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Opinión

I.

El deporte es, a contrapelo de la prédica actual acerca de los derechos humanos, un espacio que aún se da a la tarea de vigilar la hegemonía masculina. El machismo ha encontrado allí uno de sus recintos más tenaces, no en balde fue definido alguna vez como “espacio para la construcción de la virilidad”. Pero aún así, el futbol femenino se ha abierto paso y ha labrado relevante camino a nivel mundial, aunque uno no sabe si pensar que ha sido a regañadientes de la FIFA. En lo que respecta a Venezuela, las mujeres llevan un poco más de tres décadas de brega fructífera para conseguir su inclusión en las canchas, sorteando infinidad de estorbos puestos a lo largo de la ruta. Hoy se observa un evidente progreso en la organización del balompié femenino y a pesar del viento en contra, las mujeres han logrado triunfos internacionales importantes que, aquí entre nos, muestran las costuras en el desempeño de los hombres.

II.

Cuando la jugadora Rayveliz Hernández, de 24 años de edad, le comunicó al técnico de Flor Patria, (equipo de la Super Liga Femenina de Futbol de Venezuela) que estaba embarazada, fue despedida de forma inmediata y obligada, inclusive, a devolver la ropa deportiva que se le había entregado. Según se ha informado en los medios de comunicación, desde las instancias competentes de la Federación Venezolana de Futbol (FVF), - cuya directiva, es bueno advertirlo, fue nombrada con el apoyo gubernamental, al punto de que el Presidente del Instituto Nacional de Deportes formaba parte de ella -, se ratificó el dictamen del club, señalando que el equipo tiene el derecho a despedir a la futbolista por quedar embarazada y, por tanto, no poder cumplir con su contrato.

No obstante, la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales, (FIFPro), manifestó la semana pasada su rechazo a semejante decisión, indicando que sienta un precedente inaceptable para el deporte femenino. En igual sentido se expresó la Asociación Única de Futbolistas Profesionales de Venezuela (AUFPV), aduciendo que “…el tema de la maternidad debe ser considerado como un punto clave a la hora de definir los contratos laborales de las jugadoras, los cuidados y auxilios que deberán recibir por parte de los clubes, en caso de presentarse un embarazo y fortalecer la motivación de cada jugadora, para que su proyecto deportivo se mantenga a lo largo de su carrera…”, añadiendo, por otra parte que “la ley en Venezuela protege a las trabajadoras, y es ilegal despedir a una trabajadora por quedar embarazada…”

III.

Si bien es cierto que la Constitución del año 1999 amplió significativamente la cobertura en materia de derechos para promover y garantizar la autonomía de las mujeres en todos los ámbitos de su vida, con el transcurrir de los años ha sido muy difícil concretarlos. En efecto, como lo ha escrito recientemente, la profesora Anaís López Caldera, en un artículo publicado en la revista Nueva Sociedad, aunque se reconozca discursivamente a las mujeres y se exalte su papel en la Revolución Bolivariana, esto no ha contribuido de forma sustantiva a un cambio subjetivo, y mucho menos material, de las condiciones de vida de las mujeres, respecto a problemas tales como las altas tasas de embarazo adolescente, las condiciones en el trabajo y el crecimiento alarmante y sostenido de la mortalidad materna, además de la violencia de género. La medida tomada con referencia a Rayveliz Hernández, quien, por cierto, acaba de dar a luz a un niño llamado Ronaldo, muestra, así pues, que estos tiempos venezolanos han sido de mucha épica y pocas nueces. No es de extrañar, entonces, que el machismo sea un muerto que todavía goza de buena salud. Mientras tanto, el “Hombre Nuevo” mira para otro lado y Nicolás Maduro pretende la re elección para seguir llevando al país hacia ninguna parte.

HARINA DE OTRO COSTAL

Pareciera que el Gobierno tiene metida su mano – es “injerencista”, como se dice ahora - en cuanta elección tiene lugar en el territorio nacional, incluyendo las que se llevan a cabo en el ámbito del deporte, tal y como lo demostró hace un tiempo con la Federación Venezolana de Fútbol y, hace apenas pocos días, con la de básquet.

Para hacer el cuento corto, el nombramiento de la nueva directiva de esta última se realizó ignorando la Ley del Deporte, brincándose a la torera la autonomía federativa y haciendo a un lado los procedimientos que deben caracterizar unos comicios limpios, contando para ello con las actuaciones del Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral.

Habrá que ver cuál es la reacción de la Federación Internacional de Baloncesto, organismo que ha visto con mucha desconfianza lo ocurrido. Mientras tanto uno ve como la democracia se achica entre nosotros y como el Gobierno no tiene entre ceja y ceja una idea más importante que la de sumar poder a fin de seguir gobernando.

El Nacional, miércoles 25 de abril de 2108

 3 min


Vivo en un urbanismo de la Misión Vivienda, tengo Carnet de la Patria y me anoto en cuanto “reparto” inventan, creí que estos eran mejor que los de antes y Chávez al principio me daba la razón, pero desde que está Maduro, cada vez más he comprobado que son caras diferentes, aunque quedan conocidas, pero eso sí, con las mismas actitudes y mañas.

En los primeros años asistí y aproveché todos los procesos de capacitación que se me ofrecían, desde los de oratoria, hasta los de gestión comunal, pasando por supuesto por los de adoctrinamiento. Cuando digo aproveché, me refiero a que logré mejorar aptitudes personales, lo que me vale tener ascendencia sobre mis vecinos, al punto de que mi opinión cuenta para ellos.

Hoy me enfrentó al llamado a votar el 20 de mayo y confieso que no tengo ninguna motivación particular para hacerlo porque entiendo que es un proceso diseñado para favorecer al régimen, pero eso sí, tampoco tengo otra alternativa.

Si no lo hago, los comisarios políticos de la zona se encargarán de documentar mi ausencia y estén seguros que a partir del lunes, si no pierdo todas las “ayudas”, pasaré a ser la última si acaso y lo que es peor, junto con mi familia, en recibir las cada vez más menguadas Clap y los beneficios de cualquier otra “programa social” que puedan mantener económicamente después de las elecciones.

Si no puedo faltar y votar nulo es muy difícil y fácilmente observable, sin descontar que al tardar “alguien amablemente me asistirá”, no me quedará otro remedio, con toda la frustración que me producirá una nueva humillación, que asistir ese domingo a mi centro de votación.

Siendo la abstención o el boicot como lo llama la persona para la que trabajo, una opción negada a los que se parecen a mí, la única que me queda es votar y hacerlo en contra de los que son responsables de las calamidades que nos han sumido en una condición de pobreza nunca vista y miren que yo sé de pobreza.

Desearía hacerlo por un candidato de unidad, no solo de la oposición tradicional, sino inclusive de los que como yo creímos en lo que nos fue ofrecido como un proyecto de país distinto. Si esto no es posible, votaré por el candidato que se atreve a enfrentar la pelea desigual a la que lo están sometiendo, con la esperanza de que así lo hagan también los que hasta ahora no se han decidido a votar. Por lo pronto, les garantizo que mi caso no es único, que los que me oyen conocen y apoyan esta posición y que este no es un relato de ficción política aunque lo esté firmando con un pseudónimo.

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La campaña electoral iniciada el 22 de abril muestra el fracaso de la imposición por parte de la fraudulenta e írrita Asamblea Constituyente y el inepto Consejo Nacional Electoral, cuando atónita Venezuela comprobó que el autobusero Maduro se encontraba en La Habana en representación del post-chavismo, quedando clara la confrontación con el chavismo que se quedó en Venezuela, con lo cual la confrontación chavismo vs. post-chavismo, militarismo vs. gansterismo, conduce a que la mayoría de los venezolanos tomen la decisión de NO VOTAR.

No votar significa una decisión libérrima de la masa de venezolanos decentes, que quieren un cambio político. Un cambio político se logra mediante la Participación Política Contendiente, que refleja la decisión libérrima del ciudadano de participar en la campaña electoral, incorporarse a los planteamientos del candidato y accionar de acuerdo a lo previsto en la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Es decir, se cumple el constructo de participación política con la cual los ciudadanos no son espectadores, no son apáticos, sino que por lo contrario constituyen la savia, la energía y la determinación por y para seleccionar a quien se vota.

La campaña electoral, entonces, conduce al voto. Sufragio impone una responsabilidad ética entre los ciudadanos electores y la comunidad política. La comunidad política está determinada por los partidos políticos, se manifiesta en los grupos de interés y perfilan la importancia del sufragio para los ciudadanos. Desde el domingo 22 de abril queda claro que el venezolano que hoy vive la miseria exponencial como consecuencia del asalto al poder y la riqueza de Venezuela por un grupo de militares sediciosos, conspiradores e irresponsables, no tienen razón para intentar animar el voto ciudadano.

El voto es el extremo de una acción racional y no emocional del ciudadano cuando decide los destinos de la República. Lo que pretende la falsa electoral del 20 de mayo es darle continuidad a la más cruel y desgraciada situación que le ha tocado al país, en manos de un militarismo obsecuente, primitivo y desnaturalizado, que anclado en el heroísmo y la heroización ha sido gobierno, ha administrado las riquezas de la República para convertirse en un grupo ladrón, peligroso y putrefacto que avergüenza la historia de la Nación. No votar significa hoy salvar la República y dejar sentado que el venezolano promedio, eso que se señala como el 78%, no va a votar ni por el post-chavismo enfrentado al chavismo y, mucho menos, por quienes de manera inmoral y contra la ética del venezolano han aceptado en presentarse para que aparezca una mascarada de seudo-democracia.

No votar significa preparar a la ciudadanía democrática para reaccionar el 21 de mayo, como lo establece el planteamiento de la Resistencia Civil. Resistencia civil que no debe ser confundida con violencia, resistencia civil que significa responsabilidad para mantener la República, habida cuenta que quienes han montado la falsa electoral destruyeron el sistema político venezolano, pero no podrán contener la soberanía de los ciudadanos que están dispuestos a salvar la República. Salvar negándose a asistir el voto como explicación única que queda frente a quienes, como gobierno, intentan destruir a una sociedad que tiene el derecho legítimo de exigir un proceso electoral seguro, confiable, libre y en igualdad de condiciones.

No votar es, entonces, lo que representará en la historia de la posible transición política venezolana una decisión histórica, reflexiva, responsable que se niega al juego maniqueo de mercaderes de la política y de mafias corruptas, que ejercen de manera arbitraria el poder para su beneficio propio. No votar significa tener conciencia de la desgraciada coyuntura que vive Venezuela, que no es otra cosa más que una guerra civil. Guerra civil que muestra la más grande conflictividad entre los venezolanos, que registra un Estado Polémico que es instrumenta el hiato Maduro-Padrino y permanente intención hostil que a través de la violencia militarista intenta el aniquilamiento físico de los venezolanos.

No votar es dar el gran paso con rigurosidad ciudadana, con precisión sobre lo que se desea a partir del 21 de mayo y con fidelidad cierta sobre la Constitución. No votar es, definitivamente, exponenciar la crisis que nos mantiene atados a una tensión enfermiza y a un antagonismo insoportable como consecuencia de la maldición del militarismo, encarnado en un cuerpo de golpistas que cobardemente desde 1992 y después en 1999 tomados por la ideología del socialismo a juro, creen que son dueños de Venezuela.

No votar se constituye en la gran elección de todos los ciudadanos que, como oposición política, de manera firme y valiente sufren la miseria exponencial del chavismo y post-chavismo que, indeclinablemente, pudiera conducirnos a partir del 21 de mayo al cataclismo de la calamidad político-social.

Es original,

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 24 de abril de 2018

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Producto de la crisis socioeconómica que estamos padeciendo, el fenómeno migratorio generado por jóvenes venezolanos que constantemente se van del país hacia otras latitudes, bien sea por razones políticas o en busca de mejores horizontes, presumo tiende a alterar la pirámide poblacional venezolana; o sea, una base ancha conformada por hombres y mujeres de la tercera edad, acoplada a un estrecho vértice conformado por la juventud; es decir, una conformación piramidal diametralmente opuesta a lo que estadísticamente se considera normal.

De continuar esta situación, Venezuela pudiera convertirse en un país con predominio de hombres y mujeres de la tercera edad; en consecuencia, esta alteración piramidal constituye una nueva calamidad que debemos sumársela a los graves e injustificados problemas de carencias que padece nuestro país, no obstante haberle ingresado millones y millones de dólares americanos por concepto del negocio petrolero.

Ahora bien, independientemente del anterior comentario, vaya la mayor suma de felicidad y éxito a los jóvenes que han cruzados las fronteras venezolanas y echado ancla y levantado carpa en cualquier lugar del planeta tierra, y para aquellos que tienen en mente esta probabilidad, les recomiendo leer, analizar y evaluar la siguiente composición e interpretación “Tu País” del cantante español, José Luis Perales.

No hay que marcharse lejos para ver amanecer, ni buscar otro lugar, ni otro vino que beber, ni otras gentes que te puedan comprender. Hay un pueblo que te brinda un camino por andar, hay un pueblo que te ofrece su amistad. Tu país con sus virtudes, sus defectos y sus problemas. Tú país con sus paisajes, sus alegrías y sus tristezas. Tú país, tu país.

No hay que marcharse lejos para ver el sol brillar, ni buscar otro rincón, ni un azul en otro mar. Ni buscar en otras gentes la verdad”.

Hay un pueblo que te llama, al que debes atender, hay un pueblo que te grita: ¡quédate!

Pero, de ser irrevocable la decisión de marcharse de Venezuela, entonces jóvenes amigos: Dios los bendiga, cuide, proteja y favorezca todo el tiempo y en todas partes.

Finalmente, permítanme recordarles un viejo aforismo proveniente de la milenaria sabiduría China y cuyo valor pedagógico, es inconmensurable: La mejor manera de proceder, es aquella que nos deja libre de culpa y remordimiento.

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Puede ser Turquía, Rusia o Bielorrusia. O puede ser Bolivia, Cuba, Venezuela, Nicaragua. En todos esos países vamos a encontrar una similar estructura de poder: regímenes personalistas provistos de un carisma de tipo hereditario, con poderes públicos al servicio del ejecutivo y sometidos al imperio de una impenetrable clase de estado en donde conviven dirigentes políticos con militares, mafias y sobre todo policías y militares secundados por grupos para-militares. En fin, los inconfundibles rasgos de las dictaduras del siglo XXl. Agréguese el control de la prensa, de la educación y sobre todo, del aparato electoral. Este último es justamente el “elemento” que diferencia a las neo-dictaduras de las dictaduras de viejo cuño. Todas, sin excepción, son electorales e incluso electoralistas.

Las elecciones en los países democráticos son procedimientos orientados a la renovación del personal político. Bajo las neo-dictaduras, en cambio, son mecanismos para garantizar la perpetuación de la clase política dominante. Si logran asegurar la mayoría, tanto mejor. Si esa mayoría está en peligro, los mandatarios recurren a la inhabilitación de partidos políticos y potenciales líderes opositores e incluso a descomunales fraudes. Nicaragua lleva en esos puntos cierta ventaja sobre otras neo-dictaduras. Los fraudes electorales cometidos en los años 2008 y 2011 han sido escandalosos.

Hay, además, un par de variantes muy “nicaragüenses”. Por de pronto, el manejo de una leyenda revolucionaria que ha concedido a la dictadura una cierta legitimidad histórica a través del tiempo. Autóctono es también el carácter bicéfalo del poder pues muchas decisiones de Estado son tomadas por la esposa del dictador, Rosa Morilllo. Sin embargo, las características más particulares hay que encontrarlas al interior de la estructura socioeconómica.

Nicaragua, a pesar de ser llamada socialista, es uno de los países latinoamericanos que más concesiones ha hecho al capital foráneo y al empresariado local. El Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) ha pasado a ser incluso un poder informal de Estado. Se calcula que el traspaso de fondos públicos hecho desde el Estado hacia las empresas privadas superaba, hacia el 2017, los 4.000 millones de dólares. No sin cierta ironía la economía nicaragüense podría ser definida como “neo-liberalismo de Estado”. Ahí reside precisamente el “talón de Aquiles” de la dictadura.

Si las empresas privadas dejan de percibir los montos que extrae el régimen de la super explotación de los trabajadores del país, Ortega perderá ese apoyo. A la vez, si renuncia al sistema de donaciones, subsidios y regalías que practica hacia los llamados sectores populares, también perderá el apoyo de estos. El secreto del “éxito económico” de Ortega reside, por consiguiente, en una política de traspaso de capitales. La tajada más grande va hacia las empresas. Las sobras, al populismo distributivo. Los perjudicados en ese juego son, como suele ocurrir, los sectores medios. Así se entiende por qué el origen de las grandes manifestaciones sociales que desafían al sistema durante abril del 2018 pueda ser explicado por el aparecimiento de una doble grieta. La primera, la producida con el COSEP y la segunda generada por el abusivo sistema de pensiones impuesto desde el INSS hacia los trabajadores, jubilados, pequeños y medianos empresarios. En otras palabras, hacia las nuevas “clases medias”. Ese fenómeno es muy importante.

Nicaragua ya no es el país semi-rural que recibió la familia Ortega de la familia Somoza. Bajo la égida de la primera ha tenido lugar, justamente debido al carácter dependiente de la economía nacional, una relativa modernización que se extiende desde lo económico a lo social. Hoy Nicaragua -con el aumento del sector de servicios, con el crecimiento del empleo público, con la proliferación del mercado formal e informal, con la fundación de nuevas universidades y otros centros de formación- ha llegado a ser un país “clasemediero”. En cierto sentido, bajo la alianza entre la “nomenklatura” y el capital foráneo y local, ha tenido lugar una suerte de modernización económica que sobrepasa el corsé políticamente estatista impuesto por Ortega.

A diferencias del chavismo, que destruyó al aparato productivo venezolano, bajo Ortega ha crecido una amplia franja económica, más informal que institucional, de pequeñas y medianas empresas a las que es imposible controlar por mecanismos burocráticos. Dichos sectores, a la vez, han sido los más desfavorecidos por la política del gobierno. De tal modo puede que no sea esta la primera vez en que la relativa modernización económica de un país entra en contradicción con la cúpula dominante. Ya lo vimos, para poner un ejemplo remoto, en el Chile de Pinochet. Cuando el dictador perdió a la clase media, comenzó a perder su poder.

La modernización impuesta con mano de hierro por Ortega -vía socialista al capitalismo- ha tomado forma no solo en la economía sino, además, en el espacio político cultural. Y bien, justamente en ese espacio asoma una tercera grieta: la llamaremos grieta generacional.

A los jóvenes predominantemente universitarios que intentan reprimir los esbirros de la dictadura, no llegan los cantos ya desafinados de la revolución sandinista. Los muchachos que han salido a las calles desde la semana pasada son protagonistas de una jornada de movilización social sin precedentes en la historia del país. A ellos el nombre de Sandino no les dice nada. Por el contrario, la dictadura ha logrado deslegitimarlo pues está asociado con la corrupción sin límites practicada por los orteguistas. La nueva generación, por el contrario, ha creado ideales consonantes con las juventudes de otros países. No acepta ser comandada por militares inescrupulosos y por una familia corrupta anidada en las habitaciones del Estado. No luchan por un liberalismo económico sino por libertades políticas, a saber, por un estado de derecho, por un ejecutivo separado del legislativo y del judicial y, no por último, por elecciones libres y soberanas. Esa tercera grieta, la generacional, difícilmente podrá ser cerrada por Ortega.

Como escribió Elvira Cuadra en el periódico digital “Confidencial”: “Los jóvenes que han salido a las calles desde la semana pasada y que hoy son los protagonistas de esta jornada de movilización social sin precedentes, son los de las generaciones de la “democracia”. Aquellos que nacieron después de la guerra escuchando, y creyendo, que Nicaragua era una democracia y que tenemos derechos. A los que se les reclamó tantas veces por su supuesta indiferencia y apatía. La verdad es que, igual que el resto de la sociedad, ni son apáticos, ni son indiferentes ni están desinformados. Por eso, nuevamente, como en otras épocas, son los protagonistas de esta gran movilización social”.

Dicho en modo de síntesis: Las tres grietas aparecidas en Nicaragua anuncian un quiebre con la continuidad histórica del país. La primera, entre la dictadura con los sectores laborales y jubilados víctimas del abusivo sistema de pensiones del INSS. La segunda, entre el poder orteguista y el COSEP. La tercera, entre una generación cultural y política que no se siente representada en el poder. Ortega ya intentó cerrar la primera retirando el injusto sistema de pensiones del INSS. A la segunda, la de los empresarios, tratará de cerrarla con negociaciones. A la tercera, en el mejor estilo somocista, a balazos. Lo que ya no puede ocultar es que esas tres grietas se encuentran cruzadas entre sí y portan consigo los signos de tiempos post-orteguistas.

El gran ausente en el quiebre que se anuncia en Nicaragua ha sido hasta ahora la clase política opositora. Disgregada en múltiples fracciones, incapaz de concertar un acuerdo unitario entre las diversas ramas desprendidas de los que fueron sus antiguos troncos liberales, conservadores y sandinistas, esa clase política ha terminado por convertirse en un lastre que impide el avance del proceso de democratización anunciado en las luctuosas manifestaciones públicas del mes de abril. Hay, por lo mismo, un profundo vacío de conducción, vacío que ha sido intentado llenar -de mal modo, como suele ocurrir- por una conducción de tipo gremial. La esperanza es que de las grandes movilizaciones de abril surjan nuevas formaciones políticas o, por lo menos, un reposicionamiento de las antiguas. Con ellas, después de todo, habrá que contar.

abril 23, 2018

https://polisfmires.blogspot.com/2018/04/fernando-mires-nicaragua-el-qui...(POLIS)

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Investigar la corrupción es una labor peligrosa, más aún si se realiza en un país como Venezuela que dejó de ser una de las democracias más avanzadas de Latinoamérica para convertirse en una dictadura.

Por eso tiene mucho mérito lo que hacen las organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos humanos y la transparencia en la gestión pública. Nuestro reconocimiento a las mujeres y hombres que integran Foro Penal, Provea, Observatorio Venezolano de Violencia, Ipys, Espacio Abierto, Observatorio Venezolano de Prisiones, Paz Activa, Transparencia Venezuela y Control Ciudadano, entre otras. Sin su constante labor de investigación, formación y divulgación los venezolanos estaríamos aún más desinformados y desprotegidos.

Control Ciudadano, la organización civil especializada en temas militares que dirige Rocío San Miguel, publicó un excelente trabajo sobre los militares responsables de la importación, distribución y venta de artículos de primera necesidad. Según el mismo, más de 500 militares han sido responsables del control de alimentos, medicinas y otros artículos básicos desde 2016 cuando Maduro creó la Gran Misión Abastecimiento Soberano (GMAS).

La investigación evidencia, una vez más, el gran fracaso de los militares al frente de tareas de civiles. Con un promedio de 24 nombramientos mensuales en 21 meses, la GMAS no solo no ha solucionado el problema de abastecimiento, sino que lo ha agravado, inclusive para la misma FAN que es incapaz de alimentar apropiadamente a sus efectivos.

El sistema político-económico trasnochado y fracasado que se ha intentado instaurar en Venezuela acabó con 8 mil industrias. Hoy en día prácticamente no producimos nada. Dependemos totalmente de las importaciones. Vistos los multimillonarios fraudes realizados alrededor del otorgamiento de divisas preferenciales para importar, es evidente que una cosa llevó a la otra y no por casualidad: Se destruyó el aparato productivo porque para la élite corrupta que gobierna resulta mejor “negocio” importar que producir.

Es urgente un cambio político para darle plena vigencia a la Constitución y que se le devuelva a la FAN el rol de una institución al servicio de todos los venezolanos y no de los intereses de una parcialidad política. Por ello es indispensable movilizarnos de frente y en todos los frentes para la realización de unas verdaderas elecciones presidenciales con todas las garantías a finales de 2018.

Unidad, resistencia y perseverancia para lograr el cambio!

24 de abril de 2018

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante Oficial

Web: www.carlostablante.com

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Rafael S. Mujica Castillo

En reciente escrito en este medio, en un artículo intitulado: “3 vías de contagio de las emociones en la comunicación política”, se daba cuenta acerca de que: “La comunicación política está saturada de argumentos racionales. Largas y complejas cadenas verbales se apoderan del mensaje y lo enfrían hasta tal punto que lo desconectan de las personas a las que va dirigido. Es así que las palabras se congelan y el mundo de la política se distancia de la vida cotidiana de los hombres y las mujeres de carne y hueso.

Ante tales conjeturas, afirmamos que las mismas se constituyen en un malsano constructo para la cabal interpretación de nuestra realidad política actual y de la necesidad de construir un discurso comunicacional que nos permita elaborar una política acorde a las exigencias que dicha problemática requiere, a los fines de superar los grandes problemas que nos afectan en todos los órdenes de nuestro diario quehacer cotidiano.

Ante todo lo anterior, desde nuestra perspectiva dialéctico-racional, reivindicamos la enorme vigencia del uso de la racionalidad no solo para elaborar los parámetros de la comunicación política, sino sobre todo, abogamos por su empleo en todo lo concerniente a la interpretación de la realidad política en que nos encontramos inmersos. Pretender desplazar a los argumentos racionales en la comunicación política, -que dicho sea de paso, no siempre están presentes en dicha comunicación, siendo ello uno de los más grandes problemas que encontramos en la construcción de soluciones cabales a los problemas que debemos solucionar-, para ser sustituidos por los elementos propios de la emocionalidad, nos remite directamente al mundo de la epistemología kantiana, al mundo de los idealismos, subjetivismos, emocionalismos, sensibilismos, psicologismos, entre otros, acompañados estos planteamientos de una buena dosis del discurso sofistico de la posmodernidad, elementos todos ellos que nos obnubilan, que nos sumergen en una auténtica “terapia de grupo”, en un auténtico atontamiento (en el cual los responsables de la comunicación política terminan expresando lo que los ciudadanos quieren escuchar y no precisamente expresando lo que los ciudadanos deben escuchar, con lo cual consideran que se han anotado un contundente éxito comunicacional), y que contrario a lo expresado en el escrito que nos ocupa, en lugar de acercarnos a la solución del núcleo de los problemas que padecemos, nos conducen a un alejamiento del entender cabalmente la dura realidad que nos afecta.

En todo caso, lo que se logra con dicho artificio, es mantener distraídos, entretenidos a los receptores de un mensaje de naturaleza efectictista que de alguna manera puede lograr la adhesión de algunos ciudadanos, pero que los mantiene en un mundo de apariencias alejados de la realidad, en la más completa tontera o enajenación de la realidad, producto de una manipulación que en el fondo, obedece al cálculo de los intereses de diversa índole de políticos de todas las toldas e ideologías de diferentes signos, todo lo cual no permite construir una dinámica compartida[CF1] , que sea adecuada a los requerimientos de la actualidad, que nos sirva al momento de tener que darle respuesta eficiente a la resolución de los problemas que desde la diaria realidad nos afectan.

Tras el señalamiento de que: “La comunicación política está saturada de argumentos racionales… Es así que las palabras se congelan y el mundo de la política se distancia de la vida cotidiana de los hombres y las mujeres de carne y hueso”. Nos encontramos con una opinión falaz, que no encuentra el menor de los asideros, toda vez que si nos atenemos a lo planteado por Gracián (1984; 48) en el Criticón (Editorial La Oveja Negra), respecto a que: “De modo que cuando llega la Razón, que es aquella otrora reina de la luz, madre del desengaño…”. La única viabilidad de lo antes señalado, no puede ser otra que la intención de engañar al ciudadano al pretender despojar de toda posibilidad de racionalidad al discurso político, ya que de acuerdo a Gracián es gracias a la Razón que podemos lograr que el desengaño triunfe sobre la apariencia, y/o el engaño, lo demás no deja de ser simple retórica, aunque sea retórica de la buena.

Al considerar que la racionalidad es el único elemento del cual disponemos para conocer la realidad de manera objetiva, privarnos de la misma, supone entonces, construir una comunicación totalmente subjetiva, adherida a la elaboración de un discurso que puede obedecer a los intereses de los voceros de turno, pero que no necesariamente representa los intereses de las grandes mayorías que en reiteradas ocasiones terminan siendo manipuladas precisamente gracias a la construcción de comunicaciones sofisticas alejadas de la realidad.

De lo todo lo anterior, se desprende que es evidente que no encontramos argumentos que sostengan la afirmación, de que ante la manifestación de un mensaje racional, tal racionalidad termina desconectándolo de las personas a quienes va dirigido dicho mensaje.

Debe quedar claro que no se trata de que estemos pretendiendo con este escrito solicitar que se suprima lo emocional del discurso comunicacional político, toda vez que ello –lo emocional-, es consustancial a lo que las comunidades políticas requieren, ello es así a partir del desarrollo del idealismo alemán, y toda la sensibilidad desplegada a partir del mismo, desde el Siglo XVIII, (a fin de cuentas muchos asimilan, no sólo el acto de la comunicación política, sino la actividad política en general con lo que pudiésemos denominar una actividad destinada a la búsqueda de objetivos propios del mundo de la lectura de libros de autoayuda, respecto a esto último; fácilmente encontramos, por ejemplo, que el desarrollo de una asamblea de ciudadanos se convierte en la expresión no de la búsqueda de soluciones a nuestros problemas por la vía del debate a partir del conocimiento racional de las situaciones que objetivamente enfrentamos en el día a día.

Expresamos lo anterior, porque a partir de la expresión de emocionalidades y sensibilismos, dicha actividad se convierte en la proclamación por parte de los asistentes a esa asamblea, de sus más profundos deseos acerca de lo que debe ocurrir, de lo que ellos quisieran que ocurriese, tal como si se encontrasen frente a un altar contentivo de una “Lámpara de Aladino”, -muy al margen de la realidad operatoria en la cual estamos inmersos-, es decir, ocurre una expresión pública de deseos de emocionalidades de sensibilismos que a fin de cuentas terminan no conduciendo a nada, a no ser el confort del disfrute de los consabidos “5 minutos de gloria”, que le permiten al opinador sentir que ha alcanzado un status de confort con la proclamación de sus deseos (olvidando obviamente, la conseja de que los deseos no preñan), lo que efectivamente en nuestro escrito si pretendemos plantear es la necesidad de la reivindicación de la presencia, tanto en la interpretación de la realidad, así como también, en el necesario hecho comunicacional político, de la Racionalidad, racionalidad sin la cual no logramos interpretar objetivamente la realidad política de la manera más objetiva y en consecuencia tampoco logramos la mayor asertividad posible. Debemos interpretar, al igual que es imprescindible, al menos a nuestro juicio, que la elaboración del discurso político debe fundamentarse precisamente en el respeto a la capacidad racional de nuestros conciudadanos, muy por encima de su capacidad sensorial o emocional, la cual en ocasiones en nada se circunscriben a las posibilidades de entender las condiciones objetivas de la realidad que nos circunda.

Al presentar estos argumentos, fundamentándonos en un racionalismo crítico, conscientes estamos que no faltará quienes asuman, que lo de ellos, no sólo es la defensa de una inteligencia emocional al estilo de Goleman, sino que siguiendo a Covey, con toda seguridad pretenderán reivindicar incluso, una inteligencia no sólo emocional sino también una inteligencia corporal al igual que una inteligencia espiritual.

rafmujica@yahoo.es

Abril 2018

[CF1]

 6 min