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Opinión

Analítica.com

Editorial

En su intervención de ayer martes, en la que invocó la necesidad de un acuerdo nacional para resolver la grave crisis por la que atraviesa nuestro país, Juan Guaidó señaló que era necesario buscar soluciones realistas y viables para recuperar la democracia y que para lograrlo se requiere negociar, pero no de cualquier manera, sino con la participación de todos los venezolanos, apoyados por la comunidad internacional, y que esta no se convierta en otro esquema gatopardeano, en el que se de la ilusión de un cambio para que todo permanezca igual.

Guaidó dejó muy clara la idea de que Venezuela requiere un acuerdo de salvación nacional que debe darse entre las fuerzas democráticas del país, el régimen y la comunidad internacional, y que eso se lograría si se establece una convocatoria de elecciones libres presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales, con observación y respaldo internacional.

Además hizo énfasis en que se requiere una masiva ayuda humanitaria y un amplia campaña de vacunación contra la Covid-19.

También es indispensable que haya garantías democráticas para todos los actores, las fuerzas democráticas por un lado y el chavismo por el otro, con mecanismos para iniciar la reinstitunalizacion del país; la liberación de todos los presos políticos y el regreso de los exiliados, y algo muy importante, la necesidad de establecer una justicia transicional.

Un punto importante de su intervención fue que se deben suministrar incentivos y garantías al régimen, que pudieran llegar a la eliminación progresiva de sanciones, siempre y cuando cumplan con los términos establecidos en el acuerdo.

Tendió puentes a los otros líderes opositores para que puedan medirse, pero observó que, sin un acuerdo unitario, el régimen hará lo que sea para seguir dividiendo a las fuerzas democráticas, dejando entender que esta propuesta que presenta al pueblo venezolano tiene un alto respaldo de la comunidad internacional.

Es la hora de que los venezolanos pensemos en cómo construir un mejor futuro y poner a un lado las luchas intestinas, que no nos han dejado sino división, frustración y desesperanza.

Creemos que la propuesta de Guaidó es razonable y vale la pena apoyarla, esperando que el régimen no la estropee de nuevo posteando la mesa. Esto si es un paso al frente, que va mucho más allá que el nombramiento de un nuevo CNE, porque se dirige a todos los venezolanos sin exclusión.

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CropLife Latin América

Es fundamental que América participe en el debate de esta propuesta en el Parlamento Europeo y evidencie las consecuencias negativas que puede tener el Pacto Verde para las agroexportaciones, así como los logros que la región ha alcanzado en el camino hacia una agricultura más sostenible.

CropLife Latin America reconoce y comparte la necesidad de acelerar las acciones en nuestra región en beneficio de los actuales retos ambientales relacionados con el cambio climático, los riesgos a la biodiversidad y a la inseguridad alimentaria. La participación de los países de América Latina en los múltiples acuerdos multilaterales sobre estos temas permite lograr nuevas oportunidades desde nuestra vocación como proveedores de alimentos y otros productos agrícolas, al tiempo que responde al cambio climático y al mandato imperativo de conservar la biodiversidad.

Como región líder en producción de alimentos y otros productos agrícolas, los países de América Latina, de acuerdo con sus posibilidades, llevan años fortaleciendo sus políticas y regulaciones para que la sostenibilidad agrícola en la región avance al lado de la ciencia y genere productos agroalimentarios cada vez más demandados a nivel global1, lo cual evidencia que la agricultura será uno de los principales motores para la recuperación económica postpandemia de la región. Al mismo tiempo, estas cifras evidencian mejor el acceso a nuevas y mejores tecnologías, que contribuyen a aumentar su productividad, inocuidad y sostenibilidad. Como región altamente biodiversa y rica en recursos hídricos y forestales, América Latina está singularmente posicionada para contribuir a los objetivos globales en sostenibilidad ambiental y conservación de especies.

Sin embargo, este progreso puede verse amenazado luego del anuncio de la Comisión Europea (CE) en diciembre de 20192, de su propuesta de política ambiental denominada Pacto Verde, que es una respuesta a los compromisos internacionales de tratados y convenios sobre cambio climático y a otros desafíos ambientales. Como parte de esta política macro, la CE presentó en mayo de 2020 dos documentos de estrategia, el primero llamado From Farm to Fork (De la Granja a la Mesa)3, que busca fomentar en Europa la transición hacia un sistema de producción alimentaria más sostenible y, el segundo llamado Bringing nature back into our lives (Reintegrar la Naturaleza en Nuestras Vidas)4, que es la estrategia de conservación y recuperación de la Biodiversidad. A primera vista, la política Pacto Verde Europeo junto con sus estrategias buscan demostrar cómo transformar las industrias para enfrentar los retos climáticos y de biodiversidad en el planeta. Como parte de estas estrategias la CE propone reducir el uso de plaguicidas en un 50% antes de 2030 y utilizar su capacidad diplomática y económica para que sus socios comerciales hagan lo mismo. Esto supone la pérdida de tolerancias de importación, por no estar autorizados ya en Europa, de cientos de productos de protección de cultivos que se utilizan actualmente por los agricultores y agroexportadores. Según un análisis del Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, las consecuencias de adoptarse estas políticas en regiones fuera de la Unión Europea serían dramáticas en términos de aumento del precio de alimentos (hasta un 89%) y pérdida del bienestar social hasta en 1 trillón de dólares a nivel global5.

Desde CropLife Latin America, como asociación gremial regional que representa a las compañías líderes en ciencia y tecnología, trabajamos con nuestra red de asociaciones nacionales para informar y alertar a gobiernos, agricultores, universidades y público en general sobre el impacto negativo del Pacto Verde en la región. Es fundamental que América participe en el debate de esta propuesta en el Parlamento Europeo y evidencie las consecuencias negativas que puede tener el Pacto Verde para las agroexportaciones, así como los logros que la región ha alcanzado en el camino hacia una agricultura más sostenible.

Desde CropLife Latin America continuamos impulsando las Buenas Prácticas Agrícolas, que incluyen el uso responsable de las tecnologías, y apoyamos la construcción de capacidades institucionales para consolidar sistemas de registro y control de los agroquímicos acorde a la llegada y adopción de las nuevas tecnologías.

1Agricultural exports from Latin America increase by 8.5%, while total foreign sales drop by 30%. Inter-American Institute for Cooperation on Agriculture, 2020. https://iica.int/en/press/news/agricultural-exports-latin-america-increa...

2Comunicación de la Comisión: El Pacto Verde Europeo. Comisión Europea, 2019. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/HTML/?uri=CELEX:52019DC06...

3De la granja a la mesa. Nuestros alimentos, nuestra salud, nuestro planeta, nuestro futuro. Comisión Europea, 2020. https://ec.europa.eu/info/strategy/priorities-2019-2024/european-green-d...

4Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para 2030. Comisión Europea, 2020. https://ec.europa.eu/info/strategy/priorities-2019-2024/european-green-d...

5Beckman, Jayson, Maros Ivanic, Jeremy L. Jelliffe, Felix G. Baquedano, and Sara G. Scott. November 2020. Economic and Food Security Impacts of Agricultural Input Reduction Under the European Union Green Deal’s Farm to Fork and Biodiversity Strategies, EB-30, U.S. Department of Agriculture, Economic Research Service. https://www.ers.usda.gov/publications/pub-details/?pubid=99740

12 de mayo 2021

CropLife Latin America

https://www.croplifela.org/es/actualidad/articulos/pacto-verde-europeo-y...

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Vicente G. Olaya

Toda la historia de América se resume en la de dos islas de la costa venezolana: Cubagua y Margarita. Por ellas pasaron durante siglos lo mejor y lo peor del descubrimiento y colonización del continente. Personajes como el pirata Francis Drake esparciendo dolor y muerte, el criminal Lope de Aguirre asesinando inocentes, gobernadores miserables y cobardes como Cristóbal de Ovalle que se hacían los muertos para no luchar, valientes y generosos como Juan Sarmiento de Villandrado, que falleció batallando contra fuerzas muy superiores o frailes, como Bartolomé de las Casas, que intentaban poner paz sin éxito, pisaron sus playas y bosques y protagonizaron con exactitud milimétrica el devenir que estaba a punto de llegar a las Indias. El ensayo De mucho más honor merecedora. Doña Aldonza Manrique, la gobernadora de la isla de las perlas, del periodista Daniel Arveras (Madrid, 49 años), recrea, a través de una amplia documentación, el relato de estos micro mundos insulares.

La historia moderna de Margarita y Cuabagua comienza el 15 de agosto de 1498 cuando Cristóbal Colón toma posesión de ellas. Pero Cuabagua, que en lengua nativa significa el “lugar de los cangrejos”, poseía una característica que desató la codicia de los recién llegados: sus aguas acumulaban un inmenso tesoro de perlas.

La relación entre españoles e indígenas comenzó bien. Los primeros ofrecían a cambio de los preciados aljófares todo tipo de baratijas. Los indios buceaban unos pocos metros, sacaban fácilmente las ostras y recibían a cambio espejuelos, peines, cascabeles o cerámicas. Pero la noticia pronto llegó a Castilla: se habían descubierto grandes ostrales que parecían inagotables y que podían hacer la competencia a los asiáticos. El rey Fernando se consideraba enormemente afortunado: las perlas le servirían para pagar las múltiples deudas del reino.

Una avalancha de castellanos, flamencos y alemanes pidió licencia entonces para explotar las granjerías, como las denominaban. La Corona requería cada vez más aljófares a los agotados indígenas y firmaba sin cesar los permisos de explotación. “La apertura de las pesquerías a quienes obtuvieron la oportuna licencia para ello”, escribe Arveras, “incentivó una mayor e intensiva explotación de los naturales en estas labores. Del intercambio pacífico y voluntario de los primeros tiempos se fue pasando al abuso y a la esclavitud de los indios de diferentes latitudes, especialmente de los lucayos traídos de las Bahamas y de los cunamagotos de la costa próxima”. Estalló la rebelión.

En 1520, el capitán Ocampo organizó una armada “para pacificar la zona y dar un escarmiento a los alzados”. Lo logró. Pero un año después, arribó a la isla fray Bartolomé de las Casas en calidad de protector de los indígenas. Para ello, creó un asentamiento agrícola donde “prometía concordia con los naturales, intercambios pacíficos y evangelizaciones”. Como Ocampo pensaba que todo aquello era un inmenso error, le pidió al fraile que dirimieran sus disputas en la Audiencia de Santo Domingo. Y allí se fueron ambos. Cuando volvieron con la decisión de los magistrados, los indios habían matado a todos los pobladores que había traído el religioso. Más guerra.

En 1529, la Corona intervino. Prohibió taxativamente la esclavitud de los indios, “como súbditos de Castilla que eran”, y, mediante una cédula real, estableció “las temporadas en las que se podía pescar, las horas máximas de trabajo, el descanso, la comida y el buen tratamiento que debían recibir los naturales empleados en dicha actividad”. “La prohibición de la Corona de que no se esclavizara o abusara de los indios iba aplicándose paulatinamente, así que se precisaban otros miles de brazos que, como fuerza de trabajo, los sustituyeran”. Se esclavizó entonces a africanos para hacer el mismo trabajo, ya que estos no estaban protegidos por el rey.

Los indios, conocedores de su nueva situación, reclamaron al monarca, “como hombres libres y súbditos de la Corona”, recoger las perlas libremente “pagando el quinto como los demás señores de las canoas”. El monarca accedió y “mandó que no se les impidiera pescar ni hacerles agravio alguno”. Al final, explica Arveras, “el indio mejoraba su situación con el transcurso de las décadas, mientras el esclavo negro se convertía en pieza clave y casi exclusiva para la continuidad del negocio perlífero”.

“Para entonces, sobre todo en Cubagua, el mestizaje era ya una realidad y las parejas mixtas se multiplicaban. Como ocurrió siempre y desde el principio en las Indias, los españoles no tuvieron reparo alguno ni prejuicios raciales de ningún tipo a la hora de juntarse con las mujeres que habitaban los territorios que iban descubriendo y poblando. Los casos de amancebamiento y bigamia se produjeron en abundancia en aquellos primeros años, pese a los intentos de los religiosos y de las autoridades civiles de frenarlos”, se lee en el ensayo.

Pero la extracción sin límites de las ostras, entre europeos e indios, puso fin al negocio. Cabagua ya no ofrecía nada, ni tampoco la cercana y más grande Margarita, “que había quedado en una especie de letargo, alejada de aquella fiebre de las perlas sin ser lugar de residencia o asentamiento habitual de españoles”.

El 18 de marzo de 1525, el emperador Carlos concedió licencia al magistrado Marcelo de Villalobos para poblar Margarita con siete de condiciones. Entre ellas, que fundase un pueblo con “veinte vecinos casados y que tengan consigo a sus mujeres”, que llevase dos clérigos, que construyera una fortaleza y que le pagase el quinto real de todas las perlas que obtuviese “sin maltratar ni esclavizar a los indios”. Y entonces sucedió el milagro: se hallaron nuevos y abundantes ostrales en las aguas de la isla.

Pero la muerte repentina un año después de Villalobos, cambió todos los planes. “Es entonces cuando entra en escena con mucho mayor protagonismo su esposa, doña Isabel Manrique, la primera mujer fundamental en esta historia”, escribe Arveras. “Con dos hijas pequeñas, Aldonza, de apenas seis años, y Marcela, de tres, a Isabel le tocaba tomar las riendas de su casa, familia y hacienda en solitario, apretar los dientes y apelar al rey”.

Comienza así una historia familiar que continúa con el nombramiento de Aldonza como gobernadora de Margarita con solo siete años ―la primera mujer criolla gobernadora―, el paso de soldados solitarios por la isla buscando fortuna, la arribada de náufragos, ataques inhumanos del corsario John Hawkins, defensas heroicas de los poblados, prosperidad, hambre, muerte, vida… Y hasta el primer Bolívar que llegó a la actual Venezuela, Simón Bolívar, el Viejo, que en 1584 financió un invento subacuático francés, La tartana, que permitía extraer ostras a mayor velocidad. “Todos estos antepasados [del héroe nacional Simón Bolívar] ocuparon altos cargos en la administración colonial, en las milicias reales, y no descuidaron ampliar sus posesiones en tierras, minas y plantaciones, con abundante mano de obra esclava”, escribió el historiador uruguayo Nelson Martínez, según recoge el ensayo.

El féretro del libertador, nacido en Caracas el 24 de julio de 1783, descansa desde 2013 en un mausoleo junto al Panteón Nacional. “Su féretro está elaborado con madera de caoba y adornado por las célebres perlas de las costas e islas del Caribe venezolano. Las perlas de los Bolívar”, escribe Arveras. Es la historia de América encerrada en dos microcosmos insulares y un ataúd.

9 de mayo 2021

El País

https://elpais.com/babelia/2021-05-10/la-historia-de-america-contada-en-...

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Acceso a la Justicia

El Ministerio Público (MP) no ha tenido empacho en dar un giro de 180 grados en sonados casos de violaciones a los derechos humanos, en lo que parece ser una maniobra para hacer ver que se están procesando a los presuntos culpables de esas violaciones y así evitar que la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) abra una investigación formal por crímenes de lesa humanidad, contra altos funcionarios venezolanos.

Lo anterior no es un hecho aislado sino que se enmarca dentro de una estrategia global del oficialismo por presentar una imagen de colaboración con la CPI. Entre los elementos que sustentan esta afirmación están los siguientes hechos: nombramiento de Gladys Gutiérrez como nueva embajadora ante la Corte; publicación del decreto de reestructuración de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), ente en cuya estructura están las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), tan cuestionadas por diversos órganos internacionales de derechos humanos; y lectura de un comunicado por el fiscal general Tarek William Saab en una rueda de prensa el pasado 1° de mayo, en el que indicó que había enviado el día anterior un tercer grupo de documentación a la Fiscalía de la CPI informándole sobre el estado de los casos sobre los que esta formuló algunos requerimientos.

El fiscal se refirió al caso del concejal Fernando Albán, de quien en el pasado afirmó que se había suicidado estando bajo custodia; ahora aclaró que fue objeto de un homicidio culposo por sus custodios el 5 de octubre de 2018.

Lo expuesto no debe sorprender, pues forma parte de un engranaje para demostrar que en Venezuela se sanciona a los violadores de derechos humanos y se colabora con la Fiscalía de la CPI, lo cual es su obligación en virtud del Estatuto de Roma.

Sobre el caso de Albán, el funcionario dijo que «En su momento (el Ministerio Público) les imputó a los funcionarios implicados en este lamentable hecho el delito de quebrantamiento de normas de custodia». Sin embargo, después decidió rectificar y «solicitó la nulidad, por observar la violación de garantías fundamentales», así como una «orden de aprehensión contra los dos funcionarios que lo custodiaban por los delitos de homicidio culposo, quebrantamiento de normas de custodia, agavillamiento y favorecimiento de fuga del delito».

Esta declaración es diametralmente opuesta con lo que dijo el fiscal cinco días después del deceso de Albán, en una rueda de prensa en la que calificó de «montajes» y «medias verdades» a quienes sostenían que la muerte del opositor había sido provocada por sus captores:

«En horas del mediodía, al momento del almuerzo, Albán se levantó abruptamente de la mesa diciendo que quería ir al baño. Él aprovecha esa circunstancia y corre hacia una ventana panorámica que se encontraba en el pasillo del piso 10 de la sede del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), en Plaza Venezuela y se lanza al vacío».

Donde dije digo, ahora digo Diego

También hubo un cambio en el caso del estudiante universitario Juan Pablo Pernalete. «Este joven falleció al recibir un impacto con una bomba lacrimógena en el pecho. Aquí se logró la imputación de doce funcionarios (de la Guardia Nacional) por el delito de homicidio preterintencional con grado de complicidad correspectiva», dijo Saab, obviando que esto ya había sido demostrado por el MP durante la gestión de Luisa Ortega Díaz.

«Él fue impactado por un objeto como este. Esto lo impacta: esto es una bomba lacrimógena», dijo la ahora fiscal general en el exilio, menos de un mes después del deceso del joven.

Sin embargo, Saab no validó esa tesis. Así lo admitió el mismo en septiembre de 2017. ¿La razón? Porque la consideraba dudosa. «Descubrimos que el laboratorio criminalístico de la Fiscalía se usó para alterar pruebas, eso es grave, estamos en etapa de investigación, pero eso es sumamente grave», dijo en una entrevista a la agencia Efe. Casi cuatro años después parece reconocer que su antecesora tenía razón.

Aun así, los cambios de calificaciones de delitos no son suficientes para afirmar que en Venezuela hay justicia; además, en ninguno de esos casos se hace responsable a los mandos superiores sobre esos crímenes, como exige el Estatuto de Roma.

¿Por qué ahora?

Como indicamos, estos anuncios del Ministerio Público no son gratuitos. Al respecto, Ortega Díaz afirmó lo siguiente:

«Reconocer las violaciones a los derechos humanos en los asesinatos de Pernalete, Albán y Acosta Arévalo no busca hacer justicia, sino eximir a los máximos responsables señalados en el examen preliminar ante la CPI. Esto es una muestra de temor porque saben que serán juzgados».

Estas sospechas fueron corroboradas por el propio Saab, quien el pasado 1° de mayo afirmó:

«Hay que recordar que la CPI tiene un carácter complementario de las jurisdicciones penales nacionales de los países que son parte del Estatuto de Roma. En otras palabras, esta instancia interviene cuando los posibles casos que pueden ser de su competencia no han sido investigados, por el sistema de justicia de un Estado parte».

Según el fiscal, con el solo hecho de investigar un caso se impediría la acción de la CPI, pero ello no es así, pues el Estatuto de Roma determina en su artículo 17, numeral 2, que debe establecerse si tales investigaciones no se hacen bajo los siguientes supuestos, a saber: que la decisión judicial, de ser el caso, no se haya tomado, para sustraer al responsable de la acción de la justicia; que la investigación sufra una demora injustificada; o que el proceso no se haya sustanciado de una manera independiente e imparcial.

Es evidente que todos los supuestos antes descritos se aplican al caso venezolano, donde no se investiga ni a los máximos responsables ni a la cadena de mando, donde los juicios duran una eternidad y se califican de manera incorrecta delitos para favorecer a los responsables.

De ahí entonces que el fiscal afirmase que «ha quedado claro nuestro compromiso a investigar» las vulneraciones a los derechos humanos cometidas en el país, dejando entrever que el juzgado de La Haya no tiene por qué inmiscuirse. Y como prueba de ese compromiso aseguró que en los tres años y ocho meses que tiene en el MP 1.064 funcionarios y 136 civiles han sido acusados de violar derechos humanos, 540 funcionarios y 30 particulares han sido aprehendidos y se han logrado 133 condenas. Compárense estas cifras con los casos de violaciones de derechos humanos que ocurren cotidianamente en el país. A título de ejemplo, Provea denunció que solo en 2020 hubo 2.853 ejecuciones extrajudiciales en el país. ¿Hay o no impunidad?

El origen de los cambios sobre lo ocurrido en los casos mencionados parece ser que la Fiscalía de la CPI debe anunciar en breve si los presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos en el país desde 2014 y que fueron denunciados por diversas organizaciones no gubernamentales y por la Misión Internacional de Determinación de los Hechos sobre Venezuela del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, entre otros, serán llevados ante la Corte. De hecho, en noviembre pasado, el despacho de la jurista ghanesa Fatou Bensouda, dijo tener «una base razonable» para creer que en el país se han cometido crímenes de lesa humanidad.

Las maniobras de Saab no deberían repercutir en la decisión del tribunal internacional. ¿La razón? Las acciones del MP se han circunscrito a funcionarios de bajo nivel, a pesar de que la Misión de Determinación de Hechos constató que algunas de estas prácticas no se han podido cometer sin el conocimiento y la anuencia de los altos cargos.

El organismo señaló lo siguiente en su informe, publicado en septiembre de 2020:

«La Misión tiene motivos razonables para creer que tanto el Presidente como los Ministros del Interior y de Defensa, ordenaron o contribuyeron a la comisión de los crímenes documentados en el presente informe, y teniendo la autoridad efectiva para hacerlo, no adoptaron medidas de prevención y represión».

En ese sentido, el artículo 28 del Estatuto de Roma señala:

«Además de otras causales de responsabilidad penal de conformidad con el presente Estatuto por crímenes de la competencia de la Corte: El jefe militar o el que actúe efectivamente como jefe militar será penalmente responsable por los crímenes de la competencia de la Corte que hubieren sido cometidos por fuerzas bajo su mando y control efectivo, o su autoridad y control efectivo, según sea el caso, en razón de no haber ejercido un control apropiado sobre esas fuerzas».

Hablan las familias de las víctimas

El giro de Saab no fue bien recibido por los familiares de Albán, Pernalete ni del capitán Rafael Acosta Arévalo, otro caso en el que las autoridades se han desdicho de su posición original para admitir que fue una víctima de violaciones a los derechos humanos.

En un duro comunicado, los familiares del concejal Albán señalaron lo siguiente:

«Este 1 de mayo de 2021, Saab, cómplice y encubridor de los delitos de detención arbitraria, desaparición forzada, tortura y ejecución extrajudicial del concejal Fernando Albán, presentó en rueda de prensa nueva información sobre el caso; con la única intención de confundir a la opinión pública y pretender engañar a la Corte Penal Internacional; haciendo creer que se está averiguando y enjuiciando los crímenes cometidos contra Fernando Albán y otras víctimas de la dictadura».

Acusaron además al Ministerio Público de montar «un show mediático».

En términos similares se pronunciaron los padres de Juan Pablo Pernalete, quienes fustigaron los delitos imputados a los militares que habrían participado en la muerte de su hijo. Elvira de Pernalete, madre del estudiante, añadió:

«Hablan de complicidad, como si a nuestro hijo lo hubiese asesinado un tumulto, en un hecho aislado, cuando la verdad es que fue víctima de la acción sistemática del régimen de atentar contra la población civil, en el marco de la criminalización de las protestas».

Por su parte, la Alianza de Familiares y Víctimas de las Protestas Antigubernamentales de 2017 (Alfavic) reclamó de las autoridades una investigación seria y transparente de las más de 100 muertes registradas durante la ola de manifestaciones ocurridas en el país tras las sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia que anularon a la Asamblea Nacional controlada por la oposición.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

El giro de Saab parece ser otra demostración de cómo la justicia venezolana no es independiente y en lugar de proteger a los ciudadanos y repararles los daños cometidos por el Estado, sobre todo a las víctimas de crímenes atroces, actúa en función de velar por los gobernantes de turno. Pareciera que solamente busca evitar que funcionarios nacionales se conviertan en los primeros latinoamericanos en tener que rendir cuentas ante la CPI, organismo creado para castigar graves violaciones a los derechos humanos como el genocidio, la tortura, las detenciones arbitrarias, las desapariciones forzadas y la persecución.

La admisión de que Albán y Pernalete murieron por culpa de la actuación ilegal de funcionarios y de que los presuntos responsables serán castigados –aunque esto todavía no ocurre, pues en ningún caso existe una sentencia condenatoria– es un gesto importante pero insuficiente, porque no se trata de hechos aislados.

En Venezuela, desde hace años el Estado ejerce una política de ataque sistemático contra la población, en especial aquella que se opone al Gobierno, tal y como lo han denunciado organizaciones nacionales e internacionales. Esta situación deja en claro que hay otros responsables de estos crímenes que también deben terminar en el banquillo de los acusados.

11 de mayo 2021

https://accesoalajusticia.org/fiscal-se-desdice-en-sonados-casos-violaciones-dd-hh-para-evitar-cpi/

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David Barrado Navascués

La relación entre un mentor y su estudiante va mucho más lejos que el simple periodo de formación de unos pocos años. Es una unión intelectual que conecta con una tradición que se remonta, al menos en Occidente, hasta las primeras universidades.

Es, verdaderamente, una antorcha que se transmite de persona a persona durante generaciones, que ha sido esencial para la Revolución Científica y que ha beneficiado a la sociedad desde entonces.

Los primeros pasos formales se dieron entre los siglos XII y XIII y se fundamentaron en tres procesos: el redescubrimiento del clasicismo de la Antigüedad debido a la traducción sistemática de textos helenos y árabes, la fundación de las universidades y la aparición de pensadores que incorporaron el saber aristotélico, transformando el currículum heredado del Imperio Romano, que distinguía entre el trivium (gramática, dialéctica, retórica) y el quadrivium (aritmética, música, geometría, astronomía). La medicina, el derecho y la teología se consideraban disciplinas separadas.

Con anterioridad, algunas sedes episcopales habían albergado escuelas, pero surge entonces una cierta especialización: filosofía-teología en París u Oxford; derecho en Bolonia, Pavía o Rávena y medicina en Salerno.

Además, la fragmentación política del Norte de Italia y su desarrollo urbano favorecieron la aparición de escuelas comunales. Así, los estudios de derecho de Bolonia aparecieron en 1088, adquiriendo carta de naturaleza la Universidad en 1119; París, Oxford y Módena se fundaron en el siglo XII; Palencia, Cambridge, Salamanca, Montpellier, Padua, Nápoles y Toulouse, a comienzos del siglo XIII.

Independencia política y religiosa

Se trata de instituciones únicas, con estructura corporativa basada en el derecho romano, que proporcionó independencia respecto al poder político y religioso y el control del currículum académico.

El inicio del uso de la lógica moderna y de la filosofía natural puede situarse a partir del siglo XII con Hugo de St. Victor, John de Salisbury, Thierry de Chartres y Adelardo de Bath. Todos ellos desarrollaron una actitud racional y rechazaron el principio de autoridad.

La obra de Aristóteles jugó un papel esencial en este proceso y su influencia se inició a través de la Escuela de Traductores de Toledo y las enseñanzas de Alberto Magno y Tomás de Aquino.

El método escolástico (scholasticus en latín, σχολαστικός en griego), que posiblemente apareciera con Anselmo de Canterbury o Pedro Abelardo, y en cualquier caso en París, enfatizó el razonamiento dialéctico y consistió en comentarios y cuestiones centrados en los textos de Aristóteles: las disputatio ordinaria, que transcurrían generalmente una vez por semana, y las disputatio de quolibet, un verdadero torneo intelectual. Aristóteles y el escolasticismo dominaron el ámbito académico europeo hasta el siglo XVII.

Roger Bacon, ya en el siglo XIII, impulsó una nueva forma de conocimiento basado esencialmente en la experiencia y el pensamiento racional. Según él, “todas las ciencias están conectadas; se prestan mutuamente ayuda material como partes de un gran todo, cada uno haciendo su propio trabajo, no por sí solo, sino por las otras partes; a medida que el ojo guía el cuerpo y el pie lo sostiene y lo guía de un lugar a otro.”

Con el Renacimiento, el flujo de conocimiento procedente del Imperio Bizantino y la aparición de la imprenta impulsaron en Europa una verdadera eclosión intelectual.

Comprender el Universo

La autoridad de Aristóteles se vio afectada por una nueva actitud y una serie de descubrimientos que cuestionaron la cosmología aristotélica: el heliocentrismo de Copérnico, al publicar De revolutionibus en 1543; el cometa de 1577 y las estrellas novas de 1572 o 1604, estudiados por Tycho Brahe, Jerónimo Muñoz o Johannes Kepler, entre otros, que demostraban que las esferas celestes no podían ser cristalinas ni el cielo era inmutable. También el rechazo de Kepler a las órbitas circulares de los planetas o los descubrimientos realizados por Galileo Galilei con el telescopio.

Finalmente, la cosmología de Aristóteles sería sustituida por la concepción del Universo asentada en la Ley de la Gravitación de Isaac Newton. Desde entonces, nuestra capacidad para entender nuestro Universo y todo lo que ocurre en él se ha acelerado.

La luz del camino

La Universidad ha sido y es un lugar esencial para la ampliación del conocimiento, la formación de ciudadanos integrales y de nuevas generaciones de intelectuales, en el sentido más amplio. De hecho, para cada miembro de la comunidad académica existe una secuencia formada por eslabones entre mentores y estudiantes que lo une con una serie de eruditos del pasado.

Cuando hablamos de la antorcha del conocimiento que se trasmite de generación en generación, no es solo una metáfora ilustrativa.

Es una luz que ilumina el sendero de las sociedades, un complicado y delicado proceso que ha implicado a múltiples hombres y mujeres. Un proceso que, con sus defectos, nos ha beneficiado a todos y ha contribuido de manera esencial al bienestar en el que vivimos.

Como corolario, y pensando en el futuro de esa cadena que se extiende en el tiempo, es nuestra responsabilidad transmitir y aumentar ese extraordinario legado cultural. Programas de intercambio transnacionales como el Erasmus o el Fulbright siguen siendo esenciales en este proceso de formación, creación y transmisión de conocimiento.

Profesor de Investigación Astrofísica, Centro de Astrobiología (INTA-CSIC)

9 de mayo 2021

The Conversation

https://theconversation.com/la-apasionante-historia-de-la-universidad-as...

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François Dubet

En La época de las pasiones tristes, François Dubet dialoga con el clima de estos tiempos y con varias de las transformaciones en marcha. Una de ellas se vincula con el debilitamiento del régimen y las identidades de clase, así como con la forma de leer las desigualdades. En no pocos aspectos, esta coyuntura histórica recuerda la de la primera mitad del siglo XIX, cuando surgían nuevas desigualdades al tiempo que se agotaba la sociedad del Antiguo Régimen.

¿El fin de la sociedad de clases?

Las revoluciones democráticas e industriales inauguraron un nuevo régimen de desigualdades, el de las clases sociales, nacido del encuentro de dos grandes revoluciones. La «providencia democrática» instaura la igualdad y la libertad de todos. La abolición de las barreras estamentales hace que los individuos ya no tengan impedimentos para cambiar de posición en la escala de las desigualdades, el prestigio y el poder. Pero si la destrucción del régimen estamental redunda en una sociedad integrada por individuos libres e iguales, una sociedad fundada sobre la voluntad general y el contrato –no sobre la tradición y lo sagrado–, esa revolución es ante todo política. No inaugura por sí sola un nuevo régimen de desigualdades. Sigue habiendo ricos y pobres, rentistas y trabajadores, campesinos, artesanos, comerciantes y burgueses, propietarios y proletarios, pero no es aún una sociedad de clases.

Para eso, hace falta que, en el marco democrático, se instale un nuevo tipo de economía, un nuevo modo de producción: el de la Revolución Industrial. El régimen de clases sociales se construye en torno de una formación de una clase obrera miserable y el surgimiento de una clase de industriales capitalistas. Como ya nadie se define esencialmente por su nacimiento y su rango, la posición en la división del trabajo se torna central. Y es aún más esencial porque las desigualdades siguen siendo extremadamente fuertes, a la vez que se despliegan en un marco político y moral que afirma la igualdad de todos. Está claro que, en el apogeo del desarrollo industrial en Europa occidental, la mayoría de la población no pertenece ni a la clase obrera ni a la de los capitalistas. Si bien Marx destacaba el preeminente e ineluctable enfrentamiento entre proletarios y capitalistas, no dejaba de enumerar una docena de clases en Las luchas de clases en Francia. Más adelante, Max Weber trazaría una distinción entre las clases, definidas por las relaciones de producción, y los grupos, definidos por el poder y el prestigio; pero, a su juicio, el régimen de clases sería el de las sociedades industriales.

Este régimen de desigualdades es moderno en más de un concepto. En él las posiciones sociales se definen por el trabajo, la creatividad humana, y no por la tradición y el orden teológico-político. También es moderno porque, si bien las desigualdades de clases chocan con el principio democrático de la igualdad de los individuos, no se eliminan. Se las impugna en nombre de la igualdad democrática. Las clases sociales nacen pues del encuentro contradictorio entre la igualdad democrática y la división del trabajo capitalista. Más aún, son la expresión del conflicto entre esas dos dimensiones. Por este motivo, el régimen de clases va más allá de las fábricas y las grandes concentraciones industriales. Las clases sociales se convierten en «hechos sociales totales», un «concepto total», en términos de Raymond Aron. El régimen de clases es una manera de leer las desigualdades sociales, porque la sumatoria de las clases da un conjunto. Las posiciones en las relaciones de producción determinan los ingresos, los modos de vida, los vínculos con la cultura, las representaciones de la vida social y la oposición entre «nosotros» y «ellos». En ese sentido, no hay clases sin conciencia de clase, sin la articulación de una entidad para sí y una oposición a la clase dominante.

El postulado de una sobre determinación de las actitudes, las conductas y las representaciones por la posición de clase adquiere una consistencia tal que, durante un largo periodo, los sociólogos procurarían poner en relación posiciones sociales objetivas con actitudes subjetivas, a fin de «verificar» la existencia de las clases sociales. En Francia, esta manera de comprender las desigualdades se encarnó en Pierre Bourdieu, para quien el capital económico determina «en última instancia» las otras formas de capital.

Combates por la igualdad

El régimen de clases parece aún más robusto porque terminó por estructurar la representación política. Tras la oposición entre conservadores y liberales, clericales y modernos, monárquicos y republicanos, todos ellos definidos por su relación con el Antiguo Régimen, la representación política se construyó alrededor de los conflictos de clase, alrededor de la oposición entre los representantes de los trabajadores y los de la burguesía. En todas partes se establecieron izquierdas y derechas que supuestamente representaban clases, sus intereses y su visión del mundo1. En todas partes parecía que los obreros y sus aliados votaban a la izquierda y que la burguesía y sus aliados votaban a la derecha.

En la sociedad industrial, el régimen de clases sociales tuvo su expresión en movimientos sociales y sindicatos orientados hacia un modelo de justicia social que apuntaba a reducir las desigualdades entre las posiciones sociales, por medio de los derechos sociales, el Estado de Bienestar, los servicios públicos y las transferencias sociales. Ese modelo de justicia invitaba menos a desarrollar la movilidad social en nombre de la igualdad de oportunidades que a reducir las desigualdades entre las posiciones sociales y entre los lugares ocupados por los individuos en la división del trabajo2.

Si la movilidad social se desarrollaba, era porque la igualdad social ganaba terreno, pero la movilidad no era el primer objetivo de la justicia. El combate por la igualdad social era legítimo porque se tenía a los individuos por fundamentalmente iguales, pero también porque la sociedad debía devolver a los trabajadores una parte de las riquezas producidas, de las que la explotación capitalista los había despojado.

Los derechos sociales fueron ante todo los de los trabajadores y sus familias, protegidos contra los efectos de la enfermedad y el desempleo, y que, en nombre de su trabajo, conquistaban un derecho a la salud, el descanso y la jubilación. En la sociedad salarial, los derechos de los trabajadores se convirtieron progresivamente en derechos sociales universales3. Gracias a la acción de los partidos y sindicatos, y bajo el efecto de las huelgas y movilizaciones, las desigualdades se redujeron de manera notoria, sobre todo cuando el crecimiento permitió transferir riquezas hacia los trabajadores y los más pobres sin que la situación de los ricos se degradara. En definitiva, en el siglo xx las desigualdades sociales se redujeron porque eran ante todo desigualdades de clase.

Tanto más allá de la tradición marxista, la lectura de las desigualdades sociales en términos de clase terminó por imponerse. ¿Cuáles eran las dimensiones de clase del Estado, la educación, la cultura, los esparcimientos, el consumo? No era cuestión de solo trazar una correlación entre posiciones de clase, prácticas y representaciones colectivas, sino de mostrar cómo contribuían esas prácticas (y las instituciones) a la formación y la reproducción de un orden que desbordaba con mucho las fábricas y los consejos de administración.

Cuando este tipo de análisis predominaba en Francia, en las décadas de 1960 y 1970, las clases sociales funcionaban como un explicandum y un explicans, a la vez aquello que hay que explicar y lo que explica lo que hay que explicar: las clases explican las conductas y las conciencias de clase que, a su vez, explican las clases. El influjo de esta representación era tan poderoso que las otras desigualdades quedaban en un segundo plano y terminaban incluso por desaparecer en beneficio exclusivo de la desigualdad que importaba, la desigualdad de clase. Los migrantes se veían menos como desarraigados discriminados que como trabajadores super explotados; las desigualdades impuestas a las mujeres eran las de las trabajadoras y las esposas de trabajadores, y parecía darse por descontado que su igualdad pasaría solo por el trabajo.

En cierta medida, las clases sociales podían considerarse instituciones a las cuales se acoplaban representaciones de la sociedad, identidades y significaciones comunes. Suscitaban un orgullo en los individuos víctimas de las desigualdades, atribuían causas a las injusticias sufridas, escribían relatos colectivos, proponían utopías y memorias de combates. En el régimen de clases, las pruebas individuales estaban inscriptas en apuestas colectivas, en cierto sentido, anónimas. Para que esas «instituciones imaginarias» funcionaran, se convirtieron en «realidades» por acción de las asociaciones, los sindicatos, los representantes locales electos, los suburbios con alcaldes «rojos» (como sucedía en la periferia parisina), los movimientos de educación popular, los movimientos deportivos, etc. En la Europa industrial, las desigualdades de clase se cristalizaban en mundos sociales dominados y explotados, pero mundos que ofrecían a los individuos dignidad y capacidades de resistencia.

De los explotados a los inútiles

La cuestión no es saber si hay clases sociales. Sigue habiéndolas, sobre todo clases dirigentes que tienen una fuerte conciencia de sí mismas, de sus intereses y de su identificación con las «leyes» de la economía liberal. Lo que se nos plantea es saber si el régimen de clases sigue estructurando las desigualdades sociales y si enmarca las representaciones e identidades de los actores.

La situación actual, paradójica, lo es más por el hecho de que se caracteriza a la vez por la profundización de las desigualdades y el declive del régimen de clases. En no pocos aspectos, esta coyuntura histórica no deja de recordar la de la primera mitad del siglo xix, época en que surgían nuevas desigualdades al tiempo que se agotaba la sociedad del Antiguo Régimen. La cuestión social era la del pauperismo y las clases peligrosas, pero no todavía la de la «clase» obrera.

El agotamiento del régimen de clases es una de las consecuencias de las mutaciones del capitalismo mundial. Las sociedades industriales capitalistas se habían formado dentro de sociedades nacionales (más exactamente, dentro de sociedades nacionalizadas, protegidas por fronteras y derechos aduaneros y dirigidas por Estados soberanos que imponían culturas nacionales), pero la globalización cambió las cosas. Las clases obreras europeas y estadounidenses están ahora sometidas a la competencia de los trabajadores de los países emergentes, peor pagados e igualmente calificados, mientras que las antiguas burguesías industriales se han convertido en potencias financieras. En vez de la idea de un proceso de globalización homogénea, puede preferirse la noción de «capitalismo inconexo», uno caracterizado por la separación y la tensión entre las diferentes esferas de la actividad económica, los mercados financieros, la gobernabilidad de las empresas, los lugares de producción y el consumo.

Si bien la clase obrera nunca tuvo la unidad que se le atribuye, en gran medida el trabajo obrero se transformó con el sistema de producción «justo a tiempo», las relaciones directas con los clientes, las tecnologías inteligentes y la multiplicación de los estatus, mientras que en sectores enteros, como la construcción y las obras públicas, aún predomina la movilización de la fuerza física. Poco a poco la producción industrial deja de lado el taylorismo en beneficio del lean management, pero los empleos de servicios, por su parte, están cada vez más taylorizados. En promedio, actualmente los empleados ganan menos que los obreros.

En las grandes empresas, la relación social industrial cambió de índole. Si en épocas pasadas el propietario también era el jefe, presente en su fábrica y su castillo, como los maestros de herrerías, hoy el jefe ya no es necesariamente el propietario. Cuando las empresas cierran, ya no es inusual que se embargue a los ejecutivos para que el propietario, a menudo un grupo financiero, se dé a conocer y se manifieste. Las «formas particulares de empleo» (designación eufemística para los contratos de duración determinada y los de interinato) pasaron en Francia de 3,4% en 1983 a 10,5% en 1998 y a 12% en 2012. Con la «uberización» de las actividades aparecen trabajadores autónomos, dependientes de un único cliente o de la plataforma que les envía clientes, y clientes conminados a juzgar la calidad del servicio prestado. Los cuentapropistas son más pobres y frágiles que los obreros. ¿Cómo situar a esos «independientes dependientes» en una estructura de clases?

En definitiva, se yuxtaponen varios sistemas productivos. Unos participan directamente en la globalización de los intercambios y el desarrollo de las tecnologías de punta, mientras que otros permanecen en mercados nacionales y nichos locales. Una parte de los trabajadores, importante en Francia, se desempeña en los servicios públicos, donde, si bien estos están protegidos, sufren como los demás las nuevas formas de gerenciamiento. El personal de salud de los hospitales públicos está bajo ese sistema, tal como sucede con los obreros, aunque esto no enriquece a nadie. Por último, una parte creciente de la población se enfrenta al desempleo, la precariedad del trabajo ocasional y el trabajo informal, cuando no está por completo excluida4. Hoy en día, los más pobres son «sin clase» o underclass. No son tanto explotados como relegados, «inútiles».

La salida del régimen de clases

Incluso si se piensa que las clases siguen existiendo, el sistema de clases estalla. La misma clase social se difracta en una serie de mercados económicos y mercados laborales. La vieja división entre los obreros no calificados y los obreros profesionales es sustituida por un estallido de las calificaciones y los estatus: lo que constituía la unidad de la clase obrera parece cada vez más incierto.

No mucho tiempo atrás, los sociólogos buscaban las desigualdades «detrás» de las clases sociales; en cambio, ahora algunos de ellos buscan las clases sociales, principios de unidad, «detrás» de las desigualdades. Así como antes hablábamos de clases sociales, estructura, explotación y estratificación funcional, hoy en día hablamos de desigualdades, en plural. Los trabajos sobre las desigualdades han tenido un crecimiento explosivo en Francia y todos los demás países5. Se han multiplicado porque las antiguas clases sociales ya no pueden definirse por la sumatoria más o menos estable de desigualdades. Se puede ser obrero y haber estudiado hasta pasados los 20 años, ser el compañero de una empleada, vivir y consumir como las clases medias, o bien provenir de un país pobre, tener un empleo agotador y precario, residir en un barrio de «viviendas sociales» de los suburbios o vivir en un barrio considerado como un «gueto».

Esta dispersión de las condiciones de vida se acentúa debido a lo que Olivier Galland llama «desestandarización de las trayectorias». La trayectoria típica –estudios, trabajo, matrimonio, trabajo, jubilación– sufre en gran medida un cambio radical a causa del largo periodo de espera hasta conseguir un empleo estable, las idas y vueltas entre el empleo, el desempleo y los estudios, la formación tardía de la pareja, las separaciones, los nuevos matrimonios y las familias ensambladas, las largas jubilaciones y la prolongada vejez. Ahora bien, todas esas trayectorias biográficas son factores considerables de desigualdad; para convencerse, basta con ver la proporción de familias monoparentales entre los pobres.

El estallido del régimen de clases abre el espacio de las desigualdades a la multiplicación de los grupos; de estos, ninguno puede definirse verdaderamente como una clase social. A la dualidad de proletarios y capitalistas y la tripartición de las clases altas, medias y bajas, se han sumado nuevos grupos: los ejecutivos y los creativos6, los cosmopolitas móviles y los locales inmóviles, los incluidos y los excluidos, los estables y los precarizados, los urbanos y los rurales, las clases populares y la underclass, etc. A esas dicotomías, definidas más a menudo por la relación con el cambio que por una posición jerárquica, conviene sumar la distinción cada vez más predominante entre los nacionales y los migrantes, los mayoritarios y los minoritarios, las edades y las generaciones, los hombres y las mujeres.

Ahora bien, todas estas distinciones afectan directamente el régimen de clases sociales. Por ejemplo, los trabajadores inmigrantes con vocación de ser trabajadores «como los demás» son gradualmente percibidos como minorías. Cuantas más minorías hay en las sociedades (o, en todo caso, cuanto más se ven), más restrictivas y reservadas a los semejantes son las solidaridades y más fuertes parecerían ser las desigualdades sociales7.

Clases populares, en plural

El tema de la sociedad de consumo parece haber pasado de moda. Sin embargo, pese a que el consumo masivo, como tal, no ha reducido las desigualdades, sí ha afectado profundamente las barreras entre las clases. Para valerme de las palabras de Edmond Goblot, los «niveles» han sucedido a las «barreras». Antes unos estaban privados de los bienes de los cuales otros disponían –automóviles, electrodomésticos, televisores, vacaciones–; en cambio, desde la década de 1960 todos o casi todos acceden a ellos.

Esto no engendra una vasta clase media informe y homogénea, porque una jerarquía fina de niveles de consumo sustituye a las viejas barreras de clase. Se distinguen menos los hogares con automóvil y los hogares sin automóvil que los modelos, precios y sus categorías. Se distinguen menos quienes salen de vacaciones y quienes no salen que quienes acampan en sitios agrestes y quienes esquían o tienen una casa a orillas del mar.

Si bien esta gradación socava las barreras de clase y favorece la homogeneidad de los modos de vida, exacerba los procesos de distinción, cuando la posición social se expone sin cesar a través del consumo. Las clases altas buscan continuamente los signos de su distinción, mientras que las clases bajas tratan de apropiárselos. Así, como bien saben todos los «creativos» del negocio de la publicidad, lo que ayer era «distinguido» hoy se torna «vulgar», no bien las categorías inferiores se lo apropian. Con esos procesos, las desigualdades cambian de índole: ya no marcan una oposición entre «nosotros» y «ellos», sino que se distribuyen a lo largo de una escala fina y sutil del prestigio asociado al consumo. Una escala que atraviesa las propias clases sociales, porque cada uno debe distinguirse tanto de su vecino como de los miembros de otra clase. Las clases populares, en plural, reemplazan a la clase obrera en singular8.

Se puede observar el mismo mecanismo en ámbitos a priori alejados del consumo. Si el mundo juvenil de las décadas de 1950 y 1960 estaba tenazmente escindido entre una juventud que trabajaba al final de los estudios obligatorios y una juventud que proseguía sus estudios en el lycée o la universidad, la masificación escolar trasladó las desigualdades al seno mismo de la escuela. Hoy en día, casi 80% de los jóvenes de 20 años está escolarizado, pero las desigualdades oponen los establecimientos escolares, las especializaciones, las formaciones elegidas, las lenguas estudiadas: sin excepción, estos elementos disfrutan de un prestigio bien consolidado. Tal como en el consumo, la masificación puede exacerbar el sentimiento de desigualdad, porque uno no se compara con quienes están más alejados, sino con quienes están relativamente cerca.

Para retomar las palabras de Edgar Morin, constataremos que el consumo de masas desencadenó un «cracking cultural». Donde había moléculas sociales integradas –las clases–, reveló una multitud de átomos cada vez más pequeños. En otros términos, el consumo multiplicó los públicos, sin que estos abarquen posiciones de clase: los jóvenes, los no tan jóvenes, los urbanos, los rurales, los aficionados al fútbol, los aficionados a la música, etc. Y dentro de esos públicos, en especial, se multiplican las tribus y subtribus en función de sus esparcimientos, sus gustos y sus estilos. Basta con observar a un grupo de estudiantes secundarios para calibrar la tiranía de las marcas y los looks, el peso del conformismo y la expansión de las tribus juveniles. De igual manera, cuando las pantallas, las redes y los canales se multiplican, los públicos proliferan y, en gran medida, se individualizan, ya que cada cual compone su propio programa en afinidad con quienes le son cercanos.

Así, la teoría misma de la distinción cae en el descrédito. Si bien Bourdieu postuló que la escala de los gustos culturales era isomorfa con las jerarquías sociales, la sociología del consumo actual pone en evidencia lógicas «omnívoras». Los individuos componen sus propios gustos con préstamos de los diversos registros de la cultura: a alguien pueden gustarle a la vez la ópera, el rap, el fútbol y los reality shows. ¡Y lo chic que puede ser! Por eso, se busca una distinción respecto de una categoría social inferior, a la vez que se afirma una singularidad con respecto a la escala convencional de las distinciones.

Nota: este artículo es un fragmento del libro La época de las pasiones tristes. De cómo este mundo desigual lleva a la frustración y el resentimiento, y desalienta la lucha por una sociedad mejor (Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2020).

  1. Estados Unidos escapa a esta tendencia en razón de una industrialización tardía, pero más aún porque, en una sociedad de inmigración, la tensión entre los grupos ya instalados y los recién llegados desplaza la brecha entre clases hacia las comunidades.
  2. F. Dubet: Repensar la justicia social. Contra el mito de la igualdad de oportunidades, Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2011.
  3. Robert Castel: Las metam\\orfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado, Paidós, Buenos Aires, 1997.
  4. Robert Reich: El trabajo de las naciones, Javier Vergara, Buenos Aires, 1993.
  5. O. Galland y Yannick Lemel: Sociologie des inégalités, Armand Colin, París, 2018; Jan Pakulski y Malcolm Waters: The Death of Class, Sage, Londres, 1996
  6. Luc Boltanski: Les cadres. La formation d’un groupe social, Minuit, París, 1982; Richard L. Florida: La clase creativa. La transformación de la cultura del trabajo y el ocio en el siglo XXI, Paidós, Madrid, 2010.
  7. Robert D. Putnam: «E Pluribus Unum. Diversity and Community in the Twenty-First Century. The 2006 Johan Skytte Prize Lecture» en Scandinavian Political Studies vol. 30 No 2, 6/2007.
  8. Yasmine Siblot, Marie Cartier, Isabelle Coutant, Olivier Masclet y Nicolas Renahy: Sociologie des classes populaires contemporaines, Armand Colin, París, 2015

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad 292, Marzo - Abril 2021, ISSN: 0251-3552

https://nuso.org/articulo/el-fin-de-la-sociedad-de-clases/

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Eddie A. Ramírez S.

¿Qué ha cambiado con el cuestionado CNE y con las declaraciones de Capriles, de Aveledo y de varios portavoces de gobiernos democráticos? ¿Cambió la situación política? ¿Fue un paso atrás, hacia la democracia, hacia el abismo o un pasito tun tun, es decir pa´ca y pa´lla?

El CNE: Sin duda el CNE fue nombrado por un grupo de ciudadanos a los que no reconocemos como diputados. Además, varios de ellos no cumplen con lo establecido en la Constitución. Sin embargo, algunos compatriotas, demócratas bien intencionados, consideran que es preferible explorar si con este CNE es posible iniciar una salida no traumática. A veces hay que tragar grueso para evitar males mayores.

Está claro que las elecciones regionales no resuelven nuestros problemas. También que Márquez y Picón estarán en minoría, con voz, pero sin que su voto cuente en las instancias del CNE. Desde que el chavismo-madurismo está en el poder ha controlado al CNE y este ha permitido trampas, entre ellas la instalación de mesas de votación clandestinas y el abuso del voto asistido. La trampa no está en las máquinas, sino cuando estas se dejan sin testigos y se extienden las horas de votación. El Registro Electoral no es confiable, pero no es allí donde está la trampa decisiva. Los militares del Plan República a veces han interferido en la votación, pero han sido casos aislados. A pesar de lo señalado, es preferible contar con dos rectores no afectos al régimen, que quizá no puedan impedir las trampas, pero que sí pueden denunciarlas. Descalificarlos es injusto y torpe. Habrá que esperar su actuación, que ojalá no sea timorata.

Capriles y otros voceros: Enrique Capriles reconoció a este CNE, considerándolo “un primer paso indispensable para abrir camino de cara a la democracia”. Añadió que “es una forma de empezar a abrir caminos… los cambios requieren mucho más que un árbitro electoral con contrapeso, pero esta es una oportunidad que ocurre en medio de una crisis política que permanece estancada". Capriles no es un colaboracionista. Su pecado es distanciarse del resto de la dirigencia opositora, con lo que debilita las negociaciones que esperamos continúen. Quiere volver a la palestra para ganar los puntos que ha perdido.

Citamos también a Ramón Guillermo Aveledo porque es un político de trayectoria impecable. Al respecto declaró que “el nuevo CNE abre una rendija de esperanza”, agregando que no está rebozando de optimismo, pero cree es un pequeño paso importante. Añadió que “hay que resolver otros puntos y que los estándares internacionales son muy claros para que haya elecciones libres, competitivas y justas”.

Varios voceros internacionales democráticos han saludado la designación del CNE, pero también han recalcado que eso no es suficiente, mencionando la necesidad de un Poder Judicial independiente, la necesidad de observación internacional y que “un CNE escasamente más equilibrado no sustituye a un proceso integral que conduzca a elecciones presidenciales y parlamentarias”.

Plataforma Unitaria Venezolana: Esta Plataforma, al frente de la cual está el presidente Guaidó, e integrada por 38 partidos políticos, manifestó que “Reiteramos que, ante la gravísima tragedia humanitaria y el sufrimiento del pueblo venezolano, la verdadera solución de fondo, consiste en construir un Acuerdo Político, Social y Humanitario que sea producto de una negociación integral con facilitación y mediación internacional. No debe imponerse unilateralmente al árbitro electoral. El CNE, así como el resto de las condiciones electorales, deben acordarse para que todos podamos tener elecciones libres, justas y competitivas”.

Situación política: No es la misma que hace algunos meses. El apoyo internacional pareciera haberse entibiado, las sanciones no han surtido todo el efecto deseado, aunque es evidente que Maduro se ha debilitado y pudiese estar dispuesto a ceder en algunos puntos. La oposición ha perdido cohesión. Los activistas de los partidos están deseosos de lograr una cuota del poder regional. Sin ese poder difícilmente podrán subsistir y los partidos se debilitarán aún más. No es lo mismo una elección parlamentaria que una regional. La población de los estados y municipios seguramente preferirá gobernadores y alcaldes que no sean rojos. Desde luego que el régimen hará lo posible por no reconocer a las autoridades electas de la oposición, como hizo con Andrés Velásquez y Guanipa, a través del sumiso TSJ, y en otros casos impondrá los llamados Protectores Por otra parte, hay que considerar que nos expresamos masivamente en la reciente Consulta Popular, exigiendo el cese de la usurpación de Maduro ¿Podrán los que decidan participar convencer a sus electores de acudir a las urnas?

Personalmente preferiría una intervención de la Fuerza Armada en respaldo a la Constitución. Descarto ese temor de algunos del peligro de que se queden con el coroto. Sus integrantes están conscientes de que están desprestigiados y que la comunidad internacional y los venezolanos no aceptaríamos otra dictadura. Ojalá se produjera un 18 de octubre de 1945 o un 23 de enero de 1958, pero como eso no depende de nosotros, no queda sino apostar a otras opciones. Por lo pronto, pareciera que lo prudente es no descalificar a los dos demócratas designados rectores del CNE, presionar por un frente unitario al que se incorporen Capriles, María Corina y Ledezma y que continúen las negociaciones para lograr mejores condiciones. Si se consiguen, y a falta de otras opciones reales, quizá lo procedente sería votar, a sabiendas de que solo la salida de Maduro y sus acólitos permitirá la recuperación del país y el establecimiento de la democracia.

Demos tiempo al tiempo y confiemos que la presión internacional y la unidad obligue a Maduro a ceder. Por ahora, ni remotamente hemos dado un paso como el de Neil Amstrong, sino más bien un pasito tun tun o como el de la canción del mexicano Bruno de Jesús: dos pasitos para un lado, uno para adelante y otro para atrás. Pero hay que perseverar.

Como (había) en botica: Maduro es directamente responsable por la muerte de cientos de venezolanos por falta de vacunas y de servicios hospitalarios adecuados. También por la escasez de combustibles, medicamentos y otros productos.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

11 de mayo 2021

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