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Opinión

James K. Galbraith

Reflexionemos juntos sobre la última demora en poner a disposición del público los registros completos sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy, en Dallas el 22 de noviembre de 1963. Fue hace 58 años. Ya transcurrió más tiempo desde el 26 de octubre de 1992 —cuando el Congreso determinó que se pusieran a disposición del público, completa e inmediatamente, casi todos los registros sobre el asesinato de JFK— que entre el atentado y la aprobación de esa ley.

El difunto senador John Glenn, de Ohio —un héroe-astronauta de la época de Kennedy—, escribió la ley de 1992. Esa ley estipula que «se debe suponer que todos los registros gubernamentales relacionados con el asesinato [...] son para su publicación inmediata y que toda la documentación debe ser, finalmente, puestos a disposición del público». La ley afirma que «solo en casos excepcionales hay motivos legítimos para continuar protegiendo esos registros».

El Congreso especificó con precisión cuáles podrían ser esos casos. Proteger la identidad de un agente de inteligencia que «requiera protección en la actualidad» era uno de ellos. De igual manera, las fuentes o métodos de inteligencia «utilizados en la actualidad» merecían protección. En algunos casos, la privacidad podía ser de primordial importancia. Finalmente, había cláusulas que eximían a cualquier otra cuestión relacionada con «la defensa, operaciones de inteligencia o tareas de relaciones exteriores cuya revelación perjudicaría en forma comprobable la seguridad nacional de Estados Unidos».

Después de 25 años esas cláusulas vencieron y la ley exige que el presidente certifique que «es necesario continuar posponiendo [su difusión] para proteger a la defensa militar, las operaciones de inteligencia, las fuerzas del orden o las tareas de relaciones exteriores contra perjuicios identificables cuya gravedad sea tal que supere al beneficio público de revelar la información». El 22 de octubre el presidente Joe Biden firmó esa certificación, supuestamente temporal, y asignó a las agencias federales relevantes la revisión de todos los registros restantes y la presentación de un informe, para el 1 de octubre de 2022, que identifique los casos en que el riesgo de esos peligros identificables todavía existe.

¿Qué «peligro identificable» puede haber? En su relato de la historia, The New York Times nos recuerda que después de una «investigación [exhaustiva] de un año de duración, el juez de la Corte Suprema Earl Warren determinó que Lee Harvey Oswald actuó en forma independiente». Hace 58 años que Oswald (como Kennedy) está muerto. ¿Si actuó solo y una investigación exhaustiva lo comprobó hace 57 años, qué secreto puede haber? Si actuó solo, no hay terceros culpables. Ni entonces, ni 29 años más tarde, ni en la actualidad.

El Times hace la distinción entre «investigadores y conspiracionistas». Se podría suponer que los investigadores son quienes aceptan los resultados de la Comisión Warren, mientras que los conspiracionistas, no. Pero, más allá de los pocos que se ganaron la vida defendiendo a la Comisión de sus numerosos críticos, ¿por qué habría alguien que no desconfiase de la historia oficial estar interesado en este caso? De hecho, como lo admite el Times, la gente está interesada y las encuestas demuestran que «la mayoría de los estadounidenses cree que hubo otras personas involucradas».

En otras palabras, la mayoría de los estadounidenses acepta la teoría conspiratoria. Perciben que la historia del «tirador solitario» no es compatible con la afirmación de que la defensa nacional, las operaciones de inteligencia o las relaciones internacionales en 2021 se verían afectadas por la difusión de todos los documentos, sin censura, como lo exige la ley, casi 58 años después del asesinato de Kennedy a manos de ese tirador solitario.

No acuso a Biden, ni a las agencias cuyos consejos aceptó sobre estas cuestiones, de infringir la ley. Po el contrario, acepto su palabra de que, en su opinión, la difusión completa de todos los documentos sí comprometería a los militares, al sector de inteligencia y a las relaciones internacionales.

No cuesta mucho entender por qué. Supongamos, como un mero ejercicio, que hubo una conspiración. Supongamos que los documentos restantes, junto con los ya publicados, probarían —o permitirían que los ciudadanos probaran— lo que la mayoría de los estadounidenses ya creen. En ese caso, sería obvio que el ocultamiento involucró a funcionarios gubernamentales estadounidenses de alto nivel, incluidos los líderes de las propias agencias a las que se les asignó la revisión de los registros en la actualidad. Y, por una cuestión de lógica, de eso se desprende que en cada cohorte posterior, y con cada presidente, se siguió ocultando la verdad. ¿No es esa la única situación posible en que los intereses actuales de esas agencias podrían verse afectados?

La ironía es que al retener los registros el gobierno ya admitió, sin decirlo, que la Comisión Warren mintió y que hay secretos infames que está decidido a proteger. Acepta, sin decirlo, que hubo una conspiración y que se sigue ocultando la verdad. De no ser así todos los registros hubieran sido publicados mucho tiempo atrás. No hace falta ser conspiracionista para darse cuenta.

Recuerden lo que digo: la fecha límite de Biden en 2022 llegará y pasará. El escándalo seguirá. Nadie que recuerde 1963 vivirá para ver que el gobierno estadounidense admita toda la verdad sobre el asesinato de Kennedy... y la fe del pueblo estadounidense en la democracia seguirá deteriorándose. Solo hay una forma de evitarlo: publicar todos los registros, sin restricciones, y hacerlo ahora.

Traducción al español por Ant-Translation.

27 de octubre

The Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/jfk-assassination-records-w...

 4 min


DW

"Su pretensión de dar lecciones sobre democracia, libertad y prosperidad debería dedicarla a atender las necesidades de los ciudadanos europeos", dijo el ministro venezolano de Relaciones Exteriores.

El canciller venezolano, Félix Plasencia, rechazó este viernes (05.11.2021) la "insistencia y obsesión" del alto representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior, Josep Borrell, contra Venezuela, tras señalar que el político español ha dedicado su retórica al país caribeño durante su gira en Latinoamérica.

"Su pretensión de dar lecciones sobre democracia, libertad y prosperidad debería dedicarla a atender las necesidades de los ciudadanos europeos. Rechazamos su insistencia y obsesión contra Venezuela", dijo Plasencia en su cuenta de Twitter

En otro mensaje, añadió que Borrell, "en su gira por los países vecinos, insiste en dedicar su retórica contra" Venezuela. "Le recuerdo que la Venezuela bolivariana tiene liderazgo en cooperación, solidaridad y desarrollo de nuestra región; es tierra de oportunidades para nuestro pueblo y millones de inmigrantes", agregó.

Plasencia recordó que Venezuela tendrá su elección número 29 en los últimos 22 años -las regionales y locales-, evento que -según dijo- está "abierto al mundo" y en el que "se ratificará la solidez" de la democracia y el sistema electoral del país caribeño.

El máximo representante de la política exterior de la UE visitó esta semana Perú y Brasil como parte una gira por Latinoamérica que tenía el objetivo de "fortalecer tanto las relaciones bilaterales como la cooperación regional". Durante su visita a ambos países, Borrell abordó la situación en Venezuela.

Desde Perú, Borrell destacó su apoyo al diálogo en Venezuela como una vía de "solución política", algo en lo que también coincidió Lima, y se refirió a las elecciones en Nicaragua y el país caribeño. Mientras, en Brasil tocó el tema de la migración venezolana, que se calcula en casi seis millones.

6 de noviembre 2021

DW

https://www.dw.com/es/venezuela-félix-plasencia-rechaza-obsesión-de-josep-borrell/a-5973935

 1 min


Gerardo Lissardy

El filósofo y sociólogo español César Rendueles ha decidido arremeter contra un concepto que suele despertar simpatía: la igualdad de oportunidades.

Tan es así que Rendueles le ha dedicado un libro a criticar esa idea, que a su juicio tiende a preservar o incluso aumentar la desigualdad social.

"El problema de la igualdad de oportunidades es que es una reformulación de la meritocracia, que es siempre una forma de justificar los privilegios de las élites", explica Rendueles, que se define de izquierda, en una entrevista con BBC Mundo.

Lo que sigue es una síntesis del diálogo con este profesor de la Universidad Complutense de Madrid, cuyo más reciente libro es "Contra la igualdad de oportunidades: Un panfleto igualitarista" y que participa del Hay Festival Arequipa 2021.

En su libro subraya que la igualdad es "una de las bases de nuestra vida en común". ¿Cómo es eso?

Sabemos que la falta de igualdad es la causa de una enorme cantidad de problemas sociales. Es algo que intuíamos pero que en las dos últimas décadas las investigaciones científicas han demostrado con muchísima precisión.

Las sociedades más desiguales —no aquellas en las que hay más pobreza en general— tienen menos esperanza de vida, más enfermedades mentales, delincuencia, problemas de abusos de estupefacientes, violencia escolar…

No sabemos muy bien cómo pasa, cómo la desigualdad se nos mete debajo de la piel en los huesos y hace nuestra vida en común peor, pero tenemos la certeza de que es así.

¿Cuán antiguo es el concepto de igualdad social?

La igualdad social ha sido la pauta generalizada de las sociedades humanas durante la mayor parte del tiempo que el Homo sapiens lleva sobre la Tierra.

La igualdad social en distintos grados, pero a unos niveles que hoy nos parecerían prácticamente revolucionarios, ha dominado las sociedades de cazadores y recolectores hasta la revolución neolítica.

Es en ese momento, hace unos 10.000 años, cuando empieza a aumentar paulatinamente la desigualdad. Y no ha dejado de crecer.

Los niveles estratosféricos de desigualdad económica que conocemos hoy no tienen parangón a lo largo de la historia.

Según Rendueles, la desigualdad comenzó a aumentar paulatinamente a partir de la revolución neolítica.

¿Y de dónde viene la idea de competencia, de ganadores y perdedores entre nosotros?

La meritocracia, la idea de que quienes tienen privilegios los tienen porque lo merecen y que eso es el fruto de una sana competición que ha colocado a cada cual en su lugar, es el ideal que han difundido las clases altas desde hace cientos, tal vez miles de años.

Lo novedoso de nuestro tiempo es que esa ideología meritocrática ya no es exclusiva de pequeños grupos sociales de élite, sino que se ha difundido al conjunto de la población.

En aquellas sociedades en que se ha dado un mayor crecimiento del mercado y de la desigualdad, más cree la gente en la meritocracia. Es curioso: un mecanismo de compensación ideológica, si se quiere decir así.

Desde una lógica de capitalismo liberal dirán que es a través del mayor esfuerzo o capacidad individual que se logra el progreso colectivo, y por lo tanto no está mal que alguien quiera ser exitoso y como consecuencia de eso gane más que otros. ¿Qué responde?

Que en esa afirmación, que parece de sentido común, en realidad hay dos afirmaciones mezcladas que no tienen nada que ver entre sí.

La primera es que el esfuerzo es importante. Estoy completamente de acuerdo y además hay que promocionar el esfuerzo de aquellos que tienen ciertos talentos escasos. Pero eso si se quiere es una defensa de la movilidad social horizontal.

Otra cosa completamente diferente es que haga falta premiar con ciertos beneficios económicos y mayor prestigio a ciertas ocupaciones frente a otras. Eso implica una visión caricaturesca de la gente con más talento.

Es como si pensáramos que los médicos o ingenieros fueran una especie de niños malcriados a los cuales hay que estar sobornando permanentemente para que cumplan con su obligación.

La realidad es que la gente tiende a cumplir con sus obligaciones cuando siente que su trabajo está bien valorado, es importante y tiene sentido. Y eso ocurre con todas las ocupaciones, no sólo con las más prestigiosas.

Durante la pandemia hemos visto que la valoración social de qué se considera importante muchas veces está equivocada.

Damos prestigio o dinero a ocupaciones que socialmente son muy poco importantes o incluso negativas, como la especulación financiera. En cambio, ocupaciones vitales para el funcionamiento de la sociedad las infravaloramos o pagamos mal.

Era más importante la limpieza de los hospitales que la publicidad, por ejemplo.

Vimos también que gente con ocupaciones poco prestigiosas y mal pagadas se toman muy en serio esas labores, incluso arriesgando su vida.

Los transportistas, cajeros de supermercados o limpiadores de hospitales arriesgan su vida.

Distintos liberales también argumentan que el igualitarismo tiende a igualar hacia abajo, que nivelar las diferencias económicas quita estímulo a la búsqueda de superación individual. ¿No es así?

A veces sí es así, por supuesto. Esa es una de las prevenciones que tenía el propio Marx contra ciertas formas de socialismo. Hay un párrafo muy bonito de Marx en el que alerta de esta igualación hacia abajo de los talentos.

Pero lo cierto es que la competencia también hace eso muy a menudo: desperdicia una enorme cantidad de talento.

A veces pienso que lo peor de la desigualdad no es tanto los lujos repugnantes que proporcionamos a una pequeña élite, sino la cantidad de esfuerzo que se desperdicia por abajo.

Es algo que vemos muy bien en el ámbito del deporte: queremos que haya competencia, pero sabemos lo enormemente nociva que es la competencia extrema, cuando todos los esfuerzos deportivos están diseñados como si fueran un embudo para generar una pequeña élite de superatletas. Ese proceso impide que el deporte sea disfrutado por millones de personas.

El filósofo Rendueles compara el reparto de oportunidades con el síndrome embudo que se genera en el deporte, con una competencia extrema que puede resultar nociva.

¿Por qué ha decidido poner el punto central de su crítica en el concepto de igualdad de oportunidades?

Porque la igualdad de oportunidades es un lema que suena bien. ¿Quién va a estar en contra? De hecho, es un modelo irrenunciable en muchos procesos competitivos, como por ejemplo cuando tenemos que seleccionar para una beca o un puesto en la administración.

Pero cuando se difunde como único modelo de igualdad social esconde una trampa: supone renunciar a la igualdad real.

Porque lo que nos ofrece la igualdad de oportunidades es la promesa de que cada cual recibirá lo que se merece en función de sus méritos. Eso en primer lugar sabemos que es falso, que tanto el sistema educativo como el mercado de trabajo actual reproducen y amplían las desigualdades.

En segundo lugar, el igualitarismo profundo asociado a las tradiciones democráticas no es dar a cada cual lo que se merece, sino dar a cada uno lo que necesita para desarrollarse como persona.

El igualitarismo profundo democrático no es una especie de control antidoping antes de la competición social. Al revés, consiste en limitar los efectos más nocivos de esa competición.

El problema de la igualdad de oportunidades es que es una reformulación de la meritocracia, que es siempre una forma de justificar los privilegios de las élites.

Usted habla de una "igualdad real". Pero el concepto de igualdad de oportunidades surge de la premisa de que los humanos somos naturalmente desiguales y por lo tanto es necesario ajustar el punto de partida para que haya una competencia justa. ¿Qué hay de malo en eso?

No hay nada de malo allí donde creamos que deba haber competencia para regular nuestra vida común.

La cuestión es si queremos que la competencia domine nuestra vida social, convertir nuestras sociedades en una especie de partido de fútbol en el que sólo pueda haber ganadores y perdedores, desde la educación o cultura, al campo laboral.

Yo tenía una profesora de griego en educación secundaria que no dejaba que nadie suspendiera. No porque regalara el aprobado sino porque repetía los exámenes tantas veces como hiciera falta hasta que conseguías aprobar. Nadie se quedaba atrás, con lagunas educativas. No todos sacaban la misma nota, pero todos acababan sabiendo lo que tenían que saber.

¿Qué pasa si decidimos que sólo en algunos ámbitos de nuestra vida social debería haber ganadores y perdedores? Que, por ejemplo, en el ámbito de la vivienda no debería haberlos y todos deberíamos tener una vivienda digna. O que en el ámbito de la alimentación no debería haber gente que come con lujos obscenos y gente que no tiene para comer.

Claro que no somos iguales al nacer. Precisamente por eso necesitamos una intervención política constante para generar igualdad, no como punto de partida sino de llegada.

América Latina es considerada la región más desigual del mundo, donde el 10% más rico concentra una porción de ingresos mayor que en otras regiones. ¿Qué ejemplo debería seguir para paliar estas diferencias?

Sabemos razonablemente bien cómo reducir esas diferencias extremas, porque es algo que ya ha ocurrido.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en muchos países se produjeron unas reducciones brutales de las desigualdades sociales en un plazo muy breve y además sin generar grandes fracturas sociales.

Uno de los elementos básicos de esos procesos es una transformación profunda de los impuestos: básicamente obligar a las grandes empresas a que empiecen a pagar impuestos. Lo mismo con las grandes fortunas.

Durante los años '50 se generalizaron en muchos países de Occidente —no en la Unión Soviética, ni sólo en países gobernados por la izquierda— tasas fiscales superiores al 90% para las rentas más elevadas.

Eso significa que a partir de cierto nivel de renta, que hoy vendría a ser aproximadamente de US$300.000, de cada dólar adicional el Estado se quedaba con 90 centavos.

Sin esa transformación fiscal no se pueden financiar los programas educativos, la sanidad pública ni los programas de viviendas.

Y para que eso ocurra también necesitamos recuperar la soberanía económica: no se pueden poner esas tasas fiscales si las empresas y las grandes fortunas pueden traicionar el país donde estaban asentadas y huir a paraísos fiscales.

Podría decirse que a menudo la derecha ha sacrificado la igualdad en nombre de la libertad económica, pero también la izquierda suele descuidar la libertad en busca de la igualdad. ¿Es posible lograr un equilibrio perfecto entre ambas?

Claro que no es posible encontrar un equilibrio perfecto entre igualdad y libertad. Son conceptos en tensión. Pero también es cierto que mantienen una relación tan compleja que tienden a confundirse.

La libertad, si no se dan ciertos niveles mínimos de igualdad, es pura ficción. Pero al mismo tiempo la igualdad sin libertad es el imperio de la mediocridad, de la homogeneidad. ¿Quién querría vivir en una sociedad así?

Tiendo a pensar que la igualdad es un valor mucho más transversal políticamente de lo que a veces creemos.

Ha habido momentos en los que tanto la izquierda como la derecha compartían ciertos valores de igualdad que hoy parecen casi revolucionarios. Nadie decía estar en contra de la igualdad. Y en parte creo que eso sigue vigente.

6 de noviembre 2021

HayFestivalArequipa@BBCMundo

https://www.bbc.com/mundo/noticias-59082212

 8 min


Fernando Mires

Información previa para legos: Joshua Kimmich es mediocampista central de Bayern Münich y de la selección alemana. Sus primeros pasos los dio como defensa derecho en reemplazo del veloz y recordado Phillip Lahm, posición que le asignó en la selección el ex DT, Joachim Löw.

Kimmich es un jugador polifuncional. Pero con la llegada del genial DT Hansi Flick a Bayern y después a la selección, Kimmich afirmó su lugar en el mediocampo, desplazando al hasta entonces inamovible madrileño Toni Kroos. Sus pases largos, la profundidad de juego, sus potentes balazos, y no por último, su desplante, personalidad y hasta simpatía, hacen prever de que estamos frente a un jugador que pasará a la historia de los grandes íconos deportivos de su país. Pero nadie es perfecto: ese gran jugador también tiene un defecto.

Joshua Kimmich no se quiere vacunar.

Que haya demasiados ciudadanos que no quieren vacunarse contra el Covid -19 no es igual a que un Kimmich diga públicamente que no lo quiere hacer. Kimmich es un ídolo, sobre todo para los jóvenes. Su ejemplo puede hacer escuela, y de hecho ya la está haciendo afirman muchos, entre ellos los más destacados virólogos alemanes. Tienen razón. Propagar el mensaje anti-vacuna en un momento en que el bicho anda suelto, elevando la incidencia a los niveles más altos, solo puede aumentar los peligros de contagio.

Los grupos políticamente (sí, políticamente) organizados de los antivacunas: los ultraderechistas, los populistas, los neofascistas, o como usted quiera llamarlos, intentan presentar a Kimmich como portaestandarte de la campaña antivacuna. No sé si Kimmich quiera gozar de ese nuevo estatus. Al parecer, no. En las entrevistas se le ve más bien reservado. Poco a poco ha ido matizando su opinión afirmando que no es enemigo de las vacunas sino más bien un escéptico. Intenta justificarse con la insuficiencia de información (lo que es falso, las estadísticas muestran que, de modo mayoritario, quienes atestan las salas de tratamiento intensivo no han sido vacunados).

Kimmich está en el ojo del huracán. Tanto personalidades futbolísticas como políticas y sobre todo periodísticas lo han puesto sobre el debate público. Sus amigos aducen que Kimmich tiene derecho a no vacunarse. Claro que lo tiene. Pero, como escribió Kant, si bien no debemos hacer lo que las leyes prohíben, tampoco debemos hacer todo lo que las leyes permiten. Quiere decir: no al margen, sino más allá de las leyes, hay un espacio deducido de la misma legislación general. Es el espíritu de las leyes, según Montesquieu. Y bien: no a las leyes sino a su espíritu está faltando Kimmich. Un caso que llevó a la misma Angela Merkel a opinar maternalmente sobre Kimmich, aduciendo que confía en que el joven jugador rectificará y terminará vacunándose. Pero hasta el momento Kimmich se mantiene fiel su “no”.

Kimmich es quizás un destacado exponente del antivacunismo, pero dista de ser una excepción. Lejos de ser un imbécil – también los hay entre los vacunados – sabe expresarse con soltura y fluidez. Además, las excelentes calificaciones que obtuvo en el bachillerato muestran un coeficiente intelectual que va de mediano a alto. Prueba de que entre los vacunafóbicos no solo hay una chusma salvaje (con ellos hay que contar siempre). También encontramos a músicos, actores, literatos e incluso médicos. Estos últimos son los que menos pueden alegar falta de información.

¿Cómo explicar el miedo a la vacuna?

A riesgo de parecer tautológicos, podríamos decir: los que tienen miedo, tienen miedo. ¿A la vacuna? No. Ahí está la cosa. Tienen simplemente miedo, y ese miedo se expresa objetivamente en contra de la vacuna. Ese es el común denominador de todas las fobias: el objeto del miedo no es el objeto del miedo. El objeto es solo un representante del miedo. ¿Miedo a qué entonces?

Solo un psicoanalista experimentado, en conversación directa con Kimmich, podría llegar a descubrir su miedo originario. Por el momento solo podemos permitirnos opinar en términos generales y afirmar, también de modo general, que el más originario de los miedos, es el miedo a la muerte.

Ese miedo lo tenemos todos. Por eso mismo nos vacunamos. Kimmich, sin embargo, hace lo contrario. Su miedo a la muerte lo traslada a un objeto que lo puede, eventualmente, librar de la muerte. Ahí reside precisamente la astucia del miedo fóbico. Se trata de un miedo que actúa por asociación pues, de una u otra manera, la vacuna, al salvarnos de la muerte, está asociada a la “existencia de la muerte”. O sea, el miedo a la muerte puede ser tan grande que, nuestro inconsciente, justamente para defendernos de ese miedo, lo traslada a todo lo que tenga que ver, aunque solo sea asociativamente, con la muerte.

El de Kimmich parece ser así un miedo equivocado, errado, errático. Desde esa perspectiva, la neurosis de Kimmich, al ser explicable, es muy normal. No hay ser humano que no tenga miedo a la muerte, pero, obvio, nadie quiere enfrentar a ese miedo. Entonces cosificamos al miedo: lo transformamos en “miedo a una cosa”, en este caso, en miedo a la vacuna.

Freud, en sus "Lecciones sobre el psicoanálisis" (1916-1917), distinguía dos tipos de miedo: a uno lo llamaba miedo real. Al otro, irreal. El primero nos defiende de los peligros que enfrentamos a diario. El segundo, al que también Freud llama miedo neurótico, a objetos representativos del miedo.

Lacan a su vez (casi nadie lo dice) invirtió el pensamiento de Freud en un punto esencial. La realidad, según Lacan, no es la que percibimos como realidad, sino solo representación de una realidad que nunca podremos alcanzar, cuando más presentir. La realidad de lo que no sabemos lo que es, pero es. Esa realidad es, para nosotros, un abismo.

En el caso de Kimmich, es un miedo frente a ese abismo al que Lacan, llama “lo real”. Kimmich, en ese sentido, se defiende de esa realidad que lo acosa y, en su sistema de representaciones, elige a la vacuna como objeto al que hay que negar para sobrevivivir. Quizás, desde ese punto de vista, tiene cierta razón. No hay suficiente información sobre la realidad del más allá. Frente a la realidad lacaniana todos somos indocumentados.

Kimmich, como la mayoría de nosotros, es un ser aterrado: un hijo del miedo. Pero nadie - Kimmich tampoco, su profesión lo obliga – quiere aparecer ante los demás como un ser miedoso. Todo lo contrario: Kimmich quiere ser en la vida lo que es en el fútbol: un jugador que lo arriesga todo, un héroe luchando frente a un enemigo. Por eso no se conforma con no vacunarse y ser, como hay muchos, un anónimo sin vacuna. Kimmich, por el contrario, parece decirnos con su cara de niño biencriado. Eh, mírenme, véanme cómo desafío a la muerte, contemplen como sobrevivo. En palabras clínicas: Kimmich es un perfecto exhibicionista. Pero al fin y al cabo ¿cuál futbolista no lo es? Mostrar sus virtudes ante ochenta mil personas, todas las semanas, más la televisión, conforman, se quiera o no, una predisposición exhibicionista.

Pero ya está dicho. Kimmich no es un caso aislado. Su posición frente a la vacuna está respaldada por cientos, por miles de seres que también semana a semana salen a la calle a protestar no solo en contra de la vacuna, sino también en contra de las restricciones sanitarias, en contra de los virólogos, en contra del gobierno. Guste o no, Kimmich es, o ha llegado a ser, parte de un movimiento social y político a la vez. Pues el miedo nunca, o casi nunca, es un miedo individual.

Para decirlo nuevamente con Freud, hay “miedos flotantes”.

A veces estos miedos yacen sumergidos bajo las aguas de la realidad (la freudiana) pero de pronto salen a la superficie y flotan. Son los miedos colectivos. Suelen aparecer en tiempos de crisis, de desintegración, de anomia. En tiempos como los nuestros, cuando las grandes religiones no cumplen su papel protector, cuando las grandes ideologías están fracturadas, cuando los grandes relatos carecen de veracidad, cuando las distancias entre lo sólido y lo líquido, o entre lo virtual y lo real, se acortan, esos miedos irrumpen con virulencia. Entonces ha llegado la hora de los grandes manipuladores. La hora de los Trumps, de los Bolsonaros, y de tantos más. Ellos son los amos del miedo. Los encargados de trasladar los miedos irrepresentados hacia representantes sólidos: pueden ser los emigrantes, los demócratas, los hombres o las mujeres, los viejos, los políticos en general. Son ellos, los populistas de derecha e izquierda, los aliados que necesita el Covid-19 para continuar ejerciendo su lucha en contra de la vida. Personas como Kimmich son para esos canallas de la política, simples “tontos útiles”.

Puede que Kimmich recapacite alguna vez. Si no lo hace, igual continuaré admirando su fútbol posmoderno, sus pases biométricos, sus certeros tiros libres, su entrega total. Pero solo frente a la pantalla. Si algún día tuviera que cruzarme con alguien como él, ajustaré mi mascarilla y retrocederé dos metros. Vade retro. Después de todo, la vida me ha enseñado a distinguir entre vacunas y vacunos.

4 de noviembre 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/11/fernando-mires-kimmich-o-el-mie...(POLIS)

 7 min


Alberto Jordán Hernández

Con voz propia

“Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida”, decía el genio del cubismo Pablo (Ruiz) Picasso, quien no dejó de pintar hasta el día de su muerte, 8 de abril 1973, a sus 91 años.

Le siguió asociado, su amigo Georges Braque, quien impuesto el movimiento en 1961, se convierte en el primer pintor vivo cuya obra se exhibió en el Museo de Louvre, murió en París el 31 de agosto 1963, a la edad de 81 años y actualmente hay un colegio en Nantes con su nombre.

Referimos solo 2 paradigmáticos a propósito de los 80 años de Gilberto Alí Bejarano Escalante que celebraremos el próximo 4 de diciembre. Se trata de quien, a decir de Roberto Guevara “ha hecho en Venezuela que la escultura sea sensible a ese contacto de indignación permanente dentro de la naturaleza”

El contemporáneo José Balza, Premio Nacional de Literatura, docente de la UCV de la cual egresó y la Católica Andrés Bello, en su juicio crítico destaca el interés de Bejarano por la conquista cinética. Y entras calificadas opiniones, la de Juan Calzadilla poeta, pintor y crítico de arte egresado de la Casa que Vence las Sombras y del Pedagógico, ahora en los 91años, “la oba de Bejarano se llena de significativo expectante en relación a una propuesta cinética inicial proyectada hacia las posibilidades de extremas de la comunicación del objeto artístico”

“Yo no fui contemporáneo del cubismo –precisa Bejarano de su arribo a París- llegué cuando el informalismo estaba en su apogeo. Para mí fue importante pues allá residían y compartimos vivencias e inquietudes con Jesús Soto y Carlos Cruz Diez”.

“Para mí también (París) fue una fiesta como afirmó (Ernest) Hemingway, los cafés, museos, galerías…tuve un relación muy franca y solidaria con el poeta y pintor Darío Lancini; el igual con el pintor (Andrés) Bethania Uzcátegui (su paisano merideño).

Inauguró la I Bienal con Alfredo Armas Alfonso, nacido en Clarines de Anzoátegui, en junio de 1991, con fundamentos méritos nos dejó cuando cumplía 79 años.

El entorno social, Pedro Briceño, nacido en Barcelona en 1931, contaría 90 años el 22 de mayo del 2021. La V Bienal de 2001 fue en homenaje a Perán Ermini, quien vivó 88 años,

Por ejemplo, de los libros editados sin pensar en la existencia de los homenajes a los galardonados, con una sola excepción, instituyó la Bienal de Artes Plásticas. La VII Bienal se realizó en homenaje de la crítica de arte Bélgica Rodríguez, El pasado 25 de julio ella cumplió los 80 años. La señalada excepción es el homenaje a Pedro Báez.

La VI Bienal de noviembre 2005, se celebró en homenaje del poeta Gustavo Pereira., reactivada después de 4 años de ausencia por carencia de recursos. Cuenta los 81 años.

El magistrado Emiro García Rosas, presidente de la Sociedad Amigos de la Galería Municipal de Arte Moderno, está por los 81.

Recordar los 80 años de Gilberto Bejarano, más que una noticia resulta un caliche, para usar sl argot periodístico. Para los amantes de la cultura en general, en un justo reclamo. Viene de ser reconocido por sus obras en toda Venezuela: los reconocimientos laureados en la mejor obra, I Bienal de Artes Visuales de Oriente, Cumaná; Julio Morales Lara, XLV Salón Arturo Michelena, Valencia; Gobernación del Estado Nueva Esparta, IV Bienal Francisco Narváez; de escultura, XIV Salón Aragua, Museo de Arte de Maracay; de escultura, I Bienal Nacional de Artes Plásticas de Mérida.

El reclamo es otorgarle el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Al MARGEN. Mayor General Hugo Carvajal dejó de ser pollo y dejó que Venezuela sea patio trasero de EEUU. Se hizo gallo que da la hora. Y con su Kikiriquí pone a temblar el narco tráfico.

jordanalberto18@yahoo.com

 3 min


Ramón Guillermo Aveledo

Citando a Winston Churchill, Ramón Guillermo Aveledo explica por qué cambió de opinión y en estas elecciones sí va a votar. Ofrece tres motivos y tres razones

El 21 de noviembre habrá elecciones regionales y municipales. No voté en las presidenciales de 2018 y tampoco en las parlamentarias de 2020, pero esta vez sí voy a votar. “¿Cambió de opinión?”, me preguntará alguien con todo derecho. Sí, parcialmente.

Interpelado por afirmar algo distinto a lo que había dicho antes, Churchill, famoso por sus virajes, respondió: “Cuando me doy cuenta que estoy equivocado cambio de opinión. Usted, ¿qué hace?”. Para el antológico estadista, “no hay nada malo con cambiar, si es en la dirección correcta”.

Mi abstención entonces, excepcional dada mi defensa del voto como derecho ciudadano, tenía fundamentos, pero nada aconseja convertirla en línea permanente.

Mantengo objeciones al abuso del poder, ventajismo, discriminación, opacidad informativa, transgresiones múltiples y continuadas a la constitucionalidad. También, como a muchos, me generan dudas ciertas conductas de actores políticos, máxime de aquellos que, como yo, están por ese cambio que la realidad de Venezuela reclama, aunque reconozca lo cuesta arriba de su compromiso y agradezca sus sacrificios.

Pero claro, también evalúo nuestras experiencias y sus resultados. Reflexiono acerca de la utilidad práctica de no votar, línea que desde el poder se estimula con actos y gestos, en contraste con lo que demostradamente hemos ganado votando. Incluso sin trampas antes, durante o después han desvirtuado la voluntad ciudadana. Así, la verdad ha quedado evidenciada ante el mundo y aquí ante muchos que lo apoyaban y ya no lo hacen o lo mantienen sin entusiasmo e incluso con vergüenza.

Para votar tengo razones y tengo motivos. Las razones son de la mente, del intelecto que analiza la experiencia objetiva. Los motivos son del corazón que, como decía Pascal, “conoce de razones que la razón ignora”. Los motivos son del sentimiento, tan humano como el pensamiento.

Mis razones son tres.

La descentralización es importante

El centralismo, aunque sea eficiente y el que tenemos es todo lo contrario, no sirve para gobernar un país del tamaño, la complejidad y los problemas del nuestro.

Así nos lo dice la Constitución que define un Estado Federal y Descentralizado que no debe quedarse en la formalidad. Y la realidad que demuestra que el poder distribuido y ejercido por órganos autónomos sometidos al control ciudadano, como los estados y municipios, es preferible para los ciudadanos.

Necesito una descentralización viva y con mi voto la ayudo.

El voto es importante

No son muchos los instrumentos que tenemos los ciudadanos para participar, para que cuente nuestra opinión. Al voto lo han ido matando lentamente, sobre todo desde dentro y desde arriba, pero también desde afuera y abajo.

Como venezolano, no quiero que muera. No me conviene que muera. Los ciudadanos salimos perdiendo en nuestra relación inevitable con el poder, si ese instrumento se borra.

La recuperación democrática

Es ese proceso largo, complejo, no lineal que Venezuela necesita para que haya libertad, seguridad jurídica, prosperidad y oportunidades, requiere ciudadanos activos.

Y la primera actividad ciudadana es el voto.

Y tres motivos

Y tengo también, al menos, tres motivos. Quiero votar. No aguanto la pasividad. No quiero que el gobierno “interprete mi silencio”. No me basta. Necesito decirle qué opino. Vivo en el Municipio Libertador. Quienes han tenido la responsabilidad de gobernarnos ininterrumpidamente por veintidós años no merecen seguir en el poder. Por mi voto no será.

¿Cuáles son sus razones y sus motivos? Los suyos.

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Jesús Elorza G.

Los atletas, entrenadores, médicos, periodistas, empleados y obreros del sector deportivo, agrupados en la organización no gubernamental “Gente del Deporte” presentaron una acusación contra el régimen de Nicolás Maduro ante el Fiscal Karim Ahmed Khan de la Corte Penal Internacional. Fundamentaron su acción en el Art 7 del Estatuto de Roma, especificando que las acciones del régimen han conducido sistemática y progresivamente a la destrucción económica, política y social del país.

Señalan en su informe que la gravedad de los hechos, demuestran sin lugar a dudas, que el régimen es responsable directo de crímenes de lesa humanidad que se manifiestan en los crecientes niveles de hambre y pobreza critica, el deterioro sostenido y progresivo de nuestros centros de salud, los salarios de hambre de los trabajadores, la ausencia de seguridad social, la hiperinflación que reduce drásticamente el poder adquisitivo y eleva exponencialmente el costo de los alimentos y servicios, la criminalización de las protestas y la sangrienta represión de los organismos policiales.

Sustentan su acusación en los siguientes elementos:

-La crisis económico-social generada por el régimen, destruye el aparato productivo y la infraestructura de servicios, empobrece a la mayoría nacional y siembra el hambre por todos los rincones de la geografía nacional. Entramos en el 8º año consecutivo de depresión económica y el 4º de hiperinflación. En 2020 el PIB cayó un 26%, lo que representa un acumulado de 76%, de acuerdo con cifras de la CEPAL. Esto significa una paralización brutal del aparato productivo nacional, cuya mercadería se suple parcialmente con importaciones.

-La hiperinflación (3.713% en 2020, según cifras de la Comisión de finanzas de la legal AN) y la devaluación sostenida y continuada del bolívar han pulverizado nuestro signo monetario y disparado los precios de todos los bienes y servicios. El dólar ha sustituido, de facto, a la moneda nacional como medio de pago, es decir, para las transacciones comerciales, reduciendo la función del bolívar a las transacciones electrónicas, mientras el efectivo ha quedado para pagar el transporte urbano, a duras penas

-La liberalización de las importaciones (exenciones tributarias, entre otras cosas), la dolarización de los costos y precios y el lavado de capitales han incrementado la actividad comercial y el abastecimiento, pero su adquisición es cada vez más inaccesible.

-El rasgo más importante de la situación social es el empobrecimiento generalizado del pueblo, hasta el punto de la posibilidad de una hambruna. Este riesgo ha sido advertido por los organismos de la ONU especializados en la materia y sus primeras manifestaciones ya se han registrado en estados como Miranda, donde en septiembre 2020 se produjo la muerte de 18 infantes por desnutrición, por solo citar un caso. La pobreza por ingresos se sitúa en más 90%, según datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI). Solo bastaría contrastar el salario mínimo mensual (1.8 $) con el costo de la canasta básica (534$). El salario, las prestaciones sociales y el ahorro de los trabajadores y sus familias han sido pulverizados. Las contrataciones colectivas han sido sustituidas por unas tablas salariales de hambre que borran viejas conquistas y reivindicaciones alcanzadas en etapas anteriores y los derechos a sindicalización y huelga han sido borrados casi por completo.

-La salud vive una situación similar resumida en los siguientes factores principales: deterioro de la calidad de vida y de las condiciones medioambientales (pobreza y hambre); infraestructura hospitalaria en decadencia y abandono; escasez grave de medicamentos, equipos e insumos médicos; encarecimiento de los precios de las medicinas y servicios; deserción creciente del personal especializado. Prácticamente, los trabajadores carecen de un Sistema de Seguridad Social que les permita superar la critica, por no decir dantesca, situación que hoy están viviendo.

-Con los pírricos salarios mínimos, menores a dos dólares mensuales y sueldos de hambre, con la congelación de la discusión de los contratos colectivos, con la criminalización y sangrienta represión de las luchas gremiales, la imposibilidad de poder ser atendido frente a un problema de salud por la carencia de coberturas suficientes de seguros HCM y el colapso de los centros hospitalarios de país la ¨revolución¨ socialista del siglo XXI ha condenado a muerte a los trabajadores venezolanos.

-En el sector deportivo, quienes han pasado por los cargos administrativos: Ministerio del Deporte, Presidencia del Instituto Nacional de Deporte y Comité Olímpico Venezolano han implantado y desarrollado una política que bien podemos caracterizarla como “El saqueo de los recursos presupuestarios y el control totalitario del sector deportivo”.

A manera de síntesis, pudiera decirse que los 22 años del régimen chavista (1999-2021), se han caracterizado por una constante violación de la autonomía de las Federaciones Deportivas y del Comité Olímpico, el encubrimiento de los ilícitos ocurridos con todo lo relacionado al transporte, alimentación y viáticos de las delegaciones que representan al país en eventos internacionales. El leonino convenio para traer 10,000 "entrenadores cubanos". La no transparencia en el manejo de los cuantiosos recursos económicos del Fondo Nacional del Deporte. La estafa continuada con la solicitud de divisas a Cadivi. El encubrimiento de los ilícitos ocurridos con la construcción de las instalaciones deportivas para los Juegos Nacionales o para eventos internacionales como lo fue el caso del Estadio Iberoamericano de Atletismo en Maracay. El grave y progresivo deterioro y abandono en que se encuentra más del 80% de nuestras instalaciones deportivas, lo cual ha generado el alejamiento de las comunidades y población en general de las mismas, consolidándose, además, serias restricciones para el desarrollo del deporte de rendimiento por carecerse de instalaciones adecuadas.

La seguridad social de los trabajadores del sector deportivo obreros, empleados, profesores y entrenadores activos y jubilados ha empeorado progresivamente, los contratos colectivos están congelados desde el año 2000, salarios de hambre, no se les reconoce la homologación de las pensiones y jubilaciones, se mantiene cerrada la Escuela de Entrenadores, los seguros HCM que por sus pírricas coberturas, prácticamente los mantienen en condiciones de condenados a muerte".

Finalmente, los deportistas solicitan al Fiscal Karim Ahmed Khan que, frente a esta sistemática violación de los Derechos Humanos Universales a la vida, salud, educación, deporte, trabajo, salarios dignos se hace impostergable el juicio de la Corte Penal Internacional contra este régimen por delitos de lesa humanidad.

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