones de personas en Estados Unidos, no pueden recurrir a las autoridades para proteger sus derechos laborales, lo que los hace vulnerables a la explotación y al abuso. Si su situación es legal, con frecuencia tienen una visa que les permite trabajar solamente en la empresa que los patrocina. Si las condiciones laborales no son de su agrado, no pueden cambiar de empleador sino que deben abandonar el país.

Al limitar las opciones externas de los trabajadores, los empleadores pueden inducirlos a aceptar términos que serían rechazados por individuos con más libertad. Esta podría ser una de las razones por las cuales hay tan poca urgencia por solucionar el problema de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, y del porqué en muchos países se protege de manera diferente a ciudadanos y a extranjeros. Es posible que también sea la razón por la que muchos países se niegan a otorgar derechos a los refugiados, sean de Siria o de Venezuela. Mientras persistan los incentivos para esclavizar, será necesario continuar el esfuerzo por poner fin a la esclavitud, se la llame como se la llame.

Traducción de Ana María Velasco

31 de agosto de 2018

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/slavery-a-matter-of-incenti...

 6 min


Al igual que la región de Frigia, Venezuela necesitaba nombrar un nuevo rey, porque lo que gobierna en este país suramericano es una especie de monarquía, y para tomar tan importante decisión consultaron el oráculo. La respuesta del oráculo, el cual no era más que el moribundo rey barinés, fue que se seleccionaría al primer analfabeto que entrara por las puertas del palacio, con denso bigote y bastante alto. Al poco tiempo, entró al palacio un hombre que cumplía con la descripción del oráculo, era un individuo que había ocupado otros cargos de gran importancia en el gobierno, aunque su única y verdadera experiencia era haber sido chofer de autobús. Esto era suficiente credencial para optar a tan alto cargo. La población, la enfebrecida con el carisma del moribundo monarca, obedeció al oráculo y eligió a aquel habitante del país, cuyo nombre es Ni Cholas Más Duras, como su nuevo rey.

En los meses siguientes, el mandatario, que por su poca imaginación era fácil de manejar especialmente por expertos como los gobernantes cubanos actuales, siguiendo instrucciones conformó un equipo de personas, civiles y militares, comprados a costa de las riquezas materiales y morales del país, que le facilitasen la permanencia vitalicia en el poder. Así ha sido, así ha transcurrido el tiempo y este grupo, con el mandatario a la cabeza, ha ido minando, consumiendo poco a poco al pueblo, convirtiéndolo en miserable para que se alegre cuando le dan una migaja de pan o una aspirina, o cuando le dan un vaso de agua o le conectan la electricidad cada veinte días, o cuando lo incitan a saquear y robar instalaciones comerciales o a matar animales en fincas ganaderas, con la impunidad oficial y además protegidos por autoridades militares y policiales. También, en medio de su miseria, se alegran cuando le permiten destruir los recursos naturales del país en actividades mineras o de explotación de las riquezas hídricas y forestales, o cuando le permiten destruir la infraestructura que es de utilidad pública o asaltar y apoderarse de viviendas ajenas.

En fin, este nuevo monarca y su séquito de adulantes y vividores se han convertido en un verdadero obstáculo para el desarrollo y engrandecimiento del país, obstáculo difícil pero no imposible de salvar. Este mandatario viene siendo una especie de Gordias venezolano del siglo XXI, que nos ha colocado en el camino este Nudo Gordiano que es un freno para la felicidad de nuestro pueblo.

Después de varios años, es impostergable eliminar ese complicado nudo, que no es más que el gobierno comunista y arcaico que tenemos. Quien acabe con ese nudo abrirá las puertas para la reconstrucción de Venezuela. Allá en Gordios, Frigia, el Nudo Gordiano fue un reto para Alejandro Magno, dispuesto a conquistar el mundo pero según las leyendas, eso lo lograría quien desatara aquel nudo imposible de eliminar. Por supuesto, Alejandro aceptó el reto y luego de analizar el nudo, sacó su espada y con ella cortó las amarras diciendo: “Tanto monta cortarlo que desatarlo” significando que era lo mismo cortarlo que desatarlo. Nosotros no tenemos un nuevo Alejandro Magno, pero sí tenemos un pueblo cansado de tanta miseria que debe ser reunido, y como un solo hombre, enfrentar el reto de nuestro nudo, nuestro obstáculo, y eliminarlo para que se abran las puertas al desarrollo del país y a la felicidad de nuestra gente. Alejandro somos todos juntos, todo el pueblo de Venezuela agrupado y conducido por los líderes políticos, quienes sin egoísmo y sin apetencias personales trabajarán unidos hasta lograr y consolidar la libertad.

Septiembre de 2018.

pedroraulsolorzano@yahoo.com

pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

 2 min


Carlos Raúl Hernández

Una declaración del llamado tsj-exilio, “conminó” a la Asamblea Nacional a dar los pasos derivados de haber declarado en enero de 2017 abandono del cargo por Maduro (¿hacerlo preso, nombrar un nuevo Presidente de la República?). Para sorpresa mayúscula poco después el secretario general Almagro da las mismas “instrucciones”, que la AN debía cumplir a menos que quisiera ser cómplice del reo. Se sabe que la AN está capitis diminutio precisamente por esa infantil decisión, entre otras parecidas, más que simbólica, inoperante; “más que un crimen, una estupidez” diría Talleyrand.

Lo sabe Almagro cuya actividad transcurre en esguinces y muñequeos de gabinete. Era una operación que buscaba quebrar a la AN: o se estrellaba contra el gobierno o contra los cazadores de brujas del almagrismo local. Es muy grave que la autoridad de la OEA, sistemáticamente fallida en lograr algo concreto para la democracia venezolana, se luzca pechereando su último reducto de constitucionalidad, y queda en evidencia que anda en tejemanejes más propios de un edil de aldea. Pero ayuda a entender porqué su gestión ha fracasado y cómo sus ligerezas, el llamado a no votar, por ejemplo, fortalecieron lo que quiere combatir.

Es difícil dudar que si no se leyera como un triunfo de Maduro, varios países despacharían al desmañado secretario. El plan fue urdido en conjunción con esa alma que pena cuya obsesión es ocupar el tonto cargo de presidente en el exilio, después de despilfarrar el poder que le dimos los ciudadanos. Pero al día siguiente ocurrió algo increíble que aciduló por minutos el café: el objetivo de la bomba cazabobos, la Asamblea Nacional, cae en la burda trampa, y como es habitual, rueda.

El dictador que no dictaba

Ratifican su propia e inútil declaración de enero 2017 y la “sentencia” de cárcel para Maduro del tsj-exilio. No era imaginable que pudieran morder el anzuelo sin carnada. Pero lo escandaloso es que 24 horas después de la decisión de la AN, magistrados de Miami publican un acta en la que misteriosamente alguien interpoló el nombre de Henrique Capriles para solicitar su investigación penal. La exdirectora de la Escuela de Derecho de la UCV, doctora Eglée González Lobato, posteó un documento, Comentarios al acuerdo de la AN del 21/A/2018 en el que evidencia los retorcimientos de este lamentable episodio.

Por ejemplo, después de publicada, uno de los magistrados del exilio, Rafael Ortega Matos, aclara a propósito de la mención a Capriles, que en la supuesta acta “aun cuando aparece mi firma, el contenido no se corresponde con la audiencia del 15/A/2018” (ver González Lobato p.2). En otras palabras, el magistrado deja ver o no puede ocultar falsificación del documento original y uso no autorizado de su firma (¿también falsificación?), dos delitos en uno. La secuencia completa integra una auténtica sentina en la que se mezclan maniobras de parte de la oposición de afuera para aprovecharse de la nobleza de la AN.

Se ven uñas de los que, sin apoyo ni prestigio, solo agallas, conspiran con fines turbios, acciones opacas del secretario de la OEA, de los magistrados, y las dos falsificaciones declaradas por uno de ellos. Es necesario recordar que los de Miami no son un TSJ sino un grupo de jueces que la AN nombró para cubrir vacantes de los express designados por el gobierno contra la Constitución, sin cumplir los requisitos, arbitrariamente, y no pudieron asumir el cargo porque la represión lo impidió. Empiezan a actuar en el exilio con una investidura simbólica, los intocables en lucha romántica por la justicia, aunque me cueste la vida, en la Chicago de los años 20.

Romeo y Julieta barrigones

Dependía de ellos mantener su prestancia para encarnar ante el mundo el Estado de Derecho que no existe en Venezuela. Pero el romanticismo se nutre de sí mismo, de la abnegación, la pureza, la incontaminación y de ahí su razón de ser. Lancelot se desmayaba de amor solo de ver el peine con los cabellos dorados de Ginebra, y los amantes de Verona mueren jóvenes porque no puede uno imaginarse a Romeo un domingo ante el televisor, sin afeitarse, barrigón y bebiendo cerveza, mientras Julieta en estado pelea con él y con sus dos diablitos que no quieren comer. El llamado tribunal-exilio perdió el glamour en estas operaciones más mafiosas que jurídicas.

Dice González Lobato… “Las relaciones no solamente están rotas entre gobierno y oposición sino entre los distintos factores que componen esta última. Permanecen los discursos excluyentes y destructivos, y esta vez, peligrosamente abarcan una temática tan sensible como la justicia y la legalidad… aun cuando Venezuela se encuentra en uno de los últimos puestos en el ranking de World Justice Project Privacy Policy…”. En esta comedia de las equivocaciones, hemos visto las costuras de los moralistas.

Hacen gárgaras con la palabra dignidad, pero pueden bailar lo que les pongan en cualquier tugurio, desde Almagro hasta el pichón de presidente en el exilio, pasando por varios aturdidos comediantes del Derecho que en Venezuela defienden esa desvergüenza. En una página Web aparecen declaraciones anónimas de uno de estos magistrados, en las que deja escapar: “estamos haciendo el ridículo”. Pienso que es algo peor. Más bien nos permitieron ver una laguna de oxidación moral que no tiene nada que envidiar a la conducta del gobierno.

@CarlosRaulHer

 4 min


Joseph E. Stiglitz

Tras la crisis financiera de 2008, algunos economistas sostuvieron que Estados Unidos (y acaso la economía mundial) padecían “estancamiento secular”, una idea que se originó después de la Gran Depresión. Las economías siempre se habían recuperado de sus caídas, pero la Gran Depresión tuvo una duración inédita. Muchos creyeron que la recuperación no hubiera sido posible sin el gasto público de la Segunda Guerra Mundial, y temían que al terminar la guerra la economía volvería a estancarse.

Se pensaba que había sucedido algo por lo cual, incluso con tipos de interés bajos o nulos, la economía seguiría paralizada. Felizmente estas aciagas predicciones resultaron erradas, por razones que ahora comprendemos bien.

A los responsables de manejar la recuperación de la crisis de 2008 (las mismas personas culpables de la subregulación de la economía en los días previos a la crisis, a quienes inexplicablemente el presidente Barack Obama acudió para que arreglaran lo que habían ayudado a desarreglar) la idea de estancamiento secular les pareció atractiva, porque explicaba su incapacidad de lograr una recuperación rápida y sostenida. Por eso, mientras la economía languidecía, revivieron la idea, insinuando que ellos no tenían la culpa, porque hacían lo que podían.

Los acontecimientos del año pasado mostraron la falsedad de esta idea, que nunca pareció muy verosímil. Una mal diseñada reforma tributaria regresiva y un programa de incremento del gasto con respaldo bipartidario provocaron un súbito aumento del déficit estadounidense, de cerca del 3% a casi el 6% del PIB, que impulsó el crecimiento a alrededor del 4% y llevó el desempleo a un nivel mínimo en 18 años. A pesar de sus defectos, estas medidas demuestran que con apoyo fiscal suficiente, es posible alcanzar el pleno empleo, incluso mientras los tipos de interés suben a niveles significativos.

El gobierno de Obama cometió un error crucial en 2009 al no aplicar un estímulo fiscal mayor, más prolongado, mejor estructurado y más flexible. Si lo hubiera hecho, la recuperación de la economía habría sido más fuerte y no se hablaría de estancamiento secular. Pero tal como se lo aplicó, sólo el 1% superior de la pirámide vio aumentar sus ingresos durante los primeros tres años de la así llamada recuperación.

Algunos advertimos en aquel momento que era probable que la caída fuera profunda y prolongada, y que se necesitaban medidas más enérgicas y diferentes de las que propuso Obama. Sospecho que el principal obstáculo fue la creencia en que la economía sólo había experimentado una ligera desaceleración de la que se recuperaría en poco tiempo. Bastaba llevar los bancos al hospital, atenderlos bien (es decir, no pedir cuentas a los banqueros ni criticarlos, sino subirles el ánimo invitándolos a opinar sobre lo que había que hacer a continuación) y, lo más importante, bañarlos en dinero, y pronto todo estaría bien.

Pero los padecimientos de la economía eran más profundos de lo que sugería este diagnóstico. Las consecuencias de la crisis financiera eran más graves, y una redistribución a gran escala de ingresos y riqueza hacia la cima de la pirámide había debilitado la demanda agregada. La economía estaba pasando del énfasis en las manufacturas a los servicios, y las economías de mercado por sí solas no manejan muy bien esas transiciones.

No bastaba un rescate de bancos a gran escala. Estados Unidos necesitaba una reforma fundamental del sistema financiero. La Ley Dodd-Frank de 2010 ayudó un poco, pero no lo suficiente, a evitar que los bancos hagan cosas perjudiciales; pero no hizo nada para asegurar que cumplan la función que supuestamente tienen: por ejemplo, concentrarse más en dar crédito a las pequeñas y medianas empresas.

Se necesitaba más gasto público, pero también programas más activos de redistribución y predistribución, para hacer frente al debilitamiento del poder de negociación de los trabajadores, la concentración de poder de mercado en grandes corporaciones y los abusos corporativos y financieros. Y unas políticas industriales y laborales activas tal vez hubieran sido útiles para las áreas perjudicadas por las consecuencias de la desindustrialización.

Pero las autoridades no hicieron lo suficiente ni siquiera para impedir que las familias pobres perdieran sus hogares. Las consecuencias políticas de estos fracasos económicos eran predecibles y fueron predichas: era evidente que había riesgo de que las víctimas de semejante destrato recurrieran a un demagogo. Lo impredecible era que Estados Unidos conseguiría uno tan malo como Donald Trump: un misógino racista decidido a destruir el Estado de Derecho dentro y fuera del país y desprestigiar a las instituciones estadounidenses encargadas de evaluar y decir la verdad, incluidos los medios de prensa.

Un estímulo fiscal de la magnitud del de diciembre de 2017 y enero de 2018 (que en ese momento la economía en realidad no necesitaba) hubiera sido mucho más potente diez años antes, cuando el desempleo era tan alto. De modo que la débil recuperación no fue resultado del “estancamiento secular”: el problema fue que el gobierno aplicó políticas inadecuadas.

Se plantea aquí una pregunta fundamental: ¿serán las tasas de crecimiento de los años venideros tan sólidas como en el pasado? Eso dependerá evidentemente del ritmo del cambio tecnológico. La inversión en investigación y desarrollo, sobre todo en investigación básica, es un factor determinante importante, pero obra con gran retraso; los recortes propuestos por el gobierno de Trump no presagian nada bueno.

A esto hay que sumarle una gran incertidumbre. La tasa de crecimiento per cápita ha variado en gran medida en los últimos 50 años, desde un 2 o 3% anual en la(s) década(s) de después de la Segunda Guerra Mundial hasta 0,7% en la última década. Pero es posible que haya habido demasiado fetichismo en relación con el crecimiento; sobre todo cuando se piensa en los costos medioambientales, y aún más si ese crecimiento no aporta grandes beneficios a la inmensa mayoría de los ciudadanos.

La reflexión sobre la crisis de 2008 tiene muchas enseñanzas que ofrecernos, pero la más importante es que el problema era –y sigue siendo– político, no económico: no hay nada que necesariamente impida una gestión económica que asegure pleno empleo y prosperidad compartida. El estancamiento secular sólo fue una excusa para políticas económicas deficientes. Hasta que no superemos el egoísmo y la miopía que definen nuestra política –especialmente en Estados Unidos con Trump y sus cómplices republicanos–, una economía al servicio de todos, no de unos pocos, seguirá siendo un sueño imposible. Incluso si el PIB aumenta, los ingresos de la mayoría de los ciudadanos estarán estancados.

Traducción: Esteban Flamini

Agosto 28, 2018

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/secular-stagnation-excuse-f...

 5 min


Daniel Eskibel

Pero vayamos por partes: ¿qué es el marketing político? Sabemos que no hay una definición única e indiscutible, pero las distintas formas de encarar el concepto se pueden agrupar por lo menos en 4 categorías básicas:

El marketing político entendido como la aplicación de técnicas específicas del marketing comercial tanto para analizar el mercado electoral como para influir en él con la oferta y la venta de la imagen de un candidato

El marketing político entendido como un método para hacer buenas campañas que se fundamenta en las ciencias sociales (historia, ciencias políticas, sociología, ciencias de la comunicación) y también en la experiencia práctica

El marketing político como método para una buena comunicación política con los ciudadanos

El marketing político como estrategia de contenidos políticosarticulada con una caja de herramientas comunicacionales específicas del mundo de la política

Como ves son concepciones diferentes y prácticas diferentes. Algunas de ellas tal vez incompatibles entre sí. Otras tal vez complementarias.

Los candidatos no son jabones

La protesta contra el marketing político es legítima. No puedes vender un candidato como si de un jabón perfumado se tratara. Y no deberías transformar las campañas políticas en vanos ejercicios superficiales, en pura apariencia, en colores bonitos y frases plastificadas.

Decididamente no.

Pero esta protesta abarca solamente a la primera categoría reseñada líneas más arriba.

Solo a la primera.

Pero no tiene nada que ver con las otras categorías. Porque los otros 3 conceptos de marketing político que te señalé son completamente diferentes y recorren un camino absolutamente específico y propio.

La paradoja de los desconfiados

Imagina que tu partido político rechaza vigorosamente la aplicación de herramientas del marketing comercial en las campañas políticas.

Imagina que tu partido desconfía de una disciplina que presume frívola y superficial. Y que por lo tanto decide no hacer ni el más mínimo lugar en sus campañas a nada que pueda etiquetarse como ‘marketing político’.

El problema es que en el momento mismo que generaliza y confunde una forma de concebir la disciplina con el conjunto de ella, pues en ese mismo momento se desliza dentro de la paradoja de los desconfiados. Y allí queda, atrapado y derrotado.

¿Por qué paradoja de los desconfiados?

Porque tu partido político necesita expresar bien sus ideas, comunicarse, crecer y ganar espacios en la sociedad. Pero para ello no alcanza con pensar. Las ideas se tienen que difundir. Y para ello se necesitan herramientas, técnicas, métodos.

¿Qué hace entonces el partido de los desconfiados?

Recurre a la estrategia de marketing político más antigua, más primitiva, más amateur y más ineficaz en el mundo de hoy: altavoces, papeles impresos, improvisación, muros pintados…

No perciben que eso también es marketing político, pero del malo, del que no funciona. No digo que esas herramientas no tengan cabida sino que limitarse a ellas es hacer un tipo de marketing político cuyo efecto es alejarse de la gente y perder elección tras elección.

Esa es la paradoja: rechazar con pasión el marketing político y al mismo tiempo entregarse en cuerpo y alma al más rancio marketing político.

Estrategia política y herramientas de comunicación

Si haces política en serio, entonces tienes que decidir qué estrategia de marketing político vas a emplear. Si crees que no vas a usar ninguna, te aseguro que sí tendrás una de todos modos y que además será la peor.

¿Mi consejo?

Supera la protesta superficial y los automatismos. Crece más allá de lo viejo y superado. Y camina rumbo al profesionalismo en tu estrategia, tu comunicación, y tus campañas políticas y electorales.¿

Maquiavelo&Freud

https://maquiaveloyfreud.com/desconfiados-marketing-politico/

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