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Opinión

Ascensión Reyes R

Independientemente de la decisión que adopte la Mesa de la Unidad Democrática en cuanto a participar o no en las elecciones presidenciales del 22 de abril, los analistas políticos consideran que lo importantes es que la oposición tenga una estrategia común y unitaria que permita que acciones que presionen al Gobierno

Carmen Beatriz Fernández, consultora política de Dataestrategia, destaca que puede haber buenas razones para participar y para no hacerlo. Advierte que lo peor que puede pasar es que algunos actores decidan participar y otros no. “Como es el peor escenario para la unidad evidentemente es el mejor de los escenarios para el oficialismo o el madurismo. Van a jugar a que haya actores que participen y otros que no lo hagan. Actores que inviten a votar y otros no, y que ese sea el rasgo característico que termine dividendo a la oposición”.

Sostuvo que la conclusión de la mesa de negociación entre el Gobierno y la oposición no tuvo como resultado un final deseable, porque no fue ganar ganar, pero si es de resaltar que dentro de la MUD hubo una postura unitaria. “Hubo un espíritu de cuerpo, en el cual no pasó a lo que el régimen apostó como por ejemplo que un Luis Aquiles Moreno (AD) firmara una cosa y Julio Borges (PJ) diciendo que no firmaría. “La unidad es muy importante y el hecho político en República Dominicana terminó siendo positivo para la unidad”.

Dentro de su análisis, afirma que se puede manejar la abstención como una participación electoral activa. “Como un mecanismo de protesta. Lo fundamental es que se haga con espíritu de cuerpo y se mantenga la unidad”.

Está claro, dijo, que habrá actores participando quizá Leocenis García o el embajador Julio César Pineda, pero resaltó que lo importante es que dentro de los partidos más importantes de la MUD no haya outsiders o aventureros.

Personalmente, es partidaria de votar. Razonó que hay que participar cada vez que se tenga la oportunidad. “Votar en dictaduras es posible, pero tiene unas características particular y el elector las debe saber. No se puede asumir con la alegría de la fiesta electoral, porque el proceso es distinto. Evidentemente se tiene lo que se llama la cancha inclinada. Un juego de futbol en que la cancha está en una pendiente y hace más fácil que los goles entren para el equipo del Gobierno”.

Fernández afirmó que el sistema electoral venezolano con los últimos ajustes que se han hecho se ha convertido en un sistema de opresión social. “La última vuelta de tuerca que se le dio al sistema electoral digamos que esa cancha inclinada ya no es inclinada, sino prácticamente vertical y a la oposición le toca estar abajo y lo que hace imposible que se meta gol arriba donde juega el adversario gobiernero”.

Pese a esta circunstancia opinó que aún así es posible participar electoralmente como un mecanismo de agitación social y activación democrática. “El hecho que se esté en dictadura, como en el caso venezolano, no tiene que decirse que se hayan perdidos los hábitos democráticos y la capacidad y el entusiasmo democrático. La cultura democrática está muy instaurada en los venezolanos”.

Describió que un sistema electoral saludable cumple con una máxima, una condición rígida y resultados desconocidos. “Normas ciertas resultados inciertos. El sistema electoral venezolano tiene cada vez más normas flexibles, que cambian minuto a minuto, y el resultado es predecible: La reelección de un presidente tremendamente impopular, porque es una elección hecha a la medida del traje del dictador que está estrenando Maduro. Con esas condiciones de entrada se puede llamar a votar, pero sin engañar al electoral. Esa es parte del reto”.

Acciones para originar presión

Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, coincidió con Fernández. El punto central no es: votar o no, sino que la decisión que se tome forme parte de un plan u hoja de ruta para empezar la transición. “Una transición que acerque a los venezolanos a sus deseos de cambio. Si se participa y eso forma parte de ese plan será un acierto y si no, un desacierto y se repetirán los errores de 2017”.

El encuestador apunta que en ese plan debe existir unidad en ese bloque político cohesionado para generar acuerdos y que sean cumplido por todos. Y si se logra eso para esta elección será un acierto.

Puntualizó que si se decide participar, se debe tener claro que el objetivo no es solo ganar los comicios, sino tener una repuesta clara que servirá de pivote para acciones que origine más presión al gobierno. “Para ganar la oposición tiene que dividir las cosas en dos: tendrá que llevar más votantes que el Gobierno y tendrá que rescatar la confianza en el liderazgo que lo convoca. Además, mostrar al país las posibilidades que tiene de hacer algo pese a las condiciones adversas en las que compite. Gane o no tendrá como reclamar. Sin tumbar esas dos barreras se darán resultados desfavorables”.

Apunta que la pregunta es: ¿Puede el CNE declarar ganador a un candidato opositor que logre lleva más votos que el Gobierno? Él mismo responde: “A la luz de las condiciones actuales es difícil. El Gobierno hará movimientos y habrá condiciones que no garantizarán que el resultado sea respetado”.

Sobre la abstención observa que también debe responder a un plan más amplio. “Un plan de no reconocimiento a una elección ilegítima y que va en contra de los principios elementales. Ese resultado ilegítimo puede alinear a la comunidad internacional para no reconocer ese triunfo y eso le traerá más problemas al Gobierno porque no solo será la ANC ilegítima sino también un Ejecutivo ilegítimo”.

La abstención como mensaje político

Francine Jácome, directora del Instituto Venezolano de Estudios Sociales y Políticos, sopesa que la decisión de participar o no en las presidenciales es difícil de tomar por el clima de incertidumbre que se vive. Si bien observa que las condiciones existentes son adversas para el voto porque llevan directamente a la reelección de Nicolás Maduro también, señala que la abstención históricamente no ha rendido ningún fruto en Venezuela.

Recordó que la no partición en 2005 dio como resultado una Asamblea Nacional totalmente dominada por el oficialismo y que los más recientes resultados fueron una ANC también en manos del chavismo y la mayoría de los municipios copados por esta corriente.

Para ella también, lo más importante es que la oposición logre diseñar una estrategia unitaria de mediano plazo. “Si nos vamos a abstener cuáles son las alternativas y mensajes a los ciudadanos y cuáles son los resultados de esa abstención. Si se decide participar habrá divisiones serias que debilitarán más a la oposición. ¿Cuál es la estrategia que sea unitaria que vaya más allá de los intereses de los partidos y personales? Si no hay estrategia unitaria será muy difícil el panorama en e futuro”.

Destaca que con la estrategia unitaria se podría enfrentar el fraude siempre y cuando esté bien documentado. “Fue un error cantar fraude en las elecciones de gobernadores cuando con excepción del estado Bolívar no se pudo demostrar. También, es necesaria la organización para cubrir las mesas electorales en esos comicios 60% de ellas estaban sin testigos de la oposición. Si se participa sin organización será difícil documental el fraude. Una cosa es votar y otra cosa, es elegir”.

Está de acuerdo con la abstención si se trata de una acción coordinada y hay una estrategia alrededor de ella que demuestre que no existen las condiciones para elegir, que no es una elección que cumple con los parámetros mínimos de universalidad y libre. “Pero lo importante de esa estrategia es demostrar porque se abstiene la ciudadanía. Habría qué ver las personas que se van a abstener. Que sea más bien una abstención organizada con un mensaje político, no individual de yo no voy a votar”.

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Roberto Casanova

I
Un país por reconstruir

1. La situación actual de Venezuela requiere, a quienes continúan bregando por un mejor país, alternar la acción pública entre dos modos: el modo rebeldía que impulsa a rechazar, en cualquier contexto, a la dictadura que oprime, roba y empobrece, y el modo reconstrucción que incita a emprender la forja de un porvenir de libertad, justicia y prosperidad. No son modos excluyentes. De hecho, se precisan mutuamente. La lucha por desalojar del poder a la minoría usurpadora será fortalecida si se prefigura, con acciones y palabras, el futuro deseable. Pero ese futuro no llegará si esa rebeldía no tiene éxito hoy. Y aunque es cierto que en diversos contextos la reconstrucción empezará propiamente después de la dictadura, incluso allí el diseño de los cambios necesarios y el desarrollo de capacidades para materializarlos tienen que comenzar ahora.

2. Venezuela es un caso inaudito de una sociedad que, sin haber vivido un conflicto bélico, presenta los síntomas característicos de una posguerra. La capacidad destructiva del socialismo, agravada por la rapacidad, la arrogancia y la incompetencia de los grupos que monopolizaron el poder, tiene en Venezuela un caso que pasará a los anales de la historia. El sufrimiento humano ocasionado por la revolución, en su intento de implantar un proyecto neocomunista, es inconmensurable y la tarea de la reconstrucción será enorme. Esta demandará lo mejor de los venezolanos: inteligencia, magnanimidad, fortaleza. También les exigirá claridad en el diálogo de las ideas.

II
La vigencia del debate doctrinario

3. En ocasiones se argumenta que el país no necesita más diagnósticos y que las soluciones a sus problemas son evidentes, que no es tiempo de debates doctrinarias. Esto es un error. Basta preguntarse, solo como ejemplo, si acaso son equivalentes una política orientada a regular directamente el proceso económico a una política destinada a promover el orden macroeconómico y la libre iniciativa privada. O, de manera similar, si no hay diferencia entre una política social basada en una supuesta justicia redistributiva a una política social que ayude a las personas a desarrollar sus capacidades productivas. En estas opciones subyacen distintas visiones de la sociedad, de la economía, del Estado. En otras palabras, diferentes doctrinas económico políticas.

4. En realidad, cada política pública o cada cambio institucional se apoya, inevitablemente, en una interpretación de la realidad, una valoración de prioridades, una escogencia de medios. El ejercicio del poder no es reducible a un asunto de técnicas y de gerencia. El debate entre doctrinas es una dimensión inseparable de la política. La política, en un sentido profundo, trata de la representación, difusión y evolución de visiones alternativas de la sociedad. Desde esta perspectiva es comprensible cómo una misma política pública puede parecer razonable o desatinada para diferentes sectores: ello depende de las visiones de las cuales tales sectores son portadores.

5. Una estrategia de reconstrucción para Venezuela puede inspirarse en la llamada economía social de mercado. Esta es la expresión de una doctrina más amplia que integra ideas provenientes de la ciencia económica, el derecho, la politología, la sociología, la filosofía y la moral. Esa doctrina fue llamada ordoliberalismo por algunos de sus creadores. Con tal término querían indicar que la libertad debe ser el valor fundamental en una sociedad moderna y que ella es compatible con la creación de un orden social próspero, justo y pacífico.

III
La economía social de mercado

6. Un programa triple. El ordoliberalismo es, en primer lugar, un programa moral que asume a la dignidad y a la libertad como los valores esenciales a los que una sociedad civilizada debe aspirar. Los otros valores que también promueve –la propiedad privada, la responsabilidad individual, la paz social, la subsidiariedad y la solidaridad– se articulan de diversas formas con esos valores centrales. Es una propuesta moral compatible con el sistema de los derechos humanos [1]. El ordoliberalismo es, en segundo término, un programa de investigación científica que se caracteriza por su perspectiva sistémica. Concibe a la economía como un sistema basado en un conjunto de reglas –en parte diseñadas, en parte productos evolutivos– que sirve de marco a incontables decisiones individuales que generan un orden no diseñado por nadie en particular. Parte, además, de la idea según la cual la economía, como sistema, no es comprensible si no se considera su constante interacción con los otros sistemas de la sociedad: el político, el jurídico, el moral, el cultural, el ambiental. De allí su carácter interdisciplinario. El ordoliberalismo es, por último, un programa político, amplio y flexible, que puede ser adaptado, con la debida sensatez, a distintas realidades nacionales. Veamos algunos de sus postulados básicos.

7. La competencia. Solo una economía de mercado es compatible con la libertad de las personas y permite, por tanto, el despliegue de su capacidad creadora y de su espíritu emprendedor. Esa es, claro está, una idea central de la economía social de mercado. Pero –y he aquí una muestra de mesura de esta doctrina– no es cualquier economía de mercado de la que se habla. Se trata, específicamente, de una economía en la que exista la mayor competencia posible entre los agentes económicos o, lo que es igual, en la que no existan monopolios ni carteles. En un mercado como ése la única forma de progresar es produciendo y haciendo cosas que los demás consideren valiosas. Su surgimiento, sin embargo, no es algo que ocurrirá enteramente por sí solo. Ha sido y será necesario que el proceso político moldee el marco de instituciones dentro del cual se desenvuelva el proceso económico. Instituciones surgidas de la evolución histórica (como la propiedad privada) tienen que ser así complementadas con otras conscientemente diseñadas (como la política antimonopólica). Esta “constitución” económica busca asegurar a cada quien un ámbito de acción propio y la posibilidad de descubrir y aprovechar oportunidades en el entorno. La competencia, cabe agregar, no es un principio que debe aplicarse solo a los actores privados y bien puede extenderse a la prestación de diversos servicios gubernamentales (salud, educación, seguridad social, etc.). Así, el ciudadano, beneficiario del financiamiento público, sería empoderado y tendría libertad para elegir el proveedor que le preste mejor servicio.

8. La estabilidad económica. La economía social de mercado sostiene que el esfuerzo por crear un orden de competencia será inútil si no se garantiza la estabilidad del valor del dinero. El logro de tal objetivo requiere sustraer de los gobiernos el poder para cubrir sus requerimientos financieros mediante la emisión de moneda. Todo gobierno es propenso, sea por falta de visión o por irresponsabilidad, a claudicar ante esa incitación y deben crearse las barreras institucionales para evitarlo. Este es un principio hoy ampliamente compartido y no es casual que la inflación, tan vieja como el poder gubernamental sobre el dinero, haya sido controlada en la mayoría de los países. De cualquier modo es importante entender que la inflación es más que un problema monetario. Es también un problema fiscal y, en última instancia, político. Los gobiernos que dependen críticamente del gasto para mantener su legitimidad y/o el apoyo de grupos de intereses pueden verse impulsados, agotadas o seriamente limitadas sus otras fuentes de financiamiento, a acudir al financiamiento monetario para cubrir sus déficits. Y ello siempre ha tenido nefastas consecuencias en las condiciones de vida de la población.

9. La inclusión social. La economía social de mercado sostiene también que la dinámica de un mercado competitivo puede dejar al margen a personas o grupos. En tal sentido, las personas son pobres, en la mayoría de los casos, por estar excluidas no por ser explotadas. Es importante, además, trascender la visión de la pobreza como un asunto solo relativo a bajos ingresos o pocos activos. ¿Cómo puede lograrse entonces la superación de la pobreza? Expresado en forma concisa: ayudando a las personas a desarrollar sus capacidades y promoviendo oportunidades para que puedan ejercerlas de acuerdo con sus planes particulares. La sociedad y el Estado deben hacer lo requerido para que todas las personas disfruten de las mínimas condiciones para vivir dignamente, adaptándose a un entorno económico en constante cambio. Pero según la economía social de mercado ello debe hacerse –otra muestra de sensatez– de tal manera que, en sintonía con el principio de subsidiariedad, las personas desarrollen y mantengan capacidades productivas que les permitan responsabilizarse de sus vidas (a menos que sean afectadas por circunstancias adversas cuya ocurrencia no puede atribuírseles).

10. La productividad como eslabón. La productividad y su constante crecimiento es un factor clave para entender la propuesta de la economía social de mercado. Solo una economía competitiva impulsa a las empresas a ser cada vez más productivas, disminuyendo sus costos y sus precios relativos. El principal beneficiario de esa dinámica es, desde luego, el consumidor, es decir, todos (esta es, de hecho, una de las razones para calificar como “social” a una economía de mercado competitiva). Ahora bien, empresas cada vez más productivas pueden ofrecer empleos de creciente calidad y mejores remuneraciones. Estos empleos serán ocupados por personas con mayores capacidades productivas. Personas mejor remuneradas expandirán los mercados y las oportunidades para el emprendimiento. El mayor dinamismo de una economía como ésta le hará capaz de generar la masa de impuestos necesaria para financiar, por una parte, los bienes públicos que impulsen aún más la actividad económica y, por la otra, una política social que hagan más productivas a las personas. Dentro de este círculo virtuoso el crecimiento de la productividad es, pues, el eslabón que une el crecimiento económico y el bienestar social.

11. El ambiente. El énfasis que se coloca en la productividad puede conducir al “productivismo”, desconociéndose los efectos desfavorables del crecimiento de la economía sobre otras dimensiones de la vida social y sobre el entorno. Los aspectos ecológicos, en particular, han sido ampliamente considerados por la economía social de mercado. Al respecto, su posición es que vivimos una crisis ambiental (y se equivocan quienes lo niegan) pero no se trata de una crisis apocalíptica (y exageran quienes así lo plantean). Frente a tal crisis es necesaria la participación del Estado, de las empresas y de la sociedad en general. La relación armónica entre mercados y ecosistemas es posible si se crea un marco institucional adecuado y se diseñan políticas públicas apropiadas. En muchas ocasiones la correcta asignación de derechos de propiedad permitirá resolver los problemas de sobre explotación de bienes públicos. Algo poco sorprendente pues los bienes que no son poseídos por alguien en particular, individuo o grupo, suelen recibir poco cuidado. En los casos en que tal asignación de derechos de propiedad no sea viable es necesario que la regulación estatal exija a los particulares que internalicen en sus costos el impacto que su acción tenga sobre el ambiente. De cualquier modo, la solución del problema ambiental va más allá de arreglos institucionales y políticas públicas y el desarrollo de una mayor conciencia ecológica en la ciudadanía es imprescindible.

12. El poder y la captura de renta. La importancia que la economía social de mercado otorga a la libertad le lleva a considerar cuidadosamente la problemática del poder. La amenaza a la libertad aparece con mayor fuerza, como es obvio, cuando el poder se concentra en pocas manos. La competencia, clave de ese equilibrio, puede ser falseada o limitada. También lo pueden ser los diversos programas que normalmente ejecuta un Estado. Por ello uno de los temas centrales del ordoliberalismo es el equilibrio en la distribución del poder. Debe prestarse especial atención a cómo lograr que instituciones políticas y económicas no sucumban ante la presión de grupos de interés y sirvan genuinamente a la ampliación de las posibilidades de acción de los ciudadanos. La noción de instituciones “extractivas” es reciente y diversos autores consideran el fenómeno que dicha noción describe como la causa cardinal del fracaso económico de los países. Pero hace mucho tiempo los fundadores de la economía social de mercado ya habían señalado la perversión que significaba la captura del Estado por los grupos de poder y la necesidad de enfrentarla con firmeza.

13. La democracia y sus límites. Una sociedad es plural cuando los distintos poderes (político, económico, religioso, cultural, etc.) no se acumulan en las mismas manos. En una sociedad como esa resulta difícil que grupos de poder sean capaces de mantener un sistema de opresión duradero sobre el resto de los ciudadanos. Por otra parte, en una sociedad plural es improbable que una mayoría pueda adoptar medidas discriminatorias ni crear privilegios de ninguna naturaleza. Este hecho puede entenderse como una limitación a la voluntad de la mayoría. Y efectivamente lo es. Nada puede ser realmente ilimitado en materia política. En una democracia lo más importante es que los ciudadanos no estén sometidos a un poder superior y arbitrario y que puedan obligar a sus gobernantes a actuar con apego a principios que garanticen la libertad. Solo un Estado que establezca, a la vez, la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos puede hablar legítimamente en nombre del pueblo, plantea el ordoliberalismo.

14. Cultura y capital social. Una economía social de mercado no funcionará igualmente bien en cualquier contexto social. La valoración social del trabajo, el sentido de continuidad y del ahorro, el respeto a la propiedad ajena, el deseo de autonomía y el manejo de la incertidumbre, la responsabilidad y la honradez, entre otras actitudes, son esenciales para garantizar el buen desempeño de esa economía. Es difícil imaginar que ella pueda operar adecuadamente sin el llamado “capital social”, es decir, la mutua confianza que nace de la disposición de las personas a comportarse con decencia y responsabilidad. El mantenimiento y desarrollo del civismo y del espíritu comunitario es pues otra de las preocupaciones de la economía social de mercado. No es un asunto que simplemente relegue a otras esferas del pensamiento social y de la acción política.

15. Un nuevo humanismo. La economía social de mercado tiene, como puede apreciarse, raíces humanistas. En su fundamentación se encuentra una visión realista pero esperanzada del hombre, una antropología filosófica en conexión con una opción moral. No es casual que varios de los pensadores que le dieron forma se inspiraran en sus convicciones cristianas, tanto católicas como protestantes. Aunque en realidad ella puede asociarse, sin dificultad, a filosofías sociales seculares que también colocan al ser humano en el centro de sus reflexiones y prácticas. La economía social de mercado no es, al fin y al cabo, una doctrina confesional.

16. Desde esta perspectiva moral, teórica y política, la economía social de mercado ofrece un conjunto de postulados estratégicos: equilibrar el poder en nuestras sociedades, liberar al Estado y a la economía de la captura de renta, garantizar la estabilidad macroeconómica, promover las capacidades productivas individuales, incentivar la competencia y el emprendimiento, ofrecer oportunidades educativas a todos, apoyar solidariamente a los sectores rezagados, proteger el ambiente, dialogar públicamente sobre los asuntos colectivos. Estos son postulados que pueden ser ampliamente compartidos. Ellos resuenan favorablemente en quienes defienden la libertad y el emprendimiento, pero también en quienes se preocupan por la pobreza y la desigualdad. La economía social de mercado se caracteriza por su carácter centrista.

IV
En el debate de las ideas

17. Las nociones de izquierda y derecha han sido objeto, durante mucho tiempo, de largos e intensos debates. Es común escuchar que tales nociones perdieron vigencia, si es que alguna vez la tuvieron. Se afirma que ellas corresponden a idearios rígidos (que no pueden adaptarse a las diferentes sociedades), insuficientes (que dejan de lado asuntos relevantes) o superados (que pueden ser integrados, en parte, en otras visiones). Estas afirmaciones, sin embargo, contrastan con el uso generalizado que de tales nociones se continúan haciendo. Izquierda y derecha siguen siendo útiles en la política. En realidad, estos términos permiten aún distinguir posiciones sobre temas relevantes. Ello aplica no solo a viejos temas sino también a otros recientes. La crisis ecológica, por ejemplo, no es un asunto “transversal” que no encaje en la distinción izquierda vs. derecha: no resulta difícil identificar una ecología de izquierda y una de derecha. Los términos en cuestión no son pues “cajas vacías” que, en cada contexto histórico, puedan ser llenadas con cualquier contenido (a pesar de que estos contenidos efectivamente hayan variado a lo largo del tiempo: a fines del siglo XVIII el liberalismo era izquierda que se oponía al conservadurismo monárquico, de derecha).

18. En términos muy estilizados puede decirse que, en la actualidad, las posiciones de izquierda enfatizan el valor de la igualdad, acusan al mercado de generar pobreza y desigualdad, plantean la necesidad de la intervención del Estado para regular a la economía y para redistribuir la riqueza. Las posiciones de derecha, por su parte, privilegian la libertad y la propiedad privada, afirman que la desigualdad es inherente a la condición humana y solo aceptan como posible la igualdad ante la ley, acusan al Estado de ser fuente de distorsiones e inequidades y proponen limitar su ámbito de acción. Existen, desde luego, matices dentro de estas posiciones. No toda la izquierda, por ejemplo, niega al mercado aunque siempre lo subordine a la acción estatal; esta posición contrasta con otras que aspiran a eliminar la propiedad privada e instaurar la planificación centralizada. De modo semejante, dentro de la derecha existen diferentes posiciones con respecto al Estado, desde quienes proponen un Estado mínimo, limitado a funciones policiales y de seguridad, hasta un Estado limitado que debería tener también responsabilidades en materia social. Tanto en la izquierda como en la derecha hay defensores de la democracia y de la autocracia. Hay también nacionalistas en uno y otro extremo. En realidad, dadas estas diferencias, quizás resulte mejor hablar de derechas e izquierdas, en plural. Aun así, el núcleo de ideas que las distingue sigue teniendo validez.

19. Las sociedades son siempre más complejas que las doctrinas que creamos para interpretarlas y actuar en ellas. En la defensa de la libertad ha sucedido que se haya prestado poca atención a la concentración del poder económico y éste haya acabado estrechamente asociado al poder político. Se han generado así instituciones excluyentes y, en casos extremos, la búsqueda de la libertad económica ha conducido a su negación en lo político. Ha ocurrido incluso que regímenes que se declaran liberales han establecido políticas nacionalistas y proteccionistas, negando la libertad que decían defender. De modo semejante, gobiernos de izquierda han ocasionado, en procura de la igualdad, el crecimiento del Estado, la violación de la propiedad privada y de la libertad, el surgimiento de castas dominantes. Así, posiciones de izquierda y de derecha han acabado concentrando el poder en manos de algún sector, promoviendo la captura de renta y violentando la libertad. En la práctica, dichas posiciones han parecido girar en torno a la disputa por el poder. ¿Quién debe mandar en una sociedad, el poder económico privado o el poder de las élites que ocupan al Estado?, parece ser la pregunta cuya respuesta las ha enfrentado.

20. La economía social de mercado defiende la libertad y la propiedad privada (algo que la haría de derecha), pero entiende que la desigualdad es fuente de conflictos y debe ser enfrentada (lo cual la haría de izquierda). Para el logro de ambos objetivos propone, ante todo, garantizar la competencia, expresión de la libertad para elegir. Asume que la competencia es un medio no solo para el logro de objetivos económicos como el crecimiento o la eficiencia, sino también (y, quizás, principalmente) un medio para frenar el poder de agentes y organizaciones económicas. Por otra parte, reconoce que la competencia en el mercado conlleva siempre el surgimiento de desigualdades pero que estas, lejos de ser perjudiciales para el bienestar, son expresión del dinamismo y progreso de la economía. De cualquier modo, este tipo de desigualdad puede y debe ser minimizado mediante una política social subsidiaria que ayude a las personas a desarrollar y actualizar sus capacidades productivas, laborando así en empleos de creciente calidad. Pero la economía social de mercado advierte sobre otro tipo de desigualdad, la asociada al poder y sus privilegios. Un reto es entonces dar forma a instituciones justas, al servicio del interés general. Un Estado no capturable no será fuente de desigualdades y podrá centrarse en el cuidado de la competencia y en el desarrollo de las capacidades productivas de la gente. Así, en síntesis, una economía de mercado puesta al servicio del equilibrio social debe impedir al poder político ser una fuente de privilegios, debe suprimir las estructuras monopólicas y debe hacer prevalecer en todos los casos la libertad. Se ve pues que el centrismo de la economía social de mercado descansa en sólidos postulados y dista de ser expresión de simple pragmatismo [2].

21. La economía social de mercado es crítica de lo que puede llamarse capitalismo rentista, producto del intervencionismo estatal y de la acción de los grupos de interés. Rechaza también al socialismo, inevitablemente estatista, que hoy mantiene maniatadas a sociedades como la cubana o la venezolana, y que pretende ser la única forma de mejorar las condiciones de vida de los sectores populares. Se distingue, asimismo, del llamado neoliberalismo y de la indiferencia que este ha demostrado, en diversos países, por los aspectos sociales y políticos del desarrollo.

V
Antecedentes de una doctrina

22. La economía social de mercado permitió la extraordinaria recuperación económica de Alemania Occidental finalizada la Segunda Guerra Mundial. Ella se convirtió, en su momento, en una opción doctrinaria para quienes no se identificaban con un liberalismo permisivo que no quiso o no pudo hacer frente a la concentración del poder económico, por una parte, ni con el totalitarismo (tanto comunista como fascista) y su temible concentración del poder político, por la otra. La economía social de mercado surgió como una manera concreta de combinar la libertad y el bienestar de las personas con un orden político orientado a evitar la acumulación de poder de cualquier naturaleza. Y aunque la propia Alemania se haya alejado algo de estas ideas, la economía social de mercado permanece como una valiosa referencia.

23. En su momento, la economía social de mercado fue calificada como una “tercera vía”. Esta fue, sin embargo, una idea poco afortunada. Muchos entendieron que ella promovía una economía de mercado pero intervenida por el Estado. Fue necesario que algunos pensadores ordoliberales precisaran que, en realidad, no existía una alternativa a una economía de libre mercado que no fuese alguna forma de colectivismo. Para ellos el dilema entre libertad y opresión era fundamental y no debía ser minimizado. Pero todavía hay quien piensa hoy que la economía social de mercado está a mitad de camino entre el liberalismo y el socialismo. Es un error que nace del abuso del término por otras doctrinas como la socialdemócrata. La economía social de mercado promueve, sin reservas, un sistema económico de libre mercado y competitivo. Mantiene que el gobierno debe ayudar a perfeccionar ese sistema mediante adecuadas reglas: su función no es intervenirlo o sustituirlo. La economía social de mercado, en su versión originaria, no es intervencionista.

24. La economía social de mercado no constituye un cuerpo intelectual cerrado. No es el “modelo alemán” a copiar sino una manera de acercarse, a partir de determinados valores morales, con prudencia y con sentido de la interdependencia social, a los diversos problemas económicos de cada realidad nacional. Se podría, incluso, invertir la relación y afirmar que fueron los alemanes quienes, recuperando la sensatez, arribaron a esas ideas, tal como lo han hecho luego, en otras circunstancias, distintas sociedades. La economía social de mercado es, en definitiva, economía de sentido común y el ordoliberalismo, un liberalismo sensato. Por ello no sería sorprendente que muchos compartiesen esa doctrina sin saber de su existencia.

VI
Hacia una estrategia de reconstrucción

25. Varias líneas de acción definen, desde una perspectiva que se inspira en la economía social de mercado y que atiende a la especificidad de Venezuela, el desafío de la reconstrucción. El país debe pasar:

i) De un régimen usurpador a una república genuina.

ii) De un régimen de “enchufados” a un Estado sin “toma corrientes”.

iii) De la hiperinflación a la responsabilidad macroeconómica.

iv) De una petrosociedad a una sociedad pospetrolera.

v) De la concentración económica a un pueblo de propietarios.

vi) De la dictadura económica a una economía de emprendimiento, inclusiva y sostenible.

vii) De los monopolios gubernamentales al empoderamiento ciudadano.

viii) De una política social discapacitante a una política social capacitadora.

ix) Del centralismo al federalismo.

x) Del estatismo y el militarismo a la civilidad.

xi) De la crisis de la política a una nueva democracia.

Estas grandes líneas de acción, que se refuerzan mutuamente, pueden servir de marco para diseñar y ejecutar políticas específicas. El esbozo de tales líneas será el tema de un próximo artículo.

***

Notas:

[1] Es común que se incluya también a la “justicia social” como uno de los componentes del proyecto moral que constituye a la economía social de mercado. Ese es, sin embargo, un término equívoco. Basta aclarar aquí que para la economía social de mercado, la justicia social no se basa en la creencia según la cual el enriquecimiento de una parte de la sociedad es la causa del empobrecimiento de otra parte de ella. En una sociedad moderna los ingresos son obtenidos por cada quien en un proceso dinámico que depende, en última instancia, de la valoración que haga la sociedad de los bienes que la persona produce o de los servicios que presta. En ese sentido, los ingresos no son repartidos sino ganados. Ello no significa que una elevada concentración de la riqueza no sea algo odioso para muchos o que no existan modos ilegítimos de enriquecerse. Ambos problemas pueden, evidentemente, comprometer las posibilidades de convivencia pacífica y de desarrollo de las sociedades.

[2] Diversos autores defienden hoy ideas muy cercanas a las de la economía social de mercado, al parecer sin saber de ella. En un libro relativamente reciente, por ejemplo, se puede leer: “En una economía socialista, el sistema político controla los negocios; en un sistema capitalista de compinches, las empresas controlan el proceso político. La diferencia es mínima: en cualquier caso, la competencia no existe y la libertad se reduce. Sin competencia, la vida económica se convierte en injusta, favoreciendo a los conectados. La competencia es el ingrediente mágico que hace que el capitalismo funcione para todos” (Zingales, Luigi. A Capitalism for the People: Recapturing the Lost Genius of American Prosperity, USA: Basic Books. 2014).

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Antonio A. Herrera-Vaillant

Las horas más oscuras”, representa la osada actuación del Primer Ministro británico Winston Churchill y los conflictos internos de la política inglesa al tener que enfrentar, casi desarmados, la amenaza real de ser invadidos – por primera vez desde 1066 – por las avasalladoras tropas de Adolfo Hitler.

La obra es en extremo pertinente a la realidad que hoy atraviesa Venezuela: Resaltan las intensas y honestas controversias sobre si negociar una precaria convivencia o resistir a ultranza. Controversias que superó un líder empecinado en luchar hasta el último aliento, consolidando el sentimiento nacional en una resistencia numantina frente al totalitarismo implacable.

Churchill fue un líder que entusiasmaba, inspiraba, o generaba resistencias colosales, no había con él simples tibias simpatías. Sus fuertes posturas – partiendo de principios fundamentales y con profundo apoyo social – marcaban a todos el camino a seguir.

Allí resultaron decisivos la osada imaginación y la suerte providencial, al rescatar a las tropas británicas atrapadas en Dunquerque con una flotilla de barcos civiles, con la fortuna de tener cielos encapotados durante toda la operación, sin que la aviación nazi pudiese atacarlos.

Al final queda claro que para superar una amenaza implacable hace falta una conjunción de factores: Confianza y fe absoluta, clara dirección, y contar gente dispuesta defender hasta la muerte los valores fundamentales de una nación.

No faltará quién en Venezuela señale que aquí no se identifica un Churchill. Cierto, pero tampoco tenemos enfrente a un Hitler y un disciplinado aparato militar alemán. Al adversario no hay que subestimarlo, pero mucho menos sobrestimarlo.

Estamos en una coyuntura histórica en la que la pretendida dictadura está asediada por todos los frentes, pierde apoyo en cada día que pasa, y depende de unas fuerzas armadas donde solo una exigua minoría es cómplice de la dominante pandilla delictiva. Sus fraudulentas maniobras electorales son tiros por la culata que intensifican su aislamiento.

Es absurdo pensar que un tenaz y mayoritario sector democrático, que lleva casi 20 años irreductiblemente impidiendo que aquí se consolide una tiranía totalitaria, se vaya a ahogar llegando a la orilla.

Ante quienes no se cansan proyectar un movimiento democrático dividido y desilusionado, hay que repetir la célebre consigna de Franklin Roosevelt: “Lo que más hay que temer es al propio temor”; junto con la reciente y acertadísima expresión del sabio padre Luis Ugalde: “El estado de ánimo del venezolano puede cambiar en una semana”.

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Arichuna Silva Romero

«“Pueblos en guerra, destinos aplazados, pero jamás vencidos. Pasan los años, la fe no muere. Y no se compra lo que no se vende”

Rubén Blades

De la canción: “El Padre Antonio y su Monaguillo Andrés

Así como en la naturaleza existen los elementos químicos llamados “tierras raras”, a Venezuela se le pudiera dar el calificativo de ser una tierra rara. Pues, en ella se clavaron los aguijones de la ambición, la aventura, el bochinche y el ansia de poder, que han prevalecidos por encima de los intereses nacionales, el destino como patria digna ante el mundo y los motivos más elevados a la conformación del “Proyecto Nacional Venezolano”. Definido éste, por el historiador Germán Carrera Damas en su interesante libro: En defensa de la República, como “… el conjunto de determinaciones sociopolíticas, que originadas en la observancia del concepto Nación —vale decir, en la conjugación de las soberanías Nacional y Popular—, como fuente única de la legalidad y legitimidad del poder público, informan la estructura y del Estado y rigen las conductas socioindividuales.” (p.14).

Del pasado hemos venido soportando un gran peso, que ha desembocado en la tragedia que vivimos. Realidad funesta, que está haciendo detener la marcha de la sociedad democrática. Que mantiene al ciudadano venezolano envilecido, pidiendo limosnas, hurgando en la basura, huyendo por las fronteras, muriendo de mengua, impedido del trabajo ético y productivo, dependiente del poder personalizado, amenazado y despreciado. Muy lejos, del ejercicio de sus derechos y responsable del cumplimiento de sus deberes, como amo genuino de su parcela: la democracia.

Como la República y su democracia están en riesgo, repasemos nuevamente, las huellas que nos han marcado históricamente y, lo que está haciendo aplazar “… el destino, que es divino;…” como lo dijo Víctor Hugo, en nuestro desasosegado presente:

  1. El ambiente “buen salvaje”: el que se tenía en el territorio antes de la llegada de Cristóbal Colón (1498).
  2. Tres siglos y doce años de inmutabilidad e indiferencia: el período horrible de la Conquista y la apacible época Colonial (1498-1810).
  3. El alba de la revolución: aquel 19 de abril de 1810 y el despertad de los conceptos: libertad e independencia.
  4. Protocolización del ejecútese por la independencia: firma del Acta el 05 de julio de 1811.
  5. La Guerra de Independencia, el conflicto armado que llevó al campo de batalla, a bandos hermanos entre los años 1811 y 1821: por la permanencia del statu quo de la Corona y el de los mantuanos.
  6. “He arado en el mar y he sembrado en el viento”, dijo Simón Bolívar: la desintegración de la Gran Colombia (1831).
  7. Más de un siglo de autoritarismo, saqueo y repartición de la hacienda Venezuela: la instauración del “Proyecto Nacional Liberal Autocrático” (1830-1945), del que nos aleccionó Carrera Damas.
  8. Venezuela formalmente independiente: el reconocimiento que hizo España un 30 de marzo de 1845.
  9. Génesis de la democracia (1946-1948): el fallido intento por comenzar a transitar el camino democrático, marcado por los acontecimientos de conspiración y golpe de estado al general Isaías Medina (1945), ascenso de la Junta Revolucionaria de Gobierno, convocatoria a elecciones generales y llegada a la máxima magistratura del novelista Rómulo Gallegos (1947).
  10. Una vez más, el país que pisa el “cuero seco”: el regreso del autoritarismo en nombre del progreso y el orden, impuesto por los militares de turno (período 1948-1958).
  11. Los cuarenta años de “democracia fría” (permítaseme acuñar el término): el Pacto de Punto Fijo, sus particulares presidentes electos, el acomodo de los partidos en nombre de la gobernabilidad y defensa constitucional, el desencanto social, la corrupción, el clientelismo, las barraganas, el “Caracazo”, el “monstruo militar” gruñendo en los cuarteles y los amaneceres de “golpes” (1992).
  12. Llegada del “buen revolucionario” (1998): el ascenso de la V República al mando de Hugo Chávez Fría y el engendro del fenómeno populista y retrógrado “Chavismo”, como resultado de la falta de líderes emergentes y progresistas al servicio del interés nacional.
  13. Actualidad: la demolición de la democracia en pleno desarrollo y, como lo apuntó nuestro historiador Germán Carrera Damas: “… busca vaciar la nación de estructuras institucionales, políticas y sociales, substituyéndola por una masa alveolar en la cual los individuos, reducidos a procurarse la subsistencia, quedarían en estado de absoluta dependencia y subordinación respecto de un poder unipersonal.” (Véase el libro: En defensa de la República, p. 30).
  14. Futuro promisorio: por los momentos difuso a la vista y envuelto en una nebulosa cargada de incertidumbre. Pero del que saldremos sólo con una consciencia colectiva de nuestro progreso posible, siendo más democráticos y republicanos, decentes y serios. Con una mentalidad “Kaisen”, teniendo a la fe y esperanza, como fuente que nos impulsa hacia un mejor mañana. Porque aquí, sencillamente: “no se compra lo que no se vende”. Y nuestra dignidad, no está en venta.

MSc. Arichuna Silva Romero

@asiromantis

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Moises Naim

En mi anterior columna reporté que en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos detecté un raro ambiente que describí como de “euforia angustiada”. Euforia por la recuperación de las principales economías del mundo y, sobre todo, por la enorme alza de los precios de las acciones cotizadas en las bolsas de valores, principalmente en Wall Street. No obstante, también detecté que en todas las conversaciones los eufóricos líderes empresariales denotaban una cierta angustia. Sentían que había muchas cosas que no andaban bien y que las causas de la euforia podían esfumarse de un día para otro.

Y así pasó. Pocos días después de la reunión en Davos, los precios de las acciones en Wall Street sufrieron una caída histórica que generó inmensas pérdidas. Naturalmente, este colapso bursátil ha producido innumerables titulares y comentarios. Pero al mismo tiempo que el derrumbe de la bolsa atraía la atención del mundo, estaban ocurriendo otras dos cosas que, aunque pasaron casi inadvertidas, a la larga podrían tener tantas o más consecuencias que la volatilidad financiera de estos días.

La primera es que el gobierno de Donald Trump anunció una nueva política sobre el uso de armas nucleares que incluye la posibilidad de usarlas en reacción a ataques no nucleares. La segunda es que es que hace pocos días se supo que en noviembre del año pasado Estados Unidos produjo más de 10 millones de barriles de petróleo, un récord que no rompía desde 1970. Veamos.

Al final de la tarde del pasado viernes 2 de febrero, mientras la mayoría de los estadounidenses se preparaba para el descanso del fin de semana, su gobierno hizo público un documento titulado Revisión de la Postura Nuclear (NPR, por sus siglas en inglés). Este es un documento que todos los gobiernos de Estados Unidos producen regularmente para describir cuál es el rol que el presidente de turno le va a dar a las armas nucleares en la seguridad nacional del país y qué tipo de armamento nuclear va a necesitar para apoyar esa postura.

El NPR divulgado por el Ministerio de Defensa de Donald Trump ese viernes rompe drásticamente con la continuidad que en este ámbito habían mantenido todos los presidentes estadounidenses durante casi medio siglo. La posición común había sido la de disminuir el rol y el número de las armas nucleares. En cambio, la nueva postura es que Estados Unidos va a aumentar la importancia de estas armas en la defensa del país, así como la inversión en el arsenal nuclear. También va a diversificar más el tipo de armas de ese tipo.

El cambio más radical de esta NPR es que si bien afirma, como lo habían hecho todos los anteriores presidentes, que las armas nucleares solo serán usadas en “circunstancias extremas”, la postura de Trump amplía la definición de cuáles son las circunstancias extremas que justificarían un ataque nuclear por parte de Estados Unidos. Notablemente, incluye la disposición a usarlas contra quienes hayan perpetrado ataques no nucleares contra Estados Unidos. Un ejemplo sería la retaliación nuclear contra quienes hayan llevado a cabo un masivo ataque cibernético contra la infraestructura física de Estados Unidos –la red eléctrica, el sistema financiero, etc–. Esta nueva postura va a estar sustentada en la creación de nuevas bombas nucleares que serían más pequeñas, más usables y de menor potencia explosiva. En el lenguaje de los expertos estas serían bombas nucleares “tácticas” y no “estratégicas”. El pequeño detalle que no se discute mucho es que estas “más pequeñas” bombas nucleares “tácticas” son tan devastadoras como las que se usaron en Hiroshima y Nagasaki.

La inmensa mayoría de los expertos están alarmados por la adopción de esta nueva postura nuclear. Muchos opinan que aumenta la probabilidad de una guerra nuclear, mientras que otros señalan que esto va a conducir a una nueva carrera armamentista. Naturalmente el costo de esta NPR es inmenso y va a contribuir a aumentar el déficit fiscal de Estados Unidos.

No importa. Ninguna de estas críticas es suficiente para alterar el rumbo nuclear decidido por el presidente Trump.

Por otro lado, la buena noticia para los estadounidenses es que se ha consolidado la tendencia a su creciente independencia energética. Si bien Estados Unidos aún importa crudo desde problemáticos e inestables países del Medio Oriente, su producción doméstica crece a gran velocidad. El boom petrolero de Estados Unidos ha sido extraordinario. Se estima que para 2019 producirá 12 millones de barriles de crudo cada mes. La mitad de los 10 millones de barriles de petróleo producidos en noviembre del año pasado se originó en yacimientos que hasta hace unos años eran inaccesibles –básicamente ahora es posible extraer crudo y gas de las rocas de esquisto (shale) a través de la fragmentación hidráulica de esas rocas (el famoso fracking). Hace 10 años solo 7% del crudo producido venía de esas formaciones.

Obviamente las implicaciones económicas de este auge petrolero estadounidense son enormes. Y las geopolíticas aún más.

Tanto la nueva postura nuclear como la creciente autonomía energética refuerzan el aislacionismo que caracteriza la forma de pensar de Donald Trump.

America alone” o “América sola” no es solo una descripción hipotética de las ideas de este presidente. Es un eslogan que resume bien adónde Trump está llevando a su país.

Twitter @moisesnaim

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Simón García

En Santo Domingo el gobierno hundió la posibilidad de elecciones libres y mantuvo la operación para quedarse en Miraflores por cualquier medio. Ese intento producirá más hambre, muerte, destrucción y ruina. Todos pagaremos con sangre y calamidades el bloqueo de unas elecciones democráticas, a menos que el 22 de abril irrumpa masivamente el país descontento.

Llamar ahora a la abstención es apartarse del sentido que tuvo no avalar las ventajistas condiciones oficialistas. Pero rechazarlas no conduce automáticamente a suponer, contra evidencias, que abstención tumbe dictaduras, ni a ignorar – también contra ellas – que la trampa oculta del gobierno es lograr convertir la mayoritaria oposición social en minoría electoral. No votar ayuda a ese plan.

Algunos sectores opositores argumentan de buena fe que votar es legitimar. Pero ese no es un criterio suficiente. Nuestra abstención no evitó que se eligiera la Asamblea Constituyente ni que funcionara como una realidad. Las dictaduras no se legitiman en el voto, sino en las armas, los tribunales y la minoría que manda autocráticamente.. ¿Incurriremos en esa confusión en las elecciones presidenciales?

No votar, especialmente sin día después, es una entrega voluntaria del país a la dictadura. El imperativo moral de la oposición es crear condiciones y sumar fuerzas para rescatar la democracia y salvar al país del hambre. Votar es una acción de enfrentamiento, de lucha, de rebeldía y deslegitimación. ¿Quedarse en casa que es?

Las encuestas indican que el 70 % de la población quiere votar y en su mayoría rechazará el modelo y la gestión de este gobierno. ¿A nombre de cual objetivo pueden las fuerzas opositoras, en medio de enfermos y sectores populares luchando por vivir, llamarlos a que rindan su derecho al voto, en vez de trabajar por aumentar este porcentaje, elevar su participación activa y preparar al país para derrotar la trampa y ganarle al fraude?

Los hoy abstencionistas son necesarios y hay que oírlos, persuadirlos. Favorecer que expresen sus puntos de vista sin descalificar a quienes consideran que el gobierno no es invencible. Su propia base popular, recibiendo bonos a costa de humillaciones, quiere ejercer el voto castigo y en su rebeldía ofrece un punto de encuentro entre fuerzas que han sido el sostén de los dos polos que se han enfrentado inútilmente estos años.

El madurismo es la forma inhumana, ilegal y violenta de ejercer el poder. Maduro no expresa a todo el chavismo y al borde del precipicio, pretende arrastrar tras de si a toda la sociedad. Maduro, debilitado internamente y aislado internacionalmente se agarrará de la abstención para manotear duro a los opositores, aumentar la desmoralización y perpetrar su fraude con menores costos.

Participar en estas elecciones será un desafío complicado para la MUD y las fuerzas democráticas fuera de ella. Si alcanza el primer milagro, seleccionar un candidato unitario, debe rodearlo del mayor respaldo de partidos, instituciones y organizaciones de la sociedad civil. Y mostrar mucha amplitud, más conexión popular y más ganas de actuar para ganar.

@garciasim

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Concluye la fase de diálogo en República Dominicana; y deliberadamente digo “fase” porque sin duda, a pesar de las beatíficas rasgaduras de vestiduras de algunos, ese diálogo habrá de renovarse, no sabemos dónde ni cuándo, ni en qué condiciones, pero se repetirá el episodio. De ningún conflicto de esta magnitud se sale sin alguna “conversación” entre las partes, ni siquiera de los conflictos armados, y éste no será una excepción.

Como era de esperarse, a pesar de los buenos y malos augurios, no se llegó a ningún acuerdo y los representantes de la oposición −o de la MUD, como algunos prefieren decir− no firmaron ningún documento, a pesar de las falaces e insidiosas declaraciones de Jorge Rodríguez y a pesar de las “predicciones” de los “opositores de la oposición”, que juraron y perjuraron que sí firmarían, que traicionarían a la oposición, al país, que reconocerían a la ignominiosa ANC, y demás dicterios, que sería prolijo enumerar. Desde luego nunca reconocerán que se equivocaron, ni ofrecerán ninguna disculpa por los insultos, entre otras cosas porque ahora afirman que los negociadores opositores no firmaron, gracias a las “advertencias” que ellos hicieron.

Pero lo que es innegable es que la finalización del “diálogo” nos deja, a la oposición, a todos, tirios y troyanos, desnudos en la mitad del parque; mutuamente zarandeados e insultados entre las distintas “facciones” y sin ninguna estrategia clara por parte de ninguna de ellas.

Las opciones, que no evaluaré, simplemente enumeraré para motivar alguna discusión, van desde participar o no en las elecciones del 22 de abril −porque ese día habrá elecciones presidenciales− hasta cuales son las distintas formas de desarrollar una u otra opción.

Quienes creemos que la vía electoral es la vía más apropiada para salir de esta oprobiosa dictadura, nos planteamos participar con un candidato único −mejor que con varios, que algunos no descartan− pero aquí acaba el consenso, pues la selección de ese candidato único pudiera ser por primarias o por consenso o por una especie de elección de segundo grado en la Asamblea Nacional.

Quienes adversan las primarias, aparte del escaso tiempo, alegan −y con razón− que eso deja fisuras y heridas difíciles de restañar, y que usualmente los perdedores de la contienda no se incorporan con entusiasmo −o de ninguna manera− a la campaña del candidato único vencedor. Quienes adversan el consenso alegan −también con razón− que el método se presta a componendas entre los principales partidos y deja al margen a la llamada “sociedad civil”. Del peculiar método de la elección de segundo grado no he escuchado mayores comentarios, pero no deja de ser una imaginativa y curiosa propuesta, muy propia de los tiempos que corren. También ha surgido la propuesta de una especie de “candidato único simbólico o de protesta”, que participe en el proceso electoral para denunciarlo o participar con algunas otras modalidades que desenmascaren la farsa del 22 de abril.

Hay quienes hablan de participar, pero no en el proceso electoral convocado por la dictadura, sino en “algo”, que no está claramente definido; con un “líder único”, con una “política unitaria” que nos lleve a la larga a la realización de unas elecciones libres y democráticas.

Quienes plantean la “no participación” son los más “activos” en materia de argumentos y propuestas, al menos en las redes sociales, que por cierto son las únicas con las que contamos para comunicarnos, pues todos los medios de comunicación −con alguna que otra honrosa excepción− están en manos de la dictadura o solo le dan espacio a ella para “expresarse”, cuando ésta no les “arrebata” el espacio con las interminables cadenas de la campaña electoral del candidato-presidente, que ya se inició, con toda ventaja y alevosía y la complicidad del CNE.

Los “no participantes” y los abstencionistas se desgranan por opciones que van desde el simple rechazo a la vía electoral −“que ya está cerrada”, dicen, sin plantear nada más− hasta plantear un menú muy variado e imaginativo: “intervención extranjera”, militar o no (“invasión humanitaria”); “golpe militar”; “renuncia del presidente por presión continua, social e internacional”; “rebelión popular” que al final provoque una intervención militar; en fin toda una pléyade de opciones que no se sabe muy bien quien las va a desarrollar, ni cómo, ni cuándo.

En fin, repito, y disculpen lo amargo y crudo de la frase: quedamos desnudos en medio del parque; y me pregunto: ¿Nos estamos planteando la estrategia correcta, efectiva y preparando adecuadamente para el día después?, y evitar que no suceda nuevamente lo vivido después de la "elección” de la ANC, que amanecimos “sorprendidos”, abatidos y en peores condiciones de poder lograr los cambios que aspiramos.

La lucha por la restitución de la democracia y el estado de derecho no acaba el 22 de abril, esa es una fecha que puso la dictadura en su agenda. ¿Cuál es la nuestra?

@Ismael_Perez

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