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Opinión

Indira Guerrero

Cinco años han pasado desde que Nicolás Maduro fue oficialmente elegido presidente de Venezuela, y la vista en retrospectiva de la nación con mayores riquezas naturales del mundo es la mirada a una casa que gotea por el techo y arde en llamas al mismo tiempo.

La inflación, sin que se conozcan datos oficiales desde hace dos años, corre libre sobre los cuatro dígitos, las muertes por homicidio superan cada año sus récord históricos, las fronteras están parcialmente cerradas desde hace dos años y las listas de espera aumentan a meses para tratamientos médicos de enfermedades graves, crónicas o degenerativas.

En Venezuela se estima que escasean ocho de cada diez alimentos de la cesta básica, y más o menos la misma cantidad de medicamentos, algunos de ellos simplemente ya no existen, y se necesitan más de 100 salarios mínimos para cubrir los gastos de una familia promedio.

El cohete que disparó el índice de precios generó también la escasez de efectivo. Los cajeros automáticos vacíos, las taquillas de los bancos llenas de clientes que retiran del máximo diario permitido, que alcanza solo para pagar el boleto en transporte público, y un mercado negro al que los venezolanos acuden a comprar dinero.

Apenas hace unas semanas se anunció la implantación de un nuevo sistema monetario para mitigar el daño de la moneda actual que colapsó a menos del 1 % de su valor oficial.

Aún sin registros oficiales, el de los tres últimos años es el mayor éxodo de la historia del país, estimado entre cuatro y cinco millones de personas, lo que sería casi el 15 % de la población, la mayoría de ellos jóvenes profesionales y estudiantes universitarios.

Algunas instituciones, principalmente privadas, han comenzado a cerrar cursos y especialidades por falta de alumnos o maestros que han abandonado los centros educativos para emigrar.

El complejo escenario venezolano ha sido interpretado por el Gobierno como el resultado del acorralamiento de las potencias extranjeras que, aliadas con la oposición interna, atacan el modelo socialista en un enfrentamiento sin tregua.

El Gobierno ha aumentado sus políticas para mitigar los daños con programas sociales que incluyen la entrega de cajas con algunos alimentos subsidiados directo a las familias, ha aumentado significativamente los bonos y pensiones, y aun así esto es insuficiente para cubrir las necesidades más básicas.

Los ingresos se vinieron abajo un 60 % con la caída de los precios del petróleo pese a que durante los dos últimos años Maduro ha presionado por su recuperación y de acuerdo con datos de la OPEP, de la que Venezuela es miembro fundador, su producción se redujo alrededor del 12 % en 2017.

Aún con las mayores reservas de petróleo del mundo, el pasado noviembre S&P Global Ratings declaró a Venezuela en default por el no pago de una deuda de 200 millones de dólares en intereses a sus tenedores de bonos.

La refinanciación de la deuda quedó bloqueada con la prohibición de Estados Unidos de adquirir nueva deuda venezolana para evitar dar alivio financiero al Gobierno, señalado de dictatorial.

Varios altos cargos del Gobierno han recibido sanciones de congelación de activos y prohibiciones de ingreso a Panamá, Suiza, Estados Unidos y la Unión Europea por acusaciones de violación a los derechos humanos, blanqueo de capitales y financiación al terrorismo, entre otros.

La violencia por protestas callejeras también ha superado los históricos en dos décadas con casi 200 muertes en enfrentamientos entre manifestantes y autoridades, las más importantes ocurridas en 2014, por seis meses, y en 2017, durante otros cuatro.

El mandatario ha visto amenazada su estabilidad incluso desde dentro, con varios supuestos intentos de golpe denunciados por él mismo y que involucran a rangos medios y altos de la Fuerza Armada.

A la complejidad de estos años se suman los procedimientos judiciales contra sus antiguos ministros de Petróleo, de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y varios gerentes, acusados de delitos de corrupción, y las acusaciones en todas las direcciones de funcionarios que se han ido distanciado de su Gobierno.

Maduro llegó a la presidencia en 2013 gracias al fallecido gobernante Hugo Chávez (1999-2013) -el presidente más votado de Venezuela-, que al despedirse del país para tratar el cáncer que poco después causó su muerte, pidió a sus partidarios que eligieran al entonces vicepresidente como su sucesor.

Y aunque el escenario electoral de las presidenciales del 20 de mayo le sonríe gracias a la decisión de la mayor coalición opositora de no participar en las elecciones por considerarlas fraudulentas, Maduro vuelve a las urnas para reelegirse con un legado que se le ha escurrido entre los dedos, y las cifras de la llamada “revolución bolivariana” literalmente rojas.

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación política número 137

Una decisión de magistrados del TSJ en el exilio con pruebas y solicitud, de la también exiliada Fiscal General de la República, concluye que es procedente el antejuicio de mérito al mandamás del régimen y remite a la Asamblea Nacional tal decisión para que proceda en consecuencia, es decir, destituir al mandatario para que compadezca ante la justicia y se lleve a cabo el juicio correspondiente.

La situación no es fácil para los asambleístas, especialmente porque no hay la certeza de quien deberá efectuar el juicio, si es el TSJ ilegítimo en ejercicio o los magistrados en el exilio. Jurídicamente la viabilidad del procedimiento tiene vacíos legales importantes o difíciles de entender, pero políticamente la decisión afectaría, aún más, la notoria ilegitimidad de la que goza el acusado en la comunidad internacional y lo inhabilitaría para continuar con sus pretensiones de relegitimarse en las no menos fraudulentas elecciones presidenciales previstas para el 20M. En otras palabras, la inminente reelección del acusado debería ser desconocida por buena parte de la comunidad internacional que ya ha emitido opinión en cuanto a desconocer los resultados de las fraudulentas elecciones.

Tal situación puede impulsar al régimen a tomar medidas que pueden incluir la anulación definitiva de la AN, pero eso contribuiría a desprestigiar más al mismo por lo que es posible que intente acciones menos llamativas como detener u obligar a salir del país de muchos diputados para evitar el quorum reglamentario para aprobar el juicio solicitado y anular la convocatoria electoral en curso.

A la oposición que decidió no participar en las elecciones presidenciales le daría un argumento más para no concurrir a la cita electoral, y al candidato opositor de Nirgua se le puede hacer más difícil justificar su participación, además de que no le han cumplido con las condiciones electorales prometidas. Aunque algunas encuestas lo favorecen en ciertas formas y él las utiliza para mantenerse en campaña, debe pensar muy bien seguir participando en las elecciones si a la solicitud de juicio la AN le da curso.

Mientras tanto, la difícil situación económica promovida por el régimen sigue su curso de deterioro en contra de una población que espera, casi con desesperación, que le empiecen a plantear soluciones a sus problemas de alimentación y salud.

Todo un circo, pero sin pan, que desluce al espectáculo y nunca termina como se tenía previsto.

@lesterllopezo 13/04/18

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En tono burlón, el Presidente dejo en la pantalla de los televisores una pregunta que nos concierne a todos. Una pregunta - ¿Tú te irías a lavar pocetas en Miami?- que, denigra de un oficio y de quienes lo desempeñan, a la par que satiriza el dolor de los que se marchan y el de los que se quedan aquí.

Con su pregunta, el Presidente Maduro, ofende a la diáspora venezolana desdeñando las razones por las que nuestra gente se dispersa por el mundo. Pareciera, así, desconocer que los que se van no se van, sino que huyen. Que desertan de las condiciones que determinan la vida por estos lares. Que se marchan de un país en el que la existencia de muchos se ha vuelto cuestión de sobrevivencia. Un país con los nervios de punta, acosado por la anomia, aturdido por el miedo, sometido por la violencia en sus múltiples formatos, en el que la vida transcurre de manera poco amable, sin las certezas básicas necesarias sobre las que funciona cualquier sociedad. Un país al que se le extravió el futuro.

Con su pregunta el Presidente Maduro aparenta ignorar que los ciudadanos se marchan de un país regido por un Gobierno incompetente, apresado en una telaraña de ideas equivocadas pero, sobre todo, condicionado por la corrupción de su dirigencia. Un Gobierno que chapucea en las aguas de la hiper inflación recurriendo a la magia de desaparecerle varios ceros a la moneda, mientras jura por enésima vez - esta vez sí va en serio, de verdaíta – que se hacen planes para diversificar la producción y superar el rentismo petrolero, un objetivo, que se nos promete, más o menos, a la vuelta de la esquina. Un Gobierno que ejerce el poder con el casi único propósito de mantenerlo y cuya ocupación principal por estos días es ganar las elecciones a como dé lugar. Un Gobierno que ha debilitado al Estado y se ha fabricado una institucionalidad hecha a la medida –para eso inventó la Asamblea Nacional Constituyente -, que le permite hacer hasta lo que no se puede hacer. Un Gobierno que supedita buena parte de las políticas sociales a la lealtad política y que progresivamente avanza en el desarrollo de mecanismos de control sobre los venezolanos, que se manifiestan, entre otras maneras, en las diferentes funciones de la Red de Articulación y Acción Sociopolítica (Raas), creada para la defensa integral de la Nación y la defensa del pueblo en los ámbitos ideológico, cultural, político, social, económico, electoral y militar”, una de cuyas tareas supone “desplegarse calle por calle, casa por casa, para la caracterización sociopolítica de los habitantes y el conocimientos pleno del territorio.”

En fin, con su pregunta, el Presidente Maduro, revela que no es capaz de reconocer que, poco a poco, Venezuela se convierte en un lugar cada vez más áspero en el que un número creciente de personas tiene, al menos, la fantasía de irse a vivir a otra parte.

HARINA DE OTRO COSTAL

El apenas treintañero Mark Zuckerberg, dueño de Facebook, compareció por estos días ante el Senado norteamericano para ser interrogado acerca de las filtraciones de datos de sus usuarios y la influencia en la elección del Presidente Tump. Uno, terrícola de a pie, cruza los dedos para que se produzcan las sanciones correspondientes, pero, sobre todo, para que se tomen las medidas orientadas a poner orden en el casi anárquico espacio digital. Problema grueso éste, pues como se ha señalado insistentemente en el medio académico, se trata, expresado en pocas palabras, de garantizar que la democracia pueda sobrevivir a internet.

Así las cosas, imposible no acordarse de que en el año 2013 Edward Snowden denunció que millones de datos privados fueron a los registros de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. Demostraba, así, que las nuevas tecnologías no nos llevan derechito al edén. Junto a sus innegables posibilidades liberadoras, también abren un camino ancho al autoritarismo al permitir que la sociedad sea una gran vitrina en la que todos podemos ser escudriñados. Quedaba planteada, así pues, la tarea de determinar el significado democrático de la intimidad en el mundo contemporáneo a partir de la tensión entre los derechos ciudadanos y el interés colectivo, entre la privacidad y el bien común.

Imposible no acordarse de Snowden, digo, porque en aquella oportunidad también se habló de la urgencia de regular el ciber espacio, pero lo de Facebook demuestra que aún estamos en mora. ¿Sera que la cosa ahora si va a ir en serio ?

El Nacional, jueves 12 de abril de 2018

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José Rosario Delgado

Venezuela ha sido una sucesión de errores producidos a través del tiempo y jamás ha podido entrar a un siglo cuando éste comienza sino cuando se les antoja a quienes han subyugado a la nación durante largos períodos, constituyéndose en lastre para el desarrollo social, económico, político, educativo, cultural e incluso histórico, tropiezos que hacen de nuestro país una zona de amargas tristezas que no han agravado más la situación por el bendito sentido del humor que nos hace reír y reírnos hasta de nosotros mismos.

La misma llegada de los españoles en 1498 neutralizó el ingreso al siglo XVI por las refriegas de la conquista y la colonia hasta los sucesos de 1810 que nos impidieron ingresar con seriedad al siglo XIX y así las montoneras domésticas que bloquearon la entrada al siglo XX. Ni se diga lo que es historia presente con la desgracia moderna que nos paraliza el paso al siglo XXI con la peor de las miserias, pues huyen de aquí quienes están muy bien preparados y formados para garantizarnos un futuro decente.

Esas situaciones que llamamos “errorismo histórico”, pues son esos errores los que nos tienen aquí, donde estamos, fuimos superándolas cuando surgió, en contra de lanzas, cañones y fusiles, la posibilidad de que a través de la decisión de los venezolanos se pudiera designar a las autoridades mediante votación directa, universal y secreta; es decir, deponer las armas y blandir el Voto como única manera para accionar moral y cívicamente la búsqueda de soluciones a los conflictos generados por las ansias de poder político.

Una ejemplar experiencia electoral de 70 años que, pese a trapisondas tradicionales y modernas trácalas, eran organizadas, dirigidas, supervisadas y escrutadas por los actores y factores políticos, por pequeña o escasa que hubiera sido su votación, y gerenciadas por ciudadanos comprometidos con su trayectoria personal y profesional, dando cuentas claras de su responsabilidad ante el país, ante su familia y ante su espejo.

Sin embargo, hoy día todo eso se ha trastocado, se ha derrumbado y el consabido e histórico errorismo venezolano es transformado en “terrorismo electoral” con gente, formal e informalmente formada e informada terciando en la satanización de las elecciones como mecanismo de cambio y ubicándolas en el ángulo de las sospechas no como medio para salir de la dictadura sino como fin de ésta para perpetuarse en el poder.

Esta vez las figuras principales, los protagonistas, se convierten en actores del reparto de posiciones adversas a la realidad que ellos mismos viven al confundir a los espectadores, que no se explican cómo es que lo que ayer nos era útil, y exigíamos como punto de partida para lanzarnos a enfrentar el obligante compromiso, de repente nos repugna y nos somete al escarnio de la audiencia hambrienta, famélica y enferma que busca desesperadamente salir de esta amarga pesadilla.

Con el (t)errorismo electoral estamos jugando ya no con la situación que sufrimos y padecemos no sabemos hasta cuándo, sino con la fe y la esperanza de los ciudadanos que se quedan y los que se van porque no encuentran ni ven salidas serias, responsables, propias de nuestro pasado, presente y futuro, orientadas por nosotros mismos y no coordinadas por esa comunidad internacional que puede ser que quiera ayudar y ayude, pero que no vendrá a Votar por los venezolanos, los “campeones” de la democracia y la libertad.

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Cristian Silva

No culpo a mis coterráneos venezolanos por su comportamiento político y toma de decisión electoral producto de su conexión emocional con el “líder” del momento. Situación muy similar ocurrió en el periodo llamado cuarta república con los candidatos del bipartidismo vigente cuando se decía: “si los adecos y copeyanos presentan burros en las elecciones todo el mundo vota por ellos”.

Como nosotros somos muy dados al humor y de cualquier situación hacemos un chiste, ahora en el juego de animalitos cuando dicen: ¡salió Maduro! no hay más nada que preguntar, ya se sabe cuál fue el animal ganador. Es como si la historia se repitiera.

Pero mi respetado Presidente, con todo el honor, jerarquía y majestuosidad del cargo ostentado por su persona, ni remotamente ocurre en mi conciencia asociarlo con algún ejemplar del zoológico. Después de todo, ¿Quién soy yo para lanzar la primera piedra?

Además, Usted no buscó la Presidencia de la República, a Usted se la regaló el extinto presidente Chávez cuando dijo antes de su último viaje a Cuba: “Si por alguna circunstancia sobrevenida me ocurriese una situación irreversible en esta operación, voten por Nicolás Maduro”. Chávez le traspasó la Presidencia… ¡Felicitaciones, no es cualquier regalo!

Por otra parte señor Maduro, nosotros los venezolanos fieles a Bolívar y sus altas aspiraciones de construir la república de La Gran Colombia integrada por Panamá, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela y Colombia, nos abrazamos en un solo sentir y una sola emoción con nuestros hermanos latinoamericanos y debemos reintentar esa epopeya. Tal como ocurre actualmente en el continente europeo: una sola moneda; sin fronteras, sin pasaportes; un Congreso común y un solo objetivo: ser fuertes, grandes e indestructibles ante cualquier imperio.

¡Siempre serán bienvenidos a Venezuela a luchar y trabajar todos los hermanos latinoamericanos. A vibrar con su alegría y esfuerzo progresando junto esta noble nación. Igual trato pedimos para nuestros hijos, nietos y demás familiares emigrados a esos países por la actual desgracia que nos arropa.

Desgracia, señor presidente Maduro, a la cual Usted ha contribuido -y contribuye- todos los días a engrandecer. Por el bien de su persona, sus hijos, toda su familia, la gran familia nacional; toda Venezuela, toda Latinoamérica y el mundo completo, se le agradece una sola cosa: “Renuncie y váyase; no postergue su viaje hasta última hora como el dictador Pérez Jiménez quien precipitadamente abordó el avión llamado La Vaca Sagrada para huir a la República Dominicana.

No alargue más nuestra agonía, nuestra desgracia y sufrimiento. Ni el suyo. Sus nietos y generaciones futuras de venezolanos y colombianos se lo agradeceremos infinitamente.

Todavía está a tiempo. Negocie con el Frente de Unidad Nacional, todos los sectores de la sociedad, ONGS, partidos políticos, la Iglesia Católica, Evangélica. Los estudiantes, la academia, empresarios, sindicatos, gente de la cultura, y sobre todo con las dignas Fuerzas Armadas Venezolanas, institución que Usted ha degradado al máximo. Salve a su gente, su partido, sus líderes, su revolución… pero, váyase.

Secretario general estado Sucre

www.unidadvisionvenezuela.com.ve

vivzla@gmail.com

@visionvenezuela

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Ya no son muchachos y nunca fueron “ángeles”, como en algún momento se les calificó en un libro.

Alejandro Andrade, Adrián Velásquez, Carlos Aguilera (caso BPA), Rafael Isea (ex ministro de Finanzas y ex gobernador de Aragua) y Juan Carlos Luján (ex presidente del BIV), entre otros, incluyendo un parlamentario y ex ministro del Interior – también bajo investigación internacional-, cada uno de ellos en algún momento le guardó la espalda a Chávez o a alguno de sus familiares.

Los integrantes del anillo de seguridad del ex presidente, como la mayoría de los militares, tenían orígenes humildes. En el caso de estos ex guardaespaldas, eso es difícil de inferir a partir de la imagen que muestran hoy. Rodeados de lujos, como los más exitosos capitalistas, exhiben de forma grotesca la fortuna malhabida. Mansiones, caballos, aviones privados, yates, joyas y sobre todo, cuentas millonarias en dólares y euros en bancos exclusivos.

Por ahora, el juicio en Florida donde el testigo estrella es el ex tesorero nacional, teniente Alejandro Andrade, se encuentra en fase de secreto sumarial. Sin embargo, ya comienzan a aparecer los nombres de las más de 20 personas, entre altos funcionarios y empresarios, que formaron parte de una red de corrupción para hacer negocios turbios en base al diferencial cambiario en la negociación de bonos y notas, entre ellos, el capitán Adrián Velásquez y su esposa, la ex tesorera de la nación sargento Claudia Díaz.

Hugo Chávez los puso donde había. En el Ministerio de Finanzas, en el Banco Industrial de Venezuela, gobernaciones, en la administración de fondos de trabajadores, pero sobre todo, en la Oficina Nacional del Tesoro.

El saqueo que ha sufrido Venezuela en los últimos quince años es casi incalculable. La investigación que hicimos para escribir el libro El Gran Saqueo, lo ubica en unos 300.000 millones de dólares. Esa cantidad luego fue corroborada de alguna manera por los ex ministros chavistas Giordani y Navarro.

La mayor parte fue robada a través de Cadivi y en Pdvsa durante la gestión de Rafael Ramírez. Los culpables están empezando a ser enjuiciados en otros países, sobre todo en EEUU, donde se adelanta una importante averiguación en torno a la red de corrupción incrustada en la propia Oficina nacional del tesoro.

Gracias a investigaciones de autoridades extranjeras, la opinión pública ha ido conociendo el nivel de vida que disfrutan, pero sobre todo las inmensas fortunas que acumularon durante su pasantía por el poder, inimaginables para el ciudadano de a pie.

En algún momento Venezuela deberá recuperar el dinero y los bienes robados a la nación. Por el momento, EEUU tomó la delantera y entró a negociar con algunos de ellos como Alejandro Andrade y Adrián Velásquez. No conocemos los detalles del acuerdo por medio del cual los dos ex guardaespaldas están colaborando con la investigación del entramado de lavado de dinero de altos ex funcionarios y empresarios venezolanos en Florida, pero indudablemente implica que parte del dinero que ahora poseen entrará en las arcas públicas de ese país, como es usual en estos casos.

La recuperación de los recursos saqueados a Venezuela será posible sólo cuando se produzca el cambio que la mayoría de los venezolanos esperamos y por el que seguimos luchando. Eso lo sabe la comunidad internacional. Sería una contradicción enviar lo robado de vuelta al país para colocarlo en las manos de quienes precisamente facilitaron el asalto, ya fuera por acción, complicidad u omisión. Mientras persista el Estado delincuente, continuará el saqueo. Por ello es indispensable hacer un seguimiento estrecho a este tipo de casos.

Otra preocupación en torno al futuro del dinero de Venezuela que pudiera ser recuperado en el exterior es el del denominado US Pdvsa Litigation Trust, fideicomiso a través del cual supuestamente Pdvsa demandó por 10.000 millones de dólares a un grupo de personas y empresas por “participar en una millonaria trama de corrupción en dólares”, que involucra a funcionarios de la petrolera.

La situación en torno a la creación del fideicomiso en julio de 2017 es sospechosa. El documento fue firmado a espaldas del parlamento por el procurador general (encargado) Reinaldo Muñoz Pedroza, en plena transición de la presidencia de Pdvsa de Eulogio Del Pino a Nelson Martínez, hoy ambos acusados de corrupción y encarcelados por el propio régimen.

La cesión de derechos de litigio que implica la conformación de dicho trust es ilegal por no contar con la aprobación de la Asamblea Nacional. Más preocupante aún es el hecho de que el bufete contratado por el régimen de Maduro en este pleito sea el mismo que defendió a sus sobrinos en el juicio por narcotráfico, cuyos honorarios fueron pagados por el contratista de la petrolera, Wilmer Ruperti.

Otra razón para continuar la lucha por un cambio en Venezuela es la recuperación de lo robado al país para re-invertirlo en salud, alimentación, seguridad y educación, como debió ocurrir desde un principio.

Contra la dictadura del hambre y la corrupción, seguimos unidos por el cambio, de frente en todos los frentes.

10 de abril de 2018

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante Oficial

Web: www.carlostablante.com

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Richard Casanova

El venezolano de "a pie" vive una tragedia cotidiana y el país político distante de esa realidad, sumido en un debate estéril signado por falsos supuestos e incertidumbre. Es hora de dejar atrás lo ilusorio y hablar de certezas. Unos dicen que "si no votas, le darás el triunfo a Maduro y 6 años más en el poder". ¡Falso! Su permanencia no depende de estas "elecciones", ni hay victoria para el gobierno en un proceso que no es reconocido. Otros dicen: "la abstención deslegitima al gobierno" ¡No siempre! Restará legitimidad según las circunstancias en que ella se produzca y para que tenga efectos políticos se requiere unidad y acciones complementarias. Pero deslegitimar al régimen es un objetivo cumplido: hace tiempo está totalmente deslegitimado y más bien, debe evitarse que recupere reconocimiento internacional y estabilidad política. Solo para eso le pueden servir estas elecciones al gobierno, dependiendo de lo que haga la oposición.

Por otra parte, una intervención militar yanqui es algo tan fantasioso como un triunfo electoral de Falcón. Pese al descomunal rechazo del gobierno y lo que dicen las encuestas, ello es imposible y no por causa del candidato sino porque el proceso está diseñado para que una ínfima minoría pueda "ganar" e instalar definitivamente la desesperanza en el mundo opositor. Pensar que el gobierno -con su inocultable vocación delictiva- va a reconocer una alta abstención o una eventual victoria opositora, es una ingenuidad. Dudar de que alteraran las cifras para evitarlo es una candidez. Y esto no es renunciar a la ruta electoral, al contrario es tener claro el escenario. Por cierto, extraña que muchos “participacionistas” argumenten que a la dictadura no se le “pide” condiciones electorales: eso es verdad, nunca se le pide siempre hay que torcerles el brazo con presión política pero esa es una lucha que un demócrata jamás debe abandonar y menos quien tenga un candidato que aspira ganar. En fin, participar en estas “elecciones” no conduce al cambio sino a una "derrota" tan falsa como sería el triunfo oficialista. Manipular a los venezolanos –que buscan desesperadamente una salida- con el espejismo de una victoria, conducirá a que se sientan derrotados sin haberlo sido y a desmoralizar más al país democrático. Ahí sí habría el riesgo real de atornillar a Maduro en el poder. La única manera de evitar ese cuadro de depresión colectiva es pisando tierra y hablando con franqueza. Generar falsas expectativas convenciendo a los venezolanos de que la abstención es una solución, es tan irresponsable como persuadirlos de votar para superar la crisis. ¿Qué dirán unos y otros “al día siguiente” cuando la realidad los desmienta? La reflexión queda pendiente….

Así como estas "elecciones" no le sirven a la oposición para impulsar el cambio, tampoco le sirven a Maduro para resolver el problema de gobernabilidad, salvo que los errores y la división en el campo opositor le permitan capitalizar este evento inocuo. Aun así, todo indica que "al día siguiente" de ese simulacro, se profundizará la crisis económica, social, política y militar, entrando en una dinámica infernal que hará inviable al país e insostenible al gobierno, esta una realidad que el gobierno inútilmente busca frenar con esta farsa electoral: ¿de qué otra manera se explica el adelanto de unos comicios que estaban constitucionalmente pautados para fines de año? ¿Por qué no quedarse tranquilo y esperar hasta diciembre? Obvio, la crisis no da para tanto....

La dictadura seguirá en su fase agonizante y la tendencia es irreversible, diría Tibisay. Una buena noticia sería que la oposición o una parte de ella, se unificara en torno a las elecciones o al eventual retiro de la candidatura de Henri Falcón. El gobierno podrá igualmente desconocer cualquier resultado pero en unidad cambia sustancialmente el cuadro y al "día siguiente", la oposición podría dar una respuesta unitaria y realmente efectiva a los venezolanos. Para ello, ante un país lleno de dudas y desconfiado, tendrá el Frente Amplio que demostrar su amplitud y capacidad de diálogo. Y Henri Falcón que demostrar su talante democrático, valorando y respetando la opinión contraria.

Así llegamos al punto esencial: el debate que tiene sentido hoy no es electoral sino aquel que permita a la oposición unificar al país, aproximarse a la gente, alinearse con sus angustias y permita "al día siguiente" una acción enérgica y absolutamente democrática para poner fin a la dictadura y abrir las puertas a la libertad y el progreso, objetivo que debemos lograr más por la presión social e internacional. Las elecciones no son el factor de cohesión del país: votar o abstenerse no es suficiente, sin unidad será inútil y cualquiera sea la ruta, construir alternativas para "el día siguiente" es lo verdaderamente relevante y es urgente. Quien quiera engancharse en la coyuntura electoral que lo haga pero el Frente Amplio debe trascender, si no ¿para qué sirve?

Twitter: @richcasanova

(*) Dirigente progresista / Vicepresidente ANR del Colegio de Ingenieros de Vzla.

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