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Opinión

Daniel Eskibel

La comunicación política está saturada de argumentos racionales. Largas y complejas cadenas verbales se apoderan del mensaje y lo enfrían hasta tal punto que lo desconectan de las personas a las que va dirigido.

Es así que las palabras se congelan y el mundo de la política se distancia de la vida cotidiana de los hombres y las mujeres de carne y hueso.

Entonces te dicen que en política hay que comunicar emociones. Pero no te dicen cómo hacerlo.

Las emociones son contagiosas

La comunicación de emociones se simplifica cuando comprendes algo esencial: las emociones son contagiosas.

Sí: como un virus.

Y si facilitas las vías adecuadas para el contagio, entonces pasan de una persona a otra y circulan velozmente por la sociedad.

Las vías más adecuadas para el contagio emocional en la comunicación política son básicamente tres:

Contagio emocional por contacto

Contagio emocional narrativo

Contagio emocional litúrgico

Son tres vías diversas pero complementarias y tienes que implementarlas todas para quitar el hielo que inmoviliza tu comunicación.

El contagio por contacto

Es simple: el contacto con el portador de una emoción transmite esa emoción.

Cuando el candidato o el gobernante se está comunicando y siente una emoción cualquiera, pues esa misma emoción salta desde su interior hacia el interior de quien lo escucha. Claro que no es un salto real, no hay nada físico que pase de uno a otro. Pero sí hay algo físico trabajando dentro de cada uno: las neuronas espejo.

Las neuronas espejo facilitan que una persona reaccione con empatía emocional ante las emociones de otro. En suma: que sienta la misma emoción que siente el otro.

Si hablas con enojo, entonces, tu auditorio sentirá enojo. Si hablas con tristeza, tu auditorio sentirá tristeza. Si hablas con alegría, tu auditorio sentirá alegría.

Pero deben ser emociones reales, por supuesto. Las imitaciones no funcionan.

El contagio narrativo

Las narraciones son portadoras de emociones. Allí están, apenas disimuladas en la historia y en los personajes. No necesitas hacerlas explícitas ni amplificarlas. Simplemente contar historias. Y dejar que la propia historia que cuentas se tome el trabajo de transmitir emociones.

Historias simples con comienzo, desarrollo y final. Con personajes que se enfrentan a un problema, a una situación crítica, a un nudo, a una encrucijada. Y que toman decisiones y actúan frente a la adversidad.

Cuando quien habla cuenta un relato, quien escucha ingresa ese relato a su mente. Y esa narrativa es como el Caballo de Troya ya que lleva las emociones ocultas en su interior. Después las neuronas espejo hacen su trabajo y las emociones de los protagonistas se replican en quien escucha.

Claro que tienen que ser buenas historias. Y alineadas con tu estrategia política.

El contagio litúrgico

La política siempre está acompañada por lo que llamo liturgia. Como en las religiones, también en la política hay liturgia en el sentido de prácticas que se repiten siempre de modo invariable. Como si fueran rituales o ceremonias.

¿Cuál es la liturgia de la política?

Eslogan, logotipo, isotipo, gama cromática, música, contexto sonoro…Esos son los elementos básicos. Todos los partidos tienen liturgia. Y los candidatos. Y los gobiernos.

Esa liturgia es la tercera vía de contagio ya que las emociones se transmiten también en base, por ejemplo, a música y colores.

Comunicación política con emoción

La fría razón no debe ser tu único recurso político. Para lograr tus objetivos tendrás necesariamente que movilizar las emociones del electorado.

¿Quieres que tu comunicación tenga mayor poder de persuasión política?

Pues entonces moviliza las emociones.

Apelando a las tres vías de contagio:

Si le estás hablando a otras personas deja que la emoción principal del momento tenga su modo de expresión. Nada grandilocuente ni exagerado. Solo permite que esa emoción se filtre en tu mirada, en el tono o volumen de tu voz, en tus gestos, en tus silencios. El contagio por contacto hará el resto.

Cuenta buenas historias en todos los formatos y en todos los tiempos de tu comunicación política, electoral y/o gubernamental. El contagio narrativo hará el resto.

Ocúpate especialmente de que el diseño de tu liturgia sea vehículo de emociones. No se trata solo de aspectos formales de tu marca. Se trata de vestir esa marca para que sus signos visuales y auditivos marquen el tono emocional. Esa liturgia hará el resto.

Claro que todo lo anterior tiene que inscribirse prolijamente en tu plan estratégico. Un plan que no deberías poner a congelar entre las frías paredes de la argumentación racional.

La razón es muy importante. Pero por sí sola corre el riesgo de morir de frío.

PD: alguien en tu partido político, tu campaña electoral o tu gobierno necesitan esta información. Compártela con ellos.

https://maquiaveloyfreud.com/contagio-emociones-comunicacion-politica/

 3 min


Bastante tiempo ha transcurrido desde que la unidad se convirtiera en clamor y reclamo del pueblo venezolano; sin embargo, aunque a primera vista todos los factores parecen coincidir en reconocer a esta como un elemento indispensable para superar la profunda, grave y peligrosa crisis generalizada que hoy padecemos, esto no pasa de ser solo eso: una apariencia. Tanto el discurso oficialista como el opositor la han convertido en lugar común; pero, tal como expresa la conseja popular: “del dicho al hecho hay mucho trecho”.

En realidad, la crisis no ha motivado cambios de fondo en las políticas de exclusión, división y control social implementadas por el Estado boliburgués que jefatura Maduro. Sin variar el discurso y consciente de su utilidad como mecanismo para mantener el poder, lejos de corregir su actitud, las ha profundizado deliberadamente. En el campo de la oposición al régimen, se mantiene de palabra que la Unidad Nacional es un elemento estratégico indispensable para conquistar el poder, constituir un Gobierno de Unidad Nacional y ejecutar un Programa de Emergencia para la transición; pero, no todos los factores hacemos la misma interpretación sobre esto. Mientras unos consideramos que los tres elementos mencionados constituyen una unidad dialéctica, que son interdependientes y que deben ser trabajados de manera sincrónica, otros los entienden como un orden secuencial que debe ser abordado de igual manera. Algunas de estas apreciaciones llegan a extremos tales, que consideran que la unidad sirve para cambiar al presidente; pero, que una vez logrado esto, entraríamos a una supuesta etapa democrática que no la haría tan necesaria. Para graficar su criterio, utilizan la tétrica y lamentable figura: “lo importante es salir de Maduro, después nos matamos”. Pero, además no son pocos los factores que ejecutan acciones que, en función de sus particulares intereses, han obstaculizado posibilidades ciertas de avanzar hacia el logro de la tan reclamada unidad.

Estas circunstancias han producido graves efectos en ambos campos; pero, en esta oportunidad voy a referirme principalmente a lo que ocurre y puede ocurrir en el campo de la oposición. Reconozco que para llegar al momento actual habría que analizar, previamente y con detenimiento, la formación y desarrollo histórico y político de lo que genéricamente ha sido denominado como “la oposición”; sin embargo, por razones de tiempo y espacio dejo en manos de mis lectores esta tarea. Como es sabido, este campo es sumamente heterogéneo y disperso; en consecuencia, más allá del discurso, también se asumen distintas posiciones respecto al tema en cuestión. Perfectamente, podemos aceptar que en determinados casos estas podrían obedecer a los niveles de desesperación a los cuales nos ha conducido la gravedad de la crisis y la prolongada permanencia del régimen en el poder; pero tampoco podemos negar, y así ha quedado evidenciado en múltiples oportunidades, que estos criterios se han convertido muchas veces en verdaderos obstáculos para el avance hacia la ansiada unidad nacional.

Antes de continuar, creo necesario aclarar, que me ubico entre aquellos que consideran que la unidad nacional es, primeramente, un nivel de conciencia colectiva en torno a determinados objetivos políticos, económicos y sociales; el cual, se alcanza progresivamente y no solo de manera espontánea. La unidad nacional no es una abstracción; pues, a diferencia de lo que algunos pueden creer, esta puede medirse perfectamente en términos de organización, de movilización y de resultados electorales, entre otros. En tal sentido, pienso que es posible llegar a construir este estado de conciencia colectiva a través de dos maneras principales; las cuales se desarrollan de forma paralela e inter relacionadas entre sí. Son estas las siguientes:

1. Por el aprendizaje del pueblo en su propia dinámica de lucha política, económica y social.

2. Mediante un complejo proceso de acciones planificadas y desarrolladas de manera sistemática y consciente por una organización amplia, democrática y unitaria que tenga esta gran tarea entre sus principales objetivos.

Podemos inferir que los actuales niveles de conciencia política del pueblo venezolano derivan del aprendizaje adquirido a través de su historia; y particularmente, de sus últimas experiencias de lucha contra el actual régimen. Esto incluye victorias y derrotas, avances y retrocesos, errores y aciertos, entusiasmos y decepciones. Asimismo, no se puede obviar que el proceso para alcanzar la unidad nacional requerida, no se podrá desarrollar efectivamente, si no se toman en cuenta las condiciones objetivas y subjetivas que determinan el comportamiento de la sociedad venezolana en general.

Es muy importante tener esto presente, sobre todo, en momentos en los que se ha producido el lanzamiento de dos plataformas que, en principio, persiguen similares objetivos: una, de la sociedad civil: Venezuela Unida No Se Rinde; y otra, que integra a partidos políticos y sociedad civil: Frente Amplio Venezuela Unida. En ambos casos, se han manifestado ya las lógicas contradicciones entre las visiones burocráticas y hegemonicistas, al más puro estilo MUD, con las concepciones democráticas, de cambio real, y no limitadas al exclusivo cambio de gobierno. Si no se permite la participación democrática y protagónica de los diversos sectores que conforman la sociedad venezolana, si no se invierten esfuerzos en la búsqueda de consensos, y esto se sustituye por métodos de “representatividad” y procedimientos electoralistas, no se lograrán los objetivos esperados.

Maracay, 22 de abril 2018

 4 min


El 20 de mayo de 1993, la Corte Suprema de Justicia declaró que había méritos para enjuiciar al presidente en funciones Carlos Andrés Pérez. Luego, el 21 de mayo de 1993, cumpliendo con los artículos 150 numeral 8 y 215 numeral 1º de la Constitución de 1961, el Senado de aquel Congreso bicameral de la República de Venezuela, autorizó con el voto unánime de sus miembros el enjuiciamiento al Presidente de la República.

Aquella Constitución de 1961, la más longeva de nuestra historia constitucional y a la que muchos llamaron “moribunda”, expresamente, sin dejar espacio a dudas, ordenaba la suspensión del Presidente de la República en el ejercicio de sus funciones tan pronto se autorizara el enjuiciamiento.

La decisión del Parlamento venezolano de 1993 abrió el debate político sobre la sucesión presidencial que concluyó con una hoja de ruta institucional y constitucional para sustituir a un Presidente, que es oportuno recordar, aún tenía no menos de 250 días para concluir el período presidencial para el cual había sido electo.

En esa hoja de ruta se asumió, primero, una falta temporal del presidente y en consecuencia el presidente del Congreso, Octavio Lepage, tuvo la responsabilidad de ser el presidente provisional de la República de Venezuela.

Tan pronto el Congreso declaró la falta absoluta del presidente suspendido, se abrió el proceso formal de elegir a un nuevo presidente constitucional para concluir el período presidencial en curso. Tal honor le correspondió por decisión del Congreso de la República de Venezuela, en sesión conjunta, a Ramón J. Velásquez.

Luego de 25 años de aquella decisión de enjuiciar al Presidente Carlos Andrés Pérez, nuevamente el parlamento venezolano, se convierte en espacio para el debate político sobre la autorización para el enjuiciamiento de un presidente, en este caso Nicolás Maduro.

Nos corresponde destacar que aquella República de Venezuela, sustituida por la República Bolivariana de Venezuela, garantizó un mínimo de orden democrático y, también, un orden constitucional que respondió efectivamente a las exigencias históricas del momento.

El desconocimiento sistemático de la Constitución así como de los valores y principios de la democracia por parte del Presidente de la República, Nicolás Maduro; del Poder Judicial, principalmente de la supuesta Sala Constitucional; del Poder Ciudadano y del Poder Electoral, hoy por hoy reivindican la Constitución de 1961 y contrasta cualitativamente con el respeto a las formalidades y con la responsabilidad institucional demostrada por el Estado en el año 1993, aun cuando aquellas instituciones se veían debilitadas como consecuencia de un importante deterioro en la confianza pública.

A diferencia de 1993, hoy se debe hablar del enjuiciamiento de un presidente que abandonó sus funciones constitucionales, tal y como expresamente lo declaró, debidamente sustentado, la Asamblea Nacional el pasado 9 de enero de 2017.

La Asamblea Nacional con la autorización aprobada el 17 de abril de enjuiciar al presidente Nicolás Maduro, abre un nuevo capítulo en la crisis política, social y económica que agobia a la sociedad venezolana y, tal vez, ha impulsado un proceso de transición política que aún es difícil de identificar con claridad.

No estamos experimentando tiempos normales, son confusos y complejos, claramente vivimos un proceso político que se inició hace muchos años atrás y que en sus distintas etapas fue subestimado por casi todos los actores políticos de la oposición. Hoy el país está en ruinas.

Es necesario recordar que la propia Asamblea Nacional, el pasado 23 de octubre de 2016, declaró formalmente la ruptura del orden constitucional y democrático de Venezuela, por lo tanto, no podemos esperar que la dimensión jurídica logre construir con certeza la hoja de ruta que seguirá la vía de responsabilidad penal del presidente, porque a diferencia de 1993, el Estado es inexistente.

En consecuencia, es de esperarse que la decisión de la Asamblea Nacional no sea suficiente para que Nicolás Maduro acate efectivamente el artículo 380 del Código Orgánico Procesal Penal, que expresamente le suspende del ejercicio de sus funciones una vez cumplidos los trámites necesarios para su enjuiciamiento y le inhabilita para ser nuevamente Presidente de la República.

La ruina económica, social y política que exhibe Venezuela demanda de cada uno de los venezolanos, en lo individual y como integrantes de un colectivo, una mayor responsabilidad cívica para organizarse, disciplinada y estratégicamente, en la construcción de una mayor cohesión social que permita enfrentar con efectividad los desafíos que esta realidad nos demanda.

El espíritu unitario en función de un objetivo común debe prevalecer en ese esfuerzo y ese objetivo no debe ser otro que la restitución del orden constitucional, democrático y del voto como herramienta para elegir de manera libre, secreta, universal y directa.

A tal fin y como forma de reivindicar la Constitución de 1999, los venezolanos podemos hacer uso de asambleas de ciudadanos, asumidas como efectivas herramientas políticas, reconocida en el artículo 70 de la Constitución, para construir consensos y sobre ellos presentar un pacto político que formalmente concrete, en una hoja de ruta cívica, el mandato constitucional del artículo 333 y exprese el compromiso con el objetivo común previamente señalado.

Desde cada asamblea de ciudadano debe formalmente activarse la soberanía originaria a la que hace mención el artículo 6 de la Constitución, para que entonces, muchas asambleas registren la voz de una mayoría que de manera contundente y a través de un manifiesto declaren formalmente la ilegitimidad del presidente Maduro, eleven su voz exigiendo más unidad y, por último, respalden de manera pública a la Asamblea Nacional, que ignorada por el régimen, insiste responsablemente en hacer cumplir la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela.

La soberanía originaria debe encontrar en la asamblea de ciudadanos el espacio para definir el compromiso cívico con una hoja de ruta que se inspire en los valores y principios de la democracia y de la Constitución. Así mismo, ese espacio de participación debe alimentar permanentemente, con legitimidad, toda expresión de organización ciudadana que procure la restauración del orden constitucional y democrático.

Venezuela demanda de una sociedad civil más reflexiva y organizada que comprenda la grave crisis del presente y procure identificar a través del debate político el rol que las circunstancias presentes le exigen en el marco del artículo 333 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Debemos tener muy presente que en 1999 el Presidente Chávez logró validar la reforma constitucional con la abstención del 55,62% de la población inscrita en el Registro Electoral, lo cual representaba un total de 6.041.743 venezolanos. En consecuencia, una minoría electoral impuso la reforma Constitucional, pero esa misma minoría no logró imponer la reforma constitucional propuesta en el 2007, porque entonces hubo participación efectiva y principalmente, hubo unidad en el objetivo que movilizó políticamente a la sociedad venezolana en aquel momento.

No es momento para la indiferencia y, menos aún, para proyectos particulares. Es el momento de que la sociedad civil se encuentre en torno a un nuevo pacto político, social y económico, que se sustente sobre los valores y principios de la democracia, que reivindique la Constitución vigente y comprometa formalmente a todos los venezolanos que quieren un país próspero, libre y de oportunidades.

Es el momento de la sociedad civil organizada, pero sin estrategia y disciplina y sin una dirigencia política que asuma en unidad su rol de orientadores de la opinión pública, todo esfuerzo será insuficiente. Es urgente reconocernos y reencontrarnos en torno a valores, principios y tradiciones históricas.

@carome31

POLITIKA UCAB

Abril 20, 2018

 5 min


El Fausto de Goethe fue un engañador y un asesino. Nuestro guerrillero Fausto dicen que cometió varias fechorías, pero por carecer de pruebas no podemos afirmarlo. Sin embargo, sí es público y notorio que engañó a muchos, entre ellos a quien esto escribe. Cuando regresó de Viena, pensamos que las brisas del Danubio habían apaciguado al antiguo guerrillero y que era un hombre serio y la mejor carta que tenía el gobierno para conducir a nuestra principal empresa. La realidad es que no es serio, sino que nunca ríe y como conductor resultó tan malo como el reposero del metrobús. Es el principal responsable de la destrucción de Pdvsa, pero 16 años después los rojos quieren sancionar a quienes intentaron defender a la empresa y a la democracia.

Después del paro petrolero de abril 2002, se produjo una arremetida en contra de los defensores de la meritocracia. Fausto toleró que un grupo de “revolucionarios” desatara una campaña de amedrentamiento, mantuvo como Gerente de Prevención y Control de Pérdidas al teniente coronel (r) Pérez Issa, quien actuaba como comisario político, y avaló averiguaciones penales y civiles emprendidas por amigos suyos y por diputados. Tanto Horacio Medina, como Juan Fernández manifestaron a Fausto la preocupación ante la persecución e ideologización que se producía en la empresa.

Al día siguiente del paro cívico del 2 de diciembre 2002 los petroleros fueron agredidos por la Guardia Nacional. Fausto militarizó las instalaciones, convocó a los grupos paramilitares oficialistas a ocupar los portones de Pdvsa e implementó un plan de contingencia paralelo al institucional. El día 6 ordenó a los empleados de la empresa mixta Intesa bloquear las claves que permitían el control de las exportaciones. El día 7 asumió poderes plenos, removió a los gerentes de producción y refinación que estaban en sus puestos y el 13 despidió a Edgar Paredes, Juan Fernández, Horacio Medina y Edgar Quijano. De allí en adelante ejecutó despidos masivos: 726 ejecutivos, 12.371 nómina mayor, 3.705 nómina menor y 1.951 de la nómina diaria, además de unos 2.500 de Intesa y un número indeterminado a quienes no les llegó notificación de despido pero que fueron impedidos de ingresar a su trabajo. Obedeciendo órdenes de Chávez y muy probablemente de sus jefes castristas, Fausto cometió el mayor genocidio laboral de nuestra historia.

Once años después, el ciudadano Raúl Soto y posteriormente Ramón Torres C, ilegales Auditores Fiscales de Pdvsa, así como el Delegatario Paúl Alvarado Rodríguez, iniciaron una persecución en contra de 180 trabajadores, a los cuales en forma arbitraria les endosaron una sanción pecuniaria por el petróleo que se dejó de exportar, la gasolina que tuvo que importarse y supuestos daños no identificados a instalaciones entre el 2 de diciembre 2002 y el 31 de marzo 2003, aún cuando los sancionados habían sido despedidos entre diciembre y enero. Inventaron una cifra de más de 19 mil millones de bolívares, la cual distribuyeron arbitrariamente, entre 80 y casi 125 millones de bolívares por cabeza.

En ningún caso señalaron una acción concreta individual. Todas las acusaciones fueron por dar declaraciones, por asistir a ruedas de prensa o ser fundadores de Gente del Petróleo o de Unapetrol. El colmo es que algunos de los sancionados no se unieron al paro, otros nunca dieron declaraciones, ni asistieron a ruedas de prensa y varios estaban de vacaciones. Quien esto escribe ya estaba jubilado desde fines de octubre, aunque sí di declaraciones apoyando el paro una vez que se inició y por este “delito” me aplicaron la mayor sanción, 124.914.013,16 bolívares fuertes.

Ahora, casi 16 años después, Pdvsa acudió al ilegal TSJ para solicitar medidas de prohibición de enajenar y gravar bienes pertenecientes a los sancionados arbitrariamente. La lista incluye a un médico, abogados comunicadores sociales, economistas, capitanes de barcos, un docente e investigadores y, desde luego, especialistas en las operaciones de hidrocarburos. El tiempo nos dio la razón. No nos arrepentimos. Había que realizar un paro para intentar evitar la destrucción de nuestra principal empresa y el establecimiento de una narcodictadura.

Por los despidos injustificados, Fausto, o sea Alí Rodríguez Araque, es el principal responsable de la debacle de Pdvsa. Posteriormente, sus protegidos Rafael Ramírez y Eulogio Del Pino, terminaron la destrucción por contratar muchos activistas políticos, no realizar las inversiones necesarias y por propiciar la corrupción. Ellos deberían ser los sancionados, no quienes intentaron preservar la empresa. En la obra de Goethe, la infeliz Margarita intercedió para que Fausto no fuese a los infiernos, pero Venezuela no perdonará a este Fausto, ni a sus pupilos.

Como (había) en botica:

Maduro autorizó al general Quevedo a contratar sin licitación. La producción y la refinación seguirán declinando y aumentará la corrupción.

Repudiamos las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen de Daniel Ortega. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Nelsón Acosta Espinoza

Bien, amigos lectores, son casi treinta días lo que nos separan de las elecciones presidenciales. A pesar de su cercanía no se percibe la presencia de un clima electoral intenso. A diferencia de situaciones anteriores, la población no muestra entusiasmo y pasión a propósito de este evento electoral. Por el contrario, el ambiente político está siendo surcado por múltiples rumores. El más persistente apunta hacia una eventual suspensión de esta elección presidencial. No sería la primera vez que se cancelan estos comicios. Recordemos que la Asamblea Nacional Constituyente las había pautado para el mes de abril.

En cualquier caso, la atmosfera política no se encuentra marcada intensamente por el clima electoral. Antes por el contrario, prevalece en un amplio sector de la población un cierto desgano hacia este importante y crucial acto de sucesión presidencial. Inapetencia que pudiera transformase en una conducta abstencionista, no inducida, en amplios sectores de la población urbana del país.

Vamos a posar, brevemente, la atención sobre las posibilidades futuras del madurismo. En primer término es importante subrayar cierta debilidad política que presenta el régimen. El temor a las sanciones y la imposibilidad de tener acceso al crédito internacional, entre otras variables, coloca al presidente Maduro en una situación difícil de cara a sus aliados internos. Situación esta que pudiera presionar para suspender nuevamente las elecciones del 20 de mayo en aras de ganar tiempo e intentar organizar una nueva ronda de negociación. Es importante resaltar que una opción de esta naturaleza cuenta con simpatías dentro de sectores de la oposición democrática.

Por otra parte, la campaña electoral que despliega Falcón, hasta el momento, no ha podido motivar a los electores ubicados en la oposición. No emociona y, en consecuencia, no convence. En otras palabras, no ha podido conectarse emotivamente con la población descontenta. Aún no ha construido una mayoría electoral, política y cultural con potencialidad para desplazar al régimen socialista.

Bien, en el marco de esta descripción ¿cuál sería la estrategia apropiada? ¿Cómo responder apropiadamente a las demandas que formula la coyuntura política presente? En otras palabras ¿Qué hacer?

Desde luego son complejas las preguntas y sus respectivas respuestas. Voy a intentar describir un esbozo de explicación que proporcione líneas de reflexión que ayuden a despejar estas incógnitas.

El punto de partida para tener una visión apropiada de la coyuntura es comprender, en primer lugar, que estamos en presencia una crisis de naturaleza histórica. Los viejos moldes dentro de los cuales se practicaba la acción política ya no son útiles. De ahi las dificultades presentes en el frente opositor. Su imposibilidad para "leer" apropiadamente la actual crisis política. En otras palabras, la presente crisis demanda la elaboración de una nueva narrativa que dé cuenta de esta situación y proponga la nueva visión de futuro. En el plano coyuntural, es indispensable inyectar a la práctica política el insumo social. El país, en la actualidad, se encuentra cruzado por una multitud de protestas de naturaleza social que carecen del acompañamiento de actores políticos significativos. Sin lugar a dudas, este distanciamiento enuncia la grave crisis que padece el estamento ortodoxo de la oposición democrática.

Aquí es importante hacer el siguiente señalamiento. El “desgano” electoral presente en vastos sectores de la población no obedece a una propuesta política específica. Por el contario, es el resultado de los numerosos errores de la dirigencia opositora y su dificultad programática de acompañar a la ciudadanía en sus luchas cotidianas. En otros términos, no han podido formular la opción apropiada que politice las innumerables protestas sociales que suceden diariamente a lo largo de la geografía del país.

En fin, la opción democrática, hasta el momento, no ha podido elaborar la propuesta que calce en las circunstancias del momento y que interpele apropiadamente a la población votante. De ahí la incertidumbre que alberga en vastos sectores de la población votante.

Sin lugar a dudas, la política es así.

21 abril 2018

Descentralización y Autonomías Políticas

https://mail.google.com/mail/u/0/#category/updates/162ebb2fa2311c60

 3 min


Ante la realidad que nos ha tocado vivir a los venezolanos, prácticamente sin ley, sin Constitución y sin justicia, aunque tenemos muchas leyes, decretos, reglamentos y providencias, apelamos permanentemente a una carta magna de bolsillo y el Poder Judicial hace intervenciones estelares para apuntalar y sentar pretendidas bases jurídicas del socialismo del siglo XXI, el ciudadano común se encuentra desconcertado, perplejo e indefenso.

Sin duda, resulta imposible hacer efectivo el imperio de la ley y no de los hombres en el marco de un Estado de Derecho que, en su esencia, se propone la preservación de los derechos humanos, siendo así que el objetivo de quienes gobiernan no es otro que la salvaguarda del poder, amparados en la fuerza.

Un Estado de Derecho exige no solo la sujeción formal a las normas, sino la plena vigencia de un sistema de contrapesos que impidan los abusos de quienes han asumido la responsabilidad y la carga de servir a los ciudadanos en ejercicio de las funciones públicas.

En Venezuela, en el presente, no hay respeto a la separación de poderes y los derechos ciudadanos son violados y amenazados en forma permanente.

La Asamblea, elegida por el pueblo, con el cometido de legislar y ejercer un oportuno y eficaz control sobre el gobierno, ha sido declarada en “desacato”, fórmula vacía de todo contenido; una denominada constituyente, convocada de espaldas a la voluntad popular, ahora usurpa sus funciones; y el Poder Judicial, carente de toda autonomía, ha proclamado, una y otra vez, su sometimiento a los dictámenes del Ejecutivo y su fidelidad a “la revolución”.

En este contexto de desconocimiento de los fundamentos de la democracia y de afirmación de un régimen autoritario, solo cabe apelar a los resquicios de la justicia y a las instancias democráticas internas que luchan por sobrevivir, así como a los órganos internacionales reconocidos por Venezuela que se han erigido en garantes de nuestros derechos, a pesar de la presión del Estado en contra a los intereses del pueblo, que no son los intereses del poder.

Esos resquicios de justicia nos facultan para reclamar por nuestros derechos y le exige a la Asamblea Nacional, representación plural del pueblo, la perseverancia en el desempeño de sus funciones, con la absoluta convicción de la licitud de cualquier comportamiento que implique el ejercicio de un derecho o el cumplimiento de un deber.

aas@arteagasanchez.com

23 de abril de 2018

El Nacional

 1 min


La incertidumbre invade los pensamientos y las actitudes políticas de la gente. No hay nada claro y tampoco existe camino seguro. A la elección del 20-M se va sin emoción ni esperanza. Por primera vez una elección desapasionada. Sin competencia para la gran mayoría. Victoria cantada triunfo asegurado. Un proceso electoral frío como un tempano de hielo. Planificado y programado para respaldar la estrategia política del gobierno. Que necesita oxigenarse en popularidad y bañarse de una estela de corte democrático. Elecciones adelantadas con voto controlado. Casi una trampa casa bobos. Una obra de teatro con elenco contratado y una distribución de papeles consensuada. ¡Qué culpa tiene la estaca que el sapo brinque y se estaque! Unas elecciones a imagen y semejanza del oficialismo. Proyectadas para alcanzar metas propias de la estrategia que favorezca al gobierno.

Dividir es hacer el juego

Aunque parezca una paradoja le hace el juego quien divide para participar y también quien divide llamando a la abstención. Simplemente, porque solo será competitiva con un candidato único de la oposición, un único programa, una misma propuesta y un solo mensaje. Que la elección se produzca representando la polarización existente en el país. Unidos ambos bandos. Cada quien representando su propio modelo, su propio sistema democrático y socialista y su imagen programática. Pero, además será necesario un CNE integrado paritariamente a nivel de junta directiva y de mesas electorales. Con el férreo control del proceso que se tiene hoy es imposible ganar una elección. Incluso competir dignamente. Un órgano electoral independiente, democrático, justo y transparente. Pero mientras la institucionalidad siga siendo manejada al capricho de quienes gobiernan –se atrasan o adelantan elecciones- no habrá condiciones y garantías para participar en unas libres elecciones.

Allí está la tragedia. Es la división opositora la que respalda paradójicamente la estrategia política del Chavismo. Como consecuencia del desbordamiento de los egos y el sobre salto de las pretensiones y ambiciones personales de quienes han fingido en algún momento ser líderes o dirigentes principales. Una oposición dividida ideológicamente, estratégica y organizativamente contribuye con la supremacía y preferencia que hoy tiene el gobierno en amplias capas de la población. Aunque son minorías lucen fuertes desde el punto de vista de su menguado arrastre popular y su imagen organizativa. Respaldados positivamente por el efecto controlador de las misiones y grandes misiones. Parte de la imagen de fortaleza del oficialismo se debe, sin lugar a dudas, a la objetiva fractura de la dirigencia y organizaciones opositoras. Quienes proyectan decaimiento e incompetencia para hacer frente al gobierno.

Pelear palmo a palmo

Como si todo esto fuera poco, los abstencionistas carecen de oferta programática. No hay propuestas que emocionen en la calle e inviten a luchar. Es una invitación a la inacción. A ver los toros desde las barreras. Lo correcto sería llamar a luchar en las calles, los circuitos, las parroquias, los centros y las mesas de votación. Pelear palmo a palmo. Voto a voto. Y también en la estructura del CNE. Pero el liderazgo opositor sufre de artritis y de cansancio intelectual. Quieren la papa pelada. Que la presión internacional haga el trabajo. Que se la ponga tan fácil como pelar una mandarina. Las rivalidades les paralizan y el temor a perder les confunde. Les paralizó la falta de institucionalidad e inconstitucionalidad. No saben pelear contra un gobierno autoritario, que maneja los poderes públicos a su antojo.

Fortalecer los partidos

No obstante, los rumores de -golpe de Estado, embargo petrolero, invasión militar extranjera, mayores sanciones económicas y financieras y superior tenaza de boicot y bloqueo comercial- a este gobierno se le hace cambiar con la presión en la calle, la protesta por la situación socio-económica y la convocatoria a grandes manifestaciones en todo el territorio nacional. Para lo cual hay que fortalecer la organización de los partidos políticos e incorporar al movimiento general de protesta a la sociedad civil. Activar al frente creado y formular y divulgar una orquestada batería de propuestas sociales y económicas acorde con las demandas actuales de la población. Esto cambiará cuando se combata políticamente en el territorio poblacional. Y la gente vea la alternativa con importante posibilidades de triunfar.

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

 3 min