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Opinión

El pasado domingo tuvo lugar la Consulta Popular, promovida por la Asamblea Nacional y realizada como respuesta a la decisión del CNE de no convocar a los ciudadanos para que se pronunciaran sobre la propuesta presidencial de designar una Asamblea Nacional Constituyente.

De acuerdo al trabajo efectuado por observadores nacionales e internacionales, la tranquilidad y el orden le dieron el tono dominante al proceso realizado. Lamentablemente hubo algunos incidentes violentos en diversas partes del país, con el saldo de dos personas fallecidas, como consecuencia de hechos que presuntamente tuvieron como responsables a personas que intentaron sabotear el evento.

Además de fundamentalmente pacífico, fue un acto al que acudieron muchos ciudadanos, a pesar de algunos obstáculos puestos en el camino. En efecto, además de las dificultades organizativas y técnicas, derivadas del apuro con el que tuvo que implementarse el evento - apenas dos semanas -, hubo, encima, que enfrentar diversas obstrucciones puestas por el oficialismo incluyendo, a última hora, la orden de CONATEL en el sentido de limitar la libertad de información respecto al proceso. A pesar de ello, de acuerdo a las cifras dadas por los convocantes – más allá de los injustos y, sobre todo absurdos, reparos sobre la veracidad de las mismas -, 7.650.000 venezolanos acudieron a los centros ubicados en todo el país y en muchas ciudades del exterior a fin de consignar su opinión. Como se ha señalado, fue, sin duda, una gran manifestación ciudadana, expresión de la voluntad de paz de los venezolanos, de su convicción democrática y también, desde luego, de su indignación por las condiciones en las que transcurre su vida.

Lo ocurrido debería cambiar las coordenadas que pautan la política nacional. No se puede omitir la realidad y cabe exigir, entonces, que los diversos actores que se desempeñan a lo largo del espectro político – militares inclusive, dada la naturaleza de nuestro gobierno -, revisen las claves desde las que interpretan al país y redefinan, así mismo, los próximos pasos a fin plantarle cara a la compleja situación nacional. Pareciera haber llegado, piensa uno, la hora de las negociaciones y de los acuerdos. Después de siete millones y pico de votos no puede ser que el juego se mantenga trancado y el deterioro del país siga avanzando.

Ojalá que el liderazgo nacional este a la altura del gentío que voto el pasado domingo.

El Nacional, miércoles 18 julio 2O17

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Anne-Marie Slaughter, Fabiana Perera

La imagen de Wuilly Arteaga llorando después de que las fuerzas de seguridad venezolanas destruyeran su violín ha sido vista por millones de personas en todo el mundo. Arteaga, de 23 años, se unió a las protestas contra el gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, tocando canciones patrióticas. Su mirada de desesperación habla de lo que muchos en Venezuela están sintiendo mientras se preguntan cuánto tiempo más su país debe sufrir la violencia y el desgobierno.

Al menos 115 manifestantes han muerto en Venezuela desde que comenzaron las protestas callejeras organizadas por la oposición el 1 de abril. Más de 50 de ellos eran menores de 30 años y muchos eran solo adolescentes. Entre ellos se encuentran personas como Neomar Lander, un manifestante de 17 años que al parecer sufrió un disparo a quemarropa con un recipiente de gas lacrimógeno, y Yeison Mora, también de 17 años, que recibió un disparo en la cara mientras participaba en una manifestación en el suroeste del país.

Siempre es difícil estimar el tamaño y la demografía de los manifestantes, pero dos cosas están claras sobre las protestas de hoy en Venezuela. En primer lugar, son mucho más amplias y más socioeconómicamente diversas que las protestas anti-Maduro en 2014, que parecían estar compuestas principalmente por venezolanos de clase media. En segundo lugar, muchos de los manifestantes de hoy son jóvenes.

Los jóvenes han encabezado tres olas de protesta contra el régimen chavista, creado por el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, antes de morir en 2013. En 2007, fueron los jóvenes los que dirigieron las protestas contra el gobierno de Chávez cuando cerró la popular Radio Caracas Televisión, reemplazándola con un canal de televisión estatal. Luego, en 2014, se manifestaron contra la ola de crímenes violentos del país bajo Maduro, y en apoyo a su propio derecho a protestar. Y ahora, una nueva generación de jóvenes se ha unido a los participantes de esas olas anteriores para exigir elecciones y el fin del régimen.

Las protestas actuales han durado más de 90 días. Los jóvenes venezolanos están haciendo oír su voz en contra del alto desempleo y la falta de oportunidades económicas. En 2016, el 70% de todas las protestas estuvieron motivadas por preocupaciones económicas, y entre ellas una importante era la demanda de puestos de trabajo. El gobierno no ha informado las tasas oficiales de desempleo en más de un año. Pero está claro que los venezolanos -especialmente los jóvenes que no pueden pagar su comida ni vivienda- están sufriendo más que nunca con la crisis económica de su país.

Los jóvenes son particularmente peligrosos para el régimen porque no tienen nada que perder ahora, y todo que perder más tarde. Como dijo un líder estudiantil en 2014, "tenemos que protestar porque el gobierno está robando nuestro futuro". Por el contrario, las personas más adultas tienden a hacer el cálculo opuesto: no quieren arriesgar las posesiones y los medios de subsistencia que tienen ahora por un futuro incierto. Sin embargo, cuando sus propios hijos salen a la calle, a veces los siguen.

El régimen solo puede culparse a sí mismo por las protestas actuales. Como un Donald Trump latino, Chávez llegó al poder sobre una ola de populismo en 1998, y frecuentemente se jactaba de sus esfuerzos por reducir el desempleo. Su gobierno invirtió mucho en educación terciaria y, para 2010, Venezuela ocupaba el quinto lugar en matrícula universitaria a nivel mundial. Muchas de las nuevas universidades públicas fundadas en ese período estaban estrechamente alineadas con el régimen. En entrevistas, los estudiantes han dicho que el régimen requería su participación en manifestaciones progubernamentales, pero que también les prometió puestos de trabajo estatales después de graduarse.

Para cumplir con esta promesa, el régimen aprovechó los grandes ingresos petroleros del país en ese momento para expandir el sector público. Pero gastar los ingresos petroleros para educar a los estudiantes para empleos que dependen de los futuros ingresos por el petróleo no es un modelo económico sostenible, lo cual se hizo evidente en 2014, cuando los precios del crudo comenzaron a desplomarse.

El colapso de los precios del petróleo, combinado con años de mala administración económica, ha dejado a los jóvenes venezolanos con grandes expectativas pero sin perspectivas reales. La única solución del gobierno de Maduro parece ser aumentar la represión.

Las lágrimas que Arteaga derramó por su instrumento y su país, como las imágenes de los deudos de los funerales de los manifestantes jóvenes, ilustran perfectamente esta dinámica: los jóvenes salieron a las calles para exigir cambios y oportunidades, y el gobierno (un gobierno que se apoya en promesas que no puede mantener) ha respondido con palizas y balas. Tras fracasar en el cumplimiento de sus compromisos, está traicionando a los hijos de sus simpatizantes con la violencia que una vez reservó a las élites del país.

La pregunta ahora es quién va a renunciar primero. El lema no oficial de las protestas de 2014 fue "El que se cansa, pierde". Pero en esa ocasión, la oposición parpadeó primero, y las protestas fracasaron con el inicio de la Copa del Mundo.

Esta vez, la oposición ha hecho demandas más concretas, y ha prometido permanecer en la calle hasta que se cumplan. Pide al gobierno que haga elecciones presidenciales justas, libere a todos los presos políticos y abra un corredor humanitario para que el país reciba los alimentos y medicinas que tanto necesita.

Maduro ha culpado a los manifestantes por la escasez del país. Pero esta vez necesitará más que una retórica populista para calmar a la gente. Los venezolanos han hablado alto y claro: están cansados del populismo y no se cansarán de ocupar las calles.

Washington, DC

17 de julio de 2017

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

https://www.project-syndicate.org/commentary/venezuela-youth-protests-ag...

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José Rosario Delgado

A cada momento, este moribundo régimen tiránico y dictatorial nos habla pública, notoria y mediáticamente de la ampliación del cono moñetario, pero cada día vemos que se encoge más la disponibilidad de dinero en efectivo y se ensancha abismalmente la brecha entre los que tragan más harina y los que nos quedamos sin saliva ni aliento por la escasez y carestía de los productos de primerísima, segunda y tercera necesidad, todos convertidos en artículos de lujo o delicatesses culinarias.

En esa fantástica y fantasiosa información hablan y escriben sobre los billetes que son impresos tipográficamente (¿?) en papel algodón de fibrilla firme y resistente, tanto como el contenido de los diarios cadenazos presidenciales, que se distinguen con rayos ultravioleta con una claridad semejante a las cobas del gobierno que se ven a leguas y con luz natural e incluso con la escasa chispa eléctrica que nos llega del Guri.

Marcas de agua, fondo antiescáner, microtextos, registro perfecto, hilo de seguridad, imagen fluorescente, magnética, latente, sensible al tacto (¿?) y ópticamente variable, como varían el dólar preferencial y el innombrable, incluyendo su diferencial cambiario, y muchas otras especificaciones traen los billetes del nuevo cono moñetario, hasta miniaturas de criaturas o especies en extinción, refiriéndose posiblemente a las libertades y a la democracia…

Todo eso se ve y se palpa en los billetes impresos, grabados o filmados en los periódicos y videos fundidos y difundidos a diario en todo horario por el ministerio de propaganda, pero lo que no se ve por ninguna parte son los billetes nuevos, la plata contante y sonante que el BCV dice estar distribuyendo en la banca pública y privada que no encuentra cómo satisfacer la demanda de clientes y usuarios que van a la taquilla o se pasean por los cajeros automáticos, más pela’os que hueso en sabana…

Aviones, barcos y gandolas cargadas de billetes de distinta denominación dizque llegan a los puertos y aeropuertos del país todos los días, pero ninguna cantidad se le entrega a la banca, particularmente a la banca pública (pregúntenle a los asegurados), que paga la esmirriada pensión por partes, por retazos, haciendo que los adultos del amor mayor de la revolución den viajes y viajes para largas colas hasta cuatro veces por semana para retirar la cuota máxima del salario mínimo, como si fuera la limosna que dan en las misiones, en porciones de 20 o 10 mil bolívares en billetes de a 10, sí, billetes de Bs. 10; o sea, que no existe el bendito cono moñetario ni un moño ni un cono ni un carato para pasar la calentera que produce la falta de real, la limpieza en los bolsillos…

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Alberto Hernández

Crónicas del Olvido

1.-

Sostuvo la nota con mano firme. Un frío momentáneo lo hizo respirar un poco más agitado y profundo. “Retírese de la Cámara con cualquier pretexto”, decía el papelito que alguien le entregara en una suerte de solidaria y anónima advertencia.

El 24 de enero de 1848, el Congreso Nacional fue asaltado por facciones del presidente Monagas. En medio de la violencia resultó herido de gravedad Santos Michelena, quien venía de una larga jornada aún sentida en el país de hoy. Aquella República desapareció entre las heridas que el diplomático y estadista sufriera en su cuerpo, las cuales no tuvieron tiempo de cicatrizar. Cuarenta y ocho días después, el 12 de marzo, moriría escondido en la misión británica en Caracas.

Esta breve reseña es recogida por Simón Alberto Consalvi en las últimas páginas de su libro “Santos Michelena, el Estadista Liberal”, para cerrar el ciclo de un país que, como dijo Robert Ker Porter, tuvo en Michelena al “único hombre con capacidad, rectitud y conocimientos suficientes para desempeñar las complejas carteras de Hacienda y relaciones exteriores, en los primeros años de la República”.

2.-

En efecto, Michelena lidió con ese tiempo. Cabeza visible del primer intento de liberalismo económico, este venezolano nacido en Maracay el 1º de noviembre de 1797, fue quien le dio forma a la Hacienda Pública de un país rural rodeado de conflictos. Las finanzas encontraron en Michelena al cerebro mejor organizado.

La diplomacia tiene en él al más conspicuo representante, toda vez que fue quien negoció con Colombia un tratado que aún sirve de acicate para intentar explicar los problemas con el vecino país. Pero como siempre, los intereses políticos, las mañas y las torpezas, no permitieron que el Congreso de la época aprobara las ideas de quien fuera asesinado en plena Cámara durante los sucesos de aquel fatídico 24 de enero.

Lúcido, Santos Michelena recorrió el polvo y las páginas de tantos caminos. Ese talento imprevisto fue truncado en pleno apogeo de sus facultades. Nadie movió un dedo para evitar el hecho de sangre en el recinto legislativo. Monaguistas y antimonaguistas lograron borrar a puñaladas los esfuerzos de un hombre poco dado a las lides políticas.

3.-

Con cincuenta años a cuestas, la muerte se posesionó de quien es motivo de estas líneas. Antes, Santos Michelena se había revelado al mundo como un excelente, polémico y astuto negociador. Después de haberse paseado por una adolescencia revolucionaria, al lado de las ideas de Bolívar, nuestro personaje se fue a Filadelfia en una especie de exilio de seis años que dedicaría al estudio. Dejó señas en la batalla de La Victoria. Sus huellas fueron a encontrarse con las luces de la democracia norteña, pespunteadas por Jefferson, Hamilton y Madison, “quienes habían diseñado una sociedad para el futuro, una república de ciudadanos iguales y libres”, como lo afirma Consalvi en su trabajo.

“Cuando la disminución proviene del aumento del contrabando, puede ponerse remedio de dos modos: disminuyendo la tentación del contrabando, y aumentando la dificultad de hacerlo. La tentación se disminuye rebajando los derechos, y la dificultad se aumenta con el sistema de la administración más propia para impedir el fraude”, palabras de Michelena inspiradas en el pensamiento del autor de “La riqueza de las Naciones” y que servirían para darle cuerpo a un nuevo régimen de importaciones y borrar el de los tiempos coloniales. Pozo de reflexiones que serviría para encarar al Congreso de la Gran Colombia, adonde llegó por instancias de José Rafael Revenga, en 1825. Su talento de hombre de estado quedó sellado en esa jornada.

4.-

Negocia y discute con los neogranadinos, por los años 1833 y 1834, los problemas fronterizos con Venezuela. Así, el 14 de diciembre del año 33, Michelena y Pombo suscriben el “Tratado de Amistad, Alianza, Comercio, Navegación y Límites”, pero como dejó escrito José Gil Fortoul, no fueron tan afortunados estos pactos como la ventajosa convención sobre la deuda. Para Santos Michelena, la solución al problema limítrofe fue todo un éxito, pero como siempre, encontró los obstáculos internos que dieron al traste con el contenido de sus ideas.

De esta manera lo advierte Gil Fortoul:

“Una simple mirada al mapa demuestra que los congresos venezolanos, de 1836 a 1840, cometieron un error negándole al Ejecutivo la autorización de reabrir negociaciones diplomáticas, para modificar ventajosamente, o aceptar como estaba, el Tratado Michelena-Pombo, cuyas estipulaciones, en todo caso, resultan más favorables que la frontera del laudo, pues ésta, en el norte, no empieza ahora sobre la costa del mar de las Antillas sino dentro del golfo de Maracaibo, y en el sur penetra hasta la vaguada del Orinoco, haciendo un ángulo entrante desde el Apostadero del Meta”.

Asunto este tan discutido, tan vapuleado, que hoy nos sigue causando dolores de cabeza. No entendieron a Michelena, no quisieron hacerlo. Finalmente, todo fue rechazado. Es decir, el país se rechazó él mismo. De un mordisco perdió un buen pedazo de territorio.

Como coda, el lamento. Este hombre es el pálpito de los errores y mezquindades de otros. La mano anónima que le hizo llegar el recado en el Congreso, seguramente confiaba en la sabiduría de Santos Michelena, aquel estadista liberal que aún sangra acorralado en la residencia del ministro del imperio británico de la capital de un país no muy lejano del siglo pasado, llamado Venezuela.

(Este libro fue publicado por la editorial La liebre libre. Maracay 1999)

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El triunfo contundente de los demócratas venezolanos, en condiciones adversas, evidenció que rechazamos a Maduro y que exigimos se respete la Constitución. Fue un mensaje claro al régimen, a sus partidarios y a los demás países. Esos resultados obligan a realizar el mayor esfuerzo para lograr el cambio. Quienes aspiren, con todo derecho, a jugar un papel en la reconstrucción del país tienen que pronunciarse claramente, sin dejar de tender puentes con los rojos que no hayan delinquido.

En este sentido, hacemos un llamado al grupo de compatriotas denominado despolarizados que no están de acuerdo con el régimen, pero tampoco con decisiones de la MUD. Rechazaron la convocatoria a una Asamblea Constituyente, pero no estuvieron de acuerdo en que se incluyera en la consulta pública las preguntas demandando a la Fuerza Armada y a los funcionarios públicos obedecer y defender la Constitución y tampoco en la renovación de los Poderes Públicos, realización de elecciones y conformación de un gobierno de unidad nacional.

El argumento de este respetable grupo es que Maduro y sus palafreneros no aceptarán dejar el poder antes del 2018 y que esas dos últimas preguntas entorpecen una negociación necesaria para llegar a un acuerdo político que evite más daños. Nos parece bien que haya un grupo que esté intentando conversar con personajes del régimen. Sin embargo, debe tomar en cuenta los resultados de la consulta popular del pasado domingo. El pueblo no solo no acepta la realización de una Constituyente, convocada violando la Constitución, sino que quiere un cambio en los Poderes del Estado y le exige a la Fuerza Armada y a los funcionarios que respeten la Constitución.

Lo aprobado por más de siete millones de votos no es por capricho, ni solo porque Maduro está realizando un pésimo gobierno, sino porque a diario viola la Constitución y desconoce a la Asamblea Nacional y a la Fiscalía General. Entre las violaciones hay que destacar los asesinatos y torturas cometidos por efectivos de la Guardia Nacional, de la Policía Nacional y por paramilitares rojos; los encarcelamientos arbitrarios y el sometimiento de civiles a los tribunales militares. Esta situación, amigos despolarizados, no tienen ninguna justificación y no debe prolongarse.

Desde luego que Maduro, Diosdado, Jaua, Aissami, Jorge Rodríguez y otros pocos no tienen disposición de entregar el poder. A ellos no les importa que la inmensa mayoría del pueblo los rechace. Tampoco dudan en dar órdenes de reprimir, incluso con armas de fuego, a quienes expresan su repudio en protestas callejeras. Quieren una Constituyente a su medida para disolver la Asamblea Nacional, destituir a la Fiscal y prolongar por varios años el mandato de Maduro sin necesidad de realizar elecciones. Con descaro, Maduro, Adán Chávez y Arias Cárdenas han dejado ver que frente a los votos ellos tienen las armas. Ya no les importa ser minoría.

Por ello, cualquier negociación tiene que pasar por un acuerdo que permita un cambio de gobierno sin traumas. Los resultados de la Consulta popular realizada, el pronunciamiento de los gobiernos democráticos de América y Europa condenando las violaciones a los derechos humanos, el asalto a la Asamblea y el intento de neutralizar a la Fiscalía, así como la caótica situación económica constituyen elementos de peso para que una negociación no se limite a lograr que no se realice la Constituyente.

A quienes todavía tienen dudas es pertinente que también reflexionen sobre los miles de votos en el exterior, en su gran mayoría de gente joven. De prolongarse la permanencia de Maduro y su pandilla muchos más venezolanos optarán por emigrar, un capital humano que difícilmente se recuperará.

Señores despolarizados, hoy en día el punto no es si se está o no de acuerdo con la estrategia de confrontación de la MUD, sino si es moralmente aceptable mantener en el poder a una partida de delincuentes. No es un secreto que además de los atropellos ya señalados, los venezolanos estamos a merced del hampa común incentivada por el régimen. Esta es la única dictadura de la historia en que el ciudadano no cuenta con seguridad personal. El pueblo habló el 16 de julio. Ahora le corresponde tomar acciones a la MUD y también a aquellos que estuvieron con el gobierno hasta hace poco. Ya no caben medias tintas.

Como (había) en botica:

Como era de esperar, el resentido Jorge Rodríguez volvió con su cantaleta de que los demócratas abultamos votos. Felicitamos a la MUD y al los voluntarios que en Venezuela y en muchos países hicieron posible esta victoria de la democracia. Desde luego también a los ex presidentes Laura Chinchilla, Andrés Pastrana, Miguel Ángel Rodríguez, Vicente Fox y Quiroga. El CNE actual y el Plan República no hicieron falta. Seguimos exigiendo la libertad de Ledezma, Leopoldo, Ceballos, Goicochea, Ángel Vivas y otros. Muy contentos con el triunfo en Wimbledon de Garbiñe Muguruza ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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El llamado para el próximo jueves, calificado exactamente con el título de esta nota, tiene que ser explicado. Lo más obvio es que se realizará en todo el país y que durará un día completo, incluyendo actividades diurnas y nocturnas; de aquí en adelante hay que precisarlo.

Paro se entiende universalmente como dejar de realizar las labores a las que cada uno de nosotros se dedica normalmente, sean estas remuneradas o no, y que asumirlo implica una decisión ciudadana muy personal a la que se llega por convencimiento.

En el caso de los trabajadores de cualquier tipo implica el no asistir a su lugar de trabajo o en el caso de hacerlo, dejar de realizar la labor para la que están contratados, asumiendo la actitud de “brazos caídos” o de “mentes inactivas”. Ante las alternativas de esta opción es definitivamente preferible optar por la inasistencia al lugar de trabajo y quedarse en la casa.

No abrirán sus establecimientos aquellos industriales y comerciantes que están claros de que hagan lo que hagan y se porten todo lo bien que puedan, igualmente lo perderán todo en el caso de llegar a elegirse y establecerse la constituyente fraudulenta. Los que tengan la ilusión de que a ellos no les tocará, estarán en la puerta de sus instalaciones, aceptando resignadamente la decisión de sus trabajadores, escudándose en la misma, pero manteniéndoles la paga del día como una decisión muy propia y absolutamente legítima de respeto a una decisión de la gente que hace posible que su negocio funcione.

El sector servicios, particularmente y destacadamente el dedicado al transporte colectivo, que lucha por sobrevivir y que es cada vez menos entendido por sus usuarios, quienes pueden identificarlos erradamente como responsables adicionales de sus carencias y no como parte de una sociedad asfixiada por el mal gobierno, están llamados a detener sus unidades en señal de solidaridad y sobre todo de acompañamiento del reclamo de cambio que nadie duda en calificar como abrumadoramente mayoritario.

Los jubilados, amas de casa y desempleados el próximo jueves debemos mantenernos en nuestras casas, reducir al mínimo las labores domésticas, realizar familiar y solidariamente las indispensables, pero sobre todo evitar salir a adquirir aquello que notemos en falta, suponiendo que ello estuviese disponible en algún sitio.

El caso de los empleados públicos es más difícil frente a un gobierno dictatorial, pero recordando lo fácil que era en los gobiernos democráticos, las dificultades de movilización que enfrentarán, la escasez de público y de trámites, así como el temor a como regresar a sus hogares pueden ser razón e incentivo para acompañar el paro. Por supuesto no desconocemos, ni negamos, la existencia de individuos que trabajan en el sector gobierno con convencimiento y con “güaramo” para correr el riesgo de asumir posiciones abiertas; ojalá su ejemplo cunda.

Todo lo que hagamos el próximo jueves lo estaremos llevando a cabo por decisión propia, porque creemos que es necesario que se note aún más que queremos que las cosas sean distintas y para que todos los partidos entiendan que reclamamos evitar la destrucción total del país, lo que solo es factible si se deponen posiciones extremas y se sientan a definir la forma pacífica, democrática y electoral que permita de inmediato el cambio de los poderes nacionales, necesariamente acompañado con un compromiso de gobernabilidad que lo haga posible.

Ese paro será activo en la medida de que lo cumplamos notoriamente y para ello los demócratas tenemos que promoverlo previamente con los argumentos que abundan y con el respeto a los que no nos acompañen aunque pensemos que están equivocados.

El objetivo es que el gobierno suspenda el llamado inconstitucional a la mal calificada constituyente y que acordemos una salida política expedita a la crisis a través de un gobierno de unidad nacional que facilite la transición hacia una Venezuela distinta.

El domingo demostramos, y nos demostramos contundentemente, que somos mayoría, que la constituimos individuos de muy diversas características, que queremos y podemos convivir en paz y que somos capaces de organizarnos cuando de alcanzar objetivos compartidos se trata. Ratifiquémoslo este jueves.

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Ya avanzada la tarde cuando los militantes de Pasión por Maracaibo se disponían a retirarse y seguir organizando la jornada de este domingo, se presentó un tropel de esbirros del SEBIN a la Sede del Movimiento. Desde el principio sabíamos que iban por el líder del Voluntariado, Dr. Carlos Alaimo. Cuando se percataron que no estaba se presentó el primer forcejeo por intentar entrar sin orden de allanamiento. Los dirigentes Marco Rivero, Freddy Araujo, Oscar Ali Moncayo, Jairo Silva, y Ángel Peña, junto al resto de los activistas, con decencia y entereza los confrontaron y surgió el primer atropello, al informar los funcionarios que harían una visita rutinaria por denuncias realizadas.

De inmediato todos se encontraron secuestrados, puesto que terminaron allanando el recinto y ordenaron que nadie podía retirarse del sitio. Voltearon patas arriba cada una de las oficinas buscando material subversivo, al decir de los funcionarios. A cada rato cada y con mucha insistencia, preguntaban quién era el “encargado” del recinto, a lo que se le respondía con firmeza, que era el presidente Editor de Versión Final, presidente del Centro Clínico la Sagrada Familia, presidente de la Fundación Humanismo y Progreso y, fundador de Pasión Por Maracaibo.

A final de la tarde se presentó el jefe de la Comisión Policial, un hombre con acento caraqueño y pasado los cincuenta años, regordete y con cara de torturador de la vieja Seguridad Nacional Perejimenista. Hubo un cambio de actitud, quizás por haber recibido órdenes superiores. Después de hostigar al joven Conductor de la camioneta de Carlos Alaimo, resolvieron retirarse, no sin antes aclarar, que habían llegado allí porque les habían informado que desde hace días a ese edificio no paraban de entrar y salir mucha gente de los Barrios en actitud “sospechosa”.

Dos hechos habrá que significar en este atropello. Primero, las palabras de Marco Rivero, quien, dirigiéndose a los presentes, expresó: “Compañeros, yo sé que todos sentimos miedo por esta salvajada del régimen, pero ellos también supieron que aquí encontraron firmeza y fortaleza espiritual hasta para soportar sus tropelías”. El otro elemento, es la tercera vez donde los cuerpos de seguridad embisten con saña contra el líder de esta organización, quien más allá del tamaño de su fuerza política, está interpretando el sentir de la gran mayoría de los habitantes de esta ciudad y, de allí el recurrente hostigamiento oficial.

De seguro ya estarán preparando otra arremetida contra Carlos Alaimo y sus seguidores, pero eso a nadie amilana, porque sé demostró que con la pasión de un pueblo toparon. Hoy millones de venezolanos salimos a decirle al mundo, que desconocemos la realización de una constituyente propuesta sin la aprobación previa del pueblo. Que aprobamos la renovación de los Poderes Públicos, así como la realización de elecciones y la conformación de un nuevo gobierno de unidad nacional, y por no dejar, que demandamos de la Fuerza Armada Nacional su obediencia y defensa de nuestra Constitución Bolivariana. Este triunfo de la Consulta del domingo hubiese sido más contundente en el robado Revocatorio.

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