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Opinión

Jesús Elorza G.

Los habitantes de San José de Barlovento en el estado Miranda, se mostraban extrañados al ver diariamente a una corpulenta joven caminar por sus calles, con rumbo al estadio de béisbol. Muchos se preguntaban, que hacía en ese sitio, si no era practicante del juego de pelota y no se la imaginaban agarrando un bate o cogiendo rollings. Quizás pensaron algunos, se había despertado en ella una repentina afición por el softbol.

Pero, todas las dudas lejos de despejarse se acrecentaron al ver que la joven sacaba de su bolso unas grandes bolas de hierro y, en un círculo dibujado en el polvoriento campo de juego, comenzaba a lanzarlas. ¿Qué está haciendo? se preguntaban los allí presentes.

Era Ahymara Espinoza, atleta que compite en la especialidad de Impulso de Bala y que ha representado al estado en eventos nacionales y al país en incompetencias internacionales.

Al ser identificada la joven atleta, la confusión en la población de San José, se hizo más grande. Ya que esa muchacha, era una digna representante del deporte venezolano y nadie entendía el por qué estaba entrenando en esa precaria instalación que era para el béisbol y no para el atletismo, además, desasistida de todo tipo de ayuda para el mantenimiento y desarrollo de sus planes de entrenamiento.

No se entendía, como una atleta que nos representó en los Juegos Olímpicos de Río 2016, que fue medallista de Oro en los Juegos Deportivos Bolivarianos 2013 y medalla de Plata en los Juegos Suramericanos 2018 y que cumplía su plan de entrenamiento en la Republica de Eslovenia con miras a los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, estuviera confrontando un total abandono por parte de la dirigencia deportiva del país.

A través de una serie de entrevistas, se pudo conocer que tuvo que regresarse de Eslovenia, desde hace aproximadamente nueve meses por que dejaron de pagarle a su entrenador y dejó de recibir la beca asignada que le permitía cubrir su estadía en ese país europeo.

Sin embargo, por encima de las dificultades, Ahymara continuó con sus entrenamientos en precarias condiciones, con la mirada puesta en la clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio. Día a día y centímetro a centímetro, impulsaba la bala en busca de los 18 metros con 50 centímetros que es la distancia mínima requerida para la participación en los juegos. Mientras tanto, los incapaces dirigentes deportivos brillaban por su ausencia y seguían con oídos sordos frente a los justos reclamos de la atleta.

El premio a la constancia se hizo presente: Ahymara Espinoza, la joven de Barlovento “logró alcanzar la clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio 2012” por estar incluida en las “35 mejores atletas del Ranking Mundial en Impulso de Bala” al haber obtenido 1.122 puntos producto de su actuación en los cinco eventos válidos para el periodo 2020-2021.

Al conocerse ese anuncio, los incapaces dirigentes salieron al aire para llenarse la boca con sus falsos y demagógicos anuncios de la Generación de Oro o la de Somos Potencia. Además, no debe sorprendernos que lleven a la atleta al Palacio de Miraflores para la típica foto.

Mientras tanto, Ahymara sigue, con supremo esfuerzo e integral constancia, lanzando su bala, a pesar de los incapaces dirigentes gubernamentales y deportivos.

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Claudio Bifano.

Por los medios de comunicación está circulando un proyecto de Ley de Educación Universitaria, preparado por la Asamblea Nacional de Jorge Rodríguez, cuya lectura produce serias preocupaciones.

Independientemente de que este proyecto llegue o no a ser aprobado, debe ser motivo de preocupación de la sociedad el solo hecho de que se expresen ideas y conceptos que desvirtúan la esencia de la universidad y el objetivo de sus funciones. En pleno siglo XXI, cuando en la enorme mayoría de los países del mundo civilizado se da por sentado que la función de las universidades no es otra que formar profesionales de alto nivel y la producir conocimiento útil para la ciencia y la sociedad, el proyecto que propone la Asamblea Nacional (articulo 3) define a la educación universitaria como un bien para “la consolidación de la soberanía, defensa integral e independencia nacional, el fortalecimiento del Poder Popular […] el modelo productivo endógeno y sustentable y más adelante como “un proceso de construcción de hegemonía cultural para la superación de la sociedad capitalista”. Todas ellas finalidades con fuerte acento político y populista.

Como ya ha sucedido en el pasado reciente, cuando los funcionarios del gobierno hablan de educación superior, ciencia o tecnología, insertan en su discurso elementos que desfiguran el objetivo de estas actividades. Efectivamente, el mismo artículo tres afirma que la educación universitaria debe servir para “La unión e integración de los pueblos de América Latina y El Caribe de Nuestra América y la solidaridad y la cooperación con los pueblos del Sur y del mundo y que la preservación de los equilibrios ecológicos y de todas las formas de vida en el planeta, en el marco de la construcción de una sociedad socialista.”

Dejamos a la consideración de los lectores la valoración de estos argumentos y su factibilidad, pero es bueno tener muy presente que, como ocurrió con la ley de Ciencia y Tecnología, por la vía de la repetición, la carencia de compromiso institucional y de sentido crítico de los afectados, estas ideas pueden convertirse en políticas que cobijen cualquier desvarío ideológico o procedimental que desfigura el sentido primordial de la universidad. Ese es el peligro de los planteamientos hechos para confundir la buena fe de algunos.

Además del artículo mencionado, el proyecto propone el control total de la universidad de parte de organismos del gobierno, a pesar de que se afirma, en contradicción pérfida, que “la educación universitaria se rige por los principios de autonomía” (Principios y valores (artículo 4).

Cuando en todas partes del mundo civilizado se acepta que la libertad académica es fundamental para el ejercicio de las funciones que debe desempañar una universidad, en el articulo 11 (Competencias del Ministerio en el Subsistema de Educación) se establece a este ente garantizar “Las condiciones para la participación integral e integrada de las organizaciones del poder popular en la gestión universitaria, asi como los procesos fundamentales de las instituciones de educación (aparte g).

Asi mismo le corresponde regular, supervisar y controlar: El funcionamiento del Subsistema de Educación Universitaria y de sus componentes. La creación y autorización de programas de formación de pregrado y postgrado…. El ingreso de los egresados y las egresadas del nivel de educación media a las instituciones de educación universitaria oficiales… así como, los mecanismos de control sobre la permanencia, prosecución y egreso. La organización de las estructuras académicas y administrativas de las instituciones de educación universitaria. La creación, modificación y supresión de programas de formación… La creación, organización, integración, agregación, separación, supresión parcial o total de sedes, núcleos, extensiones y demás instalaciones de las instituciones de educación universitaria. La matrícula estudiantil de las instituciones de educación universitaria, así como, la nómina de los trabajadores y las trabajadoras académicos, administrativos y obreros”. Con todo eso en manos del representante del gobierno, se elimina de raíz el concepto y la práctica de la autonomía universitaria. Evidentemente las universidades no serán autónomas en el sentido que se acepta aquí y en el mundo, salvo algunos países por supuesto.

Este intento de deshacer a las universidades encierra, como muchos otros, una intención que colocaría al país al borde de la ignorancia y de la frustración de la juventud. Es muy necesario que toda la comunidad académica lea, analice y rechace este proyecto que desfigura totalmente a la Universidad.

Por eso que llamamos a la comunidad académica y a la sociedad a leerlo con detenimiento.

Los profesores integrantes del Grupo Nueva Universalia seguiremos analizando otros aspectos nocivos de este proyecto de ley de universidades.

Profesor Titular de la UCV. Miembro de la Academia de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales

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Nuño Domínguez

Tres hallazgos en los últimos días acaban de cambiar lo que sabíamos sobre el origen del género humano y de nuestra propia especie, Homo sapiens. Es posible —dicen algunos expertos— que debamos desechar este concepto para referirnos a nosotros mismos, pues estos descubrimientos apuntan a que somos un frankenstein con trozos de otras especies humanas con las que no hace tanto tiempo compartimos planeta, sexo e hijos.

Los hallazgos de esta semana suponen que hace unos 200.000 años había hasta ocho especies o grupos humanos diferentes. Todos formaban parte del género Homo, el que nos engloba a nosotros. Los recién llegados muestran una interesante mezcla de rasgos primitivos -enormes arcos sobre las cejas, cabezas planas- y modernos. El hombre dragón de China tenía una capacidad craneal tan grande como la de los humanos actuales o superior. El Homo de Nesher Ramla, hallado en Israel, pudo ser el que originó a los neandertales y los denisovanos que ocuparon Europa y Asia respectivamente y con los que nuestra propia especie tuvo repetidos encuentros sexuales de los que nacieron hijos mestizos que fueron aceptados en sus respectivas tribus como uno más.

Ahora sabemos que por aquellos cruces todas las personas de fuera de África llevan un 3% de ADN neandertal o que los habitantes de Tíbet tienen genes para poder vivir a gran altura que les pasaron los denisovanos. Hay algo mucho más inquietante que ha revelado el análisis genético de las poblaciones actuales de Nueva Guinea: es posible que los denisovanos —una rama hermana de los neandertales— viviesen hasta hace apenas 15.000 años, un suspiro en términos evolutivos.

El tercer gran hallazgo de los últimos días es casi detectivesco. Se ha analizado ADN conservado en el suelo de la cueva de Denisova, en Siberia. Se ha encontrado material genético de los humanos autóctonos, los denisovanos, de neandertales y de sapiens en periodos tan cercanos que incluso podrían solaparse. Aquí se hallaron hace tres años los restos del primer híbrido entre especies humanas que se conoce: una niña hija de una neandertal y un denisovano.

El paleoantropólogo Florent Detroit descubrió para la ciencia a otra de estas nuevas especies humanas: el Homo luzonensis, que vivió en una isla de Filipinas hace 67.000 años y que muestra una extraña mezcla de rasgos que podrían ser resultado de su larga evolución en aislamiento durante más de un millón de años. Es algo parecido a lo que experimentó su coetáneo Homo floresiensis, u hombre de Flores, un humano de metro y medio que vivió en una isla indonesia. Tenía un cerebro del tamaño de un chimpancé, pero si se le aplica el test de inteligencia más usado por los paleoantropólogos podemos decir que era tan avanzado como los sapiens, pues sus herramientas de piedra son igual de evolucionadas.

A estos dos habitantes insulares se le suma el Homo erectus, el primer Homo viajero que salió de África hace unos dos millones de años. Conquistó Asia y allí vivió hasta hace al menos unos 100.000 años. El octavo pasajero de esta historia sería el Homo daliensis, un fósil hallado en China con mezcla de erectus y sapiens, aunque es posible que finalmente sea adscrito al nuevo linaje del Homo longi.

“No me sorprende que hubiese varias especies humanas vivas al mismo tiempo”, explica Detroit. “Si consideramos el último periodo geológico que empezó hace 2,5 millones de años, siempre ha habido diferentes géneros y especies de homínidos compartiendo planeta. La gran excepción es la actualidad, nunca antes había existido una sola especie humana en la Tierra”, reconoce. ¿Por qué somos los sapiens los únicos supervivientes?

Para Juan Luis Arsuaga, paleoantropólogo de Atapuerca, la respuesta es que “somos una especie hipersocial, los únicos capaces de construir lazos más allá del parentesco, al contrario que el resto de mamíferos”. “Compartimos ficciones consensuadas como patria, religión, lengua, equipos de fútbol; y llegamos a sacrificar muchas cosas por ellas”. Ni siquiera la especie humana más cercana a nosotros, los neandertales, que sí creaban adornos, símbolos y arte, tenían ese comportamiento. Arsuaga lo resume así: “Los neandertales no tenían bandera”. Por razones aún desconocidas, esta especie se extinguió hace unos 40.000 años.

Los sapiens no eran “superiores en sentido estricto” a sus congéneres, opina Antonio Rosas, paleoantropólogo del CSIC. “Ahora sabemos que somos el resultado de hibridaciones con otras especies y el conjunto de características que tenemos resultó ser la perfecta para aquel momento”, explica. Una posible ventaja adicional es que los grupos sapiens eran más numerosos que los neandertales, lo que supone menos endogamia y mejor salud de las poblaciones.

María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, cree que el secreto es la “hiperadaptabilidad”. “La nuestra es una especie invasiva, no necesariamente malintencionada, pero somos como el caballo de Atila de la evolución”, opina. “A nuestro paso y con nuestro estilo de vida disminuye la diversidad biológica, incluyendo la humana. Somos una de las fuerzas ecológicas de mayor impacto del planeta y esa historia, la nuestra, comenzó a fraguarse en el Pleistoceno [el periodo que comienza hace 2,5 millones de años y termina hace unos 10.000, cuando el sapiens es ya la única especie humana que queda en el planeta]”.

Los hallazgos de hace unos días vuelven a plantear un problema creciente: los científicos cada vez nombran más especies humanas. ¿Tiene sentido hacerlo? Para Israel Hershkovitz, paleoantropólogo israelí autor del hallazgo del Homo de Nesher Ramla, no. “Hay demasiadas especies”, señala. “La definición clásica dice que dos especies distintas no pueden tener hijos fértiles. El ADN nos dice que sapiens, neandertales y denisovanos los tuvieron, por lo que deberían ser considerados la misma especie”, apunta.

“Si nosotros somos los sapiens, entonces esas especies que son ancestros nuestros por vía de la mezcla también lo son”, zanja João Zilhão, profesor ICREA de la Universidad de Barcelona.

Es este un tema de confrontación entre expertos. José María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca, recuerda que “la hibridación es muy común en especies actuales, especialmente en el mundo vegetal”. “Se puede matizar el concepto de especie, pero creo que no podemos abandonarlo porque es muy útil para podernos entender”.

En esto entran en juego muchos matices. No es lo mismo las evidentes diferencias entre sapiens y neandertales que la identidad como especie del Homo luzonensis, del que solo se conocen unos pocos huesos y dientes, o de los denisovanos, de los que la mayoría de información se desprende del ADN extraído de fósiles diminutos.

“Curiosamente, a pesar de los cruces frecuentes”, explica Martinón-Torres, tanto sapiens como neandertales han sido especies perfectamente reconocibles y distinguibles hasta el final”. “Los rasgos del neandertal tardío son más marcados que los de los anteriores, en vez de haberse difuminado como consecuencia del cruce. Hubo intercambios biológicos, y es posible que también culturales, pero ninguna de las especies dejó de ser ella, distintiva, reconocible en su biología, su aspecto, sus adaptaciones específicas, su nicho ecológico a lo largo de su historia evolutiva. Creo que este es el mejor ejemplo de que la hibridación no colisiona necesariamente con el concepto de especie”, concluye. Su colega Hershkovitz advierte de que el debate continuará: “Estamos excavando en otras tres cuevas en Israel donde hemos encontrado fósiles humanos que van a aportar una nueva perspectiva sobre la evolución humana”.

El País

https://elpais.com/ciencia/2021-07-04/por-que-somos-la-unica-especie-hum...

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Eddie A. Ramírez S.

Disparar a discreción, es decir según criterio propio, se justifica solo en pocos casos. Por ejemplo, si un pelotón de soldados es emboscado, cada uno de sus miembros decide motu proprio cuándo disparar y en qué dirección, o el jefe de la unidad les otorga la libertad de proceder. Por el contrario, las más de las veces el comandante ordena hacia qué dirección y en qué momento debe abrirse fuego. En esta lucha por la democracia, los civiles solo disponemos del arma de la palabra para denunciar los atropellos de la dictadura. Lamentablemente, algunos demócratas consideran que lo importante es disparar. No importa si es al enemigo o a los suyos. A veces dicen falacias, medias verdades o dan declaraciones que no suman. Todos tenemos el derecho y el deber de criticar a nuestros dirigentes, pero sin descalificarlos cuando no coincidimos. Los excelentes artículos de Carolina Jaimes, Mari Montes y de Soledad Morillo deberían ser la pauta. Hay varios tipos de ciudadanos que disparan a discreción.

Los despreciables: son aquellos que para descalificar a determinado opositor se valen de la bajeza de hacer referencia a su inclinación sexual, sea o no cierta. Es inadmisible que hoy en día se utilicen argumentos homofóbicos, como en recientes artículos de un expolicía con nombre de soberano inca y de otro atorrante con apellido de esquina caraqueña. Ambos despreciables.

Los frustrados: son aquellos que se sienten molestos porque nadie ha podido sacar al régimen. Quizá nunca se han preocupado por la política, pero ahora sufren la situación desastrosa de los gobiernos de Chávez-Maduro. Disparan a discreción a los dirigentes de la oposición. No discriminan. Califican de corruptos, vendidos, colaboracionistas o complacientes a los dirigentes que predican que se requiere dialogar, negociar, votar o abstenerse.

Los serrucha pisos: se consideran los salvadores de la patria. Están convencidos de que solo ellos pueden sacar a Maduro y a sus compinches. Están informados de que el presidente legítimo Guaidó es quien tiene el reconocimiento de varios países y quien está relativamente mejor ubicado en las encuestas, pero esos les parecen detalles de poca monta. En este grupo hay gente luchadora en contra del régimen. Uno quisiera pensar que actúan de buena fe porque los aprecia, pero, a sabiendas de que son inteligentes, queda la percepción de que proceden así por considerar, equivocadamente, que les reporta beneficios políticos. Predican que el gobierno interino ya está muerto, pero no tienen una opción viable para sustituirlo. Desearíamos que, incluso en beneficio de ellos mismos, fuesen más prudentes en sus declaraciones.

¿Por qué algunos disparan a discreción?: Desde luego hay quienes actúan de mala fe, como son los llamados alacranes. Este calificativo no se debe a que hayan participado en la farsa electoral de las parlamentarias, ya que algunos lo hicieron pensando que era la única opción. Son alacranes por sus declaraciones a favor del régimen o por haber aceptado que el Tribunal Supremo de Justicia les regalara las tarjetas de los partidos a los que pertenecían como miembros de segunda categoría. También son alacranes quienes se congraciaron con el régimen para obtener la legalidad de partidos de maletín. Sin embargo, tenemos la percepción que la mayoría de los usuarios de las redes disparan a diestra y siniestra por estar desorientados.

¿A qué se debe esta proliferación de compatriotas que abren fuego a discreción? Dejando de lado a los corruptos alacranes, pareciera que los compatriotas que disparan a discreción es por falta de comando con suficiente autoritas que guie hacia quién disparar, cuándo y con qué tipo de arma cívica. Este es un problema que se inició con la llegada de los rojos al poder. Los ciudadanos perciben que los líderes de entonces no actuaron con coraje para impedir la inconstitucional Asamblea Constituyente. Algunos tardaron en aceptar que Chávez violaba la Constitución y que había presos políticos, por lo que perdieron credibilidad. Sin embargo, tampoco la nueva generación ha logrado enamorar a los venezolanos, lo cual cuesta explicar.

¿Qué hacer?: La negociación está en marcha. Al frente de la misma está Gerardo Blyde, quien merece nuestra confianza. Ojalá logre unir al resto de nuestros representantes. Conseguir condiciones electorales de acuerdo con los estándares internacionales debe ser el objetivo primordial. Si el régimen no acepta, la negociación no debe continuar. Caso de que se logre, el segundo objetivo sería que acepte nueva elección parlamentaria y presidencial. De no haber acuerdo sobre estos dos últimos puntos, habría que exigir compromiso de fecha para realizar un referendo revocatorio presidencial sin trabas para la recolección de firmas. Los puntos de los presos políticos, de los exiliados y de la ayuda humanitaria no pueden obviarse. De nuestro lado es imprescindible prepararnos para las regionales, seleccionando candidatos apoyados por todos. En el supuesto de que la negociación fracase, la dirigencia opositora debe decidir unánimemente si participa o no en las regionales. Una vía podría ser consultar a los electores si quieren o no votar bajo las condiciones que imponga el CNE. Si todo fracasa, nuestros dirigentes deben someterse a un proceso de legitimación.

Como (había en botica):

Por presentar foto del exministro Rodríguez Chacín y su esposa conversando con la narcoguerrilla de la FARC y por informar sobre la derrota que sufrió la Fuerza Armada de Padrino López y de Ceballos, fue motivo para que Maduro ordenara imputar y apresar a Javier Tarazona, Rafael Tarazona y a Omar García, de la ONG de Derechos Humanos Fundaredes, por traición a la patria, terrorismo e incitación al odio. Además de este atropello, no les permitieron la asistencia de sus abogados.

El Informe actualizado de Michelle Bachelet señala que siguen las torturas en nuestras cárceles.

La dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua continúa violando los derechos humanos. Lamentamos los fallecimientos de Enrique Zabala, Gustavo Marcano, Rolando Cubillán y de Humberto Gómez Acuña, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Kenneth Rogoff

La actual desconexión entre la calma del mercado y las tensiones sociales subyacentes quizás en ninguna parte sea tan aguda como en América Latina. La pregunta es cuánto tiempo más puede continuar esta disonancia evidente.

Por ahora, los datos económicos de la región siguen mejorando y los mercados de deuda permanecen misteriosamente imperturbables. Pero la furia candente se está propagando por las calles, particularmente (pero no exclusivamente) en Colombia. La tasa de nuevos casos diarios de COVID-19 en América Latina ya es cuatro veces más alta que la mediana de los mercados emergentes, incluso considerando que una tercera ola de la pandemia ya está en curso, y esto hace que los 650 millones de personas de la región enfrenten un desastre humanitario en pleno desarrollo.

Mientras la incertidumbre política aumenta, la inversión de capital se ha estancado en una región ya asolada por un bajo crecimiento de la productividad. Peor aún, una generación de niños de América Latina ha perdido casi un año y medio de escolaridad, lo que mina aún más las esperanzas de lograr una equiparación educativa con Asia, mucho menos Estados Unidos.

En el caso de Cuba, Rusia y China, que ya tienen una cabecera en Venezuela, la pandemia presenta una oportunidad para hacer una incursión mayor. Los mercados parecen aliviados al ver que el aparente ganador de la elección presidencial de Perú, Pedro Castillo, un marxista, al parecer tiene por lo menos un par de asesores económicos tradicionales, pero todavía está por verse cuál es la verdadera influencia que tendrán.

Asimismo, los datos económicos latinoamericanos en lo que va del año son buenos sólo porque no son tan espantosos como en 2020, cuando la producción cayó el 7%. En abril, el Fondo Monetario Internacional pronosticó que el PIB de la región aumentaría el 4,6% en 2021; estimaciones más recientes están más cerca del 6%. Pero en términos per cápita –hoy considerados una mejor manera de medir la recuperación de crisis económicas profundas-, la mayoría de las economías latinoamericanas no regresarán a los niveles pre-pandémicos hasta bien entrado el 2022, o después.

Lo preocupante es que gran parte del crecimiento real de la región este año surge de los crecientes precios de las materias primas alimentados por la recuperación en otras partes, no por mejoras genuinas de la productividad que sustentarán el ingreso a lo largo del ciclo de las materias primas. Para peor, los hogares de bajos ingresos han sido especialmente golpeados por la pandemia y la crisis económica asociada a ella.

Para entender los desafíos políticos de América Latina, basta con analizar sus dos economías más grandes, Brasil y México, que en conjunto representan más de la mitad de la producción de la región. A simple vista, están gobernados por polos opuestos: Brasil por el presidente de derecha Jair Bolsonaro y México por el presidente izquierdista Andrés Manuel López Obrador (popularmente conocido como AMLO). Pero los dos hombres son similares en varios sentidos relevantes.

Si bien los instintos políticos de AMLO están arraigados en la visión radical del mundo de los años 1970, y Bolsonaro parece nostálgico de la era del régimen militar de Brasil, ambos son autócratas erráticos. Asimismo, ambos siguen siendo razonablemente populares a pesar de su manejo catastrófico de la pandemia y una racha de decisiones económicas desacertadas. AMLO canceló el proyecto de un nuevo aeropuerto muy necesario en Ciudad de México poco después de asumir el cargo a fines de 2018, a pesar de que estaba bien avanzado. Y si bien hizo campaña con la promesa de un rápido crecimiento económico, el PIB de México se venía achicando inclusive antes de la pandemia -0,1% en 2019.

Bolsonaro, cuando no amenaza con arrasar el Amazonas, ha seguido teniendo éxito responsabilizando por los problemas de Brasil al opositor Partido de los Trabajadores (PT) de izquierda, que gobernó el país hasta 2016. Varios de los líderes del PT, incluido el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, fueron encarcelados por corrupción.

De todos modos, es enteramente posible que, en unos años, Brasil vuelva a tener un presidente de izquierda –tal vez Lula, cuyas condenas fueron revocadas en marzo–, mientras que México podría volver a estar en manos de un centrista. El futuro curso político de los dos países es difícil de predecir.

¿Por qué los mercados de deuda no están atemorizados ante toda esta incertidumbre? En parte, porque ambos países han seguido siendo bastante conservadores en su manejo de la deuda. Es cierto, se proyecta que la deuda gubernamental de Brasil alcanzará casi el 100% del PIB este año. Pero está esencialmente denominada en moneda local, y los residentes domésticos tienen el 90% del total, con respecto al 80% hace cinco años. Incluso el endeudamiento externo de las empresas ha estado contenido: la deuda externa del país sigue rondando el 40% del PIB.

La deuda pública de México es más baja que la de Brasil: un 60% del PIB. A pesar de todo su radicalismo, AMLO hasta el momento ha sido un conservador fiscal, muy parecido a Lula en Brasil en su momento. La lección de que las crisis de deuda pueden hacer descarrilar a una revolución populista ha sido bien aprendida.

Es cierto que los gobiernos en toda la región han montado una respuesta macroeconómica sorprendentemente robusta ante la pandemia. Pero tienen mucho menos margen de acción que Estados Unidos para seguir usando financiamiento del déficit. Para aumentar el gasto y abordar la desigualdad de manera sostenible, los países latinoamericanos también deben encontrar el modo de aumentar los ingresos presupuestarios. Irónicamente, las protestas en Colombia no comenzaron como una respuesta a recortes de beneficios, sino porque el gobierno intentó aumentar los impuestos a la clase media para ofrecer más y mejor ayuda frente a la pandemia a los ciudadanos más pobres del país. Los gobiernos que buscan redistribuir el ingreso necesitan aumentar los impuestos a los ciudadanos más acomodados y no disimular temporariamente los problemas con más deuda.

En las últimas décadas, Estados Unidos se ha mostrado reticente a involucrarse profundamente en la resolución de los problemas de América Latina, pero quizás eso cambie. Para empezar, la región necesita una ayuda masiva de vacunas para volver a ponerse de pie. Estados Unidos también puede ayudar fortaleciendo el comercio –especialmente resolviendo los cuellos de botella generados por la pandemia y eliminando medidas proteccionistas que datan de la era Trump.

La mayor parte de América Latina todavía está lejos de las condiciones horrorosas que prevalecen en Venezuela, donde la producción ha caído un pasmoso 75% desde 2013. Pero, dada la catástrofe humanitaria en curso allí, y el espectro de inestabilidad política en otras partes, los inversores no deberían dar por sentada una recuperación económica sostenida.

1 de julio 2021

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/latin-america-brewing-econo...

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Red Agroalimentaria de Venezuela

El informe señala los resultados acerca de la producción agrícola y aspectos relacionados, correspondiente a la región Centro Norte Costera en pequeños poblados de áreas agrícolas, dividida en tres (3) subregiones, diez (10) áreas geográficas y 19 poblaciones, con el propósito de dar seguimiento de la situación agroalimentaria de Venezuela y su evaluación, para la divulgación entre los actores sociales, económicos y políticos involucrados e interesados.

  • Los principales rubros cultivados son maíz, cacao y caña de azúcar ocupando el 57,89% de la región.
  • Al menos el 48% de la producción vegetal se lleva a cabo por autofinanciamiento.
  • El principal proveedor de semilla son los mismos productores de la región.
  • Las casas comerciales figuran como el principal proveedor de agroquímicos y fertilizantes; los precios de estos han aumentado incluso en moneda extranjera (US$).
  • Las cosechas en su mayoría son vendidas a un intermediario o “feriero”.
  • La principal limitación para colocar la cosecha es la escasez de combustible.
  • Más del 50% de los productores de la región, no reciben asistencia técnica.
  • La producción vegetal respecto al año anterior es considerada menor, siendo el factor falta de combustible, el aspecto de mayor incidencia en esto.
  • La problemática que más afecta el transporte en la región es la falta de combustibles.
  • El sistema de producción animal predominante en la región es el de aves.
  • No se ha realizado la campaña regular de vacunación de aftosa en al menos el 75% de la región.
  • En casi la totalidad de la región, hay problemas con el estado y mantenimiento de las maquinarias, fundamentalmente por falta de recursos para su reposición y la falta de repuestos debido a sus altos precios.
  • Los servicios tanto de telefonía como de internet se encuentran empeorando, así como también la disponibilidad de combustible (gasoil).
  • El pago de mano de obra es cada vez más en moneda extranjera (US$) y se agregan otros componentes como los productos alimenticios para estimular a los trabajadores.

Ver detalles en documento anexo.

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Verónica Smink

Hace 100 años, un pequeño grupo de rebeldes chinos, inspirados en la revolución bolchevique que acabó con el imperio zarista en la vecina Rusia, formaron en secreto el Partido Comunista de China (PCCh).

Al igual que el comunismo soviético, que se centró en la clase obrera, los primeros seguidores del PCCh fueron trabajadores de las grandes ciudades.

Pero, en medio de la persecución que empezaron a sufrir por parte de los nacionalistas del Kuomintang (KMT, en el poder), uno de los líderes del Partido Comunista, Mao Zedong, se alejó del enfoque marxista tradicional e impulsó una insurrección rural para movilizar al vasto campesinado de China.

La estrategia fue exitosa y el PCCh se fue consolidando, convirtiéndose en pocos años en el principal rival del gobernante KMT.

Tras más de dos décadas de guerra civil intermitente, los comunistas se impusieron y el 1 de octubre de 1949, Mao instauró la República Popular de China (RPC), sobre la base de las teorías de Marx y Lenin.

Un siglo después de su creación, el PCCh sigue manteniendo el poder absoluto en China.

Muchos consideran a su actual líder, el presidente Xi Jinping, como el gobernante chino más poderoso desde Mao, ya que controla el partido, el Estado y el Ejército, lo que algunos llaman la "santísima trinidad comunista".

Sin embargo, la China actual parece completamente diferente -algunos dirían, casi opuesta- al país comunista que concibieron Mao y los fundadores del PCCh.

Superpotencia económica

Mientras que el Gran Timonel colectivizó el trabajo, centralizó la economía y persiguió a los partidarios del "capitalismo" con su Revolución Cultural —uno de los periodos más convulsos bajo su liderazgo, en un intento subyacente de minar el bando liberal del partido—, hoy China es el segundo país del mundo con más multimillonarios.

626 chinos tienen fortunas por encima de los US$1.000 millones, según la última lista compilada en abril de 2021 por la revista Forbes.

239 de esos multimillonarios accedieron al club de los más ricos en el último año.

Y solo Estados Unidos tiene una cantidad mayor de superricos: 724.

Pero el gigante asiático le gana en el ranking de empresas: 124 compañías chinas integran el listado de las 500 corporaciones más grandes del mundo, publicado en 2020 por la revista Fortune.

EE.UU., el subcampeón, tiene 121 empresas en el Fortune Global 500.

En términos de Producto Interno Bruto (PIB) la nación americana sigue siendo la principal economía del mundo, aunque si se mide en términos de paridad del poder adquisitivo, China es la nación más rica, según los datos de 2021 del Fondo Monetario Internacional (FMI).

También tiene el sector bancario más acaudalado y la entidad con mayores activos: el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC).

¿Cómo se explica, entonces, que el país comunista más grande del mundo tenga este nivel de riqueza y se encamine -según algunos analistas- a convertirse en la principal superpotencia económica del planeta?

"Socialismo con características chinas"

La respuesta está en los cambios que introdujo a partir de 1978 —dos años después de la muerte de Mao— Deng Xiaoping, quien impulsó un programa económico que se conoció como Reforma y Apertura.

Deng hizo todo lo contrario a lo que pregonaba Mao: liberalizó la economía, permitiendo el resurgimiento del sector privado y descentralizó el poder, dejando la toma de decisiones en manos de las autoridades locales.

Desmanteló progresivamente las comunas y les empezó a dar mayores libertades a los campesinos para que pudieran administrar las tierras que cultivaban y vender los productos que cosechaban.

También se abrió al exterior: viajó a EE.UU. y selló los lazos con Washington, tras el histórico primer paso que dio Richard Nixon al visitar China en los últimos años de Mao, en plena Guerra Fría.

Así, empezaron los contratos comerciales entre la República Popular China y Occidente, dando paso a la entrada en la economía del país asiático de inversiones extranjeras y multinacionales icónicas del capitalismo, como Coca-Cola, Boeing o McDonald's.

El modelo económico introducido por Deng, basado en una economía de mercado, se bautizó oficialmente "Socialismo con características chinas".

Fue una fórmula exitosa que permitió que la RPC empezara a crecer a niveles récord y sostenidamente, durante tres décadas.

Los líderes posteriores —Jiang Zemin, Hu Jintao y el actual mandatario, Xi Jinping— mantuvieron el modelo.

China se convirtió en el principal gigante comercial del globo, produciendo y exportando más que nadie.

Hoy el país asiático domina la fabricación de ropa, textiles y artefactos eléctricos.

Y varias empresas privadas chinas son líderes en el mercado tecnológico, como la fabricante de computadoras personales Lenovo y la plataforma de comercio online Alibaba.

También la empresa privada más grande de China, Huawei, es la líder en el desarrollo de tecnología 5G y una de las mayores fabricantes de teléfonos celulares del mundo.

Muchos de los multimillonarios chinos que integran la lista de Forbes son fundadores de estas y otras empresas privadas exitosas.

Con todo, cabe preguntarse: ¿podemos seguir llamando a China un país comunista?

Poder absoluto

Desde el punto de vista político, la respuesta es: definitivamente, sí.

Un siglo después de su creación, el PCCh sigue siendo la única fuerza política en China y gobierna de forma vertical y jerárquica, con dirigentes en cada ciudad y región del país.

La estructura del partido es piramidal y en su base hay más de 95 millones de miembros.

El presidente de China es elegido por la Asamblea Popular Nacional -el Parlamento-, que está controlado por el PCCh.

Y el partido controla a todos los altos funcionarios del gobierno, los líderes de las empresas estatales, las escuelas, los hospitales y los grupos sociales.

"El PCCh no es un partido político tal como entendemos este tipo de organización en una democracia multipartidista. Es un Partido-Estado", explicó en un reciente artículo en la revista Política Exterior Jean-Pierre Cabestan, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Baptista de Hong Kong y uno de los mayores expertos en China.

Este Partido-Estado presta mucha atención al control de su ideología: no existe la libertad de prensa y, con excepción de unos pocos medios escritos privados, el sector mediático está bajo control estatal.

Según el organismo de derechos humanos Human Rights Watch, el gobierno chino "mantiene un estricto control sobre internet, los medios masivos y la academia".

También "persigue a comunidades religiosas" y "detiene de forma arbitraria a los defensores de los derechos humanos".

Pero si se analiza al país desde una perspectiva económica, ahí la historia es otra.

"La pesada mano"

"Económicamente China hoy está más cerca del capitalismo que del comunismo", señala a BBC Mundo la analista internacional, experta en Asia, Kelsey Broderick.

"Es una sociedad de consumo, lo que es totalmente opuesto al comunismo", destaca.

Sin embargo, Broderick advierte que, aunque a primera vista la economía china parece completamente capitalista, "si remueves la primera capa, puedes sentir la pesada mano del partido".

La "mano invisible" del PCCh está en todos los aspectos de la economía.

Aunque las capas más bajas funcionan de manera más cercana al capitalismo, el control es definitivamente más visible en lo alto de la pirámide económica: el Estado determina, por ejemplo, el precio del yuan y quién puede comprar divisas.

Y es el que controla las empresas más grandes del país, que manejan los recursos naturales.

De hecho, 84 de las 124 empresas chinas en la lista Fortune Global 500 son compañías estatales, es decir, casi el 70%.

El PCCh también es oficialmente el dueño de toda la tierra en China, aunque en la práctica las personas pueden poseer propiedades privadas por un determinado número de años.

Y controla el sistema bancario, por lo que decide a quién se le otorga préstamos.

Incluso las empresas privadas chinas deben someterse a inspecciones estatales y tienen "comités partidarios que pueden influenciar la toma de decisiones", cuenta Broderick.

Esto último también ocurre con algunas firmas extranjeras, en el caso de que tengan tres o más miembros del PCCh empleados (una situación no poco común teniendo en cuenta los 92 millones de miembros).

Este borroso límite entre lo privado y lo estatal está detrás de la controversia que ha afectado en los últimos años a Huawei, luego de que EE.UU. acusara a la empresa privada más grande de China de ser un frente para el espionaje estatal (algo que la compañía niega).

"Capitalismo estatal"

Estos rasgos socialistas que aún persisten en el modelo económico chino, y que han llevado a que muchos analistas lo tilden de "capitalismo estatal", también han exacerbado la guerra comercial entre China y EE.UU.

Si bien el conflicto se centra en la balanza comercial, muy inclinada a favor de Pekín, Washington y otros socios comerciales de China reclaman por las enormes ayudas estatales que reciben las empresas privadas chinas, y que las ponen en ventaja con respecto a sus rivales internacionales.

"Las empresas privadas chinas tienen una doble ventaja: toman créditos de bancos públicos y reciben subsidios energéticos de las empresas estatales que controlan toda la producción de energía del país", señala el periodista y analista internacional Diego Laje.

Laje, quien fue presentador en la Televisión Central de China (CCTV) en Pekín y corresponsal para Asia de la cadena estadounidense CNN, considera que China "no se puede llamar capitalista porque no cumple con los requisitos y compromisos de la Organización Mundial del Comercio (OMC)", a la que se adhirió en 2001 y que aún no lo reconoce como "economía de mercado".

No obstante, el periodista destaca que "en el día a día la intervención del Estado no se siente, lo que da una sensación de libertad" que hace que en muchos sentidos la economía china opere como un sistema capitalista.

Xiao Lin coincide. La intérprete originaria del sureste de China, que emigró a Pekín para estudiar y trabajar, le contó a BBC Mundo que en su experiencia "China es cada vez más capitalista".

Donde ella más lo ve es en el mercado inmobiliario: "Las casas son cada vez más caras y solo los ricos pueden comprarlas. Los profesionales jóvenes como yo no podemos acceder a tener nuestra propia vivienda y dependemos de nuestros padres o abuelos", cuenta.

La inequidad es otra de las consecuencias que ha traído la liberalización de la economía.

La mayoría de los chinos dependen del sistema de salud público, pero los más ricos acuden a hospitales privados.

Se nota también en los servicios de salud: la mayoría de los chinos dependen del sistema público, muchas veces abarrotado, pero los más ricos acuden a hospitales privados.

La educación china también ha sufrido cambios. Sigue siendo estatal pero ya no es completamente gratuita. "Hay 9 años que son obligatorios y no se pagan. Pero para ir al secundario y la universidad hay que pagar", señala la joven.

Donde ella más siente la presencia del Estado en su vida es en términos de seguridad y libertad de expresión.

Lo primero lo festeja: "China es el país más seguro que hay, el gobierno garantiza nuestra seguridad". En cambio, lamenta las restricciones que enfrenta cuando quiere navegar en internet o usar redes sociales.

¿Contradicción?

A 100 años de su creación, ¿cómo explica el PCCh, que en el pasado persiguió a quienes creían en el "capitalismo", el éxito de su "capitalismo estatal" que ha llevado a China a convertirse en la segunda economía más grande del mundo?

Según Anthony Saich, director del Ash Center de la Universidad de Harvard y autor del libro From Rebel to Ruler: 100 Years of the Chinese Communist Party ("De rebelde a dirigente: 100 años del PCCh"), la dirigencia del partido simplemente cambió el relato.

"Los actuales líderes de China han reescrito la historia de una manera que borra este aspecto de la historia oficial", le dijo a BBC Mundo.

"Si bien admiten que Mao pudo haber cometido algunos errores, ignoran el ataque a los 'seguidores de la vía capitalista' y explican la Revolución Cultural como un experimento del cual el partido aprendió. Enfatizan que fue un ataque a la corrupción, al burocratismo, etc.".

Xi Jinping lidera el Estado, el PCCh y el Ejército -"la santísima trinidad comunista", afirma Laje- y muchos lo consideran el gobernante chino más poderoso desde Mao.

"Xi Jinping, en lugar de ver la era pos-1949 dividida en dos historias (una bajo Mao y otra bajo reformas) lo considera una línea ininterrumpida de experimentación que ha resultado en lo que el partido es hoy", señaló.

Saich, al igual que muchos otros expertos, resalta que, bajo Xi, China "se ha alejado de las influencias más liberales del mercado que se experimentaron anteriormente".

Por su parte, Laje observa que también se ha endurecido. "Están aumentando los niveles de represión y control y se ha perfeccionado la tecnología para que hoy China sea un Estado policial perfecto".

Para Broderick, el líder chino "está convencido de que la desintegración de la Unión Soviética se dio porque dejaron de lado sus raíces comunistas y no quiere que eso ocurra en su país".

En qué se diferencia el comunismo de China del que hubo en la Unión Soviética (y cuánto influyó en América Latina)

Sin embargo, consultado sobre si la China de Xi se está haciendo más capitalista o más comunista, Saich opina que ninguna de las dos opciones es acertada: "Es más estatista".

3 julio 2021

BBC News Mundo

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-57689347

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