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Opinión

Entre las opciones de votar o no votar en las elecciones del próximo 15 de octubre para elegir nuevos gobernadores, en mi opinión, hay que escoger la de votar; pues, el sufragio es la única arma con la que cuenta el pueblo para ejercer su soberanía; ello, independientemente de las condiciones existentes para el momento en el cual se vaya a hacer uso de ese derecho constitucional.

Por añadidura, estas elecciones permitirán indirectamente y por carambola, que el pueblo venezolano se pronuncie en cuanto a su preferencia por la tesis socialista del oficialismo o por la antítesis capitalista de la oposición. Y ese dato estadístico, aportará una información de trascendencia histórica.

Finalmente, alguien dijo por allí que psicológicamente es más soportable arrepentirse de haber votado, que recriminarse y lamentarse por no haberlo hecho...

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Buscando un correo electrónico traspapelado. No sé si esta expresión cabe también para los papeles virtuales, comencé a buscar en diversas carpetas de mi correo. Abrí los llamados “correos no deseados”, carpeta en la que casi nunca suelo meterme, porque, como su nombre lo indica, uno no desea saber de la gente que te escribe por allí. Casi siempre se trata de cadenas, con lo despreciables que estas siempre suelen ser. Para mi sorpresa, me encuentro con un correo en inglés suscrito por el CEO del Banco Central de Nigeria, Dr. Godwin Emefiele. Como es del dominio público, CEO significa “Chief Executive Officer” por sus siglas en inglés, como dice la gente instruida. En la comunicación Mr. Godwin –entiendo que su nombre tiene como primer componente a Dios y de segundo ganar, es decir, Diosgana– me dice lo siguiente: “your name with all your information from our central computer stating that abandoned fund worth of $25,000,000,00 (Twenty Five Million United State Dollars) belongs to you, Please; I want to know from you the reason why you abandoned such big fund here in our bank”.

Lo primero que me vino a la cabeza fue responder de inmediato con un breve: “pussy panita, I forgot those reales, Can you transfer them to me from one?”. Es decir: “coño, panita, me olvidé de esos reales, ¿me los puedes transferir de una?” Acto seguido, pensé, lo primero que debo hacer es buscarme en la lista de Trump a ver si aparezco, si es el caso, debo buscar un paraíso fiscal. Ni siquiera me pregunté de dónde vinieron esos reales ni cómo me los gané, entre bolichicos nunca nos preguntamos esas cosas. Entiendo que en Venezuela 25 millones de dólares es un choreo infantil de un aficionado menor, pero en mi vida pequeñoburguesa podría resolver, bien resueltas, a 25 generaciones de mis descendientes: el futuro de los Márquez asegurado hasta el año 3015, por lo menos.

Esto debe ser una broma de Emilio, fue lo segundo que pensé. Tengo que googlear a Godwin. Para mi sorpresa, el hombre existe y Google dice que con toda certeza es el “governor” del Banco Central de Nigeria, donde se encuentra mi cuantiosa fortuna, que tiene 54 años, la foto muestra un señor afrodescendiente, cosa que es lógica porque Nigeria queda en África (además yo también soy afrodescendiente, mis padres también eran africanos de Canarias, así que estamos entre paisanos), es cabeza de una bella familia. ¿Y si la vaina es verdad? y si tengo ese dinero abandonado por allá y este señor se ha tomado la molestia, ha tenido la finesa de ubicarme, para devolverme mis fondos –obviamente mal habidos– porque un pobre de solemnidad sabe exactamente cuánto tiene y dónde lo tiene y el esfuerzo que te ha costado cada céntimo ahorrado. ¿Por qué metí esos reales en Nigeria? ¿Seré un bolisonámbulo?, fue lo otro que me pregunté. Existen Caimán, Suiza y la celebrada Andorra, que está a punto de ser declarada como territorio venezolano, por la abundancia de nuestros fondos allá. Why Naiyiria? Am I an stupid? Yes I do.

Seguí leyendo. Me dice el pana Godwin que como yo no he aparecido a reclamar esos reales, me los han depositado en una ATM card a mi nombre. Es decir a una tarjeta de débito. Y hasta me manda la clave, cuyo pin obviamente no voy a revelar. Ni que fuera yo bolsa para decirles que la clave es 2116. Los bolichicos somos astutos. ¡Godwin de mi vida, me vienen los escraches! –pensé– que yo esté en el Peter Luger Steakhouse, de lo más tranquilo, enfrentado a una punta argentina con una botella de vino Protos, del bueno y se me pare alguien enfrente: “¡devuelve esa carne, corrupto!", y uno vomitando todo. Comencé a odiar a la oposición que tanto he defendido. Son unos traidores todos, es verdad.

Dr. Godwin me pide que le mande mis señas: dirección, teléfono, mi cuenta bancaria y mi firma escaneada. Por favor, que algún bolichico con más experiencia que yo, me ayude: ¿qué hago, le mando todo?

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Pedro García Otero

I

Este domingo, 24 de septiembre, el diario español El País publicaba un trabajo titulado Energías Renovables: ¿Se acabó la gasolina?, en el que se dan, en el primer párrafo, diversos ejemplos de cómo las principales economías del mundo se hacen cada vez menos dependientes del petróleo, no solo por razones financieras, que ya en sí son suficientemente importantes, sino por razones climáticas: Europa se ha comprometido, para 2050 (una fecha que está en el horizonte, aunque muchos de los que leemos esta nota hoy quizás no estemos para vivirla), a reducir entre 85 % y 90 % la emisión de gases invernadero.

Alrededor de 170 países han establecido políticas de reducción de gases, incluida China, la gran usina del crecimiento económico mundial, y esto, evidentemente, provoca reacciones en el mercado petrolero. En 2013, cita el mismo diario El País, en otra información, el peso del petróleo en el consumo mundial de energía había caído a los niveles de 1965; y, según el Anuario BP de Energía 2016, desde entonces, ha habido una pequeña recuperación.

De hecho, la demanda de petróleo (como parte del consumo mundial de energía primaria, de acuerdo con el mismo anuario), en el último cuarto de siglo, ha crecido de unos 4.000 a 4.500 millones de toneladas equivalentes de petróleo (MTEP), un 12 % aproximadamente, mucho menos de 1 % por año; en un mercado total que ha crecido de 9.000 a 14.000 MTEP en el mismo lapso, es decir, más de 50 %.

En este escenario, el gran sostén del crecimiento de la demanda de energía del mundo es el gas, que prácticamente ha crecido en la misma proporción, y el carbón ha tenido también (paradojas) un incremento sensible desde 2003 y hasta 2012, sin duda apoyado por los altos precios del petróleo, y que ahora debe tender a caer. Un experto, en el precitado trabajo del país, señala que “no olvidamos el carbón cuando comenzamos a producir petróleo, solo lo montamos encima”. Sin embargo, en ocho años cerrará la última mina de la legendaria industria carbonífera inglesa.

Aunque las energías renovables no aparecen con un crecimiento sensible, por haber empezado muy por debajo de los combustibles fósiles, su crecimiento interanual es de 20 % en MTEP, hasta 2015, fecha de los últimos datos disponibles para la Agencia Internacional de Energía renovable.

El peso de la renta petrolera en el PIB mundial, igualmente, luego de alcanzar casi 3 % a mitad de la década pasada, ha caído a menos de 0,5 % del Producto, según datos del Banco Mundial. Es decir, para el funcionamiento de la economía planetaria, el petróleo es un producto cada vez menos importante, aunque no puede soslayarse su efecto agregador para otros sectores, como transporte, producción de bienes y servicios, e incluso, como generador eléctrico.

II

Un amigo de juventud y gran periodista, Marco Tulio Socorro, decía, en la década de los 90, que su gran miedo como venezolano era levantarse un día por la mañana y ver que el periódico decía “ya no se necesita más la gasolina”. Él terminó yéndose de Venezuela, como casi toda mi generación, a sociedades más funcionales. Pero yo siempre le comentaba que eso era imposible, que no iba a suceder. Por lo menos no así.

Lo que está pasando en el mundo es que la dependencia de la gasolina (principal derivado del petróleo) es cada vez menor, aunque hay opiniones en contrario (sobre ellas hablaremos más adelante). Ya hay países que prohibirán el motor de combustión interna tan pronto como en 2025; Inglaterra lo hará en 2040.

Se venden cada vez más y cada vez mejores autos eléctricos, o híbridos (eléctricos-gasolina, eléctricos-gas natural, sobre todo esto último); en las ciudades del primer mundo, además, hay cada vez mejores sistemas de transporte público, más eficientes en cuanto a costo-volumen de personas y carga transportada.

Es decir, evidentemente, las perspectivas del petróleo no son buenas, en el mediano o en el largo plazo. Los que han apostado contra las nuevas tecnologías, desde los Ludditas —aquellos que destruían las máquinas de la revolución industrial—, hasta Kodak, han perdido. Sin excepciones.

III

Desde que el Gobierno de Nicolás Maduro cayó en la consecuencia inevitable de un modelo fallido en 70 países y durante más de un siglo —la bancarrota financiera y el estallido social—, ha venido acuñando el término “sistema económico pospetrolero”.

Como es su costumbre, el chavismo le pone eslóganes de pertinencia a proyectos de los que no tiene ni idea de su implementación. Para el chavismo, el “sistema económico pospetrolero” puede suponer (de acuerdo a lo poco que han esbozado, probablemente porque no tienen ni idea de cómo desarrollarlo), dos cosas: O más comunismo, puro y simple, con lo cual el fracaso está garantizado de antemano; o un sistema tipo chino, de férreo control político mezclado con capitalismo de amigotes, del más salvaje, en un país en el que su población está ganando salarios de hambre.

Que Maduro y la cúpula inepta y corrupta que lo rodea hablen de “modelo pospetrolero” en un momento en que el petróleo está todavía a 40 dólares y en el que el Gobierno controla, y asfixia, la mínima inversión independiente, no controlada por él, ni siquiera llega a risible.

Pero en algo sí tiene razón el mandón: Al menos con su Gobierno, el modelo petrolero está acabado para Venezuela. Porque si el petróleo, como industria, tiene cada vez menos peso en el PIB mundial, Venezuela, como proveedor, es cada vez más insignificante en ese mercado. Sus 1,9 millones de barriles de producción diaria han hecho que, al elaborar recientemente un perfil del futuro del petróleo, The Economist no haya mencionado a Venezuela ni siquiera en una ocasión.

IV

No siempre fue así. En 2005, un exultante Hugo Chávez, recién ganador de un referendo revocatorio y con el camino político despejado hacia el futuro, ofrecía, canibalizando la figura de Arturo Uslar Pietri (quien calificó al mandatario de “ignorantísimo”, apenas llegado al poder) el plan “Siembra petrolera” que prometía un objetivo económico (llevar la producción a más de seis millones de barriles en 12 años, es decir, en el año que vivimos ahora), y cuatro objetivos políticos, promovidos por sus delirios geopolíticos y apoyados en los altos precios del crudo:

“Apalancar el desarrollo socioeconómico nacional para construir un nuevo modelo de desarrollo económico más justo, equilibrado y sustentable para combatir la pobreza y la exclusión social; impulsar el proceso de integración energética de América Latina y el Caribe; servir de instrumento geopolítico para propiciar un modelo pluripolar que beneficie a los países en vías de desarrollo y a la vez constituya un contrapeso al sistema; y defender la cohesión y la articulación de la política petrolera de la OPEP”.

Ustedes juzgarán cuáles de estos objetivos se cumplieron. Por supuesto, el del incremento de la producción nacional es un fracaso rotundo. Pero se garantizaron varios votos de la Caricom en este momento, como lo demuestran las sucesivas discusiones de la Carta Democrática Interamericana al régimen autoritario de Nicolás Maduro.

V

Seguimos pagando —y pagaremos por muchos años, como hemos venido haciéndolo desde los 70— el precio de tomar al petróleo como sinónimo de la soberanía nacional, como una especie de patriotismo del subsuelo, que a la larga —y a la corta también— solo ha servido para hacer de quienes capturan el poder una suerte de semidioses, de quienes depende la suerte o la desgracia, el bienestar o el padecimiento, del resto de la sociedad.

Quienes quieran construir la sociedad post-petrolera venezolana, deberán, sin embargo, apoyarse en el petróleo durante muchos años más. No todas las visiones sobre la industria son apocalípticas; más bien, hay expertos de peso en la industria que dicen que no solo la demanda de petróleo va a seguir incrementándose hasta la próxima década, sino que puede haber una crisis de suministro del crudo hacia finales de los 2010. Y que, adicionalmente, la baja de los precios desalienta otras tecnologías, haciéndolas inviables a la larga.

Pero si no nos desprendemos de la visión de que todo lo que produce riqueza (y muy especialmente el petróleo) debe estar en manos del Estado, Venezuela dejará pasar esta y todas las próximas oportunidades que pudieran presentarse.

Solo en la libertad económica, solo en un ambiente de total apertura, se encuentra la posibilidad de construir una Venezuela post-petrolera, e impulsada por el petróleo. De seguridad jurídica, de Estado limitado, y de estabilidad monetaria, la cual, en este momento, solo es posible a corto plazo con una dolarización de la economía venezolana.

Aquella “siembra” de la que hablaba Uslar Pietri en 1936, y que hoy, casi un siglo después, sigue sin hacerse, amenaza con convertírsenos en la más grande frustración de la historia contemporánea del país, someterlo a una larga noche de dictadura, y finalmente, a su desaparición como una nación independiente. Las reservas petroleras de Venezuela son de 150 años, según proclama el chavismo a cada rato.

¿Alguien puede pensar que la necesidad de petróleo seguirá existiendo dentro de 50 años? A hoy, se ve difícil.

Estamos a tiempo de reaccionar.

Pero puede ser, ahora sí, el último tren.

https://es.panampost.com/pedro-garcia/2017/09/26/venezuela-pospetrolera-...

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Esta semana se conoció que la mortalidad por desnutrición en los hospitales pediátricos ha aumentado en los últimos tres años en 260 %. Los niños venezolanos están muriendo de hambre. Esto sucede en un país que solo hasta 2014 había destinado mas de 2.400 millones de dólares a la compra de un millón de toneladas de comida. De esa suma, solo se habría entregado el 14 por ciento. El resto fue hallado en estado de descomposición en contenedores ubicados en Puerto Cabello, Valencia y Tinaquillo, en lo que se conoce como el caso Pudreval.

No había interés en distribuir los alimentos, comprados con sobreprecio y en su mayoría a punto de caducar, sino en obtener dólares preferenciales a través de sobornos a los responsables de asignar contratos en CASA, Veximca, Suvinca, Pdvsa-Pdval-Bariven y de certificar el ingreso al país, deber del Seniat, el Ministerio de Salud y la GNB.

Lo que debió ser un plan para alimentar a los sectores más vulnerables con la importación de alimentos a dólares preferenciales, terminó siendo el episodio mas escandaloso en la historia de la corrupción. Además, es el caso con mayor impunidad ya que ni un solo funcionario o contratista ha sido condenado por este macro fraude a la nación.

Robar los recursos destinados a la alimentación no sólo es un delito penal, es un delito contra los derechos humanos, es decir, contra los Derechos económicos, sociales y culturales de la Humanidad (DESC).

Más allá del perjuicio al patrimonio público hay un daño profundo e irreversible: la muerte de venezolanos por desnutrición. Se trata de una violación directa del derecho a la salud y a la vida.

En la actualidad, continúan las operaciones irregulares en la adquisición de alimentos por parte del régimen de Maduro. Los escándalos alrededor de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción o programa CLAP, así lo confirman.

Como si fuera poco, a la corrupción se suma la discriminación política con la venta de las cajas CLAP, a las que solo tienen acceso los ciudadanos que poseen el denominado “carnet de la patria”.

El acceso a la alimentación como arma proselitista queda en evidencia en la forma descarada en como los candidatos del PSUV a las elecciones regionales utilizan el programa, en el que solo tienen cabida sus supuestos seguidores, que seguramente no votarán por ellos porque saben que son los responsables de la tragedia que vivimos.

El jefe del Centro Nacional de Control de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, Freddy Bernal, ha dicho que “las cajas de los CLAP son solamente para los sectores “más vulnerables” de Venezuela, porque “las clases media y media alta tienen recursos suficientes para comprar en el mercado normal venezolano, e incluso traerlos importados”.

Nosotros nos preguntamos ¿A qué clase media se refiere Bernal? A la misma que eliminó este sistema anacrónico, fiel copia del fracaso cubano? La clase media venezolana no existe. Actualmente solo hay dos clases, los pobres, que son la mayoría, y los ricos, los enchufados y sus relacionados.

Estas declaraciones demuestran claramente que el régimen está consciente de que está condenando a morir de hambre a una gran parte de la población venezolana, a la que cínicamente considera de clase media, la cual en la realidad no tiene los recursos necesarios para comprar alimentos a los monstruosos precios que marca la hiperinflación generada por la corrupción y el despilfarro del propio régimen.

Tampoco es cierto que este programa llegue a la mayoría empobrecida en todo el país, como demuestran los altos indicadores de pobreza extrema y crítica que aumentan aceleradamente, así como el constante reclamo de los sectores populares por la ausencia de alimentos. No hay carne, no hay pollo y ahora ofrecen conejos como la gran solución. Es una burla macabra inaceptable.

Someter a un pueblo a la tortura del hambre y a la muerte por desnutrición de manera selectiva (los que no tienen el carnet de la patria) y sistemática (antes con Pdval y ahora con las cajas Clap), es una brutal violación de los derechos humanos que puede ser incluida en el expediente del Tribunal Penal Internacional de La Haya.

25 de septiembre de 2017

www.carlostablante.com

@TablanteOficial

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José Rosario Delgado

Una de las características fundamentales del venezolano es su extraordinaria capacidad para afrontar las amargas situaciones y capear las peores situaciones, tanto que en los actuales momentos no sé de qué fuerza extraña y superior nos valemos para no llorar a moco suelto por lo que está pasándonos por mi culpa, por tu culpa, por nuestra grandísima culpa, aunque no dudo que en cualquier instante habremos dejado rodar furtivamente algunas lágrimas de impotencia y de indignación por tanta desgracia junta y prolongada,

Y no podemos decir que es sólo lo que está pasándonos, sino con la tranquilidad y el patebolismo con que nos enfrentamos los de este lado, unos contra otros, y perdemos el tiempo en diatribas intestinas (¡y cuidado si intestinales!) cuando deberíamos remar todos con un mismo sentido y en la misma dirección en busca de soluciones a un gravísimo problema que nos afecta a todos con similares o peores consecuencias.

Eso de Votar o No Votar debe medirse de acuerdo al tipo de bienestar o calamidad por la cual estemos atravesando, y, presumo yo, las actuales no dejan lugar para la duda o la indiferencia, a menos que el sadomasoquismo nos haya atrapado de tal manera que disfrutemos en todas y cada una de las colas que hacemos para comprar algo de medio-comer y conseguir o cobrar el dinero con qué pagarlo, amén del gas necesario para cocinarlo o calentarlo.

Si las cosas estuvieran bien, de maravillas, con toda seguridad quedarse o salir de casa serían opciones discutibles, pero ante la tragedia no creo que haya otra alternativa que ir a votar por la calle del medio y hacerlo contra de este mal llamado gobierno que hace todo lo posible por eternizarse en el poder por el poder mismo, ya que para solucionar la crisis humanitaria que padecemos no le asiste ni la mínima intención.

Sin en vez de sentir ganas de llorar lágrimas amargas en los hombros de nuestros familiares y amigos apelamos a escurrir la bilis sobre nuestros semejantes, le estamos haciendo un flaco favor a la democracia y a la libertad que tanto necesitamos ahorita; esa libertad y esa democracia que sólo nos exigen un rato de nuestro tiempo y un voto de nuestra voluntad como contribución a la lucha por cimentar el futuro y el destino de nuestros hijos y nietos y el presente de nuestros abuelitos.

Sabemos de sobra que votar o no votar puede marcar la diferencia entre un nuevo y hermoso país y una nefasta y abominable revolución cuyos detentadores tienen como fin específico hacernos llorar y vernos llorar; sí, a veces siento ganas de llorar, quiero llorar, pero observando que la solución depende de mí, de mis amigos, de mis familiares y de mis vecinos, digo para mis adentros, y para ustedes, cuando quiero llorar yo voto…

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¿Por qué no hay gasolina, ni gas doméstico? La respuesta está claramente señalada en el último Informe de Pdvsa correspondiente al 2016, que por fin salió publicado en su página web. el cual reconoce que la producción de petróleo sigue cayendo y que las refinerías trabajan a media máquina. A estos dos factores determinantes es necesario agregar la corrupción entre los gerentes y contratistas, y el hecho de que el régimen tiene pocos dólares para importar la diferencia entre la producción y el consumo.

Pdvsa reconoce el grave deterioro de sus refinerías al consignar en su Plan Estratégico 2016-2025 que tiene entre sus metas”Recuperar la infraestructura de las refinerías para garantizar el mercado interno”. Es decir que, si siguen en el poder, van a recuperar las plantas que destruyeron. Según este Informe, en el 2016 el Centro de Refinación de Paraguaná apenas procesó 435.000 barriles por día (b/d), mientras que su capacidad es de 971.000 b/d, o sea es que operó al 44,8% de eficiencia. La refinería de El Palito, con capacidad de 140.000 b/d, procesó solo 72.000 b/d, o sea 51,4%. La de Puerto La Cruz, con capacidad de 187.000 b/d, operó al 80,7%, procesando 151.000 b/d de crudo. En promedio el sistema de refinación nacional operó al 50,7%. Una verdadera vergüenza.

La producción total de gasolinas y naftas fue de 136.000 b/d en el Centro de Refinación de Paraguaná, 74.000 b/d en El Palito y 59.000 b/d en Puerto La Cruz, para un total de 269.000 b/d, aunque el mismo Informe proporciona una cifra de 227.000 b/d, sin discriminar entre gasolinas y naftas. El consumo solo de gasolina fue de 230.000 b/d, lo cual revela un gran déficit. La debacle se inició cuando la "revolución" decidió despedir no solo a los gerentes, subgerentes y supervisores de las refinerías, sino también a cientos de obreros especializados. Inmediatamente empezaron a ocurrir paradas no programadas y accidentes por ausencia de experticia, descuido en el mantenimiento y falta de inversión.

En estos nueve meses del 2017 las refinerías se han seguido deteriorando. Como hay pocos dólares porque las exportaciones de crudo han disminuido y las reservas de divisas del Banco Central están en un mínimo, obviamente el régimen no tiene cómo importar la gasolina necesaria y al haber poco inventario, cualquier factor externo, como los huracanes, agudizan la escasez.

En cuanto a la producción petrolera, el Informe reporta un promedio de 2.571.000 b/d, cifra que incluye condensados ( 88.000 b/d) y líquidos de gas natural (105.000 b/d). En el 2001 la producción fue de 3.267.000 b/d. Es decir que Pdvsa, produjo en el 2016 un promedio de 696.000 b/d de crudo menos que en el 2001. En su Boletín de setiembre de este año, la OPEP informó que Venezuela produjo en agosto solo 1.918.000 b/d de crudo, cifra que no incluye condensados, ni líquidos del gas natural.

Según la US Energy Information Administration, en el 2016 Venezuela le compró a Estados Unidos 27.600.000 barriles de productos refinados, de los cuales 7.481.000 fueron de gasolinas y en los primeros seis meses de este año importó 16.021.000 barriles, de ellos 3.873.000 de gasolinas.

La disminución de la producción petrolera, el deterioro de las refinerías y las ineficiencias de Pdvsa Gas Comunal explican la escasez de gas de bombona. Además, hay denuncias serias de varias personas fallecidas por inhalación o explosión de gas porque Pdvsa no le está agregando mercaptano para detectar su presencia.

En su Informe financiero de ese mismo año, Pdvsa presentó ganancias que no se corresponden con los activos que tiene. Aquí solo señalaremos que la deuda financiera era de 41.076 millones de dólares, que las deudas con los proveedores era de 19.824 millones de dólares y que la empresa gastó 17.817 millones de dólares en la compra de petróleo y productos.

El número total de trabajadores de Pdvsa en Venezuela en el 2016 era de 164.370, de los cuales 133.327 están en actividades petroleras( 110.648 propios y 22.679 contratados) y 31.043 en actividades no petroleras. Si dividimos la producción actual entre el número total de trabajadores, tenemos que cada trabajador produce solo 16,6 barriles de petróleo por día, versus 47,1 que producía en el 2001.

A pesar de estos vergonzosos resultados, Maduro dice que "tenemos una Pdvsa indestructible" y el mendaz Del Pino asevera que somos un país potencia porque "tenemos las reservas más grandes del mundo". Reservas que por escasa visión de negocio y falta de pericia se quedarán en el subsuelo.

Como (había) en botica

Bravo Canadá por sancionar a 40 rojos violadores de derechos humanos.También aplaudimos nuevas medidas de Estados Unidos en contra de funcionarios. Rechazamos la declaración de Negal Morales (AD) de que se podría reconocer la constituyente. La "comisión de la verdad" que promueve el régimen es una comisión de la mentira y ningún opositor debe participar. Lamentamos el fallecimiento de nuestro amigo Alfonso Rivas Sánchez. Sentido pésame a su esposa Mery Rivero e hijos. Tanto Alfonso , como Mery , son integrantes del equipo Coordinador de Gente del Petróleo y miembros de Unapetrol. Votemos y rechacemos la constituyente ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

26/09/17

Noticiero Digital, Runrunes y Digaloahi digital

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El economista Ricardo Hausmann compara números y afirma: el derrumbe actual de Venezuela es peor que cualquiera vivido en las Américas, desde la Gran Depresión de Estados Unidos hasta las crisis de la deuda en México o Argentina.

"El gobierno decidió matar al país de hambre para seguir sirviendo su deuda externa", afirma Hausmann, un venezolano que dirige el Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.

Quien fuera ministro de Planificación en Venezuela durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez está lejos de ser un crítico de última hora del actual presidente Nicolás Maduro.

El propio Maduro calificó a Hausmann en noviembre como "el principal operador del bloqueo y la persecución financiera contra Venezuela" y sostuvo: "Hay que requerirlo con código rojo, hay que hacerle un juicio".

Pero Hausmann niega que exista una "guerra económica" contra Venezuela y señala que él mismo ha asesorado a gobiernos socialistas en otros países.

Usted afirma en un artículo que publicó en "Project Syndicate" que el colapso de Venezuela no tiene precedentes. ¿Es la peor crisis económica que se haya conocido en las Américas?

Definitivamente. La actual crisis económica en Venezuela es la peor crisis económica que se haya conocido en el hemisferio. Es mucho peor que la de 2002 en Argentina, que la de 1983 en Chile, la del 82 en México… Es mucho más grande que todas las previas. La única que le llega cerca es el período especial de Cuba del 89 al 93, pero, de acuerdo a las cifras oficiales, esta es un poco más grande.

Pero, por ejemplo, tenemos el caso de Haití, que es el país más pobre del hemisferio y ha sido sacudido por un terremoto y luego un huracán que lo dejaron literalmente en ruinas…

En las cifras oficiales eso no refleja una caída del PIB tan grande. Obviamente que un desastre natural que mató a 200.000 personas es una tragedia enorme.

Hay casos de guerra en otros contextos donde obviamente se paraliza la actividad económica: Liberia, Ruanda, Sudán del Sur, Irak, Libia…

Pero América Latina no tiene experiencias de crisis propiamente económica de este tipo. Y no es que todo se explica por la caída del precio del petróleo, porque hay muchos países exportadores de petróleo. Y en todos los países de la OPEP entre 2012 y 2016 el PIB creció. El único país que tiene en 2016 un PIB sustancialmente menor al del 2012 es Venezuela. De manera que esta es una crisis que se explica fundamentalmente por decisiones tomadas en Venezuela. Es una crisis hecha por el hombre.

¿Es mayor también a la Gran Depresión de Estados Unidos (1929-1933)?

En la Gran Depresión (en Estados Unidos) el ingreso per cápita cayó 28%. En Venezuela ha caído más del 50%. O sea, que esta es una crisis sustancialmente más grande que la Gran Depresión.

Pero usted ha dicho que la magnitud de esta crisis venezolana no se debe medir solo por la caída del PIB. ¿Por qué?

Porque la oferta interna de bienes en una economía no es solamente lo que se produjo en esa economía, que lo calcula el PIB, sino también lo que se importó. Y las importaciones han caído 75% al 2016 (respecto al 2012). De hecho, siguen cayendo en 2017. Es la caída más grande que yo puedo encontrar en los datos publicados por el Banco Mundial para todo el mundo. Además de una caída del PIB per cápita de 40% (respecto a 2013), la parte de importaciones es lo que está detrás del declive superior del ingreso nacional.

El salario mínimo, que en Venezuela cubre a muchísima gente, pasó de comprar 53.000 calorías al día a comprar 7.000 calorías al día. Entonces básicamente no hay forma de alimentarse con los salarios que se están pagando, no porque no hayan aumentado los salarios nominales sino porque la inflación en alimentos ha sido fenomenal.

¿Esto es lo que impacta en el día a día de la gente?

Sí, una encuesta que se hizo en noviembre de 2016 encontró que el 74% de los venezolanos habían perdido involuntariamente 8,6 kilos de peso. Quiere decir que esta situación es insostenible.

Eso se refleja no solamente por el colapso de importaciones de alimentos y medicinas. La política del gobierno llevó del 2007 al 2015 a una caída de la producción agrícola venezolana del 33%. En 2016 y 2017 esa caída siguió. Después de la expropiación de 3,4 millones de hectáreas y de empresas que prestaban servicios al sector agrícola, no hay semillas, fertilizantes, agroquímicos, tractores…

Toda esta mezcla de políticas erradas ha llevado a quitarle a la sociedad la capacidad de organizarse a sí misma para suplir las necesidades. El Estado ha intervenido en todos los espacios de libertad económica, para quitar los incentivos para que la gente produzca. Es la mecánica que está detrás del colapso de la producción y del nivel de vida.

El presidente Maduro rechaza que esta situación sea atribuible al gobierno. Señala que hubo una caída de los precios del petróleo y una "guerra económica" contra Venezuela. Y por ejemplo en marzo dijo que el país tenía la sexta economía latinoamericana, que el consumo privado se duplicó en los últimos 15 años y la inversión aumentó 72%. ¿Cómo recibe usted esto?

Igual que como recibo los ocho millones de votos que supuestamente sacaron el domingo pasado. Esto es la postverdad, son cifras ficticias. Lo que sí sabemos es que cuando nacionalizaron la empresa de acero y la pusieron a producir 4,5 millones de toneladas, las cifras oficiales dicen que el año pasado produjo 175.000 toneladas.

Lo que sabemos es que el sector cementero colapsó. Lo que sabemos por declaraciones públicas es que la cadena de supermercados que rebautizaron como Supermercados Bicentenario colapsó. Entonces no se entiende qué tiene que ver la guerra económica con el colapso de las actividades administradas directamente por el Estado. El colapso se explica con las políticas que tomó el gobierno. De esa guerra económica, no hay ninguna evidencia: es un eslogan.

¿Pero es cierto que los mercados en determinado momento decidieron cortarle el crédito a Venezuela?

Sí, eso es cierto. Pero los mercados son millones de personas, miles de fondos, bancos. Básicamente se empezaron a preocupar porque Venezuela no tiene cómo servir esa deuda. Porque Venezuela usó el período de altos precios del petróleo para sextuplicar su deuda pública externa, que pasó de US$25.000 millones en el año 2005 a más de US$150.000 millones hoy.

Es la deuda externa pública más grande del mundo medida como porcentaje del PIB o medida como porcentaje de las exportaciones. Esta deuda representa más de seis años de exportaciones de petróleo. Es el país más endeudado del mundo y la forma como ha estado sirviendo esa deuda es recortar brutalmente las importaciones. Básicamente el gobierno decidió matar al país de hambre para seguir sirviendo su deuda externa, igual a como hizo (Nicolás) Ceausescu en Rumania al final de la década de 1980.

¿Cumplir con los compromisos asumidos por el país no puede ser visto como un acto de responsabilidad frente a los mercados y frente al mundo?

Creo que esto refleja que muchos de los oligarcas chavistas tienen muchos de estos bonos. Porque el país le hizo default a los suplidores de petróleo, a los socios petroleros, a las líneas aéreas, a las llamadas internacionales, a las empresas farmacéuticas, automotrices y que exportaban alimentos al país, a los trabajadores y a los pensionados…

Le ha hecho default a todo lo que se mueve, salvo a los bonos de Wall Street. Es lo único que ha seguido pagando. Entonces en el contexto de todos los demás defaults que ha hecho el país, el seguir pagando esa deuda refleja unas prioridades perversas. El mercado está transando pensando que viene una reestructuración, que esos bonos no se van a poder pagar en la forma en que fueron contratados, porque sería inhumano pagarlos.

Pero Venezuela tiene una de las mayores reservas de petróleo del mundo. ¿Esto no indica también para los mercados que su potencial de recuperación es enorme?

Venezuela ha tenido conocimiento de que tiene las reservas petroleras más grandes del mundo desde hace 15 años. Y en ese periodo la producción petrolera no ha hecho sino caer: ha caído 18% desde 2012. Perdimos 400.000 barriles de producción.

De modo que en esas reservas hace falta invertir, tener un marco adecuado para poder sacarlas. Pero el gobierno decidió expropiar a las empresas que prestaban servicios, no le paga a los socios con los que había invertido, tiene demandas en el centro internacional para el arreglo de disputas de inversión (CIADI) del Banco Mundial por US$16.000 millones de expropiaciones que hizo el gobierno. En ese marco no hay ningún apetito para seguir invirtiendo en Venezuela.

¿Y por dónde ve que hay una ventana de salida para esta crisis en Venezuela?

Sencillamente, hay que restablecer la Constitución y la democracia. En el país hay una mayoría política que lograría conformar un gobierno fuerte, con mucho apoyo popular, si al pueblo se le permite elegir.

Ese gobierno lo que tendría que hacer es restablecer las libertades económicas, los mecanismos de mercado unificando el tipo de cambio y liberalizando los precios, reestructurar la deuda externa y pedir apoyo financiero internacional. Con esas medidas la economía empezaría con una fuerte recuperación.

Otra medida que hay que adoptar es la sustitución de los subsidios indirectos que hay en el país a cosas como la gasolina o la electricidad, por subsidios directos a la población, para que el programa arranque con una recuperación de los niveles de vida.

¿Subsidios por parte del Estado? Suena paradójico viniendo de un liberal como usted…

A mí me llamarán liberal en Venezuela, pero yo soy asesor del gobierno del partido socialista de Albania, del gobierno de la República Socialista de Sri Lanka, he trabajado en Vietnam y fui asesor durante seis años del gobierno de Thabo Mbeki en Sudáfrica. En Venezuela, me quieren pintar como un tipo de derecha, pero el mundo no me ha visto con ese tinte en particular.

Y me parece que los subsidios directos van a permitir una recuperación de los niveles de vida de los más pobres y una disminución sustancial de la desigualdad.

Entrevista a Ricardo Haussmann por:

Gerardo Lissardy BBC Mundo, Nueva York

http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40857909

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