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Opinión

Lester L. López O.

Apreciación de la situación política número 137

La decisión el martes 17 pasado de la AN de darle continuidad al juicio del mandamás del régimen por corrupción, asociado al escándalo internacional de la empresa brasileña Odebrecht, por solicitud de los magistrados exiliados que constituyen lo que algunos denominan TSJ legítimo, sin duda alguna, tiene gran importancia política, especialmente para la comunidad internacional que reconoce legítimo al referido TSJ.

Nuestro país era el único en Latinoamérica donde las autoridades judiciales no han demostrado ningún interés en iniciar estas averiguaciones siendo que existen evidencias que en Venezuela, sus autoridades gubernamentales, fueron las que aceptaron mayores sobornos y autorizaron mayores cantidades de desembolsos en dólares para obras de infraestructuras que no se han concluidos y algunas ni siquiera se han comenzado.

La decisión de la AN de darle continuidad al juicio debería preocupar al jefe señalado. Aunque desde aquí se puede percibir que ese juicio carece de viabilidad jurídica funcional en el país, ya que se desarrolla en el exterior, la realidad es que la justicia internacional ha avanzado mucho en este tipo de enjuiciamiento y en caso de que se compruebe la culpabilidad del imputado nada impedirá su captura por parte de la policía internacional o de cualquier país que reconozca la autoridad de esos magistrados en el exterior.

Hace casi dos décadas, un extinto dictador chileno, obvió esta justicia internacional y confiado salió de su país para ser apresado y juzgado por la justicia internacional, regresó a su país para también ser procesado, finalmente, por las autoridades locales y falleció cumpliendo la condena que se le imputó y merecía. El ilegitimado, y ahora imputado presidente del régimen, debería verse en ese espejo y comenzar a pensar en una solución propia que le asegure su futuro en nuestro país o en algún país amigo.

Pero esta decisión, por las razones explicadas anteriormente, también suben los costos de salida del poder del imputado que buscará a todo trance mantenerse en el poder y mantener la fidelidad de los que los mantienen en el mismo, mucho de los cuales están en similar estatus jurídico. En este punto, para los opositores que aspiran una pronta salida a la crisis, deberán tomarse muy en serio iniciar nuevas negociaciones para lograr el cambio hacia un gobierno de transición y dispuestos a pagar los costos de salida, que no serán bajos.

@lesterllopezo 20/04/18

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Sorprendido, Don Juan Germán Roscio pregunta “que os ha pasado en tan corto tiempo”? Hace un año hicieron de Venezuela un inmenso Cabildo Abierto en homenaje a las luchas por la Civilidad e, igualmente dedicado a la gesta que, con igual propósito, compartí en 1810 con Isnardi, Sanz, Lino de Clemente, Uztariz, Felis de Rivas y otros dignos señores para detener “los esfuerzos progresivos del despotismo”.

Les dije el año pasado, que nosotros logramos superar los límites de movimientos grupales como la desventurada conjura de los mantuanos porque hicimos de la unidad, incluyendo a los pardos, el factor político esencial. Recuerdo dos frases de referencia obligada: “La unidad en los dominios españoles es la única égida que puede salvar a los americanos” “un movimiento sin unidad no tendrá duración ni consistencia”. Así pudimos poblar de ciudadanos la cuadricula donde sesionaba el Ayuntamiento de Caracas y la Plaza Mayor

En la convocatoria de ustedes el talento no sufrió mengua ni disminuyó la civilidad, porque supieron juntar en ese momento, con ingenio de estrategas elevados, a descendientes de mantuanos, pardos, esclavos libres, blancos de orillas, zambos, moros etc., sin exigir, como fue en mi caso, limpieza de sangre o, como hoy se podría decir, a tenor de los guerreros de la red, “pureza de opositor”, impermeable a conversaciones con el enemigo o sospechoso de pasado cercano al despotismo del siglo XXI . Ello explica las multitudes agolpadas en plazas y calles el 19 de abril de 2017, cuyo hálito se extendió hasta el 16 de julio de ese mismo año, haciendo temblar la Regencia de Maduro. ¿Qué les pasó?

Conviene mencionar un artículo que escribiéramos en la Gazeta de Caracas del 27 de abril de 1810, titulado Egoísmo o espíritu de fracción, para señalar las consecuencias: “cuando se impone el interés o la ambición particular que hacen posible que llene la Silla un hombre repudiado por pueblo” . Así mismo, queríamos precaver a la Nación del “funesto e inmenso poder de un individuo favorecido por la conflictividad de ciudadanos virtuosos enfrentados en fracciones “

Finalmente Dn JGR, con angustia de irreductible civilista aconseja “Si ustedes quieren demostrar que el Gobierno es ilegal y fluctuante…no despreciéis el tiempo y anticiparos a constituir la unión y la fuerza para asegurar vuestra existencia política”.

No olviden que el largo camino de la lucha que puede conducir al “Triunfo de la Libertad sobre el Despotismo”, está plagado de acechanzas que no cesan. La civilidad debe ser defendida, unidos todos, cada día. Que la prudencia y la razón os guie.

Nota: al menos pude atenuar, dice JGR, mis preocupaciones porque me entero de una reunión unitaria, convocada por los estudiantes democráticos en el campus de mi Alma Mater, donde fui alumno y profesor, la antigua Universidad de Caracas, actual Universidad Central de Venezuela, noble y altiva como siempre, que nunca ha tributado obediencia ni vasallaje

Impermeables al desaliento

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Jesús Elorza G.

En el proceso para asaltar la Federación Venezolana de Baloncesto FVB, se utilizaron todas las instancias de poder para favorecer las pretensiones de colocar en la directiva a personeros protegidos por el gobierno. Para nadie era un secreto que detrás de las aspiraciones del jugador Greivis Vásquez, estaban las autoridades del Instituto Nacional de Deporte, el Ministerio del Deporte y el Comité Olímpico Venezolano.

Todos estos organismos se confabularon para implementar ante organismos judiciales afectos al régimen, las impugnaciones necesarias para dar paso a la violación de la autonomía federativa y hacer posible un acto electoral viciado de nulidad absoluta por ser contrario a los estatutos federativos y a la Ley del Deporte.

Los asaltantes, guapos y apoyados por las nombradas autoridades deportivas introdujeron una demanda ante el Tribunal Supremo de Justicia solicitando que las elecciones de la federación, correspondiente al 2017, fueran suspendidas.

En un sorprendente acto de celeridad jurídica, el alto tribunal así lo decidió y ordenó que el nuevo proceso fuese regido por el Consejo Nacional Electoral CNE, lo que viene a representar una arbitraria e ilegal intromisión de ese organismo en la autonomía del sector deportivo federado.

El CNE, raudo y veloz designa una comisión (interventora) para que tome las riendas y ejecute todo lo concerniente a las referidas elecciones. En primer lugar, fija como fecha el 14 de abril y en segundo lugar publica un “Registro Electoral” con más de 300 personas con derecho a voto.

Todas estas ilegales y arbitrarias actuaciones fueron recurridas por la Junta Directiva de la FVB ante los referidos organismos deportivos y judiciales sin obtener respuesta alguna en ese sentido. Igualmente la FVB informó de esta situación a la Federación Internacional de Baloncesto FIBA. Este último organismo, ante el cúmulo de evidencias presentadas que soportan una violación flagrante a la autonomía federativa, respalda solidariamente a la FVB y notifica a las autoridades deportivas venezolanas la solicitud de respeto a la normativa que rige al baloncesto. Igualmente, solicita al Comité Olímpico Venezolano que sirva de mediador en esta problemática electoral.

La respuesta de las autoridades deportivas no se hizo esperar y asumieron el papel de “Sordos, Ciegos y Mudos” ante el reclamo de la FIBA. El discurso de los representantes del régimen se limitaba a señalar que: somos revolucionarios y por lo tanto tenemos la razón. No le vamos a parar bolas a la injerencia de organismos internacionales. La patria revolucionaria es soberana.

El presidente del Comité Olímpico, quiso aprovecharse de la oportunidad de haber sido solicitado como mediador por parte de la FIBA y pretendió en una típica viveza criolla, transformarse no en mediador sino en coordinador de la reunión de las partes, convocando sin estar autorizado para ello, a sendos representantes de los asaltantes a espaldas de lo acordado por la FIBA. El organismo internacional del baloncesto lo mandó largo al carajo, señalándole con sobrada razón que: un mediador no puede estar al lado de una de las partes porque deja de cumplir su papel.

En su arrogancia de poder, las autoridades cómplices continuaron con su plan de asalto a la federación. Tratando de revestir su actuación en términos de “legalidad” anunciaron que el proceso era por demás democrático ya que había la inscripción de dos planchas. Que el registro electoral fue corregido y pasar de 300 delegados con derecho a voto a ¡¡¡ a 104 que son los contemplados en los estatutos de la FVB y la Ley del Deporte!!! ….solo les faltó decir que fue un error de transcripción.

La rectora del CNE Tania D´ Amelio, ratifica públicamente que las elecciones del baloncesto serán el 14 de abril y que hay dos planchas en disputa: Somos Baloncesto encabezada por Bruno D´Adezzio y Rostros del Baloncesto encabezada por José Luis Ramey.

Lo que no dijo la flamante rectora del CNE, y eso la hace cómplice de la ilegalidad del proceso, es que de 21 cargos principales y 21 suplentes que representan a los organismos directivos de la federación, la plancha Rostros del Baloncesto ¡¡¡Solo presentó cuatro personas!!! …..le faltaron 38.

Por esa razón, en el mundo deportivo venezolano dicen que Ramey es el Henri Falcón en las elecciones presidenciales del baloncesto por prestarse para “legitimar” una farsa electoral.

Después de las declaraciones de la rectora, el circo electoral siguió su marcha: El14deabril, la Asamblea Eleccionaria fue transformada en un acto de votación. La Asamblea no fue instalada como lo señalan los estatutos por el presidente de la FVB , ¡¡¡Las credenciales de los asistentes no fueron revisadas!!! Sino que solamente se habilitaron las urnas electorales con el flamante sello del CNE para que los delegados ejercieran su derecho al voto de 8 AM a 4 PM.

Pero, el circo comenzó a preocuparse cuando en horas del mediodía habían votado menos del 35 % de los delegados……. ¿Qué pasó? ¿No funcionó la Operación Remolque? ¿Dónde están los delegados que pagamos? …eran las preguntas que flotaban en el ambiente.

El cierre de las votaciones se hizo con solamente la participación de 62 delegados. Los resultados “irreversibles” no fueron una sorpresa para nadie: Somos Baloncesto 59 votos, Rostros del Baloncesto 2 votos y un voto nulo. Lo que si llamó la atención fue que la plancha de Ramey a pesar de solo inscribir cuatro candidatos ¡¡¡Solo obtuvo 2 votos!!! Ni siquiera sus camaradas de formula votaron por él.

Pero quedó una gran interrogante en el ambiente: ¿Cómo fue la votación por cada sector con derecho a voto?

Como nadie entendía ese planteamiento, uno de los presentes con conocimiento de causa, pasó a explicar el problema: cada delegación está conformada por 4 personas. Un directivo, un representante de los atletas, uno de los entrenadores y uno del personal técnico. Es decir que si son 24 asociaciones más la Liga Profesional y la Liga Nacional serian en total 104 delegados. Repartidos proporcionalmente a razón de 26 representantes por cada sector.

La observación planteada es porque en los 62 votos parece ser que uno de los sectores sobrepasó su cuota. Otro señalamiento está referido al voto de Greivis Vásquez, ¿A qué sector representaba” ¿Quién lo eligió?

Al final, la rectora señaló que los comicios del baloncesto representan un mensaje al país y al mundo entero sobre ¡¡¡la transparencia electoral revolucionaria!!!! y la misma servirá de Manual para las elecciones presidenciales.

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Venezuela parece haber sido invadida por la hez de la tierra: por narcotraficantes domésticos y foráneos, por terroristas al servicio de las más extrañas causas, por empresarios corruptos y corruptores y, en fin, por toda suerte de seres dedicados a la violación de leyes, la ruptura de las buenas costumbres y el desprecio de los valores éticos.

En esas madrugadas de reflexión en las que cotejamos lo que somos y lo que podríamos ser, es difícil contener las lágrimas. Desde que exploto el Zumaque I el 1° de julio de 1914 han pasado ciento cuatro años de riqueza petrolera y hoy somos un País endeudado y arruinado, cuyo Estado ya muchos consideran fallido.

Mirando el presente, es indudable que esa peste llamada chavismo es el compendio de todos los males, la tapa del frasco, como decimos en buen criollo, pero sería no solamente injusto sino suicida, considerar que los años que lo precedieron fueron el epítome de todas las virtudes republicanas.

Un País que luego de haber chapoteado en dinero durante cien años no haya concluido la autopista que enlace sus partes central y oriental, que no tenga una red ferroviaria que potencie su desarrollo industrial, que carezca de una universidad pública dedicada íntegramente a la formación e investigación agrícola y pecuaria, que no posea hospitales para niños con todos los adelantos y comodidades necesarias, que adolezca de un sistema de salud similar al de Suecia, donde todos sus ciudadanos gozan de un seguro que cubre todas sus necesidades, es un País que debe revisar no solo su presente, sino también su historia.

Se me ocurre pensar que nuestro más grave problema es que no tenemos ni hemos tenido, salvo honrosas excepciones, servidores públicos, sino vividores públicos. Atrincherados tras las siglas de agrupaciones y partidos políticos, «los buenos para nada» nos han desgobernado y saqueado desde los tiempos de Medina Angarita; afincados en un sistema electoral que facilita la creación y mantenimiento de mafias políticas, que se han reservado el derecho de elegir los candidatos a cargos de gobierno y de representación popular, mientras hacen creer a la ciudadanía que hay sinonimia entre votar y elegir.

Desde la explosión del Zumaque, Venezuela no ha tenido problemas económicos; esa riqueza caída del cielo, que no es producto de la labor continuada y paciente de los habitantes en general, quizás se haya convertido en el excremento del diablo, en un factor de empobrecimiento ético y material, que concitó a los peores elementos de la sociedad a tomar el poder para beneficio propio.

Si no aprendemos la lección que nos deja el chavismo y caemos en la trampa que ya tienden los bandidos de siempre, con los términos unidad, olvido y perdón, Venezuela no se recuperará y, por el contrario, seguirá cayendo por el barranco hasta su destrucción total.

Esos términos utilizados habilidosamente por ex adecos, ex copeyanos y otros ex, constituyen la careta que facilitará la vuelta al gobierno de los que hicieron posible la llegada de Chávez al poder y, lo que es peor, nos garantiza que Venezuela no creará las instituciones fuertes que requiere para administrar sus múltiples riquezas con probidad y eficiencia.

Pues el problema fundamental de la patria de Bolívar es su riqueza, aunada a la ausencia de instituciones capaces de administrarla y preservarla correctamente. Esa carencia es la madre de todas las demás y estará vigente y destructiva mientras no elijamos correctamente a quienes nos han de gobernar, a los cuales debemos exigirles que preserven y fortalezcan las instituciones y rechacen el oportunismo, influidos por el aserto bolivariano: «Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡Hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las Repúblicas.»

Ante la propuesta de los pícaros de unidad, olvido y perdón, la mía, que honra a los caídos, enjuga las lágrimas tan largamente derramadas y nos ofrece un futuro mejor: JUSTICIA.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

19 de abril de 2018

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Quienes armaron la conspiración de aquel 19 de abril, cuando al grito de ¡Fuera, muera, no lo queremos!' acorralaron a Emparan y lo hicieron renunciar. Los caraqueños de ese día se habían conformado en un grupo, no tanto de revolucionarios radicales, más bien eran un conjunto de hombres a los que ya no les interesaba para nada, el monopolio económico de una España, en trance de perder todo el poderío que había ostentado por siglos. Querían la independencia de la patria, siempre y cuando ese gesto, no les significara poner en riesgo sus intereses.

La Junta que se formó aquel día era muy moderada y no tenía el acento republicano que se desarrollaría un año después con los sucesos del 5 de julio. De allí que echado Emparan del poder lo que se constituye será la “Junta Conservadora de los Derechos del Rey. Bolívar no estuvo presente en esa revuelta, es más, ni siquiera estaba en Caraca ese día.

En Caracas para esa fecha conviven varios grupos sociales, cada uno con sus intereses económicos y políticos. En primer término, estaba el funcionariado generado por la colonia y su administración, compuesto por españoles y venezolanos, unidos a ellos los pequeños propietarios de tierras, los grandes comerciantes y los hacendados más prominentes del país. El otro factor y el de mayor incidencia política, lo integraban los muchachos rebeldes, hijos de la nobleza caraqueña, tocados por las ideas libertarias de los revolucionarios franceses, entre ellos, el joven Simón.

Muy distantes de estos grupos de opinión, se arremolinaban los humildes, el pueblo llano, el negraje; sobre quienes recaería todo el peso de lo que se avecinaba, y donde los protagonistas de los sucesos de ese día, jamás pensarían que sucedería. Los hechos del 19 de abril, promovieron estrepitosamente los del 5 de julio, donde, por cierto, Bolívar, sin esperar tantas condiciones otorgadas por el enemigo, y muy al contrario de lo que sucede en la Venezuela actual, donde algunos “libertadores” le exigen todas las condiciones al régimen, en aquel Congreso a los timoratos les increpo:

“Lo que queremos es que esa unión sea efectiva, para animarnos a la gloriosa empresa de nuestra libertad. Unirnos para reposar y dormir en los brazos de la apatía, ayer fue mengua, hoy es una traición. Se discute en el Congreso Nacional lo que debería estar decidido. Y, ¿Qué dicen? Que deberíamos empezar por una Confederación: ¡Como si todos no estuviésemos confederados contra la tiranía extranjera! ¿Qué debemos esperar los resultados de la política de España? ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve si estamos resueltos a ser libre? Esas dudas son triste efecto de las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! ¿Trecientos años de calma no bastan? ¿Se quieren otros trecientos todavía?

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Maxim Ross

Hace poco escribí unas notas que llame “Las siete plagas de Venezuela”, aludiendo a las premisas ideológicas y políticas que creo están detrás de la situación venezolana de tiempo atrás y ahora, aunque quizás sea muy exagerado utilizar la palabra “apocalíptico” para explicar las mismas circunstancias, escribo estas líneas para poner el énfasis en el contexto de los factores políticos e institucionales que nos han llevado a la situación que vivimos hoy día y que vienen consolidándose de tiempo atrás.

La coyuntura actual no lo explica todo.

Desde luego que la principal razón de la catástrofe económica, social y política por la que pasamos tiene que ver con el “modelo de deterioro y destrucción” que viene instalando el socialismo bolivariano, muy al estilo a “la venezolana”, con sus incongruencias e incompetencias. Los problemas de la vida cotidiana que afrontamos, el de la salud, la educación, la familia, el empobrecimiento progresivo de la población, agravado por las cifras de hiperinflación, contracción económica y por el cierre de industrias, comercios, empresas agrícolas que daban empleo a un importante número de venezolanos, dan razón de sus efectos, a lo que se añade la situación por la que pasa PDVSA.

Lo que deseo destacar en estas notas es que no es por casualidad que esa “revolución” y su Gobierno hayan llegado al poder y control que tienen, sin la conformación histórica de una estructura y una organización del poder político e institucional que lo ha permitido. El tema ha sido tratado exhaustivamente en el área política e institucional por el Dr. Juan Garrido en el documento “Necesidad de un Proyecto Integrador para Venezuela”[1] a quien se le debe todo su desarrollo. Ahora toca volver a traerlo a la consideración de la opinión publica.

A esa estructura la he llamado ¡los cuatro jinetes del apocalipsis venezolano!, porque son determinantes en un tipo de poder político que llena todas las condiciones para aniquilar la sociedad civil en todas sus expresiones. Son cuatro: Centralismo, Estatismo, Hiper Presidencialismo y Partidocracia.

Centralismo

En aquel documento se defiende la idea de que el paso del “federalismo” al “centralismo” fue una “tragedia” en el sentido de que nunca se realizó bajo una auténtica transición convenida y consensuada y que, en realidad el centralismo se impuso a toda costa sobre las regiones, pues los poderes locales quedaron subsumidos en aquel desde el punto de vista institucional, político y económico. Antes del petróleo la zona central y costera aglutinaban el poder político, pero llegado este el efecto de atracción fue fulminante. El centro dominó en todo sentido.

Ahora bien, para evaluar el tema en un enfoque equitativo, cabe preguntarse: ¿Es eso completamente negativo? El centralismo tiene la ventaja de que permite la construcción de un Estado moderno, con la identidad e integridad que culmina en el formato contemporáneo del Estado-Nación.[2]

Si embargo, tal atributo, sin dudas positivo, tiene que ser atenuado o compensado con la casi anulación de las identidades y potencialidades de lo local. Cuando ello sucede, y es el caso venezolano, el centralismo apaga todas sus ventajas y queda, si se pudiera expresar de alguna manera, “solitario” con todo el poder y se produce un gran desbalance sin ninguna contrapartida de control por los actores locales y regionales. La expresión “todo se decide en Caracas” ilustra claramente lo expuesto.

Cuando llega el petróleo el centralismo se acelera vertiginosamente, principalmente porque las regiones pierden sus fortalezas económicas, frente a este. El petróleo es la generación de riqueza por excelencia y no tiene correspondencia equivalente, especialmente al convertirse en el único capaz de crear ingresos externos en divisas convertibles. El petróleo fortalece incontrovertiblemente el centralismo.

Estatismo.

Podría ser que los efectos del centralismo no fuesen tan perjudiciales, sino fuera por el paralelismo que se crea en Venezuela con el fortalecimiento del Estado, lo cual, obviamente se multiplica el problema en la medida que las limitaciones al desarrollo de lo local merman en el desempeño de una sociedad civil más fuerte y más autónoma.

Siendo que el Estado venezolano se ha adueñó de la principal riqueza del país, las posibilidades de ampliación de las capacidades productivas de la sociedad se limitan, pues aquel ha asumido, a lo largo de nuestra historia, las principales actividades creadoras de riqueza. El petróleo, el hierro, el aluminio, la petroquímica son los ejemplos más evidentes, sin entrar en los momentos en que ese Estado decide ocuparse directamente del negocio hotelero, agrícola, bancario, etc., etc., lo cual, sin duda alguna inhibió la pertinencia de una sociedad civil con todas sus potencialidades.

Finalmente, el hecho de que “petróleo y Estado” vienen siendo casi la misma cosa, la necesidad de una o unas alternativas productivas equivalentes no es indispensable. El Estado puede con todo. Centralismo y estatismo “van de la mano” al explicar la situación venezolana.

Hiper Presidencialismo.

Agréguese a este cuadro el tema del super poder de un presidente en Venezuela, “dueño y señor” de todos los recursos, a quien, además, se le fueron cediendo las más significativas atribuciones del poder, comenzando por las que hacen la genética de una Asamblea Legislativa, cual es ceder su principal atribución de legislar. Se puede comprobar que en casi todos nuestros años de vida republicana las más importantes leyes económicas han sido elaboradas por el poder ejecutivo.[3]

No hay institución en Venezuela que tenga un poder similar y no hay la que pueda ejercer frenos o controles a ese “super poder”. Por ejemplo, la institución del Estado creada para seguir y controlar el sistema monetario, el Banco Central, queda en sus manos, al poder nombrar Directorio y presidente a final de cuentas. Si a ello se añade el “sutil” agregado de que es Él principal y único accionista de PDVSA, supuestamente representando a todos los venezolanos se completa ese “super poder, el cual se ejerce sin preguntar o consultar sus decisiones con persona o institución alguna. El presidente de Venezuela, una vez elegido, recibe un “cheque en blanco” para hacer con el país lo que desea.

Recapitulando: Centralismo + Estatismo+ Hiper presidencialismo, suman tres de los “jinetes” de este apocalipsis que se vive día a día y que ya serían suficientes para caracterizar el daño. Se entenderá que construir una sociedad más democrática, más descentralizada y más representativa, con esas limitaciones será muy difícil. A los tres añadimos un último contaminante que termina de completar la parodia que se vive actualmente.

Partidocracia.

Una palabra que nada tiene que ver con el ejercicio de los partidos políticos, hasta ahora la mejor manera en que los ciudadanos expresan y delegan sus intereses y su ideología política, pero cuando la conformación de los partidos políticos deja de lado sus principales atribuciones pierden esa inmensa ventaja y se convierten en gobierno de partidos, esto es, partidocracia.

No hay duda de que las instituciones sociales y los gobiernos revelan la identidad entre los partidos y las ideas y en todos los países ellos están asociados a determinadas ideologías, sea la social democracia, el marxismo, los social cristianos, los liberales, lo que marca la pauta de sus acciones de gobierno, pero una cosa es esa y otra cuando el partido hipoteca para sus fines al resto de las instituciones, sean estas gremiales, empresariales, sindicales, etc., etc., y estas pierden su identidad y principales atribuciones para convertirse en apéndices de los partidos.

En el documento citado dijimos:

“La participación de todos los estratos sociales en la deliberación que conduce a la legislación y en la gestión pública solo es posible combinando las figuras políticas de la representación y de la participación mediante lo que podríamos denominar una representación-participativa y una participación-representativa. En el primer caso, se requiere diseñar mecanismos que conecten los partidos políticos con los electores y las instituciones espontáneas de la sociedad civil y, en el segundo caso, la sociedad civil, en sus diversas manifestaciones, tiene que organizarse a sí misma para poder participar activamente en la formulación de las leyes porque…”[4]

Lo que sucedió en Venezuela es que esa doble relación se rompió, no solo por la ruptura de la representatividad, dada la poca periodicidad de las elecciones internas de los partidos, sino porque la participación se vio menguada en el tiempo. Los intentos de “protagonismo y participación” fueron intervenidos por métodos nada vinculados a una autentica participación. De hecho, esta ultima fue completamente contaminada por el poder presidencial en sus últimas versiones de gobierno.

El tema de la partidocracia, tuvo buenas y malas experiencias a lo largo de nuestra historia, pero de todas ellas la peor es la que se vive actualmente, cuando el gobierno y el Estado son completamente supeditados a los dictámenes del partido. Es la “partidocracia” en todo su esplendor.

Si recapitulamos y sumamos, centralismo, estatismo, hiper presidencialismo con la partidocracia, el país y su sociedad quedan plenamente enclaustrados en una dirección, pues los partidos políticos se vuelven los primeros defensores y cómplices de un “status quo”, en el que es y será muy difícil reconstruir un nuevo balance de poder y cuyo mayor peligro, no es que se haya perdido todo el poder, que ya es bastante, sino que la sociedad entera queda enteramente a la merced de los cuatro jinetes de su apocalipsis.

Para evitar ese desenlace solo queda el camino de una toma de conciencia y un despertar de la sociedad civil organizada que revierta esas poderosas fuerzas, porque de lo contrario quedan consolidadas las bases de un gobierno poco democrático y de una “cuasi monarquía”, como se puede comprobar y ¡Sin darnos cuenta!

[1] Necesidad de un Proyecto Integrador para Venezuela. Juan Garrido y Maxim Ross.UMA, 2016

[2] La lucha por expresiones locales o autonómicas es un tema reiterativo en estos tiempos.

[3] Ver document citado.

[4] Documento citado. Pag. 83 y siguientes.

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El objetivo central y único de quienes gobiernan es perpetuarse en el poder para continuar usufructuando la renta nacional y hacer pingues negocios reñidos con la legalidad interna y externa. La gestión dictatorial y la ocupación del aparato del Estado son requisitos indispensables a cumplir para seguir disfrutando de las mieles del poder y de la impunidad ante sus delitos de todo tipo.

A la nomenclatura roja no le preocupa ni es su objetivo proteger y promover los intereses de la república ni la libertad y el progreso de los ciudadanos. El resultado de casi 20 años de chavismo es como bien lo dice Américo Martín: “El derecho a la vida y la condición ciudadana es lo que con extrema crueldad le han arrebatado a los venezolanos.”

Para el logro de sus aviesos propósitos el régimen ha diseñado una estrategia en la cual el dominio del tiempo político es fundamental. Resistir es la consigna, todo aquello que lo facilite será adoptado; estamos en presencia de la aplicación sin medida de la conseja de que “el fin justifica los medios”.

El chavismo - que para casi todo abreva en el castrismo- aplica la formula cubana para mantenerse en el poder. Los comunistas cubanos hace tiempo que se desentendieron del objetivo de construir el Comunismo, por ser inviable (el propio Fidel hace unos años en declaraciones a una revista norteamericana dijo: “Que el sistema cubano ya no le servía ni a ellos”); por eso quienes creyeron ver en el Acuerdo Obama- Castro una derrota para el castrismo sólo vieron una parte del asunto. Para la nomenclatura cubana fue la demostración de que su política de resistir fue exitosa porque continúan en el poder y cualquier cambio (léase: la inevitable vuelta al capitalismo) lo dirigen y administran ellos.

La estrategia del chavismo es resistir para ganar tiempo y se apalanca en el dominio férreo e inconstitucional del aparato estatal – sobre todo de la FAN-; en la incapacidad de las fuerzas democráticas de construir una alternativa de poder sólida y cohesionada lo cual deriva en su fragmentación, división que el Gobierno estimula y facilita; en la creciente diáspora que el oficialismo alienta por serle funcional; en la creación y aplicación de mecanismos de control social (los CLAP y el Carnet de la Patria) y en propiciar el miedo y la desesperanza.

La brutal crisis sistémica que azota al país y la consecuente conversión del chavismo en minoría política y la creciente presión internacional en contra del gobierno venezolano son los dos obstáculos que dificultan la concreción de los objetivos y de la estrategia oficialista.

El régimen considera, por eso ni negocia ni cede, que el paso del tiempo juega a su favor. Estima que mientras no tenga enfrente una alternativa clara de poder ni pierda el dominio de la FAN y pueda manejar con cierta eficacia los mecanismos de control social no corre peligro.

Asume también que la presión y el eventual aislamiento internacional remitirán con el tiempo porque otros conflictos internacionales, problemas e intereses internos de los estados que hoy se le enfrentan desplazarán el interés suscitado por el caso venezolano.

Caracas, 17 de abril de 2018

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