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Opinión

​José E. Rodríguez Rojas

El triunfo de Gabriel Boric en Chile ha desatado una gran euforia en la izquierda a nivel global y en buena parte de la sociedad chilena. Los inversionistas y algunos economistas no comparten la misma euforia, lo cual se reflejó en la caída de la bolsa de valores. Boric ha moderado su posición, pero para algunos economistas, como Sebastián Edwards su elección, aunada a la constituyente, forman un coctel explosivo que agudizará el declive de Chile.

En Chile, después de la dictadura de Pinochet, tendió a privar un consenso que sirvió de base a la sociedad democrática que se desarrolló después de la dictadura. Ese consenso fue impulsado por los llamados partidos de la concertación, lo que traducía el predominio de un centro político, que a veces giraba hacia la derecha y otras a la izquierda, pero siempre desplazándose alrededor del centro, evitando los radicalismos. Bachelet y el Partido Socialista son un buen ejemplo de ello. Bachelet tenía razones para comportarse como una líder buscadora de venganza por lo que le hicieron a su padre, pero en su lugar utilizó su liderazgo para la búsqueda de consenso y el desplazamiento de su organización hacia la moderación y el centro político.

Sin embargo este escenario con el tiempo se agotó y la sociedad chilena evolucionó hacia una aguda polarización donde predominaron las posiciones extremistas. Ello sucedió en las últimas elecciones donde los electores debieron escoger entre dos extremos. Por un lado Kast un extremista de derecha, enemigo del feminismo y de las conquistas de las mujeres y simpatizante de Pinochet y su gestión. Por otro lado Boric, un extremista de izquierda, quien en los inicios de la campaña cuestionó la posición de los partidos de la concertación utilizando todos los calificativos a su alcance para despotricar de ellos. Al final Boric debió moderar su discurso y sus cuestionamientos a los partidos de la concertación, a fin de obtener su apoyo, lo que le condujo, ayudado por el extremismo de Kast a obtener la victoria en la segunda vuelta.

Sin embargo el triunfo de Boric si bien fue muy claro tuvo un efecto colateral negativo en los sectores económicos y los inversionistas, acentuando la desconfianza de los mismos, debido a que temen que su moderación sea una estratagema para ganar las elecciones. Les preocupa que una vez en el gobierno él y sus aliados como el Partido Comunista retomen sus banderas radicales originales. Estos temores se reflejaron en la caída de la bolsa de valores al conocerse los resultados de la elección. La presidenta del senado consiente de esta situación señaló, después de la elección, que Boric debía enviar una señal a los mercados que calmara los mismos. Ante estas presiones Boric decidió seleccionar un gabinete integrado por independientes y miembros del partido socialista de Bachelet, en otras palabras un gabinete de tendencia socialdemócrata.

Sin embargo para algunos economistas como Sebastián Edwards el daño está hecho y es poco lo que se puede hacer para repararlo. Edwards es un reputado economista chileno, fue economista jefe del Banco Mundial y es profesor de una prestigiosa universidad del estado de California, es además autor de más de 200 artículos científicos en revistas especializadas. Según Edwards Chile enfrenta un coctel explosivo, por un lado una constituyente integrada en una elevada proporción por extremistas que aprobarán una constitución que no logrará satisfacer las expectativas que ha creado y un inexperto presidente cuyos asesores le aconsejan políticas que ya fueron planteadas y ejecutadas durante la segunda mitad del siglo XX. Son políticas añejas. Los asesores de Boric no lo saben porque no estudian, no conocen la historia económica.

Según Edwards Chile perdió el rumbo hace tiempo, desde hace unos diez años es un país en declive, que ya fue superado por Panamá. La constituyente y la presidencia de Boric es probable que agudicen el declive y en una generación ubiquen al país austral en la tabla de posiciones entre Costa Rica y Ecuador.

Profesor UCV

 3 min


Elías Pino Iturrieta

El chavismo la ha emprendido contra los logros sociales más importantes de nuestra historia contemporánea, como el derecho a la salud y el respeto de la vida, los fueros sindicales, la libertad de expresión y de imprenta, las prerrogativas del libre tránsito, la protección de la educación en todas sus escalas. Entonces, ¿por qué los venezolanos estamos ante una ceguera y una superficialidad? Son testimonios de la desesperación que arropa a la sociedad cuando no encuentra la salida de su calvario. Son reacciones rudimentarias y mecánicas ante un régimen oprobioso que jamás ha sido lo que ha dicho que es.

Como respuesta frente a las atrocidades del chavismo, y ante la ignorancia proverbial del madurismo, Venezuela se ha convertido en una especie de edén para el crecimiento de las posiciones más retardatarias o reaccionarias de su historia. Ha sido de tal magnitud el daño causado a la sociedad desde el ascenso del “comandante eterno”, profundizado por su sucesor, que la respuesta natural ha sido la de situarse en la orilla contraria sin advertir matices, ni ofrecer contestaciones razonables. Si el chavismo representa a la izquierda, la inmensa mayoría de sus adversarios no solo se empeña en ser la encarnación de la derecha, sino también en ufanarse de batallar en la defensa de una fortaleza anacrónica que merece el tributo de las posiciones heroicas. Estamos ante una ceguera y una superficialidad que, mientras alguien les mete el diente con la pausa correspondiente, merecen el comentario que ahora se intentará.

Y el comentario comienza por negar con la mayor rotundidad que el chavismo tenga vínculos con la izquierda, o con los movimientos reconocidos como socialistas desde el siglo XIX en Europa y América. A menos que se pueda admitir, aun en medio de fundadas dudas, que pueda crecer el árbol del socialismo en la jerigonza de un teniente coronel que mezcló el pensamiento de un opulento blanco criollo de su época, llamado Simón Bolívar, con unas frases sueltas del inquieto profesor Simón Rodríguez y con las ideas que jamás tuvo en la cabeza un caudillo de nombre Ezequiel Zamora. O, para mayor curiosidad, con su admiración por un sujeto mediocre como Marcos Pérez Jiménez, con su debilidad obsecuente por el personalismo de Fidel Castro y, para perfeccionar el disparate, con su fe en las virtudes redentoras de un ejército que desde los tiempos de su fundación, en el período gomecista, no ha sido precisamente un baluarte de la justicia social.

Los movimientos socialistas han sido el resultado de muchas horas de estudio y sacrificio que conducen a la fundación de una doctrina que no permanece estacionada en el lapso de su fundación, sino que evoluciona de acuerdo con las solicitudes de cada tiempo, hasta penetrar las esferas y los poderes a los cuales se enfrenta al principio. En consecuencia, ¿cómo se puede pensar sin llegar a los extremos de la ingenuidad, o de la memez, que puede existir un mínimo barrunto de socialismo en las propuestas de un individuo que nunca tuvo tiempo para calentar un pupitre, ni vocación para una mínima disciplina intelectual?

Pero, mirando hacia los hechos concretos, es evidente, por si fueran pocos los desbarros de su fuente, que el chavismo la ha emprendido contra los logros sociales más importantes de nuestra historia contemporánea, como el derecho a la salud y el respeto de la vida, los fueros sindicales, la libertad de expresión y de imprenta, las prerrogativas del libre tránsito, la protección de la educación en todas sus escalas y la obligación de crear y promover salarios justos. Productos de los gobiernos habitualmente calificados de progresistas, resultados de una lucha constante y dura contra los poderes establecidos, frutos de brillantes estudios de los políticos y de los intelectuales más atrevidos desde el fundacional siglo XIX, que llega a su cúspide en el siglo XX; batallas de los humildes contra los poderosos, han sido vapuleados y negados por un régimen que se presenta sin sonrojo como socialista, y que invita a engrosar las de la reacción únicamente para que se sepa que no se comparte ese tipo tan fraudulento de “revolución”.

Debe agregarse a una crítica realmente sencilla, accesible a cualquier tipo de entendimiento, un des le de hechos palmarios como la conducta retardataria del chavismo ante asuntos cruciales de la actualidad, como el respeto de las prerrogativas de los homosexuales, la reivindicación de los derechos de la mujer y las alternativas del aborto y la eutanasia según la sensibilidad de los individuos que las reclaman. Son asuntos desterrados de la retórica roja-rojita, de los clichés izquierdosos que no pasan de la estupidez del lenguaje inclusivo en el cual se han hecho maestros gramaticalmente dignos de atención, aunque no de imitación. Antifaz para cavernarios, disfraz de godos como los peores godos del pasado venezolano, prosiguen una estentórea promoción de izquierdismo que, curiosamente, conduce a que buena parte de la sociedad, en especial la que opina en público y mueve las redes sociales, se con ese orgullosamente como de derechas, es decir, como antagonista del cambio social.

El tema es de interés esencial debido a que, como reacción frente a la pretendida izquierda del chavismo, han orecido en Venezuela legiones y legiones de un tipo de individuos como los que en Chile llaman momios, que jamás multiplicarán el orgullo del gentilicio ni abrirán senderos para el progreso moral y material del país. Sabrán los lectores que no exagero cuando veri quen que tal vez sea nuestra comarca, afuera de los Estados Unidos, la que más trumpistas combativos tenga, esto es, el mayor número de seguidores de un individuo que, a escala universal, ha sido la negación del civismo, de la democracia, la tolerancia y la verdad en la última década. O cuando constaten la existencia de una muchedumbre de ardientes predicadores que ven a Joe Biden y al Papa Francisco como portavoces del comunismo internacional. Pero también a la “trotkista” Kamala Harris, por supuesto.

O -esto produce en mi caso vergüenza particular- cuando se siente entre nosotros el entusiasmo que provoca el partido español VOX, engendro de la falange franquista y aliado de los fachos franceses de Marine Le Pen. Un caso especialmente digno de análisis, porque no solo multiplica las ovaciones de la gente de a pie que lo aprecia como una posibilidad para el arreglo de nuestros entuertos, sino también de célebres guras criollísimas de la política y los negocios que ahora pululan en Madrid y a quienes solo les falta cantar “Cara al sol” bajo la batuta de Santiago Abascal. El último testimonio de estas derechas deplorables que aquí se han multiplicado se encuentra en el ataque feroz contra Gabriel Boric, el próximo inquilino del Palacio de la Moneda, a quien ya atribuyen las peores atrocidades porque milita en las izquierdas cuando ni siquiera ha tomado posesión de su cargo.

Y así sucesivamente. Son retrocesos que se deben analizar con mayor ponderación, seguramente con más profundidad que la exigida habitualmente a un artículo de prensa. Son atribuciones o analogías sin plataforma sólida. Son reacciones rudimentarias y mecánicas ante un régimen oprobioso que jamás ha sido lo que ha dicho que es. Son testimonios de la desesperación que arropa a la sociedad cuando no encuentra la salida de su calvario. En especial, y he aquí lo más preocupante, son negaciones fulminantes de las conquistas de la sociedad a través de su historia, sobre las cuales debería detenerse la dirigencia de oposición que no advierte la magnitud del problema, o que lo deja pasar para no nadar contra la corriente. A lo mejor se hace la pendeja cuando los tuiteros más irracionales empiecen a asegurar que León XIII era bolchevique.

13 de febrero 2022

https://www.lagranaldea.com/2022/02/13/venezuela-el-paraiso-de-la-derecha/

 6 min


Américo Martín

En enero de 1953 se concreta mi ingreso a la juventud de AD, a través, lógicamente, de Rómulo Henríquez. Los asesinatos de líderes de AD, la persecución intensificada, el miedo y el deprimente pesimismo causado por el desconocimiento de la voluntad popular en las elecciones para la Constituyente, se conjugan para minar la conciencia colectiva y provocar un reflujo casi total. AD está extremadamente golpeada. El PCV también, aunque conserva indemne su dirección política clandestina. El intocable e incansable Pompeyo Márquez es cada vez más conocido y respetado, incluso por quienes, no obstante oponerse a la dictadura, rechazan el comunismo.

Salimos del liceo hacia el parque Carabobo. Las incorporaciones de nuevos militantes son muy selectivas y por cuenta gotas. La dolorosa experiencia de las infiltraciones impone una cautela que por el momento frena el crecimiento acelerado de la organización. Sentados frente y junto a mí están Rómulo tal vez Frank Peñaloza y algún otro que no recuerdo.

Me darán una charla estimulante de iniciación, dada mi condición de recién llegado, y el responsable de hacerlo es Jaime Pagés, un estudiante de Ingeniería en la Universidad Central. Me da la bienvenida y me explica reposada y ampliamente la importancia del compromiso que estoy adquiriendo. De seguidas me hace una serie de recomendaciones bastante apreciables en ese momento, aunque con los años las he olvidado. Jaime es un hombre serio, sin aspavientos ni hipérboles. Me gusta eso.

Después de la ceremonia me asignan mi primera responsabilidad. Militaré en una célula liceísta dirigida por Rómulo. Para completar el número tres, Nerio Oquendo. Observo la extensión del repliegue de la política de AD desde la era expansiva de Leonardo y su esperanza de un rápido retorno al poder. Todavía quedan recuerdos. En varias paredes leo: “AD volverá”. Rómulo aprovecha para ilustrarme sobre el imperativo de la unidad de la resistencia.

-Esa consigna es sectaria. Impide la unidad, tarea que debemos enfatizar.

A mí no me disgusta del todo el lema “AD volverá” Me parecía una manera valiente de responderle al gobierno y de demostrar perseverancia, pero comprendo los motivos que inducen al cambio.

Poco después me llega una nueva convocatoria por la vía de Frank. Nos reunimos cerca del parque Los Caobos. Es una nueva troika, esta vez Frank, Omar Zamora y yo. El personaje invitado es Juan Pablo Peñaloza, hermano mayor de Frank. Es la encarnación de un perseguido político. Acepta esa condición con una serenidad impresionante. La Seguridad Nacional le sigue los pasos y dada la precariedad de medios en que se encuentra sumido el partido por haberse secado el entusiasmo de muchos colaboradores, no hay donde esconder a Juan Pablo. ¿Resultado? Se le ha autorizado a tomar el camino del exilio.

-La juventud y el partido, comienza Juan Pablo con gran aplomo, están muy maltrechos. En San Agustín nos estamos recuperando y eso ha sido posible por el esfuerzo de Frank y Rómulo. Esta reunión es para seguir haciéndolo. Ustedes tres constituirán la dirección parroquial. Frank será el responsable, Omar el jefe de propaganda y tú Américo, el de finanzas.

-Quisiera encargarme de la propaganda y Zamora que asuma las Finanzas, me animo a contraproponer.

Omar acepta el cambio y yo me retiro con emociones nuevas, embriagado de atmósferas clandestinas. Cada uno se ha puesto un seudónimo. El de Frank es Eduardo Angarita. Lo recuerdo por un incidente que ocurrirá unos meses después. Mi nombre de guerra y el de Omar los he olvidado. Entretanto en el liceo jugábamos a los enmascarados.

Los jóvenes adecos y comunistas confirmaban los temores del régimen. Se congregaban en grupos extrapolíticos para cobrar visibilidad y usaban con frecuencia nombres de escritores o líderes muertos o exiliados.

Leticia Bruzual, militante de la juventud comunista, me invita a escribir de literatura en una cartelera de su organización. Los temas políticos abiertos no pueden abordarse directamente. A través de la literatura algo más puede obtenerse.

El asedio a los líderes de AD y la detención de mis tíos maternos me impulsan a asumir la política con ciega pasión. En el caso de un joven sin muchas experiencias vitales ese espíritu se identificaba con la resistencia y el supremo sacrificio. Entré de lleno en la vorágine y en ella permanecí en medio de los virajes impuestos por la realidad. Al llegar a los 7O años no tuve más remedio que tomarme las cosas con más calma y distancia. Razones físicas, sí, pero también un cansancio mental difuso. Esa historia la contaré cerca del fin de estas Memorias aunque, en rigor como todas ellas, no tengan fin.

El último acto presenciado por mí desde la cercanía pero todavía no desde la militancia, fue la elección de la Asamblea Nacional Constituyente el 30 de noviembre de 1952. Al igual que más tarde lo hará en Colombia el general Gustavo Rojas Pinilla, Pérez Jiménez pretendía legalizar el golpe a través de un órgano de soberanía originaria como ese y hacerse elegir presidente constitucional. Eran tantas y tan visibles las sombras acechantes de fraude electoral que Betancourt y Leonardo cometen el error de firmar en conjunto un llamado a la abstención.

Es de imaginar lo obligante que sería para los militantes de AD el llamado suscrito por sus dos más respetados líderes. No faltará quien defina el acto de votar como una traición a la imagen ensangrentada de Leonardo. Y sin embargo, la realidad fue demasiado poderosa; acercándose el minuto final la militancia, en su mayoría, decidió concurrir a votar. El mismo Betancourt dio marcha atrás: sin desdecirse abiertamente, dejó hacer.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

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Carlos Raúl Hernández

Así titula su libro de 1863, el líder socialista Ferdinand Lasalle, una brillante carrera político intelectual que se truncó al morir a los 39 años en duelo por una mujer. Define la constitución como el conjunto normas inviolables que organizan al Estado y, elemento esencial, consagra los Derechos Fundamentales de los ciudadanos para defenderse de los grupos organizados, y del más poderoso de ellos, el gobierno. Desde los griegos, que la llamaban politeia, el pensamiento político se debate entre quienes, Lasalle et.al, concebían una, constitución normativa y los impulsores del populismo constitucional latinoamericano que la llena de ofertas incumplibles, la divorcian de la realidad y la convierten en constitución de fachada. El constitucionalismo medieval, la asociación de la comunidad para defender sus derechos, se materializa en Inglaterra frente al rey Juan Sin Tierra en 1215, quien firmó la Carta magna libertatum. En la Edad Media, la Iglesia y los filósofos de la Escuela de Salamanca, plantean el magnicidio como defensa contra la tiranía.
1. La Constitución normativa es un sistema de reglas basado en el consenso entre mayorías y minorías, y por lo tanto no pueden aprobarse por mayorías electorales, que suelen corresponder a circunstancias o pasiones alrededor de un jefe carismático. Protege a la comunidad del cambio en las reglas del juego que permite al “jefe” imponer, cuando le convenga, que el bateador se ponche con dos straight y no con tres; su perpetuación en el poder, o cualquier otra pulsión que conspire contra los Derechos Fundamentales.
2. La constitución norteamericana, la venezolana de 1961, y muchas otras, nacen de un complejo mecanismo de consenso entre partidos políticos, instituciones, sindicatos, gremios, y factores de opinión, mayorías calificadas de las dos cámaras del Congreso, los concejos municipales y las legislaturas regionales. Ni George Washington ni Rómulo Betancourt aprovecharon la fuerza de sus liderazgos para promover constituciones por votación mayoritaria o “aplanadoras” contra minorías.
3. La constitución normativa debe sine qua non garantizar la separación entre los poderes, y si no, es una constitución de fachada. Es la ley que hace legítimas las leyes en el esquema de Kelsen, concebida para perdurar, principios que el gobernante y los grupos de poder deben respetar, so pena de hacerse inconstitucionales. Según Montesquieu “nadie puede dormir tranquilo si el que gobierna es el mismo que hace las leyes”. En general los dictadores necesitan librarse de esa camisa de fuerza para hacer lo que les da la gana, y así “proteger la revolución y al pueblo” de las perversiones de la disidencia. Las constituciones pueden resentir el paso del tiempo, y para eso ellas prescriben el dispositivo, también por consenso, para sus reformas y enmiendas. “Constituyentes” para “refundar” estados constituidos, es un exabrupto histórico, regresar al pasado.
4. Las asambleas constituyentes surgen en el lejano siglo XVIII para crear estados democráticos y liquidar instituciones absolutistas en Europa, o coloniales en EEUU, implantar derechos fundamentales y configurar la separación entre ramas del Estado. Las dictaduras y los autoritarismos posteriores reencarnaron sus “constituyentes” para desbaratar el Estado de Derecho, destruir el sistema de partidos, las sociedades pluralistas y fundar nuevos absolutismos. El Estado pluralista obstaculizó eso y la constituyente el método para sustituir las “democracias burguesas” por “democracias populares” o “directas”, que muy pronto se tornan autocracias. Lenin convocó una “constituyente” en 1917 con el lenguaje ditirámbico del “renacimiento histórico”, “la sagrada soberanía popular”, “la creación del Estado proletario” y demás yerbas, pero como los bolcheviques perdieron, simplemente la eliminó. Quedó claro cuánto mandaba el pueblo y que “el constituyente” era él. En Chile hablaban de referéndum revocatorio, cuando repuntaba Kast. Por supuesto, ya no.
5. Las revoluciones se apañan en lenguajes jacobinos, en el radicalismo de las refundaciones, del “gran momento histórico”, “la nueva república” y demás romantiquerías, ridiculeces fatales, que aguan los ojos a los simples, para convocar “constituyentes” y destruir el sistema político establecido, los partidos, y poner las instituciones a su servicio. Para actualizar la Ley de leyes, como dijimos, ella consagra mecanismos de reforma o enmienda. En el contexto de sociedades democráticas, la constituyente originaria es una monstruosidad jurídica que establece “asambleas supra constitucionales” todopoderosas, por encima de la ley positiva (“sobre ella, solo Dios y el pueblo”) pero bajo tutela del caudillo de turno. Lo demostró hasta la saciedad la última oleada revolucionaria en Latam, en la que las imponen a los parlamentos y a las demás instituciones.
6. Esperemos que en Chile triunfe la razón. Su “constituyente” recuerda aquella anécdota del médico que dice al paciente “la operación fue un éxito, amigo. Pero hay una mala noticia: le cortamos la pierna que no era”. Las clases medias estaban aburridas y querían emoción revolucionaria pero el camino tomado es una ruptura con el que llevaban, que era excelente. Pero hay que darle chance a la realidad.
@CarlosRaulHer

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Ismael Pérez Vigil

El tema de las elecciones presidenciales de 2024 es motivo de burla por parte del régimen, que parece decir: “…Yo soy tan poderoso, que me doy el lujo de poner en duda cuando habrá un nuevo proceso electoral’, provocación cínica que nos recuerda la letra del tango, “Mano a Mano”: “Como juega el gato maula con el mísero ratón…”.

En todo caso, flota en el ambiente el tema; incluso se asoman ya algunos candidatos opositores−rápidamente desmentidos por los interesados o sus allegados− y es motivo de angustia, desesperación y los consabidos argumentos en contra por parte de los sempiternos partidarios de la no participación, los negacionistas de la vía electoral.

La participación en las elecciones del 2024 implica examinar, por lo menos, tres temas: La selección de un candidato único por un mecanismo aceptado por todos; la unidad de los partidos, previa revisión, legitimación o reorganización de los mismos y sus líderes; y una oferta electoral, propuesta o programa, que entusiasme al país. Imposible por lo complejo y extenso de cada uno de estos temas, tratarlos en conjunto, los abordaré en partes, con la seguridad de que aun así quedarán muchos aspectos por fuera.

Comencemos por el de la unidad y el candidato unitario

La necesidad de la unidad para enfrentar el régimen es algo que muy poca gente discute; por eso sorprendió a algunos mi afirmación −en el artículo de la semana pasada, Camino al 2024, al calificar como mito la falta de unidad, sobre todo en lo que a un candidato único se refiere. En efecto así lo creo. La falta de unidad nos ha perjudicado para ganar referendos, curules en elecciones parlamentarias, o algunos cargos de alcaldes y gobernadores, pero nunca hemos tenido ese problema en lo que a un candidato presidencial se refiere.

Porque en las elecciones presidenciales, bien sea por acuerdo opositor o por polarización política del país, siempre hemos tenido un candidato único, con opción, al menos. Y aunque han surgido algunos que han pretendido disputar esa condición de candidato opositor al candidato “oficial”, por llamarlo de alguna manera, siempre que eso ha ocurrido, el propio pueblo se ha encargado de ponerlos en su sitio, dejándolos con una escasa votación.

Ni siquiera en la muy reñida votación del año 2013 (Maduro-Capriles), la aparición de candidatos distintos al oficialista y al candidato “oficial” de la oposición, privó a este último del triunfo; sumando todos los votos distintos a los del candidato oficial al candidato Capriles, solo se reducía la brecha en 0,24%, que aún no era suficiente para derrotar al candidato del régimen −aun haciendo abstracción que ese haya sido el resultado correcto, que es lo que creo, aunque algunos lo dudan−. Así, en el tema del candidato único, posiblemente hay que evaluar que impacto tiene, en su falta de penetración y profundidad en el pueblo, el tema de la forma en que se ha seleccionado.

En las elecciones presidenciales, desde 1998, se han enfrentado tres fuerzas, bastante simétricas: el oficialismo, que siempre ha salido victorioso; un sector mayoritario de la oposición democrática, que ha logrado oponerse con una cierta fuerza, apoyando a un candidato único; y un sector abstencionista, indiferente, engrosado a veces porque la oposición democrática decide jugarse esa alternativa. Aunque siempre ha sido un solo candidato opositor, con opción, no siempre eso ha ocurrido por decisión política de los partidos opositores, sino como efecto de la presión externa y la polarización. Veamos los casos.

– Para la elección presidencial del 6 de diciembre de 1998, el candidato único de la oposición, por efecto de la “polarización” fue Henrique Salas Römer; su designación como candidato único se logró gracias a un consenso, agónico, in articulo mortis, de los principales partidos políticos democráticos de la época, ante la amenaza del triunfo de Hugo Chávez Frías, que retiraron sus candidatos y apoyaron a Salas Römer. De esta forma obtuvo el 39,9% de los votos, un 16% por debajo de Hugo Chávez Frías. La abstención en ese proceso electoral fue del 36,5%.

– La elección presidencial del 30 de julio del año 2000 fue en realidad una prolongación de la elección presidencial de 1998, del “quino” de la constituyente de 1999 y de la aprobación de la novísima Constitución bolivariana el 15 de diciembre de ese mismo año. La oposición no tuvo un candidato “oficial” para esa elección, pero el electorado opositor se decantó o polarizó en favor de Arias Cárdenas, que logro el 37,5%, 22 puntos por debajo de Chávez Frías, nuevamente candidato oficial, quien obtuvo en esa oportunidad el 59,7% de los votos, su mejor resultado en todos los procesos en los que participó. La abstención fue del 43,6%, una de las más altas de la historia electoral del país, superada solamente en la elección de 2018, que fue del 53,9%, según cifras oficiales.

– En el año 2006, el 3 de diciembre, el candidato opositor fue Manuel Rosales, seleccionado por consenso después que varios otros se retiraran de la contienda, en favor de su candidatura unitaria; Manuel Rosales obtuvo el 36,9% de los votos, la diferencia a favor del régimen fue de 25 puntos, pero se consideró una notable recuperación de la oposición democrática, que salía además de varios años de inútil y dañina abstención electoral y del fracaso del referendo revocatorio de 2004. La abstención en esa oportunidad fue del 25,3%.

– En 2012, en las elecciones presidenciales del 7 de octubre, el candidato opositor fue Henrique Capriles, seleccionado en un proceso de primarias a la que llegaron al final cinco candidatos (Leopoldo López se retiró y declinó su candidatura a favor de Capriles). En esa elección de 2012, con un Chávez explotando la enfermedad que lo llevaría a la tumba, la diferencia con Capriles se redujo a menos de 11 puntos; Chávez Frías obtuvo el 55% de los votos, mientras que Capriles obtuvo el 44,3%. nos comenzamos a recuperar, pues habíamos tenido un buen resultado en las elecciones de la Asamblea Nacional de 2010, en donde la oposición, en realidad, tuvo una votación más alta que la del régimen −más de millón y medio de votos por encima− pero nos arrebataron muchos diputados, por la manipulación de los circuitos electorales.

– En la elección del 14 de abril de 2013, el candidato opositor fue Henrique Capriles, quien se enfrentó a Nicolás Maduro; la selección de Capriles se dio por consenso y por su aceptación del reto de enfrentar la maquinaria del régimen, con apenas un mes de preparación, tras el fallecimiento del Presidente en funciones, Hugo Chávez Frías, quien lo había derrotado seis meses antes; en esa elección, como dije más arriba, la diferencia fue de apenas el 1,49% de los votos. (Todavía hay gente hoy que no acepta ese resultado, empezando por el propio Capriles, quien ahora duda, pero en ese momento no dio el paso de retar a fondo ese resultado).

– El 20 de mayo de 2018, tras la debacle de 2017 −recolección de firmas con las que no se hizo nada, protestas con casi 100 muertos, etc. − la oposición democrática no participó en esa elección, ni en la de Asamblea Nacional de 2020.

Los hechos son claros, inútil negarlos. Hemos tenido un candidato único en todos esos procesos, no nos ha faltado la unidad, pero creo que la abstención nos ha privado de haber obtenido un mejor resultado. ¿Qué hubiera pasado si esos números de la abstención se hubieran sumado al candidato opositor y éste hubiera ganado? ¿Se hubiera respetado ese triunfo? No lo sé. Esa es precisamente la gran incógnita que nunca podremos resolver, al menos no, mirando por el espejo retrovisor. No insistiré nuevamente en el tema, baste recordar que la abstención siempre ha estado por encima del 20%, y ha sido un factor decisivo. Pero no el único.

Eso nos lleva, a la necesidad de evaluar otros factores. Por ejemplo, ¿Por qué en la definición de una política frente al tema electoral no se ha logrado la misma unidad que para definir un candidato? ¿Por qué no hemos dado con un mensaje −propuestas y planes hemos tenido− que haya logrado, por una parte, romper con la coraza de indiferencia de quienes se abstienen y por la otra, convencer de su error a aquellos que tras 23 años de fracasos y miseria continúan votando por el régimen?

En la falta de “penetración” del candidato han jugado seguramente un papel importante los partidos políticos y sus líderes, como “equipo” que acompaña a ese candidato, que tampoco han demostrado tener la penetración y aceptación popular suficiente. De allí que el tema, que muchos claman, de la necesaria reorganización y actualización de partidos y líderes, sea un tema primordial a ser analizado.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Jesús Elorza G.

El año 2021, dio paso a un intenso movimiento de renovación en el movimiento olímpico venezolano. Los atletas, entrenadores y dirigentes deportivos fueron testigos de discusiones y confrontaciones en materia electoral para la escogencia de los dirigentes de las organizaciones olímpicas del país. Destacaban, en esas polémicas, sectores que solo buscaban perpetuarse en el poder, otros que solo pretendían sustituirlos y otros que buscaban darle un viraje a la conducción personalista, autocrática y de lucro personal de la dirigencia enquistada en el movimiento olímpico.

Cerramos el año, con decisiones de la Sala Electoral del TSJ señalando violaciones a los derechos electorales de los representantes federativos y sentencias que declaraban “irritas” a las asambleas convocadas para la escogencia de comisiones electorales en el Comité Olímpico Venezolano. Acciones judiciales que dieron paso a discusiones sobre nuevos procesos electorales y a la presentación de nuevas planchas para las directivas olímpicas. Es importante señalar, que en las discusiones siguen estando presentes personas o grupos que solo buscan mantener el “status quo” del continuismo hablando o proponiendo planchas integradas. pero sin la participación en las discusiones de las Federaciones Deportivas. Solo hablan de mantener o integrar a personas representativas del régimen o personas, dirigentes o no, afectas al gobierno.

También, se observó que el sector deportivo para personas discapacitadas estuvo envuelto en agitados procesos electorales. El pasado 6 de diciembre, directivos de las Federaciones Paralímpica de Ciegos, personas con Discapacidad Intelectual, deporte sobre Sillas de Ruedas, deporte para Personas con Parálisis Cerebral, Tiro con Arco, Canotaje, Bádminton, Tenis de Mesa y Ciclismo en su condición de miembros del Comité Paralímpico de Venezuela COPAVEN convocaron a una Asamblea Extraordinaria para el día 17 de diciembre 2021 para designar a la Comisión Electoral que se encargara de regir el proceso para la relegitimación de las autoridades del Comité Paralímpico Venezolano para el periodo 2021-2024. Denunciaron estos dirigentes que las autoridades actuales de COPAVEN tienen más de dos años sin convocar a asambleas y sin presentar los informes de gestión y memoria y cuenta de la organización.

El día viernes 17 de diciembre, en horas de la tarde, en el Salón Francisco "Morochito" Rodríguez del Instituto Nacional de Deporte, se llevó a cabo la Asamblea Extraordinaria Convocada. Sin embargo, los puntos de la agenda no fueron desarrollados, debido a que la mayoría de los miembros de La Junta Directiva Presentes en la Asamblea presentaron sus RENUNCIAS IRREVOCABLES a los cargos que ostentaban en la Actual Junta, manifestando su descontento, exclusión y molestias debido a que la actual presidenta toma las decisiones de manera unilateral y autoritaria sin consultar con los miembros. Estas renuncias masivas a la Junta Directiva, reorientaron el rumbo de la Asamblea, lo que obligó a la revisión de los estatutos dando pie a la DECLARACIÓN DE LA ACEFALIA DE LA ACTUAL JUNTA DIRECTIVA ELEGIDA EN EL 2018, y a la convocatoria a una nueva asamblea en los primeros meses del 2022.

En los días por venir, los temas a discutir en torno a COPAVEN, serán los relativos a la selección de los miembros de la Comisión reorganizadora, los integrantes de la Comisión electoral y los integrantes de la plancha que va a regir los destinos del Comité Paralímpico de Venezuela en el periodo 2022-2025. Dejando muy en claro, que en el proceso de renovación, las autoridades directivas del COPAVEN deben preservar la autonomía de la organización.

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José Machillanda

Rehacer la Nación constituye la más clara responsabilidad, urgente y necesaria tarea de la sociedad democrática después de haber odio las dos intervenciones del 4F de Maduro y Cabello, cuyos contenidos parecieran el de dos dictadores-profetas. Muestran su saña, violencia y militarismo socialista como dictadores y cobardes, que persisten en imponer el fusil y el plan de machete en una permanente guerra encubierta, criminal y primitiva.

Los dos contenidos del 4F imponen al Movimiento Político de Renacimiento Nacional que piensen definitivamente y ¡Ya! en la construcción política apropiada para organizar a los demócratas frente a la barbarie, como lo establece la Constitución y las leyes de la República.

Ese proceder llama a la activación de un Movimiento Político de Renacimiento Nacional que apunte a la activación del Estado Providencia. Estado expresión política, democrática. Contendiente que se nutre de la ciudadanía y lo multiplica un liderazgo político emergente que está en deuda con el sistema político democrático.

La ciudadanía democrática como Movimiento Político de Renacimiento Nacional tendrá que motorizar a una sociedad ya indignada. Indignada por tanto militarismo, abuso de envalentonados que se creen pueden accionar como dictadorzuelos y son capaces hasta de definir cuando serán los eventos electorales en la República. En consecuencia, los demócratas llenos de solidaridad activarán la participación política contendiente mostrando su máxima convicción democrática y disposición cívica deberán rescatar el Estado Providencia.

En consecuencia, los demócratas que después del 6D 2020 se mostraron contrarios al chavismo y se alejaron del golpismo militarista socialista, señalaron que se debía reforzar la democracia en Venezuela por la vía del voto como lo establece la Constitución. Desde entonces el liderazgo Político Emergente, más hoy 2022, tiene que orientar los intereses grupalistas y llamar la venezolanidad democrática para que, con virtud cívica, accione como organización política con planes y decisión desde el barrio hasta toda la geografía nacional para reinstalar la democracia.

Después del 4F es el liderazgo político emergente que está obligado a hacer política, léase preparar a la ciudadanía para que, con coraje cívico, después de estos dos discursos abusivos e inmorales el demócrata participe, se anime, crezca la fibra política y surja la acción política. La acción política que tendrá como tarea única instaurar la democracia, como aquella ecuación en la cual el individuo está por encima de la comunidad y del Estado. La ciudadanía exige democracia para cultivar la paz, el orden, y el desarrollo nutrido de venezolanidad. El líder político emergente después de esta grotesca y cobarde amenaza pública del militarismo socialista, habrá que enseñarle que la decencia democrática está lejana de la dictadura, esa misma que emplea plan de machete y el fusil como instrumento privilegiado por el bestiario socialista.

Rehacer la Nación es la tarea para la cual tendrá que acordarse con todos los ciudadanos prominentes, que están impuestos de apreciar y recordar lo acontecido en Barinas, un ejemplo de civismo. El liderazgo político democrático tiene la responsabilidad ya de reponer la democracia activando un Movimiento Político de Renacimiento Nacional.

Es original,

Director de CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

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