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Opinión

Fue invitado a Caracas a dictar una conferencia sobre el tema “Mandela y el camino a la paz – horizontes posibles sobre Venezuela”. Nada excepcional. Donde John Carlin aparezca, el tema será Mandela. Pese a que ha escrito acerca de otras cosas, incluyendo textos sobre deporte, ha sido condenado por su propio destino a hablar sobre Mandela. Desde los tiempos en que el autor de El Factor Humano dirigiera The Independent en Sudáfrica, pasa por ser - y quizás es - uno de los conocedores más íntimos de la historia del gran líder. De tal manera que la decisión del régimen de Maduro al no dejarlo entrar a Venezuela solo se explica por una razón: Mandela, no Carlin, es el enemigo de Maduro. Que nadie se engañe entonces: al que devolvieron desde el aeropuerto de Mariquetía no fue a John Carlin. Fue nada menos que a Nelson Mandela, Madiba.

Visto así, las preguntas correctas son: ¿qué tiene el régimen de Maduro en contra de lo que fue Mandela? ¿Qué lleva a percibirlo como amenaza hasta el punto de que su sola mención debe ser evitada? Preguntas que solo pueden ser respondidas si nos atenemos, no tanto a lo que exactamente fue, sino a lo que representa simbólicamente Mandela. Preguntando de modo más concreto: ¿Qué representa Mandela en un país como Venezuela?

Por lo menos cuatro puntos claves 1) Durante un largo tiempo de su vida (25 años) Mandela fue un preso político. 2) Desde su prisión decidió romper con la línea de confrontación violenta que el mismo había propiciado en los años sesenta. 3) Buscó permanentemente el diálogo con sus adversarios. El objetivo debería ser la negociación en función de una salida en primera línea electoral. 4) Después de las elecciones vendría una fase que conduciría a la reconciliación nacional.

Considerando esos cuatro puntos podemos llegar a la conclusión de que ellos son radicalmente opuestos a la estrategia política mantenida por Maduro y el reducido grupo que lo secunda en el poder.

El primer punto, el referente a la condición de preso político de Mandela significa, por solo mencionarlo, una acusación en contra de un régimen que mantiene cárceles repletas de presos políticos. Pues Mandela ha llegado a ser representante de todos los presos políticos de nuestro tiempo. Su sola mención ha de resultar impertinente para un régimen que levanta a las prisiones como amenaza y como negociación frente a instancias internacionales.

El segundo punto, el de la no primacía de la acción violenta, contradice la estrategia de un poder basado en la primacía del principio de guerra por sobre el de la política. Esa es también la diferencia entre chavismo y madurismo. Mientras el primero fue un régimen político- militar, el segundo es simplemente militar. Razón suficiente para explicar por qué Maduro intenta llevar conflictos que en naciones democráticas son dirimidos políticamente, al terreno de la confrontación.

Podría afirmarse que la tarea asumida por Maduro ha sido imponer un sello militar a la lucha política. Por deducción, la tarea de la oposición debería haber sido la contraria: imponer un sello político a la confrontación anti-política. En esta competencia, el vencedor indiscutido ha sido Maduro pues ha logrado plenamente su objetivo: militarizar los conflictos políticos.

Maduro, después del 6D, extrajo conclusiones. Enfrentar a la oposición en el terreno político, y en el más político de todos, el de las elecciones, implicaba un riesgo inmenso. Se hacía necesario, en consecuencias, apartar a la oposición de la ruta electoral y llevarla a una confrontación donde Maduro sí tiene todas las de ganar.

Astuto como es, Maduro captó que al interior de la oposición existían tendencias abstencionistas e incluso abiertamente anti-electorales. De ellas intentó servirse hasta lograr la capitulación electoral de la mayoría opositora antes, durante y después de ese fatídico 20-M. Así pudo hacerse de la presidencia sin siquiera recurrir a mecanismos usurpatorios. Después del 20-M esa oposición electoral sin política electoral, permanecería en un estado de absoluta anomia. Hasta que llegó el día 23 de enero, el día del “milagro Guaidó”.

Ungido por una espectacular juramentación, Guaidó fue en ese momento el líder de la esperanza colectiva. Pasó poco tiempo, sin embargo, para que Guaidó demostrara que él y quienes lo rodean no representaban ninguna política que dé sustento a esa esperanza. Como el abnegado militante de VP que nunca ha dejado de ser, no tardaría en revelarse como un ejecutor más de la continuidad anti-política en la que ha caído la oposición desde el 20-M.

La formación de un gobierno simbólico, destinada a confluir en una dualidad de poderes, fracasó desde el instante en que Guaidó planteó, de modo mecánico, la triada conocida como “el mantra”: cese de la usurpación- periodo de transición y elecciones libres. Con ello abandonó - o pospuso hacia un periodo indefinido- la única convocatoria posible para mantener la continuidad del movimiento de masas: la electoral. En cambio eligió la vía de un enfrentamiento insurreccional (separación de cargos, lo llama ahora) donde apelando a sus propias fuerzas desarmadas tenía todas las de perder. Eso lo llevó a subordinarse a fuerzas armadas sobre las cuales carecía de todo poder.

El plan López/ Guaidó contemplaba efectivamente dos posibilidades: la intervención externa o un levantamiento de altos oficiales anti-maduristas. Ante la ineficacia de esas dos cartas marcadas, fue agregada después una tercera: sanciones internacionales cuyo fin objetivo es castigar a los sectores más pobres de la población. La tarea de la ciudadanía debería limitarse a ejercer “presión” cada vez que Guaidó convocara a las calles.

Dicho sin vacilaciones, Guaidó ha recorrido un camino exactamente contrario al de Mandela. Mientras el líder sudafricano sostuvo la premisa de que antes que nada hay que apoyarse en las propias fuerzas, Guaidó, al delegar la acción política a entidades sobre las cuales no ejercía control, desarticuló al poderoso movimiento social que lo ungió líder y con ello puso en juego a su propio liderazgo.

A partir de la farsa golpista del 30-A ha comenzado el eclipse del “momento-Guaidó”. Podría no haber sido así si Guaidó, como una vez hizo Mandela, hubiera optado por un radical giro con el objetivo de enfrentar a Maduro en el terreno donde este se siente más incómodo: en el de la lucha por elecciones libres, apoyado por una comunidad internacional que ha demostrado interés por salidas políticas y no militares. Para eso, al igual que Mandela frente a su ANC, había que arriesgar rupturas. Pero Guaidó, como ya es sabido, prefirió dejarse llevar por el vaivén de los intereses electorales norteamericanos y escuchar voces maximalistas como las de la española Beatriz Becerra (quien ni siquiera goza de influencia en su propio país) o las del siempre inoportuno senador Marco Rubio, en lugar de privilegiar los juiciosos llamados de la comisión de contacto de la UE presidida por Francisca Mogherine.

Mandela jamás habría hecho algo parecido. Ni habría delegado su política a fuerzas ajenas, mucho menos a un ejército como el sudafricano, ni habría aceptado, después de su conversión democrática, abandonar el espacio político de lucha. Todo lo contrario: a ese espacio logró atraer a gobernantes como Botha y de Klerk. Y allí computamos el tercer punto: el de los diálogos políticos.

Mandela ha pasado a la historia como un maestro en el difícil arte de dialogar. ¿Cómo logró convencer a adversarios tan duros y tenaces? Según Carlin, escuchando opiniones, buscando coincidencias, concordancias, proyectos desde donde comenzar a trabajar juntos. El diálogo era para Mandela el lugar de los compromisos compartidos. Nunca fue a exigir la capitulación del contrario, ni mucho menos a solicitar el otorgamiento de concesiones imposibles. Su perspectiva era muy clara. Todo diálogo debe estar orientado a buscar una salida transitoria al conflicto de poder. Una salida que solo podía ser electoral.

La salida electoral suponía un cuarto punto: renunciar a represalias si las elecciones eran ganadas por Mandela. Con la excepción del juicio al que fueron sometidos criminales de ambas partes (sí, de ambas partes) la solución política pasaba por extender un manto, si no de olvido, por lo menos de no hostilidad. La alternativa era crear condiciones para que tuviera lugar una convivencia entre posiciones contrarias. Dicho en breves palabras: el gran logro de Mandela fue politizar a Sudáfrica.

¡Qué diferencia con los diálogos que han tenido lugar entre la oposición venezolana y el régimen de Maduro! A ellos nadie ha asistido a buscar soluciones, solo a imponer posiciones. Y lo que es peor, a “desenmascarar” al adversario frente a una supuesta opinión pública internacional. Así fue como al diálogo de Santo Domingo la oposición acudió a conversar sobre elecciones sin siquiera tener un candidato común. Así fue también como en las secretas conversaciones de Barbados, la oposición acudió con exigencias que solo podrían haber sido posibles durante el mes de enero, pero no después de la debacle del 30A, del consiguiente descenso del movimiento de masas y de un apoyo internacional cada vez más indeciso y contradictorio.

A través de la prohibición de entrada al periodista John Carlin, Maduro declaró objetivamente a Mandela “persona non grata”. Desde la lógica de su poder fue consecuente. Las enseñanzas de Mandela privilegian el diálogo, las elecciones y la reconciliación nacional. Justamente los procedimientos que podrían llevar al declive del régimen de Maduro. Visto así, la voz de Mandela alcanza una resonancia subversiva en Venezuela. Puede incluso hacer dudar a sectores de la oposición de su anti-electoralismo estéril, de fantasías no-políticas y de ese mundo mágico donde esconden su radical carencia de estrategia.

John Carlin, mensajero de Mandela, no pudo entrar a Caracas. Ojalá algunos sectores pensantes de la oposición venezolana se pregunten acerca del porqué Maduro tomó esa decisión. La respuesta no les gustará.

octubre 11, 2019

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/10/fernando-mires-mandela-en-maiqu...(POLIS)

 7 min


Manuel Tovar

Escritor, abogado, doctor en historia e individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua. Rafael Arráiz Lucca es una de esas personas referente para la sociedad. Su voz se ha vuelto guía y conciencia para los ciudadanos.

-¿Cuál es la situación del Estado venezolano?

La situación política es muy compleja. Tenemos 20 años de un proyecto político en marcha al que un sector mayoritario de la población se opone. Las tensiones se han agudizado porque el capital electoral del proyecto político chavista se ha reducido de 67%, que fue su nivel más alto en 2006, a alrededor de 15% a 18% en los niveles actuales, según las encuestas más serias.

Hay un proyecto político que se pretende implementar y hay una población, cada vez más abultada, de gente que no quiere ese proyecto político y que desea regresar a la democracia liberal representativa.

El regreso a esas prácticas democráticas pasa por los elementos centrales de la democracia, que son a) una separación de poderes, aunque imperfecta, pero de alguna magnitud; b) la constitución de un poder electoral y de unas elecciones confiables y libres, para que la población sienta que se respeta la voluntad popular; c) la suspensión de la judicialización de la política, no puede ser que los adversarios políticos sean perseguidos judicialmente; d) la liberación de presos políticos; e) lo más importante, la comprobación de que uno de los fundamentos de la vida venezolana, desde 1914 y hasta la fecha, que fue la producción de petróleo ha caído según el último reporte de septiembre a 680.000 barriles diarios.

Para entender esto hay que remontarse a 1999 cuando Caldera le entrega el poder a Chávez, la producción petrolera venezolana estaba en 3 millones de barriles diarios, 20 años después se redujo a una condición por la que Venezuela ni siquiera puede ser considerado un país petrolero.

Desde 1914 y hasta ahora el Estado venezolano fue el principal actor económico del país y en consecuencia el principal actor político. Es evidente que si los recursos de la renta petrolera se han disminuido en esta magnitud, la capacidad del Estado de hacer algo por la población se ha reducido enormemente.

Estamos a las puertas o estamos viviendo un cambio histórico de grandes proporciones porque en lo inmediato no hay ninguna posibilidad de recuperar la industria petrolera, sin que el capital extranjero venga a reactivar la industria, y el gobierno actual (de Maduro) no pareciera estar dispuesto a esto, de modo que estamos en una coyuntura histórica de la mayor importancia.

- ¿Se puede seguir hablando de una democracia en Venezuela?

Hay una democracia formal. Cuando haces la lista de mercado de los elementos de la democracia vemos que hay algunos que todavía sobreviven, pero es una democracia que en su funcionamiento deja mucho que desear. Los elementos del sistema democrático no están siendo respetados en su totalidad, ni en un porcentaje importante.

Lo fundamental de la democracia es que quien tiene el poder tiene una conciencia diaria de que va a abandonarlo. El demócrata sabe que en un momento va a abandonar el poder, va a pasar a la oposición y se va a organizar para regresar al poder. Pareciera que un sector importante de quienes gobiernan no tienen en mente esa circunstancia, es una de las grandes dificultades.

Volver a la idea de que el poder en la democracia es transitorio, es esencial para su funcionamiento.

Lo otro que he venido hablando con insistencia es que tiene que fortalecerse el poder del Parlamento. Tenemos una tradición histórica, caudillista, personalista muy negativa y tenemos que fortalecer las instituciones. Uno de los caminos para eso es el Parlamento. Bien sea con un cambio radical, pasando a tener un régimen parlamentario, como los europeos, o manteniendo el sistema presidencialista, fortaleciendo las atribuciones del Parlamento y reduciendo las del presidente. Cualquiera de los dos caminos forzaría a negociaciones políticas y a la vuelta de la práctica democrática en Venezuela que ha estado adormecida en los últimos 20 años, porque las decisiones no son producto de consensos democráticos en el Parlamento como ocurre en las verdaderas democracias del mundo.

-¿En Venezuela hay un sistema totalitario y/o autoritario?

En Venezuela hay un gobierno con rasgos autoritarios, pero aún quedan respiros democráticos. Por supuesto, hay una persecución a los medios importantes, hostigado a la prensa escrita y digital, pero aquí estamos hablando y eventualmente vamos a votar en algún momento. De modo que no podemos decir que aquí hay un sistema absolutamente totalitario en el que no hay ninguna salida.

Estamos en una situación compleja para la definición de la vida que llevamos en Venezuela. Es un régimen de espíritu autocrático y hay un grueso de la población que sí tiene espíritu democrático que aboga porque la democracia no naufrague en medio de estas circunstancias.

-¿Que sistema le ofrecería una mayor ventaja a Venezuela?

Una verdadera revolución en Venezuela sería adoptar la democracia parlamentaria, en la que el jefe de gobierno fuese un diputado electo en el Parlamento, eso sí sería una revolución porque nunca lo hemos intentado, siempre hemos seguido el camino presidencialista que nos ha traído hasta aquí. ¿Eso se puede implantar en Venezuela? Siempre dirán que no forma parte de nuestra tradición histórica. Sí, pero hay una gran cantidad de tradiciones históricas que no han cambiado, porque no nos dan resultado, que no han servido.

Poner sobre la mesa la idea de una democracia parlamentaria es bueno e importante, por lo menos ventilarlo, incluso en el caso que no se llegue a eso, por lo menos fortalecer el Parlamento sería un paso importante para reducir el cáncer del caudillismo y del personalismo que ha sido una constante histórica lamentable a lo largo de, prácticamente, toda nuestra historia.

-¿Qué le responde a los detractores del sistema parlamentario que afirman es menos representativo e incluso de segundo grado?

Una elección parlamentarista no es de segundo grado. Es directa, como las de España o los países nórdicos. Se vota por un diputado y se sabe quién es el jefe de gobierno. Habría que tener un jefe de Estado que es el caso alemán, pero este es el modelo que podría funcionar para nosotros.

-¿Cómo se debe educar a la población sobre el parlamentarismo?

En la pedagogía política que hay que hacer, si se quiere vender un cambio revolucionario en Venezuela instaurando una democracia parlamentaria, está la idea de que éste es el sistema más democrático, no solo por la elección de los diputados, sino porque después prácticamente todas las decisiones centrales de la vida nacional tienen que ser negociadas en el Parlamento.

La práctica democrática es obligatoria, no puedes dejarlo de lado, no puedes decir ‘no yo voy a hacer aquí lo que me da la gana y allá el Parlamento’ como si fueses un monarca o dictador, eso no puede ocurrir, es casi una democracia obligatoria que a nosotros nos vendría muy bien, porque no estamos acostumbrados a eso y porque nuestra tradición histórica es autoritaria, es un poco ‘aquí se hace lo que a mí me da la gana’. Obligarnos a dialogar y practicar la democracia en un Parlamento sería algo muy interesante de ensayar.

-¿El sistema democrático de los 40 años es el más adecuado para la búsqueda de acuerdos y negociación?

En Venezuela existía una cultura política. Fíjate cuando Leoni gana las elecciones con 32% de los votos y empieza a gobernar en 1964. Él no podía gobernar solo, él tuvo que llegar a un acuerdo con otro partido político en el Parlamento que eran las fuerzas de Arturo Uslar Pietri y gobernaron juntos por dos años y tanto, porque si no, no hubiera podido gobernar Leoni. Eso ha pasado en Venezuela y eso es lo democrático. Allí hubo dos fuerzas que acordaron un programa común aunque eran fuerzas políticas distintas.

Cuando aquí empezó a pronunciarse el bipartidismo, que fue en las elecciones de 1973 que gana Carlos Andrés Pérez, la negociación política se redujo ostensiblemente, porque con que una de las partes tuviese 51% de los votos en el Congreso pasaba la aplanadora y aprobaba lo que les parecía fundamental. Salvo las leyes que te solicitaban tener las 2/3 partes o 66% donde si tenías que iniciar la negociación política.

Esa negociación política en Venezuela existió y esas son las prácticas democráticas. A eso es lo que se debe profundizar y volver si lo que queremos es tener una verdadera democracia en Venezuela, ahora si lo que se quiere tener es un régimen autoritario, esto no tiene sentido y convendría volver a la estructura tribal, en la que un cacique toma las decisiones por uno. Pero no es el destino que anhelan los venezolanos.

-¿El federalismo nunca se implantó en Venezuela, debe ser ese un paso a seguir?

En Venezuela se instauró el federalismo con el nacimiento de la República el 5 de julio de 1811. Duró muy poco tiempo porque inmediatamente llega la guerra con el desembarco de Monteverde en 1812. Después se reinstaura el federalismo con Juan Crisóstomo Falcón, con Guzmán Blanco… Ezequiel Zamora muere por el camino, pero también levantaba la bandera federal y allí hubo una instauración del federalismo, ese ensayo no fue feliz, no dio buenos resultados y quedó la idea en la cultura política del venezolano que el federalismo no nos convenía.

Felizmente esto ha ido cambiando. En 1989 se aprobó la Ley de Descentralización Política y Administrativa en tiempos del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez y comenzamos a elegir de manera directa a gobernadores y alcaldes. Dimos un paso federal, no todo lo grande que ha debido ser, pero creo que el destino federal para nosotros es apetecible y deseable, que da buenos resultados si se implementa correctamente y eso es perfectamente posible hacerlo.

Además la mayoría de los países desarrollados en el mundo, los primeros 20 en el Índice de Desarrollo Humano de la Organización de Naciones Unidas, la mayoría son países federales.

El federalismo en el fondo es lo más democrático porque es acercar las decisiones al poder local, municipio, estados… es el ciudadano entregando cuotas de su soberanía en distintas autoridades, en tres gobiernos, el municipio, la gobernación y el Estado nacional o federal o central. Ese es un camino que deberíamos seguir ensayando los venezolanos.

-¿Ve factible una transición política, qué debemos tener en cuenta para conseguir una democracia estable?

La experiencia histórica nos puede resultar interesante. Tuvimos una democracia estable con base en el Pacto de Punto Fijo, con problemas por supuesto, pero allí hay un ensayo de democracia estable.

Si pudiéramos construir un consenso alrededor de algunos puntos entre el chavismo y los vastos sectores de la oposición, yo no lo descarto, pero depende sobre todo no de la oposición, sino del chavismo, que quiera formar parte de una alianza democrática en la que haya un consenso alrededor de algunos aspectos básicos. Lo veo muy difícil pero no lo descarto. ¿Es deseable? Por supuesto que es deseable, los países tienen crecimiento económico y desarrollo cuando hay consensos básicos en la sociedad, de modo que lograr eso sería extraordinariamente importante para nosotros, pero no es fácil.

-¿El cambio de modelo económico impactará fuertemente en la cultura venezolana?

Durante 100 años el Estado fue el actor principal, ahora recibe apenas los ingresos de 680.000 barriles diarios y muchos de esos ingresos están ya comprometidos en el pago de la deuda. Lo que el Estado venezolano está recibiendo es muy poco, de modo que podemos estar asistiendo a un desplazamiento del eje sobre el que gravita la nación.

La nación ha gravitado alrededor del Estado, pero si el Estado ahora no tiene recursos, la nación va forzosamente a empezar a observar otros ejes de crecimiento y desarrollo y obviamente deben ser al margen del Estado. Quiénes son ellos, los ciudadanos, la gente organizada en asociaciones, emprendimientos y empresas privadas que van a empezar (y ya está ocurriendo) a producir los bienes que la sociedad necesita independientemente de la actividad del Estado.

El Estado venezolano estatizó dos grandes productoras de café hace unos cuantos años, desapareció el café porque la capacidad de producción de esas cafetaleras se redujo ostensiblemente, mientras el Estado venezolano controlaba los precios había una gran escasez. Decidieron no controlar los precios, ahora en cualquier mercado se pueden encontrar 15, 20 productoras de café distintas a las que pasaron a manos del Estado.

¿Qué nos revela eso? Hay gente que cultiva café, lo procesa y lo vende que no estaba antes. Si eso empieza a pasar en todas las áreas de la economía, pues pudiéramos estar lentamente asistiendo a un renacer de la actividad privada en Venezuela, no porque el gobierno se lo haya propuesto, sino porque no hay otra alternativa porque los ingresos del gobierno se han reducido prácticamente a nada y su capacidad de acción se ha reducido extraordinariamente.

Pudiéramos estar asistiendo al comienzo de un cambio político y económico de gran importancia.

-¿La incompatibilidad de sistemas entre lo económico y lo político podría causar un desplome de este último modelo?

No lo sé. Pudiera también suceder lo que viene ocurriendo, que convivan un modelo político autoritario y un modelo económico en el que la gente busca sus caminos. Esto no está siendo propuesto desde el gobierno, esto es lo que está pasando en la realidad, es interesante observarlo porque la ideología gubernamental va por un lado y la realidad, con sus carencias, y necesidades comienza a ir por otro.

Es paradójico, complejo de entender e incluso muy discutible pero de eso se trata la discusión democrática, puede que me equivoque pero los temas se deben colocar sobre la mesa

@mentetransfuga

10 de octubre de 2019

El Estímulo

http://elestimulo.com/blog/arraiz-lucca-una-revolucion-en-venezuela-seri...

 10 min


Jorge G. Castañeda

El Estado asistencial ha sufrido múltiples embates a lo largo de los últimos 40 años. Socialdemócrata o demócrata cristiano, europeo o canadiense, latinoamericano —pocas veces— o asiático —menos aún— la idea según la cual las desigualdades y las incertidumbres inherentes a la economía de mercado y a las sociedades que de ella se derivan deben ser proactivamente corregidas por el Estado es a la vez resiliente —desde Bismarck— y vulnerable —desde Reagan y Thatcher. Hoy, el Estado asistencial nacido en Europa occidental se encuentra debilitado por las transformaciones del capitalismo moderno en los países ricos, y socavado por la informalidad y la desesperación en los países de ingreso medio o francamente pobres de América Latina. Pero extraña y alentadoramente, su destino se juega donde jamás ha jugado: en Estados Unidos.

No es que nunca haya existido nada por el estilo en ese país. En los años 30, Roosevelt creó el sistema de pensiones: lo que se llama Social Security. En los años 60, Johnson fundó el seguro de salud para adultos mayores o para quienes se hallaban en la pobreza: Medicare y Medicaid. Un programa de seguro de desempleo, mínimo y breve, fue establecido entonces. La educación pública gratuita, hasta niveles universitarios, surgió desde mediados del siglo XIX, con fuertes variaciones Estado por Estado. Pero tanto del lado de la fiscalidad —con impuestos más bajos que en Europa— como del gasto —prestaciones más exiguas o puramente privadas— el welfare state estadounidense siempre dejó mucho que desear.

Por ello, resulta novedoso que en la campaña por la candidatura del Partido Demócrata para las elecciones del 2020, aspirantes susceptibles de ser postulados hayan enarbolado la bandera de consumar la construcción del Estado asistencial norteamericano. No todos en la misma medida: hay unos más centristas o prudentes que otros. Ni es seguro que alguno de ellos pueda derrotar a Donald Trump, o en caso de lograrlo, que ponga en práctica un programa con esas características. Pero por primera vez desde la Gran Depresión y la presidencia de Roosevelt, candidatos verosímiles proponen un proyecto social ambicioso, audaz y progresista.

Hasta ahora, estas ofertas pertenecían más bien a los candidatos marginales o extremistas. Ya no. La explicación es doble. De la misma manera que Trump representa de algún modo una reacción extrema contra Obama, no tanto por sus políticas sino por su raza, el giro a la izquierda del Partido Demócrata constituye la respuesta de jóvenes, mujeres, afroamericanos y latinos contra Trump. Y por otro lado, la creciente desigualdad en Estados Unidos, comprobada en libros y estadísticas oficiales recientes, parece haber llegado a un límite.

Del lado del gasto, así como de los ingresos, los principales contendientes demócratas han abrazado propuestas que hace apenas cuatro años únicamente fueron suscritas por Bernie Sanders. Si bien el senador socialista por Vermont obtuvo un importante caudal de votos contra Hillary Clinton, era percibido como un político ubicado en la extrema izquierda del espectro y sin ninguna representatividad, salvo en el seno de la juventud universitaria activista. Hoy, sin embargo, casi todos sus colegas prometen más o menos lo mismo que él sugería en 2016. El llamado Medicare for all, es decir, un sistema de atención médica universal, de pagador único, semejante al inglés, canadiense o español, figura en los programas de Sanders, de Elizabeth Warren —la principal rival del puntero, el exvicepresidente Joe Biden—, de Cory Booker, el senador por Nueva Jersey, de Julián Castro, de San Antonio, y en alguna medida de Kamala Harris, la senadora por California. Todos ellos proponen extender el sistema existente para adultos mayores y para los indigentes a todos los norteamericanos, suprimiendo el mecanismo actual de seguros privados pagados en parte por empleadores, o el Obamacare complementario de 2009. Warren y Harris encierran buenas posibilidades de ocupar un lugar —el primero o el segundo— en la boleta demócrata de 2020.

Pero lo más interesante yace en la definición de sus rivales. Todos —el propio Biden; el alcalde Pete Buttigieg; Beto O’Rourke, de Texas; la senadora Amy Klobuchar de Minnesota— respaldan una doble opción: la privada para quienes la tienen, y Medicare para los 20 millones que no cuentan con ella o que se encuentran insatisfechos con el esquema privado. Ellos han entendido, al igual que los más radicales, que el gran reto en materia de salud en Estados Unidos no reside únicamente en la tragedia de los no asegurados, sino también en la magnitud de los deducibles y de las primas de las pólizas privadas. Ello ha llevado a que los norteamericanos gasten más que cualquier país rico en salud (como porcentaje del PIB) y tengan la peor salud de los países ricos.

Un segundo tema del lado del gasto involucra las guarderías para niños de tres a seis años, o incluso de cero a tres años. Warren ha sido la más insistente en esta materia, pero sus correligionarios también. Con el tránsito de una gran cantidad de mujeres a la fuerza de trabajo, y con el leve incremento del número de hogares de un solo jefe —a partir de niveles de por si elevados— la cuestión del child care se vuelve decisivo. ¿Quién lo paga, suponiendo que fuera universal? La vieja teoría del Estado asistencial sostiene que deben ser los contribuyentes, no los usuarios. En un país plagado de hogares encabezados por mujeres solteras, y donde a la vez la proporción de mujeres con empleos fuera del hogar crece de maneara vertiginosa, la respuesta socialdemócrata es contundente. Deben pagar los contribuyentes, no solo quienes se benefician del servicio pertinente.

Por ello, un segundo punto —del lado del gasto— dentro del proyecto de construcción de un Estado asistencial norteamericano como Dios manda, yace en la creación de un sistema universal de ayuda a la niñez, por lo menos de los tres a los seis años. Existe una gran cantidad de guarderías en Estados Unidos, pero o bien no son accesibles por su costo a muchas familias, o no se encuentran en las zonas donde habita el mayor número de madres solteras o emparejadas que trabajan fuera del hogar, o los sueldos que se pagan a las encargadas de los centros infantiles son tan mediocres que terminan siendo indeseables o inviables. Para concluir esta rápida reseña convendría incluir propuestas otras varias versiones del Estado asistencial como volver a la educación superior gratuita y condonar las enormes deudas estudiantiles existentes (propuesta de Sanders y Warren), la creación de un fondo a largo plazo para cada niño en situación de pobreza (propuesta de Cory Booker), el regreso a políticas de afirmación afirmativa en materia de créditos o avales hipotecarios para minorías y abrir el debate sobre reparaciones para descendientes de esclavos de antes de 1863.

Del lado del gasto, lo más innovador se halla en la respetabilidad que ha adquirido el impuesto sobre riqueza o patrimonio, y el incremento significativo del impuesto sobre herencias. Varios candidatos han propuesto reformas fiscales tendientes a establecer un impuesto sobre el capital de 2%, por ejemplo, a partir de 50 millones de dólares, o de 1% desde 32 millones. Y de 8% a partir de 10.000 millones. Varios aspirantes sugieren no solo regresar a las tasas anteriores de impuesto sobre las herencias, sino elevarlas. No es ninguna casualidad que los principales asesores fiscales de algunos de los demócratas en liza sean Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, colaboradores de Thomas Piketty, cuyo nuevo libro, The Triumph of Injustice, seguramente causará furor en Estados Unidos.

Nada garantiza que un promotor del nuevo Estado asistencial norteamericano obtenga la candidatura. Tampoco que gane la presidencia o que logre poner en práctica su programa. Todo indica que aun si un centrista como Biden abandera al Partido Demócrata, se verá obligado a hacerse acompañar como vicepresidente por un “socialdemócrata”, rodearse de un Gabinete análogo y emprender su campaña con una plataforma de esta naturaleza. Incluso si no triunfa, se tratará de una transformación profunda de la configuración política estadounidense, como no habíamos atestiguado desde los años 30. De todos los cambios en curso en el mundo de hoy, este tal vez resulte ser el más trascendente.

11 de octubre 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/10/11/opinion/1570750994_445181.html

 6 min


Daniel Eskibel

La política tiene, por diseño, una zona ciega imposible de ver desde dentro del sistema político. Es una zona plena de oscuros determinantes irracionales que solo podemos iluminar con la ayuda de la psicología.

¿2500 años de psicología le aportan algo a la política?

Hace 2500 años que la humanidad comenzó a reflexionar sobre psicología. Dos mil quinientos años. Y hace unos 150 años que esa reflexión psicológica comenzó a desprenderse de la filosofía y a recorrer el camino de la ciencia.

¿Acaso la política es y debe ser ajena a todo ese proceso? ¿Acaso debe incorporar otras ciencias humanas y sociales pero no la psicología?

Estas preguntas se responden solas. La política se nutre de la economía, de la historia, de las matemáticas, de la sociología, de la antropología y de muchas otras disciplinas científicas. También la psicología tiene para ofrecer un territorio que es ancho pero que más esencialmente es profundo.

Sin psicología ya no podemos comprender los fenómenos políticos. Y más aún: sin psicología ya no podemos operar con efectividad dentro del mundo político.

En esto pensaba una tarde del invierno español de 2019 mientras caminaba por Madrid luego de una reunión con el Dr. Jorge Santiago Barnés, Decano de la Facultad de Comunicaciones y Humanidades de la Universidad Camilo José Cela.

Durante la reunión habíamos avanzado significativamente en el objetivo de concretar en 2020 una vieja aspiración de ambos: la formación universitaria en psicología política. Y por mi cabeza cruzaban múltiples ejemplos de temas donde el aporte psicológico agrega mucho valor al ejercicio práctico de la política.

Temas actuales, que están un día sí y otro también en el debate periodístico, en la preocupación de partidos y gobiernos y en el día a día de las campañas electorales. Temas que a todos inquietan pero cuyos determinantes entran en lo que denomino la zona ciega de la política.

Porque la política está tan cargada de racionalidad, tanto a nivel teórico como práctico, que deja en las sombras el intrincado mundo de la vida interior, de las emociones, del inconsciente, de lo irracional…

Y eso que la racionalidad política deja de lado retorna al centro de la escena produciendo resultados electorales inesperados, comportamientos imprevistos de los ciudadanos y estilos de liderazgo que nadie pudo prever.

¿Cómo comprender lo que ocurre en esa zona ciega? Pues encontrando las puertas, las vías de acceso.

22 puertas para entrar en la zona ciega

Para comprender la zona ciega de la política y operar mejor dentro de ella es necesario abordar en profundidad algunos asuntos esenciales que interpelan hoy a todo el sistema político.

Cada asunto es una puerta de entrada a la zona ciega. Seguramente hay muchas, pero después de décadas atravesando en una y otra dirección las fronteras entre psicología y política puedo aislar 22 de esas puertas que me parecen de singular importancia.

Ya sabes que no son las únicas, pero aquí están 22 de las áreas temáticas que nos ayudan a entrar desde la psicología en la zona ciega de la política:

  1. Cuáles son los mecanismos mentales a través de los cuales los votantes procesan el inmenso flujo de comunicación política que reciben.
  2. Cómo influye la personalidad de cada votante en sus simpatías y antipatías políticas y en su decisión de voto.
  3. Cuáles son las emociones que influyen sobre la intención de voto y cuáles son los estímulos que las provocan.
  4. Cómo incorporar las variables psicológicas a los estudios cuantitativos y cualitativos de la opinión pública.
  5. Qué tipos psicológicos de votantes existen y cómo comunicarse mejor con cada uno de ellos.
  6. Cuáles son los tiempos y las etapas por las que atraviesa un votante antes de llegar a su decisión final.
  7. Qué atributos psicológicos caracterizan a un líder y resultan buenos indicadores acerca de su desempeño.
  8. Cómo influye la personalidad de cada líder en sus acciones políticas, gubernamentales y electorales.
  9. Cuáles son los procesos psicosociales que favorecen la aparición y la consolidación de los liderazgos políticos.
  10. Qué variantes, explicaciones y detonantes tienen los comportamientos políticos en función de que sean individuales, grupales o masivos.
  11. Cuáles son los efectos psicológicos que tienen las redes sociales sobre votantes y políticos.
  12. Qué variables favorecen o bloquean el activismo y las diversas formas de participación y movilización política.
  13. Cómo se generan y circulan los rumores por las diversas redes de la sociedad del siglo 21.
  14. Por qué se consumen las fake news y qué mecanismos psicológicos se involucran en su viralización.
  15. Cómo se radicalizan las personas que cometen o pretenden cometer actos terroristas.
  16. Cuáles son los factores psicológicos que inciden sobre los prejuicios y la discriminación social, política y cultural.
  17. Por qué unos discursos políticos tienen mayores efectos persuasivos que otros.
  18. Por qué los marcos mentales que se activan durante una campaña electoral son decisivos en la producción del resultado final de la elección.
  19. Cuáles son los efectos psicológicos reales que tiene la publicidad política televisiva sobre los potenciales votantes.
  20. Cómo influyen sobre el comportamiento electoral los debates televisivos entre candidatos.
  21. Qué ocurre en el votante cuando escucha y ve que un candidato expresa con intensidad sus emociones.
  22. Cuál es el peso de lo irracional en el comportamiento tanto del líder político como del votante.

Si ingresamos por cualquiera de estas 22 puertas podremos ver de frente el abismo irracional de la psicología humana operando activamente dentro del campo de la política.

Muchos querrán dejar esas puertas cerradas y mirarán hacia otro lado con desinterés. Pero muchos otros querrán enfrentarse al desafío de comprender más y mejor para además actuar con mayor efectividad.

¿A quién le interesa iluminar la política con psicología?

Esta frontera teórico-práctica no es para todos. Pero es de gran utilidad e interés para algunos sectores de la sociedad. A saber:

Académicos que buscan profundizar sus conocimientos y profesores que quieren enriquecer el legado que brindan a sus estudiantes.

Periodistas que intentan bucear más allá de lo aparente para darle a sus lectores ángulos diferentes y explicaciones más hondas acerca de los temas en debate.

Equipos de campaña electoral que saben que la profesionalización y la especialización son herramientas vitales para ganar elecciones.

Empresas de investigación de opinión pública que comprenden que la dimensión psicológica de los votantes está en la raíz misma de las más imperiosas necesidades de la investigación actual.

Empresas de consultoría política que advierten que la psicología puede ser un factor diferencial en el valor agregado que aportan a sus clientes.

Profesionales de la comunicación política que saben lo poderosa que es la comunicación cuando articula creatividad y estrategia con un conocimiento profundo de la psicología de los votantes.

Partidos políticos que se enfrentan al desafío de las campañas permanentes en un tiempo en el cual la competencia es feroz y los votantes imprevisibles.

Como ves, iluminar con psicología el mundo de la política es una tarea en la cual vale la pena invertir tiempo y recursos.

Porque si no lo haces, entonces tarde o temprano quedarás atrapado en la zona ciega. Y en política eso significa derrota.

Maquiavelo&Freud

https://maquiaveloyfreud.com/psicologia-zona-ciega-politica/

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Orlando Goncalves

Cuando vemos lo convulsionado que está el conteniente latinoamericano, nos salta la pregunta, ¿qué estará pasando por la mente de la clase política?

Argentina en reciente pasado hizo un cambio de dirección, tres años y medio después tratan de regresar a donde estaban inicialmente. No digo que sea malo o bueno, los argentinos sabrán. Pero, está claro que, los ciudadanos con sus votos, quisieron y generaron el cambio, ahora sienten que los resultados no han estado a la altura de sus expectativas, generando la probabilidad de volver al pasado.

En el medio de la incertidumbre, el país recibe un préstamo del FMI, obligándose el Gobierno de Macri a tomar medidas económicas que golpean a los ciudadanos más vulnerables. Por supuesto, estas medidas generaron rechazo y por ello los electores giran en busca de quien los saque de la situación actual.

Definitivamente, el conglomerado social no logra unirse en torno a una causa común que forzará así a la clase política a tomar decisiones que beneficien al país, y no a un grupo.

En el Perú, país azotado por el escándalo de Odebrecht, hecho que involucra a varios expresidentes y, otros casos de corrupción con jueces de altas cortes, tribunales y personeros del Congreso Nacional. Consecuencias del escándalo Odebrecht, llevaron a la ascensión a la Presidencia a Martín Vizcarra, quien, sin ningún respaldo parlamentario, trata de implementar políticas para sanear el maltrecho sistema político, sin éxito hasta ahora, con lo cual, se vio obligado a disolver el Congreso y convocar nuevas elecciones.

De nuevo las preguntas son: ¿por qué no nos entendemos?, ¿por qué la clase política se enfrasca en una lucha por sus intereses y deja al ciudadano de lado? Y más dramático aún, ¿por qué los ciudadanos lo permiten?

Mientras escribo este artículo, en el Ecuador transcurren protestas contra medidas económicas tomadas por el presidente Lenín Moreno, degenerando en un alto índice de violencia, saqueos del comercio, excesos de la fuerza pública. La medida que más ha molestado es la eliminación del subsidio a los combustibles, asistencia que tenía más de 20 años de estarse aplicando y, que, por supuesto, genera un impacto directo e inmediato en el bolsillo de los ciudadanos más humildes.

Las medidas las toma el presidente Moreno para tener acceso a un préstamo, nada más y nada menos que, del FMI; así que, se podría suponer, de dónde vienen la recomendación de eliminar el subsidio a los combustibles.

Nuevamente, ¿por qué los ecuatorianos no logran entenderse y buscar, unidos, soluciones a sus problemas? ¿Por qué unos acusan de golpistas al expresidente Correa, y este a su vez, acusa al presidente Moreno de traidor? Y la gente, cada vez más empobrecida, en el medio de las batallas de los políticos.

En Bolivia, el Ejecutivo, en complicidad con el Tribunal Constitucional y las autoridades electorales, hace reinterpretación de la Constitución, permitiendo entonces que el presidente Evo Morales se postule para un cuarto período. La oposición, en vez de cerrar filas, pensando primero en el país, la democracia y en su Constitución, no es capaz de entenderse, poniendo sus intereses grupales sobre el interés nacional.

La tragedia que sufre Venezuela ha sido larga y dolorosa, pero, todo indica que, la situación política, económica, social se deteriorará cada día más, y, de seguir así, la huida de venezolanos podría aproximarse a 8 millones, generando el mayor éxodo de población registrado en la historia, superando al de Siria. Mientras tanto, habría que preguntarse ¿por qué ante las circunstancias, la oposición no logra entenderse, ponerse de acuerdo y actuar de manera unificada, con el solo fin de terminar la tragedia que viven? ¿Por qué después de tantos aciagos años, persisten los grupos de oposición en imponer su criterio?, mientras la población muere por hambre, inseguridad, insalubridad, represión, etc.

Podría seguir enumerando casos de la región —Guatemala, Honduras y Nicaragua, entre otros—, donde, por no ponerse de acuerdo, no entenderse los ciudadanos, las crisis se agravan cada día más. Irónicamente quienes sufren las consecuencias, son los propios ciudadanos.

Desde hace mucho tiempo, por no decir que siempre, nos quejamos de la política y de los políticos, pero cabría preguntarse ¿y quién los elige?

Entonces, de nueva vuelta, ¿por qué no nos entendemos?

Es hora de que, los ciudadanos asumamos la responsabilidad que nos cabe por los errores en nuestras decisiones al elegir los personajes equivocados para que construyan nuestro sueño de país.

Si no nos gustan los países que tenemos, no basta quejarnos, debemos cambiarlos, y para hacerlo, debemos ponernos de acuerdo, y entendernos.

La Estrella de Panamá

https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/191008/entendemos

https://twitter.com/orlandogoncal/status/1181902717503119360?s=19

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La Comisión de Encuesta establecida por el Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para Venezuela presentó su informe sobre la queja interpuesta en 2015 por treinta y tres delegados empleadores en la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT). En el reporte, emitido el 3 de octubre de 2019, se refleja que el Gobierno de Nicolás Maduro, “el presidente obrero”, hostiga a empleadores y trabajadores en un contexto de impunidad.

La instancia reportó, por primera vez en América Latina y por virtud de una denuncia de empleadores y no de trabajadores, la grave persecución contra Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) y sus afiliados, además de los ataques a organizaciones sindicales no afines al régimen. En tal sentido, exigió el cese inmediato de actos de violencia, amenazas, intimidación y vulneración de libertades civiles en el país.

Asimismo, la Comisión de Encuesta alertó que el Gobierno viola el Convenio n.° 87 cuando promociona organizaciones paralelas y de discriminación, suplantación e injerencia en las actividades de las organizaciones de empleadores y trabajadores e impulsa la injerencia en las relaciones entre empleadores y trabajadores.

Acceso a la Justicia recuerda que la Comisión de Encuesta de la OIT para Venezuela quedó conformada en junio de 2018 por tres miembros: Manuel Herrera Carbuccia (República Dominicana), María Emilia Casas Vaamonde (España) y Santiago Pérez del Castillo (Uruguay). La investigación de la delegación de la OIT incluyó la recopilación de documentación e información escrita, la interacción directa con las partes y otros actores involucrados a través de videoconferencias y la visita al país que se realizó entre el 7 y el 13 de julio de 2019. En el proceso de evaluación también se efectuaron audiencias contradictorias en Ginebra.

La representación de la OIT se reunió con funcionarios del Ministerio para el Proceso Social del Trabajo, el Instituto Nacional de Tierras (INTI), el Consejo Nacional Electoral (CNE), la Fiscalía General y la Procuraduría General de la República (PGR); entre otros, con testigos de los querellantes y representantes de organizaciones de empleadores y trabajadores, pero fueron ignoradas las solicitudes hechas al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) y las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES).

La Comisión instó al régimen de Maduro a garantizar un clima libre de violencia, amenazas, persecución, intimidación u otra forma de agresión, en el que los interlocutores sociales puedan ejercer sus actividades legítimas, incluida la participación en un verdadero diálogo social. En 2018 Fedecámaras solicitó ante la OIT el restablecimiento del diálogo social y el respeto a las normas internacionales para superar la crisis del país.

La OIT pidió al Gobierno de Maduro no coartar la libertad sindical con procedimientos judiciales y medidas cautelares y sustitutivas; esto pasa por detener la práctica de someter civiles a la jurisdicción militar. Asimismo, exige la liberación inmediata de empleadores o sindicalistas que estén en prisión por el ejercicio de sus actividades legítimas, como es el caso de Rubén González y Rodney Álvarez.

Acceso a la Justicia advierte que la falsa institucionalidad del régimen político venezolano llega al punto de que los jueces militares, contrariamente a lo que dice la Constitución, son nombrados por el Poder Ejecutivo para luego juzgar a civiles, como ocurrió con Rubén González, condenado a cinco años de prisión.

La Comisión de Encuesta de la OIT recomienda el establecimiento de criterios objetivos, verificables y plenamente respetuosos de la libertad sindical. La instancia subraya que la intervención del CNE debe ser verdaderamente facultativa y respetar la preminencia de la autonomía sindical en los procesos electorales.

Al mismo tiempo, aboga por eliminar los mecanismos institucionales que obstaculizan la autonomía de las organizaciones de empleadores y de trabajadores. Dentro de esos mecanismos figuran los Consejos Productivos de Trabajadores (CPT). Acceso a la Justicia ha alertado que los CPT fueron creados como mecanismos colectivistas que reducen la productividad, porque esta no se logra quitándoles a las empresas más de la mitad de lo que producen para quedárselo el Gobierno sin pagarlo, ni imponiéndoles trabajadores que actúen como fiscales.

La Comisión plantea además la realización del establecimiento de procedimientos de consulta a través del diálogo tripartito con las organizaciones representativas de empleadores y de trabajadores. También recomienda que se someta a la consulta tripartita la revisión del decreto con rango, valor y fuerza de Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT). La comisión enfatiza que las recomendaciones dadas al Gobierno deben aplicarse, a más tardar, el 1º de septiembre de 2020.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

El informe de la Comisión de Encuesta de la OIT sobre Venezuela deja al descubierto que en el país no existe un diálogo social y que el régimen de Nicolás Maduro, que se asume como “obrero”, revolucionario y en favor del pueblo, hostiga tanto a empleadores como a trabajadores. En medio de un contexto de impunidad, coarta la libertad sindical y también la autonomía del sector laboral.

Hasta la fecha, el Ejecutivo está en mora con las normas de la OIT y, dentro de ellas, se encuentra la activación de la consulta tripartita sobre la fijación del salario mínimo. Todo esto se agrava por la inexistencia de un verdadero Estado de derecho.

Enlace a la nota: https://www.accesoalajusticia.org/gobierno-obrero-condenado-oit/

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Hace pocos días se celebró, con un imponente desfile militar, el 70 aniversario de la llegada del Partido Comunista al poder en China, marcando una época, sobre todo durante el último cuarto de siglo, con Deng Xiaoping a la cabeza, de cambios profundos que han desdibujado su perfil socialista, el que Mao y sus seguidores le trazaron.

Capitalismo, hoz y martillo

Cierto, la transformación de China ha sido espectacular. Desde principios de los ochentas, la economía se encuentra entra las que más crece en el planeta, según lo demuestran el tamaño del PIB (que ha crecido a un promedio del 10% durante los últimos años), su creciente participación en la economía mundial, los niveles de consumo y en general todos los indicadores que suelen emplear los técnicos para medir los asuntos del desarrollo, incluso el esfuerzo descomunal invertido en la educación de su gente, todo ello sin rehuir, por cierto, su decidida participación en la carrera armamentista con Rusia y Estados Unidos.

Pero se observan, así mismo, cifras elevadas de desempleo, marcados desequilibrios regionales, niveles muy altos de contaminación ambiental (China es uno de los principales causantes del cambio climático y consume cerca de la mitad del carbón que se produce en el mundo), notable desigualdad social y como éstos, otros aspectos que traslucen un desarrollo que, si bien es notable, tiene sus luces y sus sombras.

China navega capitalismo en popa. El suyo es un capitalismo rudo, por no decir salvaje, y busca ser la primera potencia económica del planeta y cuenta, inclusive, las agallas propias de una nación imperialista. No re inventó, entonces, el socialismo, tratando de amoldarlo al Siglo XXI, según pregonan con terquedad de algunos ideólogos, no sé si dogmáticos o despistados, sino que instaló el capitalismo a su estilo, bajo la mano visible del Partido Comunista, controlando cuidadosamente los espacios a la otra mano, la invisible del mercado.

Qué diría Orwell

Por donde quiera que se le mire el suyo es un gobierno despótico. El Partido Comunista es la madre de todas las organizaciones y el cargo de Presidente, desempeñado por Xi Jinping, concentra todos los poderes y supone su permanencia indefinida en el puesto. La participación de la gente en la orientación del proceso social es muy limitada. La organización de los trabajadores siempre resulta muy cuesta arriba. Y por citar apenas un último asunto, el informe de los organismos internacionales en cuanto a los derechos humanos es casi impresentable, entre ellos el de Human Rights Watch. En China pareciera, así pues, asomar un capitalismo de estado incubado dentro de un férreo autoritarismo político que ofrece estabilidad y altísimas tasas de crecimiento económico. En algunos estudios lo han calificado de “tecnodictadura”, expresión de un modelo fundamentado en los últimos avances tecnológicos, que prefiere abiertamente el “orden” por sobre la libertad.

En este sentido cabe mencionar entre otras cosas, que el gobierno usa cada vez más circuitos cerrados de televisión, grandes bases de datos e inteligencia artificial con el objetivo de estudiar el comportamiento, las esperanzas, los miedos y los rostros de los ciudadanos chinos e impedir la disidencia y los desafíos a su autoridad.

Es sabido por diversas fuentes, que el régimen chino estableció bases de datos de «crédito social» en línea, acompañado de una suerte de “carnet por puntos” (cualquier parecido con el gobierno venezolano es simple ocurrencia), lo que sugiere que eventualmente podría lanzar una sola calificación para todos los ciudadanos chinos, que incluye evaluaciones crediticias, comportamiento en línea, registros de salud, expresiones de lealtad al partido y otras informaciones, mediante la mayor utilización de la inteligencia artificial, el reconocimiento de voz, los datos masivos y otras tecnologías digitales, al paso que restringe el acceso de los ciudadanos a internet mediante una nueva versión de la “gran muralla China”.

Made in China 2025

En 2015 el Presidente Xi Jinping aprobó un plan estratégico orientado a modernizar su base manufacturera mediante el desarrollo de diez sectores de alta tecnología, entre los que figuran la robótica, los vehículos alimentados por nuevas energías, la aeronáutica espacial, la inteligencia artificial e incluso la genética. Pekín aspira, así, lograr una autosuficiencia del 70% en las áreas escogidas.

Y la cosa va tan en serio que en 2017 fue el país del mundo que registró más patentes (un 43,6% del total), más del doble que Estados Unidos, y que en 2018 su inversión en Investigación y Desarrollo (IyD) representó el 2,1% de su PIB frente al 1,4% de diez años atrás. En el mismo sentido vale la pena hacer notar que ya figura como potencia en campos como la inteligencia artificial, el big data y la robótica y varias de sus empresas se codean con las más importantes en el escenario internacional. Habrá, pues, que ver cuáles son las consecuencias que derivan de este dominio chino en el resto del mundo.

Hasta en el fútbol

En los últimos años el gigante asiático aspira, así mismo, a figurar de manera estelar en el fútbol, en donde su actuación ha sido hasta ahora muy modesta. En función de lo anterior, ha convertido el desarrollo del balompié en un asunto de Estado y tiene como objetivo que el país sea una "superpotencia mundial de fútbol" dentro de pocos años y para ello, aparte de fortalecer su liga profesional, atrayendo entrenadores y jugadores de todas partes del mundo, está realizando importantes inversiones en infraestructura (estadios, canchas, centros de entrenamiento). Según el plan propuesto, llevado a cabo por la Federación China de Fútbol, se ha previsto destinar alrededor de 800.000 millones de dólares durante la próxima década y se espera que el año 2020 el equipo masculino figure como el mejor de Asia y sea campeón mundial a más tardar dentro de 15 años.

La idea es, pues, sustituir a Europa como nuevo eje del balompié mundial, no sólo en el sentido meramente deportivo, sino, sobre todo, desde el punto de vista comercial. Así, el fútbol seguramente tomará otros rumbos y asumirá otros esquemas, quien sabe con qué consecuencias.

Y como se dice del fútbol se dice, en general, del deporte. Resulta difícil suponer que China no resulte el país que obtenga más medallas en los próximos Juegos Olímpicos.

¿Modelo para estos tiempos?

En resumen, China ha adoptado, desde hace tres décadas, un capitalismo sui generis, que combina con una forma de gobierno asentada en el partido único y la centralización del poder, un formato que los chinos han dado en identificar, más antes que ahora, como “socialismo de mercado”, buscando hacer simbólicamente amigables la hoz y martillo con su sistema capitalista peculiar, un injerto que comienza a verse con simpatía en algunos sectores ideológicamente vario pintos, en diversas partes del planeta.

Mala noticia ésta, me parece. Preocupa pensar que el modelo chino pueda ser considerado como una opción política deseable frente a los desafíos que derivan de la denominada Cuarta Revolución Industrial, cuyas implicaciones abarcan, de manera radical, todos los ámbitos de la vida humana.

El Nacional, miércoles 9 de octubre de 2019

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