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Opinión

El 27 de febrero del 2018, la Asamblea Nacional aprobó un acuerdo[1] mediante el cual declaró que el proceso electoral convocado –en aquel momento– para el 22 de abril no es otra cosa que un “simulacro” electoral para lograr alcanzar una legitimidad que no tiene el Gobierno y reelegir las causas de la tragedia que hoy vive el país.

La Asamblea Nacional reitera en ese acuerdo que el cambio político es la solución de fondo y una urgente medida para lograr superar el fracaso de este Gobierno.

En esta oportunidad, la Asamblea Nacional convocó a toda la sociedad venezolana a la creación de un Frente Amplio Nacional que articule y organice las fuerzas sociales y políticas del país en torno al propósito de alcanzar elecciones libres y competitivas.

Oportuno es señalar que la Unidad democrática, mediante una declaración de fecha 21 de febrero del 2018, también rechazó el llamado a elecciones presidenciales por no existir las garantías electorales básicas, e hizo una exhortación a crear un Frente Amplio Nacional para lo cual anunció el inicio de reuniones para concretar su activación.[2]

El 20 de febrero de 2018, el padre Luis Ugalde en un artículo de opinión, llamó a la dirigencia política y a las organizaciones de la sociedad civil a conformar un Frente Nacional[3] para la articulación entre todos los actores y sectores de la sociedad venezolana y así sembrar las bases para la gobernabilidad y la reconstrucción de Venezuela.

El Padre Ugalde también advirtió en ese artículo que en la actualidad no hay nada más urgente e importante para la vida en Venezuela que frenar la trampa de las elecciones presidenciales y exigir verdaderas elecciones libres para este año.

Así como lo ha hecho la Asamblea Nacional, la Unidad Democrática y el padre Ugalde, otros actores han fijado posición sobre el tema, evidenciándose la existencia de un importante consenso entre todos los actores. Uno de esos actores es el Movimiento Estudiantil[4], que en un comunicado publicado el 20 de febrero 2018, rechazó la convocatoria para las elecciones presidenciales advirtiendo que con ella se pretende perpetuar el infierno y la miseria en la que hoy vive Venezuela.

Para esa representación estudiantil es necesaria una Alianza política y social para lograr elecciones libres, justas y democráticas. Para el Movimiento Estudiantil, la unidad, la constancia, la coherencia y la esperanza son las principales armas que hoy tiene la sociedad para enfrentar al régimen.

Así como ellos, el 17 de febrero 2018, Fedecámaras y la Asociación Venezolana de Rectores Universitarios[5] (Averu), hacen pública una declaración en la cual exhortaron a la conformación de una coalición de actores sociales y políticos, orientada a defender los principios republicanos de la nación. En ese comunicado esos dos actores de la sociedad civil organizada reconocen que, como país, tenemos profundos principios democráticos y reiteran que el voto es la herramienta para lograr solucionar la crisis que vive el país.

También las Academias levantaron su voz de rechazo a las elecciones presidenciales[6] mediante comunicado de fecha 22 de febrero de 2018, y como los otros actores, invitaron a los dirigentes y organizaciones políticas, a los representantes de la sociedad civil y a los electores a convertir la situación actual en una fuerza impugnadora y plantearon la necesidad de crear un Frente Común para lograr garantías electorales.

Por último, la Conferencia Episcopal Venezolana fijó posición el 29 de enero de 2018[7], mediante un comunicado en el que exhortó, particularmente a la dirigencia política, a buscar un consenso entre los diferentes sectores de la sociedad civil y reafirmó la necesidad de reconocerse entre todos los actores de la sociedad para lograr una unidad política que vaya más allá de las alianzas electorales.

Para la Conferencia Episcopal Venezolana el país requiere de una gran dosis de esperanza, junto a acciones concretas que contribuyan a mejorar las condiciones de vida, a dignificar a las personas y a fortalecer a las familias y comunidades a las que pertenecemos.

Las distintas voces de la sociedad civil han logrado coincidir en la urgencia de procurar un espacio que articule y facilite el encuentro de todos los distintos actores y sectores de la sociedad.

Esa demanda, que podría llamarse unitaria, debe encontrar la razón de articularse no sólo en la exigencia de elecciones competitivas y libres –en los términos que la propia Unidad expresó en su carta del 27 de febrero 2018 a Nicolás Maduro–, sino también en lo que el padre Ugalde llamó, en su artículo de febrero, la construcción de un Acuerdo Programático básico.

En tal sentido, resulta oportuno recordar que la Unidad democrática, el 17 de julio de 2017, anunció un Compromiso Unitario para la Gobernabilidad, en cuyo contenido planteó lineamientos generales para un Programa Común de Unidad Nacional que, perfectamente, puede ser sometido a consulta pública para lograr un compromiso mucho más amplio y compartido por la ciudadanía en general.

Ahora, en la Declaración del 21 de febrero 2018, la Unidad democrática anunció la pronta presentación de un programa de gobierno de unión y reconstrucción nacional que se acompañará de una amplia consulta con todos los sectores de la sociedad[8].

Todo este recorrido pareciera advertir que están todas las piezas necesarias para lograr restaurar niveles básicos de cohesión social que permita recuperar niveles importantes de confianza entre todos los actores sociales y así reconstruir la Unidad política y social que el país reclama.

Lo único que hace falta en ese rompecabezas es que se concrete la voluntad política para unir todas las piezas, lo cual representa para la dirigencia política una nueva oportunidad de recuperar la credibilidad perdida. Exigir a la dirigencia política que cumpla con lo anunciado, de manera oportuna, es para cada uno de los venezolanos, hoy más que nunca, un deber y una responsabilidad histórica, de lo contrario perdemos todos.

@carome31

 4 min


Por cien días que apenas conmovieron al mundo, los venezolanos desplegaron la mayor manifestación democrática del siglo XXI. Entre abril y julio de 2017, centenares de miles de personas recorrieron las ciudades del país para protestar contra el autogolpe de Estado del Tribunal Superior de Justicia (brazo ejecutor del presidente Nicolás Maduro), que desconoció a la Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre de 2015, único poder independiente, de mayoría opositora, que queda en Venezuela. A pesar de la represión de la Guardia Nacional Bolivariana (muy difundida en redes sociales, y en la que hubo ciento veinte muertos, cientos de heridos, presos y casos documentados de tortura), los manifestantes culminaron su protesta con un plebiscito en el que más de 7,5 millones de personas (el 40% del total de electores, el 25% de la población) pidieron la renovación constitucional de los poderes públicos y rechazaron la convocatoria del Consejo Nacional Electoral (otro órgano obediente a Maduro) para votar una Asamblea Nacional Constituyente paralela, al gusto del Ejecutivo.

Su esfuerzo fue en vano. Tras una votación a todas luces fraudulenta,1 la Asamblea espuria se estableció. Con todos los poderes en sus manos, en el marco de las más severas limitaciones a la libertad de expresión, con una oposición dividida y desmoralizada (que ha anunciado que no participará en las próximas elecciones presidenciales porque considera que carecen de condiciones democráticas), Maduro está cerca de realizar el sueño del hombre que llamó su mesías, Hugo Chávez: eternizar la “Revolución bolivariana”.

En los barrios pobres de Caracas, las redes sociales recogieron otro drama: mujeres que pelean por una barra de mantequilla; madres sin leche que comprar, dando inútilmente las tetas a sus niños; gente buscando comida en la basura; anaqueles vacíos de alimentos y medicinas; hospitales sin camillas, insumos, medicamentos o condiciones mínimas de higiene; médicos del Hospital Universitario de Maracaibo operando a una paciente con la luz de un celular; madres que dan a luz fuera del sanatorio. Al concluir el ciclo de protestas, se volvió peligroso subir imágenes a las redes. La Asamblea paralela – cuyos miembros han incitado al odio por veinte años– aprobó una “ley contra el odio” que sancionará con prisión de hasta veinte años a quien lo “fomente, promueva o incite”.

Las imágenes de la penuria coinciden con las estadísticas. El de Venezuela es “un colapso sin precedentes”, al menos en el mundo occidental, escribe Ricardo Hausmann, antiguo ministro venezolano de Planificación y actual director del Center for International Development en la Universidad de Harvard. En su estudio reciente, “Background and recent economic trends”,2 Hausmann demuestra que el descenso del pib y el pib per cápita entre 2013 y 2017 (el 35% y el 40%, respectivamente) es más agudo que en la depresión estadounidense de 1929 a 1933, y aun en la rusa, la cubana o la albana posteriores a la caída del Muro de Berlín. La dimensión de la crisis se aprecia en los indicadores sociales. En mayo de 2017, el salario mínimo (cuyo valor ha caído un 75% en cinco años) podía comprar solo el 11,6% de la canasta de bienes básicos, cinco veces menos que en la vecina Colombia. Más grave aún, durante el mismo periodo, ese salario mínimo (medido en unidades calóricas de los alimentos más baratos que puede comprar) cayó un 86%.3 En 2016, de acuerdo con una encuesta de 6.500 hogares, el 74% de la población perdió cerca de nueve kilos en promedio. Según el organismo venezolano de la salud, la mortalidad de los pacientes atendidos en hospitales se multiplicó diez veces en el país y la de los recién nacidos en hospitales creció un 100%. Mientras enfermedades largamente erradicadas como la malaria y aun la difteria han reaparecido, aumentan los males emergentes como chikunguña, zika y dengue. Para colmo, Caracas es la ciudad más peligrosa del mundo.

Se trata de una crisis humanitaria de enormes proporciones, documentada detalladamente en hogares y hospitales por instituciones civiles venezolanas e internacionales.4 Según Feliciano Reyna, activista de Codevida, una de esas organizaciones, la información servirá en el futuro para procesar al gobierno de Maduro en el Tribunal Internacional de La Haya. “Lo que está pasando es deliberado”, sostiene Reyna, apuntando a la negativa del gobierno a establecer un canal neutral para la entrada de alimentos y medicinas. A sabiendas de que el salario mínimo mensual es apenas suficiente para comprar cinco kilos de carne y nada más, en sus apariciones públicas (y a veces bailando salsa) Maduro ha sugerido la cría de conejos como remedio. Pero su solución para paliar el hambre es aún más ingeniosa, porque liga la alimentación con la política.

Cerca del 70% de la población depende de las bolsas de alimentos importados llamadas clap, siglas del Comité Local de Abastecimiento y Producción encargado de distribuirlas conforme a un sistema de tarjetas.5 En las elecciones para la Asamblea paralela, el gobierno discurrió una renovación de las tarjetas que coincidía en tiempo y espacio con los sitios de la votación, logrando el efecto deseado de intimidar al votante que sentía que podía perder su tarjeta si no votaba por los candidatos oficiales.

La paradoja es que esto le ocurre a la nación con las mayores reservas petroleras del mundo. Pero es justo ahí, en el petróleo, donde se localiza el epicentro del terremoto infligido por el régimen a pdvsa, la empresa petrolera del Estado venezolano que concentra el 96% de las exportaciones del país. El colapso y la caída del sector petrolero venezolano ofrece un detallado diagnóstico del caso.6 Sus autores, Ramón Espinasa y Carlos Sucre, especialistas afiliados a la Universidad de Georgetown, parten de 1998, cuando tras un largo proceso de profesionalización administrativa y técnica, actuando con autonomía gerencial y remitiendo por ley sus utilidades al Banco Central, pdvsa producía 3,4 millones de barriles diarios (mmbd) con una planta de cuarenta mil trabajadores y empleados. Las proyecciones para la primera década del siglo xxi eran de 4,4 mmbd, pero, al llegar al poder, Hugo Chávez tenía otros planes.

Desde el principio, Chávez intervino en la empresa designando personal por motivos políticos, no técnicos, y comenzó a suministrar petróleo subsidiado a países del Caribe políticamente afines con el régimen. En diciembre de 2002, el personal de pdvsa inició una huelga que derivó en la pérdida de autonomía de gestión, el desmantelamiento de los sistemas de control financiero y el despido de 17.500 empleados, dos terceras partes de ellos técnicos y profesionales.

En los años siguientes pdvsa desvirtuó aún más su sentido, convirtiéndose en un superministerio que distribuía alimentos, construía viviendas, administraba las empresas nacionalizadas y expropiadas (incluidas las vinculadas al petróleo) que después de 2007 abarcarían el grueso de la infraestructura productiva: siderúrgicas, cementeras, bancos, telefónicas, supermercados, fabricantes de alimentos, semillas, fertilizantes, almacenes. En total, el régimen nacionalizó 1.400 empresas.

Durante el periodo de Chávez (1999-2013) la producción de pdvsa cayó de 3,7 a 2,7 mmbd con una planta de 120.000 personas, el triple de 1998. Pero en la etapa de Maduro, con la misma planta, la producción anda ya muy por debajo de los dos millones de barriles diarios y disminuye mes a mes.7 Esta caída cercana al 40% permaneció parcialmente oculta por el llamado “superciclo” de los precios entre 2002 y 2014 (en julio de 2008 el barril llegó a los 147 dólares), pero también estos fueron desaprovechados por el régimen. En 2008, el ministro de Economía Alí Rodríguez Araque sostenía que el barril llegaría a los 250 dólares. Esta fe en el alto precio del petróleo era una apuesta desorbitada que el régimen perdió. Los efectos del colapso habrían sido menores si el gobierno hubiera invertido de manera productiva y ahorrado al menos una parte de sus ingresos, como dictaban las reglas originales de pdvsa. (Según estudios, ese ahorro pudo ser de 223.000 millones de dólares.8) No solo no lo hizo, sino que sextuplicó su deuda externa, lo que convirtió al país en el más endeudado del mundo en proporción al pib: 172.000 millones de dólares que representan el 152% del pib.

Además de esa deuda, ¿cuánto dinero ingresó en realidad a Venezuela por la venta de petróleo entre 1998 y 2017? Sin subsidios internos y externos, el ingreso total habría sido de 1,01 billones. Si se toma en cuenta que la gasolina prácticamente se regala en Venezuela (provocando un jugoso negocio de contrabando) y si se restan las ventas subsidiadas a Cuba y los países del Caribe más las que amortizan la deuda con China, el ingreso neto del periodo fue de 635.000 millones de dólares.9 ¿Dónde quedaron todos esos ingresos (suma del ingreso neto y la deuda) que en conjunto rondan los 800.000 millones? La pregunta torturará a generaciones de venezolanos.

Un exministro de Chávez, Jorge Giordani, ha proporcionado parte de la respuesta: estima que 300.000 millones de dólares simplemente fueron robados. Otra parte se despilfarró en proyectos faraónicos e inconclusos, opacas entidades públicas, expropiaciones costosas e improductivas, importaciones masivas que compensaban la falta de producción interna o meramente suntuarias (500.000 autos solo en 2006), crecimiento desbordado del empleo público, subsidios de toda clase, etcétera. Entre 1998 y 2013 –dato clave– el consumo creció un

60% pero la producción solo aumentó un 14%. La conclusión es clara: el verdadero drama de Venezuela no proviene de la caída del precio del petróleo sino del derrumbe histórico de la producción de pdvsa, cuyo patrón de deterioro y desmantelamiento se transfirió intacto a las empresas nacionalizadas y expropiadas. Un ejemplo entre cientos: en 2007 Venezuela exportaba el 85% del cemento que producía; hoy lo importa. Algo similar ocurre en otros ramos: acero, teléfonos, supermercados, granjas de toda índole, productoras de semillas, fertilizantes, ganadería, pesca, transporte, construcción.

En una decisión al mismo tiempo asesina y suicida, en lugar de revertir el estatismo de la Revolución bolivariana para compensar la caída de ingresos petroleros, Maduro optó por imprimir billetes (la inflación acumulada en 2017 fue de un 2.616%) y seguir atendiendo la deuda (cuyo monto con respecto a las exportaciones es también el más alto del mundo, además del más caro), estrangulando las importaciones per cápita de bienes y servicios, que entre 2013 y 2017 cayeron un 75,6% (otro desplome sin precedentes a nivel mundial desde 1960). El peso mayor de esta contracción ha recaído sobre los sectores manufacturero, de construcción, comercio y transporte, pero el ahogo al sector privado es generalizado y ha provocado la desinversión y el éxodo masivo: entre 1996 y 2016 el número de empresas privadas descendió de 12.000 a 4.000.

En la versión oficial, la crisis se debe a una “guerra económica” incitada por el imperio yanqui. Pero Estados Unidos ha sido siempre el principal comprador de petróleo venezolano y prácticamente el único que ahora paga en divisas: 477.000 millones de dólares de 1998 a la fecha. No hay culpables externos del fracaso. El único responsable ha sido el régimen chavista, que en la era de Chávez recibió una lluvia de recursos (inédita en la historia latinoamericana y solo comparable con los productores del Medio Oriente)10 y los despilfarró en una fiesta interminable. Maduro no es el desdichado heredero de Chávez. Su gobierno es la conclusión natural del chavismo, la cruda después de la fiesta. En palabras de Feliciano Reyna, el régimen no es más que “un proyecto militarista, exorbitantemente corrupto, cuyo objetivo es el control político de la población venezolana a la que se está infligiendo un inmenso daño”.

Nada de esto estaba en el horizonte a fines de 2007 cuando comencé a visitar con frecuencia Venezuela. Caracas era la nueva meca de la izquierda europea, latinoamericana y estadounidense que a lo largo del siglo xx había puesto sus esperanzas utópicas en la URSS, China, Cuba, Yugoslavia, Nicaragua y ahora ponía su fe en la Revolución bolivariana. Medios de prestigio11 publicaban reportajes favorables a Chávez. Algunos mencionaban el riesgo del culto a la personalidad, pero sucumbían a él. En sus apariciones públicas –escribió Alma Guillermoprieto, de modo sucinto– Chávez “es indudablemente fascinante y por momentos entrañable”. A pesar de las limitaciones crecientes a la libertad de expresión y la reciente expropiación de Radio Caracas Televisión (la antigua estación independiente), autores reconocidos como Tariq Ali y Noam Chomsky declaraban que Venezuela era el país más democrático de América Latina –aunque Chomsky sí condenó posteriormente el régimen y el caudillismo–. Siendo ellos mismos indulgentes con Cuba, no objetaban la deriva de Venezuela hacia el modelo cubano. Celebraban, con razón, el descenso en los niveles de pobreza que el régimen había logrado con su política redistributiva, pero no veían el daño que el gobierno causaba a pdvsa y a toda la planta productiva que Chávez estaba en vías de destruir, sentando desde entonces las bases del inmenso menoscabo que hoy padece la población, en particular la más pobre. Esta buena prensa internacional desdeñó las voces críticas (maestros y estudiantes de universidades públicas, antiguos guerrilleros, periodistas, empresarios, líderes religiosos y sindicales, académicos, militares retirados) que advertían lo que vendría. Una de esas voces era la de Ramón Espinasa, que a mediados de 2008 me advirtió: “el derrumbe viene aun si el precio no baja de manera sustancial, porque la inercia de gastar más y más es indetenible. La situación actual es esa: los precios caerán hasta cierto nivel, el gobierno no podrá parar el gasto y la producción no se recuperará: su caída es inexorable. De modo que es cuestión de tiempo: la tormenta perfecta viene”. Pero todavía quedaban cuatro años de bonanza, y Chávez los usaría para gastar más que nunca, llevando los déficits públicos a un 10%. Luego del colapso de los precios y con Maduro en la presidencia, entre 2013 y 2015 los déficits llegaron al 20%.12

Chávez era el alma de la fiesta. Basado en su inmensa popularidad, convocó un referéndum que se llevaría a cabo el 2 de diciembre de 2007, en el que proponía decenas de modificaciones constitucionales para consolidar el Estado socialista venezolano: reelegirse de forma indefinida, acotar la propiedad privada, introducir una “nueva geometría política” (un gerrymandering, en el término estadounidense), consolidar a su alrededor un ejército paralelo, suprimir la autonomía del Banco Central, manejar desde la presidencia (de modo directo y discrecional) las reservas internacionales, establecer un “poder popular” basado en comunas. Era sí o no a todo, pero para su sorpresa los votantes dijeron no. “Disfruten su victoria de mierda”, dijo, prometiendo sacar adelante su proyecto por la vía de decretos. Punto por punto, a lo largo de nueve años, su gobierno y el de su sucesor han cumplido esa promesa.

Se trataba de crear un país federado con Cuba. Desde su juventud Chávez había vivido intoxicado por la versión heroica de la historia (su clásico era El papel del individuo en la historia, de Plejánov) aplicada a Venezuela, y a sí mismo. Se sentía el heredero histórico de Bolívar. Pero su meca era Cuba y su “padre espiritual”, Castro. Tras un viaje a la isla, antes de ser electo presidente, declaró su admiración: “Fidel es como el todo.” En una conferencia de 1999 en la Universidad de La Habana, Chávez profetizó: “Venezuela va [...] hacia el mismo mar hacia donde va el pueblo cubano, mar de felicidad, de verdadera justicia social, de paz.” Al enfermar Castro en 2006, contra la opinión de sus asesores más experimentados, Chávez aceleró su proyecto revolucionario.

Para Cuba, que desde 1959 había codiciado el acceso preferencial al petróleo venezolano, la sociedad con Chávez resultó de un beneficio económico inobjetable. En su mejor momento, en 2013, Venezuela tenía el 44% del intercambio comercial de bienes de Cuba, financiaba el 45% del déficit de dicho comercio, compraba alrededor de siete mil millones de dólares en servicios profesionales cubanos (lo cual encubría un fuerte subsidio), suministraba el 65% de las necesidades de petróleo de la isla, así como crudo para refinar en la planta de Cienfuegos construida con inversiones de Caracas; en su totalidad, la relación económica con Venezuela representaba alrededor del 15% del pib de Cuba.13 Aconsejado por Castro, en una especie de transferencia de la estructura educativa y de salud cubana, en 2003 Chávez instituyó las “misiones” educativas y de salud, confiándolas a cuarenta mil cubanos que atendían directamente a la población pobre.

Los críticos señalaban el abandono de la estructura hospitalaria (centenares de hospitales y miles de puestos de atención ambulantes), el reparto demagógico de títulos, la competencia desleal a los productores y, desde luego, el carácter político de la operación porque, con las misiones, Chávez cobraba su munificencia con sometimiento. Ahora las misiones son un membrete, pero permanece intacto el aparato de inteligencia cubano.

Para convertirse en el líder del socialismo del siglo xxi, para heredar a Castro y ser él mismo “como un todo”, Chávez necesitaba permanecer en el poder hasta 2030, en el doscientos aniversario de la muerte de Bolívar. Pero se trataba de una apuesta más, y la perdió. Afectado de cáncer, tras largos y misteriosos tratamientos en La Habana, Chávez murió en Caracas el 5 de marzo de 2013, poco antes del derrumbe de los precios petroleros que arrastraría también el proyecto confiado al hombre elegido por él para heredarlo, Nicolás Maduro.

Patria o muerte, la novela de Alberto Barrera Tyszka,14 es el perfecto testimonio del gozne entre el chavismo y el madurismo. Transcurre mientras el comandante agoniza. Su título proviene del saludo obligatorio instituido por Chávez a las fuerzas armadas en 2007: “Patria, socialismo o muerte”. Por quince años –rasgo esencial del populismo– nadie en Venezuela hablaba más que de Chávez: su última ocurrencia, declaración o medida. Su enfermedad alimentó aún más esa omnipresencia. Desde la incertidumbre de aquellos meses, los atribulados personajes de la novela apenas tienen vida interior. Uno de ellos, el oncólogo retirado Miguel Sanabria, “creía que la política los había intoxicado y que todos, de alguna manera, estaban contaminados, condenados a la intensidad de tomar partido, de vivir en la urgencia de estar a favor o en contra de un gobierno”. En cambio, para su hermano Antonio, “la Revolución era una droga dura, una suerte de estimulante ideológico, una manera de regresar a la juventud”.

Autor de una excelente biografía de Chávez y experimentado guionista, Barrera ha escrito su novela con el suspenso y ritmo de una serie televisiva. Miguel recibe de su sobrino Vladimir (hijo de Antonio, que ha acompañado a Chávez en La Habana) una caja con un teléfono que debe resguardar sin ver los videos que contiene. Pero más que el terror de ser descubierto por los cubanos, la tortura para Miguel es el diálogo de sordos con Antonio. El contrapunto entre los hermanos representa la polarización de Venezuela, producto del odio ideológico (y casi teológico) sembrado a toda hora por Chávez y sus voceros en los medios e internet. Miguel pone frente a Antonio un cúmulo de datos objetivos: los alimentos que se pudren en los puertos, las ligas de los políticos con el narco, la resurrección del viejo militarismo. Nada lo convence. Los males son herencia del capitalismo, obra de los gringos y la oligarquía. La conciliación es imposible porque para Antonio la Revolución es impermeable a la crítica, una fe cuyas promesas siempre podrán cumplirse en un futuro prorrogable. Descreer de esa fe era ser un “escuálido”, epíteto acuñado por Chávez para descalificar a sus críticos. Miguel era un “escuálido”.

Cuba es el Big Brother del libro: “en un acto de sorprendente sumisión –dice el narrador– el gobierno había cedido a funcionarios cubanos el manejo del sistema nacional de identificación, así como la administración y el control de los registros mercantiles y de las notarías públicas. Se decía [...] que en casi todos los ministerios, incluyendo la Fuerza Armada, se contaba también con la presencia de asesores cubanos”. Así lo comprobaría otro personaje, Fredy Lecuna, un periodista que toma riesgos inverosímiles para escribir una novela sobre la agonía de Chávez, solo para terminar escribiendo el libro que los espías cubanos (que lo han seguido de principio a fin) le ordenan y pagan.

Las mejores páginas exploran los sentimientos colectivos de gratitud hacia Chávez. Una mujer humilde le explica a Madeleine, una periodista estadounidense experta en Max Weber, que ha ido a Venezuela a estudiar in situ el carisma:

Chávez me cambió la vida [...] pero de acá, de la cabeza. Me cambió la forma de pensar, de mirar, de mirarme a mí misma. ¿Que qué me ha dado? Tú dices, ¿en concreto? Cómo te digo. Es que nosotros no teníamos nada, no éramos nadie; o mejor dicho: nosotros sentíamos que no éramos nadie, que no teníamos valor, que no importábamos. Y eso fue lo que cambió Chávez. Eso fue lo que nos dio.

El comandante era uno de ellos, hablaba con ellos y por ellos. “Chávez me enseñó a ser yo y a no tener vergüenza.”

Pero el vínculo tenía también una evidente intención política: apelaba a la religiosidad natural de un pueblo proclive a la fe, la magia y la santería, para manipularlo. Chávez había llevado a extremos escatológicos su identificación con Bolívar al grado de abrir su sarcófago, descubrir sus huesos, ordenar un retrato a partir del adn, y revelar a un Bolívar no criollo sino mulato, como Chávez. Pero, en su agonía, la identificación con el prócer histórico era insuficiente. Había que apuntar más alto.

Madeleine lograría ver a Chávez de lejos, en la última visita del líder a Sabaneta, su pueblo natal. Ahí comprobaría que el carisma es inseparable de lo que Barrera llama “los carismados”, que escuchan arrobados a un Chávez moribundo en quien ven al redentor reencarnado: “Dame vida, Cristo, dame tu corona, dame tu cruz, dame tus espinas, yo sangro pero dame vida, no me lleves todavía porque tengo muchas cosas por hacer.”

Finalmente, el oncólogo Sanabria se atreve a ver las imágenes del celular que resguarda. Son imágenes de Chávez llorando, pidiendo que no lo dejen morir. ¿Por qué la secrecía?, le pregunta Madeleine.

“Porque los dioses no tienen cuerpo. Los dioses no gritan de dolor, no sangran por el culo, no lloran. Los dioses no suplican que los salven. Los dioses nunca agonizan.”

El encargado de que el dios no muriera nunca ha sido Nicolás Maduro. “Sacerdote del chavismo”, lo llama el periodista venezolano Roger Santodomingo, autor de una breve biografía –más bien un reportaje– publicada en 2013 a partir de un par de entrevistas realizadas años antes.15 Nacido en 1962, Maduro recordaba a detalle las escenas de “brutalidad policiaca” que presenció de niño. De joven –además de roquero y beisbolista– mantuvo vínculos con organizaciones de izquierda gracias a las cuales en 1986 pasó meses en Cuba estudiando marxismo-leninismo. Por algún tiempo fue chofer de Metrobús. Aunque en 1993 visitó a Chávez en la prisión, no pertenecía al círculo cercano y pasó casi inadvertido como diputado de la Asamblea. Su vertiginoso ascenso ocurrió a partir de 2006, cuando Chávez lo nombró ministro de Relaciones Exteriores. Rodeado de figuras mayores de las que procuraba liberarse o de militares coetáneos de los que desconfiaba, Chávez necesitaba acercarse a los jóvenes y terminó por reconocer en Maduro a su devoto incondicional. En su gestión diplomática –desplegada en los años de bonanza petrolera– consolidó las alianzas del régimen con los países sudamericanos afines,

Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina. Pero fue la intimidad coCn hávez durante su enfermedad lo que impulsó su carrera hasta la presidencia.

Maduro tuvo un mesías anterior a Chávez. Era Sai Baba, hasta cuyo ashram Prashanti Nilayam o “Morada de Paz” en la India peregrinó con su esposa Cilia Flores, lo que implicaba “una travesía aérea de veinte horas de ida y veinte de vuelta”. Su apego a Sai Baba – que fue gran amigo, admirador y beneficiario del dictador ugandés Idi Amin– explica su uso frecuente de una túnica color naranja, su saludo a la usanza india con las manos juntas frente al rostro y la supersticiosa convicción de una fuerza superior que lo protege. Sin renunciar a esa devoción, Maduro la transfirió a Chávez. Siendo ya vicepresidente y ministro de Relaciones Exteriores, se volvió su vocero, su apóstol. Y, tras su muerte, se erigió en el san Pedro de la iglesia chavista. Con tal manto de santidad, se entiende por qué las revelaciones de la bbc sobre la pedofilia y corrupción de Sai Baba no lo inquietaron, como tampoco la brutalidad policiaca multiplicada de su régimen contra los jóvenes.

“Yo soy Chávez”, dijo Maduro, poco antes de la muerte del comandante. Pero, aunque hablara como Chávez, no era Chávez. El régimen ha perdido cualquier aura religiosa. Es una dictadura que ha declarado una guerra de desgaste y empobrecimiento contra su propio pueblo, forzando su sumisión o su exilio (cerca de dos millones de venezolanos han emigrado en veinte años), en espera de ganar una nueva apuesta: el alza del precio del petróleo. En las elecciones de 2018, que adelantó para abril, el régimen prohibió la participación de los principales líderes de la oposición. Es la historia de un fraude anunciado.

A lo largo de la historia venezolana, llena de guerras civiles y tiranías, los militares han intervenido para introducir cambios radicales. Ocurrió en 1945, cuando entregaron el poder a los civiles y abrieron paso a un breve ensayo de democracia (1945-1948) que prefiguró la etapa de un bipartidismo (1959-1999), que a la distancia tuvo más aciertos que errores, pero cuyo orden se derrumbó para dar paso a la República bolivariana que hoy está en quiebra.

Ahora, incluso esa salida es improbable. “Los militares –me explica Miguel Henrique Otero, director de El Nacional, antiguo periódico que sobrevive con precariedad– están divididos en diversos grupos, unos manejan las empresas públicas, otros tienen vínculos con el narco, otros están en cargos públicos. En 2002 había setenta generales en Venezuela, ahora son mil doscientos, más que en la otan. La tropa gana poco, y en ella cunde la violencia y la deserción. En el ejército no parece haber ya incentivos morales o, si los hay en los mandos medios, quienes los abrigan viven atemorizados por el espionaje cubano. Venezuela se ha vuelto un protectorado de Cuba.” Recientemente, hay que agregar, un militar de la Guardia Nacional Bolivariana, represor de los manifestantes en las protestas del 2017, fue nombrado director de pdvsa.

Aunque el régimen parece tener todo bajo control, el costo humano y material de su propio fracaso puede sepultarlo. “Si la economía se queda como está nos morimos”, afirma Hausmann. No exagera: si la producción petrolera no se recupera, aun con un eventual ascenso de los precios, Venezuela está condenada a la hiperinflación, de la cual ninguna nación (o solo Zimbabue) ha salido viva. Y aunque el libreto cubano (control mediante la escasez) se siga aplicando al pie de la letra, en condiciones extremas de hambre y enfermedad no puede descartarse un estallido social de enormes proporciones.

¿Hay una salida posible? Venezuela podría recuperarse con un cambio de régimen económico que, permitiendo de inmediato la ayuda humanitaria mundial para alimentos y medicinas, negociase una quita sustancial al monto de la deuda, una amplia moratoria al pago de la misma, y con los recursos resultantes comenzara a abrir la compuerta de las importaciones para revivir la producción interna. Y, para ser creíble, este cambio económico tendría que acompañarse con un cambio de régimen político que garantice elecciones soberanas, libere a todos los presos políticos y reconozca a la Asamblea Nacional como la única legítima.

Maduro se negará a esta vía (su único propósito es permanecer en el poder a toda costa), pero el abismo en que ha caído Venezuela es tan grande que con certeza contaría con una solidaridad casi universal. Por desgracia, Estados Unidos, que podría propiciar ese desenlace, pasa ahora por una alucinación colectiva entre carismático y carismados no muy distinta a la del chavismo. A pesar de la solidaridad de los principales países latinoamericanos y europeos, Venezuela está tan sola como la mujer que languidece en uno de los dantescos hospitales de Venezuela: “Un país tan rico, teníamos todo y lo destruyeron. Y lo que falta.” ~

Una versión de este texto apareció originalmente en la New York Review of Books.

1 El software de Smartmatic, la compañía que proveyó el soporte para la elección, dio este dictamen.

2 “Background and recent economic trends”, el reporte de julio del Harvard’s Center for International Development.

3 El salario mínimo mensual en diciembre fue de casi dos dólares.

4 Entre ellas la Organización Mundial de la Salud, el alto comisionado estadounidense de Derechos Humanos, Cáritas Venezuela, Médicos por la Salud y el Observatorio Venezolano de la Salud.

5 Un paquete típico de clap contiene pequeñas porciones de pasta, arroz, leche en polvo y atún enlatado.

6 Concluido en agosto de 2017, este ensayo permanece por el momento inédito.

7 Estrictamente, la producción de petróleo por parte de pdvsa es actualmente de solo 800 mil barriles diarios (mbd). El resto viene de empresas externas con quienes pdvsa mantiene acuerdos. Véase Francisco Monaldi, Venezuela’s oil: Massive resources, dismal performance, Center for Energy Studies, Rice University’s Baker Institute, mayo de 2017.

8 Francisco Toro, “Venezuelan collapse has nothing to do with falling oil prices”: http://on.ft.com/2D0kynC

9 Espinasa y Sucre, p. 79.

10 Francisco Monaldi, op. cit.

11 La bbc, The Guardian, The New Yorker, entre otros.

12 Monaldi, op. cit.

13 Carmelo Mesa-Lago, “Cuba vivirá una grave crisis si termina la ayuda venezolana”, El País, 9 de diciembre de 2015.

14 Alberto Barrera Tyszka, Patria o muerte, Barcelona, Tusquets, 2016.

15 Roger Santodomingo: De verde a Maduro. El sucesor de Hugo Chávez, Bogotá, Debate, 2013.

http://www.letraslibres.com/mexico/revista/la-destruccion-venezuela

 23 min


Víctor Jiménez Ures

Le invito a reflexionar sobre los siguientes puntos:

1. ¿EL DÓLAR PARALELO FUE DERROTADO POR EL PETRO?

Ante todo, debemos tener en cuenta que el precio del dólar paralelo no está bajando por obra y gracia del Petro, como nos han querido hacer ver; sencillamente, para estas fechas todas las empresas y los comerciantes están concentrados en las declaraciones tributarias, y por tanto, son pocos los que están buscando dólares en el mercado negro, paralelo, o como quieran llamarle. En efecto, si revisamos los índices históricos de cotización, encontraremos que, desde hace varios años, durante los meses de febrero-marzo, la demanda de dólares tiende a bajar, y por tanto (ley de mercado) el precio también.

En efecto, el mercado opera como la naturaleza, (muchas veces en su cara más cruda), y basta observar su comportamiento para entenderle e incluso lograr predecir sus ciclos. En este contexto, desde una perspectiva meramente estratégica, y enfocada en la publicidad engañosa, no puede menos que reconocerse el innato talento para el mal que tienen los agentes de la dictadura, pues sin dudas, elegir para el lanzamiento del Petro, justamente las fechas en que históricamente el dólar negro tiende a caer, no puede menos que calificarse como “ingeniosamente oportunista”.

2. PETRO EN LA TEORÍA.

Se trata de una Criptomoneda, cuyo principio general es “La Confianza”, pero que además, se ve respaldada por las enormes reservas petroleras de Venezuela, específicamente por 5.342.000.000 de barriles del campo N° 1 del Bloque Ayacucho de la Faja Petrolífera del Orinoco, cuestión que supuestamente la hace muchísimo más fiable.

3. PETRO EN LA PRÁCTICA. LOS BARRILES

Ya se dijo que la base fundamental del Petro es el petróleo, sin embargo, no es que se trate de barriles pintados de rojo almacenados meticulosamente en un galpón, nada más alejado; la verdad es que esos “barriles” están en el subsuelo esperando a ser extraídos. Así las cosas, la falta de inversión y la escasez de personal calificado para dirigir el rumbo de la Estatal petrolera venezolana, PDVSA, ha traído como consecuencia la dramática caída de la producción de barriles de petróleo.

Siendo breves, en 1998, la capacidad de producción diaria de barriles de petróleo era de 3.500.000, y a la fecha, en lugar de haber aumentado, declinó alarmantemente a la mitad. En números, podemos decir que en diciembre del 2017, la capacidad de producción petrolera de Venezuela cayó a 1.621.000 de barriles diarios, lo cual representa su registro más bajo en tres décadas.

No obstante, debemos diferenciar entre producción y capacidad de producción, que se parecen, pero no son lo mismo, y en el caso de la economía internacional, son “sutilezas” que explican el éxito o el fracaso de una nación. Como sabemos, guste o no, la economía internacional se rige por las leyes de mercado, capitalistas y salvajes, y justamente en esas aguas el fallecido presidente Hugo Chávez, que en paz descanse, se hizo famoso como uno de los especuladores y acaparadores más influyentes del siglo XXI. Fue justamente Chávez quien operó políticamente a todos los países de la OPEP para recortar la producción petrolera, generar escasez y por tanto propiciar el alza de los precios del petróleo.

Para esos días Venezuela tuvo su época de vacas gordas, todos los países árabes bajaron la producción de petróleo y el precio del barril se disparó; de cierta forma, fue Chávez quien inició el bachaqueo, pero a gran escala. Ahora bien, en una economía sanamente planificada los países deben ser previsivos, tomar en cuenta sus ingresos y egresos, y de esta forma planificar sus márgenes de inversión y ganancia en los diferentes sectores de la economía nacional. Es justo en este punto donde la dictadura bolivariana erró dramáticamente, y es que todas las divisas que entraron fueron gastadas en “Inversión social” (eufemismo para definir el chantaje político al pueblo) o desaparecieron misteriosamente en negocios sombríos con empresas de maletín, y poco o nada se empeñó en el mejoramiento y modernización de la industria petrolera. Amén de los despidos masivos de los que fueron víctimas aproximadamente 20.000 trabajadores experimentados en el año 2002, sustituyéndoles en su mayoría por personal sin capacitación ni experiencia, casi siempre en el marco del nepotismo y el clientelismo político.

En este orden de ideas, cuando la marea económica internacional cambió, y el barril petrolero bajó de precio, la gran mayoría de los países de la OPEP, aunque resintieron el golpe, salieron a flote sin mayor problema, pues habían invertido en su capacidad de producción, así, aumentaron la extracción de barriles diarios y compensaron las pérdidas generadas por los precios bajos; Venezuela, en cambio, no logró ponerse al día con las cuotas de producción diarias, y viéndose rezagada, inició su carrera al abismo.

En este punto, es menester recalcar que gran parte de nuestro petróleo es pesado (mala calidad) y resulta imprescindible refinarlo a través de aditivos químicos o mezclándole con petróleo liviano, a los efectos de su óptima comercialización. Más concretamente, Venezuela tiene en sus reservas 316.000.000.000 de barriles, de los cuales 40.000.000.000 son de crudo liviano. Sin embargo, los costes de extracción son tan elevados (y más ahora que no tenemos divisas y el deterioro de las maquinarias es tan agudo) que nuestro país se ha dado a la tarea de comprar petróleo a otras naciones pues les resulta más rentable… sí, PDVSA compra petróleo…humillante.

Otra desgracia para PDVSA: Casi no tenemos capacidad para refinar nuestro propio petróleo, y la poca que tenemos irá disminuyendo con el pasar de los meses. Los constantes accidentes en la refinería de Paraguaná dan fe de la falta de mantenimiento y el progresivo deterioro de los complejos refinadores que, tristemente, no son prioridad para la dictadura, en tanto que, los pocos ingresos que le entran, se destinan a la manutención de su gigantesca administración pública y demás chantajes sociales, como lo es el CLAP. Debe tomarse en cuenta que el 40% de los barriles obtenidos tan precariamente, le son arrebatados a la Estatal petrolera venezolana para cumplir los acuerdos políticos alcanzados con China y Rusia.

Dado que la dictadura se dedicó a desmantelar sistemáticamente el sector privado de Venezuela, debe resaltarse que nuestra malhadada PDVSA genera el 95% de los ingresos en moneda extranjera que recibe Venezuela, y que éstos no son suficientes. Es por ello que Nicolás Maduro ha debido romper el cochinillo y apelar a nuestras reservas Extranjeras, que ya en agosto del año 2017 había tocado su punto más bajo en 40 años, ubicándose en aproximadamente 9.228.000.000 de dólares, que parece mucho, pero para un país, es alarmante.

En resumen, PDVSA está al borde de la ruina, y cada vez tiene menos posibilidades de sacar el petróleo que sustenta al Petro. Aunque quisieran, Nicolás Maduro y su combo no pueden invertir en el sector petrolero, pues deben concentrar los pocos recursos que les llegan en tapar los baches que a diario se multiplican. Dado que están aferrados al poder y se han caracterizado por la nefasta política del “Como vaya viniendo vamos viendo”, todo indica que sus movimientos naturales irán encaminados a hipotecar el país entero a China o Rusia, enfocados en el presente, y sin pensar en el futuro.

LA CONFIANZA

Baste decir que la agencia de calificación S&P Global Ratings rebajó siete calificaciones de bonos globales de Venezuela desde CC a D (default), específicamente se trataba de los bonos que vencen en 2018, y una en cada uno de los siguientes años: 2022, 2027, 2031, 2034 y 2038, de los cuales vencerán pagos de cupones durante el primer trimestre de 2018. Según esta agencia, su decisión se basó en que no tiene expectativas de que la dictadura venezolana realice los pagos oportunos de sus cupones, como ocurre con otros desde noviembre de 2017. Es decir, a nivel de economía internacional, la Venezuela de Nicolás Maduro es considerada “Mala Paga”, justamente eso es lo que significa que un país entre en Default. De hecho, Venezuela adeuda más de 500.000.000 de dólares en cupones cuyo periodo de gracia ya venció.

Por lo anterior, no se puede hablar de la Venezuela chavista como un deudor confiable, y en razón de ello, poner dinero en sus manos es literalmente echarlo a la basura…nunca lo pagarán. En caso de dudas, pregúntenles a los cubanos, que le embargaron a PDVSA su participación en la Refinería Cien Fuegos (Cuba) como compensación a la falta de pagos que acumulaba Venezuela… ¿Qué diría Chávez de esto?

LA REALIDAD

Si algo ha caracterizado a la dictadura es su nefasto manejo de la economía, y de esta forma, ante la escasez y la inflación, opta por elevar los salarios e imprimir más dinero inorgánico, lo cual, desde luego, empeora las cosas. En este mismo sentido, pareciera que se decantaron por reeditar la receta, sin embargo, dado que no tienen una maquinita para imprimir dólares, han optado por inventarse el Petro: una moneda imaginaria.

Resulta alarmante el solo hecho de pensar que, ante la falta de divisas extranjeras, la dictadura comience a pagar con Petros, no tanto para propiciar su movimiento en el mercado, sino para suplir su liquidez efectiva de capital. En efecto, los Petros no son canjeables por los barriles de petróleo que en teoría les sustentan, ni por dólares del Estado, los Petros son Petros y ya.

Quien compre Petros, solo podrá gastarlo en mercados que acepten Petros… y en vista de la situación internacional de Venezuela, no han de ser muchos…

Todo indica que el plan es desplazar al bolívar y a los bonos soberanos, que ya nos les sirven, y tratar de imponer una nueva moneda de curso que, además de imaginaria, posiblemente termine destruyéndose por su poca fiabilidad, así como el uso abusivo y desesperado que le darán.

Atentos, este es el único gobierno que se inventa una guerra económica imaginaria… y la pierde.

@VAJimenez1

La Patilla

Marzo 2, 2018

 7 min


El respeto a la dignidad humana, la paz y la libertad son elementos que integran el valor de la justicia.

Una sociedad sin justicia pisotea la dignidad humana, cierra el camino a la paz y desconoce el bien fundamental de la libertad. Todos aspiramos a que se haga justicia, a que los conflictos entre los seres humanos y las ofensas a quienes han sido agraviados en su dignidad sean reivindicados y que hombres y mujeres, auténticos árbitros imparciales, entre posiciones contrapuestas y pedimentos en debate vean la luz de un dictamen que resuelva la confrontación con estricto apego a la ley.

Si no hay justicia no hay sociedad, no hay Estado, no hay nación. Impera sin más el poder de bandas criminales que imponen sus “normas” y dictaminan según su voluntad.

En Venezuela no hay ley, ni Constitución y la única norma de vigencia absoluta es la venganza ejercida sin medida contra el adversario de turno.

La justicia no se impone, no se decreta, no se plasma en instrumentos que copian disposiciones que sirven en otras partes para que se revele su auténtico valor.

Responder a quien pregunte si tiene razones para actuar sin temor a contrariar la ley o ser sancionado por transgredirla es un simple ejercicio académico. Quien respeta la ley y es celoso de su más fiel instrumento puede ser inculpado, condenado y quien viola las normas, se apropia de bienes públicos y maneja los hilos corruptos del sistema, es recompensado y reconocido socialmente.

No hay ley. Sus prescripciones no están inscritas en el corazón del venezolano común, aunque se acomodan en sus amplios bolsillos.

El transgresor nato es una herencia nefasta que hemos heredado de una tesis determinista. El vivo, el pájaro bravo, el que conoce los trucos del poder y se une al que triunfa porque no puede vencerlo aunque sea tramposo y despreciable, es una figura que no está ausente de nuestra vida y tradición republicana.

25% de la población –revolucionarios de corazón– no está con el gobierno. Muchos más se cobijan bajo el manto del poder y se unen al que hace inmensos negocios al amparo de la “ley y el orden”, para mantener la apariencia de un Estado de Derecho y de justicia, aunque se quejan por igual del injusto régimen que nos gobierna. No tenemos malos gobernantes; tenemos aprovechadores de oficio que viven a expensas del régimen.

Pero un sector mayoritario de la población, pobres, de clase media y representantes de altas esferas del poder económico, están dispuestos a cambiar y a contribuir a que se rescaten las bases de una verdadera democracia en la que creyeron hombres honestos que dieron su vida por Venezuela.

Eso sí, el primer compromiso, contra todos, es sentar las bases, por primera vez en la República, de un sistema de justicia que se encarna en hombres y mujeres dignos, dispuestos a ofrendar su vida por el imperio de la ley. “El mundo es del hombre justo”, fue la acertada respuesta de Vargas ante la barbarie y el atropello del desarmado que cultiva la violencia.

aas@arteagasanchez.com

El Nacional

05 de marzo de 2018

 2 min


El fracaso de las conversaciones mantenidas en República Dominicana entre los representantes de un sector de la MUD con los del gobierno de Maduro, por una parte; y por la otra, el hecho de no haberse logrado un acuerdo entre las fuerzas opositoras, fueron determinantes para que estas no se presentaran unidas ante la oferta electoral del régimen encabezado por Maduro. Mientras la gran mayoría se inclinó hacia la no participación, un grupo minoritario de partidos políticos decidió postular candidato. En tal sentido, diversos y respetables factores de la sociedad, entre los cuales estuvo Vanguardia Popular (VP), hicimos un llamado en relación a no permitir que esto ocasionara mayores fracturas a la unidad y a continuar luchando conjuntamente para lograr unas elecciones libres y transparentes, como alternativa de salida pacífica y democrática a la gravísima crisis que agobia a nuestro país; reconociendo y respetando los distintos caminos tomados ante la coyuntura electoral. Sin embargo, y haciendo caso omiso a estas exhortaciones, algunas personalidades que fungen como dirigentes políticos, arremetieron públicamente con insultos y descalificativos contra los candidatos y las organizaciones que, con todo derecho y según su propio criterio, los postularon. En esta faena fueron acompañados en las redes sociales, de manera entusiasta, por los llamados “guerreros del teclado”.

El 1° de marzo las organizaciones postulantes firmaron un acuerdo con el gobierno, que fue refrendado por los candidatos al día siguiente, y según el cual se posterga la fecha de las elecciones presidenciales para el día 20 de mayo, cuando además, se llevarán también a cabo los comicios relativos a Consejos Legislativos y Concejos Municipales. Asimismo, se conceden algunas de las garantías que fueron solicitadas anteriormente en el llamado diálogo de Santo Domingo. La firma de dicho pacto ha sido hábilmente utilizada por el oficialismo para intentar restar argumentos a los factores que se han negado a participar en el proceso electoral, y para ampliar aún más las fisuras existentes en el campo de la oposición.

Como parte del escenario actual, se han puesto sobre el tapete las propuestas que plantean la necesidad de darle forma y contenido a la tantas veces reclamada “unidad superior”; es decir, aquella que trascienda a la MUD, a los partidos y a la misma oposición “tradicional” para darle cabida a otros sectores de la sociedad civil y a los llamados grupos disidentes del madurismo. Es así, que entre tales propuestas surge la del llamado Frente Amplio; pero hasta ahora, sin mayores precisiones y definiciones al respecto.

En tal sentido, los factores más identificados y consecuentes con esta idea, debemos asumir el reto y el compromiso de impulsar y construir este frente como una estructura amplia, democrática y combativa que pueda aglutinar, con todas sus contradicciones, a la gran diversidad de factores políticos y sociales enfrentados al actual régimen y convencidos de que la superación de la crisis pasa indefectiblemente por el desplazamiento de Nicolás Maduro de la presidencia de la república.

Es por ello, que Vanguardia Popular (VP) ratifica los planteamientos que hiciera públicos anteriormente, al momento de tomar partido sobre las elecciones presidenciales propuestas por Maduro (Comité Político Nacional de Vanguardia Popular. Caracas, 15 de febrero 2018):

En consecuencia, la mejor decisión será aquella que sea el fruto de la más amplia consulta, del más amplio consenso y del más sólido respaldo, por una parte. Y por la otra, aquella que no se conforma con definir una política concreta para este proceso electoral, sino que se inscribe dentro de una estrategia más general cuyo objetivo principal es derrotar al régimen hambreador, corrompido y criminal encabezado por Nicolás Maduro.

Este movimiento debe ser la concreción de la unidad superior de la que tanto hemos hablado sin dar un paso para su materialización, de la gran unidad nacional que todos suscribimos pero que nadie convoca ni organiza definitivamente. Un movimiento unificado para luchar por unas elecciones genuinamente democráticas, transparentes, justas, con garantías plenas e igualdad de condiciones para todos los factores que concurren; sin manipulaciones ni coacción del elector; unas elecciones, en fin, que sean expresión fiel de la libre voluntad de los ciudadanos.

“El complemento de esta política es la formulación de un programa mínimo para enfrentar la emergencia nacional que sufre la nación y la suscripción de un acuerdo para la conformación de un Gobierno de Unidad Nacional de amplia base política y social, sin exclusiones ni hegemonismos, expresión de los mejores intereses nacionales, populares y democráticos y orientado a brindar progreso y bienestar para todos”.

Finalizamos haciendo un llamado urgente a fin de concretar la Unidad Nacional tantas veces invocada: partidos y organizaciones políticas de todas las tendencias, incluida la disidencia chavista; sindicatos y asociaciones de productores, gremios profesionales y organizaciones vecinales y comunitarias, academias y demás sectores del mundo universitario, movimiento estudiantil y defensores de los derechos humanos, iglesias de todas las religiones, personalidades e individualidades del quehacer científico, cultural e intelectual del país; en fin, llamamos fraternal y respetuosamente al país decente y trabajador, progresista y democrático, a discutir esta propuesta y a trabajar mancomunadamente y con la urgencia del caso alrededor de los propósitos aquí señalados. Proponemos acompañar al pueblo en sus reclamos a través de un centro coordinador y articulador de la protesta social. A los jóvenes y nuevos votantes los invitamos a inscribirse masivamente en el Registro Electoral y a la comunidad de venezolanos en el exterior le sugerimos sincronizar una movilización mundial hacia todas las embajadas y consulados de Venezuela, a fin de exigir el derecho que les asiste a participar en la decisión de los destinos de la Nación”.

Maracay, 3 de marzo 2018

Secretario General de Vanguardia Popular (VP)

Estado Aragua

vanguardiapopulararagua@hotmail.es

@hectorjsanchezj

 4 min


​José E. Rodríguez Rojas

La política económica de Nicolás Maduro ha generado un desastre social el cual se ha reflejado en los resultados de la Encuesta de Condiciones de Vida del año 2017. La pobreza se ha incrementado entre al año 2014 y el 2017 e involucra ya al 87% de la población. La población en pobreza extrema representa el 62%, casi dos terceras partes de la población. En relación a la situación alimentaria ha habido un deterioro de la dieta en cantidad y calidad. Los programas de asistencia alimentaria, como las bolsas CLAP, no han tenido ninguna incidencia en esta situación. El régimen socialista de Maduro ha terminado por acentuar la desigualdad e inequidad en la alimentación, con un 80% de los hogares en situación de inseguridad alimentaria.

El primer ministro de economía del presidente Chávez, Felipe Pérez Martí, señaló que las políticas económicas de Nicolás Maduro están conduciendo a un desastre social. La palabras de Pérez Martí fueron proféticas, pues eso es lo que estamos viviendo desde hace algunos años, debido al creciente proceso inflacionario generado por las políticas económicas gubernamentales, el cual ha destruido el poder de compra de la población. A fin de caracterizar este desastre social, utilizaremos las cifras de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) del año 2017. La ENCOVI ha sido impulsada por las principales universidades del país (USB, UCV y UCAB) desde el año 2014 a fin de hacerle seguimiento a fenómenos como la pobreza y la situación alimentaria.

En cuanto a la evolución de la pobreza se refiere, se evidencia que la misma aumentó entre el año 2014 y 2017. Pasó de 48,4% en el 2014, a 87% en el 2017. En un contexto de inflación desbordada, como el que atravesamos desde el año pasado, casi toda la población venezolana está en situación de pobreza, es decir, el ingreso que perciben es insuficiente para adquirir la canasta básica de bienes y servicios que se ha vuelto inaccesible (ver cuadro 1).

Cuadro 1. Evolución de la pobreza en Venezuela

Años

2014

2015

2016

2017

Pobreza (no extrema)

24,8

23,1

30,3

25 ,8

Pobreza extrema

23,6

49,9

51,5

61,2

Pobreza total

48,4

73,0

81,8

87,0

Fuente: Encovi 2017 (Disponible en: www.ucab.edu.ve)

La pobreza extrema, constituida por la proporción de la población cuyo ingreso es insuficiente para adquirir la canasta alimentaria, se ha incrementado de 23,6% en el 2014 a 61,2% en el 2017. En otras palabras, casi las dos terceras partes de la población no obtuvieron un ingreso suficiente para adquirir la canasta alimentaria el año pasado (ver cuadro 1).

El ex presidente Chávez instrumentó una política de protección social que involucró a los programas de asistencia alimentaria como Mercal y las llamadas misiones. Las misiones fueron de escasa cobertura y el programa Mercal fue realmente el que tuvo un impacto importante por la proporción de la población que benefició. Todos estos programas han desaparecido en los años recientes y han sido sustituidos por las llamadas bolsas CLAP. En la mayoría de los hogares y del territorio nacional, las bolsas CLAP no constituyen un complemento alimentario y nutricional de importancia pues no es recibida en forma periódica.

La gran mayoría de los entrevistados (89%) manifestaron que el ingreso familiar es insuficiente para la adquisición de alimentos dentro y fuera del hogar. Debido a la carestía de la comida y la insuficiencia de los ingresos para adquirirla, dos terceras (2/3) partes de la población manifestaron que han recortado sus comidas o se han visto obligadas a saltarse una de la tres comidas diarias. Casi dos terceras partes manifestaron que se han acostado con hambre porque no han tenido dinero suficiente para comprar alimentos. La población que ingiere 2 o menos comidas al día se incrementó de 3,5 millones en el 2015 a 8,13 millones en el 2017.

En cuanto a la calidad de la dieta, ésta se ha deteriorado sensiblemente. La harina de maíz enriquecida ha perdido su rol en la dieta y ha sido sustituida por otros alimentos de menor calidad nutricional. La dieta se centra en arroz, maíz y harina de trigo, es decir, en carbohidratos. El rol de las hortalizas se ha reducido, al igual que el de las frutas y los lácteos, lo cual ha implicado una menor ingesta de micronutrientes como el hierro y de proteínas de alto valor biológico. En consecuencia, la dieta se ha deteriorado en cantidad y calidad, y es “anémica” por la disminución de la importancia de los micronutrientes.

Es paradójico que un proyecto socialista haya terminado por acentuar la desigualdad e inequidad en la alimentación, con un 80% de los hogares en situación de inseguridad alimentaria. Entendiendo la seguridad alimentaria como la capacidad de las personas de acceder a los alimentos básicos requeridos para una alimentación adecuada, 80% de los hogares ven este acceso limitado por su precaria capacidad de compra, la cual ha sido destruida por la inflación desbordada impulsada por las políticas gubernamentales.

Profesor UCVj

josenri2@gmail.com

 3 min


Con voz propia

En pasada columna enunciamos candidatos presidenciales oportunistas y subsidiados (o los dos a la vez) que hacen juego al régimen. Nicolás Maduro hace suyo refrán a la quinta va la vencida, refiriendo número de aspirantes. Que el lector clasifique:

Javier Bertucci: pastor evangélico a quien implican en Panamá Papers. Sería dueño de Constructora Bertucci y director de Biometrix-Med Equipment Corp.

Otro pastor evangélico: Luis Alejandro Ratti, vinculado a narco dictadura hasta el 2016.

Reinaldo Quijada auto definido como opositor a NM pero defensor de la “revolución”, columnista del portal web Aporrea.

Francisco Visconti, General ® que participó en golpe del 27 noviembre 1992 y fracasado huyó en avión de la FAV al Perú.

Manzana de la discordia resulta Henri Falcón, ex Gobernador de Lara, chavista hasta el 2010 cuando pasó la Oposición. MUD lo excluye por lanzarse unilateralmente al proceso comicial que esta rechaza por ausencia de reglas claras.

En la postulación le apoyan su partido Avanzada Progresista, MAS y una tendencia del Copei.

A propósito de su apellido, se recuerda caricatura del periódico El Jején de Caracas, en 1868: “Los presidiarios conduciendo al Gran Reo”. En ella figura el expresidente Juan Crisóstomo Falcón.

Al ahora candidato lo caricaturiza el exministro de Interior, Miguel Rodríguez Torres: “Falcón vs Maduro=Yo con yo”. Insinúa que ambos representan los mismos intereses.

Desvaríos de HF, lo llevó a cotizar la baja tras su postulación, considera Félix Seijas Rodríguez, director de Delphos.

Ojalá HF haga efectiva la promesa que de no cumplirse acuerdos replantearía su participación electoral.

El mundo sigue preocupando esas elecciones pues "sólo se puede esperar un fraude monumental", opina Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura.

“Hay gente tan ingenua como el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, quien "invoca a venezolanos a votar y a prestarse a una mentira tan flagrante".

Un régimen que desgobierna y una oposición que le circunda.

La adeca Laidy Gómez, gobernadora del Táchira, que lideró a colegas mandatarios del partido para relegitimar la fraudulenta Constituyente, llama a votar en cuestionado proceso.

Unión Europea exige garantías para elecciones libres, transparentes y creíbles. Con 27 países de la institución, pasan de 50 los que acentúan inquietud: Canadá, EEUU que prorrogó Emergencia Nacional sobre Venezuela porque su régimen sigue “erosionando garantías de ddhh”; 14 del Grupo de Lima; Reino Unido, Macedonia, Montenegro, Albania, Bosnia, Islandia, Liechtenstein, Noruega, Ucrania, Moldova y Georgia.

"Hay decisión de todas las democracias del mundo de apoyar al pueblo venezolano por todas las vías para restaurar la libertad, la democracia. Venezuela se ha convertido en problema interno, no sólo por las migraciones, sino por la corrupción, desestabilización democrática, el tema del crimen organizado, de lo que significa apoyo de grupos irregulares", puntualizó el ex Presidente del Parlamento Julio Borges (Primero Justicia) al Clarín, el diario con mayor tirada de la Argentina.

Quienes fueron aliados de NM, rechazan su actuación.

"Es preciso pensar en la economía de Venezuela porque necesita abastecimiento, generar empleo, industrializarse y no puede permitirse el error de aislarla", expresó Lula da Silva, ex presidente de Brasil.

Convencido de su ratificación está NM: “Si el pueblo no valorara la lucha y el esfuerzo nuestro no estaríamos punteando encuestas”

Para él, canal humanitario y migración son campaña sucia. En su doctrinario juicio la crisis humanitaria se evidencia en restaurantes del Este caraqueño donde se consumen garrafas de whiskey.

En la Venezuela invivible implantan comicios que prometen un territorio invisible.

Al MARGEN. Como premio a los humillados seguidores NM con el carnet compra conciencia de la patria les prometió bono de Bs. 700 mil por temporada de Semana Santa.

jordanalberto18@yahoo.com

 2 min