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Opinión

CIUDAD DE MÉXICO — Ante las recientes protestas que han sacudido a Chile, surgió con rapidez una corriente de pronunciamiento público a favor de las libertades y en contra de la represión. Varios escritores e intelectuales sumaron sus voces, en las redes sociales y a través de remitidos, para exigir que los militares no ocuparan las calles. Fue un mensaje de alerta dirigido directamente al gobierno de Sebastián Piñera, la activación de una vigilancia internacional en contra de cualquier intento de ejercicio de fuerza por parte del poder.

Este tipo de respuesta inmediata es excelente y necesaria, pero, también, destapa de manera involuntaria algunas preguntas: ¿por qué, ante otros acontecimientos similares en nuestro continente, no hubo la misma instantánea reacción? ¿Es acaso distinta la violencia que puede ejercer el gobierno de Chile a la violencia que han ejercido, en estos mismos años, los gobiernos de Venezuela o de Nicaragua? Es llamativo que entre nosotros siga funcionando la idea de la izquierda y de la derecha como doctrinas absolutas, como argumentos tajantes capaces de condenar o de legitimar indistintamente un mismo hecho.

En una Latinoamérica cada vez más diversa y complicada, hay también una polarización creciente, empeñada en que el antagonismo entre la izquierda y la derecha sea una ecuación mágico-religiosa. Creo que este funcionamiento se debe a que, precisamente, han ido perdiendo su condición de ideologías. Su contenido esencial es la emoción. Se desarrollan como identidades afectivas, sin posibilidad de discernimiento. Existen para luchar contra el mal. Y así terminan desfigurándose. Pierden incluso su capacidad narrativa. Solo son melodramas.

Sostiene Rafael Rojas que la Guerra Fría sigue siendo una “reserva simbólica inagotable” en la América Latina del siglo XXI. Pero —como también señala asertivamente el académico cubano— estos “imaginarios” adquieren formas cada vez más simples. La polarización ha ido reduciendo cualquier debate a la mínima dimensión de un espectáculo. El absurdo de Jair Bolsonaro, quien decide no felicitar al presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, y desconoce así a la democracia legítima de un país, es tan patético como el cinismo de Nicolás Maduro, quien después de haber ordenado y dirigido una represión salvaje en contra del pueblo venezolano, denuncia la violación de los derechos humanos de los ciudadanos manifiestan en Chile. Ninguno de los dos encarna o expresa modelos políticos en pugna sino, por el contrario, ambos representan la perversión y la mediocridad de un proceso histórico que se ha quedado sin política.

A medida que las democracias de la región se vuelven cada vez más precarias, y que sus posibles escenarios de solución parecen cada vez más lejanos, el debate parece también ser cada vez más esquemático y emocional. La fórmula es simple y opera con la misma ciega eficacia en ambos bandos. Basta con invocar la pobreza y acusar al imperialismo estadounidense. Basta con invocar la libertad y acusar al castrocomunismo. A partir de la aceptación de estos presupuestos, no se requiere discernir más. Lo único que hace falta es fervor.

De pronto, comenzamos a ser una versión trágica del Superagente 86, aquella serie icónica creada por Mel Brooks que se burlaba de los estereotipos de la Guerra Fría. Pensar que el Grupo de Puebla —un grupo de líderes latinoamericanos de izquierda— es una eficiente mafia dedicada a la conspiración internacional y que el expresidente colombiano Álvaro Uribe es un paladín de las libertades puede ser cómodo, pero, sin duda, reduce la crisis actual a los estereotipos maniqueos de la Guerra Fría. No da cuenta de toda la enorme complejidad de nuestras realidades.

Y por supuesto que en esta enorme complejidad están también todos estos elementos. Está el imperialismo estadounidense y está también la eterna práctica expansionista y parasitaria de la Revolución cubana. Pero no son los únicos ejes que ordenan lo que sucede en el continente. No son los dogmas irrebatibles con los que solamente se puede analizar y entender lo que está ocurriendo. Menos aún en su versión más pobre, en el melodrama que exige creer que a la historia solo la mueven los villanos desgraciados o los héroes bondadosos. Esta simplificación general de la forma de mirar y de pensar lo real es otro síntoma más de nuestra fragilidad: ciudadanías sin discernimiento. Convidadas a ver y a vivir el poder como un asunto sentimental.

No deja de ser paradójico que todo esto, encima, siga teniendo la pretensión de ser un enfrentamiento ideológico. La propuesta de que estamos, nuevamente, en medio de la lucha entre dos modelos antagónicos solo es un ejercicio de distracción, una maniobra teatral para la supervivencia de algunas élites. El caso de Odebrecht —la constructora brasileña que pagó sobornos a decenas de gobiernos por todo el continente— debería ser suficiente para deshacer ese espejismo. Dice Martín Caparrós que “la corrupción es una ideología”. Es más que una actividad aislada y eventual. Responde a un plan articulado, a una noción de la política y de la riqueza. Supone una propia concepción del mundo y de la relación con los demás. En el fondo, detrás de la polarización, detrás de la efusión de revoluciones y contrarrevoluciones, Odebrecht es realmente el último gran proyecto ideológico de Latinoamérica. Un programa continental que convirtió la mordida en una definición más determinante que el socialismo o el neoliberarismo.

4 de noviembre 2019

New York Times

https://www.nytimes.com/es/2019/11/04/espanol/opinion/protestas-chile-ve...

 4 min


Javier Toro

Una charla con B. Guy Peters

¿Qué es la gobernanza? ¿Por qué es importante?

La gobernanza proviene de una palabra griega que significa dirigir. La noción es que gobernar es esencialmente dirigir la economía y la sociedad hacia algunos supuestos objetivos colectivos. Lo ideal sería que esos objetivos se establecieran de forma democrática. Sin embargo, independientemente de cómo esos objetivos se establezcan, la cuestión principal en la gobernanza está en tener la capacidad de alcanzar esos objetivos. Esto es importante porque es así cómo nos ocupamos de los problemas colectivos que los individuos y el sistema económico no pueden resolver adecuadamente. La gobernanza, por lo tanto, comprende algún tipo de sistema de gobierno para hacer frente a esos problemas. El sistema de gobierno podría no ser perfecto, pero al menos establece algunos mecanismos para tratar de alcanzar esos objetivos colectivos.

¿Existe un sentido unificado del papel que el Estado debe desempeñar en gobernar? ¿Qué papeles ha desempeñado el Estado en todo el mundo a lo largo de la historia?

Bueno, no hay ningún papel acordado para el Estado. Si nos fijamos en la teoría de la gobernanza, encontraremos a algunas personas que todavía se centran mucho en el Estado. Básicamente argumentan que el Estado debe estar siempre en control y que todo lo demás debería esencialmente trabajar con el Estado o a través del Estado. También encontraremos a otros que argumentan que el Estado y el gobierno no son realmente necesarios, que mucho de lo que consideramos gobernanza se puede hacer a través de la acción voluntaria, las redes sociales, los organismos intermediarios. Por lo tanto, no existe una noción común de cómo la gobernanza debe ser administrada. En general, creo que no se puede pensar en gobernar sin que exista el Estado y sin que el Estado desempeñe un papel razonablemente fuerte. Se necesita de la autoridad, de leyes, de la capacidad de recaudar dinero y movilizar otros recursos. Pero todavía hay teóricos, particularmente en Europa, que hacen mucho hincapié en el papel de los actores sociales en la gestión de la gobernanza.

Ahora, con respecto a la segunda parte de la pregunta, el Estado ha sido históricamente una parte central de gobernar. Probablemente fueron más fuertes antes, históricamente, de lo que son ahora, aunque estos Estados no eran tan fuertes como les hubiera gustado. No obstante, el modelo era el de un Estado centralizado fuerte que trataba de controlar a los individuos y los actores económicos dentro de sus fronteras. El Estado se ha vuelto menos esencial debido a una mayor democratización y al creciente papel en gobernar de los actores sociales, grupos de interés, organizaciones sin fines de lucro, ONGs, etc. Ahora bien, todavía existen gobiernos que son muy centrales y autocráticos. En los gobiernos democráticos de hoy, el Estado puede “dirigir desde la distancia”, como diría la escuela de gobierno holandesa; es decir, el Estado permite que otros actores se involucren y al mismo tiempo observa con atención lo que ocurre en la sociedad y mantiene el poder de intervenir si las cosas toman un mal camino. El mejor ejemplo de esta forma de gobernar muy suave es la de los Países Bajos, en particular. Además, Dinamarca ha tomado la iniciativa en el uso de las redes sociales para gobernar.

¿Han sido capaces los gobiernos, en general, de hacer frente a los problemas, las demandas y las expectativas de la sociedad? Si no, ¿por qué no?

Creo que la respuesta a esa pregunta depende de a quién le pregunte. Pienso que los críticos del gobierno argumentarían que los Estados no han sido eficaces. Los críticos de la derecha política dirían que las decisiones del gobierno son descuidadas, ineficaces, etc. Y yo diría que los gobiernos no son tan eficaces como les gustaría. Por otro lado, también pienso que se puede argumentar que no hacen un trabajo tan malo, que prestan la mayor parte de los servicios públicos razonablemente bien a la mayoría de la gente. Esto, sin embargo, no es válido para los países menos desarrollados. En algunas partes de África, en particular, y de Oriente Medio hay Estados que han fracasado, donde el Estado ya no tiene la capacidad de prestar esos servicios públicos o de mantener el orden y ha promovido que esa responsabilidad sea asumida por los caudillos, clanes y otros grupos sociales de larga data. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la mayoría de los Estados puede ofrecer un nivel razonable de servicios a las poblaciones. No obstante, los Estados fracasan. ¿Por qué fracasan? Fracasan, en parte, porque los ciudadanos quieren demasiado; esperan quizás demasiado, particularmente dado lo que están dispuestos a pagar en impuestos. En segundo lugar, los ciudadanos también tienen demandas contrapuestas y conflictivas. Los propios gobiernos también tienen conflictos internos; diferentes ministerios, diferentes agencias quieren hacer cosas que están en conflicto entre sí. Para los países en desarrollo, una de las principales limitaciones es simplemente los recursos: el dinero, pero también los recursos humanos —no tener tal vez el número de personal calificado que necesitan para poder prestar los servicios de forma eficaz—. Por lo tanto, los gobiernos fracasan, cuando lo hacen, por una variedad de razones. Hay que ver porqué fracasan casi caso por caso. No existe un modelo general para comprender por qué el fracaso ocurre.

Ahora, ¿cómo puedes saber qué tan buena es la gobernanza? Existen varios indicadores, pero son imperfectos. Por ejemplo, el Banco Mundial tiene una serie de indicadores de gobernanza, la mayoría de las cuales tienen que ver con el Estado de derecho, la lucha contra la corrupción y ese tipo de cuestiones. Los indicadores existentes usados para medir la prestación efectiva de servicios no son tan buenos. Algunos de los mejores indicadores se obtienen a través de encuestas en las que a los ciudadanos se les pregunta si están obteniendo lo que esperan. El Barómetro Latinoamericano, por ejemplo, cada año hace preguntas a los ciudadanos de los países latinoamericanos sobre lo que obtienen del gobierno, si están satisfechos, etc. Y sondeos de opinión pública similares se llevan a cabo en todas las otras partes del mundo.

Entre las formas existentes de gobernanza, ¿existe una superior? Si es así, ¿en qué sentido es superior?

De nuevo, lamento ser vago aquí, pero creo que eso depende de a quién le pregunte. En primer lugar, pienso que hay que cotejar la forma de gobernanza con la naturaleza de la sociedad y la población que usted intenta gobernar. Algunas sociedades no aceptarían un gobierno autoritario, que bien pudiera ser aceptable en otros escenarios. Bajo el supuesto de que todo lo demás se mantiene igual, pienso que lo mejor sería tener un gobierno donde las decisiones se tomen a través de algún tipo de proceso democrático, y con eso me refiero a un proceso que brinde no solo oportunidades para votar sino también un medio para participar de manera continua y variada, en cierta medida, como ocurre en los modelos de red de los que he hablado antes. Yo diría que una forma de gobernanza superior es aquella que puede aceptar ideas, deseos y demandas de la sociedad y tiene la capacidad de satisfacerlos. También pienso que es importante tener un buen sistema administrativo, una buena burocracia, en el sentido de que sea eficiente y también eficaz en el trato directo con los ciudadanos, a nivel de la calle.

Consideremos el caso de Singapur. Ellos no son totalmente antidemocráticos. Ellos se han estado democratizando lentamente y ahora existe una democracia limitada. Además, son extremadamente eficaces en la prestación de servicios: son limpios, seguros, tienen una muy buena educación, etcétera, etcétera. Ahora, si usted le pregunta al singapurense promedio, mi impresión es que la mayoría de ellos diría que están contentos con su gobierno. Sin duda, hay muchos que desearían que fuese más democrático, pero al mismo tiempo, están muy satisfechos con el nivel de los servicios públicos. Eso significa que usted tiene que encontrar alguna manera de unir el proceso democrático con el proceso de prestación de servicios. Ambas cosas se pueden tener —dé una mirada a Escandinavia, por ejemplo—, pero es algo difícil de conseguir. Todos, al menos la mayoría de las personas, quieren llegar a ese lugar feliz donde se es a la vez democrático y bien servido, pero para llegar a ese lugar se necesitan recursos y una población que esté dispuesta a moderar y negociar sus demandas. Además, ayuda ser rico.

¿Puede haber gobernanza sin gobierno? ¿Puede una forma de gobernanza no jerárquica ser superior?

Anteriormente comenté algo sobre esto. Para mí, la noción de gobernanza sin gobierno es una especie de disparate. Se necesita alguna forma de aparato de gobierno para ejercer la gobernanza. Este puede ser muy informal y a menudo en cualquier sistema formal puede complementarse en gran medida con medios informales de gobernanza, pero debe haber alguna forma de gobierno. Según Fritz Scharpf, un distinguido politólogo alemán, las organizaciones no gubernamentales o las personas que tienen autoridad delegada siempre gobiernan en la “sombra de la jerarquía”. Es decir, el Estado y el gobierno siempre pueden retirar la autoridad delegada si sus agentes no están haciendo el trabajo correctamente. Por lo tanto, de nuevo, los gobiernos pueden gobernar desde la distancia, pero siempre tienen la autoridad para restaurar un control más directo. Gobernar con una mano muy suave, mantenerse a la distancia y depender de los actores sociales, las organizaciones sin fines de lucro, etc., para proporcionar servicios puede ser beneficioso: los impuestos pueden ser más bajos y la prestación de servicios puede ser menos burocrática —en el sentido negativo del término— y más apreciada por la población. Pero, en última instancia, se necesita de una cierta fuente de autoridad.

¿Qué es la gobernanza democrática? ¿Cómo se puede distinguir la gobernanza democrática de la no democrática sea cual sea su forma?

La democracia es una de esas palabras para las cuales cada quien tiene su propia definición. Pero, básicamente, de lo que creo que estamos hablando es de elecciones libres y justas, de un cierto respeto por los derechos de las minorías, del Estado de derecho y de una gobernanza razonablemente abierta, responsable y transparente. Así que, si se tiene esas cuatro características, pienso que se tiene un gobierno democrático. ¿Cómo podemos distinguir a este tipo de gobierno de un régimen que no es democrático? Bueno, solo hay que examinar esas cuatro características. ¿Son las elecciones libres y justas? ¿Existen otros medios de participación? ¿El gobierno del día se hace responsable ante el pueblo o un órgano legislativo? ¿Los tribunales son libres? ¿La gente puede acceder a los tribunales de manera libre? Si es así, entonces esencialmente se tiene un sistema democrático, y en particular, pienso, un sistema democrático liberal, en el sentido de que protege los derechos de las minorías. La dificultad no está en distinguir la gobernanza democrática de la no democrática en los casos extremos. No es tan difícil ver el contraste entre Suecia, en un extremo, tal vez, y una dictadura, en el otro extremo. El problema se encuentra en el medio, como en el caso de Singapur. ¿Qué tan democrático es Singapur? Perú, donde el gobierno parece estar en un caos debido a las peleas entre el Congreso y el presidente, ¿qué tan democrático es? Casi todos los gobiernos, sin importar cuánto control tenga un partido o una persona, tienen un parlamento, una legislatura de algún tipo. Eso hace que un gobierno parezca democrático. Ahora, ¿fueron libres las elecciones que produjeron ese parlamento? ¿El parlamento siempre está, al cien por ciento, a favor del presidente? La respuesta a esas preguntas le dirá si el gobierno es realmente democrático.

¿Qué son las instituciones formales de gobierno? ¿Son ellas importantes para la gobernanza democrática?

Hay tres ramas en la forma estándar de pensar sobre las instituciones formales de gobierno: la Legislativa, la Ejecutiva (presidentes y primeros ministros) y la Judicial (los tribunales). Y luego a eso hay que añadir la burocracia, que técnicamente forma parte del ejecutivo, pero no del ejecutivo político. Estas cuatro instituciones formales constituyen la parte más importante del gobierno y de la gobernanza. Si se identifica cómo funciona la legislatura, cómo funciona el ejecutivo político, cómo funcionan los tribunales y cómo funciona la burocracia, entonces se puede entender cómo funciona la gobernanza hasta cierto punto. Para comprender plenamente cómo funciona la gobernanza, también hay que tomar en cuenta la forma en que participan las partes informales; es decir, la forma en que los actores sociales, los grupos de interés y los grupos sociales de otro tipo interactúan con las instituciones formales para ejercer la gobernanza. Las instituciones formales son realmente cruciales para la gobernanza democrática, ya que proporcionan controles y equilibrios. Las legislaturas y los tribunales deben controlar a los presidentes y a los primeros ministros. Del mismo modo, los presidentes y los primeros ministros necesitan, en cierta medida, poder controlar las legislaturas. Estos controles institucionales son importantes para mantener un sistema democrático, pero también lo son los controles provenientes de otras fuentes, como los medios de comunicación y el público en general. Una parte importante de la gobernanza democrática, que es cada vez más importante, es la capacidad de hacer cumplir la obligación de rendir cuentas. Los gobiernos, debido a su tamaño y poder, pueden hacer muchas cosas, por lo que tenemos que ser capaces de responsabilizarlos de lo que hacen y de destituirlos si exceden su autoridad. Los medios de comunicación de todo tipo (los impresos, la radio y la televisión, las redes sociales) son actores cruciales para la rendición de cuentas. No puedes pedirle cuentas a alguien si no sabes lo que esa persona está haciendo. Eso es cierto hoy en día, y ha sido cierto en el pasado. Thomas Jefferson dijo una vez que preferiría vivir en un país sin partidos políticos que en un país sin periódicos.

Foro

noviembre–diciembre, 2019

VOL. 3, NÚM. 6, PÁGS. 1–8

https://www.revistaforo.com/2019/0306-01

 10 min


Fernando Mires

Ni como insulto ni ofensa. Nos referimos aquí a un idiota en su exacto sentido originario. Viene del griego. Idios quiere decir lo propio. Idiotas, en su sentido lato, eran los griegos que vivían más en lo propio que con los otros, o lo que es lo mismo, a los que importaban más sus asuntos privados que los de la polis. En breves palabras, los que no hacen política.

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El conuco es un pequeño terreno apto para la agricultura en el cual el campesino y su mano de obra familiar siembran varias especies generalmente asociadas y sin la aplicación de tecnología moderna. La producción obtenida es para consumo propio, con pequeños excedentes para el mercado. El conuquero vive pobre y muere pobre. Sus hijos emigran a los centros poblados para poder progresar. Venezuela se asemeja a un conuco: la producción es muy baja, cada quien atiende su propia parcela, quienes dejaron de trabajar y los que todavía tienen empleos se convirtieron en pobres y los que emigran en búsqueda de mejores oportunidades, sufren las penurias de empezar a desmontar la nueva parcela para poder sembrar y luego cosechar.

El conuco persiste en zonas con escasez de suelos aptos para cultivos, elevada población campesina y ausencia de otras oportunidades, lo cual obliga a sembrar áreas de tamaño reducido para subsistir, aunque sea a duras penas. Desde luego que este sistema de producción tiene la ventaja de ser amigable con el medio ambiente, al requerir menos uso de productos químicos y conservar los suelos, pero promoverlo es condenar al campesino a ser esclavo de la tierra y a los citadinos a pasar hambre. Ese es el sistema de producción que predican Maduro y sus acólitos. Algunos pensarán que es por ignorancia, pero los más estamos convencidos que es para que agricultores y consumidores dependamos de las dádivas del régimen.

Ningún país puede reducir la pobreza y alimentar a su población en base a conucos. En esta Tierra de Gracia la agricultura ha ido del timbo al tambo. Hemos contado con algunos buenos ministros de agricultura y otros muy malos. La rotación ha sido muy elevada. En los últimos años del siglo pasado hubo dos importantes esfuerzos para darle a la agricultura el estímulo requerido para un crecimiento sostenido. Uno de ellos fue bajo la conducción de Felipe Gómez Álvarez (AD), quien estableció por decreto precios muy atractivos para los principales rubros. Algunos criticaron que fueron subsidios muy elevados, pero con ello se logró el objetivo inicial de darle a la agricultura un gran impulso. El otro fue el esfuerzo concertado de Nidia Villegas (Copei) para elaborar un Plan Agrícola de largo plazo, que no logró su objetivo por los cambios de gobiernos. Desde que los rojos llegaron al poder solo el fallecido ministro JJ. Montilla merece respeto. Ahora, un grupo de distinguidos profesionales del sector agrícola y eficientes productores del campo han elaborado un plan para la recuperación de nuestra agricultura, lo cual debe ser prioritario para el nuevo gobierno.

El resto de los sectores del país han tenido los mismos vaivenes. Hay una bonanza ficticia cuando aumenta el precio del petróleo y volvemos a la realidad cuando los precios disminuyen. Algunos dirigentes del pasado y del presente se han concentrado en sus respectivas parcelas para defender intereses personales o de tolda política. Son, unos más, otros menos, unos conuqueros por decisión propia y no obligados por las circunstancias, como los desvalidos campesinos que luchan para subsistir.

La responsabilidad del desastre del sector agrícola, del energético y del resto de la economía es del nacorégimen. Por ello es lamentable que parte de nuestra dirigencia de oposición no esté aportando lo mejor de sí para que el usurpador Maduro y su grupo dejen el poder lo antes posible. Es el colmo que ni siquiera puedan imitar a los campesinos y acordar una cayapa o una “mano vuelta”, para realizar trabajos que ameritan unirse para lograr esa salida. Tampoco ayudan los tuiteros que por su cuenta disparan dardos contra el presidente(e) Guaidó, sin considerar el esfuerzo que realiza con los pocos medios de que dispone.

Guaidó y la Asamblea Nacional trazaron una ruta : fin de la usurpación. gobierno de transición y elecciones libres. Esa secuencia es la deseable, pero no puede descartarse que primero se realicen elecciones presidenciales, siempre que estas sean libres, lo cual llevaría al fin de la usurpación y, necesariamente, a un gobierno de transición para enderezar los entuertos. Lamentablemente, sin medir las propias fuerzas y sin esperar acontecimientos, algunos luchadores por la democracia pontifican que no se cuente con ellos si primero son las elecciones.

El conuco en el sector agrícola no permite sacar al campesino de su pobreza. El conuco político de algunos opositores es uno de los factores que dificultan salir de este totalitarismo aderezado con narcotráfico.

Como (había) en botica:

Las protestas pacíficas son bienvenidas en cualquier democracia, pero los actos de vandalismo en Chile no pueden justificarse. Tampoco explicarse solo por la desigualdad social o la pobreza, las cuales existen pero con clara tendencia a disminuir. En las mismos hay indudable participación de agitadores de extrema izquierda, pero también de un grupo de gamberros o malandros, así como de personas que quieren tener todo con muy poco esfuerzo.

La situación en la Pdvsa roja es cada día más crítica con tomas de instalaciones, por sus trabajadores, robos de equipos, corrupción y renuncias.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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​José E. Rodríguez Rojas

Está previsto un viaje de los Reyes de España a Cuba el próximo 11 de noviembre, que se ha elevado al rango de visita de Estado. Según el Observatorio de Derechos Humanos de Cuba el viaje es un espaldarazo al régimen cubano. La visita ha suscitado fuertes críticas de los partidos de oposición al gobierno de Pedro Sánchez, que coinciden con la ONG cubana en que el viaje será visto como un apoyo a un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que en estos momentos gobierna España, posee un sector que simpatiza abiertamente con la revolución cubana y el régimen de Nicolás Maduro, uno de cuyos representantes más conspicuos es Rodríguez Zapatero. Aunado a ello desde hace décadas empresarios españoles, en particular los grandes grupos hoteleros, mantienen inversiones considerables en Cuba. Ambos sectores han presionado al gobierno de Pedro Sánchez a fin de que el monarca español realice una visita a Cuba con motivo del aniversario de la fundación de La Habana por los españoles.

Esta visita se llevará a cabo entre el 11 y 14 de este mes y contemplará diversas actividades, pero en ningún momento incluirá entrevistas del monarca con la disidencia cubana o con las organizaciones de derechos humanos de Cuba. Según el diario ABC estaba previsto una breve visita del Rey para conmemorar la fundación de La Habana, sin embargo la misma ha sido elevada al máximo rango de visita de Estado de tres días de duración.

El gobierno de Pedro Sánchez está intentando desarrollar una política exterior alternativa a la política de sanciones de los Estados Unidos, a la cual Josep Borrel, el ministro de Asuntos Exteriores de España, llamó “la política del cowboy”. En ese sentido ha llevado a cabo una política de acercamiento al régimen cubano que se distancie de las sanciones estadounidenses. Esto es comprensible y legítimo, la visita del Rey forma parte de esta política. Sin embargo, dicha estrategia no está dando resultados, pues los cubanos no están haciendo ninguna concesión, por el contrario, la represión y encarcelamiento a los disidentes se ha arreciado, como lo han señalado la disidencia cubana y los organismos de derechos humanos.

Más sensata ha sido la política del gobierno de Canadá, país cuyos nacionales también tienen inversiones en Cuba. La ministra canadiense de relaciones exteriores se ha reunido abiertamente con los funcionarios cubanos, tratando de negociar con ellos a fin de que modifiquen su política de derechos humanos y su abusiva intromisión en Venezuela. Ello con el propósito de que el gobierno de los Estados Unidos modere las sanciones contempladas en la Ley Helms Burtons que afecta a los empresarios canadiense y españoles.

La visita del Rey ha suscitado las críticas de las organizaciones de derechos humanos cubanas como el Observatorio de Derechos Humanos de Cuba según el cual “la situación represiva en Cuba ha empeorado este año”. “Los reyes no irán a Cuba para respaldar un proceso de transición hacia la democracia, pues este no existe” señala un comunicado del observatorio, que añade: “Esta visita real no envía un mensaje de optimismo y solidaridad hacia el pueblo cubano, sino que representa un espaldarazo al régimen que condena a la miseria y deja sin futuro a millones de cubanos” (ABC.2019).

También los partidos de la oposición a Pedro Sánchez han manifestado su desacuerdo. Según Pablo Casado del Partido Popular, España debe “mantener una posición firme” para que se respeten los derechos humanos “en España y en todas partes”. Fuentes del PP consideran que el viaje es un error de diplomacia (ABC.2019).

El partido Ciudadanos ha acusado al gobierno de Sánchez de “dar la espalda a quienes se dejan la piel por defender la democracia y el Estado de Derecho en Cuba”. Fuentes de Ciudadanos añadieron que “lo que nos preocupa es que tanto el presidente del Gobierno como el ministro de Exteriores hayan realizado visitas a Cuba y no se hayan reunido con opositores a la dictadura” (ABC-2019).

El partido Vox se ha mostrado en contra del viaje de los Reyes a Cuba, que califica de “locura”, y responsabiliza directamente al gobierno de Pedro Sánchez. El presidente de Vox Santiago Abascal, anunció que su grupo parlamentario registrará una iniciativa para que la Diputación Permanente del Congreso pida que el Rey no realice el viaje. Según el vicesecretario de Relaciones Internacionales de Vox, Iván Espinoza de los Monteros, “España tiene una responsabilidad histórica en Hispanoamérica. No podemos contribuir a blanquear ni normalizar al régimen de Cuba” (ABC.2019)

Durante el proceso de transición hacia la democracia el Psoe, liderado por Felipe González, recibió un entusiasta apoyo de los dirigentes de la democracia venezolana, en particular de Carlos Andrés Pérez, quien estableció una estrecha y fraternal relación con el líder español. De esa época sobrevive el líder socialista español quien ha mantenido una crítica permanente al régimen de Maduro y a sus aliados, la satrapía cubana. Lamentablemente, en la actualidad el Psoe está en manos de sectores primitivos, a juicio de los cuales la imposición del socialismo justifica la restricción de las libertades, el encarcelamiento y la tortura de la disidencia política como se hace en Cuba y Venezuela cotidianamente.

Referencia:

ABC 2019. Sánchez compromete a los Reyes con un polémico viaje a Cuba. 31 de octubre.

Profesor UCV

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Edgar Benarroch

El estado de angustia, preocupación y tensión que diariamente vive el país, consecuencia de un régimen usurpador que se dedicó a empobrecernos y destrozar nuestra economía, nuestra sociedad y todo lo que significaba futuro bueno para Venezuela, afecta negativamente nuestro organismo, no podemos adquirir los alimentos necesarios para darle a nuestro cuerpo el componente vitamínico necesario y cuando nuestra salud flaquea nos vemos en serios inconvenientes para comprar los medicamentos cuando los encontramos. Toda esta penosa situación en un marco de inseguridad personal y de bienes que nos lleva a jugarnos la vida a diario en nuestra casa, oficina o en la calle a toda hora y en cualquier momento.

La carencia de recursos económicos pone en peligro nuestra salud y ya son muchos los casos de niños, jóvenes y adultos fallecidos por desnutrición o falta de de la medicina adecuada.

Pero este estado de deterioro de nuestro organismo y salud produce o puede producir trastornos espirituales, en nuestro ánimo y en nuestra psiquis, entre ellos amargura, mal carácter y puede llegar a la pérdida de la racionalidad. Si a este cuadro dantesco le sumamos que la gente presume que no hay salida rápida o simplemente que no hay salida porque la alternativa no luce UNIDA, coherente y carente de mensaje, podemos afirmar que estamos a las puertas de la desesperación que nos puede llevar hasta la resignación. La desesperación es la pérdida total de la esperanza que nos produce cólera, despecho y enojo. También es soledad, aislamiento, miedo, frustración y dolor. El país aún no ha caído en la desesperación pero parece que estamos bastante cerca y de ello el régimen es responsable por su nefasta gestión pero también nosotros , la oposición, que no terminamos de presentarnos como garantía próxima de cambio y de un país vivible y mejor donde superemos las negaciones en que estamos y podamos vivir en paz y armonía con satisfacción al menos de nuestras necesidades materiales mínimas, sobre todo las de los más desposeídos y necesitados que alcanza la tormentosa cifra del 80% del país. Si el pueblo pierde la esperanza es porque quienes debemos dársela no lo hemos hecho y dársela supone presentarnos unidos, coherentes, con un mensaje de recuperación nacional y como garantía de paz y desarrollo en libertad y justicia.

En nuestra conciencia y sobre nuestros hombros está la inmensa obligación de transmitirle al país esperanza cierta, optimismo en el futuro inmediato y confianza que vamos por buen camino a alcanzar el cambio propuesto por el bienestar de todos. El tamaño de la esperanza y optimismo es directamente proporcional al estado de UNIDAD de la oposición, mientras más unidos estemos más alta será la esperanza y el optimismo de los venezolanos.

El país no entiende y se asombra cuando el liderazgo nacional de la oposición no es capaz de ponerse de acuerdo cuando se trata del más alto interés de todos y de la Patria. Debemos cuanto antes llevar un mensaje y una conducta clara de UNIDAD al país para que nos entienda como gente equipada con buenos valores ciudadanos bien puestos y sacarlo del asombro que lo atormenta.

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María José Iciarte García

“Compartir un buen café es una joya en nuestra cultura”, así lo expresa nuestra querida Profesora Ocarina Castillo, dando así, el inicio ideal para nuestra sección Un Café con… en nuestro Blog DEVA, Blog de investigación para la Agricultura y la Alimentación, (http://devaagriculturayalimentacion.blogspot.com). Algunos opinan que la vida diaria empieza después de una taza de café, y así hoy, tempranito, comenzó esta entrevista, cafecito en mano y con una invitada muy especial, una mujer dedicada a una búsqueda permanente de los orígenes de nuestra alimentación, de nuestra identidad cultural y de nuestras formas de sentir y degustar la comida. Ocarina Castillo, es una estimada profesora de la Universidad Central de Venezuela, con Maestría en Historia y Doctorado en Ciencias Políticas. Fue Secretaria de la Universidad Central de Venezuela entre los años 1996 y 2000 y fue su Directora de Cultura entre 1988 y 1992. Miembro de la Asociación Venezuela Gastronómica y Profesora Honoraria de la Universidad Le Cordon Bleu de Lima, Perú. Ha sido distinguida con el Tenedor de Oro de la Academia Venezolana de Gastronomía. Dictó la asignatura de Pregrado Antropología de los Sabores y actualmente coordina el Diplomado Antropología de la Alimentación. Al hablar con ella, de entrada, te atrapa en el tema de la antropología de la alimentación y ya de una vez quieres conocer más…saber más.

¿Por qué Ocarina Castillo de la Antropología…pasa a la Alimentación…y aún más…como se aproximan ambas disciplinas?

En mi vida de estudiante de la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela, fui preparadora en el Departamento de Historia de la Escuela y eso me permitió aprender mucho de las asignaturas históricas, además de las asignaturas estrictamente antropológicas, permitiéndome abrir mucho mi radio de aprendizaje y conocimiento. Cuando me gradué, tuve la oportunidad de inscribirme inmediatamente en la Maestría de Historia Contemporánea de Venezuela, y allí teniendo ya uno o dos semestres en la Maestría, me salió la posibilidad de incorporarme como profesora del Departamento de Historia de mi Escuela, siguiendo mi línea de aprendizaje de enlazar conocimientos. Casi en paralelo tuve la oportunidad de ingresar como investigadora en un proyecto en el Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES), un Instituto netamente Interdisciplinario y el equipo donde me toco trabajar, era integrado por sociólogos, antropólogos, historiadores, politólogos, y allí, fui descubriendo, al principio empíricamente y un tiempo después teóricamente la importancia del enfoque INTERDISCIPLINARIO. A esto se sumó años después mi experiencia en el PCI, (Programa de Cooperación Interfacultades-UCV), lo que me permitió entender que las Universidades Modernas, y que el estilo de conocimiento moderno, pasa por el dialogo de saberes, de conocimientos, por la multireferencialidad, y allí me fui percatando que no hay un tema más transversal y mas interdisciplinario que el de la Alimentación. A esta búsqueda llamémosla intelectual, se suma una razón personal, soy una comelona y gran curiosa de los sabores, todo lo quiero probar, saber, conocer, no obstante las distancias culturales, tengo una gran apertura, una gran curiosidad por la alimentación. En el año 2005 tuve la oportunidad de disfrutar un año sabático en México, y allí en esa experiencia, descubrí que los antropólogos mexicanos habían desarrollado una línea maravillosa de trabajo que es la antropología alimentaria, y eso me enamoró y desde entonces decidí, que eso era lo que yo quería hacer y regresé a abrir una asignatura que se llama “Antropología de los sabores”.

¿Cómo define Usted la Antropología Alimentaria?

La antropología alimentaria, llamada así por los investigadores mexicanos y socio- antropología alimentaria por los españoles, se refiere a un enfoque que asuma la relación existente entre la alimentación y la cultura: lo que comemos, de qué manera lo hacemos, en qué medida, que imaginarios expresa, que símbolos, que lenguaje, que cosa comunicamos a través de lo que comemos, que está en la base de nuestras preferencias y aversiones, como se relaciona nuestro acercamiento a la naturaleza a través de los alimentos con nuestro acercamiento de nuestros componentes sociales y por supuesto como la geografía y la historia están en un plato.

Cuando hablamos de antropología o socio-antropología alimentaria, en el fondo estamos subrayando un enfoque, en el cual las Ciencias Sociales están opinando e interpretando la alimentación. Lo central en nuestro enfoque, es que lo alimentario es un tema interdisciplinario y absolutamente transversal, donde la socio-antropología tiene mucho que decir, pero también las ciencias básicas (la biología, la química, la ecología), las humanidades, la psicología, la manera como se expresa la alimentación a través del arte, la lingüística, el lenguaje, el cine. Asimismo tiene que ver con los códigos de organización del espacio, con la arquitectura, en fin todo eso esta enlazado. Este es el centro de nuestro análisis. Desde el año 2007 hasta el año 2015 dictamos nuestras asignaturas de pregrado, a partir del 2016, por diversas circunstancias complejas, nos quedamos solo con el Diplomado. Eso no quiere decir que en cualquier momento no podamos retomar el Pregrado. En el Pregrado, el objetivo era iniciar al estudiante en ese enfoque multidimensional de la alimentación, era una experiencia muy bonita e interesante.

El Diplomado Alimentación y Cultura en Venezuela: ¿Como ha sido su evolución, sus alcances?

El diplomado “Alimentación y Cultura en Venezuela” ya cuenta con tres cohortes y próximamente iniciaremos la cuarta. Cuenta con una amplia participación de docentes de una extraordinaria calidad y con las experiencias que aportan sus integrantes, ya que todos traen diferentes experiencias en el tema alimentario, originando discusiones llenas de conocimiento. La experiencia del Diplomado, permite una mayor profundidad, al trabajar directamente con profesionales de la alimentación: cocineros, periodistas especializados en el área alimentaria, industriales, productores de cacao y café, panaderos, emprenderos, maestros de escuelas de cocina, gerentes, nutricionistas, arquitectos, abogados, fotógrafos, expertos en patentes y denominaciones de origen, en fin, una amplísima gama de desempeños profesionales participantes del diplomado que enriquecían enormemente las discusiones por sus vastas experiencias en sus áreas propias relacionadas con la alimentación.

El enfoque interdisciplanario permite hacerse y replantearse muchas preguntas, esa es nuestra gran búsqueda, y desde allí se desprenden algunas conclusiones, algunas de las cuales son de carácter epistemológico y otras de tipo práctico. Por ejemplo: al hablar de gastronomía, no solo nos referimos al proceso de transformación de los alimentos que se da en la cocina, sino que interesa abordarlo desde el ciclo completo, desde la producción hasta el desperdicio de alimentos como residuos finales. Al adentrarse en el mundo de la alimentación saludable, se puede simplemente realizar un contaje de las calorías, pero al estar en un medio interdisciplinario se consideran otros aspectos: si quieres tener una gastronomía saludable, el ciclo completo debe ser saludable, debes saber de dónde se saca lo que se come, como se produce, si es una producción sostenible o si eso está afectando la ecología o el ecosistema y si esa producción tiene sentido. Debe incorporar los procesos de conservación, transporte, envasado, y entonces empiezas a interesarte por ¡todo! porque todo tiene que ver con la calidad del producto. No basta con adquirir un pimentón rojo muy bonito. ¿Cuál es la historia de ese pimentón?

Y también tiene que ver con los derechos del consumidor. Estudiando en estos días los etiquetados, existen muchos productos, incluso sin permiso sanitario, un incumplimiento total a la inocuidad de los alimentos a los que tiene derecho el consumidor.

Exactamente, y es que el consumidor no sabe que pesticidas puede tener esos pimientos, y como se debe lavar para que no queden trazas, el consumidor debe ser informado y crítico, enterarse de todo ese proceso.

Por ejemplo, compartir un buen café es una joya en nuestra cultura, para nosotros el café tiene historia y tenemos una memoria de consumir por mucho tiempo un buen café. Cuando compartimos un café con alguien debemos tener la posibilidad de decirle a nuestro compañero de café, “este café es de Biscucuy, es de altura, es un café transable, de tales características, con un tostado medio, con una molienda de tal tipo…” Es una forma de compartir las cualidades del producto que estas disfrutando.

Usted que ha hecho una labor muy grande dentro del mundo de la Gastronomía, lo que la llevo incluso a obtener el Tenedor de Oro de la Academia Venezolana de Gastronomía. ¿Qué le falta por cumplir a Ocarina Castillo?

¡Muchas cosas! En primer lugar, me siento como una “evangelizadora” con el tema de lograr difundir que la Gastronomía es el lugar donde se enlaza la alimentación con la cultura y que ello nos habla del país. Para mí, es fundamental que conozcamos a fondo nuestros sabores, nuestros procedimientos, nuestras cocinas regionales, nuestros platos, que no los subestimemos y sobre todo que aprendamos que en cada uno de esos platos regionales, está el paisaje y la geografía en el plato. Que cuando probamos un Tarkarí de Chivo o un Calalú Pariano, estamos aproximándonos a una síntesis de lo que ha sido el proceso histórico de la región pariana, de sus ingredientes, de las migraciones que hicieron posible la introducción de algunos sabores, de la gente que vive allí, de las condiciones de ese ecosistema, de la productividad de esas tierras, que en esos platos, que la gente sienta que pueda pasearse por las cocinas regionales y sienta orgullo y pueda reconocerse en sus memorias.

Pero también para mi es indispensable que como venezolanos conozcamos a fondo las potencialidades de nuestra despensa básica, que es sumamente versátil y se pueden hacer maravillas tanto en términos nutricionales como de repertorio de platos.

Otra meta planteada, es que nosotros avancemos hacia una gastronomía sostenible en paralelo con una agricultura sostenible. Es indispensable conocer los procesos que tienen que ver con lo ambiental y el cuidado de nuestros ecosistemas, particularmente con algunas zonas, como por ejemplo nuestro Amazonas. Debemos difundir las producciones de nuestro país, pero también debemos cuidarlas y conservarlas y potenciar una reserva de productos sostenibles a la par de de platos sostenibles. Para que ello sea posible, es necesario el trabajo en red, es decir, las interconexiones entre productores, agrónomos, técnicos, emprendedores, periodistas, cocineros, investigadores universitarios, ¡todos! De poco sirve, que se produzcan ajíes grandes y hermosos, pero cuya apariencia no guarda relación con las cualidades organolépticas que apreciaría un cocinero. Al pensar aisladamente en la productividad alimentaria, en muchos casos se enfatiza en la eficiencia de la producción, en la conservación, pero hay que dialogar con los cocineros para optimizar las condiciones de sabor, porque en muchos de nuestros platos el ají es el responsable del sabor. Todas estas cosas nos obligan a entender que es necesario trabajar en conjunto, en red, para lograr lo que otros países exhiben hacer de su gastronomía una marca país. Somos parte de una enorme red de personas vinculadas a la alimentación.

Usted no se ha ido de Venezuela. ¿Apuesta aun por Venezuela?

¡Claro que sí! En el mundo de la Neurogastronomía, se habla de la oxitocina que despierta y se dispara ante una buena comida y yo siento que este esfuerzo que hacemos de conocer emprendedores y productores que están haciendo muchas cosas y proyectos, actúa como disparador de oxitocina y esa dosis nos ayuda a apostar. El futuro comienza con lo que hacemos hoy. Estoy convencida que en este país hay muchas cosas por hacer, muchas cosas por probar, muchas cosas por vivir, muchas cosas por compartir, muchas cosas por disfrutar.

Al finalizar esta entrevista con la Profesora Ocarina, Aprendí mucho, como por ejemplo que debemos conocernos, como país, como personas con un pasado, que de generación a generación se fueron formando bajo la mirada de nuestros fogones. Aprendí que nuestros sabores, nuestra geografía y nuestras memorias están tejidas en nuestras historias de vida y en la de nuestros antepasados, moldeando costumbres, formando anhelos, dibujando sueños. Aprendí que la unión de conocimientos de diversas áreas, el compartir de experiencias de vida, el debate de ideas y la pluralidad de pensamientos contribuyen a la consolidación de un País tan fuerte, que puede hacer de él, una marca, una referencia, un modelo a seguir. Obviamente, en este aspecto, requerimos de más, y de seguir el adecuado camino, pero este cafecito con Ocarina me dejo un sentir muy especial, inspirador y esperanzador. Conocí una mujer con una energía contagiosa, que te entusiasma al instante y te inspira a encender esa llamita de apartarse de la vorágine de sin sentidos que nos asedia, para concentrarse en lo que nos apasiona, con fervor y devoción como propósito de vida.

Deva Agricultura y Alimentación

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