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Opinión

Lluís Bassets

Empoderamiento es la palabra, el concepto. Extraño hasta hace poco para el castellano que se habla en España, aunque al final, tal como ha explicado Álex Grijelmo en estas mismas páginas (Empoderar toma el poder, 20-11-2016), ha sido recuperado incluso por el diccionario de la RAE. La novedad de hace algo más de 10 años es el nuevo poder democrático que proporcionan, entre otras cosas, las tecnologías digitales de comunicación y especialmente las redes sociales, es decir, el empoderamiento digital.

Se trataba de una revolución democratizadora, la aparición de un nuevo medio o forma de comunicación, como ha sucedido en otras ocasiones a lo largo de la historia, aunque en este caso pretendía liquidar la mediación, la representación, y conducía a la utopía populista de una comunicación sin interferencias de las élites, ni siquiera las intelectuales y periodísticas.

El momento álgido de este espejismo se produce en la confluencia de dos fenómenos fascinantes, como son Wikileaks, la máquina de filtración de secretos organizada por Julian Assange, y la caída de los dictadores de Túnez y de Egipto en un lapso de apenas dos meses, es decir, Tahrir y la revolución del jazmín, entre el otoño y el invierno de 2010-2011.

Wikileaks publicó entonces los despachos del Departamento de Estado, su mayor filtración hasta aquel momento, que dejó a la diplomacia de Estados Unidos al pie de los caballos con la revelación de una panoplia de secretos de los poderosos de todo el mundo, dictadores especialmente, desvelados en las comunicaciones secretas escritas por cónsules y embajadores de Washington. Ambos fenómenos, la primavera árabe y Wikileaks, dibujan un mundo utópico donde los Gobiernos se ven forzados a practicar la máxima transparencia y los ciudadanos tienen en sus manos los instrumentos para derrocar a los dictadores.

El espejismo duró muy poco. Las revueltas derivaron en la toma del poder por los islamistas, con sus ideas populistas, su machismo insoportable, su autoritarismo teocrático, su condescendencia con la violencia y sus conceptos excluyentes de la democracia. Y a continuación, en Egipto llegaron los militares, que liquidaron sin contemplaciones la incipiente democracia.

Otra filtración, la de Edward Snowden en 2013, con la información clasificada de las escuchas de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), abrió los ojos a muchos de los fascinados seguidores de Wikileaks sobre el nuevo mundo de control y vigilancia al que nos enfrentamos. Descubrimos entonces que la utopía de la transparencia se había convertido gracias a los metadata, el data mining y la inteligencia artificial en la distopía del control total por un Gran Hermano que controla nuestra vida privada, capaz incluso de prever nuestras decisiones futuras.

Esta dualidad o ambigüedad de las tecnologías no es una novedad. Toda tecnología suele tener un potencial liberador y otro potencial de signo distinto como instrumento de manipulación y de control. El problema con la inteligencia artificial es que la cara oscura es tan novedosa que por el momento parece superar de largo a la cara liberadora y dibuja la distopía de una sociedad sin libertad, en la que la deliberación y la toma de decisiones individuales y colectivas llega a correr a cargo de las máquinas.

Faltaba todavía la última oleada de escándalos. De una parte, la interferencia rusa en la campaña electoral de Estados Unidos y probablemente en otras campañas electorales y en otros escenarios de crisis política, como el Brexit; una forma de guerra cibernética en la que se usan los medios convencionales, como Russia Today o la agencia Sputnik y las redes sociales, con profusión de bots, perfiles fake y fake news, y el auxilio inestimable de Julian Assange y su Wikileaks. De la otra, el uso de los datos de 87 millones de perfiles de Facebook por parte de Cambridge Analytica, una empresa de big data y psicopolítica al servicio de la campaña de Trump.

El temor del siglo XX, expresado en la novela 1984, de George Orwell, era un Gobierno, el de la Unión Soviética o EE UU concretamente, convertido en el Gran Hermano que todo lo sabe y controla, pero resulta que cuando esto adquiere visos de realidad, ya en siglo XXI, es en forma de una multinacional digital, una empresa privada. En buena lógica, su objetivo no es el control político e ideológico, sino el negocio: controlarnos para monetizarnos.

Mientras utilizábamos las redes sociales como forma de empoderamiento, las grandes multinacionales tecnológicas (Google, Amazon, Facebook y Apple, las gafa) se apoderaban subrepticiamente de todos nuestros datos para explotarlos comercialmente e incluso políticamente. Cuando nos creíamos ciudadanos, resulta que éramos clientes, y cuando ya tomamos conciencia resignada de clientes, resulta que somos una mera mercancía, materia prima aportada voluntariamente al comercio de datos de nuestras vidas privadas.

El monstruo frío que era el Estado para Friedrich Nietzsche queda superado en frialdad y en poder por unas multinacionales tecnológicas que solo buscan el beneficio para sus accionistas. Con sus monopolios de facto, han destruido el modelo industrial del periodismo tradicional, estrechamente asociado a las democracias parlamentarias y liberales. Con el acceso gratuito, han aniquilado el valor de los contenidos periodísticos y de los derechos de autor y han despojado de publicidad a los medios de comunicación convencionales. Gracias a los paraísos fiscales y a la globalización, han eludido la fiscalidad propia de los Estados de bienestar europeos. Y con el big data, finalmente, están utilizando a los usuarios, sus datos privados, su intimidad, sus sentimientos, sus gustos, sus contactos y amigos como materia prima de su negocio, hasta el punto de que pueden venderla a los enemigos de la democracia.

Democracia liberal

Nada más preocupante, por tanto, que la colusión entre estas tecnológicas y los servicios secretos rusos, y además con los hackers libertarios y Wikileaks de por medio. Primero, por la asimetría entre las democracias liberales, con división de poderes, control judicial, libertades públicas y medios de comunicación independientes; y los regímenes autoritarios e iliberales, en los que los medios, periodistas y ONG occidentales deben someterse a controles y censuras de un poder arbitrario, con frecuencia secreto, y en todos los casos fuera de cualquier escrutinio por parte de los Parlamentos, la justicia o los medios de comunicación. Y luego por la erosión que producen estas interferencias en el funcionamiento y en el modelo de los sistemas de democracia liberal, que no otro es el objetivo que persiguen las autocracias en su competencia por demostrar su superioridad a la hora de gestionar sociedades capitalistas pero sin libertades.

El acoso digital, los comportamientos violentos o abusivos, las infinitas formas de comunicación y de conducta patológicas que están surgiendo en las redes sociales pertenecen al nuevo universo de control y de poder afilado o incisivo (sharp power), concepto acuñado para describir las prácticas de estos novísimos autoritarismos. Insultarnos unos a otros en las redes, acosarnos y maltratarnos es parte de una cultura bélica de baja intensidad en la que es el público mismo quien lo suministra todo, el odio, los mensajes, las víctimas, los héroes... Cuando entramos en este juego, no nos estamos empoderando, sino que, sin saberlo, estamos entrenándonos y a la vez participando en el nuevo mundo de las guerras híbridas, en las que siempre lleva ventaja quien no tiene controles democráticos ni límites jurídicos a su poder.

Madrid 28 ABR 2018

El País

https://elpais.com/internacional/2018/04/27/actualidad/1524845669_625059...

 5 min


Siempre habrá abstención. Siempre la ha habido y ella nunca había pedido condiciones. Simplemente en todo proceso electoral aparece y cumple su cometido estadístico, sin exigir nada a cambio y sin protagonismo alguno, a no ser, su porcentaje de abstención tradicional y predecible.

El abstencionismo que exige condiciones para dejar de ser abstencionista, ese que se pregona cómodamente desde el teclado de un celular, una computadora o desde un frio micrófono por el clima apretado de un país que te acoge como "exiliado" político. Ese abstencionismo elitésco y vanguardista, que lleva la democracia en los labios y el abstencionismo colaboracionista en el corazón, será derrotado por las masas hambrientas de hambre y libertad.

Ese abstencionismo colaboracionista que hoy amenaza darse con la misma piedra, que se consiguió en las parlamentarias del 2005, será pulverizado por el pueblo llano que nunca ha puesto condiciones en su vía electoral. Ese abstencionismo autoritario y cupular, impuesto por las duras direcciones partidistas a sus militantes, también será derrotado.

Aquí el abstencionismo colaboracionista fundamentado en el ataque contra quienes han enarbolado las banderas de la participación y arguyen que ejercer el derecho al voto es colaboracionismo con el régimen. Ese abstencionismo que sin verse ni siquiera su medio ombligo colaboracionista, alimentado por la estrategia madurista de promover la desconfianza y el desencanto en el acto electoral. Ese abstencionismo colaboracionista será derrotado.

El abstencionismo colaboracionista será derrotado, porque a los “jefes” políticos que lo aúpan, defienden y pregonan hasta el cansancio, su canoa abstencionista, comienza hacer aguas y sus cientos de miles de activistas se montaran en la cresta de la ola electoral, convencidos de que ante el dilema de tener que escoger entre la reelección de Maduro, la abstención o la participación electoral, lo correcto será salir a votar y acabar con esta pesadilla de saqueo y corrupción que está destruyendo al país.

El abstencionismo colaboracionista corre el riesgo de ser el gran derrotado en esta refriega por el poder. Lo saben, lo susurran en privado en sus conciliábulos colaboracionistas, no lo dicen en público, pero en privado andan arrepentidos por no poder echarse pa atrás en sus dislates estratégicos. Saben que si Nicolás Maduro sale derrotado como efecto saldrá, la comunidad internacional hará un giro de 360 grados a favor del candidato victorioso.

Ese abstencionismo colaboracionista tiene los días contados. Mientras más se aproxima el 20 de mayo más intenso es el sudor frio que corre por sus espaldas. Ese abstencionismo colaboracionista después del día “D” quedará como pajarito en grama: sin argumentos, sin militancia y sin credibilidad alguna.

Este abstencionismo colaboracionista está consciente del daño que puede infligir a la opción de cambio, pero ya no les importa, están resteados con su hilaridad abstencionista, prefieren a Maduro gobernando 6 años más a que gane Henri Falcón. Eso los hará colaboracionistas, y ese remoquete de traidor, no se lo ha podido quitar ni Judas en 2018 años, después de haber decidido ser colaboracionista.

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En las actuales circunstancias políticas, muchos vislumbran que cada vez está más cerca el fin del presente régimen de gobierno, mayoritariamente rechazado por la inmensa mayoría de los venezolanos y cada vez más acorralado a nivel internacional, con amplios sectores de la sociedad civil más activados que nunca para salir de esta pesadilla.

Sin embargo, muchos siguen pensando en irse del país, en la emigración como solución a sus conflictos existenciales y crisis personales. En la Venezuela de la diáspora migratoria, no se trata simplemente de decidir si irse del país o quedarse; en el fondo, se trata más bien de un problema de sobrevivencia. No es una cuestión de justificar o condenar a quien se va del país. Se trata, más bien, de intentar entender mejor el fenómeno migratorio que sufre Venezuela.

Este problema es tan serio que se ha llegado a estimar que aproximadamente el 10 % de los venezolanos ya ha emigrado y la tendencia es al aumento; en los próximos tres años, si se mantiene esta tendencia, se espera que el porcentaje pueda llegar al 15% o aun más. Estos emigrantes, que son en su mayoría jóvenes con formación y experiencia en diversos campos del conocimiento y la actividad laboral, constituyen un drenaje incalculable de capital humano muy difícil de reemplazar.

Desde el punto de vista personal, el dilema inicial puede surgir al intentar tratar de decidir cómo y dónde se tendrían más probabilidades, no solo de sobrevivir, sino de vivir con un grado aceptable de normalidad; sin tener que estar diariamente en búsqueda de satisfacer las necesidades básicas del ser humano, y lamentar que no se nos respeten los derechos ciudadanos, para tener, en definitiva, una razonable confianza en un futuro mejor. Lo más común es que se vea a la emigración con mirada de esperanza, como una posibilidad de salida por razones de necesidad.

Si tu salud, o la de un familiar cercano, depende de tener a tiempo y en cantidades suficientes la medicina o el tratamiento médico necesario. Si debes decidir entre vivir en la miseria y al borde del hambre o tener una oportunidad de alimentarte bien y no enflaquecer hasta caer en la desnutrición. También si se ha tenido actividad política y se ha participado en protestas u otras actividades en contra del actual régimen de gobierno, públicas o no; si por ello te haces políticamente incómodo y, por lo tanto, sujeto a la represión y posible encarcelamiento y tortura. Finalmente, incluso, si se plantea como una cuestión de decidir entre el desequilibrio psicológico y la tranquilidad y la salud mental. Aunque podría también tratarse, simplemente, de buscar un nivel de seguridad personal y calidad de vida aceptables. En todas estas circunstancias, los deseos de emigrar se pueden hacer presentes, y muchas veces llegan a concretarse.

Es también pertinente recordar la enorme importancia de las transferencias de dinero desde el exterior; muchos salen del país para poder ayudar a mantener a los familiares que se quedan, aprovechando la ventaja de la tasa de cambio debido a la gran devaluación del bolívar. Un estudio de Datanálisis al respecto indica que el 6% de las familias del país se benefician de estas transferencias; en un año es posible que lleguen al 10%.

En todo caso, el ser humano, ante condiciones de vida negativas y desfavorables, busca cambiar su situación y evitar así un futuro francamente adverso. Se trata de decidir cómo sobrevivir en medio de la más profunda crisis económica que ha tenido el país, con una gran inestabilidad social e inconformidad popular, amén del creciente estado de ingobernabilidad que cada vez nos acerca más al caos social. Hay que tratar de comprender la situación, tanto de los que deciden quedarse como de los que deciden emigrar, ponerse en el lugar del otro, considerar sus circunstancias de vida, motivos y razones, necesidades y esperanzas.

¿Quién cree que pueda ser el juez del compatriota que se queda o de aquel que se va? A fin de cuentas, cada quien puede elegir como desea vivir. En las actuales condiciones de la generalidad de los venezolanos, para muchos es necesario, incluso llega a ser urgente, decidir si quedarse o irse del país.

Profesor UCV
felipeedmundo@gmail.com

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Con voz propia

Cuando en la Chicago del año 1886 luchaban por “Las Tres ocho” (8 horas de trabajo, 8 para vivir, 8 de descanso), en Venezuela se celebraba el primer Congreso Obrero Venezolano. Se trataba de “directa contribución a gestación de la clase obrera”, expresó Eloy Torres, pionero de nuestro sindicalismo en su libro La Huelga. Antonio Guzmán Blanco, el Gran Autócrata Civilizador, Ilustre Americano, Regenerador y Pacificador, iniciaba el 27 de febrero su tercer y último período presidencial.

El ahora mandatario Nicolás Maduro, impugnado por ser tenido colombiano y la Constitución exige única nacionalidad venezolana, se autodefine hijo de Chávez, castro comunista. Entre 1986 y 1987 curso en la escuela cubana de formación de cuadros políticos "Ñico López" en la Habana. En 1991 se desempeñó como conductor de autobús del Metro de Caracas y se ganó fama de reposero. Allí formó parte del sindicato.

La Venezuela obrera planteó jornada de 8 horas en Ley del Trabajo de 1936. En 1917 la de Talleres y Establecimientos Públicos, la fijaba de 9 horas.

Sostenida la lucha de trabajadores en conquista de reivindicaciones y de la Democracia.

La voz de la Iglesia orientadora como lo hace hoy “sacudió conciencia nacional y encendió primera chispa de subversión” -reseñó Gabriel García Márquez entonces en ejercicio del reporterismo en Caracas, al referir Carta Pastoral del 1ro de mayo 1957, cuya elaboración atribuyen al padre Feliciano González, futuro Obispo de Maracay y que el Arzobispo de Caracas Monseñor Rafael Arias Blanco, ordenó leer en Parroquias.

“Estamos viviendo situaciones dramáticas: ¡Nunca antes habíamos visto tantos hermanos nuestros hurgar en la basura en búsqueda de comida!... Ante la desesperanza reinante, exhortamos a todos a lograr puntos de encuentro para un proyecto común de país” –reflejo de la narco dictadura de ahora.

Tal encíclica, motivó la unidad y fue paso firme hacia el 23 de Enero de 1958.

Al mes de divulgada los partidos ajenos al protagonismo electorero: Unión Republicana Democrática, Comunista, Acción Democrática y Copei constituían Junta Patriótica, presidida por el periodista Fabricio Ojeda. El 21 de enero 1958 se dio huelga convocada por ese órgano.

Volviendo al 1ro de mayo 1886, unos 200 mil trabajadores iniciaron huelga en Chicago por las 8 horas.

A finales de mes sectores patronales estadounidenses accedieron a otorgarla. Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo.

La histórica lucha que se tornó violenta y represiva causó numerosas víctimas. 5 obreros condenados a muerte; 2 a cadena perpetua: Samuel Fielden (inglés); Michael Schwab (alemán), un tercero: Oscar Neebe (estadounidense) a quince años de trabajos forzados.

De los cinco mártires de ese movimiento tres fueron periodistas: el estadounidense Albert Parsons; los alemanes Adolf Fischer y August Vincent Theodore Spies y el tipógrafo George Engel. Carpintero fue el último: Louis Lingg, también alemán.

Carpintero fue San José y la Iglesia celebra 1º de mayo la Fiesta del Obrero, patrono de trabajadores. La instituyó en 1955 el Siervo de Dios, Papa Pío XII, en el Vaticano. De allí la denominación citada Pastoral.

Un año antes cardenal Antonio Caggiano, por cierto argentino, como actual Papa Francisco, cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, vicario castrense y primer obispo de Rosario, legado pontificio al II Congreso Eucarístico Bolivariano, planteó en sesión celebrada en su honor en Concejo de Caracas:

Venezuela “tiene tanta riqueza que podría enriquecer a todos, sin que haya miseria y pobreza, porque hay dinero para que no haya miseria”.

Al MARGEN. Llamado a gobiernos a impulsar libertad de prensa y proteger a periodistas hizo António Guterres, Sec. General de ONU: promover prensa libre es defender derecho a la verdad. Acceso a información y elecciones, primer temas del Día Mundial, este 3 de mayo.

jordanalberto18@yahoo.com

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Lester L. López O.

El mes de mayo próximo el tema electoral privilegiará la agenda de la sociedad política del país donde participan tres grupos definidos: el gobierno con un candidato propio, el grupo opositor que aceptó el reto de ir a las elecciones, aun con las condiciones existentes y otro grupo opositor, bien definido, que decidió no participar en el fraude orquestado por el régimen.

El candidato del régimen tiene como propuesta electoral defender la revolución a pesar de la crisis económica que ha generado y tiene en la quiebra al país alegando una guerra y bloqueo económico que le impide obtener el financiamiento internacional necesario para mejorar la economía y superar la crisis.

El candidato de buena parte de la oposición que decidió participar ha iniciado su campaña fundamentándola en un plan económico que se iniciaría inmediatamente al obtener el triunfo, por lo que ha generado buenas expectativas en el universo electoral.

El grupo opositor no participante, porque no existen las condiciones y el proceso es un fraude en general, además de no participar no ha planteado, hasta ahora, una propuesta factible que conduzca a un cambio de gobierno este año y mucho menos que inicie un proceso económico que genere alguna esperanza a los ciudadanos de que su situación económica puede comenzar a cambiar en el corto o mediano plazo, y esto, es una debilidad fundamental de esta opción cuyos seguidores, especialmente en las comunidades más afectadas por la crisis generalizada, empiecen a ver con simpatía la opción de votar por el candidato Henri Falcón.

¿Qué se propone?

La Asamblea Nacional es el único poder del Estado que tiene y mantiene legitimidad de origen y más importante aún, es la única que tiene el reconocimiento de la comunidad internacional y, en consecuencia, de muchos organismos financieros internacionales que de alguna forma u otra han ofrecido su ayuda siempre que la AN lo apruebe.

Por otra parte, la inflación, en las últimas dos semanas, ha demostrado que es el principal problema para cualquier bolsillo de venezolanos que no tenga ahorro en dólares, no importa que tipo de sueldo o ingresos en bolívares tenga. La misma administración pública no puede funcionar porque sus empleados no tienen dinero para llegar a su trabajo y los sectores de servicios públicos están colapsados por la imposibilidad de comprar insumos y repuestos para funcionar. En otras palabras, sin pretender ser un profeta del desastre, el mismo parece inminente.

La propuesta entonces es que la AN proponga, públicamente, un plan (no una ley) de emergencia financiera con ayuda internacional para comenzar a estabilizar la moneda y la economía nacional. Los planes propuestos por el diputado José Guerra o el asesor del candidato Falcón, Francisco Rodríguez pudieran servir de guía para proponer uno, con la asesoría de los organismos financieros internacionales dispuestos a financiar la emergencia. Por supuesto, este plan debe contar con la participación de gobierno como ente ejecutor, pero con la supervisión de la AN y la comunidad internacional. Este plan comenzaría lo antes posible en cuanto se realice el acuerdo, porque la ciudadanía no puede esperar más.

Como contra parte, la AN propondrá al régimen un nuevo cronograma electoral, suspendiendo el fraudulento actual, dejando para julio la elección de los diputados regionales, para septiembre los concejales municipales y en noviembre las presidenciales las cuales incluirían un referendo para aprobar la supuesta constitución que está redactando la fraudulenta ANC, con lo cual cesaría en sus funciones ese mismo día.

Esta propuesta le daría a la dirigencia de la oposición no participante en las elecciones la oportunidad de concretar un mensaje contentivo de una salida electoral a la crisis este mismo año, tomar la iniciativa política y dejar el balón en el campo del gobierno, que por supuesto estará renuente a aceptarla.

@lesterllopezo

Maracay 28/04/18

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Arichuna Silva Romero

Materialismo histórico. Interpretación marxista de la historia basada en el Materialismo Dialéctico. La historia se interpreta como un proceso de luchas de clases. Las condiciones económicas son la base de la vida, y el desarrollo de las técnicas de producción determina el carácter de una sociedad. Sobre ello se edifican sistemas políticos e ideológicos. El movimiento de la historia es una dialéctica dentro de cada fase económica que produce la clase que se opone al orden social y político y lo derroca”.

Chris Cook (1989). Diccionario de Términos Históricos.

I

En la obra 1984 de George Orwell, encontramos el episodio donde Winston Smith, saca el libro prohibido que había tenido escondido por un tiempo, titulado: Teoría y Práctica del Colectivismo Oligárquico de Emmanuel Goldstein, y empieza a leer el capítulo: La ignorancia es la fuerza. “El libro –como apuntó Orwell– le fascinaba o, más exactamente, lo tranquilizaba. En cierto sentido, no le enseñaba nada nuevo…”. Pues, nada de lo que describía el libro, le era desconocido para él. Leía sin nervios, muy tranquilo, silencioso; no teniendo la telepantalla que lo siguiera (¡pensaba él!). Unas horas después, no alcanzó a leer la última parte del libro: la Policía del Pensamiento se lo impidió, tras arrestarlo.

He traído los primeros parágrafos de una literatura distópica, para que se haga un ejercicio de interpretación y a la vez de reflexión –que compare, si se quiere–, la realidad venezolana que nos ha trastocado por estos tiempos y, ese mundo ficticio que le tocó vivir al personaje de Winston (al que no se está muy lejos), dentro de una sociedad policial; cuyo Estado, consiguió asirse del control total sobre los individuos.

Las luces que se hallarán en la lectura, nos debe servir de alarma warning, la cual advierta sobre una fatalidad que puede ser viable. En nuestro noble país, han sido muchas las voces del mundo político, histórico, militar, universitario, económico, intelectual y popular, que se han activado en estos años de “Socialismo del Siglo XXI”. Sus mensajes, por algún motivo, han sido silenciados, apartados o sencillamente olvidados; en el contexto de esa realidad sui géneris, tropicalizada, que ha reproducido algunos de los pasajes que se describen en la novela de Orwell. Todo ello, mientras sigue avanzando en sus objetivos y fines, dentro de nuestra –cada día–, decadente República.

Comencemos el abordaje de sus líneas reveladoras: La ignorancia es la fuerza:

II

«Durante todo el tiempo de que se tiene noticia, probablemente desde fines del período neolítico, ha habido en el mundo tres clases de personas: los Altos, los Medianos y los Bajos. Se han subdividido de muchos modos, han llevado muy diversos nombres y su número relativo, así como la actitud que han guardado unos hacia otros, han variado de época en época; pero la estructura esencial de la sociedad nunca ha cambiado. Incluso después de enormes conmociones y de cambios que parecían irrevocables, la misma estructura ha vuelto a imponerse, igual que un giroscopio vuelve siempre a la posición de equilibrio por mucho que lo empujemos en un sentido o en otro.

Los fines de estos tres grupos son inconcebibles. Los Altos quieren quedarse donde están. Los Medianos tratan de arrebatarles sus puestos a los Altos. La finalidad de los Bajos, cuando la tienen —porque su principal característica es hallarse aplastados por las exigencias de la vida cotidiana—, consiste en abolir todas las distinciones y crear una sociedad en que todos los hombres sean iguales. Así, vuelve a presentarse continuamente la misma lucha social.

Durante largos períodos, parece que los Altos se encuentran muy seguros en su poder, pero siempre llega un momento en que pierden la confianza en sí mismos o se debilita su capacidad para gobernar, o ambas cosas a la vez. Entonces son derrotados por los Medianos, que llevan junto a ellos a los Bajos porque les han asegurado que ellos representan la libertad y la justicia. En cuanto logran sus objetivos, los Medianos abandonan a los Bajos y los relegan a su antigua posición de servidumbre, convirtiéndose ellos en los Altos. Entonces, un grupo de los Medianos se separa de los demás y empiezan a luchar entre ellos.

De los tres grupos, solamente los Bajos no logran sus objetivos ni siquiera transitoriamente. Sería exagerado afirmar que en toda la Historia no ha habido progreso material. Aun hoy, en un período de decadencia, el ser humano se encuentra mejor que hace unos cuantos siglos. Pero ninguna reforma ni revolución alguna han conseguido acercarse ni un milímetro a la igualdad humana. Desde el punto de vista de los Bajos, ningún cambio histórico ha significado mucho más que un cambio en el nombre de sus amos.

III

A fines del siglo XIX eran muchos los que habían visto claro este juego. De ahí que surgieran escuelas del pensamiento que interpretaban la Historia como un proceso cíclico y aseguraban que la desigualdad era la ley inalterable de la vida humana. Desde luego, esta doctrina ha tenido siempre sus partidarios, pero se había introducido un cambio significativo. En el pasado, la necesidad de una forma jerárquica de la sociedad había sido la doctrina privativa de los Altos. Fue defendida por reyes, aristócratas, jurisconsultos, etc. Los Medianos, mientras luchaban por el poder, utilizaban términos como «libertad», «justicia» y «fraternidad». Sin embargo, el concepto de la fraternidad humana empezó a ser atacado por individuos que todavía no estaban en el Poder, pero que esperaban estarlo pronto.

En el pasado, los Medianos hicieron revoluciones bajo la bandera de la igualdad, pero se limitaron a imponer una nueva tiranía apenas desaparecida la anterior. En cambio, los nuevos grupos de Medianos proclamaron de antemano su tiranía. El socialismo, teoría que apareció a principios del siglo XIX y que fue el último eslabón de una cadena que se extendía hasta las rebeliones de esclavos en la Antigüedad, seguía profundamente infestado por las viejas utopías. Pero a cada variante de socialismo aparecida a partir de 1900 se abandonaba más abiertamente la pretensión de establecer la libertad y la igualdad. Los nuevos movimientos que surgieron a mediados del siglo, Ingsoc en Oceanía, neobolchevismo en Eurasia y adoración de la muerte en Asia oriental, tenían como finalidad consciente la perpetuación de la falta de libertad y de la desigualdad social.

Estos nuevos movimientos, claro está, nacieron de los antiguos y tendieron a conservar sus nombres y aparentaron respetar sus ideologías. Pero el propósito de todos ellos era sólo detener el progreso e inmovilizar a la Historia en un momento dado. El movimiento de péndulo iba a ocurrir una vez más y luego a detenerse. Como de costumbre, los Altos serían desplazados por los Medianos, que entonces se convertirían a su vez en Altos, pero esta vez, por una estrategia consciente, estos últimos Altos conservarían su posición permanentemente.

Las nuevas doctrinas surgieron en parte a causa de la acumulación de conocimientos históricos y del aumento del sentido histórico, que apenas había existido antes del siglo XIX. Se entendía ya el movimiento cíclico de la Historia, o parecía entenderse; y al ser comprendido podía ser también alterado. Pero la causa principal y subyacente era que ya a principios del siglo XX era técnicamente posible la igualdad humana. Seguía siendo cierto que los hombres no eran iguales en sus facultades innatas y que las funciones habían de especializarse de modo que favorecían inevitablemente a unos individuos sobre otros; pero ya no eran precisas las diferencias de clase ni las grandes diferencias de riqueza.

IV

Antiguamente, las diferencias de clase no sólo habían sido inevitables, sino deseables. La desigualdad era el precio de la civilización. Sin embargo, el desarrollo del maquinismo iba a cambiar esto. Aunque fuera aún necesario que los seres humanos realizaran diferentes clases de trabajo, ya no era preciso que vivieran en diferentes niveles sociales o económicos. Por tanto, desde el punto de vista de los nuevos grupos que estaban a punto de apoderarse del mando, no era ya la igualdad humana un ideal por el que convenía luchar, sino un peligro que había de ser evitado. En épocas más antiguas, cuando una sociedad justa y pacífica no era posible, resultaba muy fácil creer en ella. La idea de un paraíso terrenal en el que los hombres vivirían como hermanos, sin leyes y sin trabajo agotador, estuvo obsesionando a muchas imaginaciones durante miles de años.

Y esta visión tuvo una cierta importancia incluso entre los grupos que de hecho se aprovecharon de cada cambio histórico. Los herederos de la Revolución francesa, inglesa y americana habían creído parcialmente en sus frases sobre los derechos humanos, libertad de expresión, igualdad ante la ley y demás, e incluso se dejaron influir en su conducta por algunas de ellas hasta cierto punto. Pero hacia la década cuarta del siglo XX todas las corrientes de pensamiento político eran autoritarias. Pero ese paraíso terrenal quedó desacreditado precisamente cuando podía haber sido realizado, y en el segundo cuarto del siglo XX volvieron a ponerse en práctica procedimientos que ya no se usaban desde hacía siglos: encarcelamiento sin proceso, empleo de los prisioneros de guerra como esclavos, ejecuciones públicas, tortura para extraer confesiones, uso de rehenes y deportación de poblaciones en masa.

Todo esto se hizo habitual y fue defendido por individuos considerados como inteligentes y avanzados. Los nuevos sistemas políticos se basaban en la jerarquía y la regimentación. Después de una década de guerras nacionales, guerras civiles, revoluciones y contrarrevoluciones en todas partes del mundo, surgieron el Ingsoc y sus rivales como teorías políticas inconmovibles. Pero ya las habían anunciado los varios sistemas, generalmente llamados totalitarios, que aparecieron durante el segundo cuarto de siglo y se veía claramente el perfil que había de tener el mundo futuro. La nueva aristocracia estaba formada en su mayoría por burócratas, hombres de ciencia, técnicos, organizadores sindicales, especialistas en propaganda, sociólogos, educadores, periodistas y políticos profesionales.

Esta gente, cuyo origen estaba en la clase media asalariada y en la capa superior de la clase obrera, había sido formada y agrupada por el mundo inhóspito de la industria monopolizada y el gobierno centralizado. Comparados con los miembros de las clases dirigentes en el pasado, esos hombres eran menos avariciosos, les tentaba menos el lujo y más el placer de mandar, y, sobre todo, tenían más consciencia de lo que estaban haciendo y se dedicaban con mayor intensidad a aplastar a la oposición. Esta última diferencia era esencial. Comparadas con la que hoy existe, todas las tiranías del pasado fueron débiles e ineficaces.

Los grupos gobernantes se hallaban contagiados siempre en cierta medida por las ideas liberales y no les importaba dejar cabos sueltos por todas partes. Sólo se preocupaban por los actos realizados y no se interesaban por lo que los súbditos pudieran pensar. En parte, esto se debe a que en el pasado ningún Estado tenía el poder necesario para someter a todos sus ciudadanos a una vigilancia constante. Sin embargo, el invento de la imprenta facilitó mucho el manejo de la opinión pública, y el cine y la radio contribuyeron en gran escala a acentuar este proceso. Con el desarrollo de la televisión y el adelanto técnico que hizo posible recibir y transmitir simultáneamente en el mismo aparato, terminó la vida privada...

Después del período revolucionario entre los años cincuenta y tantos y setenta, la sociedad volvió a agruparse como siempre, en Altos, Medios y Bajos. Pero el nuevo grupo de Altos, a diferencia de sus predecesores, no actuaba ya por instinto, sino que sabía lo que necesitaba hacer para salvaguardar su posición. Los privilegiados se habían dado cuenta desde hacía bastante tiempo de que la base más segura para la oligarquía es el colectivismo. La riqueza y los privilegios se defienden más fácilmente cuando se poseen conjuntamente. La llamada «abolición de la propiedad privada», que ocurrió a mediados de este siglo, quería decir que la propiedad iba a concentrarse en un número mucho menor de manos que anteriormente, pero con esta diferencia: que los nuevos dueños constituirían un grupo en vez de una masa de individuos. Individualmente, ningún miembro del Partido posee nada, excepto insignificantes objetos de uso personal. Colectivamente, el Partido es el dueño de todo lo que hay en Oceanía, porque lo controla todo y dispone de los productos como mejor se le antoja. En los años que siguieron, la Revolución pudo ese grupo tomar el mando sin encontrar apenas oposición porque todo el proceso fue presentado como un acto de colectivización. Siempre se había dado por cierto que si la clase capitalista era expropiada, el socialismo se impondría, y era un hecho que los capitalistas habían sido expropiados. Las fábricas, las minas, las tierras, las casas, los medios de transporte, todo se les había quitado, y como todo ello dejaba de ser propiedad privada, era evidente que pasaba a ser propiedad pública...»

Las líneas que han precedido, representan sólo una parte, del cómo se llegó al estado distópico de Oceanía. Muchos de esos matices, han sido calcados en el mundo real que impera en la Venezuela de hoy. Por nombrar sólo uno de ellos: el que ha hecho violar sistemáticamente la Constitución. Cuyo estado de derecho y justicia y, fines supremos contemplados; han sido aplazados, inhabilitados, sustituidos por leyes habilitantes y, últimamente, por una asamblea nacional constituyente. Y, como se recordará en otrora, la propuesta de enmienda constitucional que fue presentada, para derogar unos artículos que ya no le servían. Ensayos y errores, que detuvieron el poco o mediano progreso que teníamos, y eso, en plena centuria de un mundo globalizado, emprendedor, solidario y más consciente de los valores universales: libertad y verdad (los que dicen que 2+2=4).

Pero, a ese estadio venezolano se llegó mediante un cómo. Por la responsabilidad de alguien. A la vista se tiene, esa clase Mediana, que en 1992 salió del cuartel con las armas de la República y el patrocinio de una élite irresponsable, para asirse del poder y la institucionalidad de una democracia de treinta y cuatro años de edad. Ellos son ahora, los nuevos Altos de la Nación, que se inventaron la dialéctica bolivariana; los buenos revolucionarios que atrajeron la ignorancia de las masas no para empoderarlas, sino para que conservara y vigilara los privilegios del grupo. El estado oligárquico colectivista, que expropió por doquier, cuyo efecto llevó a la tumba al señor Brito. Que proyectó el estado militar-policial a unos connacionales en desventaja y; creó otra no verdad, dentro de su propio Ministerio de la Verdad: esa que, conociendo de la torpeza y cínica corrupción que dilapidó más de un millardo de dólares, inventó una “guerra económica” (doblepensar). Que nos mantiene a usted, a mí y a todos, haciendo cola por una ración de comida y medicina, hiper costosa.

MSc. Arichuna Silva Romero.

@asiromantis

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José Rosario Delgado

Por favor, su abstención en el venidero proceso electoral podría causarle un gran daño no sólo a Venezuela, que ya bastante ha tenido en estos 26 últimos años, desde febrero de 1992, sino a un sistema electoral que, si bien ha sido manipulado por quienes están al frente de este país en el lapso citado, podría ser tomado de mojiganga por estos o aquellos que en el futuro piensen en comicios democráticos a la hora de escoger gobiernos serios o sacar regímenes nefastos, como el actual.

Jamás estuvimos de acuerdo con la elección de hugo chávez e hicimos saber su inconveniencia en los medios de la época desde el mismo 4 de febrero. No tenemos, a Dios gracias, el pecado original de ser seducidos por un orate bocón que ofrecía villas y castillos a los electores, aunque veladamente simpatizaba con la toma del poder por la fuerza y nunca creyó en elecciones, lo que fue su primera bandera de lucha.

Sin embargo, entendimos a quienes en el momento se dejaron llevar por el felón que satanizó a la Venezuela Libre y Democrática y ofreció luchar contra los males y los vicios, que los había, prometió descabezar la corrupción en todos sus niveles y adecentar la administración de justicia, pero que potenció las vagabunderías y acabó con la gallinita de los huevos de oro, Pdvsa, sembrando de hambre y de miseria la patria de Bolívar.

Eso lo entendemos y cualquiera lo entendió; incluso, gente aparentemente seria se le guindó de las botas e hizo fiesta en la víspera y en el día de la llegada de la peor dictadura que ha padecido este pobre país pobre en toda su historia colonial y republicana. Muchos de ellos salieron espantados temprano advirtiendo lo que venía que, por supuesto, les tomaron la palabra y cogieron las de Villadiego, también cantando la desgracia que se avecinaba.

Insistimos, eso se puede entender; pero no entendemos cómo es posible que haya gente todavía pensando en votar por nicolás maduro, un tipo que ha sido gobierno desde el comienzo de la tiranía, fue presidente de la asamblea nacional, canciller del régimen y, para más tragedia, vicepresidente y presidente la exrepública que se encuentra hoy sumida en la peor crisis humanitaria del hemisferio, cuidado si del planeta, y repotenció todas las calamidades que le delegó el granuja ausente.

Que haya gente pensando en votar por la pandilla socialista también podría ser entendido porque hay una caterva de bandidos comprometidos con sus negocios de todo tipo y una serie de pobladores que sueñan con la esperanza inútil de las dádivas y prebendas que pudieran matarles el hambre; sin embargo, no podemos entender, tampoco, a gente que dice que no irá a votar y llama a la abstención; gente que no le da ni siquiera un chancecito a la posibilidad de salir de esta pesadilla por la vía electoral del domingo 20 de mayo.

No se trata de Henrí Falcón, no; se trata de nosotros mismos, de Venezuela, que debemos luchar, luchar y seguir luchando todos los días, y esa lucha incluye votar, el más importante de los actos democráticos de la nación. Y una nación que desesperadamente grita a la comunidad internacional que venga a ayudarnos, ¿no es capaz de hacer su aporte en esta lucha aunque sea con su Voto? ¿Sin reparar en que su abstención, ¡por favor! podría ser determinante en el hundimiento de esta Venezuela a la deriva donde están en juego, también, los consejos legislativos?

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