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Opinión

Cuando un año comienza, parece que uno renovara la esperanza en muchas cosas: en la humanidad, en el propio destino dentro de ella, en la trascendencia del ser humano. También uno renueva la ilusión en cosas mucho más mundanas: un mejor trabajo, un mejor sueldo, un viaje… bueno, un viaje de vainas, pues.

Los venezolanos —y creo que algunos otros gentilicios también— comenzamos el año con la certeza de que todo será peor. De hecho, llevamos demasiados años con esa certeza, que es la misma que ha llevado al 10% de nuestros conciudadanos a abandonar el país en busca de reconstruir la esperanza en otro lugar, lo cual ya es mucho decir, porque para un venezolano no hay cosa más dolorosa que abandonar su casa, su clima, sus playas y sobre todo su paisaje espiritual y humano.

Este año será peor en todos los aspectos. Una sensación de que ningún cambio es posible se apodera de nosotros. Inverosímiles evasiones pasan por nuestras cabezas; ya imaginamos salidas extraterrestres: una invasión del planeta desde el espacio exterior, Dios nos libre. Y es que los venezolanos tenemos tal sino fatal sobre nosotros que es capaz de que se acaba el mundo y Venezuela sigue.

Quisiera ser algo más alentador en este primer escrito del 2018, pero me inquieta —en este comienzo de año— el empecinamiento en la demolición de lo poco que, a pesar de las circunstancias, sigue en pie. Abruma el cinismo. Se adueñaron del lenguaje. Pretenden hacerle creer a la gente que lo nombrado es real, que el pernil de carne y hueso se halla contenido todo él en la palabra “pernil” y que hoy te puedes comer la “p”, mañana la “e” y la “r”, y que el “nil” se puede congelar para la semana que viene. “¡El sol de Venezuela nace en el Esequibo! ¡Nace en el Esequibo!” les oigo decir, mientras la ExxonMobil anuncia nuevas perforaciones en el susodicho. Cuando hablan de que esto es “una guerra de ricos contra pobres”, la mala conciencia salta: ellos son los ricos, los que comen, los que tienen medicina y seguridad. Y la guerra la tienen casi ganada. Incluso palabras tan estimables como “democracia” y “libertad” terminan resonando en sus labios como mofa e insulto.

En su libro Ideología y utopía, Karl Mannheim señala que una de las maneras de entender la ideología es no solo como disfraz de la verdadera naturaleza de una situación cuyo reconocimiento podría perjudicar los propios intereses, sino también como autoengaño. Es decir, “mentiras” que uno se cuenta a uno mismo para ocultar la realidad. En mi modesta opinión, la realidad —contrariamente a la versión oficial— es que el modelo político y económico implantado en Venezuela la destruye cada vez más aceleradamente y la conduce a una peligrosa situación de desesperación.

La pregunta que brota inmediatamente es: ¿por qué alguien tendría tanto interés en acabar con su propia patria, en destruirla? ¿Cuál es la ganancia? ¿Esto es pura maldad o es incapacidad? Uno tiende a inclinarse por lo primero. Mannheim quizá nos diría que maldad y bondad no tienen nada que ver cuando se habla de opresión; que, aunque estemos convencidos de que estas personas actúan por pura maldad, ellas no lo ven así.

Analicemos a los esclavistas, por ejemplo, donde se ve todo más claro: con la mirada de hoy, sabemos que lo que hacían estaba mal, pero ellos estaban convencidos de lo contrario, de que los esclavos eran seres inferiores y conseguían que los propios siervos así lo creyesen. Es el mayor logro de quien somete: lograr que el sometido considere su situación como algo normal.

Apuntaba Marx en Sobre la cuestión judía: ninguna liberación parcial es buena; la liberación del hombre debe ser total. Es decir, la esclavitud, aunque él no lo sepa, oprime también al amo; menester es también liberarlo a él. Es solo en momentos de extrema opresión cuando los oprimidos se rebelan, cuando las opciones son sublevarse o morir y cuando toman conciencia de su poder, porque su opresor nunca dejará de pisotearlos mientras en ello encuentre beneficio y justificación.

La sociedad venezolana llego al límite. Ojalá que desde el Empíreo el Supremo Autor infunda al pueblo un sublime aliento.

 3 min


Jesús Elorza G.

Todo era un mar de confusión en la militancia del Partido Un Nuevo Tiempo por la designación de Omar Barboza como Presidente de la Asamblea Nacional. ¿Qué pasó con el compañero Enrique Márquez? Preguntaban algunos. Otros, preguntaban por Timoteo Zambrano….pero nadie respondía.

-Me huele a una maniobra de última hora, dijo uno de los militantes.

- Comparto la opinión del compañero que me antecedió en la palabra, dijo otro. Tengo entendido que Manuel se opuso al nombramiento de Márquez porque este apoyó a Guanipa en el proceso de abstención en el Zulia lo que provocó su derrota en el proceso de elección de gobernador. Me dicen, los amigos zulianos, que Manuel tilda de traidor a Enrique Márquez.

-Verga maracucho, vos si sois arrecho con esa información. Pero decime, de donde sacaron a Barboza o que pasó con Timoteo.

- Bueno, las cosas se complicaron. En primera instancia, Manuel se batió como los buenos, por designar a Timoteo. Pero, la coñaza con Primero Justicia y Voluntad Popular no se hizo esperar. Estos partidos se opusieron rotundamente a esa designación por considerar que ese personaje no era de confianza. Alegaban, que Timoteo se movía a espaldas de la Mesa de la Unidad y en conchupancia con Zapatero. También señalaban el soberano disparate de Timoteo, al criticar las medidas tomadas por los cuatro países fundadores de Mercosur, todos consistentes en no permitirle asumir la presidencia temporal del organismo a Venezuela en el 2016. O sea, estuvo a favor del gobierno de Maduro con respecto a la sanción de algunos países integrantes del Mercado Común del Sur (Mercosur) sobre a la toma de la presidencia pro tempore del bloque.

- Coño, ahora entiendo la arrechera de Primero Justicia y Voluntad Popular, no es para menos.

- Creo que esa posición de rechazo, es ampliamente apoyada por la mayoría de los venezolanos, expresó uno de los militantes del partido. Nunca pudimos entender, salvo que anduviera en una maniobra, con sus declaraciones en torno a la libertad de Manuel:

“En las próximas semanas lograremos la libertad plena para Manuel Rosales, porque no ha cometido ningún delito y eso será demostrado”. Asimismo, veo “con buenos ojos” la medida cautelar que beneficia con arresto domiciliario al ex gobernador del Zulia. “A mi juicio este gesto del gobierno facilita el diálogo y abre el camino a las conversaciones”.

“En una Venezuela sumergida en una grave crisis alimentaria, económica, política y social dialogar es importante. Tenemos en conjunto, incluso junto al gobierno, que hallarle solución a esta crisis”

Ese discursito del compañero ya dejaba entrever un sentido de cohabitación con el régimen de Maduro.

- Lo más arrecho, es cuando montó la componenda teatral de la visita de Zapatero ¡¡¡acompañado de Jorge Rodríguez!!! a Leopoldo López en Ramo Verde, para negociar el referéndum revocatorio a cambio de la libertad del detenido. No me extrañaría, que ahora busque la presidencia de la asamblea nacional para reconocer a la ilegal asamblea constituyente, señaló uno de los directivos nacionales del partido, quien pidió reservar su nombre para eludir su expulsión. Ratifico mi posición al lado de la inmensa mayoría de rechazar esa postulación de Timoteo.

- No se por qué se sorprenden de la jugada de este personaje, dijo un representante de los educadores de UNT, si revisan las declaraciones de los personeros del régimen, se darán cuenta de la defensa a Timoteo que hacen nada más y nada menos que Pedro Carroña y Víctor Clark del Psuv…..Con amigos así para que quiero enemigos…Timoteo, Timoteo que mal te veo…diría mi mama.

Frente a esos argumentos, no le quedó otro camino a Manuel sino el de recular y sacaron debajo de la manga el as de Omar Barboza.

No pasaron ni cinco minutos después del anuncio, cuando Nicolás expresó en cadena nacional que:

Ahora, nombraron a un tal presidente, Omar Barboza, un ser perverso, muy corrupto. Una momia. Si tuvimos a Ramos Allup que es 'la vieja', a Julio Borges que es 'cejota', ahora esta es 'la momia'. Muy perverso el señor, veneno puro. Te voy a enfrentar si pretendes meterte con el pueblo, ...

Que feliz seriamos si Timoteo hubiese sido el escogido. No me extrañaría que Zapatero me proponga nombrarlo jefe de la delegación de mi gobierno para el dialogo en República Dominicana….

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Recientemente escribimos que este año que se inicia sería el fin del totalitarismo y la recuperación de la democracia, siempre y cuando la dirigencia opositora hiciera el trabajo que le corresponde. El 2017 cerró con un buen comunicado de la “Unidad”, que expresaba contrición por errores cometidos y propósito de enmienda. A una semana del nuevo año no se percibe arrepentimiento, ni deseos de corregir entuertos.

Proliferan los pillajes en las empresas y dependencias del Estado por parte del régimen, el cual también promueve saqueos y obliga a rebajar precios para quebrar a comerciantes. Además, un pueblo hambriento y también algunos facinerosos, motu propio o instigados por los rojos, irrumpe violentamente en comercios y saquea gandolas de alimentos. Mientras tanto, nuestros diputados actúan como si todo estuviese normal y algunos disparan dardos venenosos en contra de colegas teóricamente del mismo bando democrático.

Antes de comentar sobre la instalación de un nuevo período de la Asamblea Nacional, es justo reconocer la labor de Julio Borges al frente de la misma en el 2017. Borges fue blanco de ataques físicos y verbales por parte del oficialismo, lo cual era de esperar. Sin embargo, también recibió insultos y descalificaciones infundadas por parte de algunos usuarios de las redes sociales, de articulistas y periodistas. Hago constar que apenas he intercambiado saludos con él, pero me parece injusto, por carecer de base, las acusaciones de ser colaboracionista del régimen. La labor internacional que realizó Borges, junto con otros actores, permitió que hoy día Maduro y sus compinches se encuentren aislados, que la espuria Constituyente no sea reconocida por los países democráticos y que personeros del régimen incursos en corrupción y en violaciones a los derechos humanos hayan sido sancionados por varios países. No es poca cosa. Sus detractores deberían reconocer que estaban equivocados.

La elección de la nueva directiva de la Asamblea Nacional dio pie para que salieran a relucir las grietas de la unidad. El diputado José Gregorio Aparicio, de Prociudadanos, declaró que “no fui consultado y eso en verdad me incomoda”. Apartando esa expresión un tanto infantil, no hay duda de que sus colegas cometieron una descortesía, por decir lo menos, al no informarle previamente lo que había decidido la mayoría en respeto al pacto acordado en el 2015.

Por su parte el diputado Omar González, del 16J, declaró que “voceros de esa organización (MUD), tienen como oferta pública la convivencia con el régimen”. Así mismo, el diputado Richard Blanco manifestó que “aquí hay dos Asambleas, la complaciente con la ilegal Constituyente y la que está rescatando el plebiscito aprobado el 16 de julio”. ¿De dónde infieren estos diputados que el resto de sus colegas reconocen a la espuria Constituyente? ¿Acaso la polémica decisión de participar en negociaciones en Santo Domingo es una claudicación ante el régimen? ¿Es o no cierto que toda la dirigencia opositora exige lo mismo y que la diferencia es que algunos piensan que solo con la calle se logrará doblegar al régimen, mientras que otros creen que, además de calle, se requiere negociar con apoyo internacional?

El exiliado alcalde Smolansky rechazó la designación de Omar Barboza al frente de la Asamblea por considerar que el partido Un Nuevo Tiempo, al cual pertenece, no cumplió con compromisos previos. Tiene razón el perseguido alcalde y es imperativo que Manuel Rosales y UNT definan claramente su posición. La designación de Barboza ha ocasionado algunas críticas en las redes sociales y también comentarios favorables. Esperemos para ver su desempeño. ”Por sus obras lo conoceréis”. Mientras tanto hay que apoyar su gestión. Marquina ha sido un buen diputado, por lo que complace su presencia en la directiva.

En resumen, un comienzo poco edificante. Confiemos en que impere la sensatez y haya rectificaciones. Necesariamente Antonio Ledezma y María Corina Machado, ambos valientes luchadores con quienes simpatizo, deben lograr acuerdos con el resto de la dirigencia opositora. El régimen está muy débil por el repudio popular y por la presión internacional, pero se requiere un esfuerzo conjunto para que claudique. La democracia lo exige y los venezolanos claman por una mejor calidad de vida.

Como (había) en botica:

Maduro declaró que “ He ordenado la toma de puertos y aeropuertos donde se realiza labor de intercambio con Curacao, Aruba y Bonaire. Basta de que nos roben”. Parece que se olvidó que esas instalaciones las controlan la Fuerza Armada. Cabe preguntar al general Padrino si recibe comisión. Solo en Pdvsa Anaco y San Tomé renunciaron 800 trabajadores por las malas condiciones socioeconómicas. Tratan de reclutar jubilados. Además Pdvsa no paga a empresas de servicios. La renuncia de Timoteo Zambrano al equipo de negociación es positiva. Alrededor suyo se creó mucha desconfianza por culpa de sus propias declaraciones. La propuesta del respetado Hausmann es teóricamente válida, pero políticamente inviable. Si México y Chile se retiran de las reuniones en Santo Domingo no tendría justificación seguir negociando.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

9/01/18

eddiearamirez@hotmail.com

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Frederlin Castro

El 2018 pudiera ser un año lleno de desafíos para los integrantes de la oposición venezolana, quienes buscan encontrar la verdadera unidad a través del candidato que participe en los próximos comicios presidenciales.

El acontecer político para la oposición en el transcurso del pasado año estuvo enmarcado por el duelo de debates y discusiones entre la Asamblea Nacional (AN) y la Constituyente, las protestas que se registraron en el país y el inicio de una nueva fase de diálogo en República Dominicana, con el acompañamiento de varios cancilleres de la región.

Gran parte de los venezolanos tienen la esperanza de que con ese diálogo se puedan lograr los acuerdos necesarios para una convivencia entre Gobierno y oposición, que permita mejorar el clima político en un año de elecciones presidenciales y concertar políticas para recuperar la economía de Venezuela.

La oposición enfrenta un año en el cual se deben reestructurar para enfrentar a las fuerzas políticas del país, sumándole a ello, la ganancia de credibilidad en sus actos ante un sector de la población que demanda un cambio y exige compromiso con la nación.

El analista político Félix Cordero Peraza aseguró que la Unidad debe consolidarse con conductas y actitudes que logren elevar la credibilidad de su liderazgo, desacreditado como "nunca antes en la vida republicana de Venezuela".

"Dar manifestaciones de desprendimiento donde desaparezca la ambición personal, la lucha fraccionada y las rivalidades individuales", agregó.

El reto para las próximas elecciones presidenciales, según Cordero, es lograr un candidato único, con un programa y propuestas para solucionar los diferentes problemas socio-económicos de la población.

El también periodista y columnista de varios periódicos en el interior del país destacó que la oposición debe enfrentar al Gobierno con propuestas y soluciones concretas. Y crear conciencia sobre las bondades y pertinencia del programa opositor, con el uso de un lenguaje llano, sencillo y comprensible para las masas populares.

Cordero Peraza aseveró que la Unidad debe dedicar esfuerzos y recursos a la organización de la campaña electoral presidencial, que sean los suficientes para cubrir la demanda de miembros, testigos de mesa y electores en todos los centros y juntas electorales.

En ese mismo sentido, el politólogo Piero Trappicione manifestó que la oposición debe retomar el concepto de Unidad. “Sin duda alguna la franquicia Unidad, o la Unidad vista como una franquicia política, ha sido el mecanismo más exitoso que ha tenido la oposición en los últimos años. De hecho el mayor y más rotundo triunfo que tuvo en estos últimos 18 años fue precisamente en diciembre de 2015 amparándose bajo el llamado paraguas de la unidad”.

Dijo que el mayor desafío de la oposición es trabajar y reencontrarse en la franquicia de la Unidad para lograr una candidatura presidencial unitaria, que "sin duda alguna será la prueba de fuego a la que estará sometida en estos próximos meses".

"Es más fácil para la oposición reagruparse en torno a la MUD y a lo que ha sido la plataforma unitaria que reconstruirse en una nueva plataforma. Pretender reconstruir en estos momentos una alianza opositora distinta a la MUD pudiera llevarse un par de años", agregó Trappicione, politólogo y coordinador del Centro Gumilla del estado Lara.

Por su parte, el politólogo Carlos Romero manifestó que el principal desafío para la oposición es volver a tener contacto popular y “recuperar el contacto con los sectores amplios de la vida nacional”.

"No podemos explicarnos por qué, luego de una victoria tan importante como las parlamentarias en el 2015, no se repitieron éxitos electorales durante el año 2017", agregó el también docente e investigador.

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Freddy Marcano

Este nuevo año 2018, nos trae muchos retos. Uno de ellos es reivindicar el diálogo en su exacto significado y dimensión, puesto que tiene una carga semántica e histórica que no podemos obviar, y no cualquier conversación conduce al diálogo, a la negociación y al acuerdo. Desde que se inició el encuentro en República Dominicana, las partes han desatendido -quizás hasta obviado- este aspecto central, lo cual ha generado confusión en los sectores de la oposición frente a un gobierno que no se molesta siquiera en explicar la materia a sus seguidores.

Debo resaltar que el diálogo es consustancial al ejercicio democrático, como un valor ético de la política civilizada, negada a realizarse a través de las armas y de la violencia; además, es una metodología para reconocer y resolver las diferencias que no constituyen delito alguno. Por más que el pueblo venezolano tenga una misma identidad que lo particularice frente a otros pueblos, dentro de la unidad es también diverso, complejo y plural. Nadie puede pedirle al otro una absoluta uniformidad, ya que no somos una especie de seres mecánicos, resignados y obedientes. Aún al interior del más modesto hogar, hay pareceres distintos, por lo que resulta lógico que los haya en todo un inmenso país que requiere procesarlos hasta consensuar aquellos que nos permiten convivir en paz. Solo esperaríamos sinceridad entre las partes para poder así retomar la confianza que se ha perdido.

El diálogo real y sincero, obliga a la comunicación, al intercambio de conocimiento, a la comprensión y la empatía con el otro, para lograr un acuerdo mínimo y necesario. No lo hay cuando existe el recelo, la triquiñuela, la zancadilla, la engañifa y la prepotencia de los que se dicen dialogantes, trátese de un padre de familia que debe solventar un caso con el hijo rebelde o trátese de toda una nación que no tiene para comer, incluso, siendo productora de petróleo. Al acercarse el 60ª aniversario de los hechos del 23 de Enero, por ejemplo, recordamos que, después de la caída de la dictadura, Venezuela comenzó a reconocerse con todas sus diferencias, al dialogar en torno a la posibilidad de una candidatura presidencial unitaria o de varias, como ocurrió luego al amparo del Pacto de Punto Fijo que supuso un intercambio de opiniones y una decisión compartida de los partidos que lo suscribieron.

De algo se puede estar seguro, no hay diálogo que valga si no está inspirado y fundado en el Estado de Derecho que se traduce en un conjunto de libertades y garantías; la inexistencia de este estado implica la aparición de la extorsión, el chantaje y la violencia. Asimismo, no puede existir diálogo en una sociedad donde no se respete la libertad de conciencia, expresión, reunión, asociación y el derecho mismo de petición a las autoridades. Sólo el diálogo de las cúpulas oficiales y opositoras permitirá la vigencia real e inmediata de esas libertades y garantías indispensables para que haya ciudadanía. Un diálogo sin estado de derecho será de todo, menos un diálogo de vocación y entendimiento democrático.

Una sociedad pluralista necesita de decisiones significativas y consensuadas que se traduzcan en instituciones y espacios que resuelvan las diferencias. Por ello, la importancia genuina de las elecciones regulares, pulcras y periódicas; la existencia de un parlamento plural y representativo, donde se siente la diversidad de puntos de vista, como el respeto a los medios de comunicación que deben ser voceros auténticos de la multiplicidad de los puntos de vista. Reconociendo, entonces, la necesidad de un diálogo democrático, debemos reconstruirlo de inmediato sobre bases distintas a las que nos llevaron a República Dominicana. El pueblo pide a gritos que la oposición viré el timón, rectifique todos los errores, incluya a todos los sectores que han sido excluido por pensar diferente. No podemos actuar de la manera como actúan los que adversamos.

@freddyamarcano

 3 min


Maxim Ross

Quizás asombre a mis electores con la categórica afirmación que sostengo en el titulo de este breve ensayo, no solo porque se ha convertido en un lugar común decir que estamos en crisis, sea esta económica, social, humanitaria, política o global y catastrófica, sino porque estaría negando lo que todos afirman. No creo que estemos frente a un fenómeno de crisis, al menos en su sentido convencional. El examen de la situación de Venezuela desde ese punto de vista es errado y nos lleva a conclusiones y propuestas equivocadas.

Una idea que se repite.

Si revisamos las distintas opiniones y declaraciones de lideres políticos, intelectuales, economistas, personas o gremios sobre la situación de Venezuela, encontramos que todos afirman que estamos en crisis y que las expresiones de esta se manifiestan en los temas de escasez o de inflación, en el ámbito económico o, más dramáticas, en el plano social o humanitario cuando hablamos de “crisis humanitaria”, refiriéndose a extremos de hambruna en el país o de carencias de nutrición en nuestros niños, lo cual puede ser verdad, pero no es producto de ninguna crisis. En realidad, lo que hacemos es repetir sus síntomas y darles una categoría genérica que no corresponde con la actual situación venezolana.

En el mundo de los negocios se nos habla de crisis de la agricultura, de la industria o del comercio y se nos ilustra con una “caída de las ventas”, el no acceso a divisas o que el parque industrial se ha destruido o se ha reducido en elevados porcentajes. Inclusive en sus análisis se ofrecen diagnósticos basados en situaciones de “volatilidad”, “incertidumbre”, clásicos de situaciones de crisis y se proponen soluciones acordes con ellos, pero no se termina de reconocer la índole del problema.

En el mundo petrolero enfocamos el tema de manera similar. Se dice lo mismo: PDVSA está en “crisis”. La reducción de la producción y su precaria situación operativa y financiera se la atribuimos al mal manejo del negocio.

En el campo de la política se ha creado la idea de que existe una crisis que se evidencia, por ejemplo, con las debilidades de la oposición, con los aciertos o errores de la MUD o con los enfrentamientos, verdaderos o falsos, entre los funcionarios del Gobierno. Estamos en una “crisis política” porque el TSJ niega las atribuciones de la Asamblea Nacional, se realizan manipulaciones electorales o se diseña y desarrolla un proceso constituyente.

Desde luego, cuando enfrentamos los problemas con ese apellido las soluciones y propuestas son consecuentes, pero erróneas. Por ejemplo, cuando exigimos en el campo económico que se enfrente o se suprima la inflación es porque creemos que es producto de una crisis de excesivo circulante o gasto público, lo cual, si bien es cierto, no nos conduce a su verdadera causa.

Si sumamos todas esas apreciaciones y sus consecuencias observamos que, tanto el diagnostico como las soluciones propuestas, no corresponden a la realidad.

¿Qué es una crisis?

De varios diccionarios tomamos el concepto de crisis y todos llevan a la “interrupción de un proceso inercial” o a su “la ruptura o separación”, a “hechos que producen un quiebre” o a la “inestabilidad de una inercia”. Todos ellos, como vemos, encierran la idea de una ruptura de una inercia o de un equilibrio que es independiente de la acción de un individuo o grupo. Tomemos varios casos para aclarar la tesis que defiendo.

En el campo político se puede ver muy claramente en los gobiernos parlamentarios, cuando el partido que tiene la mayoría la pierde, se produce una crisis política y se resuelve con un llamado a elecciones. En el terreno económico existen ilustraciones claras de su significado como lo fueron los distintos casos experimentados por el mundo contemporáneo, la Gran Depresión, la reciente “crisis financiera” del 2007, todas ellas provenientes de hechos o situaciones espontaneas e inesperadas. Un buen ejemplo de lo que es una crisis política y económica lo ilustra el caso venezolano a finales de los 90’s, con el desbalance bancario y con el auge de la presencia de un Chávez, porque provienen de un desarreglo de los mercados económico, financiero y político.

Observamos, entonces que, tanto en los casos políticos o económicos que refiero el patrón común, el patrón de consistencia de lo que se puede llamar “crisis” es producto de la ruptura de una inercia que proviene de ella misma, de una situación espontanea, que se genera dentro del propio sistema, inesperada y no provocada intencionalmente. En este sentido la distinción entre una crisis y lo que pasa en Venezuela es muy clara.

¿Por qué no estamos en crisis?

Podría argumentarse que “estamos en crisis” porque es consecuencia del desencadenamiento de la crisis del modelo económico y político que surge después de 1958, por la ruptura de los pactos democráticos básicos y por la excesiva dependencia del Estado y del ingreso petrolero. Se podría aceptar que seguimos inmersos en la misma, pues los síntomas del pasado son iguales a los de ahora, aunque notablemente exacerbados.

Sin embargo, la diferencia entre unos y otros es muy nítida, pues ahora esos síntomas son provocados intencional y deliberadamente por una ideología y su política de Estado, lo cual distancia completamente la situación actual con la anterior.

Por ejemplo, decimos que la “crisis cambiaria” se debe resolver con la “unificación de los tipos de cambio” o con la eliminación del sistema de control, pero eso no encaja en aquella política de estado. Para contener la inflación, se pide reducir el Gasto o el déficit Publico o la liquidez, pero eso tampoco eso encaja. Para reducir la escasez se pide darle garantías, incentivos y libertades al sector privado, cuestión que va en dirección contraria a lo que se observa. Todas estas “soluciones” son exigidas repetidamente sin encontrar “eco” en el Gobierno y en su Política de Estado, lo cual nos asombra porque, luego decimos que el Gobierno no desea resolver las crisis.

Ninguna de los síntomas que se describen todos los días en Venezuela son producto de una crisis y no provienen de hechos espontáneos sucedidos en el seno del sistema que los organiza. Por el contrario, todos ellos, repito todos, son el producto de la acción intencionada y deliberada de una entidad ideológica y política que ha configurado y está poniendo en práctica una modalidad de vida y de sociedad distinta a la que se tenía y la que se tiene. Para lograr ese objetivo, clásico de todo proceso revolucionario, lo anterior a el tiene que irse y desaparecer, sea más o menos drásticamente, lo cual depende del momento histórico y la fuerza que tenga quien la promueve y dirige.

De esta forma: ¡Venezuela no está en crisis! Esta viviendo la misma experiencia por la que pasaron todas las sociedades y países en las cuales se produjeron revoluciones similares. Todo lo que acontece es producto de decisiones y acciones del ente que domina y regula la sociedad, en nuestro caso de un poderoso Estado, ahora con un enfoque ideológico socialista marxista, claramente totalitario, anti capitalista y adversario de la democracia burguesa. Todo ello se consuma frente a una sociedad civil muy débil, limitada y dependiente del Estado.

No es casualidad.

No lo es, por ejemplo, que se haya impuesto el modelo constituyente, tal como sucedió en la Unión Soviética[1] o en Cuba y en otros países donde este sustituye a la convencional Asamblea precedente. No es casualidad que se intentó imponer en otros países, como el caso de Honduras, sin lograrlo o en el de Paraguay por vía distinta. No es casualidad la idea de la “reelección indefinida” y la del partido hegemónico. No es casualidad que se hayan expropiado centenas de empresas privadas y darle al Estado el manejo de los principales sectores de la economía y de los recursos naturales.

No es casualidad que en todos esos casos se hayan producido momentos de serias carencias materiales, hambrunas, “colas” y racionamientos porque las “fuerzas del mercado” no deben orientar la economía. No es casualidad, tampoco, que se le otorgue la dirección y manejo de los principales recursos petroleros y mineros a las Fuerzas Armadas tal como sucede, por ejemplo, en Cuba. Son demasiadas “casualidades” para que sigamos juzgando la situación como que “estamos en crisis” y no percibamos de que se trata de claros y definidos objetivos revolucionarios.

Lo que nos crea confusión en Venezuela es que este proceso se ha realizado de una manera muy inteligente, sin crear situaciones de cambio dramáticas, sin un ataque fulminante al capitalismo local e internacional, inclusive con la convivencia de algunos sectores del empresariado local y con procesos electorales que generan un simulacro de democracia que se sobrepone a la convencional. Por todas esas razones es muy fácil conceptualizar la situación con la repetición de sus síntomas (escasez, inflación, crisis humanitaria, etc.) a quienes generalizamos, entonces, equivocadamente con el concepto de “crisis” y cuyas soluciones invocamos reiteradamente sin encontrar respuestas.

El socialismo en marcha.

A pesar de toda la confusión que se genera al entender este proceso lleno de corrupciones, narcotráfico, incompetencias, ineptitudes, violaciones constitucionales, trampas electorales, devaluación de la moneda, caída de los precios petroleros, etc., etc., negar su carácter ideológico es un grave y sustantivo error, pues poco a poco, se ha ido implantando en Venezuela un modelo similar al de la Cuba de los 60’s, al de la China o la Unión Soviética con todo y las variantes que imponen los tiempos modernos.

Sobran hechos y pruebas para validar esta afirmación, comenzando por la imposición de un partido socialista único y hegemónico, el cual ahora ha ganado terreno en desarrollar una oposición permitida, sumamente limitada en su capacidad de sustituirlo en el poder, sea por la vía electoral o por cualquier otra. A ello se agrega que los principales líderes políticos están en el exilio. La probabilidad de crear una “oposición a la medida” está en el diseño.

Del lado de la sociedad civil la situación es similar con la creación de una expresa división social, en la que unos son protegidos y subsidiados y otros no. EL CLAP y el Carnet de la Patria son herramientas similares a las de otras experiencias, con nombre distinto. Del lado político de la sociedad civil, se han logrado neutralizar los sectores opositores más radicales y, sin protesta alguna, que unos cuantos millares de venezolanos, sino millones, se hayan expatriado “voluntariamente”, imitando el éxodo que en Cuba o en China se produjo de manera bastante más drástica y dramática. La creación de una verdadera parte de esa sociedad parasitaria y completamente dependiente del partido y del Estado cierran el circulo de una progresiva y, posiblemente, irreversible sumisión.

La moneda, el bolívar, como consecuencia es sistemáticamente destruido, cual es una consigna básica de los socialismos. Ahora la criptomoneda será el arma fundamental para combatir la escasez de divisas y para instaurar una moneda autónoma e independiente del sistema internacional.

La escasez, si bien tiene que ver con la insuficiencia de divisas, obviamente tienen mas que ver con la expresa destrucción del aparato productivo privado y el espectro de controles y fiscalizaciones[2] que lo rige. Que no haya alimentos no es problema de una “crisis” es producto de una deliberada intención política y estratégica. Luego, que persista y se potencie la inflación es el resultado de un modelo estratégico de Gasto Publico que la promueve y no, como se cree, que es resultado de incompetencias e ineptitudes. Pedirle al Gobierno que la controle es pedirle que renuncie a su estrategia de Gasto, a lo que sigue la creación de un Gobierno “benefactor” que aumenta el salario mínimo, las pensiones o diseña Bonos electorales, de “guerra” u otros.

Clientelismo y lealtad política se juntan en esta eficaz herramienta revolucionaria. Se trata, al final de cuentas, de una lucha por el poder que va más allá de Venezuela. No de una o varias crisis en las que todos esos llamados a resolverlas quedaran en el vacío.

En este contexto, cabe desde luego la pregunta: ¿Qué le depara el destino a Venezuela? ¿La continuidad y permanencia de este modelo o su sustitución por una alternativa democrática?, lo cual, a mi juicio depende de cómo enfoquen los contendientes políticos y la sociedad civil el problema. Ofrezco dos alternativas.

¿Dos socialismos?

La experiencia dice que esos regímenes evolucionan en dos direcciones. Unos, caso de los soviéticos y su órbita no vieron a tiempo, se derrumbaron estrepitosamente y abrazaron abruptamente el capitalismo. La China principalmente, luego Vietnam, Laos y Cambodia, entre otros, vieron a tiempo y supieron combinar exitosamente los dos sistemas, el político y el económico para garantizar su permanencia y sostenibilidad.

Cuba, la maestra del modelo venezolano, está en ese curso con una velocidad que no dice si lo cierra o no exitosamente. El socialismo en Venezuela está en el medio de esas opciones y será influido seguramente. No sé si vera a tiempo y colapsara estrepitosamente o si logra evolucionar hacia el modelo chino, especialmente porque el petróleo juega ese rol paradójico entre sostener y retrasar.

Frente al 2018 y lo que sigue.

Primero que nada: Olvidémonos de la palabra crisis y de sus soluciones. El 2018 es demasiado decisivo porque hay que escoger entre someterse al “status quo” o modificarlo y las opciones que se tienen son muy limitadas. La voz de la sociedad civil que puede ser sometida es indispensable. De que esta aparezca y se manifieste abierta y expresamente, sumándole poder a lo que queda de los líderes y los partidos políticos, depende que ese socialismo se quede en Venezuela, sino para siempre, por largo tiempo.

Las elecciones presidenciales son una oportunidad para opinar si vale la pena reelegir a quien gobierna ahora o es mejor decidir otro camino. La exigencia de una autentica ruta democrática que garantice unas elecciones verdaderamente libres y el reconocimiento de los poderes elegidos legítimamente por el soberano debe ser su consigna.

El mundo y nuestros principales vecinos y aliados reconocen el peligro y están del lado opositor, pero de allí a actuar hay un largo trecho. Deben estar a la espera de un mensaje o de una señal que diga indique el mejor camino.

[1] Recuérdese el dramático proceso que se vivió en ese país entre los anos 1917 y 1921, cuando se entablo el duelo político y militar entre la Asamblea presidida por Kerensky y la que promovió Lenin, sobre todo cuando este último fue perseguido y obligado a huir.

[2] Al momento de escribir estas notas se produce la “intervención” de la SUNDDE en los principales auto mercados.

 11 min


Alberto Hernández

Crónicas del Olvido

1.-

Patria o Yocandra, la misma persona y también distinta. El primer nombre ajustado a lo que pasaba y pasa como consigna en la Cuba recién tomada por asalto y la que continúa siendo asaltada. El nombre que sublima el gesto del Che de poner sobre la barriga inflada de la madre a punto de parirla. De parir a quien bautizaron con ese sustantivo, y que el personaje se arrancó de la piel para hacerse llamar Yocandra, por la burla que impone la ruina de su tierra o la grandeza de un apelativo que no cabe en ser humano alguno.

Yocandra, vocativo tomado de los papeles de un seudo escritor que lo había creado, pero que jamás respiró como literatura, pero ella sí. Ella, personaje. Ella, ficción o realidad, referente de una aventura que aún mortifica la conciencia del mundo. Ella, personaje que desnuda una hora muy larga del llamado “período especial”, cuando nació su niña Attys Luna, la hija de la escritora.

Saber que la nada existe, que es un rencor vibrante. Descubrir al final que todo eso, la mentada revolución cubana, no es más que un remedo. Un crimen aplaudido por todos los que se dicen manifestantes, protagonistas de una historia desfasada, criminal, atornillada al populismo, al oportunismo más descarado.

Nuestro personaje –ella- vive afiliado a esa realidad. A las secuencias del esbirrismo de los CDR, de la delación, de la putería y chulería nacional. El personaje se quita la máscara, que es la misma que se ponen los dirigentes, sólo que la máscara de ella, la de la Patria o Yocandra, es la del dolor. Es la máscara de la víctima. La verdadera cara de la infamia, porque en ella están los pliegues, los surcos de sujetos con nombres y apellidos como Ernesto Guevara, Fidel y Raúl Castro, entre otros fascistas que convirtieron la Isla de Cuba, en la Cuba sin Isla.

2.-

El vacío, la cotidianidad de la nada. La miseria. La gran pereza colectiva. Un país que dejó de ser país para ser sólo una consigna, una enseña en una pared ruinosa. Una isla cuyo mar llega a las miserables cocinas y allí se instala con su sal, sus corales, sus monstruos raigales, su agua apesadumbrada, su porquería callejera. Una isla que desaparece del mapa del mundo gracias al silencio del mundo. Una isla inundada por el Caribe, por los tornados que hacen de las calles faramalla de miserables que bailan y juegan dominó en medio de la podredumbre de las cloacas.

Cuba es una mujer asomada a un balcón. Ella, descalza, sin pantaletas, sin ropa interior mientras en el Malecón gira el pequeño mundo de los desperdicios. Cuba es una insinuación.

Esta primera novela de Zoé Valdés, reconocida, leída y traducida a otros idiomas, la consagraba como una joven promesa, que ya dejó de serlo, es una escritora leída en todos los ámbitos de nuestra cultura literaria. Es una narradora que escribe desde su cubanidad. Que no se aleja de su calle, de sus personajes, de sus familiares. Es una escritora cubana en el exilio, pero lleva a su país siempre en la maleta. Por eso recurre a este intertítulo: “Morir por la patria es vivir”, pero también contiene una ironía, porque Marguerite Yourcenar, pocas líneas abajo, usada como epígrafe, dice: “Tener miedo del futuro, eso nos facilita la muerte”.

Palabras duras, de muerte, y más si el personaje se llama Patria. Patria o muerte, moriremos, traduzco. Y de allí, de sus primeras letras: “Ella viene de una isla que quiso construir el paraíso. El fuego de la agresividad devora su rostro…”

Después la seguimos en las anécdotas, en una narrativa que no descuenta nada. Que todo lo suma a la barbarie que aún continúa asolando a ese país que se niega a morir pese a los fusilamientos, las torturas, las cárceles, los insultos, el hambre, la humillación.

Pues bien, Patria, que no es Yocandra, porque Yocandra es metaficción, y ella es reflejo de la realidad, vivió y vive en todas las mujeres cubanas lo que ella cuenta, lo que su personaje, su doble, su desdoblamiento, acusa mientras sus libros, que son los de la narradora Zoé Valdés recorren el mundo.

Yocandra comienza a ser exilio. Quiere borrar su nombre para ser otro, en préstamo. Porque ese nombre sacado de unas páginas de pobreza literaria, enaltecen lo que será su nuevo espíritu. La patria ya no es. Cuba es una isla rodeada de Patrias exiliadas.

3.-

Esta exposición narrativa de Zoé Valdés deriva en varios personajes que le hacen compañía a Patria o Yocandra, quienes conforman el tejido social en el que se mueve ella. Con El Traidor, falso novelista, amante y un enchufado del régimen, un estafador de ilusiones; La Gusana, una de las amigas del personaje principal, quien al final logra salir de la isla; El Lince, otro de los amigos de Patria, quien termina huyendo de Cuba en una balsa, y el Nihilista, un fracasado cineasta que también forma parte del entorno de la mujer.

Ellos, todos animan el mundo de La Habana donde vive Patria. Ellos desnudan la corrupción, el miedo, la miseria y la incertidumbre que habita en el alma de esa nación, regida por una tiranía que vigila, espía, bucea, indaga, descubre y castiga a la disidencia.

“La nada cotidiana” (Quinteto/ Salamandra, España 2002) se asimila bien a un discurso a veces poético de narrar, aunque la desnudez de su sintaxis expone más claramente el paisaje de un país que ha dejado de serlo para convertirse en una cárcel.

Expresiones como “Tres ventanas abiertas confirman que el mar existe”, “El agua es una atracción lenta, una serenidad máxima”, “padezco de un suspiro eterno”, dan cuenta de la médula poética de esta novela.

En las escenas eróticas la tensión llega a su límite. La narradora juega con el lector, con la narrativa del deseo del lector: lo excita, lo convierte en participante del acto carnal. Zoé Valdés cuenta, narra en medio de un orgasmo verbal.

4.-

Los mitos de la Cuba potencia, de la Cuba culta, de la Cuba solidaria y culta se desprenden de su pedestal. La carestía, el estraperlismo (bachaquerismo en Venezuela), la especulación, el robo, la usura…todo está en esta historia que en esta hora viven algunos países como Venezuela.

Una muestra:

“Total, que me despabilé con el buchito de café, me lavé los dientes, desayuné agua con azúcar prieta y la cuarta parte de los ochenta gramos del pan de ayer. He administrado muy bien el pan nuestro de cada día. Cuando hay -¿si es que hay!- lo pico en cuatro: un pedazo en el almuerzo, otro en la comida, el tercero antes de acostarme, si no lo he compartido antes cuando tengo visita, y el cuarto es el destinado al desayuno. Después volví a lavarme los dientes. Tengo pasta dental gracias a una vecina que la cambió por el picadillo de soya, porque yo sí es verdad que no ingiero eso, sabrá Dios con qué fabrican esa porquería verdosa y maloliente. Me han vuelto vegetariana a la fuerza, aunque tampoco hay vegetales”.

Y como vivía pensando en las musarañas y los apagones eran constantes, Patria no trabajaba jornada completa. Era empleada en una revista literaria que dejó de salir, pero hacían creer que existía, como todo en este tipo de regímenes. Dicen que hay pero no hay. Dicen que es el paraíso y es el infierno.

Acosada por una soplona, a quien ella apodaba “la militonta”, Patria, la patria, la que lleva otro nombre, se siente acosada, estudiada de arriba abajo por aquella mujer que, como sus profesores, también es policía. Y los que se ocupan de perseguir en las calles, mientras más violentos son más pollos comen. Considerada una “gusana” por esa comisaria, Patria ya no era la patria que ella creía ser. Por eso se decía:

“Vivíamos exiliados de nosotros, nuestras almas en destierro, el cuerpo respondiendo obediente al interrogatorio de las circunstancias (…) Preguntar no estaba permitido (…) Nunca podremos erguirnos totalmente por culpa de los fusilamientos”. Por esa razón vivía en “La Habana, Ciudad Mortaja”.

Esta novela recoge imágenes y expresiones que se han convertido en una ventana de denuncias. No la ventana que descubre el mar. Es la ventana por la que es posible dejar colar:

“De tan alto sentimiento patriótico nos hemos transformado en decadentes, y jugamos con la vida como a la gallinita ciega (…) ya sé que un exiliado tiene hasta la tumba prohibida”.

La isla, ese terrón que antes era de azúcar y ahora es un coágulo de amargura, tiene en la voz de la narradora esta imagen: “Un país obsesionado con obtener riquezas de la miseria”.

El desarraigo no termina de borrarse de la lengua. Raspa la palabra, relata su condición de extraña: “Vivir en el exilio aguza el estado onírico”. Los sueños se hacen más reales, más diarios, más nocturnos, más siempre. Se sueña para despertar en medio de una pesadilla.

Y como todo estado policial con las características de Cuba u otro país que haya pasado o pasa por esta terrible experiencia: “…cada escritor tiene un policía asignado”, y los castigos para quienes se “portan mal” se convierten en primera persona, como en el caso del Nihilista: “Estuvo siete años entre premios, interrogatorios, cárceles, autoencierros, disidencia y reintegración”.

Y como si el cierre de la novela fuese un calco de lo que acontece en pleno siglo XXI en alguna región muy cercana, se pregunta: “¿No ven que me ido quedando sin amigos? Se me fueron, se me van, y apenas puedo hablar de ellos en voz alta, y debo fingir que no me alegro cuando les va bien y tienen trabajo, y reúnen unos quilitos (dinero), y tal vez regresen de visita, pero ya no viven aquí, ya no estamos juntos en el día a día, ya no existe más el “vamos a casa de fulano”, porque fulano, sutanejo y esperancejo se fueron a Miami, o a México…”.

Zoé Valdés cierra la ventana que daba a su mar con esta oración:

“Ella viene de una isla que quiso construir el paraíso”.

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