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Opinión

Eddie A. Ramírez S.

Un mismo día, un mismo mes, dos sucesos. Sesenta y cuatro años de diferencia. En 1957 una gesta. En el 2021 un sainete, es decir un acontecimiento tragicómico. En el primer caso una acción valiente de jóvenes estudiantes de liceos y universidades que unidos se declararon en huelga y realizaron manifestaciones en contra de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Por el contrario, este próximo domingo algunos políticos con años a cuesta pretenden luchar contra la dictadura de Maduro acudiendo desunidos a una elección que no cumple con los estándares democráticos. El sainete no es por acudir a votar a pesar de las turbias condiciones electorales, sino hacerlo desunidos, a última hora, con algunos candidatos seleccionados por repartición de cuotas políticas o poco calificados. El 21 N se celebra el Día del Estudiante por la gesta de 1957. Ojalá no tengamos que recordar este próximo 21N como el Día del Sainete y de la Ambición Política.

La huelga estudiantil evidenció el descontento contra el dictador y su intento de reelegirse mediante un plebiscito no contemplado en la Constitución. Sin duda esa gesta influyó en el alzamiento el 1 de enero del teniente coronel Martín Parada, acompañado por más de una docena de sus compañeros de la Fuerza Aérea, y del teniente coronel Hugo Trejo, el mayor Evelio Gilmond Báez y otros oficiales del motoblindado del cuartel Urdaneta.

La dictadura de Pérez Jiménez fue atroz y por lo tanto injustificable. Sin embargo, no destruyó al país. La de Chávez-Maduro ha sido también atroz, más larga y destructora de todas las empresas del Estado, de numerosas empresas privadas, de las instituciones, de la infraestructura y de los servicios básicos. De la primera fue relativamente fácil salir porque había unas Fuerzas Armadas con oficiales íntegros. A pesar de que el dictador decía que gobernaba en su nombre, muy pocos militares participaron en su gobierno y solo un puñado era corrupto. La dictadura de Maduro es ejercida por una banda criminal que incluye un gran número de oficiales y de jueces.

Cuando Pérez Jiménez, la dirigencia política opositora tomó consciencia de que era necesario unirse y permanecer unidos después del derrocamiento del dictador. Desde luego eso no se logró fácilmente, pero al final prevaleció el buen sentido y el interés por el país. La dirigencia actual, integrada por políticos relativamente jóvenes y algunos no tan jóvenes, no ha sido capaz de deponer interese partidistas o personales como medio necesario, aunque no suficiente, para lograr sacar a los usurpadores.

El 21 N vamos a elecciones en peores condiciones que en las anteriores, no solo por culpa del régimen, sino de la propia oposición. Respetamos a quienes han predicado la abstención, pero el voto es la única herramienta que tienen los ciudadanos en las actuales circunstancias. Lo demás es sentarse a esperar un milagro. La proliferación de partidos de maletín y de candidatos sin ninguna posibilidad evidencia que muchos asumen la política como un negocio.

Las elecciones del 21N no resolverán ninguno de los problemas, pero es importante intentar ganar algunas gobernaciones y alcaldías, con el objeto de estar en posición más favorable para ganar un eventual revocatorio presidencial. Algunos alegan que no les agrada determinado candidato de la oposición, en lo cual pueden tener razón, pero en todo caso debe ser mejor que el candidato del régimen.

El argumento de que votando se legitima al régimen y al CNE es débil. Desde que Chávez llegó al poder hemos votado en condiciones que no cumplen los requisitos internacionales. La abstención en las parlamentarias del 2005 se justificó porque fue un intento de descalificar al CNE y el costo político era prácticamente nulo, ya que todo indicaba que no obtendríamos más de una docena de diputados. En las presidenciales del 2018 y parlamentarias del 2020 la abstención se justificaba porque eran tan burdas que el mundo democrático no las reconocería. Las del 21N son regionales y municipales, y ningún país va a desconocer a gobernadores y alcaldes. Por lo tanto, si votamos podemos ganar algo. Si nos abstenemos perderemos lo poco que tenemos.

La insensatez de algunos dirigentes ya es un hecho. Ahora corresponde a los ciudadanos remendar el capote, votando por quienes perciben con más probabilidades de derrotar a los rojos. Ojalá podamos convertir el sainete en una gesta. No será fácil, pero tenemos que ser optimista. El 21N de 1957 fue una gesta. Ojalá el próximo 21N también lo sea.

Como (había) en botica:

Felicitaciones a los jóvenes que participaron en el gran concierto del día 13. El evento fue inoportuno por la pandemia, por ser propaganda electoral y para intentar tapar la decisión de la Corte Penal, pero la alegría y orgullo de los muchachos es lo importante. Su aprovechamiento político es típico de las dictaduras.

El presidente interino Juan Guaidó, acatando la Constitución, está firme en mantener el cargo mientras dure la usurpación de Maduro y en cambiar la directiva cuestionada de Monómeros. Interesada la posición de algunos partidos de planificar un golpe de Estado, de bloquear la designación de una nueva directiva en Monómeros y de no aprobar los recursos para cancelar los honorarios de los abogados que defienden los activos de las empresas en el exterior que Maduro puso en peligro de perderse.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Manuel Delgado Campos

Ayer sábado, 13 de noviembre de 2021, ocurrió en mi un torbellino de emociones encontradas, por un lado, ver y oir, con incontenible alegría, a más de docemil músicos tocar al unísono la Marcha Eslava, original de P. I. Tchaikovski, seguida de piezas tan emblemáticas para los venezolanos como lo son Venezuela, de Pablo Herrero y José Luis Armenteros; Alma LLanera de Rafael Bolivar Coronado y Pedro Elías Gutierrez y, por supuesto, nuestro Himno Nacional Gloria al Bravo Pueblo.

Es significativo que la interpretación escogida para optar al Recod Guinnes de la 'Orquesta más Grande del Mundo', haya sido una obra que se indentifica con la lucha de un pueblo oprimido, el servio, contra sus opresores, los turcos del Imperio Otomano. La eterna lucha del bien contra el mal.

Por otro lado, me invadió la nostalgia, que afortunadamente no opacó mi alegría, de sentirme parcialmente ausente o mejor dicho, lejano fisicamente. Al igual que se sentirían millones de venezolanos esparcidos por el mundo, incluyendo muchos de los músicos formados en el Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela, independientemente de su credo y pensamiento filosófico para decirlo de alguna manera.

Orgullo especial debemos sentir los compatriotas que creemos en que el sistema democrático que imperó en Venezuela durante cuarenta años desarrolló grandes obras y magníficos programas que perduran en el tiempo. Al respecto, vale la pena destacar el programa de becas Gran Mariscal de Ayacucho y a 'EL SISTEMA' como popularmente se le conoce a esa idea y proyecto del Maestro José Antonio Abreu; prodigio de inteligencia, constancia y paciencia. Cualidades que le permitieron convencer a los dirigentes de esa época para la creación y mantenimiento del mismo. El es merecedor del reconocimiento y más aún, el agradecimiento de todos los venezolanos y de muchos otros en el mundo entero quienes, de una manera u otra hemos sido impactados positivamente por esa idea, ahora realidad tangible que ha sobrevivido a muchas adversidades y que nos une solidariamente a todos, dentro y fuera de Venezuela. Es parte del honor que sentimos de ser venezolanos.

Estoy seguro de que el acto de ayer, con o sin Record Guinnes, marcó un hito en el sentimiento de la mayoría de los venezolanos, motivándonos a luchar denodadamente para que todas las cosas buenas desarrolladas en el país y que actualmente viven una hora menguada, recobren su explendor de antaño y lo superen con creces en un futuro cercano. En primer lugar, nuestro sistema educativo, desde el nivel elemental hasta el universitario, tan vapuleado y maltratado en los últimos tiempos. Que la justicia funcione equitativamente para todos, sin leyes ni instituciones acomodaticias y que, los derechos fundamentales de todos los venezolanos sean respetados.

Hagamos todos el esfuerzo para gestar nuestra propia Marcha Eslava que nos libere del oprobio y logremos borrar de la cara bonita de Venezuela esos lunares malignos que la afean. No importa que se disfracen o camuflen como músicos colándose entre la multitud. Que ni los unos ni los otros se apropien de lo que es de todos sin distingos de raza, religión o credo político. Los buenos somos más.

Vale la pena analizar restrocpectivamente, de manera individual o colectiva, lo bueno y lo malo de los últimos cincuenta años, en pro de mantener y mejorar lo primero, a la par de eliminar o aminorar los efectos de lo segundo. Seamos optimistas.

Sunrise, Florida

 2 min


Américo Martín

El estudiante Rafael Caldera fue el líder de las Juventudes Católicas Venezolanas. Muerto Gómez trabajó en la organización de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE), y en 1938 del partido Acción Electoral. En enero de 1946 fundó el partido socialcristiano Copei. Desde las filas de la UNE Caldera encabezaba una corriente socialcristiana enfrentada a la izquierda de la Universidad. A su alrededor se agruparon unos muchachos que andando el tiempo ocuparían posiciones de liderazgo nacional. Los pre-adecos (PDN), los liberales, los comunistas descargaban una ironía sangrienta contra ellos, que los irritaba. Los llamaban “efebos”, “hijos de papá”.

Enardecidos, buscaron a Leoncio Martínez (Leo) con el fin de darle una lección, tal como refiero poco más abajo. Ardió Troya. Leo era en los años del gomecismo y el lopecismo un símbolo de humor y poesía. Comenzó su ilustre carrera en La Linterna Mágica, luego en Pitorreos hasta que fundó el gran semanario Fantoches.

Se había labrado un prestigio democrático excelso como perseguido indoblegable y preso en la sórdida Rotunda de Juan Vicente Gómez. En la cárcel escribió La balada del preso insomne, un poema que yo recitaré de memoria en mi última y espero que definitiva prisión, entre 1966 y 1969.

Desde luego estaba lejos de ser un gran poeta, y la Balada… de ser un poema digno de ese nombre, pero sus versos tiernos, evasivos, pesimistas y nostálgicos expresaban como pocos las interioridades de un torturado sin esperanza de ser liberado algún día. Además, era Leo y por lo tanto la autenticidad dábase por descontada.

-Estoy pensando en exilarme, en irme lejos de aquí

¿Qué quedaba del demoledor humorista de los muñecos de Fantoches? La verdad, quedaba todo. Leo, fuera de las mazmorras y con el margen de libertades abierto paulatinamente por el gobierno de López Contreras, brillará y hará reír a los venezolanos con sus caricaturas y chistes agudos e inteligentes. Desde Fantoches su prestigio se expandió como azogue encendido. Fue, digamos, el primer Andrés Eloy Blanco o el primer Miguel Otero Silva, en una tierra de gran tradición humorística.

Era difícil para Leo dejar escapar de su mordaz radar al puñado de jóvenes de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) que en 1936 mostraban un fuerte activismo a favor de las causas anticomunistas. La UNE era una organización minoritaria de índole derechista, separada de la Federación de Estudiantes Venezolanos (FEV) a la sazón dominada por la izquierda. Leo fue excesivo con esos muchachos. Les dio con fuerza especial debido a la postura asumida por ellos contra la República española, en aquel momento hundida en una brutal guerra civil.

La UNE condenaba a la República, especialmente después de las quemas de iglesias en España, y estaba levantando fondos a favor de la Falange de José Antonio Primo de Rivera, eje del pensamiento falangista. Sin diluir su perfil doctrinario, este Movimiento se identificó con el fascismo de Mussolini al calor de las polarizaciones impuestas por la guerra.

Francisco Franco, jabonoso aliado de Hitler, Mussolini y Primo de Rivera, daba suficientes motivos para ser tomado como blanco por los jóvenes progresistas y de izquierda. Descargarán su pasión contra ese símbolo de la emergente derecha.

Los hirientes cartones de Leo generaron la reacción de la UNE. En octubre de 1936 los jóvenes Rafael Caldera, Pedro José Lara Peña, Lorenzo Fernández y otros se presentaron bruscamente en las oficinas de Fantoches; destruyeron el mobiliario y golpearon físicamente al emblema, a Leo.

Con los años las posiciones de todos se moderaron, los antiguos integrantes de la UNE asumieron un más claro perfil demócrata cristiano y enfatizaron el debate ideológico. En conjunto ganaron respetabilidad. Pero la memoria de la golpiza a Leo pervivió por más de veinte años.

Yo nací dos años después de aquel incidente y no supe de sus pormenores sino mucho más tarde, cuando en 1953 me incorporé a la juventud de AD en el Liceo Andrés Bello. Mi versión era desde luego interesada, y sin embargo, en los dos lustros siguientes confirmé, por investigación propia, que, fuera de énfasis excesivos y algún lenguaje apocalíptico, mis primeras informaciones acerca del suceso se ajustaban a la verdad. Básicamente me habían dado noticias ciertas.

Para explicarme la conducta de los apasionados estudiantes de la UNE decidí ponerme en sus zapatos. Eran unos muchachos justificadamente molestos con quienes ponían su varonía en duda. Se sintieron atropellados, abusivamente maltratados. Tenían pues buenas razones, aunque su reacción fuera totalmente desproporcionada e irracional.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

 3 min


Ismael Pérez Vigil

A mitad de campaña electoral para las elecciones del 21N, vale la pena destacar y reflexionar acerca de lo que hemos visto, que refleja viejos vicios y prefiguran tendencias, de las que nos debemos seguir cuidando.

Propenso como soy a ver siempre el vaso medio lleno, sin querer ahora ser “fatalista”, debo recoger y reflejar la idea de que la oposición inició una carrera en desventaja y no parece que le alcanzará el tiempo para recuperarse. Por lo tanto, estas cosas, aparte de explicar un posible y precario resultado para la oposición el 21N, son las que debemos tener en cuenta a partir del 22 de noviembre, fecha tan inexorable como la del 21N.

La “ventaja oficialista” sería la primera desventaja que habría que considerar al examinar algunas de las que confronta la oposición en este momento; esa “ventaja oficialista” la podríamos resumir de esta manera:

1- Cuenta con recursos más abundantes que la oposición y menos escrúpulos para usarlos.

2- Tiene una “clientela electoral” cautiva, no despreciable, que ya no puede mantener con prebendas, pero si con amenazas de privación y represión.

3- No está en juego el poder y eso le da mayor margen de maniobra, grados de libertad, aun cuando pierda algo de poder.

4- Aunque no es lo principal, tampoco es despreciable, que cuenta con una oposición mermada, dividida, acomplejada y una parte de ella, complaciente.

5- Cuenta con el apoyo del sistema de justicia y la mayoría del CNE, para impugnar resultados que no le convengan o le sean muy desfavorables.

6- Cuenta con el respaldo de la FANB y las Milicias, que son los mismos que “cuidarán” el proceso electoral con el Plan Republica.

Esa ventaja del gobierno, como dije, es la primera de las desventajas de la oposición, que son varias, pero haré énfasis en la abstención y la falta de unidad, que son las que más se señalan y que están de boca en boca, en todos los artículos de prensa que sobre el tema circulan y son las que veremos a continuación. Pero primero, una aclaratoria imprescindible. La oposición de la que hablo es la que se encuentra en el “cerco” de la MUD, G4, Frente Amplio, Plataforma Unitaria, la que está en las negociaciones en México, la que ha decidido −finalmente− tomar nuevamente la senda electoral. Excepcionalmente consideraría también oposición a algunos de los sectores o personas −muy pocos− que se agrupan en la llamada “Alianza Democrática” y algunos de los que se agrupan en la disidencia del chavismo.

La abstención es la primera desventaja de la oposición democrática, en buena medida de cosecha propia; una barrera que no se ha logrado remontar y que a menos que se presente un hecho inesperado −pero siempre posible−, en los escasos días que faltan, no se va a poder superar. No puedo imaginar cuál podría ser ese hecho.

(Abro un paréntesis antes de continuar el tema e introduzco una desviación en esto de la abstención, pues no puedo dejar de señalar algo que siempre me llama la atención −presente también en esta campaña− y es que los predicadores de la opción abstencionista parecen ser los más preocupados por: la campaña electoral; por quienes son y cómo se eligieron los candidatos opositores; por sus cualidades “morales” y lo que hacen o dicen −y sobre todo lo que “no dicen”− en la campaña; por los observadores internacionales que vendrán, y los que no; critican a los candidatos de la oposición −por quienes ellos no van a votar−, por ser “los mismos de siempre” y a los partidos por lanzar “unos muertos” que no han hecho nada −dicen− o que han sido acusados de corruptos; y cuando aparecen candidatos nuevos, los critican igualmente porque nadie los conoce y un largo etcétera; en fin, curioso verlos tan preocupados por algo en lo que ellos no creen. Como esos ateos que denigran y tratan de probar que no existe ese dios en el que no creen. Cierro mi paréntesis y regreso al tema de la abstención).

De manera que, los candidatos opositores, los de la MUD y “los otros”, compiten por un mismo −iba a decir “mercado”, pero para no tentar a los puristas− diré, electorado. Es precisamente a ese electorado, al que hay que descontar un 15% de electores “fieles” al régimen, por las razones que sean −que no viene al caso analizar ahora− y un 5%, como máximo, que votarán por otras opciones, distintas a la MUD y al oficialismo.

Queda entonces ese voluminoso y mítico 80% −del que hablan algunas encuestas− que supuestamente rechaza a este régimen de oprobio. Pero ese mítico 80% contiene un 35% que se abstiene históricamente; contiene también una buena parte de los 3,7 millones de votantes −un poco más del 16% de los electores− que se fueron con la diáspora y si votaran, seguramente su voto se distribuiría de manera similar a los que están en Venezuela; contiene también a los disidentes de la oposición democrática, que han dicho que no participarán, aun cuando siguen en la MUD; y contiene un sector, más numeroso que los anteriores, que está cansado, desesperanzado, agobiado por la cotidianidad y que se ha dejado convencer por la prédica de que la salida electoral no es una salida, aun cuando no se le ha presentado otra.

Incapaces como hemos sido de definir una alternativa que entusiasme a “ninis’ y oficialistas decepcionados, nos damos trompadas por el exiguo margen que queda. Difícil es calcular que porcentaje logrará la oposición que se congrega en la tarjeta de la MUD, pero que, siendo optimistas, rondará −ojalá− el 30-35%. ¿Alcanzará este porcentaje para mantener las gobernaciones actuales, cuatro, y reconquistar Zulia y alguna más? Algunos asoman una posible cifra de nueve (9) gobernaciones, sobre lo que no especularé. Hay dudas serias. En materia de alcaldías la cifra que se piensa que obtendrá la oposición democrática oscila en un rango muy amplio, que va de unas treinta (30) actuales, hasta cerca de sesenta (60), que piensan los más optimistas. En cualquier caso, no es difícil suponer que el mapa del país nuevamente amanecerá pintado de rojo el 22 de noviembre, aun cuando la abstención sea muy alta y la diferencia en el número de votos entre el oficialismo y la oposición democrática no sea muy grande. Basta con un voto de diferencia para que el régimen cacaree su triunfo a todo lo largo y ancho del país.

La falta de unidad, se dice, es la segunda desventaja −de cosecha propia− de la oposición democrática; que, sin embargo, sin negarla, sin desconocerla, pues en muchos aspectos es inocultable, hay que matizarla. Para muchos, entre quienes me incluyo, la unidad es una pre condición, una condición indispensable para derrotar a este régimen. Sin embargo, para algunos de sus detractores, la unidad es obviamente un mito, que lo acompañan muy bien con otro mito, el de exacerbar la desunión de la oposición, la supuesta “falta de unidad” y atribuirle a eso la exclusividad de cualquier fracaso que se vaya a tener. Pero, ¿Es real la falta de unidad en la oposición democrática?

Aunque la “alianza oficialista” tampoco presenta candidatos únicos en todas las circunscripciones, de eso nadie habla; y sabemos de algunas divisiones y disidencias que afloraron en su proceso de primarias y de escogencia o imposición de candidatos. En todo caso, lo que nos interesa es la situación de la unidad en la oposición democrática y para “desmitificar” lo de la falta de unidad en ese sector, recurro a un artículo del politólogo Luis Salamanca, ¿La oposición va dividida a las elecciones regionales del 21N?, publicado en El Estímulo, el 15 de octubre de 2021 (https://bit.ly/2YHSuCs), del cual tomaré solamente uno de sus ejemplos.

Señala Salamanca que de las 24 circunscripciones −incluyendo el Distrito Capital− la oposición está unida en 20 de ellas, −que ahora son 21, tras el retiro de Carlos Ocariz en el Estado Miranda, en favor de David Uzcategui−. Solamente no se habría logrado unidad, entre los posibles candidatos opositores, en Distrito Capital, Bolívar y Táchira. Pienso que Salamanca incluyó como opositor en el Distrito Capital al candidato Antonio Ecarri, que tiene una conocida trayectoria opositora; y en Táchira a la actual gobernadora porque va a la reelección, aunque en las tarjetas de la Alianza Democrática y no en la de la MUD, con la que resultó electa en las pasadas elecciones. Aunque la Alianza Democrática presenta candidatos en todas las gobernaciones, Salamanca no los considera una opción opositora, pues les niega la condición de “oposición genuina” −con lo que estoy de acuerdo−, y en todo caso, se estima que no obtendrá una figuración importante.

No tengo datos precisos sobre la situación en alcaldías, asambleas legislativas y concejos municipales, pero debe ser muy similar a la de las gobernaciones y hasta mejor; por lo que creo −al igual que Salamanca− que lo de la supuesta “falta de unidad” es más un efecto mediático, un fenómeno de redes sociales, más que una realidad. Por supuesto estimulado por el gobierno y secundado por algunos sectores opositores que quieren desplazar y sustituir al liderazgo de la MUD.

De manera que −aunque concluyo en que la “falta de unidad” puede, perfectamente, ser un mito más de la política venezolana− debo advertir, para curarme en salud, que no podemos negar ni pasar por alto algunos errores y situaciones, como por ejemplo: el haber decidido con mucho retraso la participación electoral; las arbitrariedades que se cometieron al seleccionar los candidatos de la MUD; los conflictos internos, que los hay y algunos son muy visibles; las acusaciones y disputas entre los partidos, que todos hemos visto y los demás signos de problemas internos, algunos graves, que constantemente afloran en el mundo de la oposición. No niego nada de eso, solamente digo que no será por la falta de candidatos unitarios que no se logre una alta votación el 21N.

Además de los puntos señalados, de los visibles signos de problemas internos y la falta de candidatos que estimulen al elector, en la oposición democrática, todavía adolecemos de una propuesta de consenso que le devuelva a la política esa magia que se trasmite en campañas, en las cuales el elector ve más allá de su cotidianidad y deposita su fe en una propuesta que le haga sentido, en una opción en la que se siente representado y que se constituye en una esperanza para salir de los problemas que lo acogotan.

Como dije, tan inexorable es la realización de las elecciones regionales y locales el 21 de noviembre, en apenas ocho (8) días, como inexorable es que llegará el 22 de noviembre y seguiremos, en el país, gobernados por un régimen oprobioso, dictatorial y autoritario. A lo mejor −más bien seguramente− al contemplar el mapa del país teñido de rojo, como ya dije, nos llenaremos de ánimo para reiniciar la tarea de reconstruir la oposición y comenzaremos a discutir más profundamente el tema de un posible referendo revocatorio en 2022, para lo cual los criterios serían meramente políticos y de estrategias, dado que no está envuelta ninguna candidatura.

Solo tendríamos que lamentar y aprender que perdimos una buena ocasión en el proceso que concluye, para movilizar, organizar, entusiasmar, incorporar personas a la tarea de rescatar la democracia, porque, de todas maneras, esa lucha continuará.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 8 min


Laureano Márquez

(A 32 años de la caída del Muro de Berlín)

No está muerto, Peter está tendido en el suelo junto a la gruesa barrera de concreto que lo separa de la libertad. Bastaría un último esfuerzo, escalar la pared como habían planeado, arrastrarse bajo la alambrada y ya. Pero no termina de entender qué sucede con sus piernas. No responden, como si se hubiesen largado corriendo, dejándolo allí abandonado. Está herido, escuchó el tiro, pero no se dio cuenta de que le habían dado hasta que se desplomó y palpó la humedad espesa de la sangre entre sus piernas. Su compañero, Helmut Kulbeik, sí logró saltar el muro y desde el otro lado le anima desesperado «¡Salta, Peter!, por Dios, ¡salta ya!». Es inútil. Intenta levantarse, pero su cuerpo no responde.

Un soldado de la guardia fronteriza le ha disparado sin odio, le ha disparado porque tenía que hacerlo, porque es la orden proteger a los ciudadanos del fascismo que amenaza desde occidente, porque estamos todos llamados a construir el socialismo que propiciará la verdadera libertad y nadie puede ausentarse de esta tarea. Eso, al menos, le han dicho sus superiores.

En el fondo, él tampoco tuvo opción. Aunque sus compañeros de la guardia nocturna lo palmean en la espalda, como si hubiese hecho algo heroico, él está temblando de miedo. Nunca le había disparado a alguien, es apenas un chico, quizá un par de años menor que él. Quiere ir a levantarlo, solo está herido, todavía puede librarse de ser un asesino, pero sus camaradas lo hacen desistir. Hay que dejarlo ahí para que todos lo vean, para que sirva de escarmiento a los que se les ocurra pensar que pueden hacer lo mismo. Es la primera que vez que alguien intenta saltar el muro desde que, hace hoy exactamente un año, se inició su construcción, dividiendo a Berlín en dos ciudades que separaron a parientes, amigos y vecinos.

Peter es un obrero de la construcción, tiene casi 20 años. Aunque su familia vivía en el lado occidental de Berlín, su trabajo está en el lado este, de modo que cuando la valla comenzó a levantarse se vio obligado a establecerse allí si no quería perder su trabajo. Jamás imaginó que esa pared, que de un día a otro comenzaron a edificar sin avisar a nadie, lo separaría para siempre de sus seres queridos, de sus amigos y, en definitiva, de la libertad.

Justo un par de meses atrás, después de casi un año sin poder visitar el otro lado, Peter y su amigo Helmut, urdieron la idea saltar el muro. Sería tarea fácil si lo planificaban bien. Estudiaron el mejor lugar para saltar y hacerlo lo más cerca posible del punto de control fronterizo norteamericano. Eran jóvenes y fuertes, no sería complicado para ellos brincar. Decidieron que lo harían el 14 de agosto de 1962. La tarde de ese día, después de concluir sus jornadas de trabajo, se escondieron en un taller de carpintería desde cuyas ventanas podían observar el movimiento de los guardias de la RDA y desde allí mismo escapar en el momento de mayor distracción.

Helmut Kulbeik era el cerebro del plan, a él no le movía el deseo de visitar a su familia, como a Peter. Helmut sí que quería huir del comunismo, no soportaba las crecientes restricciones que tenía que padecer, más sabiendo que podía acabar con todo ello solo con un salto. El resto de su vida Helmut lamentaría ese día, así como haber envenenado la cabeza de Peter con tan temeraria idea. El recuerdo de la tragedia que acabó produciendo su mala idea le arruinaría a Helmut la existencia, llevándolo al final al abandono, al alcoholismo y a preguntarse cada día por qué no fue el destinatario de ese disparo.

Pero más allá de las motivaciones, el hecho es que Peter se desangra a la vista de un grupo de ciudadanos berlineses que ha comenzado a congregarse a ambos lados del muro y contempla horrorizado la escena. Algunos quieren acudir en su auxilio, pero saltar equivaldría a suicidarse, por algo llamaban a aquel espacio baldío entre los dos muros paralelos «el corredor de la muerte». Helmut se asoma, le tiende su mano. Si solo pudiera sujetarlo, pero recibe la voz de alerta del guardia que lo apunta desde ese otro lado, que hasta hace cinco minutos era el suyo, así que desiste y se deja caer. Peter grita de dolor y pide ayuda.

Todos lo oyen, también los soldados americanos del Checkpoint Charlie, pero estos solo intervienen para tratar de contener al creciente grupo de personas que se va reuniendo y que vocifera su rabia junto a la pared, tan cerca y a la vez tan lejos de Peter. Los americanos contienen a los que intentan saltar al otro lado. Ellos no pueden intervenir, por más que la gente insista, la «tierra de nadie» se encuentra en el lado este de Berlín. Es imposible.

Luego de casi media hora tendido en el suelo, Peter deja de gritar, ya no tiene fuerzas, se siente mareado, aturdido por pensamientos que se suceden uno tras otro. ¿Por qué todo había cambiado tan drásticamente el último año? Esta era la ciudad en la que había nacido, no entendía por qué ahora era un crimen transitar por ella. Pensó en el dolor que causaría a su madre y su hermana, ojalá pudieran perdonarlo. Se sintió mareado y ya no le quedó duda de que nadie vendría en su auxilio, se iba a morir allí, ante la mirada de todos, ¡qué vergüenza! Su respiración se hizo más fuerte y ya no escuchaba los gritos de la gente, todo se mezclaba en su cabeza de manera desordenada.

De pronto le sobrevino la extraña sensación de que todo aquello no estaba sucediendo, de que quizá se trataba de un sueño del que despertaría dentro poco. Se vio a sí mismo saltando el muro, elevándose cada vez más. Vio a Helmut, a la multitud que lo rodeaba, al soldado que le disparó.

Y siguió subiendo, como si flotara en un mar de destellos luminosos, hasta que pudo ver las calles aledañas al muro, la casa de su familia, la ciudad entera, su ciudad. Vio toda su vida en un instante, incluso la que no fue: la esposa que no tuvo, los hijos que no nacieron. Y entonces Peter voló, libre como el viento.

Casi una hora más tarde, los soldados de la RDA recibieron la orden de acercarse, mientras desde ambos lados se oía el grito de «¡Asesinos, asesinos!». Peter Fechter había muerto a causa de la hemorragia producida por el disparo. Fue la primera víctima de las 79 que se contabilizaron durante el tiempo que se mantuvo en pie esa barrera que como una cicatriz de guerra marcaba el rostro de la ciudad. Algunas fotografías de la época lo muestran tendido junto a la pared mientras agonizaba y luego, ya muerto, sostenido en los brazos de uno de los guardias fronterizos.

Después de casi tres décadas de existencia, el muro de Berlín fue derribado. Un monumento recuerda hoy el lugar en el que fue asesinado Peter Fechter. Debajo de su nombre, una breve frase resume su suplicio: «…él solo quería libertad».

Twitter @laureanomar

 5 min


Alejandro J. Sucre

El sector privado puede ayudar a romper el ciclo de recesión en sociedades plagadas de conflictos, fragilidad y la pobreza que se deriva del aislamiento que causan estas diatribas. En Colombia, por ejemplo, la subsidiaria local de General Motors, GM Colmotores, se asoció con una organización no gubernamental para capacitar y emplear a excombatientes paramilitares.

En la región de Mindanao de Filipinas, que ha sufrido conflictos violentos durante generaciones, Plagas Corporation y La Frutera, Inc. establecieron una plantación bananera en la década de 1990 que ha creado puestos de trabajo tanto para cristianos como para musulmanes, incluidos excombatientes. Las oportunidades económicas creadas por esta empresa conjunta han ayudado a promover la reconciliación entre las dos comunidades religiosas.

Para que los países tengan estabilidad y la prosperidad, los gobiernos deben proporcionar una amplia gama de funciones estabilizadoras: presupuesto fiscal transparente y ejecutado por licitaciones, política monetaria estable para que haya prestamos a largo plazo y las personas puedan comprar viviendas y construir fábricas con el crédito, seguridad jurídica y personal, educación de calidad y medicina al alcance de todos. Las sociedades donde sus dirigentes se dedican a la eliminación de unos a otros, a menudo carecen de capacidad suficiente para servir a los ciudadanos y se hacen disfuncionales. El sector privado puede ayudar a cerrar algunas de estas brechas críticas, mediante la construcción de infraestructura básica, la restauración de la conectividad y el pago de impuestos para que el gobierno los utilice en la prestación de servicios de salud, educación y otros servicios.

La infraestructura crítica, como carreteras, electricidad, telecomunicaciones y saneamiento, puede ser financiada por el sector privado a través de asociaciones público-privadas. Un ejemplo de esto es Liberia Electricity Corporation. En coordinación con otros socios para el desarrollo, IFC estructuró una asociación entre el gobierno de Liberia y un socio privado, que amplió el alcance de la electricidad asequible de 500 conexiones para, en última instancia, servir a 165.000 liberianos. Como ya se señaló, además de brindar los servicios necesarios, las empresas formales también proporcionan al gobierno los ingresos fiscales necesarios para financiar los servicios sociales y las necesidades de reconstrucción. En 2015, en Afganistán, los ingresos provenientes de los impuestos sobre bienes y servicios pagados por empresas privadas correspondieron a cuatro veces la asistencia neta total proporcionada por las agencias de desarrollo.

Las economías frágiles y afectadas por conflictos a menudo exhiben varias características comunes, como conflictos sociales y grupos excluidos, instituciones parcializadas y servicios deficientes, infraestructura y capacidades gubernamentales inadecuadas, problemas ambientales y sociales, sectores privados limitados y no diversificados, y bajos niveles de el comercio y la renta per cápita.

Si bien generar confianza, seguridad e instituciones sólidas es fundamental para ayudar a estos países a avanzar y ganar estabilidad, el papel del sector privado a lo largo del proceso de desarrollo se considera cada vez más esencial. Las empresas privadas pueden proporcionar los puestos de trabajo y los servicios necesarios para aumentar los niveles de ingresos y satisfacer las necesidades de la sociedad. También pueden contribuir a la confianza y la estabilidad mediante la construcción de mercados que funcionen y relaciones comerciales que incluyan a los diferentes grupos de la sociedad, sean sostenibles y operen con integridad. Además, las empresas a menudo contribuyen directamente a los programas sociales locales y trabajan con los gobiernos para mejorar el clima de inversión.

En consecuencia, los inversores en economías afectadas por conflictos deben realizar esfuerzos deliberados para identificar cómo sus inversiones pueden operar con una intención positiva y comprender los beneficios comerciales de operar de manera que beneficien a todos los grupos de la sociedad. Estas economías tienden a tener una clasificación baja en los indicadores del clima de inversión, especialmente la calidad de la infraestructura, el tamaño del mercado y la confianza institucional. Como resultado, el nivel de inversión privada en sociedades frágiles y en conflicto sigue siendo bajo.

Según la Corporación Internacional de Financiamiento del Banco Mundial, el proceso de inversión en zonas de conflicto debe incluir: 1. Participación temprana en cuestiones críticas de fragilidad, análisis de conflictos; 2. Llevar a cabo un extenso trabajo de preparación de proyectos, que incluya abordar cuestiones de política y mejorar la capacidad del sector privado y del gobierno; 3. Identificar patrocinadores viables y potencialmente atraer nuevos; 4. Comprometer más que dinero; 5. Cumplir con los estándares pero siendo flexible en los plazos. 6. Incorporar nuevos jugadores e innovar.

Mantener abiertos los mercados para el comercio y la inversión internacional. En mercados frágiles, la búsqueda de oportunidades en el extranjero a menudo puede llenar el vacío en la actividad económica nacional.

Twitter: @alejandrojsucre

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Carlos Raúl Hernández

Vivimos la “ideología woke”, el despertar de la conciencia contra la “injusticia” de los varones, blancos, occidentales, luego de la “corrección política” de los 90. Nos ofrece la destrucción del patrimonio cultural, entre ellas esculturas de George Washington, Víctor Hugo, Cristóbal Colón, el humano más importante del milenio anterior, creador del nuevo mundo hispánico y mestizo. “Cancelación” de grandes escritores y artistas, J.K Rowling, Woody Allen. Cómo toda barbarie es una aporía, un callejón sin salida (si no vinieran los españoles con Colón, hubieran sido los ingleses o los holandeses). En los 70, luego de la derrota de Salvador Allende, de los movimientos armados, y del socialismo militar, aparecen titubeantes atisbos de una izquierda democrática en Latam y en las universidades, también expresiones de la ultra izquierda filosófica. Las universidades norteamericanas habían acogido profesores del viejo mundo, Herbert Marcuse, Theodor Adorno, Max Horkheimer, Erich Fromm, Michel Foucault y muchos otros.

En el medio intelectual de occidente era el momento del pensamiento revolucionario ultraradical, (el mayo francés tuvo como símbolos “las tres M”: Karl Marx, Mao Zedong y Marcuse) que desmontaba en profundidad, desde los nervios molares, las bases filosóficas de la civilización. Michel Foucault junto con Marcuse y Sartre, crearon lo que llamó Henri Lefevbre el “diferencialismo”: fracturar la sociedad, no por la lucha entre los trabajadores y los propietarios, porque los primeros estaban aburguesados, y con su familia, eran la semilla del conformismo, enemigos de la revolución. La vía era la “revolución molecular difusa” desde sus entresijos constitutivos: conflicto entre diferencias etnias, religiones, hombres, mujeres, homosexuales, la familia, la escuela, y reivindicar a los marginados, locos, drogadictos, delincuentes, lumpen, Para un pensamiento tan profundo y sicótico, hasta la paternidad y la maternidad enajenaban y oprimían a los seres humanos. La izquierda política de los 80, incluso la radical, los percibía como excéntricos, bichos raros, cómicos y peligrosos. Se sabía de la pederastia de Sartre, Beauvoir, y su pandilla, firmantes de un documento defendiéndola en el “Caso Versalles” de 1977.


Mao con su “revolución cultural” llevó a la práctica la destrucción de los cimientos morales “importados de occidente” y de la cultura tradicional china, que “impedían el cambio” y el verdadero comunismo. La “cancelación” es un aporte de la locura maoísta, que destruyó 60% de las pagodas, asesinó a maestros, intelectuales, monjes y profesores porque “perpetuaban la cultura burguesa”. El más grande de los “cancelados” fue nada menos que Confucio. Para Foucault la vida social transcurría en “micropoderes” que reproducían la opresión y por eso negar el capitalismo consistía en “el gran rechazo” a instituciones, creencias, costumbres, organizaciones que estaban podridas. El sexo biológico era una ficción y la atracción sexual un “constructo burgués”, maternidad y paternidad reproducían las relaciones de opresión, la escuela, las clínicas, los hospitales, la amistad eran, en su anarquismo existencial, formas a destruir por la revolución, y había que cambiar al hombre desde las micropartículas sociales.


Naturalmente él nunca explicó cómo sería su inconcebible sociedad donde los padres no tendrían autoridad sobre los hijos, ni los alimentarán, ni los harían estudiar, ni habría maestros, ni patronos, ni obligaciones, ni gobierno, ni leyes. Luego de la decepción del “socialismo real” la expansión del consumo de drogas y la liberación sexual, sonaba interesante para la generación del mayo francés. En el centro, Foucault, aunque se sabía de sus depravadas costumbres, su sadomasoquismo y vocación suicida, dedicado febrilmente a contraer y esparcir el SIDA y que, luego de su muerte, consiguieron en su casa una sala de torturas con manchones de sangre. Pero este año 2021 que termina, el escritor francés Guy Sorman reveló en su libro Mi diccionario del bullshit, que una vez fue a pasarse la navidad con él en Túnez y al salir a caminar, se venía detrás un grupo de niños. Él les arrojaba “calderilla” que sacaba del bolsillo y les decía “nos vemos esta noche a las 22 en el mismo sitio”.


Sorman descubrió con horror que “el sitio” de su orgía con los pequeños era el cementerio, lo que dice mucho del alma de este titán contra la “degeneración y la opresión capitalista”. Dejó una perversa escuela de pederastia, Kate Millet, Shulamith Firestone, Peter Singer, Judith Butler, mientras personas normales asumen ideologías que no conocen y derivan de semejante tronco. ¿Irán a cancelarlo como a Woody Allen o Philip Roth? ¿O a Picasso, un monstruo para las mujeres que vivieron con él, pues de diez, dos se suicidaron y dos se volvieron locas? Foucault, padre de la rebelión cultural, es también un hombre blanco, rico, poderoso, que va a un país africano a comprar niños baratos. Pero la “cancelación” es un acto totalitario inaceptable para quien crea en la libertad. Hago mía su propia frase en Arqueología del saber: “Más de uno, como yo sin duda, escribe para ocultar el rostro. No me pregunten quién soy, ni me pidan que permanezca invariable…. Que nos dejen en paz cuando se trata de escribir”.

@CarlosRaulHer

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